España: ¿una anomalía histórica o una nación como cualquier otra?…

The Objective(J.R.Donzé) — En la rica historia de España, la percepción de que somos una nación única y excepcional ha sido un tema recurrente. Este concepto, conocido como la «excepcionalidad española», sugiere que España es una anomalía en el contexto histórico europeo al tener nuestra nación una identidad, historia y destino únicos, factores que sirven para explicar y justificar infinidad de aspectos la cultura y el carácter de los españoles.
España puede que no haya aceptado su historia, pero España no es una anomalía histórica ni un enigma ni un fracaso. España es un país inteligible, tan normal como cualquier país de su entorno, simplemente producto de su pasado.
La idea de que España es un país extraño tiene sus raíces en las observaciones de intelectuales y extranjeros románticos que veían a la nación como un enigma: el «África empieza en los Pirineos» es un ejemplo de ello. Juan Valera escribió en 1868 sobre esta expresión destacando su amplia difusión y la percepción errónea y grotesca que los extranjeros tienen de España: «El apotegma de que África empieza en los Pirineos corre muy válido por toda Europa.
Increíble parece la ignorancia común de cuánto fuimos y de cuánto somos. Cualquiera que haya estado algún tiempo fuera de España podrá decir lo que le preguntan o lo que dicen acerca de su país.
A mí me han preguntado los extranjeros si en España se cazan leones; a mí me han explicado lo que es el té, suponiendo que no le había tomado ni visto nunca; y conmigo se han lamentado personas ilustradas de que el traje nacional, o dígase el vestido de majo, no se lleve ya a los besamanos, ni a otras ceremonias solemnes, y de que no bailemos todos el bolero, el fandango y la cachucha. Difícil es disuadir a la mitad de los habitantes de Europa de que casi todas nuestras mujeres fuman y de que muchas llevan un puñal en la liga. Las alabanzas que hacen de nosotros suelen ser tan raras y tan grotescas que suenan como injurias o como burlas».
Jaime Balmes, un crítico católico de los dogmas ilustrados, reflexionó sobre la percepción deformada que se tiene sobre España diciendo: «Ha llegado a ser proverbial la expresión de que España es el país de las anomalías; pero traducido el proverbio a lenguaje más exacto debería decirse que España es una nación muy poco conocida».
Por su parte, Mariano José de Larra, con su característico escepticismo, criticaba la tendencia de los españoles a menospreciar su propio país. Larra señalaba que, al compararnos desfavorablemente con otros países, perpetuamos una injusta desconfianza en nuestras propias capacidades. En este país existen tres palabras que sirven para todo, como ya advirtió el escritor cuatro años antes de suicidarse. Precisamente esas tres palabras son: «en», «este» y «país».
En este orden. En este país es uno de sus textos satíricos más conocidos. Larra formuló la excepcionalidad española con múltiples variantes: «Estas cosas solo ocurren en España», «cosas de este país», «en España no se puede…», «el problema de España es…», «España es un país de…». Este sentimiento de inferioridad ha sido un lastre histórico para España, impidiendo un desarrollo más optimista y dinámico.
Julián Marías, otro destacado intelectual español, también abordó este tema. Para Marías, España es un país «inteligible». Su obra España inteligible es una desmitificación del «Spain is different». Argumenta que España es un país coherente y racional, contrariamente a la percepción común de ser anormal y conflictivo. Los españoles no somos intrínsecamente diferentes ni más propensos a la violencia o el cainismo que otros europeos.
Esta perspectiva desafía las ideas recibidas y sugiere que muchos otros países, vistos con los instrumentos adecuados, también podrían ser más inteligibles de lo que se piensa. Esta normalidad es clave para desmitificar la excepcionalidad española y entender que la historia de España, aunque rica y compleja, no es significativamente distinta a la de otras naciones.

Para Marías, España es un país europeo, quizá más europeo que otros: «Hace muchos años que repito la evidencia de que España, tal vez un poco menos europea que otros países de Europa por su larga convivencia con los moros, es más europea que ningún otro. Porque, en efecto, los países europeos lo son porque ¿qué van a ser?
No pueden ser otra cosa; es su condición, simplemente. En el caso de España, no es así. España es europea porque lo ha querido, porque se puso tenazmente a esa carta, cuando parecía inexistente, cuando la empresa de restablecer la España perdida no tenía ni la menor probabilidad de conseguirse».
Stanley G. Payne, en sus análisis, respalda también esta visión y critica el uso de la historia para perpetuar mitos. Payne argumenta que la historia de España debe ser vista como parte de la historia occidental, y no como una serie de episodios aislados y excepcionales.
Destaca que «una línea historiográfica propia de los primeros años de este siglo es la que asegura que, pese a todo, la historia de España no ha sido tan ‘diferente’, sino que siempre ha formado parte de la historia común de Occidente. A pesar de la generalización, la afirmación es exacta. La de España no es la historia de un país de Oriente, aunque durante siglos la mayor parte del territorio estuviera dominada por el islam, sino una historia enormemente compleja».
Payne también señala que, aunque España mantuvo la imagen de un país excepcional durante la dictadura de Franco, el éxito de la Transición y la llegada de millones de turistas han cambiado significativamente esta percepción. Hoy en día, la idea de la excepcionalidad española persiste solo en ciertos estereotipos y tópicos, y Payne carga contra la izquierda española, donde sigue muy viva la narrativa de la Leyenda Negra.
Pero también la excepcionalidad se ha acomodado dentro de la derecha sociológica en forma de Leyenda Rosa y revival de las glorias imperiales. Sin embargo, nuestra historia, aunque jalonada de episodios singulares y con sus especificidades propias, no es especial; de hecho, en casi todos los aspectos es muy similar a la de nuestros vecinos.
Cada generación tiende a creer que su época es única, pero la historia nos demuestra que esta percepción ha sido siempre compartida por todas las generaciones anteriores. A lo largo de los siglos, España ha compartido con otras naciones europeas una trayectoria marcada por luchas internas, conquistas, períodos de esplendor y decadencia, así como influencias culturales y políticas que se han entrelazado con las de sus países cercanos.
Como Francia, Italia, Inglaterra o Alemania, hemos vivido guerras civiles, revoluciones y transformaciones sociales que han moldeado nuestra identidad nacional.
Por eso es necesario no caer en trampas simplificadoras. Hay que huir del excepcionalismo, del pensamiento conspiranoico y derrotista: de la fracasomanía. Existe una sensación tanto en España como en Hispanoamérica de que nos hemos estrellado, y que nuestra historia arrastra vicios incorregibles. Es cierto que España tiene una historia fascinante, pero eso no hace especiales a los españoles, ni para lo bueno ni para lo malo.
El historiador David Jiménez Torres tiene razón al decir que «el excepcionalismo español se ha convertido en el recurso más común de la pereza intelectual». Por eso debemos huir de él como de la peste, porque huir del excepcionalismo es la mejor manera de avanzar.
nuestras charlas nocturnas.
La noche de la vergüenza: Kristallnacht…

JotDown(L.Jiménez) — Un día como ayer, en la mañana del 10 de noviembre de 1938, Alemania se despertó con sangre. Cadáveres por las calles, comercios y viviendas destrozados, humo de incendios y ánimos desorbitados, enloquecidos.
La Krystallnacht, noche de los cristales rotos, fue una denominación casi eufemística de una tremebunda realidad: el asesinato de decenas de ciudadanos inocentes, de origen hebreo, en las ciudades alemanas más importantes, la destrucción de más de mil sinagogas por todo el país, el saqueo de siete mil tiendas de propiedad judía, escuelas, hospitales…
Los historiadores coinciden en que aquí, justo hoy hace setenta y cinco años, se fraguó la barbarie. Animados por el fanatismo de miles de exaltados germánicos, que se lanzaron, como lobos, a la caza de la presa judía, el régimen de Hitler deportó al día siguiente a casi treinta mil hebreos a campos de concentración.
Los judíos pagaban con sus ahorros, con los pocos derechos que les quedaban, con su libertad, con su vida, el antisemitismo que acababa de encontrar excusa para propagarse como la pólvora. Poco tiempo después, justificado por un gobierno legítimo y con un escrupuloso orden de aniquilación, morirían casi seis millones durante el Holocausto.
Una vergüenza que cumple años y la canciller del país germano, Angela Merkel, califica como «la noche más oscura de la historia alemana».
Pero empecemos por el principio. Hitler había llegado al poder en 1933. Tenía cuarenta y cuatro años, diez como líder del partido nazi. Disfrutaba de gran apoyo popular y las masas, enfervorecidas, coreaban su nombre. Haber perdido la guerra había dejado a la población alemana desvalida y ávida de recuperación, de esperanza.
El gran caldo de cultivo para el auge de los totalitarismos, del fanatismo, estaba ya preparado. El Führer había pasado ya por la cárcel (acusado de insurrección) y había escrito la primera parte de Mein Kampf (Mi lucha), manual antijudío por excelencia. En él, culpaba, directamente, a la raza judía de todos los males de la sociedad alemana.
En marzo de ese año, a quince kilómetros de Múnich, se inauguraba Dachau, el primer campo de concentración destinado a apresar a socialistas/comunistas, considerados un gran peligro para el régimen. Al mando de las gestiones, el jefe de la policía de Múnich, Heinrich Himmler, quien posteriormente ordenaría la matanza de millones de judíos, gitanos, enfermos mentales y homosexuales a los que mandó someter a todo tipo de macabros experimentos médicos imposibles de contar, recordar, digerir.
Muy cobarde, Himmler se suicidó, ya capturado, mordiendo unas cápsulas de veneno escondidas entre las muelas. (Una inquietante máscara mortuoria constataba su muerte). Con el suicidio evitaba convertirse en el mayor acusado en los juicios de Núremberg, celebrados en 1945, al término de la guerra.

En la noche del 9 de noviembre, la ira incontenible contra los judíos comienza con una verdad y una manipulación.
La verdad: un judío polaco, de diecisiete años, había matado a un diplomático alemán en París.
La manipulación: Hitler aprovecha la indignación popular para sembrar el caos y culpar a todos los judíos.
En lugar de controlar las manifestaciones, la dictadura las anima. Retiran a la policía de las calles.
Miran para otro lado. Prenden la llama y dejan propagarse la hoguera.
«Los judíos deben sentir la ira popular», dijo Hitler esa misma noche.
Pero la coincidencia de miles de actos «espontáneos» a la misma hora, contra la misma gente, en las ciudades más importantes de Alemania y Austria, era demasiada casualidad.
El tiempo y los expertos demostraron que la supuesta «ira popular» venía perfectamente orquestada desde el gobierno del Führer.
¿Cómo pudo cuajar tanto odio? ¿Cómo llegó a producirse tanta violencia? Los orígenes se remontan a cientos de años atrás, y los antecedentes a las propias medidas, anteriores a Hitler, de rechazo semita.
Pero vayamos a París en la mañana del 3 de noviembre, una semana antes del desastre. Hitler acaba de ordenar la expulsión de diecisiete mil judíos polacos, entre ellos el matrimonio Grynszpan, que vivía en Hannover. Polonia tampoco los quiere recibir. La indignación es total entre la población hebrea. Un hijo de la pareja, Herschel Grynszpan, de diecisiete años, vive en París.
Recibe una postal en la que le informan, desde la frontera, de la terrible situación de sus padres, camino de ningún lugar. Cuatro días después, el 7 de noviembre, tras darle vueltas y más vueltas, Herschel está enfadado, fuera de sí. Sale a la calle y compra una pistola. Escribe una nota.
Al día siguiente acude a la embajada de Alemania en París. Sin controles, le dejan pasar. Dispara tres tiros en el abdomen al embajador alemán Ernst von Rath. La nota decía: «Queridos padres, no puedo hacer otra cosa. Que Dios me perdone. Mi corazón sangra cuando oigo hablar de la tragedia de diecisiete mil judíos. Debo protestar para que el mundo me escuche, y esto, me veo obligado a hacerlo. Perdonadme».
Las noticias desde París llegaron inmediatamente a Múnich. Un judío con nombre y apellidos era visiblemente responsable de una atrocidad. La maquinaria de Hitler se pone en funcionamiento. Y consigue su objetivo: el primer movimiento coordinado de ataque a los hebreos, germen del funesto Holocausto.

Durante los últimos sesenta años, el nazismo y el Holocausto han sido tema tabú en muchos alemanes.
Los ancianos porque, de algún modo, habían participado en el sistema nazi (obligados o convencidos, directa o indirectamente) y los que no colaboraron, al menos, lo conocieron y aceptaron.
La filósofa judía Hannah Arendt ofrece reflexiona sobre este aspecto en su libro Eichmann en Jerusalén.
Según multitud de datos de la escritora, los dirigentes del régimen coparon la mayor parte de los empleos públicos tras la caída de Hitler y llevaron vidas normales, incluso de éxito y reconocimiento, dejando atrás —sin asumirlo y sin pasar por juicio alguno— un cruento pasado.
Durante los actos de conmemoración de la fatídica noche celebrados ayer en Alemania, las reacciones han sido de los más diverso.
Actualmente, la sensibilidad respecto al tema judío podría intentar resumirse en tres actitudes: los que piden perdón, ya ancianos, porque fueron parte del sistema; los que, irremediablemente, sienten vergüenza y lo manifiestan, porque pertenecen al país que cometió el genocidio; y los que, a modo de reivindicación, tras años de remordimiento, perdón y vergüenza reconocida, explican que «ya está bien»», que piden perdón de forma sincera y evidente (gobierno, instituciones públicas, individuos así lo han demostrado), y que tienen que seguir sus vidas sin el estigma monstruoso que los relaciona con asesinato, frialdad, superioridad y muerte.
En este grupo se encuentra, T.F. un profesor del norte de Alemania, de cincuenta años, que explica el remordimiento sentido en su infancia respecto a crímenes que nunca cometió.
«Vine al mundo de padres que fueron niños durante el nazismo. Los mayores fueron adultos durante la guerra y el Tercer Reich. Eran gente humilde, campesinos, que solo trataban de sobrevivir. Ninguno era nazi. Muchos hombres de mi familia murieron como soldados en la guerra. La otra parte de mi familia aguantó como pudo.
Unos, por su origen medio judío, como supervivientes del Holocausto, y otros, como socialistas/comunistas, que también tenían que esconderse en aquellos años. Los niños recibimos muchísimas clases en la escuela sobre nuestro negro pasado. Aprendimos mucho, diariamente, sobre las atrocidades que cometimos.
Era casi un exceso de información para nosotros, los niños, que nos sentíamos muy vulnerables, débiles, sobre todo cuando viajábamos a otros países. Cuando llegué a otros lugares, sin embargo, encontré una perspectiva diferente de cómo los demás nos miran a los alemanes.
Hoy en día, estoy convencido de que no hay tantos países que hayan observado tan de cerca su propio pasado oscuro como nosotros. Desde la humildad y mi propio conocimiento de aquello, desde entonces hasta ahora, me siento orgulloso de cómo lo hemos gestionado».
Después, admite el profesor, su preocupación sobre los nuevos grupos antisemitas, de ideología nazi, formados en algunas ciudades alemanes. «Es incomprensible que esto esté ocurriendo», se escandaliza.
Pero el problema no habita solo en Alemania. Las encuestas más reciente arrojan datos escalofriantes sobre el aumento del rechazo judío en Europa, con Francia a la cabeza. También preocupa el auge de movimientos radicales, muy violentos, contra ellos y contra la inmigración en general, como se ha visto recientemente en Grecia o en Rusia, entre otros.
La precaria situación actual, con falta de recursos económicos y desesperanza generalizada, parece que no provoca generosidad con el extranjero. Se les vuelve a culpar de lo que sea. Como si aprender fuera imposible. Se cumplen setenta y cinco años de la vergüenza y Europa, después de tanto, no parece estar limpia de odio.
nuestras charlas nocturnas.
De la gloria a la ruina: el auge y declive del Imperio español bajo Carlos V y Felipe II…

Muy Interesante — La victoria de los Reyes Católicos en la guerra de sucesión, el final de la Reconquista y el descubrimiento del Nuevo Mundo proporcionaron seguridad a Castilla y Aragón e impulsaron su economía. En el año 1500, los comerciantes más perspicaces –entre ellos, los genoveses afincados en Sevilla– sospechaban que estaban asistiendo al despertar de un nuevo Imperio, el primero de la Edad Moderna.
Sólo dos graves errores pusieron un baldón en el reinado de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón: la expulsión de los judíos y el nombramiento del odiado fray Tomás de Torquemada al frente del Santo Oficio.
El auto de fe que tuvo lugar en 1480 en el Quemadero de Tablada, Sevilla, fue el primero que se celebró en España. A esa quema de herejes, brujas y blasfemos le siguieron otras ejecuciones públicas que mostraron el inmenso poder de la Inquisición durante el reinado de los Reyes Católicos.
Se calcula que en los quince años que estuvo Torquemada al frente del Santo Oficio fueron quemados en la hoguera entre 4.000 y 8.000 judíos conversos y un número algo menor de moriscos.

– ¡Bienvenida, imprenta!
Lo paradójico es que aquellos aquelarres inquisitivos no pudieron frenar el florecimiento del Humanismo renacentista en la Península, uno de cuyos grandes representantes fue Antonio de Nebrija, que trasladó sus ideas gramaticales al castellano, lo que elevó esta lengua al mismo nivel que el latín tanto en el ámbito literario como en el político.
La invención de la imprenta facilitó la irrupción de libros en una sociedad en la que más del 80% de la población era analfabeta. El cronista de los Reyes Católicos, Hernando del Pulgar, triunfó con su obra Los claros varones de España, que retrata a figuras de renombre como Garcilaso de la Vega o el Marqués de Santillana.
Los cultivados leían a Jorge Manrique, autor que cobró fama por las Coplas a la muerte de su padre. El gran poeta murió en la batalla del río Albuera en 1479, defendiendo los derechos de Isabel la Católica frente a las pretensiones de Juana, hija de Enrique IV.
En 1493, los Reyes Católicos tomaron posesión de los condados pirenaicos de Rosellón y Cerdeña devueltos por Carlos VIII de Francia, lo que fue celebrado con grandes fiestas populares.
En aquellos años, la bulla y los saraos coexistían con el lado tenebroso de la vida. Los hombres del 1500 tenían plena conciencia de la precariedad de las cosas. Por entonces, Lutero era un joven de 17 años y la Cristiandad se mantenía todavía unida. Tres lustros más tarde, cuando Carlos V llegara al trono, Lutero iniciaría su pertinaz cruzada contra el Vaticano que iba a provocar sangrientas guerras religiosas.

– El monarca más poderoso
A principios del siglo XVI, Sevilla comenzó a recibir enormes cantidades de mercancías procedentes de América, razón por la que en 1503 se fundó en las Atarazanas de la ciudad andaluza la Casa de Contratación, cuyo objetivo era fomentar y regular el comercio y la navegación con el Nuevo Mundo.
En aquellos días, mientras el Gran Capitán obtenía sonoras victorias en Italia, en Roma fallecía el controvertido papa Borgia, Alejandro VI, que fue sucedido por Pío III, cuya prematura muerte hizo que el pontificado pasara a Julio II, que pronto se convirtió en el paradigma de pontífice renacentista.
En 1504 falleció Isabel de Castilla, cuyo testamento disponía que su hija Juana la sucediera en el trono, lo que no pudo ser. La repentina muerte del marido de Juana, Felipe el Hermoso, la trastornó por completo, por lo que fue encerrada en Tordesillas. Su hijo Carlos (el futuro emperador Carlos V) fue declarado heredero, quedando como regente su abuelo, el rey Fernando de Aragón.
En 1519, el título de emperador del Sacro Imperio Romano Germánico fue disputado por varios candidatos, entre ellos, Francisco I de Francia y Enrique VIII de Inglaterra. Dispuesto a no perder la oportunidad de su vida, el joven Carlos recurrió a sus banqueros Welser y Fugger para obtener una gran suma de dinero con la que sobornar al elector palatino y al obispo de Maguncia, cuyos votos eran imprescindibles para lograr el título. Una vez al frente del Imperio, Carlos V se convirtió en el monarca más poderoso del momento.
En septiembre de 1517, los habitantes de Tazones (Asturias) divisaron en la línea del horizonte la llegada de una poderosa armada. Al principio cundió la alarma. ¿Serían franceses al ataque? Pronto se deshizo el malentendido. El que navegaba por la ría de Villaviciosa era el joven rey Carlos V, que fuertemente escoltado llegaba de Gante para visitar su nuevo reino.

– Contra el protestantismo
Tres años después, el emperador instó a Lutero a abandonar su herejía en la dieta de Worms. Haciendo caso omiso a sus exigencias, el ideólogo del protestantismo promulgó su derecho a rechazar el poder que la Iglesia se atribuía en exclusiva de impartir la absolución y de conceder indulgencias para este mundo y para el otro.
Asimismo, el infatigable reformista cuestionó la autoridad del papa y la de los concilios y proclamó la libertad de los sacerdotes para no seguir las consignas de la Iglesia, que les obligaba al celibato y la castidad.
Los feroces ataques de Lutero al Vaticano y a la ortodoxia obligaron al papa León X a excomulgarlo en enero de 1521. Veinticinco años después, Lutero murió en Eisleben (Alemania). La desaparición del molesto reformista no disminuyó las preocupaciones que atormentaban a Carlos V, que no pudo impedir el definitivo asentamiento del protestantismo en el Viejo Continente.
Su consuelo fue la conquista de territorios en América gracias a Hernán Cortés, que derrotó a los aztecas en 1521. En décadas posteriores, otras expediciones fueron sumando dominios en Centroamérica y Perú, cuyos territorios y habitantes pasaron a la soberanía del emperador.
Seis años antes de que Carlos V desembarcara en Tazones, un dominico llamado fray Antonio de Montesinos denunció el brutal trato que recibían los indígenas por parte de los conquistadores. Su prédica influyó en un joven sacerdote llamado Bartolomé de las Casas, que al cabo de los años se convertiría en un infatigable defensor de la causa indígena.
Su campaña fue tan persuasiva que obligó a Carlos V a ordenar que todos los planes de conquista en el Nuevo Mundo se suspendieran hasta que una junta de teólogos se hubiera pronunciado sobre las cuestiones morales implícitas. La legislación que surgió de aquella campaña constituye un testimonio del compromiso de la Corona por garantizar justicia a sus súbditos indígenas, una medida política que es difícil de encontrar en otros imperios coloniales.
Pese al crecimiento que experimentaban sus dominios en el Nuevo Mundo, el emperador se enfrentó a muchos quebraderos de cabeza. Entre ellos, las incursiones de los turcos en Europa, sus continuos encontronazos con el papado, las revueltas en los Países Bajos y Alemania y las guerras que emprendió contra el rey francés Francisco I, que dejaron exhaustas las arcas del Imperio, especialmente las de sus reinos de España.
Todas esas preocupaciones y su mala conciencia por mantener a su madre en su encierro de Tordesillas minaron su delicada salud. En 1556, Carlos V se sentía viejo y con la salud quebrada. Sin fuerzas para seguir luchando, el emperador abdicó de sus cargos el 25 de octubre de ese año en el palacio de Coudenberg de Bruselas.
A su hijo Felipe le cedió los reinos de España, de los Países Bajos y de las Indias. A su hermano Fernando le entregó la corona imperial. Meses después, el monarca abandonó Bruselas para instalarse en Extremadura, muriendo en Yuste el 21 de septiembre de 1558.
Su hijo Felipe II fue plenamente un rey español. Durante su reinado, sus ejércitos, al mando del duque de Alba, se enfrentaron a los franceses en Italia y en Flandes. Vencieron en la batalla de San Quintín obligando al rey de Francia, Enrique II, a firmar la Paz de Cateau-Cambrésis, que sellaba el acuerdo matrimonial de su hija mayor, Isabel de Valois, con Felipe II y confirmaba la hegemonía española en Europa.

– Realidad y mito de la leyenda negra
El 9 de junio de 1559 se celebró el enlace por poderes en París y la boda formal tuvo lugar el 29 de enero del año siguiente en el palacio del Infantado de Guadalajara. A punto de cumplir los catorce años, la reina fue un soplo de aire fresco en la corte española.
Su supuesta historia de amor con el hijo de Felipe II, don Carlos, y la muerte de éste a manos de su padre fue el argumento principal de la Leyenda Negra contra el monarca español, orquestada por Guillermo de Orange-Nassau en su famosa Apología.
El autor del libelo transformó la mutua amistad y simpatía que sentían Isabel y Carlos en una ardiente relación amorosa. El texto sugería que Felipe II había ordenado el envenenamiento de Isabel para poder casarse con Ana de Austria. Lo cierto fue que Felipe II designó al duque de Alba como gobernador de los Países Bajos, lo que supuso un gran agravio a su hijo Carlos, que deseaba fervientemente ese cargo.
Tras varios intentos de suicidio, el príncipe cayó enfermo y murió meses después. Isabel, que nunca comprendió la severidad de su marido con su propio hijo, falleció en mayo de 1568. Fue entonces cuando los enemigos de Felipe II lanzaron el rumor de que él había estado detrás del envenenamiento de su mujer.
Aquel suceso iba a alimentar la Leyenda Negra que acompañaría a la Corona española a partir de entonces. A lo largo del siglo XVII se produjo la llegada de ingleses, franceses, holandeses y daneses a América, dando lugar a los territorios ultramarinos de Canadá, de Estados Unidos y de otras regiones caribeñas en manos francesas.
Esa presión internacional obligó a España a desarrollar una nueva estrategia para transportar con mayor seguridad los metales preciosos a la Península. En 1564 se pusieron en marcha dos flotas, la armada de la Nueva España y la de los Galeones, que funcionaron casi todo el siglo XVII.
– La ruina de las guerras
El objetivo era formar convoyes de guerra para evitar que los mercantes cayeran en manos de corsarios o piratas. Uno de los enclaves estratégicos del régimen de flotas era el puerto de Veracruz, donde recalaban los navíos de la Armada de Nueva España. Desde allí se transportaba la mercancía hacia el interior de México y luego hacia Acapulco, donde se coordinaba el comercio con Filipinas.
Con el paso de los años, a Felipe II le ocurrió lo mismo que a su padre. El esfuerzo bélico en Flandes y en el Mediterráneo contra los otomanos arruinó a la Corona, que en varias ocasiones se declaró en bancarrota: la primera en 1557, la segunda en 1575 y la tercera en 1596. Todo el oro y la plata que llegaban de las Indias fueron a parar a los banqueros que financiaron las guerras de Carlos V y Felipe II.
El pueblo nunca disfrutó de aquellas riquezas, parte de las cuales fueron a manos de la Iglesia, que estaba exenta del pago de impuestos, y a los nobles españoles que comerciaban con América. Mientras los Tercios de Flandes luchaban en Holanda, en la península Ibérica comenzó la guerra de las Alpujarras en 1568.
Cerca de trescientos mil moriscos se sublevaron en Granada, amenazando los territorios andaluces. Juan de Austria, hermanastro del monarca, dirigió los sangrientos combates durante dos largos años hasta que logró reprimir la revuelta. Felipe II ordenó que los moriscos fueran dispersados por Andalucía, Castilla, Levante y Aragón.
En 1569, la Corona ordenó apresar a un joven llamado Miguel de Cervantes por haber herido a un alarife real, Antonio de Segura, en una reyerta callejera. Dispuesto a no cumplir la pena, que incluía la mutilación de una mano e ingresar después en prisión, Cervantes dejó España para buscar refugio en Italia.
Dos años después, el escritor participó en la batalla de Lepanto, en la que la flota de la Santa Liga derrotó a la otomana, y posteriormente fue capturado y encerrado en Argel, donde permaneció preso cinco larguísimos años hasta que su familia y los monjes trinitarios lograron su liberación en 1580.
– El imperio donde no se ponía el sol
A sus noventa y siete años, Tiziano aceptó realizar un lienzo que homenajeara la gran victoria que había obtenido Felipe II en Lepanto. El lienzo, que se puede admirar en el Museo del Prado, muestra al impulsor del Monasterio de El Escorial luciendo su armadura, con espada al cinto y alzando a su hijo al cielo para que reciba a un ángel que desciende de las alturas con una palma de victoria.
Junto al monarca español aparece un turco encadenado que se encuentra postrado en el suelo, con las manos atadas a la espalda y con su turbante caído, en señal de derrota.
Aunque los reinos hispanos eran conscientes del durísimo enfrentamiento que mantenían los ejércitos de Felipe II en Flandes, la mayoría de ellos apenas tenían noticias exactas de las cruentas batallas que se estaban produciendo en Francia.
El gran defensor de la ortodoxia de la Iglesia no estaba dispuesto a permitir que la Reforma luterana se expandiera por Europa y pusiera en el trono francés a un monarca protestante. La lucha encarnizada en tierras de Flandes recrudeció el conflicto religioso en Francia.
El esfuerzo bélico arruinó a la Corona española sin reportar grandes avances en el campo de batalla. Pero aquellos momentos de incertidumbre económica parecieron desvanecerse con la muerte del rey Sebastián de Portugal en la batalla de Alcazarquivir en Marruecos (1578). Al no tener herederos directos, la Corona pasó a Felipe II en 1580, que añadió los extensos territorios portugueses a las posesiones que ya tenía en América.
Fue en aquel momento cuando se acuñó la famosa frase: “En el Imperio español nunca se pone el Sol”. En 1584 finalizó la construcción del Monasterio de El Escorial, que a partir de entonces se convirtió en el lugar desde el que Felipe II controló sus vastas posesiones.
En recuerdo de la batalla de San Quintín, librada el 10 de agosto de 1557, festividad de San Lorenzo, el monarca ordenó edificar la planta del monasterio en forma de parrilla para simbolizar el martirio del santo. Fue ideado por el propio monarca español y por sus arquitectos Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, entre otros.
– Abatido por la derrota
El creciente poder de Felipe II, que desde 1580 también reinaba en Portugal, despertó el temor de Inglaterra y de su reina Isabel I, que decidió atacar a la Corona española no sólo en Flandes, apoyando a los rebeldes protestantes, sino también en los mares, asaltando los galeones que venían de América cargados de riquezas.
El rey español reaccionó ordenando la puesta en marcha de una gran flota para invadir la isla y destronar a la reina Isabel, pero una terrible tormenta arruinó sus planes. El desastre de la Armada Invencible (1588) sumió a Felipe II en un total abatimiento y recogimiento.
Las enormes cantidades de oro y plata que llegaban de ultramar no fueron suficientes para evitar una nueva quiebra de la Hacienda Real. Felipe II falleció en 1598 dejando un gran Imperio y una España que sentía orgullo por sus gestas militares y por la brillantez de sus artistas. Pero el creador del Monasterio de El Escorial también dejó como herencia un país arruinado, cuyos habitantes vivían en la más profunda de las miserias.
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Espejo, espejito: los oscuros secretos de la cosmética renacentista…

The Objective(G.Urrero) — Se dice a veces que la belleza es completamente superficial. Tal vez. Pero, al menos, no es tan superficial como el pensamiento. Para mí, la belleza es la maravilla de las maravillas. Las personas superficiales son las únicas que no juzgan por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo que no se ve».
Esta paradoja de Oscar Wilde podrían encabezar las páginas de Cómo ser una mujer del Renacimiento. Ignoro si la autora, Jill Burke, profesora en la Universidad de Edimburgo, pensó en el escritor irlandés a la hora de comenzar este ensayo.
Sin embargo, el paralelismo entre ambos es claro: la idea de que una hermosa apariencia puede ser el síntoma de algo mucho más profundo ‒substancial para el creador de El retrato de Dorian Gray‒ sobrevuela toda la investigación de Burke.
Cómo ser una mujer del Renacimiento analiza el impacto del arquetipo de belleza en la vida femenina durante una época obsesionada por las apariencias. De ahí que el libro admita una lectura ligera cuando nos habla de ornamentos y cosméticos ‒causa de más de un envenenamiento en el siglo XVI‒ y otra más profunda cuando Burke describe las consecuencias sociales de esos cánones de perfección.
Uno de los aspectos más evidentes que consigna el ensayo de Jill Burke es el impacto de los valores dominantes en la moda renacentista. A la luz de la filosofía de Marsilio Ficino, un pensador protegido de Cosme de Médicis, se explica con mayor claridad este fenómeno: «No podemos ver el alma, no podemos ver su belleza ‒nos dice‒, pero podemos ver el cuerpo, que es nube y sombra del alma».

– El extraño caso de los cosméticos venenosos
Como todas las cosas que alcanzan valor en la vida, ser bella también tenía un coste. La mujer renacentista dedicaba horas a conseguir un rostro de porcelana, mejillas incandescentes y una cascada rubia que se derramara sobre su espalda. En la práctica, reflejar la «nube y sombra del alma» implicaba todo tipo de sacrificios. Incluso depilarse con potingues de cal viva y arsénico.
Al convertir sus cuerpos en objeto de culto, cualquier remedio era bueno si les permitía conservar la gracia juvenil. Para mostrarse fecundas y disponibles, las mujeres adquirían ingredientes que hoy nos parecen repulsivos, como el excremento de gato, o simplemente letales, como las soluciones de plomo, amianto o mercurio.
¿Y qué decir de las mezclas decolorantes para tener el cabello de color trigo? Si el estereotipo más generalizado era el de una mujer lozana y pálida, estaba claro que esa idealización de la feminidad daba ventaja a las rubias. Sobre todo, cuando parecían pintadas por Botticelli.

Como ven, ser una influencer renacentista equivalía a convertirse en algo parecido a un cuadro viviente. Solo unas pocas se tomaban aquello de manera más desahogada. En especial, las damas de la aristocracia que, gracias a una educación refinada, podían permitirse el lujo de ser rebeldes.
Con todo, la duda persiste. ¿Empleaban cosméticos dañinos por una cuestión de vanidad e ignorancia? La respuesta es: evidentemente, no. «Se suele presuponer que las mujeres empleaban ingredientes venenosos sin saber que eran tóxicos ‒escribe Burke‒.
Sin embargo, es un tópico misógino que ha circulado desde la época clásica y fue repetido en el Renacimiento, incluso por médicos que intentaban vender sus recopilaciones de recetas cosméticas y en libros populares dirigidos a suprimir las libertades de las mujeres. Las mujeres renacentistas sabían que algunos de los ingredientes de los cosméticos eran venenosos pero los usaban igualmente».
Ese fue, sin ir más lejos, el caso de Prudenzia da Trani, casada contra su voluntad, siendo aún muy joven, con un rico comerciante florentino. El tipo era mucho mayor que ella y la historia acabó mal. Como aclara Burke, Prudenzia «no fue la única que usó el maquillaje como un método letal para huir del matrimonio».
Dar por sentado que ser glamurosa era un asunto arriesgado nos hace olvidar un detalle importante, y es que muchos de estos compuestos podían ser efectivos. En más de un caso, no solo carecían de contraindicaciones, sino que aportaban vitamina E y antioxidantes. «Estas recetas ‒aclara Burke‒ demuestran la impresionante variedad de conocimientos científicos prácticos que poseían muchas mujeres de la época, aquellas primeras químicas y botánicas desconocidas».

– Objetivo: parecerse a Venus
Jill Burke también es sensible a las dinámicas de poder que motivaban estas prácticas. ¿Cómo conseguir la dosis de encanto necesaria para que no pudieran quitarte los ojos de encima? ¿De qué modo acercar la cara al espejo y ver un rostro misterioso y virginal?
Hay toda una generación de mujeres que lo descubrió leyendo un superventas: el tratado Gli ornamenti delle donne (1652), obra del médico veneciano Giovanni Marinello.
En sus páginas, la autora descubre que las mujeres del Renacimiento ya se preocupaban por cuestiones como el sobrepeso o las estrías posparto. Por el lado negativo, también ve en la obra de Marinello una «maquinaria de autoinsatisfacción». Del mismo modo que ahora Instagram invita a realizar todo tipo de malabarismos para parecerse una gran modelo, este libro también proponía una meta imposible: «conseguir los físicos ideales» descritos por «poetas antiguos y modernos».
El carácter único del texto de Marinello «no reside solo en que su tamaño no tenga precedentes» -incluye más de 1.400 recetas para embellecer el rostro, el cabello y el cuerpo-, sino en que propone «descripciones del cuerpo perfecto, parte por parte, para que las lectoras lo imitasen».
De un modo sibilino, ese modelo estético, exclusivo de las venus y las madonas, era tan inigualable que los consejos del veneciano acababan provocando un trauma. Para las lectoras, sus cuerpos no eran otra cosa que proyectos inacabados que debían someterse a un continuo y laborioso reajuste.
En busca de la belleza interior
«He procurado en todo momento ‒dice Burke en su obra‒ tener en cuenta el contexto intelectual, social y político de la época, aunque, inevitablemente, me he sentido atraída por lo que más conecta con las preocupaciones actuales. La historia no solo ocurre en el pasado».
De ahí que la historiadora explique los patrones de la hermosura renacentista con guiños a un puñado de protofeministas. Entre ellas, Lucrezia Marinella, autora de un libro opuesto al de Marinello, La nobilità et l’eccellenza delle donne co’diffetti et mancamenti de gli huomini (1591).
El contraste entre unas normas tan rígidas como las de Marinello y la insumisión de Marinella resulta aleccionador. Fueron humanistas como ella las que, sin discutir el papel de hijas virtuosas y esposas honestas -algo impensable en el siglo XVI-, defendieron que una mujer independiente y bien formada podía equipararse al hombre en intelecto, sabiduría y capacidad creadora.

En este punto, conviene tener presente lo que señaló la historiadora estadounidense Joan Kelly en su ensayo Did women have a Renaissance? (1977): a pesar de los avances culturales y económicos de la Italia renacentista, las mujeres fueron moldeadas como objetos estéticos, y salvo excepciones, acabaron encarnando los clichés que ya habían sublimado los viejos poemas de amor cortés.
El debate que generó Kelly en los setenta llega a nuestros días. De momento, toman ventaja los que reivindican a una serie de mujeres sabias, ignoradas en las crónicas, pero fundamentales para enfocar bajo una óptica nueva la historia de ese periodo.
En uno de los capítulos de la Historia de la belleza a cargo de Umberto Eco (Lumen, 2004), el escritor Girolamo de Michele destaca que el Renacimiento «es un periodo de iniciativa y actividad para la mujer, que en la vida de la corte dicta las leyes de la moda y se adapta al boato imperante, pero que no descuida el cuidado de la mente, participa activamente en las bellas artes y tiene habilidades discursivas, filosóficas y dialécticas».
La historiadora Vicenta María Márquez de la Plata y Ferrándiz traslada este argumento a España en Mujeres renacentistas en la Corte de Isabel la Católica (Castalia, 2005), un formidable ensayo protagonizado por damas que promovieron las artes, cultivaron el conocimiento y alcanzaron posiciones de poder y autoridad. Aquí destacan seis figuras: Beatriz de Bobadilla, camarera mayor y consejera de Estado, Beatriz Galindo la Latina, la académica Lucía de Medrano, Beatriz de Silva y Meneses, fundadora de las religiosas concepcionistas, la reina Catalina de Aragón y la líder de los comuneros, María Pacheco.
Burke apunta en la misma dirección. «Aunque la inmensa mayoría de las mujeres del Renacimiento crecieron sometidas a restricciones sociales y legales -escribe-, la moda del siglo XVI de educar a las niñas nos permite hacernos una idea, gracias a las obras de Moderata Fonte y otras destacadas escritoras de la época, de lo que podían lograr cuando se apoyaba su aprendizaje».
Aunque este fue un movimiento limitado en su impacto social y en su duración -nos dice-, la Italia septentrional y otros puntos de Europa fueron la cuna del pensamiento a favor de la igualdad entre hombres y mujeres en el siglo XVI. «Los padres, los tíos y otros tutores comenzaron a invertir en la educación de sus hijas; y las madres y las tías instruidas comenzaron a animar a las niñas de su familia a recibir también una educación». El buen desenlace de esa historia, felizmente, ya lo conocemos.
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Un estudio revela lo que escondía en su interior una momia de gato egipcia…

National Geographic(J.M.Sadurni) — Gracias a un innovador proyecto de realidad virtual, el Museo de Bellas Artes de Rennes, en Francia, ha revelado un fascinante descubrimiento acerca del contenido de una antigua momia egipcia que, aparentemente, guardaba los restos de un gato.
Esta momia forma parte de la extensa colección egiptológica que posee el Museo de Bellas Artes de Rennes, cuyo origen se ha de buscar en un antiguo gabinete de curiosidades del siglo XVIII. La supuesta momia de gato fue depositada en la institución por el Museo del Louvre en 1923, con el objetivo de proporcionar al espectador una imagen didáctica de este aspecto de la civilización faraónica.
Pero en 2017, con el avance de las nuevas tecnologías, miembros del museo impulsaron un nuevo proyecto de realidad virtual y contactaron con un equipo de expertos para crear imágenes en 3D de dos de sus piezas: una estatuilla mesoamericana y la momia del gato.

– ¿Es auténtica?
Así, lo que empezó siendo una colaboración interdisciplinar en la que participaron arqueólogos, informáticos y especialistas en realidad virtual de la Universidad de Rennes 1 y del Instituto de Investigación en Informática y Sistemas Aleatorios (IRISA), acabó convirtiéndose en un proyecto que sorprendería a todos sus integrantes.
El primer paso fue realizar una impresión en 3D transparente de la momia mediante una tomo-densitometría (una técnica no invasiva que utiliza la radiación ionizante para generar imágenes detalladas).
Fue entonces cuando llegó la sorpresa: se descubrió que la «momia» de gato contenía los restos de tres ejemplares distintos, aunque es imposible precisar si se trata de restos de gato doméstico, de gato salvaje o tal vez de un pequeño felino. Aunque lo que más llamó la atención de los investigadores es que el cráneo del supuesto gato había sido sustituido por un ovillo de hilo.
Este hallazgo plantea muchos interrogantes acerca de la autenticidad de algunas momias animales egipcias, principalmente las que tenían una función votiva, ya que muchas de ellas o estaban vacías o se habían mezclado restos orgánicos variados con otros elementos.

– Un proyecto inmersivo
Tras el éxito rotundo del proyecto, los expertos del museo decidieron ir más allá y junto con sus colaboradores desarrollaron una aplicación de realidad virtual que permitirá a todos los visitantes explorar el interior de la momia y comprender mejor el proceso científico que sigue un arqueólogo.
«El secreto de Bastet», que es como se ha bautizado a esta nueva aplicación y que debe su nombre a la diosa gata egipcia, sumergirá al visitante hasta un laboratorio arqueológico en el que podrá realizar radiografías y tomo-densitometrías para examinar los huesos y otros componentes del interior de la momia, como si de un arqueólogo se tratara.
A pesar de sus reservas iniciales con la realidad virtual, el director del Museo de Bellas Artes de Rennes, Jean-Roch Bouiller, no ha podido contener su entusiasmo tras comprobar el éxito del proyecto, y ha destacado la importancia educativa de la aplicación ya que «proporcionará una experiencia inmersiva que permitirá a los visitantes comprender mejor el trabajo de los arqueólogos así como la importancia de las tecnologías no invasivas en el estudio de objetos antiguos».
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1º Guerra Mundial…

Enciclopedia del Holocausto — La Primera Guerra Mundial marcó el primer gran conflicto internacional del siglo XX.
El asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona austro-húngara, y de su esposa, la archiduquesa Sofía, en Sarajevo el 28 de junio de 1914, dio inicio a las hostilidades, que comenzaron en agosto de 1914, y continuaron en varios frentes durante los cuatro años siguientes.
Durante la Primera Guerra Mundial, las Potencias de la Entente — Gran Bretaña, Francia, Serbia y la Rusia Imperial (a las que más tarde se unieron Italia, Grecia, Portugal, Rumania y Estados Unidos) — lucharon contra las Potencias Centrales: Alemania y Austria-Hungría (a las que más tarde se incorporaron la Turquía Otomana y Bulgaria).
El entusiasmo inicial de todas las partes respecto a una victoria rápida y decisiva se desvaneció cuando la guerra se empantanó en un punto muerto de costosas batallas y guerra de trincheras, particularmente en el frente occidental.
El sistema de trincheras y fortificaciones en el oeste se extendió en su punto máximo a 475 millas (764 km), aproximadamente desde el Mar del Norte hasta la frontera suiza, y definieron la guerra para la mayoría de los combatientes norteamericanos y de Europa Occidental.
La vasta extensión del frente oriental impedía una guerra de trincheras a gran escala, pero la escala del conflicto era equivalente a la del frente occidental. También hubo intensos combates en el norte de Italia, en los Balcanes y en la Turquía otomana. Los combates tuvieron lugar en el mar y, por primera vez, en el aire.
En abril de 1917, se produjo un cambio decisivo en las hostilidades cuando la política de guerra submarina irrestricta de Alemania sacó a Estados Unidos del aislacionismo y lo llevó al centro del conflicto.

Casas a lo largo del río Meuse que resultaron dañadas durante la batalla de Verdun en diciembre de 1916. La batalla fue una de las más largas y mortíferas de la Primera Guerra Mundial.
Las nuevas tropas y el nuevo material de la Fuerza Expedicionaria Estadounidense (American Expeditionary Force, AEF) bajo el mando del General John J. Pershing, junto con el bloqueo en constante aumento de los puertos alemanes, a la larga ayudaron a cambiar el equilibrio del esfuerzo bélico a favor de la Entente.
Apenas conseguida, esta ventaja para las fuerzas de la Entente fue compensada por los sucesos que tuvieron lugar en el teatro de operaciones oriental de la guerra. Desde comienzos de 1917, Rusia, una de las potencias principales de la Entente, había sufrido una gran agitación.
En febrero de ese año, el mal manejo de la guerra por parte del gobierno zarista había contribuido a inspirar un levantamiento popular: la Revolución de Febrero.
La revolución forzó la abdicación del zar Nicolás II y puso en el poder un Gobierno Provisional de facciones liberales y socialistas, que a fin de cuentas estaba bajo el mando del miembro del partido Socialista Revolucionario, Alexander Kerensky.
Este breve experimento con la democracia pluralista fue caótico y, en los meses del verano, el continuo deterioro del esfuerzo bélico y una situación económica cada vez más calamitosa provocó disturbios por parte de los trabajadores, los soldados y los marinos rusos («Los días de julio»).

La guerra de trincheras es uno de los símbolos más representativos de la Primera Guerra Mundial. Esta fotografía muestra a las tropas británicas transportando tablones por encima de una trinchera de respaldo durante la noche, en la lucha por el frente occidental. Cambrai, Francia, 12 de enero de 1917.
El 24 y 25 de octubre de 1917, las fuerzas bolcheviques (izquierda socialista) al mando de Vladimir Lenin tomaron los principales edificios del Gobierno y asaltaron el Palacio de Invierno y luego la sede del nuevo Gobierno en la capital de Rusia, Petrogrado (actual San Petersburgo).
La «Gran Revolución Socialista de Octubre», el primer golpe marxista exitoso de la historia, desalojó al ineficaz Gobierno Provisional y finalmente estableció una República Socialista Soviética bajo la dirección de Lenin.
Las radicales reformas sociales, políticas, económicas y agrarias del nuevo Estado soviético en los años de la posguerra inquietarían a los gobiernos democráticos occidentales que, temían tanto la expansión del comunismo por toda Europa, que estuvieron dispuestos a transigir o sosegar a regímenes de derecha (incluyendo a la Alemania nazi de Adolf Hitler) en las décadas de 1920 y 1930.
Pero el efecto inmediato de la Revolución Rusa en el escenario europeo fue una brutal y prolongada guerra civil en tierras rusas (1917-1922) y la decisión de los líderes bolcheviques de hacer las paces por separado con la Alemania del Kaiser.
Cuando las negociaciones fracasaron totalmente debido a las exigencias alemanas, el ejército alemán lanzó una ofensiva general en el frente oriental, que produjo el Tratado de Paz de Brest-Litovsk el 6 de marzo de 1918.
Pese a los éxitos alemanes (sacar a la Rusia bolchevique de la guerra a fines del invierno de 1918 y llegar a las puertas de París durante el verano), los ejércitos de la Entente repelieron al ejército alemán en el río Marne. En los meses del verano y el otoño de 1918, avanzaron sostenidamente contra las líneas alemanas en el frente occidental («Ofensiva de los cien días»).
Las Potencias Centrales comenzaron a rendirse, comenzando con Bulgaria y el Imperio Otomano, en septiembre y octubre, respectivamente. El 3 de noviembre, las fuerzas austrohúngaras firmaron una tregua cerca de Padua, Italia.
En Alemania, el amotinamiento de marinos de la armada en Kiel desencadenó una amplia revuelta en las ciudades costeras alemanas, y en las principales áreas municipales de Hannover, Frankfurt del Meno y Munich. Consejos de trabajadores y soldados, basados en el modelo soviético, iniciaron la llamada «Revolución alemana»; la primera «república de consejos» (Räterrepublik) fue establecida bajo la dirigencia del demócrata social independiente (USPD) Kurt Eisner en Bavaria.
El sólido Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), bajo la dirigencia de Friedrich Ebert, veía a los consejos recientemente establecidos como un elemento desestabilizador, y abogaba, en su lugar, por las demandas de la opinión pública alemana de una reforma parlamentaria y paz.

Tropas británicas apostadas en una antigua trinchera alemana después del retiro de las tropas de ese país a la línea de Hindenburg en el frente occidental durante la Primera Guerra Mundial. Esta fotografía muestra un puente sobre una trinchera alemana. Gommecourt, Francia, 1917.
El 9 de noviembre de 1918, en medio del descontento generalizado y tras haber sido abandonado por los comandantes del ejército alemán, el emperador (káiser) Guillermo II abdicó el trono alemán. Ese mismo día, el delegado del SPD Philipp Scheidemann proclamó la República de Alemania, con un gobierno provisional dirigido por Friedrich Ebert.
Dos días más tarde, representantes alemanes, dirigidos por Matthias Erzberger del partido Centro Católico (Zentrum), se reunieron en un vagón en el Bosque de Compiègne con una delegación de las potencias victoriosas de la Entente al mando del Mariscal de Campo francés Ferdinand Foch, comandante general de las fuerzas de la Entente, y aceptaron los términos del armisticio.
A las 11 de la mañana del 11 de noviembre (11/11) de 1918 cesaron los combates en el frente occidental.
La «Gran Guerra», como la llamaron sus contemporáneos, había llegado a su fin, pero la enorme repercusión del conflicto en las esferas política, económica, social e internacional resonaría durante las décadas siguientes.
La Primera Guerra Mundial representó una de las guerras más destructivas de la historia moderna. Como consecuencia de las hostilidades murieron casi diez millones de soldados, cifra que supera ampliamente la suma de las muertes de militares de todas las guerras de los cien años anteriores. Si bien es difícil determinar con precisión las estadísticas de las bajas, se calcula que 21 millones de hombres fueron heridos en combate.
Las enormes pérdidas a ambos lados del conflicto, en parte, fueron el resultado de la introducción de nuevas armas, como la ametralladora y el gas, así como el hecho de que los jefes militares no adaptaron sus tácticas a la naturaleza crecientemente mecanizada de la guerra.
La política de desgaste, particularmente en el frente occidental, les costó la vida a cientos de miles de soldados. El 1 de julio de 1916, la fecha en que se produjo la mayor pérdida de vidas en un solo día, en Somme sólo el ejército británico sufrió más de 57.000 bajas.
Alemania y Rusia registraron la mayor cantidad de muertes de militares: aproximadamente 1.773.700 y 1.700.000, respectivamente. Francia perdió el 16% de sus fuerzas movilizadas, la tasa de mortalidad más alta en relación con las tropas desplegadas.
![Refugees in the Gare de Lyon in Paris during World War I. [LCID: 2514827]](https://encyclopedia.ushmm.org/images/large/9b5e2e79-a5a8-40a3-88ea-91d9a19d6965.jpg)
Refugiados en la Gare de Lyon en Paris durante la Primera Guerra Mundial. Paris, Francia, fotografía tomada entre 1914 y 1915.
Ningún organismo oficial llevó una cuenta minuciosa de las pérdidas de civiles durante los años de la guerra, pero los estudiosos afirman que 13 millones de no combatientes murieron como consecuencia directa o indirecta de las hostilidades.
La mortalidad de las poblaciones de militares y civiles llegó al punto máximo al final de la guerra con el brote de la «gripe española», la más mortífera epidemia de influenza de toda la historia. Como consecuencia del conflicto, millones de personas fueron desarraigadas o desplazadas de sus hogares en Europa y Asia Menor.
Las pérdidas industriales y de propiedades fueron catastróficas, especialmente en Francia y Bélgica, donde los enfrentamientos habían sido más intensos.
Consecuencias
Las onerosas compensaciones impuestas después de la Primera Guerra Mundial, junto con un período inflacionario general en Europa en la década de 1920 — otro resultado directo de una guerra catastrófica en términos materiales — provocó una espiral hiperinflacionaria del Reichsmark alemán en 1923.
Este período hiperinflacionario combinado con los efectos de la Gran Depresión (que comenzó en 1929) verdaderamente socavó la estabilidad de la economía alemana, liquidó los ahorros personales de la clase media y estimuló el desempleo masivo.
Semejante caos económico influyó de manera decisiva en el aumento del descontento social y desestabilizó a la frágil República de Weimar. Los esfuerzos de las potencias europeas occidentales por marginar a Alemania debilitaron y aislaron a sus líderes democráticos y acentuaron la necesidad de devolverle el prestigio a Alemania a través de la remilitarización y la expansión.
![German territorial losses, Treaty of Versailles, 1919 [LCID: ger71020]](https://encyclopedia.ushmm.org/images/large/31f9ccd9-a983-404e-b1c6-32acfacb2f7c.gif)
– Pérdidas territoriales alemanas, Tratado de Versalles de 1919:
Alemania perdió la Primera Guerra Mundial, y en el Tratado de Versalles de 1919, las potencias vencedoras (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y los otros estados aliados) impusieron a la derrotada Alemania disposiciones punitivas para su territorio, milicia y economía.
En el oeste, Alemania devolvió Alsacia-Lorena a Francia, de la que se había apoderado hacía más de 40 años.
Además, Bélgica recibió Eupen y Malmedy; la región industrial de Saar quedó bajo la administración de la Liga de Naciones durante 15 años; y Dinamarca recibió la región del norte de Schleswig. Finalmente, se desmilitarizó la región del Rin, es decir, no se permitían ni fuerzas militares ni fortificaciones alemanas.
En el este, Polonia recibió de parte de Alemania regiones de Prusia Occidental y Silesia. Además de esto, Checoslovaquia recibió de Alemania el distrito de Hultschin; la gran ciudad alemana de Danzig se convirtió en una ciudad libre protegida por la Liga de Naciones, y Memel, una pequeña franja territorial de Prusia oriental ubicada a lo largo del Mar Báltico quedó finalmente bajo el control de Lituania.
Alemania perdió todas sus colonias fuera de Europa. En total, Alemania perdió el 13% de su territorio europeo (más de 27.000 millas cuadradas [69.930 km2]) y un décimo de su población (entre 6,5 y 7 millones de personas).
La agitación social y económica que siguió a la Primera Guerra Mundial desestabilizó fuertemente a la incipiente democracia y dio lugar al surgimiento de muchos partidos de extrema derecha en la Alemania de Weimar.
En relación con las duras disposiciones del Tratado de Versalles, fue particularmente perjudicial la convicción cabal entre muchos integrantes de la población general de que Alemania había sido «apuñalada por la espalda» por los «criminales de noviembre»: aquellos que habían contribuido a formar el nuevo gobierno de Weimar y a mediar por la paz que los alemanes querían tan desesperadamente, pero que había finalizado de un modo tan desastroso con el Tratado de Versalles.
Muchos alemanes olvidaron que habían aplaudido la caída del káiser, que inicialmente habían recibido con agrado la reforma democrática parlamentaria y que habían celebrado el armisticio.
Recordaban solamente que la izquierda alemana — socialistas, comunistas y judíos, en el imaginario común — había entregado el honor alemán en favor de una paz ignominiosa cuando ningún ejército extranjero ni siquiera había tocado territorio alemán.
Esta Dolchstosslegende (leyenda de la puñalada por la espalda) fue iniciada y propagada por jefes militares alemanes retirados de la época de la guerra quienes, totalmente conscientes de que en 1918 la guerra se había vuelto insostenible para Alemania, le habían aconsejado al Káiser que buscara la paz. Esto contribuyó a desacreditar más a los círculos socialistas y liberales alemanes que estaban más comprometidos con el mantenimiento del frágil experimento democrático alemán.

Los Vernunftsrepublikaner («republicanos por razón»), personas como el historiador Friedrich Meinecke y el ganador del premio Nobel Thomas Mann, que al principio se habían resistido a la reforma democrática, ahora se sentían obligados a apoyar a la República de Weimar como el mal menor.
En ese sentido, trataron de alejar a sus compatriotas de la polarización de la extrema derecha y la extrema izquierda. Las promesas de la derecha nacionalista alemana de revisar el Tratado de Versalles por la fuerza, si era necesario, ganaban cada vez más aceptación entre los círculos respetables.
Mientras tanto, el fantasma de la inminente amenaza comunista, después de la Revolución Bolchevique en Rusia y la corta duración de las revoluciones o los golpes comunistas en Hungría (Béla Kun) y en la propia Alemania (por ejemplo, el levantamiento espartaquista), inclinó el sentimiento político alemán decididamente hacia las causas de la derecha.
Los agitadores de la izquierda política cumplieron duras sentencias en prisión por inspirar el descontento político.
Por otro lado, los activistas de extrema derecha como Adolf Hitler, cuyo Partido Nazi había intentado deponer al gobierno de Bavaria y comenzar una «revolución nacional» en el Putsch de la cervecería de noviembre de 1923, solo cumplieron nueve meses de una sentencia de cinco años de prisión por traición, que era un delito capital. Mientras cumplía sentencia en prisión escribió su manifiesto político, Mein Kampf (Mi lucha).
Las dificultades impuestas por el descontento social y económico tras la Primera Guerra Mundial y sus onerosos términos de paz, así como el miedo irracional que sentían las clases medias alemanas a que los comunistas tomaran el poder, socavaron las soluciones democráticas pluralistas en la Alemania de Weimar.
También aumentaron el anhelo público de una dirección más autoritaria, un tipo de liderazgo que los votantes alemanes finalmente por desgracia encontraron en Adolf Hitler y su Partido Nacionalsocialista.
Por condiciones similares también se beneficiaron los gobiernos autoritarios y totalitarios de Europa Oriental, comenzando con los perdedores de la Primera Guerra Mundial, y a la larga se elevaron los niveles de tolerancia y consentimiento del antisemitismo y la discriminación de las minorías nacionales de toda la región.
Finalmente, la destrucción y las catastróficas pérdidas de vidas durante la Primera Guerra Mundial condujeron a lo que se podría describir mejor como desesperanza cultural en muchos países que habían combatido en la guerra.
La desilusión respecto a la política nacional e internacional y un sentimiento de desconfianza respecto a los líderes políticos y los funcionarios de gobierno impregnaron la conciencia de un público que había sido testigo de los estragos de un devastador conflicto de cuatro años.
La mayor parte de los países europeos prácticamente había perdido una generación de hombres jóvenes.
Mientras algunos escritores como el alemán Ernst Jünger glorificaban la violencia de la guerra y el contexto nacional del conflicto en su obra de 1920, Tormenta de acero (Stahlgewittern), fue el relato vívido y realista de la guerra de trincheras descrita en la obra maestra de 1929 de Erich Maria Remarque, Sin novedad en el frente occidental (Im Westen nichts Neues) la que captó la experiencia de las tropas en el frente y expresó la alienación de la «generación perdida» que volvió de la guerra y descubrió que no se podía adaptar a los tiempos de paz y que resultaba trágicamente malinterpretada por una población del frente nacional que no había vivido personalmente los horrores de la guerra.

En algunos círculos, esta distancia y desilusión con respecto a la política y al conflicto fomentó un aumento en el sentimiento pacifista. En Estados Unidos, la opinión pública estaba a favor del regreso al aislacionismo.
Ese sentimiento popular estaba en la raíz de la negativa del Senado estadounidense a ratificar el Tratado de Versalles y a aprobar la pertenencia de Estados Unidos a la Liga de Naciones propuesta por el presidente Wilson.
Para una generación de alemanes, esta alienación social y desilusión política fue captada por el autor alemán Hans Fallada en ¿Y ahora qué? (Kleiner Mann, was nun?), la historia de un alemán común y corriente, que es alcanzado por la agitación de la crisis económica y el desempleo, y es igualmente vulnerable a la atracción peligrosa de la política de extrema derecha y extrema izquierda.
La novela de Fallada de 1932 retrata con precisión a la Alemania de su tiempo: un país inmerso en el descontento económico y social y polarizado en los extremos opuestos del espectro político.
Muchas de las causas de este desorden tenían raíz en la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias; y el camino tomado por Alemania conduciría a una guerra aún más destructiva en los años siguientes.
Tratados y compensaciones
Después de la devastación de la Primera Guerra Mundial, las Potencias Occidentales victoriosas impusieron una serie de duros tratados a los países derrotados. Estos tratados despojaron a las Potencias Centrales (Alemania, Austria-Hungría, junto con la Turquía otomana y Bulgaria) de importantes territorios y les impusieron significativos pagos de compensaciones.
Casi nunca antes el mapa de Europa se había visto alterado tan fundamentalmente. Como consecuencia directa de la guerra, los Imperios alemán, austro-húngaro, ruso y otomano dejaron de existir. El Tratado de Saint-Germain-en-Laye del 10 de septiembre de 1919 estableció la República de Austria, formada por la mayoría de las regiones de habla alemana quitadas al Estado de los Habsburgo.
El Imperio Austríaco cedió tierras de la corona a Estados sucesores recientemente establecidos como Checoslovaquia, Polonia y el Reino de los eslovenos, croatas y serbios al que se llamó Yugoslavia en 1929.
También cedió el Tirol del Sur, Trieste, Trentino e Istria a Italia, y Bucovina a Rumania. Un importante punto del tratado impedía que Austria comprometiera su reciente independencia.
Esta restricción le prohibía efectivamente que se unificara con Alemania, un objetivo largamente deseado por los «pangermanistas» y una atractiva meta para el austríaco Adolf Hitler y su Partido Nacionalsocialista (Nazi).
La otra parte de la Monarquía austrohúngara, Hungría, también se convirtió en un Estado independiente: en virtud de los términos del Tratado de Trianon (noviembre de 1920), Hungría le cedió Transilvania a Rumania; Eslovaquia y Rutenia Transcarpática a la recientemente formada Checoslovaquia; y otras tierras de la corona húngara a la futura Yugoslavia.
El Imperio Otomano firmó el Tratado de Sèvres el 10 de agosto de 1920, que puso fin a las hostilidades con las Potencias Aliadas; pero poco después comenzó la Guerra de la Independencia Turca. La nueva República de Turquía, establecida como consecuencia, firmó el Tratado de Lausana en 1923, que invalidó al de Sèvres y dividió efectivamente al antiguo Imperio Otomano.
En enero de 1918, unos diez meses antes del final de la Primera Guerra Mundial, el presidente estadounidense Woodrow Wilson había escrito una lista de objetivos propuestos para la guerra a los que llamó los «Catorce puntos».
Ocho de estos puntos trataban específicamente sobre acuerdos territoriales y políticos relacionados con la victoria de las Potencias de la Entente, incluyendo la idea de la autodeterminación nacional de las poblaciones étnicas de Europa.
El resto de estos principios se concentraba en evitar la guerra en el futuro, y en el último proponía que una Liga de Naciones arbitrara futuras contiendas internacionales. Wilson esperaba que su propuesta diera lugar a una paz justa y duradera, una «paz sin victoria» a fin de terminar la «guerra para poner fin a todas las guerras».
Cuando los líderes alemanes firmaron el armisticio, muchos de ellos creían que los Catorce Puntos formarían la base del futuro tratado de paz, pero cuando los jefes de gobierno de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia e Italia se reunieron en París para discutir los términos del tratado, el contingente europeo de los «Cuatro Grandes» tenía otros planes.
Como consideraban que Alemania era el principal instigador del conflicto, las Potencias Aliadas europeas finalmente impusieron en el tratado obligaciones particularmente estrictas sobre la derrotada Alemania.
El Tratado de Versalles, presentado a los líderes alemanes para que lo firmaran el 7 de mayo de 1919, forzaba a Alemania a ceder territorios a Bélgica (Cantones del Este), Checoslovaquia (distrito de Hultschin) y Polonia (Poznan, Prusia Occidental y Alta Silesia). Alsacia y Lorena, anexadas en 1871 después de la Guerra Franco-Prusiana, volvieron a Francia.
Todas las colonias alemanas de ultramar se convirtieron en Mandatos de la Liga de Naciones, y la ciudad de Danzig, con mayoría étnica alemana, se convirtió en una ciudad libre.
El tratado exigía la desmilitarización y la ocupación de la región del Rin, y un estatus especial para el Saarland bajo control francés. El futuro de las áreas del norte de Schleswig en la frontera entre Dinamarca y Alemania y partes de Alta Silesia se determinaría mediante plebiscitos.
Quizás la parte más humillante del tratado para la derrotada Alemania era el Artículo 231, comúnmente conocido como «Cláusula de Culpabilidad de la Guerra», que obligaba a Alemania a aceptar la responsabilidad absoluta del inicio de la Primera Guerra Mundial.
Como tal, Alemania era responsable de todos los daños materiales, y el primer ministro de Francia, Georges Clemenceau, insistió particularmente en imponer enormes pagos de compensación.
Conscientes de que Alemania probablemente no podría pagar una deuda tan elevada, Clemenceau y los franceses de todos modos temían enormemente que Alemania se recuperara con rapidez y emprendiera una nueva guerra contra Francia.
Por lo tanto, en el sistema de tratados de la posguerra, los franceses intentaron ponerle trabas a los esfuerzos alemanes por recuperar su superioridad económica y rearmarse.

El presidente estadounidense Woodrow Wilson sonríe mientras encabeza la procesión que siguió al Tratado de Versalles. Aunque Wilson negoció personalmente el tratado, nunca fue ratificado por el Congreso.
El ejército alemán se limitaría a 100 mil hombres y se prohibiría el servicio militar obligatorio. El tratado restringía la Armada a buques de menos de 100 mil toneladas y contenía una prohibición de adquirir o tener una flota de submarinos.
Además, Alemania tenía prohibido tener fuerza aérea. Alemania estaba obligada a llevar adelante juicios por crímenes de guerra contra el káiser y otros líderes por emprender una guerra de agresión. El Juicio de Leipzig, sin el káiser ni otros líderes nacionales importantes en el banquillo de los acusados, tuvo como consecuencia principalmente absoluciones y fue ampliamente percibido como una farsa, incluso en Alemania.
El recientemente formado gobierno democrático alemán vio al Tratado de Versalles como una «paz impuesta» (Diktat). Sin bien Francia, que había sufrido más en el plano material que los demás miembros del grupo de los «Cuatro Grandes», había insistido en la dureza de los términos, el tratado de paz en última instancia no ayudó a resolver las disputas internacionales que habían dado origen a la Primera Guerra Mundial.
Por el contrario, tendía a impedir la cooperación intereuropea y complicaba más los problemas subyacentes que habían causado la guerra en primer lugar.
Los horribles sacrificios de guerra y las tremendas pérdidas de vidas, sufridas por todas las partes, pesaron enormemente no solo sobre los perdedores del conflicto, sino también sobre los combatientes del lado ganador, como Italia, cuyos botines de posguerra parecían no guardar relación con el precio que su nación había tenido que pagar en sangre y bienes materiales.
Para las poblaciones de las potencias derrotadas — Alemania, Austria, Hungría y Bulgaria — los respectivos tratados de paz parecían un injusto castigo.
Sus gobiernos, ya fuera democráticos como los de Alemania o Austria, o autoritarios, como el caso de Hungría e, intermitentes, en Bulgaria, rápidamente recurrieron a la violación de los términos militares y financieros de los acuerdos.
Los esfuerzos por revisar y desafiar las disposiciones más pesadas de la paz se convirtieron en elementos clave en sus respectivas políticas exteriores y resultaron ser elementos desestabilizadores para la política internacional.
Por ejemplo, la cláusula de culpabilidad de la guerra, los pagos de compensación que conllevaba y las limitaciones militares alemanas eran particularmente pesados para la mentalidad de la mayoría de los alemanes.
La revisión del Tratado de Versalles representaba una de las plataformas que le dio a los partidos de extrema derecha de Alemania, incluso el Partido Nazi de Hitler, una enorme credibilidad ante la mayoría de los votantes a comienzos de la década de 1920 y 1930.

La delegación rusa enviada a Brest Litovsk para la firma del tratado con las potencias centrales. En la fila superior, se puede distinguir a León Trotsky, el segundo por la derecha.
Adolf Hitler y la Primera Guerra Mundial: 1913-1919
Hitler se mudó a Munich, Alemania, en mayo de 1913. Lo hizo para evitar que lo arrestaran por evadir su obligación de servicio militar en la Austria de los Habsburgo, y financiado por la última cuota de la herencia de su padre.
En Munich, siguió a la deriva, viviendo de sus acuarelas y bosquejos hasta que la Primera Guerra Mundial dio una dirección a su vida y una causa con la cual se comprometería totalmente. Según relatos que aún perduran, Hitler era un soldado valiente: fue ascendido al rango de cabo, resultó herido dos veces (en 1916 y 1918) y recibió varias medallas.
Aunque, según trascendió, no se brindaba a extensos discursos políticos en esta época, Hitler parecía ser arrastrado por un antisemitismo político cada vez más despiadado promulgado por la extrema derecha y que se filtró en la jerarquía militar durante los dos últimos años de la guerra.
En octubre de 1918, Hitler quedó parcialmente ciego en un ataque de gas mostaza cerca de Ypres, Bélgica. Lo enviaron al hospital militar, donde recibió la noticia del armisticio del 11 de noviembre de 1918, cuando estaba recuperándose.

Adolf Hitler (fila del frente, extrema izquierda) prestó servicio en el frente occidental durante la Primera Guerra Mundial y recibió dos condecoraciones de servicio en ese período; resultó herido y estuvo temporalmente ciego debido a un ataque con gas mostaza. En las campañas electorales posteriores aprovechó su situación de veterano.
El fin de la guerra fue un desastre emocional para Hitler también. Provocó la amenaza de la desmovilización, lo cual lo separó de la única comunidad en la que se había sentido cómodo y lo devolvió a una vida civil en la que no tenía rumbo ni perspectivas profesionales.
El ejército alemán (Reichswehr) empleó a Adolf Hitler como docente e informante confidencial. Fue en su carácter de informante confidencial que Hitler asistió a una reunión del Partido Obrero Alemán (Deutsche Arbeiterpartei, DAP) en una cervecería el 12 de septiembre de 1919.
Si sus años en Viena y el campo de batalla fueron etapas importantes para el desarrollo de una ideología global en Hitler, su servicio en el ejército en 1919 parece haber formado su compromiso con un antisemitismo basado en la teoría racial social de Darwin y la creación de un nacionalismo común fundado en la necesidad de combatir el poder externo e interno de los judíos.
El 16 de septiembre de 1919, Hitler emitió su primer comentario escrito sobre el denominado problema judío. Definió a los judíos como una raza y no como una comunidad religiosa, describió el efecto de la presencia judía como una “tuberculosis racial de los pueblos” e identificó que la meta inicial del gobierno alemán era la legislación discriminatoria contra los judíos. La “meta final debe ser, definitivamente, la eliminación total de los judíos”.
El antisemitismo en la historia: Primera Guerra Mundial
Antes de la Primera Guerra Mundial, el antisemitismo racista se limitaba a la extrema derecha de la política por casi toda Europa y en los Estados Unidos. No obstante, entre las personas no judías persistían los estereotipos de los judíos y el «comportamiento» judío.
Tres tendencias que se desarrollaron durante e inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial trajeron antisemitismo, incluida su variante racista, a la corriente dominante de la política europea.
En primer lugar, para las naciones que perdieron la guerra, la atroz masacre en el campo de batalla, la primera experiencia de Europa con la muerte en masa provocada por el hombre, pareció ser un sacrificio en vano. Parecía inexplicable excepto por una insidiosa traición interna.
Una leyenda de puñalada trapera atribuyó la derrota alemana y austriaca en la Primera Guerra Mundial a traidores internos que trabajaban en pos de intereses ajenos, principalmente judíos y comunistas.
Esta leyenda fue ampliamente creída y deliberadamente diseminada por la dirigencia militar alemana derrotada, en busca de evitar consecuencias personales por sus políticas.
Al igual que otros estereotipos negativos sobre los judíos, la leyenda de la puñalada trapera era creída a pesar de ser absolutamente falsa: Los judíos alemanes habían servido a las fuerzas armadas alemanas con lealtad, coraje y desproporcionadamente con respecto a su porcentaje de la población.
En segundo lugar, la Revolución Bolchevique, el establecimiento de la Unión Soviética y los efímeros experimentos con la dictadura comunista en Bavaria y Hungría amedrentaban a la clase media de toda Europa e incluso cruzando el Atlántico en los Estados Unidos.
La prominencia de algunos comunistas de ascendencia judía en los regímenes revolucionarios (León Trotsky en la Unión Soviética, Béla Kun en Hungría y Ernest Toller en Bavaria) confirmó a los antisemitas la atracción «natural» de los judíos y el comunismo internacional.
En tercer lugar, en Alemania, Austria y Hungría, el estigma, expresado en las cláusulas del sistema del Tratado de Versalles, de ser acusados de iniciar la guerra y de tener que cargar con el peso de pagar los daños a los vencedores, generó la ira y frustración general en todo el espectro político. La extrema derecha podría entonces explotar políticamente esta ira y frustración.

Entre los nuevos estereotipos acerca del «comportamiento» de los judíos que surgieron en los albores de la Primera Guerra Mundial y que se propagaron deliberadamente junto con antiguos prejuicios se incluían los siguientes mitos:
1) los judíos habían iniciado la guerra para llevar a Europa a la ruina económica y política y para hacerla susceptible al «control» judío.
2) los judíos explotaron la miseria de la guerra para enriquecerse y la prolongaron para dirigir la Revolución Bolchevique en pos de impulsar el objetivo de una revolución mundial.
3) Con su cobardía heredada y su deslealtad instintiva que los predisponía en contra de defender a la nación, los judíos fueron responsables del perjudicial malestar detrás del frente y apuñalaron a las tropas combatientes por la espalda (lo que causó la derrota militar y la revolución democrática/socialista).
4) Los judíos extranjeros dominaban las negociaciones de paz y lograron dividir a los alemanes y húngaros mediante fronteras nacionales artificiales, mientras sus co-conspiradores, los judíos nacionales, llevaron por mal camino a la nación a su «rendición» y permanente «esclavitud».
5) Los judíos controlaban las complejas finanzas del sistema de reparaciones para su propio beneficio.
6) Al haber establecido la democracia constitucional, los judíos la utilizaron para debilitar la voluntad política de la nación de resistir su influencia y destruir la base de la sangre aria superior fomentando la endogamia, la libertad sexual y el mestizaje.
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El ‘cuento ilustrado’ más antiguo que se conoce tiene más de 51.000 años

Sinc(E. Rodríguez) — En la cueva caliza de Leang Karampuang, en la región de Maros-Pangkep al sur de la isla de Célebes o Sulawesi (Indonesia), se ha hallado una pintura que retrata una historia con tres figuras humanas que interactúan con un cerdo salvaje. Una nueva técnica de datación revela que se pintó hace al menos 51.200 años.
Un equipo de científicos, codirigido por investigadores de la Universidad australiana de Griffith, la Agencia Nacional de Indonesia y la Southern Cross University, apunta esta semana en la revista Nature que podría ser la prueba más antigua conocida de narración de historias en el arte.
“Por primera vez disponemos de arte rupestre datado con fiabilidad más allá de los 50.000 años. Antes de este trabajo, la prueba más antigua de la creación de imágenes en humanos son los nódulos de ocre grabados en piedra, encontrados en el yacimiento de la cueva de Blombos, en Sudáfrica, datados hace 100.000 años. No hay nada más entre medias que conozcamos en la actualidad”, dice a SINC el coautor Maxime Aubert, investigador de la Universidad de Griffith.
Por primera vez disponemos de arte rupestre datado con fiabilidad más allá de los 50.000 años (Maxime Aubert, investigador de la Universidad de Griffith.)
La datación de estos yacimientos de la isla de Célebes demuestra que las pruebas de narración de historias tienen un origen mucho más profundo y antiguo que evidencias similares del arte rupestre europeo.
Este hallazgo tiene importantes implicaciones para nuestra comprensión del origen del arte primitivo. «Nuestros resultados son muy sorprendentes: ninguna de las famosas obras de arte en cuevas europeas de la Edad de Hielo es tan antigua como esta, a excepción de algunos controvertidos hallazgos en España”, apunta Adhi Agus Oktaviana, especialista indonesio en arte rupestre de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación en Yakarta, que lidera el estudio.

– Revolución en la datación del arte rupestre
En concreto, los resultados del novedoso método de análisis que han aplicado, con escaneo o imágenes de series de uranio por ablación láser (serie LA-U), les han permitido datar capas diminutas de carbonato cálcico que se habían formado sobre la obra. Así se ha descubierto que esta obra artística tiene una antigüedad de al menos 51.200 años, lo que la convierte en la imagen de arte rupestre narrativo más antigua conocida con una datación fiable.
“Desarrollamos esta metodología que supone una mejora significativa con respecto a otras y debería revolucionar la datación del arte rupestre en todo el mundo. Con este nuevo enfoque, datamos la prueba más antigua de narración de historias que se conocía y que se creó hace 48.000 años y el mismo método lo hemos aplicado al yacimiento recién descubierto”, añade le investigador.
El método ya lo utilizaron en la cueva de Leang Bulu’ Sipong 4, también en Indonesia, en una «escena» narrativa que representa figuras de teriántropos (seres en parte humanos y en parte animales) cazando cerdos verrugosos y búfalos enanos. Anteriormente, había sido datada por el equipo hace al menos 44.000 años y con esta técnica demostraron que es unos 4.000 años más antigua.
«Es digno de mención que el arte rupestre más antiguo que hemos encontrado hasta ahora en Sulawesi consiste en escenas reconocibles: es decir, pinturas que representan a seres humanos y animales interactuando de tal manera que podemos deducir que el artista pretendía comunicar una narración de algún tipo», apunta Adam Brumm, del Centro Australiano de Investigación sobre la Evolución Humana (ARCHE) de Griffith.
El profesor Brumm afirma que se trataba de un hallazgo novedoso, ya que la visión académica de las primeras pinturas rupestres figurativas era que consistían en paneles con una sola figura en los que no se apreciaban escenas evidentes, y que las representaciones pictóricas de relatos no eran evidentes.
“El arte rupestre más antiguo de Sulawesi no es ‘simple’, es bastante avanzado y muestra la capacidad mental de la gente de la época. También sugiere que esta destreza debe tener un origen mucho más antiguo, probablemente en África, y que posiblemente haya arte en cavernas más antiguo esperando a ser descubierto y datado”, enfatiza Aubert.
Las investigaciones anteriores de este equipo en la región sugerían que el arte rupestre surgió al menos al mismo tiempo en Europa Occidental y el Sudeste Asiático, pero estos nuevos hallazgos demostrarían que el arte rupestre es más antiguo en el Sudeste Asiático, “aunque sabíamos que los humanos modernos estuvieron en esta región antes de llegar a Europa”, asegura el experto.

– Quién estaría detrás de su autoría
Todos los yacimientos se encuentran en una pequeña zona del suroeste de Sulawesi. La población local está muy orgullosa de este arte rupestre, pero afirma no tener ninguna relación con él. La mayoría de los habitantes de Indonesia proceden de un grupo de marinos y agricultores (los austronesios) que llegaron al archipiélago hace unos 4.000 años.
Los autores creen que estas pinturas fueron hechas por humanos modernos, pero no excluyen completamente que otras especies humanas también pudieran haberlas hecho. “Sabemos por el ADN de los indígenas de Papúa que hubo al menos tres especies que se aparearon con humanos modernos en la región y no sabemos nada de ellas. El arte rupestre más antiguo que hemos datado hasta ahora ya es bastante complejo, con arte figurativo y narración de historias, por lo que puede tener un origen mucho más profundo”, señala Aubert.
Los cuatro yacimientos más antiguos de Sulawesi son todos de escenas narrativas. Esto demuestra que el pintor o los pintores pretenden transmitir más información sobre las pinturas que solo una imagen estática individual.
“Nos están diciendo cómo mirarlas en asociación”, apunta el científico, que concluye: “Nosotros, como humanos, nos definimos como una especie que cuenta historias, y estas son las pruebas más antiguas de que lo hacemos”.
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The Beatles a más de 40 años del adiós…

1970 fue un año convulso para la música. Y esencial para el rock, porque fue el año en que The Beatles, la formación británcia que había revolucionado por completo el panorama musical juvenil, mucho más allá de lo que en la década anterior pudiera haberlo hecho Elvis Presley, anunciaba su separación definitiva el día 10 de abril. Un mes después, el 8 de mayo, veía la luz el último disco oficial del grupo, Let it be. De aquel adiós se cumplen estos días 40 años.
Los Beatles terminaban su ‘década prodigiosa’ de la peor manera posible. Quienes habían sido inseparables compañeros de aventuras musicales y los principales instigadores de la revolución pop de los años sesenta andaban ahora tirándose los trastos a la cabeza y despreciándose mutuamente.
La aparición de los egos personales y, sobre todo, las influencias emocionales de dos mujeres enfrentadas, Linda Eastman y Yoko Ono, compañeras sentimentales de Paul McCartney y John Lennon, respectivamente, habían llevado el grupo al traste. Las tensiones que habían comenzado a percibirse como pequeños temblores durante las sesiones de grabación de The white album, en 1968, terminaron por ser un verdadero terremoto hacia finales de 1969.
The Beatles, que descubrieron nuevos caminos musicales a raíz de la publicación, en 1967, de Sargeant Pepper’s lonely hearts club band, habían decidido dejar de tocar en directo y de realizar giras para concentrarse en su trabajo en estudio, que requería grandes orquestaciones, efectos de sonido y multitud de músicos de sesión, lo que hacía imposible que esas obras pudieran sonar en vivo con la misma calidad del estudio.
El alejamiento de los escenarios y del público, si bien propició unos discos tremendamente buenos y originales, había terminado por enclaustrar al grupo y alejarlo de la calle.
Consciente de ello y tratando de evitar el fin a toda costa de The Beatles como grupo, el bajista Paul McCartney, en uno de los escasos días de sosiego que hubo en la banda, sugirió grabar un disco sin alardes orquestales con vista a ser tocado en directo y a devolver al grupo a las giras, algo que no hacían desde 1966. Los demás miembros estuvieron de acuerdo.
El disco se llamaría Get back (‘Vuelve’) y estaría acompañado de un documental en el que se narraría todo el proceso de ensayos y de composición de canciones que realizaba la banda. El documental sería filmado por Michael Lindsay-Hogg.
El 2 de enero de 1969 comenzaron las primeras sesiones tanto de grabación musical como de filmación documental en los estudios cinematográficos Twickenham de Londres. El comienzo era prometedor, pero el ambiente en el que se vieron inmersos Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr se vio pronto muy enrarecido: el grupo no estaba acostumbrado a trabajar en un estudio cinematográfico.
Su medio eran los estudios de grabación, en donde podían pasarse las noches enteras grabando y bebiendo alcohol, y no una nave fría en la que estaba rodeados de técnicos de luces, cámaras y especialistas obligándoles a repetir tomas una y otra vez.
A ello se unía el hecho de que John Lennon apenas sentía ningún interés por el futuro de la banda y sí mucho por el de sus proyectos musicales con su novia japonesa. George Harrison, por su parte, tenía muy claro que iba a emprender una carrera en solitario.
Hasta tal punto la cosa se puso tensa que Harrison anunció al resto del grupo, el 10 de enero, apenas una semana después de comenzado el rodaje, que dejaba a The Beatles. Finalmente, Paul McCartney logró convencerlo para que siguiera en el grupo, pero el principio del fin ya estaba cerca.

Fue, paradójicamente, el propio Harrison el que reactivó el proyecto de Get back cuando un día propuso que entrase como músico de acompañamiento en el grupo el teclista Billy Preston. La presencia de Preston en los ensayos relajó muchísimo el ambiente y devolvió el entusiasmo de los miembros de la banda por tocar juntos. A ello se unió la propuesta de The Beatles de dejar de rodar en los estudios Twickenham y hacerlo en su lugar en los estudios de grabación del sello discográfico de la banda, Apple.
El siguiente objetivo que se marcaron The Beatles fue preparar un gran concierto en directo con los nuevos temas que estaban componiendo. Surgieron toda clase de ideas alocadas, desde la de tocar en un hospital para niños enfermos hasta irse a las pirámides de Egipto. Finalmente, alguien propuso que, en lugar de complicar tanto el proceso, había una magnífica azotea en el mismo edificio de Apple que podría ser utilizada como escenario sorpresa.
Dicho y hecho, el 30 de enero de 1969, los técnicos de The Beatles subieron los instrumentos y los amplificadores a la azotea y, a la hora del almuerzo, la banda, combatiendo el frío, comenzó a tocar.
La sorpresa fue mayúscula para los transeúntes y, poco a poco, la zona fue llenándose de fans incrédulos de la banda, sorprendidos de escucharlos tocar juntos de nuevo y volviendo a sus orígenes más rockeros. Finalmente, ante las quejas de algunos comercios cercanos por el ruido que salía despedido de aquella azotea, la policía tuvo que intervenir y detener el concierto. Pero lo filmado quedaba como un documento único en la historia del rock: sería la última vez que se veía juntos a los miembros del cuarteto de Liverpool.

Al día siguiente, el grupo grabó de una tacada en el estudio el resto de los temas que conformarían el disco conocido como Let it be. Las grabaciones quedaban listas para ser mezcladas y editadas.
Sin embargo, la experiencia había supuesto tal catarsis en la banda que John Lennon propuso grabar un disco en estudio mientras pensaban qué hacían con ese material. The Beatles se pusieron semanas después a trabajar en lo que sería técnicamente su último disco, pero que saldría publicado antes que Let it be: Abbey Road, tal vez su mejor obra.
Entretanto, Lennon se dedicó a mirar todas las cintas de las sesiones de Let it be y pensó que, para esta ocasión, sería mejor contar con una producción diferente a la que habitualmente hacía George Martin. Se puso en contacto con el productor norteamericano Phil Spector, que accedió a hacerse cargo de las cintas.
Sobre material entregado por Lennon, Spector aplicó su vieja máxima de ‘muros de sonido’ con una orquesta sinfónica respaldando algunos temas y muchos efectos. El resultado no gustó en absoluto a Paul McCartney, que lo que quería era, precisamente, evitar todo eso y mostrar el sonido más crudo de The Beatles. Las discusiones hicieron que el proyecto de Let it be se retrasara y que diera tiempo para sacar a la calle Abbey Road.
Finalmente, a regañadientes, McCartney aceptaría la publicación de Let it be con la producción de Phil Spector. Pero el clima estaba tan deteriorado ya que trabajaba a escondidas en su primer disco en solitario: McCartney. A comienzos de 1970, ninguno estaba ya interesado en The Beatles y sí muy concentrados en sus proyectos individuales. McCartney anunció, el 10 de abril, el final del grupo. Un mes después, salía el disco. Era el fin de toda una era.
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La Iglesia, las iglesias y los hombres de Iglesia (una aproximación)…

1. El intendente que no tocaba las campanas
JotDown(A.V.Francés) — ¿Se puede condenar a un hombre por prohibir tocar unas campanas? Por supuesto que sí.
¿Se le puede condenar a pesar de sus múltiples servicios prestados, a pesar de desempeñar eficientemente el trabajo encomendado, de ser un leal y abnegado funcionario real y de haber proporcionado a la institución que lo quiere condenar la nada desdeñable cifra de 6000 nuevos feligreses? Pues sí. Se puede. Y tanto que se puede.
Veamos el caso del intendente Olavide.
Pablo Antonio José de Olavide y Jáuregui había nacido en Lima y había llegado a la Península después de una serie de sucesos que aquí no hace falta narrar.
Además de funcionario real, era un intelectual ilustrado. Lo cual no le ayudó precisamente, como veremos.
Era muy aficionado al teatro.
En Madrid monta una tertulia y teatrillo en su domicilio donde se representan obras traducidas por sus amigos y traduce él mismo obras francesas.
Especial devoción tuvo por Racine y Voltaire; este último fue sin duda el autor francés más traducido por Olavide, a quien conocía personalmente. También creó la primera escuela de arte dramático del país.
Carlos III le encomendará los proyectos de colonización en diversas zonas del sur de España, siendo nombrado intendente de Sevilla y del Ejército de Andalucía y superintendente de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía.
Como intendente de los cuatro reinos de Andalucía (Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada) Olavide gozaría de autoridad sobre los intendentes locales, en asuntos militares y de guerra. Pero su cargo municipal le daba plenos poderes en todo lo tocante a justicia, política y hacienda.
La colonización de Sierra Morena es su mayor proyecto. Se llevaron unos 6000 colonos (campesinos alemanes católicos) repartidos por distintas fundaciones: La Carolina, La Carlota, La Luisiana y otras, hasta un total de quince pueblos fundados en el proceso.
En 1775 se le abrió proceso inquisitorial y fue acusado de haber sostenido proposiciones heréticas, tales como haber defendido el sistema de Copérnico y “haber prohibido en las colonias que se tocasen las campanas a muerto, para que no se abatiese el ánimo de los pobladores que diariamente diezmaba la peste”.
También se le acusa de defender la moralidad del teatro y de permitir los bailes públicos. Ingresa en prisión a fines de 1776. Fue declarado: “hereje, infame y miembro podrido de la Religión”.
Se le condenó a exilio perpetuo de Madrid, de las residencias reales, de Lima, de Andalucía; a ocho años de reclusión en un monasterio, bajo las órdenes de un director de conciencia, que le enseñaría todos los días la doctrina y los dogmas de la fe católica, que le haría confesarse, oír misa, rezar el rosario y ayunar todos los viernes durante un año.
Además, solo podría leer algunas obras religiosas. Sus bienes quedaban confiscados y él mismo y sus descendientes hasta la quinta generación eran excluidos de todo empleo público.

Bien, hasta aquí los hechos.
Ahora alguna pregunta. ¿Por qué su rey no le ayudó?
Carlos III pasa por ser un rey ilustrado (y lo era) pero lo cierto es que no hizo mucho por ayudar a su intendente.
Bueno, algo hizo: evitó que lo quemaran en la hoguera.
Algo es algo, hay que decirlo.
Pero ¿no se merecía un funcionario que no ha sido acusado de robar, de abusar de su cargo, de hacer mal su trabajo, ni de nada de eso, algo más?
¿A cuántos funcionarios corruptos o incompetentes se ha protegido desde el poder? ¿No se merecía Olavide mejor suerte?
Dejemos que otro conteste esta pregunta:
…mal pagaron los sevillanos cuanto Olavide había hecho o intentado hacer en beneficio de la ciudad.
Las medias verdades, las equívocas interpretaciones, los fanáticos perjuicios y los fabulosos engendros del odio tomaron cuerpo en alas de la fácil murmuración, para crear la ‘leyenda del Asistente impío’, acusación que borraba ante los ojos de los piadosos ciudadanos todo otro valor humano que pudiera encontrarse en la conducta del magistrado público.
Hay ciertos pecados —la impiedad, la inmoralidad— que invalidan las más patrióticas y laudables intenciones, en aras de una concepción sacramentalizada de la vida, todavía vigente en la España de Carlos III.
Francisco Aguilar Piñal, La Sevilla de Olavide (1966).
Y otra pregunta… Estamos en 1776. Copérnico murió en 1543. Es cierto que su principal obra, De revolutionibus orbis coelestium, estuvo incluida en el Index Librorum Prohibitorum hasta 1758, pero no en 1776. Al menos no para la Iglesia romana. Por lo visto, aquí en la Península, alguno no se había enterado o no quería enterarse.
¿Y, por cierto, qué pasó con Olavide? Aprovechando que había sido trasladado a un balneario de Gerona por motivos de salud (padecía de gota), huyó a Francia donde estuvo exiliado 17 años, antes de que Carlos IV le permitiera regresar a España. De manera que por lo menos pudo morir en su tierra. Algo que a muchos otros les fue negado.
(Nota: como curiosidad conviene recordar la frase que Voltaire dijo de él: “Vos y cuarenta como vos necesita España”. No sé vosotros, pero yo creo que Voltaire se quedó corto).
2. ¿Qué hacían nuestros vecinos?
El caso de Olavide es un buen ejemplo de la situación de la Iglesia española en el siglo XVIII. ¿Pero, qué pasaba en Europa, en el mundo civilizado? Recordemos que los últimos juicios por brujería (solo por poner un ejemplo) datan de mediados del siglo XVIII, pero miremos más cerca, veamos el papel de la Iglesia en nuestros países vecinos: Francia y Portugal.
Un poco antes del citado juicio a Olavide ocurrió en Portugal un hecho terrible: el terremoto de Lisboa. Aquel suceso, verdaderamente espantoso (eso es innegable), fue visto por amplios sectores de la Iglesia de ese país (sobre todo por los jesuitas) como un castigo de Dios.
En esto la Iglesia portuguesa actuó como todas las iglesias del mundo: achacar los desastres naturales a los pecados humanos es algo tan viejo como el hombre.
Lo que cambió en este momento (o, en realidad, no cambió demasiado: solo que en este momento fue demasiado evidente) fue el hecho de utilizar la confusión, el dolor y la angustia del pueblo, ya desde los instantes inmediatos al terremoto, cuando las casas aún ardían y los muertos se apilaban bajo los escombros o flotaban en el mar (al terremoto le siguió un maremoto, con la particularidad de que muchos habitantes de Lisboa se habían refugiado en el puerto, con lo cual el maremoto provocó otra matanza enorme), para criticar la labor política de determinados ministros ilustrados.
Y hay que decir que tal actitud, principalmente propagada por los jesuitas, les resultó del todo contraproducente: el marqués de Pombal nunca les perdonó semejante hostilidad y en cuanto pudo se vengó de ellos haciendo que el rey los expulsara del país.
¿Y en Francia? Pues en Francia tenemos otro hecho terrible pero también, por momentos, muy brillante: la Revolución francesa.

¿Cuál fue la postura de la Iglesia francesa ante semejante acontecimiento?
Desde luego, la mayoría de la Iglesia, como pilar del Antiguo Régimen que era, se puso de parte del rey.
Pero dentro de la institución también hubo figuras que desafiaron la corriente general, que se pasaron de bando, que comprendieron que los viejos tiempos acababan para siempre (y en este caso era cierto: pese a serios intentos, como por ejemplo el reinado de Carlos X, el absolutismo en Francia no se restauró nunca) y que se pusieron a la cabeza de la revolución, al menos mientras esta no descarrió en la vía del radicalismo violento.
Nos referimos, entre otros, al abate Sieyés y al obispo Henri Grégoire.
El primero es de sobra conocido. Fue autor, entre otras cosas, del famoso panfleto revolucionario ¿Qué es el Tercer Estado? y uno de los inspiradores de la Asamblea Nacional.
Pero lo que más me interesa resaltar aquí es el hecho de que rechazara sentarse con los otros miembros del clero, convocados a los Estados Generales, y en su lugar optara por sentarse con los miembros del Tercer Estado, un gesto que ya era un desafío en sí mismo: nunca un miembro del clero convocado a unos Estados Generales se había sentado en otro sitio que en los asientos reservados para los de su estamento (y hay que recordar que entonces, y así lo pretendía el rey, el voto no era individual sino por estamento: el clero se sentaba unido y votaba unido).
Y el caso del segundo es, aunque menos conocido, igual de interesante. Henri Grégoire, entonces aún abate, fue el primer miembro de la Iglesia francesa que juró la Constitución Civil del Clero, que fue rechazada por todos los obispos y por la mitad de los sacerdotes de Francia y declarada, como no podía ser menos, “herética, sacrílega y cismática” por el papa Pio VI.
Además de eso, y por si fuera poco, podríamos decir que era un republicano convencido, que lanzaba frases furibundas contra la monarquía (como por ejemplo: “Los reyes son a la moralidad lo que los monstruos a la naturaleza”), que propuso a la Convención no solo la abolición de la monarquía, sino también llevar a juicio a Luis XVI(cosa que consiguió, como es sabido, aunque hay que decir que no estaba presente en la votación que condenó a muerte al rey), y que se ganó tantos enemigos dentro de la Iglesia que, muchos años después, en el lecho de muerte, el arzobispo de París se negó a administrarle los últimos sacramentos, y después, ya muerto, tampoco quiso darle cristiana sepultura.
Pero no solo dentro de la Iglesia tenía enemigos. Ya en plena revolución se enfrentó a Robespierre. Luego hizo lo mismo con Napoleón. Y cuando se produjo la restauración borbónica le acusaron de ser uno de “los asesinos del rey”. Pero lo que nos importa ahora es su postura frente a su propio grupo, el clero, un estamento, no lo olvidemos nunca, privilegiado dentro del Antiguo Régimen.
Así pues, podemos ver que en un momento histórico excepcional, en un momento en que todos tienen que tomar partido por un bando o por otro, hay algunas personas que se apartan de lo que “deberían hacer” para hacer lo que piensan que deben hacer. Son pocos, pero los hay.
¿Hay algún ejemplo así en nuestro país?
Pues sí. Algunos hay. La Iglesia española también tiene sus ovejas negras. Veamos un ejemplo.
3. Un obispo contra Franco. El caso deliberadamente silenciado de Francisco Vidal y Barraquer

La Carta Colectiva del Episcopado español a los obispos del mundo entero es un documento fechado el 1 de julio de 1937.
Estaba redactada por el cardenal primado de Toledo Isidro Gomá y respondía, previa petición directa de Franco, al intento de difundir al resto de la comunidad cristiana “las verdades” de la Guerra Civil española (o dicho de otro modo: por qué la Iglesia española en bloque apoyaba al bando nacional y por qué todos los cristianos del mundo debían hacer lo mismo).
Bien, esto es lo que se enseña en los libros de historia de este país destinados a la educación de los adolescentes (por ejemplo, libros de historia de 4.º de ESO).
Al menos en los libros en los que se menciona esta carta y, por ende, el papel de la Iglesia en la Guerra Civil.
Pero nótese que he utilizado unas cursivas unas líneas más arriba. En bloque… La Iglesia en bloque; eso da a entender que la firmaban todos los obispos.
Pues no, no están todos. Hay uno que falta. Uno que no quiso firmar: el arzobispo de Tarragona y cardenal Francisco Vidal y Barraquer.
Y no quiso firmar no porque no conociera de sobra la persecución roja (él mismo había estado a punto de ser fusilado por unos milicianos al principio de la Guerra Civil, y había visto cómo moría su obispo auxiliar, Manuel Borrás, que no había tenido tanta suerte), sino porque creía que aquella carta era un instrumento de manipulación propagandística por parte de Franco y que, en medio de una Guerra Civil, la Iglesia española, como Iglesia de todos los españoles, debía no decantarse de modo excluyente por una de las partes beligerantes.
Por estas ideas Franco le prohibió regresar a España una vez terminada la Guerra Civil (después de ser salvado in extremis de ser fusilado, el Gobierno de la Generalitat consiguió evacuarlo a Italia, donde pasó el resto de la guerra), e incluso presionó para que los papas Pio XI y Pio XII le obligaran a renunciar a sus cargos.
En este caso Franco no se pudo salir totalmente con la suya. Los papas no accedieron a su petición. Y eso que Franco se lo tomó tan a pecho y se puso tan pesado que, al final, hasta el mismo cardenal Gomá se molestó. Pero, pese a todo, el obispo de Tarragona nunca pudo volver a su sede. Murió en 1943. Él quería, ya que otra cosa no era posible, al menos ser enterrado en su tierra. Pero sus restos no fueron trasladados a España hasta 1978.

4. ¿Lo quemas tú o lo quemo yo?
Cómo colgaron a Margarita, que era hombre:
En el año 1460, lunes, a 28 de julio, en el mercado de Valencia, colgaron a Margarita, la cual era hombre, y se llamaba Miquel Borras, el cual era hijo de un notario de Mallorca e iba vestido como mujer, y estuvo en muchas casas de Valencia vestido de mujer, la cual cosa fue conocida, y fue presa y torturada. Y por causa de la dicha Margarita o Miquel, fueron presos algunos y torturados. No obstante, la dicha Margarita fue ahorcada, y la vistieron con camisa de hombre, y bien corta y sin calzones, de manera que mostraba bien todas sus vergüenzas
Dietario del Capellán de Alfonso el Magnánimo.
Este texto que acaban de leer no es una novela, es parte de un documento histórico. El conocido como Dietario del Capellán de Alfonso el Magnánimo es un manuscrito del que se conservan varias copias en diversos archivos históricos, atribuido por los estudiosos al clérigo Melchor Miralles y que se imprimió por primera vez en 1742 bajo el título: Dietari de varies coses en el Regne de Valencia y en altres parts, escrites per un capellà del Rey Don Alfonso el V de Aragó, fins al any 1478. Añadides altres memories diaries desde 1516 hasta 1588.
En él se relata el primer ahorcamiento de un travesti del que tengo noticia. Y es curioso, en este caso, el habitualmente parco en comentarios autor del manuscrito, se detiene en una serie de detalles, cosa que nos hace pensar que el caso debió llamarle expresamente la atención. Algo que no parece ocurrir con las condenas a muerte a los sodomitas, a los que se les reserva el castigo de ser quemados vivos.
Entre los años 1436 y 1478 tenemos un total de once sodomitas quemados en la hoguera, nueve en la ciudad de Valencia y dos en Gandía. El autor, en estos casos, se limita a escribir: “Lunes, a 15 de septiembre del año 66, quemaron a don Bernat del Bosch, caballero de Santiago, y a dos italianos, por sodomitas”.
Y así con el resto de los casos. Si se comparan estas cortas anotaciones con otras referidas a tormentas, riadas, incendios, bodas reales, ataques de piratas, hechos políticos, actos religiosos, o incluso crímenes comunes, llegamos a la conclusión de que la quema de sodomitas no debía ser algo excepcional.
Por cierto, en el caso de Bernat del Bosch, a mí me llama la atención que sea caballero de Santiago, que era un rango equivalente a la nobleza. El propio Velázquez estuvo toda su vida ansiando llevar la deseada cruz distintiva de la orden, y solo lo consiguió al final de su vida, como “gracia” personal de su rey, y por eso se pintó con ella en Las Meninas a posteriori (cuando pintó el cuadro aún no había sido admitido en la orden).
Es muy raro que a un noble se le queme por sodomía, o incluso que se le condene a muerte, a no ser que sea por traición y otros delitos muy graves. Tenemos el caso del conde de Villamediana y del conde de Lenos. Pero este es un suceso fuera de lo común y además nunca llegaron a ser formalmente acusados de sodomía (lo pagaron sus criados y esclavos: ellos sí que fueron quemados en la hoguera).

Otro delito de orden religioso que merece la hoguera es el pecado de blasfemia.
El autor del manuscrito nos cuenta que:
Marti Sabata, que era muy vicioso y de malas costumbres, tuvo un hijo y una hija de una esclava. Y el domingo, a 26 de noviembre, fue ajusticiado por blasfemar de Nuestro Señor y de la Virgen María.
(Poco después, el sábado dos de diciembre, se quemó a otro familiar, Joan Sabata, del que el cronista no especifica si era hermano o hijo, ni la causa de su condena, aunque debemos suponer que las dos muertes estaban relacionadas).
Todas estas muertes me remiten a una estupenda entrevista a Salman Rushdie, en la que, tras preguntarse si no debía ceder a las presiones de los islamistas radicales, se contestó a sí mismo que:
Y llegué a la conclusión de que sí, que era necesario encarar batalla. No solo eso, sino que se trataba del regreso a una lucha que creíamos haber ganado hacía tiempo. La batalla de la Ilustración. Hace 200 años estaba claro que el enemigo no era el Estado, sino la Iglesia. Que para crear un clima de auténtica libertad de pensamiento resultaba crucial derrotar el poder de la Iglesia para limitar lo que se podía decir. Acabar con las inquisiciones, las excomuniones, las torturas.
Que no podía permitirse a la religión dar permiso para decir lo que se podía decir. Gran parte de nuestra actual concepción de la libertad deriva de esa época. Creíamos que no íbamos a vernos obligados a volver a luchar por eso.
(El País Semanal, Nº 1878)
Las anotaciones de este capellán real me recuerdan una época que solemos olvidar. Ahora estas cosas nos parecen más propias del tercer mundo, de países como Pakistán, Afganistán, Somalia, Irán, Mali o Sudán. Pero no. Hace unos cuantos siglos nosotros éramos así, tan integristas como los integristas.
Pero este artículo va fundamentalmente de dos cuestiones. La quema de iglesias y de conventos por parte del propio pueblo español (las quemas producidas por tropas extranjeras, principalmente francesas, en las guerras napoleónicas, o las quemas accidentales, como por ejemplo en la destrucción de Játiva en la guerra de Sucesión, no me interesan), y el uso político del Tribunal de la Inquisición, del que veremos dos ejemplos (y recalco la palabra “político”).
Vamos con la primera cuestión…
Aunque si se le pregunta a cualquiera que sepa algo de historia por la quema de iglesias y conventos nos hablará sobre los episodios de la Segunda República o de la Semana Trágica de Barcelona, lo cierto es que la primera gran quema de edificios religiosos por parte de la propia población de una ciudad tuvo lugar en Madrid en los años 1834 y 1835.
Esta fecha es importante. En 1808 el país era invadido por Napoleón, se producían saqueos y destrucciones de edificios religiosos y el pueblo se ponía de parte de su Iglesia. En 1812-1814, el periodo más intenso de la guerra, el pueblo y los curas luchaban juntos contra los franceses (el conocido caso de Jerónimo Merino Cob, “El cura Merino”, por ejemplo, que luchó como guerrillero primero contra los franceses y luego en las filas carlistas).
En cambio, en 1834-35, el pueblo ya no defendía a muerte sus conventos, los quemaba. ¿Qué había pasado para que en un periodo tan corto el pueblo se separará tanto de su Iglesia como para acabar considerándola una enemiga?
Varias cosas: la muerte de Fernando VII provoca la primera guerra carlista. Y los curas mayoritariamente optan por el bando carlista. Pero ya antes habían pasado una serie de hechos muy a tener en cuenta, sobre todo el Trienio Liberal, y también la crisis económica en la que estaba inmerso, como no podía ser de otra manera, el absolutismo español.
Además, en 1834 tiene lugar una epidemia de cólera, y se hace correr el rumor de que “el agua de las fuentes públicas había sido envenenada por los frailes”, algo que, en ese momento y dadas las circunstancias, es suficiente para desencadenar la primera matanza de curas de la historia de España (a manos de su propio pueblo, repito, y que se saldó con 73 frailes muertos y numerosos heridos), a la que sigue, evidentemente, el asalto a los conventos.
Así, paradojas de la historia, la Iglesia pasa de quemar a ser quemada. Toda esta destrucción y violencia fue luego reconducida hábilmente por los políticos liberales, como Mendizábal, y dio paso a la primera gran desamortización de nuestra historia.

5. El largo brazo de la Iglesia
Cuando los Reyes Católicos le pidieron permiso al papa para crear una Inquisición nacional(el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición), sabían bien lo que hacían. Sería un tribunal que no dependería de Roma sino de la Iglesia y de la monarquía españolas, y sería un tribunal (el único tribunal y el único órgano de control del Estado) que tendría jurisdicción en todos los reinos que formaban por entonces lo que hoy llamamos España. Este detalle es fundamental, como bien sabían los reyes.
El Consejo de Castilla solo servía para Castilla, no para Aragón. La Inquisición no. La Inquisición entraba en todas partes y tenía poder en todas partes: era un instrumento político estupendo.
Esto es lo que sucedió con Felipe II y el caso del secretario Antonio Pérez.
Como es sabido, el tal secretario se fugó a Aragón, donde estaba protegido por los fueros de ese reino y por tanto, lejos de la justicia real. Pero el rey castellano se guardaba una arma secreta, y esa arma era… Sí, lo han adivinado: el Tribunal de la Inquisición.
“Si no me vale la justicia civil, me valdrá la religiosa”, pensó el rey. Lo malo es que, mientras tanto, el secretario huyó a Francia, y Felipe II, enfurecido, descargó su frustración contra el Justicia de Aragón, Juan de Lanuza, que era el que se encargaba de hacer cumplir los fueros y por tanto, el que había dado cobijo a Antonio Pérez.
Y así es como un gran magistrado aragonés acabó juzgado y condenado a muerte por un tribunal religioso. En la España de los Austrias aún no se había llegado al absolutismo, pero los reyes autoritarios se apañaban bastante bien…
Siglos después, Fernando VII, un rey con un poder teóricamente ilimitado (uno de los preceptos del absolutismo: la palabra del rey es la ley), tuvo que recurrir en numerosas ocasiones a este tribunal (que él mismo había restaurado, después de ser abolido por las Cortes de Cádiz). Y siempre para perseguir a militares y políticos liberales conspiradores.
Para ellos no utilizaba tribunales civiles o militares. Le resultaba más cómodo, rápido y eficaz el tribunal de la Inquisición. Pío Baroja da buena cuenta de ello en su libro sobre el conspirador y militar Juan Van Halen, uno de los pocos que consiguió fugarse de una de la cárceles de la Inquisición (aunque tuvo ayuda desde dentro, les recomiendo que se lean el libro: Juan Van Halen, el oficial aventurero, es muy ameno, además de aprender historia pasarán un buen rato).
Al final este tribunal cayó en 1834, junto con el Estatuto Real de la regente María Cristina, los conventos ardiendo, los curas muertos y los carlistas a las puertas de Madrid. Pero después llegaría la constitución de 1836 y las cosas ya nunca volverían a ser como antes. Aunque aún faltaba bastante para que fueran distintas…
nuestras charlas nocturnas.
Records deportivos…

La húngara Katinka Hosszu se quedó con la medalla de oro en la prueba de los 200 metros combinados individual.
5 récords inalcanzables del deporte
BBC News/efedeportes.com/El Confidencial(L.Morales)/Hipertextual(M.Redondo) — Los récords son la forma que tienen los atletas para quedar inscritos en la historia y en el tiempo: Usain Bolt 9,58 segundos en 100 metros planos; Mike Powell 8,95 metros en salto largo.
Just Fontaine, 13 goles en un Mundial.
Este fin de semana, la nadadora húngara Katinka Hosszu, de 26 años, batió el récord de los 200 metros combinado individual en los campeonatos mundiales de natación que se realizan en la ciudad de Kazan, Rusia, este año.
Su tiempo: 2 minutos, 6 segundos y 12 centésimas. Y fue notable especialmente porque le sacó casi un segundo a la nadadora japonesa Kanako Watanabe, quien llegó en segundo lugar.
Pero además porque era una prueba donde no se esperaba que se batiera la marca en el corto plazo: los 200 metros combinados femeninos habían registrado en el pasado sendos casos de dopaje que habían, por así decirlo, «maldecido” la prueba, en su desespero de las nadadoras por establecerse en la historia.

Michael Phelps es el mayor ganador de medallas de oro en unos Juegos Olímpicos: ocho en Pekín 2008.
Además, su dificultad técnica –mariposa, espalda, pecho y libre cambiando cada 50 metros- le imponían un cierto rótulo de «prueba tabú». De marca inalcanzable e imposible de romper más allá de los 2 minutos, 6 segundos y 15 centésimas que había establecido la estadounidense Ariana Kukors en 2009.
Y que solo había sido batido un par de ocasiones -legalmente- en los últimos 30 años.
Sin embargo, con un gran desempeño, Hosszu fue capaz de sobreponerse al muro, quedarse con el primer lugar y ubicarse arriba en la lista para ganar el oro olímpico en los próximos Juegos de Río 2016.
Por esa razón, en BBC Mundo quisimos repasar los otros récords que son considerados casi «inalcanzables” en el deporte (aunque, claro, sabemos que en las competencias nunca hay nada escrito y la sorpresa está a la vuelta de la esquina…)
El salto imposible
La noche del 30 de agosto de 1991 fue especial para el atletismo: durante el mundial de Tokio y en un lapso de una hora fue batido dos veces el récord más antiguo de esta disciplina hasta ese momento, los 8,91 metros en salto en largo establecido por Bob Beamon en 1968.
El primero en hacerlo fue Carl Lewis. «El hijo del viento», como se lo conocía, logró en su intento quebrar la marca con un increíble salto de 8,93 metros.

Mike Powell aterriza y hace historia: 8,95 metros. Un récord que sigue vigente 24 años después.
Las cámaras no dudaron en caer sobre él: el ganador de la medalla de oro en la prueba reina de los 100 metros en los Olímpicos de Seúl 88 ahora se quedaba con la marca más «sagrada» e intocable de su deporte.
Pero faltaba el salto de un desconocido Mike Powell. Y fue impresionante: 8,95 metros para la posteridad del estadounidense, quien estableció el nuevo registro y se quedó con la medalla de oro en aquel evento.
Ya han pasado 24 años y el récord continúa allí.
Los 13 goles de Just Fontaine
En el fútbol hay muchos números, pero no ha sido un deporte que se destaque por el control riguroso de las estadísticas como en otras disciplinas.
Sin embargo, hay varios récords que permanecen en las vitrinas y que nadie parece lograr alcanzar mérito suficiente para ubicar su nombre allí. Uno de ellos es el de los 13 goles en un Mundial de Fútbol.

Los 13 goles del fracés de Just Fontaine en el Mundial de Suecia 58 ha sido una marca imposible de superar hasta ahora.
Ocurrió en Suecia 58 –considerada una de las mejores Copas del Mundo- y el autor fue el francés Just Fontaine, quien al lado del inolvidable Raymond Kopa llevaron a Francia al tercer lugar de aquel torneo.
Su desempeño fue así: tres goles contra Paraguay, dos en la derrota contra Yugoslavia, uno frente a Escocia, dos contra Irlanda del Norte , uno en la derrota infringida al Brasil de Pelé en la semifinal, y cuatro contra Alemania Federal en el partido por el tercer puesto.
Hasta ahora ningún jugador ha podido superar esa cantidad de anotaciones en la máxima competencia del fútbol, pero el alemán Gerd Müller con 10 goles en México 70 y el brasileño Ronaldo con ocho en Corea-Japón 2002 estuvieron cerca de hacerlo.
Los 100 puntos de Wilt Chamberlain
El basquetbol en Estados Unidos es tal vez, y a diferencia del fútbol, una de las disciplinas deportivas que con mayor escrúpulo consigna sus estadísticas: hay récords para todos los gustos.
Que se baten con el mismo ímpetu cada temporada.

Wilt Chamberlain celebra su marca de 100 puntos en un solo partido.
Pero entre todos esos números existe uno que, cada vez que el juego avanza, parece quedar entronizado en la memoria de la gloria: los 100 puntos que consiguió el mítico Wilt Chamberlain el 2 de marzo de 1962 frente a los Knicks de Nueva York, y que sirvieron para la victoria 167-147.
La marca ha permanecido imbatible y llevó a la historia al hombre que lideraba a los Warriors de Filadelfia en aquel momento y que también marcó más de 60 puntos en tres partidos más.
Sin embargo, hay otros jugadores que amenazaron con romper el espejismo de los 100 puntos. David Thompson, de los Nuggets de Denver, marcó 73 puntos el 9 de abril de 1978.
Pero quien tal vez estuvo más cerca fue el escolta de Los Ángeles Lakers, Kobe Bryant, quien el 22 de enero de 2006 logró anotar 81 tantos en el partido que los angelinos le ganaron a los Raptors de Toronto.
Los 400 metros increíbles
El estadounidense Michael Johnson siempre corría con unas zapatillas brillantes que llamaban la atención en cada competencia.

Michael Johnson se convirtió en el dueño de los 200 y los 400 metros a finales de la década de los 90.
Las cámaras solo seguían el rastro dorado de un hombre que fue el dominador de los 200 y los 400 metros durante varios años a finales de la década de los 90.
Y que dejó una marca que muchos consideran imbatible: 43 segundos y 18 centésimas que consiguió en los mundiales de Bruselas de 1999 en la prueba de 400 metros.
Aunque ya había logrado las medallas doradas en los Olímpicos de Atlanta en 1996 en los 200 y los 400 metros, su objetivo era dejar un registro inalcanzable.
Y lo consiguió: 16 años después, esta disciplina siguen teniendo el mismo récord mundial y no aparece un atleta que pueda romperlo.
Una de las razones, de acuerdo al especialista en deportes cubano Luis Daniel Mozo Cañete, es la dificultad de la prueba.

«El Rayo» es considerado el hombre más veloz sobre la tierra, ¿podrá rebajar los 9,58 segundos de su actual récord en los 100 metros?
«Los 400 metros planos son tal vez la prueba más compleja del atletismo porque roza entre la velocidad y la resistencia y hay que preparar un cuerpo para ambas exigencias”, dijo.
¿Usain Bolt y 9,51 segundos?
Muchos expertos coinciden en lo difícil que un ser humano pueda batir la marcar de los 100 metros planos, que ostenta el jamaiquino Usain Bolt con 9,58 segundos.
Sin embargo, dos académicos holandeses, John Einmahl y Sander Smeets, llegaron a la conclusion después de varios análisis al avance de las marcas a través de la historia y establecieron un posible límite definitivo: 9,51 segundos.
Además, otras de las razones por las que no se considera del todo un récord inalcanzable es que el mismo Bolt, quien aún no se ha retirado, podría quebrar el récord, especialmente en las próximas olimpiadas de Río de Janeiro.
Records antes de la IAAF(Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo)
Profesionales
La primera noticia que se tiene de manera oficial del salto en largo como marca registrada, fue de un atleta de nombre Adam Wilson, el cual registro 5.41 mts. el 26.09 de 1827. Este salto fue superado paulatinamente durante los años. El primer saltador que superó la barrera de los seis metros, ha sido Robert Douglas, también de las Islas Británicas. Este acontecimiento ocurrió en la ciudad de Newcastleton el 04.06 de 1839. Douglas saltó oficialmente 6.20 mts.
Aficionados
El primer atleta estrictamente aficionado también provino de Inglaterra. Fue Edward Bourke, quien hizo un registro de 5.94 mts. el 17.03 de 1857. El primero en superar la barrera de los seis metros fue Charles Buller, quien en la ciudad inglesa de Harrow hizo 6.375 mts. Eso tuvo lugar el ¿? – 04.1863. El saltador que llegó al límite de los siete metros ha sido Jenner Davies. En la ciudad de Londres llegó hasta los 6.97 mts. el 27.03 de 1874.
La barrera de los siete metros
Fue precisamente Jenner Davies en cumplir esta hazaña. En la ciudad Irlandesa de Dublín, el 27.03 el 1874 registró 7.05 mts. Esta marca se fue mejorando paulatinamente mediante atletas de provenientes de Irlanda, Inglaterra y los Estados Unidos. Digno de destacar fue la figura de Alvin Kraenslein. Este atleta proveniente de los Estados Unidos, con fecha de 29.04 de 1899 realizó en una competición efectuada en la ciudad de Nueva York, 7.40 mts. Hay que destacar que Kraenslein fue también récord mundial para esa época en 110 mts. con vallas. En ambas especialidades fue campeón olímpico (1900).

Alvin Kraenzlein, notable atleta norteamericano. Fue récord mundial del salto en largo (longitud), en los 110 metros con vallas y de los 60 metros planos. En las tres disciplinas ganó las respectivas medallas de oro en los Juegos Olímpicos de París (1900). Esto ocurrió en el lapso de sólo cuatro días
La marca de Kraenzlein fue superada por su compatriota Meyer Prinstein. En una competencia realizada en la ciudad de Filadelfia efectuó un salto de 7.50 mts. Ello ocurrió el 28.04 de 1900.
Sin embargo, en el mismo año, el 29.08, aparece otro atleta notable, el irlandés, Peter O’Connor, el cual en el lapso de un año superó el récord mundial nada menos que cuatro veces, y en distintas competencias: 7.51 – 7.54 – 7.60 – 7.605 metros. Este fue el último registro antes de la fundación de la IAAF.

Este notable saltador irlandés, Peter O’Connor se estacó no solamente en el salto en longitud, sino también en el triple salto, especialidad esta última en la cual fue campeón olímpico (1906)
Récords mundiales a partir de la era IAAF
Fue precisamente O’Connor el primer saltador en ser reconocido como récord mundial por esta entidad internacional. En la ciudad de Dublín, el 05.08 de 1901 mejoró su récord anterior a 7.61 mts.
El récord de O´Connor tardó nada menos que 20 años en superarse. Ello estuvo a cargo del afro americano Edward “Ed” Gourdin, de los Estados Unidos. Este atleta saltó 7.69 mts. en la ciudad de Cambridge, Massachusetts, el 23.07 de 1921. Es necesario destacar la actuación de este deportista, puesto que en los Juegos Olímpicos de París (1924) obtuvo la medalla de plata en su especialidad. Pero también hay que aclarar que Edward Gourdin con el paso de los años se convirtió en abogado, y en 1958, es decir, 37 años después de su récord mundial, se convirtió en el primer juez afroamericano de la Suprema Corte de Justicia del estado de Massachusetts en los Estados Unidos!!
El registro de Gourdin fue superado el 07.07 de 1924 por otro atleta de los Estados Unidos, Robert LeGrende. Este atleta saltó 7.76, en ocasión de los Juegos Olímpicos de París. Pero lo llamativo fue que lo hizo durante la competición del Pentatlón, (especialidad que en esa época formaba parte del programa olímpico). También hay que destacar que la victoria en esa especialidad la obtuvo un compatriota suyo, DeHard Hubbard, el cual se impuso con 7.44 mts.
(Silvio Cator)
Fue precisamente DeHard Hubbard el que pasó luego a ser recordista mundial el 13.06 de 1925 con 7.89 mts. Esto ocurrió en la ciudad de Chicago.
Pero tres años más tarde, el 07.07 de 1928, el saltador norteamericano Edward Hamm, en la ciudad de Cambridge, Massachusetts, obtuvo un nuevo primado mundial con 7.90 mts.
Pero aquí se produce un hecho llamativo, apareció un atleta antillano, específicamente de Haití, el segundo país de toda América en obtener su independencia (después de los Estados Unidos).
Este se llamó Silvio Cator.
En el mismo año en que se colgó la medalla de plata en el salto en longitud en los Juegos Olímpicos de Amberes (1928), saltó en París 7.93 mts. Cator ha sido el deportista más destacado en toda la historia deportiva de esta pequeña isla.
Posteriormente fue alcalde de la capital Port-au-Prince desde 1946. En 1952 se terminó de construir el estadio nacional, el cual desde entonces lleva su nombre, año que coincidió con su fallecimiento. En ese momento contaba 52 años de edad.
El récord del atleta haitiano permaneció vigente hasta que apareció un saltador del Lejano Oriente, Chuhei Nambu de Japón. En efecto, 27.10 de 1931, en la ciudad de Tokio estableció un nuevo récord mundial con 7.98 mts. Hay que agregar que ese mismo día corrió los 100 metros en 10.6/10.
La barrera de los ocho metros
Era indudable que todos los periodistas deportivos y dirigentes estaban a la espera de quién sería el atleta encargado de dicha hazaña. Se tuvo que tener paciencia hasta el 25.05 de 1935, cuando el gran Jesse Owens, el “antílope de ébano”, estableció el registro de 8.13 mts.
Ello tuvo en la ciudad de Ann Arbour. El rendimiento de Owens para ese día fue colosal. ¿La razón?
Pues además de este salto maravilloso, a las 15.15 h. se impone en las 100 yardas con nuevo récord mundial de 9.4 seg.; a las h. 15.25 efectúa su correspondiente salto en longitud; a las 15.45 corre las 220 yardas en 20.3, lo que constituyó récord mundial, como también para los 200 mts. (201.17 mts), y finalmente a las 16.00 h. establece otro primado en las 220 yardas con vallas con un registro de 22.4 seg.

Jesse Owens, uno de los más grandes velocistas y saltadores en longitud de la historia. Aquí se le ve saltando en Berlín (1936) ganando la medalla de oro, y también con su rival y amigo, el alemán Lutz Long, el cual obtuvo la medalla de plata
¿Cuánto duró el récord de Owens? Nada menos que 25 años, hasta que su compatriota Ralph Boston logró 8.21 mts. en la ciudad de Wainut el 12.08 de 1960. Fue en ocasión de las pruebas selectivas para los Juegos Olímpicos a disputarse ese año en la ciudad de Roma.
El propio Ralph Boston se encargaría en mejorar su marca. Ello ocurrió al año siguiente, el 27. 05 en la ciudad de Modesto. Realizó un salto de 8.24 mts. Su seis tentativas fueron las siguientes: 8.07 – 8.17 – 8.06 – 8.24 – 7.97 – 8.18 mts. ¡Gran regularidad! Pero al mes siguiente, nuevamente este afro americano supera su récord a 8.28 mts. Esto tuvo lugar nada menos que en la ciudad de Moscú.
Al año siguiente, 1962, el registro tope en esta disciplina atlética pasa al continente europeo, específicamente a la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS. En efecto el atleta soviético Igor Ter-Ovanesyan saltó 8.31 mts.
Esto evento tuvo lugar en la ciudad de Yerevan con fecha 10.06 de 1962. Pero dos años más tarde, Ralph Boston igualó el registro de su colega de los 8.31 mts.
Ello tuvo lugar en la ciudad de Kingston el 15.08 de 1964, y al mes siguiente, el 12.08, en la ciudad de Los Ángeles, nuevamente Boston mejora el tope mundial con 8.34, para que finalmente este gran saltador cerrara su seguidilla de récords mundial con un salto de 8.35 mts.
Esta competición tuvo lugar en la ciudad de Modesto el 29.05 de 1965. Esta marca es igualada por el eterno rival de Boston, el soviético Ovanesyan, quien en la ciudad de México, el 19.10 de 1967 efectúa un salto de 8.35 mts. A esto se puede agregar que Boston llegó a ser Campeón Olímpico en la ciudad de Roma, 1960, con un registro de 8.12, mientras que Ovanesyan obtiene la medalla de bronce con 8.04 mts.
La barrera de los………
De acuerdo al proceso evolutivo de los registros del salto en largo o longitud, la lógica llevaría a determinar que la siguiente barrera sería 8.40 mts, para pasar luego, y quizás, a los 8.50 mts. Pero las cosas se dieron de forma completamente inesperada y hasta dramáticamente sorprendentes. De ello fue testigo el que suscribe, quien estuvo presente en ese acontecimiento verdaderamente impactante.

Ralph Boston
Ello tuvo lugar en la ciudad de México en ocasión de los Juegos Olímpicos de 1968. En efecto, el día 18 de octubre, a las 15.40 hs. los teletipos, especialmente relacionados en el área deportivo, prácticamente “saltaron” ante la noticia de que en la disciplina del salto en longitud, el registro de Boston y Ovanesyan fue superado no por 10 o 20 centímetros, sino nada menos que por 55 centímetros (¡!).
Este mágico resultado lo obtuvo el saltador afro norteamericano Robert “Bob” Beamon quien en su primer intento hizo nada menos que 8.90 mts. El antiguo registro era entonces superado por más de medio metro. Obviamente el resto de los competidores que habían pasado a la final quedaron prácticamente “choqueados” ante semejante marca.
Entre ellos estuvo incluidos el inglés Lynn Davies, −quien en los juegos anteriores, en la ciudad de Tokio, había obtenido la medalla de oro −, luego el “eterno” Ralph Boston, y el soviético Ovanesyan. Todos ellos eran favoritos.
Luego del primer salto de Beamon, todos supieron que ya no tenían chance de obtener a medalla dorada, y solamente siguieron compitiendo por la de plata. El segundo lugar lo obtuvo el saltador de la República Democrática Alemana Klaus Beer con 8.19, mientras que Boston se llevó la de bronce con un salto de 8.16 mts. Ovanesyan solo obtuvo un 4º puesto, pero con el respetable registro de 8.12 mts.
Mucho se ha escrito sobre este salto de Beamon. En ese sentido se llegó a concluir que la altura de la capital de México, 2224 mts, más el viento a favor, que estuvo al límite reglamentario de los 2.00 mts/seg. tuvo gran influencia para dicha marca.
En otras condiciones, se especuló, este mismo salto habría oscilado entre 8.50 – 60 mts. Hay que aclarar, que después de este primer intento con récord mundial, efectuó otro con sólo 8.04, y renunciando al resto de los saltos.
El progreso de los récords mundiales en esta disciplina atlética estuvo paralizado durante muchos años.

Robert “Bob” Beamon, saltador norteamericano que sorprendió al mundo con un salto de 8.90 mts. en los Juegos Olímpicos de México.
¿Cuánto tiempo duró vigente la marca de Beamon? Nada menos que 23 años. En el transcurso de ese tiempo, en la década de los ochenta hasta los noventa, ni siquiera el famoso Carl Lewis, el cual fue cuatro veces campeón olímpico y dos veces se llevó el máximo título mundial de la especialidad, pudo superar a Beamon.
Este récord recién se superó el 30 de agosto de 1991. Fue en ocasión del Campeonato Mundial de Atletismo que se organizó en la capital de Japón, Tokio. Fue también una competencia impactante, puesto que nada menos que siete saltadores lo hicieron por encima de los ocho metros.
(Mike Powell)
El ganador de la prueba fue otro afro americano, el estadounidense Mike Powell, el cual en el quinto salto llegó hasta los 8.95 mts. con un viento favorable de apenas 0.3 mts/seg.
Su seguidilla de saltos fue la siguiente: 7.85 – 8.54 – 8.29 – x – 8.95 – x. Hay que destacar que hasta este quinto intento, el que marchaba al frente de la competición era su compatriota el ya nombrado Carl Lewis, el cual tuvo la siguiente serie de saltos: 8.68 – x – 8.83 (viento a favor de 2.30 mts/seg.) – 8.91 (viento a favor que superaba el límite reglamentario y por ello ese salto no se aceptó como récord mundial) – 8.87 – 8.84. Lewis efectuó 4 saltos por encima de los 8.80!!
Se hizo además y de forma complementaria, la medición exacta desde donde se apoyó el pie de pique de Beamon hasta la caída.
El salto real había sido de 8.98 mts. Desde los últimos 6 pasos hasta la tabla, la aceleración de Powell fue de 10.79 hasta 10.84 mts/seg.
Carl Lewis, por su lado, lo hizo desde los 11.23 hasta los 11.26 mts/seg. Powell compensó, entonces, su menor velocidad con relación a Lewis con un despegue más potente desde la tabla. Estamos, entonces, a la espera de quién superará la barrera de los nueve metros…..
Con el paso de los años, los récords mundiales de atletismo se han convertido en algo habitual. Y no solo en la categoría masculina. El avance de la presencia femenina en cada vez más disciplinas tiene también su reflejo en los récords. Y así lo demuestran los datos de las especialidades atléticas olímpicas.
Según los datos de World Athletics (nombre actual de la IAAF), desde el año 1900 se han batido 769 récords en pruebas de atletismo en categorías masculinas y 614 en femeninas. Las especialidades en que más hitos se han batido son 100 metros lisos (65), salto con pértiga (64) y 110 metros vallas (61), todas en categorías masculinas al aire libre.

Nancy Vorhees
En las pruebas femeninas, salto de altura (55), lanzamiento de disco (55) y 100 metros lisos (53) son las especialidades con más récords mundiales en los últimos 120 años de la historia del atletismo. Hasta 1920, los récords eran escasos y todos masculinos. Pero a partir de este año, las grandes marcas atléticas despegaron. Alice Cast, Božena Srámková, Mery Lines o Nancy Vorhees, algunas de las primeras atletas en conseguir récords, empezaron a ser nombres conocidos en el panorama deportivo de entonces.
Los Juegos Olímpicos de México 1968 supusieron un hito para el ‘ranking’ de grandes marcas. Se lograron batir un total de 49 récords, tanto masculinos como femeninos, aunque no por casualidad. El dopaje había comenzado a convertirse en una práctica habitual, y en ese mismo año se introdujeron los primeros controles antidopaje por parte del Comité Olímpico Internacional (COI).
El gran año para las marcas femeninas fue 1972, con 27 récords en diferentes disciplinas. Aunque es la etapa en la que se concentran más logros llevados a cabo por mujeres, en el gráfico destaca la acumulación de récords en salto con pértiga a partir de 1995.
La checa Daniela Bártová logró nueve récords mundiales ese año, con una marca máxima de 4,22 metros, superada ese mismo año por la australiana Emma George, con un salto de 4,28. Las alemanas Nastja Ryzih-Reiberger y Andrea Müller también establecieron marcas récord ese año. Pero no fue hasta 2001 cuando Yelena Isinbayeva entró en acción.
La rusa logró batir 11 récords mundiales en salto con pértiga en ocho años, con un salto máximo de 5,06 metros, marca que aún hoy sigue sin ser superada.
La atleta española subcampeona de Europa en salto de longitud y siete veces campeona de España, Concha Montaner, achaca los récords a la evolución. «Hay que pensar que todo mejora. Igual que mejoran las instalaciones, mejoran los entrenamientos, mejora la alimentación, mejora la suplementación e incluso mejora la uniformidad técnica. Por eso se siguen superando las grandes marcas».
En cuanto a los récords masculinos, las marcas establecidas en salto de altura y en 200 metros son dignas de mención. En 1993, el cubano Javier Sotomayor realizó en la ciudad española de Salamanca un salto de 2,45 metros, situándose como la actual plusmarca en salto de altura.
Lo mismo ocurrió en el Estadio Olímpico de Berlín en 2009, donde Usain Bolt dejó al mundo sin palabras al recorrer los 100 metros lisos en 9,69 segundos y los 200 en 19,19, lo que le consagró como el primer atleta con los títulos de 100 y 200 metros lisos en mundial y en Juegos Olímpicos.
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El atleta Usain Bolt
Borja Vivas, exatleta especializado en lanzamiento de peso y campeón de España en ocho ocasiones, cree que la facilidad para batir récords depende mucho del tipo de disciplina. «Los fonderos van evolucionando, empiezan en 1.500 y pasan a 3.000, y de ahí a 3.000 obstáculos. Tienen mucho recorrido y son un tipo de prueba de mucha más duración, lo que facilita que las marcas se vayan superando y que haya una evolución».
Los 8,9 metros que Bob Beamon saltó en el foso de arena durante los Juegos de México 1968 es otra de las marcas que se mantuvieron en el podio durante 30 años. No fue hasta 1991 cuando Mike Powell superó en cinco centímetros el salto de Beamon, convirtiéndose en el plusmarquista mundial, honor que aún mantiene.
Los récords más antiguos
Pese a que con el tiempo los récords en las diferentes disciplinas olímpicas de atletismo se han ido superando, hay algunas marcas que aún hoy siguen sin batirse. Es el caso del checo Jan Železný, que en 1996 estableció la marca de 98,48 metros en lanzamiento de jabalina y que aún no ha sido superada. En los 1.500 metros, el marroquí Hicham El Guerrouj mantiene el récord desde 1998, con un tiempo de 3:26:00. Jonathan Edwars saltó 18,29 metros en la disciplina de triple salto en el Estadio Ullevi de Göteborg, en Suecia, récord que sigue sin superarse desde 1995.

Jonathan Edwars
En la categoría femenina también existen marcas que se mantienen en lo más alto. Florence Griffith Joyner ostenta las plusmarcas mundiales de 100 y 200 metros desde 1988. La búlgara Stefka Kostadinova mantiene el título de la atleta con mejor marca en salto de altura del mundo desde el año 87. Otras plusmarcas que se mantienen hasta la fecha son la estadounidense Jackie Joyner-Kersee, con récord en heptatlón desde el 88; Jarmila Kratochvílová, con una marca de 1:53:28 en los 800 metros, y la ucraniana Inessa Kravets, con el récord en triple salto desde 1995.
El dopaje de Estado
Durante los Juegos Olímpicos de México 1968, la República Democrática Alemana consiguió nueve medallas de oro. En 1972, consiguieron 20, y en 1976, el doble. En total, los deportistas de la RDA obtuvieron 203 medallas de oro, 192 de plata y 177 de bronce, entre los años 1956 y 1988.
No fue hasta el 26 de agosto de 1993, tras la anexión de la RDA a la República Federal Alemana, cuando los registros se hicieron públicos y se evidenció que la policía secreta alemana de la RDA había estado supervisando el dopaje de los atletas alemanes desde 1971.
Lo mismo ocurrió con la URSS. Las atletas rusas comenzaron a batir récords hasta ese momento impensables entre el 78 y 85. Es el caso de la lanzadora de disco Gabriele Reinsch, que registró una marca de 76,80 metros en 1988, superando incluso los récords masculinos. Marita Koch, velocista, recorrió los 800 metros lisos en 47,60 segundos.

Gabriele Reinsch
El 22 de octubre de 2017, la televisión pública alemana emitió un reportaje en el que la doctora china Xue Yinxian reconocía que más de 10.000 deportistas chinos habían consumido sustancias para mejorar su rendimiento entre los años ochenta y noventa.
«El dopaje en esa época no estaba controlado, y probablemente muchas sustancias que hoy en día no se pueden tomar, hace 30 años sí que estaban permitidas. Todo ha ido evolucionando y en ese momento el dopaje estaba muchísimo más instaurado a nivel general. Y de ahí que las marcas fueran más elevadas», dice Vivas.
El dopaje de estado que hubo durante esos años explicaría la tendencia a la baja en los récords atléticos desde entonces. Los controles a los deportistas se fueron haciendo más habituales, y culminaron con la creación de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) en 1999.
La tecnología del calzado
Ni anfetaminas, ni esteroides ni testosterona. Las nuevas técnicas de dopaje no se ingieren, se llevan puestas. Hablamos de las zapatillas. Con los modelos Nike Vaporfly y Alphafly se han batido varios récords mundiales y desde World Athletics consideran que por ello los atletas no compiten en igualdad de condiciones.
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Nike fue la primera, pero otras marcas han seguido sus pasos. Borja Vivas considera que los avances tecnológicos influyen en las nuevas grandes marcas atléticas, que también incluyen las zapatillas. «El tema de las zapatillas nuevas se nota muchísimo, sobre todo en las carreras de fondo y medio fondo. Las marcas se van batiendo y hay una tendencia últimamente a que esos récords mejoren año tras año».
«Si ahora se están batiendo tantos récords, es porque hay zapatillas de carbono, porque el material sintético es mejor. Ahora las zapatillas son mejores y dan mejor respuesta a los deportistas», opina Montaner.
La federación incluye en su normativa de cara a los Juegos de Tokio el número y grosor de los clavos que las zapatillas pueden tener en función de la especialidad deportiva, además del tipo y tamaño de la suela y el talón. Con estas especificaciones, World Athletics pretende controlar las diferencias entre atletas en función de la tecnología de su calzado, que estaría facilitando las marcas cada vez más rápidas.
El estudio que pone los récords contra las cuerdas

«Citius, altius, fortius». Más rápido, más alto, más fuerte. El lema fue propuesto por Pierre de Coubertin en la creación del Comité Olímpico Internacional en 1894 en la Sorbona. Y a día de hoy sigue vigente. Sin récords y plusmarcas, la frase más representativa correría peligro.
Eso afirman los investigadores del estudio The Citius End: World Records Progression Announces the Completion of a Brief Ultra-Physiological Quest. En 2008, el Institut de recherche biomédicale et d’épidémiologie du sport (IRMES) analizó 3.263 récords mundiales en 158 disciplinas desde los primeros Juegos Olímpicos de Atenas de 1896. Se centraron en la mejora a lo largo de la historia en lo que se refiere a alimentación, técnica y medicina.
Los investigadores estimaron que, en 1896, los atletas funcionaban con el 75% de sus capacidades fisiológicas y que en el momento de la publicación del estudio, en 2008, estaban al 99%. En la mitad de las disciplinas, afirmó el estudio, los récords no serán mejorados en más de un 0,05 en 2027.
Para 2060, vaticina el final de estos hitos. La investigación destaca que el atletismo será uno de los primeros deportes que antes dejará de registrar plusmarcas totales. La halterofilia, la natación o el remo van las siguientes en la lista.
De ser así, se podría esperar un impacto en la organización de las competiciones, incluso en el espíritu de los Juegos Olímpicos. La comunidad atleta –supuestamente una de las más afectadas según las conclusiones del estudio– debería estar preocupada por cómo puede afectar esto a su deporte. Por el momento, no lo están.
«A medida que el deporte ha avanzado a lo largo del último siglo, la proporción de récords del mundo de atletismo ha disminuido, pero no hay ningún signo real de que estén llegando a un límite», señaló a Hipertextual World Athletics, el órgano de gobierno del atletismo a nivel mundial.
Para ellos, la explicación de esta disminución es obvia. Argumentan que cada generación se ha beneficiado de un mayor conocimiento sobre la técnica y los entrenamientos, como han hecho atletas como Usain Bolt, así como un desarrollo tecnológico y del ser humano que ha hecho que los atletas mejoren exponencialmente.

Sin preocupaciones, por ahora
Hubo una época dorada para los récords mundiales. World Athletics pone la fecha en los Juegos Olímpicos entre 1968 y 1972. Aunque reconoce que, en ese momento, el atletismo todavía estaba en un período de adolescencia y que los entrenadores todavía estaban experimentando con métodos de entrenamiento. Usain Bolt no había hecho historia todavía.
En aquellos maravillosos setenta fue también cuando las innovaciones llegaron al atletismo, con avances en las superficies de las pistas, zapatillas especiales o materiales específicos para el salto con pértiga. Fue también el momento en el que las mujeres entraron en el juego para llegar a la actual paridad en lo que a eventos deportivos y premios se refiere.
«Como resultado de todo esto, no es sorprendente que haya un mayor número de récords mundiales por ese entonces», sentenció World Athletics.
De hecho, los datos analizados por Hipertextual confirman que el número de récords ha bajado de manera progresiva en los últimos años. Una caída que se originó a partir de los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980 en el caso de las plusmarcas masculinas.
En el caso de los récords de atletismo femeninos, la palma se la llevó el salto con pértiga. En 1995, se registró un pico de récords mundiales en esta categoría. A partir de ahí, el número de plusmarcas también fue bajando progresivamente.
World Athletics reconoció que el número de récords actual no es el mismo que el del siglo pasado. Pero lo hace sin nostalgia por tiempos mejores y poniendo el foco en los récords mundiales que se han roto hace poco, como el de los 100 metros valla, que fue superado después de 28 años, y el de salto con pértiga, batido por Armand Duplantis.
La lista de promesas también es larga. Desde World Athletics apuntan a los atletas Yaroslava Mahuchikh (salto de altura) o Maria Andrejczyk (lanzamiento de jabalina), como solo dos de los muchos deportistas que tienen posibilidades de romper récords mundiales en los próximos años y que podrían relevar a leyendas como Usain Bolt.
Los límites del cuerpo humano
World Athletics no cree que los récords mundiales estén llegando a su fin. A escasas horas de la inauguración de los Juegos Olímpicos, más de uno espera incluso que se supere algún récord. Hay más de un candidato que hará todo lo posible por conseguirlo después de horas y horas de entrenamiento.
El nivel es alto, tanto que un grupo de investigadores apunta a que estamos tocando el techo en lo que a la evolución de nuestro cuerpo se refiere. En el estudio ¿Estamos alcanzando los límites del homo sapiens?, exponen cómo el progreso científico e industrial vino acompañado en un aumento de la esperanza de vida, la estatura y el rendimiento fisiológico.
Sin embargo, este crecimiento pareció llegar a un tope en la última década con leyendas todavía vivas como Usain Bolt.
Los investigadores apuntaron en sus estudios que los logros históricos en deportes como el atletismo, la natación, el salto o el ciclismo progresaron considerablemente hasta finales del siglo XX, excepto durante las dos Guerras Mundiales.
En los datos que estudiaron, apuntan a que las plusmarcas se superaron de manera constante a lo largo del siglo pasado, pero en las últimas décadas la tendencia ha sido un estancamiento en muchas categorías deportivas.
«Los datos históricos de 1896 a 2016 en atletismo, natación, ciclismo, patinaje y levantamiento de pesas revelan un patrón similar que sugiere una tendencia hacia una meseta durante las últimas tres décadas para ambos sexos», indica el estudio.
Estos datos tienen más de una explicación. Por un lado, la parte física a la que hacen referencia en el estudio y que se sostiene en otros datos publicados por NCD Risk Factor que ponen en evidencia cómo la altura tanto de hombres como mujeres aumentó de manera constante hasta finales del siglo pasado.
A partir de ahí y hasta 2010, se produjo un estancamiento. Ahora saltamos más alto que antes, corremos más que antes y nadamos más rápido. Un freno en esta evolución puede provocar que se roce el límite al que una persona puede llegar si lo comparamos con el impulso de la última década.
Los bañadores que rompieron récords mundiales en los Juegos Olímpicos

Michael Phelps
Otros aspectos han acompañado este cambio, como una alimentación específica para los deportistas y mejoras en los entrenamientos personalizados para cada categoría deportiva. «La alimentación de los deportistas ha ido mejorando.
Tenemos cada vez gente más fuerte, más sana, mejor preparada.
La profesionalización ha hecho un papel importante para que se pudiera dedicar más tiempo a entrenar, antes eran totalmente amateurs. Tenían sus 8 horas laborales y luego hacían un entrenamiento, ahora solo se dedican a entrenar», explicó a Hipertextual Carlos Cordente, Doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.
La ciencia y la tecnología también han tenido mucho que ver. Los materiales que utilizan actualmente los deportistas no tienen nada que ver con los que utilizaban sus compañeros de profesión hace 50 años.
La tecnología ha evolucionado tanto en este sentido que ha llegado a ser motivo de polémica por calificarlo de «dopaje tecnológico». Es el caso del bañador de poliuretano LZR Racer de Speedo, cuya utilización fue prohibida en 2010 por la Federación Internacional de Natación (Fina) después de la avalancha de récords mundiales.
A partir de ese momento, los bañadores volvieran a ser de material textil.
Las Nike AlphaFly también estuvieron en el punto de mira después de que el corredor Eliud Kipchoge se convirtiera en el primer hombre en completar una maratón en menos de dos horas. World Athletics prohibió la utilización de estas zapatillas en las carreras.
A pesar de la polémica con estos materiales, en casi todos los casos la tecnología ha ayudado a mejorar el rendimiento y la técnica. Es el caso de la natación sincronizada, cuyas representaciones son todavía más impresionantes gracias a la bañadores hidrocrómicos, que cambian de color cuando se mojan, el maquillaje waterproof y la gelatina para el pelo.
Algunos deportes están madurando
«Cualquier deporte que sea paramétrico o medible sufre una evolución rápida al principio», indicó Cordente, «y hemos visto una evolución de los récords muy rápida hasta que ese deporte ha madurado».
El experto añadió es muy común que haya una tendencia al estancamiento aunque sostuvo que es solo una tendencia. «Al final siempre aparece un atleta que supera los límites establecidos. Hay pruebas que pueden ser, no obstante, más complicadas que otras. Como algunos récords batidos en la Unión Soviética que tienen encima la sospecha de dopaje«.
Uno de los casos más conocidos es el de Ben Johnson, que consiguió el récord mundial en 1988 al correr los 100 metros en 9,79 segundos. Después de conseguir la medalla de oro, el premio le fue arrebatado por dar positivo en las pruebas de dopaje. Tuvieron que pasar años para que ese récord fuera superado, hasta que llegó Usain Bolt y lo consiguió. Sin químicos de por medio.
Aunque para Carlos Cordente las comparaciones son odiosas, incluso injustas. «Los récords son algo excepcional pero son algo que se logra en un momento determinado y el récord vale lo que vale en su época», dijo a Hipertextual.
«Usain Bolt no es mejor que Carl Lewis, simplemente corre más pero porque lo hace en unas situaciones diferentes y se puede decir que cada récord es hijo de los anteriores. Y probablemente si no hubiera habido un corredor que en el 68 hubiera conseguido un récord, la marca de Bolt hoy no sería la que es. Cada uno le debe algo a sus antecesores. Al final los récords suponen la ruptura de barreras ya sean personales o profesionales. Han roto los límites de su tiempo».
Carlos Cordente
El Doctor en Ciencias de la Actividad Física no comparte las conclusiones de los estudios que apuntan a que podemos estar ante el final de los récords mundiales. Coincide en que los límites existen pero nadie sabe dónde están. «Al final, siempre aparece algo que te demuestra lo contrario». O alguien, como fue el caso de Usain Bolt.

Hay esperanza
Siempre y cuando siga existiendo este sentimiento de superación, los récords seguirán existiendo. A pesar de los estudios que indican que podríamos estar ante el cercano final de las plusmarcas mundiales en deportes como el atletismo, los que forman parte de este deporte no están por ahora preocupados porque sus deportistas no consigan superarse a sí mismos.
Aunque los datos hablan por sí solos y en algunas especialidades los récords se han estancado. Muchos factores responden a este comportamiento, también otros aspectos como la ley de los rendimientos decrecientes. Además de la presión de tener que superar a atletas que han hecho historia, como Usain Bolt.
Pero el hecho es que incluso los récords más difíciles de superar han sido batidos por deportistas mucho más preparados que sus antecesores. Quizá han tenido que pasar 20 años para que la plusmarca se haya superado pero al final ha acabado sucediendo. Y ningún deportista está dispuesto a dejar de intentar un logro histórico y único.
nuestras charlas nocturnas.
Nube Roja, el hombre que derrotó a los Estados Unidos…

«Nos hicieron muchas promesas, más de las que puedo recordar. Pero jamás cumplieron ninguna de ellas, excepto una: nos prometieron que nos quitarían nuestras tierras… y nos las quitaron»
JotDown(E.J.Rodríguez) — Nebraska, 1837. La atmósfera está muy agitada en un poblado indio, habitado por los sioux oglala. Los habitantes del poblado están planeando un ataque. Quieren vengar la muerte de uno de sus jóvenes a manos de los indios pawnee, enemigos ancestrales de los sioux. Varios hombres curtidos en mil batallas han sido escogidos para la peligrosa tarea y se están discutiendo los detalles de la inminente expedición. Todo parece preparado para que a la mañana siguiente partan cabalgando hacia la batalla.
Pero en plena reunión se presenta un voluntario inesperado, que apenas tiene edad para hacerse llamar «hombre». Bullendo de excitación, el joven huérfano Nube Roja se ofrece para combatir a los pawnee. Tiene solamente dieciséis años pero insiste en formar parte del comando, causando el asombro de todos los presentes. El asombro o incluso el enfado, como puede deducirse de la ruidosa oposición que la ocurrencia provoca entre sus hermanas mayores y demás féminas de su familia.
Casi histéricas, reprenden a Nube Roja e intentan convencer a los guerreros más experimentados para que desatiendan la alocada petición del muchacho. ¿Qué demonios le pasa por la cabeza a ese chiquillo inexperto? ¡No está preparado para una misión semejante! Debería empezar con tareas más sencillas antes de lanzarse de pleno en un ataque directo contra los pawnee. Y aunque las mujeres protestan airadamente, Nube Roja sigue en sus trece.
El paisano a quien han matado los pawnee es su primo y él quiere estar allí cuando sea vengado. Todos en la aldea conocen el carácter competitivo e indómito de Nube Roja. Todos saben que desea ser un guerrero por encima de cualquier cosa, motivado por diversas razones.
Una de las más importantes: guerrear es una de las pocas opciones que tiene el jovencísimo Nube Roja para hacerse un nombre entre los sioux. Su difunto padre no fue un oglala, y esto es algo que desvirtúa su linaje y supone un obstáculo a la hora de labrarse un futuro en la élite sioux. Aún peor, su padre fue alcohólico —lo mató la bebida— y esto es un motivo de vergüenza para la familia.
Los guerreros dudan, pero finalmente deciden que no son quienes para impedir que Nube Roja ayude a vengar a su primo. Y Nube Roja no cabe en sí de gozo: irá a combatir a los pawnee. Va a ser un guerrero.
Pero el día del ataque —muy temprano, cuando los guerreros se reúnen ante las angustiadas miradas de sus familiares— Nube Roja no da señales de vida. No ha aparecido. «Bueno», deben de pensar los demás guerreros, «era de prever que el muchachito se echase atrás en el último momento».
Nadie le pidió a Nube Roja que acudiese a la batalla y ahora va a quedar como un cobarde. Esta retirada a última hora pueda convertirse en un imborrable estigma en su ahora improbable futuro. Los guerreros han esperado suficiente. Ya se han despedido de sus familiares, es hora de partir. Los caballos empiezan a caminar.
Súbitamente, un rumor crece entre la gente y se empiezan a escuchar excitadas voces:
—¡Ahí viene! ¡Ahí viene!
Los guerreros se giran, extrañados por el tumulto. Preguntan «¿quién viene?». La gente responde: «¡Nube Roja! ¡Nube Roja está viniendo!». En el último minuto, el jovencísimo aspirante a guerrero aparece cabalgando sobre un caballo ornamentado con las plumas reservadas únicamente para las monturas de los guerreros.
Nube Roja se había dormido.
Ahora se dirige hacia su primera batalla. Horas después regresará convertido en uno de los héroes de la triunfante expedición de venganza. Además de matar a cuatro pawnee, los guerreros sioux se han apoderado nada menos que de cincuenta caballos del enemigo. El propio Nube Roja ha tenido el arrojo de hacerse con algunas monturas por sí mismo. El muchacho piensa que lo ha conseguido: por fin es un guerrero. Y la guerra marcará su destino durante las siguientes décadas.

Cuarenta años más tarde, en 1876, un distinguido visitante se dispone a hablar en el estrado del prestigioso colegio universitario Cooper Unión de Nueva York.
Tiene cincuenta y cinco años, la piel cobriza y marcada por las profundas líneas que son como la crónica de una intensa vida en las praderas.
El hombre que se dispone a hablar exhibe una expresión severa, poco habitual entre los despreocupados rostros de la burguesía neoyorquina que han acudido para verlo; su aspecto, aunque ligeramente acondicionado para la ocasión, es ciertamente una visión extraordinaria entre los grandes edificios de la Gran Manzana.
Ese hombre es Nube Roja, aquel adolescente que quería convertirse en guerrero.
Ahora uno de los más importantes líderes de la Gran Nación Sioux y también uno de los más indomables combatientes nativos a los que se haya enfrentado jamás el gobierno de Washington.
Poco queda del alocado muchacho que se durmió el día de su primera batalla.
Ahora es un hombre que lo ha visto todo y lo ha vivido todo. Está revestido de un aura solemne: el aura de una leyenda.
Él ha doblegado a los destacamentos del ejército estadounidense en territorio sioux.
Su renombre era tal que en las praderas el ejército estadounidense no podía encontrar voluntarios ni siquiera para enviarle mensajes, tan aterrorizados estaban los hombres blancos ante la idea de personarse ante él.
Y ahora la Gran Nación Sioux le ha elegido para representar a su país en unas infructuosas negociaciones con los Estados Unidos de América. Ha venido a Nueva York invitado por una minoría de blancos defensores de los derechos de los indios, intelectuales y reformistas que tratan de solidarizarse con su causa.
Con su impresionante y exótica estampa, inmóvil ante un expectante público y una nutrida representación de la prensa local que ha acudido para cubrir tan singular evento, Nube Roja habla por medio de un traductor para todos aquellos hombres blancos que quieran escucharle:
Hermanos y amigos míos que hoy estáis ante mí: Dios todopoderoso nos creó a todos. Él está aquí para bendecir lo que tengo que deciros. El Buen Espíritu nos creó a ambas razas. A vosotros os dio tierras. A nosotros nos dio tierras. Vinisteis a nuestras tierras y os respetamos como a hermanos. Dios todopoderoso os creó, pero os hizo blancos y os dio ropas con las que vestiros. Cuando nos creó a nosotros, nos hizo con la piel roja y también nos hizo pobres.
Cuando llegasteis por primera vez, nosotros éramos muchos y vosotros erais pocos. Pero ahora vosotros sois muchos y nosotros somos cada vez menos. Quizá no sabéis quién ha aparecido hoy aquí para hablaros: soy un representante de la raza americana originaria, la primera gente que habitó este continente. Somos buena gente. No somos mala gente; las noticias que escucháis acerca de nosotros han sido elaboradas por una de las partes interesadas, pero nosotros siempre estuvimos bien dispuestos.
Aquí os dicen que somos unos ladrones, y esto es falso. Os hemos dado casi todas nuestras tierras. Y si tuviésemos más tierras, estaríamos muy felices de entregároslas también. Pero no tenemos nada más que entregaros. Nos han encerrado en una franja de tierra diminuta. Y queremos que vosotros, como mis queridos amigos que sois, nos ayudéis frente al gobierno de los Estados Unidos.
El público, formado como decimos por simpatizantes de la causa india, escucha en conmovido silencio la voz del gran jefe sioux. Quién sabe si Nube Roja ve en este discurso la última oportunidad de alcanzar una solución pacífica. Una solución pacífica en la que probablemente ya no cree, si es que alguna vez ha creído. Porque el líder sioux acaba de llegar de Washington, donde ha viajado para reclamar al gobierno estadounidense que permita a los sioux permanecer en las pocas tierras que todavía pueden llamar suyas.
Pero su visita a la capital estadounidense ha resultado frustrante. Ha estado en la Casa Blanca y ha conversado brevemente con el presidente Ulysses S. Grant —al que los indios, con su escrupulosa etiqueta característica, llaman «el Gran Padre»— y le ha ofendido que Grant le ofreciese veinticinco mil dólares a cambio de que acepte llevar a los suyos a una pequeña reserva.
Le ha ofendido todavía más descubrir el verdadero contenido del tratado de Fort Laramie, el documento que Nube Roja firmó en las praderas con los representantes blancos para terminar una guerra en la que los guerreros sioux —bajo su liderazgo— habían estado poniendo en jaque a las guarniciones militares de Montana y Wyoming.
Teóricamente aquella había sido una sonada victoria para los indios sioux. Pero cuando en Washington le leen a Nube Roja lo que de verdad está escrito en el tratado, el legendario jefe no puede creer lo que oye.
Nube Roja no sabía leer. En Washington, hablando con el secretario de interior, descubrió con disgusto que el papel firmado en Fort Laramie incluye una cláusula en la que efectivamente acepta llevar a los suyos a una reserva. Sintiéndose engañado, el jefe sioux entró en cólera y se marchó de la reunión asegurando que jamás había oído hablar de aquella cláusula, que se negaba rotundamente a someterse a ella.
En Washington nada hacen por resolver el entuerto e ignoran las protestas de la delegación india. Para ellos, un papel firmado es algo inamovible. La paz entre los sioux y los blancos parece cada vez más lejana. Desencantado con la frialdad de los gobernantes estadounidenses, Nube Roja está deseando regresar a su poblado para descansar. Pero antes ha aceptado la invitación para hablar en Nueva York. Y su discurso es como un último grito de socorro:
En 1868 vinieron unos hombres y trajeron unos papeles. Somos ignorantes y no sabemos leer papeles. No nos dijeron lo que de verdad estaba escrito en ellos. Lo que nosotros queríamos era que levantasen sus fuertes, que se marcharan de nuestro país, que no nos hicieran la guerra y que les dieran algo a nuestros comerciantes como compensación. Cuando nos dijeron que nos debíamos limitar a comerciar en el Missouri les dijimos que no, que nos negábamos. Pero los intérpretes nos engañaron.
Cuando fui a Washington, vi al Gran Padre. El Gran Padre me enseñó lo que de verdad eran aquellos tratados, me leyó todos esos puntos y aquello me hizo comprender que los intérpretes me habían engañado, que no me habían hecho saber cuál era el auténtico sentido del tratado. Todo lo que quiero ahora es que se haga lo correcto, todo lo que quiero es justicia. Estoy aquí en nombre de la Nación Sioux. Ellos se regirán por lo que yo diga y por lo que yo represento.
Miradme. Soy pobre y no tengo buenas ropas. Pero soy el jefe de una nación. No queremos riquezas, no son riquezas lo que pedimos. Pero sí queremos poder educar y criar a nuestros niños como es debido. Buscamos vuestra simpatía. Las riquezas no nos harán bien, y no podemos llevar al otro mundo nada de los bienes que podamos tener. Lo que queremos tener es amor y paz.
Nube Roja es un guerrero, probablemente uno de los mejores guerreros que ha visto el continente norteamericano. Pero está cansado de la guerra. De esa misma guerra que algunos de sus ilustres compatriotas sioux —como Toro Sentado y Caballo Loco— están dispuestos a continuar porque no encuentran otra salida. Nube Roja tampoco se ha plegado jamás a la rendición y la humillación.
Ha intentado negociar siempre que ha habido oportunidad, ha ido a Washington para hablar con el presidente. Pero no solo está hastiado de la guerra, sino también de que los representantes del gobierno estadounidense lo engañen una y otra vez, a él y los demás jefes indios. De que incumplan cada uno de sus acuerdos. Ahora, en Nueva York, ante uno de los escasos auditorios blancos dispuestos a escucharle, continúa quejándose amargamente:
Le he enviado muchas grandes palabras al Gran Padre, pero no sé si alguna vez harán mella en él. Fueron hundidas por el camino, así que me sentí un tanto ofendido y pensé que yo mismo vendría aquí ante vosotros para decíroslas. Hoy os dejo, voy a volver a casa. Quiero deciros que no podemos confiar en los agentes y superintendentes que enviáis a nuestras tierras. No quiero gente extraña de la que no sé nada.
Estoy feliz de que vosotros seáis de los nuestros, estoy feliz de venir aquí y descubrir que vosotros y nosotros podemos entendernos mutuamente. Pero no quiero a más de aquellos hombres en mis tierras, hombres que son tan pobres que cuando llegan a nuestras tierras su primer pensamiento es el de cómo hacer para llenarse los bolsillos.
Queremos tener garantías en nuestras reservas. Queremos hombres honrados, queremos que nos ayudéis a mantener las tierras que nos pertenecen, de manera que no sigamos siendo una presa para aquellos que tienen malas intenciones. Me vuelvo a casa. Estoy feliz de que me hayáis escuchado, os deseo lo mejor y os doy una afectuosa despedida.

Esto es una parte de las palabras que Nube Roja pronunció durante su peculiar visita a Nueva York.
Se retira del estrado mientras el público se pone en pie y le dedica una sentida ovación.
Nube Roja vuelve a casa habiendo triunfado sólo en el púlpito; es un guerrero pero también es un orador.
Más allá de los matices del intérprete o de la traducción, la esencia de su mensaje traspasa todo idioma: los sioux solamente quieren lo que les pertenece.
Su tierra, su país. Ni siquiera lo reclaman al completo, solamente lo que precisan para seguir viviendo según sus costumbres.
Pero este discurso, la ovación que ha provocado y la posterior repercusión en los periódicos puede haber sido otra de sus pírricas victorias en una guerra que él y todo su pueblo están destinados a perder.
El gran jefe sioux abandona New York sumido en quién sabe qué sombríos pensamientos.
Nube Roja, jamás un hombre rencoroso, ha aceptado hablar por petición de los propios neoyorquinos, más sensibles y sofisticados, más receptivos hacia la causa india que los codiciosos aventureros del oeste o que los fríos genocidas de Washington.
Pero sus palabras probablemente podrán poco frente a eso que los gobernantes estadounidenses bautizaron cruelmente como «destino manifiesto».
Viajemos de nuevo hacia el pasado, algo más de medio siglo antes de ese discurso en Nueva York. El veinte de septiembre de 1821, los habitantes de un poblado sioux de Nebraska pudieron contemplar un extraño fenómeno en el cielo. Un gran meteorito dejó una brillantísima estela de luz a lo largo del cielo de Norteamérica.
Aquel mismo día —cosas del destino— nació un niño en el poblado y los padres del bebé, ante la maravillosa coincidencia, decidieron bautizarlo como Mahpiua Luta. Esto es, «Nube Escarlata» o «Cielo Escarlata». ¿Podía aquello ser una señal de que la vida de su bebé, marcada por tan espectacular presagio, estaba destinada a grandes hazañas? Ninguno de los dos orgullosos padres viviría lo suficiente como para comprobarlo, pero ciertamente no habían traído al mundo a un individuo cualquiera.
Su hijo, Nube Escarlata —hoy más conocido por la ligeramente inexacta traducción de Nube Roja— iba a convertirse en uno de los principales estandartes de la soberanía india, un líder guerrero capaz de infligir una sonora derrota a una de las naciones modernas más florecientes de la Tierra, pero también un hombre capaz de conmover con sus palabras incluso a sus enemigos.
Por aquel entonces las llanuras del noroeste de Nebraska todavía pertenecían a los indios, aunque las tensiones con el hombre blanco fuesen más que patentes. El poblado donde vino al mundo Nube Roja era un enclave relativamente aislado en el conjunto de la Gran Nación Sioux. Asentado junto al Bluewater Creek, un afluente del río Platte, en el poblado no temían demasiado la presencia de posibles rivales, particularmente los aguerridos clanes de la Nación Pawnee.
Los pawnee tenían sus campos de cultivo al este del río y comenzaban a plantar maíz o judías a principios de la primavera, época en la que se mantenían más ocupados con la agricultura y por lo tanto más tranquilos. Pero en otras épocas del año levantaban sus campamentos y buscaban territorios de caza que no pocas veces interesaban también a los sioux. Aun así y aunque las partidas de caza pawnee se acercaban mucho al poblado de Nube Roja, el asentamiento solía ser respetado.
Cuando Nube Roja nació todavía estaba reciente el recuerdo de aquel día en que los sioux infligieron una severa derrota a los kaiowas, obligándolos a huir de la región. Para los demás indios —pronto también para los blancos— la sola mención de la palabra «sioux» bastaba para infundir respeto, cuando no directamente temor.
La Nación Sioux se componía de siete grandes tribus que pese a su amplia dispersión geográfica tenían un origen común y hablaban un mismo idioma.
Existía entre las siete tribus un fuerte sentimiento de unión, de hecho un auténtico sentimiento nacional. Estaban formalmente unidas por la institución central de la Ochéti Sakówin, que viene a significar los «siete fuegos del consejo» y que les proporcionaba su principal elemento identitario y unificador; en tiempos revueltos podían elegir a un gran jefe que los representase a todos.
Era costumbre que la elección de un jefe, ya fuese a nivel de nación, de tribu, de clan o de poblado, estuviese basada en las cuatro virtudes tradicionalmente más apreciadas por los sioux: valor, fortaleza, generosidad y sabiduría. No era pues inhabitual que llegasen a lo más alto los individuos más capaces de la nación, aunque tampoco entre ellos faltaban las intrigas políticas.
Los jefes de las siete grandes tribus sioux conversaban a menudo entre sí. Aunque vivían separados, tomaban las grandes decisiones juntos y cuando la ocasión lo requería iban a la guerra también juntos. La organización de la Gran Nación Sioux era bastante compleja, más si tenemos en cuenta su población relativamente escasa y dispersa.
Cierto es que no existía nada comparable a nuestro concepto europeo de nación, tampoco nada que recordase a los antiguos imperios indios de Centroamérica y Sudamérica, pero una «tribu» era mucho más que un simple conjunto de tipis levantados sobre una llanura.
Los indios de Norteamérica no eran una mera constelación de poblados primitivos sin organización. La Gran Nación Sioux, sin ir más lejos, no solamente disponía de un gobierno central sino que podía reunir un ejército único que defendiera los intereses de todos los sioux en su conjunto (aunque en tiempos de Nube Roja se estima que no pudiese reunir a más de dos mil o tres mil guerreros).
Cada una de las siete tribus sioux se subdividía en varios clanes, generalmente bautizados con términos descriptivos que hacían referencia a alguna característica distintiva de su estilo de vida. Estos clanes se componían a su vez de un cierto número de poblados o de bandas seminómadas que compartían unos determinados rasgos de identidad, resumidos por el nombre del clan. Eso sí, como en cualquier otro grupo humano, el mundo sioux no estaba exento de luchas internas y ocasionales guerras fraticidas.
Pero lo cierto es que allá donde fuesen poseían un fuerte sentido de la identidad que iba más allá de lo meramente tribal. De hecho los sioux no se llamaban a sí mismos «sioux», sino «lakota», término que significaba «aliados» (y por cierto, según lo pronunciasen, ese término sirvió para dividir la Nación Sioux en tres ámbitos lingüísticos: los lakota, los dakota y los nakota… separación que aún se utiliza hoy).
El primero de esos tres grupos, el de los lakota, estaba compuesto básicamente por una gran tribu: la de los teton o titunwan («habitantes de las praderas»). Es probablemente la más célebre de entre todas las tribus sioux y la que en mayor grado ha sido representada en la cultura popular. A los teton-lakota pertenecieron personajes legendarios como los citados Toro Sentado, Caballo Loco o Ciervo Negro.
También perteneciente a la tribu teton-lakota era el clan oglala («los que se dispersan»), en cuyo seno nació Nube Roja. Eso sí, como ya dejamos entrever más arriba, Nube Roja no fue un oglala puro étnicamente hablando. Su padre, el jefe Hombre Solitario, fue líder del clan kuhee («los que viven apartados») que a su vez pertenecía a la tribu brulé. La madre de Nube Roja, que lucía el muy descriptivo nombre de La Mujer que Camina Mientras Piensa, era por el contrario una lakota norteña.
El pequeño Nube Roja no tardó en quedarse huérfano: cuando apenas estaba empezando a caminar su padre murió a causa de la adicción a la bebida. Nube Roja nunca fue ajeno al hecho de que su padre fue un alcohólico, vicio cada vez más habitual pero al mismo tiempo cada vez peor visto entre los indios.
Al morir su marido, La Mujer que Camina Mientras Piensa llevó al pequeño Nube Roja y sus hermanos a la aldea de un familiar, el Viejo Jefe Humo, tío materno del niño. Poco después también ella falleció. Nube Roja, apenas un párvulo y ya sin padres, quedó al cuidado de sus hermanas mayores, mientras que el Viejo Jefe Humo se convirtió en su referente masculino, su mentor y lo más parecido a un padre que Nube Roja conoció en su vida.

El que Nube Roja fuese criado en casa de la familia directa de su madre no es casualidad.
Engañoso podría resultar el aparente culto al macho guerrero que tiñe toda nuestra visión del entorno de Nube Roja y de los sioux en general.
La sociedad oglala, como casi todas las sociedades sioux, era una curiosa mezcla de predominio del varón con un trasfondo de matriarcado tradicional.
Los hombres dominaban, sí, pero el papel de las mujeres distaba mucho de ser completamente pasivo.
Los sioux tenían la idea de que la naturaleza poseía dos espíritus igualmente importantes, el masculino y el femenino.
Así pues, aunque los jefes de los poblados, bandas o clanes eran siempre hombres, a veces su nombramiento debía ser aprobado por las ancianas locales, quienes tenían incluso la potestad de destronar a un líder inadecuado. Los propios sioux afirmaron más tarde que que las mujeres indias empezaron a desaparecer de la élite gobernante cuando los europeos recién llegados se negaban a reconocerlas como representantes válidas en las negociaciones.
Es más: entre los sioux existía incluso una amplia tolerancia hacia la homosexualidad —que era permitida tanto en hombres como en mujeres— e incluso hacia el travestismo: existía la figura de los winktes, varones afeminados («poseedores de los dos espíritus») que solían ejercer funciones espirituales, sanadoras o mágicas. En 1712, el jesuita francés Joseph-François Lafitau describió así el papel de la mujer entre los sioux:
Nada hay más real que la superioridad de la mujer. Son ellas quienes mantienen la tribu, la nobleza de sangre, el árbol genealógico, el orden de las generaciones y la conservación de las familias. En ellas reside toda la verdadera autoridad: las tierras, los campos y todas las cosechas les pertenecen.
Ellas son el alma de los consejos, los árbitros en la paz y la guerra; recogen todos los impuestos y mantienen el tesoro público; a ellas se les confía los esclavos; ellas arreglan los matrimonios; los niños están bajo su autoridad y el orden de sucesión está fundado en su sangre.
El Consejo de Ancianos que realiza todas las transacciones no funciona por sí mismo, sino que parece que sirven solamente para representar y ayudar a las mujeres en aquellas materias donde el decoro no permite a éstas presentarse o actuar. Las mujeres eligen a los jefes de entre sus hermanos maternos o de entre sus propios hijos.
También la figura salvadora de la religión tradicional sioux, la enviada del cielo que había prometido retornar para ofrecerles la redención a los lakota, era una fémina: la Mujer Búfalo Blanco. Cuando los misioneros católicos comenzaron a predicar entre los indios, muchos sioux asimilaron a la Mujer Búfalo Blanco con la Virgen María debido al evidente parecido iconográfico entre ambas figuras mitológicas (aunque en realidad la Mujer Búfalo Blanco ejercería un rol más parecido al de Cristo).
Así pues, no resulta difícil intuir que el enfoque de la opinión femenina pudo tener su peso sobre muchas decisiones de los sioux por más que fuesen siempre los varones quienes las vocalizaban y ponían en práctica. Nube Roja, que nunca fue un hombre particularmente sensible o delicado —incluso considerado bajo los estándares de los duros guerreros sioux— daba frecuentes muestras de una pragmática sensatez que probablemente debía bastante al hecho de haber sido criado por sus hermanas mayores.
Los sioux fueron siempre guerreros: antes de la llegada del hombre blanco solían protagonizar periódicos conflictos con otras naciones indias. De hecho, las guerras entre indios podían ser tan insensatas o crueles como las guerras entre europeos, pero sería un error considerar la Nación Sioux como un irreflexivo pueblo de batalladores testosterónicos. Nada más lejos. Estaban muy acostumbrados a que una amplia variedad de circunstancias resultaba preferible la negociación a la batalla.
Sea como fuere, es verdad Nube Roja creció siendo un joven particularmente dotado para la guerra. Como adolescente destacaba por su aguda inteligencia pero también por su destreza, rapidez y fuerza sobresalientes: un estadounidense contemporáneo definió su tensa constitución física como la de «un tigre a punto de abalanzarse». Su educación fue la típica de un sioux: dado el carácter nómada de los oglala, Nube Roja llegó a conocer bien extensísimas regiones de las llanuras septentrionales.
Podía reconocer cualquier animal de un vistazo y distinguir de entre la vegetación cualquier planta que sirviera como alimento o que tuviese propiedades medicinales. También conocía al dedillo las características geológicas de cada paraje de la región.
Como todos los jóvenes lakota, hubo de realizar largos y duros viajes iniciáticos en los que tenía que demostrar que podía valerse por sí mismo, sobreviviendo sin ayuda en mitad de los más agrestes parajes y regresando vivo al poblado: la vida en las llanuras no resultaba fácil y un hombre tenía que estar preparado para cualquier cosa.
Después de probarse en aquellos duros exámenes, un joven sioux podía optar por diferentes líneas profesionales para labrarse un futuro: desde convertirse en guerrero hasta ejercer como sacerdote o sanador. Incluso existían grupos similares a gremios que se encargaban de formar y entrenar a los jóvenes en determinados trabajos concretos.
Pero lo cierto es que en casi todos estos ámbitos se necesitaban buenos contactos e influencias para ascender, algo con lo que sin duda podemos estar familiarizados. Cierto es que en sus pruebas de iniciación Nube Roja destacó de entre sus pares adolescentes y desde muy temprano tuvo sin duda un carácter duro y competitivo.
Sin embargo sus perspectivas de ascender socialmente en el clan parecían bastante escasas. Su «libro de familia» suponía un serio obstáculo: como señalábamos, un huérfano mestizo e hijo de un bebedor no podía esperar demasiados apoyos.
Pero a un guerrero que lucha valientemente nadie le discutía sus méritos, y destacar en la guerra era un empujón importante para llegar a ser alguien en la Nación Sioux. Así que el adolescente Nube Roja se entrenaba duramente con la intención de llegar a ser un guerrero; teniendo solamente dieciséis años, como narrábamos al principio, acudió a su primera batalla y experimentó su primer retorno triunfal.
Después vendrían otras muchas batallas, especialmente contra los pawnee o los crow. Para cuando le tocase enfrentarse a los soldados estadounidenses —mucho mejor armados y mejor organizados— Nube Roja ya había acumulado una enorme experiencia en combate.

Los sioux aprendieron a montar a caballo durante el siglo XVI; al parecer fueron sus aliados de la Nación Cheyenne quienes les introdujeron en el arte de equitación (los cheyenne, claro, lo habían aprendido de los europeos). Hábiles y despiertos, los sioux pronto dominaron aquellos extraños animales y se convirtieron en expertos jinetes. También se tuvieron que habituar a las armas de fuego, aunque lo hicieron con algo de retraso respecto a otros indios del norte.
De hecho los sioux fueron expulsados de sus tierras originarias por varias naciones rivales que sí disponían de pólvora. La imagen legendaria de los sioux cabalgando por las llanuras responde a una realidad, pero es una realidad relativamente tardía en su historia e indirectamente moldeada por la importación de las armas de fuego.
Su origen no había estado tan atado a las planicies como pudiera parecer; tradicionalmente habían habitado zonas boscosas, viajando mediante canoas a lo largo de las corrientes fluviales o los lagos de la región limítrofe con Canadá. Sin embargo, la presión de algunas naciones rivales que habían conseguido unas armas nuevas y terribles —los mosquetes— empezó a hacerse notar y los bravos guerreros sioux, que habían dominado con facilidad a sus enemigos, tuvieron que empezar a ceder terreno.
Los guerreros de la Nación Cree habían estado rearmándose gracias al comercio con los franceses: a cambio de pieles que alcanzaban un alto precio en Europa, los cree se hicieron con un arsenal de mosquetes contra los que los guerreros sioux no estaban habituados a combatir.
En 1674 los cree masacraron a balazos a una partida de caza sioux que no disponía de nada mejor que arcos, cuchillos y demás armamento arcaico para defenderse. Otros indios de la región como los chippewa o los assiniboin también consiguieron mosquetes, poniendo en solfa la antigua supremacía sioux y obligándolos a desplazarse hacia el sur y el oeste.
Así que, presionados por sus enemigos, los sioux habían abandonado una apacible vida en los bosques para empezar a habitar las grandes llanuras. Sin embargo, aquella situación de inferioridad no duraría mucho: habían comprendido por amarga experiencia la importancia de las armas de fuego y también empezaron a comerciar con franceses e ingleses para conseguirlas. Pronto disparaban sus mosquetes con tanta o más soltura que sus enemigos, volviendo a equilibrar la balanza de fuerzas en su favor.
Así, armados con pólvora y montados sobre caballos, se lanzaron definitivamente a la conquista de las praderas. Del mismo modo en que antes habían sido desplazados por los cree o los chippewa, los sioux empezaron a desplazar a otras naciones como los iowa y los omaha.
Los sioux se movían ahora buscando una fuente de alimento y pieles aparentemente inagotable —el búfalo— que resultaba más fácil de cazar gracias a los mosquetes, y su espíritu osado hizo que se dispersaran en persecución de las grandes manadas. En ese proceso de expansión, con el nuevo armamento asociado a su tradicional belicosidad, pronto se puso de manifiesto que los sioux que no estaban dispuestos a echarse atrás ante nadie.
Las armas de fuego, pues, tuvieron un impacto enorme en la balanza de poderes de la Norteamérica nativa. La pólvora permitió que las naciones más guerreras como los sioux, los pawnee, los pies negros, los cherokee, los apache, los kiowa y otras bien conocidas por todos terminaran imponiéndose en amplias regiones, pero lógicamente también agravaron la magnitud de las disputas entre los propios indios.

A principios del siglo XIX, pues, la Gran Nación Sioux se había consolidado y ocupaba ya un amplio territorio repartido entre varios de los actuales estados de USA, que de hecho era más extenso que la actual España.
Su influencia se extendía tan lejos como a Canadá por el norte y Colorado por el sur.
Otras naciones indias del norte de los actuales EE.UU. los temían a causa de su carácter batallador y en todo caso los respetaban por su renombre.
A ninguna otra nación, fuese rival, aliada o neutral, se le escapaba que la Nación Sioux estaba formada por individuos bravos e inteligentes, dotados de una cohesionada organización interna que les permitía actuar coordinadamente a lo largo de un extenso territorio. Había que tenerles cuidado.
En cuanto al contacto con el hombre blanco, no había tenido siempre tintes de enemistad. Al menos no en los inicios. Cuando los primeros blancos se adentraban en territorio indio se trataba por lo general de exploradores, comerciantes de pieles, misioneros y demás pioneros temerarios a quienes los indios recibían con cortesía e interés.
Como solía suceder cuando los blancos no tenían bastante poder como para intentar apoderarse de las tierras por la fuerza, los sioux no se mostraron particularmente refractarios a la colaboración y de hecho llegaron a considerar a los europeos como valiosos aliados en sus guerras contra otras naciones indias. Los blancos eran buenos suministradores de armas de fuego y munición, elementos decisorios en cualquier guerra y que al contrario que los caballos, los indios no podían producir por sí mismos.
A los indios también les gustaban los utensilios domésticos, herramientas y adornos traídos de Europa, y muy gustosamente intercambiaban todo ello por pieles.
Sin embargo no todo era de color de rosa, porque en ese fluido comercio pronto se coló el alcohol: los europeos descubrieron que algunos indios caían con singular facilidad en el alcoholismo, enfermedad que se cebaba particularmente con los nativos —se piensa que podría influir una cuestión genética relacionada con las enzimas que metabolizan la sustancia en el organismo—, así que empezaron a vender grandes cantidades de «agua de fuego» a todo poblado o banda con la que se cruzaban (a los indios les fascinaba comprobar cómo aquel líquido era capaz de arder, de ahí su sonora manera de referirse a él) .
Los indios comprendieron rápidamente el poder disruptivo que la bebida podía tener en su sociedad, pero poco podían hacer para evitar su circulación excepto convertirlo en un estigma social: si bien podían convertirse fácilmente en alcohólicos cuando se acostumbraban a beber, eran muchos quienes sencillamente se negaban a hacerlo y curiosamente, tanto el porcentaje de alcohólicos como también el de abstemios era mucho más alto entre los indios que entre los blancos.
Los blancos, naturalmente, hicieron todo lo posible para fomentar activamente el comercio del alcohol, bien fuese por avaricia o incluso como un arma más con el que debilitar a los nativos.
Más allá de esto, la convivencia entre indios y blancos fue buena mientras los primeros no se sintieron invadidos. Cierto es que las ambiciones de los primeros exploradores y comerciantes europeos provocaban enfrentamientos puntuales e incluso algunos incidentes violentos, pero esto era más la excepción que la regla.
La situación, no obstante, cambió cuando los blancos comenzaron a aparecer en mayor número y decididos a asentarse en territorio indio, ejerciendo una presión demográfica creciente que por necesidad terminaba provocando explosiones incontrolables de violencia.
En un principio, los indios trataban de tolerar a los nuevos colonos, pero el aumento de estos era constante, requiriendo cada vez más tierras y recursos, y avanzando casi siempre escoltados por los militares. Los indios no tardaban en sentir que estaban siendo efectivamente expulsados de sus tierras por aquellos mismos blancos a quienes habían dado la bienvenida generaciones atrás.
A mediados del siglo XIX, la creciente belicosidad contra el hombre blanco era un fiel reflejo de esa nueva situación. Cada vez que una población blanca medianamente significativa se instalaba en un territorio indio, los Estados Unidos la respaldaban con la fuerza de las armas ante la previsible escalada de resistencia de los nativos. Entonces empezaba un toma y daca de enfrentamientos entrecortados por sucesivos acuerdos de paz.
Primero solía producirse un incremento de la tensión caracterizada por una espiral de incidentes violentos que amenazaban con desembocar en una guerra abierta. Guerra en la que los indios, con su inferior armamento e inferior organización militar, sabían que tenían pocas esperanzas de triunfo. Así, los indios solían intentar detener la invasión de facto de sus territorios con la aceptación de diversos tratados en los que aceptaban pagos periódicos en dinero, alimentos y distintos bienes a cambio de renunciar a una parte sustancial de sus territorios.
Cedían sus tierras a los blancos y se marchaban a vivir a una «reserva», la integridad de cuyas fronteras estaba teóricamente garantizada por el gobierno de Washington, que también prometía recursos y dinero suficientes para que los indios sobreviviesen allí. De este modo, ambos bandos buscaban cortar de raíz la espiral de violencia.
Los estadounidenses firmaban estos tratados porque la resistencia india les hacía desviar costosos recursos militares a la región concreta que estuviese en conflicto, desestabilizando además la productividad y el comercio: un tratado garantizaba la tranquilidad y de paso les ganaba un buen mordisco de territorios.
Los indios firmaban porque no tenían mucha más salida que conformarse con la reserva y los pagos prometidos, salvo que decidieran lanzarse a una guerra total contra un enemigo bastante mejor pertrechado y generalmente mucho más numeroso.
Para los sioux aquellos tratados tenían un estatus de acuerdo internacional —lo que en esencia eran— y pensaban que debían ser solemnemente respetados. Los jefes de las tribus implicadas sellaban un pacto con el gobierno de aquella otra nación llamada los Estados Unidos de América. En esas firmas, el gobierno de Washington estaba legalmente representado por la figura de un «agente de asuntos indios» o superintendente.
Esto es, funcionarios que tenían una total potestad para negociar con los indios en nombre del gobierno. ¿Por qué estos agentes tenían tanto margen para negociar por sí mismos? Porque Washington, en realidad, estaba poco dispuesta a cumplir cualquier compromiso adquirido por aquellos agentes.
Los sioux no tardarían en comprender que como les había sucedido a otros indios antes que a ellos, sus firmas tendían a ser menospreciadas por la otra parte. Los incumplimientos estadounidenses eran frecuentes y llevaban a nuevos conflictos en los que —una vez más— los indios se veían en situación de inferioridad.
La cosa se resolvía con un nuevo tratado que ahora establecía condiciones todavía más desfavorables que el anterior, trasladando a los indios derrotados a una reserva más pequeña y menos habitable. Así, los territorios en los que tenían que vivir eran cada vez más pobres, porque las tierras más fértiles y con mayor abundancia de caza se las quedaban los blancos.

Como consecuencia y para poder sobrevivir, los indios se veían cada vez más dependientes de los pagos en dinero y especie que el gobierno de Washington había prometido. Pero estos pagos se retrasaban o sencillamente no se producían: una tónica habitual que se agravaría con el estallido de la guerra civil en los Estados Unidos.
De repente, a Washington le preocupaba mucho más la guerra entre blancos que las guerras periféricas contra los indios, así que el gobierno estadounidense —de manera unilateral y a veces incluso en decisión ratificada por el senado— declaraba nulas aquellas cláusulas de los pagos o sencillamente se limitaba a permitir que los agentes de asuntos indios hiciesen y deshiciesen a su antojo…. con el resultado de que los pagos se perdían en la maraña administrativa de la Agencia de Asuntos Indios, de cuyo control interno nadie se preocupaba demasiado y cuyos integrantes solían terminar apropiándose de todos los bienes.
Los encargados de negociar con los indios lo tenían fácil para enriquecerse con el dinero y las mercancías que estaba teóricamente destinado a garantizar la subsistencia de los nativos (en EE.UU., como vemos, no existía un particular interés en combatir la corrupción cuando los perjudicados eran los indios). Todo esto se puede resumir con estas líneas extraídas de la carta escrita por un militar estadounidense de la época, el general John Pope, comandante del ejército en Missouri:
El indio, en realidad, ya no tiene un país. En sus tierras, por todas partes, se ha extendido el hombre blanco. Sus medios de subsistencia son destruidos y los hogares de sus tribus les son arrebatados violentamente. El indio y su familia son reducidos al hambre o a la necesidad de combatir hasta la muerte contra el hombre blanco, cuyo inevitable y destructivo avance amenaza con la total exterminación de su raza.
Los indios, llevados a la desesperación y amenazados por el hambre, han comenzado sus hostilidades contra los hombres blancos y se están conduciendo con una furia y rabia hasta ahora desconocidas en su historia. No hay una tribu india en las grandes llanuras o en las regiones montañosas que no esté guerreando contra nosotros.
La suerte de los sioux no fue muy distinta. Tratado tras tratado, iban perdiendo todo aquello que les pertenecía. En 1863 se descubrió oro en Montana: fueron construidas un par de carreteras que atravesaban directamente el territorio de caza de los sioux lakota y que invitaban a toda una nueva oleada de inmigrantes a establecerse en aquel territorio que los indios necesitaban para alimentarse.
Eran los últimos territorios de caza vírgenes de la región que todavía no habían sido estropeados por la presencia de los blancos y allí se buscaban el sustento diversas poblaciones de sioux, cheyennes y arapajoes. Ante el nuevo atropello, las tres naciones indias formaron una coalición para defenderse, reuniendo a unos dos mil guerreros dispuestos a impedir que aquel territorio fuese también invadido.
Los convoyes comerciales de las nuevas rutas empezaron a ser acosados por partidas de indios que atacaban y desparecían rápidamente utilizando tácticas de guerrilla. Los indios se ocupaban particularmente en interceptar la mayor cantidad posible de correo postal, para entorpecer la coordinación del avance estadounidense.
Estas nuevas rutas del oro estaban pagando un alto precio por atravesar impunemente territorio previamente garantizado mediante tratados y las caravanas, pese a ser cada vez más grandes y con mayores escoltas, lo tenían muy difícil para atravesar tranquilamente las tierras de caza indias.
En 1865, tras más de año y medio de constante asedio de los sioux, cheyenne y arapajoe, el comandante estadounidense de la región, general Grenville Dodge, cometió el error de enviar una expedición de dos mil setecientos soldados para intentar castigar a los díscolos nativos. Nube Roja, que hasta entonces solamente había combatido contra otros indios y nunca contra el hombre blanco, rápidamente se puso al frente de la contraofensiva.
Aquel huérfano que había librado su primera batalla con dieciséis años después estar a punto de perdérsela por quedarse dormido, tenía ahora más de cuarenta y se había convertido en uno de los comandantes militares más reputados de la Nación Sioux. El incauto ataque del general Grenville Dodge iba a sacar lo mejor de aquel guerrero sioux y lo iba a convertir en leyenda. Así comenzaba la guerra de Nube Roja.

Esta es la primera oportunidad que tengo de escribirle desde la gran masacre, y para empezar le diré que siento vergüenza por haber formado parte de aquello. No serviría de nada contarle cómo fue conducida la lucha; me limitaré a decirle que pienso que el oficial al mando debería ser ahorcado.
Tras la batalla hubo una escena que espero no volver a ver jamás: a los hombres, a las mujeres y a los niños se les quitaron las cabelleras, se les cortaron los dedos para despojarlos de sus anillos. Se disparó a niños pequeños mientras rogaban por sus vidas. Le dije al coronel que creía que era un asesinato atacar a indios amistosos. Me respondió diciendo: «Dios maldiga a cualquier hombre que simpatice con esos indios». (Carta del teniente estadounidense Joseph Kramer a uno de sus superiores)
Noviembre de 1864. La tétrica noticia corre por las grandes llanuras como un reguero de pólvora encendido: setecientos soldados blancos, dirigidos por el sanguinario coronel John Chivington, han atacado una aldea cheyenne en Colorado. Una aldea pacífica, no involucrada en la guerra que otra parte de la Nación Cheyenne libra contra los blancos. Una aldea teóricamente beneficiaria de la protección estadounidense por efecto de un tratado con el gobierno de Washington.
Y aun así, los hombres de Chivington han cometido una carnicería que ha horrorizado incluso a militares que formaban parte de esa misma expedición: en su correspondencia personal y oficial, así como en los informes verbales ante sus superiores, algunos de esos oficiales piden abiertamente que el coronel Chivington sea llevado al patíbulo.
Cuando la noticia de la masacre empieza a circular por el país, incluso renombrados enemigos de los nativos —como el antiguo trampero y aventurero de la frontera reconvertido en líder militar Cristopher «Kit» Carson— hablan de la matanza con una mezcla de rabia y náusea:
Lo que ese perro de Chivington y sus sucios sabuesos han hecho en Sand Creek… sus hombres han disparado a mujeres y le han volado los sesos a niños inocentes. Y llamáis a esos soldados «cristianos», ¿no es así? ¿Y en cambio llamáis «salvajes» a los indios? ¿Qué pensará de esto el padre celestial, que nos creó tanto a nosotros como a ellos? Te diré algo: no me gusta un piel roja hostil más de lo que te gusta a ti. Y cuando son hostiles he luchado contra ellos tan duramente como cualquier otro hombre. Pero aún no le he puesto un dedo encima a una mujer o a un niño. Y abomino de los hombres que sí lo hacen.

El suceso alcanza tal resonancia que el mismísimo Congreso estadounidense se verá obligado a organizar una comisión de investigación en la que se escucharán testimonios verdaderamente tristes, como el de este soldado que estuvo presente en Sand Creek:
«Vi los cuerpos tendidos allí, cortados a trozos, con las peores mutilaciones que yo hubiese visto nunca. Las mujeres despedazadas a cuchillo, sus cráneos pelados, sus cerebros al aire.
Gente de todas las edades muerta en el suelo, desde bebés hasta guerreros. ¿Que quiénes los mutilaron? Las tropas de los Estados Unidos».
Si entre los estadounidenses de la época —generalmente poco escrupulosos a la hora de despojar a los nativos de sus tierras e incluso de sus vidas— se produjo tal reacción, cabe imaginar la honda impresión que la noticia causó en las naciones indias.
La coalición sioux-cheyenne-arapajoe, ahora en guerra, conoció detalles de aquellos hechos gracias a la llegada de supervivientes de Sand Creek: indios antes pacíficos que tras haber sido testigos de la matanza decidieron unirse a la lucha contra los Estados Unidos.
La masacre era un motivo más, pensaron sin duda los jefes de la coalición, para no desfallecer en su resistencia frente a una invasión blanca cada vez más cruenta.
Sin embargo, para librar una exitosa guerra contra los soldados blancos necesitaban enfocar la estrategia bélica de manera distinta a lo tradicional.
Los indios de las praderas, cuando se enfrentaban entre sí, estaban acostumbrados a librar guerras efímeras. Como mucho se producían guerras «prolongadas» que no eran sino estados de animadversión perenne entre determinadas naciones que por lo general se manifestaban mediante incursiones fugaces y aisladas a nivel local.
Siendo tan escasa su población y disponiendo de un reducido número de guerreros no podían permitirse guerras masivas ni prolongadas, así que habían desarrollado una mentalidad combativa basada en la revancha instantánea. Las partidas de guerra indias solían causar pocas bajas en ambos bandos y estaban más dirigidas al pillaje o a la captura de esclavos que a la exterminación del contrario. Los indios de Norteamérica carecían de estrategia militar a largo plazo.
Y tan primitivas como sus estrategias eran sus motivaciones bélicas, casi siempre puramente coyunturales ya fuesen la disputa de un territorio de caza o la mera revancha por un ataque anterior. Para los indios, la venganza era en principio un casus belli legítimo. Una aldea atacada injustificadamente se consideraba con el derecho e incluso con el deber de vengar la afrenta.
En ocasiones se conformaban con saquear a sus enemigos, pero lógicamente también se podía llegar al frío asesinato, especialmente de los guerreros y los líderes rivales. Nube Roja, por ejemplo, nunca fue un hombre particularmente misericordioso y durante su juventud ejecutó más de una venganza con sus propias manos.
Un ejemplo: parte del clan donde vivía se rebeló contra el Viejo Jefe Humo (tío materno de Nube Roja, recordemos) mediante el teatral gesto de lanzarle tierra a la cara. Tras la escenita, los rebeldes se escindieron del clan y formaron uno propio con el que comenzaron a atacar las aldeas o campamentos de su antiguo jefe.
En una de aquellas incursiones llegaron a matar a otro pariente de Nube Roja, quien tomó buena nota y participó vigorosamente en una partida guerrera destinada a acabar con los rebeldes. En la batalla final, el líder rebelde fue herido en una pierna y quedó sentado en el suelo, incapaz ya de combatir. Nube Roja se dirigió directamente a él.
Pese a ver que estaba indefenso, pese a las súplicas que el líder rebelde hacía por su propia vida, Nube Roja le apuntó con su arma a la cabeza y tras pronunciar la frase «todo esto es por tu causa», disparó. Matar a un hombre herido e indefenso fue un gesto inmisericorde, sin duda, pero Nube Roja estaba imponiendo la férrea ley de las praderas. La piedad, pensaba él, quedaba para quienes se la habían merecido y un guerrero que había asesinado a antiguos compañeros de clan no la merecía.
Pero Nube Roja nunca tuvo fama de hombre injusto, más bien al contrario, y por eso logró escalar puestos hasta la jefatura máxima cuando se declaró la guerra a los blancos. Es más: pese a su acerado pasado como guerrero y pese al miedo que su nombre estaba empezando a provocar entre los blancos, Nube Roja no era un líder guerrero arrastrado únicamente por pulsiones de venganza, ni siquiera sabiendo que aquellos blancos trataban de quitarle sus tierras a su pueblo o que acababan de provocar un baño de sangre inocente en Sand Creek (no fue el único de la época, por cierto, aunque sí el más sonado).
Nube Roja comprendía perfectamente que la guerra contra los Estados Unidos no podía limitarse a la típica sucesión de golpes de revancha. Los blancos estaban mejor armados, eran superiores en número —aunque la ulterior leyenda propagandística en novelas y películas afirmase lo contrario— y sobre todo eran capaces de reemplazar rápidamente sus bajas con nuevos reclutas, algo que los indios no podían permitirse.
Así, aunque los indios preferían las guerras muy breves, Nube Roja sabía que este nuevo conflicto debía ser planificado a medio plazo. También había que elegir cuidadosamente los objetivos para crear en el ejército rival una sensación de desgaste sin compensación. En esto se distinguió de otros jefes indios, quienes pensaban que el hostigamiento a las líneas de suministro y comunicación de los colones estaban poniéndoles en situación de ventaja de cara a una negociación de paz.
Nube Roja, por el contrario, sabía que se necesitaba más. Y entendía la necesidad de que sus nuevos objetivos fuesen sobre todo militares: tenían que hacer entender a los soldados blancos que no podrían establecer cómodamente su dominio en aquellas tierras.
Sus ideas fueron escuchadas. En 1865, la coalición india atacó un puesto militar estadounidense llamado Platte Bridge Station. Veintiséis soldados blancos murieron, entre ellos uno de sus comandantes. Esto constituía un golpe tremendo para la sensación de seguridad de los soldados en la región: hasta entonces los indios habían hostigado las líneas de suministros y las caravanas de los colonos, y a los militares porque estaban ejerciendo los militares como escolta.
Pero ahora los indios comenzaban a atacar directamente a las guarniciones. La noticia llegó al general Greenville Dodge, responsable de Fort Laramie, el mayor establecimiento militar en esa parte del continente. Él ya había estado considerando planes para detener la intensa actividad india, y ante el ataque de Platte Bridge Station creyó necesario enviar una inmediata expedición de castigo a gran escala.
De hecho lo hizo de manera precipitada y sin un verdadero estudio de la situación. Irónicamente, estaba adoptando la misma estrategia primitiva que los indios habían desechado para el conflicto: ir a la batalla como resultado de una venganza automática.
Dos mil seiscientos «casacas azules» —aquel era el nombre que los indios daban a los soldados estadounidenses— partieron de Fort Laramie decididos a apagar la rebelión india. Era la llamada expedición del Powder River, principal operación militar estadounidense desde el comienzo de las guerrillas indias, ahora transformadas en una guerra abierta.
Consistía en tres columnas de soldados que se adentraron en los territorios de caza indios de Nebraska, Wyoming y Montana. Los soldados estadounidenses eran superiores en armamento y organización. Muchos de ellos, para colmo, eran veteranos de la reciente guerra civil. Así que Greenville Dodge creía ciegamente en la victoria. Aquel iba a ser el principal error de toda su carrera.

La primera de las columnas, dirigida por el general de brigada Patrick Connor, fue la única que obtuvo algunos éxitos iniciales.
Se internó en el territorio del actual estado de Wyoming y edificó un fuerte (Fort Connor) desde el cual hostigar a los indios de la zona.
Connor era un militar despiadado: había tenido un importante papel en otra sangrienta matanza de indios —la masacre de Bear River, donde murieron varios centenares incluyendo a mujeres y niños— y también aquí dio la orden inicial de matar a todo varón indio «de doce años de edad en adelante» aunque, por fortuna, esa orden fue atemperada por un superior, muy consciente del impacto todavía reciente de la masacre de Sand Creek.
Pese a la consabida brutalidad de Connor, contó con la inestimable ayuda de algunos exploradores pawnee y omaha, que eran tradicionales enemigos de los sioux.
Las debilidades humanas, ni que decir tiene, también se producían en el bando indio. Gracias a aquellos rastreadores, Connor tomó por sorpresa a toda una aldea arapajoe en la batalla de Tongue River, una emboscada que desembocó en una derrota aplastante del clan indio.
Sus soldados también consiguieron rescatar a una importante y costosa expedición minera que había estado siendo asediada por los arapajoes en la región.
Pero aquí se detuvo el inicio triunfal de Connor.
Aquellos golpes no fueron suficientes para desanimar a los arapajoes, quienes siguiendo las mismas tácticas que la coalición india llevaba empleando desde hacía meses, procuraban dirigir sus ataques sobre todo a los medios de transporte del enemigo. Así, poco a poco, las carretas y monturas de los soldados estadounidenses iban desapareciendo.
Pronto los casacas azules tuvieron que moverse a pie, sin suministros frescos y alimentándose con la carne los pocos caballos que todavía les quedaban con vida. Finalmente, la capacidad operativa de la columna de Connor terminó siendo prácticamente nula y las magras victorias iniciales se habían obtenido a costa de un desgaste inaceptable.
La misión de Connor concluyó, pues, en total fracaso. Sus tropas, desprovistas de caballos y comida, regresaron al fuerte para refugiarse en espera de ayuda, incapaces ya de hacer frente a los indios en campo abierto.
Las otras dos columnas de la gran expedición del Powder River sufrieron un destino igual o incluso peor. Tras adentrarse en Montana y Nebraska respectivamente, descubrieron que no sabían cómo sobrevivir en aquellas tierras donde los indios se desenvolvían con mucha mayor facilidad. La falta de pastos provocaba la muerte de los caballos (cuando no eran propios los indios quienes mataban o robaban a sus animales).
El mal tiempo entorpecía la marcha. La falta de conocimiento del terreno hacía que se perdieran o que diesen vueltas en círculo, algo agotador, especialmente cuando empezaron a verse obligados a ir a pie. Los nativos aparecían, atacaban brevemente y desaparecían; así una y otra vez, dando la sensación de ser como fantasmas a los que no se podía dar caza. Los soldados estadounidenses se desmoralizaron y su voluntad combativa se desplomó.
Cuando las dos columnas —o lo que quedaba de ellas— consiguieron reunirse tras experimentar un vía crucis por las praderas, partieron también hacia Fort Connor buscando refugio. Cuando aparecieron allí, parecían, como lo resumiría un historiador, «la tropa más patética que se haya visto jamás en Wyoming».
En resumen: la triple expedición de Powder River, que teóricamente debía finiquitar la guerra con los indios, terminó en un absoluto desastre y provocó la completa desbandada de las tropas estadounidenses enviadas desde Fort Laramie. Fue una victoria india sin paliativos, en tres frentes distintos, y que básicamente había desbaratado la fuerza militar estadounidense en la región.
Iniciado el verano de 1866, el Departamento de Interior del gobierno los Estados Unidos pareció reconocer implícitamente su derrota cuando envió a los indios un mensaje en el que invitaba a los jefes de la coalición india a visitar Fort Laramie para firmar un tratado de paz.
Nube Roja tuvo que pensarse mucho si debía acudir a la negociación o no. Algunos jóvenes guerreros muy destacados de su tribu, como el ahora legendario Caballo Loco, se oponían visceralmente a la negociación y consideraban que firmar la paz en aquel momento era precipitado. Pero Nube Roja, como gran jefe que era, tenía que atender a otras razones: por un lado consideraba que la situación militar era lo bastante buena como para intentar forzar un tratado beneficioso.
Por otro, aún más importante, la temporada de caza había sido muy mala y a los guerreros les iba a venir muy bien un tiempo de paz para alimentar a los suyos, entre quienes comenzaba a amenazar el hambre. Incluso podrían necesitar para vivir la indemnización de guerra estadounidense —generalmente pagada en bienes— que pudiesen obtener a raíz del acuerdo de paz.
Finalmente Nube Roja aceptó negociar, al igual que prácticamente todos los demás jefes participantes en la guerra. En Fort Laramie se produjo un espectáculo sin duda notable cuando numerosos grupos de guerreros indios acamparon en los alrededores mientras sus jefes parlamentaban con el representante del gobierno, E. B. Taylor.
Pero la negociación, que en principio parecía marchar bien, estaba condenada a fracasar desde el principio. Los indios no tardaron en descubrir el doble juego que siempre se practicaba desde el gobierno de Washington, o desde sus diferentes ramificaciones regionales. La prueba de ello no pudo llegar en peor momento: justo cuando los jefes indios estaban en Fort Laramie, apareció una cuarta columna estadounidense.
Eran un millar largo de soldados dirigidos por el general Henry B. Carrington, cargados de materiales de construcción y con la evidente misión de erigir un nuevo fuerte en la región. Nube Roja no daba crédito a sus ojos. Al día siguiente le enfureció comprobar que el general Carrington se sentaba en la sesión de negociación como si tal cosa.
Nube Roja se negaba a parlamentar con un militar, porque la paz era un asunto entre gobiernos. Para él, la aparición de Carrington y sus hombres era una prueba de que los blancos continuaban empeñados en amenazar a los indios incluso tras haber sufrido una seria derrota. La cosa estaba clara: los estadounidenses fingían negociar la paz mientras se preparaban para continuar la guerra.
Los jefes cheyennes y arapajoes, en cambio, no consideraron tan grave el asunto. Al día siguiente se presentaron ante Taylor y Carrington para seguir conversando, aunque parecían más dubitativos, como si no estuviesen seguros de querer estar allí. Y Taylor no dejó de notar que Nube Roja se encontraba ausente. Quiso saber dónde estaba.
La respuesta que recibió no fue nada halagüeña: Nube Roja, le dijeron, se había marchado para continuar la guerra por su cuenta. Nube Roja ya no quería firmar la paz y los jinetes sioux volvían a cabalgar por las llanuras.

Aquello era un más que evidente signo de que la guerra iba a continuar, pero Taylor estaba obcecado con obtener un éxito político de aquellas negociaciones y decidió maquillar la situación de cara a Washington.
Envió un mensaje diciendo que el acuerdo de paz era inminente y que casi todos los jefes indios de la región iban a firmarlo. Admitía que Nube Roja se había negado a firmar y que había partido hacia las llanuras acompañado de algunos centenares de guerreros, pero que aquello no impedía pintar el triunfal retrato de la paz inminente.
En sus parciales informes, Taylor ni siquiera hizo notar el hecho todavía más inquietante de que el puñetazo en la mesa de Nube Roja había sacudido a sus aliados y que, gradualmente, los jefes cheyennes y arapajoes estaban empezando a imitar el ejemplo de los sioux.
En sus informes, a Taylor se le olvidó decir que los indios estaban siguiendo masivamente a Nube Roja.
Y que el porcentaje de jefes dispuestos a firmar la paz era cada vez menos representativo del conjunto de la coalición.
En Washington compraron fácilmente las mentiras de Taylor.
Incluso más ansiosos por obtener rédito político de la paz y también ansiosos por demostrar que se daban las condiciones para finalizar su gran proyecto nacional —el ferrocarril transcontinental—anunciaron a bombo y platillo un inminente tratado de paz.
La prensa, con igual despreocupación, vendió felizmente la piel de un oso al que no se había cazado. A nadie en la capital se le ocurrió comprobar si realmente Nebraska, Wyoming o Montana eran ya territorios pacificados. No había comunicación telegráfica entre la capital y la frontera, recordemos, y las noticias llegaban a caballo o en carreta.
Y como las últimas noticias decían que los indios estaban comenzando a disgregarse —y era cierto, pero lo hacían para seguir la vieja costumbre de pasar el invierno con los suyos incluso en tiempos de guerra— la ilusión de una paz en el «salvaje oeste» se extendió hasta límites absurdos.
El mismísimo presidente de los Estados Unidos, Andrew Johnson, se plantó en el debate sobre el estado de la nación —allí llamado «debate sobre el estado de la Unión»— y se ganó los aplausos de sus ilustres señorías presumiendo de que la guerra contra los indios había terminado.
Pero lejos de allí, en aquellos mismos días en que el presidente alardeaba desde el estrado, estaba sucediendo algo completamente inesperado: contra todo pronóstico y aun habiendo entrado en lo peor del invierno… los indios estaban reapareciendo.
Mientras en Washington se celebraba una paz inexistente, un comando indio dirigido por Caballo Loco atacó un tren de transporte de madera. En otro lugar, los guerreros nativos tendieron una astuta trampa de factura casi napoleónica a la guarnición de un pequeño fuerte, aparentando ser inferiores en número para atraer a los soldados guarnecidos a campo abierto, en donde sufrieron una ominosa derrota.
Poco después, la coalición india atacaba por sorpresa Fort Kearny, aquel nuevo fuerte construido a toda prisa por el mismo general Harrington cuya aparición en las negociaciones de paz había provocado la furia de Nube Roja. Los blancos volvieron a caer en la trampa de intentar dispersar y perseguir a unos indios aparentemente escasos que asediaban el fuerte: un contingente de soldados comandados por un fogoso subordinado de Carrington —el capitán William Fetterman— abandonó el fuerte para eliminar a los asaltantes.
Y aquellos escasos asaltantes parecieron huir (aunque dejándose perseguir) hasta un lugar predeterminado en donde los casacas azules se vieron repentinamente emboscados por una nube de guerreros comandados por Nube Roja: en la aparentemente vacía pradera, como saliendo de la nada, atacaron los arapajoes y los cheyennes desde un lado y los sioux oglala desde el otro. Los estadounidenses quedaron justo en medio. No hubo piedad. Ninguno de los casacas azules regresó con vida.
Pero lo más significativo tuvo lugar tras la batalla: los cadáveres de los soldados blancos fueron mutilados en simbólica imitación de lo sucedido con los habitantes del poblado de Sand Creek. Aquellas mutilaciones de cadáveres pretendían enviar un claro mensaje a Washington: los indios no estaban dispuestos a olvidar.
Eso sí, hubo algún detalle sorprendente: el único cadáver que no había sido mutilado era el del corneta Adolph Metzger, inmigrante alemán enrolado en la infantería que había dado grandes muestras de valor durante la batalla, atacando a los indios con su corneta a modo de porra metálica (lo sabemos porque los propios indios lo contaron más adelante).
Los indios, en señal de admiración por el evidente coraje del corneta, no solamente habían respetado la integridad de su cadáver sino que lo habían envuelto en una piel de búfalo, gesto de respeto con claros tintes ceremoniales.
En Fort Kearny, extrañados por la ausencia de noticias de los soldados que habían partido persiguiendo a los indios, enviaron un nuevo contingente de tropas en ayuda de la primera expedición. Todo lo que encontraron fue la espantosa imagen de los cadáveres concienzudamente desfigurados. Aquella fue la «matanza de Fetterman», uno de los hechos definitorios de la «Guerra de Nube roja».
Durante varios días, más allá de Fort Kearny, nadie tuvo noticia de la matanza. Menos de una semana después, en la guarnición más cercana —Fort Laramie, a casi cuatrocientos kilómetros— desconocían por completo lo sucedido y mientras una tormenta de nieve azotaba el paisaje, en el interior del fuerte tenía lugar un despreocupado baile navideño donde oficiales y sus esposas lucían sus mejores galas al estilo de cualquier película de John Ford. Pero aquella no sería la imagen más cinematográfica de la velada, porque de repente, irrumpiendo en plena fiesta, apareció un mensajero recién llegado desde Fort Kearny.
El soldado presentaba un aspecto lamentable: estaba cubierto por la escarcha, temblando de frío y al borde del colapso por agotamiento tras haber forzado la marcha para cubrir la distancia que separaba ambos fuertes —más o menos la misma distancia que hay entre Madrid y Valencia— en cuatro jornadas a caballo, por la nieve, bajo la ventisca y afrontando un frío inhumano que en ocasiones podía superar los treinta grados bajo cero.
Ante la dantesca visión del mensajero, la música cesó y todos se dispusieron a escuchar las malas noticias que el pobre tipo traía desde Fort Kearny: los indios habían reaparecido en pleno invierno contra todo pronóstico, habían masacrado a Fetterman y su tropa, y amenazaban con asaltar directamente el fuerte y diezmar a las pocas fuerzas que le quedaban al general Carrington.

Así, en Fort Laramie supieron no solo que la guerra no había terminado, sino que tendrían que enviar urgentes refuerzos a Fort Kearny.
Le preguntaron al mensajero si había visto indios durante su largo camino entre ambos fuertes.
El soldado afirmó no haber visto absolutamente a ninguno, pero nadie interpretó adecuadamente aquel hecho: siendo ya legendaria la capacidad de los nativos para hacerse invisibles sin por ello dejar de acechar a sus enemigos, podía pensarse que les había interesado particularmente que las noticias de su ataque fuesen conocidas en Fort Laramie (o de lo contrario, claro, aquel mensajero jamás hubiese llegado a Fort Laramie con vida).
Aquella era una idea inquietante que alguien debió haber tenido en cuenta: ¿por qué los indios no se molestaron en evitar que Fort Laramie recibiese el mensaje y enviase refuerzos?
Pero en Fort Laramie no se detuvieron más de la cuenta en analizar aquella sospechosa situación o bien se sintieron en la obligación de responder inmediatamente a la solicitud de ayuda.
Así que tras haber visto abruptamente interrumpidas sus galas navideñas, un contingente de tropas partió hacia Fort Kearny para ayudar al fuerte supuestamente asediado. No fue un viaje fácil: los soldados de refuerzo tuvieron que hacer el camino inverso al del mensajero, padeciendo las mismas temperaturas dignas de la Antártida.
Al menos uno de los hombres murió de frío durante el trayecto. Otros perdieron dedos de los pies por congelación y no pocos enfermaron. Tampoco ellos vieron a ningún indio por el camino y para cuando llegaron a Fort Kearny, los guerreros que teóricamente lo asediaban habían vuelto a desaparecer.
Porque los indios, ahora sí, se habían retirado definitivamente a sus respectivos refugios… no sin antes haber atraído a nuevas tropas hacia el inclemente corazón de las praderas, donde iban a ser azotados por lo peor del invierno. A los soldados que llegaron para reforzar Fort Kearny y a los que ya estaban allí les tocaba pasar por un auténtico calvario: con tanta nieve no había pastos, así que perdieron —o se comieron— a casi todos sus animales.
Los suministros desde Fort Laramie no llegaban en cantidad suficiente porque el mal tiempo y la dificultad del trayecto hacían casi imposible la asistencia. En sus almacenes empezó a escasear la comida fresca como la fruta y la verdura, así que los soldados, además de enfermar por el frío, lo hacían también por el escorbuto. Los indios estaban ganando una nueva batalla sin necesidad de disparar ni una sola flecha, ni una sola bala de sus escasos y anticuados rifles.
Todo lo que habían necesitado era atraer más soldados a Fort Kearny para que el famoso General Invierno, el mismo que había derrotado a Napoleón, demostrase que se había aliado con Nube Roja y los suyos. Una vez más, la astucia india estaba costándoles muy caro a los casacas azules estadounidenses.
Todavía en pleno invierno, a principios de 1867, finalmente, empezaron a llegar a Washington las noticias sobre la intensa Navidad que se había vivido en las praderas: en la capital supieron de la «masacre de Fetterman», del asedio sufrido por el ya destituido general Henry B. Carrington en Fort Kearny, del ataque al tren, etc. Aquello revolvió completamente la percepción que los estadounidenses tenían del progreso colonial en las llanuras.
Habían creído que la paz estaba firmada pero ahora se encontraban con lo que solo podía ser calificado como desastre militar. Los periódicos airearon profusamente los inquietantes datos del catastrófico intento de dominar las praderas. Los mensajes triunfalistas del presidente fueron súbitamente ridiculizados por la realidad. Los Estados Unidos estaban perdiendo la guerra. La situación era muchísimo peor que antes del primer intento de firmar un tratado, cuando Nube Roja había salido airado de Fort Laramie.
El gobierno de Washington envió nuevas tropas a Fort Laramie para reforzar la presencia militar en la región, pero a casi ningún oficial con dos dedos de frente se le escapaba que incluso con aquellos refuerzos iba a resultar prácticamente imposible someter a la coalición nativa. Sí, los indios eran poco numerosos y mal armados, y su ejército tenía una organización desestructurada y dispersa.
Pero sus tácticas de guerrilla, su conocimiento del terreno y su bravura contrastaban dramáticamente con la aparente indefensión de los soldados estadounidenses en las praderas, desmoralizados por un territorio inclemente y aterrorizados ante un enemigo al que veían como diabólicamente astuto.
Por otra parte, a causa de los recortes presupuestarios y de la mala situación que se había heredado de la reciente guerra civil estadounidense, Washington no tenía tantas tropas de refresco como hubiese necesitado para hacer frente a la situación. Los hombres que tenían en las praderas eran casi todos los que podían desplazar a la región en aquel momento… y no parecían bastantes.
No hay invierno que dure por siempre y finalmente llegó la primavera, lo que en principio constituía una buena noticia, al menos para las maltrechas tropas de Fort Kearny. Pero con la primavera no solamente retornaba el buen tiempo; también los indios reaparecieron de donde quiera que hubieron estado ocultos.
Esta vez, la «Guerra de Nube Roja» se dividió en dos frentes. Tras las deliberaciones que sin duda habían tenido lugar durante el invierno entre los jefes indios, las tres naciones habían decidido dividir sus fuerzas. Los cheyennes y los arapajoes atacaron un fuerte en Montana. Mientras, los sioux de Nube Roja lanzaron un ataque supuestamente definitivo a Fort Kearny para intentar desmantelarlo por completo.

Sin embargo Nube Roja se topó con un obstáculo que no podía haber previsto. En aquellos tiempos la tecnología armamentística progresaba a velocidad de vértigo y los soldados blancos disponían de un arma temible: el nuevo rifle Springfield, que había llegado con los refuerzos enviados por Washington, era más fácil de recargar, podía disparar más balas en menos tiempo y era un arma que básicamente multiplicaba por diez la capacidad de resistencia de los soldados guarnecidos en un fuerte.
Gracias al Springfield, el ataque a gran escala de Nube Roja fue firmemente rechazado: los sioux se vieron envueltos en una lluvia de balas y se dieron vuelta rápidamente cuando comprendieron que la potencia de fuego de los defensores resultaba ahora prácticamente infranqueable. Pero Nube Roja se caracterizaba por extraer lecciones incluso de sus fracasos: supo que, pese a su plan inicial, ya no debía atacar directamente las guarniciones militares.
Era hora de retornar a las viejas tácticas: atacar las caravanas y los convoyes de transporte que estaban facilitando la colonización minera a través del llamado «camino de Bozeman», el mismo que conducía directamente al oro de Nebraska. Quizá los soldados tenían mejores armas ahora, pero ya no eran suficientes para cubrir todos los frentes. Los sioux de Nube Roja, a quienes no se les había escapado la importancia que los blancos concedían al ferrocarril, volvieron nuevamente sus ojos hacia el «caballo de hierro».
Con un fabuloso sentido de la oportunidad, Nube Roja dirigió un exitoso ataque sobre un tren de la Union Pacific que hizo saltar todas las alarmas en Washington. La importantísima conexión este-oeste, clave para la consolidación de los Estados Unidos como potencia internacional, podía pender de un hilo si los sioux continuaban asediando el ferrocarril.
Pero si decidían enviar tropas a proteger las vías de tren, tenían que descuidar la vigilancia en el «camino de Bozeman», porque ya no disponían de soldados suficientes para garantizar la seguridad en ambos frentes. Los indios, en cambio, utilizaban tácticas guerrilleras que les permitían estar en todas partes con muchos menos guerreros disponibles.
Así que la providencial aparición del rifle Springfield bien pudo haberle dado un giro a la guerra en otras circunstancias, pero para entonces la situación psicológica en Washington ya había cambiado del ciego triunfalismo de la Navidad anterior al sentimiento de que se encontraban en la antesala de un desastre.
Los informes de los militares no ayudaban a mejorar los ánimos: resultaba más difícil de lo previsto enviar nuevos refuerzos para cubrir las numerosas bajas causadas por la coalición india. Los comandantes advertían de que, de seguir así las cosas, apenas se podía contar con el ejército como no fuese para agazaparse en sus fuertes, utilizando sus modernísimos rifles para disuadir a los indios de atacar las guarniciones directamente, pero poco más.
Y aunque salieran a campo abierto para enfrentarse directamente a los indios, o bien protegían el ferrocarril, o bien protegían la carretera Bozeman que estaba facilitando la colonización de Nebraska y aledaños. Una de las dos cosas iba a perderse. Si es que no se terminaban perdiendo las dos.
El presidente, sus asesores, el congreso… todos temían un cataclismo. Washington no tenía muchas opciones. O dedicaban ingentes recursos —que no iba a resultar fácil reunir— a intentar darle la vuelta a una guerra que podía alargarse varios años más, ahogando el crecimiento de la nación, o intentaban firmar de nuevo la paz, pero esta vez otorgando a los indios casi todo lo que estos pidieran.
Desde que Nube Roja abandonó las anteriores negociaciones de paz, la coalición nativa había tenido todo a su favor. Resultaba evidente que no iban a ceder. Era la primera vez desde la llegada de los blancos al continente en que los indios se encontraban en una posición más fuerte para negociar una paz.

Washington envió una nueva propuesta de diálogo, aunque hacer llegar el mensaje costó lo suyo porque en Fort Laramie y alrededores no se conseguía encontrar hombres dispuestos a adentrarse en territorio sioux.
Nadie se atrevía a llevarle personalmente el mensaje a Nube Roja.
Cuando finalmente encontraron un voluntario, pese a todo, este entregó el mensaje y regresó con vida.
Con vida y con una respuesta de Nube Roja.
Esta vez, el gran jefe sioux quería imponer varias condiciones antes de siquiera sentarse a parlamentar.
No negociaría nada al menos que los soldados abandonasen los tres nuevos fuertes que se habían erigido en sus territorios, Fort Kearny incluido.
Ese era un requisito sine qua non para que se dignase aparecer de nuevo por Fort Laramie.
Washington aceptó, así que los casacas azules abandonaron sus fortificaciones: tardaron apenas unas horas en saber que los sioux les habían vigilado estrechamente para comprobar que efectivamente se marchaban; los soldados estadounidenses vieron humaredas en el horizonte, señal de que los fuertes ahora vacíos estaban siendo reducidos a cenizas por los indios.
El abandono de aquellos fuertes era una renuncia territorial sin precedentes en el imparable avance de los Estados Unidos a costa de las naciones indias. Después de tres años de conflicto, la coalición india había derrotado a la potencia emergente de más rápido crecimiento en todo el planeta. Y Nube Roja, su principal líder, era el primer jefe indio que verdaderamente podía afirmar que le había ganado una guerra a Washington. Sería el último.
La tensión en Fort Laramie se mantuvo durante meses, porque aunque algunos jefes iban apareciendo para negociar la paz, Nube Roja no daba señales de vida. Nadie podía afirmar si estaba esperando para comprobar que no llegaban nuevas tropas a la región, o si sencillamente estaba planeando una prolongación de la guerra. Pero resultó ser la primera opción: Nube Roja no quería precipitarse y tardó bastante tiempo en aparecer por Fort Laramie, donde se lo esperaba ansiosamente.
Cuando finalmente se dejó caer por allí, ya sabía que los blancos no habían hecho ningún intento por volver a avanzar en sus territorios. Sabía que tenía todas las cartas a su favor. De todos los jefes indios presentes fue nuevamente el más duro a la hora de negociar.
Únicamente cuando se le garantizó la creación de una muy amplia reserva india en cuyo territorio no podría entrar ningún hombre blanco sin permiso expreso de los indios, aceptó a firmar unos papeles que no podía leer pero en cuyo contenido confió con una ingenuidad casi infantil, algo sorprendente en un guerrero tan experimentado y astuto.
Y es que también los blancos tenían sus astucias. Nube Roja era un hombre de honor: bien sabía que los blancos nunca cumplían sus promesas y sin embargo, pensó que aquella victoria tal vez había cambiado la situación.
Después de firmar el tratado junto a otros muchos jefes indios, Nube Roja se retiró a vivir a la reserva, decidido a dejar atrás una vida marcada por las constantes guerras. Estaba cansado de luchar. Había vencido a los estadounidenses y pensaba que había obtenido para su nación un territorio inviolable en donde los sioux pudieran vivir en paz, cazando búfalos, rindiendo culto a sus espíritus y criando a sus hijos según sus propias costumbres.
Los blancos, que son cultivados y civilizados, me han engañado. Y soy fácil de engañar, porque no sé leer ni escribir. (Nube Roja)
Nube Roja no tardó en descubrir que había sido engañado. El tratado de Fort Laramie contenía cláusulas que le habían sido leídas de manera interesada (y que, aun sabiendo leer, estaban redactadas con la malicia y ambigüedad propias de los abogados gubernamentales).
No sabía leer, pero la realidad habló por sí misma de las malas intenciones de sus antiguos enemigos. Por ejemplo, en una práctica habitual de Washington, se habían incluido en la reserva sioux territorios ya pertenecientes a otras naciones indias. De repente, los sioux se encontraban metidos en otro conflicto territorial, esta vez contra sus hermanos de raza.
También resultó que el tratado, en realidad, daba manga ancha para que los representantes del gobierno se estableciesen en las reservas… y según la sinuosa y ladina redacción del tratado, prácticamente cualquier blanco podía ser considerado un «representante del gobierno» por el mero hecho de ser designado como tal.
El resultado fue que el acuerdo, tal como había sido explicado a los jefes indios en término simples —y tal como ellos creían haberlo firmado— empezó a ser vulnerado repetidamente. La anhelada paz en la reserva empezó a tornarse insostenible: los Estados Unidos habían estado ganando tiempo para recuperarse, simplemente, y los sioux se sentían cada vez más decepcionados y enfurecidos.
Menos de una década después de la firma de ese Tratado de Fort Laramie, en un ambiente ya claramente prebélico, Nube Roja acudió a Washington en un último intento por detener un nuevo derramamiento de sangre. Y como narrábamos en la primera parte, se sintió decepcionado e incluso insultado por la frialdad de los políticos, incluyendo al presidente, con quien conversó personalmente (y con brevedad).
Viajó a Nueva York y dio aquel discurso con el que comenzamos la narración y que fue el último intento, a la desesperada, de hacerse oír ante los blancos. Washington no cedió y los pocos defensores comprometidos que la causa india tenía entre los estadounidenses tampoco consiguieron mucho más.
No se pudo evitar la guerra. En 1876, tras siete años de precario alto el fuego y constantes transgresiones estadounidenses, los sioux —liderados por guerreros de la siguiente generación— volvieron a rebelarse ante la invasión blanca. Pronto se sumaron sus antiguos aliados cheyennes. Estallaba la Gran Guerra Sioux, comandada por Toro Sentado y Caballo Loco. Ahora ellos eran los grandes jefes.
Cuando era joven, era pobre. Durante las guerras contra otras naciones luché en ochenta y siete batallas. En ellas me hice un nombre. Por ellas me eligieron jefe de mi nación. Pero ahora soy viejo y deseo la paz. (Nube Roja)

Nube Roja no participó en una nueva guerra donde los sioux perdieron lo que con él habían ganado.
Pese a victorias tan sonadas como la batalla de Little Big Horn (la misma en la que el célebre Séptimo de Caballería del general Custer fue aniquilado hasta el último hombre) los indios ya no pudieron inclinar de su lado la balanza.
El desgaste humano y material terminó erosionando su capacidad combativa.
Varias malas cosechas y la incompatibilidad entre dedicarse a la caza o a la guerra contra los Estados Unidos hicieron que el alimento escaseara en los poblados indios.
La moral de los nativos cayó en picado cuando comprobaron que los suyos empezaban a pasar hambre.
Primero se rindieron los cheyennes.
Más tarde el jefe sioux Caballo Loco fue arrestado (murió en circunstancias muy poco claras, recibiendo un bayonetazo cuando supuestamente intentaba escapar de su cautiverio).
Finalmente, el último gran jefe sioux que todavía resistía, Toro Sentado, se rindió también cuando la situación de su gente era ya desesperada a causa del hambre y la escasez.
Toro Sentado se había creado una enorme reputación entre los blancos, muchos de los cuales le respetaban pese a haber sido un enemigo.
Demostró siempre una voluntad integradora e incluso adoptó como hija a la legendaria tiradora blanca Anne Oakley, tras bautizarla con un simpático nombre que venía a significar «la pequeña con un disparo certero». También aceptó formar parte del curioso espectáculo de Buffalo Bill y no rechazaba la convivencia con los blancos, un sueño utópico que venía manteniendo incluso desde los tiempos de la guerra.
Sin embargo, también Toro Sentado murió en extrañas circunstancias cuando se negó a ser arrestado ilegalmente, sin la presencia del agente de asuntos indios de la región. Poco importó que no llevase un arma encima. Su buena predisposición fue recompensada con un disparo en el pecho.
Así pues, la resonante victoria de Nube Roja duró apenas una década. Sobrevivió a Toro Sentado y a Caballo Loco, legendarios jefes más jóvenes que él. También sobrevivió a su propio país. Tras la derrota sioux, vio como la reserva era reducida a una minúscula fracción de lo que había sido su Gran Nación. Vio como a los suyos se le les daban territorios escasos, dispersos y poco fértiles.
Vio como los indios dependían ahora casi completamente de los suministros gubernamentales de Washington, repartidos mediante aquella corrupta red de agencias indias que tantas y tantas veces había denunciado en el pasado.
Pese a todo, Nube Roja nunca cejó en el intento de obtener beneficios para los suyos: de camino a su vejez se convirtió en un astuto político, incluso llegó a «convertirse» al catolicismo —más bien se dejó bautizar— en 1884 porque pensaba que así sería más fácil negociar con los blancos, ya que muchos de los principales defensores de los indios pertenecían a asociaciones religiosas (Toro Sentado hizo el mismo paripé, aunque parece que sí hubo conversiones sinceras como la del jefe Ciervo Negro).
No consiguió gran cosa, pese a sus esfuerzos constantes. Cuando llegó el cambio de siglo, la Gran Nación Sioux era solamente un remoto en la mente de aquel anciano indio que ahora estaba prácticamente ciego. Aun así, al igual que Toro Sentado, nunca mostró desprecio o acritud hacia los blancos en general. Durante sus últimos años, uno de sus grandes amigos fue un antiguo militar estadounidense: el capitán James Cook.
Cuando notaba próximo el fin, dictó para Cook una afectuosa carta instándole a quedarse con varios recuerdos suyos (como ropa personal o su pipa ceremonial con su respectiva bolsa, una posesión muy simbólica e importante para los sioux). Entre esos objetos estaba un retrato al óleo que un estudiante de arte había hecho de Nube Roja.
El viejo jefe insistía en que Cook conservara el cuadro para que los hijos de ambos pudieran contemplar «el rostro de uno de los últimos jefes que vivieron antes de que los hombres blancos vinieran y nos expulsaran del antiguo camino que veníamos recorriendo desde hacía cientos de años».
Nube Roja, Mahpíya Lúta, el único jefe indio que ganó una guerra a los Estados Unidos de América, murió en 1909 poco antes de cumplir los ochenta años. Fue enterrado según dicta el rito católico en el cementerio de Pine Ridge, bajo una losa blanca presidida por una cruz cristiana.
Aún hoy su tumba es un lugar de peregrinación donde se dejan banderas o pequeñas piedras de recuerdo. Actualmente, Red Cloud es el apellido legal de sus descendientes directos: en julio de este mismo años 2013, por ejemplo, ha fallecido a los noventa y tres años Oliver Red Cloud, su bisnieto y jefe de la «nación sioux» desde 1977.
Dos décadas después de la muerte de Nube Roja, cuando las guerras que él protagonizó formaban parte —convenientemente embellecidas— no solo del folclore estadounidense sino de la cultura popular internacional, los jefes indios seguían alzando su voz aunque ya nadie estaba dispuesto a escucharles.
Durante mucho tiempo la literatura, el cine y la televisión estadounidenses (y por ende, las de sus imitadores a lo largo del globo) falsearon la historia y retrataron a los indios de Norteamérica como meros salvajes empeñados en cortar cabelleras —costumbre, por cierto, introducida por los europeos— y en asaltar sin motivo a los plácido granjeros blancos.
Hoy conocemos mejor la verdad: sus tierras les fueron arrebatadas mediante una larga cadena de agresiones, tratados vulnerados, promesas incumplidas y por aquella barbaridad genocida llamada el «Destino Manifiesto», la idea de que los Estados Unidos tenían necesariamente que extenderse de una costa a otra de Norteamérica, buscando su lebensraum sin importar que prácticamente todas las tierras de aquel continente perteneciesen a otras naciones. Como decía amargamente una declaración del Gran Consejo Indio de 1927, apenas dos décadas tras la muerte de Nube Roja:
La gente blanca, que está intentando modelarnos a su imagen y semejanza, quieren que seamos eso que llaman «asimilados», quieren integrar a los indios en la mayoría, destruir nuestra manera de vida y nuestros patrones culturales. Creen que deberíamos estar contentos como aquellos cuyo concepto de la felicidad es materialista y avaricioso, lo que difiere mucho de nuestra forma de ser. Pero queremos ser libres del hombre blanco, más que estar integrados.
No queremos ser parte del sistema, queremos ser libres y educar a nuestros hijos según nuestra religión y según nuestras costumbres. Queremos ser capaces de cazar, pescar y vivir en paz. No queremos tener poder, no queremos ser congresistas o banqueros… queremos ser nosotros mismos. Queremos conservar nuestra herencia, porque somos los propietarios de estas tierras y porque a estas tierras es a donde nosotros pertenecemos. El hombre blanco dice que existen libertad y justicia para todos. Ya hemos experimentado esa “libertad y justicia”… lo cual ha conseguido que hayamos sido exterminados casi por completo. No lo olvidaremos.

nuestras charlas nocturnas.
Historias del Titanic: «La pesadilla del plegable A»…

La verdadera historia del Titanic — Han pasado 110 años desde que el Titanic se hundiera la madrugada del 14 al 15 de abril de 1.912. Sin embargo, en la actualidad, seguimos enfrascados en su historia, en su tragedia, en todas esas vivencias humanas que continúan conmoviéndonos y haciéndonos preguntarnos, ¿cómo hubiera reaccionado yo?
Hoy, pondremos el foco en la lucha encarnizada por la supervivencia que se mantuvo en el plegable A. Uno de tantos sucesos que se dieron ésa noche, pero, sin lugar a dudas, de los más crudos e instintivos. Ya no existen clases ni posición social. Ahora se trata sencillamente de sobrevivir. Adentrémonos y regresemos al Titanic.
Han pasado más de dos horas desde que el Titanic ha chocado con un iceberg. Le ha provocado una herida mortal que ya resulta evidente. Sólo quedan unos minutos y, aquellos que aún continúan en el barco, son plenamente conscientes de ello. El buque está a punto de sucumbir en el Atlántico Norte. Sus aguas, están a una temperatura de dos grados sobre cero. Aún quedan dos pequeños botes plegables por sacar. Son el A y el B, ambos con capacidad para unas 45 o 50 personas. Los dos están ubicados sobre las estancias de los oficiales.
Apenas queda tiempo. El Jefe de Oficiales Henry Tingle Wilde (39 años), el Primer Oficial, William Murdoch (39 años), el Segundo Oficial, Charles Ligtholler (38 años) y el Sexto Oficial, James Paul Moody (24 años), lo saben. Es ahora o nunca. Tienen que desatar los plegables e intentar poner a salvo a todos los que puedan.
La situación ya es totalmente desesperada y todos ellos llevan sus armas con disposición de utilizarlas si es necesario. Varias personas se unen a la causa. Con navajas, cuchillos y todo aquello que pueda ayudar a liberar los botes. Con remos, crean una especie de rampa para bajar los plegables, sin embargo, ya sumidos en el absoluto caos, el plegable B queda flotando boca abajo y el A, sin haber podido ser montado correctamente, está semi inundado.
Más de 1.500 personas siguen aún en el ya moribundo Titanic. Algunos intentan llegar al plegable B. 25 personas conseguirán asirse a él precariamente y ser rescatados posteriormente. Entre ellos, el Segundo Oficial Charles Lightoller. Wilde, Murdoch y Moody, los tres que dirigieron el intento de sacar el plegable A en condiciones óptimas, murieron esa noche.
Edward Brown (34 años), mayordomo de primera clase, apenas puede entender el curso de los acontecimientos. Su turno ya había finalizado cuando el Titanic colisiona con el iceberg. Estaba descansado en su camarote cuando ha ocurrido el accidente. Se ha vestido veloz y se ha dirigido a ayudar en las tareas de evacuación. No ha parado ni un momento desde entonces. Ha sido uno de los miembros de la tripulación que han desatado el plegable A. Edward sabe que todo está llegando a su fin.
El Capitán Smith, según su declaración posterior, había pasado hacía unos minutos, megáfono en mano, diciendo “Muchachos, hagan todo lo posible por las mujeres y los niños. Cuídense”. Después, se dirigió hacia el puente, donde presumiblemente se quedó hasta el final. Él sabe que hay mujeres y niños pequeños en la zona, pero ya no hay tiempo. Ahora tiene que mantenerse en el plegable A como sea.
El agua ya ha llegado a la zona y el pequeño bote empieza a flotar entre una multitud de personas que, bajo la absoluta desesperación, intentan aferrarse a él. Allí se encuentran varios pasajeros de tercera clase que, tras una carrera contrarreloj para acceder a la cubierta, han conseguido llegar, pero ya es demasiado tarde. No hay botes.
August Wennerström (27 años) y Carl Olof Jansson (21 años), ambos suecos y de tercera clase, que también han colaborado en liberar el plegable A, están en la zona con varios compatriotas. Alma Palsson (29 años) y sus cuatro hijos, Torborg (8 años), Paul (6 años), Stina (3 años) y Gösta (2 años), Gerda Dhalberg (22 años) y el matrimonio Lindell, Edvard (36 años) y Gerda (30 años).

Alma está muy nerviosa. Ha tardado demasiado en despertar y vestir a sus pequeños. El panorama que tienen es muy complicado y lo sabe. Todos son conscientes de que, llegados a este punto, lo más sensato es tirarse al agua e intentar llegar al bote. Alma mira a sus niños y agarra fuerte a dos de ellos. Le pide a Wennerström que le ayude con los otros dos. Él accede. El resto del grupo hace lo propio. Posiblemente, antes de saltar, cruzarían miradas cargadas de miedo, pero, también, de esperanza.
Thomson Beattie (36 años) y Thomas McCaffry (46 años), ambos canadienses y pasajeros de primera clase, también comprenden que su única oportunidad de salir con vida de allí, es conseguir subirse a ese bote. Llevan siendo inseparables desde que se conocieron en el año 1.987 en Winnipeg. Todos aquellos que los conocen, lo saben. Allí donde esté Beattie estará McCaffry. Podemos imaginar el momento.
Los dos se mirarían sabiendo, perfectamente, que lo tenían muy difícil. Tenían que intentarlo y así lo hicieron. Probablemente se cogieron de la mano y, juntos, como siempre, se lanzarían a sobrevivir. Rhoda Abbott (39 años) y sus dos hijos, Rossmore (16 años) y Eugene (14 años), los tres pasajeros de tercera clase, acaban por llegar a la misma conclusión que el resto. La cubierta está ya inundándose y no hay muchas más opciones.
Rhoda es una mujer independiente que se había hecho a sí misma. Hacía un año, harta de todo lo que implicaba su matrimonio, había conseguido el divorcio y se había mudado a su tierra natal, Inglaterra, con sus dos hijos. Ella mantenía a su familia como costurera y estaba muy orgullosa de ello.
Sin embargo, los jóvenes pronto echaron de menos Rhode Island, donde se habían criado y Rhoda, para quien lo primero siempre era el bienestar de sus hijos, había accedido a volver a EE.UU. Ahora el único objetivo era ese. Regresar a casa. Todo el mundo que está alrededor, se estaba lanzando ya al mar con el mismo propósito, llegar al plegable A. La mujer y los dos chicos hicieron lo propio.
Charles Williams (51 años) y Richard Norris Williams (21 años), padre e hijo, ambos pasajeros de primera clase, también lo ven claro. Poco después de la colisión, sin tener ni la más remota idea de que el buque estaba condenado, habían acudido al bar para tomarse una copa y se lo habían encontrado cerrado.
Qué absurdo y lejano parecía ahora ése enfado. La cubierta de botes estaba ya inundada y era hora de saltar. Lo hicieron juntos, pero el naufragio ya era inminente y todo estaba colapsando. Una de las chimeneas se desploma. Richard contempla horrorizado cómo cae sobre su padre y otros pasajeros que estaban nadando. La ola que la caída causa, hace que Williams acabe sumergido.
“No estuve mucho tiempo bajo el agua y, tan pronto como llegué a la superficie, me quité el abrigo de piel. A unos veinte metros de distancia, vi algo flotando. Era el bote plegable A. Me aferré a él y, al cabo de un rato, conseguí subirme a bordo. El agua nos llegaba a la cintura. Una treintena de personas se asían a él con desesperación”.
Ahora Williams no tiene tiempo para lamentos. Ha perdido a su padre sí, pero esto es una carrera por sobrevivir. El plegable A, resulta una de las pocas bazas que tienen todos aquellos que ya se han lanzado al mar. El Titanic está a punto de ser engullido por las aguas del Atlántico norte. Edward Brown, mayordomo de primera clase, contempla la lucha que se ha desatado por obtener una plaza en el bote.
Puede ver a las mujeres que esperaban en la cubierta hace unos escasos minutos. Ha conseguido mantenerse en el bote durante un tiempo, pero el oleaje que causa la caída de la chimenea, hace que finalmente vuelva al agua. Apenas le quedan energías para nadar y su chaleco salvavidas le ayuda a mantenerse a flote. Según su declaración, un remolino de agua provocado por la succión que causa el hundimiento, hace que vuelva a estar cercano al bote.

Desde el agua, puede ver cómo las luces del Titanic están encendidas prácticamente hasta el último momento. También, es una de las pocas personas que aseguraron ver al buque partirse en dos. Finalmente, logra volver a subir al bote y, ya en él, ayuda a subir a una mujer. Ella es Rhoda Abbott.
Rhoda lo ha conseguido. Como es habitual en ella, pocas cosas se le ponen por delante. Su coraje consigue llevarla hasta el plegable A. Sin embargo, sus dos hijos, Rossmore y Eugene se han perdido entre la gente. Horrorizada mira a su alrededor. No están. Ya no puede verlos. Nunca más volverá a hacerlo. Durante el resto de su vida, jamás se perdonaría haber sobrevivido a la tragedia y sería una losa que llevaría hasta su muerte.
Thomas McCaffry y Thomson Beattie ya están al límite de sus fuerzas. McCaffry no puede más y se pierde entre la gente. Thomson, sí consigue llegar al plegable A, pero, absolutamente agotado y derrotado por perder al que era su incansable compañero de aventuras, deja de luchar.
Jansson y Wennerström nadan incansables y juntos hasta llegar al plegable A. Tras saltar al mar, han perdido la pista de Alma Palsson y sus hijos. No han podido mantenerlos agarrados. La mujer y sus cuatro niños, fallecerían en la tragedia.
Mientras están en el agua, August Wennerström observa cómo la joven Gerda Dhalberg también se rinde a la hipotermia. “Había llantos por todas partes. La gente rezaba y rezaba. Algunos murieron rápidamente, otros pelearon duramente contra el frío, pero también sucumbieron”.
Edvard y Gerda, el matrimonio Lindell, ha conseguido, también, llegar al bote. Edvard Lindell, Carl Olof Jannson y August Wennerström, finalmente, logran subir. Gerda no puede hacerlo. Se queda aferrada al borde de la pequeña embarcación donde los tres hombres intentan subirla desesperadamente.
Mientras agarraba su mano, ya al límite de sus fuerzas, August comprendió que la mujer ha muerto. Cuando la soltó la mano, con él, se llevaría su anillo de bodas. August describió así lo sucedido a continuación. “En menos de 30 minutos Edvard pareció envejecer. Se había dado cuenta de que su amada Gerda se había ido para siempre…”
Edvard Lindell fallecería poco después. Para evitar que el barco pudiera inundarse más, el resto, iba lanzando al mar a aquellos que iban muriendo. Edvard fue uno de ellos. Carl Olof Jansson describiría así, su estancia en el bote.
“…Hicimos un gran esfuerzo por seguir a flote. Estábamos atrapados, no sabíamos cuánto tiempo tendríamos que seguir allí, mojados y congelados. Apreciábamos nuestra vida. El agua estaba repleta de personas y trozos de hielo.
Antes de ser salvados estuvimos horas de lucha salvaje en una tremenda oscuridad. Los gritos y lamentos del resto de hombres se clavaban hasta la médula. Los gemidos se prolongaron durante horas.
Al final sólo quedamos 11 personas con vida, 4 murieron después de las primeras horas…”

El Quinto Oficial, Harold Lowe (29 años), que capitaneaba el bote 14 y remolcaba al plegable D, rescató a los 13 supervivientes del plegable A, entre los que se encuentran, Edward Brown, August Wennerström, Carl Olof Jansson, Richard Norris Williams y Rhoda Abbott, la única mujer que consiguió sobrevivir en él.
Todos ellos son transferidos a los botes y se decide dejar al plegable A a la deriva, con tres cuerpos en su interior. A lo largo de la noche, habían sucumbido al frío y ya no había fuerzas para echarlos al mar. Dos de los cadáveres, que pertenecían a miembros de la tripulación, no fueron identificados. El otro, era el del pasajero de primera clase, Thomson Beattie.
A pesar de que sus manos se habían hinchado mucho, Edward Brown se ofrecería a remar ya a bordo del bote 14. Su familia cree que, debido a las secuelas provocadas por la hipotermia sufrida en el naufragio del Titanic, su salud no volvió a ser la misma y falleció 14 años después, con 48 años. El Carpathia llegaría de madrugada a rescatar a las 712 personas supervivientes de la tragedia. Carl Olof Jansson declaró lo siguiente respecto a este momento.
“…El cómo llegamos a bordo del Carpathia apenas lo recuerdo. Sé que nos lanzaron cuerdas con una soga que nos rodeaba para que pudiésemos subir…”
En el Carpathia, una pasajera de tercera clase, Amy Stanley (24 años), se encontró con Rhoda Abbott. “Rhoda y yo habíamos estado muy unidas. Su camarote y el mío estaban cercanos. Era la única con quien podía hablar de sus hijos, puesto que yo los conocía. Me dijo que podrían haberse puesto a salvo si no hubiese habido tanta gente. Ella y sus hijos se mantuvieron juntos.
Estaba agradecida de que se hubieran quedado con ella en ése momento. Primero perdió de vista al más pequeño, después al mayor. Estaba entumecida por el frío y apenas podía recordar cuándo subió al Carpathia. Había un trozo de corcho en su cabello. Me las arreglé para conseguir un peine y, aunque nos llevó mucho tiempo, conseguimos quitárselo”.
Richard Norris Williams, que había perdido a su padre ante sus ojos, se enfrentaba ahora a otra dura noticia. Debido al tremendo frío, los médicos recomendaban amputar sus piernas. Él se negaría, casi suplicando que no lo hicieran.
Su cabezonería daría sus frutos. Conseguiría volver a caminar en el mismo trayecto del Carpathia y, tras un duro trabajo, consiguió volver a tener total movilidad en sus articulaciones y regresar a la que era su gran pasión, el tenis, consiguiendo varios logros en este deporte y siendo una gran figura, sobretodo, en dobles, llegando a ganar cuatro veces la Copa Davis, Wimbledon y en 1.924, un oro en los Juegos Olímpicos. Williams declaró lo siguiente.
“Cuando el bote del Oficial Lowe nos recogió, once de nosotros aún estábamos vivos. Todos los demás, habían muerto de frío. Mi abrigo de piel fue encontrado en ése bote por el R.M.S. Oceanic y también, un bastón con las iniciales C.Williams. Esto hizo que se creyera que el cuerpo de mi padre estuviera en plegable A, pero, como ven, no es así. Realmente no sé cómo llegó hasta allí”.

Como tributo al Titanic, Williams y Karl Behr, otro superviviente de la tragedia y también tenista, ofrecieron juntos en 1.914, dos años después del hundimiento, un partido de exposición en del que Williams salió victorioso.
El 13 de mayo de 1.912, un buque también de la White Star Line, el Oceanic, se encontraría con el plegable A en una de sus rutas.
En su interior hallarían tres cadáveres, uno de ellos identificado como Thomson Beattie, pasajero de primera clase. Todos ellos serían enterrados en el mar, tras una breve, pero formal ceremonia.
También se encontraría el anillo de Gerda Lindell, que tras la muerte de su propietaria narraba su historia. Esta joya es uno de los objetos más aclamados por los amantes del Titanic y en la actualidad se encuentra expuesto en Titanic Exhibition, una exposición itinerante que recorre varios países de Europa y América Latina.
El anillo de Gerda Lindell casi puede gritarte lo que vivió ésa noche en el plegable A. Hoy, 110 años después, queremos volver a recordar a esas 1.496 personas que la tragedia del Titanic se llevó consigo, convirtiéndose, en ése mismo momento, en el alma de su leyenda.
nuestras charlas nocturnas.
¿De dónde salieron los egipcios?…

“¡Soldados! ¡Desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos nos contemplan!” (Napoleón Bonaparte, durante su paso por Egipto)
- Dioses, alienígenas y atlantes
JotDown(E.J.Rodríguez) — Hasta tiempos relativamente recientes, un aura de misterio rodeaba el origen de una de las más grandes y antiguas civilizaciones surgidas sobre la faz de la Tierra. ¿Cómo apareció en las orillas de un anárquico río africano semejante cultura, capaz de erigir las grandes pirámides, los grandes templos, la Esfinge? Uno podría decir sencillamente “por las buenas, como en cualquier otra parte”. Pero lo cierto es que la respuesta en el caso de los egipcios nunca pudo ser así de simple.
Antes de la aparición de la civilización egipcia tal y como la conocemos —a finales del Pleistoceno— el Valle del Nilo ya abundaba en tierras muy fértiles arrastradas por un torrente fluvial en cuyas riberas merodeaban grupos humanos desde bastante tiempo atrás. Pero era un hábitat impredecible y caótico en el que resulta difícil imaginar de qué manera pudieron evolucionar aquellas gentes, que ni siquiera tenían la posibilidad de intentar llevar una vida sedentaria, hasta desarrollar una sociedad tan avanzada y compleja como la egipcia.
Hasta hace solamente unas décadas no se había hallado el “eslabón perdido” arqueológico que ilustrase el florecimiento de la cultura egipcia en un entorno tan inconstante y difícil de dominar. Se asumía que un hábitat estable resulta necesario para la génesis espontánea de una civilización avanzada, una asunción muy razonable por otra parte. Sin embargo, los últimos mil kilómetros del colosal río africano —allí donde surgió el imperio de los faraones— no se podrían describir precisamente como un “hábitat estable”.
Más bien al contrario, el Nilo era eternamente cambiante, inundando la región cada año con un ímpetu caprichoso e irregular. Dependiendo de cómo y cuánto hubiesen descargado las lluvias tropicales al sur, en las regiones del Lago Victoria y Etiopía desde donde el río traía su caudal, los habitantes de las riberas nunca sabían cuán lejos llegaría el nuevo asalto de las aguas.
Aquellas primitivas tribus, pues, no disponían de un lugar donde establecerse tranquilamente y erigir una aldea permanente que no fuese inundada, un hogar donde desarrollar tranquilamente una cultura avanzada.
Así pues, el surgimiento espontáneo de Egipto en un paraje semejante resultaba difícil de justificar. Los propios egipcios lo atribuían a los dioses. Los arqueólogos solían responder a la cuestión aludiendo a influencias externas, generalmente la llegada de una cultura extranjera a la región, imaginando que los egipcios eran en realidad el producto derivativo de una civilización surgida en otro lugar.
Por no faltar, no han faltado ni las explicaciones más delirantes: desvaríos folclóricos que han vinculado el origen de Egipto con elementos tan de ciencia ficción como los atlantes e incluso los alienígenas, aunque lógicamente estas fantasías no satisfacían más que a los consumidores de revistas y libros sensacionalistas.
En resumen: se necesitaba una versión que casara mejor con la evidencia arqueológica y el sentido común. Dicha versión se ha ido construyendo poco a poco, pero como decíamos ha sido durante las últimas décadas cuando finalmente se ha podido recomponer buena parte del rompecabezas hasta lograr un relato coherente de la aparición de la civilización egipcia.
No es que lo sepamos todo, pero al menos sí podemos reconstruir el argumento de la película… sin recurrir a los extraterrestres.

- En busca del “Big Bang” egipcio
Subamos a una máquina del tiempo, tiremos de la palanca de mando y retrocedamos unos 2500 años. Viajaremos hasta el siglo V antes de Cristo, justo la época en que vivió el erudito griego Heródoto de Halicarnaso. Para nosotros, habitantes del siglo XXI, su nombre sugiere una era lejana de la que apenas resta un puñado de ruinas; imponentes, pero ruinas al fin y al cabo.
Es la Edad Antigua, cuya realidad hoy se nos aparece como en un sueño desperdigado en fragmentos polvorientos, despojos en forma de vasijas rotas y utensilios repartidos por excavaciones arqueológicas y museos.
Sin embargo tenemos algo más como testimonio de la época y es algo que resulta particularmente valioso: textos escritos por individuos de aquellos años, donde nos hablan acerca de cómo veían la vida y cuáles eran sus maneras de pensar y de actuar. Entre esos importantes escritos están precisamente los de Heródoto, un hombre movido por la curiosidad y el ansia de saber que se empeñó en recoger con detalle los más importantes sucesos del mundo conocido.
Su gran obra son las ἱστορίαι («Historias»), nueve volúmenes en los que narraba grandes hechos y de paso describía algunas de las principales civilizaciones que existían en su tiempo. Es por aquellos textos que se considera a Heródoto como el “padre de todos los historiadores”. Pero además de la crónica historiográfica, el testimonio de Heródoto resulta todavía más importante porque viajó a algunos de los lugares descritos en sus Historias y registró sus impresiones en primera persona.
En el segundo de aquellos libros, titulado Euterpe —nombre de Musa, ya que cada volumen estaba dedicado a una deidad distinta— nos retrata Egipto tal cual era cuando él lo visitó, más de cuatrocientos años antes del comienzo de nuestra era. Su descripción es lo suficientemente detallada y vívida como para resultar irresistiblemente fascinante.
Él mismo estaba fascinado también. Así como nosotros miramos con asombro los restos de la Grecia de aquel siglo V a. C. y cuando posamos nuestros ojos en esos restos sentimos que nos asomamos al abismo de los tiempos para atisbar retazos de un pasado fantásticamente remoto, así mismo sintió Heródoto el vértigo de los milenios cuando visitó Egipto.
Incluso desde su perspectiva, Egipto era un lugar de ancianidad inmemorial, repleto de monumentos y reliquias que acumulaban ya por entonces miles de años de existencia. Heródoto provenía de una civilización avanzada, la griega, pero no pudo evitar que Egipto lo dejase sumamente sobrecogido.
Aunque por entonces la vieja nación de los faraones ya había perdido buena parte de su poder, Heródoto entendió que se hallaba ante la más colosal de las civilizaciones conocidas y que Egipto había constituido el más impresionante despliegue de grandeza en la historia del ser humano.
Durante su estancia en la región conoció personalmente a aquellos mismos egipcios que a lo largo de milenios habían imperado orgullosamente en el valle del Nilo.
Cuando visitó el norte de Egipto, este había sido conquistado por el Imperio persa y además se habían establecido allí numerosas colonias de inmigrantes griegos, pero Heródoto pudo comprobar que los egipcios se preciaban de mantenerse separados de los extranjeros, fieles a sus tradiciones inmemoriales y cultivando unas costumbres cuyo fundamento se perdía en las tinieblas de edades ya olvidadas.
El historiador fue profusamente ilustrado acerca del pasado y el presente de Egipto por anfitriones como los sacerdotes egipcios de Menfis y los colonos griegos que hablaban su mismo idioma. Pero además de escuchar y anotar aquellos relatos, Heródoto hizo lo que hoy llamaríamos un auténtico reportaje de investigación: salió a la calle y observó de cerca la vida de los ciudadanos de a pie.
Mirándolo todo con ojos europeos, quedó asombrado por el carácter exótico y sofisticado de aquellas gentes que mostraban hábitos muy diferentes a los de otras civilizaciones mediterráneas conocidas y estudiadas por él:
En otras naciones los sacerdotes dejan crecer su cabello, pero en Egipto los sacerdotes se rasuran la cabeza. Entre otros pueblos, los familiares de un difunto acostumbran a exhibir el duelo cortándose el cabello, pero los egipcios, aunque habituados a afeitarse, se dejan crecer el cabello y la barba durante el luto. Otros hombres viven separados de sus animales, pero los egipcios viven junto a ellos.
En otras regiones los hombres se alimentan de trigo y cebada, pero un egipcio considera que rebajarse a comer dichos granos es indigno y se alimentan de olyra, también llamada espelta. Amasan la pasta con los pies y el lodo con las manos; también recogen el estiércol. Otros hombres dejan su miembro viril intacto, pero los egipcios se circuncidan. (…) Son muy supersticiosos, más que cualquier otro pueblo, y siguen estos ceremoniales: beben en vasos de bronce, que limpian cada día.
No limpian un día algunos vasos y otros al día siguiente, sino que siempre los limpian todos. Llevan ropajes de lino y se preocupan mucho de que estén siempre bien lavados. Se circuncidan por motivo de higiene y prefieren mostrarse aseados a ser bellos. Los sacerdotes afeitan todo su cuerpo cada dos días, para que ningún piojo o sabandija halle lugar en ellos. (…)
Los egipcios, debido a la peculiaridad de su clima y al río en el que viven, que no se parece a ningún otro río, han desarrollado para casi todos los aspectos de la vida costumbres que son contrarias a las de los demás pueblos.

Ese carácter distintivo del ciudadano egipcio le hablaba de un pueblo con una historia tan larga que, aun en las vicisitudes de la decadencia, parecía considerarse en un plano diferente y superior al de otras gentes del mundo. Los egipcios del siglo V a. C. sabían que Egipto había sido un gran imperio incluso en remotas épocas donde muchos otros pueblos del planeta apenas habían dado sus primeros pasos allende la entrada de la caverna.
Los egipcios tenían la impresión de ser la nación más antigua de la tierra, la cuna del hombre moderno, y a decir verdad no andaban muy desencaminados. Pero lo que más cautivó la imaginación de Heródoto fue el extraordinario legado monumental de lo que definió como “el país con más maravillas que hay en el mundo”.
No nos resultará difícil ponernos en el lugar del escritor heleno para comprender su asombro, porque la Gran Pirámide de Keops ya tenía dos mil años de antigüedad (¡dos mil años!) cuando Heródoto posó sus ojos en ella. Semejante prodigio —la única de las Siete Maravillas del mundo antiguo que todavía queda en pie— era la edificación de mayor altura que existía por entonces sobre el planeta, y si su colosal presencia continúa descolocándonos en la actualidad, cabe suponer la hondísima impresión que dejó en un griego del siglo V a. C. Tal grado de monumentalidad era completamente desconocido más allá de las fronteras egipcias.
El Imperio romano, por poner un ejemplo, ni siquiera existía todavía: la República romana estaba prácticamente en el parvulario. Aquellas construcciones no solamente eran las más antiguas, sino también las más enormes, bellas e imponentes que cabía concebir en la imaginación. ¿Cómo no sentirse sobrecogido ante semejantes visiones del pasado?
Aunque parezca mentira, el origen de la cultura egipcia estaba más alejado de Heródoto en el tiempo, de lo que el propio Heródoto lo está de nosotros mismos. Si para nosotros Heródoto representa la Edad Antigua, para él la Edad Antigua estaba representada por Egipto.
También se sintió fascinado por el alto grado de conocimiento que los egipcios tenían acerca de su propio pasado; se trataba de un pueblo culto que desde muchos siglos atrás llevaba un cuidadoso registro de los acontecimientos históricos, si bien les danzaban las fechas debido al uso de diversos sistemas de medición temporal que habían variado a lo largo de los milenios. Sin embargo, aquella historia tan longeva se remomntaba a un punto remoto —el origen— del que no quedaban datos fidedignos.
Solamente existían explicaciones mitológicas para responder a la gran pregunta “¿De dónde surgió Egipto?”. Estas explicaciones involucraban a dioses, semidioses y hechos fantásticos; mitos que le fueron transmitidos a Heródoto por sus anfitriones y que él escuchó con sumo interés. A falta de información mejor y aun sin creerse estas leyendas, las daba por buenas porque constituían el único conocimiento accesible sobre el Egipto prehistórico.
Ni siquiera la memoria colectiva parecía recordar aquellos tiempos fundacionales, así que únicamente restaba recurrir al mito. De todos modos, ese mito era la explicación habitual para muchas otros misterios de aquellos tiempos (no debería extrañarnos, ya que hoy están quienes hablan de la Atlántida y naves espaciales).
Tampoco los propios historiadores egipcios gozaron mejor suerte al buscar pistas sobre su propio origen. Doscientos años después de que Heródoto hubiese escrito sus impresiones, fue un sacerdote del culto a Ra, Manetón, quien trabajó afanosamente para construir una muy elaborada Historia de Egipto(originalmente Αίγυπτιαχά, porque pese a ser egipcio escribía en griego, que era la lengua culta del momento).
Todavía hoy nos basamos en esa obra para dividir la crónica egipcia en diferentes períodos dinásticos. Manetón rebuscó en los archivos y las inscripciones de los monumentos, investigó incansablemente en los archivos recopilando todo el material historiográfico posible. Después se aplicó en la reconstrucción del gigantesco rompecabezas.
Al contrario que Heródoto, él sí conocía la lengua egipcia y podía descifrar sus escrituras. Sin embargo, a medida que descendía hasta la era predinástica, terminaba topándose también con la mitología. Manetón se encontró con que el pasado era demasiado lejano y que aprehenderlo de manera coherente resultaba imposible.

Y no es que podamos culpar a Manetón de haber dejado escapar pistas; más bien al contrario, su trabajo fue admirable y asombrosamente concienzudo. Pero todavía no disponía de unas técnicas arqueológicas con las que indagar eficazmente en el pasado. Ni él, ni nadie hasta mucho tiempo después, de hecho.
El misterio se mantuvo durante dos mil años más hasta la llegada de la era moderna. Durante los siglos XIX y XX se produjo una explosión del interés por la historia del antiguo Egipto y un auge de la egiptología occidental, la cual empezó a apoyarse en evidencias arqueológicas para elaborar su propia justificación del ignoto origen de aquella civilización.
En un principio se recurrió a explicaciones condicionadas por una información incompleta. Dicho de otro modo: muchos asumían que la aparición de una cultura tan adelantada en aquella región de África tuvo que deberse a la influencia de un invasor exterior —procedente de un foco civilizado de Oriente Próximo, como Mesopotamia— que habría introducido grandes avances entre los habitantes nativos, más primitivos, de las riberas del Nilo.
El paso de la primitiva prehistoria al Egipto que todos conocemos habría sido facilitado por la llegada de invasores del norte portadores de nuevos conocimientos como la agricultura, favoreciendo un progreso cultural y tecnológico que terminaría cristalizando en el Egipto de las grandes dinastías.
Esta hipótesis casaba con la línea de pensamiento predominante en la historiografía europea —quizá teñida de cierto etnocentrismo, todo sea dicho—, la cual defendía una génesis euroasiática para toda gran civilización avanzada. Y además no parecía haber indicios materiales de una versión alternativa o sencillamente no se supieron buscar e interpretar.
Sin embargo, con el transcurso de posteriores investigaciones nuevos descubrimientos arqueológicos empezaron a mostrar que la civilización egipcia sí pudo empezar a desarrollarse por sí misma desde los orígenes paleolíticos. Es más, pudo haber iniciado su andadura incluso antes de la época que se había supuesto y sin necesidad de haber sido “iluminada” por un benefactor-invasor del norte. Según aquellos nuevos hallazgos, Egipto fue una civilización genuinamente africana incluso en su origen.
Lo más curioso, sin embargo, es que el desarrollo inicial de la cultura egipcia no habría tenido lugar necesariamente en torno al Nilo. ¿Pudo ocurrir que los egipcios, tal y como los conocemos, empezasen a conformarse alejados de las orillas del río con el que inevitablemente los asociamos?
- Hace unos cuantos miles de años…
Remontémonos todavía más en el tiempo, hasta la Edad de Piedra, concretamente a finales del periodo mesolítico. En el nordeste de África, por lo demás una región árida y casi completamente cubierta por el desierto, el caudaloso río Nilo constituía la única arteria portadora de vitalidad y sus riberas eran prácticamente el único lugar habitable.
En sus orillas se multiplicaban plantas y animales que servían como sustento a unas primitivas poblaciones humanas que deambulaban de aquí para allá buscando algo que echarse a la boca. Al menos desde finales del Pleistoceno estuvo el valle del Nilo habitado por tribus dedicadas a las formas más arcaicas de existencia: la caza y la recolección de frutos, raíces y demás vegetales comestibles disponibles en la naturaleza salvaje.
Aquellos grupos de cazadores no abandonaban las inmediaciones del río, ya que más allá de las húmedas riberas únicamente existía un inhóspito e interminable vacío de arena en el que no había agua ni comida y donde el clima era verdaderamente terrible.

Cierto es que en torno a las orillas del río abundaban los recursos alimenticios, pero no por ello la vida allí resultaba fácil.
El valle del Nilo, como decíamos al principio, era un entorno eternamente cambiante: una vez al año las tremendas crecidas sumergían las tierras del valle por las que vagaban las tribus humanas en busca de comida.
La magnitud de aquellas inundaciones resultaba completamente imprevisible.
El río seguía ciclos dependientes de los cambios climáticos del interior del continente y lo mismo aumentaba su caudal provocando enormes y violentas crecidas que anegaban amplias extensiones de terreno, como al año siguiente disminuía aportando menos agua de la prevista, provocando que las riberas estuviesen más secas y fuese menos abundante el alimento.
En mitad de semejante inestabilidad ambiental, aquellas primitivas tribus se las arreglaban para sobrevivir… pero poco más que eso. No estaban en condiciones de evolucionar y desarrollar una cultura compleja, condenados como estaban a ir y venir al dictado de los caprichos del poderoso río.
Todavía no disponían de herramientas tecnológicas que permitiesen sacar provecho del fértil aluvión que dejaban tras de sí aquellas crecidas. Cazadores nómadas sin un hogar, no conocían la agricultura y lo único que podían hacer era perseguir a sus presas mientras avanzaban y retrocedían al compás de las inundaciones.
Además, aquel terreno pantanoso y cálido escondía muchos otros inconvenientes: estaba repleto de cocodrilos, hipopótamos y alimañas varias como serpientes e insectos, especialmente las incontables legiones de simpáticos mosquitos. En las riberas había comida, sí, pero también bastantes motivos para andarse con mucho cuidado.
Con todo, el balance entre recursos e inconvenientes era favorable a los primeros. El Nilo, al menos, permitía una supervivencia básica que resultaba impensable en los áridos alrededores, en el desierto del Sahara. Así pues, durante bastantes milenios aquellos hombres de la Edad de Piedra salieron adelante en mitad de ciertas dificultades pero con abundante comida silvestre a su disposición.
Sin embargo, hace unos 12.000 años (sobre el año 10.000 a. C. de nuestro calendario) se produjo un acontecimiento que determinaría el destino de aquellas gentes para siempre: el cambio climático. Finalizó una larga etapa conocida como la Glaciación de Würm, que había durado 70.000 años, lo cual trajo consigo una inesperada modificación de los patrones climáticos a nivel planetario.
En África, las lluvias anuales del monzón tropical que hasta entonces solían limitarse al centro del continente se desplazaron hacia el norte. De repente, una vez al año, una torrencial descarga de agua caía sobre pleno desierto del Sahara. Durante los siguientes cuatro milenios —y esta es una imagen que probablemente nos resulte bastante chocante hoy— el Sahara disfrutó de una intensa estación húmeda: cada año, en determinada época, llovía abundantemente sobre el desierto.
Como consecuencia lógica, el paisaje en muchos rincones del Sahara iba a cambiar. Aquellas copiosas precipitaciones estacionales propiciaron la aparición de grandes oasis en lugares donde el terreno ofrecía depresiones y cuencas que ejercían como embalses naturales para la recogida de agua.
Es decir: aparecieron nuevos y numerosos lagos en mitad del Sahara. En sus orillas se gestaron unos microclimas mucho más benignos que los del desierto circundante, donde crecía la vegetación, incluyendo pastos que podían alimentar a manadas de herbívoros: bóvidos, asnos silvestres, incluso avestruces (mucho más tarde, la pluma de avestruz sería el símbolo de la corona egipcia, lo cual estaba inesperadamente unido a la difusa memoria colectiva de tiempos muy, muy arcaicos).
También crecían árboles que ayudaban a proteger aquellos oasis del sofocante calor. Cuando los habitantes del Nilo descubrieron la aparición de estos lagos se dieron cuenta de que allí les resultaría mucho más fácil buscarse la vida. Ofrecían un escenario más tranquilo para cazar y recolectar frutos que las inestables riberas del río, así que muchas tribus comenzaron a mudarse hacia el interior del desierto occidental.
En consecuencia, la población del valle del Nilo decreció considerablemente a la par que aumentaba en los oasis lacustres del Sahara. En los lagos tendría lugar la evolución hacia otros tipos de subsistencia más avanzada, mientras que las poblaciones que permanecieron en las orillas del Nilo experimentarían una evolución bastante más lenta (aunque allí también hubo cierto avance y los grupos de cazadores terminaron por lo general reconvirtiéndose en pescadores).
Las tribus de los oasis ya no llevaban una existencia encadenada a las crecidas del río, aunque se veían sujetos a otro ciclo: el de la estación de las lluvias. El monzón africano era irregular, más que el asiático. Si algún año flojeaban las precipitaciones, los lagos más pequeños y vulnerables podían llegar a consumirse durante la estación seca, con la consiguiente falta de alimentos y los problemas de las tribus locales para intentar salir adelante.
De todos modos, aun con aquella posibilidad de sequías, el nuevo hábitat lacustre resultaba más predecible y fácil de manejar que la cuenca del Nilo. Así que cuando las lluvias no les fallaban, aquellos humanos podían permanecer más tiempo en un mismo lugar y llevar una vida más reposada y tranquila, requisito fundamental para la consecución de determinados avances. Pasaron del nomadismo a un seminomadismo que propició una aceleración de su progreso cultural.

- El surgimiento de una nueva sociedad
Durante las épocas en que no se veían obligados a moverse a causa de la sequía, los clanes de los oasis podían ir adquiriendo nuevos conocimientos que mejoraban la relación con su entorno. Paulatinamente fueron aprendiendo a domesticar algunos de los animales que los rodeaban; así dejaron de ser cazadores para dedicarse al pastoreo seminómada, aprovechando aquella hierba que bien daba como para alimentar al ganado.
El pastoreo era más productivo, no tan cansado y mucho menos peligroso que la caza. Más adelante aprendieron incluso a domesticar plantas: una vez conocido el secreto de la siembra y la cosecha pudieron crear sus propios huertos, procurándose una fuente más o menos regular de hortalizas, legumbres, gramíneas (como el sorgo y el mijo) e incluso alguna que otra fruta (las cuales, por cierto, siempre escasearon en Egipto).
Aquello marcaba el inicio de una producción agrícola a pequeña escala que serviría como base para soportar poblaciones más numerosas en un futuro. Así la agricultura egipcia nació, sorprendentemente, en mitad del Sahara y no a orillas del Nilo. Es más, la aparición de la actividad agrícola en la región fue anterior incluso a la de Oriente Medio, así que la agricultura no fue una importación de pueblos orientales como se pensó durante bastante tiempo.

Aquella migración masiva del año 10.000 a. C facilitó pues una progresiva evolución desde la caza y la recolección del Nilo hacia el pastoreo y la agricultura de subsistencia del Sahara. Durante los cuatro milenios en que la región fue mucho más habitable, aquellos hombres y mujeres llegaron a sentirse lo suficientemente confortables como para poder desarrollar una cultura que con el paso de los siglos llegaría a convertirse en la civilización de los faraones.
Así parecen indicarlo yacimientos arqueológicos situados en el interior del desierto o cerca de los bordes mismos del valle del Nilo; yacimientos como el de Nabta Playa, situado en el sur de Egipto —alejados unos cien kilómetros de las orillas del río— en donde se hallaron restos de una de aquellas poblaciones humanas que sacaban provecho a lo que una vez fue un lago alimentado por las precipitaciones monzónicas.
Culturas como la de Nabta Playa seguían teniendo un carácter seminómada pero llegaron a conseguir un dominio más avanzado de la agricultura e incluso se familiarizaron con la astronomía y el calendario. Disponían de instrumentos para determinar el momento del año en que se encontraban, así como para intentar predecir la llegada de la estación de las lluvias.
Uno de aquellos instrumentos, por ejemplo, era una construcción de piedras dispuestas en círculo con una función astronómica. Todavía se conserva y podríamos apodarla como “el Stonehenge del Sahara”… aunque en realidad es 1000 ó 2000 años más antiguo que el propio crónlech de Stonehenge.
La presencia de megalitos —grandes rocas obtenidas en otro lugar y transportadas hasta el emplazamiento definitivo— nos habla también de que habían desarrollado un elevado nivel de organización, que podían trabajar coordinadamente y realizando esfuerzos en común bajo la planificación de sus primeros ingenieros.
Empezaron a diseñar construcciones que iban más allá de la simple cabaña, como esculturas de cierto tamaño y tumbas cubiertas por grandes losas de piedra que parecen indicar el enterramiento de caudillos y personajes importantes. Su ingeniería había dado un salto cualitativo y eran capaces de construir pueblos que parecían seguir una planificación arquitectónica previa —incluidas estructuras subterráneas— en una época donde muchos otros grupos humanos del planeta todavía no habían abandonado las cavernas.
También empezaron a adoptar creencias religiosas complejas en las que los cielos, el sol e incluso el ganado tenían un papel preponderante, además de un elaborado culto al Más Allá, emparentándolos con la futura religión de los faraones. Enterraban a sus muertos con ofrendas como alimentos y aperos de caza que facilitasen su tránsito al otro mundo, orientando los féretros hacia la puesta del sol porque aquella era la dirección por la que se entraba al mundo de los muertos (poniente era el lugar donde «moría» el sol cada atardecer).
Si bien todavía no podían permitirse el lujo de llevar una existencia total y completamente sedentaria, sí establecieron aldeas que únicamente abandonaban cuando la sequía y la falta de alimentos les forzaban a ello, aunque presumiblemente regresaban a ellas en cuanto las condiciones lo hacían posible. Esto es: aparecieron poblaciones compuestas por edificaciones persistentes. Aquellos cuatro mil años de estabilidad climática posibilitaron que las antiguas tribus paleolíticas se fuesen transformando en el embrión de Egipto.
- Se van las lluvias, hay que emigrar de nuevo

Pero nada dura para siempre y la tranquila era de los oasis también terminó.
Hacia el año 6000 a.C. se produjo un nuevo cambio climático y se revirtió el patrón que había imperado durante los cuatro milenios anteriores.
Las lluvias monzónicas volvieron a desplazarse hacia el sur, abandonando el desierto para siempre.
Los lagos del hasta entonces reverdecido Sahara comenzaron a agostarse uno tras otro, para finalmente extinguirse por completo.
La crudeza del mar de arena comenzó a reclamar sus antiguas posesiones y los habitantes de aquellos oasis vieron que su relativamente cómoda existencia como pastores y horticultores ya no encontraba acomodo allí.
Como quisiera que las agradables praderitas lacustres languidecían y morían, no les quedó más remedio que hacer el equipaje y marcharse en busca de un lugar mejor para vivir: se produjo una nueva oleada migratoria que seguía el camino inverso a la de 4000 años atrás.
Si bien algunos grupos humanos persiguieron a las lluvias hacia el sur estableciéndose en el Sahel —la franja semiárida que todavía hoy separa el África dorada y desértica de esa otra África verde de la sabana—, la mayoría de los habitantes del Sahara tomaron el camino más fácil y volvieron a establecerse a las orillas del Nilo, junto a las poblaciones más primitivas de cazadores y pescadores que habían permanecido allí por 4000 años.
Sin embargo, los hombres y mujeres que ahora se reasentaban junto al río eran muy distintos de aquellos antepasados que se habían marchado milenios atrás. Ya no eran cazadores y recolectores, sino que poseían un arsenal de conocimientos técnicos que les permitía enfrentarse con más éxito al volátil humor del torrente fluvial. Ahora sabían cómo cuidar el ganado, en el que además de vacas empezó a haber cabras, ovejas, asnos y cerdos.
También sabían cómo cultivar y cosechar sus propios vegetales, cómo excavar pozos, cómo construir cabañas dotadas de huertos, fogones, chimeneas e incluso camas de piedra; sabían como medir el tiempo y poseían considerables nociones de astronomía. Ahora sí podían intentar aprovechar las hasta entonces catastróficas crecidas del Nilo.
Acostumbrados a ingeniárselas en mitad de los vaivenes hídricos de los lagos del interior, no tardarían en descubrir la manera de exprimir las posibilidades de aquella tierra negra de aluvión que el Nilo traía consigo desde el corazón del continente, la cual quedaba al descubierto cuando las inundaciones remitían.
Todo lo que aquellas tribus tenían que hacer era plantar sus cultivos al retirarse la última inundación y cosechar justo antes de que se produjera la siguiente. Para cuando el río volvía a crecer y anegaba nuevamente el terreno cultivable, las tribus ya tenían sus graneros llenos, puesto que almacenaban alimentos (ahora también el trigo y la cebada) en silos erigidos al efecto.
La productividad del terreno de aluvión —de hecho una de las tierras más fértiles del planeta— facilitó una sociedad de granjeros en la que se producía un creciente excedente de comida y en consecuencia un incremento de la población. Los inmigrantes del Sahara dominaban manufacturas como la alfarería, la cestería y la confección de tejidos de lino y cuero.
También disponían de instrumentos muy cuidadosamente labrados en sílex, hueso e incluso marfil, los cuales eran cada vez más delicados y de diseño más estético, entre los que abundaban incluso los accesorios para el aseo personal (incluida la aplicación de cosméticos). También eran comunes los accesorios ornamentales para la vestimenta y los amuletos. Aquellos arcaicos egipcios vivían ya lo suficientemente bien como para preocuparse mucho por su aspecto.
Durante mucho tiempo, eso sí, siguieron habitamdo la región en condición de seminómadas. Al contrario de lo que sucedería en otras culturas como la de Mesopotamia, los egipcios no podían fundar ciudades junto al Nilo Como les había ocurrido a sus antepasados, se veían forzados a avanzar y retroceder según el capricho de las crecidas, ya que no tiene mucho sentido intentar construir una vivienda permanente allí donde el agua terminará apareciendo tarde o temprano.
Y dado que dichas crecidas podían ser mucho más extensas de lo normal sin previo aviso, no había forma humana de fundar una aldea permanente cerca de los cultivos del aluvión y tener la garantía de que no terminaría inundada. Quizá por ese motivo la evolución de la actividad agrícola egipcia pareció de repente estancarse y acumular cierto retraso con respecto a la agricultura surgida más recientemente en regiones como Oriente Medio.
Es probablemente que este estancamiento fuese lo que llevó a pesnar durante un tiempo que los egipcios habrían evolucionado hacia la agricultura como consecuencia de la llegada de extranjeros que les enseñaron a labrar la tierra, ya que tras regresar al Nilo sus propios cultivos parecían más primitivos que los de otros lugares del mundo conocido.
Con todo, aquellos clanes neolíticos seguían evolucionando y yacimientos como los de El Fayum y Merimde-Beni-Salame al norte del país o el de El-Badari al sur, parecen indicar ya un considerable grado de sofisticación, además de la diferenciación cultural entre el Bajo y el Alto Egipto que se mantendría durante el resto de su historia.

Hacia el 4000 a. C. llegó a Egipto la Edad de los Metales.
Las técnicas metalúrgicas empezaron a extenderse por el cauce del Nilo, aunque en este caso sí las aprendieron de sus contactos con los pobladores de Oriente Medio, donde hacia el 5500 a.C. habían surgido culturas mesopotámicas que sabían cómo trabajar el cobre y el plomo.
Los primitivos egipcios habían ido ocupando territorios cada vez más extensos, contactando con otros pueblos, y además se había iniciado el intercambio marítimo.
Así irrumpieron en Egipto nuevas tecnologías desarrolladas en el extranjero.
Los egipcios, eso sí, se veían obligados a adquirir ciertas materias primas —muy especialmente los metales— mediante el comercio exterior, comprándoselas a los habitantes del Sinaí, de Nubia o de las orillas del Mar Rojo.
La tierra de aluvión era muy fértil pero apenas podía encontrarse materias primas como el metal o la madera, y solamente abundaban minerales como el sílex, muy apropiado para construir útiles aunque menos resistente que el metal. Ello explica que Egipto, aun después de haber descubierto la metalurgia, continuara siendo una cultura muy aferrada a la piedra.
La llegada de la metalurgia, en todo caso, posibilitó la construcción de nuevas herramientas y por ende el desarrollo de técnicas punteras de construcción. Los egipcios estaban forzados a agudizar el ingenio debido a las particulares condiciones de su entorno y pronto volverían a sobrepasar a sus contemporáneos en cuanto a desarrollo tecnológico: gracias al metal se produjo otro considerable salto en su ingeniería y comenzaron a aplicar novedosas ideas para hacer frente al neurótico Nilo.
Ahora podían trabajar más eficazmente la piedra. Construyeron diques y canales, infraestructuras que les permitían controlar y desviar las inundaciones en determinados puntos del trayecto fluvial, con lo que podían salvaguardar algunos terrenos del asalto de las aguas. Así (¡por fin!) tuvieron la oportunidad de fundar asentamientos fijos desde donde llevar una vida sedentaria que les permitiese dedicar más tiempo y esfuerzo a su propia evolución cultural.
Nacieron sus primeras ciudades y dio comienzo el llamado periodo predinástico, en el que aparecieron reinos bien definidos y se siguieron conformando varias de las características que asociamos al Egipto clásico. Con el sedentarismo, cómo no, también se renovó su tejido industrial. La creciente productividad agrícola, pesquera y ganadera de las ciudades y sus arrabales permitió que cada vez más personas pudiesen habitar la cuenca del Nilo.
Con una mayor población, más individuos se dedicaban a tareas creativas, científicas y administrativas. Dicho de otro modo: había más cabezas para generar nuevas ideas, había más brazos para ejecutar esas ideas y había unas autoridades centralizadas y fuertes para ordenar que efectivamente esas ideas fuesen ejecutadas.
Finalmente, tras varios miles de años, los habitantes de la región habían aprendido a convivir con el ingobernable Nilo y a extraer de él todos los frutos posibles sin tener que vagar constantemente de aquí para allá.
Los restos arqueológicos muestran que comenzaron también a importar piedras preciosas, lo cual, además de demostrar que su comercio exterior estaba floreciendo considerablemente, es signo de una creciente división social y una alta sofisticación. La ornamentación de su cerámica, amuletos y demás utensilios se hizo todavía más rica.
La planificación urbana y la arquitectura de las propias viviendas también se tornó más compleja, como sabemos por algunos enterramientos de personajes importantes en donde se han encontrado maquetas a escala de los inmuebles propiedad del difunto (una manera de que tuviese un hogar en la otra vida; ¡eso sí es atarse a una hipoteca!).
Sus ritos funerarios y religiosos también seguían evolucionando, incluyendo ya las primeras representaciones de los dioses que veríamos más tarde en el panteón egipcio del periodo dinástico. Después del año 3500 a.C. comenzaron a erigirse los primeros templos de gran tamaño, aunque algunos todavía estaban hechos con ladrillos de adobe y no con piedra. Pero era el primer paso hacia maravillas como las pirámides.

La aparición de construcciones cada vez más elaboradas nos habla no solamente de una creciente especialización del trabajo, sino de una lenta y progresiva subdivisión en clases sociales más definidas: con el transcurrir de los siglos terminarían surgiendo aristócratas, sacerdotes y escribas; también artesanos y comerciantes, además de los granjeros y pequeños agricultores, ganaderos, pescadores… aunque en las zonas más áridas, especialmente del Alto Egipto, continuaban concentrándose algunos grupos más empobrecidos de pastores e incluso cazadores que todavía llevaban una existencia nómada y primitiva, pero que ahora constituían poblaciones marginales en lo que era ya una civilización avanzada y floreciente.
También se extendió la escritura —como los famosos jeroglíficos—, lo que realmente marcaría la entrada de Egipto en la Historia.
En resumen, estos fueron los orígenes: migraciones masivas a los grandes oasis de un Sahara donde caían lluvias torrenciales y el posterior retorno hacia el Nilo. Más adelante vendría la unificación de los dos Egiptos con sus sucesivas dinastías; los gigantescos templos, los obeliscos, las tumbas faraónicas, los palacios, las pirámides.
En definitiva, la civilización egipcia tal y como nuestra común imaginación la concibe. En una progresión lenta pero segura, el Nilo vio cómo sus modestas agrupaciones de cazadores habían metamorfoseado en una sociedad fascinante e increíblemente compleja, bastante más sofisticada que ninguna otra que hubiese por entonces en el mundo. No fueron los dioses, ni los atlantes, ni los extraterrestres, sino largas etapas de cambios climáticos las que posibilitaron la aparición de Egipto.
A Heródoto y Manetón, sin lugar a dudas, les hubiese encantado saberlo. Hoy, la vieja cultura egipcia hace ya mucho que se extinguió —los agonizantes vestigios, incluyendo los últimos jeroglíficos conocidos, datan del siglo IV de nuestra era—, pero es precisamente en nuestra época moderna cuando empezamos a conocer mejor el nacimiento de una civilización tan única que algunos incluso quisieron pensar que procedía de otro planeta.
Aunque, bien mirado, un planeta donde llovía en el Sahara era realmente otro planeta. Si hoy realmente nos sobreviene un cambio climático, quién sabe en qué nos convertiremos. Quizá dentro de dos mil años habrá un Heródoto que contemple con fascinación nuestros rascacielos ya vacíos y se pregunte «¿de dónde surgió aquella gente?».
nuestras charlas nocturnas.
Las fotos históricas del descubrimiento de Machu Picchu…

Colina del Intiwatana y bancales al oeste de la Plaza Sagrada
National Geographic(fotografías de Hiram Bingham) — A la izquierda se distinguen los precipicios que defendían Machu Picchu de las agresiones. En primer término un grupo de bancales, donde los antiguos habitantes plantaban sus cultivos.

En el interior de la ciudadela
La torre semicircular y el interior del muro mirando hacia el Grupo del Rey y la escalera próxima al Grupo de los Huertos Privados.

Campamento base
Desde el campamento de Machu Picchu, Hiram Bingham emprendió el estudio de uno de los escasos yacimientos incas que eludieron a los invasores españoles. Con una robusta cámara Kodak, tomó miles de fotografías para documentar su trabajo.

Puerto de Pacasmayo
En su viaje al sur de Perú los expedicionarios hicieron escala en varios puertos, entre ellos el de Pacasmayo, donde los marineros utilizan un tipo muy peculiar de canoa. Estas balsas se fabrican con juncos y deben secarse después de cada uso. La fotografía muestra también una típica cabaña de marinero construida con cañas de bambú partidas.

Preparativos previos
En la fotografía se distinguen la banda y la escolta militares, así como una alfombra de flores y hojas verdes.

Catedrál de Lima, Perú
La primera parte de la expedición llegó a Lima justo a tiempo de asistir a la procesión anual de Corpus Christi. Partiendo de la catedral, la procesión, compuesta en su mayoría de niños con llamativo atuendo, recorrió los cuatro lados de la plaza y regresó al punto de partida.

Las tierras altas
En los pastos de las tierras altas comprendidas entre el lago Titicaca y Cusco, miles de alpacas y llamas hallan su sustento natural.

Ganado local
Las llamas llevan siglos domesticadas, y no las hay en estado salvaje. La lana de alpaca es una de las exportaciones más selectas de Perú. Las llamas acarrean sal gema. La característica alcantarilla descubierta que recorre el centro de la calle existe en muchas villas montañesas.

Intercambio cultural
Los indios montañeses siempre mostraban interés por nuestro trabajo y solían contentarse con contemplar en silencio el paso de nuestras caravanas o especular en voz baja sobre las actividades del topógrafo. Una vez, sin embargo, el topógrafo jefe fue agredido por una docena de indios exaltados, convencidos de que su ayudante y él se traían alguna brujería entre manos con aquellos instrumentos tan extraños.

Río Urubamba
El puente rematado sobre los rápidos del Urubamba. Se aprecia el montante horcado todavía en su sitio. La gran dificultad de esta construcción radicó en que la madera era tan densa que no flotaba.

Problemas logísticos
Nuestros problemas de transporte no terminaron con la llegada de la balsa, pues las mulas se resistían con denuedo a saltar desde las rocas a la corriente, honda y rápida.

Abriendo camino
El contorno de Machu Picchu destaca por lo agreste y por la belleza indescriptible del paisaje. La ciudad se encarama al borde de los precipicios que se aprecian al fondo de esta imagen.
El camino lo abrió hace unos años el Estado peruano con un elevado gasto económico.
Los primeros exploradores, obligados a evitar esta zona del valle del Urubamba por falta de vías, desconocían el emplazamiento de Machu Picchu.

Fortalezas de extrarradio
El valle del Urubamba alberga abundantes vestigios de arquitectura inca. Esta antigua fortaleza se halla en la margen occidental del Urubamba, cerca de Ollantaytambo, una de las ciudades incaicas más célebres de los Andes.

Valle de Yucay
En el extremo superior del valle de Yucay se ubican las ruinas de un maravilloso templo o ciudadela inca de nombre Pisac.

Un enclave inexpugnable
Las defensas de Machu Picchu constaban de dos murallas y un foso seco transversal a la cresta, de precipicio a precipicio.

Arquitectura inca
Una de las características más llamativas de la arquitectura de Machu Picchu es que la mayoría de las casas tiene una altura de un piso y medio y hastiales en los extremos. Los hastiales presentan unas piedras cilíndricas salientes que sugieren la antigua existencia de unas vigas de madera.
En el caso de estas dos casas adyacentes sólo siguen en pie los hastiales de la cara sur; los del norte han sucumbido, bien a los terremotos, bien a la fuerza destructora de la vegetación.

Puestos de vigilancia
En la mismísima cima de uno de los precipicios más impresionantes los incas construyeron una atalaya desde donde podían advertir enseguida a la ciudad, situada más abajo, si se aproximaba un enemigo.

Inicio de las labores de excavación en el Templo Principal de Machu Picchu.
El equipo de Bingham desenterró miles de artefactos del lugar y los llevó hacia EE.UU. para estudiarlos. Tras décadas de controversia, el año pasado la Universidad de Yale aceptó devolverlos. En esta foto el teniente peruano, Tomás Sotomayor (izquierda), supervisa la búsqueda en el Templo Principal

Cuevas macabras
Ésta es la primera cueva funeraria de las descubiertas en Machu Picchu que contenía un cráneo. En total se abrieron más de 100 cuevas como ésta y se recogió gran cantidad de material esquelético.

Retrato de Alegría,
Se unió a nosotros en Cusco y nos acompañó durante casi dos meses. La mayoría de los obreros se contentaba con el jornal que ganaba en quince días, y continuamente teníamos que tomarnos la molestia de buscar mano de obra nueva.

Retrato de Enrique Porres,
Uno de los obreros más inteligentes que nos ayudaron en las excavaciones de Machu Picchu.
Se aprecia el abultamiento de su mejilla, que delata la presencia de un paquetito de coca, las hojas de la planta de la cual se extrae la cocaína.
Casi todos los indios montañeses mascan hoja de coca. El paquetito se prepara con esmero al iniciar la jornada de trabajo, a media mañana, después de comer y a media tarde.

Jerarquía social
En Machu Picchu moraban distintos clanes o grupos familiares. Cada uno de ellos contaba con entre seis y diez viviendas. En la foto, una cantería particularmente ingeniosa.
Contiguo a la torre semicircular se alza un muro ornamental levantado con sillares de granito blanco, especialmente escogidos por su hermoso grano.

Estética inca
Muro ornamental levantado con sillares de granito blanco, especialmente escogidos por su hermoso grano. El interior del muro se adornó con una serie de nichos simétricos.

Cuestiones de seguridad
Al parecer, las puertas de las casas carecen de sistemas de bloqueo, pero los portales de los grupos de clanes y el portalón principal de la ciudad, cuyo interior se muestra en esta imagen, estaban provistos de cajetines con cilindros de granito a los que podía atarse firmemente una tranca resistente.
El anillo lítico que se aprecia sobre el dintel de piedra en la parte superior de la foto servía para asegurar la barra vertical.

Pequeños detalles
La esquina del Grupo de la Princesa donde el muro ornamental se une con la torre semicircular es uno de los puntos de mayor valor estético de la ciudad y ofrece unas vistas magníficas. La torre albergaba una piedra sagrada, hoy parcialmente destruida por el fuego.

Vista general de la Plaza Sagrada
El emplazamiento de Machu Picchu donde se concentran los edificios que ostentan una mejor calidad arquitectónica. En el centro se yergue el Templo Principal; a la derecha, el templo de las Tres Ventanas.
Sobre ambos templos descuella la colina sagrada, en cuya cima aguarda la piedra Intiwatana, o reloj de sol.

Mobiliario lítico
No es probable que las casas contasen con excesivo mobiliario, pero en algunos casos hay plataformas de piedra que tal vez se usaban a modo de lecho, y en un número reducido de casos existen bancos de piedra en los rincones de la casa, tal y como se aprecia en esta imagen.

Exterior del muro ornamental, el más hermoso de Machu Picchu
Las hileras de sillares van disminuyendo de tamaño conforme se elevan. Se actuó con el máximo celo a la hora de escoger el granito más puro para crear un efecto comparable al de los templos marmóreos del Viejo Mundo.

Plaza Sagrada
Esta vista general de la Plaza Sagrada se tomó al término del trabajo de la temporada, una vez concluidas las excavaciones y renivelado el suelo.
En ella se aprecia el esfuerzo invertido para dejarlo todo en las mismas condiciones, cuando no mejores, que al descubrirlo.
Es probable que la estructura de la derecha, de un estilo constructivo radicalmente distinto al de las demás, se enluciese en su día, lo que se traduciría en un panorama general de la plaza más simétrico que el actual.
En el suelo del edificio en cuestión se encontraron varias tumbas. La estructura de la izquierda, el Templo Principal, es sin asomo de duda una de las mayores proezas arquitectónicas de los incas.
En el medio se encuentran las ruinas de lo que hemos denominado el Templo de las Tres Ventanas. Como quiera que las ventanas exceden en dimensiones lo que sería ideal para un clima tan frío, llegamos a la conclusión de que son simbólicas.
Creemos que están relacionadas con la tradición sobre el origen de los incas.

El centro de la ciudad concentra los ejemplos de cantería más exquisitos
A la derecha se aprecia el hermoso muro exterior del grupo caracterizado por contar con los hastiales más inclinados y los dinteles monolíticos de mejor factura. En el centro se ve un trecho de la escalera más larga. En el extremo izquierdo se distingue una parte de la torre semicircular y la ventana de las serpientes.

Piezas clave
Las esposas de dos peones frente a la piedra más grande del muro oriental del Templo Principal de la Plaza Sagrada.

Cara B
Cara interior de la misma piedra y nichos ornamentales de la pared oriental del Templo Principal.
Con toda seguridad, el hueco de la esquina superior derecha alojaba alguna viga que sustentaba el tejado de este templo, hoy desaparecido.

La piedra Intiwatana, o reloj de sol
En la cima de la colina sagrada hay una piedra de curiosa talla llamada piedra Intiwatana, o reloj de sol. En quechua, la lengua de los incas, inti significa «sol» y huatana, «cuerda». También existen piedras Intiwatana en Cusco, Pisac y Ollantaytambo.

En las carreteras del valle de Cusco
Al igual que en todas las rutas del Perú montañoso, los indios hacen un alto para tomarse una chicha, la cerveza indígena, que se adquiere a un precio de unos dos centavos el vaso grande.

Manufactura andina
En los mercados de Cusco y otras ciudades peruanas el precio de los cacharros fabricados por los indios de las inmediaciones suele oscilar entre cinco y 50 centavos. Se trata de cerámica de factura manual, cocida en hornos primitivos y de decoración rústica y abigarrada.

La piedra de Maranyocc
Detalle de la piedra de Maranyocc cuajada de petroglifos. Se ignora su significado y no hay en el entorno tradición alguna que justifique su presencia.
Existe la vaga posibilidad de que esta roca, grabada en un estilo que nada tiene que ver con lo descubierto hasta la fecha en la región de Cusco, represente la historia de una incursión india desde la jungla amazónica.

Cerámica procedente de Machu Picchu.
Cerámica procedente de Machu Picchu.

Vista del valle del Urubamba desde Chincheros.
Apenas hay vallas de alambre en este país, donde son sustituidas por plantas espinosas tales como cactos, cambrones y ágaves o pitas.

Pastorcillo de Chincheros con sus ovejas
Los muchachos quechuas aprenden pronto sus deberes de pastoreo y pasan buena parte de los años que deberían dedicar a la escuela apacentando los rebaños de sus padres.

Muchachas andinas
Una de ellas sostiene una vara de medir para ofrecer cierta idea de su estatura. Visten el atuendo propio de las indias montañesas peruanas.
El tocado es un sombrero plano de paja forrado de franela roja por un lado y de panilla azul con cinta trenzada dorada por el contrario.
Se lleva de uno u otro lado en función del tiempo que haga. Los bordes del sombrero hacia arriba indican que hace buen tiempo.

Imagen del lado este de Machu Picchu antes de que fuese despejado en 1912.
Relato de la expedición
Hace 111 años, mientras buscaba una capital inca perdida, un explorador estadounidense de 35 años llamado Hiram Bingham llegó a una cima en el valle del Urubamba en Perú. La zona con la que se encontró se parecía a una selva tropical, pero pronto empezó a distinguir muros y edificios.
Andes peruanos, mediodía del 24 de julio de 1911. Tres hombres escalan con pies y manos una ladera despeñada y abrupta. A sus pies, el río Urubamba sigue como cualquier otro día su curso apresurado hacia el Amazonas.
El corazón de uno de los expedicionarios, Hiram Bingham, de 35 años de edad, profesor ayudante de historia latinoamericana en la Universidad Yale, late a velocidad de vértigo.

Sus ojos escudriñan árboles, piedras y matorrales tratando de localizar el objetivo de su dificultoso ascenso, mientras avanza inquieto y sudoroso por la senda mínima abierta por su guía, un campesino indio establecido al otro lado del río que dice conocer la existencia de las ruinas.
«A la sombra del pico Machu Picchu», le ha asegurado una y otra vez. Cuando, después de algún descanso y mucho agotamiento, llegan al lugar, Bingham contempla boquiabierto el paraje que se abre ante él.
Los bloques de granito «estaban unidos de forma hermosa en el estilo de arquitectura inca más refinado», recordó dos años después en un informe a National Geographic.
A medida que descubría el tamaño de este lugar de 400 años de antigüedad, Bingham se dio cuenta de que «Machu Picchu podría resultar ser las ruinas más grandes e importantes descubiertas en Sudamérica desde los días de la conquista española».
De la densa maraña de maleza asoma un laberinto de bancales y muros, una ciudad fantasma que lleva cerca de 400 años oculta al mundo exterior. «Aquello me dejó sin aliento […] –escribiría después–. Era como un sueño inverosímil.»

Estas fotografías, presentadas por National Geographic, fueron tomadas por Bingham (a la izquierda) y su equipo de exploradores, historiadores y botánicos en una expedición a Machu Picchu en 1912, al año siguiente de haber visto las ruinas por primera vez.
Pero, ¿era realmente inverosímil?
Machu Picchu, el Santuario Histórico de Machu Picchu, se ha convertido en el recinto arqueológico más conocido y visitado de toda América del Sur: una ciudad inca que sobrevuela los Andes desde sus 2.438 metros de altura, un mito hecho piedra inaccesible y victoriosa, cuya notoriedad, prestigio y leyenda no han hecho más que crecer a partir de aquel día de julio de 1911.
A mayor gloria de Bingham. Arqueólogo concienzudo, investigador entregado y meticuloso, dedicó su vida a explorar y dar a conocer su espectacular hallazgo. Sabía de sobra que no era él el primero en contemplar la antigua ciudad inca.
Los colonos de la zona estaban al tanto desde siempre de la existencia de unas ruinas en lo alto de la quebrada que caía a pico sobre el valle. Uno de ellos, Agustín Lizárraga, alardeaba de haber paseado entre las piedras incas en más de una ocasión, y había dejado su firma sobre la fachada del Templo de las Tres Ventanas.

Las ruinas de Machu Picchu: una torre semicircular y muros de mampostería.
Por su parte, unos 80 años antes el explorador y aventurero alemán Augusto Bern también había constatado su existencia. Pero Bingham era consciente de que ser el primero no era lo verdaderamente importante. Lo relevante, lo decisivo, era mostrar y demostrar el valor de esas piedras, desentrañar su significado, situar esa ciudad en la historia y darla a conocer al mundo entero. Bingham lo hizo.
La tarea inmediata fue desbrozar el terreno y limpiar la zona, devorada por el apetito insaciable de la selva, una labor que realizó con un cuidado exquisito y que llevó tiempo y grandes esfuerzos. También se tomaron notas precisas para elaborar un mapa topográfico de la zona.
Trabajo y más trabajo en medio de la conmoción y la conciencia permanente de pisar un lugar único. Por la envergadura de las ruinas y, sobre todo, por su hermosísimo emplazamiento.

La antigua ciudad ocupa un estrecho espinazo curvo que une, a la manera de una doble ladera, los picos de Machu Picchu y Huayna Picchu. Vista desde lo alto, las calles y los edificios parecen sostenerse de milagro en un frágil equilibrio sobre el precipicio.
Sin embargo, las construcciones han desafiado a los siglos y a la naturaleza, y hoy uno puede seguir el plan arquitectónico y urbanístico sabiéndose un elegido de los dioses al contemplar un paraje y un paisaje únicos.

Imagen de la puerta principal de la ciudad y del muro interior, con vistas de Huayna Picchu.
Gracias a la maestría de los incas. Gracias también a Bingham y su equipo, que a fines de la primavera de 1912, apenas un año después del hallazgo, protagonizaron una nueva expedición patrocinada por la Universidad Yale y National Geographic Society que llegó a Cuzco y al cañón del Urubamba y permaneció durante siete meses excavando y fotografiando el lugar, alzando mapas, reconociendo antiguos caminos y haciendo acopio de las piezas encontradas, de arcilla, bronce y piedra, y de valiosas momias procedentes de enterramientos.
Un tesoro arqueológico que salió de Perú con permiso oficial hacia Yale, desencadenando, sobre todo en los últimos años, una enconada disputa entre el Estado y los investigadores peruanos por un lado y la universidad estadounidense por otro.
Este otoño, en vísperas del centenario del descubrimiento de Bingham, Yale anunció por fin su intención de devolver todas las piezas a Perú. Finalmente las joyas incas de Machu Picchu (más valiosas por su significado que por sus materiales en nada preciosos, a pesar de las muchas leyendas) vuelven a su tierra de origen.

Tras varios meses realizando el desmontaje de la zona, los límites de la ciudadela quedaron mejor expuestos. Pese a lo intrincado de su ubicación, las ruinas son el destino turístico más popular de Perú. Un promedio de 1.800 personas lo visitan diariamente.
Bingham comunicó de forma inmediata los resultados de su trabajo a la comunidad científica, dando así el pistoletazo de salida a una larga serie de hipótesis sobre cuál había sido el destino de la ciudad: primer asentamiento de los incas, anterior incluso a la fundación de Cuzco, la capital del Imperio; último refugio del rey rebelde Túpac Amaru tras la conquista española; centro ceremonial destinado al culto y reservado a reyes y sacerdotes; villa de recreo exclusiva de la realeza…
Hipótesis y también mitos, porque Machu Picchu se convirtió en el símbolo de la resistencia inca y en la encarnación de la identidad del pueblo peruano frente a cualquier tipo de enemigo externo.
Los mitos, en cierto modo, todavía perviven. Las teorías se han ido amontonando, fundiéndose y poco a poco fraguando a partir de nuevas investigaciones y más datos.

Imagen de un muro recién despejado y restaurado en Machu Picchu.
En opinión del arqueólogo e indigenista peruano Luis Eduardo Valcárcel, coetáneo de Bingham, y sobre todo de Johan Reinhard, antropólogo, experto en arqueología de alta montaña y explorador residente de National Geographic, no hay duda de la función religiosa y sagrada de la ciudad, basándose fundamentalmente en su ubicación.
Una ubicación determinada por la relación mágica y alegórica de Machu Picchu con los dos picos hermanos (los dos picchus) y con otras cumbres andinas cercanas, y por la protección prácticamente circular que proporciona el río Urubamba, cuyo curso describe una curva en la base de la montaña, a la que rodea por tres de los cuatro costados.
Y además, y de forma muy especial, por la función purificadora del agua, encauzada en finos canales de piedra y destinada a discurrir de fuente en fuente y de terraza en terraza.

Vista panorámica del Machu picchu desde las alturas.
Finalmente, las peculiaridades de la arquitectura y el urbanismo de Machu Picchu en el contexto del mundo inca abundan en la interpretación de su destino ritual y sagrado, reiterando la elección de un emplazamiento tropológico (y en cierto modo insólito por su inaccesibilidad) para levantar la fortaleza, un hecho que acarreó diversas singularidades constructivas.
Valcárcel insiste en la adecuación del patrón constructivo inca al asentamiento andino, y destaca los edificios con techumbre a dos aguas, adaptados a una zona de lluvias como es el valle del Urubamba, o la existencia de vanos y ventanas para favorecer una ventilación con la que combatir la humedad y el calor en un clima muy diferente al de Cusco, cuyas construcciones macizas y megalíticas sirvieron de modelo en todo el Imperio.

Vista panorámica general del lado oeste de Machu Picchu.
Una excepción arquitectónica para un lugar único.
Con todo, lo más revelador de las investigaciones de los últimos 30 años tal vez sea su datación. La decisiva aportación de unos manuscritos fechados a mediados del siglo xvi permitió a Valcárcel situar, prácticamente sin dudas, la construcción de Machu Picchu bajo el reinado de Pachacuti (de 1438 a 1471), «El que Transforma el Mundo», auténtico creador del Imperio inca.
Fue el primer soberano de su dinastía de quien quedan testimonios escritos, y a él se debe la consolidación del reino, la ampliación de sus fronteras y el enriquecimiento de Cusco con nuevas plazas y viviendas y sobre todo con la reedificación del Templo del Sol.
Machu Picchu, según todas las referencias, habría sido levantado como centro ceremonial y de descanso real a mediados del siglo XV.
Bingham se acercó mucho a parecidas interpretaciones, con el mérito añadido de contar con escasos indicios.
Señaló el papel protagonista de los templos en la plaza sagrada, dio cuenta del Intiwatana u observatorio solar, estrechamente relacionado con el culto al dios Sol, y no vaciló en definir la ubicación de las ruinas como inexpugnable: «Machu Picchu es en esencia una ciudad-refugio […] Hasta donde yo sé, no hay en todos los Andes un lugar mejor defendido por la naturaleza».

Esta parte de Machu Picchu muestra los muros de piedra típicos de la ciudad.
El arqueólogo metódico y preciso que Bingham llevaba dentro no le impidió disfrutar de la hermosura del paisaje y apreciar su elección.
«Los incas eran, no cabe la menor duda, amantes de los bellos paisajes. Muchas de las ruinas de sus edificios más importantes se localizan en lo más alto de montes, crestas y lomas desde donde se divisan panoramas de especial belleza.
Por notable que sea la arquitectura de Machu Picchu y por mucho que impresione el inmenso trabajo de cantería de un pueblo que no conocía las herramientas de hierro y acero, ni lo uno ni lo otro deja en la mente del visitante mayor impronta que la belleza y la grandiosidad inefables del entorno.»
Antes de dejar atrás la montaña y las ruinas que le harían famoso, Bingham pasó horas documentando Machu Picchu con una cámara Kodak especial. «¿Creerá alguien lo que he encontrado?», dijo luego. «Afortunadamente, en esta tierra donde la precisión a la hora de informar de lo que uno ha visto no es una característica predominante entre los viajeros, tenía una buena cámara y el sol brillaba».
Bingham había adquirido esa cámara a través de la relación que había entablado con George Eastman, creador de Kodak. La versión panorámica de la cámara no saldría hasta una década después, pero Eastman se la proporcionó, así como película fotográfica y equipo gratuito para sus expediciones.

A cambio, Bingham habló de la capacidad de revelado y resistencia de la película de Kodak en regiones tropicales. Las panorámicas de la galería de fotos fueron sacadas probablemente con una cámara Kodak 3A que había sido readaptada especialmente para sacar panorámicas de 120 grados, según la archivista fotográfica de National Geographic, Sara Manco.
Por supuesto, Bingham no fue la primera persona que descubrió Machu Picchu. Los agricultores peruanos en la región sabían de las ruinas de la cima y las habían visitado. Sin embargo, él fue probablemente el primero en obtener un registro fotográfico del lugar.
Creyendo que las fotografías eran tan valiosas como tomar notas de campo, insistió en que sus compañeros de expedición aprendieran a sacar fotos y a revelar la película fotográfica antes de cada viaje. En su siguiente viaje a Perú, en 1912, Bingham pidió más equipo: tres cámaras Kodak especiales, 3.500 negativos para sacar fotos y al menos 10 trípodes de madera.
Con esto realizaron una exploración documentada de las ruinas, a veces incluyendo a Bingham o a sus compañeros de equipo para mostrar la escala.
Otro hombre de esa misma época reconoció el poder de la fotografía para dar legitimidad y popularizar la ciencia.
El editor de National Geographic Gilbert Grosvenor llamó a Bingham y el resultado fue un largo informe y 244 fotografías de la expedición de 1911 a Perú, publicadas como un número dedicado en exclusiva a esta historia en 1913.
Las imágenes también se expusieron en la National Geographic Society en Washington, D.C. La Society financió posteriormente la mitad de su segunda expedición a Perú, y Bingham y Grosvenor se hicieron amigos.
Desde el principio, Grosvenor reconoció la importancia histórica del trabajo de Bingham y dio consejos al testarudo explorador.
En su correspondencia dijo a Bingham que no trabajase muy duramente, que no insultase al gobierno peruano y, lo más importante, que «no hiciera nada que le quitase valor a la genialidad de tu descubrimiento de Machu Picchu. Este descubrimiento se hará más grande cada año que pase».
nuestras charlas nocturnas.
Revolución Industrial …

elhistoriador.es(P.N.Stearn)/caracteristicas.co — Es el proceso de evolución que conduce a una sociedad desde una economía agrícola tradicional hasta otra caracterizada por procesos de producción mecanizados para fabricar bienes a gran escala. Este proceso se produce en distintas épocas dependiendo de cada país.
Para los historiadores, el término Revolución Industrial es utilizado exclusivamente para comentar los cambios producidos en Inglaterra desde finales del siglo XVIII; para referirse a su expansión hacia otros países se refieren a la industrialización o desarrollo industrial de los mismos.
Algunos autores para referirse al desarrollo capitalista en el último tercio del siglo XX, con nuevas organizaciones empresariales (trusts, holdings, cárteles), nuevas fuentes energéticas (electricidad, petróleo) y nuevos sistemas de financiación hablan de Segunda Revolución Industrial.
La Revolución Industrial es un período histórico de transformaciones económicas y sociales, entre 1760 y 1840, que desencadenó cambios sin precedentes para las sociedades de todo el mundo.
La experiencia Británica

La primera Revolución Industrial tuvo lugar en Reino Unido a finales del siglo XVIII; supuso una profunda transformación en la economía y sociedad británicas. Los cambios más inmediatos se produjeron en los procesos de producción: qué, cómo y dónde se producía.
El trabajo se trasladó de la fabricación de productos primarios a la de bienes manufacturados y servicios. El número de productos manufacturados creció de forma espectacular gracias al aumento de la eficacia técnica.
En parte, el crecimiento de la productividad se produjo por la aplicación sistemática de nuevos conocimientos tecnológicos y gracias a una mayor experiencia productiva, que también favoreció la creación de grandes empresas en unas áreas geográficas reducidas.
Así, la Revolución Industrial tuvo como consecuencia una mayor urbanización y, por tanto, procesos migratorios desde las zonas rurales a las zonas urbanas.
Se puede afirmar que los cambios más importantes afectaron a la organización del proceso productivo. Las fábricas aumentaron en tamaño y modificaron su estructura organizativa. En general, la producción empezó a realizarse en grandes empresas o fábricas en vez de pequeños talleres domésticos y artesanales, y aumentó la especialización laboral.
Su desarrollo dependía de una utilización intensiva del capital y de las fábricas y maquinarias destinadas a aumentar la eficiencia productiva. La aparición de nuevas máquinas y herramientas de trabajo especializadas permitió que los trabajadores produjeran más bienes que antes y que la experiencia adquirida utilizando una máquina o herramienta aumentara la productividad y la tendencia hacia una mayor especialización en un proceso acumulativo.
División del trabajo en la industria La división del trabajo es un principio básico de la industrialización. En la división de trabajo, cada trabajador es asignado a un cometido diferente, o fase, en el proceso de fabricación, y como resultado, la producción total aumenta. Como muestra la ilustración, si una persona realiza las cinco fases en la fabricación de un producto puede hacer una unidad al día. Cinco trabajadores, cada uno especializado en una de las cinco fases, pueden hacer 10 unidades en el mismo tiempo.

La mayor especialización y la aplicación de bienes de capital a la producción industrial creó nuevas clases sociales en función de quien contratara y tuviera la propiedad sobre los medios de producción.
Los individuos propietarios de los medios de producción en los que invertían capital propio se denominaron empresarios. Cuando invierten capital en una empresa sin participar directamente en ella se denominan capitalistas.
Como la Revolución Industrial se produjo por primera vez en Gran Bretaña, este país se convirtió durante mucho tiempo en el primer productor de bienes industriales del mundo. Durante gran parte del siglo XVIII Londres fue el centro de una compleja red comercial internacional que constituía la base de un creciente comercio exportador fomentado por la industrialización.
Los mercados de exportación proporcionaban una salida para los productos textiles y de otras industrias (como la siderurgia), cuya producción aumentaba rápidamente gracias a la aplicación de nuevas tecnologías.
Los datos disponibles sugieren que la tasa de crecimiento de las exportaciones británicas se incrementaron de forma considerable a partir de la década de 1780.
La orientación exportadora y el aumento de la actividad comercial favorecieron aún más el desarrollo de la economía: los ingresos derivados de las exportaciones permitían a los productores británicos importar materias primas para crear productos industriales; los comerciantes que exportaban bienes adquirieron una importante experiencia que favoreció el crecimiento del comercio interior.
Los beneficios generados por ese desarrollo comercial fueron invertidos en nuevas empresas, principalmente en mejora de la tecnología y de la maquinaria, aumentando de nuevo la productividad, favoreciendo la dinámica del proceso.
La expansión del proceso industrializador

Gran Bretaña no fue el único país que experimentó una Revolución Industrial.
Los intentos de fechar ese desarrollo industrial en otros países están sujetos a fuertes controversias.
No obstante, los estudiosos parecen estar de acuerdo en que Francia, Bélgica, Alemania y Estados Unidos experimentaron procesos parecidos a mediados del siglo XIX; en Suecia y Japón se produjo a finales del siglo; en Rusia y en Canadá a principios del siglo XX; en algunos países de Latinoamérica, Oriente Próximo, Asia central y meridional y parte de África a mediados del siglo XX.
Cada proceso de industrialización tiene características distintas en función del país y la época. Al principio, la industria británica no tenía competidores. Cuando se empezaron a industrializar otros países tuvieron que enfrentarse a la ventaja acumulada por Gran Bretaña, pero también pudieron aprovecharse de su experiencia.
En cada caso, el éxito del proceso industrializador dependía del desarrollo de nuevos métodos de producción, pero también de la modificación de las técnicas utilizadas para adaptarlas a las condiciones imperantes en cada país y de la propia legislación vigente, que favoreciera la implantación de maquinaria barata gracias a una disminución de los aranceles, lo que, en ocasiones, podría perjudicar a otros sectores sociales, como los campesinos, que veían cómo sus productos debían competir con otros más baratos.
Aunque la intervención pública para favorecer la industrialización fue importante en el caso británico, el papel del Estado fue mucho mayor en el caso alemán, ruso, japonés y en casi todos los países industrializados durante el siglo XX.
Por definición, la industrialización aumenta la renta per cápita nacional. También implica cambios en la distribución de la misma, en las condiciones de vida y laborales y en los valores sociales. La Revolución Industrial supuso, al principio, una reducción del poder adquisitivo de los trabajadores y una pérdida de calidad en su nivel de vida.
Más tarde, se tradujo en un aumento de la calidad de vida de toda la población del país industrializado. Estos aspectos siguen siendo objeto de importantes trabajos de investigación.

Influencia mundial de la Revolución Industrial
El fenómeno económico conocido como Revolución Industrial es una de las dos transformaciones fundamentales del ámbito económico de la civilización (la otra fue la introducción de la agricultura). La industrialización tomó forma inicialmente a finales del siglo XVIII en el occidente de Europa, en particular en Gran Bretaña.
Durante las primeras décadas del siglo XIX, sus rasgos distintivos se extendieron rápidamente a lugares como Francia, Alemania, Bélgica y Estados Unidos. En los primeros años del siglo XX, llega a lugares fuera de Europa y Norteamérica, especialmente a Japón. A finales del siglo XX, la industrialización o sus efectos habían alcanzado prácticamente a todos los rincones del globo.
La industrialización ha acarreado consecuencias abrumadoras. No sólo cambió radicalmente la vida laboral, sino también la vida familiar y el ocio personal. De alguna manera, redefinió los motivos por los que se tenían hijos.
Incrementó claramente el poder del estado, especialmente en lo que se refiere a la producción militar. El proceso alteró incluso a sociedades que no estaban directamente inmersas en la industrialización. Las economías industriales adquirieron ventaja sobre las sociedades que seguían basándose en la agricultura, un desequilibrio que todavía afecta a las relaciones económicas mundiales.
Cualquier proceso tan arrebatador como la Revolución Industrial obliga inevitablemente a los historiadores a hacerse un montón de preguntas.
El término en sí mismo ha estado siempre en discusión: ¿Es revolución una palabra adecuada para designar un proceso que dura varias décadas y que en su fase inicial no transforma la economía como un todo? (Dado el ulterior impacto del proceso, la mayoría de los historiadores dirían que sí).
Por otra parte, ¿qué significa ser una sociedad industrial no sólo en términos tecnológicos sino también de valores culturales e individuales? ¿Cuáles son las dimensiones globales de la Revolución Industrial? Pero por encima de todo ¿qué lo puso en marcha, y dónde nos ha llevado?
Causas iniciales

Para empezar, es necesario definir la industrialización.
La industrialización implica la mecanización de los procesos de manufacturación y una mayor importancia de las manufacturas en la economía en su totalidad.
Normalmente, suele suceder en economías que han sido previamente agrícolas y a menudo incluye también importantes cambios en la producción alimentaria.
Antes de la Revolución Industrial, los bienes eran mayoritariamente fabricados de forma manual, lo que a menudo requería destrezas específicas de los trabajadores.
La producción de bienes estaba descentralizada, lo que otorgaba a pequeños grupos de trabajadores participación activa y control sobre su propio trabajo. Los costes sin embargo eran elevados, y el volumen de la producción relativamente bajo. La industrialización los elevó notablemente e hizo más accesibles los bienes de consumo.
Sin embargo, la industrialización no sucedió de forma instantánea. Mientras la Revolución Industrial progresaba, innovadores métodos de producción convivían con los tradicionales, creando a menudo una tensión importante entre los tradicionalistas y los defensores de la mecanización.
No obstante, al final del proceso de industrialización, los nuevos métodos de trabajo y las nuevas máquinas habían triunfado plenamente. Partiendo de los centros industriales iniciales, los nuevos métodos se extendieron a otras ramas de la producción, así como al transporte (expansión de los ferrocarriles), la comunicación (invención del telégrafo) y el comercio (el nacimiento de los grandes almacenes).
Antes de examinar el impacto de la industrialización y sus dimensiones globales, debemos examinar sus causas. Comprender por qué sucedió un fenómeno histórico concreto ayuda a los historiadores a comprender la naturaleza del fenómeno y sus consecuencias posteriores.
Pero ni las causas ni las consecuencias son generalmente fáciles de entender. Los historiadores deben buscar indicios razonables.

El papel que Europa desempeñaba en la economía mundial con anterioridad proporciona los primeros indicios de por qué fue allí donde primero tuvo lugar.
Alrededor del año 1700, países como Gran Bretaña lograban beneficios del comercio por todo el mundo.
Estos beneficios podían convertirse en capital para inversiones industriales.
El comercio mundial creó también la conciencia de que los mercados mundiales eran capaces de absorber bienes manufacturados más baratos, además de aumentar los beneficios domésticos todavía más.
En Europa, los cambios en la demanda del mercado interior y en la población, fueron vitales para precipitar la Revolución Industrial. En el siglo XVIII, el consumismo crecía. La gente buscaba nuevos tipos de ropa y enseres domésticos.
Este nuevo mercado estimuló a los primeros fabricantes que pronto encontraron formas de estimular aún más los gustos del público.
Al mismo tiempo, el crecimiento de la producción alimentaria en Europa en el primer estadio de su transformación agrícola (especialmente el creciente cultivo de la patata, importada de América en el siglo XVI) generó un masivo crecimiento de la población.
La población de Europa occidental creció entre el 50 y el 100% entre 1730 y 1800. Aquí estaba un nuevo y masivo mercado de bienes, pero también una fuente de mano de obra.
Los factores culturales y políticos fueron los causantes en parte de la Revolución Industrial. Los valores definidos por un movimiento intelectual europeo del siglo XVIII conocido como la Ilustración, especialmente la confianza en la ciencia y el aprecio por el trabajo duro y el éxito material, orientaron a los primeros inventores y fabricantes.
El trabajo histórico reciente ha demostrado que tanto los intelectuales como la gente de la calle habían cambiado su visión del mundo en torno a 1750 debido a la influencia de la filosofía ilustrada. La creencia en que la naturaleza y la sociedad se podían comprender y manipular racionalmente, crearon un contexto totalmente nuevo para la producción y la tecnología.
Los gobiernos, que perseguían el beneficio económico para mantener su posición diplomática y militar, promovieron también cambios que facilitaran la innovación. Animaban a que se construyeran carreteras, canales y vías de ferrocarril.

Limitaron o abolieron los oficios gremiales que protegían los métodos de trabajo tradicionales. Atacaban las protestas de los trabajadores que podrían estorbar a las nuevas fábricas.
Se puede realizar un análisis más preciso de las causas y efectos en relación a la pregunta de por qué Gran Bretaña fue la pionera del nuevo crecimiento industrial. Razones importantes fueron los recursos de acero y carbón y la aceptación general de la innovación técnica en Gran Bretaña.
Una vez establecida, el poder de la industria británica (la primera demostración de ello fue durante las Guerras Napoleónicas) inspiró la imitación en otras partes.
La interacción de los diversos factores logró fortalecer el desarrollo de tres industrias clave para la expansión de la Revolución Industrial:
- La industria minera. A partir del siglo XIX, el carbón vegetal que provenía de la madera fue sustituido por el carbón de coque o mineral. A la par, se desarrolló un lado perverso: la explotación y la esclavitud del hombre para trabajar en los yacimientos mineros. Debido a lo estrechos que resultaban los caminos hacia el interior de las minas, surgió la explotación infantil en el sector minero.
- La industria siderúrgica. El hierro y el acero fueron las principales materias primas de la época, que se utilizaron para la producción de herramientas agrícolas, maquinas textiles, locomotoras, rieles de ferrocarril y barcos. Era posible trabajar el hierro por el uso de hornos industriales que funcionaban a muy altas temperaturas gracias al combustible del carbón mineral.
- La industria del transporte. Hasta el siglo XVIII, el sistema de transporte se basaba en medios de tracción animal, viento, remo, entre otros. En el siglo XIX, se pasó del transporte con caballos al ferrocarril, gracias al surgimiento de la máquina a vapor y al desarrollo de la industria siderúrgica que permitió elaborar las locomotoras y los rieles. El ferrocarril revolucionó el comercio y el traslado de personas.
- La expansión comercial. A partir del impulso burgués, se generó un crecimiento comercial sin precedentes que impactó en todo el mundo. Debido a la creación de importantes inventos, como el ferrocarril y el barco a vapor, el comercio mundial se desarrolló para transportar nuevas materias primas o vender productos en países alejados.

Impacto
La industrialización cambió muchos aspectos de la vida. El primer cambio claro afectó a la naturaleza de la fabricación. Como se explicaba más arriba, la Revolución Industrial se basaba en la aplicación del poder mecánico para la fabricación.
Al principio este poder venía de las norias, pero la introducción de la moderna máquina de vapor en 1770 en Gran Bretaña, generó un poder mecánico mayor. Mediante bombas más potentes, las máquinas de vapor permitían excavar minas más profundas, además de incrementar de forma importante la cantidad de hulla que se podía extraer.
Las máquinas de vapor pronto y pusieron en funcionamiento martillos y rodillos en el proceso de formación de metales. La productividad en la metalurgia creció mucho debido a la sustitución del tradicional carbón vegetal utilizado para fundir y refinar por la hulla y el coque más baratos.
Mediante la combinación de estas mejoras técnicas la producción de acero se incrementó considerablemente. Paradójicamente, el uso generalizado de máquinas de vapor provocó una necesidad creciente de hulla y acero para construirlos e impulsarlos.
La temprana Revolución Industrial no sólo cambió la fabricación en su parte técnica, sino que introdujo una nueva organización de la industria. Estas innovaciones derivadas de la nueva maquinaria tuvieron ventajas por sí mismas. Juntos, estos cambios constituyen su impacto económico.
Primero, los trabajadores se concentraron en una fábrica. El uso del agua o la máquina de vapor precisaba que los trabajadores se agruparan en torno a una noria o una máquina. Como estaban juntos, era posible una mayor supervisión que cuando los trabajadores estaban en pequeñas tiendas o en sus casas.
Además especializar a un trabajador en una pequeña tarea del proceso productivo podía hacer crecer sustancialmente la productividad. El sistema fabril también concentraba el capital al igual que a los trabajadores en unidades de un tamaño sin precedentes.
Cuando el proceso productivo se producía en casa de los trabajadores, los propios trabajadores normalmente compraban el equipamiento y las viviendas, el fabricante suplió solamente el movimiento de capital para comprar los materiales en bruto y pagar los salarios iniciales.
Con las nuevas máquinas y fábricas, sin embargo, era necesaria una inversión mucho mayor. En la metalurgia y la minería, por ejemplo, donde las máquinas eran especialmente costosas, se pusieron en marcha nuevas firmas mediante la participación de un cierto número de personas ricas mediante una sociedad por acciones.
La combinación de la nueva tecnología y la nueva organización tuvo inevitablemente un gran impacto sobre los antiguos métodos productivos. Los artesanos, que se basaban en los métodos y destrezas manuales, podían gozar de cierta prosperidad antes de que los nuevos métodos llegaran a su sector, pero su economía tradicional estaba condenada.

Algunos de los pasajes más agonizantes de la historia industrial sucedieron durante la lucha de los artesanos entre resistir o adaptarse al nuevo sistema económico. El ludismo, la destrucción deliberada de la nueva maquinaria, era un resultado común, aunque siempre fue breve e infructuoso.
El impacto del industrialismo sobre la agricultura fue más complejo, especialmente debido a la dependencia de la Revolución Industrial de algunos cambios independientes que se produjeron al principio en la agricultura.
La mejora de la producción alimentaria, por ejemplo, era necesaria por ejemplo para enviar más trabajadores a las ciudades, a las fábricas y a las minas. Los cambios sucedieron en dos fases. Desde finales del siglo XVII en adelante, los países de Europa occidental introdujeron innovaciones en la agricultura por primera vez desde la edad media.
Los nuevos métodos de drenaje abrieron nuevas tierras. La ganadería mejoró. Los nuevos cultivos, especialmente la patata, hizo crecer considerablemente la producción de comidas de alto contenido calórico. El uso de cultivos nitrogenados, como el nabo, permitió que los campos fueran cultivados permanentemente, en lugar de dejarlos en barbecho una vez cada tres años.
Por último, simples mejoras en los aperos, como el uso de la guadaña en lugar de la hoz para la recolección, aumentó la productividad. Estos cambios fueron suficientes para generar más alimentos, complementados por las importaciones, para liberar fuerza de trabajo para la industria.
El segundo estadio de la transformación de la agricultura comenzó en torno a 1830, como resultado de la temprana industrialización. Las nuevas máquinas, como segadoras mecánicas y arados más grandes se utilizaban en las granjas.

La investigación industrial desarrolló los fertilizantes químicos. Las máquinas para procesar los alimentos, como los separadores de nata, revolucionaron la producción lechera. Lo que podría llamarse agricultura industrial se desarrolló especialmente en las extensas tierras de Norteamérica, donde los nuevos canales, vías y el barco de vapor facilitaban el comercio de bienes agrícolas.
Alrededor de 1870, las exportaciones masivas de Estados Unidos, Canadá y Australia, Nueva Zelanda y Argentina proporcionaron alimentos a la Europa industrial y a sus propios centros industriales. En Europa, los estados comerciales ganaron terrenos a las granjas tradicionales, mientras en algunas zonas, como Gran Bretaña, confiaron mucho en la importación de alimentos, encontrando más beneficios en concentrarse en los nuevos sectores industriales.
Impactos sociales

Incluso más allá de los cambios en los oficios y las tradiciones rurales, la industrialización modificó gradualmente la naturaleza de la vida.
Durante la primera época, más de la mitad de la población del país vivía en las ciudades.
En Gran Bretaña alcanzaron este hito en 1850.
Otro cambio clave afectaba a las familias. Con un trabajo que se realizaba fuera de casa, se requerían nuevas especializaciones entre los miembros de la familia.
En muchas sociedades industriales, las mujeres casadas eran retiradas a menudo del mercado laboral para ocuparse del trabajo doméstico.
Los niños eran utilizados en ocasiones en la industria primaria, pero con la introducción de maquinaria moderna, su trabajo ya no era necesario.
Al mismo tiempo, los nuevos niveles educativos parecían útiles para crear trabajadores adultos expertos. Desde este momento, la educación, más que el trabajo, definía la infancia en las sociedades industriales.
Fuera de casa, la industrialización creó nuevas, y a menudo agudizó las divisiones sociales. La brecha entre los propietarios de las fábricas y la creciente masa de trabajadores, incapaces de mejorar sus condiciones de trabajo, aumentó.
Nuevas formas de protesta, en particular huelgas y otros tipos de acción política se desarrollaron en paralelo al avance de la industrialización.
La mayoría de los historiadores está de acuerdo en que la calidad del trabajo se deterioró en muchos aspectos como resultado de la Revolución Industrial. Las presiones del ritmo más rápido y la supervisión estricta por parte de los supervisores y encargados, afectó negativamente a la calidad.
En suma, trabajar fuera de casa y la creciente especialización a menudo redujeron la identificación de los trabajadores con los productos que elaboraban. Desde luego, había compensaciones. Aunque los salarios a menudo eran bajos en los primeros años de la industrialización, al final mejoraron, creando nuevas oportunidades para consumir.
Un pequeño número de trabajadores podía llegar a un alto grado de especialización, incluso podían acceder a los puestos de supervisor. Avances más sustanciales sin embargo, eran infrecuentes. La mayoría de los trabajadores finalmente perdían su confianza en la satisfacción que proporcionaba el trabajo y buscaban trabajar menos horas y un mayor salario.
Pero la vida fuera del ámbito laboral no siempre mejoraba rápidamente. Las familias de clase trabajadora podían estar fuertemente unidas, pero aparecían nuevas tensiones. Muchos trabajadores descargaban sus frustraciones sobre otros miembros de la familia.
Y la alegría de vivir inicialmente se deterioró con la industrialización. La presión del trabajo cortó el tiempo de ocio. Incluso en Japón, que es rico en actividades lúdicas populares, los festivales tradicionales fueron atacados por los patronos que los veían como pérdidas de tiempo.
Los patronos atacaban cualquier otra actividad lúdica, como la bebida, aunque con menos éxito. Sin embargo, surgieron nuevas formas de ocio, espectáculos comerciales como los deportes profesionalizados, el teatro popular y más tarde el cine.
Industrialización mundial

La industrialización cambió el mundo. Pocos lugares escaparon a su impacto. Sin embargo, la naturaleza del impacto varía de unos lugares a otros. Comprender las consecuencias globales de la industrialización precisa que se entienda cómo fue la industrialización en cada lugar.
La industrialización al principio siempre es un fenómeno que se produce a nivel regional, no nacional, como lo demostró el gran retraso industrial de Sudamérica. Muchas zonas de Europa occidental y Estados Unidos siguieron a Gran Bretaña a principios del siglo XIX.
Unas pocas regiones europeas (Suecia, los Países Bajos, el norte de Italia) no comenzaron su verdadera industrialización hasta mediados del siglo. La siguiente gran oleada de nueva industrialización, que comenzó en torno a 1880, llegó también a Rusia y Japón.
Una última ronda (hasta hoy día) incluyó la rápida industrialización del resto del borde del Pacífico (concretamente Corea del Sur y Taiwan) en torno a 1960. Varios factores configuraron la naturaleza de la industrialización en cada sitio. En Gran Bretaña, por ejemplo, la industrialización triunfó cuando dependía de inventores individuales y de compañías relativamente pequeñas.
Sin embargo, comenzó a rezagarse en el clima corporativo de finales del siglo XIX. Por el contrario en Alemania avanzó cuando la industrialización provocó la creación de organizaciones mayores, estructuras organizativas más impersonales, e investigación colectiva más que artesanos hojalateros. En Alemania, el Estado estaba también más implicado en la industrialización que en Gran Bretaña.
La industrialización francesa puso el énfasis en la modernización de los productos artesanales. Esto no solamente reflejaba unas especialidades nacionales más tempranas, sino también menos adecuación de recursos en el carbón, un factor que mantuvo muy retrasada la industria pesada.
Francia también tenía que presionar a los trabajadores especializados para que trabajaran según las nuevas formas, generando algunas tensiones. Los carpinteros, por ejemplo, utilizaban diseños prefabricados para hacer la carpintería rápidamente, pero como se sentían ofendidos por las adulteraciones de sus destrezas artísticas, conservaron algunos métodos manuales.
La industrialización en Estados Unidos dependía de la mano de obra inmigrante. Esto explica en parte por qué los Estados Unidos, pese a su régimen político democrático, fue el pionero en una organización particularmente despiadada de los trabajadores, que culminó en la cadena de montaje.
Al contrario que Alemania, en Estados Unidos se pusieron en marcha leyes que combatían los negocios demasiado grandes que incurrieran en competencia desleal, aunque el impacto de estas leyes fue desigual.
Estados Unidos, con su enorme mercado, fue el pionero del nuevo estadio económico de la sociedad de consumo que ha tenido en los últimos tiempos un impacto mundial. En concreto, Estados Unidos encabezó la creación de moda popular y de entretenimientos de masas. Las industrializaciones tardías también variaron.
La industrialización rusa comenzó antes de la Revolución Rusa de 1917, pero el comunismo la aceleró considerablemente, sustituyendo la economía de mercado por la planificación estatal en el diseño de las políticas industriales.
La industrialización japonesa adoptó una estrecha colaboración entre las grandes empresas y el gobierno. Japón, como todas las naciones que se han industrializado más tarde, al principio tuvieron que importar el equipamiento básico. También carecían de recursos básicos, incluido el combustible.
Por eso, el estado rápidamente animó a las industrias que produjeran bienes para exportar aunque limitando las importaciones. Esta política aún afecta a Japón, pese a estar entre las mayores economías mundiales.

En suma, la herencia confuciana de Japón, que pone el énfasis en la colaboración, se refleja en la forma de gestionar la industria.
De hecho, a finales del siglo XX, muchos observadores señalaban que la industrialización había ganado terreno en dos contextos culturales concretos: occidental y confuciano.
Sin embargo, en cada contexto los resultados eran distintos.
No obstante, hay una complicación para describir la industrialización global como sucesivas oleadas, en aquellos casos en que las sociedades están parcialmente industrializadas y no ha habido una auténtica revolución.
Países como México, Brasil, India y China han llegado a una cierta producción industrial para reducir la necesidad de importar algunos bienes de consumo como la ropa y los coches.
También desarrollaron industrias claves en torno a ciertos bienes para exportar, como la industria informática brasileña (una de las mayores de todo el mundo) y los sectores aeroespacial y de software informático. El modelo de innovación y diversidad industrial sigue en vigor.
El colapso del comunismo europeo a finales de la década de 1980 obligó a los gobiernos de Europa del Este a convertirse a la economía de mercado para acelerar el crecimiento industrial. Algunos que habían prosperado mucho bajo el sistema comunista se encontraron con la dureza de esta nueva forma de funcionar. De hecho, en la historia de la industrial no se había intentado un cambio de sistema económico de esta envergadura.
En China, se produjo otra experiencia novedosa en 1978, cuando el país se embarcó en lo que parecía ser el primer estadio de una industrialización rápida, pero con una economía de mercado parcial combinada con un estricto y autoritario control gubernamental. Es complejo establecer un modelo de industrialización global cuando la industrialización que ha durado décadas es tan distinta de unos lugares a otros.
Algunos países, como Francia, Alemania y Estados Unidos, siguieron inmediatamente el modelo británico. Campañas comerciales, gobiernos deseosos de conseguir las ventajas de la industrialización para el ejército, y desde luego recursos naturales favorables, fueron importantes factores para su industrialización. Otras regiones quedaron muy rezagadas.
Aquí las causas diferían. Algunos lugares carecían de fuentes de energía adecuadas. Muchos más eran dependientes de la economía occidental, demasiado pobres para conseguir el capital que les permitiera adquirir equipamiento industrial costoso y a menudo dependía de los capitalistas occidentales.
Egipto, por ejemplo, intentó industrializarse bajo una líder reformista a principios del siglo XIX pero fue bloqueado. En lugar de eso, se convirtió en productor de materias primas (especialmente algodón) para los fabricantes occidentales.
En algunos lugares, para acabar, se resistieron a la industrialización por motivos culturales. En 1870, el gobierno tradicionalista chino destruyó deliberadamente las primeras vías de tren construidas en el gigantesco país.
Las consecuencias de la industrialización son, en última instancia, globales. A principios del siglo XIX, las fábricas europeas empujaron hacia la fabricación tradicional a zonas como América Latina y la India. Al mismo tiempo, los centros industriales buscaban recursos alimentarios y materias primas, ayudando a estos sectores a expandirse en lugares como Chile y Brasil.
La búsqueda de dinero mediante las exportaciones con el objetivo de comprar bienes de lujo y maquinaria de las sociedades industriales, ayudó a provocar grandes cambios en los modelos laborales en lugares como América Latina, o en 1900, África. Los bajos salarios, a menudo forzados mediante medidas coercitivas, se generalizaron.
El poderío industrial y la búsqueda de mercados y materias primas yacen tras la expansión imperialista europea del siglo XIX. Sin embargo, de forma gradual, otras sociedades copiaron la industrialización o cuando menos desarrollaron un sector industrial independiente.
Gran parte de la historia del mundo en el siglo XX, recoge los esfuerzos de sociedades como la India, China, Irán o Brasil para reducir su dependencia de las importaciones y organizar una forma selectiva de exportación a través de la industria.
El impacto medioambiental de la industrialización también ha sido internacional. La industrialización afectó rápidamente a la calidad del agua y del aire cerca de las fábricas. Las demandas industriales de productos agrícolas, como el caucho, provocaron la deforestación y cambios climáticos en lugares como Brasil.
Estos modelos se han acelerado, mientras el crecimiento industrial se ha generalizado, creando temas de actualidad, como el calentamiento global. El impacto mundial de la industrialización, en este sentido, permanece como una historia inacabada cuando comienza el siglo XXI. Dado el impacto global de la industrialización, es creciente la importancia de que entendamos su naturaleza y sus consecuencias.
Aunque es fácil entender el impacto de la industrialización desde el nivel personal, es más difícil comprender su naturaleza a nivel global, especialmente cuando el modelo global es tan complejo. La historia proporciona un medio para llegar a comprenderlo.
Comprendiendo las causas, las variaciones y las consecuencias históricas de la Revolución Industrial, podemos entender mejor nuestras circunstancias actuales y, con optimismo, diseñar mejor las industrializaciones futuras.
Los grandes conglomerados urbanos multiplicaron la concentración de contaminantes propios de las ciudades: residuos orgánicos y contaminantes atmosféricos provenientes de las estufas.
Además, tanto en la primera como en la segunda etapa de la Revolución Industrial, la producción en fábricas dependió en gran medida del uso de combustibles, con la consecuente contaminación del aire. Por otro lado, la producción excesiva de mercancías comenzó a tener como efecto una más rápida producción de residuos.
Antes de la organización de los sectores de trabajadores, no existían leyes que regularan el trabajo del proletariado. Dado que había un amplio sector de la población sin recursos económicos, muchas personas aceptaban trabajos en cualquier condición. Por eso, las jornadas laborales eran tan largas que se tornaban insalubres, además de que estaba permitido el trabajo infantil.
La legislación del trabajo y las organizaciones de los trabajadores, así como las nuevas ideologías (socialismo, comunismo) fueron las fuerzas que impulsaron cambios en estas condiciones. Sin embargo, en algunos países los niveles de explotación que se observaban en el siglo XVIII siguen aún vigentes.
nuestras charlas nocturnas.
50 hipótesis sobre la llegada del hombre a la Luna, desmentidas: la guía definitiva…

Muy Interesante(E.M.F.Aguilar/C.Pérez) — El 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 marcó un hito en la historia de la humanidad al aterrizar en la Luna. Este logro monumental no solo representó un avance tecnológico sin precedentes, sino que también simbolizó el espíritu de exploración y la capacidad de la humanidad para superar desafíos aparentemente insuperables. Sin embargo, a lo largo de las décadas, han surgido diversas teorías que cuestionan la autenticidad de este logro, generando debates y controversias que persisten hasta el día de hoy.
- Hipótesis 1: Los motores del módulo lunar no expelían llamas y deberían hacerlo debido al combustible que servía para impulsarlo.
Respuesta 1: En el vacío del espacio, no hay oxígeno para alimentar una llama visible. El módulo lunar utilizaba monometilhidracina y tetróxido de dinitrógeno como combustible y comburente, respectivamente. Aunque se produce una llama, esta es incolora y, por lo tanto, no visible en las imágenes.
- Hipótesis 2: Los gases de combustión que expelía la tobera del módulo lunar eran inmensos; sin embargo, no se ve ni un solo remolino de polvo bajo él.
Respuesta 2: La ausencia de atmósfera en la Luna significa que no hay aire para suspender partículas de polvo. Los remolinos de polvo, típicos en la Tierra, no pueden formarse en un entorno sin aire.
- Hipótesis 3: ¿Cómo pudo volver el cohete lunar con tan poco combustible, si a la ida necesitó una cantidad tan grande?
Respuesta 3: El Saturno V, el cohete utilizado para el viaje, tenía una masa de 2900 toneladas, de las cuales la mayor parte era combustible. El módulo lunar, al regresar, tenía solo un 3% de esa masa inicial, debido a la menor gravedad lunar que reduce la necesidad de potencia.

- Hipótesis 4: Si la gravedad en la Luna es menor que en la Tierra, ¿cómo es que el polvo lunar no permanecía más tiempo en el aire?
Respuesta 4: La razón está en la Hipótesis 2. Sin atmósfera para suspender las partículas, el polvo lunar no permanece en el aire.
- Hipótesis 5: Cuando el módulo lunar se posó, no produjo un cráter ni se hundió, lo cual es absurdo pues pesaba más de 15 toneladas.
Respuesta 5: El polvo lunar está asentado sobre una capa de roca dura. Al igual que una máquina en una playa de arena, el módulo lunar no se hunde sino que se posa sobre la superficie.
- Hipótesis 6: La bandera ondea y no debería hacerlo, puesto que en la Luna no hay atmósfera y, por tanto, tampoco viento.
Respuesta 6: La bandera no está ondeando. La apariencia de ondeo se debe al palo horizontal en la parte superior que mantiene la bandera extendida. En realidad, la bandera está fija en su posición y no se mueve debido a la ausencia de viento.

- Hipótesis 7: La impresión de las huellas de los astronautas es perfecta, a pesar de tratarse de una superficie seca.
Respuesta 7: El polvo lunar tiene una estructura única que permite una alta cohesión, similar a la harina en una superficie seca. Esto permite que las huellas sean claramente visibles y definidas.

- Hipótesis 8: ¿Cómo es que no explotaron los neumáticos del Rover en el vacío de la Luna?
Respuesta 8: Los neumáticos del Rover estaban diseñados especialmente para soportar el vacío lunar. La documentación técnica de estos neumáticos está disponible para su consulta en los archivos de la NASA.

- Hipótesis 9: Según la NASA, la extraña silueta que aparece en una foto tomada desde el módulo lunar, a 95 km de la superficie de la Luna, era la sombra del módulo. Pero cuando un avión de gran tamaño vuela a baja altura no proyecta sombras tan enormes y definidas.
Respuesta 9: Jamás la NASA ha dicho que se trata de ninguna sombra, es una de las pequeñas toberas de los motores RCS desenfocado al estar en el primer plano.

- Hipótesis 10: Algunas sombras que deberían ser paralelas forman cierto ángulo, lo cual indica que había más de un foco de luz. Consecuencia: todo fue rodado en un estudio.
Respuesta 10: La perspectiva en las fotografías puede distorsionar los ángulos y dar la impresión de múltiples fuentes de luz. Esto es un fenómeno conocido como perspectiva cónica, y no implica la existencia de un estudio.

- Hipótesis 11: Hay una foto de la misión Apolo 16 que muestra a dos astronautas cuyas sombras forman 90 grados.
Respuesta 11: La fotografía es en realidad una panorámica compuesta por múltiples imágenes. Este efecto es un resultado de la proyección de un campo visual amplio en una sola imagen.
- Hipótesis 12: Algunas sombras son más largas de lo esperable.
Respuesta 12: La longitud de las sombras en la Luna puede variar debido a la altura de los objetos y las irregularidades del terreno. Esta variabilidad no es indicativa de fraude.

- Hipótesis 13: Los astronautas y algunos objetos aparecen misteriosamente alumbrados en mitad de las sombras.
Respuesta 13: La luz puede ser reflejada por el regolito lunar, permitiendo que los objetos en la sombra sean visibles. Esto se debe al albedo del regolito, que refleja la luz solar eficazmente.
- Hipótesis 14: Hay una fotografía en la que un astronauta no tiene sombra: es como si se hubiese pegado su foto sobre un fondo fijo.
Respuesta 14: La ausencia de sombra se debe a que el astronauta está en el aire, saltando. La fotografía captura el momento en que el astronauta está en vuelo, por lo que la sombra no es visible.
- Hipótesis 15: Las fotos son de gran calidad, propias de un profesional y no de un astronauta con una cámara colgada al cuello.
Respuesta 15: Las fotografías seleccionadas para su difusión son las que mejor capturaron el momento. El archivo de la NASA contiene una gran cantidad de imágenes, muchas tomadas por los astronautas durante las misiones.
- Hipótesis 16: En algunas fotografías hay unas misteriosas cruces que aparecen incluso detrás de los objetos.
Respuesta 16: Las cruces en las fotografías son marcas técnicas preimpresas en las películas para controlar la exposición. Estas marcas a menudo quedaban ocultas o no eran visibles en las imágenes finales.

- Hipótesis 17: ¿Cómo pueden haber soportado los negativas de las cámaras las altas temperaturas de la Luna?
Respuesta 17: Las cámaras de las misiones Apolo estaban diseñadas para soportar temperaturas extremas mediante la protección contra radiación electromagnética. La mayoría del calor recibido era reflejado al espacio, minimizando el impacto en los negativos.
- Hipótesis 18: Algunas fotografías muestran extrañas manchas en el cielo: ¿Qué son?
Respuesta 18: Las manchas en el cielo son efectos de flare, una aberración óptica causada por la incidencia directa de la luz solar en las lentes de la cámara.

- Hipótesis 19: En ninguna de las fotografías de las misiones Apolo aparecen estrellas, ya que una simulación de este tipo habría sido descubierta por cualquier astrónomo.
Respuesta 19: Las fotografías se tomaron con tiempos de exposición cortos y aperturas pequeñas para capturar la superficie lunar y los astronautas, lo que no permitía la captura de las estrellas, que requieren tiempos de exposición más largos.

- Hipótesis 20: ¿Por qué razón no tomaron fotos del cielo?
Respuesta 20: Las misiones Apolo tomaron fotos del cielo usando un telescopio de luz ultravioleta en la misión Apolo 16. Se realizaron un total de 178 fotografías del cielo durante esa misión.
- Hipótesis 21: En algunas fotografías se ven extrañas siluetas en los visores de los astronautas; además, son espejos, para que no se note que son actores.
Respuesta 21: Los visores de los astronautas estaban espejados para proteger sus ojos de la luz intensa y para mejorar la visibilidad. Las siluetas son reflejos normales en estos visores, no indicativos de actores.

- Hipótesis 22: En una fotografía se aprecia una pisada debajo del módulo lunar del Apolo 14: eso significa que alguien anduvo por allí antes y que se trata de un decorado.
Respuesta 22: Las pisadas mostradas en las fotografías son resultado de las caminatas realizadas por los astronautas en las cercanías del módulo lunar, no de un decorado previo.

- Hipótesis 23: En una fotografía aparece una «C» en una roca, lo que prueba que es parte del decorado.
Respuesta 23: La «C» en la roca es una imperfección en el negativo, posiblemente una fibra o pelo. No es un marcador de decorado.

- Hipótesis 24: Algunas fotografías muestran el mismo fondo pero con el módulo lunar en tamaños muy distintos: esto significa que la NASA reutilizó los decorados.
Respuesta 24: Los fondos parecen el mismo debido a que en la Luna es prácticamente imposible calcular las distancias debido a la falta de atmósfera, pues perdemos sensibilidad a la distancia. Basta con mirarlas y compararlas:

- Hipótesis 25: La NASA sólo ha distribuido 20 fotografías una y otra vez.
Respuesta 25: Esta afirmación es falsa. La NASA ha puesto a disposición un extenso archivo de fotografías de las misiones Apolo en su sitio web oficial.
- Hipótesis 26: ¿Por qué no hay fotografías de telescopios que muestren el lugar del alunizaje con los restos de las misiones Apolo?
Respuesta 26: Los telescopios ópticos no tienen suficiente resolución para capturar detalles tan pequeños como los restos de los alunizajes. Sin embargo, la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter ha tomado imágenes de las zonas de alunizaje, mostrando los restos de las misiones.
- Hipótesis 27: En una fotografía del Rover de la misión Apolo 16 se ve que las ruedas han dado un giro brusco, lo cual significa que alguien lo transportó y colocó allí.
Respuesta 27: Es común que aquellos grupos que no creen en la llegada del hombre a la Luna tiendan a suprimir la parte de la fotografía donde, efectivamente, se observa la curvatura en la huella de las ruedas. En la fotografía real no se aprecia ningún giro brusco.
- Hipótesis 28: Hay fotografías secretas que muestran a los astronautas en la Tierra.
Respuesta 28: Las fotografías en cuestión corresponden a los entrenamientos de los astronautas en la Tierra, documentados y accesibles en los archivos de la NASA.

- Hipótesis 29: En las primeras imágenes de Neil Armstrong sobre la Luna se le ve descendiendo por las escaleras: ¿quién las grabó? Está claro que se trataba de un plato de grabación y que allí había alguien con una cámara.
Respuesta 29: La cámara estaba montada en el exterior del módulo lunar para grabar el momento histórico del descenso de Armstrong. Estaba situada en el lado derecho de la escalerilla de descenso y ascenso al módulo. El momento era histórico, no se podía dejar pasar.

- Hipótesis 30: Las imágenes de televisión que retransmitieron el alunizaje del Apolo 11 son de muy mala calidad para ocultar los posibles errores.
Respuesta 30: Las imágenes fueron transmitidas en vivo en una calidad baja debido a las limitaciones tecnológicas de la época. Pasaron por una serie de procesos intermedios para que fuesen emitidas, lo cual se tradujo en que las imágenes fueran poco definidas.

- Hipótesis 31: Las imágenes de los vídeos parecen haber sido grabadas en la Tierra y ralentizadas a la mitad de tiempo para imitar la gravedad lunar.
Respuesta 31: Duplicar la velocidad de las imágenes no reproduce las condiciones cinemáticas de los vídeos realizados en la Tierra. Los cálculos muestran que la suposición de ralentización no encaja con los resultados observados.
- Hipótesis 32: La NASA ha perdido los videos de las misiones Apolo; demasiado misterioso.
Respuesta 32: Los videos en cuestión eran copias de seguridad que contenían datos de telemetría. La NASA afirma que los vídeos no están perdidos sino deslocalizados en algún almacén donde se guardan miles de cintas.
- Hipótesis 33: Las computadoras de los años 60 y 70 eran demasiado arcaicas, tenían menos memoria que una calculadora programable actual.
Respuesta 33: El ordenador de a bordo de las misiones Apolo tenía suficiente capacidad para realizar las operaciones de navegación necesarias. Las especificaciones eran adecuadas para las tareas que debía cumplir.
- Hipótesis 34: El Rover era demasiado grande para ser transportado en el módulo lunar.
Respuesta 34: El Rover estaba diseñado para plegarse y encajar en el módulo lunar. Este diseño compacto permitió su transporte y despliegue en la superficie lunar.
- Hipótesis 35: ¿Cómo puede sobrevivir un ser humano a las altas temperaturas a las que se expone en la superficie lunar?
Respuesta 35: Los trajes espaciales estaban formados por diversas partes para eliminar las posibles subidas de temperatura no deseadas. Incluso llevaban una prenda interior de algodón (LCV) que absorbía las subidas de temperatura del cuerpo del astronauta.
- Hipótesis 36: Las misiones Apolo tenían que atravesar los cinturones de Van Allen, una zona de radiación que habría matado a cualquier ser vivo.
Respuesta 36: Las radiaciones absorbidas por los astronautas no fueron en absoluto letales debido al breve tiempo de exposición al que se sometieron. Más información.
- Hipótesis 37: La propia NASA sostiene que una gran erupción solar es un peligro para los astronautas que puedan viajar a Marte: ¿por qué no afectó a los que fueron a la Luna?
Respuesta 37: Las misiones tripuladas a la Luna duran sólo unos días y el riesgo de erupción solar queda minimizado. Además, las erupciones solares son monitoreadas constantemente, permitiendo a las agencias espaciales anticipar y mitigar posibles impactos.
- Hipótesis 38: La NASA puso en cuarentena a los astronautas tras el supuesto viaje a la Luna para lavarles el cerebro: ¿por qué, si no, una cuarentena tan larga? S69-21365HR
Respuesta 38: La cuarentena de los astronautas fue una medida de precaución para evitar la posible introducción de contaminantes biológicos desconocidos desde la Luna, no para manipulación psicológica. La duración se estableció según el período de incubación de las enfermedades más virulentas conocidas en aquel momento.

- Hipótesis 39: Michael Collins se afeita en el espacio y llega a la Tierra con bigote. AP11-69-H-1127HR
Respuesta 39: Michael Collins tenía bigote durante la misión y se afeita parcialmente. El crecimiento del vello facial es un proceso natural y, al pasar nueve días en el espacio, es posible que simplemente no se haya afeitado esa área en particular.

- Hipótesis 40: La astrónoma Maria Blyzinsky, del Real Observatorio de Greenwich, afirma que en la Luna no hay atmósfera y, por tanto, las estrellas deberían ser mucho más visibles que en la Tierra, lo cual, sin embargo, no se aprecia en las fotografías.
Respuesta 40: La afirmación de la astrónoma es falsa, la cual fue incluso desmentida por ella misma. Además, el Observatorio de Greenwich no ha funcionado como tal desde 1998.
- Hipótesis 41: Hay un vídeo secreto de la NASA que circula por Internet en el que se ve cómo se cae un foco del atrezzo, demostrando así que todo es un montaje.
Respuesta 41: El vídeo en cuestión es un montaje falso creado por Adam Stewart y no tiene relación con las misiones Apolo. La existencia de vídeos fraudulentos no afecta la veracidad de las misiones originales.
- Hipótesis 42: El documental Operación Luna desenmascara todo el engaño.
Respuesta 42: Operación Luna es un falso documental dirigido por William Karel para la cadena Arte, creado como una broma. Aunque bien realizado, no es un reflejo de la realidad de las misiones Apolo, sino una producción satírica.
- Hipótesis 43: ¿Por qué sólo se ha ido una vez a la Luna?
Respuesta 43: Esta afirmación es incorrecta. La NASA realizó seis misiones exitosas a la Luna, con un total de 12 astronautas que caminaron sobre la superficie lunar.
- Hipótesis 44: Los astronautas del Apolo 11 admitieron en una entrevista no haber visto estrellas en el cielo.
Respuesta 44: Los astronautas se referían a las estrellas en el campo visual de la corona solar.
- Hipótesis 45: Muchos astronautas han muerto misteriosamente; los tripulantes del Apolo 1 fueron asesinados.
Respuesta 45: Los astronautas del Apolo 1 murieron en un trágico accidente durante una prueba en tierra. Las muertes no están relacionadas con asesinatos, sino con problemas técnicos en el equipo. Las teorías de asesinato carecen de evidencia y son una distorsión de los hechos.

- Hipótesis 46: Los astronautas que han ido a la Luna no conceden entrevistas ni aparecen en actos públicos.
Respuesta 46: Esta afirmación es falsa. Astronautas como Buzz Aldrin han estado activos en eventos públicos y redes sociales. La falta de apariciones en ciertos contextos no implica conspiración.
- Hipótesis 47: Algunos investigadores afirman que el hombre nunca ha ido a la Luna.
Respuesta 47: Los llamados «investigadores» que promueven esta teoría suelen carecer de credibilidad científica. De hecho, no son rigurosos, no se basan en argumentos sólidos, son muy pocos y nunca son del ámbito científico.
- Hipótesis 48: Los vídeos de la Luna se parecen misteriosamente a la película de ciencia ficción Capricornio Uno.
Respuesta 48: Capricornio Uno fue lanzada en 1978, después de las misiones Apolo. La película pretendía imitar la apariencia de los vídeos espaciales de la época, lo que explica cualquier similitud. No implica que los alunizajes fueran falsos.
- Hipótesis 49: Los rusos estaban ganando la carrera espacial, los norteamericanos no lo podían permitir y falsearon los viajes.
Respuesta 49: Esta teoría no tiene fundamento. Si Estados Unidos hubiera falsificado los alunizajes, los soviéticos, con sus avanzadas capacidades de monitoreo, lo habrían expuesto. La competencia espacial fue intensa y ambas partes estaban bien equipadas para verificar los hechos.
- Hipótesis 50: La opinión pública estaba alterada con la guerra de Vietnam, por lo que las misiones Apolo venían al pelo para acallar las voces de descontento.
Respuesta 50: Las fechas del programa Apolo y de la guerra de Vietnam muestran que las misiones espaciales estaban programadas independientemente de los eventos terrestres. El programa Apolo fue un esfuerzo científico y tecnológico con sus propios objetivos.
Las misiones Apolo, incluyendo la histórica misión del Apolo 11, han sido objeto de diversas teorías de conspiración a lo largo de los años. Sin embargo, las respuestas a estas 50 hipótesis muestran que cada afirmación infundada ha sido refutada con explicaciones técnicas y científicas. La evidencia acumulada, desde las características del equipo hasta los datos de las misiones, confirma la autenticidad de los alunizajes.
La humanidad realmente pisó la Luna y dejó una huella duradera en la historia.
nuestras charlas nocturnas.
Algunos descubrimientos arqueológicos…
Cuando encontraron en Perú misteriosas piedras con grabados de “cirujanos de corazón” prehistóricos de antigua civilización
The Epoch Times(N.Sathre-Vogel) — Nunca pensé que un grupo de rocas pudiera cautivar mi imaginación tan profundamente.
Cuando pienso en mis tres años de viaje, montando en bicicleta con mi marido y mis hijos desde Alaska hasta Argentina, nunca pensé que vería 20,000 rocas extraordinarias intrincadamente talladas por alguna misteriosa civilización antigua. Pero lo hice. Esto es lo que descubrí.
Bastó una rápida mirada al interior de la puerta del Museo de la Piedra del Dr. Cabrera en Ica, Perú, para que quisiera más. Afortunadamente, la hija del Dr. Cabrera, Eugenia, nos abrió de buen grado el museo y accedió a enseñárnoslo. Y qué visita fue, ¡estuve pendiente de cada una de sus palabras!
(Eugenia Cabrera (C) en el museo de la piedra)
El Museo de la Piedra del Dr. Cabrera es un pequeño museo privado situado en la Plaza de Armas de Ica, Perú, a unas cuatro horas al sur de Lima.
Fue fundado por el Dr. Javier Cabrera para salvaguardar las numerosas y misteriosas piedras talladas que se encuentran en la zona.
Cabrera murió hace unos años y su hija mantiene el museo, transmitiendo parte de la sabiduría de su padre.
Se dice que se han encontrado más de 50,000 piedras talladas en el desierto que rodea a Ica. Unas 20,000 se encuentran en el museo.
Lo primero que se observa de las piedras, además de su enorme número, es que son mucho más densas que las piedras normales.
Tienen dos capas, basalto negro en el centro y una andesita negra brillante como capa exterior. Las hay de todos los tamaños, desde las más pequeñas que caben en la palma de la mano hasta las de un metro de altura.
Independientemente de su tamaño, todas tienen las dos capas y todas están intrincadamente talladas con gran precisión.
– Los tallados
Las piedras están talladas con escenas de pueblos antiguos. Los grabados representan una gran variedad de escenas de la vida cotidiana. Los tallados más espectaculares (y más misteriosos) parecen mostrar conocimientos médicos avanzados que incluyen cirugía cerebral, trasplantes de corazón y experimentos genéticos.

Esta piedra de Ica representa a una persona con un tocado, observando un cometa a través de un telescopio.
Las piedras parecen representar a alguien realizando un trasplante de corazón con gran detalle, así como a alguien sacando un cerebro de un paciente y conectándolo a algún tipo de aparato para mantenerlo vivo.
En algunas de las tallas, aparecen personas utilizando telescopios y mirando las estrellas.
– ¿Qué significa todo esto?
Por desgracia, no sabemos con certeza qué significan los grabados. Se dice que cuando las piedras empezaron a aparecer en el desierto de Ica, Perú, nadie sabía lo que eran y un agricultor empezó a venderlas a los turistas.
Al parecer, cuando el gobierno amenazó con encarcelar al agricultor por vender antigüedades, éste afirmó que las había tallado él mismo. En este punto, la historia oficial es que un agricultor o un pequeño grupo de personas tallaron las piedras con fines lucrativos.
Sin embargo, hay agujeros en esta historia.
Dado que hasta ahora se han encontrado 50,000 piedras (todas ellas en el desierto alrededor de Ica), sería muy difícil que un pequeño grupo de personas las creara. Digamos que llevan 50 años tallándolas; eso significa que han tallado 1000 piedras cada año durante 50 años. Para que eso suceda, tendrían que estar produciendo tres piedras por día.
¿Es posible que un solo hombre se haya dedicado a tallar estas piedras? ¿O un pequeño grupo? ¿Cómo han permanecido en secreto? ¿Cómo podría un pobre agricultor del Perú rural saber las cosas que están representadas en las piedras?

Una piedra de Ica que muestra un trasplante de corazón
Nadie sabe realmente quién talló las piedras ni por qué, pero Cabrera cree que eran una enciclopedia de conocimientos antiguos.
Su teoría es que en la zona vivía una civilización superinteligente. Era una sociedad muy avanzada con complejos conocimientos de astronomía, física y medicina. Estos antiguos también sabían que estaba a punto de producirse un cataclismo que destruiría casi todo en la Tierra.
En su desesperación por salvar sus conocimientos y transmitirlos a las generaciones futuras, los habitantes de la sociedad tallaron rocas. Las rocas, al ser duraderas y prácticamente indestructibles, podrían sobrevivir al cataclismo.
Colocaron las rocas en un lugar para guardarlas, pero desde entonces se han dispersado, arrastradas por los ríos o por otros procesos naturales. Cabrera cree que las rocas se guardaron en una cueva, que aún no se ha encontrado.
Las piedras representan dinosaurios, lo que significa que esta civilización habría coexistido con los dinosaurios, contradiciendo las líneas de tiempo convencionalmente aceptadas de la historia humana.
Abundan las teorías sobre cómo y por qué se tallaron estas rocas. ¿Qué opina usted? Deje su opinión en los comentarios. Fuente: The Epoch Times en español

Una piedra de Ica que aparentemente representa un trasplante de corazón.

Una piedra Ica que muestra un cerebro conectado a algún tipo de aparato.
Cuando descubrieron a Tall el-Hamman, la ciudad identificada como la bíblica Sodoma

(El reto histórico) — La «teoría de Sodoma», o de la ciudad que bien pudiera haber gestado la conocida historia del Génesis, ha derivado de las investigaciones realizadas por el Proyecto de Excavación Tall el-Hammam (TeHEP).
Un proyecto conjunto entre la Facultad de Arqueología e Historia Bíblica de la Universidad Trinity Southwest (Albuquerque, Nuevo México, EE. UU.), la Facultad de Arqueología e Historia Bíblica de la Universidad Internacional Veritas (Santa Ana, California, EE. UU.) y el Departamento de Antigüedades del Reino Hachemita de Jordania.
Sus excavaciones , iniciadas en 2005, se desarrollan en torno al asentamiento de Tall el-Hammam (TeH), una antigua ciudad fortificada ubicada al sur del Valle del Jordán. Sus ruinas se encuentran en el extremo sur del valle entre el Mar de Galilea y el Mar Muerto.
El sitio arqueológico contiene los restos de un centro urbano fortificado considerada como una de las ciudades más grande de la Edad del Bronce.
Más que una ciudad, «TeH» constituía el núcleo urbano de una ciudad-estado que floreció durante unos 3.000 años, desde el 4700 a. C. hasta que fue destruido alrededor del 1650 a.C. La investigación arqueológica está centrada en la actualidad en los restos en el período comprendido entre el 1800 y el 1550 a.C. aproximadamente.
Lo interesante es que TeH no era un núcleo aislado, al otro lado del valle del Jordán se encuentran los restos de otras 15 ciudades y más de 100 pueblos/asentamientos más pequeños que fueron abandonados durante el final del Bronce Medio permaneciendo, en gran parte, deshabitados durante unos 300 a 600 años.
¿Qué provocó este abandono general de tantos núcleos habitados en un mismo periodo? El objetivo principal de la investigación de los arqueólogos del TeHEP es tratar de resolver este misterio.
– Los resultados de las excavaciones

La parte superior de TeH tenía unos muros de adobe de cerca de 4 m de espesor con cimientos de piedra maciza, edificios de varios pisos (también de adobe), un complejo palaciego y una entrada monumental.
Hoy casi no quedan ladrillos de barro sobre los cimientos de piedra, a excepción de una docena de capas de ladrillo que sobreviven en el lado noreste de la parte superior de 33 m de altura.
Aparentemente, todas las paredes estaban cortadas casi al ras con la parte superior de los cimientos de las murallas superiores de la ciudad.
En resumen, los pocos ladrillos de barro que quedaron de las secciones desintegradas de la pared están en su mayoría pulverizados, rara vez se encuentran intactos y, a veces, enrojecidos por el fuego.
No se encontraron signos de erosión natural por el viento o el agua, lo que significa que los miles (millones quizás) de ladrillos de barro que faltan no se han erosionado con el tiempo si no que se han pulverizado, o desaparecido.
– ¿Una explosión en la atmósfera?

Los arqueólogos, al analizar el sitio, encontraron granos de cuarzo impactados que solo podrían haberse formado a presiones de alrededor de 5-10 GPa (Gigapascal); restos de cerámica con superficies exteriores fundidas en vidrio, algunos burbujeando como si estuvieran «hervidos»; fragmentos de adobe derretidos y «burbujeados», así como restos de yesos derretidos.
Sabemos que la cerámica puede disolverse a temperaturas superiores a los 1500 °C y el adobe sólo podria fundirse a temperaturas superiores a los 1400 °C.
Esto sugiere que la destrucción de la ciudad estuvo asociada con algún evento desconocido de alta temperatura, lo mismo que podría haber ocurrido con las ciudades de Sodoma y Gomorra (eliminando los elementos mitológicos).
Debido a esta fisión térmica, han aparecido sales de KCl y NaCl incrustadas en los ladrillos de barro; piezas de carbono similares al diamante que se forman a alta presión y temperatura; hollín, carbón y ceniza que indican la presencia de fuegos de alta temperatura y esferas ricas en Fe y Si, algunos de los cuales se fundieron a temperaturas superiores a 1590 °C.

Analizando los diferentes eventos que podrían dar lugar al menos a una parte de los hallazgos, los arqueólogos concluyeron que el único mecanismo que puede explicar toda la gama de evidencias recolectadas es un impacto capaz de formar un cráter o una explosión cósmica en la atmósfera, la mayoría. probablemente con una energía algo mayor que la explosión que ocurrió en Tunguska en 1908.
Los datos recogidos en el yacimiento sugieren que se produjo una explosión en la atmósfera unos kilómetros al suroeste de TeH provocando un impulso térmico que habría generado una gran bola de fuego que fundió los artefactos más expuestos, incluidos techos, ladrillos y objetos de cerámica.
Esto fue seguido por una onda expansiva de alta temperatura y alta velocidad que demolió y pulverizó las paredes de adobe, destruyendo la ciudad y causando una gran mortalidad humana.
Los efectos de la onda expansiva se habrían sentido a decenas de kilómetros provocando el abandono de pueblos y ciudades cercanas, explicando así el cese simultáneo de ese gran número de asentamientos, tanto grandes como pequeños.

Múltiples capas quemadas en Tall el-Hammam. En el alto superior, hay tres capas terminales quemadas: una durante la Edad del Bronce Medio (MB II), otra durante la Edad del Bronce Final II (LBA) y una más alta durante la Edad del Hierro (no visible aquí). Cada capa quemada representa el final de un período arqueológico en el sitio.

Arcilla derretida de los techos de palacio. ( a ) Representación en corte del artista de la construcción típica del techo en TeH. La construcción involucró enyesar secuencialmente múltiples capas de arcilla (~ 10 cm o más de espesor total) sobre un lecho de hojas y paja colocado sobre vigas de madera.

Huesos humanos en la capa de destrucción
– ¿Un testimonio en Génesis?¿Sodoma?
Según las teorías que relacionan la destrucción de esta ciudad con la bíblica Sodoma, es muy posible que se hubieran transmitido de forma oral el evento por medio de los testigos presenciales, convirtiéndose, con el paso del tiempo en el relato bíblico de la destrucción de Sodoma y Gomorra registrado en Génesis:
El sol había salido sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar.
Entonces el SEÑOR hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego, de parte del SEÑOR desde los cielos;
y destruyó aquellas ciudades y todo el valle y todos los habitantes de las ciudades y todo lo que crecía en la tierra.
Génesis 19:23,24
Esta descripción encaja bien con los efectos de una explosión atmosférica como la de Tunguska o, muy probablemente, mucho más destructiva.
Esta descripción encaja bien con los efectos de una explosión atmosférica como la de Tunguska o, muy probablemente, mucho más destructiva.
Cuando se descubrió en Turquía píldoras antidepresivas de hace 1.300 años

Ancient Origins(N.Klimzcak) — Se han descubierto en el transcurso de unas excavaciones en Turquía setecientas pequeñas botellas de vidrio y cerámica que contienen antiguas medicinas. Entre estos medicamentos se han encontrado píldoras antidepresivas y drogas para enfermedades del corazón que se remontan a hace 1.300 años.
El descubrimiento se ha llevado a cabo en Bathonea, antigua ciudad griega datada en el siglo II a. C. y situada a orillas del lago Küçükçekmece, en el distrito de Avcılar de la ciudad de Estambul.
Según el Hurriyet Daily News, se encontraron junto a las botellas numerosos morteros con sus pilones y un gran fogón. Los investigadores creen que el edificio era un centro de producción de drogas.
Los arqueólogos hallaron asimismo muchas espátulas y diverso instrumental médico. Los científicos creen que el descubrimiento procede del siglo VII d. C. o incluso antes.
El laboratorio podría haber sido destruido en el transcurso del ataque del Imperio Ávaro sobre Constantinopla en el 626 d. C., como demuestra la presencia de un estrato de terreno incendiado datado entre los años 620 d. C. y 640 d. C.
(Ataque Avaro)
“En aquellas fechas hubo ataques contra Estambul desde Tracia,” explica el profesor Şengül Aydıngün, director de las excavaciones de Bathonea, en declaraciones recogidas por Hurriyet Daily News, añadiendo a continuación que “Hubo además un duro ataque del Imperio Ávaro en el 626 d. C.
Hay un gran conjunto de estructuras en el asentamiento de Bathonea. Este grupo de edificaciones fue casi demolido por el fuego, y las botellas quedaron por debajo del estrato incendiado. Podría ser una evidencia del ataque Ávaro.”
Miles de piezas cerámicas constituyen un valioso descubrimiento, pero la mayor parte de la atención se centró en los medicamentos, el laboratorio y el instrumental. Las pequeñas botellas, denominadas unguentaria en latín, habían sido descubiertas entre los años 2013 y 2015. La mayor parte de ellas fueron donadas a un museo local, pero algunas de las piezas fueron enviadas a laboratorios para su análisis.
Según el Consejo de Investigaciones Tecnológicas y Científicas de Turquía (TÜBİTAK), los medicamentos descubiertos en el interior de las botellas eran Metanona (un antidepresivo) y Fenantreno (tratamiento habitual para las enfermedades del corazón). Ambos compuestos fueron obtenidos a partir de plantas de la zona, halladas en el transcurso de las excavaciones y de las que se extraen numerosas drogas.

Cerámica griega: unguentaria, lámpara y pequeños recipientes hallados en Volimos y datados en el período helenístico, siglo III a. C
Parece que la gente ya conocía la importancia de curar las enfermedades psicológicas desde épocas muy antiguas. No es el primer descubrimiento de antiguos antidepresivos del que tenemos constancia. Como informaba en Ancient Origins Mark Miller el 1 de abril del 2015:
“Los antiguos griegos, vikingos, caucasianos, siberianos y mongoles prehistóricos y antiguos emperadores chinos conocían todos ellos las propiedades medicinales de la hierba silvestre Rhodiola rosea (raíz de oro o rodiola).
Muchos siglos después de haber sido introducida en Siberia, la gente de la zona aún dice que quien bebé té de rodiola vivirá hasta los cien años. Ahora, nuevas investigaciones han demostrado que esta antigua hierba medicinal podría ser efectiva como tratamiento contra la depresión.

Copia bizantina del siglo XV del libro ‘De Materia Medica’, obra del médico de la antigua Grecia Dioscórides en la que se mencionan las propiedades beneficiosas de la Rhodiola rosea.
Desde 1960 se han realizado más de 180 estudios para evaluar la eficacia de la raíz de oro para mejorar la salud. Recientemente, investigadores médicos de la Universidad de Pensilvania han llevado a cabo la “primera prueba comparativa aleatoria, con carácter doble-ciego y control de placebo, del extracto de Rhodiola rosea por vía oral frente a la terapia convencional antidepresiva contra la depresión leve o moderada”.
Esta última investigación, junto con los resultados de otros estudios realizados anteriormente, ha revelado que los médicos de la antigüedad acertaban al estar ‘enamorados’ de la raíz de oro: es eficaz no solo a la hora de aliviar algunos síntomas de la depresión, sino que además aportó “significativas disminuciones en la fatiga y la depresión, además de buenos índices de efectividad” en dos grupos analizados previamente en un estudio anterior.
En épocas antiguas, los siberianos consideraban esta raíz tan valiosa que la intercambiaban por vino, fruta y miel.
nuestras charlas nocturnas.
Del descubrimiento de la tumba de Tutankamón…

Vista aérea del Valle de los Reyes, la necrópolis real tebana del Reino Nuevo donde Howard Carter descubrió la tumba de Tutankamón.
National Geographic(G.H.Panet/C.Mayans)/ECD/Ancient Origins/La Nación(A.Folgarait) — Me temo que el Valle de las Tumbas esté en la actualidad agotado». Con estas palabras, pronunciadas en 1912, el multimillonario norteamericano Theodore Davis, que desde 1902 era el poseedor de la licencia en exclusiva para excavar en el Valle de los Reyes, en la orilla occidental del Nilo, en Tebas, y que había obtenido excelentes resultados en sus búsquedas arqueológicas, daba por zanjada la cuestión.
Y es que, durante los últimos cien años, el Valle había sido peinado por más de 50 equipos arqueológicos, incluidos los financiados por Davis, que habían puesto al descubierto la mayoría de las tumbas reales de los grandes faraones del Reino Nuevo (1539-1077 a.C.) que allí fueron enterrados.
Pero había alguien que no estaba en absoluto de acuerdo con aquella afirmación. Se trataba de Howard Carter, un hombre que a lo largo de su carrera había seguido siempre su instinto y jamás prestó demasiada atención a las opiniones de los demás excavadores.
Carter trabajó desde 1902 como primer director de excavaciones de Davis, bajo cuyo patrocinio hizo importantes descubrimientos, como la tumba de Turtmosis IV o la de Hatshepsut. Pero en 1912, Davis renunció a su concesión en el Valle, convencido de que era imposible descubrir allí nada más.
Entonces, un lord inglés que desde 1906 estaba excavando en Egipto para matar el aburrimiento, lord Carnarvon, se hizo con la concesión de los trabajos en el Valle a instancias de quien en aquellos momentos trabajaba para él: el insistente Howard Carter.
En realidad fue Gaston Maspero, que entonces era director del Servicio de Antigüedades, quien presentó en 1906 a Carter al aristócrata inglés, que se encontraba en Egipto por recomendación médica. Contra todo pronóstico, los dos hombres se hicieron muy pronto buenos amigos y excavaron entre 1907 y 1914 en el Valle de los Nobles, en Tebas, y en otros yacimientos situados en el Delta.

Recipiente hallado en el «escondrijo de embalsamamiento» en el Valle de los Reyes por Theodore Davis. Museo Metropolitano, Nueva York.
Aunque donde realmente quería excavar Carter era en el Valle de los Reyes. Pero ¿por qué insistió tanto el arqueólogo en excavar en un lugar donde, según todos los indicios, ya no quedaba nada interesante por descubrir?
Carter creía que la tumba de un faraón poco conocido llamado Tutankamón se hallaba en el Valle, y no solo eso, sino que estaba intacta. La momia del rey no se había descubierto en ninguno de los escondrijos reales que se habían localizado en el Valle y el arqueólogo pensaba que ciertos indicios sugerían que, en efecto, aquella sepultura aún esperaba a ser encontrada.
Carter estaba seguro de ello sobre todo a raíz del descubrimiento del llamado «escondite de embalsamamiento» (KV 54), un pequeño pozo que se había localizado en 1907 en el Valle bajo el patrocinio de Davis y que contenía elementos que parecían estar relacionados con el proceso de embalsamamiento y con el banquete funerario de Tutankamón: bolsas llenas de natrón (sal que se usaba para secar el cadáver), coronas de flores, restos de comida, jarras de vino que llevaban el sello real de Tutankamón y un fragmento de lino con el nombre de Trono del faraón: Nebkheperure. Davis anunció a bombo y platillo que se trataba de la tumba del rey, algo que Carter siempre rechazó.
Por todo ello, el arqueólogo británico estaba seguro de que la tumba del esquivo monarca debía de encontrarse en las inmediaciones, concretamente en un triángulo de tierra de una hectárea que abarcaba las sepulturas de tres faraones: Ramsés II, Merneptah y Ramsés VI.
Carter cavó de un modo compulsivo en este espacio de tierra con una convicción cercana a la testarudez. Pero todo resultó infructuoso.

Collar floral descubierto en el «escondrijo de embalsamamiento» de Tutankamón.
Tras años de búsqueda, a los que habría que añadir el paréntesis de la Primera Guerra Mundial, en el verano de 1922 lord Carnarvon empezó a pensar que estaba tirando su dinero absurdamente en una quimera y, decepcionado, decidió dejar de financiar las excavaciones y regresar a Inglaterra.
De hecho, el conde había invertido 25.000 libras (aprox. medio millón de euros actuales) durante varias temporadas para conseguir tan solo tres jarrones de alabastro.
Carter intentó convencerlo por todos los medios de que estaba a punto de localizar la tumba de Tutankamón, incluso acudió al castillo de Carnarvon en Highclere (Inglaterra) para intentar persuadir al conde de que le concediera tan solo otra temporada.
Es más, tan desesperado estaba Carter que le dijo a su amigo que estaba dispuesto a financiarla él mismo de su bolsillo si fuera necesario (lo que no le dijo es de donde pensaba sacar el dinero).
La firme determinación de Carter acabó convenciendo al aristócrata de financiar una última temporada más de trabajos en el Valle. No habría otra.

Castillo de Highclere, residencia de lord Carnarvon en Inglaterra.
Carter volvió al Valle de los Reyes con la presión añadida del poco tiempo de que disponía. Sabía que era su última oportunidad de encontrar la tumba que tanto le obsesionaba, y estaba decidido a remover todas y cada una de las piedras del Valle si fuera preciso para dar con ella.
Finalmente, el arqueólogo se fijó en el único lugar donde aún no había limpiado, delante de la tumba de Ramsés VI, un espacio en el que se había levantado un grupo de cabañas para los antiguos trabajadores. Movido por una intuición, ordenó excavar justo debajo de donde se habían alzado.
La mañana del 4 de noviembre de 1922 apareció un escalón tallado en la roca. Los trabajadores fueron a buscar a Carter, el cual, impaciente, ordenó «con mal reprimida excitación» excavar de inmediato, y seguidamente fueron apareciendo, uno a uno, dieciséis escalones que descendían hasta una puerta tapiada cubierta por los sellos de la necrópolis, el dios cánido Anubis sobre nueve cautivos, y el nombre de Tutankamón.
Tras la puerta se pudo atisbar un pasadizo subterráneo repleto de escombros y cascotes que medía ocho metros de largo y que se tardaría varios días de duro trabajo en despejar (al final del túnel se descubriría también una entrada bloqueada y sellada).

Este mérito le corresponde a Husein Abdel Rasul, quien a sus diez años, mientras laboraba llevando agua a los arqueólogos comandados por Howard Carter en el Valle de los Reyes, fue quien encontró de manera fortuita, el 4 de noviembre de 1922, el primer escalón que conducía a la cámara mortuoria.
Al descargar las vasijas de agua del burro en el que las transportaba, escarbó en la arena para colocarlas, hallando un escalón del que no se tenía conocimiento hasta entonces.
Esa misma jornada, el equipo de Carter continuó limpiando la zona hasta dejar al descubierto cerca de 16 escalones más a partir del hallado por Husein Abdel Rasu, mismos que los llevarían en los siguientes meses a descubrir la tumba de Tutankamón. Sin embargo, el hallazgo del niño y su nombre no fueron mencionados en las memorias de Carter, quien estaba a punto de abandonar la zona al creerla desierta y por la presión de su mecenas Lord Carnarvon, quien le acusaba de estar gastando dinero sin obtener ningún resultado.
¿Se trataba de la entrada de una tumba desconocida? ¿Era la de Tutankamón?
Las respuestas a todas esas preguntas iban a tener que esperar un par de semanas, hasta que lord Carnarvon, que estaba en Inglaterra, pudiera regresar a supervisar la excavación. Mientras tanto, Carter ordenó cubrirlo todo de nuevo con grandes piedras y puso vigilancia delante de la entrada para proteger el misterioso hallazgo hasta que llegase su amigo y mecenas.
El arqueólogo le envió un telegrama: «Por fin hemos hecho un maravilloso descubrimiento en el Valle: una tumba espléndida con sellos intactos. Hemos vuelto a cubrir la excavación hasta su regreso. Enhorabuena». La fascinante aventura del descubrimiento de la tumba de Tutankamón no había hecho más que empezar.

Trabajadores egipcios proceden a cerrar la tumba de Tutankamón.
Es más que probable que las “cosas maravillosas” que Carter descubrió un par de meses después no hubieran sido posibles sin la presencia de Husein Abdel Rasu, un sencillo chico que se ganaba la vida llevando agua a los arqueólogos que estudiaban el pasado de Egipto.
En el presente, su nieto Mohamed Abdel Rasul, dueño de una pequeña taberna a las puertas del Ramesseum, el templo mortuorio del gran Ramsés II, desea reivindicar la memoria de su abuelo y nos recuerda que tras su importante hallazgo que dio pie al descubrimiento de una de las tumbas más famosas de la historia “tuvo una vida normal.
Era propietario de algunas tierras y siguió trabajando en misiones arqueológicas. Cualquier egiptólogo forastero que llegaba a Luxor venía a visitarle.
Se ganó la vida como rais (capataz) de excavaciones. Era bueno dirigiendo a los obreros”. Husein Abdel Rasu murió tranquilamente en 1996, olvidado en los libros de historia que tienen a Carter como el ‘único’ descubridor de la tumba.
La historia de Husein Abdel Rasu es una de tantas que permanecen ocultas al ser omitidas por quienes quieren cubrirse de gloria. El trabajo de excavación de Carter sin duda es digno de reconocerse, pues le dio al mundo uno de los obsequios históricos más importantes de todos los tiempos que permitió a la egiptología ampliar sus conocimientos.
Pero ¿qué hubiera ocurrido si el pequeño Husein Abdel Rasu no hubiera estado presente trabajando en el Valle de los Reyes ese día? ¿Tutankamón hubiera sido despertado de su sueño milenario?
El descubrimiento del lugar de descanso eterno del joven faraón de la XVIII Dinastía alcanzó fama mundial debido a que se encontraba intacta tras más de tres milenios, a salvo de los saqueos, siendo la tumba mejor conservada del Valle de los Reyes.

Lord Cavagnon y su hija, con Carter y el ayudante Callander a la entrada de la tumba
El 24 de noviembre de 1922 se excavó la escalera en su totalidad y el cartucho egipcio en el acceso que indicaba el nombre de Tutankamón. Dos días más tarde, Carter realizó una “pequeña abertura en la esquina superior izquierda” de la entrada.
Desde ahí pudo vislumbrar el interior gracias a la luz de una vela y ver tesoros dorados y en marfil. Carnarvon le preguntó si podía ver algo y Carter le respondió con su famosa frase: “¡Sí, puedo ver cosas maravillosas!”
Carter había descubierto la tumba de Tutankamón, que más adelante sería conocida como KV62. La sepultura fue protegida hasta la llegada de un oficial del Departamento de Antigüedades Egipcias al día siguiente, aunque esa noche, Carter, Carnarvon, su hija y el ayudante Callender aparentemente entraron sin permiso, convirtiéndose en las primeras personas en tres milenios en acceder al enterramiento.
La mañana siguiente, 27 de noviembre, vio la inspección de la tumba a manos de un oficial egipcio. Callender accedió con luz eléctrica, iluminando una vasta colección de objetos, incluyendo divanes, cofres, tronos y altares. Asimismo, hallaron evidencias de estancias anexas, incluyendo una puerta sellada hacia la cámara del sarcófago, flanqueada por dos estatuas de Tutankamón.
A pesar de la existencia de signos de expolios en tiempos antiguos, la tumba se encontraba intacta y se calculó que albergaba más de 5000 objetos. El 29 de noviembre la tumba se abrió oficialmente en presencia de varios dignatarios invitados y oficiales egipcios.
Tras percatarse de la magnitud de la tarea, Carter pidió ayuda a Albert Lythgoe del equipo de excavación del Metropolitan Museum de Nueva York, que trabajaba en las cercanías, mientras que el Gobierno egipcio mandó al químico analítico Alfred Lucas. El 16 de febrero de 1923, Carter abrió la puerta sellada y confirmó que dirigía al sarcófago de Tutankamón.
La tumba fue considerada la mejor preservada e intacta del Valle de los Reyes y su descubrimiento alcanzó a la prensa mundial. Lord Carnarvon vendió la exclusiva a The Times, lo que enfureció al resto de la prensa.
A finales de febrero de 1923, una discusión entre Carnarvon y Carter, probablemente causada por cómo lidiar con las autoridades egipcias, interrumpió la excavación temporalmente. Los trabajos se reanudaron en marzo tras una disculpa de Carnarvon a Carter.
A finales de ese mes Carnarvon contrajo bacteriemia por la picadura de un insecto mientras se hospedaba en Luxor, cerca de la tumba, y falleció el 5 de abril de ese año, alimentando la leyenda de la maldición de Tutankamon. Los meticulosos métodos de catalogación de los miles de objetos de la tumba ocupó a Carter durante casi diez años, siendo trasladados al Museo Egipcio de El Cairo.

– La antecámara 3.000 años después
Lechos reales, un trono dorado, restos de carros y un revoltijo depositado en un ‘desorden organizado’ es lo que encontraron Carter y su equipo al acceder a la primera estancia de la tumba de Tutankamón. Se hallaba tras un corredor y dos puertas de acceso, y el arqueólogo, que accedió a ella el 26 de noviembre, la bautizó como la Antecámara.
En su diario describió el revoltijo de tesoros como «una extraña y prodigiosa mezcla de objetos preciosos y extraordinarios amontonados unos sobre otros». En esta misma estancia descubrió una entrada que conducía a otra pequeña sala también repleta de piezas y objetos que fue bautizada como Anexo.

– Extracción de piezas
Aunque todavía no se había llegado hasta el final de la tumba ni se habían abierto todas las cámaras, a finales de noviembre de 1922 la cantidad de piezas y objetos recuperada era sencillamente espectacular, de modo que al mismo tiempo que progresaba la excavación se procedía a la extracción de piezas desde el interior.
Al final de la excavación completa de la tumba se habían desenterrado un total de 5.400 objetos y piezas.
En la imagen se puede ver a un miembro del equipo de Carter cargando un busto que se cree pudo ser un maniquí, encontrado en la Antecámara, con el arqueólogo en el extremo derecho de la fotografía. La repercusión del descubrimiento hizo que muchos medios y periodistas se desplazaran hasta el lugar para cubrir la noticia.

– Una tumba sellada, imperturbada
Este fascinante descubrimiento inauguró una nueva era de la arqueología, en gran parte gracias a Howard Carter y sus meticulosos métodos.
Cada paso de la excavación se llevaba a cabo con mucho detenimiento de modo que los trabajos se iban alargando y no llegaron a la puerta de la cámara funeraria hasta febrero de 1923.
Tras encontrarse con las dos famosas estatuas a tamaño real de los guardianes que custodiaban la entrada a la tumba, esta imagen apareció ante un entusiasmado equipo. Parecía que la puerta conservaba el sello que certificaba que el descanso de Tutankamón no había sido perturbado durante los últimos 3.000 años.

– Febrero de 1923: cara a cara con el faraón
Tras la puerta sellada se abrió la cámara funeraria del faraón.
En su interior, lo que pudieron ver Arthur Pecky, Callender y Howard Carter -en la imagen, agachado delante de la puerta abierta– fue una estancia casi completamente ocupada por cuatro grandes capillas que protegían un gran sarcófago en cuyo interior descubrieron los tres ataúdes que, finalmente, sacaron a la luz la ansiada momia de Tutankamón.

– Un hallazgo mediático
Gran parte del trabajo de análisis y catalogación de las piezas se realizaba en el interior de las cámaras donde se iba encontrando. En este caso, se puede ver a las dos estatuas a tamaño real de los guardianes de la tumba del faraón.
Una de ellas todavía en su ubicación original, a un lado de la puerta de la cámara funeraria, y la otra siendo cuidadosamente preparada para su extracción y traslado.
De pie, junto a Howard Carter, se cree que estaba Lord Carnarvon. El aristócrata inglés había vendido la exclusiva del descubrimiento al periódico londinense The Times.
Además de los lucrativos beneficios que el diario le pagaba por la venta de los textos y fotos a terceros, así el equipo evitaba la tediosa tarea de atender a los medios para explicar todos y cada uno de los detalles de la excavación.

– La ingeniería para alcanzar la momia
Uno de los momentos más delicados del examen de los ataúdes fue la extracción de estos del enorme sarcófago de piedra en el que estaban albergados.
Arthur Callender, un amigo de Carter e ingeniero, inventó un sistema de poleas como el que se puede ver en la imagen y que permitieron extraer las pesadas cajas de manera delicada y sin dañarlas.
En la fotografía había quedado a la vista el segundo ataúd, tras el tercero se hallaba la momia de Tutankamón coronada por su célebre máscara funeraria. Muchas de las piezas estaban bañadas o recubiertas de oro, pero el último ataúd era de oro macizo y pesaba 110 kilos.

– Apertura del sarcófago
Carnarvon acudió para la apertura de la cámara funeraria, pero no pudo ver la del sarcófago, pues murió a causa de una sepsis dando alas a las teorías de la maldición del faraón.
Carter siguió adelante, pero las autoridades egipcias cada vez se inmiscuían más en los trabajos de excavación y Carter detuvo la investigación como medida de protesta.
La excavación estuvo parada hasta 1925, cuando se reanudaron los trabajos y por fin se procedió a la apertura del sarcófago, de los ataúdes y al desvendaje de la momia, un proceso que se alargó hasta siete días y que fue supervisado por dos expertos anatomistas que aparecen en la imagen justo a la izquierda de Carter: el Prof. Douglas Derry y el Dr. Saleh Bey Nandi.
Merece la pena destacar la importancia de las fotografías de Harry Burton, quien en 1922 era considerado el fotógrafo arqueológico más importante del mundo. Gracias en parte a sus evocadoras imágenes, el descubrimiento y la excavación se convirtieron en un acontecimiento mediático mundial.

– Repercusión internacional
El magnífico hallazgo y toda la épica que lo rodeó atrajo el interés mundial.
Por un lado supuso el renacimiento de un sentimiento de orgullo nacional egipcio por su glorioso pasado, y por el otro despertó un renovado interés internacional por el mundo del antiguo Egipto.
Esto tuvo un efecto inmediato en el sector turístico del país, que vivió un auge sin precedentes. Con la perspectiva del tiempo, el fenómeno se ha llegado a describir como la ‘Tutmanía’.
Imágenes originales

El corredor descendente que conduce a la antecámara de la tumba de Tutankamón.

Esta fotografía fue tomada en el lugar donde se descubrió la puerta de entrada sellada el 5 de noviembre de 1922. La lente de la cámara de Harry Burton mira hacia la escalera de dieciséis escalones, hacia el último escalón encontrado el 4 de noviembre.

Una sección del bloqueo que sella la entrada exterior de la tumba, su superficie enyesada con barro tiene impresiones estampadas de los sellos oficiales de la necrópolis y el cartucho de Tutankamón.

Una de las dos únicas imágenes que muestran a Howard Carter (a la izquierda) y Lord Carnarvon juntos en la tumba. Están comenzando el proceso de desmantelamiento del muro entre la Antecámara y la Cámara Funeraria.

Howard Carter y Lord Carnarvon se paran en la entrada parcialmente desmantelada entre la antecámara y la cámara funeraria. Lord Carnarvon murió menos de dos meses después de que se tomara esta fotografía.

El santuario de Anubis en el umbral del Tesoro visto desde la Cámara Funeraria. La figura de Anubis estaba cubierta con una camisa de lino inscrita con el cartucho de Akhenaton.

Howard Carter trabajando en la tapa del segundo ataúd (el del medio), aún ubicado dentro de la caja del primer ataúd (el más externo) en la Cámara Funeraria de Tutankamón.

Howard Carter y un obrero egipcio examinan el tercer ataúd (el más interior) de Tutankamón hecho de oro macizo, dentro de la caja del segundo ataúd.

La máscara de oro de Tutankamón in situ sobre la momia del Rey, todavía dentro del tercer ataúd de oro macizo (el más interior).

la tumba de Tutankamón. Vista del muro norte de la Antecámara que muestra las estatuas centinelas que custodian la entrada sellada que conduce a la Cámara Funeraria del Rey.

Las estatuas centinelas que custodian la entrada que conduce a la cámara funeraria del rey, que ahora se ha abierto.

Tumba de Tutankamón. Carros desmontados y sofás con cabeza de vaca en el extremo sur de la antecámara.

Sofá con cabeza de vaca en la antecámara de la tumba de Tutankamón con muchos objetos apilados encima. Los paquetes debajo contenían trozos de carne.

a tumba de Tutankamón. Caja blanca frente al sofá del león en la antecámara, que contenía, entre otros artículos, prendas de lino (camisas, chales y taparrabos), 18 palos, 69 flechas y una trompeta

El contenido de uno de los baúles de almacenamiento en las tumbas de Tutankamón, que contiene prendas de lino y taparrabos.

Un baúl adornado y otros objetos encontrados en la tumba de Tutankamón. Los artículos fueron numerados como parte del proceso de catalogación. Tomó 10 años completar la catalogación de los más de 5,000 artefactos encontrados en la tumba.

Sofá de león en la antecámara de la tumba de Tutankamón.

Tesoros varios que incluyen estatuas de Ankh

Jarrones de alabastro sellados con «ungüento» entre los lechos de cabeza de vaca y león contra la pared oeste de la antecámara.

Una silla/trono profusamente decorado fotografiado por Burton en la tumba de Tutankamón.

Una de las sandalias de Tutankamón fotografiada dentro de la tumba.

Arthur Mace y Alfred Lucas, conservan un carro de la tumba de Tutankamón fuera del ‘laboratorio’ en la tumba vecina de Seti II, diciembre de 1923. Publicado en 1928 como parte del obituario de Mace.

Los tesoros de la tumba se empaquetaron en cajas de madera y se transportaron desde la tumba a las orillas del Nilo para transportarlos a El Cairo en barco.

El transporte de los tesoros de las tumbas por parte de los trabajadores egipcios.
Despacio, desesperadamente despacio para los que lo contemplábamos, se sacaron los restos de cascotes que cubrían la parte inferior de la puerta en el pasadizo y finalmente quedó completamente despejada frente a nosotros. El momento decisivo había llegado. Con manos temblorosas abrí una brecha minúscula en la esquina superior izquierda.
Oscuridad y vacío era todo lo que podía alcanzar una sonda, demostraba que lo que había detrás estaba despejado y no lleno como el pasadizo que acabábamos de despejar.
Utilizamos la prueba de la vela para asegurarnos de que no había aire viciado y luego, ensanchando un poco el agujero, coloqué la vela dentro y miré, teniendo detrás de mí a Lord Carnarvon, Lady Evelyn y Callender, que aguardaban el veredicto ansiosamente.
Al principio no pude ver nada, ya que el aire caliente que salía de la cámara hacía titilar la llama de la vela, pero luego, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles del interior de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas: animales extraños, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro.
Por un momento, que debió parecer eterno a los otros que estaban esperando, quedé aturdido por la sorpresa y, cuando Lord Carnarvon, incapaz de soportar la incertidumbre por más tiempo, preguntó ansiosamente: “¿Puede ver algo?”, todo lo que pude hacer fue decir: “Sí, cosas maravillosas”.
El racconto de Howard Carter sobre el 26 de noviembre de 1922, cuando se enfrentó a la segunda puerta que sellaba la entrada a la tumba del faraón Tutankamón, es quizás una de las historias más renombradas entre arqueólogos y fans de la egiptología.
La celebración de los 100 años del descubrimiento de la tumba de Tutankamón es la excusa perfecta para revisitar los manuscritos de Howard Carter y volver a reflexionar sobre el impacto de su hallazgo en la cultura. ¿Fue el descubrimiento de Carter el comienzo de la egiptomanía y al furor por Indiana Jones y otros aventureros?
¿Fue el maravilloso tesoro de oro que describe Carter en su recuerdo –y que puede verse hoy parcialmente en el Museo Egipcio de El Cairo– lo que generó la devoción actual por la civilización de los faraones? ¿O hay algo más morboso en la historia del joven rey y de su infatigable excavador?
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El hilo del que tiró Carter hasta concretar su sueño infantil –descubrir la tumba de un antiguo rey oriental bajo la arena del desierto– resultó largo, pero lo premió finalmente con el mayor hallazgo arqueológico del siglo XX.
Claro que no todo fue gloria y heroísmo para Carter. Como le ocurriera antes al joven faraón que rescató del olvido, Carter sufrió disputas y un prolongado ostracismo.
Tras haber conocido la fama mundial y los aplausos de todos, murió en soledad y lejos de su amado Valle de los Reyes, en Londres.
A su entierro fueron solo nueve personas.
Su modestísima tumba, en el cementerio de Putney Vale, todavía es lugar de peregrinación de estudiantes que dejan una flor encima de la lápida, inscripta con las palabras de Tutankamón: Oh, Nut, despliega tus alas sobre mí como las Estrellas Imperecederas.
El joven que sabía dibujar
Nacido en Londres en 1874 y criado en Norfolk, Inglaterra, Howard Carter era el más pequeño de los 11 hijos de un dibujante y una maestra ingleses. Imitando a su padre, muy pronto su talento artístico para dibujar pájaros salió a la luz, tanto que empezó a ganar dinero trazando acuarelas.
Así lo descubrió lady Amherst, miembro del Fondo de Exploración Egipcia, y lo recomendó a sus amigos arqueólogos como asistente de excavación.
El joven y meticuloso Howard avistó el Nilo por primera vez en 1893, después de unos meses de pasantía en el Museo Británico. Al llegar a Egipto, empezó a colaborar con el arqueólogo Percy Newberry en el dibujo de las tumbas de Beni Hassan, pero muy pronto lo reclutó el gran Flinders Petrie para excavar en Amarna.
A los 17 años, Carter había encontrado el sentido de su vida. A razón de una libra esterlina por semana de trabajo, aprendió los gajes del oficio de arqueólogo, mientras dibujaba bajo la mirada exigente de Petrie. Allí escuchó hablar por primera vez de Tutankamón, un faraón entonces casi desconocido, heredero posible del faraón hereje Akhenatón.
A los 48 años, tras salir de la tumba del faraón que acabó descubriendo, Carter conquistaría la libertad, según proclamó con su puño y letra.
Supongo que muchos excavadores confesarían haber sentido asombro, casi desconcierto, al penetrar en una cámara cerrada y sellada por manos piadosas tantos siglos antes.
En aquel momento, el tiempo como factor de la vida humana perdía todo significado. Han pasado tres o cuatro mil años quizá desde que un pie humano pisó por última vez el suelo en que uno está y, sin embargo, al notar las señales recientes de vida a su alrededor –el recipiente medio lleno de argamasa para tapiar la puerta, la lámpara ennegrecida, la huella de un dedo sobre la superficie recién pintada, la guirnalda de despedida arrojada sobre el umbral–uno siente que podría haber sido ayer.
El mismo aire que se respira, que no ha cambiado a través de los siglos, se comparte con aquellos que colocaron la momia allí para su descanso eterno. Pequeños detalles de este tipo destruyen el tiempo y uno se siente como un intruso.
Desde su llegada a Egipto, Carter tuvo muchas oportunidades de experimentar una sensación de intimidad con los habitantes del remoto pasado.
Es que, mucho antes de convertirse en la sombra viviente de Tutankamón, Howard ya tenía una muy buena reputación como eximio artista, comprometido con la naturaleza y la materia del pasado.
De hecho, mucho antes del descubrimiento que lo haría famoso, Carter había sido nombrado como Supervisor de Antigüedades del Alto Egipto, un cargo muy prestigioso que concitaba admiración y, también, envidias.
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Un grupo de guardias protege la máscara mortuoria de oro, exhibida en el Museo Británico de Londres en 1972
Hay que decir que su temperamento no le ayudó a conservarlo. Lejos de las piruetas diplomáticas de muchos de sus colegas, que hacían equilibrio entre los intereses coloniales conflictivos de Gran Bretaña y Francia en Egipto, Carter sabía lo suficiente del terreno como para recibir encargos personales de los grandes aristócratas que, por entonces, se dedicaban a coleccionar antigüedades y llenar los estantes del Museo Británico y el Louvre. Pero tenía pocas pulgas.
En 1905, turistas franceses borrachos entraron en uno de los sitios arqueológicos de Saqqara, maltrataron a los guardias y destruyeron algunos objetos. Como funcionario del Servicio de Antigüedades, el británico Carter hizo una denuncia formal. Cuando el embajador francés le pidió una retractación, Carter prefirió dejar su cargo y se fue a Luxor a sobrevivir vendiendo acuarelas a los visitantes.
Allí estaba, dibujando y ayudando en cuanta excavación se le ponía a tiro, cuando Lord Carnarvon –a quienes muchos hoy conocen por su hermoso palacio, Highclaire, el lugar donde transcurre la serie Downton Abbey– empezó a pedir referencias para excavar en Egipto.
El noble inglés, su esposa Lady Amina Herbert y su hija Evelyn tenían el hobby de la egiptología y viajaban periódicamente al país africano para sumar objetos a su enorme colección de antigüedades. Gaston Maspero, quien entonces era el director francés del Servicio de Antigüedades de Egipto, les recomendó a Carter, que estaba desempleado.
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Un pasillo de acceso a la tumba, en el Valle de los Reyes, en 1925
El nombre de Howard Carter llegó justo para completar la ambición de Carnarvon. Después de todo, Carter conocía el Valle de los Reyes al dedillo, y no solo había copiado las magníficas estatuas e inscripciones de la reina Hatshepsut en Deir-el-Bahari, sino que también había localizado un par de tumbas él mismo.
El rico lord y el orgulloso dibujante se hicieron socios y amigos hasta el día en que la muerte de Carnarvon los separó. Una muerte temprana que algunos atribuyeron a una maldición, por haber despertado a Tutankamón de su milenario sueño.
Estoy seguro de que nunca en toda la historia de las excavaciones se había visto un espectáculo tan sorprendente como el que nos revelaba la luz de la linterna. Las fotografías que se han publicado desde entonces se tomaron más tarde, cuando ya se había abierto la tumba e instalado en ella luz eléctrica. Dejaré que el lector se imagine la apariencia de los objetos mientras los contemplábamos desde nuestra mirilla de la puerta tapiada, proyectando desde ella el haz de luz de nuestra linterna, la primera luz que cortaba la oscuridad de la cámara en tres mil años.
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Soldados observan cómo son retirados los tesoros de la tumba, circa 1923
No cabía duda alguna de que el lugar en que estábamos era la cámara funeraria (…). Descorrimos ansiosamente los pestillos y abrimos las puertas de par en par: allí adentro había otra capilla, con puertas igualmente cerradas con pestillo y, sobre él, había un sello intacto (…).
Creo que en aquel momento ni siquiera queríamos romper el sello, ya que un sentimiento de intrusión había caído pesadamente sobre nosotros al abrir las puertas, aumentado posiblemente por la situación casi hiriente de un paño mortuorio de lino, decorado con rosetas doradas, que colgaba en el interior de la capilla. Sentimos que estábamos en presencia de un rey muerto y le debíamos reverencia…
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Miembros del equipo que descubrió la tumba de Tutankamón: Arthur Mace, Richard Bethell, Arthur Callender, Lady Evelyn Herbert, Howard Carter, George Herbert, Lord Carnarvon, Alfred Lucas y Harry Burton
El cine del siglo XX consagró la leyenda de la maldición de Tutankamón en blanco y negro, primero, y en pantallas a todo color plagadas de momias enfurecidas, después. Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes y amante del espiritismo, contribuyó a dramatizar la leyenda de la maldición faraónica y a difundirla. Pero poco de real tiene aquella historia, aseguran los arqueólogos profesionales.
Lord Carnarvon ya tenía una salud débil cuando pisó Egipto por primera vez. De hecho, un accidente de auto lo había dejado en reposo obligado y ni todo el dinero de su esposa Lady Almina, hija ilegítima de Rothschild, conseguía mejorar su estado. Por eso los médicos le recomendaron pasar los inviernos en Egipto, a donde se trasladó por primera vez en 1903 y donde moriría, el 5 de abril de 1923, a los 57 años.
Aunque el noble estaba presente cuando Howard Carter hizo un agujero en la puerta sellada de la tumba KV62 y fue uno de los primeros que respiró el aire caliente que salió de sus cámaras interiores, los documentos revelan que Carnarvon murió después de ser picado por un mosquito y tras sufrir una neumonía, por la que fue internado con una septicemia generalizada en El Cairo, donde murió, un par de meses después de haber ingresado en la cámara funeraria de Tutankamón.
De las 58 personas que asistieron a la apertura de las sucesivas cámaras de la tumba, solo ocho murieron en los siguientes 12 años, y por múltiples causas. Un estudio publicado en el British Medical Journal terminó de descartar, en 2002, toda asociación entre la exposición al interior de la tumba y la muerte de quienes estuvieron presentes en las primeras excavaciones.
Carter desechó hasta el final de sus días la leyenda de la maldición de Tutankamón como un derivado de las historias sobre fantasmas que corrían como pólvora en Londres por ese entonces. El arqueólogo británico continuó excavando la tumba durante muchos años después de la muerte de su amigo y socio.
Harto de las discusiones con el gobierno egipcio y la ingratitud del gobierno británico, el arqueólogo más famoso del siglo XX finalmente se recluyó en su casa de Kensington y solo salió para dictar algunas conferencias. Allí murió el 3 de marzo de 1939, debido a un linfoma de Hodgkin. A los 64 años, no se había casado ni había tenido hijos. Encontraron una docena de pequeños objetos de Tutankamón en su hogar. Después de haber descubierto casi intacta la tumba más fabulosa jamás encontrada, Carter fue sepultado en una modesta parcela del cementerio de Putney Vale, ubicado en las afueras de la capital británica.
“Para Carter, el descubrimiento de la tumba de Tutankamón representó tanto una bendición como una maldición”, reflexionó la egiptóloga británica Joyce Tyldesley, profesora de la Universidad de Manchester. “Una bendición porque el descubrimiento le supuso el reconocimiento mundial: su nombre quedaría ligado por siempre al del rey niño. Una maldición porque el descubrimiento interrumpió sus esfuerzos por vaciar y documentar la tumba y su contenido”.
Tyldesley reconoce que el trabajo de Carter, que al principio se consideró una de las excavaciones arqueológicas más concienzudas jamás llevadas a cabo, hoy se antoja torpe y hasta rudimentario. Pero ¿qué hubiera pasado si algún contemporáneo menos escrupuloso hubiera descubierto la tumba? ¿Qué hubiera quedado de Tutankamón y sus tesoros?

El show y la gratitud
Las exhibiciones que se llevan a cabo este año en todo el mundo para celebrar el centenario del descubrimiento de la tumba KV62 aspiran a sacar el foco de atención de los objetos áureos y ponerlo en los sujetos anónimos que trajeron a la luz la figura olvidada del faraón niño.
Todavía muchos se preguntan cómo un joven que llegó al trono en una época tumultuosa (alrededor del 1333 a.C.), y que no dejó hijos cuando murió, alrededor de los 19 años, recibió un enterramiento tan rico. Hay que ubicar a Tutankamón en el contexto de la restauración de la vieja religión egipcia –anulada por el faraón monoteísta Akenatón– para comprender la magnitud del tesoro que depositaron los agradecidos sacerdotes tebanos en su tumba. Y también hay que considerar que otros faraones pudieron haber partido al más allá con muchos más tesoros que los de Tutankamón, pero los saqueadores de tumbas y ocupantes temporarios arrasaron con todo a lo largo de los siglos.
Algunos piensan que la tumba no fue construida originalmente para Tutankamón, sino para su padrino Ay, quien lo sucedió. El egiptólogo Nicholas Reeves incluso llegó a postular que la tumba tebana era en realidad para Nefertiti, la bella esposa de Akenatón, famosa por su busto exhibido en Berlín. Pero lo cierto es que Tutankamón fue enterrado allí con todas sus pertenencias y su oscuro pasado. Y nadie se acordó de él hasta que Carter lo recuperó para la historia.
La tumba que le construyeron los egipcios a Tutankamón, aunque pequeña y con decoración inacabada, reunía todo lo que el joven faraón podría necesitar en su vida eterna, desde carruajes, camastros y armas para cazar hasta tres pares de sandalias, juegos de mesa, toda clase de vasijas y copas, además de alimentos, instrumentos musicales, un abanico de plumas de avestruz y un trono de oro decorado con una representación del faraón y su joven esposa. También contenía dos pequeños féretros con sus dos hijas, ambas muertas al nacer.
La máscara funeraria de oro, los múltiples sarcófagos de piedra calcita y oro, y los cuatro cenotafios dorados habrían de convertir a Tutankamón en el faraón más conocido del Antiguo Egipto. Pero el oro no era más que una representación de la carne divina del faraón y un reflejo de la iluminación solar. Procedente del sur –Nubia–, el oro fluía a raudales en Egipto durante el Imperio Nuevo. ¿Qué menos podían hacer los sacerdotes tebanos, que recuperaron su poder y riquezas gracias a Tutankamón, que ofrecérselo al divino faraón en el momento de convertirse en una de las estrellas que jamás se ocultarían en el cielo de Egipto?
Como sea, puestos a celebrar el centenario del descubrimiento de Tutankamón y los 200 años del desciframiento de los jeroglíficos de la Piedra Rosetta, los arqueólogos hoy quieren descolonizar su pasado y disimular la egiptomanía que alientan los grandes museos con su marketing.
Mientras los egipcios dan los últimos retoques a su nuevo mega museo a los pies de las pirámides de Giza –que exhibirá por primera vez todos los objetos que Carter sacó de las entrañas del Valle de los Reyes–, los grandes y pequeños museos del mundo engalanan sus artefactos egipcios con gesto humilde y gratitud eterna. Después de todo, los tesoros descubiertos por Carter y sus archivos les llenan las arcas hace décadas y les han otorgado aquello que los faraones deseaban: gloria imperecedera.
Los objetos que no se han visto en décadas
Carter, un excavador inusualmente meticuloso para su época, organizó durante 10 años la conservación, documentación y conservación de los más de 6.000 elementos de la tumba de cuatro cámaras de Tutankamón. Algunos, como la máscara funeraria de oro de Tutankamón son absolutamente icónicos, pero muchos otros han estado almacenados y fuera de la vista durante décadas.
Pero eso está a punto de cambiar. Cerca de 5.400 de los muebles bien conservados de la tumba de Tutankamón están programados para exhibirse pronto cuando se inaugure el nuevo Gran Museo Egipcio, cerca de las Pirámides de Giza. Un monumental proyecto concebido hace ya 20 años y que tendrá su ansiada apertura este mismo año.
nuestras charlas nocturnas.
Del lobo al perro: descubre el origen y la domesticación del mejor amigo de la humanidad…

Muy Interesante(M.G.Bartual/P.Morell/M.Bekoff) — El zooarqueólogo especialista en perros Darcey Morey afirma que la mayor prueba de la importancia social y afectiva que tienen nuestros peludos amigos radica en cómo deliberadamente les damos sepultura.
Y aunque actualmente hay numerosos cementerios caninos, se trata de una vieja historia de amor.
Un ejemplo es Ascalón, un yacimiento de Israel fechado entre 2500 y 2200 años antes del presente (considerando «el presente» el año 1950), en el que se enterraron más de mil perros en fosas individuales en una serie de terrazas que anteriormente habían sido ocupadas por un gran almacén con vistas al mar.
En la región de Cis-Baikal, en Siberia Oriental, también se hizo lo mismo, en ocasiones se colocaron dentro de tumbas humanas durante el Neolítico temprano (8000-7000 a.e.c.) y a principios de la Edad del Bronce (5000-3400 a.e.c.).
A la vista de estas fechas, durante mucho tiempo se creyó que su origen y domesticación tuvo lugar al comienzo de las prácticas agrícolas del Neolítico, de forma paralela a la de otros animales como la cabra o el cerdo. La idea provenía de dos trabajos fundamentales, escritos en 1981 y 1983 por Andrew Sherratt, en los que proponía que la principal razón para domesticar animales era proporcionar seguridad alimentaria. En caso de que vinieran malas cosechas, las reses podían comerse (incluidos los perros) y asegurar la supervivencia.
Según Sherratt, solo de forma ulterior y paulatinamente, se explotaron sistemáticamente los otros productos secundarios como la leche, lana o la tracción de cargas. Los basureros neolíticos habrían atraído lobos a las zonas de asentamiento dando comienzo a las primeras interacciones con personas. Los menos temerosos y agresivos se habituarían y adaptarían a nuestro entorno.
Poco a poco, generación tras generación, los primeros perros primitivos surgieron de este grupo más amigable y dócil. Con los avances en secuenciación de ADN mitocondrial (ADNmt) se comenzó a estudiar los haplotipos (variaciones distintivas en el ADNmt) de perros actuales. Lo que se busca con ello es emparejar aquellos que compartan los mismos haplotipos. Cada uno con sus peculiaridades y diferencias.
Ya en 2002, un equipo de investigadores liderado por Peter Savolainen agrupó los haplotipos mitocondriales de seiscientos cuarenta y cinco perros domésticos, lo cual era una muestra relativamente pequeña. Los datos sugerían que sus orígenes residían en el este de Asia, probablemente en China.
En 2010, otro equipo encabezado por Bridgett M. vonHoldt publicó el análisis del reparto de haplotipos en 48 000 perros. La muestra, mucho mayor, indicaba que el origen no estaba en China, sino en Oriente Medio o en Europa.

– Yacimiento de Bonn-Oberkassel
Eurasia empezaba a sonar como un lugar prometedor.
Un ejemplo es el yacimiento alemán de Bonn-Oberkassel donde se recuperaron restos de un perro que acompañaba un doble enterramiento de mujer y hombre.
Además, las nuevas dataciones arrojan una edad de 14 000 años cal. AP (años de calendario, antes del presente) para el enterramiento, lo que demuestra que es de finales del Paleolítico superior y anterior a los primeros asentamientos agrícolas.
Yacimientos prehistóricos como el de Bonn-Oberkassel empezaban a cuestionar la domesticación durante el Neolítico, ¿Podría haber perros aún más antiguos?
Antes de responder, conviene hacer unas consideraciones anatómicas básicas. Los perros actuales se distinguen de los lobos porque las hileras de sus dientes suelen ser cortas, como apiñadas.
Por el contrario, el hocico del lobo es más alargado y sus muelas carniceras (último premolar superior y el primer molar inferior) son más grandes. Teniendo en cuenta estas y otras peculiaridades morfológicas, la paleontóloga belga Mietje Germonpré y su equipo se propusieron obtener las proporciones óseas del cráneo que pudieran distinguir perros de lobos.
Efectuaron mediciones anatómicas básicas en cráneos de lobos actuales, perros modernos de once razas y cinco perros prehistóricos (de yacimientos epigravetienses y mesolíticos europeos). A partir de ellas, determinaron las relaciones que expresaban las proporciones y la forma general de los cráneos.
Ayudados por complejos métodos estadísticos usaron la muestra de referencia para identificar conjuntos de medidas que distinguieran un grupo de otro. Ello les permitió crear nubes de puntos bien delimitadas mediante análisis de componentes principales. Los perros quedaron en su propia categoría de forma y había muy poco solapamiento de puntos con el grupo de los lobos cuando se representaban en una gráfica.
Incluso aquellos con cráneos arcaicos (chow chows y huskies) o con hileras de dientes cortas o con hocicos más largos y parecidos al del lobo (pastor alemán) podían separarse estadísticamente con las medidas adecuadas. Tampoco acabó ningún lobo en la delimitación de los perros.
Curiosamente, el área de distribución de los perros prehistóricos quedaba completamente fuera de lobos y perros, en una distante tierra de nadie. La forma de los cráneos prehistóricos procedentes de yacimientos como Eliseevich I (del epigravetiense ruso, hace unos 13 990 años) o Senckenberg (mesolítico alemán) no se parecen en nada al de nuestros chuchos. Son una variedad totalmente diferente, podríamos incluso hablar de una variedad biológica de perro que se perdió en el tiempo.

– Diversas hipótesis
Al ser la separación estadística tan buena, el equipo también la utilizó para once cráneos de grandes cánidos fósiles procedentes de antiguos yacimientos paleolíticos de Bélgica (Goyet, Trou des Nutons y tres localidades más), Ucrania (Mezhirich, Mezin) y Rusia (Yakutia y Avdeevo).
Algunos problemáticos, con caracteres ambiguos.
Los paleontólogos no se ponían de acuerdo de si se trataba de lobos peculiares o de perros incipientes. ¿En qué grupo encajarían?
El análisis discriminante lineal los colocó en el lugar más apropiado, dando un porcentaje de probabilidad de que la clasificación fuera correcta.
Dos ejemplares, uno procedente de un megayacimiento de mamuts en Mezin y otro de Mezhirich, resultaron buenos candidatos a ser perros primitivos, con un 73 % y un 57 % de probabilidades, respectivamente.
Otro, de gran tamaño, procedente de la cueva de Goyet, logró un 99 %. Los valores de Mezin, Mezhirich y Goyet, representados por tres puntos en la gráfica, se posicionaron entre lobos y perros prehistóricos, justo en el medio de ambos. No eran ni una cosa ni otra, sino mitad y mitad. Tal vez eso tenía sentido. Estaban en el espacio morfológico en el que cabría esperar que cayera un animal en proceso de evolución de lobo a perro.
Aparentemente, todo parecía encajar, hasta que nos fijamos en la enorme antigüedad del ejemplar de Goyet que vivió hace la friolera de unos 36 000 años AP, a finales del Auriñaciense. Antes de este estudio, se consideraba que una edad antigua, bien aceptada, para un perro prehistórico sería como máximo de 18 000 años y, más probablemente, de unos 14 000 años.
¿Sería posible que los humanos modernos tuvieran perroslobos menos de 10 000 años después de su llegada a Eurasia?
Otros trabajos científicos publicados a partir de 2010 también apoyan la hipótesis, incluyendo otro ejemplar de la cueva de Razboinichya, en las montañas de Altai, al sur de Siberia (Rusia) de 33 000 años cal. junto con especímenes de Předmostí, en la República Checa, que datan de 26 000 a 27 000 años AP.

Antes del Neolítico
Encontrar cánidos domesticados de más de 30 000 años no tenía precedentes en paleontología.
Era como algo loco y maravilloso imaginar los primeros humanos en Europa acompañados por incipientes perros con aspecto lobuno.
Ambos harían una formidable pareja mientras se adentraban en los fríos territorios de los neandertales.
Los perros, rudos y fuertes, ayudando en la caza y protegiendo las presas abatidas frente a otros depredadores.
Pero no todo el mundo lo cree.
Por ejemplo, la prehistoriadora francesa Myriam Boudadi-Maligne piensa que los hallazgos de Mietje Germonpré son problemáticos porque han tratado estadísticamente el tamaño de un cráneo como algo independiente de las características morfológicas de una población de cánidos fósiles, y eso puede generar errores de identificación.
Asimismo, opina que los ejemplares de Předmostí y Razboinichya también presentan muchas dudas.
Dos recientes estudios paleogenéticos disipan, en parte, algunas incógnitas.
En 2015, el equipo de Pontus Skoglund analizó el genoma de un lobo de 35 000 años de la península de Taimyr, en el norte de Siberia; y, en 2020, el equipo de Anders Bergström hizo lo mismo con el de veintisiete perros prehistóricos que llegan hasta los 11 000 años de antigüedad.
Ambos coinciden en algo muy importante: los perros fueron domesticados mucho antes del Neolítico. Probablemente, hace unos 20 000 años, a finales del Último Máximo Glacial (una época de intenso frío global hace entre 20 000 y 26 500 años).
Además, los perros y los lobos grises euroasiáticos actuales aparecen como grupos monofiléticos; es decir, cualquier perro está genéticamente más cerca de otro perro que de un lobo, y viceversa. Esto es muy relevante, porque indica que tuvieron un único origen, en Eurasia, a partir de un linaje de lobos que ya no existe.

En resumen, es posible que hubiese perros-lobos domesticados hace más de 30 000 años, pero solo fue un primer intento que no prosperó.
Nuestros queridos compañeros provienen de una población de lobos extinguida, cuyos cachorros comenzaron a domesticarse hace unos 20 000 años, a diferencia del resto de las domesticaciones posteriores (ovejas, cabras, cerdos, etc.) que probablemente ocurrió durante el Neolítico y se produjo de forma independiente a partir de múltiples poblaciones locales salvajes.
Por ejemplo, hay pruebas de que los cerdos fueron domesticados tanto en Anatolia como en China.
Cada vez que vemos un perro, contemplamos el primer animal que convivió y caminó a nuestro lado.
Un carnívoro inteligente, leal y tan valioso que aparece en muchas tumbas como compañero en la otra vida.
– ¿Una domesticación recíproca? Así ha influido el perro en la evolución humana
Tenemos claro que nosotros, los seres humanos, hemos influido mucho en la evolución reciente del perro, pero ¿y al contrario? ¿Han influido los perros en nuestra evolución reciente?
Hace más de 20 000 años, en algún lugar de Asia central, un grupo de lobos empezó a seguir a los humanos que vivían en su territorio, atraídos por las actividades de estos. Lo que pasó después, como suele decirse, es historia.
Todos hemos visto el resultado de ese grupo inicial de lobos curiosos o desesperados. Los tenemos en nuestros campos, pastoreando y cuidando al ganado, cazando o simplemente viviendo en nuestras casas y compartiendo sus vidas con nosotros. Es indudable que hemos influido de formas muy diversas en la evolución de nuestros perros.
Desde las diminutas razas «toy» hasta los enormes mastines, hemos moldeado a nuestros compañeros dependiendo de nuestras necesidades y aspiraciones estéticas.
Nuestra larga relación ha dado lugar no solo a cambios físicos, que son muy evidentes en la mayoría de los linajes y que aparecieron recientemente gracias a las modernas técnicas de cría y selección, sino también en cambios a nivel de comportamiento.
Un requerimiento básico para que un animal pueda convivir estrechamente con otra especie es una reducción de su miedo hacia los humanos y de los conflictos con individuos que perciben como superiores (ya sea otros perros o humanos), así como un incremento en lo que se conoce como «comportamientos prosociales», como la facilidad para sociabilizar con miembros de otras familias (algo que para un lobo sería rarísimo) o extender los juegos hasta la edad adulta.
Una hipótesis que cada vez despierta más interés entre los investigadores que trabajan con la domesticación de esta y otras especies es la de que buena parte de estas diferencias podrían haber aparecido por «autodomesticación».
Este proceso, en el que los animales adquieren las características típicas de un animal doméstico simplemente como adaptación a un entorno lleno de humanos en lugar de debido a una selección por nuestra parte, se cree que ha ocurrido por lo menos en dos especies domésticas: el perro y el gato. Sin embargo, también se ha sugerido que esto podría haber pasado en otras especies.
Y es que hay otro animal que vive constantemente en un entorno altamente social rodeado de humanos: nosotros.
Sí, somos una especie domesticada.
Compartimos con nuestras mascotas características neoténicas, o infantiles, que se retienen en estado adulto, como las cabezas grandes, los rostros cortos y con ojos grandes, la cara aplanada y los brazos relativamente cortos. Además, presentamos las ya mentadas características prosociales, la falta de miedo a grupos ajenos a nuestro «clan» o familia y una aversión natural a buscar conflictos con quien percibimos como «superior».
Todas estas características, distribuidas de forma generalizada en nuestra especie, fueron clave en nuestra evolución, tanto a nivel biológico como social. La influencia que hemos tenido en nuestra propia evolución y la de otras especies es innegable… pero ¿qué hay del efecto que han tenido el resto de los animales sociales que hemos domesticado en nosotros?

– Viajando juntos
La respuesta corta a esta pregunta, como a muchas otras relacionadas con los procesos de domesticación o la evolución reciente de nuestra especie, es que no lo tenemos muy claro.
La respuesta larga, sin embargo, es bastante más interesante.
La principal dificultad con la que nos encontramos a la hora de estudiar cómo nos afectó la presencia de perros es que la mayoría de estos cambios se produjeron en una época donde no había registros y, probablemente, la mayoría de cambios se manifestaron a nivel social, lo que los hace muy complicado de rastrear, aunque no imposible.
Durante décadas se ha asumido que, dado que los lobos son excelentes cazadores, disponer de estas habilidades supondría una enorme ventaja para una tribu del Paleolítico. Sin embargo, un análisis publicado en el Journal of Ethnobiology en 2020, basado en poblaciones modernas de más de ciento cuarenta culturas diferentes y cómo interaccionan con sus perros encontró que, aunque la relación de estos con la caza y los hombres en general es positiva, la relación entre los perros y las mujeres es mucho mayor.
Esto se puede interpretar de muchas formas, pero desde luego nos sugiere que fueron mucho más que simples herramientas de caza.
Tener a nuestros mejores amigos con nosotros seguramente nos forzó a cambiar nuestra sociedad de muchas formas, y parece que en general fue bastante beneficioso para los humanos tenerlos como compañeros.
Esto lo sabemos porque para hace 15 000 años ya los podíamos encontrar en toda Eurasia y Beringia (el continente que conectaba Eurasia y América del Norte), y hace 11 000 años ya los encontrábamos distribuidos por todos los continentes donde los humanos anatómicamente modernos fueron migrando.
En algunos casos, como en el de los perros árticos, es muy posible que estos fuesen una parte activa de dicha migración, pues hemos encontrado restos de trineos tirados por perros en Siberia que datan de más de 9 500 años de antigüedad, y los autores creen que su uso ya era común hace 15 000 años.

– Viviendo juntos
Hace 14 000 años, en una cueva de Bonn-Oberkassel, en lo que hoy en día es Alemania, alguien enterraba a un cachorro de apenas siete meses.
Lo enterraron junto a dos humanos, y los daños en la dentadura sugieren que murió de un caso grave de moquillo (morbillivirus canino) que estuvo acarreando por lo menos desde que tenía diecinueve semanas.
Que llegase a vivir durante casi diez semanas más con esa infección por sí solo es prácticamente imposible, y desde luego este ejemplar nunca pudo ser de ninguna utilidad a los humanos que lo criaron.
Por lo que los investigadores lo han considerado el primer caso documentado de un vínculo emocional con un animal de otra especie, así como prueba de que en esta época tan temprana los humanos ya considerábamos a nuestros perros mascotas.
Este cambio en la forma de relacionarnos con los animales, que por sí solo puede parecer pequeño, fue el que unos cuantos miles de años después nos abrió las puertas a la que probablemente sea la revolución tecnológica más importante de nuestra historia: la domesticación de animales de granja.
En esta revolución, basada en una transición de formas de vida nómadas a tener asentamientos sedentarios facilitados por un clima más moderado y a las nuevas formas de explotación de los recursos, el perro probablemente jugó un papel importante.
En uno de los asentamientos más antiguos de Anatolia, Aşıklı Höyük, un equipo de arqueólogos encontró evidencias de que los primeros ocupantes del asentamiento capturaban ejemplares jóvenes de muflones (los ancestros salvajes de las ovejas) y los mantenían en rediles hasta que necesitaban la carne.
Más tarde, empezaron a criarlos ellos mismos, aunque siguieron capturando algún que otro ejemplar salvaje. Atrapar animales vivos es muy complicado, y es de suponer que los perros tuvieron un papel importante en estas cacerías.
Además, estudios de ADN antiguo han demostrado que, una vez que la Revolución Neolítica ya estaba en su apogeo y los granjeros de oriente medio se empezaron a expandir, lo hicieron con sus perros, supuestamente pastoreando a los rebaños de los granjeros migrantes.

– Cambiando Juntos
Si buscamos cambios más grandes en nuestra evolución cultural y biológica, debemos adentrarnos en el territorio de la «especulación informada», o, como lo llamamos los científicos, las hipótesis.
Establecer una relación causal es complicado incluso cuando el evento está pasando conforme hablamos, mucho más si estamos hablando de algo que ocurrió hace veinte o treinta mil años.
Probablemente, la hipótesis más interesante sea la de que la presencia de perros en nuestro entorno favoreció nuestra «autodomesticación», hasta el punto de que algunos investigadores la llaman «codomesticación».
Esta afirmación cuenta con el respaldo de estudios que encontraron que las mutaciones localizadas en regiones asociadas con la domesticación en otras especies están positivamente seleccionadas en humanos modernos en comparación con neandertales y denisovanos, y que estudios observacionales han demostrado que introducir un perro en un grupo de personas, incluso en un entorno formal como es una oficina, propicia el comportamiento prosocial.
Una derivación de esta hipótesis es que gracias a esta influencia positiva y a la necesidad no solo de comunicarnos entre nosotros, sino con otra especie, desarrollamos unos lenguajes tan complejos como los que podemos observar hoy en día. Los autores de esta hipótesis sugieren que la comunicación con los perros fue una importante ayuda a la hora de establecer las extensas redes de grupos no relacionados que vemos durante el Mesolítico (aprox. hace 12 000 años).
Por último, y centrándonos en la genética, tanto los perros como los humanos compartimos presiones selectivas comunes, sobre todo en lo relativo a la comida. Los perros poseen varias copias del gen de la amilasa, lo que hace que sean capaces de digerir mejor comidas ricas en carbohidratos en comparación con un carnívoro estricto como el lobo.
Este cambio, a nosotros no nos hizo falta, pues lo traíamos de casa, pero sí compartimos con los perros dos genes que están bajo selección positiva: ABCG5 y ABCG8. Esta pareja de genes interviene en el transporte selectivo del colesterol, y que estén positivamente seleccionados en ambas especies se ha interpretado como una adaptación a una dieta más rica en plantas desde el Paleolítico.
Otro gen que está bajo selección positiva es el SLC6A4, que codifica una proteína de membrana que transporta la serotonina, y que por tanto tiene un rol importantísimo en el funcionamiento del sistema nervioso. Esta proteína es uno de los objetivos de drogas como las anfetaminas y la cocaína, y mutaciones en ella se ha asociado a comportamientos violentos, trastorno obsesivo-compulsivo, depresión mayor y algunos casos de trastorno del espectro autista.
En un principio, estos resultados corroborarían la idea de que la autodomesticación o codomesticación está seleccionando positivamente los comportamientos menos agresivos.

– Una larga historia con mucho futuro
Hasta ahora nos hemos centrado en lo que sabemos que pasó hace muchísimo tiempo, pero ahora quiero irme a tiempos más cercanos.
Sabemos, por ejemplo, que tanto la Grecia como la Roma clásicas tenían variedades específicas de perro para cazar y para guardar la casa y/o el ganado.
En Egipto, aunque algunos autores han sugerido que los perros no estaban muy bien considerados, encontramos decenas de pinturas y estatuas, además de la tumba del animal más antiguo del que tenemos un nombre: Abuwtiyuw.
Este perro, que murió antes del 2280 a.e.c., se cree que pertenecía a un guardia real, y al morir este, el emperador le concedió un espléndido entierro en la necrópolis de Guiza, similar al de un humano de clase alta.
Durante la Edad Media europea vemos que los perros pasan a ser una señal de estatus, en la que los nobles tenían perreras donde criaban perros de caza. Gente más humilde también los usaba para muchas otras cosas más prosaicas, como el pastoreo y la guarda de ganado y casa, como en tiempos romanos, pero también para extraer agua de los pozos o enviar mensajes entre diferentes lugares cercanos.
Durante esta época es cuando empezamos a ver intentos activos de seleccionar a los mejores ejemplares y, por lo tanto, un incremento en la presión selectiva, especialmente en los perros de caza. Sin embargo, en la mayoría de casos no sería hasta los siglos XVIII y XIX en los que empezamos a ver a las razas modernas formarse y estandarizarse de acuerdo a los usos que nos interesaban y a las características estéticas que más nos gustaban.
Hoy en día se estima que tenemos más de 900 millones de perros distribuidos entre más de trescientas sesenta razas reconocidas por la FCI (Federation Cynologique Internationale), con un montón de mezclas y linajes sin describir por todo el mundo, y su popularidad no tiene pinta de disminuir en el futuro próximo. En una sociedad que cambia tan rápido como la nuestra, me pregunto cómo cambiaremos al perro en el futuro y cómo nos cambiará él a nosotros.

– ¿Qué sería del perro si se extinguiera la humanidad?
¿Podría esta especie con la que hemos coevolucionado arreglárselas sin provisiones de comida, cuidados y mimos regulares?
ncluso para sus mayores fans, los perros pueden parecer ridículamente carentes de habilidades de supervivencia. Rufus sale a toda velocidad detrás de una ardilla con una expresión de gran determinación, solo para llegar a un árbol cercano mucho después de que la ardilla se haya puesto a salvo.
Bella ladra ferozmente a una estatua de metal de un alce. Poppy acecha a una bolsa de papel arrastrada por el viento por la acera.
Dickens se niega a salir a orinar porque está lloviendo. Jethro corre a casa con el rabo entre las piernas cuando se encuentra con un animal salvaje cerca.
Estas anécdotas son una fuente común de diversión en los parques para mascotas, en las redes sociales y en las conversaciones relacionadas con los perros. Pero detrás de las risas se esconde una seria cuestión científica: si los humanos desaparecieran repentinamente de la escena, ¿podrían sobrevivir los perros?
Después de decenas de miles de años de domesticación, ¿podría esta especie con la que hemos co-evolucionado arreglárselas sin provisiones de comida, cuidados y mimos regulares?
Intrigados por esta cuestión, se ha explorado como experimento mental en el libro Un mundo de perros. A partir de la teoría evolutiva y de la creciente investigación sobre perros en libertad, imaginamos un futuro posthumano para los canes.
Intentamos averiguar qué aspecto tendrían, cómo se alimentarían, reproducirían y criarían, la naturaleza de su vida social y las habilidades cognitivas y emocionales que necesitarían para desenvolverse con éxito en un mundo en el que deben competir, cooperar y coexistir con otros animales.
El resultado nos sorprendió. No solo puso de manifiesto la inmensa flexibilidad de nuestros amigos caninos, sino que también reveló algunas lecciones importantes sobre cómo los humanos podemos mejorar la suerte de los perros mientras estemos aquí.
Son una de las especies de mamíferos más exitosas del planeta. Unos mil millones de ellos habitan en todos los rincones del planeta y viven en todo tipo de lugares, desde hogares y metrópolis urbanas hasta desiertos, selvas tropicales y altas mesetas tibetanas.
Cuando se les pide que se imaginen un perro, la mayoría de los habitantes del Reino Unido y Estados Unidos se imaginan una mascota con correa, persiguiendo una pelota en un parque o engullendo un cuenco de comida. En realidad, solo una pequeña minoría de los perros del mundo viven como animales de compañía, mientras que entre el 80 % y el 85 % viven de forma independiente como perros asilvestrados, de pueblo, de calle o de comunidad.
Lo que permite a los perros prosperar en nichos ecológicos tan diversos es el hecho de que, como todos los cánidos, son versátiles y oportunistas. Conservan muchos de los rasgos y comportamientos de sus parientes salvajes, como los lobos, los coyotes y los chacales, con los que todavía pueden cruzarse. Es posible que los perros de compañía no sean criados de forma que cultiven estas habilidades.
Sin embargo, como especie, no han «olvidado» cómo buscar comida, cazar, procrear, criar a sus hijos, llevarse bien en grupo y defenderse a sí mismos y a sus hogares. Esta capacidad de adaptación hace que los perros puedan sobrevivir e incluso prosperar en un mundo post-humano.

– Los perros no se «desdomestican»
Sin embargo, la transición años después de la desaparición de los humanos sería difícil.
Satisfacer las exigencias asociadas a la pérdida brusca de nuestro apoyo requeriría adaptaciones conductuales, neuronales, anatómicas y fisiológicas, y una buena dosis de suerte.
La distribución geográfica de los perros cambiaría.
Incluso los que viven en libertad tienden a estar cerca de los humanos, pero si no hubiera gente, se verían obligados a buscar otros ecosistemas.
Probablemente, se produciría una importante mortandad durante los primeros años.
Pero la evolución adaptaría a los perros a su nueva vida, ya que los individuos más capaces de enfrentarse a nuevos y diversos retos tendrían más probabilidades de sobrevivir y transmitir sus genes. Como resultado, las siguientes generaciones serían genéticamente más aptas y más capaces de aprender habilidades de supervivencia para sí mismas y para otros perros.
Por muy convincente que sea la idea, los perros no se «desdomesticarían» y volverían a ser lobos. Una forma de conceptualizar sus posibles trayectorias evolutivas es centrarse en lo que los biólogos denominan estrategias vitales. El objetivo es entender cómo evolucionan los organismos para equilibrar los costes energéticos de la supervivencia, el crecimiento y la reproducción.
Este enfoque de la evolución de los perros post-humanos plantea cuestiones clave, como qué estrategias vitales convergerían con las de otros cánidos, cómo se engranarían distintas variables, como el tamaño corporal y el comportamiento alimentario, y cuánto tiempo tardarían en producirse los cambios evolutivos de forma y comportamiento.
El reto más inmediato y significativo al que se enfrentan los perros posthumanos sería la adquisición de alimentos. Casi todos los perros, incluso los que no reciben ayuda humana directa, dependen en cierta medida de los subsidios alimentarios de los humanos, que es una forma elegante de decir que se comen nuestra basura, nuestros residuos (sí, nuestras heces) y nuestras limosnas.
Los perros son generalistas con una dieta muy adaptable, por lo que podrían sobrevivir con una amplia gama de alimentos, desde plantas, bayas e insectos hasta pequeños mamíferos y pájaros, y quizás incluso algunas presas más grandes. Los perros post-humanos comerían todo lo que pudieran conseguir.

– Diferentes nichos ecológicos
Las diferentes estrategias de alimentación evolucionarían con el tiempo en función de su nicho ecológico, la disponibilidad local de alimentos y la competencia con otros animales.
Su dieta se vería limitada por sus capacidades físicas y, a su vez, influiría en su evolución.
Con el tiempo, las diferentes poblaciones podrían incluso convertirse en especies distintas, utilizando diferentes estrategias de alimentación para llenar una gama de nichos ecológicos.
El cambio físico sería rápido una vez que la selección artificial dirigida por el hombre fuera sustituida por la selección natural.
Los humanos han criado a los perros para que adopten una amplia gama de formas y tamaños.
Los primeros en desaparecer serían los rasgos inadaptados, como los hocicos extremadamente cortos, que pueden impedir la respiración, y los pliegues pronunciados de la piel, que pueden albergar microbios causantes de enfermedades.
Dentro de unas pocas generaciones, la mezcla de razas probablemente daría lugar a que todos los perros se parecieran mucho a los actuales perros asilvestrados: de tamaño medio, con orejas puntiagudas, hocicos alargados, colas rectas y pelaje marrón rojizo de longitud media, que sería más fino o más grueso dependiendo de su hábitat.
Sin embargo, a largo plazo, las poblaciones que quedaron aisladas geográficamente o debido a la especiación podrían evolucionar con características físicas distintas, moldeadas por cambios genéticos aleatorios o por la adaptación a un nicho específico.
Las estrategias de apareamiento y reproducción de los perros posthumanos no tendrían que cambiar tanto como su aspecto o su ecología alimentaria. Sin embargo, podría haber algunos cambios, ya que la selección natural favorece las estrategias que conducen a un mayor éxito reproductivo en ausencia de los humanos.
Entre ellas podrían estar un flirteo más prolongado y ritualizado, volver a entrar en celo una vez al año, como los lobos, en lugar de dos, y una mayor implicación de madres, padres, tías, tíos y de individuos ajenos a la familia en la crianza.

– Trabajo en equipo
En un mundo sin humanos podrían funcionar muchas formas diferentes de organización social, como la formación de parejas unidas, pequeños grupos y manadas más grandes.
Sin embargo, para tener éxito, los perros tendrían que perfeccionar sus habilidades sociales, incluyendo la comunicación de intenciones y la resolución de conflictos.
Como todos los animales sociales, los canes son capaces de aprender los unos de los otros y esto sería crucial para la supervivencia.
Las habilidades desarrolladas durante el periodo de socialización temprana de los cachorros serían especialmente importantes.
La vida interior de los perros posthumanos también cambiaría a medida que evolucionaran las habilidades cognitivas y la inteligencia emocional necesarias para interactuar con otros animales y convertirlos en miembros exitosos de las comunidades salvajes.
Puede que solo sea un experimento mental, pero puede ser útil ver a los perros como animales salvajes. Considerarlos así puede ayudarnos a pensar en cómo darles la mejor vida posible hoy en día, especialmente a los de compañía con los que compartimos nuestros hogares y que pueden vivir en condiciones sorprendentemente estresantes porque están cautivos y no pueden satisfacer sus necesidades e impulsos básicos sin nuestra ayuda.
Ya existe una increíble diversidad en la forma en que los perros se abren camino en el mundo y se relacionan con los humanos. Reconocerlo puede recordarnos que no existe un perro universal. Debemos tener cuidado de no hacer generalizaciones sobre lo que hacen o no hacen, o incluso sobre lo que es bueno o malo para ellos: hay que centrarse en los individuos.
Sin embargo, observar el comportamiento de los perros en libertad puede ayudarnos a identificar cómo tienden a comportarse cuando se les deja a su aire y así entender y apreciar mejor los antiguos impulsos que todavía acechan en el cerebro de los perros, influyendo en lo que hacen y en cómo se sienten.
Los que vivimos con perros de compañía debemos hacer todo lo posible para permitirles y animarles a realizar una amplia gama de comportamientos típicos y apropiados para un perro. Debemos dejar que utilicen sus sentidos (como su increíblemente activo olfato) y que se relacionen con otros perros si lo disfrutan, y también debemos crear vínculos fuertes con ellos que les ayuden a convertirse en los seres emocional y socialmente inteligentes que son por naturaleza.
Nuestro control sobre la cría de animales de compañía conlleva otra gran responsabilidad. Ciertos rasgos hacen que los perros se adapten mejor a diferentes condiciones y tengan más probabilidades de sobrevivir y disfrutar de la vida. Otros hacen lo contrario. Es difícil pensar en un escenario, futuro o presente, en el que los rasgos inadaptados sean buenos para un perro.
Deberíamos dejar de criar selectivamente mascotas por características que solo sirven a los deseos estéticos humanos, como el tamaño extremo, los pliegues excesivos de la piel, los ojos saltones y las caras aplastadas. No es agradable imaginar un mundo en el que los humanos no existen, pero es un ejercicio importante.
Cuando dejamos de situarnos en el centro de la imagen, de ser el centro de todo, podrá surgir un pensamiento mucho más fructífero y productivo. Nos ayuda a iluminar quiénes son los perros en sus propios términos y cómo nuestras relaciones con ellos pueden beneficiarnos a ambos. Todos salimos ganando.

– Es la vida de un perro
Los perros han coevolucionado con los humanos y seguramente se enfrentarían a algunos retos sin nosotros.
Sin embargo, también ganarían mucho física, psicológica y socialmente si las personas desaparecieran de repente.
Contras:
- No hay comida ni acceso a fuentes de alimentación humana.
- Mayor riesgo de enfermedades, lesiones y depredación por parte de otros animales.
- No hay atención veterinaria ni medicamentos para el dolor o el malestar psicológico.
- Pérdida de alojamiento confortable y aseo humano.
- Pérdida de compañía humana y de estimulación mental.
Pros:
- Control total sobre el movimiento, la reproducción y la vida social.
- No hay experimentación, ni peleas de perros, ni sobrealimentación, ni maltrato.
- No hay mutilación, como el corte de la cola, el descortezado ni el recorte de las orejas.
- Una mayor y más apropiada estimulación sensorial para el perro.
- No hay cría selectiva de rasgos debilitantes e inadaptados.
nuestras charlas nocturnas.
Mamíferos marinos del Estrecho, una historia de millones de años…

The conversation(A.T.Grande) — El estrecho de Gibraltar, paso marino situado entre el Atlántico y el Mediterráneo, es una de las zonas con mayor biodiversidad del planeta.
La mezcla de las frías corrientes oceánicas con las cálidas y densas aguas mediterráneas origina una gran abundancia en nutrientes que alimentan a muchas especies de peces y mamíferos marinos, tanto residentes como migratorias.
Pero esto no es nuevo. La extraordinaria riqueza paleontológica del sur de la península ibérica nos muestra que este fenómeno se viene produciendo desde hace al menos 12 millones de años.
– El estrecho no siempre estuvo ahí
Durante el Mioceno, la comunicación marina se producía a través del corredor o estrecho nordbético (actual cuenca del Guadalquivir), al sur de Iberia, y el corredor rifeño, al norte de África.
El corredor nordbético se extendía desde el golfo de Cádiz hasta Alicante, razón por la que encontramos fósiles de ballenas en Córdoba o Jaén.
Movimientos tectónicos provocaron el cierre de ambos corredores hace 6 millones de años. Este bloqueo atlántico desecó gran parte del Mediterráneo (crisis salina del Messiniense) hasta la apertura del actual estrecho de Gibraltar a comienzos del Plioceno (hace 5.3 millones de años).

– ¿Qué especies encontramos?
En las aguas pasadas, igual que en las presentes, nadaban una amplia variedad de especies de mamíferos marinos, como los cetáceos, que se dividen en dos grupos: misticetos (ballenas barbadas) y odontocetos (ballenas dentadas).

Los restos fósiles de misticetos son muy abundantes (principalmente vértebras, costillas y fragmentos de mandíbula). Ocasionalmente, aparecen algunos con gran parte de su esqueleto conservado en casi toda Andalucía, destacando Huelva con 14 ejemplares.
En general, se han identificado con la familia de los rorcuales (Balaenopteridae). Gracias a ciertos huesos diagnósticos, como las bullas timpánicas (oído interno), se ha determinado la especie para rorcual común (Balaenoptera cf. physalus) y la ballena jorobada (Megaptera cf. novaeangliae).
También hay registro de las familias Balaenidae y la extinta Cetotheriidae.
Mientras, entre las especies actuales encontramos al rorcual común, el aliblanco y el tropical; y a la ballena jorobada.

El registro de odontocetos es más escaso y está compuesto por dientes aislados, cráneos incompletos y restos postcraneales. En el sur peninsular se han podido distinguir diez taxones de seis familias. Los hay relacionados con los cachalotes (Physeteridae: cf. Zygophyseter, un cachalote tamaño orca; cf. Orycterocetus crocodilinus; Aulophyseter sp. y Physeteridae indet).
Otros están emparentados con los zifios (Ziphiidae), varias familias de delfines extintos como Platanistidae (Pomatodelphis sp.), Acrodelphinidae (Champsodelphis) y Kentriodontidae (Macrokentriodon),un delfín de unos 4-5 metros. Y con delfines actuales como Delphinidae (cf. Etruridelphis sp.) y los calderones (Globicephalinae: Astadelphis gastaldii).
Actualmente, contamos con el delfín común, listado y mular; la orca; la marsopa común; el calderón común y gris; el cachalote, el cachalote pigmeo y el enano, y los zifios de Gervais, de Blainville y de Cuvier. Algunas son especies residentes habituales y otras nos visitan ocasionalmente.

En cuanto a los pinnípedos fósiles, solo se han hallado tres taxones de dos familias actuales: Phocidae o focas verdaderas, representada por Homiphoca (Monachinae), emparentada con la foca monje, y un resto atribuido a la subfamilia Phocinae, próxima a la foca común. Por otra parte, un gran pinnípedo similar a un león marino (Otariidae).
Respecto a los actuales, la foca monje del Mediterráneo desapareció de nuestras costas durante el siglo veinte y solo es avistada esporádicamente. Raramente aparecen individuos de foca gris, común y de casco.

Más raros aún son los sirenios (vacas marinas, dugongos y manatíes), de los que solamente han aparecido algunos huesos y varios cráneos relativamente completos pertenecientes a Metaxytherium (Dugongidae).
Hoy día, los sirenios más cercanos son el manatí africano y el caribeño, o su pariente vivo más cercano, el dugongo, en el mar Rojo. Todos ellos en zonas ecuatoriales.

– Un paso de aguas tropicales
En el pasado, el mar era de cálido a subtropical, 6 ºC más que el actual, equivalente al de las islas Canarias. Lo corrobora la presencia de sirenios, propios de aguas tropicales vinculadas a manglares, como los que existieron en Almería, con arrecifes coralinos y praderas submarinas.
También aparecen especies de aguas más frías. Desde entonces se ha ido produciendo un enfriamiento de las aguas pasando a un ambiente templado.
En la actualidad, orcas y otros mamíferos marinos recorren estas aguas tras el atún rojo, la sardina, el boquerón y presas similares. Es muy probable que esto se produjera también en el antiguo corredor nordbético.

El estrecho de Gibraltar continúa siendo, tras millones de años, el lugar de residencia y tránsito migratorio para una gran variedad de mamíferos.
No obstante, su abundancia es menor debido a la acción antrópica (tráfico marítimo, explotación pesquera y destrucción de hábitats). La mayoría de estas especies se encuentran en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN.
Está en nuestra mano que la riqueza marina de estas aguas se preserve, como se ha mantenido durante millones de años.
nuestras charlas nocturnas.
Los mayores tesoros descubiertos en 2021, algunos en la basura…

Business Insider(A.Andrew/L.Ryerson/F.-Olito) — Los tesoros ocultos han estado casi siempre muy relacionados en la imaginería popular con asaltos de piratas, normalmente caracterizados por un personaje parecido al de Jack Sparrow.
Sin embargo, existen piratas desde que existe la navegación. Ya en el siglo V a. C, el mar Mediterráneo vivió la proliferación de estos, quienes se dedicaban a asaltar barcos asociados a zonas geográficas importantes.
Ahora bien, la historia de los tesoros ocultos, tanto en las profundidades del mar como en las capas superficiales terrestres, suelen esconder historias de guerras, saqueos o intentos de que el enemigo no se haga con el valioso tesoro.
Por ello, los piratas apenas tienen que ver en dichos relatos, sino más bien aquellos que ostentaban las joyas y reliquias, como los caudillos romanos, vikingos o, simplemente, terratenientes pudientes.
Año tras año, aficionados a la arqueología y equipos de exploración se disponen con un detector de metales y husmean por zonas de lo más variado, desde propiedades privadas de amigos hasta conjuntos en los que se sospechan tesoros.
Aquí encontrarás 6 tesoros que se han descubierto a lo largo de 2021, desde una Biblia muy peculiar hasta historias romanas que acontecen en las costas españolas.
Un paseo que terminó con el hallazgo de 50 joyas y reliquias de la Edad de Bronce

La suerte sonrió a un paseante, en abril de este mismo año, en la localidad de Alingsås (Suecia). Este caminante, Tomas Karlsson, se encontraba realizando la actualización de un mapa de la zona cuando de pronto se topó con un tesoro formado por 50 joyas y reliquias.
Al ser analizado por arqueólogos, descubrieron que este databa de la Edad de Bronce, es decir, que tenía al menos 2.500 años de antigüedad. Además, se sabe que fueron propiedad de una mujer de alta curnia de la época.
Sin embargo, encontrar estos tesoros es bastante común, ya que los animales suelen desenterrarlos. Aunque sin duda es una hazaña sorprendente.
El botín que ocultó un romano en España durante las invasiones bárbaras

Tampoco es extraño encontrar tesoros ocultos en el fondo del mar, aunque es bastante improbable. Para narrar este hallazgo hay que viajar hasta la bahía de Portitxol, en Alicante (España).
El 23 de agosto de este año, unos familiares realizaban actividades de buceo y dieron con lo que parecía una moneda de 10 céntimos, aunque sin el rostros de Felipe VI. En su lugar, aparecía una imagen griega o romana.
Siguieron indagando en las profundidades y lograron extraer un total de 53 monedas. Cuando los expertos analizaron el conjunto descubrieron que databan de los siglos IV y V, es decir, el fin del Imperio Romano.
Según diferentes hipótesis y haciendo un análisis de la época, se cree que el tesoro fue ocultado por un terrateniente romano de la época, por miedo a que las invasiones bárbaras dieran con su patrimonio.
El arqueólogo aficionado que encontró un tesoro de época pre-vikinga

Existen personas aficionadas a buscar metales, no solo para encontrar tesoros, sino también para hallar piezas que han quedado sepultadas por la historia de la geología. Así ocurrió a principios de 2021 con Ole Ginnerup Schytz, de Dinamarca.
Este aficionado preguntó a un amigo si podía buscar metales en su propiedad. Horas más tarde, había encontrado el que sería uno de los mayores tesoros de oro de época previkinga.
Enterrado hace 1.500 años por un caudillo de la Edad de Hierro, estaba conformado por 22 objetos de gran valor. El 3 de febrero de 2022 formará parte de una exposición vikinga en el museo Vejle.
El hallazgo de 15 kilogramos de monedas de plata

Probablemente, este sea el descubrimiento más reciente y, de no ser por el alicantino, sería también el más cercano. El hallazgo tuvo lugar en la ciudad de Augsburgo, en Baviera (Alemania) y estaba formado por más de 15 kilogramos de monedas de plata. En total, más de 5.500.
Estas son denarios, las monedas más comunes del Imperio Romano, aunque su valor es realmente elevado. Así, la suma de todas ellas se iguala al salario medio de un legionario de la época multiplicado por 15 veces.
Una Biblia peculiar que desenterró un matrimonio

De nuevo, los protagonistas son unos aficionados que se compran un detector de metales. En este caso hay que viajar hasta Gran Bretaña, en una propiedad cercana a la ciudad de York, donde un matrimonio hizo un hallago espectacular.
Estos, Buffy e Ian Bailey, pensaron que se trataba algún anillo cuando el detector de metales comenzó a pitar. Sin embargo, desenterraron un libro muy pesado y brillante. «Se veía absolutamente hermosa», confesó en una entrevista a la BBC Buffy.
El tesoro oculto tan solo pesaba 5 gramos y hace referencia a una Biblia dorada que data del siglo XIII, fabricada con oro de 22 o 24 quilates. En total, su valor asciende hasta las 100.000 libras (casi 120.000 euros).
Un conjunto hallado por el calentamiento global

Con el aumento de las temperaturas de los casquetes polares a causa del calentamiento global, también se deshielan gran cantidad de glaciares, una desgracia global que amenaza al planeta Tierra.
Sin embargo, gracias a este fenómeno, un equipo de Noruega pudo descubrir una simple vela de cera que había conservado el hielo frente al paso del tiempo.
Según investigadores del Museo de Historia Cultural de Oslo, gracias a la caja de madera de pino donde se escondía, se puede datar de hace alrededor de 500 años, ya que estas eran la única fuente de luz nocturna.
Aunque el dinero no es importante en este descubrimiento, la vela de cera relata historias comunes de otros tiempos, como las que tuvieron que pasar los propietarios de esta vela, la única defensa frente al frío y la oscuridad.
– 23 personas que descubrieron auténticos tesoros escondidos en su basura
A todo el mundo le encanta conocer historias como estas y fantasear con encontrar auténticas fortunas entre objetos viejos que permanecen acumulando polvo en un trastero oscuro.
En esta lista encontrarás 23 casos de personas que han conseguido ganar mucho dinero solo por revisar sus viejos objetos.
Desde un granjero que usó un meteorito valorado en 100.000 dólares (84.000 euros) para cerrar una puerta hasta otro hombre que compró una copia original de la Declaración de Independencia de Estados Unidos sin saberlo y por muy poco dinero.
Una botella de coñac oculta en una bodega resultó ser una de las más antiguas del mundo y se valoró en 150.000 dólares (126.600 euros)

En 1870, un hombre llamado Alphonse fue a la comuna de Cognac para buscar trabajo en los viñedos, y se le pagó en botellas de coñac. 3 de esas botellas fueron encontradas décadas después en buen estado de conservación en la bodega de su familia.
En 2020, la botella más grande, un Cognac Gautier de 1762, fue subastada por Sotheby’s y vendida por 126.600 euros. La bebida, que fue embotellada en 1840, se convirtió en «el coñac más antiguo jamás vendido en una subasta».
Los expertos dicen que la botella debería seguir siendo bebible después de casi un siglo.
Una mujer se enteró de que un cuadro que había estado colgado en su cocina durante años valía 26,8 millones de dólares (22,6 millones de euros).

Una mujer de Compiegne, Francia, decidió vender su casa y contrató a un subastador para tasar sus pertenencias. El subastador rápidamente se fijó en una pintura colgada en la cocina.
Resultó que la pintura era del siglo XIII de la obra del artista florentino Cimabue. El cuadro, conocido como Cristo Burlado, es parte de una serie de pinturas que representan la crucifixión de Jesús.
La obra se subastó y se vendió por 26,8 millones de dólares (22,6 millones de euros), 4 veces el precio esperado.
«Si lo piensas, este cuadro ha existido durante varios cientos de años; probablemente ha pasado por mucho», dijo Xavier F. Salomon, el jefe de la Frick Collection, al Washington Post. «Ha pasado por la Revolución Francesa. Ha pasado por varias guerras. Las obras de arte son más resistentes de lo que la gente cree.»
Un hombre encontró un viejo videojuego de Nintendo en el ático de su casa y lo vendió por 9.000 dólares (7.600 euros).

Cuando Scott Amos estaba limpiando la casa de su infancia en Reno, encontró un videojuego sin abrir de Nintendo, llamado Kid Icarus en una bolsa de la compra. El recibo en la bolsa decía que el juego fue comprado por 38,45 dólares en JCPenney.
Pero Valarie McLeckie, director de consignaciones de videojuegos de Heritage Auctions, indicó a la revista Time que podría valer mucho más.
«Encontrar un videojuego antiguo sin estrenar, en tan buenas condiciones y con una procedencia tan transparente, es un hecho inusual y bastante histórico«, dijo. «Creemos que la procedencia añadirá una prima significativa para los coleccionistas.»
El juego se vendió por 9.000 dólares (7.600 euros).
Aunque Amos afirmó no recordar haber comprado el videojuego, cree que se suponía que era un regalo de Navidad debido a la fecha que aparecía en el recibo.
Aseguró que planeaba repartir el dinero con su hermana mayor y hacer un viaje familiar a Disney World.
Una familia británica descubrió que una pieza de ajedrez que llevaba en su casa varios años valía 1,2 millones de dólares (1,01 millones de euros).

En 1831, un tablero de ajedrez medieval con piezas de marfil de morsa fue encontrado en la Isla de Lewis. Sin embargo, faltaban 5 piezas del juego.
Se tardaron 200 años en añadir otra pieza. Una familia de Edimburgo la llevó a Sotheby’s en 2019.
El abuelo de la familia compró la pieza 55 años antes por 6 dólares (5 euros), y se la dio a su familia. Dicha familia la llevó a Sotheby’s, donde el personal la reconoció como una de las piezas de ajedrez Lewis del siglo XII/principios del XIII que faltan y que ahora se exhiben en el Museo Británico y en el Museo Nacional de Escocia en Edimburgo.
Se dice que la pieza vale 1,2 millones de dólares (1 millón de euros), según la BBC.
Un hombre encontró artículos que una vez pertenecieron al ex primer ministro Winston Churchill en un basurero. Resultaron valer más de 13.000 dólares (11.000 euros).

David Rose trabajó en un vertedero durante 15 años y durante una de sus jornadas encontró un verdadero tesoro enterrado en la basura.
«He trabajado allí durante 15 años y puedo sacar lo que quiera, sobre todo antigüedades», dijo a The Telegraph.
De los escombros, Rose sacó un sombrero de copa, un cigarro y una colección de cartas. Presentó los artículos en el Antiques Roadshow de la BBC en marzo de 2019, y se enteró de que los artículos habían pertenecido al ex primer ministro Winston Churchill. Un especialista valoró sus hallazgos en más de 13.000 dólares (11.000 euros).
Rose describió el precio como «una locura», y se negó a nombrar el lugar exacto en el que encontró los objetos.
Una pintura perdida hace mucho tiempo fue encontrada en un ático francés y tiene un valor estimado de 171 millones de dólares (144,4 millones de euros).

Un ático en Toulouse estaba lleno de juguetes, relojes y ropa, todos ellos acumulando polvo durante años. Pero en 2014, sus dueños encontraron algo entre la basura que valía millones: una pintura original del artista renacentista Caravaggio.
La pintura representa el relato bíblico de una mujer llamada Judith que decapita a Holofernes en el Antiguo Testamento. Caravaggio pintó 2 versiones de la misma imagen. Esta versión se había perdido durante décadas hasta que apareció en este ático.
Aunque algunos piensan que la pintura no es real, se estima que puede valer entre 114 y 171 millones de dólares.
Una mujer compró un anillo por 13 dólares (11 euros) en los 80, y 30 años después se enteró de que en realidad vale más de 800.000 dólares (675.500 euros)

Una mujer compró lo que pensó que era un anillo de diamantes falso en el Hospital West Middlesex de Londres en la década de 1980. Pagó sólo 13 dólares (11 euros), y lo usó casi todos los días durante 30 años. Pero, en 2017, la mujer, que deseaba permanecer en el anonimato, se enteró de que el anillo era en realidad un diamante de 26 quilates.
«A principios de este año se le ocurrió comprobar por primera vez si tenía algún valor«, dijo Jessica Wyndham de Sotheby’s a la BBC. «Fue una total sorpresa para ella cuando el joyero dijo que parecía un diamante.»
El anillo tenía un precio original de más de 400.000 dólares (338.00 euros), pero fue vendido por 847.667 dólares (715.760 euros) en una subasta.
Un par de zapatillas encontradas en un centro comercial abandonado resultaron ser de Michael Jordan y se dice que valen 20.000 dólares (16.900 euros).

Larry Awe, un trabajador de mantenimiento del centro comercial Capitol Court de Milwaukee, estaba limpiando el almacén antes de que el centro comercial fuera demolido. Encontró un par de zapatillas enterradas en la basura. Pero, Awe supo rápidamente que estos zapatos tenían un gran valor.
Awe reconoció la firma de Michael Jordan en un lado de un zapato y recordó que estas zapatillas estaban de exhibición en la tienda de ropa deportiva, Playmakers, hacía años.
«Yo era un gran seguidor del baloncesto, y muchas veces me fijaba en las nuevas zapatillas que exponían las tiendas del centro comercial», dijo Awe al Milwaukee Journal Sentinel.
Las zapatillas eran de la talla 48.
Ahora, Awe está intentando vender los zapatos en una subasta y muchos creen que se venderán por 20.000 dólares (16.700 euros).
Un hombre descubrió que la piedra con la que cerraba su puerta era en realidad un meteorito que valía 100.000 dólares (84.000 euros)

Un hombre de Michigan descubrió que la roca de 10 kilos que había usado como tope de puerta durante más de 30 años era en realidad un meteorito. Según la CNN, el hombre llevó el meteorito a la Universidad Central de Michigan para que lo examinara la profesora de geología Mona Sirbescu.
«Es el ejemplar más valioso que he tenido en mi vida», dijo Sirbescu a CNN.
El hombre, que ha elegido permanecer en el anonimato, dijo que consiguió el meteorito en 1998 después de comprar una granja. El anterior propietario le dijo que la roca era un meteorito que cayó en algún momento de los años 30 pero no le creyó.
Con un peso de 10 kilos y compuesto de 88,5% de hierro y 11,5% de níquel, se estima que el meteorito vale 100.000 dólares (84.000 euros).
Esta mujer no se dio cuenta de que el plato que tenía colgado en su cocina fue diseñado por Picasso.

Una mujer de Rhode Island compró un plato de cerámica en 1970 por menos de 100 dólares (84 euros). Después, decidió colgarlo en su pared encima de la estufa, donde acabó con una gran capa de grasa a lo largo de los años.
Afortunadamente, ni siquiera la suciedad pudo ocultar los verdaderos orígenes del plato. En 2014, la mujer fue a tasarlo al programa de televisión Antiques Roadshow y descubrió que era la propietaria de un plato Madoura diseñado por Picasso en 1955 y valorado en 10.000 dólares (8.400 euros).
Un hombre se hizo millonario después de comprar accidentalmente una copia original de la Declaración de Independencia.

Cuando un analista financiero compró un viejo cuadro en un mercado por 4 dólares en 1989, no tenía ni idea de que una vieja copia de la Declaración de la Independencia estaba detrás de un desgarro en el lienzo. El hombre se había topado con una de las 500 copias oficiales de la primera impresión en 1776.
La casa de subastas Sotheby’s la vendió en 1991 por 2,42 millones de dólares (2 millones de euros), una cifra sin precedentes.
«Fue, con mucho, el precio más alto que se ha pagado en toda la historia por este documento», dijo entonces David Redden, el subastador y ex vicepresidente senior de Sotheby’s en Manhattan.
Una pareja descubrió varios coches clásicos de más de 100 años de antigüedad.

9 de cada 10 veces, lo más interesante que encontrarás en un viejo granero es un montón de paja. Pero, cuando dos «especialistas en automóviles» se toparon con un granero con 100 años de antigüedad en la Francia rural encontraron un gran tesoro.
El granero estaba lleno de coches clásicos por valor de 18 millones de dólares (15,2 millones de euros) que un hombre llamado Roger Baillon había guardado y luego se olvidó de ellos.
«Este tipo de cosas no suceden con frecuencia», dijo Matthieu Lamoure, director general de Artcurial Motorcars, en un comunicado de prensa.
Un pescador descubrió que tenía guardada debajo de su cama la perla más grande del mundo.

Según un informe en el Palawan News local, un hombre en Filipinas descubrió este tesoro cuando estaba pescando.
Al sacar lo que había encontrado descubrió una almeja gigante que albergaba una enorme perla. El hombre decidió guardar la perla como una señal de buena suerte, que más tarde regaló a su tía después de que un incendio destruyera su casa.
Esta perla, que está pendiente de ser autentificada puede convertirse en la mayor perla natural del mundo y podría valer 100 millones de dólares (84 millones de euros).
La NASA subastó accidentalmente un valioso artefacto del Apolo 11 a una mujer llamada Nancy de Chicago por 995 dólares (840 euros).

Neil Armstrong y Buzz Aldrin hicieron historia cuando se convirtieron en los primeros en pisar la Luna en 1969. Durante su estancia allí recogieron varias muestras en una bolsa, que la NASA subastó accidentalmente a una mujer de los suburbios de Chicago llamada Nancy Carlson por sólo 995 dólares (840 euros) en 2016.
A pesar de los intentos de la NASA de recuperar el artefacto de la misión del Apolo 11, Carlson vendió con éxito la bolsa de polvo lunar por 1,8 millones de dólares (1,5 millones de euros) en una subasta de Sotheby’s en la ciudad de Nueva York en 2017.
Una mujer pensó erróneamente que su marco de fotos era más valioso que el cuadro de Renoir que había dentro.

Cuando una vecina de Shenandoah Valley en Virginia encontró un viejo cuadro en una caja de baratijas de 6,90 dólares (5,80 euros) en un mercadillo, se lo llevó a casa y reutilizó el marco de oro adornado, guardando el cuadro real en su ático.
Años más tarde, después de mudarse de su casa, la madre de esta joven le insistió para que concertara una cita con un tasador de una casa de subastas. Resultó ser una suerte, porque se confirmó que la pintura era un original de 1879 del famoso impresionista francés Pierre-Auguste Renoir, valorado entre 75.000 y 100.000 dólares (84.000 euros).
Este hombre compró un cuadro de Warhol por menos de 5 dólares (3,9 euros).

Cuando Andy Fields, un hombre de negocios de Tiverton, Inglaterra, compró 5 bocetos por 5 dólares en una venta en Las Vegas, no pensó mucho en ellos, a pesar de que el vendedor afirmó que los bocetos pertenecían a su tía que solía cuidar a Andy Warhol.
Fields descubrió la firma de Warhol en el reverso de un boceto cuando fue a renmarcar la imagen, que está valorada en poco más de 2 millones de dólares (1,7 millones de euros).
Un cazador de gangas encontró lo que creía que era una imitación de un Picasso muy bien hecha.

Cuando Zach Bodish, de 46 años, encontró un cuadro en una tienda de segunda mano que tenía la palabra Picasso, asumió que el boceto era una reproducción particularmente bonita y lo compró por 14,14 dólares (12 euros).
La pieza nunca fue tasada oficialmente, pero Bodish pudo venderla a un comprador privado por 7.000 dólares (5.900 euros).
Un hombre usó una pintura increíblemente valiosa para tapar un agujero en su pared sin darse cuenta de lo que tenía entre sus manos.

El propietario de un cuadro llamado Magnolias en Terciopelo Dorado del pintor americano del siglo XIX Martin Johnson Heade lo compró originalmente por «casi nada» y habría ignorado el valor del cuadro para siempre si no hubiera jugado un juego de mesa sobre el arte llamado Masterpiece que hablaba sobre una pintura similar.
Antes de su descubrimiento, el propietario había colgado la obra sobre un agujero en su pared; en 1999, el Museo de Bellas Artes de Houston le pagó 1,25 millones de dólares (1,06 millones de euros) por ella.
Un coleccionista se topó con una fotografía de Billy ‘el niño’ (famoso bandido estadounidense) valorada en 5 millones de dólares (4,2 millones de euros).

Una foto de 2,4 por 5 pulgadas que Randy Guijarro encontró en una caja de cartón en una tienda de chatarras en Fresno, California, en 2010, resultó tener un valor de 5 millones de dólares (4,2 millones de euros), según una empresa de California que confirmó que era una de las dos únicas imágenes certificadas del famoso bandido Billy el niño.
Kagin’s, una empresa especializada en monedas raras y Western Americana, dijo que la foto muestra a Billy y a varios miembros de su pandilla del condado de Lincoln «jugando a un tranquilo juego de croquet junto a amigos, familiares y parejas a finales del verano de 1878».
Este hombre compró una fotografía del siglo XIX en eBay por sólo 13 dólares (11 euros) sin darse cuenta de que era un retrato extremadamente raro del delincuente Jesse James.

Justin Whiting estaba navegando por la página de eBay en julio de 2017 cuando se encontró con una foto que le pareció muy similar a la de Jesse James, un famoso delincuente americano.
Whiting compró la foto por unos 13 dólares (11 euros) y se la llevó al experto en fotografía del siglo XIX, Will Dunniway, quien confirmó que la foto muestra a Jesse James cuando tenía 14 años. Se estima que la foto vale más de 2 millones de dólares (1,7 millones de euros).
Una mujer regaló a su hija un broche que resultó ser una auténtica joya real.

Thea Jourdan compró un broche en una tienda local por 27,56 dólares (23,3 euros) y se lo regaló a su hija Imogen de cuatro años, a la que le encantaba jugar a disfrazarse. Imogen se puso el broche incontables veces, y al poco se dieron cuenta Jourdan y su hija de que el broche era en realidad una pieza de joyería de principios del siglo XIX, que probablemente formaba parte de la tiara o collar real de una zarina rusa.
La piedra topacio de 20 quilates se estimó que valía alrededor de 5.513 dólares (4.600 euros).
Este hombre se dio cuenta de que su vieja manta era una reliquia valorada en 1,5 millones de dólares (1,27 millones de euros).

Loren Krytzer no tuvo suerte en 2012; no sólo acababa de perder unapierna después de un casi fatal accidente de coche, sino que también había estado dependiendo de una paga mensual de 200 dólares.
Entonces vio una manta valorada en medio millón de dólares en Antiques Roadshow, y se dio cuenta de que había estado guardando una similar en su armario durante años. La llevó a una sala de subastas de California donde se vendió por 1,5 millones de dólares (1,27 millones de euros).
La manta en cuestión era una manta del pueblo navajo del siglo XIX y había sido usada una vez por la abuela de Krytzer para tapar gatitos recién nacidos cuando nacían.
Los amantes de la comida rápida podrían tener una fortuna en sus neveras.

En 1998, McDonald’s ofreció a los clientes una salsa szechuan por tiempo limitado como parte de la promoción de la nueva película animada de Disney Mulán.
Después de que la promoción de la película terminara, la salsa desapareció, al menos hasta que apareció en un episodio de Rick y Morty de Adult Swim, que se estrenó en abril de 2017. La serie mencionaba la salsa, y los fans querían volver a probarla.
Un puñado de entendidos fans de McDonald’s reconocieron que el fenómeno era una oportunidad de negocio lucrativa y hurgaron en sus casas con la esperanza de encontrar un viejo paquete de salsa szechuan. Muchos fueron a eBay para vender sus viejos paquetes de salsa: un bote se vendió por la asombrosa suma de 15.350 dólares (13.000 euros) en eBay.
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FIAT, un símbolo de 125 años…

Ansa Latina — Fiat cumple 125 años: fue fundada el 11 de julio de 1899 como Società Anonima Fabbrica Italiana di Automobili Torino y, durante todo el siglo XX, ha sido una industria símbolo del capitalismo italiano.
Entre los inversores se encontraba Giovanni Agnelli, el abuelo del abogado: el primero de los Agnelli, fundador de una dinastía que aún lidera el grupo.
Fiat ha elegido celebrar un aniversario tan significativo en el Lingotto Track 500, con el gobierno – representado por el ministro de Empresa y Made in Italy Adolfo Urso, la vicepresidenta del Senado Licia Ronzulli y el presidente de la Comisión de Actividades Productivas de la Cámara de Diputados, Alberto Luigi Gusmeroli – con el presidente de la región de Piamonte, Alberto Cirio, y el alcalde de Turín Stefano Lo Russo, con los sindicatos.
También es el día elegido para el debut oficial del nuevo Grande Panda, inspirado en el modelo de los años 80, que se producirá en la planta de Stellantis en Serbia y será tanto eléctrico como híbrido.
Los 125 años de Fiat están estrechamente entrelazados con la historia de Italia.
Modelos como el 508 Balilla de 1932 y el 500 Topolino iniciaron la primera motorización masiva para los italianos.
Otros como el 600 y el Nuova 500 lanzados el 4 de julio de 1957 acompañaron a Italia en el boom económico.
En Turín, en particular, se cruzaron los destinos del movimiento obrero y de las grandes empresas, desde el terrorismo hasta los años de huelgas, desde la marcha histórica de los cuarenta mil en la crisis de 2004 cuando del borde del abismo la salvó Sergio Marchionne.
Con dos momentos clave: la fusión con Chrysler y el nacimiento de FCA en 2014 y la de PSA que dio vida a Stellantis en 2021. Hoy Fiat es una de las 14 marcas de Stellantis (15 con la china Leapmotor), presidida por John Elkann. Es la marca más vendida del grupo, con el Panda en lo más alto de las listas desde hace doce años, y el 500, un símbolo desde su nacimiento en 1957 y hoy también en versión totalmente eléctrica.
Basta con desplazarse por la lista de modelos creados a partir de fines de la década de 1970 para reconocer que hay un Fiat anterior a Giugiaro y un Fiat posterior a Giugiaro.

En los 125 años de vida de la gran marca italiana, que se celebran hoy, el punto de inflexión de 1976 es ciertamente decisivo.
De hecho, en el verano de ese año, Fiat encargó a Giorgetto Giugiaro que desarrollara el nuevo automóvil pequeño que se identificó internamente con el nombre de Zero y que se convertiría en el éxito mundial de Panda.
Giorgetto Giugiaro, que comenzó su carrera en el Departamento de Estudios de Diseño de Vehículos Especiales de Fiat en 1955, explicó a ANSA en una entrevista exclusiva su relación con la empresa turinesa y sus proyectos.
«La oportunidad de mi vida – recuerda el gran diseñador – se me ocurrió cuando uno de mis profesores de Bellas Artes me aconsejó adquirir experiencia en el sector industrial mientras esperaba hacer el examen para ingresar en la Academia de Bellas Artes. De hecho, él creyó que esta oportunidad me habría permitido ampliar mi creatividad, dándome mayores posibilidades de emerger y de realizarme profesionalmente haciendo uso de mis habilidades pictóricas/ilustrativas aplicadas en diferentes campos. Presenté algunas obras en una exposición estudiantil en 1955 , donde me llamó la atención el director técnico de Fiat, Dante Giacosa».
«Me contrataron en Fiat y tres meses después me incorporé al Departamento de Estudios de Diseño de Vehículos Especiales como ilustrador para visualizar las ideas de los creativos en bocetos», detalló.
Agregó que permaneció en Fiat durante cuatro años, un período, dijo, que fue su «universidad».
«Aquí comencé a diseñar automóviles, pero también productos industriales como trenes, autocares e incluso componentes como asientos y refrigeradores. Diseñé en papel satinado y papel Canson, utilicé acuarela y témpera como técnica para ilustrar e hice los dibujos ‘fotorrealistas’. Mis jefes me notaron inmediatamente también porque dibujaba muy rápido, y para gran asombro de mis compañeros me confiaron muchos proyectos», rememoró.
Para coronar la primera parte de su carrera, que lo vio involucrado en Bertone y en Ghia, hasta el nacimiento en 1968 de Italdesign, la empresa independiente creada por Giorgetto Giugiaro con Aldo Mantovani, le hizo el encargo para el modelo Panda.
«El Panda es uno de los proyectos a los que estoy más apegado – continuó- porque, aunque muy radical y simple, se caracteriza por la utilidad, la esencialidad, la versatilidad y la practicidad. El Panda fue un ganador porque era un coche lógico. Empezamos con unas instrucciones claras de Carlo De Benedetti (que acababa de incorporarse a Fiat como director general junto a Romiti, ndr.) que indicaba que tenía que ser un coche francés, un coche pequeño para todos, económico y con poco coste, tanto en términos de producción como de precio final al público».
«Me gusta recordar también nuestra gran contribución – subrayó- a la solución 4×4. Proponer una versión con tracción a las cuatro ruedas para el Salón del Automóvil de Turín de 1980 fue una iniciativa nuestra espontánea que luego adoptó Fiat, confiando su desarrollo a Steyr-Puch».
Después de Giugiaro, la contribución de Italdesign al Grupo Fiat fue importante, detalló el gran diseñador turinés.
«Además del Fiat Panda, he diseñado el Uno, Croma, Punto, el nuevo Croma, Grande Punto y Sedici. Y a lo largo de los años, la colaboración con el Grupo Fiat nos ha visto involucrados para la marca Lancia en Delta, Thema y Prisma. Y para Alfa Romeo en 156 restyling y 147 restyling, luego Brera Coupé y Cabrio, y finalmente en 159 y 159 Sportwagon», enumeró.
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El origen de los apodos de reyes en españa: de alfonso x «el sabio» a pepe botella…

National Geographic(C.Vacas) — Establecer una fecha exacta para el nacimiento de la monarquía en España es una tarea compleja, que exigiría a su vez determinar cuándo el territorio se unificó y se convirtió en un estado. A lo largo de los últimos siglos, los historiadores han elegido el matrimonio de los Reyes Católicos, en 1469, como punto de partida, a partir del cual esta forma de gobierno ha sido la predominante en el país.
En lo que sí están de acuerdo los expertos es en que la primera figura en utilizar el título de Rey fue el nieto de Fernando V e Isabel I de Castilla, Carlos I de España, que no solo fue coronado como tal en 1516, sino que además desde 1519 fue el V Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Tal fue su poder que, en su momento, se le conoció como «el César», en una evidente referencia al emperador que gobernó Roma hasta el 44 a.C.
Lo cierto es que el significado de su apodo es muy explícito y, por lo tanto, no requiere de una extensa explicación. Sin embargo, no sucede lo mismo con otros reyes de la historia de España: fuese por burla o por admiración, la mayoría de personas que pasaron por el trono en este país han recibido sobrenombres, algunos más creativos que otros. Desde la archiconocida Juana la Loca, hasta Pepe Botella, hagamos un recorrido por el origen de estos apelativos que han logrado sobrevivir al paso del tiempo.
– Poner apodos, una práctica habitual en Europa
Los registros de históricos demuestran que asignar apodos no es una práctica nueva. Las razones para hacerlo podían ser varias, al igual que en la actualidad: desde distinguir a dos personas que tienen el mismo nombre, hasta resaltar una característica física o psicológica del individuo, o incluso poner en valor su profesión, o la de sus progenitores.
Los pintores renacentistas son un ejemplo claro de este último caso. Y es que, al contrario de lo que siempre hemos creído, Tintoretto o Botticelli no eran nombres reales, sino sobrenombres: el primero, llamado en realidad Jacopo Robusti, fue bautizado popularmente como tal por el trabajo de su padre, que era tintor. Por su parte, Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi era conocido como Botticelli porque a su hermano mayor, que padecía obesidad, lo llamaban botticello (que se traduce como un enorme barril).

Con esto, la habilidad humana para etiquetar de una forma u otra a las personas revela no solo la posesión de creatividad, sino también de malicia, como se observa en alguno de los ejemplos anteriores. Y claro queda que, con personajes naturalmente expuestos a ser amados u odiados por la población, esto sucedía con todavía más frecuencia.
– Los reyes españoles no fueron una excepción
Con respecto a la monarquía, y específicamente la española, sus sobrenombres no solo nos permiten recordar mejor a cada uno de sus personajes (y es que, por ejemplo, en el árbol genealógico de la Familia Real actual hay siete Felipes), sino también comprender cómo eran vistos por la gente de su época: ¿destacaron por sus logros? ¿Eran queridos por el pueblo? ¿O acaso alguno de ellos nunca fue reconocido como rey?
El apelativo de Alfonso X lo deja muy claro. Él era conocido como «el Sabio», por sus contribuciones al ámbito de la cultura y la ciencia, a través de las cuales promovió la traducción de grandes obras literarias al castellano y la posterior creación del «Código de las Siete Partidas», un documento legal que influyó en el derecho español.
También dice mucho de Felipe I el apodo que se le adjudicó: «el Hermoso». Y sí, este le vino dado por sus atributos físicos. Al parecer, y según los cánones de belleza de la época, se trataba de un hombre apuesto, atractivo y muy admirado. No corrió la misma suerte su esposa, Juana I de Castilla, mal llamada «la Loca», que recibió este sobrenombre por sufrir supuestamente una enfermedad mental, aunque fuentes más recientes hayan apuntado a una conspiración por parte de sus parientes.
¿Y qué hay de Pepe Botella? Lejos de ser el nombre de un bar del siglo XXI, este fue el apodo jocoso que los españoles dieron a José I, hermano de Napoleón Bonaparte, en base a la percepción de que era alcohólico. Pero, cierta o falsa, la realidad es que fue bautizado como tal porque se trataba de un rey impopular, considerado impuesto durante la ocupación francesa en el país.

Otros monarcas, más allá de los archiconocidos mencionados, no se salvaron de ser etiquetados. Esta era la razón detrás de sus apodos:
- Jaime I «el Conquistador»: recibió este nombre porque durante su reinado conquistó Mallorca y Valencia, consolidando así el poder aragonés en el Mediterráneo.
- Carlos II «el Hechizado»: fue bautizado como tal porque sus discapacidades físicas y mentales, probablemente fruto de la endogamia de los Habsburgo, le impidieron engendrar un heredero. Esta condición le provocó angustia y además, le convenció de que era víctima de un conjuro demoníaco.
- Felipe V «el Animoso»: este sobrenombre se debe a los repentinos cambios de ánimo del monarca, que le obligaron a dejar temporalmente el trono a su hijo Luis.
- Isabel de Borbón, «la de los Tristes Destinos»: fue llamada así por las desgracias vividas durante su reinado, que hicieron que terminase su vida en el exilio, en Francia.
- Alfonso XIII «el Africano»: se le conoció como tal por su interés colonial en el Magreb y su importante papel en la guerra de Marruecos. Así, su apodo fue el reflejo de su deseo por expandir la influencia española en el norte de África.
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La legendaria gata “Brunilda” y la historia detrás de la icónica fotografía de la “valquiria felina”…
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Infobae(L.A.Flores) — Suéteres, playeras, camisas, zapatos y hasta gorros son algunas de las cosas que los dueños colocan a sus gatos para abrigarlos del frío o simplemente para hacerlos ver mejor. En 1936, una felina atigrada fue más allá. Su propietario le colocó un casco con alas, pechera y mallas de metal para caracterizar a la legendaria Brunilda.
Brunilda es una valquiria y personaje principal de la saga Volsunga, texto islandés escrito en prosa a finales del siglo XIII que relata las proezas de un héroe germánico, así como protagonista de la ópera de Wagner conocida como “El anillo del nibelungo”.
Su fotografía fue digitalizada y compartida para su libre uso por la Library of Congress de Estados Unidos a principios de 2023 y rápidamente inundó las redes sociales, provocando reacciones de todo tipo entre los internautas, principalmente de asombro y admiración por el peculiar “outfit” de la gata bautizada como “Brunnhilde”.
– La historia detrás de la foto
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Son dos las fotografías que inmortalizaron a la curiosa y aparentemente paciente gata. En la primera se le observa mirando fijamente hacia la cámara mientras porta un casco metálico con alas, al igual que su icónica pechera y capa.
Algo en común entre las dos fotografías, además del disfraz, es el título, pues el artista colocó la leyenda “Brunnhilde” escrita a mano debajo de ambas imágenes.
En un blog de la biblioteca, Kristi Finefield especialista en referencias de la división de grabados y fotografías de la Library of Congress, detalló un poco de la historia de la imagen de la felina.
De acuerdo con Finefield, forma parte de una exposición de la biblioteca titulada “Not an Ostrich: & Other Images from America’s Library” (No es una Avestruz: y Otras Imágenes de la Biblioteca de Estados Unidos) que abarca la historia de la fotografía desde 1839 hasta la actualidad.
La imagen de la gata caracterizada como Brunilda data de 1936, sin embargo, Finefild dijo desconocer si representa a la valquiria protagonista de la ópera de Wagner, de la mitología nórdica anterior o de una leyenda germánica, lo único que sabe a ciencia cierta es que se convirtió en “uno de los rostros más queridos de la exposición”.
Jan Grenci, también especialista en referencias de la división de grabados y fotografías, pensó en que quizá las demás personas del público disfrutarían viendo la caracterización de la felina, por lo que decidió escanearla y añadirla al catálogo en línea. “Así que disfruten de otra vista de la gata fotogénica”, escribió Finefild.
Un artículo de la época asegura que la foto fue tomada por A. E. Weidhaas, quien leía el periódico una mañana en su casa ubicada en Old Greenwich, EEUU, cuando su calma se vio interrumpida por un maullido en el patio trasero.
Al abrir la puerta para investigar, descubrió a una sucia gata deambulando por el lugar. Weidhaas le permitió entrar a su casa, le dio un plato lleno de leche y durmió durante 24 horas seguidas.
Cuando despertó de su prolongado sueño, recibió un baño por parte de uno de los miembros de la familia. “…Bien podría encabezar la lista. Es el único gato registrado que posará sin mover un largo bigote…”, escribieron sobre la capacidad de la gata para permanecer completamente quieta.
– Horatio no quiso quedarse atrás
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El éxito de la fotografía en redes sociales conmovió a miles de personas y felinos, llegando incluso a inspirar a Horatio, el gato mascota de una de las trabajadoras de la Centre County Library de EEUU que promueve la lectura mediante el uso de diferentes disfraces.
En aquella ocasión, como no podía ser de otra forma, portó un traje de lentejuelas y un casco con alas mientras orgullosamente posaba junto a la fotografía de Brunilda y el libro “A Cat’s Tale: A Journey Through Feline History” (El cuento de un gato: un viaje a través de la historia felina) de Paul Koudounaris.
