Quiénes fueron Bonny y Clyde…

sobrehistoria.com — Considerados como leyenda del crimen, 24 meses huyendo de la justicia. Fueron los forajidos más famosos de los años treinta y sus vidas terminaron cuando cayeron en una emboscada que se dio en la carretera de Luisiana, donde se les propinó más de 150 disparos.
La historia de estos amantes ha sido contada muchas veces, pero la verdad sobre los 24 meses que vivieron como fugitivos siempre ha estado enturbiada. La pareja vivió su amor a su manera, entre plomo, sangre y muerte. Veamos los detalles de sus vidas.
Para entender sus actos delictivos es necesario conocer aspectos de sus vidas y el momento histórico en el que vivían. Eran los años 30, en los que EEUU estaba sumido en la Gran Depresión. Las familias eran afectadas por la crisis y muchos jóvenes encontraron en el robo una solución. La infancia de ambos estaba llena de tentaciones para apropiarse de lo ajeno, sobre todo en el caso de Clyde.
– Quién fue Bonny
Bonnie Elizaberth Parker (1910) procedía de una familia de clase media. Su madre era costurera y su padre albañil. Tras fallecer su padre (cuando ella tenía 4 años), su madre se la llevó junto con sus otros hijos a Texas. Allí Bonnie desarrolló afición por la literatura y la poesía. En su adolescencia se casó con el que luego fuera su carcelero. Después de mucho maltrato, regresa con su madre y se divorcia. Se dedica a trabajar como camarera.
– Quién fue Clyde
Clyde Chestnut Barrow, nació en 1909 en Ellis County (Texas). Era procedente de una familia humilde. La crisis económica la asfixió en deudas, por lo que a los 17 años, Clyde empezó a robar. Al principio robaba solo para comer, junto con su hermano mayor Marvin (apodado Buck). Pero poco a poco la intensidad de los robos iban escalando hasta convertirse en atracos, secuestros y allanamientos. Con 21 años, Clyde ya había estado en la cárcel dos veces.
En algún momento de sus vidas se encontraron, se dice que fue en casa de unos amigos en común. Se enamoraron de inmediato en la víspera de Reyes de 1930. Esa noche compartían vivencias y anhelos.

– Bonny y Clyde, juntos como pareja
Para entender quiénes fueron Bonny y Clyde es necesario saber que en los primero meses de su relación vivían con normalidad y enmarcados en la legalidad. Todo se complicó después de que Clyde dejara de trabajar para una empresa de construcción, porque al poco tiempo empezó a robar, hasta que lo apresaron y fue a la cárcel por tercera vez.
Era la primera vez que estaban separados. Ambos se escribían cartas de amor y así mantenían la llama de su relación. En ellas se expresaban sus ansias de estar nuevamente juntos, por lo que Bonny logra ingresar un arma al recinto que le llega a Clyde, la cual usa para huir, pero al poco tiempo es capturado por la policía.
Estando en la cárcel sufría mucho por los trabajos forzados, las violaciones y vejaciones a las cuales lo sometían. Clyde decide poner fin a ello y mata al violador con un tubo. Esto lo obligó a idear una manera de salir rápido de la cárcel, por lo que convenció a un compañero que cumplía cadena perpetua para que se autoinculpara.
Así Clyde sale de prisión en libertad condicional.
En su tiempo en la cárcel y para evitar las extenuantes jornadas de trabajo forzado, pidió a otro recluso que le cortara dos dedos del pie con un hacha. Por lo que, al salir bajo libertad condicional lo hace cojeando.

Una vez Clyde está en libertad, se reúne con su amada y junto a su banda emprenden una carrera delictiva. La banda también la conformaba su hermano Buck y su mujer y otros dos compinches. Desde 1932 a 1934 sus vidas se enmarcan en hurtos, atracos a banco, robos y llegan a asesinar nueve agentes policiales.
Durante mucho tiempo recorrieron algunos estados, cuando se asentaban, la prensa escribía de ellos, como si fueran héroes. Sin embargo, en la medida que aumentaban los muertes, de héroes pasaron a ser delincuentes.
Los asaltos que realizaban en cada ciudad no eran vigentes en la siguiente, por lo que el FBI no alcanzaba a emitir una orden de búsqueda y captura. Por ello, se empezó una gran persecución tratando de capturarlos.
Por meses la banda de Bonny & Clyde logran evadir la justicia, comiendo latas de conservas, haciendo turnos en la noche o bañándose en ríos.

Otra manera de comprender quiénes fueron Bonny y Clyde es sabiendo lo que ocurrió en 1934 cuando la pareja logró un nuevo golpe. El rescate de un antiguo socio que se encontraba en la cárcel.
Este fue el momento que desató una persecución intensa contra ambos, donde fueron parte el Estado de Texas y el Gobierno Federal, dejando al frente al investigador Ranger Hamer. Junto a Manny Gault, lograron hacer lo que nunca pudo el FBI, apresar a la pareja más famosa del siglo XXI.
Ranger Hamer y Manny Gault fueron considerados por años como desleales, por la manera en como capturaron a la pareja. De hecho, algunos medios de comunicación de la época llegaron a justificar las acciones de Bonny y Clyde, pero cuando dejaron muertes a su paso, ese apoyo terminó.
La pareja fue asesinada un Domingo de Pascua de 1934, sin que tuvieran derecho a defenderse.

Cada vez las pistas acercaban a los investigadores. Se enteraron de un viaje que iban a hacer para visitar a un familiar de la banda en Luisiana. Un grupo de policías los esperaban ocultos y los agentes empezaron a disparar al vehículo donde estaban. Por unos minutos descargaron todas sus municiones de pistolas, escopetas y fusiles. Fueron 167 proyectiles que impactaron contra el coche donde iban.
El tiroteo acribilló a la pareja provocándoles una muerte inminente, no les dieron la posibilidad de defenderse ni de rendirse. Los tirotearon sin compasión, él con 51 impactos y ella con 57.
Tras el asesinato de esta famosa pareja de delincuentes, han pasado 85 años y hoy sus vidas se recuerdan incluso en la pantalla grande.
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El misterio de la desaparición del acta original de la Declaración de la Independencia Argentina…

historiahoy.com(A.Pignatelli) — Todo ocurrió en la casa de Francisca Bazán de Laguna, situada sobre la Calle del Rey, en San Miguel de Tucumán. La mujer había recibido la vivienda como dote al casarse. Era una construcción de 1760 y había sido alquilada por el gobierno para que pudiese sesionar el congreso. Hubo que tirar abajo una pared que dividía dos salones para adecuar un ambiente lo suficientemente amplio para las sesiones. “Es un orgullo para mí que todo esto esté pasando en mi casa”, dijo. El 24 de marzo de 1816 el Congreso de Tucumán comenzaba a funcionar.
Pero más allá de lo que en esos meses se discutió, hay un misterio que aún no tiene respuesta, y es que no se sabe dónde está el acta original de la declaración de la independencia.
Se la redactó el 8 de julio de 1816, tomando como modelo la norteamericana y se la votó al día siguiente a las dos de la tarde. ¿Quiénes participaron de la redacción? Posiblemente los diputados Juan José Paso y José Serrano, secretarios del Congreso. Aunque resulta lógico pensar que hayan sido más los autores intelectuales de tan importante documento.
El acta dice: “En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán, a nueve días del mes de julio de mil ochocientos diez y seis: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España; los representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, pueblos representados y posteridad. A su término fueron preguntados si quieren que las provincias de la Unión fuese una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli. Aclamaron primeramente llenos de santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del país, fijando en su virtud la determinación siguiente:
Declaración
Nos, los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos; declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli; quedar en consecuencia de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación, y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración. Dada en la Sala de sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros diputados secretarios.
En la sesión secreta del 19 de julio, a pedido del diputado porBuenos Aires Pedro Medrano, se agregó “y de toda dominación extranjera” a la frase “del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”. El 21 de julio, los congresales juraron la independencia y en Buenos Aires se haría el 13 de septiembre, en medio de sendos homenajes y festejos.
El 13 de agosto, el director supremo, Juan Martín de Pueyrredón, dispuso imprimir 1500 copias del acta para ser distribuidas en todo el territorio; y por moción del diputado José María Serrano se hicieron 500 copias en quechua y otras tantas en aimara, las que se enviaron al noroeste del país.
¿En qué momento se perdió de vista dicho documento? Se ignora si fue en 1816, en la época en la que gobernaba Juan Manuel de Rosas o posiblemente en las décadas posteriores. Escasas son las pistas.
– El enigma Bacle

Según estudios realizados por Bonifacio del Carril sobre las copias del acta existentes, en las que figuran las firmas de los 29 diputados, datarían de 1833, cuando en Buenos Aires el suizo César Hipólito Bacle estaba a cargo de la Litografía de Estado.
El acta original habría estado en su poder, ya que era la única forma que pudiera hacer copias con las firmas de los congresistas.
Si el acta la tuvo el suizo, ¿qué pudo haber pasado con ella?
Cuando Bacle vio que su situación económica no mejoraba, consiguió que el gobierno de Chile lo contratase.
Molesto Rosas por la decisión, Bacle, a punto de dejar Buenos Aires definitivamente, fue objeto de acusaciones inventadas.
Encarcelado el 4 de marzo de 1837, permaneció meses en prisión sin proceso alguno.
Gravemente enfermo y al borde de la locura, fue liberado a fin de ese año y falleció el 4 de enero de 1838.
Su muerte fue uno de los motivos del bloqueo anglo-francés al Río de la Plata. ¿El acta se habrá perdido en su taller? ¿La tuvo Rosas y se la llevó a su exilio inglés?
– El robo a Grimau y Gálvez
Otra versión sostiene que el acta fue robada al mes de declararnos independientes. A fines de agosto o comienzos de septiembre de 1816 ocurrió un confuso episodio que rondó alrededor de un joven oficial, llamado Cayetano Grimau y Gálvez. Este porteño había luchado en las invasiones inglesas, luego en distintos regimientos y actuó en el sitio de Montevideo, según refiere el historiador Carlos Páez de la Torre.
Cuando el congreso sesionaba en Tucumán, fue comisionado para llevarle documentos a Manuel Belgrano. Declarada la independencia, las autoridades del Congreso le confiaron un paquete con documentos a ser entregados a Pueyrredón. Provisto de una escolta y pobremente armado, en Córdoba fue sorprendido por soldados de Artigas.
Uno de ellos, “el inglés García” lo conminó a entregarle los documentos. Algunos historiadores sostienen que entre los papeles estaba el acta original, aunque no habría pruebas concretas al respecto.
– Y los años pasan…
Cuando se preparaban los festejos del centenario de la independencia, en 1916, el presidente Victorino de la Plaza ordenó la búsqueda del acta, sin suerte. Lo mismo hizo cincuenta años más tarde Arturo Illia, pero con un poco más de fortuna, ya que le entregaron 3100 documentos originales relacionados al Congreso de Tucumán, que habían sido hallados en una institución salesiana. Sin embargo, no estaba el acta original.
¿Se perdió para siempre?
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Brownsville Station: rock clásico, pelos largos y peleas con camioneros borrachos…

Jotdown(A.C.Rural) — Mi generación, nacidos en los setenta, ha sido muy miope. Por no decir de inteligencia distraída. Un ejemplo. La famosa foto de Marlon Brando en Salvaje, 1953, apoyado en su moto, embutido en cuero, para nosotros es un icono. Muchas parejas de recién casados seguro que se han comprado el póster en Carrefour y lo han puesto en el salón de su casa al lado de otro de una película de Kubrick o vete tú a saber qué extravagancia locuela inimaginable.
Sin embargo, si coges una foto de un caballero de veinte años natural de la UVA (Unidad Vecinal de Absorción) de la populosa barriada de Hortaleza, en Madrid, y le sacas la misma foto sustituyendo el cuero por una Bomber Alpha verde botella y apoyado en una scooter, la imagen produciría rechazo. Sería un bakala, un mascachapas, un pokero… alguien que si viola la ley y extiende el terror por las calles con su pandilla de gamberros no es un romántico, sino un hijo de puta peligroso.
Sin embargo, hoy vamos a hablar de gamberros juveniles encantadores. Igual que los bakalas de tu barrio, pero de otra época, otro lugar y con otra música de fondo. Completamente igual pero completamente distinto. Ya nos entendemos. Vamos a ir a Estados Unidos, años setenta, estudiantes lamentables, su único objetivo en la vida es emborracharse, conseguir marihuana, sexo con algo que si está vivo, mejor, y conducir a lo loco con la música a tope.
Y hete aquí la cuestión ¿Qué música? ¿el Thunderdome, lo que les convertiría en bakalas apestosos? No, hard y glam rock, lo que les transforma en adorables. Iconos. Los más molones. Somos así de tontos por verlo así, pero es lo que hay.
Nos referimos a chavales como los de la película Detroit Rock City (Cero en conducta) de 1999, que no eran otra cosa que el perfil del público del maravilloso grupo Brownsville Station, curiosamente, el que más merecería estar en la banda sonora de la citada película de todos los que había y que no aparecía. Por eso, por su abandono, olvido y falta de relevancia hoy día, los recordaremos en una nueva entrada de «Busco en la basura algo mejor».
Hay que mencionar que algo de importancia tuvieron en los ochenta. Cuando Mötley Crüe popularizó su canción «Smoking in the boys room». Fumando en el baño del cole cuando el profe te da la brasa, cuenta la letra. Un himno de malotes de instituto.
También, recientemente, aparecieron en el recopilatorio Mullets Rocks, con una portada muy apropiada sobre lo que estamos hablando. En EE. UU., mucha risa con el mullet y Me llamo Earl, pero en España eso son los Chichos. En fin. Pasemos al meollo ¿Quiénes eran los Brownsville?

Brownsville Station venían de Detroit. Su ADN, como el del resto de grupos de esa ciudad, consistía en tocar más alto y más fuerte que lo humanamente soportable. Luego, en el aspecto compositivo, se dejaban de zarandajas e iban a por el rock and roll primigenio, por no decir primate. Para hacerse una idea, en esa ciudad, los que fueron más innovadores de la hornada, los Stooges, directamente inventaron el punk. Entonces nos surge otra pregunta: ¿por qué en Detroit eran tan burricos?
En un artículo de la revista Phonograph Recrod en diciembre de 1972, Lester Bangs apuntaba los detalles que diferenciaban a los jóvenes de esta localidad de los del resto de Estados Unidos. La mayoría eran obreros o hijos de ídem que habían pasado de la cadena de montaje a los escenarios, algunos, los que luego fueron más revolucionarios, previo paso por la universidad.
El caso es que todos estaban profundamente marcados por la cultura industrial la del paisaje feo, el aire sucio, el agua verde, un ruido ensordecedor por todas partes y una cultura del ocio basada en emborracharse todos los días y santas pascuas. Así lo escribió el señor Bangs.
Tan pronto como la industria textil quedó obsoleta, no solo los negros, también muchos blancos, brotaban como alcachofas para ir a trabajar a las fábricas de coches de Detroit y alrededores. ¿Y cuál fue el éxito de estos grandes centros industriales? Que asfixiaron el arte y crearon una población de zombis esclavos que solo servían para la producción de piezas de precisión y reproducirse para dar nuevas generaciones que siguieran produciendo a su vez los ejes y los motores del futuro.
Durante muchos años, no se escuchó hablar de arte y cultura procedente de Detroit (…) no fue hasta finales de los años cincuenta que apareció tímidamente una nueva generación que empezó a escuchar la música de Motown. Al principio fueron los negros los que cambiaron el aspecto del 60-70% de la ciudad.
Empezaron a lanzar discos de grupos con nombres como las Supremes, los Temptations, los Contours, etc. que vendían por millones y con los que ganaron mucho dinero. Desgraciadamente, lo hicieron con la infraestructura de la sociedad capitalista (…) Era plástico. Artificial. ¡No era arte del pueblo!
Pero espera. Iba a llegar un cambio. Hubo una nueva generación de jóvenes blancos alrededor de Detroit y Ann Arbor que finalmente decidieron que, de tanto que habían currado en su vida, ya no querían montar ni un solo tapacubos más ¡no! Se habían pasado la vida escuchando ritmos metálicos y mecánicos en el estruendo de las fábricas, una tralla que acababa con la capacidad auditiva de cualquiera en esta ciudad (…) lo que empujaba a todos los lugareños a darse al alcohol todo el día y toda la noche.
De modo que los chavales blancos recogieron ese estruendo metálico, comprobaron lo cerca que estaba del rock and roll, y lo convirtieron en una nueva etiqueta de rock and roll que era más metálica, heavy, demente y mecánica que cualquier cosa que se hubiese escuchado en la faz de la Tierra en seis mil años de historia occidental.
A continuación venía la lista de grupos, que es por todos conocida y admirada y al menos en nuestro país medio siglo después gozan de bastante predicamento entre los entendidos. Muchos de ellos han actuado en España en repetidas ocasiones, aunque no fuera bajo el nombre de los grupos que les dieron la fama. La lista era: Mitch Ryder, MC5, los Stooges, SRC, UP!, The Frost, Bob Seger, The Amboy Dukes y, en último lugar, citaba al grupo que nos ocupa: Brownsville Station.
Pero antes de seguir, veamos a los protagonistas de esta historia en acción. Canción: «Kings of the party». Año de Nuestro Señor Jesucristo: 1974. Para hacerse una idea político-social del momento, mencionaremos que Kiss sacó su primer disco en mayo de ese año y el segundo en octubre. Esta actuación puede ser del 19 de julio o del 18 de octubre. Dieron varios pases en un programa de televisión, Midnight Special, y no sé de cuál se trata. Solo que es una exhibición.

Ya ven. Música rudimentaria. Individuos descerebrados. Muy notas. Mucho ruido. Lo que se entendía antes por rock and roll. Ahora parece que para tocarlo hay que estudiar porque es una cosa muy elitista.
El germen del grupo estaba en los Del Tinos, el grupo de Cub Koda, el señor que va vestido de árbitro de béisbol en el vídeo. Y cuyo nombre proviene del personaje «Cubby» de la serie de televisión para niños The Michey Mouse Club.
Su primer single fue una versión de Roy Orbison «Go, go, go» y nunca se bajaron de la burra hasta el 66. Jaime Gonzalo destacó en el Ruta 66 que fueron de los pocos a los que la aparición de los Beatles les trajo sin cuidado. Siguieron erre que erre sin cambiar un ápice los planteamientos, ni siquiera cuando todos sus compañeros de generación se volvieron hippies, progresivos, folk…
Finiquitados los Del Tinos, Koda conoció en una tienda de discos de Detroit a los que luego iban a ser los miembros fundadores de Brownsville Station, Michael Lutz y T. J. Cronley.
Fue lo típico, se conocían de vista, de coincidir en la tienda, de recelar de qué discos se llevaba cada uno, hasta que los presentó el propietario, Al Nalli —años después productor de los rotundos Blackfoot— y les propuso que formasen un grupo del que él sería el mánager.
Iban a llamarse The Station, pero alguien les contó que había ido en autostop hasta Brownsville, en Texas, y se habían encontrado todo lleno de armadillos muertos por la calle y niños desnudos rodeados de moscas corriendo por ahí. Una experiencia agradable y bonita, un paisaje evocador, tanto que decidieron como homenaje llevar dicha localidad al nombre del grupo: Brownsville Station.
Querían hacer cualquier cosa que no sonase como lo que estaba sonando en aquella época en la radio. «No sabíamos qué música tocar, solo cuál no tocar», dijo Koda en una entrevista a Los Angeles Free Press, en la que luego insistía: «odiamos las jams de diecisiete minutos», no queremos «demostrar habilidad, técnica, presumir, para eso no nos subimos a un escenario», «no queremos tocar blues ni hacer solos de batería», y así llegaron a la conclusión de que lo suyo tenía que ser «just real energy rock and roll».
En otras palabras: «Somos Chuck Berry en 1974 interpretado por tres maníacos». Una influencia extensiva a todas las canciones donde puso la mano Phil Spector en los sesenta y a los legados de tipos como Ricky Nelson, Bo Diddley, Little Richard y Link Wray —estos cuatro citaban—.
Una filosofía propia de su ciudad, explicaron: «Nunca nos hemos referido a nosotros como un «grupo de rock«, nosotros somos un grupo de rock and roll de Detroit y muy jodidamente orgullosos de serlo». Sin embargo, nunca formaron parte realmente de esa escena porque fueron excluidos, o autoexcluidos, por rechazar la política en el rock and roll. Esa escena rockera y revolucionaria de la que surgieron personas como Bill Ayers en Ann Arbor.
Nunca hemos creído firmemente en la revolución. No va a haber ninguna revolución. La revolución es caminar por ahí con el pelo largo por la mitad de la espalda hasta el centro de la ciudad y pelearte con unos camioneros porque estás borracho. (Koda)
Realmente, no encajaban en ninguna parte. Rechazaban también las modas del hippismo, «no puedes ser un grupo de blues británico un día e ir de paz y amor al siguiente» Y sentenciaba Koda burlándose: «cuando después del concierto un chaval del público viene a darme la mano y veo que las tiene completamente rojas de haber estado aplaudiendo, eso es el amor».
Su primer éxito fue «Rock and Roll Holiday» en 1970. Una canción que les catapultó hasta la todopoderosa Warner, pero fueron expulsados en un año. Consideraron que el sello no estaba preparado para entender lo que proponían, que en realidad no eran un grupo de oldies, de revival, aunque es difícil que te presten atención si tu LP de debut está en el catálogo entre las referencias de Paranoid de Black Sabbath y el Long Prayer de los Faces.
Pese al fracaso, los Brownsville se fortalecieron tocando en bares, gimnasios y fraternidades. Andy Shernoff, de los Dictators, primer grupo punk de Nueva York según el saber enciclopédico, los vio en directo en estas fechas y este fue su recuerdo:
Tocaron en la Universidad de Columbia. Yo fui con todos mis amigos, que éramos unos veinte o veinticinco y al llegar al gimnasio de la facultad, todo el público sumábamos poco más de treinta personas. Recuerdo que Cub Koda sacó cajas de cervezas para todos y dio un conciertazo. Ese rollo, cómo interactuaban con el público, las cosas que decían, eso era lo que nosotros queríamos llevar. Llegaban, se ponían a saltar haciendo el loco con las guitarras. Luego nosotros intentamos ser como ellos.
Para muestra de su desvinculación del movimiento hippie y revolucionario, su primer batería, T. J. Cronley abandonó el grupo para irse con los marines. Dejó las baquetas para pilotar Harriers durante veinte años. Y fue sustituido por Henry «H-Bomb» Weck, que subía al escenario con una Cruz de Hierro y chaquetas de piel de leopardo que descolocaban al respetable, pues todavía faltaban seis años para que frivolizar con estos símbolos fuera normal con el advenimiento del punk. Su propio mote, «el bomba atómica» muy hippie no era, la verdad.
Y el éxito volvió a llamar a sus puertas gracias a la infalible técnica del «porcojonismo». En 1973 su aludido single «Smoking in the boys room» vendió dos millones de copias. Llegó al tercer puesto de los charts americanos. Zoo World les denominó «la pesadilla de los Yes». Phonorgaph Record dijo que sonaban «como los grupos one-hit del 66 o el 67». En 1974, Melody Maker escribió «son lo más cerca de Slade que tiene América». Ese mismo año en Rolling Stone publicaron: «Los charts y las radios están saturados de tíos de treinta y cinco años introvertidos perpetrando su poesía paralítica, con sus traumas de mediana edad… pero ahora emergen Brownsville Station con su regreso al rock and roll para chicos de colegio, para adolescentes»
Para el crítico español Jaime Gonzalo, con su cuarto disco, School Punks, en 1974, habían dejado ya un legado que hubiese sido «el final perfecto de la trilogía de Alice Cooper Eighteen, del 71, y Schools Out, del 72». Y yo lo dejaría en tetralogía si incluimos la gema que regalaron al mundo en 1977 los músicos de Alice Cooper sin Alice Cooper, los Billion Dollar Babies y su Battle Axe.
Tras el pepinazo de canción los Brownsville Station de paso se colaron en todas las giras importantes del momento. Con Alice Cooper, Johnny Winter, Blue Öyster Cult, ZZ Top, Humble Pie, Queen, Black Sabbath, Lynyrd Skynyrd… En la cresta de la ola en el momento de apogeo absoluto del rock estadounidense.
Tampoco en esas giras les faltaron los habituales piques con las luces, el volumen del sonido de los teloneros y todas las disputas mide-egos habituales de los rockeros. Nada muy divertido de contar, pero, por ejemplo, Bachman-Turner Overdrive fueron sus teloneros y en un año lo petaron tanto que Brownsville tuvieron que telonearles a ellos.
Ocurrió lo inevitable, al principio los Brownsville les hicieron salir a escena con menos luces y volumen y luego BTO se vengaron haciendo lo propio ensañándose, humillándolos a propósito.
La prensa del momento lo publicó como diciendo así es la vida. Pero lo verdaderamente relevante de su faceta en directo es que ellos, con volumen bajo o sin iluminación, nunca perdieron el espíritu de su ciudad, ese grito que MC5 convirtió en una canción eterna: «Kick out the jams».
Koda explicó en una entrevista el significado de ese lema en Detroit: «En los conciertos que íbamos a ver decíamos: «Haced que suene a tope, hijos de puta, o conseguiremos a alguien que lo haga». Aprendimos en los bolos de R&B que el escenario era un lugar sagrado, y el derecho a estar ahí arriba te lo tenías que ganar, no podías fingirlo.
El público de Detroit lo entendía así y no esperaba nada menos. Recuerdo haber visto a un grupo en el Wampler´s Lake Pavilion que se llamaban The Kandy-Matics que eran muy aburridos y el público subió al escenario en masa y físicamente los expulsó del local».
Esta actitud y esos decibelios no atraían a ilustrados franceses precisamente. Bruce Springsteen, que fue telonero de ellos, asumía como podía que la gente iba a lo que iba en esos conciertos: «He abierto para Brownsville Station, pero tengo treinta y un años y llevo tocando en bares desde que tenía quince, he estado delante de muchas personas a las que les importa una mierda que yo esté en el escenario».
El sonido del grupo fue derivando en sus últimos discos hacia terrenos hard rockeros. Cada vez más contundentes y menos sutiles, dejando caer alguna que otra balada, fueron capaces hasta de traicionarse a sí mismos y marcarse una rock-opera de diez minutos dividida en cinco partes, «They call me rock and roll», de la que hay que decir que aunque fuera contra sus principios es, sencillamente, gloriosa. De sus mejores canciones ¡así es la vida de contradictoria!
Con los años, la fractura en el seno de grupo en cuanto a la línea a seguir fue cada vez mayor. El mundo se estaba dividiendo entre punk y pop con la new wave o el hard rock y el heavy metal.
En Estados Unidos no había tercera vía como no te pasases a la música disco. Kuba, en cambio, estaba interesado en seguir con el rockabilly a cualquier precio, mientras que los demás a esas alturas ya entendían el grupo como una ubre monetaria a la que exprimir y querían tirarse al rollo de Led Zeppelin y Rod Stewart. La separación fue inevitable. Lutz se fue con Ted Nugent y H-Bomb montó un estudio de grabación.
Por su parte, el gran Koda siguió con grupos modestos haciendo lo que le gustaba, tocar rock and roll sin más pretensión que divertirse y hacer que los demás se lo pasaran bien. Jaime Gonzalo comentó en su artículo que le vio tocando en Japón en un restaurante. Lo más bajo a lo que puede caer quien viene de llenar estadios. Nadie les hacía caso, contó, pero estaban ahí, con el olor a fritanga, dándolo todo «como los Who en un estadio de cincuenta mil personas».
Una de las últimas apariciones de Cub Koda fue en Michigan en el treinta aniversario de otro grupo legendario de Detroit, The Frost, en 1999. Según el organizador del festival, Koda ya tenía serios problemas de salud. Su visión era muy pobre y tuvo que llevarlo y traerlo del concierto su propio padre. El siguiente verano, en junio de 2000, murió por un problema de riñón.
Tenía cincuenta y un años. Hace dos años Lutz y H-Bomb resucitaron Brownsville Station con un nuevo disco Still Smokin —disponible en el Spoty— y andan por ahí dando conciertos. Suena heavy y contundente, como ellos querían.
La lección, lo interesante de todo esto es cómo llegaron a lo más alto en un contexto como el de los setenta en Estados Unidos, donde hasta para hacer la cosa más casposa, hortera, vacía de contenido o directamente ridícula, había que tener un talento descomunal.
Nunca habrá habido más competencia en cuanto a calidad —la de cantidad la conocemos bien ahora— en el negocio musical de los grandes estadios y las ventas millonarias.
Con todo el mundo haciendo inventos y reinvenciones de sí mismos, explorando nuevos caminos con éxito y siendo pioneros de nuevos géneros, los Brownsville únicamente armados con un empollón del rock and roll —hecho que demostró Koda escribiéndose media Allmusic Guide en el nuevo siglo— y un par de orangutanes compitieron de tú a tú con los más grandes solo haciendo que lo de siempre sonase más fuerte.
No en vano, Bruce Nazarian, un segundo guitarrista que incorporaron cuando se metieron en los terrenos del hard rock, dijo de Koda al morir este: «nunca he visto a nadie tocar la guitarra más alto, y no me refiero a los amplis ni nada de eso, sino a sus manos». Ahí tenía su particular fórmula de la Coca-Cola.
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Los juguetes sexuales en la antigüedad…

Historias de la historia — El término olisbos, que significa resbalar o deslizar, es el nombre que en la antigua Grecia se le daba al artilugio de piedra, cuero o madera con forma fálica que las mujeres impregnaban en aceite de oliva para practicar el arte del amor propio.
El consolador de toda la vida, desde la Prehistoria.
En el año 2005 científicos alemanes descubrieron en la cueva Hohle Fels (Alemania) lo que, hasta la fecha que se escribe este artículo, puede considerarse el consolador más antiguo de la historia.
Se trata de un falo de piedra perfectamente pulido de unos veinte centímetros de largo -la medida estándar en mi pueblo- que tendría unos 28.000 años de antigüedad.
En la obra de teatro Lisístrata, Aristófanes los llama “consoladores de viudas” y en Roma tenían cierto protagonismo en la noche de bodas.
Antes de que los contrayentes se quedasen solos para consumar su matrimonio, que no era otra cosa que un simple contrato privado entre las partes, la madre de la novia disponía bajo el tálamo todo lo necesario para que no hubiese contratiempos: una jarra de miel para que al novio no desfalleciese, un potente afrodisíaco como la menta y una imagen de madera del dios Príapo -siempre representado con un enorme falo erecto- por si se producía el temido gatillazo.
Tan arraigada estaba la creencia de las propiedades afrodisíacas de la menta que en tiempos de guerra se prohibía plantar semillas de menta y hacer brebajes con ella.
Los hombres debían centrarse en “hacer la guerra y no el amor“. En el Satiricón, los olisbos eran utilizados como instrumentos de tortura: se untaban en pimienta y se introducían por el ano.
En otras latitudes, los consoladores estaban hechos de materiales más… digamos, más… bueno, más… en Oriente Medio se hacían con boñiga seca de camello recubierta por una resina.
Y en Egipto, cuenta la leyenda que la fogosa Cleopatra fue la que dio el salto del consolador al vibrador. A falta de pilas o electricidad, su consolador vibraba de forma “natural”: en una calabaza seca y hueca se metían abejas vivas que, al revolotear, provocaban la vibración (¡No intente hacer esto en casa!
Y si lo hace, elija una calabaza adecuada y procure que las abejas no puedan salir de su interior). De su fogosidad sería suficiente con recordar que sus contemporáneos la llamaron “la boquiabierta” y “la boca de los diez mil hombres”.

Para terminar con los juguetes sexuales, y según nos cuenta Alicia Misrahi en su libro “En mi casa o en la tuya: confesiones de un tuppersex”…
Los anillos para el pene se inventaron en China. Los primeros estaban hechos de párpados de cabra que conservaban las pestañas intactas. Aumentaban la erección de los hombres, mientras que las pestañas daban placer a las mujeres en sus zonas más sensibles.
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¿Qué fue la «Belle Époque» y que significó?…

sobrehistoria.com — A lo largo de la historia han existido muchos procesos y épocas, algunas que duraron mas en el tiempo que otras y épocas que fueron mas importantes para los años venideros, pero también puede ocurrir que algunas como la belle Époque no sean conocidas para el gran publico.
La expresión francesa Belle Époque se usó en retrospectiva después de los horrores de la Primera Guerra Mundial, un término de nostalgia por una época más simple de paz, prosperidad y progreso. Al comienzo de la Belle Époque, Francia se estaba recuperando de la derrota en la guerra franco-prusiana, una derrota de proporciones asombrosas.
En solo 9 meses, Francia sufrió 138.871 muertos, 143.000 heridos y 474.414 capturados, un total que fue más de seis veces mayor que el de la oposición prusiana. A raíz de la guerra franco-prusiana, París sufriría nuevamente a través de la Comuna, un conflicto interno de corta duración entre los revolucionarios radicales y el gobierno francés. Más tragedia y más pérdidas, con estimaciones que oscilan entre 7.000 y 20.000 “comuneros” revolucionarios asesinados.
Entre la Comuna de París y el bombardeo de la artillería pesada alemana, París era un caos cuando se firmó el alto el fuego. Al final de la Belle Époque, los vientos de guerra estaban nuevamente en el aire. Esta vez, sería mil veces peor. Una mirada a la devastación, el infierno en la tierra, y es fácil imaginar a cada soldado francés acurrucado, temblando en la inmundicia de la guerra de trincheras, tratando desesperadamente de aferrarse al recuerdo lejano de una época hermosa: la Belle Époque.
Períodos similares de crecimiento económico se experimentaron en Gran Bretaña durante las épocas victoriana y eduardiana, en Alemania bajo el Kaiser Wilhelm I y II durante el Reich alemán, en Rusia bajo Alejandro III y Nicolás II, en los Estados Unidos en un período llamado la Edad Dorada. , y en México durante el Porfiriato.
El banquero austríaco convertido en británico y judío, el retiro de fin de semana del barón Ferdinand de Rothschild en Waddesdon Manor en Buckinghamshire, construido entre 1874 y 1889, personifica los excesos de la aristocracia de la época en Gran Bretaña.
Los aristócratas rusos disfrutaron bailando el vals toda la noche en lujosos bailes en San Petersburgo.
El Porfiriato fue una época en la que Porfirio Díaz fue presidente de México de 1876 a 1911. Impulsó el orden y el progreso que modernizó la economía y fomentó la inversión extranjera. El Porfiriato terminó en 1910 con el estallido de la Revolución Mexicana.
Durante finales del siglo XIX y principios del XX, este teatro fue el sitio de la mayor parte de la alta cultura de la Ciudad de México, presentando eventos como teatro, operetas, danza vienesa y más.
La Edad Dorada fue un período de rápido crecimiento económico en los Estados Unidos, una era en la que cualquiera era un Andrew Carnegie potencial, y los estadounidenses que alcanzaron la riqueza lo celebraron como nunca antes.
– Fue una época de gran crecimiento de la población urbana

En los 39 años anteriores a 1911, la población de París creció un 64%. A finales de la Belle Époque, la población de París era mayor que la actual.
Chicago experimentó un crecimiento aún mayor, con un asombroso aumento de diez veces en la población entre 1870 y 1900.
Con la humillante derrota en la guerra franco-prusiana como un recuerdo lejano, las Exposiciones de París de 1878, 1889 y 1900 celebraron la recuperación de Francia.
En la Exposición de 1878, los jardines del Trocadéro exhibieron la cabeza de tamaño completo de la Estatua de la Libertad, antes de que la estatua fuera completada y enviada a Nueva York.
La torre de mil pies de Gustave Eiffel era un símbolo de lo lejos que había llegado Francia.
Era la estructura más alta hecha por el hombre en el mundo y se encontraba en la entrada de un escaparate del ingenio francés y el dominio de la ingeniería.
Un edificio igualmente significativo fue el Salón de Maquinaria. Con 111 metros (364 pies), abarcaba el espacio interior más largo del mundo en ese momento.
– Fue una época de exuberancia cultural
Marcado por el molino de viento rojo en su techo, el Moulin Rouge es considerado el lugar de nacimiento espiritual de la versión moderna del baile del cancán. Como correspondía a la decadencia de la época, el baile fue considerado escandaloso e incluso hubo intentos de reprimirlo. Las mujeres usaban pantaletas, que podían ser reveladoras sin querer.

París era la ciudad más rica y la más pobre de Francia. Un estudio de 1882 de los parisinos concluyó que el 27% de los parisinos eran de clase media o alta, mientras que el 73% eran pobres.
Durante la Edad Dorada de Estados Unidos, el 2% más rico de los hogares estadounidenses poseía más de un tercio de la riqueza de la nación, mientras que el 10% superior poseía aproximadamente tres cuartas partes.“Los protectores de nuestras industrias”.
Caricatura que muestra a Cyrus Field, Jay Gould, Cornelius Vanderbilt y Russell Sage, sentados en bolsas de «millones», en una balsa grande y pesada que transportan los trabajadores.
En Nueva York, la ópera, el teatro y las fiestas lujosas consumieron a la clase dominante. La Sra. Stuyvesant Fish una vez organizó una cena para honrar a su perro que llegó luciendo un collar de diamantes de $15,000.
En 1890, 11 millones de los 12 millones de familias de la nación ganaban menos de $1200 por año; de este grupo, el ingreso anual promedio fue de $380, muy por debajo de la línea de pobreza.

– Fue una era de avance científico y tecnológico
La segunda ola de la revolución industrial se apoderó del mundo. A lo largo llegaron las cámaras, las luces eléctricas, el teléfono, el gramófono, el automóvil y los albores de los viajes aéreos. Cuando la reina Victoria se invitó a sí misma a Waddeston Manor de Rothschild, se dice que quedó tan impresionada con la iluminación eléctrica que pasó 10 minutos encendiendo y apagando un candelabro eléctrico.
Aunque la arquitectura de la Belle Époque combinó elementos de varios estilos, el estilo arquitectónico predominante fue el Art Nouveau. Como reacción a la influencia académica de la Académie des Beaux-Arts, el Art Nouveau (“arte nuevo”) se inspiró en las formas y estructuras naturales de flores, plantas y líneas curvas. Los arquitectos trataron de armonizar con el entorno natural.
Jeanne Paquin fue una de las diseñadoras de moda de la Belle Époque. Se hizo conocida por sus trucos publicitarios, incluido el envío de sus modelos a las carreras y la ópera para que sus diseños se hicieran notar.

– Fue una época de Imperialismo
La “lucha por África” fue una carrera de las potencias europeas para colonizar la mayor parte posible de África a finales del siglo XIX.
La tierra africana bajo control europeo pasó del 10% en 1870 al 90% en 1914. A fines del siglo XIX, África era una de las últimas regiones del mundo que no se vio afectada por el imperialismo. Eso estaba a punto de cambiar.
Francia y Gran Bretaña, en particular, excavaron grandes extensiones de tierra, con Francia concentrándose en el noroeste de África y Gran Bretaña queriendo los puertos del este como escalas para sus rutas comerciales indias y asiáticas.
Cecil Rhodes fue el hombre detrás de Rhodesia (ahora Zimbabue) y la mundialmente famosa compañía de diamantes De Beers.
Su British South Africa Company adquirió la tierra durante la Belle Époque. La Belle Époque fue una era hermosa, pero como Mark Twain describió la Edad Dorada, era una fina capa que ocultaba problemas sistémicos: descontento entre las clases trabajadoras, tensiones políticas entre los estados-nación, militarismo, imperialismo y, para colmo, una inflexible carrera armamentista que en 1914 era una burbuja a punto de estallar.
Todo lo que se necesitaba era un evento desencadenante.
nuestras charlas nocturnas.
Demokratía y guerra fría …

(I): Y en el principio fue Atenas
JotDown(A.García) — Ni siquiera la irrupción de la pandemia en el escenario mundial ha borrado del todo el debate sobre a dónde vamos como sociedad, políticamente hablando. Se ha instaurado en diversos ámbitos una reclamación de más democracia como el medio para atajar la desigualdad, tanto real como supuesta.
De hecho, es una palabra que continuamente aparece por todas partes en boca de cualquiera, ya sean medios de comunicación o conversaciones de barra de bar y que, junto con «libertad», debe ser una de las dos excusas más manidas para cometer cualquier tipo de tropelías. A cualquiera le vienen unos cuantos ejemplos a la cabeza. Se reclama incansablemente como remedio a todo mal político una variedad de democracia más «directa», con una supervisión más cercana por parte de la ciudadanía.
Aunque pueda parecer gratificante ver lo arraigado que está el concepto de democracia en la mentalidad popular, se pueden albergar ciertas sospechas de que sea solo de boquilla, o una adaptación libre de la novela. ¿Cuánto sabemos de un tipo de gobierno que, como nos contaron en el colegio, nació hace mucho, mucho tiempo en la Grecia clásica, concretamente en una ciudad que no hace mucho sufría los embates de una oligarquía adinerada cada día más insolente y desvergonzada, la antiguamente bella Atenas?
El primer ejemplo de una democracia en funcionamiento no solo es excepcional, sino que se trata de un caso de estudio esencial para comprender en qué consistía, qué condiciones son necesarias y cuáles son sus ventajas e inconvenientes —que los tiene—. Resulta llamativo que un escolar español actual solo trate el asunto de pasada, con solo doce años de edad, sin la profundidad necesaria como para captar sus implicaciones, así que urge llenar este agujero negro.
Allá por el siglo VI a. C., Atenas, como cualquier otra polis arcaica que se precie, estaba dirigida por un tirano con un nombre de dudoso gusto, Pisístrato. Esto no significa que el hombre se paseara de uniforme y se divirtiera enviando gente a prisión mientras reía malignamente; originalmente un tirano se refiere a un miembro de la oligarquía de la ciudad, un aristócrata que gracias a apoyos y maniobras políticas se erigía con el poder, ejercido personalmente.
Este tipo de gobierno en un principio no se veía como algo necesariamente malo; de hecho, era el típico de las pequeñas ciudades-Estado griegas de entonces, que se componían de una capital con su templo, su ágora y su gimnasio, por un lado, y del campo circundante por el otro, con sus campesinos en sus chozas y su ganado. Las polis las gobiernan un reducido grupo formado por los ciudadanos más pudientes, que además son los que salen a partirse la cara por ella. Lógico, puesto que son los únicos que se pueden costear el armamento.
Pero hete aquí que las ciudades se organizan, prosperan y crecen. También el comercio, la economía y la población. La sociedad se vuelve más compleja, aparecen nuevas facciones políticas más amplias y la aristocracia se divide en bandos. Más ciudadanos propietarios implica más personas pidiendo acceso a la política, y el sistema de tiranías obviamente no les satisface. Ni tampoco a algunos de los ilustres, que deben disputar e intrigar continuamente para ocupar los cargos.
¿Todo este rollo qué quiere decir? Que, en las ciudades más pujantes como Atenas, la tiranía «pasa de moda», ya no sirve. Es tiempo de crisis internas, o como lo llamaba Tucídides, de stasis, una especie de bloqueo de fuerzas enfrentadas. A leches si hace falta, por supuesto. A la muerte de Pisístrato hay unas cuantas de estas luchas por el poder (con sus imprescindibles asesinatos) que ahorraremos para ir directos al final: hacia el 514 la tiranía está bastante desacreditada y sin embargo nos quedan dos candidatos a la gloria, de los que se alzará triunfante un personaje de sugerente nombre, Clístenes.

Este aristócrata de la controvertida familia de los Alcmeónidas, habitual en todos los follones políticos atenienses, va a sentar las bases de la posterior democracia popular.
Aupado al poder por la vía tradicional, parirá una «reforma electoral» que ríanse ustedes de la modélica transición española.
Los atenienses, como buenos indoeuropeos, se dividían en tribus por cuestiones de parentela, clanes y demás asuntos familiares.
Las tribus, además, servían como una especie de unidad política tradicional, y hacían de centro de reclutamiento, colegio electoral y asamblea de tipo social.
Pues bien, Clístenes dividió el Ática en tres partes (la ciudad, la costa y el interior) y cada una la dividió a su vez en diez, según la distribución de aldeas con entidad administrativa (los demos, origen de nuestra palabreja) y la voluntad emanada de su escroto.
Después procedió a inventarse diez tribus nuevas cogiendo un cachito del campo, un cachito de la ciudad y uno del interior para cada una de ellas, les puso nombre y un lacito, y a correr. ¿Para qué este manejo? Los expertos con pajarita y gafas de culo de vaso todavía discuten los motivos de Clístenes, porque en realidad nadie lo sabe, pero se pueden adivinar algunas intenciones detrás. Por un lado, esta reordenación lo dejaba todo atado y bien atado; el poder político de los partidarios de la tiranía quedaba repartido y por tanto diluido.
Por el otro, todas las tribus tenían una patita puesta en el centro del meollo; Atenas, y por tanto desde ahí se podía controlar y participar en la política. Nada se cocinaba fuera de la ciudad.
¿Cuál era la utilidad de este «rediseño creativo» del mapa electoral? Pues qué pregunta, elegir al nuevo gobierno. Aquí va la explicación de cómo se organizaba el mondongo político; no dolerá mucho, un pinchacito nada más. En la antigua tiranía, en Atenas mandaban nueve magistrados o arcontes, elegidos por la asamblea de tribus antiguas entre los que importaban algo.
Su labor estaba supervisada por un grupo de ex altos cargos que decidían además sobre cualquier cosa: justicia, política interior y exterior, legislación, etc. Esta banda de vejetes estirados se reunía en la colina de Ares y por eso se llamaba el tribunal del Areópago. En otras palabras, las clases más altas lo controlan todo.
Ahora la cosa cambiará bastante y el demos hace su entrada triunfal en política. Al aristocrático Areópago se le deja en paños menores y conservará únicamente el poder judicial y la «auditoría» de los magistrados. Los otros asuntos pasan al Consejo de los quinientos, o mucho más bonito en griego, la boulé. Cada flamante comunidad autónoma-tribu elige cada año entre sus varones mayores de edad a cincuenta representantes para la boulé.
Como es un jaleo juntar a quinientos tipos cada pocos días para tratar asuntos, sobre todo tipos que se dedican a otras tareas, se establecía una «comisión permanente» rotatoria de cincuenta , así que cada tribu se encargaba del Consejo una parte del año (este consejo redux se llamaba pritanía). ¿Y a qué se dedicaban exactamente? Pues a preparar los temas que se iban a tratar en el epicentro del sistema, el lugar donde se ventilaba todo, el corazón de la demokratía… la asamblea popular. En griego, la ekklesía.
La asamblea ahora tomaba en última instancia las decisiones; política exterior e interior, si se iba a la guerra, votaba las leyes… siempre siguiendo el «orden del día» preparado por el Consejo. Aquí se elegían los cargos de magistrado y los strategos del ejército de entre los propuestos por cada tribu.
El sistema se completaba con toda una serie de medidas para impedir pillar el sillón y enquistarse en el poder, incluido el sorteo o la imposibilidad de presentarse más de dos veces a la pritanía. Pero la joya de la corona de Clístenes, el arma definitiva antitiranos para el mantenimiento del equilibrio político y la paz social, era el famoso ostracismo.

Una vez al año el demos ateniense podía votar si se expulsaba a alguien de la ciudad, cual Gran Hermano VIP, siempre que acudieran más de seis mil, que debía ser, siguiendo la metodología ojimétrica, algo más de la mitad de la asamblea popular. El nombre se grababa en un trozo de teja (ostrakón) y el que obtenía mayor número de votos debía exiliarse. Este procedimiento va a dar grandes ratos de diversión en el futuro, como veremos.
Esto puede parecer una democracia, y en el fondo lo era, aunque en una fase bastante embrionaria y bastorra. Porque aún nos falta un cacho de trozo de trecho para llegar a la auténtica democracia radikal popular, entre otras causas porque como buenos indoeuropeos (otra vez), los atenienses se clasificaban y ordenaban por clases sociales en función del algoritmo «tanto tienes, tanto vales».
Había un par de grupos que se quedaban marginados en esta idílica e innovadora felicidad política: los thetes, los que trabajaban alquilando sus servicios para otro, no podían acceder a los cargos aunque participaran en la asamblea. Lo que dejaba al cincuenta por ciento de los varones adultos atenienses fuera de la cosa pública.
Pero no se vayan todavía, aún hay más; los hektemoroi, aquellos que tenían deudas que pagar con parte de la cosecha, los «hipotecados», esos ni podían ir a la asamblea siquiera. ¿Las mujeres? No me haga reír, hombre, this is Hellas.
Aun así, era un invento revolucionario sin igual en toda Grecia, producto entre otras cosas de la riqueza y la importancia que iba adquiriendo Atenas en el mundo griego. Y ahora que ya conocemos cómo se gobernaban los habitantes del Ática, pasaremos a ver a la joven democracia en acción, porque se avecinan muchas curvas y unas cuantas pruebas de fuego para el sistema, que lo dejarán bastante cambiado.
La primera —y decisiva— patata caliente que cae en campo ateniense es nada menos que la primera expedición persa. Tras pedirles la tierra y el agua y que los mandaran a freír espárragos, nuestros amigos orientales desembarcaron en Maratón, el único sitio llano disponible que encontraron. Claro que también se encontraron a un montón de hoplitas atenienses al mando del noble Milcíades, con el resultado de todos conocido.
La rotunda victoria dio mucho prestigio a la recién estrenada democracia y salvó el primer punto para el equipo griego, pero pese a lo que pudiera parecer, en vez de convertirse en un factor de unidad, dividió las opiniones y complicó mucho la política de la polis, como si de españoles se tratara. A grandes y groseros rasgos, Maratón dio lugar a dos bandos principales; uno era el «aristocrático», en el que militaban algunas de las mayores fortunas de la ciudad y que encabezaba entre otros el propio Milcíades; representaba a la fuerza de hoplitas, propietarios de la tierra, la forma tradicional de hacer la guerra.
Así que no hace falta insistir en el prestigio que tenían después de la batalla y lo convencidos que estaban de que esa era la manera correcta de hacer las cosas. No solo eso, sino que Milcíades era dueño y señor del Quersoneso y por tanto tenía el riñón forrado, hasta el punto de que se le acusaba de haber ejercido la tiranía por allá.
La otra facción había visto motivos de inquietud tras el primer asalto; no en vano los persas habían movido su flota como Pedro por su casa. No era de recibo que a una ciudad costera como Atenas le chorrearan así en su cara; el arma definitiva debía ser una flota como Zeus manda y un puerto nuevecito (El Pireo), conjuntamente con una serie de fortificaciones que debían ir desde la Acrópolis hasta allí, lo que se conocería como «los Muros Largos».
La figura más destacada de esta «corriente de opinión» era el visionario de Temístocles, y no se trataba de un oportunismo a causa de la guerra. En realidad, el auténtico motivo para proponer estas medidas era un enemigo mucho más modesto pero que llevaba pintándoles la cara a los atenienses desde ni se sabe: la polis de Egina. Los modestos eginetas disponían de una respetable flota y hostilizaban a los áticos dónde y cuándo querían desde hacía años, impidiéndoles dominar las aguas egeas.
Así que Temístocles y sus partidarios en realidad estaban mirando más allá de la cuestión persa y planeaban una futura expansión ateniense, que debía ser, sí o sí, marítima. El problema es que construir una flota era algo carísimo, y una muralla ni les cuento, y la pasta gansa estaba en el otro bando. Además, también estaba el problemilla persa en la agenda: más o menos todo el mundo esperaba la próxima iniciativa de Oriente, así que las opiniones oscilaban entre los que rechazaban un hipotético dominio del rey de reyes y los que pensaban que a lo mejor no era para tanto.

Las primeras bofetadas en la arena política correrán a cargo del dúo mencionado. Tras su gran victoria, Milcíades se animó a perseguir a los persas (lo cual indica que la facción aristocrática tampoco le hacía ascos a eso de expandirse) y trató de liberar las islas Cícladas, llevándose una derrota en Paros que además le dejó malherido.
Temístocles y sus partidarios estrenaron aquí el ostracismo, acusando al derrotado de «decepcionar al pueblo ateniense» y le condenaron al exilio y a pagar un multazo que no se llegó a cobrar, pues Milcíades se murió antes. El invento de la teja no solo se emplea ya para alejar personajes peligrosos, sino como modo de «regular» el efecto del exceso de fama y prestigio de individuos concretos en la democracia.
No se sabe mucho de los acontecimientos de los años posteriores en la ciudad, pero el baile de figuras condenadas al ostracismo y la indecisa política exterior ateniense, que daba un pasito-palante-pasito-patrás en sus relaciones con los persas nos hace suponer que no se aburrieron precisamente.
A Temístocles le saldrá un rival en la figura de Arístides, con fama de justo, virtuoso, incorruptible y repelente niño Vicente, si bien ambos coincidían en política exterior. Pero hay dos hechos que van a decantar la balanza definitivamente del lado «naval»: el primero, el descubrimiento accidental de un montón de plata en las minas de Laurión, con lo que el asunto del dinero quedaba resuelto.
El segundo, que Jerjes —convertido en drag queen en 300—optó por invadir Grecia y jugar la revancha. Los partidarios de dar la mano blandita al persa tuvieron que largarse o quedarse callados, y el proyecto de Temístocles salió adelante. En un plazo razonablemente corto de tiempo y justo para estrenar en la guerra, Atenas puso doscientos trirremes en el agua.
Que no funcionaban solas, por cierto; hubo que reclutar a los thetes para que sirvieran como remeros en la marina, lo cual a la larga tuvo la previsible contrapartida política, como nuestro hombre ya preveía y esperaba, no en vano contaba con su apoyo social.
Como todos sabemos, Atenas y Esparta se coaligaron para rechazar la invasión y el «muro de madera» flotante que erigió Temístocles sirvió para poner a la población ateniense a salvo del ataque persa, acabar con su flota en la espectacular victoria de Salamina, salvar a Grecia y en última instancia, al mundo occidental como lo conocemos, si nos ponemos épicos.
Después por tierra, en Micala y Platea, los espartanos remataron la faena. Es el triunfo en las Guerras Médicas el que va a transformar decisivamente a Atenas en una democracia «completa» y en muchas cosas más.
(II): El Telón de Bronce

En estos momentos Atenas y Esparta son un remedo primitivo de los Estados Unidos y la URSS de finales de la Segunda Guerra Mundial; son aliados contra el mismo enemigo y tienen el conflicto de cara, y aparentemente son amiguitas. Pero se están jugando muchas papeletas para malos rollos futuros.
Sus sistemas políticos son la noche y el día y ambas están destinadas a jugar papel de superpotencia. La diferencia es que Esparta no tiene ningunas ganas de gobernar el Egeo, por lo que esto implica en cuanto a crecer y transformarse, mientras que Atenas no solo lo mira con ojitos, sino que su metamorfosis ya ha comenzado. Cosa que a los lacedemonios tampoco es que les haga mucha gracia. Aunque hay buen rollo oficial entre ambos, quien vio venir el futuro con claridad fue, cómo no, Temístocles.
En cuanto las operaciones bélicas se alejaron de la Grecia continental, los espartanos propusieron, muy sutiles ellos, que estaría genial que se desmontaran todas las fortificaciones y murallas de las polis, con la excusa de que muchas ciudades aliadas del persa se habían tenido que tomar por asalto.
Las risas fueron grandes en Atenas, que había sido saqueada por el enemigo y que en aquel mismo momento se encontraba enfrascada en poner sus muros en pie, objetivo en el que estaban pensando realmente los laconios. Temístocles, cual capitán Panaka, urdió una estratagema, plantándose en Esparta a entretenerlos con una patraña mientras mujeres y niños acababan las obras corriendo (479 a. C.).
Para cuando los espartanos se asomaron por Atenas, la muralla se había completado a una velocidad que ni las constructoras hispánicas. Esto no les hizo demasiada gracia a los rústicos chicos sureños, que tomaron buena nota de la matrícula del ateniense.
Para acabar de liarla, el «Alto Mando Aliado» despachó la flota ateniense bajo mando espartano a pegar guantazos por ahí y tuvo lugar el feo asunto de la corrupción de Pausanias. Una vez destituido el lacedemonio y puesto al mando un ateniense, un «Telón de Bronce» iba a caer entre las polis. Esparta se desmarcó del asunto mientras que Atenas aceptó encantada de la vida ponerse al mando y para ello Arístides fundó una coalición, la Liga de Delos (477 a. C.).
Delos-que-pagan, porque en esencia Atenas ponía los barcos, soldaditos y caballos y los demás aflojaban la cartera. Esta subcontratación de la cosa bélica traería consecuencias inimaginables. Pero de momento quedémonos con que los espartanos no olvidan, así que se las apañaron para acusar a Temístocles de estar implicado en la subversión de Pausanias. ¿Qué tiene que ver esto con la democracia? En pocas palabras, va a ser su sustento.

La flota ha ganado la guerra, y ya no son los propietarios agrícolas y sus lanzas los que defienden Atenas en solitario. La marina no solo es el orgullo de la polis, sino su futuro. Es imprescindible para continuar las operaciones, mantener la Liga (y el cobro de contribución correspondiente) y arrojar al persa del resto de Grecia, así que los modestos van a querer ver su poder político aumentado e irrumpir a saco en la fiesta de la democracia.
La facción «democrática» va a salir muy reforzada de la guerra y los acontecimientos posteriores, adquiriendo un tono claramente antiespartano y proexpansionista, como su líder. De hecho, una de las primeras medidas que tomará el demos es quitarse de en medio a la figura oligárquica del momento, Arístides, votando su ostracismo.
Pero paradójicamente, la facción aristocrática también va a reforzarse. Los hoplitas se han batido como machotes y el Areópago, reducto aristocrático, ha adquirido mucho prestigio tras dirigir la evacuación de la ciudad en momentos de grave peligro. Además, cuenta ahora con una joven promesa, el hijo de Milcíades, Cimón, que además ha heredado la inmensa fortuna de papi. Para colmo, muchos de sus cabecillas son strategos del ejército que tan brillantemente conduce la guerra contra Persia; el propio Cimón es puesto al mando de la expedición de la Liga para correr a gorrazos al persa hasta su tierra.
Sin embargo, esta facción es partidaria de la amistad con Esparta, «home of the hoplites» y polis oligárquica por antonomasia. La lucha política, pues, se va a recrudecer y tendrá como objetivo al hombre que ahora ostenta el título de «más popular de Atenas», el hombre en el cénit de su carrera, Temístocles, que se ha puesto además un poco chulito y al que los espartanos y sus amigos difaman. En 472 es condenado al ostracismo en una votación de la que se han encontrado abundantes ostrakón prefabricadas con su nombre ya impreso. Las irregularidades se inventaron ayer, como se ve.
Mientras tanto, la Liga de Delos se consolida a la vez que el fantasma del peligro persa se aleja. Cimón se hincha a repartir leches de tal modo que los aliados empiezan a plantearse que a lo mejor no hace falta ya la pseudo-OTAN esta. Sin embargo, a los atenienses les va muy bien esto de cobrar sus servicios militares por adelantado, y ese dinerito está haciendo mucho bien en Atenas, porque entre otras cosas servirá para sufragar la adquisición de muchos esclavos y la presencia en las asambleas de los más modestos; el imperialismo ateniense sostiene la democracia popular.
La organización de la Liga ya tiene mala pinta y no responde que digamos al modelo democrático: se reúnen dos órganos por separado, el de los atenienses y el del resto, así que ya se pueden imaginar qué clase de igualdad garantiza eso si el voto de Atenas vale por el de todos los demás juntos. Cuando se huelen que la Liga es un instrumento al servicio de la polis ática, algunas ciudades tratan de salirse.
Pero la Liga de Delos es una especie de antecedente de instituciones futuras como la Iglesia católica o las compañías de telefonía móvil; es muy fácil entrar, pero salir es harina de otro costal. Naxos en 470 y Tasos en 465 tratan de borrarse del club y son correspondientemente represaliados por los atenienses, que mandan colonos —clerucos— a todas partes y se aseguran por encima de todo el cobro de sus servicios. ¿El persa? Bien, gracias.
Así están las cosas ahí fuera, pero… ¿qué ocurre en Atenas mientras tanto, una vez expulsado Temístocles? Pues el partido aristocrático, con Cimón a la cabeza, tratará de mantener a raya a los demócratas con un recurso muy actual; el evergetismo. ¿Qué es esto? Pues sencillamente que Cimón gastará parte de su dinero en abrir sus huertos, sus terrenos y su bolsillo para regalar al personal comida y sustento.
Como nada es gratis en este mundo, una vez que pasas a ser mantenido de alguien te conviertes en su clientela, y como si de un precursor del camello moderno se tratara, si quieres seguir chupando del bote, en la ekklesía votarás lo que yo te diga. El pesebrismo se inventó hace veinticinco siglos. Así es como Cimón cree manejar el sistema político, pero un oportuno resbalón dará alas a sus enemigos políticos.
En 462 a. C., Esparta sufre un tremendo terremoto y pide ayuda ante la rebelión de sus montones de hilotas. Cimón, que es muy proespartano él, convence a la asamblea de que le deje ir con cuatro mil hoplitas.

Aparte de que los lacedemonios lo envían rápido a hacer gárgaras, porque no quieren saber nada de los atenienses y sus peligrosísimas innovaciones políticas, en su ausencia los cabecillas demócratas, Efialtes y el gran Pericles, han reformado la constitución de Atenas, sin referéndum ni nada. El Areópago es despojado de sus poderes auditores, que pasan a la boulé y la Asamblea del demos y se queda en lo justo para ver casos penales; los thetes ven su poder incrementado.
Cimón volvió de Esparta con sus hoplitas todo despechado después de que sus amigos espartanos le dijeran que preferían una relación a distancia y que se fuera por donde había venido… solo para encontrarse un bonito ostracismo que le dejará fuera de combate en 462 a. C. Los ánimos en Atenas andaban revueltos y la respuesta de los lacedemonios no gustó mucho; de esta manera, la torpeza espartana demostró no tener límites, porque la influencia en Atenas de los partidarios de llevarse bien con los madelman peloponesios se redujo al nivel del salario mínimo español.
Esto dejó las manos libres a los demócratas para «rediseñar» la política exterior ateniense sin deberle nada a los pueblerinos del sur, por lo que se dedicaron a reforzar su imperio, con la flota en una mano y la lanza en la otra. Atenas no podía renunciar al pingüe negocio de la Liga de Delos, puesto que los ingresos que obtenían son directamente responsables de lo que exageradamente se conoce como «el siglo de Pericles», momento cumbre de la cultura, las artes y todo eso en lo que se gasta la pasta cuando sale por las orejas.
Hay que decir, eso sí, que al menos tuvieron la deferencia de prescindir de parques temáticos desiertos y resquebrajados diseños de Calatrava y erigir obras de las que aún pueden verse. Pero no solo se empleaba el dinero para eso; lógicamente se invertía en barcos, caballos y guerreros, y también en una creación del propio Pericles: la subvención. También conocida como óbolo.
¿Para qué este invento del demonio? Básicamente porque para ejercer la politeia hay que ser un ocioso con mucho tiempo libre, y dicho perfil suele coincidir con el aristocrático. Las bases de la democracia, los marinos, se encontraban lejos de Atenas, persiguiendo al persa y metiendo aliados en cintura por el Egeo. Los hoplitas también tenían la cosa difícil para acudir a las asambleas, puesto que los que no guerreaban se dedicaban a sus tierras, y en general, para quien debía buscarse la vida currando era complicado pasarse por allá.
Así que si bien la desarticulación (temporal) de la facción aristocrática acabó con la compra de voluntades que Cimón practicaba, la democrática tenía problemas para ejercer el poder desde una asamblea casi vacía compuesta por los más pudientes. En realidad, el óbolo no era mucho dinero, ni la mitad de un salario diario normal; pero poco es mejor que nada, así que los tribunales y las sesiones de la ekklesía comenzaron a llenarse de gente menesterosa que iba allí a cobrar, y si se tercia, a venderse.
Una medida que en principio parecía una buena idea, destinada a que el pueblo pudiera tener algo de independencia política, acabó a la larga convirtiéndose en una fuente de problemas. Cosa que al pobre Pericles le va a pasar bastante a menudo, pero eso ya se verá más tarde.
Sea como fuere, finiquitada la práctica del evergetismo y por tanto el control de los ricachos sobre el demos a golpe de talonario, este volvió a tomar las riendas del Estado de la manita del gran Pericles. Que era un señor paradójico, puesto que se trataba de un líder democrático de origen y talante aristocrático; este extraño equilibrio contribuye también a la no menos paradójica situación de que los ciudadanos atenienses y su democracia se vuelvan bastante «aristocráticos» en sus decisiones.
Que estaban estaban sobre todo encaminadas a mantener, ampliar y fortalecer el sistema que les permitía gobernarse: el imperialismo. Vamos a patearnos la política exterior de Washington… Atenas.

Se basó esta en dos líneas principales de actuación; una consistió en mangonear en el área alrededor del Ática, lo que incluía Grecia Central y las ciudades de la costa norte del Peloponeso. Un juego bastante peligroso, puesto que si bien los atenienses se limitaron a molestar a algunos miembros de la Liga del Peloponeso (quienes, como buenos griegos, peleaban entre ellos), afectaba indirectamente a Esparta, riesgo que al parecer les importaba tres pepinos.
Así, Atenas se alió con Tesalia (expartidaria del persa en las Guerras Médicas) y Argos, en virtud de sus malas relaciones con Esparta, y también consiguió atraerse a Mégara, que como tenía un contencioso con Corinto, no vio mayor problema en pasarse a la Liga de Delos. Por fin Atenas podía rendir cuentas pendientes con potencias marítimas vecinas como Egina, Corinto y sus amiguitos.
Ciudades todas ellas que veían con mucha alarma la enorme expansión ateniense, que amenazaba con estrangularlas y someterlas, y ahí entroncamos con la segunda línea: la guerra con Persia como excusa para incorporar ciudades a la Liga de Delos, ergo a la cuenta de resultados.
Después de la galleta tremenda que se llevaron en Eurimedonte los persas a manos de Cimón (antes de que lo largaran), la marcha de las operaciones iba cuesta abajo, y cada vez más los atenienses estaban más ocupados en instalar clerucos por ahí y en favorecer al partido del demos de las ciudades de la Liga que en otros asuntos.
Esta exportación de la democracia en realidad era solo aparente, puesto que, si bien los atenienses en política interna no se metían, el demos de cada ciudad aliada en política exterior ni pinchaba ni cortaba, así que se trataba de una democracia bastante poco soberana que nos recuerda algo a todos.
Todo esto, además de suponer una escalada de tensión que acabará muy mal, como el agorero de Tucídides no se cansa de repetir, exigirá a Atenas un esfuerzo muy grande, y como ya sabían las viejas castellanas en su día, «quien mucho abarca, poco aprieta». Para resumir, la triple alianza Atenas-Argos-Mégara empezó a darse piñazos con Corinto & Asociados, lo que preocupó lo suficiente a los lacedemonios como para sacar a sus muchachos a pasear por Grecia central.
Además, por entonces Atenas se había metido en Egipto a chinchar al persa; demasiados frentes abiertos, así que Pericles echó marcha atrás. En democrático consenso con la facción aristocrática y aprovechando que el ostracismo de Cimón caducaba, consiguió que el forrado ateniense negociara con sus amiguitos espartanos una tregua para acto seguido ir a hacer lo que más le gustaba: correr detrás de los persas cual toro san-ferminero en pos de un grupo de australianos borrachos. Pero hete aquí que en Chipre Cimón palmó, y muerto el mayor partidario de la guerra, no quedó otro remedio que firmar la paz (de Calias, en 449 a. C.), muy necesaria para ambos bandos.
Sin embargo, este armisticio dejó a Atenas en un compromiso; una vez finiquitado el objetivo para el que se creó la Liga, los aliados comenzaron a pensar que iba siendo hora de disolver el club de los paganos. Cosa que a los atenienses ni se les pasaba por la cabeza, ya que los subsidios les permitían mantener veinte mil bocas de ciudadanos aproximadamente. Así que hizo justo lo contrario, reforzar el control sobre la Liga, animar amistosamente a punta de lanza a entrar a nuevos «amigos», reprimir las rebeliones contra esta hegemonía (Eubea, el incidente de Samos, Bizancio) y buscarse nuevos conflictos que la justificaran.
Vuelta la burra al trigo: Esparta se enfada, se da un paseo por Beocia, se enseñan todos los dientes, se va salvando la situación como se puede, etcétera. Pero en el fondo, dado que ni Esparta ni Atenas modificaban sus políticas esenciales, todos sabían que el equilibrio no se podía mantener siempre y que al final se iba a liar parda.
Uno de estos listos era por supuesto Pericles, que ya había creado un fondo de reserva de mil talentos de oro y tenía un plan bélico diseñado para cuando estallara lo que al final estalló en 431; la guerra mundial griega, más conocida como Guerra del Peloponeso.
(III): La unidad de los demócratas

El primer movimiento que Pericles previó fue el de siempre de los espartanos, dada su legendaria flexibilidad táctica: aprovechando que tenían los hoplitas más vigoréxicos, los pusieron de nuevo en Grecia Central con el objetivo de arrasar el Ática.
Para prevenirlo, el ateniense había diseñado un plan defensivo que consistía en meter a todos los campesinos y el ganado que cupiera dentro de la polis, a esperar que los laconios se aburrieran de quemar campos mientras la poderosa flota ateniense venía al rescate.
Parecía una buena idea… si no fuera porque hacinar a tanta gente de higiene discutible suele traer complicaciones en forma de enfermedades. En cuanto se declaró la peste (un tercio de la población murió) y como siempre cuando las cosas se tuercen, la Asamblea popular culpó a Pericles y le destituyó del cargo de stratego, en un arrebato de desesperación.
Como obviamente esto no solucionó nada de nada, y Pericles era con mucho lo mejor que tenían, le volvieron a elegir en otro vaivén emocional. Pero el Gran Hombre contrajo la enfermedad, y después de ver morir a sus hijos, falleció personalmente en 429 a. C.
Mal momento para pasar a la posteridad, puesto que no solo Atenas estaba en graves aprietos, sino que las vedetes políticas que le sucedieron eran como para agarrarse bien los calzones; los herederos demócratas eran Nicias, un señor tranquilo y temeroso, muy (demasiado) partidario de dar la mano blanda, y Cleón, el «curtidor», un tipo más bien rudo y vulgar, partidario de la guerra (sobre todo si iban otros) y al cual le encantaba la demagogia.
De hecho, su advenimiento supuso la época dorada de una figura producto de esta última, del sistema político y de la enorme afición por los pleitos típicamente ateniense: el sicofante, profesional de la denuncia interpuesta a cambio de dinero.
Para que se hagan una idea, en 428 a Mitilene de Lesbos le dio por hacer lo que venía siendo ya habitual: sublevarse para salirse de la Liga, y la propuesta de Cleón consistió en cargárselos a todos para demostrar que, ya que el imperio era una tiranía y que no lo iban a soltar, se fueran grabando el mensaje a fuego.
Cuando ya habían despachado las naves para allá, la propuesta se echó atrás y hubo que enviar otra a avisar del cambio de planes.
Si esto parece preocupante, lo que hay al otro lado del espectro es directamente para echarse a temblar. En el campo aristocrático, el inclasificable, irrepetible, el maestro de chaqueteros, ego en acción, cizañero mayor y cabroncete con pintas… el gran Alcibíades. Se trataba de un jovencísimo aristócrata que aprendió de Pericles a combinar porte distinguido y colaboración con la democracia.

Pero a diferencia de aquel, Alcibíades era un amoral al que le encantaba pisar todos los charcos que se le ponían delante (llegó a meterse en la cama de Sócrates para comprobar si podía corromperlo… cosas de griegos); en realidad podría decirse que la facción que lideraba era la de Alcibíades.
El muchacho empezó fuerte, urdiendo una alianza con Argos, Mantinea y Élide, destinada a fastidiar en el propio Peloponeso por el conocido y fiable método de la puñalada trapera.
Argos no tardó en pegarle a su vecino Epidauro y Alcibíades se las apañó para convencer a sus aliados de atacar a los pobres arcadios, aliados de Esparta pero que se mantenían quietecitos.
La trama acabó en fracaso porque los machoman espartanos derrotaron a Alcibíades en Mantinea, con la previsible consecuencia de que Argos perdió la cuenta de las veces que había cambiado de bando y la estrategia ateniense en la zona quedó comprometida.
Pero esto no desanimó a Alcibíades de seguir intrigando, esta vez con el episodio de la expedición a Italia.
Después de varias idas y venidas que incluyen la conversión por parte de Atenas de la pobre ciudad de Melos en terreno urbanizable por no haber hecho nada, la democracia puso sus ojos en un nuevo escenario, exótico y lejano: Sicilia.
Aprovechando el enésimo conflicto entre ciudades griegas, Egesta y Siracusa, a los atenienses se les ofreció la posibilidad de intervenir allá.
Habitualmente se achaca a la mala cabeza del populacho la decisión arriesgada de enviar la expedición, pero se podría ir más allá; da toda la impresión de que el demos de Atenas sabía perfectamente qué se traía entre manos, y tenía muy claro que su hegemonía (y por tanto, su independencia política) estaba ligada a la expansión imperialista.
Con todos los frentes comprometidos, Sicilia parecía una opción de abrir «nuevos mercados» con los que obtener riquezas y ganar a los aldeanos cuarteleros de abajo. Así que se votó a favor del cuento de la lechera: Nicias, Alcibíades y otro señor intrascendente encabezarían un ejército que iría a atacar Siracusa.
Sin embargo, en las vísperas de la partida ocurrió lo que los historiadores pudorosos denominan «la mutilación de los Hermes», que puestos a usar eufemismos podrían haber optado por llamarla «el cambio de sexo instantáneo de los Hermes», y se habría entendido mejor.
Las estatuas de este dios estaban por toda la ciudad, las clases populares eran muy devotas suyas, era protector de caminos y comunicaciones… en fin, los atenienses se desayunaron con un sacrilegio en toda línea, una masacre de pililas pétreas, y dado que los antiguos eran más supersticiosos todavía que hoy en día, enseguida se tomó como un mal presagio. Los rumores empezaron a extenderse por la ciudad, y pronto cundió el temor a una conspiración antidemocrática cuyos caminos llevaban derechitos… a Alcibíades.
Del que, quien más o quien menos, sospechaba que acataba la democracia solo por conveniencia. En vista del follón, y para evitar un juicio y un retraso, la expedición partió corriendo para Italia. Aventura que acabará en un desastre absoluto a la larga y que pesará mucho en la derrota final ateniense, pero no adelantemos: la nave oficial del Estado se presentó en Siracusa para recoger a Alcibíades y llevarlo a procesar a Atenas, momento en que nuestro antihéroe aprovechó para fugarse a Esparta.
Una vez allá hizo unas polémicas declaraciones en las que culpaba a Atenas de la guerra, animaba al resto de polis a unirse contra ella y afirmaba que él había colaborado con la democracia por obligación, pero que no le parecía la mejor forma de gobierno. Aunque los placeres de la vida espartana no eran suficientes para un alma inquieta como la de Alcibíades, y pronto se largaría de allá muerto del asco.
La guerra iba tan mal después de lo de Sicilia, que en 413 los atenienses decidieron nombrar una comisión de diez expertos (probouloi) para que examinaran la situación y buscaran soluciones. Esto, que de entrada parece inocuo, es el principio de la reacción aristocrática. Alcibíades, al año siguiente, reapareció en zona persa y se llegó hasta Samos, donde estaba fondeada la flota ateniense (el pilar de la democracia) para iniciar conversaciones secretas con ellos.
El muchacho ofrecía la ayuda monetaria del rey de reyes si le ayudaban a volver a Atenas y cambiar la constitución. Los marinos no eran idiotas y pronto llegaron a la conclusión de que Alcibíades los quería usar para obviar una condenilla a muerte de nada que pesaba sobre él y retornar en plan triunfador enrolado en el otro bando. Pero poderoso caballero; los marineros no cobraban regularmente, y aunque partidarios de la democracia, se tragaron el sapo a regañadientes por el cochino y vil metal.

El plan estaba en marcha: una vez obtenido el beneplácito de la marina, los aristócratas mandaron a Pisandro a la capital para preparar el ambiente. Este habló ante la asamblea, proponiendo un cambio constitucional para «gobernarse mejor», reducir el número de candidatos a las magistraturas y limitar la soberanía de la asamblea.
Pisandro insistió bastante en el argumento del oro persa, necesario para ganar la guerra, y obtuvo permiso para negociar con el exenemigo de toda la vida. Pero este hombre era también una especie de agente doble y tenía la inconfesable misión de agitar el ambiente en Atenas. Intrigó con la ayuda de los círculos aristocráticos, que difundieron la necesidad de recortes y más recortes para salir de la crisis: para ganar la guerra era imprescindible cambiar la constitución, bajar los salarios, eliminar los óbolos y limitar el número de los que podían participar en política, concretamente unos cinco mil hoplitas.
Estos argumentos se acompañaron de algunos asesinatos políticos de la facción democrática y el sustrato del golpe estaba puesto.
Pero el éxito de toda esta trama dependía de las conversaciones con el persa; cuando el sátrapa Tisafernes se subió a la parra con sus demandas, todo el tinglado se vino abajo. Solo cabía la huida hacia adelante. Pisandro volvió a Atenas y propuso sumar veinte tipos a los diez anteriores para formar una comisión.
Una vez se salió con la suya, esta gente convocó la Asamblea y les hizo votar la suspensión de un derecho constitucional clave; la paranomon graphé, por la que cualquier ciudadano podía acusar legalmente a quien propusiera un proyecto de ley inconstitucional. Una vez aprobada por la intimidada asamblea, el golpe de Estado era completamente legal.
Se impuso un consejo de cuatrocientos que decidiría los cinco mil con derecho a participar en política y con la flota bien lejos, aquí paz y después gloria.
A los marinos en Samos esto les sentó como una patada cuando se enteraron y aquí Alcibíades y sus amigos tuvieron que recurrir a todas sus dotes diplomáticas para aplacarlos. Bueno, en realidad Alcibíades quiso atraerse el apoyo democrático para poder retornar a Atenas y se convirtió en portavoz de la marina, pidiendo quitar a los cuatrocientos y dejarlos en la boulé de siempre.
Como comprenderán, esta diversidad de intereses particulares provocó confusión en las filas aristocráticas, y Atenas asiste a un rosario de idas y venidas, proclamas, sublevaciones de hoplitas, de marineros, intentos de negociar con Esparta… en definitiva, un caos horroroso del cual no daremos detalles.
Para acortar, en todo este embrollo los cinco mil hoplitas se impusieron, liquidaron el consejo de los aristócratas y lideraron la «transición» a la democracia de nuevo; el golpe antidemocrático se había superado, lo que indica la fuerza con que había arraigado esta opción política en los atenienses.
Pero como la alegría no suele durar mucho en la casa del pobre, la guerra continuaba y presentaba un aspecto francamente preocupante. Sin embargo, el incombustible Alcibíades, inmune al parecer a los efectos de tanto cambio de bando, lideraba las operaciones atenienses en el nuevo escenario bélico, los estrechos, por donde pasaba el aprovisionamiento de grano de la polis.

Que en principio parecían propicias, con varios éxitos esperanzadores que forzaron a Esparta a pedir un armisticio y que permitieron a nuestro intrigante favorito por fin entrar en su casa de forma triunfal (407). Pero ah, los dioses son crueles y la batalla naval de las Arginusas provocó una crisis política: Atenas venció, pero una tormenta impidió recoger los cadáveres de los caídos. Los griegos se tomaban muy en serio esto de enterrar sus muertos en casa (véase Antígona), y mezclado con tensiones políticas obtenemos un juicio sumarísimo con ejecución de los strategos al mando.
El desastre se completó con la estrepitosa derrota de Egospótamos, producto de la ineptitud ateniense, a pesar de las advertencias de Alcibíades.
Y ahí sí que se terminó la guerra, y como en Star Wars, el imperio se derrumbó de golpe. Bloqueada por tierra y mar, Atenas se rinde y los espartanos aparecen por el horizonte para supervisar la instauración de un nuevo régimen.
En realidad, a los muchachotes peloponesios les importa bastante poco lo que hagan los atenienses mientras estén callados y no molesten su hegemonía, pero los más radicales de los oligarcas locales aprovechan (escudados en la protección espartana) para elegir lo que se llamó el gobierno de los Treinta Tiranos, que acapararon los cargos políticos y confeccionaron una lista de solo tres mil personas con derechos políticos.
Pero la democracia era muy resistente y se necesitaba algo más que eso para destruirla del todo; los exiliados de Atenas, comandados por Trasíbulo, resistieron contra viento y marea todo lo que les echaron encima y a base de encabezonarse consiguieron derrocar el gobierno oligárquico.
La intervención de Esparta solo sirvió para exiliar a los partidarios de la aristocracia en Eleusis, que se convirtió en municipio aparte, hasta que en 401 fue invadido-absorbido de nuevo por Atenas, se ejecutó a los altos cargos y se invitó al resto a una reconciliación y amnistía general, en modélica transición ateniense.
La democracia sobrevivirá pues en Atenas, a pesar de todos estos vaivenes, aunque con todos sus defectos, como cualquier otro régimen político (muy especialmente su vulnerabilidad a la demagogia) y sus excesos, como la lamentable condena y ejecución de Sócrates. Inscrita en la histeria política postconflicto, dado que el filósofo era amigo de ilustres antidemócratas como Alcibíades o Critias, uno de los tiranos, y era bastante heterodoxo en sus creencias.
También tendrá la democracia radical representantes destacados y bastante recalcitrantes como Demóstenes, pero paradójicamente acabará sometiéndose por el mismo mecanismo por el que Atenas, en los tiempos de la Liga de Delos, subyugaba a sus aliados: viendo impedida su libertad de acción en política exterior.
Así, después de sacudirse el dominio espartano a base de la tradicional combinación de alianzas y traiciones típicamente helenas, durante el periodo en que Tebas predomina, Atenas intentará equilibrar la balanza política aliándose con ella y de paso fundar una segunda Liga Ático-Délica, pero sin las connotaciones tiránicas de la anterior.
Solución chapuza y salchichera que no servirá ni para refundar el imperio ni para congraciarse con nadie, y mucho menos para pagar los gastos de la Liga y el ejército de Atenas, que se alquilará como mercenario por estas fechas (siglo IV a. C.).

Pero los buenos tiempos han pasado y ahora es Tebas quien corta el bacalao. Fugazmente, porque el ocaso definitivo viene a manos de los macedonios del rey Filipo, empeñado en dar ejemplo al resto de Grecia sometiendo a sus principales sopranos. El rey tuerto la emprenderá con Atenas una y otra vez hasta conseguir doblegarla (dado que era la ciudad con mayor prestigio entre los griegos), y de esta manera la democracia ateniense se verá supeditada a lo que digan otros. Eso sí, le fue mucho mejor que a Tebas, que fue vilmente arrasada por Filipo y su hijo Álex.
El declive de Atenas es imparable hasta la llegada de los prácticos y oligárquicos romanos, que se adueñan de la provincia y la llenan de acueductos, pretores, legionarios y recaudadores de impuestos. Eso sí, el concepto de democracia perdurará, y a través de la neblina de la Edad Media y Moderna (veintitantos siglos, año más o año menos), rebrotará en la conciencia de los burgueses europeos hacia mediados del XIX, hasta reeditarla vía el modelo actual, donde arraiga en países desarrollados y pudientes con expansivas políticas económicas. Que bien mirado, tampoco se diferencia mucho del original, ¿no?
nuestras charlas nocturnas.
El color del dolor…

historiahoy.com — Vivió treinta y siete años, dedicó casi veinte a la pintura. Y jamás vendió ninguna de sus 500 obras.
La vida de Vincent Van Gogh vida osciló entre una beatitud de predicador evangelista y una viciosa relación con prostitutas, que culminó con la entrega de su oreja a una de ellas. Fluctuó entre la idílica relación con su hermano Theo y los intentos de agresión a Gauguin y a sus médicos tratantes; se extendió desde la oscuridad de los cuadros inicia les al brillo alucinante de su obra final.
Mucho se ha escrito sobre los males de este hombre que lo llevaron al hospicio, a la automutilación y, finalmente, al suicidio*, con un fallido disparo al corazón y una lenta agonía ante la consternación de su hermano (que también moriría seis meses después). “Es asunto mío” fueron sus últimas palabras.
Esquizofrenia o epilepsia suelen ser los diagnósticos barajados. Probablemente, la impulsividad de sus actos, sus oscilaciones, la viscosidad en sus relaciones y su tendencia a la autoagresión nos inclinen a pensar más en este último diagnóstico, situación que explicaría también su evolutiva búsqueda hacia colores más brillantes, especialmente, el amarillo que tiñó los cuadros de sus últimos tiempos.
En una época de reducida farmacopea, los profesionales tenían la costumbre de usar remedios en forma más extendida a la de su real utilidad. El Dr. Félix Rey, médico recién graduado, era el encargado del tratamiento de Vincent durante su internación en Arlés. Muy probablemente, lo haya medicado con digitalina (producto sobre el que después, presentó varios trabajos acerca de sus efectos terapéuticos).
El dormitorio en Arlés (octubre de 1888). Contraste de colores y pinceladas, armonía luminosa e intensidad que producen quietud y reposo. Este tema reconoce varias versiones, donde cambian algunos objetos su posición.
El Dr. Rey recibió en agradecimiento una pintura de Vincet, que inmediatamente recluyó en el altillo de su casa. Años después, cuando le comentaron que su paciente era un pintor reconocido pensó que se burlaban de él. Jamás colgó ese cuadro, que fue vendido años más tarde, por su descendencia.
La digitalina es un compuesto que se extrae de la digitalis purpúrea, flor ya utilizada por las curanderas medievales para tratar, con éxito, el edema producido por la insuficiencia cardíaca. A la fecha, continúa siendo un pilar en el esquema terapéutico para dicha afección. Pero la digitalina usada en exceso conlleva un efecto colateral en la visión: la exaltación del color amarillo (técnicamente llamada xantopsia).
El Dr. Gachet fue el médico que lo trató durante sus últimos meses de vida y al que Vincent había recurrido a instancias de su hermano (siguiendo una recomendación de Pisarro). Era un entusiasta en el uso de esta droga. Curiosamente, el último trabajo de Van Gogh muestra al Dr. Gachet con una flor en la mano, justamente, una campanilla o digitalis purpúrea (hoy día, uno de los cuadros más caros en la historia del arte).

Retrato del Dr. Gachet, una de sus últimas pinturas. El doctor, con aire soñador, sostiene una digitalis púrpura.
Se han señalado otras fuentes de intoxicación como causa de esta tendencia a exaltar el amarillo: su adicción al ajenjo, bebida alcohólica popular hacia fines del siglo pasado, prohibida por los problemas que generaba, debido a su principio activo, el thujone, que también produce visión amarilla.
El uso de Santonina como medicamento para los trastornos digestivos también acarrea una alteración en la visión de los colores y, probablemente, Vincent lo usase bajo propia prescripción. Vincent vivía solo, tenía escasos medios, por lo que su alimentación era irregular, de dudosa procedencia y desequilibrado balance nutritivo. Además, tenía la costumbre de llevarse a la boca cualquier objeto. Signac debió sacarle la trementina que usaba para pintar porque intentó beber la en su presencia.
Mucho se ha comentado sobre los halos de colores alrededor de las luces que aparecen, especialmente en sus cuadros nocturnos, circunstancia harto sospechosa de un aumento brusco en la presión ocular, que ocasiona un edema corneal con la consiguiente descompensación de la luz blanca y en halos que parecen arcoiris.
Sin embargo, durante el examen visual que le hiciera el Dr. Gachet (como médico de los ferrocarriles franceses debía realizar rudimentarios exámenes visuales a los trabajadores, por lo que contaba con algunos instrumentos oftalmológicos) no detectó mayores alteraciones visuales, constatando 10/10 de visión en ambos ojos.
Sea por un problema visual, sea por una proclividad ligada a su psicopatología o por una inclinación artística propia de su búsqueda estética (interesa señalar que en sus autorretratos solía cambiar el color de sus ojos para que combinase con los colores del fondo y del vestido), Vincent Van Gogh nos regaló una obra plena de luz y colores donde el amarillo imperó con el áureo fulgor de sus girasoles.

Girasoles (verano de 1888). La flor con que decoraba el interior de su casita amarilla alquilada en Arlés. La exaltación de color alcanza en los cuadros con estas flores una intensidad casi alucinante, precisamente por su reducción a una tonalidad amarilla dominante y apenas diversificada.
* Sin embargo, en 2011 surgió una teoría que postulaba que Van Gogh no se suicidó, sino que murió por un disparo accidental efectuado por dos muchachos que jugaban con una pistola.
En una biografía sobre el artista, Van Gogh: la vida, Steven Naifeh y Gregory White Smith mantienen que el disparo provino de René y Gaston Secrétan, dos hermanos adolescentes que veraneaban en Auvers, y que eran conocidos del pintor, por lo que no habría querido incriminarlos y se habría autoinculpado.
Según los autores, René era un chico problemático al que gustaba vestirse de “cowboy”, y se entretenía disparando a animales con una vieja pistola del calibre 38. Así, el 27 de julio de 1890 Van Gogh habría salido como siempre a pintar, recibiendo de forma accidental el disparo del menor de los hermanos.
Según Naifeh, historiador del arte titulado en Princeton, “revisamos los testimonios iniciales que dieron lugar a la versión del suicidio, y vimos que no eran nada sólidos”. Este autor afirma que en la entrevista que René Secrétan dio en 1956, el año de estreno de la película que Vincente Minnelli realizó sobre el pintor holandés, su testimonio “está lleno de culpabilidad”.
Esta teoría no está confirmada con otras pruebas ni aceptada por la mayoría de la comunidad académica, y el Museo Van Gogh de Ámsterdam considera prematuro valorar las conclusiones a las que han llegado estos autores.
nuestras charlas nocturnas.
Clases de p rostitutas en Sumeria…

Historias de la historia(J.Sanz) — En Sumeria el sexo se vivía y practicaba con mucha desinhibición.
La diosa que llegó a ser la más grande del panteón sumerio fue Inanna (más tarde Ishtar), diosa del amor, del sexo y de la guerra, así como protectora de la corona y… de las prostitutas.
¿Cómo era posible que una gran diosa protegiese a las prostitutas?
Cuando hoy en día pronunciamos la palabra “prostitución”, nos vienen a la cabeza imágenes de esclavitud sexual, de trato de blancas y de vejación a la mujer.
Un mundo sórdido, en suma. Esto no era así entre los sumerios.
Entre ellos las prostitutas gozaban de prestigio y posición social. Era un oficio más, con el añadido de considerarse importantísimo, ya que la diosa Inanna era, a su vez, la cortesana de los dioses.
Debemos tener en cuenta que los dioses sumerios ignoraban a los humanos. La única divinidad que tenía detalles con la humanidad era Inanna, que les entregaba su propio sexo.
La labor de las distintas prostitutas cambiaba según las épocas y las ciudades, por lo que es difícil desentrañar la madeja de nombres que ha llegado hasta nuestros días. Generalizando un poco podemos distinguir los siguientes tipos, en orden creciente de importancia:
- Las de nivel más bajo eran las simples prostitutas del pueblo llano, que buscaban a sus clientes en los puertos y en las entradas de las ciudades. Se las respetaba, pues como dije, era un simple trabajo más. No presentaba connotación negativa alguna, salvo en el caso de las “esposas de la cerveza”, que eran esclavas al servicio de las tabernas con las que los clientes podían yacer, incluso delante de todo el mundo (ya lo dije, eran muy desinhibidos). A estas últimas se las despreciaba, pero no por ser prostitutas, sino por ser esclavas.
- Las Shamhatum eran jóvenes agraciadas que se dedicaban a la prostitución de alto nivel. Lo que hoy denominaríamos como una “escort”. Tenían prestigio social, cultura y colaboraban en determinadas fechas con los templos para atender a los fieles de forma gratuita a cambio de más reconocimiento social.
- Las Kulmashitum (a veces esa palabra se usaba para designar al personal laboral del templo) eran sacerdotisas prostitutas sagradas – hieródulas – de bajo nivel. A veces sin estudios o cultura. Muchas veces una viuda o una huérfana humilde se acogía como hieródula en un templo de Inanna. Con ello escapaba del hambre y adquiría prestigio social. Lo malo es que solamente se aceptaba a aquellas que no tuvieran defectos físicos.
- Las Kezertum eran hieródulas que se distinguían de las demás por llevar los cabellos rizados y largos (algunos también opinan que podrían llevar una especie de rastas). Se cree que actuaban en la calle, posiblemente ayudando a las prostitutas laicas y controlando los pequeños altares de barrio.
- Los Assinum eran hombres que se vestían y se maquillaban como mujeres (travestidos). Los sumerios aceptaban la homosexualidad aunque con cierto humor y burla -del lesbianismo no se hablaba-.
- Las Ishtaritum (mujeres) y los Ishtarium (hombres) eran el clero sagrado de alto nivel. Obviamente solo se acostaban con ricos/as y gente de mucho poder. Algunas Ishtaritum, como las Nin-Dingir (dama-diosa), lo hacían con el rey o el gobernador, pues eran la diosa reencarnada en el mundo. Al practicar el acto sexual con el gobernante le transmitían sus poderes de mando. Sin ese acto de sexo, el mandamás de turno no podía ser ratificado en el cargo.

Cuando una sacerdotisa hieródula se acostaba con uno de los fieles, era la propia diosa la que lo hacía a través de la sacerdotisa, como un curioso instante de transustanciación sexual.
En suma, y aunque parezca extraño, era una prostitución por motivos religiosos y por compasión.
Las sacerdotisas representaban el único acto de clemencia que un miembro del panteón divino tenía hacia sus sirvientes humanos.
Ningún marido se ofendía porque su churri se fuera de picos pardos con un Ishtarium, ni ellas le tiraban un jarrón a la cabeza al Manolo de turno por haber estado con una Kezertu.
Lo consideraban algo normal y de lo que sentirse orgulloso si la pareja había estado con alguien de alto nivel.
Obviamente se entregaba una cantidad a la hieródula para el mantenimiento del templo; ya se sabe que todas las religiones pasan el cepillo, aunque en este caso tenía un carácter burocrático, pues en la sociedad sumeria se pagaban impuestos casi hasta por respirar.
Si además añadimos que los templos eran gestionados por las propias sacerdotisas, obtenemos una imagen exótica de un mundo que hoy nos repugna y que, indudablemente, nos cuesta comprender.
En todo caso, con el tiempo la sociedad sumeria se fue volviendo cada vez más patriarcal y, en época de los babilonios, las sacerdotisas ya no contaban nada, no gestionaban ni dirigían asunto alguno y eran los hombres los que manejaban el cotarro tratando a las sacerdotisas como meros objetos para sexo. Como dijo cierto historiador en una ocasión:
Cuando los hombres comenzaron a dirigir la sexualidad de las mujeres, la prostitución pasó de ser un acto sagrado a convertirse en un vulgar y terrible acto de esclavitud sexual.
nuestras charlas nocturnas.
Origen del día de la tortilla…

sobrehistoria.com(Teresa) — Los amantes de la buena mesa estamos de enhorabuena. Y es que el calendario está lleno de días grandes, en tributo a algún alimento que nos encanta. Uno de ellos es la tortilla, no solo la de patatas, que también, sino la tortilla en general. Y es que este plato admite tantos ingredientes que podríamos estar comiendo tortilla durante meses todos los días y sería con un sabor diferente. Más ligera o más completa, para carnívoros y para los que prefieren el pescado, para vegetarianos e incluso para veganos. Hay tortillas para todos y un día dedicado a ella. ¿Quieres conocer cuál es el Origen del Día de la Tortilla?
El día de la tortilla tendrá lugar el 24 de febrero. Es así coincidiendo con el jueves Lardero, es decir, el primer jueves de Carnaval. Ahora bien, ¿de dónde viene la celebración de este día? Pues no es difícil de imaginar, aunque bueno, igual que ha sido escogido este día, quizás podría haber sido cualquier otro y, de hecho, cada pueblo lo celebra en diferentes fechas. Aunque es verdad que existe digamos que un consenso, por el cual, el primer jueves de Carnaval, se tenía la costumbre de salir al campo o a los ríos, a festejar el día en familia. Cuando vamos al campo a echar un día de picnis, solemos llevar alimentos que resulten fáciles de comer, que puedan tomarse fríos y llevarlos preparados.
La tortilla es muy consumida, porque la podemos dejar hecha el día antes y luego repartirla en porciones, tomarla al natural, meterla en pan, acompañarla con embutidos, con salsas o simplemente consumirla como pincho para un aperitivo. Además, acostumbramos a concebir la tortilla de patata como la protagonista de cualquier evento, porque su sabor nos encanta. Pero es cierto que hay muchísimas variedades de tortillas como, por ejemplo, la tortilla con pimientos, la tortilla sacromonte, con embutidos, con salchichas, con berenjenas, con calabacines, con alcachofas, con jamón o con gambas y un larguísimo, casi inacabable etcétera.
En cualquier caso, tú decides el sabor de tu tortilla, aunque hay un 90% de probabilidades y lo sabemos de que escojas la tortilla de patata como tu preferida. En este aspecto tenemos que decirte que hay lugares donde a la tortilla de patatas se le dedica otra fecha en el calendario y se celebra como el Día Mundial de la Tortilla de patata. Si esta es la celebración que te interesa, marca bien en grande: 9 de marzo.

– Dónde se celebra el día de la tortilla
El Día de la Tortilla se celebra por toda España. Cada Comunidad e incluso cada pueblo o localidad organiza sus propios actos. Por ejemplo, tienen mucha costumbre de celebrarla en Torrejón de Ardoz, en Madrid. También por Galicia y en Cataluña. Aunque no son los únicos, pues por todas partes se tiene noticia de actos que han sido organizados para festejar el día. No hay obviar, sin embargo, que en la actualidad y debido a la situación de pandemia por Covid, en muchos lugares los actos públicos están anulados o restringidos.
Igualmente tienes que saber que, aunque te hemos dado una fecha, pero luego cada lugar establece su propio día para homenajear a la tortilla. Por ejemplo, en la Villa de Vallecas la celebran el 25 de abril; en Fuenlabrada lo hacen el 9 de marzo; en Torrejón de Ardoz, el 3 de febrero; en Robledo de Chavela lo celebran en primavera pero no tienen un día fijo; en Morales de Valverde y Benavente, en Zamora, lo celebran el primer domingo de marzo; en Gamonal, en Toledo, lo hacen el jueves anterior al Carnaval; en Velilla de San Antonio, es el primer jueves de febrero; en Azuqueca de Henares, por Guadalajara, lo hacen en febrero; en Mejorada del Campo, en Madrid, coincide con el jueves Lardero; y en Valdemoro, lo festejan el 25 de abril, coincidiendo con el día de San Marcos.
– Desde cuándo se celebra el día de la tortilla

En Robledo de Chavela, el día de la tortilla no es otra cosa que el Día de la Merienda, que celebra la llegada de la primavera en una tarde de esta estación.
Es tradición preparar los famosos Panecillos del Día de la Merienda y salir al campo a comerlos con tortilla.
En lugares como Velilla de San Antonio, en Madrid; o Gamonal, en Toledo, coincide con la proximidad del Carnaval.
Mientras que en Valdemoro la fiesta coincide con el día de San Marcos.
El Día de la Tortilla es una fiesta antigua. Aunque es verdad que tampoco tiene una fecha fija de inicio, al igual que, como hemos visto, cada lugar pone su propio día de celebración e incluso costumbres, aunque en todas ellas se come tortilla como no podía ser de otro modo.
Para conocer la fecha de inicio de esta tradición, hay que trasladarse al lugar en concreto. Sabemos el sentido de esta festividad pero, por ejemplo, en Fuenlabrada, se celebra desde el siglo XV, el 9 de marzo. Este día tiene lugar la romería de Santa Juana.
La gente del pueblo iniciaba una peregrinación hasta Cubas de la Sagra, para visitar a la Santa, a la que se atribuían curaciones milagrosas. Durante la romería se consumían tortillas, de modo que así nace para ellos el Día de la Tortilla.
En Robledo de Chavela, el día de la tortilla no es otra cosa que el Día de la Merienda, que celebra la llegada de la primavera en una tarde de esta estación. Es tradición preparar los famosos Panecillos del Día de la Merienda y salir al campo a comerlos con tortilla.
En lugares como Velilla de San Antonio, en Madrid; o Gamonal, en Toledo, coincide con la proximidad del Carnaval. Mientras que en Valdemoro la fiesta coincide con el día de San Marcos.
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El extraño caso del doctor Gachet…

Historia Hoy(O.L.Mato) — Allí se lo ve con aire soñador jugando distraídamente con una flor en la mano. La imagen de este médico de provincia con veleidades de artista se hizo famosa en todo el mundo al ser retratado por uno de sus pacientes, un huraño pintor holandés, un paciente que atendía llamado Vincent Van Gogh. Este cuadro, por uno de esos caprichosos designios del dios mercado se convirtió en el más caro de la historia del arte.
Paul Gachet era un médico homeópata que conoció Van Gogh a través de su hermano Theo, y a éste a través de Pisarro. Era además pintor aficionado y coleccionista de cuadros impresionistas especialmente de su amigo Cezanne, cuya colección sería vendida en 1952 por el hijo del doctor al Estado francés.
Después de la internación estuviese en el Hospital Saint Remy, cuando la célebre resección de su oreja, Theo le encomendó al Dr. Gachet el cuidado de su hermano. Vincent estaba medicado con digitalina, un antiguo remedio que aún hoy se usa en casos de insuficiencia cardiaca. No es que sufriera esa enfermedad, sino que entonces era la única droga para el tratamiento de la epilepsia.
Como fenómeno colateral los pacientes que la utilizan suelen ver al mundo de un tinte amarillo, fenómeno llamado xantopsia, probablemente responsable de la preferencia por ese color del pintor. Curiosamente, en este retrato, el último pintado por Van Gogh, la flor que sostiene Gachet es la digitalis purpúrea, fuente de este medicamento.
Preso de un impulso autodestructivo, Van Gogh pretendió suicidarse pegándose un tiro al corazón, aunque las nuevas versiones digan que recibió una bala accidentalmente de unos jóvenes que estaban cazando. Para no implicarlos, dijo que se había querido suicidar. Por una razón u otra, la bala falló y la agonía duró dos días. Finalmente, Vincent murió el 27 de julio de 1898, Theo estuvo constantemente a su lado.

Existen dos versiones de este retrato, la más célebre fue la adquirida por un empresario japonés en 1990, por la que pagó 82,5 millones de dólares. Curiosamente esta obra había estado en Alemania y fue incluida en la lista nazi de “arte degenerado”. La otra versión, la de la mesa roja fue donada por la familia Gachet al Museo D´Orsay.
Sin embargo, han surgido algunas dudas en cuanto a su autenticidad. Ante todo llama la atención la enorme producción del artista durante los 60 días que habitó en casa de Gachet (70 pinturas y 50 dibujos) ¿Fueron todos pintadas por Van Gogh o acaso el doctor y su hijo, también artista, colaboraron en esta desmedida producción?
Algunos aseguran que mientras Van Gogh agonizaba, Gachet se dedicaba a mezclar las copias por él elaboradas con las pinturas postreras del artista. Muchos dudan de la legitimidad de estas obras, porque varios cuadros de Cezanne y de Van Gogh entregadas por el hijo de Gachet resultaron ser falsos.
Lamentablemente Gachet y su hijo llevan varios años muertos por lo que sólo nos es lícito especular si uno de los cuadros más caros de la historia del arte es la obra de un médico de provincia que en sus momentos de ocio copiaba obras maestras.
El Dr. Gachet se movía entre artistas y no es curioso que exista otro retrato del doctor, en este caso pintado de Norbert Goeneutte en 1891 (dos años después de la muerte de van Gogh).

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Arde Misisipi: el brutal asesinato de tres activistas que expuso el horror de los crímenes del Ku Klux Klan…

BBC News Mundo — Hace 60 años, tres jóvenes activistas del Congreso de Igualdad Racial (CORE) desaparecieron en el estado de Misisipi, Estados Unidos.
El afroamericano misisipiano James Chaney (21) y los neoyorquinos Andrew Goodman y Michael Schwerner fueron a hablar con los miembros de una iglesia en la localidad de Longdale.
Unas pocas semanas antes, Chaney y Schwerner habían estado ahí, alentando a la congregación a registrarse para votar, uno de los derechos que los lugareños blancos regularmente les negaban.
«Ustedes han sido esclavos por mucho tiempo; nosotros podemos ayudarlos a ayudarse», había dicho Schwerner.
Poco después, los Caballeros Blancos del grupo racista Ku Klux Klan (KKK), que en ese momento gozaba de gran popularidad por el rechazo a las políticas de integración social, destrozaron e incendiaron la iglesia, y agredieron a los fieles.
El 21 de junio de 1964, Chaney, Goodman y Schwerner fueron a investigar lo ocurrido.
Luego, se esfumaron.
Al día siguiente, el FBI recibió información sobre un carro ardiendo cerca de una autopista.
El entonces director John Edgar Hoover ordenó una búsqueda, y el fiscal general Robert Kennedy, hermano del recientemente asesinado John F. Kennedy y defensor acérrimo de los derechos civiles, envió a 150 agentes más desde Nueva Orleans.
Tras encontrar el auto aún humeando, la investigación continuó pues no había rastro de los pasajeros.
Tomó seis semanas confirmar lo que se temía.
Sus cadáveres fueron finalmente descubiertos después de que un informante avisara que habían sido enterrados en tierras de cultivo locales.
El caso, que el FBI nombró «Mississippi Burning» («Arde Misisipi» o «Misisipi en llamas») conmocionó a Estados Unidos.
Y, en un giro que los supremacistas blancos nunca anticiparon, ayudó a ganar la lucha por los derechos civiles.
Pero, ¿cómo es la experiencia de las familias de un suceso como éste?
David, hermano de Andrew Goodman, le contó su historia a la BBC.
«Era su naturaleza»

«Andrew era un chico muy popular y le gustaba reírse, ir a fiestas y bailar.
«No era agresivo ni gritón, sino más bien una persona muy tranquila.
«Era guapo y fuerte, y realmente creía en lo que tú y yo y la mayoría de la gente llamaríamos justicia, así que si había un bully golpeando a un niño más pequeño, él intervenía.
«Era su naturaleza».
El sentido de la justicia de Andrew provenía de su familia de clase media de Nueva York que siempre había sido políticamente activa.
«Él era hijo del medio, y el más interesado en los temas sociales.
«De vez en cuando, hay personas que quieren hacer algo práctico. Creo que esa es una clave en el caso de Andy: quería contribuir al cambio, así fuera con un grano de arena en la proverbial playa de la vida.
«Ese es un concepto muy importante en nuestra familia.
«‘Gente ordinaria haciendo cosas extraordinarias’, le gustaba decir a mi abuelo acerca de levantarse por la mañana y hacer algo; no tenía que ser lo más grande del mundo, sólo algo positivo».
La oportunidad de Andrew Goodman de hacer algo positivo llegó ese junio de 1964.
En lo que se conoció como el Verano de la Libertad, los estudiantes universitarios blancos viajaron desde el norte para ayudar a registrar a los votantes negros en el sur.
Sus padres, a pesar de estar conscientes de que era peligroso por la furia del Ku Klux Klan por la política federal a favor de la integración racial, decidieron dejarlo ir.
«Sintieron que todo lo que nos habían enseñado era para servir al interés público y no podían decir que no querían que fuera pues era de interés público que la gente tuviera derecho a votar y lo hiciera.
«Pero estaban muy atribulados, como creo que todos los padres lo estaban».
Apenas un día después de llegar a Misisipi, Andrew desapareció con sus dos colegas.
Cuando el auto en el que viajaban apareció quemado, la familia Goodman mantuvo la esperanza.
«Fue como: ‘tenemos que encontrarlo’. No se nos ocurrió que estuviera muerto.
«Resulta que lo mataron el 21 de junio, pero no lo encontraron hasta el 4 de agosto. Fueron 44 días.
«Tu mente te mantiene alejado del horror de la realidad probable.
«Estaba ahí, pero estaba muy, muy, muy en el fondo de tu mente.
«Nadie lo mencionaba, excepto ciertos periódicos y los leímos y simplemente no les creímos creer».
– Lo que el presidente entendió

El interés de la prensa fue de una escala que no se había visto en ataques anteriores contra los trabajadores de derechos civiles.
«Fue enorme.
«Había reporteros de noticias acampados frente a nuestro edificio y la policía estaba allí las 24 horas del día solo para controlar a las multitudes».
La razón, en opinión de David Goodman, era que dos de los hombres desaparecidos eran blancos.
«Conmocionó a los blancos de EE.UU., pues la sensación era: ‘¿cómo pudo pasarle esto a dos jóvenes blancos?‘.
«Esta es una parte de la historia que no se cuenta tan a menudo.
«Cuando la mayoría ve que los suyos están siendo atacados, se les prenden las alertas y dicen: ‘Vaya, esto podría pasarnos a mis hijos o a mí’, y hace que la gente, creo, se vuelva más consciente.
«Eso crea una atmósfera para el cambio.
«Y esa fue una sensibilidad que el presidente entendió.
«Era un político astuto, y lo usó para conseguir que se aprobara la Ley de Derechos Civiles.
«Es una especie de milagro que se haya aprobado. Pero pero pasó, y cambió nuestro país«.
El presidente Lyndon Johnson promulgó la Ley de Derechos Civiles el 2 de julio, mientras que Andrew Goodman y sus dos compañeros seguían desaparecidos.
Un mes después, recibió una llamada del subdirector del FBI, Cartha DeLoach:
DeLoach – «El señor Hoover quiso que lo llamara de inmediato y le dijera que el FBI ha encontrado tres cuerpos a 6 millas al suroeste de Filadelfia, Misisipi. Un grupo de agentes de búsqueda encontró los cuerpos hace unos 15 minutos mientras cavaban en el bosque y la maleza (…)».
Presidente – «Cuando van a hacer el anuncio».
DeLoach – «Dentro de 10 minutos, señor, si le parece bien».
Presidente – «Si pueden, esperen unos 15 minutos. Tengo que notificar a las familias«.

«El 4 de agosto era la víspera del 50 cumpleaños de mi padre, así que mis padres salieron a un concierto -les gustaba la música-, y yo estaba solo en casa.
«Sonó el teléfono, lo levanté y la voz al otro lado dijo:
Presidente: ‘¿Con quién hablo?’
David: ‘Con David Goodman’.
Presidente: ‘Ah, eres el hermano de Andy, ¿verdad?’.
David: ‘Sí’.
Presidente: ‘¿Dónde están tus padres? Me gustaría hablar con ellos. Soy el presidente Johnson’.
David: ‘Están fuera’.
«Y hubo una pausa en el teléfono.
Luego dijo: ‘Tengo malas noticias para ti. Encontramos el cuerpo de tu hermano’«.
El dolor fue profundo.
«Fueron 44 días de suspenso. Yo tenía 17 años. Estaba a dos semanas de empezar la universidad. Y mi padre murió dos semanas antes de que yo me graduara.
«Lo destrozó».
– Lo que ocurrió

El FBI arrestó a 18 residentes de Mississippi por los asesinatos: miembros del Ku Klux Klan, que los llevaron a cabo, y de la policía local, que tendió una trampa.
La camioneta en la que viajaban los activistas era conocida como uno de los vehículos de CORE, y a Schwerner lo tenían en la mira.
Por medio de confesiones se supo que los habían arrestado supuestamente por exceso de velocidad, mientras conducían por el condado de Neshoba
El sheriff de Filadelfia los retuvo en la prisión mientras llamaba a Edgar Ray Killen, uno de los líderes del KKK local, y le daba tiempo para organizar la llegada de dos coches llenos de miembros del grupo a la vecindad.
Una vez todo estuvo listo, liberó a los activistas de la cárcel, les ordenó que se fueran de la ciudad y se unió a la persecución.
Cuando los alcanzaron, los obligaron a montarse en sus autos, y los llevaron a otro lugar para matarlos a disparos.
Los responsables fueron llevados ante la justicia, pero debido a la resistencia local, solo fueron juzgados por cargos menores, y hubo que esperar hasta 2005 para que Killen, acusado de orquestar los asesinatos, fuera finalmente condenado.
En cuanto a Andrew Goodman, se convirtió en un héroe del movimiento por los derechos civiles, y su hermano David cree que sigue siendo un ejemplo de coraje moral.
«Fue una historia de horror y de un mal arraigado en nuestro país.
«No hay nada que podamos hacer para cambiar el pasado, pero hay cosas que podemos hacer hoy y aprender del pasado en todos nuestros países.
«Creo que es una historia que resuena en todo el mundo todo el tiempo, y si eres de los que piensas que todas las personas son iguales, en algún momento puedes ser llamado como ciudadano a luchar por lo que crees«.
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Cassettes…

JotDown(A.C.Rural) — Hace unos días albergué en mi casa a un par de chavales muy guapos que venían a ver mi ciudad; chicos guapos de los que piensan que el tobillo es bello. Íbamos a dar la primera vuelta por Madrid cuando, mientras nos maqueábamos antes de salir, me percaté de que uno de ellos llevaba un bolso blanco con la imagen serigrafiada de una cinta de cassette.
Ya me había dado cuenta, puesto que tengo ojos en la cara, de que las cintas se han convertido en una especie de adorado icono popular. El otro día en la exposición de Pop Art del Museo Thyssen, vi en la tienda de souvenirs el paradigma de este culto. Vendían un cinta de cassette llena de latas de Campbell de Warhol. El no va más.

Lo gracioso de este tema es que, antes de la oleada de pasión por las cassettes como concepto, como unos siete u ocho años atrás, recuerdo haber visto también tatuajes de cintas de cassette. Tatuajes, dibujos sobre piel humana para toda la vida. Eran los inicios del siglo XXI y la gente guay se estaba tatuando lo primero que había quedado obsoleto con la llegada del futuro. Es como si se tatúa usted ahora un móvil de los antiguos con un sugerente SMS en la pantalla. ¿Que le parece una gilipollez? Pues tiempo al tiempo.
Aunque si bien cambian las costumbres y las manías, el ser humano sigue siendo el mismo. Un fenómeno semejante al de los tatuajes de cintas lo contó muy bien Mauro Entrialgo en una historieta de 1994, «Budamanía», publicada en el álbum El efecto solomillo de la Factoría de Ideas.
Trataba de un hombre que había coleccionado muñecos de dinosaurios toda su vida, una cosa molona, hasta que con el estreno de Jurasic Park ahora parecía bobo. «El sobrino de Spielberg», se lamentaba él. También era un tío que iba con el pelo largo, desaliñado y con perilla desde que le salió la barba, pero que con la llegada del grunge de pronto parecía un niñato apuntado a la última moda.
Y en lo que nos ocupa, los tatuajes, contaba que se había tatuado el escudo de Batman, entonces un cómic que leían los pocos que leían cómics o la lejana en el tiempo y entrañable serie de televisión de los sesenta de los mamporros onomatopéyicos, el caso es que con el estreno de la película de Tim Burton en 1988, que hasta yo recuerdo toda Madrid empapelada con carteles del murciélago, se lo tuvo que tapar avergonzado con un parche.

Lo que enseña esta historieta para mí es idéntico. La peña que a principios de la década anterior se hiciera un tatuaje de una cinta de cassette no sé qué sentirá ahora cuando se pase por un mercadillo y vea que hay gorros, bolsos, camisetas y toallas con dibujos de cintas de cassette. De tener cogido por los huevos al mundo de las tendencias a pasar a ser equiparable a un caballero de mediana edad con una camiseta de la selección y unos pantalones pirata, media un abismo.
También salió una vez en El País Semanal alguien hace la tira de años con un toro de Osborne tatuado, un actor o algo, y menos mal que he olvidado su nombre porque me gustaría preguntarle qué tal lo lleva ahora que el símbolo es tan popular y se agita en lo alto en reuniones tan elegantes e ilustradas.
Pero no hemos venido a hacer sangre. Lo que queremos es aprovechar estas paradojas del mundo moderno como excusa para recordar las cintas de cassette, un artilugio alrededor del cual giraba nuestra vida. No es una exageración.
De la cinta sabemos que vino al mundo a competir con el cartucho, un formato olvidado y del que cuentan los viejos del lugar que sonaba de putifa. El fin último del cartucho o la cinta era escuchar música en el coche. Cualquier venerable anciano de la generación Mirinda habrá ido de vacaciones a Torremolinos en coche escuchando música del momento, Los Amaya, Joan Baez… en cartucho. Los de Barrio Sésamo, en cambio, viajábamos con cintas y seguramente todos estemos de acuerdo en afirmar lo mismo: la probabilidad de que una cinta en un coche se jodiera es igual a uno.
Hay que tener en cuenta que tanto los equipos reproductores de nuestros temidos y potentes Talbot Horizon, 127 y compañía, como las propias cintas, eran una porquería. De hecho, si la cinta desplazó al cartucho fue porque era «más económica», que en términos capitalistas se traduce por más basura.
Encima, los reproductores se robaban que daba gusto. De ahí el frontal extraíble, tan publicitado, que estuvo precedido no poco tiempo de la radio entera extraíble. Cómo olvidar esa imagen de señores con bigote yendo a hacer sus cosas, saliendo de sus respectivos curros o de domingo con los sobrinos, con la radio del coche asida con la mano que ya parecía un apéndice inseparable. Faemino y Cansado lo llamaron el hombre Túporaqui.
El riesgo de no ir por la vida con la radio del coche en la mano era que te encontrases la luna rota con una piedra de granito o un ladrillo y que te hubieran robado la radio. O peor. A un vecino mío, como no pudieron sacársela de su Citröen CX, le destrozaron el cuadro de mandos con el destornillador, como en Instinto Básico con el picahielos, y luego se cagaron en el asiento del conductor dejando ahí el pino a la mayor gloria de Dios. El ciudadano español de entonces no aceptaba la derrota como un sueco democristiano, precisamente.
El caso es que el hecho de que los cassettes girasen en torno a los vehículos convirtió a las gasolineras en tiendas de música. Y que en las gasolineras se vendiera música a los camioneros y otras gentes de camisa desabotonada y anhelos de libertad motivados por una breve estancia en prisión por un delito que no había cometido, sirvió para que a esa música se la denominara «música de gasolinera».
Pero este término es falaz. A las gasolineras me iba yo a comprar cintas de Judas Priest o los dos Keeper de Helloween, o Eskorbuto, Kortatu y La Polla Récords. También, por qué no, Triana y Medina Azahara, puesto que costaban 495 pesetas, que era un precio asumible para un niño. No como en la tienda de discos del barrio que te ponían una navaja al cuello solo para entrar.

Aunque a las masas del siglo XXI lo que les mola recordar de las gasolineras son las cassettes del Payo Juan Manuel y compañía.
Son kitsch. Son España profunda y su cine de quinquis, algo de lo que gusta reírse el joven moderno de hoy siempre y cuando se halle, la España profunda y sus quinquis, muy lejos en el espacio y en el tiempo.
Cuando un menda con tatuajes talegueros atraca a tu madre en el portal de tu casa con un cuchillo, el tatuaje taleguero, el expresidiario y sus tonadillas preferidas no son cosas que quieras abrazar en clave de pop al grito de «¡uaoh, cómo se nos va la olla, tíos!».
Con todo, cuando empezó a cachuflar esto de internet, todos nos volvimos majaretas con la página Caviar del Caspio.
Era una recopilación de portadas y títulos de cintas de gasolinera inenarrable.
Tuve la fortuna de conocer en su día al buen hombre que la creó, que trabaja alejado del mundanal ruido en una estación meteorológica y es un eslavófilo de pro, pero hoy, harto de tanta tontería, no ha querido brindarme sus palabras para este texto más por aburrimiento que por otra cosa.
No se lo echaremos en cara. Pero no queda más remedio que reciclar una entrevista que le hice para Ruta 66 hace diez años.
La cosa comenzaba preguntándome yo si no articularía Sabino Arana su doctrina al contemplar su colección de musicassettes —era la época del Plan Ibarretxe— aunque él prefería denominar su tesoro «abisales flores de estercolero», para pasar a hablar de la creciente fiebre por las llamadas «cintas de gasolinera». Empezaba:
Sí que detecto cierta moda, pero, por definición, el punto de vista que defiendo ante la basura musical es marginal y minoritario. Sí que hay interés y proliferación, creciente además, de fenómenos basura, a mi juicio grasas saturadas, en términos asimilables por el mercado, pero me temo, con el debido respeto y sin ánimo de sentar cátedra, que es la propia industria del ocio la que los genera y alimenta con productos diseñados para satisfacer esa demanda.
Y a la hora de enumerar los reyes de la casssette hispana, decía:
Hubo una época en que escuchar el Payo Juan Manuel, aún enterrado y oculto para la marabunta, supuso una veta inagotable de tremebundas experiencias en cascada. No solo por sus ripios verduscos, que eran lo de menos; era sobre todo por su visión del mundo, su cosmogonía cafre. Me dejaba turulato.
Pero luego vino el Pelos y los Marus ¡qué mullets, tíos! O Tony el Gitano, ¡qué arte de combinar chaqueta y pantalón! O Joan Josep cantando el «Himno de la petanca», o Dulce Vega y sus jadeos eróticos, o el mismísimo Leo Rubio, «el gabacho pitiminí», cantando a la construcción como si le fuera la vida en ello.
Los más blandos y comerciales Beatles se asimilarían a nuestros impertérritos Chunguitos y los más salvajes y peligrosos Rolling Stones devendrían en nuestros afilados, por las filomenas, Chichos; con el Jeros como mártir de la causa en contraposición al inexplicable y mefistofélico pacto del Jagger.
Para los Judas Priest, haciendo abstracción del heavy en su conjunto, pondría la Charanga del Tío Honorio, un experimento del gran Honorio Herrero nunca justamente valorado. Sería cambiar los pelos por la boina.
Dylan, cantautor eterno, sería Emilio el Moro. Espejo de generaciones y letrista extraviado de nuestra historia musical. El virtuosismo convulso de Hendrix a lomos de su Stratocaster, solo lo he avistado en Cecilio Serrano García «el ruiseñor verato», de Madrigal de la Vera, se entiende, al mando de su célebre Casiotone C-500 adaptado.

Y una biografía de un grupo gasolinero cualquiera, para hacernos idea, una composición de fondo:
Podría hablar del auge y caída de los Pillo’s Boys, de Tiétar, Cáceres. Durante sus buenos años una institución en la escena top-gasolineras meseteña. Comenzaron al tran tran, hacia 1992, en su pueblo rifando un jamón en medio de la actuación hasta llegar, en sus buenos tiempos, a alcanzar un caché de trescientas mil pelas por gala. Barra aparte.
Junto con Cecilio, Toni y Susi, Antonio y Jesús, para los amigos, y Deme «el castellano», el dandi montaraz, han copado el circuito habitual de festejos mayores en la Extremadura rural contemporánea.
Virguerías como el «Garabirubí», «Corazones peregrinos» o, mismamente, su ajustada revisión de «Paquito el Chocolatero», aunque un poco monocordes en su compás simple de teclado de primera generación y arropadas en una, en mi humilde opinión, restrictiva puesta en escena, han hecho las delicias de grandes y chicos en sus recordados bolos.
Desgraciadamente para sus seguidores, el éxito se los comió y, por desavenencias artísticas y personales, recientemente pleitearon de malas formas. Hoy por hoy el ideólogo musical y estético de la pareja, el Pillo gordo para entendernos, mantiene el testigo y la marca de la casa en solitario, deleitando a la concurrencia con joyas del calibre de «Man robao el coche».
– ¿Y a qué huelen las cassettes?
Pero claro, todo esto, por muy gasolinera que fuese, serían cassettes originales. Alrededor de lo que giraba nuestra vida, al menos la vida de los que nunca nos habían quemado un camión los franceses, era de las cintas vírgenes. De hecho, llegó un momento en el que los LP traían un aviso mu serio mu serio que rezaba «Tape trading is killing music».
Es decir, intercambiar cintas grabadas con discos, el pirateo de toda la vida de dios, iba a acabar con la música. Y así ha sido, como todo el mundo sabe, en España ya no hay festivales de música, cuando en los setenta y ochenta había decenas cada verano.
Tampoco hay grupos, ni comercios con la música a todo trapo, ni niñatos en el metro con sus engendros sónicos a tope en el teléfono. La música ha muerto y como penitencia tenemos un músico por cada tres habitantes pidiéndonos que vayamos el viernes a verle rascar la guitarra o pinchar en no sé dónde.

Y todo por culpa de las cintas. ¿Pero qué eran las dichosas cintas? Pues artilugios de plástico con una tira de óxido férrico, óxido de cromo… yo qué sé, un montón de cosas que vienen en la Wikipedia. Lo importante es ¿se podían comer? No. ¿Se podían oler? Sí. ¿A qué olían? Señores, en mi humilde opinión, olían a cacahuetes.
A estas alturas de la vida ni me enorgullezco ni me avergüenzo de nada y digo las cosas como las pienso: a cacahuetes me olían. Y si les extraña huélanlas, por donde estaba la cintilla marrón, y me dicen. Las TDK preferiblemente.
– En mis tiempos todo esto era campo e internet no existía pero era mejor
Aparte de para olerlas, las cintas servían fundamentalmente para grabar discos. A tu amigo le compraban un disco por navidades y tú te lo grababas de él. Simple. Cuanto más guais eran tus amigos, mejores cintas te podían grabar. Cuanto menos cerca estuvieses de la persona guay, menos calidad tendría tu cinta, pues perdía en cada grabación.
¿Entonces el tema de la cinta te empujaba a salir a la calle a hacer amigos y era un rollo mucho más saludable y auténtico que la fría internet? Podríamos decir que sí y luego masturbarnos mutuamente los que hemos nacido hace más de treinta años, pero no. Es que no tenía por qué ser así. Internet, tal y como la conocemos en cuestiones musicales, ya existía. ¿U os creéis que en el pasado éramos gilipollas, niñatos?
Lo que pasa es que era distinta. No había ordenadores ni circuitos. Cuando tú querías cambiar cintas con alguien, escribías una carta a otra persona que podría haberse anunciado en un medio, revista o fazine. Os enviabais listas de cintas y discos mutuamente, elegíais y os grababais. El proceso, llamadlo tiempo de descarga, tardaba de tres a seis semanas. Era lo único malo, pero teníamos de todo menos prisa.
Luego la navegación también existía. Cada programa de radio, fanzine, grupo o amigo del intercambio de cintas tenía un flyer con su dirección del que hacía miles de copias. Tú, en cada carta, metías todos los flyers que te habían llegado en otros intercambios, de modo que la función de ese papelucho tristemente fotocopiado con el nombre de «Luna negra de la noche con sangre de doncella derramada en el pecho desnudo a las cuatro de la mañana con menos diez grados» y su dirección debajo hacía la misma función que puede hacer hoy en día un banner.
Cada día recibías más flyers desconocidos, de cada rincón del mundo y escribías y recibías más y más cartas con más y más cintas. ¿La bandeja de entrada llena de emails? ¿Muchas notificaciones de Facebook? ¿Menciones en Twitter? Todo eso es de pobres. La auténtica y verdadera alegría social es haber tenido el buzón de casa lleno de cartas y paquetitos cada mañana y cada tarde —mi cartero, como el de la película, pasaba dos veces al día—.
Pero ¿cómo? ¿que mandar cartas y paquetitos es caro y los emails ahora son gratis? No. Eso son chorradas y mentiras. Enviar paquetes antes también era gratis. Completamente gratis. Solo había que hacer una pequeña inversión inicial, como cuando das de alta tu conexión, y comprar una serie de sellos de diferentes valores. Ejemplo: diez de cien pesetas, veinte de cincuenta pesetas, otros tanto de veinte pelas, etc…
Y luego, a la hora de enviar a tu amigo «Ano que sangra en la penumbra» un piratito de los Manowar que no tiene ni dios, hacías el paquete y rendías pleitesía a su majestad el rey Juan Carlos I.
¿Cómo que rendir pleitesía? Sí, igual que los periodistas independientes, lo enjabonabas. Pero en sentido literal. Cogías un pegamento de barra Print, le ponías una fina película de pegamento en la superficie al sello, en la cara de Juancar concretamente, y luego le decías a tu amigo que te los devolviera en su siguiente envío.
Al recibirlos de vuelta, les pasabas un poquito de agua por encima y el matasellos se iba con suma facilidad. Ya solo había que dejarlos secar y vuelta a empezar. Así durante años. Ahora dime tú cómo enviar por email algo que pesa doscientos cincuenta gramos y que te salga gratis.
Desgraciadamente, los nuevos sellos postales digitales, con códigos de barras y todo el copón, acabaron por hacer desaparecer estas prácticas por las que tanto cariño le teníamos al rey. Por pequeños detalles como este dicen que Felipe VI lo va a tener difícil.

Así lográbamos acumular montones de cintas. Montañas. Y entonces empezaba el desarrollo del espíritu, te hacías tus propias portadas a mano. Todavía no he visto ninguna web que recopile portadas de cinta hechas a mano, a saber, portadas de los Maiden, de Metallica. Esos logotipos copiados con mucho sufrimiento.
Ese Eddie que parecía Cobi. Un horror. El espanto. Tenebroso todo. Viendo creaciones de algunos familiares y amigos entraban ganas de gritar eso que dice Don Drapper en la primera de Mad Men: «¡¡¡Tenemos más intelectuales y artistas fracasados que el III Reich!!!»
Intercambiando, intercambiando, al final uno lograba reunir joyitas de difícil catalogación. Por citar una, mi favorita de todo lo que acumulé fue un grupo panameño que hacía ruido básicamente mezclado con fragmentos de películas porno sudamericanas o dobladas por actores latinos. Era una auténtica delicia.
Pero ya ven, sexo y violencia, la programación diaria de cualquier televisión privada generalista. Mucho underground, pero teníamos un gusto de lo más vulgar. Al final los únicos excéntricos de verdad son los que se escuchan sinfonías del tirón del Mozart ese.
Por otro lado, las cassettes se podían escuchar tanto en casa como en el coche como en la calle en un artilugio llamado walkman. Sin querer extendernos en este particular, tan solo señalaremos que no se podía cambiar de canción con apretar un botón, como ahora, pero sinceramente yo creo que las cintas, pese a sus evidentes limitaciones técnicas, sonaban mejor que los mp3. A mí con los mp3 me ha pasado de pararme un momento en mitad de la calle y decirme que no me iba a engañar a mí mismo.
Preguntarme: ¿me puedes explicar qué estás escuchando? Y contestarme: pues la batería, bajo y guitarra, la verdad, seamos honestos, parecen un ventilador de peli de cine negro en el medio oeste americano, y luego hay una voz y algún punteo que se intuye, que se siente más que se escucha.
Y estamos hablando de mp3 de algún grupo de power pop, nada de ruidistas japoneses. Por eso mi opinión es que los mp3 sin padre ni madre que se descargan o te pasan suenan como el culo, francamente. Es lo que tiene la democracia digital, que los Allman Brothers suenen como los Cramps en el reproductor portátil y tú feliz porque es gratis. Algún día alguien se grabará golpeando con el glande sobre la mesa cantando por encima, nombrará el mp3 como Dead Kennedys y pasará totalmente desapercibido.
También, como detalle simpático, cabe señalar que para ahorrar pilas del walkman rebobinábamos las cintas con un bolígrafo Bic. Un fenómeno muy recordado. Es decir «walkman, cinta de cassette en el instituto» y que automáticamente alguien conteste «rebobinar con boli Bic». Asquerosa nostalgia pavloviana.
Pero bueno. Al final, todos hemos pasado por el aro del mp3 y si hay alguien escuchando cintas por ahí es que está en riesgo de exclusión social o es de un esnob que, sinceramente, lo que se merece es que le den dos hostias bien dadas. No obstante, una vez pasada la era, la putada fue ver qué hacía uno con tanta cinta que no servía para nada. Una idea que surcó internet en su momento fue hacer muebles. Pero con cajas de cinta y de cedé le hice yo una casita al gato y pasó de ella con el pasotismo aristocrático que solo los gatos saben tener.
En otros ámbitos, sin embargo, las cajas de las cintas fueron muy apreciadas para llevar de un lugar a otro dobladito el papel de plata de chinos de heroína sin terminar. Una pequeña revolución en la movilidad urbana. Momento en el cual algunas gentes de vanguardia, como decía al principio, decidieron tatuarse cassettes en la piel. Y así está el círculo.
nuestras charlas nocturnas.
Cuando las mujeres heredaban (y desheredaban)…

Historias de la historia(J.Sanz) — Los sumerios otorgaban a las féminas una serie de derechos que, en ocasiones, no hemos vuelto a ver hasta principios del siglo XX.
Uno de los más destacados era el derecho a percibir una herencia y, además, a recibirla en la misma cuantía que sus hermanos varones.
Este detalle ocasionaba problemas en el caso de que la familia poseyera algún tipo de negocio próspero, pues los posibles hijos de las hermanas molestaban a los hermanos varones.
Para evitarlo, se enviaba a la hermana de turno a un recinto sagrado para que ejerciese como sacerdotisa Naditu.
Una Naditu (en sumerio “yerma”) era bastante parecida a una monja cristiana de hoy día.
En algunos casos debían vivir enclaustradas en el Giparu, el edificio donde residía la gran sacerdotisa, y en otros casos, aunque se les permitía salir del recinto sagrado, no se les dejaba asistir a determinados actos públicos y, sobre todo, se les imponía la prohibición de tener hijos.
Entre ciudades y recintos sagrados había diferencias acerca de las restricciones a las que estaban sujetas, pero en general, la más común era la de permanecer vírgenes. De esta forma, al no poder procrear, la parte de la herencia recibida por la hija volvía a los hermanos varones.
Curiosamente, y debido a esa diferencia de criterio que había entre los distintos templos, en alguno de ellos sí que se les permitía adoptar e incluso practicar sexo. ¿Cómo se las arreglaban para tener sexo sin hijos? Pues por esta vez no vamos a “anal-izar” el problema y lo dejaremos a la imaginación del lector, pues estamos en horario infantil.
Estas leyes tan curiosas producían casos interesantes, que en ocasiones nos resultan muy modernos y no dejan de llamar nuestra atención. Uno de ellos, singular e ilustrativo, se encontró en una tablilla con una resolución judicial encontrada en las excavaciones de la ciudad de Larsa.
Por lo visto, una muchacha, hija de un panadero acomodado, había sido enviada como Naditu al Templo de Ishtar de dicha ciudad. Con los años, y gracias a su habilidad para los negocios, se enriqueció y no solo adoptó como hija a una sacerdotisa más joven, sino que desheredó a sus dos hermanos.

Estos, furiosos al ver que se les escapaba el “premio”, denunciaron a la hermana.
Ella presentó testigos que declararon que sus hermanos la habían enviado al templo sin medio alguno de vida, lo que violaba las leyes, pues a una Naditu había que proveerla durante toda su vida de ajuar y alimentos.
Los testigos aseguraron que la pobre chica, al llegar al Giparu, había tenido que pedir un préstamo “incluso para disponer de un cuenco y una cuchara”.
El juez, en vista de lo declarado, no solo sentenció que ella tenía derecho a adoptar a quien le viniese en gana y dejar a esa persona sus bienes, sino incluso a desheredar a sus parientes, que se quedaron compuestos y sin herencia.
Suena a novela de Dickens, pero es bien cierto que, como decía Oscar Wilde, la vida imita al arte.
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Réquiem para músicos…

Historia Hoy(O.L.Mato) — No todos los músicos tuvieron la oportunidad de componer la música para sus exequias y algunos murieron en circunstancias bastante bizarras, como Enrique Granados, ahogado después del hundimiento del barco que lo llevaba a Inglaterra al ser torpedeado por su submarino alemán.
Don Enrique fue rescatado, pero el músico español se arrojó a las aguas del Canal de la Mancha con la intención de salvar a su esposa. No tuvo suerte… Menos aún la tuvo Ernest Chausson, que murió en un estúpido accidente de bicicletas, después de llevarse por delante una pared. El compositor austríaco Anton Webern fue muerto por un soldado americano que lo confundió con un contrabandista…
Es decir, el mundo está lleno de muertes poco gloriosas, tontas y previsibles, pero quizás no haya una que reúna todas estas condiciones como la que se llevó de este mundo a Jean Baptiste Lully, el músico de cámara y creador de los ballets que tanto le gustaban a Luís XIV.
Hombre de extracción humilde fue a Francia para trabajar de sirviente, pero su talento como violinista, compositor y su habilidad para el baile le permitió acceder al puesto de Maestro de Música de Versailles a los 21 años. Gracias a su amistad con el Rey, al que asistía en la producción de las elaboradas coreografías que el monarca después ejecutaba ante la corte, llegó a ocupar el cargo de Secretario del Monarca.
Una carrera exitosa siempre se acompaña de adversarios. En este caso, los enemigos eran nada más y nada menos que Moliere y La Fontaine. Existieron no tan veladas amenazas de muerte y fue acusado ante el Rey de homosexualidad, cosa que mucho no le debe haber preocupado al Rey Sol, ya que su hermano Felipe, el duque de Orleans, era conocido por sus relaciones escandalosas con el Caballero de Lorena.
Cuando Luís XIV fue operado de una fístula anal con éxito, el músico expresó el júbilo por la recuperación del monarca con un Te Deum que se ejecutó en la Iglesia de Les Feuillants en París, conducida la orquesta por el mismo Lully.
La gangrena siguió su curso y comprometió el pie del compositor. Una vez más le aconsejaron operarse, pero Lully volvió a resistirse a ser intervenido.
La afección evolucionó y comprometió la pierna. Una vez más Lully rechazó la amputación. Su decisión lo llevó a sufrir terribles dolores y finalmente, la muerte. El tiempo de vida que le quedaba lo usó para organizar sus asuntos mundanos, que incluían una cuantiosa fortuna con 58 cofres llenos de oro, plata y piedras preciosas.
También aprovechó este lapso para arreglar sus cuentas con el Todopoderoso, confesándose. No sabemos qué opinión tenía su confesor de la obra de Lully, pero sospechamos que no la tenía en alta estima, ya que le pidió que destruyese la partitura de la ópera que estaba componiendo.
Lully, sin chistar, la tiró al fuego y logró la absolución. ¿Acaso el sacerdote encontraba a esta obra muy poco edificante? No lo podemos saber, pero si conocemos que Lully tenía una copia, razón por la cual había entregado su obra tan fácilmente a las llamas.
La ópera en cuestión se llamaba Aquiles y Polyxena, y fue terminada por Pascal Collasse. Lamentablemente fue representada una sola vez y no hay registro de su interpretación, razón por la cual hoy compartiremos con ustedes el Te Deum, la forma en que Lully agradeció a Dios la recuperación del procto tullido del Rey Sol.

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Historia del Carnaval…

sobrehistoria.com(Casiopea) — El Carnaval es una de las celebraciones más importantes que se dan a lo largo del año y una de las que datan desde hace Siglos, celebrándose de manera especial en todo el mundo y en concreto en algunos países y ciudades.
La historia del Carnaval tiene orígenes muy antiguos y probablemente también muy inciertos. En la cultura católica, el Carnaval, cuyo término deriva de «carnem levare» , representa el período anterior a la Cuaresma durante el cual no está permitido comer carne.
Sin embargo, la historia del Carnaval parece tener orígenes mucho más antiguos que se remontan al período grecorromano durante el cual se llevaron a cabo ceremonias paganas en honor del Dios Saturno, para propiciar el comienzo del año agrícola. Durante estas celebraciones, las relaciones jerárquicas fueron anuladas permitiendo un intercambio de roles entre plebeyos y nobles mediante el uso de máscaras, y uno se entregaba al goce desenfrenado a través de la comida, las bebidas y los placeres sensoriales.
Luego en la Edad Media las celebraciones de Carnaval fueron muy similares a las anteriores, excepto que la culminación de este proceso fue el de una marioneta cuya muerte, fue el chivo expiatorio de los males del año que se pasaba y un buen augurio para el nuevo.
La historia del Carnaval, por lo tanto, da un significado completamente diferente a este festival que a los religiosos, y de hecho fue esencialmente una forma de saludar al invierno al dar la bienvenida a la temporada de primavera, que es la portadora de la fertilidad.
Las fiestas ingobernables y lujosas de la Edad Media pronto se redujeron porque la Iglesia no las veía con buenos ojos. Y así el carnaval comenzó a ser representado por compañías de actores en máscaras que en la Edad Media actuaron en las cortes de los nobles.
De acuerdo con la historia del carnaval, las máscaras representan los vicios y las virtudes de los hombres. Se dice que algunas de estas máscaras tienen un origen y un valor demoníaco, representados, por ejemplo, por la máscara negra en la cara de Arlequín y el blanco y negro de las máscaras venecianas Pulcinella.
Hoy en día, el Carnaval se celebra en varias partes del mundo, pero las fechas de inicio y fin de las celebraciones no son siempre las mismas en todas las culturas.
Las festividades en general se celebran a través de desfiles de carrozas alegóricas, fiestas de disfraces, antiguos rituales propiciatorios y pantomimas históricas. Italia en un sentido sigue haciendo historia del Carnaval ya que cuenta con la presencia de algunos de los Carnavales más bellos y famosos del mundo como el Festival de Venecia aunque en España también se celebran por todo lo alto.
– Historia del carnaval en España

El Carnaval en España es conocido por sus trajes y máscaras vibrantes, y es un evento en el que todos pueden participar y divertirse, incluso aquellos que tienen pocos recursos. El evento permite a las personas disfrazarse, cambiar su identidad y sentirse más libres durante el resto del año. Los participantes se visten de acuerdo con sus posibilidades e imaginación y se vierten en las calles para celebrar tanto de día como de noche.
El origen del Carnaval en España se fija en Cádiz, donde en el Siglo XV de la presencia de mercaderes y comerciantes provinentes precisamente de Venecia. Se hereda así la costumbre de celebrar el periodo de la Cuaresma con máscaras y disfraces, llevando a que la fiesta vaya evolucionando hasta convertirse en una de las más importantes en España, introduciendo además elementos autóctonos como los cánticos de las Chirigotas, agrupaciones de canto que celebran el Carnaval de Cádiz de un modo especial gracias a sus cánticos de broma y humor.
Por otro lado, el régimen de Franco prohíbe la celebración del Carnaval entre 1937 y 1947, año en el que se produce una terrible explosión en Cádiz que hace que para levantar el ánimo de los gaditanos se aprueben de nuevo las celebraciones del Carnaval.
La historia del Carnaval en España está también muy vinculada a las celebraciones que se dan en Santa Cruz de Tenerife cuyo origen nos remonta hasta el siglo XVII, aunque durante la época franquista fueron prohibidos, dando paso a las conocidas Fiestas de Invierno, que luego dieron paso de nuevo a la celebración del Carnaval.
El modo de celebrar el Carnaval en España es bastante similar entodas las comunidades o localidades en las que se da, comenzando con un discurso de apertura de una celebridad local. Luego, las actividades comienzan en las calles y duran días con desfiles, disfraces, concursos y teatro callejero .
El punto culminante tiene lugar el martes de Carnaval , el último día en el que la carne se puede comer hasta la Pascua y termina el Miércoles de Ceniza con la tradición del entierro de la sardina, una parodia de un funeral en el que están enterrados sardinas, simbólicamente marca la despedida a los placeres de la vida y la llegada de la Cuaresma.
– Quién fue el inventor de los carnavales
El Carnaval se da en diversos puntos del mundo (Río, Venecia, Nueva Orleans o España) de modo especial pero si tuviéramos que pensar en quién o quiénes fueron los inventores de los Carnavales, podemos decir que la idea del Carnaval tal y como lo conocemos hoy en día se relaciona más con el origen que este tiene en Italia.

Italia ha sido siempre un país de tradición católica y dado que la llegada del Carnaval en la Edad Media, provoca que se relacione con ser una historia pagana que tiene que ver con la Cuaresma, podemos decir que es en este país donde se «inventa» como lo conocemos actualmente.
La palabra «carnaval» proviene del latín «carnem levare» o, literalmente, «privar a la carne» que se refiere al último banquete que se celebra tradicionalmente en el último día antes de entrar en el período de Cuaresma.
Es, por lo tanto, un festival típico de países con una tradición católica, incluso si, como sucede a menudo, su saga ha sido «reelaborada» a partir de prácticas mucho más antiguas, como las celebraciones en Egito o Roma, pero los carnavales actuales se fijan en Italia donde la Europa católica reformuló la fiesta del carnaval dándole significado dentro del calendario cristiano . La primera evidencia del uso del término en el sentido con el que lo conocemos hoy, se remonta al siglo XIII tanto en el área de Florencia como en la de Roma. Pronto se convirtió en una tradición en casi toda nuestra península y se expandió por todo el mundo cristiano de la época.
Al estar vinculado al inicio de la Cuaresma y después de la fecha de Pascua, la ubicación precisa del carnaval en el calendario varía de año a año: en carnaval cae el 22 de Febrero.
– Carnaval significado
Como ya hemos mencionado, la palabra carnaval se remonta, según el latín a una expresión utilizada en la Edad Media «Carne levare» según la prescripción indicada eclesiástica de comer carne desde el primer día de la Cuaresma hasta el Jueves Santo antes de Pascua.

El significado de la Fiesta de Carnaval debe buscarse en la ocasión para que la gente viva días de diversión exagerada, celebrando con diversas comidas, bebidas, espectáculos y placeres sensuales.
La posibilidad que brindan las máscaras o disfraces de mantener el anonimato permite que cada sujeto pueda desnudar su identidad y asumir otro rol.
nuestras charlas nocturnas.
Mala memoria: los peligros del pasado en internet…

JotDown(J.Heinz) — Alicia Keys interpreta la intro de «If I Ain’t Got You» en un piano de color rojo intenso. Son unos arpegios descendentes y delicados que funcionan para entrar en el clima de la canción.
Mientras sus dedos se mueven a través de las teclas, una cámara realiza una toma cenital gloriosa, evidentemente ensayada, que muestra que su vestido, también rojo, está atado a una larga cola de tela del mismo tono, que luego se desprende y vuela a medida que la cámara hace zoom in: el contraste entre el rojo y las luces azules del escenario evocan una elegancia nocturna, con ese aire nostálgico y brillante que tienen las grandes ciudades de noche.
Es el show de mediotiempo del último Superbowl, una de las competencias deportivas más seguidas y comentadas del mundo en medios e internet.
Keys empieza a cantar, pero hay algo en la primera nota que desprende su voz (falta de aire, nervios, vaya uno a saber) que falla, la hace soltar un furcio mínimo. Tarda menos de un segundo en recuperar la melodía y seguir con la canción, pero entre las millones de personas que lo siguieron en vivo hubo muchas que percibieron la nota fallida. Sin embargo, en el video oficial de YouTube del Halftime, subido poco después, el error desaparece, se escucha una entonación perfecta (ver minuto 4).
Uno de los que notó esa modificación sutil fue el columnista T Becket Adams, quien en su cuenta de Twitter (ahora conocida como X) mostró las dos interpretaciones, pero además planteó un debate interesante: ¿qué ocurre cuando un recuerdo se cambia en internet? A diferencia de otras épocas, en las que un hecho permanecía estático, los contenidos digitales son permeables a ser alterados.
«De aquí a cinco a diez años, todos estaremos peleando sobre si Keys realmente falló en las notas iniciales de su actuación en el Superbowl, porque nuestros recuerdos estarán en desacuerdo con el registro oficial», escribió Adams. «A pesar de toda la discusión reciente sobre el mundo de la posverdad, necesitamos hablar más sobre cómo debería ser el mantenimiento de los registros en la era de internet. Porque hechos como este cambio de audio, sin explicación ni aviso, son una locura».
En la superficie, el pifie de Keys sugiere un hecho anecdótico, pero también habilita una serie de preguntas más inquietantes vinculadas a la manera en que consumimos información en la web. Una de ellas, por ejemplo, es si deberíamos preservar copias físicas de productos culturales como discos o películas, porque confiar alegremente en las plataformas de streaming puede traernos algún dolor de cabeza. Ya hay grupos de cinéfilos que desconfían de estos servicios y militan por formatos como DVD o Blu-ray, ya que en su mayoría son más fieles a las intenciones originales de los directores de filmes.
También están los amantes de los vinilos, casetes y compact discs al momento de escuchar música. A muchos de ellos no los guía la sofisticación o el esnobismo, sino la confirmación de que son poseedores de esos álbumes, porque más de una vez servicios como Spotify o Apple Music borran de un plumazo la discografía completa de un artista o alguna de sus obras, generalmente por cuestiones de derechos de autor. Actitudes como esa son la muestra cabal de que los suscriptores a estas plataformas no son propietarios de la música, sino meros oyentes.

En el mundo de los libros ocurre algo similar. Los e-readers son dispositivos útiles y cómodos, pero también susceptibles a esta clase de maniobras. Quince años atrás, en julio de 2009, Amazon retiró de los Kindle dos novelas de George Orwell (1984 y Rebelión en la granja) porque el tercero que los vendía no contaba con los derechos para su comercialización. Lo que en la industria editorial tradicional implicaría quitar de circulación los ejemplares de las librerías, en el caso de Amazon las copias fueron retiradas de forma remota de los aparatos de miles de lectores.
La manipulación del pasado no es un dilema particularmente nuevo, por supuesto. Solo por mencionar un caso del siglo XX, se puede traer a cuento la obsesión de Stalin por borrar de las fotografías a León Trotski por motivos tanto políticos como ideológicos. Y hubo autores que usaron la ficción para reflexionar sobre el tema, como Milan Kundera en su novela El libro de la risa y el olvido.
Pero la actual época presenta sus propios códigos. Vale preguntarse, entonces, qué ocurriría si algún producto cultural existente solo en la web fuera retirado del mercado por cuestiones comerciales. O si fuera manipulado por la moral de la época, como ocurrió con algunas novelas del británico Roald Dahl, cuyos editores propusieron actualizar (el verbo tal vez deba ir en comillas) para no incomodar a lectores actuales.
Sin una versión física original, esta clase de contenidos corren serios riesgos de desaparecer. O solo dependería de la buena voluntad de sus entusiastas para quedar en la memoria, incluso aquella inmaterial.
Es un ejercicio de imaginación que puede ayudarnos a pensar (y cuestionar) la manera en que circula el contenido en internet, algo trasladable a los asuntos que van más allá de las industrias culturales o creativas. Si la prensa atraviesa desde hace años una crisis profunda, parece relevante discutir de qué manera se informan los ciudadanos, no solo por la desinformación que circula, sino por el peligro que representan las voces oficiales.
Aquí entran en juego los alternative facts, triste concepto acuñado en 2017 por Kellyanne Conway, entonces consejera de Donald Trump, al defender públicamente una información falsa. Y si a eso le sumamos los actuales avances en inteligencia artificial generativa, concretamente en la producción de imágenes, audios y videos, el terreno se pone todavía más pantanoso, sobre todo en aquellos temas sometidos a los sesgos de confirmación.
Hoy ese lodazal está dominado por ejemplos un poco grotescos, como la edición de rostros para ocultar aspectos físicos (como papadas u ojeras), pero el problema escala cuando lo que se manipula es el mensaje, concretamente de acontecimientos previos, sean recientes o de muchos años atrás.
En su libro Facha, el filósofo estadounidense Jason Stanley plantea que los mitos fascistas «se caracterizan por buscar la singularidad fabricando una gloriosa historia nacional en que los miembros de la nación elegida gobernaron a otros como resultado de conquistas y logros que llevaron a la creación de la civilización».

No parecen casuales eslóganes del estilo «Make America Great Again» o declaraciones como las del presidente Javier Milei, que en más de una oportunidad dijo que «Argentina arrancó el siglo XX siendo el país más rico del mundo», ideas rimbombantes que buscan apalancarse en un pasado que no existió.
Otro interrogante para sumar a la discusión podría ser: ¿qué ocurre cuando esos «errores» no provienen de intereses humanos? O dicho de otra manera, cuando se trata de un error involuntario, producto de la automatización, modificado por un agente que no sea una persona. ¿Puede una inteligencia artificial cambiar un hecho de la realidad?
Hay experimentos que tratan de hallar esos puntos ciegos, como los intentos por comprender el funcionamiento de los algoritmos de recomendación en las plataformas o trucos para mejorar el posicionamiento en los buscadores, pero son conquistas por lo general fugaces y suelen quedar relegadas a grupos de intereses muy específicos.
Más impactante fue la instalación realizada por el artista alemán Simon Weckert a comienzos de 2020, llamada Google Maps Hack, que buscaba mostrar la excesiva confianza que le tienen los conductores a los mapas digitales. Weckert consiguió noventa y nueve smartphones, los cargó en una carretilla y se puso a caminar por diferentes calles de Berlín.
Como la app establece el tráfico a partir de la cantidad de teléfonos con GPS que hay en la zona, no tardó mucho tiempo en marcar en rojo los lugares por los que paseaba el artista (hay algo premonitorio en el video del experimento, ya que se lo ve caminando en soledad por espacios que habitualmente tienen bastante movimiento, una imagen que llegaría poco después con la pandemia).
Desde luego, los gigantes tecnológicos tienen en cuenta estos trucos para mejorar la performance de sus productos y servicios. También establecen políticas de uso con respecto a las desinformaciones que circulan en redes sociales (las community notes de X, por ejemplo), pero son acciones que atienden a los síntomas del problema antes que a la prevención.
Por esa misma razón también resultan importantes aquellas iniciativas que buscan una internet con mejor memoria, más allá de intereses particulares. Cuando hacíamos mención al hilo de X de Becket Adams, al comienzo de este artículo, no se linkeó directamente a la plataforma porque el autor optó por borrar ese contenido. Sin embargo, se puede consultar en Thread Reader o en Internet Archive, posiblemente la biblioteca digital más importante del mundo, que desde 1996 se encarga de preservar sitios web y archivos, muchos de los cuales ya no se encuentran online.
Son proyectos muy importantes, pero de momento insuficientes, más si tenemos en cuenta que la navegación actual parece dominada por los dispositivos móviles, casi siempre a través de apps. Es decir, que los contenidos que circulan lo hacen en forma de silos, plataformas que buscan captar nuestra atención el mayor tiempo posible. De manera que en un mundo que se digitaliza cada vez a mayor velocidad, reaparece como un fantasma aquella vieja frase de los albores de internet: no creas en todo lo que veas.
nuestras charlas nocturnas.
Un día de «putas» en la antigua Roma…

Historias de la historia(J.Sanz) — Ahora ya nunca podrás decir que no has estado en un lupanar… en la casa de Arvina.
En cambio, sí que me quedó marcada la primera vez que yací a solas con una mujer.
Fue poco después del primer y desastroso envite.
Que congoja pasé.
Un tarde ociosa de verano nos juntamos a la sombra de los soportales del Foro mi amigo Labieno, Emilio y yo con mi hermano Lucio, que nos sacaba dos años, y uno de sus compinches de farra, un tal Publio Quintilio Albo, un chaparro y rubio hijo de inmigrantes galos.
El caso es que mi hermano y su colega nos convencieron sin demasiada presión para que fuésemos todos juntos a un lupanar fuera de los muros.
Aquel burdel de renombre estaba cerca del puente del molino y era casa de muy mala fama en los círculos sociales valentinos. Su maléfica notoriedad venía dada porque más de un casto e impoluto magistrado era cliente habitual de aquella villa misteriosa.
Era una amplia domus de varios passuum de fachada, sin ventanas y con un portalón de estrecha mirilla en medio de un cuidado huerto de acelgas y lechugas. Después de tocar mi hermano dos veces la aldaba y decirle una frase ininteligible al esclavo que se asomó por el ventanuco, los goznes del portalón chirriaron quedamente y pasamos al vestíbulo. Una estatua de tamaño natural de Venus, diosa de estas ocupaciones, presidía la sala.
El timorato y afeitado sirviente nos llevó hacia el soportal del atrio, el lugar más fresco de la casa en el que varios bancos estaban dispuestos para recibir a los clientes. Nos acomodamos en los mullidos asientos. El porche estaba decorado con maceteros de terracota con setos de murta decorados con relieves geométricos y sus paredes encarnadas exhibían explícitos frescos de amantes en plena faena. Me quedé abobado pasando la vista de fresco en fresco viendo las diferentes poses de las parejas allí representadas.
Al momento una esclava muy sugerente nos ofreció una jarra de vino fresco muy rebajado que no pudimos rechazar. Un grupito de tres chiquillas se colocó en una esquina portando arpas, címbalos y flautas y comenzó a entonar melodías. Eran muy jovencitas para la profesión. Seguramente la dueña de la casa de lenocinio las habría comprado recientemente para ir preparándolas en las artes amatorias.
Además, en toda variada clientela siempre encuentras algún vicioso con una buena bolsa de ases artesanos dispuesto a vaciarla sin ningún reparo con tal de estrenar jovencitos. Mientras la linda muchacha, peinada con arte y perfumada en abundancia, escanciaba el contenido de su vasija apareció una gruesa matrona ya entrada en años, de rotundos pechos surcados por venas y compleja peluca cobriza, que nos dio su más efusivo recibimiento.
Me parecía increíble cómo no tenía descolgados semejantes pechos tan redondos y amenazantes. Tiempo después descubrí el truco del strophium (el primer “cruzado mágico” de la Historia; consistía en unas tiras de cuero suave que realzaban el busto femenino. También se usaban las mamillare, una especie de faja que sostenía los senos) al gozar de los encantos de una de sus pupilas que iba tan bien armada como su señora.

- ¡Bienvenidos a la casa de Servia Vitruvia Arvina! Pero, por la casta y pura Vesta, ¡Que ven mis ojos! Cinco muchachotes estupendos – dijo la oronda alcahueta repasando con su mirada de batracio al grupo entero – Estoy seguro que alguno de vosotros sois nuevos en mi casa… ¿Qué podría ofreceros para deleitar vuestros sentidos?
- Muéstranos tu oferta, querida Arvina. Me han hablado muy bien del género de tu casa – le respondió el compinche de mi hermano –
- Así es, jovencito. Tengo verdaderas maravillas. Este no es uno de esos prostíbulos infectos del puerto de Saguntum, es una reservada casa de citas para clientes selectos… ¡Atelo! Castrado perezoso… Vamos, a qué esperas, pasa estos clientes a los triclinios – le regañó al esclavo que nos había atendido tras darle un coscorrón. Después dio dos sonoras palmas y se colocó bien la prieta y sólida túnica faja que soportaba el peso de su inmenso busto –
- Como deseéis, Dómina – respondió sumiso el enjuto individuo dirigiéndose con toda celeridad hacia una de las estancias del atrio –
Al instante aparecieron desde varios de los cubículos adyacentes una nutrida variedad de jovencitas y jovencitos. Ellas, unas muy jóvenes y otras ya maduritas, iban vestidas con finísimos peplos de lino setabense, estaban maquilladas con todo tipo de exóticos bálsamos y alguna que otra tenía teñido el cabello con pasta de sebo y ceniza.
Aquellos insinuantes y sugerentes vestidos dejaban translucir las areolas coloreadas que coronaban sus tersos bustos y los ensortijados encantos de sus entrepiernas. Los tres efebos barbilampiños lucían sus cuerpos juveniles untados en aceites aromáticos y cubrían sus miembros con un escueto y simple taparrabos.
Aquellas mujeres no parecían forzadas, pues en el complejo mundo de la prostitución las hay de todos tipos, de las que no pueden elegir y de las que elige bien a sus amantes de pago. En aquel caso supe después que muchas de aquellas espléndidas féminas le pagaban un jugoso porcentaje a la dueña de la casa por trabajar discretamente con personajes conocidos e influyentes en la comodidad de un lecho cálido y mullido.
El acicalado grupo de profesionales del amor se fue paseando entre los bancos, acariciándonos, sonriendo y provocando nuestra ya irrefrenable lujuria. Una de aquellas tremendas hembras, una esbelta morena de larga cabellera que emanaba un embriagador aroma a jazmín persa, se dirigió hacia mí, barrió mi rostro con su fragante melena a la vez que introducía su hábil mano bajo de mi túnica. Fue la que más me impactó.
Y no menosprecio al resto de jovencitas y no tan jovencitas, a ver cuál más apetecible, pero la primera impresión me marcó la decisión. Tenía aún sus bronceadas carnes prietas, pues no sería mayor que yo, unos glúteos redondos y respingones más duros que las Columnas de Hércules y unos pechos puntiagudos y tiesos como odres llenos. La elegí a ella.
Mi hermano negoció en grupo con la mofletuda y pintarrajeada Arvina el coste de los servicios de su apetitosa mercancía, cerrándolo en cincuenta monedas de plata por una hora de amancebamiento. La muchachita morena que tanto me gustaba me cogió de la mano y me llevó a su cubículo, un pequeño y encarnado habitáculo en el peristilo en el que un taburete y un camastro eran sus únicos muebles.
Sobre el dintel de la puerta había un expresivo grabado de una amazona cabalgando sobre un tipo recostado en un diván. En aquel momento no le presté atención pero con el tiempo descubrí que cada una de aquellas mujeres indicaba explícitamente en su puerta su especialidad. Y cada uno de aquellos servicios tenía su coste prefijado pues no es lo mismo una simple masturbación manual que una felación completa, y más teniendo en cuenta la escueta higiene, por llamarla de alguna manera, de ciertos clientes habituales de la casa.

La chica me condujo a su nido de placeres.
Una lucerna de cuatro bocas sobre el taburete era la única iluminación de aquella pequeña estancia.
Corrió las cortinas de arpillera rallada que cerraban la puerta y me llevó hacia el catre.
Con un movimiento cadencioso y pausado se arremangó el vestido desde las pantorrillas sacándolo por encima de su cabeza, mostrando paulatinamente en toda su plenitud su excelsa desnudez.
Tenía unos grandes ojos del color de la miel y un pelo moreno y ondulado que caía en tirabuzones sobre sus duros pechos.
Bajé un momento la mirada y comprobé como mi erecto miembro ya se marcaba, y manchaba, en la túnica. Recuerdo que sudaba como un galeote, no por el calor húmedo y pesado de la pequeña habitación sino excitado por la inminencia del roce de nuestros cuerpos… y a la vez me sentía temeroso de no dar la talla ante aquella joven experta.
A pesar de su corta edad la muchacha sabía muy bien lo que se hacía. Me susurró un par de bonitos piropos al oído, me quitó la empapada túnica con suavidad y me tumbó boca arriba en su camastro. Un relájate y un beso profundo en la frente me dejaron más tranquilo. Fue entonces cuando la lozana profesional del lenocinio se colocó sobre mí, introduciéndose mi hinchado apéndice en su rizado secreto y oscilando su moldeado cuerpo sobre mí.
No soy capaz de evaluar cuanto tiempo pude contener mi semilla, pero pienso que sería más bien poco puesto que sólo de la excitación ya estaba más que preparado. Aprisioné sus nalgas entre mis manos intentando alcanzar con la boca uno de sus oscuros y enhiestos pezones. Al ver la contracción de placer de mi cara la muchacha apretó su ritmo desenfrenadamente, oprimiendo mi miembro con sus pétreas nalgas en una intensa fricción y desencadenando en mí el efecto deseado.
Cuando salí del cubículo, sudado, envanecido y más satisfecho que un general durante un Triunfo (el mayor honor que le concedía el Senado a un general después de una campaña victoriosa), coincidí con el resto de amigos que también habían cumplido holgadamente con su propósito.
Me chocó ver a Labieno, siempre luciendo músculos en las salas de ejercicios de las termas, salir de una de las estancias junto a uno de los efebos imberbes. Que peligroso descubrimiento nos enseñó aquella cálida tarde mi pícaro hermano. No fue la única vez que acudimos a aplacar la presión de la entrepierna en la discreta y selecta casa de Arvina.
Tiempo después me enteré gracias a una conversación cruzada en las letrinas de las termas de que aquella gorda matrona había ejercido el oficio más viejo del mundo hacía años en varios lupanares de Arse hasta que un tal Sexto Vitruvio Arvino, un tipo poco agraciado y menos aún sociable que llegó a ser pontífice de Júpiter en la ciudad durante muchos años, se encaprichó de sus grandes tetas y se la compró a su dueño.
Al morir hace pocos años aquel pobre infeliz, Arvina, – manumisa y heredera de una discreta fortuna – conocedora de la gestión del pingüe negocio, cambió de residencia para evitar habladurías y se montó su propia mancebía de lujo en la nueva colonia.
Extraído de VALENTIA, Las Memorias de Cayo Antonio Naso
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El amor según la mitología…

sobrehistoria.com(G.Ruiz) — El amor ha estado presente en el mundo desde que este existe. Adán y Eva, si los concebimos como el primer hombre y la primera mujer, ya se amaban de modo que queda claro que ha sido el motor de la vida en muchos aspectos.
Al margen de la visión del amor romántico que todos tenemos cuando llega San Valentín, existen varios modos de interpretarlo y como no, representarlo, a partir de las distintas mitologías.
Por ello, a lo largo del siguiente artículo vamos a hacer un repaso por lo que consideraban el amor algunas de las civilizaciones más importantes que han poblado la Tierra, así como algunas de sus figuras y deidades más representativas en relación al amor, la belleza o el enamoramiento.
– El amor en la mitología egipcia

Una de las primeras representaciones que tenemos del amor en la mitología es la de Hathor que pertenece a la mitología egipcia.
En muchos elementos ornamentales, así como en manuscritos o en dibujos de esta época, nos encontramos con representaciones de esta diosa egipcia.
– Hathor diosa del amor egipcia
Así, Hathor era el nombre de la diosa egipcia del amor, la alegría y el canto. Esposa de Horus (iniciador de la civilización egipcia), también se la considera patrona de la música y los ebrios.
Representa la embriaguez, el amor, la fertilidad y el placer. Esto se debe a que antiguamente Hathor era una bestia sanguinaria sin control.
El dios Ra (dios del sol) sintió un profundo deseo de tenerla consigo, de modo que envió a unos mensajeros a las tierras de Nubia para convencerla de que se mudara a Egipto, país de la alegría y el buen beber. Esta convencida se trasladó allí, perdiendo su salvajez y convirtiendose en puro júbilo y risa.
Hathor era representada por una mujer con largos cuernos de vaca que acogen una gran esfera simbolizando el sol.
La Diosa era considerada como el ojo de Ra, así como su hija, y también como esposa del dios Horus, otro de los más importantes dentro de la mitología egipcia. Hathor es generalmente representada como una especie de vaca que sostiene un disco solar.
– El amor en la mitología griega

Continuamos con la mitología griega una de las más ricas y que fue adoptada más tarde (con otros nombres) por el Imperio Romano.
La mitología griega nos cuenta que por aquel entonces existían tres sexos: lo masculino era representado por el sol, lo femenino por la tierra, y lo que intercedía entre ellos dos era la luna.
– Zeus y la leyenda del amor en la mitología griega
Juntos eran arrogantes y fuertes, y no prestaban atención a las críticas de los dioses. Entonces Zeus (rey de los dioses olímpicos) se encontró bajo una gran disyuntiva: no podía hacerlos desaparecer, ya que de ese modo no habría mas hombres que realizaran sacrificios, pero tampoco podía permitir que estos se burlaran de los dioses máximos.
Fue así como decidió hacer del hombre un ser mas débil: partió en dos a cada ser de la especie humana, convirtiendose en una raza mas frágil y al mismo tiempo mas útil, ya que al multiplicarse estos, también se multiplicarían los sacrificios.
El hombre entonces quedo cortado en dos. Pero sucedió que cada parte anhelaba a la otra, de modo que sentían la gran necesidad de tener que estar juntos, de modo que las dos partes de cada persona tendieron a abrazarse, deseando ser otra vez un solo ser.
El dios que representa el amor se encarna en Eros, siendo este responsable de la atracción sexual, la fertilidad, el amor y el sexo.
– El amor en la mitología romana
En la mitología romana se nos presenta la figura de Cupido, dios del amor y su nombre latino es el deseo. Hijo de la diosa del Amor (Venus) y del dios de la guerra (Marte), Cupido se encarga de generar un armonioso balance entre el amor y la tragedia.
– La figura de Cupido
Cupido es representado por un niño alado, remitiéndonos la imagen de un ángel provisto de arco y flecha. Muchas veces se lo encuentra con los ojos vendados, representando el amor ciego y el amor alejado de la razón.
Su madre, Venus, era la diosa del amor y la fertilidad. Fue extremadamente venerada por los romanos, dedicándole numerosos templos que hoy en día siguen en pié.
– El amor en la mitología Hindú

Por supuesto, la mitología hindú, e pesar de ser más desconocida para la mayor parte de los occidentales, también tiene si deidad representativa del amor, como no podía ser de otra forma.
– Kamadeva el dios del amor en la mitología hindú
El dios que representaba el amor, el sexo y la lujuria se llama Kamadeva. Su nombre Kama significa deseo sexual, o lujuria, mientras que deva significa dios.
Se dice que el conocido libro KamaSutra fue inspirado por este dios hindú que suele representarse siempre como un hombre esbelto y alado, de gran belleza y distinción.
Este Dios se suele representar además siempre con un arco de caña de azúcar y flechas (decoradas con cinco tipos de flores), capaces de hacer que incluso los más fríos de corazón se enamoren pero también pueden ser las causantes de la propia muerte de Kamadeva.

– La leyenda de Kamadeva
Según la leyenda de Kamadeva, que una vez este quiso ayudar a la doncella Parvati para que pudiera conseguir el amor del Señor Shivá.
Por ello, el Dios no dudó a la hora de utilizar sus flechas de flores, con el fin de despertar el amor de Shivá, a pesar de que se encontraba sumido en la meditación.
Al despertar de su meditación, Shivá estaba furioso de modo que abrió su tercer ojo de fuego y redujo a cenizas a Kamadeva.
A pesar de matar a la deidad, la flecha lanzada hacia Shivá hizo que este se enamorara de Parvati, pero esta se dio entonces cuenta que sin Kamadeva el mundo se volvería frígido, sin deseo ni amor.
Si el deseo sexual desapareía, las posibilidades de regeneración del cosmos eran nulas, de modo que Parvati habló con Shivá sobre la desgracia de haber matado a Kamadeva.
Por ello el señor Shivá finalmente decidió resucitar al dios, de modo que el mundo podría volver a reproducirse sin problemas.
No obstante, la resurrección no fue corpórea, de modo que Kamadeva tan sólo sería resucitado en espíritu y quedaría como una imagen mental para la eternidad.
– El amor en la mitología celta

Por último, dentro de la concepción del amor que tenían civilizaciones y culturas antiguas, nos encontramos con la mitología celta,y nos cuenta que el dios del amor se llamaba Angus Og.
– El dios del amor para los celtas
De origen irlandés, este dios era llamado también Mac Oc (que significa joven hijo) y tenía el poder de enamorar las parejas con su canto.
Este era representado con cuatro pájaros sobre su cabeza, símbolo de sus besos. La mitología cuenta que el dios se enamoró de una doncella en sueños, y no paró hasta encontrarla en vida.
El Dios no sabía ni su nombre peo decidió buscarla sin mucha suerte, hasta que en un momento hizo que acabara cayendo enfermo y ya no pudo buscar más.
Con esta tan trágica madre de Angus Og la diosa Boyne, le interrogó. El dios contó a su madre lo que le ocurría y fue ella quien decidió ordenar que buscaran a la doncella por toda Irlanda.
Durante un año entero la doncella fue buscada sin ningún resultado, de modo que el dios empeoró y su madre decidió pedir ayuda a los otros Dioses.
Tres años de incesante búsqueda dieron por fin como resultado el que se encontrara a la misteriosa mujer, que vivía en un lago, se llamaba Caer y era la hija del rey Ethal.
Cuando Angus va en su busca, pero la encuentra con otras 150 doncellas y cuando la llama por su nombre ella se convirtió en cisne debido a un hechiz.
El la siguió en el lago y juntos cantaron bellas armonías. Se dice que todos los que escucharon a estos enamorados cantar, durmieron por tres días y tres noches.

Dentro de la mitología de cada pueblo y cada civilización en particular, existen diversas historias y leyendas que ayudan a conocer un poco mejor cuál era la visión del amor de esa civilización, precisamente a través de sus mitos y leyendas.
Por ejemplo, si hablamos de la mitología griega, una de las fábulas más conocidas es la de Eco y Narciso, aunque en este caso, más que una historia de amor, se trata más bien de una historia de desamor.
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Jimmy Hoffa, la desaparición de un chico malo…

Historia Hoy(O.L.Mato) — Jimmy Hoffa desapareció el 30 de julio 1975. Desde entonces nunca más se supo de él. Cada tanto surgían testigos que juraban saber donde fue enterrado bajo toneladas de cemento. Sin embargo jamás pudieron dar con sus restos. ¿Cómo es que un dirigente sindical se convirtió en una leyenda urbana?
James Riddle Jimmy Hoffa nació el 14 de febrero de 1913 en Brazil, Indiana. Su padre murió joven dejando a su familia en una situación precaria. Jimmy debió salir a trabajar a los 14 años, y para el año 1932 ya era conocido por destacarse en las luchas gremiales, razón por la cual fue invitado a organizar el sindicato de camioneros, conocido como Teamstears, que para entonces contaba con 75.000 afiliados. En solo tres años Hoffa duplicó ese número.
Para presionar a la patronal Hoffa organizaba quick strikes (huelgas relámpago) y boycotts de distinto tipo. A la vez que los Teamstears crecían en fuerza de negociación, Hoffa construyó una serie de nexos con organizaciones mafiosas, que a su vez lo asistían a presionar a las empresas.
Durante la Segunda Guerra había evitado el reclutamiento alegando que su tarea como gremialista era de gran valor para la nación, ya que mantener “tranquilos” a sus afiliados asistía al esfuerzo bélico.
Aunque nunca trabajó como camionero, se convirtió en presidente de una de sus sedes en 1946.
En 1952 fue electo vicepresidente del gremio, secundando a Dave Beck, el sucesor de Daniel J. Tobin, presidente desde 1907. Su ascenso se debió a la campaña contra Tobin que Hoffa había llevado adelante, especialmente en los estados centrales de los Estados Unidos.
Cuando Beck fue convocado por el Senado para responder por algunos de sus actos, este se negó a declarar invocando 140 veces la Quinta Enmienda, (que protege al acusado de no declarar en su contra). Cuando Beck fue condenado, Hoffa se convirtió en el presidente de los Teamstears. En este período se avocó a expandir el sindicato, reclutando no solo camioneros, sino empleados de aerolíneas y otros medios de transporte.
Robert Kennedy había seguido de cerca la carrera de Hoffa y desde los ’50 presentó una serie de causas contra él, aunque recién cuando su hermano accedió a la primera magistratura es que Robert, como Fiscal General, pudo avocarse a juntar cargos contra Hoffa y otros sindicalistas conectados con la mafia.
En 1964 Jimmy fue sentenciado a 8 años de prisión por intento de soborno, fraude y uso inapropiado de los fondos del sindicato, como falsos préstamos que concedía a conocidas empresas del crimen organizado. A pesar de ser condenado por fraude, Hoffa fue una vez más electo presidente del gremio.

Después de tres años de apelaciones que llegaron a la Corte Suprema, ingresó a la Prisión de Lewisburg en Pennsylvania.
Durante su tiempo en la cárcel, Frank Fitzsimmons fue presidente del sindicato. A pesar de haber accedido a ese cargo por Hoffa, pronto se apartó de su influencia.
En 1971, después de menos de 5 años en el presidio, le presidente Nixon conmutó su pena.
Una vez libre, Hoffa recibió una pensión del sindicato de 1.700.000 dólares, una extraña decisión que nunca había ocurrido antes. Este hecho creó suspicacias a punto tal de afirmar que fue el mismo Nixon quien había provisto el dinero a fin de obtener el apoyo del sindicato para su reelección.
Como le fue prohibido continuar con su actividad sindical Hoffa, sintiéndose discriminado, inició una causa para invalidar esta disposición. La Corte dictaminó en su contra.
Hoffa estaba escribiendo su autobiografía cuando el 30 de julio de 1975 fue invitado a una cena con dos conocidos jefes de la mafia: Anthony Joseph Giacalone y Anthony Provenzano. La relación con ambos Anthony no era buena. Provenzano se había enemistado con el ex sindicalista, a punto tal de amenazar a Hoffa con asesinar a sus nietas.
Sin embargo nadie se presentó al Machus Red Fox, un restaurant en Bloomfield Township, un suburbio de Detroit, donde debía tener lugar el encuentro, y desde entonces nadie lo volvió a ver. Su vehículo estaba abierto en el estacionamiento.
El 30 de julio de 1982, después de siete años de pesquisas, entrevistas y careos, James Riddle Hoffa fue declarado muerto.
Desde entonces las versiones sobre dónde se esconde el cuerpo de Hoffa se sucedieron. Obviamente, el FBI llenó un reporte de 56 páginas recogiendo distintas versiones; todas apuntan a un ajuste de cuentas.
Un matón llamado Sheeran dice haberlo asesinado con dos disparos en la cabeza. Su cuerpo fue cremado por orden de un gánster llamado Salvatore Brigulio. Esto jamas se pudo demostrar, ninguno de los dos fue apresado.
Desde su desaparición fue rastreado en el fondo de los Grandes Lagos, se ha buscado sus restos en tres casas (1992, 2002, 2004), en una caballeriza y en el Estadio de los Giants.
Se lo vinculó con la muerte de Kennedy (como JFK de Oliver Stone) y se han filmado series y películas como Fist (1978), Odio a la muerte (1983) y Hoffa (1992) protagonizada por Jack Nicholson y escrito por David Mamet.

Jimmy Hoffa junto a su hijo James.
Su hijo, James Phillip Hoffa, fue presidente del mismo sindicato de su padre.
James Riddle Hoffa continúa desaparecido haciendo honor a su nombre, ya que Riddle significa enigma.
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El demonio que se convirtió en un dios por incitar a practicar sexo…

Historias de la historia(J.Sanz) — En algunos relieves mesopotámicos aparece la figura de un ser con cabeza de ave, cuerpo humano musculoso y unas bonitas alas, sosteniendo un objeto con asa en una mano y una especie de piña en la otra.
Se trata del dios Nisroch. Se ha hecho muy popular gracias a internet, ya que las páginas magufas sostienen que es un extraterrestre, el cual llevaría una bolsa en una mano (no explican en qué supermercado hacía la compra) y un aparato de alta tecnología en la otra, a caballo entre un láser-digital-atómico-escarolitrópico-gnésico y el comunicador del capitán Kirk.
La realidad es un poco más vulgar. La bolsa de la compra es un balde de agua bendita, algo muy común en muchas religiones, y la piña… es una piña.
O para ser exactos, es un Mullilum (acadio) o Mash-Mash (sumerio), o sea, un hisopo, ya que en la religión mesopotámica ya se acostumbraba a esparcir agua bendita sobre los fieles, o en este caso, sobre los jardines para que dieran buen fruto. Ya desde tiempos de Sumeria lo sacerdotes descubrieron que una piña era fantástica como aspersorio. Con el tiempo acabaron fabricándolas con materias preciosas, como es típico de cualquier religión.
Pero sigamos con el bueno de Nisroch, el cual no comenzó su carrera empapando al personal, sino haciéndole la vida imposible. Las primeras referencias a él las encontramos en tablillas asirias, y se le describe como un demonio peligroso. Ya hemos advertido en otros artículos que los demonios mesopotámicos no eran malignos en el sentido judeocristiano al que estamos acostumbrados hoy en día. Incluso aunque se les representara con formas terroríficas no eran maléficos por naturaleza.
Solo hacían su trabajo, que consistía en jorobar a aquellos que molestaran a algún dios. O sea, que no era nada personal, solo negocios. Eso significa que los humanos podían recurrir a ellos para conseguir alguna cosa buena, si es que les doraban la píldora lo suficiente.
En su origen como demonio Nisroch era sirviente de Nusku, el dios del fuego y la luz asirio. Cuando alguien molestaba a Nusku, o a su superior jerárquico Ninurta, nuestro demonio se encargaba de inspirarle iniciativas de tipo sexual que, en ocasiones, podían tener terribles consecuencias para el susodicho.
Por ejemplo, el incesto, que en Mesopotamia podía castigarse con la muerte, o la infidelidad, que como es habitual, en el caso de los hombres acababa en multa y en el de las mujeres normalmente en muerte. Esa era la parte desagradable. La buena es que mejoraba el ambiente de las orgías.
Nisroch estaba casado con una diablesa llamada Kenel, la cual era aficionada a acostarse con humanos y desplegar una impresionante originalidad sexual, aparte de practicar el voyerismo con su esposo. Ambos constituían el dúo sexual más imaginativo de los dos ríos.
Vamos, que no escribieron el kamasutra porque en cuneiforme habría sido poco sugerente. En algunas webs indican que esto es parte de su aspecto maligno -volvemos con ello a las interpretaciones influenciadas por la cultura judeocristiana-. Para los mesopotámicos el sexo no era ni negativo ni malo.
Los asirios, en concreto, eran aficionados a celebrar alguna que otra orgía de vez en cuando. Por ello, invocar a un demonio que te iba a inspirar alguna nueva posturita con la que acabar la noche con una sonrisa en los labios, no tenía nada de malo. Al contrario, era de lo más aconsejable.

Y es entre desenfrenos y bacanales como Nisroch empezó a ascender como la espuma en el escalafón. Con él se produjo una de esas carambolas que a veces sucedían en la mitología mesopotámica, porque con un panteón compuesto por miles de dioses era normal que alguno perdiera influencia y que otro la ganara.
Dioses importantes en los primeros tiempos terminaron medio olvidados, y mindundis de los que nadie hablaba en las recepciones del palacio de Enki acabaron teniendo zigurats propios. Nusku perdió importancia poco a poco, incluso le cambiaron el nombre por el de Girru en tiempos de Babilonia, tal vez para dejar clara su pérdida de influencia.
Nisroch, en cambio, debido a que se recurría de vez en cuando a él, en fiestas y sábados por la noche, estaba en boca de todos, y ya sabemos aquello de que es mejor que hablen de uno aunque sea mal, pero que hablen. Como era de esperar acabó tomando sobre sí las características divinas de Nusku y siendo deificado.
Una prueba curiosa de esto, aparte de las referencias en tablillas más recientes donde ya se le nombra como un dios, es que en la Biblia los judíos le confundieron con uno de los grandes jefes del panteón. En unos de sus pasajes el rey asirio Senaquerib es asesinado en “el templo de Nisroch” en Kalhu. Gracias a las excavaciones, sabemos hoy en día que el templo estaba dedicado a Ninurta, dios agrícola y de la guerra, entre otras cosas.
Algún rabino, en Babilonia, se hizo un lío y se coló al escribir el pasaje bíblico, pero en todo caso, esto deja claro que todo el mundo hablaba de Nisroch, para bien o para mal.
Su carácter divino se afianzó en tiempos de Babilonia, aunque con el problema de que perdió la parte lúdico-festiva y sexual. Para los babilonios el sexo andaba más relacionado con la fertilidad, con lo que directamente le convirtieron en el jardinero de los dioses.
Y en ese cómodo papel es donde lo encontramos en los relieves, bendiciendo a las plantas de los jardines y las huertas, para que el dios Marduk pudiese regalarle todos los años unos calabacines a Ishtar, a pesar de que ella cocinar, lo que se dice cocinar, cocinaba poco.
Visto en perspectiva, es toda una carrera con su licenciatura final en divinidad. Nisroch pasó de matón altamente peligroso, que limpiaba los trapos sucios de su jefe y organizaba sus fiestas privadas con bailarinas exóticas, a suplantarlo y quedarse con su barrio y sus negocios, para finalmente acabar sus días en un retiro otoñal y agradable cuidando una bonita huerta, como si de un anciano padrino mafioso se tratara.
Sin duda Mario Puzo habría escrito una interesante novela con su historia.
nuestras charlas nocturnas.
Moses, el demonio que transformó Nueva York

JotDown(V.Molins) — Debe de ser reconfortante creer en la fábula del bueno y el malo y entregarse con devoción a ella. Sucede especialmente en la política y en algunos deportes masivos, donde ya forma parte de la esencia del ritual. Si seccionar las cosas entre dioses y diablos asegurara la felicidad, en España abundaría. No lo parece.
Hay personajes, en cambio, que descolocan porque acaparan a la vez inteligencia, crueldad, destrucción, creación, hipocresía, talento y mala hostia. Ante ellos es casi tan fácil practicar el odio como la admiración.
Un poco todo esto ocurre con Robert Moses. Un gruñón fundamentalista, patriarca del urbanismo expansivo, y cruel tutor del desarrollo de Nueva York durante la primera mitad del siglo XX. Suele ser calificado como el gran diablo que se cargó el Nueva York de siempre. O como el milagroso hacedor de la Gran Manzana. Depende de a quién se lea.
Murió sereno en el Good Samaritan Hospital un miércoles 29 de julio de 1981. Con la luna en cuarto creciente y Moses residiendo esos días en la casa de verano de Gilgo Beach, cerca de Long Island, en el estado de Nueva York.
Moses ya había muerto varias décadas antes. Concretamente cuando en 1963 se le impidió levantar una autopista para conectar Brooklyn y Queens con New Jersey. Significó el principio del crepúsculo para el hombre que siempre tomaba la iniciativa en el crecimiento de la ciudad. La palabra de Moses ya no avasallaba.
En el obituario del New York Times Paul Goldberger manteó a Moses: “fue la persona más importante en la configuración física del Nueva York moderno”, “el creador de la primera ciudad en la era del automóvil”. El New York Times tradicionalmente arropó a Moses. Le dio protección ante los enfrentamientos con Franklin D. Roosevelt y el alcalde Fiorello La Guardia. Y apenas afeó sus peores conductas.
Para entender la dimensión del personaje hay que remitirse a la colección de hechos. Moses impulsó obras públicas durante 44 años. Construyó parques, viviendas, túneles, playas, zoos, centros cívicos, salas de exposiciones, piscinas. Ocupó doce puestos a la vez. Aunó en su cuerpo de gran estatura las figuras de promotor privado y gestor público.
Creó miles y miles de hectáreas de zonas verdes donde antes no había nada. Levantó 13 puentes (entre ellos el Triborough Bridge), 658 zonas de juego y, sobre todo, desarrolló una infinita red de autopistas. Una pasarela fácil para que la cultura del automóvil se propagara como el fuego en un campo de avena. “Los que pueden, construyen. Los que no pueden, critican”, diría enfurruñado.
Diseñó una ciudad del siglo XXI a principios del XX. Y eso tiene su mérito. A cambio, destruyó buena parte del tejido tradicional de Nueva York. Pisoteó barrios y libró a su antojo una guerra contra los espacios libres de autopistas. Definitivamente nadie es perfecto.
Entre tanto, nadó. Moses entró a la Universidad de Yale a los 17 años, dos antes de lo habitual. Y lo primero fue apuntarse al equipo de natación. En las piscinas de Yale surcaba fino y deslizante. Justo lo contrario que fuera de ellas, donde se comportaba como un ariete penetrando en el hormigón. Arisco, ruidoso y con memorables episodios de violencia. Especialmente si estaba cerca el gobernador Franklin D. Roosevelt.

En todas las huellas de su vida germina una contradicción. Moses era judío alemán de la calle East 46th Street, hijo de Emmanuel Moses y Bella Silverman.
Pero pronto comenzó a adquirir maneras anti-semitas para ser asimilado por la elite cristiana, dominante en el Nueva York de primeros de siglo.
En Nueva York apenas había grandes espacios públicos más allá de un Central Park privado. Moses facilitó que se multiplicaran como panes y peces.
En lugar de panes, áreas recreativas.
Y en lugar de peces, playas artificiales, muchas playas.
Forjó una metrópolis hilada con carreteras.
Su popularidad, de la mano del demócrata Al Smith, dormía en las nubes. Acercaba las playas de Coney Island a la ciudad.
“Estar al lado de los parques es como estar al lado de los ángeles”, predicaba ufano. Evidencias celestiales de que Robert Moses estaba socializando la ciudad.
Las evidencias no siempre conjugan con la realidad. Había un reverso. En las carreteras que llevaban a las playas, los puentes ideados por Moses tenían la altura justa para que los autobuses no pudieran circular. Solo vehículos privados. Las carreteras eran un perfecto colador social. Una barrera de control para las clases bajas, ajenas al coche. Las ventas del Ford se dispararon entre los que sí podían comprarlo.
Moses, entre tanto, jamás aprendió a conducir. Iba en comitiva de dos limusinas. Una para mantener reuniones mientras se desplazaba. La otra, para recoger y devolver a los interlocutores.
Los barrios residenciales engordaban hormonados por tres factores: el avance de las carreteras, el baby boom, y unas hipotecas a bajo interés. Del 6-7% a 5-10 años se daba paso al 2-3% a 20-30 años gracias los créditos que otorgaba el fundado ad hoc Consejo Federal de Vivienda. Ahí empezó todo. Las hipotecas zonificaban con eficacia.
A los habitantes de los distritos negros de New Jersey, como Paterson y Camden, nunca les llegaban las hipotecas del Consejo Federal de Vivienda. Sus barrios se atestaban mientras las áreas blancas se oxigenaban.
Políticamente fue durante un buen tiempo el gran enemigo de los republicanos, que se oponían a que miles de hectáreas de tierra virgen pasaran a manos públicas para la construcción de carreteras o gilipolleces como playas artificiales y parques. Los republicanos veían a Moses como un gran peligro para las históricas familias de poder (los Robber Barons).
Tras el reemplazo de su gran protector, el gobernado demócrata Al Smith, y tras años de batallas explosivas con Roosevelt y en menor medida con La Guardia, Moses, dio un nuevo giro. Se presentó por el Partido Republicano a las elecciones para gobernador del estado de Nueva York. Fue su primera incursión ante las urnas.
Sin renunciar a la testarudez casi violenta, arremetió sin riendas contra su rival demócrata Herbert H. Lehman (hijo del fundador de Lehman Brothers). Moses perdió esas elecciones por el mayor margen de votos (800.000) de la historia del estado.
Robert Moses tenía la misma sensibilidad que un cerdo momificado. Ante las críticas cada vez mayores de quienes consideraban que los avances urbanísticos estaban arruinando los barrios de siempre, Moses replicó: “cuando actúas en una ciudad sobreedificada tienes que abrirte camino con un hacha de carnicero”.

Nueva York, una selva de símbolos, tenía uno de ellos en el ancestral barrio de Bronx. Moses preveía que una autopista le atravesara la garganta. Y así sucedió. Desde finales de los 50 hasta los 60 excavadoras, vigas, grúas y explosiones de dinamita voltearon el paisaje del Bronx.
El barrio fue detonado para dejar sitio a una gran carretera que facilitaría el tránsito de los neoyorquinos hacia Long Island y New Jersey. La autopista separó manzanas comerciales, acuchilló el Bronx. Pronto las plagas urbanas invadieron los restos. “Eliminar ghettos sin suprimir gente es como querer hacer tortillas sin romper huevos”, diría.
No mostró mayor compasión ante uno de los grandes clubes deportivos de la ciudad, los Brooklyn Dodgers. El propietario de los Dodgers, Walter O’Malley, planeaba construir un nuevo estadio para su equipo de béisbol. Pidió suelo público. Moses dijo no: “¿si tanto quieres la tierra porque no la compras con tu mismo dinero?”. Walter O’Malley amenazó con trasladar a los Dodgers a Los Ángeles. Moses no salió de su limusina. Y Walter O’Malley acabó llevándose al equipo a California.
Tal vez fue Moses el que inventó el exitoso chiste que prendió entre los vecinos de Nueva York: “si un fan de los Brooklyn Dodgers tuviera una pistola con dos balas y estuviera con Hitler, Stalin y Walter O’Malley, ¿a quién dispararía? A O’Malley. Dos veces”.
Despojado ya del poder, sin participación en la acción directa, fue nombrado presidente de la Feria Mundial de Nueva York como a quien nombran eurodiputado en Bruselas. Un domingo de febrero de 1965 Fraga Iribarne le recibió en Barajas a pie de avión. En su visita a El Pardo quizá le repitió a Franco su célebre máxima: “el estado de Nueva York es un gran estado. Hay otros estados. Quienes no quieran estar en Nueva York, que se vayan a las Rocosas”.
Moses destruyó buena parte del Nueva York de siempre para levantar el Nueva York del futuro. Todavía no queda claro si fue un diablo o el redentor de la ciudad.
Tal vez para aclararlo, Oliver Stone tiene en proyecto para la HBO una película sobre Moses. Los productores son James Gandolfini (Tony Soprano) y Peter Guber. Estaría basada en The Power Broker, el libro más crítico con Moses, escrito por el Pulitzer Robert Caro. La película podría ser muy buena. Aunque, tratándose de Oliver Stone, también podría ser muy mala.
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Idus de Marzo: Origen e historia…

sobrehistoria.com(Teresa) — Resulta paradójico que en el año 44 a. C. el dictador Julio César fuera asesinado un día considerado de buen augurio en el calendario romano. Los Idus eran celebrados los días 15 de los meses de marzo, mayo, julio y octubre y el día 13 en el resto del año. Este día era considerado de buena suerte porque era consagrado al dios Marte que, según el calendario precedido al juliano, era el primer mes del año y el inicio de todo.
En los calendarios más antiguos, los idus de marzo correspondían a los días en los que aparecía la primera luna llena del año nuevo y tenía sus propios rituales. En los primeros días de los idus, el sumo sacerdote sacrificaba ovejas en el Arx. También se celebraba la «Fiesta de Anna Perenna» para aquellos días de buen augurio de marzo, estas festividades terminaban con los festejos por el año nuevo, eran muy populares, había mucha comida, bebidas y diversión.
En los tiempos de Julio César, los idus se mantenían aún con un fuerte carácter simbólico y era un día lleno de noticias buenas. Cuando muere el dictador, la historia de la Antigua Roma se convierte en un punto de inflexión.
– Origen de los Idus de Marzo

El calendario de los romanos era una herramienta religiosa que determinaba las fiestas sacras. Sus días fueron nombrados de una manera más complicada. Por este motivo, la casta sacerdotal era quien determinaba muchos de sus aspectos. Por ejemplo, el mes fue dividido en tres períodos: calendas (kalendae), Nonas (Nonae) e idus (Idus) y cada uno correspondía con la luna nueva, la media luna y la luna llena, respectivamente.
Lo anterior significaba que los romanos no conocían la división de las semanas, que no fue impuesto hasta que llegó el emperador Constantino. El primer calendario romano era de diez meses e iniciaba con Martius (marzo). Al parecer fue creado por Rómulo en el año 753 a.C. La luna nueva, que representaba la primera fase, correspondía al primer día del mes (calendas); para el quinto o el séptimo día del mes caía la segunda fase y se le llamaba nonas. Los Idus correspondían a la luna llena y eran los días 13 o 15 del mes.
Fue durante la última República romana cuando se celebraba el festival de año nuevo en los días de los idus de marzo. La gente se aglomeraba para celebrarlo a orillas del río Tíber, ubicado cerca de Roma. La celebración incluía comida, vino y música. Y le hacían sacrificios a la deidad de Anna Perenna para que hubiera un feliz y próspero año nuevo. Para los años 222 y 153 a. C., los idus también indicaban el inicio del año nuevo consular, que consistía en elegir anualmente dos cónsules para que asumieran el cargo de líderes de la República.
Luego en el año 46 a.C., una vez consultado al astrónomo Alejandrino Sosigenes, Julio César reformó el calendario romano, agregándole diez fechas al año de 355 días, siendo el 1 de enero como el primer día del año nuevo.
– Qué son los Idus de marzo y cuándo se celebran

Los Idus de marzo, por lo general, se asocian a la muerte del emperador Julio César, porque ocurrió en esos días. Un grupo de senadores romanos, preocupados por el creciente poder de César y sus inclinaciones hegemónicas, planificaron su asesinato. Lo apuñalaron hasta la muerte el 15 de marzo del año 44 a.C. A partir de ese momento se vincula los idus de marzo con la muerte de Julio César.
No se sabe a ciencia cierta cuáles fueron los motivos que llevaron al asesinato de Julio César. Aunque seguro uno de ellos está relacionado con sus intentos de establecer un régimen autocrático. Aunque no se descarta que hubiera otras razones de peso. Con solo saber la cantidad de senadores que estuvieron involucrados en el complot, nos da una muestra clara de cómo estaban los ánimos caldeados.

Ahora bien, ¿de dónde viene la frase de que hay que cuidarse de los Idus de marzo? La historia parte de algo que escribió Plutarco quien señaló que el mismo Julio César fue advertido por un vidente de su muerte, que se le acercó y le dijo “cuídate de los idus de marzo” Aunque el emperador hizo caso omiso de esa advertencia.
– Cómo fue la conspiración a Julio Cesar
Es considerado el crimen político más famoso de todos los tiempos y se produjo el 15 de marzo hace 2065 años. Fue el asesinato de Julio César, cometido en las festividades de los idus de marzo, el día en que finalizaban los festejos del Año Nuevo.
El asesinato del dictador Julio César tuvo implicaciones políticas, pero también personales. César obtuvo el triunfo de la guerra civil en el siglo I a.C., enfrentándose ante “Populares” y “Optimates”. Los primeros los lideraba César y los segundos por Pompeyo el Grande. Los Optimates eran quienes controlaban el senado, por lo que la República estaba en manos de los oligarcas. Cuando fueron derrotados, César no tomó represalias contra ellos.
César era un dictador y a sus oídos le había llegado la noticia de la conspiración. Plutarco ya había indicado que un vidente le había advertido sobre el complot en los Idus de marzo, pero el emperador no hizo caso a eso. El asesinato de Julio César se llevó a cabo en el Senado, en el Foro de Pompeyo.
En la conspiración participaron una gran cantidad de senadores, propiciándole a cesar 23 puñaladas. Dicha conspiración fue liderada por Marco Junio Bruto, que se decía que era hijo de Julio César. Hay que señalar además que la madre de este, Servilia, era una de sus amantes.

La tradición dice que este le dedicó las últimas palabras al decirle: «¿Tú también hijo mío?» Aunque Plutarco, una de las fuentes más antigua, dijo que esto nunca sucedió, más bien César se defendió con un punzón para escritura y cuando vio que ya se estaba muriendo, cubrió su rostro.
Tras la muerte de julio César, ocurrieron más guerras civiles. Su sobrino Octavio fue quien puso fin a la República y se proclamó como rey.
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Entre caníbales y ballenas asesinas: Herman Melville y Moby Dick…

Historia Hoy(O.L.Mato) — En 1819 nació el escritor, novelista, poeta y ensayista estadounidense Herman Melville. Pero, la historia de Moby Dick, la legendaria ballena blanca, empezó a escribirse el 25 de diciembre de 1841, mucho antes de que a Melville siquiera le pasase por la cabeza que algún día se dedicaría a la literatura.
El 25 de diciembre de 1841, un joven maestro con alguna experiencia marinera ascendió al Acushnet, nave con la que recorrería el mundo. Entonces ni se imaginaba las aventuras que viviría en este periplo.
Su vida en la ballenera fue dura, cruel. La tripulación estaba sometida a la tiranía del capitán. Herman Melville fue parte de los marineros que se amotinaron al llegar a la isla Nuku Hiva en las Islas Marquesas. No fue una medida muy afortunada porque fue capturado por una tribu famosa por la práctica del canibalismo: los typee, a quien Melville haría célebres con un libro que publicó años más tarde. En ese entonces, lo único que se planteaba es si podría salir vivo de allí o de una sola pieza. Mellville pasó un año entre los typee, hasta que éstos lo “vendieron” a otra ballenera necesitada de marinos, la Lucy Ann. Cuando esta nave llegó a Tahití, Melville fue acusado de amotinamiento y recluido en una isla remota.
Una vez liberado, pasó varios meses vagabundeando por las islas del Pacífico, hasta que decidió embarcarse en una ballenera que lo condujo a la isla de Maui. Allí se enroló en un barco de la marina americana para volver a su hogar después de casi cuatro años de ausencia.
Convencido que estas aventuras serían de interés, Melville se dedicó los próximos años a contar su historia y la vida en las balleneras e islas del Pacífico, alternando el oficio de escribiente (como le gustaba definir a uno de sus personajes más logrados, Bartleby) con otras tareas con las que completaba sus irregulares ingresos. Así se sucedieron Omoo, Mardi, Redburn y White Jacket.
Mientras escribía colaboraciones para la revista Literary World conoció a Nathaniel Hawthorne, a quien admiraba como literato. A él le dedicó la novela que le daría fama imperecedera, Moby Dick. A lo largo de sus páginas Melville evoca esos años de recorrer mares e islas, bajo las ordenes de capitanes perversos, compañeros que no siempre estaban en sus cabales, y la muerte persiguiéndolos en la forma monstruosa de una ballena blanca…
La vida de Melville osciló entre los pesares económicos, el suicidio de su hijo, su trabajo como visa de aduana honesto (en un mundo de corruptos), el prestigio literario y la muerte oscura que lo siguió hasta su lápida, en la que ni siquiera figuró su nombre, ya que por un tiempo, sus huesos decían pertenecer a un tal Henry Melville.
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¿Cuándo y por qué nacieron los plebiscitos?…

Historias de la historia(J.Sanz) — Hoy en día, en las sociedades democráticas el pueblo ejerce su pequeña cuota de poder actuando como soberano cuando participa en la elección de sus representantes tras soportar la campaña electoral que, junto con la cama y la guerra, es donde más mentiras se escuchan.
Luego, tras las correspondientes votaciones y recuentos, llega la hora de poner en práctica el «donde dije digo, digo Diego» y dejar al pueblo a un lado. Llegados a este momento sólo nos queda protestar, manifestarnos o promover una Iniciativa Legislativa Popular, prevista en el artículo 87.3 de la Constitución, y que el Congreso la admita a trámite.
¿Qué hacían en la antigua Roma en estos casos en los que los políticos legislaban y gobernaban sin tener en cuenta al pueblo?
Tomaban medidas drásticas y, por lo visto, efectivas.Hoy en día, en las sociedades democráticas el pueblo ejerce su pequeña cuota de poder actuando como soberano cuando participa en la elección de sus representantes tras soportar la campaña electoral que, junto con la cama y la guerra, es donde más mentiras se escuchan.
Luego, tras las correspondientes votaciones y recuentos, llega la hora de poner en práctica el «donde dije digo, digo Diego» y dejar al pueblo a un lado. Llegados a este momento sólo nos queda protestar, manifestarnos o promover una Iniciativa Legislativa Popular, prevista en el artículo 87.3 de la Constitución, y que el Congreso la admita a trámite.
¿Qué hacían en la antigua Roma en estos casos en los que los políticos legislaban y gobernaban sin tener en cuenta al pueblo?
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