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Curiosamente, el puente de Londres ahora se encuentra en el desierto de Arizona…


La inauguración del Nuevo Puente de Londres (terminado en 1831) por George Chambers.

Ancient Origins(C.Bogaard) — En un giro inesperado de la historia, el famoso Puente de Londres ahora se alza orgulloso en el desierto de Arizona. Su viaje desde el corazón de Londres hasta el suroeste de Estados Unidos es un testimonio del pasado histórico del puente, que resume siglos de evolución arquitectónica y su sorprendente reubicación transatlántica.

– La historia del puente de Londres: una historia de muchas encarnaciones

El Puente de Londres tiene una historia que se remonta a la época romana. La primera versión conocida fue una estructura de madera construida por los romanos alrededor del año 50 d.C. Hecho de madera y arcilla, sirvió como un cruce vital sobre el río Támesis. Sin él, es posible que Londinium no hubiera florecido hasta convertirse en el Londres que conocemos hoy.

Sin embargo, no fue hasta el siglo XII que el icónico puente de piedra que asociamos con el Puente de Londres comenzó a tomar forma. El Puente Viejo de Londres, terminado en 1209, presentaba una serie de arcos de piedra cubiertos de tiendas y casas.

Durante más de 600 años, este puente fue el único que daba servicio a toda la ciudad, generando enormes ingresos para la City of London Corporation, fundada en 1067.

Vista del Puente Viejo de Londres por Claude de Jongh, alrededor de 1632. 

A pesar de su encanto medieval, a lo largo de los siglos enfrentó numerosos desafíos, incluida la congestión y problemas estructurales. Sus soportes de piedra ocupaban más del 80 por ciento del lecho del río, lo que significaba que actuaba como una presa.

En el siglo XIX, quedó claro que se necesitaba un nuevo puente para dar cabida a la creciente población y las demandas de tráfico de Londres.

La construcción del nuevo puente de Londres comenzó a unos 30 metros (100 pies) río arriba. Diseñado por el ingeniero John Rennie, se completó en 1831. Una vez demolido su predecesor, el nuevo puente de Londres sirvió como símbolo del progreso y la prosperidad de Londres durante la época victoriana.

El nuevo puente de Londres presentó un diseño más robusto con cinco arcos de granito y un espacio de navegación mejorado para los barcos que pasaban por debajo. Sin embargo, a mediados del siglo XX, la infraestructura del puente mostraba signos de deterioro, lo que provocó debates sobre su futuro.

El famoso Puente de Londres fue comprado en Londres y reconstruido en Ciudad del Lago Havasu en el desierto de Arizona. 

– Un viaje transatlántico: el puente de Londres y su traslado a Arizona

El destino del Puente de Londres dio un giro imprevisto en la década de 1960 debido a la creciente demanda de espacio para vehículos de motor. En lugar de demoler la estructura histórica, se puso a la venta. A pesar del escepticismo, en 1968 el empresario estadounidense Robert P. McCulloch compró el puente por 2,46 millones de dólares.

La visión de McCulloch era transportar el puente a la ciudad del Lago Havasu, Arizona, donde se convertiría en una pieza central de una comunidad turística planificada.

El ambicioso proyecto de ingeniería implicó desmantelar el puente piedra por piedra y enviarlo a través del Océano Atlántico hasta su nuevo hogar en el desierto de Arizona. En el transcurso de tres años, el puente fue reconstruido minuciosamente sobre un canal artificial en el lago Havasu.

El 10 de octubre de 1971, se inauguró oficialmente el Puente de Londres en su nueva ubicación, marcando la culminación de un viaje extraordinario desde las orillas del río Támesis hasta el paisaje árido del suroeste de Estados Unidos.

Incluso hoy en día, el puente atrae a visitantes de todo el mundo, lo que lo convierte en la segunda atracción turística más popular de Arizona, después del Gran Cañón.

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Mitrídates, el peor enemigo de los romanos…


Busto que representa al rey Mitrídates VI del Ponto tocado con la piel de león, como el héroe mitológico Hércules.

National Geographic(F.J.Murcia) — Desde el año 291 a.C., el Ponto, una zona montañosa al noreste de Anatolia (la actual Turquía), estaba gobernado por una dinastía de origen persa; como la mayoría de sus reyes, incluido su fundador, se llamaron Mitrídates, se habla de dinastía mitridática.

Fue Mitrídates VI, apodado Eupátor, «Buen Padre», quien llevó el reino del Ponto a su máximo apogeo y fue durante décadas una auténtica «bestia negra» para Roma, cuando ésta empezaba a extender su poder por Oriente.

Los primeros años de Mitrídates se encuentran rodeados de leyendas.

Se decía que cuando nació en Sínope (en 132 a.C.) un cometa apareció en el cielo presagiando su extraordinario destino; y que le alcanzó un rayo que sólo quemó sus pañales y le dejó una marca en la frente.

Cuando su padre Mitrídates V murió, tal vez envenenado, se convirtió en rey con tan sólo once años, pero se retiró prudentemente de los peligros e intrigas de la corte, mientras su madre Laódice actuaba como regente.

Cuando tenía unos veinte años volvió a la capital y se hizo con el poder efectivo; no dudó en desembarazarse de su madre y de su hermano encerrándolos en prisión hasta su muerte o, según otros, ordenando que los mataran.

– Exterminar a los romanos

Mitrídates fue un personaje fuera de lo común. Destacaba por su gran estatura y su fuerza. En su juventud vivió en regiones salvajes de su reino y endureció su cuerpo con la práctica de la caza y la equitación. Hombre inteligente y con excelente memoria, aprendió las lenguas de los veintidós pueblos que conformaban su reino

Apiano escribió: «Era sobrio y sufrido en los trabajos y sólo cedió a los placeres de las mujeres». Tuvo, en efecto, numerosas esposas y concubinas, mujeres de todas clases de las que se encaprichaba durante sus viajes. 

Ambicioso y audaz, Mitrídates quiso desde el primer momento crear un gran reino en Anatolia y en torno al mar Negro. Pronto extendió su dominio a la Cólquide (la actual Georgia) y la mayor parte de las costas que rodean el mar Negro por el este hasta Crimea (donde defendió a las ciudades griegas del ataque de los escitas).

Anexionó asimismo las regiones limítrofes de Capadocia, Paflagonia y Galacia, y, para asegurarse la alianza de la poderosa Armenia, casó a su hija Cleopatra con el rey Tigranes. 

Pero el sueño expansionista de Mitrídates tropezaba con un obstáculo: la presencia de Roma en el oeste de Anatolia, donde poseía la zona costera del Egeo –la provincia de Asia– y mantenía bajo su protección a un reino de gran importancia estratégica, Bitinia. 

Los romanos también ambicionaban expandirse hacia el este, y en el año 89 a.C. el legado consular romano en la provincia de Asia, Manio Aquilio, indujo al rey de Bitinia a declarar la guerra a Mitrídates. Pero este se había preparado secretamente para un conflicto con Roma.

Al frente de un ejército formado por nuevos reclutas, que llevaban armas decoradas con oro y armaduras con brillantes joyas, el rey del Ponto invadió Bitinia sin encontrar apenas resistencia. A continuación entró en la provincia de Asia, cuyos habitantes llevaban décadas sufriendo la feroz explotación de los gobernadores y los recaudadores de impuestos romanos, los publicanos.

El vencedor, en teoría un «bárbaro», fue acogido en las ciudades griegas como un libertador y se le llamó «salvador de Asia» y «nuevo Dioniso».

El templo de Garni, en Armenia. Siglo I d.C.

– Una tremenda masacre

Pero Mitrídates no se conformó con la victoria militar. En el año 88 a.C., para garantizarse la lealtad de sus nuevos súbditos, dio órdenes secretas desde Éfeso para que en un mismo día fuesen asesinados todos los ciudadanos itálicos de la provincia, con sus esposas, hijos y libertos. Fue una de las masacres más terribles de la historia.

El día fijado, los griegos de la zona se entregaron a la carnicería. Los romanos fueron reunidos y abatidos en masa; la muchedumbre mató sin piedad incluso a aquellos que buscaron refugio en los templos y se abrazaron a las estatuas de los dioses. 

Los suplicantes acogidos en el templo de Ártemis de Éfeso, lugar de asilo desde tiempos remotos, fueron arrastrados al exterior y asesinados. Según las fuentes antiguas, unos 80.000 itálicos murieron en aquella sangrienta jornada. 

El propio Mitrídates dio un ejemplo de crueldad que impresionó a sus contemporáneos. Había logrado capturar al legado romano Manio Aquilio, al que llevó a Pérgamo cargado de cadenas y lo exhibió en la ciudad atado a un asno. Luego mandó fundir algunos objetos de oro y ordenó que vertieran el ardiente líquido por la garganta del condenado.

La bárbara ejecución tenía por fin censurar el ansia de riqueza de los romanos. Según un historiador romano, Mitrídates clamó: «Belicosos contra toda nación, pueblo y rey bajo el sol, a los romanos sólo los mueve un motivo: la arraigada codicia de imperio y riquezas».

El implacable soberano también difundió una supuesta profecía de la Sibila de Cumas según la cual aparecería un gran rey de Oriente con la misión de vencer y humillar a la potencia romana.

El anuncio pareció cumplirse del todo poco después, cuando un general de Mitrídates cruzó el Egeo y tomó la isla de Delos, que Roma había convertido en un gran centro comercial; 20.000 personas, en su mayor parte romanos, fueron ejecutadas. 

Casi toda Grecia, con Atenas a la cabeza, se pasó al bando de Mitrídates, creyendo que de este modo recobraría la independencia. 

Vista de la ciudad romana de Éfeso, en Asia Menor. Al fondo, la biblioteca de Celso.

– La venganza de Roma

Sin embargo, todo cambió cuando el general romano Sila se presentó en Grecia con sus legiones, en 87 a.C. Sila asaltó Atenas y venció sin mucho esfuerzo en diversas ocasiones a los ejércitos de Mitrídates, que no eran rival para las disciplinadas legiones.

El soberano del Ponto, aprovechando que Sila deseaba volver cuanto antes a Roma, firmó una paz por la que renunciaba a sus conquistas y pagaba una indemnización por los gastos de guerra, pero mantenía intacto su reino.

Roma, sin embargo, no podía olvidar tan fácilmente lo sucedido. El desafío de Mitrídates exigía un castigo ejemplar. Entre los años 83-81 a.C. se desarrolló la segunda guerra mitridática; el general Licinio Murena invadió el Ponto, pero tuvo que retirarse. 

La tercera y definitiva guerra estalló cuando Roma heredó Bitinia al morir su rey, Nicomedes IV, en el año 74 a.C. Al año siguiente, Mitrídates invadió Bitinia con un nuevo ejército, organizado en cohortes y armado con la mortífera espada corta y el escudo romanos.

El momento parecía propicio: Roma estaba ocupada en una guerra en Hispania contra Sertorio (un renegado romano con el que Mitrídates intentó concertar una alianza) y en la revuelta de Espartaco en Italia.

Pero al mando de las operaciones romanas se encontraba un general enérgico y de talento, Lúculo, que cortó las líneas de suministro del ejército enemigo y lo obligó a retirarse en total desorden.

Ruinas romanas en la isla de Delos.

– Un monarca a la fuga

La situación era tan desesperada para Mitrídates que este envió a un eunuco de su confianza para obligar a que sus hermanas y esposas se suicidaran antes que caer en manos de los romanos.

Él, en cambio, consiguió huir a Armenia, donde fue acogido por su yerno Tigranes. Durante varios años, Lúculo mantuvo el acoso contra el fugitivo, hasta que un motín de sus legionarios convenció al Senado de la conveniencia de reemplazarlo.

En la primavera del año 66 a.C. cedió el mando a Pompeyo, el vencedor de Sertorio y de Espartaco. 

Mitrídates había vuelto a su reino del Ponto, pero ya no estaba en condiciones de presentar batalla. Una noche, Pompeyo sorprendió a su ejército y lo derrotó por completo. Mitrídates logró escapar con parte de sus tropas e intentó refugiarse de nuevo en Armenia, pero fue rechazado.

Entonces huyó a la Cólquide y desde allí marchó al reino del Bósforo Cimerio, en la actual Crimea. Únicamente le seguían unas pocas tropas leales y una de sus esposas, Hipsicratea, la cual, por amor al monarca, aprendió a utilizar las armas y cabalgaba siempre junto a él, con el pelo corto y vestida como un soldado. 

La muerte de Mitrídates VI del Ponto. Grabado.

– El final de un reino

En Crimea, Mitrídates intentó reclutar un nuevo ejército, e incluso soñó con establecer una alianza con los galos para llevar la guerra hasta la misma Roma. Pero estas ilusiones se desvanecieron cuando fue traicionado por Farnaces, su hijo más querido y al que había designado en numerosas ocasiones como su sucesor.

Farnaces, deseando poseer el reino del Bósforo con el beneplácito de Roma, decidió encerrar a su padre en sus aposentos.

Temiendo caer en manos romanas, el rey sacó un veneno que siempre llevaba consigo oculto en la funda de su espada y lo bebió, pero no le causó ningún efecto porque a lo largo de su vida, por temor a ser envenenado, había consumido toda clase de antídotos para desarrollar inmunidad.

Entonces exclamó contrariado: «Cuando me previne contra todos los venenos, no lo hice contra el más penoso y familiar para los reyes: la deslealtad de su ejército, de sus hijos y amigos»; y le pidió a un oficial de su guardia que lo atravesara con su espada.

Éste así lo hizo. Farnaces envió el cuerpo a Pompeyo, que lo enterró con todos los honores en Sínope. El reino del Ponto, junto con Bitinia, se convirtió, así, en provincia romana.

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Julia «Butterfly» Hill, la mujer que vivió 738 días en la cima de una secuoya milenaria para evitar que la talaran…


Julia Butterfly Hill

BBC News Mundo — ¿Qué harías tú para evitar que un majestuoso árbol de 1.500 años fuera víctima de las sierras de una maderera?

¿Arriesgarías tu vida, habitando un espacio en las alturas no más grande que una cama sencilla, a la intemperie, pasando frío, hambre, dolor y aislamiento?

¿Cuánto aguantarías?

Pues Julia «Butterfly» Hill, una activista medioambiental, vivió en la cima de una milenaria secuoya en el norte de California durante 738 días para evitar que la talaran.

Sólo aceptó ponerle fin a su increíble protesta y bajar del árbol después de ganar su batalla para protegerlo, así como el área que lo rodeaba.

Varios activistas han ocupado árboles, pero se cree que la protesta de Julia es la que más ha durado.

«Creo que a quien quiera talar un árbol de estos debería ordenársele vivir en él durante dos años», dijo al programa Witness del Servicio Mundial de la BBC sobre su hazaña.

– «Bellos y sagrados»

Una mujer abraza el tronco de un enorme secuoya en el Parque Nacional Secuoya, California
Las secuoyas son árboles monumentales.

Las secuoyas son árboles monumentales, oriundos de California, Estados Unidos..

Pueden crecer hasta alcanzar los 75 metros de altura, tener troncos de nueve metros de diámetro y vivir miles de años.

«Cuando llegué a California por primera vez y entré en el primer bosque ancestral, quedé muy conmovida e impactada por lo bellos y sagrados que son y se sienten», comentó Julia a la BBC.

Desafortunadamente, desde la colonización del territorio californiano por culturas occidentales, la continua tala de este recurso natural diezmó los bosques.

«Al inicio de mi activismo, tomé conciencia de que el 97% de los bosques de estas secuoyas milenarias ya se había destruido«, explicó.

Aserradores a finales del siglo XIX trabajando en una de las madederas en California
A lo largo de los siglos, la industria maderera en California ha arrasado con los bosques de secuoyas.

En California se inició una forma de protesta a finales de los 70 conocida como la ocupación de árboles (tree sitting, en inglés), viviendo en ellos para protegerlos de la tala.

Julia Hill, a quien apodaron Butterfly (Mariposa) a los siete años, había estado viviendo con unos activistas del medioambiente en el condado de Humboldt, en el norte de California.

El grupo estaba enfrentado a una empresa maderera que talaba las secuoyas de la región.

Necesitaban a alguien que ocupara un árbol para atraer atención a la causa.

Julia se ofreció voluntaria, pensando en que sólo tendría que estar subida al árbol unas dos semanas, tal vez un mes.

– La complicada vida en un árbol

Julia Butterfly Hill en su refugio arriba de un secuoya
El refugio de Julia consistía de una plataforma de dos metros por uno y medio, cubierto de una lona de plástico.

El 10 de diciembre de 1997, trepó a un árbol de 55 metros de altura al cual le dio el nombre de Luna. Ahí fue cuando se dio cuenta en qué se había metido.

«Estás atada a una soga de escalar, usas tus manos y pies para lentamente ir subiendo al árbol. A unos 25 metros de altura, cometí el error de mirar hacia abajo. Entré en pánico y me paralicé. Cuando abrí lo ojos otra vez, mantuve la vista fija en Luna a medida que subía».

Sin embargo, el entorno también le tenía reservadas sorpresas agradables.

«El olor en el bosque es extraordinario. El aire es tan dulce que realmente lo puedes saborear», describió.

El hogar de Julia en el árbol era una plataforma de dos metros por uno y medio. Más o menos del tamaño de una cama sencilla.

Después de pasar un año subido a ella, pudo armar una segunda plataforma. Se protegía bajo una lona de plástico, su cama se reducía a un saco de dormir y le subían la comida con un lazo.

Julia Butterfly Hill hablando por un teléfono celular dentro de su refugio en el árbol
Julia se comunicaba con los medios por medio de un teléfono celular cargado con energía solar.

Durante ese tiempo tuvo contacto humano, daba entrevistas a los medios a través de un teléfono que funcionaba con energía solar. Pero cuando llegó el momento de enfrentar el mal tiempo, estuvo completamente sola.

«Había mucha humedad y frío. Aun con la lona de plástico que me servía de techo y paredes, hasta la niebla penetraba y la lluvia encontraba pequeños agujeros por donde gotear desde las ramas a la plataforma», relató

Tuvo que soportar tormentas con vientos de hasta 150 kilómetros por horalluvia congelada, granizo y finalmente nieve que destruyeron su refugio, con lo que quedó completamente expuesta a la intemperie.

Las condiciones meteorológicas fueron tan intensas que sufrió congelación severa porque no podía secarse ni calentarse durante semanas.

«Soportar el peor invierno registrado en la historia a 18 pisos de altura, en una pequeña plataforma en el cielo, me desafió en todos los aspectos. Mi deseo de sentir calor y secarme, el miedo morir. Fue llevada al borde de todos los posibles temores que tenía. Y fue a través de esa experiencia que evolucioné como un ser humano», afirmó.

– Oposición, dudas y nuevo aliento

La empresa maderera Pacific Lumber Company
La empresa maderera hizo todo lo posible para obligar a Julia a bajar del árbol.

Pero no todos estaban igualmente impresionados.

Debido a que realizaba un acto de desobediencia civil -pues estaba en territorio que alguien reclamaba que le pertenecía- se había ganado el disgusto de la empresa maderera.

Estaba determinada a sobrevivir, aunque había algunas personas con igual determinación para obligarla a bajar.

«Intentaron varias formas de forzarme a bajar: desde cortar mis suministros y alimentos, dejarme con hambre, hasta sonar bocinas a alto volumen durante toda la noche y el día, durante muchos días, para que no pudiera dormir».

Hubo momentos de duda en que casi se da por vencida.

«Soy un ser humano. Hubo momentos en los que dije ‘no aguanto más’. Momentos en los que me enrosqué en la posición fetal a llorar, ‘no puedo más, ni un minuto más'», confesó, pero algo siempre pasaba que el daba nuevo aliento.

«Ya fuera una respuesta de la naturaleza, o alguien llegando inesperadamente con algún tipo de obsequio, o un oso que pasaba por el bosque comiendo bayas -es increíble ver un animal así de grande-. Hubo pequeños incidentes como esos, en momentos en que ya no podía más algo ocurría que me decía puedes aguantar. Un respiro más, un momento más».

Julia arriba de un secuoya con el panorama de un bosque atrás
A pesar de soportar momentos difíciles, la naturaleza le brindó espectáculos maravillosos.

Con el tiempo algunas cosas de la vida en un árbol se volvieron más fáciles, otras más difíciles.

«Después de las tormentas recolectaba ramas y las tejía con los trozos de lona destrozados y mi techo se convirtió en algo parecido a un cesto de ramas, plástico y cinta adhesiva».

Constantemente tuvo que rehacer su refugio porque el mal tiempo se lo llevaba cada tanto. Aun así persistió.

«No bajé porque había dado mi palabra que no lo haría antes de hacer todo lo que pudiera», aseguró.

– Victoria

La impresionante protesta de dos años de Julia atrajo la atención a lo largo de todo Estados Unidos y más allá. Le dedicaron varias canciones.

El 18 de diciembre de 1999, la protesta de Julia finalmente terminó. Se había llegado a un acuerdo con la compañía maderera.

Julia y los otros activistas habían logrado recaudar US$50.000 y efectivamente pagaron a la maderera para rescatar el árbol y un área aledaña de unos 12.000 metros cuadrados.

Las cámaras captaron el momento dramático cuando la defensora del medio ambiente descendió en lágrimas.

«Fue una sensación extraordinaria cuando toqué tierra por primera vez. La gente pensó que había caído al suelo porque mis músculos no eran lo suficientemente fuertes. Pero, en realidad, caí al suelo porque las emociones, la energía y todas las sensaciones eran tan profundas que no me podía mantener en pie».

– Activismo continuo

Julia Butterfly Hill está convencida de las repercusiones de su acción en la protección de uno de los tesoros naturales de California y el mundo.

Julia es esposada por la policía durante una protesta en Ilinois en 2001
Después de bajar del árbol, Julia continuó con sus protestas ecologistas que resultaron en arrestos.

«Como nada sucede en un vacío, es científicamente imposible no tener algún impacto», aseguró a la BBC.

Un año después de que Julia bajara de Luna,lasecuoya fue atacada por un vándaloquien le hizo al tronco un corte de 80cm de profundidad con una sierra.

Tras una intervención delicada de especialistas que lograron estabilizar el árbol, este sigue en pie, así como los demás que lo rodean.

Y a Julia le queda la inigualable experiencia de haber vivido en él durante casi dos años.

«Hubo tantos momentos profundos y bellos», recuerda.

«Uno de ellos fue cuando la niebla cubrió el valle completamente. Me desperté temprano en la mañana y vi que nada más estaba yo por encima de la niebla y a medida que salía el sol la niebla se convirtió en una laguna de color dorado, rosado, naranja, azul clarísimo. Una laguna arcoíris».

No obstante, su activismo no terminó con esas impactantes imágenes.

Julia Butterfly Hill cofundó la Circle of Life Foundation (Fundación Círculo de la Vida), que aboga por la transformación de las interacciones humanas con la naturaleza.

De su experiencia ocupando árboles escribió el libro «El legado de Luna: la historia de un árbol, una mujer y la lucha para salvar los secuoyas».

Julia Butterfly Hill ocupa un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles
En 2006, Julia Butterfly Hill ocupó un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles

En 2002, Hill fue deportada de Ecuador, donde había participado en una protesta contra los planes de la petrolera Occidental de construir un oleoducto que atravesaría territorios indígenas.

Su trabajo en defensa del medioambiente y de los pequeños agricultores continúa, dando charlas, participando en simposios y dictando talleres.

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Wilhelm Reich: sexo, marxismo y platillos volantes…


Las famosas cámaras acumuladoras de orgón. Fotografía: FDA
Las famosas cámaras acumuladoras de orgón.

JotDown(A.García) — Entre la gran cantidad de personalidades heterodoxas que jalonan la historia de la psicología, si hay una especialmente polémica, maldita o controvertida y que además encaja perfectamente en el estereotipo de mad doctor, ese es sin duda Wilhelm Reich.

Un hombre cuya obra oscila entre lo genial y el disparate, y que a estas horas de la tarde aún no está muy clara la línea que separa la una de la otra: Reich cuenta con una amplia legión de detractores, especialmente entre el mundo académico, así como una no menos amplia de seguidores, concentrados en los fans del pensamiento mágico y las teorías de la conspiración.

Sin embargo, no todo es tan simple como etiquetarlo de charlatán de feria; para entender el legado de Reich es imprescindible darse una vuelta por su extraña y azarosa vida y tener claro cuál es el polémico fondo de sus estudios. Por supuesto, un tema muy espinoso en psicología, el trabajo terapéutico con el cuerpo.

El pequeño Willy nació en 1897 en una granja de Dobrzanica, en la Galitzia ucraniana, por lo que era austrohúngaro, un hecho al parecer decisivo en la aparición de mentalidades «alternativas» (véase Sigmund Freud o Nikola Tesla). Era, como prácticamente todos los psicoanalistas primigenios, un judío alemán cuyo padre lo mantuvo alejado de la religión, el yiddish y la educación reglada.

Optó este progresista y autoritario señor por contratar tutores que al parecer imbuyeron a Reich de un profundo amor por el conocimiento. También imbuyeron a su jovencísima madre de otro tipo de amor, relación paralela de la que Willy fue testigo presencial y que acabó estallando cuando el padre se enteró, posiblemente presionando al niño para que confesara.

El ataque de celos consiguiente acabó en malos tratos y en un suicidio materno del que Reich se sintió siempre culpable. Se pueden imaginar el impacto que tuvo esta infancia en nuestro protagonista, pero si lo combinan con el precoz interés de Wilhelm por el sexo y una fuerte adoración por su madre, la cosa adquiere tintes de drama griego que condicionarán sus trabajos posteriores, centrados —cómo no— en la vida sexual y la represión.

Después de la muerte del padre y habiendo perdido la granja a manos de los rusos, Reich sirvió en el ejército durante la I Guerra Mundial; al acabar esta, Willy y su hermano se plantaron en Viena con una mano delante y otra detrás.

Y en aquel ambiente de posguerra decadente, plagado de artistas, intelectuales, proletarios y miseria, fue donde Reich se graduó brillantemente en Medicina en la Universidad de Viena, donde comenzó a interesarse por la neuropsiquiatría y el psicoanálisis. Reich se convirtió en poco tiempo en el «niño mimado» de Freud y empezó a analizar pacientes a la tierna edad de veinticuatro años, bajo la supervisión del pope en persona.

Su carácter enérgico, su magnetismo personal y su activismo incansable le catapultaron en pocos años; en 1928 ya era neuropsiquiatra y subdirector de la Policlínica Psicoanalítica de Viena.

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La máquina de cazar nubes de Wilhelm.

Sin embargo, también era una persona independiente, tenaz y polémica y pronto empezó a mostrar divergencias con el psicoanálisis freudiano ortodoxo.

Para resumirlo al máximo, en la cuestión de la neurosis, Sigmund Freud atribuía la aparición de estos cuadros clínicos al conflicto entre los instintos sexuales inconscientes (que llamó libido y que relacionó con algún tipo de energía biológica corporal) y su represión, propiciada por la norma social.

Freud, como médico que era, había tratado de relacionar el psicoanálisis con la neurología para encontrar un correlato fisiológico. Pero finalmente abandonó y no consideró otra herramienta terapéutica que la palabra, dejando la libido como mero concepto especulativo.

Pues bien, Reich optó por lo contrario; de la observación clínica de sus pacientes, llegó a la conclusión de que la neurosis se manifestaba en el cuerpo, lo que hoy llamamos somatizaciones, y que una correcta y placentera vida sexual aliviaba los síntomas neuróticos.

Especialmente el orgasmo, mediante el cual se descargaba el exceso de energía reprimida. Reich elaboró su teoría sobre «corazas musculares», zonas del cuerpo donde aparecían los síntomas o rigideces, y abogaba por trabajar directamente sobre ellas. Sí, ya sé que todo eso de los beneficios del sexo ya lo conocen ustedes, pero en la Europa de finales de los veinte no era tan obvio.

Ni que decir tiene que esta teoría orgásmica (publicada en 1927, La función del orgasmo) provocó estupor cuando no abiertas burlas entre sus colegas psicoanalistas, así como el rechazo de su antiguo mentor, que la tildó de «tontería».

En este desencuentro mutuo también tuvo su influencia el plano político, puesto que Reich se había interesado por el socialismo a través del SPD austríaco y terminó por abrazar el marxismo, afiliándose al «Partido Bolchevique», en palabras de Sigmund.

Pero como le importaba bien poco esto de llevarse bien con todo el mundo, Reich fue a la suya y aunando marxismo con vida sexual, organizó en Viena un dispositivo de clínicas para atender la salud mental de los proletarios de la ciudad: durante estos años descubrió diferencias entre los cuadros neuróticos de las personas de clase alta (las que atendía Freud) y los de las capas populares.

Se trasladó a Berlín en 1930 y allí fundó la Asociación Alemana para una Política Sexual Proletaria, más conocida como SexPol.

El orgasmo al poder: la extraña historia del Dr. Wilhelm Reich - LA NACION

La actividad de la SexPol incluía seminarios de higiene y educación sexual entre las clases bajas.

Defendía la masturbación, los métodos anticonceptivos, el libre desarrollo sexual infantil y adolescente, el aborto, o el fomento de relaciones sexuales y afectivas abiertas como medio para mejorar la salud mental de la sociedad; sus avanzadas propuestas se pueden encontrar en el manifiesto SexPol de 1936.

La popularidad del movimiento fue grande, y Reich se lanzó a profundizar en sus reflexiones sobre la materia.

En su Psicología de masas del fascismo, publicado en 1933, se mostró muy crítico con el marxismo y daba las claves del auge del nazismo: la izquierda había fracasado en su pronóstico porque el materialismo histórico despreciaba las condiciones subjetivas, cosa que la propaganda nazi, emocional e irracional, había sabido explotar.

Una familia autoritaria donde se reprime la sexualidad desde la infancia es una mini-reproducción del Estado totalitario: la identificación del líder con la figura paterna atrajo a personas de clases media y baja en busca de protección.

El Partido Comunista alemán, que no le perdía ojo a los trescientos cincuenta mil afiliados con los que contaba ya la Sex-Pol, tachó la obra de contrarrevolucionaria y lo echó.

También hizo lo propio la Asociación Psicoanalítica Internacional, pero por comunista y heterodoxo. Reich era un personaje incómodo no solo por cuestiones «doctrinales» (tocar a un paciente era tabú), sino precisamente por su militancia: teniendo en cuenta que se trataba de una sociedad compuesta por judíos, a la Asociación le interesaba mostrar un perfil bajo en aquellos años para sobrevivir.

Lo que no impidió que le acusaran de estar loco, simpática tradición de los padres del psicoanálisis cuando discrepaban entre ellos.

Esta doble expulsión le afectó profundamente, abandonando Berlín y Viena para refugiarse en Noruega. Allí se dedicó a meterse en el laboratorio para triunfar donde Freud había fracasado; la prueba de la existencia fisiológica de la libido. Y aquí empieza el camino de Reich hacia el descrédito académico y el agravamiento de su tendencia a la paranoia.

Proclamó haber encontrado rastros de una energía básica (biones) que creía presente en todos los organismos vivos y a la que llamaba «orgón». Los científicos noruegos lo despellejaron vivo, no solo refutando sus experimentos, sino desatando una durísima campaña de prensa contra él que probablemente iba más allá de lo puramente científico, pues una de las acusaciones fue la de «provocar entusiasmo entre sus colaboradoras femeninas».

Dadas las circunstancias y con Adolf a punto de pasear panzer por Europa, Wilhelm volvió a hacer las maletas y se mudó al otro lado del charco.

cermi.es semanal - cermi.es semanal Nº 284 - Wilhem Reich o el poder del  orgasmo

Una vez instalado en los EE. UU., Reich construyó su primer «acumulador de orgón», con el que pensaba recoger energía orgónica del ambiente; pero de la buena, porque el orgón es como el colesterol, que hay bueno y malo.

El caso es que consiguió que Einstein se interesara por el asunto, e incluso llegó a probar uno en su laboratorio.

El resultado fue negativo, pues los cambios de temperatura registrados dentro del acumulador se atribuyeron a fenómenos de convección.

Pero Reich siguió con el asunto, cada vez más obsesionado con su «descubrimiento»; lo siguiente que inventó fue un aparatito que causa furor entre los modernos chemtrails, el cloud-buster.

Con uno de ellos recorrió el desierto de Arizona y Nuevo México hacia 1954 buscando señales de actividad alienígena, justo en una época en que los ufólogos especulan con encuentros secretos entre el presidente Ike y los extraterrestres.

Ahora añádanle que parece que Eisenhower y Reich coincidieron en alguna ocasión y comprenderán por quéeste hombre se ha convertido en una especie de apóstol contracultural magufo.

Sea como fuere, la Food & Drug Administration (FDA) empezó a interesarse por sus manejos hacia finales de los cuarenta, alertada no se sabe bien si por enemigos del psicoanálisis o del propio Reich, con la sospecha de que su instituto fuese una red de explotación sexual o de actividades subversivas.

O simplemente por tratarse de un conocido excomunista en los USA macarthianos. En la primera investigación no encontraron nada, pero en la segunda declararon sus cabinas orgónicas peligrosas para la salud y le prohibieron venderlas. De nuevo Reich se saltó a la torera lo que le decían y acabó procesado, sus equipos incautados y sus libros quemados.

Ingresó en prisión en 1957, muriendo allí de un ataque al corazón sin haber dejado de achacar su desgracia a una conspiración soviética.

El caso es que, a pesar de toda esta rocambolesca historia, Reich dejó un método de intervención psicocorporal que fue continuado por otros discípulos como Lowen o Boadella.

Su «análisis del carácter» implica una profunda comprensión de la disposición corporal y del lenguaje no verbal; las intervenciones de la terapia reichiana, perfeccionadas por décadas de revisiones, se siguen utilizando hoy.

Mejor por parte de profesionales con formación adecuada, lógicamente. Entonces, ¿por qué esta especie de maldición que pesa sobre estas psicoterapias?

La resistencia a investigar la posibilidad de usar el cuerpo como herramienta psicoterapéutica proviene del mismo lugar que los terribles prejuicios sobre sexualidad que se encontró nuestro protagonista: del dualismo cartesiano (que a su vez derivaba del platónico). 

Descartes separó la mente, depositaria de la razón, pura y etérea, del cuerpo, mero soporte para aquella y recipiente de los sentidos. Mente buena, cuerpo malo… ¿Les suena de algo relacionado con religiones?

Wilhelm Reich, el genio que quiso robar orgasmos a los ovnis –

La influencia del filósofo francés en la naciente revolución científica y la Ilustración fue impresionante.

A partir de entonces parece como si para el mundo científico el cuerpo fuera investigable solo desde una perspectiva estrictamente mecanicista y fisiológica, de manera que su integración con los procesos mentales quedó fuera de cualquier estudio.

Y ya saben que donde la ciencia no mira, aparecen otros saberes menos metodológicos, por decirlo de algún modo.

La brecha entre los avances en psicofisiología o psicología corporal (por ejemplo, estudios sobre comunicación no verbal) y las psicoterapias corporales es aún inmensa, aunque en los últimos años aparecen voces pidiendo poner orden en el caos de los cientos de métodos, algunos más cerca del esoterismo que de otra cosa.

Lo curioso del caso es que los pocos estudios realizados apuntan a una buena eficacia de este tipo de psicoterapias; sería desde luego un bonito campo de investigación.

Es muy posible que la irrupción del neurólogo Antonio Damasio con su teoría del marcador somático (propuesta en su obra El error de Descartes, precisamente) haya tenido algo que ver en este despertar.

Según Damasio, la razón humana, sus procesos de decisión y planificación, están íntimamente ligados al sentimiento, que percibimos a través de las emociones; es decir, de nuestro cuerpo. Así que Reich no andaba desencaminado cuando pensó que podía acceder a la curación de dolencias psíquicas usando el cuerpo (aunque él colocara allí la neurosis).

Ni tampoco en cuanto al peso social de la represión sexual y la importancia de una vida sexual sana y libre como elemento de emancipación personal; sus reflexiones inspiraron a Michel Foucault en sus teorías sobre biopoder.

Por otra parte, parece evidente que la salud mental del bueno de Willy no andaba muy fina, especialmente en sus últimos tiempos (se le diagnosticó esquizofrenia en prisión). Si bien era un hombre de gran iniciativa y un interés indudable en mejorar la vida de las personas, tenía tendencia a la suspicacia, el mal humor y la manipulación.

A pesar de creerse exageradamente un mártir incomprendido, tampoco deja de ser llamativa la saña con la que la prensa, Gobiernos y organizaciones de varios países se emplearon contra él. Lo cual es una constante en su biografía de «científico loco»; no está muy claro dónde empieza la paranoia y dónde terminan las persecuciones.

El problema es que actualmente la excentricidad de sus últimos años parece invalidar toda su carrera, lo cual no parece demasiado justo. Máxime cuando no sería el único hombre de ciencia que presentó problemas psicológicos del estilo. Claro que su elevación a referente esotérico y pseudocientífico tampoco ayuda.

Quizá uno de los balances más acertados sobre Reich lo realizó su hijo cuando comentó que se trataba de un científico del siglo XIX en una época donde ya no había sitio para él; la figura del investigador solitario que se adentra en múltiples ámbitos del conocimiento aunque no esté especializado (Reich se interesó por biología, sociología, neurología, psicología o filosofía) persiguiendo demostrar construcciones teóricas en ocasiones vagas o descabelladas resultaba anacrónica en los años cincuenta como afirmó el propio Eisenhower.

De todas formas, a pesar de sus locuras, creo que es justo reconocer la genialidad de Reich a la hora de señalar la importancia de una crianza y una sexualidad libres y atreverse a relacionar el cuerpo con la salud mental en una Europa tremendamente puritana.

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Ficha policial de Wilhelm Reich, con un IQ nada despreciable, por cierto.

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La trágica historia de las quintillizas Dionne…


Durante 20 años, las 5 hermanas Dionne permanecieron como los personajes más populares de todo Canadá. No había una marca comercial que no anhelara la imagen de estas simpáticas quintillizas para algún cartel o anuncio publicitario.

Pero detrás de esta impresionante máquina de hacer dinero, en la que se convirtieron las niñas desde el momento de su nacimiento, se esconde la historia de una explotación sin escrúpulos por parte de todos aquellos quienes las rodeaban.

historia de las quintillizas Dionne (2)

El 28 de mayo de 1934, en la localidad de Corbeil – un poblado al noreste de Ontario– sucedía un hecho sin precedentes en el país, una mujer daba a luz quintillizas con apenas siete meses de embarazo, por fortuna, todas las niñas sobrevivieron al parto, pese a ser un poco más grandes que la palma de la mano de su madre, ellas eran: Émilie, Cécile, Yvonne, Annette y Marie Reine.

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Cinco hermosas pequeñas que llegaban para llenar una casa en la que ya había otros cinco niños – el menor de ellos tenía apenas once meses más que las recién nacidas.

Pero así como el parto fue un hecho insólito, también lo fue la decisión tomada por el Primer ministro de Ontario, Mitchell Hepburn, que aconsejado por el Dr. Allan Roy Dafoe – el médico que recibió a las niñas – les retiró la custodia al matrimonio formado por los agricultores Oliva Edouard y Elzire Dionne, argumentando una posible explotación comercial por parte de los progenitores, cuando estos firmaron un contrato para exhibir a las pequeñas en la Exposición Universal que se celebraba ese año en Chicago.

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Las pequeñas fueron a parar a manos de un patronato que se encargaba de sus cuidados y cuyo principal responsable era el propio Dr. Dafoe, que instaló a las niñas en una residencia equipada con todo lo necesario para crear un hogar / hospital construido expresamente para albergar a las quintillizas.

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A partir de aquel momento, la máquina de hacer dinero fue puesta en marcha. Las niñas permanecían en una habitación rodeada de cristales, a través de los cuales miles de visitantes podían observarlas. 

Se habían convertido en una atracción turística que a diario recibía un promedio de siete mil curiosos que pagaban una determinada cuota de entrada y veían a las niñas desde una galería oculta a través de los cristales.

Es decir, les retiraron la custodia a los padres para evitar una posible explotación comercial de las niñas, pero los encargados de velar por la felicidad de las pequeñas eran los principales ambiciosos, quienes las utilizaban para ganar montañas de dinero.

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La pareja Dionne decidió solicitar asesoría de un abogado, que recorría incansablemente una y otra vez los tribunales ante la injusta decisión gubernamental de alejar a las niñas de su familia.

Mientras eso sucedía, las quintillizas no paraban de hacer viajes por todo el país e incluso llegaron a presentarse en Hollywood, donde comenzaron a protagonizar películas, la primera ocasión cuando tenían tan sólo dos años.

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Portadas de revistas famosas, anuncios comerciales, carteles publicitarios… todo llevaba la imagen de las quintillizas Dionne.

Fue tanta la fama alcanzada en el país, e inclusive fuera de él, que en 1939 fueron recibidas por Isabel, reina consorte del Reino Unido, que aprovechó una visita oficial en Toronto para conocer a las pequeñas en persona.

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En 1943, cuando las niñas tenían 9 años de edad, un tribunal decidió a favor del matrimonio Dionne, les devolvieron la custodia de las niñas, quienes regresaron a vivir con sus padres biológicos.

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Pero éstos, lejos de mantenerlas apartadas de la difícil vida entre reflectores, los viajes y explotación infantil a las que habían sido sometidas durante casi diez años, vieron en ellas la oportunidad de capitalizar y ganar dinero, por lo que siguieron ofreciendo los servicios e imagen de sus hijas en todo tipo de negocios.

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Dejaron atrás su pequeña y modesta casa y se instalaron en una lujosa mansión de 20 habitaciones.

Los contratos seguían llegando y las quintillizas no paraban de trabajar y de generar ganancias, cuyas estimaciones superaban los 500 millones de dólares canadienses.

Hay que tener en cuenta la época en que ocurrieron los hechos, motivo por el que actualmente esa cifra se aproximaría a los 3 mil millones de dólares.

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Pero el 28 de mayo de 1952 todo cambió. Las quintillizas cumplieron la mayoría de edad y su primera decisión como personas adultas fue abandonar el negocio que las explotaba desde el primer instante en que nacieron.

La segunda decisión, como no podía ser de otra manera, fue abandonar su casa e irse a vivir muy lejos de sus padres, tomando cada quien un camino muy diferente al que habían vivido hasta entonces.

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El futuro fue muy diferente para cada una de las quintillizas Dionne.

Una de ellas, Émilie ingresó en un convento para ordenarse monja, pero cuando tenía 20 años sufrió una crisis epiléptica y murió ahogada en su bañera.

Tres de las hermanas (Cécile, Annette y Marie Reine) se casaron a los 23 años, y se separaron años después. Yvonne fue la única que permaneció soltera.

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Actualmente sólo continúan vivas (cumplieron 80 años el mes pasado) Annette y Cécile.

Marie Reine murió en 1970, a los 35 años de edad, víctima de una trombosis e Yvonne en 2001, con 67 años, debido a un cáncer.

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Dado que las quintillizas nunca tuvieron acceso a todo el dinero que generaron, en 1998 las hermanas con vida demandaron al gobierno, recibiendo un compensación de 4 millones de dólares cada una.

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Cabe mencionar que en 1995, las tres hermanas que aun seguína con vida, fueron entrevistadas en un programa de televisión de Montreal y sorprendieron a toda la audiencia cuando declararon que habían sido víctimas de abuso sexual por parte de su propio padre.

historia de las quintillizas Dionne (17)

Hay una película de 1994 que cuenta la historia de estas hermanas, «Million Dollar Babies«, protagonizada por Beau Bridges y basada en la novela «Time of their lives – The Dionne Tragedy«.

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La otra historia, desconocida y fascinante, del experimento de Facebook sobre emociones…


Una selección con algunos de los titulares
Una selección con algunos de los titulares.

JotDown(J.Peláez) — En junio de 2014 infinidad de medios de comunicación nacionales y sobre todo internacionales abrían, no solo su sección tecnológica, sino incluso algunas de sus portadas con una noticia que invitaba a la indignación: Facebook había llevado a cabo un «experimento secreto para manipular las emociones de casi setecientos mil usuarios».

La noticia surgía tan solo unos días después de la publicación en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) de un estudio realizado por los investigadores Adam KramerJamie Guillory y Jeffrey T. Hancock titulado Evidencias experimentales de contagio emocional a través de redes sociales.

El llamativo título del estudio y, sobre todo, el hecho de que se hubieran utilizado las publicaciones de usuarios de Facebook sin haberles avisado con anterioridad, hizo que una especie de locura hipocondríaca se apoderara de numerosos medios acusando a los responsables de la célebre red social de «manipular las emociones de los usuarios».

Como podréis comprobar en las portadas de la imagen superior, y a poco que busquéis por internet, la información ofrecida sobre el estudio en multitud de periódicos, radios y televisiones fue bastante exagerada y poco acorde con lo que realmente sucedió. Hubo incluso telediarios que abrieron sus ediciones con frases como «Facebook nos utiliza como ratas de laboratorio» o «Facebook juega con las emociones de los usuarios».

El estudio publicado en PNAS que levantó la polémica
El estudio publicado en PNAS que levantó la polémica.

Lo cierto es que el paper publicado en PNAS es bastante inocuo —yo diría incluso que bastante evidente— pero sobre todo está muy alejado de los titulares sensacionalistas que vivimos en la prensa.

Realmente todo lo que hicieron los investigadores fue analizar las publicaciones de un gran número de usuarios de Facebook (N=689.003) y llegar a la conclusión de que las emociones que mostraban en sus actualizaciones eran muy proclives de propagarse a otros usuarios.

De esta manera, si en Facebook ves una publicación triste de alguno de tus amigos es muy probable que tu próxima actualización esté acorde a esa emoción, o si lees un artículo alegre que algún amigo ha compartido, es muy probable que tu próximo mensaje en Facebook sea también alegre.

Por supuesto fue un error, un grave error, no haber comunicado a los usuarios que sus publicaciones estaban siendo objeto de un estudio sociológico.

Sí, pero también es cierto que después de conocer en qué consistía realmente el paper publicado no hay signo de manipulación alguna a nadie. Es más, las actualizaciones son públicas y cualquiera puede hacer un estudio, encuesta o análisis de lo que se comparte en Facebook, Twitter o cualquier otra red social abierta.

Deberían haber pedido permiso, repito. Sí, claro. Pero de ahí a manipular emociones, ratas de laboratorio o jugar con los sentimientos de los usuarios hay un abismo.

«Facebook nos utiliza como ratas de laboratorio». Hombre, no es para tanto...
«Facebook nos utiliza como ratas de laboratorio». Hombre, no es para tanto….

No obstante, Facebook pidió perdón públicamente —unas disculpas bastante light, cierto, pero acordes con el venial pecado que habían cometido— y en el artículo científico de PNAS se incluyeron dos actualizaciones —marcadas en rojo en la imagen superior— en las que se manifestaba un «Editorial expression of concern» y posteriormente una corrección.

Demasiado pescado para tan poca caña.

He querido empezar por atrás —todo lo relatado hasta ahora representa solamente el final de la historia— porque lo realmente fascinante de este tema no es lo que conocimos en la prensa. El cómo se llegó a este estudio, los prolegómenos y la cadena de sorpresas que llevaron a realizarlo es otra historia mucho más increíble y apasionante.

Es la historia, desconocida pero fascinante, del experimento de Facebook sobre las emociones. La han desvelado hace pocas semanas, Jad Abumrad y Robert Krulwich en el fabuloso podcast Radiolab que se emite en la National Public Radio de Estados Unidos.

Y nuestro relato comienza aquí: 26 de diciembre de 2011.

La Navidad es un lío para Facebook. En esas fechas las felicitaciones, eventos, y las notificaciones de los usuarios escribiendo a sus familiares vuelan elevando el tráfico de la red hasta las nubes. Actualmente hay aproximadamente 1390 millones de personas con perfil en Facebook, esto lo convertiría —virtualmente— en el país más poblado de la Tierra, superando a China que tiene 1357 millones. De hecho, en la actualidad, hay más usuarios de Facebook que católicos.

Las cifras en esta historia son fundamentales. El fenómeno social que representa Facebook no tiene precedentes en ninguna época de la humanidad. Lo diré en letra: mil cuatrocientos millones de usuarios activos. Ni siquiera contamos todos los perfiles borrados.

La actividad diaria que puede llegar a generar un número de ese calibre es espeluznante. Cualquier pequeño problema que surja en esa página, aunque tan solo afecte a un ínfimo porcentaje de usuarios, es un problema de cientos de miles de afectados.

Pensad solamente en las fotos. Aquí va una cifra: en 2011, año en el que se inicia nuestro relato, se subieron a Facebook setenta mil millones de fotos. No os perdáis en los números, intentad empaparos de ellos para comprender el conjunto completo. Un siete seguido de diez ceros… foto, foto, foto, foto.

Miles de fotos por segundo subidas por usuarios en todo el mundo. Solamente en aquella semana de Navidad de 2011, desde el 24 de diciembre hasta el 1 de enero, se subieron a Facebook más fotos que en toda la historia de Flickr.

Eso ya lo sabían los informáticos de Facebook cuando se fueron de vacaciones navideñas. Lo que no sabían era lo que se iban a encontrar al regresar a las oficinas el día 26 de diciembre: millones y millones de denuncias sobre esas fotos. ¿Qué había ocurrido?

Facebook tiene una política muy estricta con sus contenidos. No permite imágenes de desnudez, de consumo de drogas, fotos de actividades ilegales… Sin embargo aquella cantidad de photo’s report era simplemente desmesurada.

Los responsables se reunieron y antes de hacer nada al respecto, antes de escribir al usuario o retirar ninguna de esas fotos denunciadas, decidieron echarles un buen vistazo.

Primera sorpresa: el 97% de todas esas fotos eran imágenes corrientes y molientes. En la inmensa mayoría no solo no había nada ilegal, es que ni siquiera eran fotos de mal gusto… muchas eran de familias celebrando las entrañables fechas en las que estaban, fotos de mascotas o de parejas sonrientes.

El ingeniero informático de Facebook Arturo Bejar explica que no sabían qué hacer ante aquel aluvión de foto-denuncias. ¿Revisarlas todas? Imposible. Examinar una por una y decidir si retiraban tal cantidad de fotos hubiera necesitado de un ejército de trabajadores durante meses y meses.

Imaginad una nave industrial entera, llenadla con diez mil mesas, diez mil sillas, diez mil ordenadores y diez mil personas revisando individualmente cada foto antes de decidir si había que borrarla o no… No, aquello necesitaba una solución más específica.

Facebook decidió probar algo diferente para ahondar en el problema. ¿Por qué quería la gente retirar esas fotos? Bueno, vamos a preguntarles a unos cuantos usuarios a ver qué dicen. Segunda sorpresa: la gran mayoría de los que habían denunciado esas fotos, ¡estaban en la foto!

Esto no era una cuestión de fotos ilegales, de desnudez, de imágenes violentas… Era una cuestión personal de los usuarios. Muchas eran de parejas que habían roto, usuarios que no querían aparecer en esa fiesta junto a su cuñado con el que se llevaban fatal, mascotas que habían fallecido y les hacían sentirse tristes, o simplemente les daba vergüenza aquel momento y aquella foto.

No era un problema de denuncia, allí en aquellas imágenes había sentimientos, dramas humanos, relaciones y emociones.

En aquel momento para denunciar una foto en Facebook hacías clic en la opción de photo reporty la enviabas. No había nada más, no existía ningún mecanismo que incluyera el motivo por el que querías eliminar esa foto de la red social exceptuando los motivos legales de violencia, ilegalidad, etc. Los usuarios denunciaban fotografías pero no podían decir por qué querían que fuesen retiradas.

Opciones de fotos en Facebook.
Opciones de fotos en Facebook.

Se organizó una nueva reunión para decidir qué hacer a continuación. La decisión ya no era si retiraban unas cuantas fotos o no, esto era algo más profundo y la gran pregunta que rondaba las cabezas de los responsables de Facebook ahora era qué pensaban los usuarios sobre sus propias fotos. Así que hicieron lo más lógico, preguntarles.

Se eligieron unos cuantos miles de usuarios que habían denunciado fotos y se les preguntó lo siguiente: «¿Qué sientes cuando ves esta foto?».

A continuación incluyeron varios epígrafes para que el usuario pudiera elegir: 1. Embarrasing (vergüenza, embarazoso), 2. Anger (enfado), 3. Sadness (tristeza), etc. Eligieron algunas emociones y al final añadieron una opción extra que ponía «otras» en donde el usuario podía escribir lo que quisiera.

Los resultados de esta pregunta fueron muy confusos, al menos en un principio.

Aproximadamente un 50% de los que contestaron eligieron alguna de las opciones predeterminadas, mientras que el otro 50% utilizaron la opción Others. Lo extraño es que la mayoría de que aquellos que eligieron Others escribieron como respuesta: «It’s embarrasing». Una respuesta que paradójicamente ya estaba en las opciones anteriores.

¿Qué ocurre aquí? ¿Por qué tanta gente escribía en la opción Others y elegían una respuesta que ya existía en las opciones que Facebook le daba al principio?

Después de darle muchas vueltas al asunto se fijaron en que los usuarios que habían contestado «It’s embarrasing» estaban modificando su pregunta para ser más específicos. Cuando les preguntaban: ¿Cómo te sientes cuando ves esta foto? La opción 1. Embarrasing significaba que el usuario se sentía avergonzado…

Pero no era eso lo que los usuarios querían expresar, no eran ellos los que estaban avergonzados. ¡Era la foto! IT’S embarrasing… la foto es embarazosa, la foto es vergonzosa. Aunque soy yo el que aparece en la foto, no soy yo… es la foto.

Cada paso que daban les hacía comprender que estaban ante una cuestión psicológica. La relación entre emociones personales y tecnología debía ser tratada por alguien más aparte de un puñado de ingenieros informáticos. Necesitaban expertos en psicología para poder llegar al fondo del asunto.

Lo siguiente que decidieron hacer fue deshacerse de las opciones y empezar desde cero.

¿Queremos que el usuario nos explique cuál es el problema con esa foto? Bien, pues dejemos que lo explique él mismo. No demos opciones predeterminadas, pongamos simplemente una caja en blanco de diálogo entre el usuario molesto por la foto y el usuario que la subió. Solo eso, simple y directo: se abre un pop-up entre dos usuarios y que ellos hablen para solucionar el problema.

¿Resultado? Desastroso… Menos del 20% de los usuarios a los que pusieron en contacto para solucionar el problema de la foto utilizaron realmente esa caja de diálogo en blanco. Parece que poner opciones predeterminadas funcionaba mejor que dejar a los usuarios que arreglasen por ellos mismos la cuestión de si retirar o no la foto.

Pero resulta que esa ausencia de diálogo significaba algo, y estaba bastante claro: los usuarios no quieren tratar problemas embarazosos con otros usuarios.

Los ingenieros comprendieron que podría resultar algo violento que un usuario tuviera que arreglar ese problema con otro usuario que, en el caso de estas fotos, posiblemente era tu exnovia o alguien con quien no quieres hablar.

Claramente los usuarios estaban diciendo: «Es tu problema Facebook, arréglalo tú, yo no voy a hablar con ese otro usuario para que quite la foto».

En Facebook volvieron las reuniones y surgió otra idea: ¿Y si los ponemos en contacto con una opción ya predeterminada por nosotros? Sigamos con la caja de diálogo pero ahora en lugar de dejarla en blanco, vamos a poner nosotros el mensaje.

De esta manera a los usuarios que habían reportado una foto que querían que fuese borrada se les abría una caja de diálogo con la siguiente frase: «Ey, me gustaría que quitases esa foto».

Era una frase sencilla, directa —algunos consideraron que era incluso demasiado directa— que podría solucionar el asunto de las fotos. Y no se equivocaban: resultó que el porcentaje de usuarios se incrementó notablemente hasta casi un 60%, una mejoría impresionante respecto al pobre 20% que quisieron usar la caja en blanco.

Estaban ante una de las primeras conclusiones en firme: en este tema tan delicado los usuarios prefieren las opciones dadas por un tercero —en este caso Facebook— antes que entablar un diálogo directo con la persona que subió la foto.

Ante este primer éxito decidieron probar con otras frases para comprobar cuál era la más adecuada para el usuario. Y así se incluyeron otras versiones como «¿Te importaría quitar esa foto?», «Perdona que te moleste, ¿podrías quitar esa foto?», «Por favor, ¿podrías quitar esa foto?», etc. 

Los datos, respuestas y porcentajes comenzaron a aparecer y el equipo de Facebook analizó también la tasa de éxito de cada una de estas opciones de pregunta comparándolas con el porcentaje de fotos que el otro usuario había accedido a retirar.

Los ingenieros de Facebook se encontraron delante de sus narices y sin haberlo buscado en un primer momento muchas respuestas a cuestiones fascinantes de psicología, de emociones y de la relación del usuario frente a una tecnología que incluye interacciones sociales con otros usuarios.

Llamaron a un puñado de especialistas en diversas ramas —psicología, neurociencia, comportamiento social— para que les ayudaran a tratar con aquel torrente de información y finalmente llegaron a algunas conclusiones.

Por ejemplo: Poner el nombre del usuario al que pides algo ayuda a que lo consigas. Así, la frase «Ey, ¿te importaría quitar esa foto?» funciona peor que si se incluye su nombre: «Ey, Javier, ¿te importaría quitar esa foto?». Descubrieron que utilizar «¿Te importaría quitar esa foto?» (Would you mind take down this photo?) funciona mejor que «¿Podrías quitar esa foto?» (Could you take down this photo?).

Se encontraron incluso que pedir perdón antes de pedir algo no funciona: las frases que incluían términos como «Perdona» o «Disculpa que te moleste» conseguían que menos usuarios retiraran las fotos.

Actualmente, y después de muchos quebraderos de cabeza, la caja que aparece en Facebook cuando quieres quitar una foto tiene el siguiente aspecto e incluye las cuatro razones más utilizadas por los usuarios:

Opciones de facebook para pedir que se quite una foto en la actualidad
Opciones de facebook para pedir que se quite una foto en la actualidad

Esta historia de fotos, denuncias y respuestas de usuarios hizo que los responsables de Facebook comprendieran la necesidad de incluir entre su plantilla a especialistas en conducta humana y psicología.

Diariamente tienen que lidiar con cientos de millones de relaciones entre personas, emociones y sentimientos encontrados, un campo en el que los informáticos y analistas de datos con los que contaban se veían desbordados.

Y es ahora donde vuelvo a recordar la dimensión del fenómeno Facebook y sus números. Mil cuatrocientos millones de personas metidas en un mismo lugar, relacionándose y comunicándose a un nivel jamás visto en la historia del ser humano.

Un campo increíble con posibilidades ilimitadas para estudiar la conducta humana y para realizar estudios científicos que nos ofrezcan respuestas a infinidad de cuestiones sociológicas, políticas, psicológicas…

Es un terreno fascinante para investigar, aprender y conocer y personalmente no me gustaría renunciar a él; aunque eso sí, estimados responsables de Facebook, lo mejor es que en un futuro primero pidan permiso a sus usuarios.

nuestras charlas nocturnas.


Wunderwaffen, las armas secretas de Hitler…


Zielgerät ZG 1229 Vampir
ZG-1229 Vampir

Marcianos(Hery) — La Alemania nazi ha sido el centro de atención y especulación de todo mundo desde hace más de siete décadas. Desde aquel conflicto bélico llamado Segunda Guerra Mundial, las personas no han dejado de cuestionarse cómo un régimen de horror pudo impulsarse a través de una nación avanzada, moderna y comprometida con el progreso.

En lo que refiere al desmedido horror de los nazis, existe un tema extrañamente fascinante sobre la mitología oculta, sus significados, secretos y misterios. La combinación del misticismo y el poderío militar alemán en la época dio pie a toda una subcultura de estudios sobre el tema.

Uno de los aspectos más llamativos sobre el nazismo hace referencia a algo que fue llamado Wunderwaffen, armamento sofisticado de tecnología avanzada incluso para los estándares modernos.

Las Wunderwaffen van desde simples miras láser hasta motores de propulsión a chorro supersónicos, cosas que en la década de 1940 no existían más que la ficción, pero que ya eran contempladas por los científicos alemanes cómo posibilidades y en algunos casos llegaron a fabricarse prototipos. Otras armas jamás abandonaron el papel, pero no por eso dejan de ser espectaculares.

– ¿Qué parte de esta historia es verdad y cuánto fue pura invención?

Como cualquier complejo militar industrial, los nazis tenían programas de desarrollo e investigación, así como ingenieros y empleados a su completo servicio. Al interior de estas industrias armamentistas existieron incontables programas y planos para el desarrollo de armas avanzadas.

A medida que la mano de obra y los recursos financieros fueron limitándose en el transcurso de la guerra, una menor cantidad de proyectos fueron sacados a flote, y algunos de estos que siguieron hasta el final del conflicto eran simplemente increíbles.

En la actualidad conocemos prácticamente la totalidad de programas militares en desarrollo durante el gobierno de los nazis. Hacia el final de la guerra, los Aliados lograron apoderarse de diversas instalaciones relativamente intactas y de estos lugares se obtuvieron tecnología, planos y documentos. Incluso prototipos de maquinaria.

Mucho de este material debió haber sido destruido por los propios nazis, pero cuando vieron la guerra perdida, la prioridad fue ocultar los crímenes cometidos en los Campos de Exterminio.

Los planos confiscados por los Aliados mostraban que los nazis estaban comprometidos con la construcción de aviones caza, como los modernos Messerschmitt Me 262 y el Heinkel He 162, dos aeronaves muy superiores a cualquier aparato de la época.

Hacia el final de la guerra, algunas tropas ya iban equipadas con el Zielgerät ZG-1229 Vampir, miras infrarrojas que les proporcionaban visión nocturna, mucho antes que los estadounidenses concibieran la idea. 

El auge del período militar nazi se dio durante el programa de desarrollo del misil de crucero V-1 y del proyectil balístico suborbital de larga distancia, el V-2. Se probaron 3000 prototipos y más de la mitad logró alcanzar el espacio, 15 años antes que lo hiciera el Sputnik 1.

diagrama del misil v1 aleman
Diagrama del V-1.

– Vehículos aéreos para la guerra.

Pero existieron otros planos mucho más fantásticos.

Entre los vehículos aéreos teníamos al Horten Ho-229, un avión de propulsión a chorro el Mach 2.2, Lippisch P13a un caza con alas en formato delta, un avión espía de altitud similar al U-2 estadounidense llamado DFS-228, y hasta un avión con alas en rotación, el Messerschmitt P.1101, que se convirtió en el precursor del Bell X-5.

También existían planos para el desarrollo de aviones capaces de realizar despejes y aterrizajes verticales.

Messerschmitt P.1101
Messerschmitt P.1101

Los nazis también intentaron desarrollar en forma agresiva el proyecto para su Amerika Bomber, un avión bombardero con una capacidad de vuelo suficiente para desplegar ataques sobre los Estados Unidos. Los nazis creían que desplegando bombarderos sobre las ciudades estadounidenses podrían cambiar el curso de la guerra.

Dichos aviones incluían variantes del Arado E 555 e incluso de un vehículo suborbital llamado Silbervogel que llegó a ser probado. Con estos aviones, en teoría, los nazis serían capaces de lanzar bombas sobre Nueva York y Boston, devastando a las dos principales ciudades de Estados Unidos.

Horton Ho IX
Horten Ho-229

Arado E 555
Arado E 555

– Vehículos terrestres y anfibios.

En tierra los alemanes tenían planos para la construcción de enormes tanques blindados. La tecnología de tanques nazis durante la guerra superaba por mucho a la de los aliados. El Tiger II tenía una capacidad de movilidad, velocidad y blindaje impresionante, casi comparable con las de los tanques actuales. Pero los planes implicaban construir armas aún más grandes y letales.

El Landkreuzer P.1000 Ratte y el P.1500 Monster, requerían a una tripulación de 40 y 100 hombres respectivamente. Eran máquinas colosales, equipadas con cañones de largo alcance que recordaban más a trenes que a tanques. 

Podían disparar las más grandes piezas de artillería diseñadas hasta la fecha, proyectiles de 800 milímetros con un poder de destrucción abominable. Si hubieran sido producidos, esos tanques podrían reducir ciudades enteras a ruinas.

comparacion de tanques P.1500 Monster
Landkreuzer P.1000 Ratte y P.1500 Monster eran colosales.

En el agua, los nazis planeaban construir un nuevo modelo de submarino capaz de disparar sus misiles V-2 desde alta mar hasta las ciudades estadounidenses. El plan era construir estos dispositivos como plataformas móviles de lanzamiento, capaces de transportar hasta 100 misiles de largo alcance.

Tres llegaron a desarrollarse, incluso una quedó lista antes del final de la guerra, pero el atraso en las pruebas de los misiles V-2 respecto al desarrollo del submarino imposibilitaron su despliegue. Posteriormente, el proyecto de la plataforma fue empleado por estadounidenses y soviéticos en los años 50.

– Armamento nuclear.

Los nazis también estaban cerca de desarrollar armas atómicas para equipar sus misiles V-2. Documentos secretos obtenidos del alto comando alemán, muestran que un proyecto para la construcción de complejos de enriquecimiento de uranio estaba en proceso.

Con dicho material en las manos, no pasaría mucho tiempo antes que lograran fabricar armas de destrucción masiva.

misil v2 aleman
V-2 Alemán.

Mientras el Proyecto Manhattan estaba sucediendo en los Estados Unidos, había un hermano gemelo en Alemania: el Uranverein, o Club del Uranio. El Uranverein tuvo un arranque tan prometedor como el Proyecto Manhattan, y quizá mucho más eficiente; sin embargo, los nazis no tenían recursos para profundizar en las investigaciones y el curso de la guerra frenó cualquier progreso.

La operación con reactores alemanes para crear plutonio requería de agua pesada, proveniente casi exclusivamente de la Estación Hidroeléctrica de Vemork en Noruega, un sitio que producía nitrógeno con fines agrícolas.

El Club del Plutonio fue desmantelado por aquella que quizá fue una de las operaciones de sabotaje más importantes en la historia: la Operación Gunnerside, en la que un pequeño comando noruego fue lanzado tras las líneas enemigas y esquiaron hasta Vemork.

A continuación, escalaron los acantilados dónde se encontraba la planta, ingresaron al complejo a través del ducto de ventilación y plantaron explosivos.

La explosión destruyó todo el suministro alemán de agua pesada y la mayor parte del equipo necesario para su producción. Tres mil soldados fueron enviados tras los saboteadores, pero el comando noruego se las arregló para escapar.

comando noruego Operación Gunnerside
El comando noruego responsable por el sabotaje.

Meses después el complejo volvió a operar, pero los bombarderos aliados lograron damnificar las instalaciones una vez más. Los alemanes hicieron un último intento de enviar un cargamento de agua pesada a través de buques cargueros en el Mar del Norte.

Otro heroico equipo de comandos noruegos, entre los que participaba el legendario guerrillero Knut Haukelid, logró plantar explosivos a bordo. Con la embarcación fuera de juego, los submarinos terminaron el servicio y enviaron la carga a las profundidades del océano.

Aquello afectó tanto al programa nazi de armas atómicas que terminaron cancelándolo.

poyecto uranio

Varios especialistas en tecnología creen que los científicos del Club del Uranio llegaron a realizar pruebas simulando explosiones atómicas. Sin embargo, las armas tenían el «interior hueco», lo que quiere decir que aunque contaban con la tecnología para explotar material radiactivo, no fueron abastecidas con plutonio.

Los historiadores defienden que era cuestión de tiempo hasta que los nazis desarrollaran por completo su programa nuclear y estuvieran listos para crear bombas atómicas. Si el Club del Uranio hubiera continuado con sus investigaciones la guerra podría haber finalizado de una forma muy diferente.

En el 2006, un grupo de científicos encontró trazos de radiación en estaciones de investigación usadas en los tiempos de guerra, rastros de energía que comprueban la manipulación de compuestos radiactivos. Esto nos muestra que los alemanes poseían la tecnología, aunque el suministro de plutonio fuera escaso.

– Platillos voladores y Die Glocke.

Todo esto nos lleva al increíble proyecto de la Wunderwaffen nazi, un dispositivo ultrasecreto apodado Die Glocke, cuyo significado es «La campana».

La campana sería un vehículo aéreo con forma de disco, generalmente descrito como un disco volador. Cuando se habla de la Wunderwaffen nazi, muchos investigadores inmediatamente piensan en estos misteriosos discos, sus nombres y denominaciones.

En ninguna base o complejo industrial tomado por las fuerzas aliadas se encontró algo remotamente parecido a La campana, al menos no que se sepa.

Die Glocke nazi

Sin embargo, hay muchos planos y documentos que sugieren la construcción de estas máquinas aéreas de diseño absurdo.

El origen de los discos voladores nazis es discutido a detalle en un libro escrito a mediados de 1990 por el historiador militar polaco Igor Witkowski titulado «La verdad sobre la Wunderwaffen».

En la obra, Witkowski nos relata una historia sensacional: este sujeto habría obtenido acceso a documentos secretos dirigidos a un oficial nazi llamado Jakob Sporrenberg en los últimos días de la guerra.

A través de diversas transcripciones, el autor relata la forma en que tuvo conocimiento sobre el Proyecto Campana que implicaba el desarrollo de un vehículo aéreo con motores gravitacionales de flotación.

Die Glocke la campana

Pese a esto, se desconoce si el libro de Witkowski tiene algo de verdadero o es pura ficción especulativa. No ofrece evidencias sobre la existencia y nadie parece apoyar sus ideas y conclusiones. El personaje principal del libro, el oficial de la SS Sporrenberg tampoco pudo confirmar los alegatos.

Este hombre fue ejecutado por crímenes de guerra en 1952. Se sabe que Sporrenberg fue un oficial severo que enfrentó a los partisanos en Polonia y tuvo poca conexión con la ciencia aérea y grupos de desarrollo de armas en el ejército.

Pero aunque existan pocas pruebas para sustentar la existencia del disco volador alemán, el misticismo que rodea al régimen ayuda a propagar este tipo de creencias. Después de todo, el misticismo y el mundo oculto formaron parte inherente de la legión nazi.

– El origen de las teorías.

El régimen siempre resultó un condensador de teorías extrañas y controversiales.

El origen de estas teorías parece tener lugar en el trabajo de dos autores franceses en la década de 1960 con un trabajo titulado «El amanecer de Los Hechiceros» (The Moaning of the Magicians), donde se especulaba sobre las múltiples tradiciones místicas y sociedades secretas activas en Alemania.

Entre estás oscuras sociedades influyentes en los años que antecedieron a la guerra, una llamaba la atención poderosamente, se hacía llamar la Sociedad Vril.

. La Sociedad Vril.

La misteriosa Sociedad Vril estaba integrada por ocultistas, autodenominados hechiceros, supuestos satanistas y personas muy importantes en el medio político que darían origen al Partido Nazi.

Según el libro, la Sociedad Vril se ofreció para perfeccionar el ejército alemán y convertirlo en una máquina de guerra eficiente, virtualmente imbatible, cuyo poder estaría sustentado en el conocimiento místico y tecnologías hasta entonces desconocidas.

cupula del partido nazi

La base de todo esto sería el Vril. La Sociedad creía en la existencia de esta misteriosa sustancia que ofrecía una fuente de energía inagotable. Empleando el Vril, cuyo origen para la orden es místico, las máquinas de guerra del ejército nazi funcionarían sin parar y sin la necesidad de mantenimiento.

La sustancia mágica ayudaría a crear soldados invencibles sirviendo como una fórmula para la salud y la longevidad.

Es un poco extraño creer que los nazis realmente creyeron estos conceptos que parecen retirados de historias de ciencia ficción, pero según parece muchas personas importantes en la cúpula del partido nazi creían en la existencia del Vril y en sus increíbles propiedades.

Esto es tan cierto que invirtieron millones de marcos antes de la guerra en expediciones infructíferas buscando a la civilización ancestral que ocultaba el secreto del Vril.

. ¿Pero, cuál es la relación entre el proyecto Die Glocke y el Vril?

Los teóricos creen que el disco volador nazi sería una máquina abastecida por el místico combustible y que era base para el funcionamiento de sus motores antigravitacionales. La gran ventaja del Vril sobre los demás combustibles era el hecho de que el fluido garantizaba una autonomía de vuelo indefinida.

Una vez adaptados, los motores permitirían vuelos largos y estables, las distancias simplemente dejarían de importar.

Victor Schauberger
Viktor Schauberger

Pero existieron otros proyectos de discos voladores en desarrollo por el ejército alemán.

El más popular quizás sea un dispositivo aéreo conceptualizado por Viktor Schauberger, un científico austriaco que encabezó un proyecto que tenía como objetivo construir un vehículo aéreo con un formato innovador.

Los planos de estos proyectos secretos dejan bien en claro que Schauberger buscaba una especie de disco volador. El científico concibió un sistema de propulsión llamado «Vortex líquido» que para algunos, al menos en la teoría, podría funcionar.

generador de tornado de Victor Schauberger

Schauberger trabajó en un complejo militar relacionado a la Luftwaffe en Leolstein entre 1938 y 1945. En el lugar tenía autoridad para construir prototipos y realizar pruebas. Su mayor éxito habría sido un prototipo de metro y medio con 135 kilogramos de peso, equipado con un motor eléctrico que generaba un campo antigravitacional que permitía que el aparato flotara.

Según Schauberger: «si el agua o el aire rotan en una fuerza giratoria de oscilación llamada coloidal, puede generarse energía suficiente que permita la capacidad de levitación».

En otra prueba que tuvo lugar en 1942, otro prototipo habría levitado a 2 metros de altura para desplazarse mediante la ayuda de motores horizontales. Esta máquina habría cargado a dos pasajeros, pero no funcionó durante mucho tiempo. Algunos creen que el programa tenía la intención de construir una tabla voladora primitiva y no un vehículo de altitud.

platillo volador nazi

Al final de la guerra, el complejo de investigaciones de Schauberger fue destruido por las bombas soviéticas. El científico y su equipo recibieron órdenes de destruir los prototipos e incinerar las plantas y documentos para que nada cayera en manos de los enemigos. Schauberger afirmó hasta el final de su vida que cumplió esa orden sólo en parte.

Para librarse de una condena, aceptó destruir los prototipos, pero mantuvo los planos de su investigación en un intento de negociar con los estadounidenses la tecnología en la cual venía trabajando. No se sabe si dicha historia es verdadera, pero Schauberger migró a Estados Unidos en 1945 y se estableció en Houston donde alegaba haber trabajado en una división secreta relacionada con la fuerza aérea estadounidense.

Schauberger no vivió mucho para contarlo a causa de una enfermedad degenerativa. En su lecho de muerte habría declarado «me quitaron todo. Ya no tengo nada. No tengo nada, ni siquiera a mí mismo». El científico murió en 1947.

Durante la década de 1950 los estadounidenses intentaron desarrollar dispositivos aéreos con aerodinámica arriesgada como el Avro-Car y el Neg-G que asemejaba mucho a discos voladores típicos del proyecto Glocke.

Desafortunadamente, estos emprendimientos terminaron siendo abandonados a comienzos de los años 1960 cuando los aviones de propulsión a chorro se convirtieron en las armas más eficientes del arsenal aéreo alrededor del mundo.

Las súper armas de Hitler quizá jamás llegaron a salir del papel, pero siguen fascinándonos y aterrorizándonos como todo aquello que tiene que ver con el régimen nazi.

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El diablo era un escultor mediocre y peor marido…


Luis Antonio de los Arcos

Historias de la historia(J.Sanz) — La figura del diablo se ha representado a lo largo de la historia de múltiples formas, incluso muchos, en algún momento, le hemos llegado a poner el rostro de alguien que, por su forma de actuar, bien podría haber vendido su alma al personaje en cuestión.

Hoy vamos a descubrir quién era, a qué se dedicaba… y qué cara tenía.

Se llamaba Luis Antonio de los Arcos y fue un mediocre escultor.

Luisa Roldán (1652 – 1704), «La Roldana«, fue una de las principales figuras de la escultura religiosa del Barroco de finales del siglo XVII y principios del XVIII.

Su maestro fue Pedro Roldán, su padre, que dirigía uno de los mejores talleres de Sevilla. Consiguió llegar a ser escultora de cámara de Carlos II y Felipe V.

Su vida fue un mundo de luces, en lo profesional, y de sombras, en lo familiar.

Se enamoró de Luis Antonio de los Arcos, aprendiz en el taller de su padre, y volvió a demostrar su carácter al casarse en contra de la voluntad de su progenitor. Casados ya, Luis Antonio confirmó todas las sospechas del padre de Luisa: escultor de feria, pendenciero, borracho, derrochador, mantenido… «una joya».

En 1692 Luisa recibe el encargo de Carlos II para realizar la obra «el Arcángel San Miguel con el diablo a sus pies«, que formaría parte del conjunto escultórico del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, donde hoy se puede contemplar.

La genial escultora decidió poner las cosas en su sitio y ponerles cara a los protagonistas de su obra: representó a San Miguel con su propia cara y le puso el rostro de su marido al diablo.

Esta imagen forma parte de la escultura en madera policromada «El arcángel San Miguel con el diablo a sus pies» de Luisa Roldán.

Roldana

El recuerdo de su marido ha quedado como la representación del diablo.

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La historia del vaso: un objeto humilde y fascinante…


Cultura del vaso campaniforme - Wikipedia, la enciclopedia libre

El vaso, un objeto tan simple y cotidiano, tiene una historia sorprendentemente rica y compleja que se remonta a los albores de la civilización.

Desde sus inicios como un simple recipiente para almacenar líquidos hasta su evolución como símbolo cultural y religioso, el vaso ha sido testigo de eventos históricos trascendentales, ha servido como herramienta para el desarrollo humano y ha dejado una huella imborrable en la cultura material de la humanidad.

Los primeros vasos fueron creados por la necesidad humana de almacenar y transportar líquidos. Los materiales disponibles en la época, como la madera, la piedra y la arcilla, fueron utilizados para crear recipientes rudimentarios. La evidencia arqueológica sugiere que las primeras vasijas de arcilla cocida datan de hace unos 000 años a.C., en el período Neolítico.

La técnica de cocción de la arcilla, que permitió la creación de vasijas más resistentes y duraderas, se desarrolló en Mesopotamia y Persia alrededor del 000 a.C., y se extendió a Egipto en los siglos siguientes.

La invención de la cerámica marcó un hito en la historia del vaso. La arcilla, un material abundante y versátil, permitió la creación de vasijas de diferentes formas y tamaños, adaptables a diversas necesidades. La cerámica también permitió la decoración de los vasos, lo que dio lugar a la aparición de las primeras expresiones artísticas en la historia humana.

A lo largo de la historia, el vaso ha trascendido su función práctica y se ha convertido en un símbolo cultural y religioso. En la antigua Mesopotamia, los vasos se utilizaban en ceremonias religiosas y se decoraban con motivos religiosos. En el antiguo Egipto, los vasos se usaban como ofrendas a los dioses y se enterraban con los faraones en sus tumbas.

En la Grecia antigua, los vasos se convertían en auténticas obras de arte. La cerámica griega se caracterizaba por su exquisitez y belleza, y los vasos se decoraban con escenas de la vida cotidiana, mitos y leyendas. Los vasos griegos eran tan apreciados que se exportaron a otras culturas, donde se convirtieron en objetos de colección.

Historia del vaso y la copa. | odelylm

En las culturas precolombinas, los vasos también tenían un significado religioso.

Los vasos de cerámica se utilizaban en ceremonias y rituales, y se decoraban con motivos religiosos y simbólicos.

Los vasos de cerámica precolombinos son considerados hoy en día como obras de arte y se encuentran en museos de todo el entorno.

El vaso ha evolucionado constantemente a lo largo de la historia, adaptándose a las necesidades y los gustos de las diferentes culturas.

Desde las vasijas de cerámica rudimentarias hasta los vasos de cristal sofisticados, el vaso ha sido un reflejo de la evolución de la tecnología y la estética humana.

La introducción del vidrio en la fabricación de vasos marcó un nuevo hito en la historia de este objeto. El vidrio, un material transparente y resistente, permitió la creación de vasos más delicados y elegantes. Los vasos de cristal se convirtieron en un símbolo de riqueza y distinción, y se utilizaban en las mesas de los más poderosos.

En el siglo XIX, la producción industrial de vasos se desarrolló a gran escala, lo que hizo que los vasos se volvieran más accesibles para la población en general. La introducción de nuevas técnicas de fabricación, como el soplado de vidrio, permitió la creación de vasos de diferentes formas y tamaños, adaptables a las necesidades de la sociedad moderna.

El vaso ha estado presente en la cultura popular desde tiempos inmemoriales. En la literatura, el vaso ha sido utilizado como símbolo de la fragilidad de la vida, la belleza efímera y la naturaleza fugaz del tiempo. En la pintura, el vaso ha sido un tema recurrente, desde las naturalezas muertas del siglo XVII hasta las obras abstractas del siglo XX.

En el cine, el vaso ha sido utilizado como un elemento narrativo, un símbolo de la soledad, la nostalgia o la esperanza. En las canciones, el vaso ha sido una fuente de inspiración para las letras, que hablan de amor, desamor, alegría y tristeza.

En la actualidad, el vaso sigue siendo un objeto esencial en nuestra vida cotidiana. La tecnología ha permitido la creación de vasos de materiales innovadores, como el plástico y el metal, que son más ligeros, resistentes y duraderos. Los vasos también se han convertido en objetos de diseño, con una gran variedad de formas, colores y texturas.

El vaso ha dejado de ser un simple recipiente para convertirse en un objeto con un significado cultural, social y tecnológico. El vaso es un reflejo de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra evolución como especie.

La historia del vaso

Tabla de Vasos Históricos

Tipo de VasoMaterialCulturaUsoPeríodo
Vasija de arcilla cocidaArcillaNeolíticoAlmacenamiento de líquidos000 a.C.
Vasija de cerámicaArcillaMesopotamiaCeremonias religiosas000 a.C.
Vasija de cerámicaArcillaEgiptoOfrendas a los dioses000 a.C.
LarnaxCerámicaGreciaSarcófagoSiglo XV a.C.
LecitoCerámicaGreciaContenedor de ungüentosSiglo VIII a.C.
LutróforoCerámicaGreciaVasija para aguaSiglo VI a.C.
CráteraCerámicaGreciaVasija para mezclar vinoSiglo V a.C.
AlabastrónCerámicaGreciaVasija para perfumesSiglo IV a.C.

El vaso, un objeto aparentemente simple, encierra una historia rica y compleja que refleja la evolución de la humanidad. Desde sus inicios como un simple recipiente hasta su transformación en un símbolo cultural y religioso, el vaso ha sido un testigo silencioso de la historia y una fuente de inspiración para la creatividad humana.

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El científico que se tomó un té con Jesucristo…


Emanuel Swedenborg

Historias de la historia(J.Sanz) — Estamos hablando del científico sueco Emanuel Swedenborg (1688 – 1772) que, si hacemos caso de Wikipedia, fue hidrógrafo, fisiólogo, astrónomo (fabricando él mismo sus propias lentes, su telescopio y su microscopio), relojero, lingüista (hablaba quince lenguas), biógrafo, poeta, editor, psicólogo, filósofo, matemático, geólogo, metalúrgico, botánico, químico, físico, ingeniero en aeronáutica, dibujante, músico, ingeniero de minas, tesorero, cosmólogo, teólogo…

Además de las múltiples materias en las que desarrolló su trabajo, llegó a ser un referente, en vida y tras su muerte, en los trabajos de científicos, escritores y artistas como William Blake (calificado por The Guardian como «el mayor artista que Gran Bretaña ha producido«), Ralph Waldo EmersonWilliam B. Yeats… y Jorge Luis Borges.

Borges, en una conferencia en la Universidad de Belgrano en 1978, dijo:

Voltaire dijo que el hombre más extraordinario que registra la historia fue Carlos XII. Yo diría: quizá el hombre más extraordinario -si es que admitimos esos superlativos- fue el más misterioso de los súbditos de Carlos XII, Emanuel Swedenborg»

Entonces, ¿qué ocurrió para que muchos lo cataloguen de místico o espiritista? Tomar un té con Jesucristo.

A Swedenborg también le gustaba mucho viajar y llevaba un diario de viajes donde apuntaba cualquier detalle que le sirviese para sus trabajos. En los viajes por los Países Bajos y Londes, 1744 y 1745, anotó una extraña visión:

un desconocido, que silenciosamente le había seguido por las calles de Londres, y de cuyo aspecto nada sabemos, apareció de pronto en su cuarto, se sentaron a la mesa y tomando el té le dijo que era el Señor.

Le encomendó la tarea de reconducir la labor de la Iglesia, la interpretación de las escrituras y, facultado con la posibilidad de visitar el Cielo y el Infierno, revelar a la humanidad los secretos de la vida después de la muerte. El resto de su vida lo dedicó a la misión encomendada.

En 1849 se constituyó la Fundación Swedenborg en Nueva York. Hoy en día, sus fines son la difusión de sus obras teológicas, libros contemporáneos y videos sobre el crecimiento espiritual, ofrecer conferencias y talleres, y mantener una biblioteca de literatura Swedenborg.

En 1910, se reconoció el carácter extraordinario de su intelecto y el Rey Gustavo V de Suecia presidió el tributo nacional con que se decidió honrar su memoria.

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Muerte y robos: la trágica infancia de El Cordobés, el torero «chalao» que enamoró a Franco…


El Cordobés cumple 84 años: "Dios tocó a algunos toreros con la varita,  pero a mí me cogió en brazos" | Toros

abc(M.P.Villatoro) — Le llamaban ‘el torero del pueblo’; su estilo poco depurado, cuasi «charlotero» o de «chalao», como lo denominaba ABC en los años sesenta, encandiló a aquella sociedad que luchaba a diario por un mendrugo de pan. Pertenecía a la clase baja de los novilleros; era ese tipo de barrio que se había ganado un hueco en la élite a dentelladas.

¡Diantre! Si Manuel Benítez, el mismo ‘Cordobés’ enfocado hoy por la actualidad tras reconciliarse con su hijo, llegó a enamorar a Francisco Franco. Se recuerdan por decenas las ocasiones en las que el dictador le lanzó loas por el naso que demostraba en la plaza, que era mucho.

Por eso, y porque Franco lo utilizó como reclamo publicitario de cara a la misma Europa que pretendía arrullar; aquello del interés, Andrés.

«¿Qué pasa, Manolo?», le espetó en una ocasión el dictador. «¿Qué ha de pasar? Pues que la gente no hace más que hablar de nosotros dos», respondió el bueno de El Cordobés. No le faltaba razón. Tenía ese algo especial con la sociedad; una conexión que le convirtió en una estrella dentro y fuera de nuestras fronteras.

«Yo podía ser un buen político; como orador, hubiera podido coger a la gente, con una preparación, por supuesto. Ha habido muchos toreros mejores que yo… Sin embargo, ahí estoy», admitió.

. Dura infancia

Pero vayamos por partes. ¿Tan humildes eran sus orígenes ? Vaya que sí. ABC lo constató allá por 1962. A finales de enero, el periodista José Medina Gómez pasó un día con el torero, convertido ya en estrella, y desveló su lado más íntimo: «Hay una trágica constante en su vida: el hambre.

Hijo de una familia humilde, quedó pronto huérfano por partida doble». Nació en 1937, en Palma del Río (Córdoba). Su padre murió cuando el chiquillo apenas había superado su primera primavera; su madre, poco más de un año después. Quedó al cargo de su hermana mayor, Ángeles, que no pudo evitar que se doctorar en el innoble arte de ser un golfillo.

«Tuvo una existencia de pícaro, de vagabundo. Aunque había un deseo, una constante: ser torero; la ilusión de tantos chavales en Andalucía», escribía ABC. Pero la suya era más fuerte que la de sus colegas. No andaba solo ‘el Renco’, como le apodaban. A su vera siempre estaba su inseparable Juan María Horrillo Chacón.

Con él comenzó a ‘cortar’ las reses –separar de la vacada a la que se va a lidiar– y a saltar las vallas de las ganaderías para enarbolar sus primeras verónicas. ¿Cosas de niños? No tanto. En aquellas noches prohibidas, su confidente ya le llamaba a la calma cuando Manolo se enfrentaba a las vacas: «¡Prudencia, prudencia!». Ni caso.

Muerte y robos: la trágica infancia de El Cordobés, el torero «chalao» que  enamoró a Franco - Archivo ABC

Otra de sus compañeras inseparables de juventud fue la amenaza de la prisión.

Porque el hambre le atenazaba y robaba, porque accedía a las ganaderías sin permiso y por otras mil razones más.

No fueron ni una ni dos las veces que Horrillo pidió limosna para sacarle de la cárcel.

‘El Cordobés’, en cambio, prefería usar el dinero para pagarse la entrada a la plaza.

Al final, alguien se fijó en él, y comenzó así su andadura como novillero.

Fue entonces cuando le dijo a Ángeles una frase que se hizo famosa: «Este año, te regalo un traje de luto, o una casa».

Poco después viajó a la capital para ejercer ya su nueva profesión, aunque tuvo que compatibilizarla con trabajo de albañil.

En Madrid vivió más cruces que caras. La mayor tragedia que sufrió en sus carnes fue una corrida con un torero llamado Manolo Gómez. Fue un 13 de septiembre de 1959, día de la mala suerte por tradición templaria. Aquel día, el morlaco estaba más que bravo… «Los dos ‘espadas’ resultan heridos. Los trasladan al Hospital provincial. Están juntos, solos, desamparados.

Gómez se muere y ‘el Cordobés’ no puede siquiera tenderle la mano para consolarlo en su agonía», explica ABC. A partir de entonces, él llamó a aquellos episodios «gafes del oficio». Tristes y amargos ‘gafes’, pero propios del mundo del toreo, al fin y al cabo.

. Salto al ruedo y a la fama

Pero hasta de la pesadilla más estremecedora se termina saliendo. Y, en el caso de ‘el Cordobés’, fue con la ayuda de Rafael Sánchez Ortíz, de nombre artístico ‘el Pipo’. Este popular apoderado vio algo en el chaval que le hizo un ‘click’. Y, tras una sencilla entrevista, le abrió las puertas grandes de las plazas madrileñas bajo su paraguas.

El encuentro, pintoresco donde los haya, lo recogió ABC en una de las miles de páginas que, a la postre, dedicó a este personaje:

–¿Qué sabes hacer?

–Soy peón de albañil, pero quiero ser torero.

–¿Has comido?

–Ni hoy ni ayer.

–Te doy de comer, y vamos a ver si eres torero de verdad…

No tardó en demostrarlo. A los 23 años, un 15 de mayo de 1960, Manolo debutó en Córdoba. En unas horas pasó del anonimato a la fama. «¿Quién es este?», se preguntaba el público. Era un muchacho sin miedo a la muerte que, aunque carecía del estilo fino de los toreros de más alta cuna, le ponía bravura delante del morlaco.

Y eso, a costa de revolcones y de su propia integridad. Ese fue, de hecho, su gran activo. «El triunfo le abre las puertas de Andalucía la Alta. Empieza a cobrar los réditos de sus desvelos. Y al socaire de sus éxitos profesionales nace la fama de su personalidad», señalaba este diario.

Y de ahí, a una fama avalada por cifras. En 1960 participó en 67 festejos y fue invitado a una corrida en El Pardo organizada por Franco. Y allí tuvo la suerte de padecer varios revolcones.

Y digo suerte porque aquellos golpes y envites le granjearon el cariño del dictador, que quedó prendado de su valor y de su historia de superación; la misma que los medios de comunicación se encargaron de narrar a los cuatro, cinco y seis vientos. A partir de aquí comenzó la locura publicitaria.

Ejemplo de ello es que se estrenaron dos largometrajes que se zambullían de lleno en su vida; uno en 1962 y otro en 1963.

Lo que Manuel Benítez 'El Cordobés' osó decirle a la cara a Franco - Chic

Él mismo protagonizó una película, ‘O llevarás luto por mí’, basada en la novela homónima que escribió en su honor Dominique Lapierre. En los años siguientes se hizo tan famoso que saltó el charco e hizo una gira por Latinoamérica. Las veces que fue cogido no se pueden contar, lo mismo que las corridas en las que participó. En 1965 hasta batió un récord de participación: 111 fiestas.

Casi nada… Y, por si fuera poco –para él nunca lo era–, Manolo fue tan avispado como para labrarse una imagen propia, a caballo entre chulo de barrio y bromista desenfrenado. Así lo admitió en una entrevista recogida por Rosario Pérez en ABC:

«He estudiado en las tientas creaciones, cuando nadie me ha visto. En mi placita me preguntaba: ¿Cómo puedo esto cambiarlo? ¿Cómo puedo hacer cosas que no haya hecho nadie? El Cordobés ha creado la rana, el paso de la avioneta, su manera de andar, el flequillo… Antes, el buen torero no se despeinaba. Tenía que salir de la plaza sin mancharse, con la goma o la lata puesta. «¡Qué torero más perfecto! Oye, ¿has visto cómo ha estado, que no se ha manchado o no se ha despeinado?» ¿Pero cómo no se va a despeinar, hombre? ¡Si uno va allí a jugarse la vida con una fiera!».

Manuel Benítez fue algo más que un novillero, fue –es– un icono de la España de posguerra. Por eso volvió a los ruedos casi tantas veces como se retiró de ellos. Hasta principios de los ochenta, con casi medio siglo de vida, destiló verónicas el bueno de Manolo. Ya fuera en plazas colosales como Las Ventas, ya fuera en ruedos de tercera. Porque, como la mujer del César, el ‘torero del pueblo’ no solo tiene que serlo, sino parecerlo.

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Tarjeta postal llega a su destino 121 años después del envío…


La postal perdida mostraba un motivo común en los tiempos del envío: un ciervo en un pasaje invernal

DW(dpa) — Tomó un poquito más de tiempo de lo planeado: después de 121 años, una postal finalmente llegó a su destino en Gales. La tarjeta, que en realidad estaba dirigida a la «señorita Lydia Davies», fue recibida por una empresa que ahora tiene su sede en la ciudad de Swansea. En el momento de la postal, un tal John F. Davies vivía allí con su esposa María y seis hijos; la mayor se llamaba Lydia, que en ese momento probablemente tenía 16 años, según han demostrado las investigaciones.

No está del todo claro cómo acabó la tarjeta en la empresa de destino. Un portavoz de Royal Mail especuló al respecto: «Es probable que esta postal se reintrodujera en nuestro sistema y permaneció en el correo sin ser registrada como perdida durante más de un siglo. Si un envío está en nuestro sistema, estamos obligados a entregarlo en la dirección correcta”.

Postal invernal con un ciervo

Con la ayuda de usuarios de las redes sociales, la empresa descifró la tarjeta que muestra un ciervo en un entorno invernal. Según esto, un hombre llamado Ewart le escribe a «L” que lamenta mucho no poder llevarse un «par” de un artículo desconocido. Tiene unos 10 chelines «de cambio, sin incluir el viaje en tren, así que lo llevo bien”. Lydia debería mandar saludos a «Gilbert y John», de parte del remitente.

La postal está escrita en cursiva negra y lleva un sello verde de medio penique con el retrato del rey Eduardo VII (1901-1910). La empresa ahora quiere buscar a familiares de los contactados. Esto podría resultar complicado: el apellido Davies es muy común en Gales. Es posible que los descendientes ya no vivan en la parte británica del país. Lo último que se sabe de Lydia es que se casó con un hombre de Londres propietario de un hotel, dijo un portavoz de la empresa.

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El hombre que más veces fue enterrado (en vida)…


Pedrarias

Historias de la historia — En su momento hablamos del caso de Formoso I, el Papa que después de morir fue desenterrado, juzgado, vuelto a enterrar, otra vez desenterrado… pero hoy nos referimos a Pedro Arias Dávila (Pedrarias), Gobernador y Capitán General de Castilla del Oro (territorio que comprendía territorios de los actuales países de Nicaragua, Costa Rica, Panamá y la parte norte de Colombia).

Después de brillar en la conquista de Granada y en tierras africanas (conquista de Orán y en la toma de la fortaleza de Bugía), en 1513 fue nombrado Gobernador y Capitán General de Castilla del Oro.

En 1519 fundó la ciudad de Panamá en su primitivo asiento (actualmente llamada Panamá la Vieja).

Se caracterizó por su temperamento sanguinario y ambicioso y la crueldad con que trató tanto a los indígenas como a los españoles.

Ordenó decapitar a Vasco Núñez de Balboa, descubridor del océano Pacífico, y a Francisco Hernández de Córdoba, fundador de varias ciudades en Nicaragua.

Irónicamente, para Pedrarias, las monedas de Panáma y Nicaragua son el balboa y el córdoba, respectivamente.

Durante una de las batallas en la lucha por el trono de Castilla, entre los partidarios de Isabel la Católica y Juana la Beltraneja, Pedrarias fue gravemente herido y lo dieron por muerto. Cuando iba a ser enterrado uno de sus sirvientes se dio cuenta de que se había movido… estaba vivo.

Pedrarias, como recuerdo a aquel momento y hasta el fin de sus días, celebró el aniversario de aquella fecha con su funeral y su correspondiente entierro. Claro está, y para desdicha de muchos, que luego era desenterrado. Si las luchas entre Isabel y Juana fueron entre 1475 y 1479, y él murió en 1531… hubo unos cuantos.

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Mentiras gozosas: la domesticación de la infancia…


De ilusión también se vive (1947). Imagen 20th Century Fox. Mentiras
De ilusión también se vive (1947).

JotDown(C.Frabetti) — Después de tantos años debería haberme acostumbrado, pero nunca deja de sorprenderme, al llegar las navidades, el aplomo con que en todos los medios, y muy especialmente en los informativos de la televisión, se habla de Papá Noel y de los Reyes Magos como si fueran reales.

A lo sumo una media sonrisa en el rostro impávido del presentador, un guiño cómplice al hablar con afectado rigor informativo de las peripecias de «sus majestades». Un guiño de complicidad con los adultos, claro, no con los niños, sino más bien contra ellos (como cuando nos reímos de una persona pretendiendo que lo hacemos con ella).

Y con la renovada sorpresa navideña me vuelve el recuerdo de un par de niños, uno desengañado y otro solo a medias. El primero, sobrino de un amigo muy querido, dijo con amargo desencanto infantil: «Si Papá Noel no existe, Dios tampoco», y el segundo protagonizó la anécdota que referiré más adelante y que me inspiró una inesperada reflexión política.

  • La abducción de Papá Noel

El razonamiento del primer niño podría parecer precipitado: de la inexistencia de Papá Noel no se infiere necesariamente la inexistencia de Dios, por lo que la deducción no es correcta. Pero la abducción sí, como diría Peirce, pues ambos arquetipos son elementos básicos de un mismo relato, que se tambalea al quedar invalidado uno de ellos (es difícil creer en Júpiter Tonante sabiendo que los rayos no son venablos).

Los niños —al igual que los científicos— continuamente tienen que elaborar hipótesis a partir de informaciones insuficientes o engañosas, lo que los convierte en abductores ingenuos, pero a menudo certeros. 

Tal vez convenga aclarar que la abducción de la que hablo no tiene nada que ver con supuestos secuestros de humanos por parte de alienígenas. Pues, aunque es más conocida la acepción ufológica del término, en la jerga de la lógica una abducción es un silogismo cuya premisa no es segura, sino solo probable.

Y puesto que, tanto en la vida cotidiana como en la investigación científica, casi nunca podemos estar seguros de nada, en realidad la mayoría de nuestros razonamientos son abductivos, incluso cuando creemos partir de certezas: los silogismos perfectos solo tienen cabida en los cursos de lógica y en la matemática pura.

Y esto llevó al científico y filósofo Charles S. Peirce, a finales del siglo XIX, a proponer el concepto de abducción —redefinido por él— como clave del pensamiento creativo. Para Peirce, la abducción no es una anomalía o variante imperfecta de la deducción, sino que, en pie de igualdad con esta y con la inducción, constituye el trinomio básico del pensamiento, y muy especialmente de la generación de nuevas ideas.

La abducción propone hipótesis, la deducción saca conclusiones de estas hipótesis y la inducción contrasta dichas conclusiones con la experiencia para reforzar o refutar las hipótesis propuestas. Abducción, deducción e inducción son, pues, las tres patas de la inferencia. Y los pilares del método científico. Y del desengaño infantil en un mundo en el que los adultos no suelen decir la verdad.  

  • En España no hay unicornios

Los unicornios existen... y en España tienen género

Porque la verdad solo es digna de ese nombre cuando es «toda la verdad y nada más que la verdad», como reza la conocida fórmula jurídica con la que se toma juramento en los tribunales de algunos países. Las omisiones, los añadidos o las connotaciones de una versión sesgada pueden distorsionar la verdad hasta hacerla irreconocible.

Hace unos años, yendo por una deslumbrante calle navideña que invitaba a dejar volar la imaginación, oí este breve diálogo entre un niño de unos siete años y su padre:

—Papá, quiero ver un unicornio.

—En España no hay unicornios, hijo.

Es cierto, en España no hay unicornios. Pero decir que en España no hay unicornios en vez de decir que los unicornios no existen, es dar a entender que en otros lugares sí los hay o podría haberlos.

En España no hay presos políticos en la misma medida y por la misma razón que no hay unicornios: porque no existen. Ni han existido nunca. Cuando un objetor de conciencia iba a la cárcel, no lo encarcelaban por sus ideas, sino porque infringía una ley que dictaminaba que el servicio militar era obligatorio.

Cuando un antifranquista iba a la cárcel por repartir octavillas o ejemplares de Mundo Obrero, no lo encarcelaban por sus ideas, sino por infringir una ley que prohibía difundir esas ideas mediante publicaciones ilegales.

Por definición, alguien que va a la cárcel después de ser juzgado, es porque un juez lo ha declarado culpable de haber cometido un delito y lo ha condenado a prisión. Por lo tanto, solo se podría considerar preso político a alguien que fuera encarcelado sin que ningún juez lo ordenara; pero en ese caso no cabría hablar de encarcelamiento, sino de secuestro.

Por lo tanto, los presos políticos, al igual que los unicornios, no existen. Menos aún que los unicornios, que podrían llegar a existir gracias a la ingeniería genética, mientras que un preso político, si aceptamos la ley que lo encarcela, es un oxímoron, una contradictio in terminis, y por lo tanto no existe ni puede existir.

Así pues, los embaucadores que repiten como una jaculatoria que en España no hay presos políticos, intentan hacernos creer que en otros lugares u otras épocas sí los hay o los ha habido, y que aquí no los hay porque vivimos en una «democracia consolidada», amparados por una ley que todos deben cumplir.

Y si aceptamos sus premisas, esos embaucadores tienen razón: tanta como el dictador del que son herederos y su «democracia orgánica». Porque si aceptamos la ley que los encarcela —entendiendo por ley no solo la legislación vigente, sino también a los jueces que la interpretan y al Gobierno que los manipula— todos los presos son presos comunes.

Y viceversa: si no aceptamos a un Gobierno corrupto, ni a unos jueces indignos, ni unas leyes cuyo principal objetivo es defender los privilegios de una minoría, ni un sistema carcelario inhumano, todos los presos son presos políticos.

  • Mentiras gozosas
Nicolás de Bari - Wikipedia, la enciclopedia libre
San Nicolas

Y en el mismo sentido en que todos los presos son presos políticos, en este mundo de verdades edulcoradas, medias verdades y mentiras repetidas mil veces, todos los niños son presos mentales (y las niñas más; pero ese es otro artículo).

A la consabida clasificación de las mentiras en perniciosas, oficiosas, jocosas y piadosas, habría que añadir las mentiras gozosas, que van un paso más allá de las piadosas y no se limitan a ocultar o embellecer una verdad cruel, sino que inventan una seudorrealidad encantadora (en ambos sentidos del término).

Y entre las mentiras gozosas con las que se manipula y entontece a la infancia, destaca por derecho propio la de Papá Noel (y sus equivalentes: Reyes Magos, Olentzero, Befana…), el premiador de bondades y repartidor de regalos.

Un juego de ilusiones aparentemente festivo y amoroso que, en realidad, es una solapada técnica de domesticación y sometimiento.

Porque Papá Noel, más que un avatar de san Nicolás, lo es del propio Dios: premia a los buenos (con juguetes, pequeños heraldos del sublime ocio paradisíaco) y castiga a los malos (con carbón, potencial alimento del fuego del infierno) al terminar el año, del mismo modo que Dios premia a los buenos y castiga a los malos al terminar la vida.

  • Mentiras espantosas

Las mentiras gozosas tienen su reverso oscuro —y su complemento necesario— en las mentiras espantosas, pues la domesticación de la infancia, como todas las domesticaciones, se basa en el binomio premio-castigo.

Si te portas bien, los Reyes Magos te traerán juguetes, festivos heraldos del sublime ludus paradisíaco; si te portas mal, te traerán carbón, negra metonimia del fuego infernal.

El mero hecho de que la letra de una de las nanas más populares dijera (con voz suave y melodiosa, para más inri) «Duérmete, niño, duérmete ya, que viene el coco y te llevará», habría sido motivo suficiente para quitarles la custodia a varias generaciones de progenitores.

Y los menos jóvenes hemos tenido ocasión de escucharla en vivo y en directo, pues hasta hace poco era frecuente aterrorizar y pegar a los más pequeños, a una edad en la que los golpes y los sustos dejan marcas indelebles.

No es casual que algunas películas de terror especialmente desasosegantes se basen en la difundida práctica de castigar a los niños encerrándolos en el infame «cuarto oscuro».

La brutal amenaza del coco que se lleva —o se come, según las versiones— a los niños que duermen poco es un claro ejemplo del tipo de mentiras que pretenden convertir las funciones básicas —comer, dormir, lavarse…— en deberes sacrosantos cuyo incumplimiento merece un castigo severísimo.

Otras mentiras espantosas buscan preservar la hipócrita moral sexual burguesa («Si te tocas la colita se te caerá») y pueden prolongarse, convenientemente actualizadas, hasta la adolescencia («Si te masturbas te quedarás ciego o raquítico»).

  • Mentiras disonantes

Junto a —o en medio de— las mentiras gozosas y las espantosas, cabe situar a modo de tertium genus las que podríamos denominar mentiras disonantes (en referencia a la disonancia cognitiva), capaces de provocar alternativamente —o incluso simultáneamente— gozo y espanto, en la medida en que son intrínsecamente contradictorias o remiten a contradicciones flagrantes.

La conducta de los animales, incluidos los humanos, responde a tres pulsiones básicas: el hambre, la libido y el miedo, y una sociedad se define, en gran medida, por la forma en que regula estos impulsos primordiales y por los relatos con los que expone y justifica dicha regulación (uno de estos relatos —a menudo el más importante— es, obviamente, la religión; pero este artículo se centra en las mentiras, y mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar, por lo que quienes trasmiten de buena fe sus convicciones religiosas engañan pero no mienten; habrá que dejar el espinoso asunto de la religión para otro momento).

Y dado que nuestra sociedad está lejos de gestionar de forma satisfactoria —o tan siquiera coherente— las pulsiones y necesidades básicas, los relatos justificatorios suelen estar plagados de falacias y contradicciones, especialmente los destinados a la infancia.

Que el consumo de carne y productos lácteos es una aberración dietética y sanitaria, así como una de las principales causa de la deforestación y el cambio climático, hace tiempo que es un hecho comprobado y repetidamente denunciado por científicos, médicos y ecologistas.

Pero la criminal industria ganadera, como en su día la tabacalera, utiliza sus poderosísimos recursos, influencias e intereses creados para sobornar, silenciar, amenazar y difundir por los grandes medios unas mentiras que, repetidas mil veces, se convierten en supuestas verdades admitidas sin rechistar por legiones de necios, como los publicistas aprendieron de Goebbels.

Que viene el Coco, de Francisco de Goya.

Y a los niños se les sigue diciendo que tienen que tomar mucha leche para crecer fuertes y sanos, lo que no es menos grave que incitarlos a fumar o a beber vino (Si alguien cree que exagero, puede encontrar abundantes informes y testimonios aún más contundentes en la red, e incluso en plataformas tan poco sospechosas de radicalismo como Netflix o Prime; por ejemplo, el documental What the Earth (2017) o la serie Eres lo que comes, en Netflix, y los documentales One Earth: Everything is Connected (2022), La dieta que nos conduce a la extinción (2022) o El fin de la carne (2019), en Prime)

Y por si fuera poco, les contamos cuentos como el de los tres cerditos o el de los siete cabritillos, y luego los homologamos con el lobo feroz —injustamente criminalizado— dándoles un bocata de jamón o unas costillas a la brasa.

Las niñas y niños más inteligentes y sensibles, al descubrir falacias y contradicciones flagrantes en las narrativas de sus mayores, pueden reaccionan de distintas maneras, que van desde la rebeldía abierta hasta la depresión; pero la mayoría, con el cerebro sistemáticamente —sistémicamente— embotado desde la cuna, asumen de forma pasiva y acrítica el irracionalismo reinante.

El mayor perjuicio de las mentiras disonantes —así como su fundamental contribución al mantenimiento del orden establecido— es que abocan a millones de niñas y niños a la disonancia cognitiva.

Por lo que respecta a la libido, si algo dejó claro Freud en sus escritos metapsicológicos (seguramente lo más interesante de su producción), es que la civilización conlleva la represión severa de los impulsos sexuales, especialmente en la infancia (no es casual que el aspecto de sus teorías que en su momento suscitó más rechazo fuera su descripción de una sexualidad infantil «perversa y polimorfa»).

En este caso, la mentira disonante rebota en su objeto —la infancia— y (en)vuelve al emisor —el mundo supuestamente adulto— provocando el consabido efecto del traje nuevo del emperador: se consensúa como políticamente correcta una visión idílica y asexuada de la infancia en la que, en el fondo, nadie cree.

En cuanto a la tercera pulsión básica, el miedo, es sin duda una ventaja evolutiva que en los primeros años de vida sea tan frecuente e intenso. Al igual que nuestros remotos antepasados, las niñas y niños de hoy suelen tener miedo de la oscuridad, del fuego, del agua profunda, de las alturas, de algunos animales, de los desconocidos…

Y, en principio, es bueno que así sea, e incluso hay que fomentar estos temores en los casos en los que, por alguna razón, no surgen espontáneamente. Pero una cosa es fomentarlos en su justa medida (para evitar, por ejemplo, que se queme un niño fascinado por la llama de una vela) y otra muy distinta exacerbarlos sin freno.

En lo relativo al miedo, las mentiras disonantes se unen con frecuencia a las espantosas y a las sobreprotectoras, para dar lugar a relatos disuasorios que entenebrecen la realidad y convierten a sus destinatarios en pusilánimes precoces. Pero ese es otro artículo.

La doncella y el unicornio, de Domenichino.

¿Dijiste media verdad?

Dirán que mientes dos veces

si dices la otra mitad.

(Antonio Machado)

En un congreso sobre el control de la infancia celebrado en Sevilla en 2012, tuve ocasión de conversar largo y tendido con Judith Miller, la hija de Jaques Lacan. Me temía lo peor —un indigerible rollo lacaniano— y me encontré con lo mejor: una crítica radical de la manipulación sistemática —sistémica— de la infancia por parte de las instituciones, empezando por la familia.

Este artículo es, en alguna medida, un resumen de aquellas conversaciones y un pequeño homenaje a Judith, que falleció en 2017, antes de que pudiéramos llevar a cabo nuestro proyecto de organizar un encuentro internacional sobre el estatuto epistemológico del marxismo y el psicoanálisis, como mencioné en un artículo anterior («Grandeza y miseria de los metarrelatos», 15/10/2022).

  • Sobreprotección e infra-atención

Terminaba la segunda entrega de esta breve serie señalando que las mentiras disonantes y las espantosas se unen con frecuencia a las sobreprotectoras para dar lugar a relatos disuasorios desproporcionados (cuando no delirantes).

Relatos que, más que proteger a sus destinatarios, tienen por objeto tranquilizar a sus emisores, que suelen ser los consabidos padres y madres «sobreprotectores»; entre comillas, porque la denominación es equívoca: sería más adecuado llamarlos seudo-protectores.

Pues la sobreprotección suele ser un intento neurótico de compensar la falta de atención real, algo que los niños de hoy echan de menos a menudo. Porque la atención real consiste, en primer lugar, en escuchar, y en segundo lugar, en responder; en una palabra: en dialogar.

Como nos advierte Rabelais: «Un niño no es una vaso que hay que llenar, sino una llama que hay que alimentar». Pero llenar vasos es más fácil, y además no corres el riesgo de quemarte los dedos.

Durante el último tramo de lo que los psicólogos denominan «fase de impregnación», es decir, entre los cuatro y los seis años, les niñes hacen muchas preguntas, puesto que han alcanzado la consciencia suficiente como para empezar a darse cuenta de las numerosas lagunas de su incipiente visión del mundo y, en consecuencia, sienten la acuciante necesidad de llenarlas.

Y muchos padres y madres carecen de la paciencia, la formación o la sinceridad necesarias para satisfacer las expectativas infantiles.

Y en esta etapa decisiva de la infancia, la falta de atención —que se traduce en falta de diálogo— es casi tan nociva como la falta de cariño (de hecho, la falta de atención es falta de cariño verdadero —ese que ni se compra ni se vende—, que es, ante todo, reconocimiento y respeto de la individualidad ajena).

Y algunos progenitores, vagamente conscientes de que la falta de atención dificulta la maduración intelectual y emocional de sus hijes, intentan compensarla con un exceso de protección.

  • Mentiras cualitativas
La política de la mentira - Global Politics and Law

La verdad solo es digna de ese nombre cuando es toda la verdad y nada más que la verdad, puesto que las omisiones y los añadidos maliciosos pueden distorsionarla hasta convertirla en una falacia.

A propósito de la infancia y la adolescencia, las mentiras por omisión son tan frecuentes como inicuas, ya que abusan de la precaria información de las víctimas, que no les permite llenar los huecos tendenciosos de la narrativa adulta.

Y en este sentido son especialmente arteras las que podríamos denominar «mentiras cualitativas», en tanto que omiten consideraciones cuantitativas relevantes.

Decirles a les jóvenes que el uso del preservativo no evita el riesgo de embarazo ni el de transmisión del VIH es un claro ejemplo de este tipo de falacia, pues hablar de riesgo sin cuantificarlo no tiene ningún sentido (salvo el de engañar, obviamente).

No es un ejemplo escogido al azar. Una controvertida campaña de finales de los ochenta para la promoción del uso del preservativo entre los jóvenes, cuyo eslogan era «Póntelo, pónselo», no solo suscitó las consabidas diatribas morales de los sectores más retrógrados de la Iglesia, sino también sus ataques seudocientíficos.

Recuerdo con consternación un debate televisivo en el que una dama del Opus Dei afirmó sin despeinarse que el preservativo no eliminaba por completo el riesgo de transmisión del VIH; pero lo más indignante no fue la desfachatez de la dama en cuestión, sino la falta de respuesta de sus oponentes, que demostraron una vez más que el anaritmetismo —la ignorancia matemática profunda, con su consiguiente atrofia del pensamiento cuantitativo— se traduce en pura necedad e insolvencia política.

Existe la posibilidad de que al ir por la calle te caiga algo —o alguien— en la cabeza: una maceta, un trozo de cornisa, un meteorito, un suicida… Pero si una madre no dejara salir a su hijo por miedo a tales impactos, lejos de considerarla prudente dudaríamos de su salud mental.

Pues bien, el riesgo de embarazo o de transmisión de enfermedades venéreas con un uso correcto del preservativo no es mayor que el de sufrir el impacto callejero de algo más masivo que un excremento de paloma.

De hecho, no sé de ninguna mujer que se haya quedado embarazada usando un preservativo y sí de un hombre al que se le cayó encima un suicida (que además es el argumento del relato Vidas perpendiculares, del antaño popular humorista Álvaro de Laiglesia).

  • Buda y el unicornio

Un caso extremo de sobreprotección y mentiras por omisión lo encontramos en la biografía semi-legendaria de Buda, según la cual el padre del príncipe Siddharta lo mantuvo recluido en su palacio hasta los veintinueve años, rodeado de lujos y comodidades, para evitarle cualquier tipo de peligro o experiencia desagradable.

Lámina rígida for Sale con la obra «Buda Montar Unicornio Flotador» de  Nikolay Lachezarov Todorov | Redbubble

Al salir furtivamente de su jaula de oro, el futuro iluminado se enfrentó con la vejez, la enfermedad y la muerte, es decir, con el sufrimiento inherente a la condición humana, y decidió dedicar su vida a la búsqueda de una vía de liberación (y encontró ocho: el óctuple sendero).

El caso de Buda es un tanto atípico, pues no son los jóvenes príncipes quienes suelen ser recluidos para protegerlos de los males del mundo, sino las jóvenes princesas.

Y lo que se protege, en el caso de las jóvenes princesas y otras doncellas cautivas de las leyendas y los cuentos tradicionales, es su virtud, que la narrativa patriarcal, en su fóbica negación de la sexualidad femenina, confunde con la virginidad.

Desde el mito partenogenético de la Virgen María hasta la leyenda del unicornio, pasando por un sinfín de narraciones ejemplares, tanto del folklore como de la cultura de masas, la pureza, en las jóvenes, se identifica con la castidad, (Hay que exigirle a la RAE que en su diccionario deje de figurar «castidad» como sinónimo de «honestidad», como si la honradez tuviera algo que ver con la abstinencia sexual) lo que equivale —la mentira por omisión se convierte en exclusión— a considerar impura a la mujer sexualmente activa.

En este sentido, la leyenda del unicornio es especialmente significativa: una doncella puede acogerlo en su regazo y acariciarlo sin temor (como en el casi obsceno lienzo del Domenichino); pero si una no virgen se atreve a acercarse al inmaculado monoceros, corre el riesgo de ser ensartada sin piedad por su poderoso cuerno. Todo un festín iconográfico para un psicoanalista.

De hecho, «el sueño del unicornio» de un paciente de Lacan dio lugar a abundante y muy jugosa literatura psicoanalítica; pero ese es otro artículo.

nuestras charlas nocturnas.


Entre el morbo y la ciencia: el tráfico de momias en los siglos XVIII y XIX…


Entre el morbo y la ciencia: el tráfico de momias en los siglos XVIII y XIX
Esta foto anónima muestra el estudio científico de una momia, que ya ha sido totalmente desvendada, en algún momento del siglo XIX. Fue a finales de este siglo, en 1892, cuando los científicos empezaron a ser conscientes de la información que se podía obtener de una momia. Era el nacimiento de la paleopatología moderna. 

National Geographic(J.M.Parra) — Las momias egipcias han resultado siempre extrañamente fascinantes, como la momia de Tutankamón, cuya dentuda expresión se hizo visible tras perder la dignidad protectora de sus vendas, sarcófagos y ataúdes, o como la abrumadora cantidad (cientos de miles) de animales embalsamados que fueron enterrados en las catacumbas de época grecorromana.

Poder mirar a la cara a alguien fallecido hace más de tres mil años, y que de algún modo dejó su huella en la historia, produce un peculiar placer morboso, al igual que contemplar una momia de gato primorosamente vendada e imaginar la de ratones que pudo haber llegado a cazar antes de ser sacrificado y ofrendado a Bastet, la diosa cuyas características encarnaba.

Dada su abundancia y su paradójico atractivo, las momias se convirtieron en uno de los recuerdos favoritos que viajeros y turistas decimonónicos se llevaban a casa, antes de que los investigadores descubrieran la gran cantidad de información que se puede obtener de su estudio.

En realidad, antes de convertirse en souvenir para coleccionistas, las momias fueron durante muchos siglos medicina imprescindible en todas las boticas europeas que se preciaran.

Todo empezó porque los médicos griegos Dioscórides y Galeno recomendaron en sus tratados un producto casi milagroso que servía para curar un sinfín de afecciones de distinto tipo: desde abscesos a erupciones, pasando por fracturas, epilepsias o vértigos, todo lo curaba la mumia, el nombre que los persas daban al producto que hoy conocemos como «betún».

Dada su amplia demanda, con el paso de los siglos los afloramientos naturales de mumia acabaron por secarse, así que, reacios a dejar morir el negocio de un producto que les proporcionaba pingües beneficios –los precios que alcanzaba la mumia eran muy elevados–, los diligentes mercaderes orientales se lanzaron como locos a conseguir otras fuentes de materia prima.

Y la encontraron en los cuerpos embalsamados que durante tres mil años se habían estado produciendo a orillas del Nilo.

Cuando se secaban, las resinas, aceites y productos aromáticos con los que se cubrían –e incluso inundaban– los cadáveres durante la momificación no sólo tenían la misma consistencia y color que la mumia original, sino un olor más fragante y agradable. Así fue como algo que los antiguos egipcios llamaban sah acabó recibiendo el nombre de un extraño producto medicinal procedente de Persia.

En La Revolución Industrial, las momias egipcias fueron explotadas para  fines utilitarios - Bambú Comunicaciones
Margaret Murray desenvuelve la momia de Khnum-Nakht. 

– Una medicina discutida

No siempre era sencillo conseguir una momia,de modo que los mercaderes orientales menos escrupulosos decidieron fabricar sus propias «momias», lo que ocasionó un descenso en la calidad que fue percibido por los boticarios occidentales.

Se estableció entonces una distinción entre mumia primariamumia vera o secundaria y la mumia falsa. El problema es que, como denunció Guy de La Fontaine en 1564 tras su viaje a Alejandría para procurarse el producto, en muchos casos las mumias no eran sino cadáveres modernos a los que se trataba para que parecieran momias antiguas.

Como ha destacado E. García Marrasé en un reciente estudio, el dominico español fray Luis Urreta ofrece en su Historia de los reynos de la Ethiopía (1610) una pormenorizada descripción del proceso. Éste consistía en purgar numerosas veces a un moro cautivo para después cortarle la cabeza cuando estaba dormido.

Luego era colgado por los pies y dejaban que se desangrara mientras lo acuchillaban. Cuando el cadáver estaba exangüe, sus heridas y orificios se rellenaban con una mezcla de especias, tras lo cual se descolgaba el cuerpo, se envolvía en heno y se enterraba durante quince días, siendo después exhumado y expuesto al sol un día entero.

Así la carne quedaba convertida en un bálsamo mejor que el de las momias antiguas, pues al decir del clérigo era más limpia y producía mayor efecto. No obstante, no todo el mundo cantaba las excelencias de la momia como medicina.

Ya en 1582, el francés Ambroise Paré escribía en su Discours de la momie que «el efecto de esta malévola droga es tal que no sólo no mejora nada a los enfermos, como he visto numerosas veces por propia experiencia en aquellos a los que se les hace tomarla, sino que les causa un gran dolor en el estómago, con apestosidad en la boca, grandes vómitos, que son origen de alteraciones en la sangre y más la hace salir de los vasos que la detiene».

Esta corriente contraria al supuesto medicamento acabó sumándose a los primeros atisbos de curiosidad sobre las momias como objetos.

Desenvolviendo públicamente una momia egipcia en Inglaterra.

Las momias dan mala suerte

Más complicado resulta saber cuándo empezó el afán por llevarse momias de recuerdo a Europa. Seguramente, algún griego o romano de vacaciones en Egipto ya se fue a casa con una momia de halcón u otro animal momificado; pero desde entonces hasta el siglo XIX parece que el interés por las momias como souvenirmenguó bastante debido a la mala suerte que parecían causar.

En su deseo por controlar el negocio, las autoridades otomanas impusieron leyes que impedían la exportación de las preciadas mumias; pero siempre había algún avispado dispuesto a intentarlo. En el siglo XVI, Jean Bodin cuenta la historia de Octavio Fagnola, un cristiano converso al islam que saqueó un montón de tumbas, al parecer en Gizeh, hasta que encontró un cadáver sin vísceras, envuelto en una piel de buey y con un escarabeo del corazón –un amuleto que tenía la función de proteger el corazón del difunto–.

Sin muchos problemas, la momia fue introducida en un barco con rumbo a Italia, pero a medio camino unos fuertes vientos obligaron al capitán a arriar las velas y a deshacerse de parte de las mercancías. Atemorizado por lo que parecía un riesgo inminente de naufragio, Fagnola aprovechó la oscuridad de la noche para deshacerse del cuerpo del delito, nunca mejor dicho.

Y es que, como comenta el italiano, todo el mundo sabe que «los cadáveres de los egipcios siempre promueven tempestades». ¿Se trata quizá de una idea fomentada por los propios egipcios con la intención de que el miedo limitase el contrabando de momias? Es posible, pero parece más factible que esta supuesta mala suerte derivara de un hecho histórico ocurrido antes que la procelosa historia de Fagnola.

A finales del siglo XVI, la Cristiandad y el Imperio otomano se disputaban el control del Mediterráneo. La tensión fue en aumento hasta queLiga Santa y la armada turca se enfrentaron en labatalla de Lepanto, en 1571. La victoria cristiana fue completa y entre los corrillos de los animados puertos del Mediterráneo no tardó en correr la noticia de que los turcos habían embarcado una momia en una de sus naves con el fin de atraer la buena fortuna.

Dado que perdieron el combate, no es de extrañar que a partir de entonces los cristianos creyeran que embarcar una momia era señal segura de desastre marítimo y que empezaran a surgir por doquier historias que lo corroboraban.

Retrato de Thomas Pettigrew realizado por Skelton.

– Primeros estudios de momias

El primer «análisis» de una momia tuvo lugar en 1698, cuando Benoît de Maillet, el cónsul francés en El Cairo, desvendó una y tomó nota de algunos de los objetos aparecidos.

Pero el primer estudio serio de una momia lo realizó un boticario alemán llamado Christian Hertzog, quien en 1718 desvendó una y tomó notas de todo el proceso, que luego publicó.

Su ejemplo lo siguió en Londres en 1792 su compatriota Johann Friedrich Blumenbach; aunque no sería hasta el siglo XIX cuando el interés por las momias comenzó a crecer en todos los niveles de la sociedad.

En 1825, el médico Augustus Bozzi Granville publicó el resultado de su estudio de una momia.

En 1828, el historiador William Osburn analizó otra con ayuda de un equipo de químicos y anatomistas. 

Ambos siguieron el camino abierto por Giovanni Battista Belzoni que, como complemento a su exposición de los relieves de la tumba de Seti I –que había descubierto en 1817–, en 1821 desvendó una momia ante un grupo de médicos, para lo cual contó con la ayuda de su amigo Thomas Pettigrew, que era cirujano.

Fue éste quien poco después convertiría el desvendado de momias en un espectáculo público.

Pettigrew –que acabó recibiendo el apodo de «Momia» Pettigrew– asistió a la apertura de tres momias con Belzoni, pero su primer intento en solitario tuvo lugar de forma privada con una momia que consiguió en una subasta. 

Habiéndose convertido con ello en tan experto como el que más –algo a lo que sin duda contribuyeron sus conocimientos de anatomía– decidió organizar una serie de charlas sobre la cuestión.

El plato fuerte de sus conferencias se servía a los postres en forma de desvendado de una momia, de las que, como vemos, no era difícil conseguir ejemplares. En total impartió una docena de charlas en 1833 a los asombrados londinenses que, entre asqueados y seducidos, desde el patio de butacas veían surgir el rostro amojamado de un egipcio milenario.

Por suerte, ya que después de todo era un científico, Pettigrew tomaba notas de los detalles del desvendado y con este notable fondo documental escribió el primer tratado científico sobre la materiaHistoria de las momias egipcias y un informe sobre el culto y embalsamamiento de animales sagrados; con menciones sobre las ceremonias funerarias de diferentes naciones, y observaciones sobre las momias de las islas Canarias, los antiguos peruanos, los sacerdotes birmanos, etc., publicado un año después de sus charlas.

Pettigrew quería crear una ciencia de las momias, y no cabe duda de que su ejemplo cundió: ese mismo año, John Davison desvendó dos momias en la Royal Institution y luego publicó un detallado informe, algo que había empezado a convertirse en imprescindible.

Tráfico de momias, entre el espectáculo y la ciencia
Tráfico de momias

– El largo camino hasta la ciencia

La llama había prendido y, siguiendo el éxito de Pettigrew, desvendar una momia se convirtió en el juego estrella de numerosas fiestas entre la gente bien de Londres. Incluso se imprimían tarjetones para invitar al evento, como el que tuvo lugar el lunes 10 de junio de 1850 en el número 144 de Piccadilly, a las dos y media, en casa de lord Londesborough, que tuvo como «oficiante» a Samuel Birch, conservador del Museo Británico.

Birch se convirtió en el sucesor de Pettigrew, y durante los años siguientes estudió numerosas momias, como las que trajo el príncipe de Gales de un viaje a Egipto en 1868. Pero en sus publicaciones, Birch prestaba mas atención a ataúdes e inscripciones que a los cuerpos momificados.

En 1880 se descubrió en Deir el-Bahari un primer escondrijo de momias reales del Imperio Nuevo (TT320), al que siguió en 1898 la tumba de Amnehotep II (KV35) en el Valle de los Reyes, también convertida en escondrijo de momias reales.

El trato que recibieron las momias de personajes como Tutmosis III o Ramsés II fue, sin duda, respetuoso según los cánones de la época; pero lo cierto es que por parte de los egiptólogos, excepto desvendarlas para encontrar objetos entre sus vendas, poco más se hizo.

Por fortuna, a principios del siglo XX Grafton Elliot Smith, que trabajaba como anatomista en la Escuela de Medicina de El Cairo, estudió y fotografió las momias reales, y años después publicó un libro que todavía se utiliza como referencia: Catalogue of the Royal Mummies in the Museum of Cairo (1912).

Sus estudios osteométricos le llevaron a darse cuenta de que era más que probable que las etiquetas y los nombres escritos en las vendas de varias de las momias estuvieran equivocados. Al parecer, los sacerdotes de la dinastía XXI que escondieron las momias reales para salvarlas de un más que probable expolio no pusieron en la tarea toda la atención debida.

El estudio de las momias estaba a punto de dar un vuelco. Si bien en 1903 Mark Twain aún bromeaba diciendo que eran perfectas para calentar las calderas de las locomotoras de los trenes egipcios, en 1908 Margaret Murray organizó en Manchester un grupo pluridisciplinar para estudiar científicamente dos grupos de momias.

La vía quedaba por fin abierta para que las momias fueran consideradas como lo que son: importantes fuentes de información histórica; pero lentamente, porque aún en 1900 un brazo momificado hallado en la tumba del faraón Djer acabó en la basura tras ser fotografiado.

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Hasta 1537 no se conocía ningún ser humano en el continente americano…


Paulo III

Historias de la historia(J.Sanz) — Aunque existen diversas teorías sobre otros que llegaron al continente americano antes que Colón, independientemente de los nativos del lugar, creo que el título de descubridor, con todo lo que conlleva (explorar, investigar… y dar a conocer), se lo podemos adjudicar a Cristobal Colón.

En 1493, cuando Colón regresó de su primer viaje a las Indias y a petición de los Reyes Católicos, el Papa Alejandro VI, el valenciano Rodrigo Borgia, les otorgó la Breve Inter caetera que junto con la Bula menor Inter caetera, la Bula menor Eximiae devotionis y la Bula Dudum siquidem constituyen las llamadas Bulas Alejandrinas.

En breve Inter caetera, otorgado el 3 de mayo de 1493 en favor de Fernando e Isabel, el Papa concede:

el dominio sobre cada una de las tierras e islas ya citadas, así las desconocidas como las hasta ahora descubiertas por vuestros enviados y las que se descubran en adelante […] el monopolio del comercio con las nuevas tierras, prohibiendo a todos los cristianos navegar a ellas sin licencia de los Reyes Católicos, bajo pena de excomunión.

En contrapartida, les impuso a los reyes la obligación de enviar misioneros para convertir a las poblaciones descubiertas a la fe católica. En estos momentos se planteaban muchas dudas sobre los nativos que poblaban aquellas tierra: ¿eran seres humanos o sólo tenían apariencia humana? ¿tenían alma?

El 9 de junio de 1537, el Papa Paulo III ponía luz ante tanta oscuridad; en la Bula Sublimis Deus los declaraba hombres:

Nos, que aunque indignaos, ejercemos en la tierra el poder de Nuestro Señor, y luchamos por todos los medios para traer el rebaño perdido al redil que se nos ha encomendado, consideramos sin embargo que los indios son verdaderos hombres y que no sólo son capaces de entender la fe católica, sino que, de acuerdo con nuestras informaciones, se hallan deseosos de recibirla (¿?)

También hacía referencia a su libertad pero esta parte parece que se olvidó por el camino:

Deseando proveer seguros remedios para estos males, definimos y declaramos por estas nuestras cartas, o por cualquier traducción fiel, suscrita por un notario público, sellada con el sello de cualquier dignidad eclesiástica, a las que se les dará el mismo crédito que a las originales, no obstante lo que se haya dicho o se diga en contrario, tales indios y todos los que más tarde se descubran por los cristianos, no pueden ser privados de su libertad por medio alguno, ni de sus propiedades, aunque no estén en la fe de Jesucristo; y de sus propiedades, y no serán esclavos, y todo cuanto se hiciere, será nulo y de ningún efecto.

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El embalsamador corrupto que hizo que el cadáver de un papa explotara en su ataúd…


El Papa mirando un pájaro, que sostiene en la mano.

abc historia(M.P.Villatoro) — El 6 de octubre de 1958 arrancó la breve agonía de Pío XII, un Papa al que su turbia participación en la Segunda Guerra Mundial le rodeó de Leyenda Negra. Desde que se despertó, el Sumo Pontífice empezó a sentirse mal. Los mareos se multiplicaron y, al final, decidió quedarse en la cama y esperar a la llegada de los médicos vaticanos.

El carrusel de doctores arrancó minutos después: tres de ellos se personaron raudos, y a ellos se sumó, al poco, el cirujano experto en medicina regenerativa Paul Niehans. Eran, sobre el papel, lo mejor de lo mejor; lo ideal para el máximo representante de Dios en la Tierra.

Pero no sirvió de nada. Apenas unas horas después, su salud se deterioró todavía más. Ya solo era cuestión de tiempo, así que los más allegados de Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli se conjuraron para acompañarle durante sus últimos momentos antes de ascender al cielo.

En la habitación de su residencia en Castel Gandolfo, Italia, estaban tres monjas de su máxima confianza, su secretario personal –el jesuita Robert Leiber– y Monseñor Tardini.

La situación era tan pésima que este último le dio la Extremaunción a lo largo del día 7. El Papa, con todo, no perdió la lucidez, y hasta recuperó por un momento las fuerzas y quiso levantarse para trabajar. Poco le duró.

– Traidor

En mitad de aquellos momentos oscuros, los más tristes para la Iglesia Católica, un hombre al que el Papa había considerado en otros tiempos de su entera confianza pergeñaba sus propias maquinaciones.

Gafas grandes, bigote poblado, pelo peinado hacia atrás… Riccardo Galeazzi-Lisi, ‘Archiatra Pontificio’ –forma ceremonial de denominar al médico de cámara del Sumo Pontífice desde la época del Imperio romano–, asió una cámara de fotos, la escondió bajo la chaqueta y accedió al interior de la habitación en la que Pío XII agonizaba.

Carente de escrúpulos, y sin mediar palabra con los presentes, hizo varias instantáneas al hombre que le había promocionado desde 1939, cuando no era más que un galeno de medio pelo.

Lo suyo no fue un arrebato, sino la constatación de una codicia exacerbada; de esas que casi da ganas de vomitar. A Galeazzi-Lisi, revistas como ‘París Match‘ y varias editoriales italianas le habían prometido nada menos que 3.200 dólares a cambio de las instantáneas, amén de unos 20.000 más por narrar sus intimidades con el muerto.

La veintena de tomas fueron hechas a escondidas; en ellas se ve al Papa de perfil, tumbado en la cama, casi sin vida, con los ojos cerrados y una cánula de oxígeno en la boca. ‘Clac, clac, clac’. Después, se marchó de la sala tan rápido como había llegado para no levantar sospechas. Atrás dejó al que, durante décadas, había sido su máximo valedor en el Vaticano.

Lo de Galeazzi-Lisi ni tuvo ni tiene nombre. Este oftalmólogo ascendió hasta la poltrona médica por la gracia de Pío XII cuando la Segunda Guerra Mundial sacudía Europa e Italia. Y eso que nunca fue un ejemplo de caridad cristiana ni de rectitud moral.

Se sabe que contaba con una extensa lista de deudas de juego y que, durante la última etapa de su vida, el mismo Papa dejó de dirigirle la palabra al percatarse de que había aireado muchos de sus secretos personales a la prensa. Aunque se negó a desterrarle de la ciudad santa. «No deseo darle notoriedad ni avergonzar a nadie…

Si quiere permanecer en el Vaticano, que lo haga, pero de tal modo que yo no le vea», afirmó.

Vaticano, 1958. El Papa Pío XII. Su última fotografía en color, tomada camino de Castel Gandolfo

El ‘Archiatra Pontificio’ fue como un fantasma a partir de entonces, pero uno muy molesto. Además de sacar las fotografías del cadáver, se sabe que llegó a un acuerdo con el periodista de una conocida agencia de noticias para informarle, en primicia, de la muerte de Pío XII.

El acuerdo era sencillo: engrosar su cuenta corriente a cambio de que, cuando el Papa hubiera expirado, el médico levantara una de las ventanas de la residencia como señal. Con lo que no contó el avaricioso galeno fue con las altas temperaturas que golpeaban Roma aquellos días.

El 8 de octubre, alguien alzó los cristales y el error provocó el caos. Varios medios se adelantaron e informaron antes de tiempo: «Il papà è morto».

Pero al Papa todavía le quedaban algunas horas. Tal y como afirma N. Castro en ‘La salud de los papas: medicina, complots y fe’, pasó una última noche larguísima y terrible. Ya no cabían milagros. Pío XII, el hombre que había salvado a cientos de judíos de las garras del nazismo, pero había callado también ante el Holocausto, expiró su último aliento a las 3:50 del jueves 9 de octubre de 1958.

El encargado de corroborar su muerte fue el doctor Antonio Gasbarrini. A nivel oficial, dejó este mundo aquejado de un «trastorno circulatorio». Y parece que acertó, pues ya había sido tratado de este mal en varias ocasiones.

– Misteriosa explosión

Todavía le quedaba una última jugarreta al doctor. Tras la muerte de Pío XII, los ritos vaticanos siguieron el proceso normal. Entre ellos se hallaba el embalsamamiento; en la práctica, la apertura del cadáver y la extracción de los órganos del Sumo Pontífice para evitar la putrefacción.

Todavía hoy, solo existe una forma de que el Papa escape a esta práctica: que especifique a lo largo de su vida que no está dispuesto a consentirla.

Y, según esgrimió Galeazzi-Lisi ante la familia, su paciente había reiterado en varias ocasiones su aversión al proceso. Convencido de ello, el galeno se presentó ante el cardenal Tisserant, la suprema autoridad de la Iglesia por la falta de Camarlengo, y le ofreció una curiosa alternativa.

Galeazzi-Lisi afirmó que conocía un proceso elaborado por uno de sus colegas –un tal Oreste Nuzzi– que no requería la extracción de los órganos vitales del fallecido. A su vez, y tal y como explicó ABC en sus páginas de la época, arguyó que la llamada «ósmosis aromática» era una práctica similar a la que se había llevado a cabo con el cuerpo de Jesucristo tras su muerte y que evitaba, además, la rigidez típica del embalsamado egipcio.

Su máxima era que no era necesario más que introducir el cadáver en una mezcla de aceites y hierbas aromáticas para, a continuación, envolverlo en plástico durante un día entero. Aquello impediría que la putrefacción le venciese.

Riccardo Galeazzi-Lisi

La madre Pascualina Lenhert, entre las más cercanas a Pío XII, se negó en principio a ello, pero, al final, las autoridades del Vaticano pasaron por el aro. El resultado fue un desastre con mayúsculas. Después del proceso, en la cara del fallecido salieron una ingente cantidad de arrugas.

No fue lo único: el cabello se le encaneció, una extraña sustancia negra salió por los orificios de su cara y el vientre se le hinchó por la acumulación de gases. Lo peor fue la peste que empezó a emanar el cuerpo. Según explica José María Zavala en ‘Papas, tras los muros del Vaticano’, el «hedor era insoportable» y los guardias «apenas podían contener las arcadas». Hubo que redoblar las guardias para evitar el desastre.

Aunque lo peor llegó durante el traslado del cuerpo hasta la basílica de San Pedro. La solución que aportó el médico para evitar la peste fue introducir a Pío XII en un féretro y envolver este en celofán. Pero aquello no evitó que, a lo largo del trayecto, la cavidad torácica del Papa explotara con un sonoro estruendo.

Al parecer, debido al cóctel formado por el calor que regaba el Vaticano y los gases emanados por el cuerpo. Así lo explica Martín Caraega en ‘Pontifex Maximus’: «Cuando la carroza funeraria hizo un alto en la Basílica Laterana para el primer rito funerario, un desconcertante ruido como de un pequeño petardo se escuchó dentro del ataúd y provocó que se abriera».

A su llegada a la Iglesia, la pareja de médicos se vio obligada a reconstruir al fallecido, embalsamarlo de nuevo y ponerle una máscara de cera para que los presentes no vieran que su piel se había vuelto negra. Y eso, por no hablar del perenne hedor.

Si Galeazzi-Lisi ya estaba en el punto de mira, aquello le dio la puntilla definitiva. La Santa Sede dejó caer toda su furia contra él. Para empezar, contrataron a un detective para confirmar que las fotografías que se estaban subastando a la prensa habían sido hechas por él. Y, tras corroborarlo, acudieron en su busca.

«Se le conminó a entregar la película y, tras una denuncia, fue expulsado del Colegio de Médicos de Italia», explica Eric Fratinni en ‘Secretos vaticanos’. Para colmo, el papa Juan XXIII ordenó su destierro y el de todos sus descendientes. En la práctica, le prohibieron pisar el suelo de la ciudad. Al final, acabó sus días ejerciendo en la frontera francoitaliana.

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Las dos veces que se afeitó la reina de Inglaterra…


Historias de la historia(J.Sanz) — La más conocida de todas tiene que ver con el «God save the Queen» – aquí tenéis el origen del himno británico – y el grupo punk Sex Pistols.

El sencillo «God save the Queen» fue lanzado por el grupo el 27 de mayo de 1977 y fue considerado como un ataque a la Corona Británica y, en particular, a la Reina Isabel II.

La letra de la canción tiene perlas como «Dios salve a la Reina y a su gobierno fascista; te han convertido en un idiota […] no hay futuro en el sueño de Inglaterra«.

Además, y para rematar la faena, parece ser que John Lydon, el vocalista del grupo, cuando actuaba en directo cambiaba una palabra de la letra de la canción: decía shave en lugar de save y convertía el «God save the Queen» (Dios salve a la Reina) en «God shave the Queen» (Dios afeite a la reina).

La segunda ocasión fue anterior y es mucho menos conocida. Tuvo lugar en el siglo XVII durante el reinado de Carlos II de Inglaterra y en esta ocasión la reina afeitada fue Catalina Enriqueta de Braganza.

Con la restauración de la monarquía en 1660, en la figura de Carlos II, Inglaterra experimenta un enriquecimiento cultural (literatura, teatro…) y científico (creación de la Royal Society).

El rey era un gran aficionado al teatro, de hecho fue el protector de John Wilmot, segundo Conde de Rochester, tan buen autor teatral como amante… por el número de amantes masculinos y femeninos que tuvo. Dejó escrito:

Que me den salud, riqueza, vino y alegría
y si el revoltoso amor os asedia
conozco a un hermoso paje
que al caso es mejor que cuarenta fregonas.

Aunque algunas mujeres comenzaban a despuntar en el mundo de la farándula, de hecho el rey tuvo como amante a una de las más reconocidas… Nell Gwynn, los hombres eran los protagonistas principales y muchas veces también interpretaban los papeles femeninos.

En cierta ocasión, los reyes asistieron al estreno de una obra en la que uno de los papeles representados era el de la reina de Inglaterra.

Tras varios minutos de espera, el rey hizo llegar un mensaje al director de la compañía preguntado la causa del retraso; como la excusa que le diron le pareció más que peregrina se presentó en persona para pedir explicaciones.

El director, nervioso y sudoroso, le preguntó si podía decirle el verdadero motivo. Se lo exijo – le contestó el rey -. Se acercó a al oído, para que no le oyese la reina, y le dijo:

Es que la reina todavía se está afeitando.

Dicen que nunca vieron al rey reír tan a gusto.

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Los excepcionales regalos que el poderoso califa Harun al-Rashid le dio a Carlomagno y que darían de qué hablar por siglos…


Harun al-Rashid sobre un caballo recibe al enviado de Carlomagno.
Harun al-Rashid sobre un caballo recibe a los representantes de Carlomagno.

BBC News Mundo(M.Rodríguez) — En el año 797, el hombre más poderoso de toda Europa occidental hizo algo un poco inusual.

Carlomagno envió unos emisarios a la resplandeciente corte del califa Harun al-Rashid, la cabeza suprema del imperio islámico.

Lo que quería exactamente con eso ha sido debatido extensivamente.

“Tenemos una fuente que vivió en su época que nos da una razón y esa fuente era su biógrafo”, dice el historiador Samuel Ottewill-Soulsby..

Einhard, quien escribió Vita Karoli Magni (“Vida de Carlomagno”), no solo fue un académico, sino que sirvió en la corte del rey de los francos y estableció una amistad con él.

Así, Einhard contó que Carlomagno mandó a sus representantes porque quería pedirle algo al rey del que en ese entonces era el estado más próspero de la Tierra y cuyo epicentro estaba en Bagdad.

Quería nada más y nada menos que un elefante. Y lo consiguió. Pero Harun le mandó más.

Sus regalos dan cuenta no solo de su opulencia, sino de la riqueza cultural y del avance científico de su imperio, que en la cúspide de su resplandor careció de competidor alguno.

Esta es la historia de dos hombres poderosos, un elefante, un reloj y, si has leído “Las mil y una noches”, seguramente de mucho más.

– El enemigo de mi enemigo

La petición de Carlomagno fue “bastante audaz”, indica Ottewill-Soulsby, autor del libro The Emperor and the Elephant: Christians and Muslims in the Age of Charlemagne («El emperador y el elefante: cristianos y musulmanes en la era de Carlomagno»).

“Carlomagno y Harun no habían estado en contacto antes”, le señala a BBC Mundo.

Hay teorías que tratan de explicar por qué el emperador cristiano de Occidente quería un elefante y por qué el califa Harun se lo mandó.

Una de ellas tiene que ver con una especie de alianza entre ambos líderes.

El califa Harun al-Rashid, en el centro de la escena, rodeado de instrumentos eruditos y científicos.
«Harun al-Rashid en su tienda con los Reyes Magos de Oriente». Óleo sobre lienzo de Gaspare Landi, 1813, Museo de Capodimonte, Italia.

El profesor Emilio González Ferrín, islamólogo de la Universidad de Sevilla, explica que Harun había bloqueado comercialmente a Bizancio, que era su gran enemigo.

Harun decide que va a ser el poder establecido en la zona, un poder que nunca llegó más allá de Egipto. Él lo que quiere es cerrar un espacio, pues no es un conquistador al estilo de lo que pudieron ser los mongoles o los turcos posteriormente”.

“A través de recopilaciones muy mitológicas, llegará después la imagen de Harun al-Rashid asociada a la imagen de César, el paradigma del señor de Estado”, agrega González Ferrín.

Así quedó reflejado en “Las mil y una noches”, donde aparece como un monarca todopoderoso y justo.

Scheherazade y el sultán Shahriar
«Las mil y una noches» es una colección en árabe de cuentos tradicionales de Oriente Próximo. En la obra, Scheherazade, un personaje clave, le cuenta a su esposo, el sultán Shahriar, una historia fantástica cada noche. (Grabado de 1892).

“Lo que no es mitológico es que, por esa vieja máxima que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, Harun entendió, como estratega, que si Bizancio era su enemigo, Carlomagno, que era la competencia de Bizancio en Occidente, sería su amigo”.

“Aquí no hay problema de religión islámica contra la religión cristiana, sino un pragmatismo comercial: quién me está quitando el pan al lado de mi frontera y cómo me ayudaré de su enemigo”, dice González Ferrín.

Hanan Saleh Hussein, profesora de árabe y estudios islámicos de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, señala que otro objetivo en común entre los dos líderes pudo haber sido someter a los emires omeyas de Córdoba.

– El elefante Abul-Abbas

El interés del que algunos historiadores llaman «el padre de Europa» en los cristianos es otra de las hipótesis sobre su acercamiento a Harun.

“Una gran parte de la población del imperio de Harun es cristiana. Su imperio incluye la Tierra Santa”, indica Ottewill-Soulsby.

De hecho, Carlomagno les envió dinero a los cristianos en Jerusalén. Pero, eso, explica el historiador, ocurrirá después.

Así que sugiere que, en este caso, tomemos «las fuentes al pie de la letra” y decir que, al menos del lado de Carlomagno, él quería un elefante. “Creo que esa fue la gran motivación de su parte”.

Retrato de Carlomagno
Carlomagno, quien fue rey de los francos y emperador cristiano de Occidente, ayudó en gran medida a definir el carácter de la Europa medieval.

De acuerdo con Hussein, el emperador cristiano envió tres emisarios, pero dos de ellos murieron de regreso.

“Fue Isaac, que era un intérprete judío franco establecido en el norte de África, quien se encargó de cumplir el deseo del califa, guiando al animal y a su cuidador hasta la costa mediterránea”, le indica a BBC Mundo.

Y así en el año 801, Carlomagno recibió la noticia: el elefante estaba cerca y debía mandar a buscarlo.

El elefante Abul-Abbas llegó a la corte de Carlomagno en Aquisgrán (Alemania) en el año 802.

“Fue un gran acontecimiento para Carlomagno. La gente hablaría de eso por décadas”, dice Ottewill-Soulsby. Lo seguimos haciendo.

“La gente asoció aquella criatura misteriosa al poder de Harun al-Rashid”, señala González.

Es que era el primer elefante que la Europa de Carlomagno veía.

“En las fuentes siempre se precisa que es el primer elefante que ve la Europa del norte, más allá de los pirineos”.

Y es que, siglos antes, Aníbal y los militares cartagineses habían usado elefantes en sus guerras contra los pueblos de la península ibérica y el ejército romano en el norte de Italia.

– Una larga travesía

Se cree que el elefante era asiático.

“Los registros de la época de Harun nos dicen que los únicos elefantes domesticados que tenían provenían de India”, precisa Ottewill-Soulsby.

Procesión colorida de personas, un camello y un elefante
Se cree que el elefante había nacido en India.

“Eso significa que antes de viajar a la corte de Carlomagno, probablemente ya había recorrido un largo camino desde India hasta la corte de Harun”.

Pero el extenso recorrido a Alemania no fue lo único agotador por lo que tuvo que pasar el animal.

“Dado que los elefantes se habían utilizado en la antigüedad como arma de ataque en las guerras”, señala Hussein, a Carlomagno se le ocurrió llevar a Abu-Abbas a su campaña contra los vikingos.

Eso unido a “las condiciones climatológicas no propias de su hábitat, perjudicaron la salud del animal y sufrió una neumonía”.

Un día del año 810, cuando estaba en el noroccidente de Alemania, “se derrumbó y murió”.

– Desafíos

Ottewill-Soulsby, a quien no le convence del todo la teoría de una alianza militar entre Carlomagno y Harun, ve en el regalo del califa una manifestación de lo que hoy podría entenderse como soft power.

“El control del poder de Harun es quizás menos sólido de lo que a menudo creemos”, dice.

“Aunque no hay duda de que fue un hombre muy exitoso, que gobernó durante mucho tiempo, también tuvo que hacer frente a muchos desafíos”.

Monedas
Moneda de plata del califato de Harun al-Rashid (siglo VIII).

Subió al trono en el año 786. Con 20 años asumió el gobierno de un imperio que se extendía desde el Mediterráneo occidental hasta India.

“No era popular en Bagdad”, dice el historiador. De hecho, aunque la ciudad iraquí fue la capital oficial, Harun decidió, años después, vivir en Al Raqa, Siria.

“Tampoco es popular entre sectores del ejército y hay sitios del imperio que se rebelan”.

“Y la forma en que Harun responde a eso es a veces con la fuerza, pero también es estupendo en las relaciones públicas”.

“Se presenta como un guerrero justo y también como un hombre religioso”.

“Y creo que en algún lugar de la creación de esa imagen están sus tratos con potencias extranjeras. Por ejemplo, envía emisarios a China y no es obvio por qué”.

“Los registros chinos nos dicen que se trata de una embajada inusualmente grande, que viene con regalos y que se lleva obsequios de vuelta”.

“Creo que algo parecido sucedió con Carlomagno. Harun estaba mostrando su poder y el respeto que le tenían gobernantes lejanos”.

Y es que los enviados del emperador cristiano le llevaron presentes.

Los regalos no tienen nada que ver con el esplendor de un señor oriental que, dándose cuenta de la superioridad cultural que tiene con respecto a Occidente, le da unos obsequios extraordinarios”, indica González.

En otro viaje, el califa mandó perfumes, especias, telas lujosas. “También envió un ajedrez, el primero en Europa”, recuerda González.

Y un reloj.

– El saber

Antes de adentrarnos en el reloj, González recuerda que para Harun, “la legitimación del poder se hacía a través de la cultura”.

Percibió que alrededor de una institución en concreto, La Casa de la Sabiduría, se debía construir un modelo cultural al servicio del Estado.

También conocida como la Gran Biblioteca de Bagdad, ese lugar que él fundó, se convirtió en el principal centro intelectual de lo que se conoce como la Edad de Oro del Islam.

Mezquita con el minarete en Bagdad
La Casa de la Sabiduría, de la cual no quedó rastro, fue una potencia intelectual durante la Edad de Oro islámica. Allí surgieron conceptos matemáticos que transformaron el mundo. Fue fundada en Bagdad.

El califa adquirió las obras de los antiguos griegos y persas e hizo que se tradujeran al árabe.

Su imperio logró adelantos científicos y médicos extraordinarios.

“El contraste de la sofisticación cultural que había en Oriente era enorme en comparación con la de Europa”.

– Una obra maestra

La descripción del reloj de agua que el califa le envió a Carlomagno es “absolutamente increíble”, señala Ottewill-Soulsby.

“Hay muchas bolitas que caen cuando se marca la hora y hacen sonar un címbalo debajo. También tiene 12 jinetes que atraviesan 12 ventanas. Eso marca el paso de las horas”.

Los enviados del califa Harun al-Rashid le ofrecen un reloj a Carlomagno
Los enviados del califa Harun al-Rashid le ofrecen un reloj a Carlomagno. Esta obra pertenece a la colección del Museo de Bellas Artes de Cambrai. Artista: Jordaens, Jacob (1593-1678).

González habla de cientos de botellitas: cada vez que se llenaba una, bajaba y empezaba a llenarse la siguiente y así era como se medía el tiempo.

“Caía una gota siempre al mismo ritmo, esa era la clave”.

“La distribución de las botellitas no es tan compleja como lo sofisticado del cálculo exacto del tiempo para hacer el vidrio a esa medida, de tal manera que un vaso equivalga al minuto, otro a la hora, otro al día, otro a la semana. Se trataba de una medición del tiempo universal”.

Con el reloj, Harun no solo mostró la calidad extraordinaria de sus artesanos, apunta Ottewill-Soulsby, también “su ingeniería, su ciencia, su cultura. Si con el elefante exhibió su habilidad para conseguir animales raros y exóticos, el reloj mostró la sofisticación de su imperio”.

– ¿Un órgano?

El profesor González cuenta que en Europa no supieron armarlo, tuvo que viajar un montador desde Bagdad.

“Los comentarios de la época era que nadie sabía que era eso. Cuando llegaron todas esas cajas con todas esas botellitas nadie sabía que se trataba de un reloj”.

Una vez montado, hubo quienes creyeron que se trataba de un instrumento musical porque emitía sonidos en determinados momentos.

Embajadores de Harun al-Rashid llevando obsequios a la corte de Carlomagno
Los emisarios de Harun al-Rashid le entregan obsequios a Carlomagno ante su impresionada corte.

“Creen que ese sonido del agua cayendo puede tener funciones taumatúrgicas, que ese órgano musical puede conectarte con lo trascendente. Son personas que tienen una mentalidad druida de brujería”.

“Cuando llega el señor y lo monta y dice que es para marcar el tiempo, todo el mundo se queda pasmado”.

Ottewill-Soulsby advierte que no es que los europeos no conocieran este tipo de artefactos.

“En las cortes del rey Teodorico el Grande, el rey de los ostrogodos en Italia, en el siglo VI, había relojes como ese”.

Además, “los bizantinos en Constantinopla eran famosos por hacer instrumentos musicales y relojes mecánicos”.

Sin embargo, es muy posible que aunque Carlomagno hubiese oído hablar de este tipo de artefactos, nunca haya visto un reloj tan sofisticado como el que le envió Harun. “Probablemente él no tenía a nadie que pudiera hacer uno así”.

Un poco de leyenda

Sobre la llegada del extraordinario reloj a la corte del conquistador de media Europa se tejieron historias igualmente extraordinarias.

La profesora Hussein cuenta una.

Aunque Carlomagno admiró el “extraño” aparato, también “lo aterrorizó, al igual que a sus cortesanos, quienes declararon a Carlomagno que estaba perseguido por el diablo y que el califa Harún al-Rashid se lo envió como regalo para destruirlo y robarle su reino”.

Según ese relato, usaron sus hachas para sacar lo malo de su interior.

“Los cortesanos dijeron a Carlomagno que el demonio se había escapado, lo que entristeció profundamente al emperador y convocó a científicos y hábiles artesanos en un intento de reparar el reloj y reiniciarlo, pero todos los intentos fracasaron”.

“Algunos de sus asesores le ofrecieron mandarlo al califa Harun al-Rashid para que un equipo de expertos árabes lo reparara, pero Carlomagno no aceptó devolver el reloj en ese estado al rey de Bagdad sabiendo que habían sospechado de sus intenciones injustamente”.

¿Muy poco de realidad? ¿Mucho de fantasía? Han pasado más de mil y una noches para intentar precisarlo.

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El padre más prolífico de la historia…


Historias de la historia(J.Sanz) — Supongo que a nuestro protagonista de hoy, Ismail Ibn Sharif el rey guerrero, se le podría nombrar como el patrón de las familias numerosas. 

Mulay Ismail Ibn Sharif, descendiente de Mahoma a través de Hassan ibn Ali, según sus propias palabras, fue el segundo sultán de Marruecos de la dinastía alauita que gobernó el sultanato desde 1672 hasta 1727. 

Tras la muerte de su hermano Moulay Al-Rashid, que murió después de una caída de su caballo, Ismail heredó un país debilitado por guerras tribales internas.

El espejo en el que mirarse iba a ser la Francia de Luis XIV que en Europa incrementaba su poder e influencia.

Trasladó la capital de Fez a Meknes donde comenzó la construcción de un palacio imitando el de Versales del rey Sol.

Incluso se atrevió a enviar una delegación a Francia solicitando la mano de Marie Anne de Borbón, hija de Luis XIV.

Para atajar las luchas tribales impuso un régimen brutal y represivo.

Extendió sus dominios por los territorios de las actuales Argelia y Mauritania, arrebató los puertos norteafricanos la Mamora y Larache a los españoles y Tánger a los británicos, apoyó a los piratas berberiscos que actuaban en el Mediterráneo para conseguir esclavos cristianos que se convirtieron en mano de obra de sus faraónicas construcciones o en fuente de financiación por sus rescates.

Y, además, todavía tuvo tiempo de mantener y cumplir con un numeroso harem… fue padre en 867 ocasiones (525 varones y 342 hijas). Estudiosos en el tema afirman que tendría que haber mantenido unas cinco relaciones sexuales al día durante cuarenta años para alcanzar este número (sin contar los partos múltiples).

Tras su muerte, los hijos se disputaron el trono… «menudo jaleo».

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Pájaros gigantes devoradores de hombres y otras fábulas rigurosamente ciertas


2
Una escena de El señor de los anillos: El retorno del rey.

JotDown(R.D.Caviedes) — El suspiro de unas alas cortando el viento, un eclipse fugaz de plumas contra el sol y ocho puñales a la vez hendidos en las entrañas.

Muy jodido, estaremos de acuerdo.

Una forma de morir terrible.

Este pájaro, el hokioi, lo conocieron nuestros antepasados.

Nosotros no lo hemos visto, es un pájaro que ha desaparecido.

Pero lo que decían nuestros antepasados era que era poderosa, un ave muy poderosa.

Un halcón muy grande.

Descansaba en la cima de las montañas, no descansaba en las llanuras. Cuando volaba nuestros antepasados lo veían pero no todos los días, porque moraba en las montañas.

Era rojo, blanco y negro. Era un pájaro de plumas negras teñidas de amarillo y verde y un montón de plumas de color rojo en lo alto de la cabeza.

Habría que haberle visto la cara a sir James Hector, geólogo eminente, al escuchar de boca de un maorí esta descripción tan completa del hokioi, un gigantesco pájaro devorador de hombres del que hablaban las leyendas indígenas.

Y al resto de naturalistas que integraban la reunión de la Royal Society of New Zealand aquel 14 de agosto de 1872, todos tan europeos y de mostacho tan absurdo como quieran imaginar.

Y eso que el horno estaba precisamente para bollos. Julius von Haast, un científico prusiano, acababa de encontrar en una ciénaga de la región neozelandesa de Canterbury los huesos subfósiles de lo que parecía, a falta de medio esqueleto, un buitre increíblemente gordo.

Sin otra referencia que aquella enigmática rapaz gigante de la mitología maorí, la Royal Society intentaba contrastar el hallazgo con la leyenda porque estamos en Nueva Zelanda a finales del XIX, a fin de cuentas. Cosas peores se habían visto.

Y además, literalmente. De hecho, los últimos avistamientos de moas habían tenido lugar en la Isla Sur solo cincuenta años antes, en la década de 1820. Estos pájaros sin alas, endémicos del archipiélago, pesaban hasta doscientos cincuenta kilos y medían hasta tres metros y medio de altura.

Una reconstrucción de un moa realizada por Augustus Hamilton en 1906.

Hoy no se discute que los últimos ejemplares de moa vivieron en el siglo XV y se cuestiona la veracidad de estos encuentros posteriores, pero en 1870 no.

En 1870 el moa causaba furor y los pájaros gigantes eran algo perfectamente creíble.

Siempre que se pareciesen a un moa, claro.

Si no se parecían, entonces no.

Por esa razón la declaración que prestó el voluntarioso maorí no movió a ninguna investigación, siquiera una discusión, entre los académicos.

La charla derivó seguidamente a otros temas de mayor relevancia —concretamente, se cuestionó el éxito que pudo cosechar el capitán Cook introduciendo la patata en la colonia— y el informe de aquel día se archivó. 

El documento ni siquiera recoge el nombre del indígena que aportó la descripción del legendario terror alado.

Una auténtica pena, se pueden imaginar. Cuando en 2009 se confirmó la existencia del hokioi, hoy denominado águila de Haast, no hubo nadie a quien agradecer su primera descripción. Quizá fue el último pájaro devorador de hombres que voló sobre la tierra.

  • Una muerte emplumada

Pájaro gigante, al menos. De los de tamaño más ortodoxo, desde luego que no.

En 1838 una niña suiza de cinco años, Marie Delex, fue capturada por un ave de grandes proporciones, seguramente un águila, en el Valais. Según corroboró el naturalista Félix Pouchet, los restos de la pequeña no se recuperaron hasta varias semanas después, cuando un pastor los descubrió en los Alpes.

Y en 1868 un niño de ocho años, Jemmie Kenney, corrió la misma suerte en Tippah County, Missouri, aunque esta vez el pájaro recibió varios disparos cuando remontaba el vuelo y acabó soltando al pequeño. Murió a consecuencia de la caída.

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Marie Delex y el águila en un grabado de 1838

Aterrador, mucho; enigmático, ni un poco. Las aves de presa cazan, con perdón por la obviedad. Y los ejemplares más voluminosos —con frecuencia hembras— de las especies rapaces más grandes cazan presas a su escala.

Por extraordinarios que sean los ataques a seres humanos, no necesitamos involucrar a ningún gran pajarraco de fantasía para explicarlos cuando las víctimas no pasen de los diez o quince kilos.

Y sorpresa: entre el puñado de ataques avalados por la presencia de testigos que han tenido lugar en los últimos dos siglos, la inmensa mayoría han sido a niños pequeños.

Entre ellos a Svanhild Hantvigsen, una niña de tres años rescatada de un nido en la isla noruega de Leka en 1932, y a Marlon Lowe, uno de diez que sufrió el ataque de dos grandes aves en julio de 1975 en Lawndale, Illinois, aunque su madre consiguió repelerlo.

El famoso ataque a un bebé que grabó un video-aficionado en Montreal en 2012 no cuenta, por cierto. Era un montaje.

Pero no amarre tan rápido los pavos —je—. Aunque la ciencia no haya conseguido documentar el ataque de un pájaro gigante, puede que ninguna criatura abunde más en las mitologías de todo el mundo, desde el Roc en Asia al thunderbird en América o el hoikoi en Oceanía.

Han pertenecido a especies híbridas, como las sirenas, los grifones, las esfinges y las arpías, y han tenido nombres propios, como Quetzalcóatl, Piasa, Bar Juchne, Hræsvelgr o Aetos Dios. Y han hecho presa de seres humanos en los cuentos legados por culturas de todo el mundo, desde las africanas a la escandinava.

A través de ellas, estos grandes terrores han volado en el Talmud, la OdiseaSimbad el marino o El señor de los anillos.

Están en todas partes, más que cualquier otra criatura mitológica, y haríamos mal en no preguntarnos por qué. En particular después del caso águila de Haast, que la ciencia negó porque era materia de leyenda y luego mira tú lo que son las cosas.

Somos humanos, a fin de cuentas, esclavos del aforismo aquel de la piedra con la que se tropieza dos veces. Y leyendas plausibles sobre pájaros gigantes hay más de una. Y de dos.

Escuche esto: en el siglo XII el judío Benjamín de Tudela, un viajero y erudito navarro, refirió en su Libro de viajes la historia de un ave de presa gigante que vivía en algún punto cerca de la India, a la que denominó escuetamente «grifón» y atribuyó la capacidad de levantar hombres del suelo.

Y solo un siglo después Marco Polo habló otra vez de estas criaturas en el Libro de las maravillas, aunque especificó que no eran grifones, sino aves semejantes «al águila en la forma de su cuerpo pero de enorme envergadura» y que «los que las han visto afirman sin vacilar que en ningún miembro se asemejan a bestia alguna, sino que tienen solo dos patas como las aves».

Le atribuyó la capacidad de acarrear al vuelo no ya hombres, sino elefantes. Y fue muy específico con su lugar de origen: Madagascar.

En Madagascar no hay águilas gigantes, pero ocurren cosas muy extrañas. Una de ellas, por ejemplo, es que los lémures tienen miedo de las aves rapaces y presentan comportamientos que previenen sus ataques, aunque ninguna en la isla caza lémures.

Y otra es que en 1994 un biólogo, Steven M. Goodman, descubrió unos huesos subfósiles de águila coronada africana rodeados de huesos de lémures, aunque en la isla no haya águilas coronadas africanas. Unos huesos bastante grandes, por cierto. De hecho, demasiado grandes para pertenecer a esta especie.

Goodman bautizó al animal como Stephanoaetus mahery, águila coronada de Madagascar, en un artículo de Proceedings of the Biological Society of Washington.

Incluso cuando era grande —sus alas abarcaban más de dos metros— se ha sugerido que esta ave pudo alcanzar tamaños superiores a los que ilustran los escasos restos de que disponemos hoy, quizá animando las leyendas sobre águilas gigantes que abundan en todo el Creciente Fértil y Oriente Medio. Particularmente la del Roc, de origen persa.

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El rapto de Ganímedes, 1635, de Rembrandt; el Roc caza una cría de elefante en una ilustración de Charles Maurice Detmold en The Second Voyage of Sinbad the Sailor,1924; Vishnu a lomos de Garuda en una ilustración india de 1730; y el thunderbird en una piel pintada por nativos americanos antes de 1800, fotografía de Patrick Gries

Existe una razón de peso para creerlo. De quinientos cincuenta kilos de peso, concretamente.

Son los que presentaba el Aepyornis o ave elefante, el pájaro más grande que conoce la ciencia, también natural de Madagascar.

Si el águila gigante malgache se extinguió en torno al año 1500 d. C., como calcula Goodman, coincidió con el declive súbito de estos otros titanes, cuya extinción se desencadenó con la colonización humana de la isla en el siglo IV y se consumó con la llegada de los europeos.

Incluso si estos grandes pájaros terrestres no eran la presa cuya ausencia llevó a la extinción de las águilas, entonces es probable que lo fuera el Megaladapis o lémur gigante, un animal que podía alcanzar los ciento cuarenta kilos, también desaparecido por aquel entonces. Megafauna, en todo caso. Los animales que comen megafauna suelen ser megafauna.

Y cuando unos desaparecen, los otros van detrás.

La última descripción que consta de las aves elefante fue escrita en 1658 por Étienne de Flacourt, un gobernador francés de Madagascar, cuando ya solo quedaba un puñado en retiradas zonas selváticas y pantanosas. Habló de «un ave gigantesca que habita en la región del pueblo de los Ampatres y pone huevos como el avestruz; para que la gente de esos lugares no pueda capturarla, busca los lugares más apartados».

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La subasta en Christie’s de un huevo de ave elefante del siglo XVII. Se vendió en 2013 por más de 80.000 euros.

Desde entonces no hay otro gran pájaro que haya animado más leyendas, empezando por las científicas. Y las extrañas ubicaciones en las que han aparecido algunos de sus huevos no ayudan demasiado.

Aunque se cree firmemente que es un género endémico de Madagascar, en 1930 se encontró uno de los —cotizadísimos— huevos de este animal en el sur de Australia, el huevo de Scott, y en 1992 otro, el de Cervantes. Y hay quien atribuye al ave elefante otros huevos gigantes descubiertos en, atención, Canarias.

  • Producto americano

Pero, para leyendas pseudocientíficas con pájaros gigantes, Norteamérica. En ningún lugar se han notificado más avistamientos de estos animales que en Estados Unidos, y en ninguno más espectaculares.

Uno de los más sonados, a la postre el de tintes más sobrenaturales, fue el del llamado Big Bird. Involucró a diferentes personas a lo largo de varios meses de 1976, cuando un gran ser volador sembró el terror por Rio Grande Valley, San Benito y otras localidades del sur de Texas.

Aunque los testigos —ejem, testigos— hablaban de un ave, los que aseguraron haberla visto dijeron que su cara era como de simio, y algunos especificaron que tenía piel en lugar de plumas. La cosa acabó en batidas multitudinarias y pareciéndose mucho a Jeepers Creepers.

Quizá la fiebre no debería extrañar demasiado en la cuna del thunderbird, el águila gigante del folclore indio americano, y todas las versiones que reaparecen en fábulas y cuentos de los diferentes pueblos indígenas.

Aunque se descarta que el ser humano coincidiera al sur del continente con el antiguo Argentavis magnificens —considerado hasta hace poco el pájaro volador más grande de la historia de la Tierra, con una envergadura de alas que podía alcanzar los ocho metros—, otros miembros de la extinta familia de los tera-tórnidos convivieron con los moradores humanos de América, especialmente al norte. Una especie, el Teratornis merriami, se ha encontrado en yacimientos de tan solo diez mil años de antigüedad y otra, el Teratornis woodburnensis, entre estratos de once mil años que también prueban la presencia humana.

Los teratórnidos presentaban un aspecto parecido al de los buitres, aunque eran cazadores, y sus alas abarcaban cuatro metros.

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Ulises y las sirenas, John William Waterhouse, 1891.

Es lo que tiene la ciencia, que descartar es lo más complicado. Puestos a no hacerlo, algunos no han descartado incluso que la singular devoción de las culturas norteamericanas y mesoamericanas por las aves gigantes y su panteón, abundante en dioses pájaro, pudo tener que ver con los forusrácidos, otro producto genuinamente americano.

Fueron una estirpe terrestre de grandes pájaros carnívoros que también reciben el nombre, mucho más elocuente, de «aves del terror».

Algunas, como el Phorusrhacos longissimus, se extinguieron en la Patagonia a principios del Pleistoceno, pero hay quien sostiene —no sin controversia— que especies como el Titanis walleri pudieron sobrevivir en Norteamérica al menos hasta hace quince mil años, lo que de nuevo hace coincidir su final con la llegada de los seres humanos.

Este animal, ilustremos, consistía en ciento cincuenta kilos de pájaro de dos metros y medio de altura capaz de alcanzar los sesenta y cinco kilómetros por hora. Debió de presentar una bonita estampa. Desde lejos.

En Australia también se desarrolló otra gran familia de aves terrestres gigantes, los dromornítidos. Emparentaban con gansos, patos y cisnes, eran carnívoros y quizá carroñeros y los ejemplares de las especies más grandes —como el Dromornis stirtoni y el Bullockornis planei, o pato demonio—, eran moles de media tonelada y hasta tres metros de altura.

De nuevo se especula con la fecha exacta en que desaparecieron las últimas especies del linaje, aunque la mayoría de teorías apuntan a una extinción súbita hace poco menos de cincuenta mil años. Adivinen qué: cuando llegaron los primeros seres humanos.

Podríamos seguir. Marabúes de dos metros en la isla de Flores, alcas gigantes en el norte del Atlántico… Pero la historia es la misma. Las aves del terror ya no acechan en las praderas. Hay emúes, a lo sumo, y avestruces.

Una especie de cada, porque también acabamos con las diferentes clases de emúes que habitaban Oceanía y con el avestruz arábigo, el único que vivía fuera de África. Y en las islas remotas tampoco rompen el cielo espantos descomunales con el pico curvado y costumbres de monstruo, porque ya no existe lo remoto.

El suelo, eso sí, es un lugar más seguro sin penachos anunciándose en la espesura. Y no digamos el cielo, del que ya no se descuelgan dioses con plumas buscando alimento para sus pollos. Nos sobrevivieron mucho tiempo, sin duda los que más entre esa clase agonizante que son los animales grandes.

Lo suficiente para imprimirse en nuestras leyendas y que supiéramos de ellos en el tuétano, cuando los huesos te hablan desde dentro, antes de que alguien desenterrara los suyos aún sin fosilizar. Mejor así. A fin de cuentas, ellos eran los monstruos, ¿verdad?

¿Verdad?

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Una imagen promocional de Los pájaros.

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Historia de la inmortalidad: Los inmortales en el mito y la leyenda…


Ilustración alegórica de la inmortalidad. 

Ancient Origins(V.Roric) — Uruk de Mesopotamia fue probablemente el primer inmortal de las leyendas. Se creía de él que era un individuo “normal” que, sencillamente, no podía morir. Sin embargo, la mitología sugiere que siempre han existido inmortales y consejeros. En este sentido, Uruk podría ser considerado como el primer ejemplo de un consejero inmortal de la humanidad.

Gilgamesh era rey de la ciudad de Uruk. Supuestamente vivió 2.000 años después de Uruk el Inmortal. Según algunas leyendas, Uruk vivió en la corte de Gilgamesh, e incluso fue uno de sus maestros. Gilgamesh era hijo de Lillah y Ninsun.

– Dos vidas, dos formas de ser

El mito de Enkidu nos habla de nueve mujeres inmortales que llegaron hasta él cuando nació. Estas nueve mujeres eran las hadas que realizaban predicciones sobre la vida de un niño y su destino al nacer.

Tras una serie de buenos augurios de las primeras ocho hadas, la última, la más joven pero también la más sabia, predijo que Enkidu viviría dos vidas: una propia, en la que actuaría erróneamente, y una segunda que le pertenecería a ella y en la que sus acciones estarían caracterizadas por su rectitud.

Fragmento de un relieve dedicado a la diosa Ninsun, madre de Gilgamesh. (Public Domain)
Fragmento de un relieve dedicado a la diosa Ninsun, madre de Gilgamesh.

Además, el hada afirmó que esperaba un gran don para la segunda vida de Enkidu. Estaba en lo cierto. En su primera vida, a pesar de ser fuerte, valeroso y sabio, como habían predicho las primeras ocho hadas, Enkidu cometió muchos errores y lo echó todo a perder tanto en su reino como en su vida personal.

Finalmente, con su reino ya en decadencia, Enkidu se encontraba en su lecho de muerte. Fue entonces cuando suplicó el perdón de la sabia hada que había predicho que viviría dos vidas diferentes.

En ese momento, la inmortal hada se le apareció e hizo retroceder el tiempo de nuevo hasta el momento en que Enkidu era aún joven. En esta segunda vida, Enkidu actuó con rectitud, se casó con Ninsun y concibió a Gilgamesh, el gran ‘don’ que el hada le había predicho.

Posible representación del rey Enkidu.

– El mortal deseo de Karún

Carún era un inmortal de la cultura etrusca. Se cuenta de él que descendió a los infiernos y regresó, y también es conocido por haber sido infeliz a causa de su condición inmortal. Es uno de los poquísimos inmortales cuyo único deseo era la muerte.

Curiosamente, en mitos de todo el mundo, los héroes que viajan al infierno y regresan pueden ser reconocidos como inmortales porque dejan el mundo de los vivos sin haber muerto y vuelven a él posteriormente. Los dioses de las antiguas mitologías también son inmortales. En ocasiones se considera a los antiguos dioses seres humanos inmortales disfrazados.

El dios eslavo Veles, por ejemplo, admitía ser inmortal, pero no un dios.

– Vampiros, hombres-lobo y la Iglesia

Los vampiros son un buen ejemplo de criaturas mitológicas inmortales. Según cierta teoría, las historias de vampiros fueron creadas por auténticos inmortales a fin de mantener en secreto su propia existencia.

Taulreus defiende esta idea en su libro Gheestelycke Sermoonen. Los seres terroríficos como vampiros y hombres-lobo evitarían por tanto que la gente considerase la posibilidad de la existencia real de seres humanos inmortales.

En el pasado, la Iglesia prohibió e intentó destruir todos aquellos libros que planteaban la posibilidad de la existencia de inmortales bajo una forma física.

Por otro lado, los alquimistas eran acosados y perseguidos por buscar la Piedra Filosofal, un mineral legendario que supuestamente serviría para elaborar el elixir de la vida (eterna).

‘El alquimista en busca de la Piedra Filosofal’, óleo de Joseph Wright, 1711. 

– Leyendas posteriores

La obra Gheestelycke Sermoonen nos habla de un joven soldado que pasa a formar parte de un grupo de mercenarios. En el transcurso de una batalla, el joven es testigo de cómo dan muerte a su comandante, jefe de los mercenarios. Antes de morir, el jefe deja al joven al mando. Con el paso del tiempo, el nuevo comandante envejeció y se retiró a una ciudad de algún lugar de Egipto. 

Cierto día, cuando se dirigía al mercado, el ahora anciano se encontró con el antiguo jefe de los mercenarios, que él pensaba muerto desde hacía muchos años. Sin embargo estaba bien vivo, y su apariencia era exactamente la misma que la que había conocido el anciano hacía tanto tiempo.

El hombre preguntó a su antiguo comandante si era inmortal. El inmortal reveló entonces su identidad, y le dijo a su viejo amigo que finalmente había conseguido realizar su destino.

Otro inmortal famoso fue el Conde de Saint Germain. No obstante, Santo Germain fue uno de los inmortales más recientes de la historia. Entre estos inmortales relativamente modernos también se encuentra Nicolás Flamel, un hombre de quien se decía que había descubierto la Piedra Filosofal y la había utilizado para elaborar el elixir de la vida a fin de alcanzar la inmortalidad.

Ilustración del Conde de Saint Germain obra de Charles Sindelair. (1935)

Mitos y leyendas de todo el mundo están llenos de historias sobre inmortales. Existen incluso diferentes tipos de inmortales. Algunos de ellos al parecer nacen ya inmortales, mientras que otros alcanzan esta condición como alquimistas al descubrir la Piedra Filosofal y el Elixir de la Inmortalidad.

¿Qué hay de cierto en estas historias de inmortales? ¿Es posible que hayan sido obra de auténticos inmortales con la intención de ocultar su existencia? Es muy posible que no encontremos jamás la respuesta a estas preguntas.

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La carta más amenazante y vejatoria…


Cosaco Zaporozhia

Historias de la historia(J.Sanz) — Durante los siglos XVI y XVII los cosacos de Zaporozhia, establecidos en la zona centro y sur de la actual Ucrania, se vieron acorralados por tres poderosos imperios: el Otomano, el Ruso y la Mancomunidad de Polonia y Lituania.

Sólo con una estudiada política de alianzas con unos u otros, dependiendo de la situación, y su poderío militar apoyado en expertos jinetes, maestros en el manejo del sable y mosquete y una perfecta organización, consiguieron mantener su independencia.

En 1676, y tras sufrir varias derrotas a manos de los cosacos, Mehmed IV, sultán del imperio Otomano, decidió enviarles una carta conminándolos a someterse:

Como Sultán, hijo de Mahoma; hermano del Sol y de la Luna; nieto y virrey de Dios, gobernante de los reinos de Macedonia, Babilonia, Jerusalén, Alto y Bajo Egipto, emperador de emperadores, rey de reyes, extraordinario caballero, nunca derrotado; guardián de la tumba de Jesucristo, delegado del poder divino, esperanza de los musulmanes, gran defensor de los cristianos,…

Os ordeno, cosacos zaporogos, someterse a mí, voluntariamente sin resistencia alguna, y cesar en vuestros ataques.

La respuesta de los cosacos no se hizo esperar y contestaron frase por frase mofándose de todos sus títulos y virtudes:

¡Cosacos zaporogos al Sultán turco!
Oh sultán, demonio turco, hermano maldito del demonio, amigo y secretario del mismo Lucifer. ¿Qué clase de caballero del demonio eres que no puedes matar un erizo con tu culo desnudo?.

El demonio caga y tu ejército lo come. Jamás podrás, hijo de perra, hacer presos a hijos cristianos; no tememos a tu ejército, te combatiremos por tierra y por mar, púdrete.

¡Despojo babilónico, loco macedónico, cervecero de Jerusalén, follador de cabras de Alejandría, porquero del Alto y Bajo Egipto, cerdo armenio, ladrón de Podolia, catamita tártaro, verdugo de Kamyanets, tonto de todo el mundo y el submundo, idiota ante nuestro Dios, nieto de la serpiente y calambre en nuestros penes. Morro de cerdo, culo de yegua, perro de matadero, rostro del anticristianismo, folla a tu propia madre!

¡Por esto los zaporogos declaran, basura de bajo fondo, que nunca podrás apacentar ni a los cerdos de cristianos. Concluímos, como no sabemos la fecha ni poseemos calendario; la luna está en el cielo, es el año del Señor, el mismo día es aquí que allá, así que bésanos el culo!

Los cosacos Zaporogos le responden al Sultán – Ilya Repin

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La melancolía siempre sucede a bordo de un barco


El Beagle, tal como aparece en el libro de Darwin, El viaje del Beagle. (DP)
El Beagle, tal como aparece en el libro de Darwin, El viaje del Beagle.

JotDown(D.R.Gutman) — Se suicidó junto a su esposa, al otro lado del mundo.

Había viajado por Sudamérica en aquellos cruceros transatlánticos de los años treinta que respetaban la disociación entre cuerpo y alma, siguiendo, de algún modo, la estela de uno de los viajes más importantes de la ciencia, el viaje del Beagle.

A Stefan probablemente no le interesaba mucho Charles Darwin, o quizá sí, vaya uno a saber desde este lado de la historia.

Había huido de la Europa convulsa invadida por los nazis y no pudo soportar el salto al vacío.

Un viaje que aún persiste, en la tibieza de nuestro tiempo, pero que no acabará jamás.

Darwin embarcó en el Beagle el 27 de diciembre de 1831: fue un viaje que duró cinco años alrededor del mundo. Se dice pronto.

Con veintidós añitos, un naturalista aficionado, entra a formar parte de la tripulación de un barco explorador para distraer a un capitán con tendencias a la depresión; melancolía que lo llamaban entonces.

Resulta que a Darwin también le podía la melancolía. Y así hay que imaginarse a un capitán encerrado en su camarote, con sus mapas y astrolabios y su juego de ajedrez y su melancolía.

Porque el capitán Fitz Roy era aficionado al ajedrez. Claro, ¿qué hacer cuando el viento no empuja la mayor, la flacidez del horizonte se torna insoportable, las olas no suben, ni bajan y la corriente no basta para desplazar el barco? El ajedrez, por supuesto. Una buena partida de ajedrez, parece una salida honrosa al tedio, al abismo de un océano quieto y, tan cercano, tan distante.

Y entonces surge la pregunta. ¿Jugó Charles Darwin al ajedrez? Porque cinco años da para mucho y si bien el joven Charles tenía suficiente con observar y documentar la geología de islas y continentes, la fauna y flora de los valles y costas, los fósiles de caminos y vaguadas, las formas y tamaños de los picos de los pinzones, en algún momento hay que pensar en el capitán Fitz Roy ordenando, sí, ordenando, al joven científico que se deje de morondangas y tenga a bien pasar por su camarote y jugarse una partidita.

Young Charles, por favor, venga a jugar un juego de ajedrez.

La educación ante todo. Quizá la invitación/ordenanza venía acompañada por una taza de té, si es que el estómago del pobre Darwin no andaba revuelto del mareo, poco acostumbrado como había estado hasta entonces a estas aventuras por el mar.

Perdone, mi capitán, pero es que no sé cómo se juega.

—-No importa, young Charles, así aprenderá conmigo.

Ahí te quiero ver. Sentado frente al capitán sin saber apenas mover las piezas. Serían unas hermosas piezas y un tablero del siglo XVII, traído de Italia (o de España o de la India), repletas de adornos y distracciones, nada del ascetismo de las piezas Staunton, con un tablero tallado donde casi sería imposible distinguir los colores de las casillas.

Piezas italianas del siglo XVII. (DP)
Piezas italianas del siglo XVII.

A ver, los peones mueven hacia adelante, una casilla, dos casillas. Los caballos saltan en L. Los alfiles en su color, en diagonal. Las torres por filas y columnas. Las damas como si fueran una torre con poderes alfílicos de cualquier color. ¿Y el rey? Ah, el rey, esta es la pieza más poderosa a la que habrá que dar jaque mate.

—El rey mueve una casilla en cualquier dirección. Pero ten cuidado y protégelo, young Charles.

—¿Así? —juega young Charles su rey y el pícaro capitán anuncia jaque mate en dos jugadas.

Darwin se devana los sesos intentando comprender los entresijos de la posición, las sutilizas del plan, el poderío de cada jugada.

Se dan la mano y se dirige a su camarote, donde escribirá acerca de su viaje prodigioso y comenzará a entrever la teoría evolutiva por selección natural.

El Beagle sigue su rumbo. Hace mucho que han dejado atrás las islas de Cabo Verde, en el medio del océano Atlántico, con su geología volcánica y su falta de vegetación, que young Charles atribuye, en un decimonónico comentario ecologista, a la «destrucción imprudente», al igual que habría ocurrido, sigue young Charles, en algunas de las islas Canarias.

Pronto llegarán a las costas brasileñas y luego a las argentinas. Bahía Blanca y la Patagonia argentina serán un paraíso de fósiles por descubrir, faunas cuaternarias de grandes mamíferos como el Mylodon, un perezoso gigante que caminaría por aquellas tierras hace más de diez mil años.

Darwin observa a las tribus del lugar, los araucanos, los patagones y los onas y los diaguitas y no pierde la oportunidad de hacer algún comentario racista. Claro, era la marca de su tiempo.

El Imperio británico, como el francés, como el español, como el alemán más tarde (y también el italiano) aprovecharon la era de los exploradores para la conquista, colonización y en muchos casos, aniquilación de los pueblos autóctonos. Se veían a sí mismos con una marca de superioridad, europea y cristiana, que debía imponer el orden (el orden divino) en el mundo entero.

Mylodon tal como aparece dibujado en El viaje del Beagle. (DP)
Mylodon tal como aparece dibujado en El viaje del Beagle.

Estos indios pueden considerarse civilizados; pero lo que hayan perdido de la ferocidad de su carácter, lo compensan con su entera inmoralidad.

Así escribía Darwin. Una pena. Generaciones de biólogos y políticos bebieron de estas y otras fuentes de la época victoriana que se avecinaba. La eugenesia se nutrió de ellas, la «idea» de que la humanidad debía mejorarse deshaciéndose del más débil, del ignorante, del problemático, del diferente. La formuló por primera vez Francis Galton, primo de Charles.

Las matanzas no se hicieron solo en tierras conquistadas, también se perpetraron en las tierras civilizadas de Europa y tuvieron su culmen en las teorías arias de los nazis.

Pero nada nuevo bajo el sol. Esto ocurre desde que hay culturas. Una de las especialidades de cualquier cultura es creer en su superioridad y en contarse cuentos (religiosos, morales, políticos, racistas, la lista es bien grande y diría que engloba todo aquello que está dentro de la misma cultura) para cargarse de razones.

El movimiento eugenésico tuvo un gran auge en la Europa de principios de siglo XX y en los Estados Unidos. No se salva nadie, hasta en los países escandinavos. Vidas cortadas, mutiladas, arruinadas en nombre de la intelectualidad.

Grandes pensadores, incluidos premios nobeles fueron fervientes adherentes de estas ideas de las que, más tarde, se nutriría el nazismo; como Konrad Lorenz, el hombre que hablaba con los gansos y del que, muchos años más tarde, otro premio nobel, Murray Gell-Mann diría: «para el ganso anómalo que adopta a Lorenz como su madre, el programa [genético de imprinting] es evidentemente un fracaso».

Stefan se encuentra ahora en Brasil, donde también estuvo young Darwin, y acaba de terminar su última novela; Schachnovelle, la Novela de ajedrez.

Ha atado el manuscrito mecanografiado cuidadosamente y lo ha depositado en el correo para mandárselo a su editor en Estados Unidos.

Estamos a finales de 1941 o principios de 1942. Los nazis todavía están ganando en Europa.

La desolación de Stefan y su mujer es inconmensurable.

Un poco más al sur, en Buenos Aires, donde young Darwin también hizo escala, mis abuelos, Leizer y Szeine, tienen ya una niña de pocos años.

Habían huido de Bialystok, en Polonia, en los años treinta, antes de la hecatombe.

Él se embarcó cuatro años antes que ella, los que tardó en reunir los pesos necesarios para pagarle el viaje en un barco bastante menos lujoso que aquellos que frecuentaba Stefan. Las noticias de Bialystok eran escasas y muy esporádicas.

En 1941, se estableció el gueto en la ciudad comenzando por encerrar a más de setecientas personas en la sinagoga, cerrar las puertas, y quemarla. En 1943, el gueto fue liquidado totalmente.

Congreso internacional de Eugenesia en 1921. Terrorífico. (DP)
Congreso internacional de Eugenesia en 1921. Terrorífico.

Los que no murieron allí (se calcula que fueron mucho más de cincuenta mil personas), habían sido enviados previamente a los campos de concentración de Auswitch, Treblinka o Theresienstadt.

Nunca supieron nada más de sus padres, de sus hermanos, de sus primos, de sus amigos de la escuela.

Nunca me dijeron nada.

El editor abre el paquete.

El héroe de la trama, el Dr. B., viaja en un crucero de Nueva York a Buenos Aires.

Se encuentra con Mirko Centovic, el campeón del mundo de ajedrez, a quien es capaz de vencer gracias a lo que aprendió en un libro que fue su único refugio para huir de la locura mientras fue prisionero de los nazis.

Había jugado consigo mismo hasta tal punto que había desdoblado su personalidad en su yo Blanco y su yo Negro. Su comprensión del juego era total.

El ajedrez a bordo de un barco, en medio del Atlántico. Metáforas de la humanidad, de las civilizaciones, del poder, de la miseria y de la barbarie. Darwin lo documentó en la Patagonia mientras movía a regañadientes los trebejos frente al capitán Fitz Roy.

Luego la eugenesia, más tarde la Shoah. Hoy no andamos mucho mejor. Para cuando la Novela de ajedrez llega a manos del editor, Stefan Zweig y su mujer, Lotte, ya se han suicidado; sin duda, fue un ataque de melancolía.

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