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Una investigación sobre las esencias (Cuento pedagógico) …


Kishin Shinoyama; Sin título, serie Twins, 1969
Kishin Shinoyama; Sin título, serie Twins, 1969

Meer(L.T.Marín) — A Marcial Rasgado Felipe y Roberto Fuentes y Fuentes, con gratitud.

Eros llegó en forma de ventarrón. Y esta vez se reveló en una fuente de aromas y se llevó la filosofía del Trismegisto para dispersarla en miles de piezas exquisitas del museo de las caricias. Después de vivir entre ellos, los juntó en un abrazo eterno y único en el que se fundieron. Eros jugó con ellos, se escondió en sus carnes y sus vestidos. Finalmente, desaparecieron sublimados, junto con su dios.

(Último párrafo de la bitácora de Baruj R., profesor de filosofía)

Carta del profesor Baruj R. (fragmento)

¿La facultad, pregunta usted? Sí, yo trabajé en esa institución. Algunos años después de jubilarme la cerraron definitivamente. No me pregunte usted, querido amigo, por qué motivos desapareció, pues esa discusión todavía sigue y, como siempre, cada uno tiene su punto de vista según el lugar que tenía en el momento del derrumbe definitivo (digo «derrumbe» a propósito y no «declive», porque este se inició desde el momento mismo en que la escuela fue fundada, como sabemos, por funcionarios educativos obtusos e incompetentes, pero esa es otra historia que tendré ocasión de contarle después).

Cada uno tiene, entonces, su postura sobre cuál fue el motivo final de la clausura de ese simulacro angustiante de edificios hostiles, vacíos la mayor parte del tiempo.

Se especuló (se escandalizó) en la opinión pública sobre las causas, y se achacó a la ineficiencia y mediocridad proverbial de sus funcionarios, se alegaron las cuestiones de presupuesto, las agendas políticas de entonces, la petrificación académica de la mayoría de sus docentes, la carga social que implicaba tener estudiantes que no iban jamás a clases (alguien incluso publicó en un diario que el destino de las joyas obsequiadas a los necios era el cesto de basura), se aludió también a la negación oscurantista para la educación virtual, y otros motivos.

Pero ahora, soy sincero cuando le digo que no lo recuerdo bien. Aún con la ayuda de dos tazas de café, no alcanzo ya a tejer nada coherente de un puñado de memorias deshilachadas.

Usted sabe que no me gusta perder el tiempo hablando de mí, así que omitiré explicaciones largas e innecesarias sobre el asunto que se describe en la bitácora que le envío junto con estas líneas.

Ni siquiera registré el año de su redacción y configuración, pero debo advertir dos cosas: la primera, es que los acontecimientos tuvieron lugar en esa universidad algún tiempo antes de jubilarme, en algún momento posterior a la pandemia de los años veinte.

La segunda cuestión que deseo señalar es que usted puede hacer lo que le venga en gana con los documentos que le envío ahora (estoy incluyendo los archivos de texto y de audio originales, que tuve la fortuna de conservar). Decididamente, para cuando usted termine de revisarlos, todos mis átomos se habrán fundido con el céfiro.

Disfrute pues con la lectura y, si no es mucho pedir, no tenga muy en cuenta el descuido, la parquedad de la explicación de las situaciones, y todo lo que pudiera echarme en cara sobre este conjunto de piezas; no he tenido el ánimo de volver a escribir y, aunque lo hubiera intentado, la bruma del tiempo es tan densa para mí que solo lograría enturbiar más lo que ya no puede aclararse: esto es lo que tengo y, como siempre, se lo brindo a usted como la prueba de mi más ferviente amistad y aprecio.

Prof. Baruj R.

Textos y transcripciones de los audios de la bitácora del Prof. Baruj R.

. 9 de enero: primer día de clase

Entré al salón: un silencio sombrío que brotaba desde cada pupitre me cubrió de inmediato. Me sentí asediado por tantas miradas inquisitivas, hostiles, retadoras y punzantes… había algo extraño allí que, definitivamente, me incomodaba. Lamenté no haberme tomado en serio las advertencias de algunos colegas. Traté de sentarme (esto es, en realidad, de esconderme) detrás del escritorio (debo decir que raras veces llego a hacerlo).

Las miradas se volvieron nuevamente hacia mí y entendí que en esta postura no iba a lograr nada. «Los estudiantes se han puesto todos de acuerdo y me quieren hacer flaquear», pensé, «pero, conmigo no pueden…», añadí para mis adentros. En algún momento, como una especie de inspiración, llegó a mí la idea de dejar la silla y adoptar la pose infame de sentarme en el escritorio (lo cual, pensé, me daría una perspectiva «desde lo alto», mientras que, a la vez, hacía un guiño de rebeldía).

Pero todo siguió igual y me di cuenta de que, seguramente, esta táctica ya había sido intentada por algún otro docente. Así que, después de unos minutos, esa postura me pareció estúpida y, luego de anotar algo en el pizarrón, regresé a la seguridad de la silla. El resto de la clase transcurrió toda en ese mismo ambiente.

Kishin Shinoyama; Sin título, serie Twins, 1969

. Audio

Se trata de un grupo de veinte estudiantes, claramente en proceso de afirmación de su propia identidad.

Sus vestimentas muestran cierto descuido personal

(aunque sin llegar a la suciedad o al franco desaliño).

Llama la atención el predominio de colores obscuros

(indicando, seguramente, el desacuerdo con las normas e inconformidad con ellas; ¿tal vez alguna postura anacrónicamente existencialista?)

Ningún rasgo aparente de violencia verbal ni física.

Hipótesis sociológica: la conducta socialmente aceptable en los adultos jóvenes se determina con mayor claridad en el individuo, justo (tal vez paradójicamente) cuando el sujeto adquiere una consciencia más profunda de sí mismo (como independiente y autónomo).

Los estudiantes de este grupo se encuentran en el dilema de la liberación personal y la represión que acompaña la asunción de roles sociales propios de la madurez.

. Nota de febrero

Apenas tres semanas después de iniciar el semestre, yo sabía (como los otros profesores de la universidad), que el ausentismo de los alumnos se agravaba: más de la mitad de un grupo «normal» dejaba de asistir a clase y los pocos que llegaban no habían leído absolutamente nada del tema a tratar en la sesión.

Esto sucedía en casi todas las asignaturas. Pero este caso era, extrañamente, la excepción: el grupo completo acudía al aula y, raramente alguien se ausentaba.

Además, todos estaban enterados de la temática y discutían amablemente conmigo: parecían entender los conceptos filosóficos de manera más que satisfactoria e, incluso, en ocasiones estaban de acuerdo con la necesidad de conducirse según un cierto tipo de criterio establecido con base en la plena racionalidad (aunque algunos no dejaron de cuestionar si esto era posible, considerando los últimos descubrimientos de la neurociencia).

Aun así, había algo que a estas alturas del curso ya me inquietaba sobre los estudiantes de ese grupo: la poco discreta «cercanía corporal» que había entre ellos y la afición que todos mostraban por «tocarse». Pero de esto hablaré más adelante.

. Audio del 23 de febrero

He notado desde el inicio, que todos en ese curso procuran ávidamente el contacto físico entre ellos, continuamente hay miradas sugerentes, caricias y «besos de saludo» más largos que en la mayoría de los grupos de estudiantes que conozco; sobre esto último hay algo que definitivamente me inquieta: el beso de saludo entre los miembros de la clase no es precisamente un beso, sino un acercamiento muy sutil acompañado de un suspiro profundo, seguido por una mirada, casi íntima, de reconocimiento entre ellos.

Hipótesis psicológica: la afirmación de la personalidad es acompañante indisociable de la consolidación de la propia sexualidad. Las frustraciones, temores y emotividad propias de estos individuos son trasladados al campo erótico. El problema es que, por lo que he observado, no hay evidencia conductual de ninguna frustración, miedo o algo similar. Más bien los sujetos parecen confiados, apacibles y cordiales. Creo que estoy lejos de aclararme el tema todavía. Pero este caso me ha despertado tal interés, que le dedicaré más tiempo y realizaré una suerte de investigación personal al respecto.

. Notas de marzo

Quien responde a mis cuestionamientos, en la mayoría de las ocasiones es Violeta, una estudiante que descuella por sus respuestas inteligentes, incómodas para muchos, y también oscuras. Los otros profesores también le temen (al respecto, debo decir que ese temor es perfectamente explicable pues, desde que muchos colegas obtuvieron su cátedra definitiva en esta escuela, ya no han abierto más un libro, ni siquiera para olerlo).

Violeta es una especie de guía moral del grupo, una suerte de consejera que a veces se da aires de chamana y, conforme el curso avanza, he alcanzado a reunir en mi bitácora sus comentarios sobre algunos filósofos; con ellos pude confeccionar una especie de Historia de la filosofía según Violeta.

Sobre Agustín de Hipona ella afirmó: «Para combatir la inteligencia de la filosofía griega, el obispo tuvo que echar mano de la histeria cristiana».

Tomás de Aquino: «Un gigante emponzoñado por el narcótico de sus propias revelaciones».

Descartes: «Una ficción historiográfica del siglo diecinueve».

Nietzsche: «El patético, rabioso e insuflado aprendiz de futurista».

Freud: «Un fraude que ha producido cuantiosas ganancias a lo largo de la historia. Superado solo por el catolicismo».

Heidegger: «Obcecado equilibrista del galimatías».

De Beauvoir: «Sus párrafos tienen la profundidad de un vulgar puesto de periódicos».

Zambrano: «Su verdadero exilio está en esa prosa ininteligible».

Foucault: «Un mimo de utilería en el Teatro de las paradojas».

Haraway: «Al volverse cíborg, la filosofía se ha quedado sin ideas».

Con ese tipo de frases Violeta despacha a los grandes filósofos.

. Notas de mayo

Trato de ganar la confianza del grupo y, de algún modo, estoy convencido de que mis clases han tenido cierto éxito. Frente al pizarrón no me he perdido la oportunidad de bromear e ironizar sobre cualquier tema, incluso podría decir que en algún momento los estudiantes de este grupo tan mal afamado me han parecido personas sumamente simpáticas (por supuesto, no dejo de concebirlos como un inigualable objeto de estudio).

Tampoco pierdo la oportunidad de hacerles ver lo irracional de su comportamiento preocupantemente cercano, «cariñoso»… no sé, tal vez afectivo en exceso. A estas alturas del semestre, ya no disimulaban su afán por acariciarse, besarse o, simplemente, tomarse de la mano afectuosamente con quien estuviera al lado.

Por la política de la institución, más que por convencimiento propio, he enfatizado la importancia de la confianza y del amor como condiciones sin las cuales el sexo es solo apareamiento y otros discursos del mismo jaez. La respuesta de ellos es, invariablemente, una mirada comprensiva o tal vez compasiva (ni siquiera risas nerviosas), todo esto finaliza con la aseveración de parte de alguno de que, en el fondo, es una cuestión de olfato.

. Audio del 3 de mayo

Hipótesis marxista: la sublevación de las clases sociales obreras ha adquirido formas interesantes y nuevas, una de ellas es el cuestionamiento de la moral sexual burguesa. La revolución del proletariado (o de las generaciones que descienden directamente de este) no es política: más bien se enmascara en la transvaloración de lo social a partir de lo erótico.

Este grupo de estudiantes, conscientes de su papel crítico, realizan la tarea de subvertir a la sociedad entera desde un punto de vista mucho más radical, y van directamente (en la teoría y en la práctica) contra los roles sexuales establecidos por «la mayoría».

Esto tiene las ventajas, por una parte, de que la violencia social es notoriamente «dulcificada» y, por otra, tales conductas constituyen un cuestionamiento que puede ser llevado al campo laboral o al campo escolar. Lo que tenemos en esta clase es una especie de revolución sexual en pequeña escala.

. Audio del 25 de mayo

Kishin Shinoyama; Sin título, serie Twins, 1969

Hipótesis filosófica: ¿hasta qué punto es posible un análisis fenomenológico de la experiencia erótica?, ¿puede ser el encuentro erótico una especie de revelación?, ¿revelación del otro, encuentro del otro, conocimiento del otro?, ¿es posible conocer a otro a partir de una turbación tan primitiva como la atracción sexual?

Tal vez sí: posiblemente las conductas que se registran en este grupo sean una forma única de conocerse, es el medio que han preferido para saber uno del otro.

Pero, en este caso, habría que considerar arduamente el factor tiempo.

Entonces se conocen, se aman hoy, pero el siguiente día es distinto y, por tanto, hay que reconocerse.

Ahora bien, de ser así, ¿tiene sentido hablar ya de «conocimiento»?

. Nota del 21 de junio

Después de meses de haber iniciado mi investigación sobre las características de ese grupo tan especial, después de varias hipótesis e intentos de solución fallidos, hoy estallé.

Las prácticas eróticas parecían ir en aumento entre ellos y eso me exasperaba.

Todo eso constituía ahora un laberinto asfixiante para mi investigación personal que me devolvía, por cierto, una imagen ridícula de mí mismo.

Así que hoy, al ver que alguien se atrevió a levantarse para «saludar con una caricia y un beso» a otros estudiantes situados en el extremo opuesto del aula, suspendí el tema y lancé una ofensiva casi insultante:

—Abran bien los ojos: ustedes se están enredando sin pensar mucho en la responsabilidad y los peligros que este comportamiento vuestro les acarrea. No me interesa su vida privada, pero esa adicción a los tocamientos, besos, caricias y juegos amorosos que ustedes exhiben los puede conducir al fracaso personal. No sean hipócritas y díganme qué les dio por burlarse de mí de ese modo.

Después de un par de minutos de silencio, Violeta se levantó y se tomó el tiempo para un profundo respiro:

—Te tenemos una sorpresa, Baruj y, como ya habíamos olido, la recibirás hoy. Lo hemos discutido mucho y has sido aceptado como nuestro alumno. Debes saber primeramente que, al nacer, todos tenemos olfato, el cual no solo consiste en la capacidad de percibir aromas: por «olfato» nosotros entendemos algo mucho más complejo, es una actividad de acceso a las verdades más ocultas por vía de la percepción inmediata.

Todos los seres que ves aquí hemos nacido con esa característica, nos hemos adivinado desde siempre, y hemos construido nuestras vidas para coincidir en este lugar (esta facultad, esta carrera de filosofía), y en este momento. Desde el principio de nuestras vidas sabíamos (olíamos) que estaríamos juntos.

Debes entender, Baruj, que la historia de los hombres ha limitado esta capacidad «olfativa» y se ha encargado de hacer que desaparezca, prueba de ello son los perfumes que la mayoría de la gente utiliza: con la estridencia de un olor artificial se pretende imposibilitar nuestra hermenéutica intuitiva.

Hemos superado ya la etapa del olor mortecino de la decadencia racionalista: el sueño de la razón no solo produce monstruos, sino hedores que nos impiden acceder a los otros de la manera más simple e inocente.

—Todo el mundo se ha equivocado al afirmar que, en medio de las caricias, con los aromas, se conoce realmente a alguien más. No, eso es engañarse. En el erotismo se conoce, no a otra persona, sino se comprende la posibilidad del origen de todo lo que existe, la esencia misma de la historia de un cuerpo, el resumen de un organismo vibrante y el entramado alquímico de una vida que se condensa justo en ese momento.

Aproximarse a un cuerpo distinto, saborearlo, someter nuestros sentidos a los efluvios de alguien más, nos remite siempre a las combinaciones infinitas de elementos que no podemos descifrar y que estuvieron presentes desde el nacimiento del mundo. El origen de todo está oculto, es el misterio de la fecundidad de un impulso creador.

La teología descubrió (o se asomó) antes a esta fórmula, pero terminó pudriéndose al infectar esta pregunta vital y esa experiencia inefable con la certeza de sus dioses, que derivaron siempre en efigies inertes y grotescas.

Violeta concluyó este discurso con otro suspiro lento. Ante mi estupor solo había, otra vez, miradas de compasión; no pude evitar cerrar los ojos. Después me explicaron que cada olor acumulaba todos los elementos que se habían conjuntado para formar los átomos, las moléculas y, finalmente, los organismos vivos. Bajo esta perspectiva, el erotismo era una emulación de la actividad vital por la que se había formado el universo.

Para ellos, el juego erótico consistía en el descubrimiento de los secretos más velados: la honda intuición del proceso del origen del tiempo y de la naturaleza misma. El olor de cada uno en el acto amoroso refleja, en su riqueza, los procesos de pulsión y ordenamiento del mundo y, en tanto que estos procesos son infinitos, no es la limitada capacidad racional la que debe operar para comprenderlos, sino lo que ellos llamaban «olfato».

. Última anotación (sin fecha)

La noche que me gradué como su alumno apagaron las luces y todo el grupo empezó a desnudarse con minucioso y tierno cuidado. Cada uno se dejaba guiar por su olfato y me sentí arropado por una emoción metafísica, generosa y fundamental que sería infructuoso tratar de explicar aquí.

Las caricias copiaban los movimientos perezosos de la materia primigenia y los besos eran los azarosos choques de partículas, mientras que el coito grupal coincidía con el surgimiento de un orden circular, incomprensible y vasto; los abrazos eran la analogía perfecta del diseño inexplicable e indecible de millones de explosiones temblorosas que darían como resultado la engañosa espontaneidad de un organismo unicelular.

En algún momento se me ocurrió preguntar: —¿qué pasará cuando se gradúen de filósofos? Alguien respondió:

—Dado que ya hemos conocido la esencia de lo humano, la esencia cíclica de la naturaleza, la indefinible esencia del cosmos, al graduarnos en filosofía desapareceremos en el aire: ese siempre será el destino de todas las substancias que danzan perpetuamente con los ritmos aéreos, como la tuya y la nuestra.

nuestras charlas nocturnas.


Los verdaderos efectos del azúcar, a la luz de la evolución …


The Conversation(J.M.S.del Castillo) — El azúcar se ha convertido en uno de los principales “villanos” de los tiempos modernos: reducirla al máximo de la alimentación es un objetivo prioritario, mientras no esté presente de forma natural en los alimentos.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que el consumo en forma de azucares libres no debe pasar de 10 % de la ingesta calórica diaria total, tanto en adultos como en niños, y además sugiere una reducción por debajo del 5 % de la ingesta calórica (unos 25 gramos al día).

– Depende de cómo los tomemos

Estos azúcares libres son los azúcares (refinados o sin refinar) añadidos a los alimentos y las bebidas por el fabricante, el cocinero o el consumidor, a los que hay que sumar los naturalmente presentes en la miel, los jarabes, los jugos de frutas y los concentrados de jugos. De ahí que el estudio de su consumo sea un tema tan relevante en los últimos años.

Sin embargo, aún muchas investigaciones omiten la forma de ingesta –es decir, si son libres o intrínsecos–, lo que podría justificar los datos contradictorios entre ellas. Es cierto que los expertos enfatizan la importancia de evitar los azúcares libres, pero la falta de consideración en algunos trabajos puede contribuir a la discrepancia en los resultados.

Diana Thomas, del Center for Quantitative Obesity Research, en Nueva Jersey, ha señalado esta omisión. Una situación que afecta, por ejemplo, a la prueba de tolerancia a la glucosa, al colesterol y a los triglicéridos: a veces no hay cambios en estos parámetros y otras veces sí.

Ante esta indefinición, las pautas a lo largo de las últimas décadas han sido también discrepantes, ya que a veces se aconsejaba que la ingesta de azúcar no debía exceder el 5 % del requerimiento energético, mientras que otras recomendaciones implican que incluso el 25 % del total de energía podía provenir sin problemas de ese ingrediente de la dieta. El gran estudio esclarecedor no se ha dado todavía, pero examinar la cuestión con el prisma de la evolución nos puede dar una pista para encontrar la verdad.

– Adaptados a las frutas frescas

La fisiología evolutiva explora cómo han cambiado los organismos a lo largo de los tiempos para mejorar su aptitud y supervivencia. Sus hallazgos llevan a pensar que la evolución adaptó genéticamente la fisiología metabólica de nuestros ancestros para lidiar con el azúcar intrínseco de las frutas frescas, ya que el azúcar libre era inexistente.

En la era del Mioceno, hace entre 24 y 5 millones de años, las frutas eran el componente principal en la dieta de los homínidos. Según el experto italiano Riccardo Baschetti, cuatro hallazgos clave aportan una perspectiva evolutiva al debate sobre el azúcar:

  • Vaciamiento gástrico y azúcares intrínsecos. La velocidad con la que los alimentos abandonan el estómago es crucial para regular los niveles de azúcar en la sangre, puesto que pasan al intestino y son absorbidos por el organismo. La glucosa y la sacarosa intrínseca en la comida se vacían de manera similar.

  • Adaptación evolutiva a las frutas frescas. Se manifiesta en el vaciamiento, que se vuelve más pausado a medida que la concentración de glucosa aumenta. Según se ha comprobado, este fenómeno se ajusta perfectamente al rango calórico de los azúcares totales presentes en las frutas frescas, que han sido la base de la alimentación humana durante millones de años. La adaptación evolutiva sugiere que nuestro sistema gastrointestinal está diseñado para gestionar eficazmente el amplio rango calórico de las frutas, contribuyendo así a mantener estable la glucosa en la sangre.

  • Impacto de las grandes cantidades de frutas frescas. Dentro del rango de 0.2 a 1.0 kcal/ml, se ha observado que duplicar el volumen de una comida de glucosa no altera significativamente la tasa de vaciamiento. Esto implica que la ingesta de grandes cantidades de frutas frescas no afectó la homeostasis –el equilibrio y la estabilidad interna– de la glucosa en nuestros antepasados, y que la fisiología gastrointestinal humana está adaptada para manejar eficientemente incluso grandes cantidades de frutas frescas, sin afectar negativamente la regulación de la glucosa.

  • Los desconocidos azúcares libres. A medida que la concentración calórica supera 1.0 kcal/ml, se observa una entrega más rápida de calorías al intestino delgado. Este cambio ocurre justo por encima de la concentración calórica más alta en las frutas frescas, sugiriendo que los azúcares libres pueden considerarse alimentos genéticamente desconocidos. La introducción de la agricultura, hace unos 10 000 años, es demasiado reciente a nivel evolutivo para que el genoma humano se haya adaptado completamente a este cambio.

– Otro recién llegado: la sal

También hay que tener en cuenta el papel que juega la sal, cuyo uso era desconocido para nuestros antepasados hasta hace unos 5 000 años.

Fue solo a partir de entonces cuando los humanos empezaron a emplearla en grandes cantidades para preservar los alimentos.

Sin embargo, nuestros sistemas fisiológicos tampoco han tenido suficiente tiempo para adaptarse a este aumento en su consumo.

En la actualidad, sabemos que el exceso de sal es perjudicial para la salud.

Pero no solo es un factor de riesgo para la hipertensión, sino que también acelera la absorción de azúcares en el intestino, lo que podría explicar la conexión entre las bebidas azucaradas y la diabetes tipo 2.

Esta relación se debe a que el consumo de bebidas gaseosas azucaradas tiende a ir de la mano con una disminución en la ingesta de vegetales y leche, alimentos naturalmente bajos en sal, y un mayor consumo de comida rápida y alimentos ultraprocesados, ricos en ese condimento.

La cantidad de sal presente en los ultra-procesados contribuye a que una pequeña porción pase inevitablemente a través del consumo de bebidas azucaradas, acelerando de manera poco saludable la absorción de azúcares y promoviendo la obesidad.

De hecho, algunos estudios han reflejado que esta asociación está mediada por la sal en la dieta, pero omitieron mencionar el efecto perjudicial de ese ingrediente en la absorción de azúcares. Tales vínculos nos brindan perspectivas valiosas sobre cómo nuestras elecciones alimenticias pueden afectar nuestra salud de manera integral.

– Aviso a los navegantes científicos

Necesitamos que se realice un estudio donde se tenga en cuenta tanto el azúcar como la sal, lo que estaría en consonancia con la fisiología evolutiva, y confirmar lo que muchos ya creen: que el azúcar intrínseco es inofensivo y el azúcar libre es perjudicial. Como decíamos, Riccardo Baschetti ya ha marcado la pauta de cómo realizar este estudio. Solo falta que alguien, con un proyecto sin conflicto de interés, pueda llevarlo a cabo.

nuestras charlas nocturnas.


Cuáles son los 4 tipos de apego que desarrollamos en la infancia y cómo afectan a nuestras relaciones de pareja …


Madre e hijo
El apego a nuestros padres tiene una explicación evolutiva: su cuidado nos ayuda a sobrevivir.

BBC News Mundo(S.Vanegas) — ¿Te has preguntado por qué caes en ciertos patrones en tus relaciones?

¿Por qué en el mejor momento de tu relación sientes que tu pareja te va a dejar?

¿O por qué te dan ganas de alejarte cuando empiezas a sentir que tu pareja está demasiado involucrada?

La teoría del apego puede tener respuestas.

El psicoanalista británico John Bowlby la desarrolló a mediados del siglo pasado para tratar de entender los efectos que tiene en los niños ser separados de sus padres. Y más de seis décadas después sigue siendo uno de los mayores referentes para quienes estudian la forma como nos relacionamos los humanos.

En palabas del mismo Bowlby, ese apego es importante “desde la cuna hasta la tumba”.

¿Por qué? Los psicólogos explican que el vínculo con nuestros padres en la etapa temprana de nuestra vida crea una plantilla con base en la cual construimos e interpretamos nuestras relaciones durante el resto de la vida.

“Las primeras relaciones de apego se interiorizan en representaciones mentales o esquemas cognitivos a lo largo de la infancia. Éstos configuran las expectativas de los niños sobre las relaciones posteriores con sus iguales, sus parejas sentimentales y sus propios hijos”, explica Marinus van IJzendoorn, investigador en la materia de University College of London.

La teoría del apego ha ido evolucionando y dado pie a la definición de cuatro tipos de apego, que se han vuelto parte del vocabulario en la conversación sobre el amor en medios y redes sociales.

Pero, según le explica van IJzerdoorn a BBC Mundo, identificar el tipo de apego de una persona es algo más complejo que llenar un quiz en internet.

– El apego en la infancia

John Bowlby se dio cuenta de que los niños y otros mamíferos evitan a toda costa ser separados de sus padres.

Ese comportamiento tiene una razón evolutiva: son los padres quienes les dan a los niños la protección y el cuidado necesarios para sobrevivir.

Padres negligentes
Pie de foto,El tipo de apego que desarrolla un niño frente a sus padres depende de qué tan atentos y sensibles a sus necesidades sean estos.

Dependiendo de qué tan atentos y disponibles estén los padres para suplir las necesidades del niño, este va a comportarse de una u otra manera.

“Las diferencias en la calidad de las relaciones de apego de los niños dependen en parte de si la forma en que los cuidadores interactúan con ellos es más o menos sensible y receptiva a sus señales de angustia”, explica van IJzedoorn, quien también es autor del libro Cuestiones de Significancia.

Si en su relación con su cuidador principal el niño se siente amado y seguro, es más probable que explore el mundo que lo rodea, sea sociable y juegue con los demás, argumentó Bowlby.

Si no, es probable que experimente ansiedad y desarrolle comportamientos como buscar permanentemente a sus padres con la mirada o incluso llorar hasta conseguir un nivel de cercanía físico y psicológico deseable con su cuidador.

La psicóloga Mary Ainsworth puso a prueba esta teoría a través de un experimento llamado la situación extraña, que consistía en separar a niños de un año de sus padres y luego volverlos a reunir. Ainsworth encontró que los niños se comportaron de tres maneras diferentes.

A la mayoría les molestaban ser separados de sus padres, pero al reunirse con ellos se sentían consolados fácilmente. Otros se sentían extremadamente incómodos al ser separados de sus padres, y luego al reunirse con ellos mostraban comportamientos que sugerían que no solo querían sentirse consolados sino también castigarlos por haberse ido.

Y un tercer grupo de niños no parecía muy angustiado por la separación, y al reunirse con sus padres, de hecho evitaba el contacto con ellos. Ainsworth encontró que esos diferentes comportamientos tenían que ver con la relación entre el niño y sus padres en casa.

Los niños que lograban ser consolados por sus padres fácilmente tendían a venir de hogares en los que los padres estaban atentos a sus necesidades. Los niños de los grupos 2 y 3 tendían a tener padres menos sensibles y consistentes frente a las necesidades de sus hijos.

Esa fue la génesis de los tipos de apego que conocemos hoy.

– El apego en la adultez

Pareja enamorada
Los psicólogos Phillip Shaver y Cindy Hazan encontraron que el “sistema conductual de apego” aplica también en las relaciones de pareja.

Años después de Bowlby y Ainsworth, la teoría del apego se extendió a los adultos.

Los psicólogos encontraron que otras relaciones más allá de la de los niños con sus padres, como las románticas, hacen parte del mismo “sistema conductual de apego”.

“El amor romántico es un proceso de apego que las personas experimentan de manera diferente debido a variaciones en sus historias de apego”, concluyeron Phillip Shaver y Cindy Hazan en 1987.

Es decir, encontraron que la forma como se había relacionado una persona con sus padres en la infancia se terminaba replicando en sus relaciones románticas, y de allí que existieran relaciones amorosas más y menos saludables.

Por tanto, los tipos de apego que identificó Ainsworth en su experimento también aplican para las parejas amorosas. Estos son: el apego ansioso, el apego evitativo y el apego seguro. Los adultos con apego ansioso se caracterizan por buscar altos niveles de intimidad y aprobación de sus parejas, al punto de sentirse extremadamente dependientes de ellas.

Suelen sentir temor a ser abandonados o rechazados. Por tanto, buscan intensamente una sensación de seguridad y estabilidad en sus relaciones. La idea de dejar de estar con su pareja les genera altos niveles de ansiedad, que se ven aliviados por la atención y el cuidado de él o ella.

Cuando perciben que dejan de tener esa atención y ese cuidado, suelen preocuparse, sentirse indefensos, aferrarse aún más a su pareja o castigarla. En resumen, son personas que valoran mucho sus relaciones íntimas, pero suelen permanecer en un estado de hipervigilancia ante posibles amenazas a la seguridad de sus relaciones.

Pareja tensa
Pie de foto,Algunos psicólogos relacionan el apego ansioso con los celos y la baja autoestima.

Quienes tienen apego evitativo, por su parte, se caracterizan por buscar un alto nivel de independencia y evitar la intimidad.

Son personas que se ven a sí mismas como autosuficientes emocionalmente y poco vulnerables.

Por tanto, sienten que no necesitan tener relaciones cercanas con otros y no les interesa construir o mantener esa cercanía con las personas a su alrededor.

Los adultos con apego evitativo suelen sentirse amenazados cuando otra persona se les acerca emocionalmente.

Son personas que tienden a basar su valor es sus logros personales en lugar de buscar la aceptación de otros. No creen que una pareja pueda brindarles apoyo emocional. Al contrario, las personas con apego seguro se caracterizan por expresar sus emociones abiertamente, buscar apoyo cuando lo necesitan y tener una buena autoestima. Suelen mostrar capacidad para resolver conflictos, comunicarse eficazmente y sentirse cómodas con la cercanía sin miedo a quedar atrapadas.

En pocas palabras, no temen dar ni pedir. Tampoco temen estar solas, porque no dependen excesivamente de la aprobación externa. Años después de estos tres primeros, se definió un cuarto tipo de apego, el apego desorganizado.

Las personas con apego desorganizado alternan rasgos del apego ansioso y el apego evitativo dependiendo de las circunstancias.

Tienen sentimientos encontrados con respecto a las relaciones cercanas, por lo cual tienden a mostrar comportamientos confusos y ambiguos. Desean intimidad y cercanía, y a la vez se sienten incómodos con ello. Pueden alternar momentos en los que se aferran a su pareja con momentos en los que la alejan.

El apego ansioso, el evitativo y el desorganizado son, según los psicólogos expertos, tipos de apego inseguro, y pueden ocasionar dificultades para cultivar y mantener relaciones sanas.

– Más que un cuestionario

El profesor Marinus van IJzerdoorn recalca que identificar uno u otro tipo de apego en la manera que uno tiene de desarrollar sus relaciones no es cuestión de percepción propia ni de llenar un cuestionario.

“Es imposible que los individuos se clasifiquen a sí mismas en una categoría específica de apego, a pesar de que en internet hay todo tipo de cuestionarios”, expresa.

“En realidad es más complicado que eso. Se ha demostrado que el enfoque de la entrevista es la mejor forma de medir el apego en grupos de adultos si se quiere predecir su comportamiento”, agrega.

Pareja gay
Pie de foto,Según los psicólogos, el tipo de apego de una persona influye en una relación amorosa desde la primera cita.

Otra de las razones por las que abordar el tipo apego en una persona es más complejo que autoidentificarse con una u otra categoría es que hay posibilidad de que cambie a lo largo de la vida.

“No se trata de leyes inamovibles”, explica van IJzendoorn.

“El apego sólo es modestamente estable a lo largo del desarrollo. Las experiencias con cuidadores alternativos, parejas, compañeros o terapeutas pueden cambiar la forma en que recordamos nuestras experiencias de apego en la infancia y ponernos en un camino distinto del esperado, para bien o para mal”, agrega.

– Lecciones para la crianza

Como notó Ainsworth, el corazón de nuestro estilo apego se forma en la primera infancia, más o menos entre los 6 meses y los dos años. Por tanto, aunque haya espacio para el cambio a lo largo de la vida, los investigadores ven que esta teoría es útil sobre todo para sugerir cómo debe ser la crianza de los hijos.

El profesor van IJzendoorn dice que lo que está más firmemente establecido en este sentido entre la comunidad científica es que hay tres características del cuidado de los padres que impactan en la vida social de los hijos hasta la etapa adulta: que sea seguro, que sea estable y que sea compartido.

“Los niños se desarrollan de forma adaptativa cuando crecen en un entorno seguro, sin malos tratos ni violencia familiar, en estructuras de cuidado estables y continuas, y en una red de figuras de apego que comparten sus cuidados en la que los niños que se convierten en adultos jóvenes pueden confiar en circunstancias estresantes”, explica el investigador.

Estar disponible para atender las necesidades de los hijos, validar sus emociones, involucrarse en sus intereses y pasar tiempo con ellos son algunos de los consejos que los psicólogos dan para forjar un apego seguro con los hijos.

Claro, desarrollar un apego seguro en la infancia es solo uno de los muchos factores que contribuye a tener relaciones sanas y felices. Hay otras variables sociales y emocionales que son tan o más importantes.

Sin embargo, la teoría del apego, el palabras de la psicóloga Coda Derrig, “es un lente que podemos usar para entender quiénes somos y por qué nos comportamos como lo hacemos con las personas que amamos”.

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El poder de lo invisible …


La imagen de lo invisible acompañó siempre al hombre y la posibilidad de que algo existiera eludiendo nuestra visión
La imagen de lo invisible acompañó siempre al hombre y la posibilidad de que algo existiera eludiendo nuestra visión

Meer(H.Ramirez) — Manila, capital de Filipinas, 10 de mayo de 1951. Se abren de golpe las puertas de una comisaría y ante el estupor de los oficiales allí trabajando, entra a los gritos una muchacha de 18 años, Clarisa Villaverde. Pedía auxilio con el rostro enrojecido por el llanto porque una persona invisible la estaba persiguiendo y atormentando a golpes. Se podía ver en su cuerpo medio desnudo bajo el vestido roto, cómo aparecían uno tras otro, arañazos y moretones.

Los presentes pensaron rápidamente en un caso psiquiátrico y trataron de calmarla, pero era inútil: seguía gritando que un ser estaba presente en ese lugar, aunque nadie pudiera verlo. Y el horror se apoderó de todos cuando comenzaron a aparecer en sus hombros y brazos y hasta en su nuca, las huellas sangrantes de mordeduras que abrían la piel de la muchacha a la vista de todos, y entre la sangre que brotaba ¡empezaban a escurrir las huellas viscosas que iba dejando la saliva del atacante!

El alcalde de Manila de ese entonces, Arsenio Lacson, ordenó su traslado al hospital mientras seguían apareciendo nuevas magulladuras y mordeduras del invisible atacante sobre Clarisa, que no dejaba de gritar de dolor y miedo.

Ya en el nosocomio, los ataques cesaron. Se calmó a la joven con sedantes, se curaron sus heridas y su historia terminó perdiéndose entre otras tantas historias misteriosas. Quizás la psiquiatría pudiera dar cuenta de esta y otras clases de raros fenómenos de entes invisibles, que son muchos.

De hecho, la imagen de lo invisible acompañó siempre al Hombre y la posibilidad de que algo existiera eludiendo nuestra visión, siempre nos inquietó e indujo nombres, fantasías y teorías en todos los ámbitos intelectuales de las diferentes épocas. Nadie ha visto jamás dragones o unicornios, sirenas o centauros, pero ahí están, hundidos en lo más profundo de nuestras mentes.

El ver a un árbol agitarse sin ver al mismo tiempo algo que lo esté agitando, hoy no nos llama la atención: lo llamamos viento, aire, una mezcla de gases (de los que nadie duda, aunque nunca nadie vio).

Entre los griegos, por ejemplo, sólo se hablaba de «espíritu» ya que desconocían la existencia de los gases y más aún de que éstos fueran invisibles.

La misma palabra «espíritu» nace del sánscrito speis como onomatopeya de un soplido y de donde llega, precisamente, nuestro verbo «soplar».

Eran esos gases del aire espíritus invisibles con sus fuerzas, olores y brisas que se sentían pero que no se veían.

Todo formaba parte de un conjunto de entidades invisibles que fueron cuajando en la idea del espíritu como un doble no visible de nuestros cuerpos.

Devenidos en espectros, sombras o fantasmas, estos soplos divinos le dieron «vida espiritual» al mundo del Hombre a través de la nariz de Adán y el soplo invisible de Dios.

Y también estos seres invisibles se hicieron ángeles y nos acompañaron desde las manifestaciones animistas de antaño hasta las especulaciones modernas que buscan formas de invisibilidad a través de metamateriales, como se experimenta en la Universidad de Duke (EE. UU.); en la misma Universidad donde la parapsicología y «los espíritus» supieron ser materia de estudio… al igual que en su contraparte de la Guerra Fría, la Universidad de Leningrado.

Es quizás el principio científico mejor establecido que es mucho más lo invisible en el Universo que lo que sí accede a nuestros ojos… y esto se intuyó desde siempre: la figura del ser invisible -divino o demoníaco- interviniendo a nuestro favor o en nuestra contra, fundó doctrina en Occidente y Oriente.

Escribió Pablo de Tarso en I Cor. 13:12: Videmus enim nunc per speculum in aenigmate, tunc autem facie ad faciem: «Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara…». Al leer esto, intuimos ver enigmas entre juegos de espejos que nos presentan falsificaciones de lo que quizás algún día veamos facie ad faciem. Lo que es no lo vemos, tal el principio apofático de Occidente: vemos lo que es por medio de lo que no es. Allí se vislumbra la idea platónica: el reflejo invisible a los ojos, aunque no a la inteligencia.

Quizás éste sea el camino por el que podríamos entender la fascinación arquetípica que en nosotros despierta la fantasía de la invisibilidad y de donde partiera el mito moderno del Hombre Invisible, y que comenzara desde la literatura con el británico Herbert George Wells en 1897.

Un Hombre Invisible que, de la mano de la Revolución Industrial, y exhibiendo un humanismo sobredimensionado, sembraba las semillas para las dos guerras mundiales del siglo siguiente. Dentro de esta atmósfera de análisis crítico de la ciencia, Wells recibió con el tiempo su debido homenaje a través de un cráter lunar que lleva su nombre… del lado invisible de la Luna, como corresponde.

El espíritu

Junto quizás con el concepto de Verdad, el de espíritu debe ser uno de los que más camino ha recorrido en el devenir del pensamiento humano.

Esta tendencia de nuestra naturaleza a verse a sí misma dualizada, quizás nazca de la certeza -difícil de aceptar- de que no podemos vernos tal como somos -en caso de que seamos-, sino como nuestra propia narración dice que nos vemos.

Somos nuestra especulación.

Somos nuestro reflejo en el espejo que somos.

En nuestros trabajos hemos frecuentado la tiniebla (Elogio de la oscuridad) y la nocturnidad (La noche), como agentes de invisibilidad para nuestra propia percepción y nuestra experiencia… y aunque los demás sentidos confirman lo que vio la vista cuando había luz, la ausencia que la vista induce en nuestra mente descompone gran parte de nuestra pobre hermenéutica de lo real.

Es obvio, además, que la tiniebla a la que nos referimos es el abandono de nuestra percepción de lo que se supone es, lo cual está determinado por patrones exteriores al yo: la matriz cultural y el marco histórico personal van erigiendo nuestra realidad y perfil cognitivo. Al respecto escribía Oscar Wilde: «La mayoría de las personas son otras personas.

Sus pensamientos son opiniones de otras personas; sus vidas son un plagio y sus pasiones, un slogan». El yo pareciera querer existir mucho: estar presente en todos lados, meterse en todo… pero nadie pudo nunca verlo: sólo se lo siente. Y cuando se lo siente, se siente lo que esa matriz cultural y psicológica había convertido a su mente: un yo psicológico.

Pero despojado de su entramado de parámetros constitutivos, ese yo parece diluirse en un punto adimensional sin mayor injerencia en lo real que el mero orgullo de sentirse totipotente… y a poco de pensarlo, saberse insignificante.

Sin embargo, la presión por existir sigue ahí, impulsando la presencia de lo que vemos por invisible. Para algunos sólo se trata de ADN que traslada su tendencia a estabilizarse a todo lo que sobre él se construya y mantenerse integrado al nivel que fuera. Pero el tema sigue siendo: ¿para qué? ¿Hay algo más junto al ADN visible, impulsando o arrastrando a la vida para que pugne en seguir siendo, pero que no vemos?

La materialidad del argumento biológico nace junto a su contraargumento más inmediato: la no materialidad en lo humano. Aunque ¿tiene sentido la idea de una «no materialidad»? Del mismo modo en que la materia «presente y concreta» es sólo un accidente de nuestros sentidos en nuestra escala de organización, en niveles menos que microscópicos (porque ya no se ven, sino que sólo son cálculos) no se puede hablar de materia «presente y concreta» sino de probabilidades.

En el centro mismo de la materia apenas si encontramos una probabilidad de detección y allí aparece un yo, no sólo «detectando», sino también definiendo los parámetros de lo real con su observación. Es en este punto donde podemos detener la mirada, aunque allí no veamos nada.

Del conocer

¿Lo conocemos todo?

Por supuesto que no.

Y lo extremadamente poco que decimos «conocer» es el propio planeta el que lo está conociendo, ya que el planeta se hizo humano en nosotros.

No somos observadores ajenos a lo observado: no somos «objetos» que están fuera de lo que se ve, sino que formamos parte de lo que decimos conocer.

Que somos eso conocido y que somos el conocimiento mismo como fenómeno propio de lo Total.

Somos escenario y butaca; actores y espectadores; la obra y el teatro… y todo eso rehúye de nuestra vista.

¿Cómo no vamos a determinar el comportamiento de lo real con nuestra observación, si en algún punto somos el observador, la observación y lo observado?

Es más: no tiene sentido ni el decir que «somos» algo cuando es, en última instancia, el Todo el que nos es a nosotros. ¿Quién puede decir algo de algo si no hay un alguien que diga algo de algo de lo cual esté diferenciado? En otras palabras: no sólo nos situamos en medio del Todo, sino que, en ese Todo, ni la luz ni el sonido (ni los demás actores de nuestra sensualidad), ni lo eterno ni lo infinito tienen valor alguno.

Cuando no hay ni espacio ni tiempo disponibles porque el Todo lo comprende todo ¿Dónde podrá haber luz o sonido; sombra o silencio; distancia o espera? En lo total, el Todo es invisible.

De las plazas

La lógica socrática que invisibiliza al pensamiento determinó esa «nada» invisible de la ciudad occidental que es la plaza central, remedo del ágora griega, donde lo público invisibiliza lo privado. Ese espacio desorganizado es por donde se camina sin caminos y por donde se yerguen las estatuas de héroes platónicos, ideales, que le dan cierto orden metafórico a la plaza pública y que generalmente son guerreros.

Justo allí, en el ágora donde, para Homero, se detenían las batallas, se alzan los héroes bélicos. Los invisibles que pasan en sus asuntos sin ver a los Nelson, a los San Martín o a los Felipe III, perpetuamente alzados en sus metales o piedras y volviendo, a su vez, invisibles a los individuos que pasan por debajo. Lo invisible, en definitiva, lo organiza todo.

Las ideas invisibles de Platón le dieron un cielo de estrellas (las ideas) a la lógica descarnada y hueca de Sócrates… pero estrellas también invisibles por inalcanzables a nuestras manos mentales.

Del alma

Pero, sin embargo, sigue resistiendo allí el yo

Y en este contexto, ese yo insignificante del comienzo empieza a crecer en trascendencia…

Porque ¿será que hay una parte de nosotros que no está disponible para nuestra sensibilidad?

¿Tendremos una segunda persona conviviendo con la nuestra?

Y cuando digo «nuestra» me refiero a esa persona que tiene fecha de elaboración y vencimiento y un documento de identidad… ¿será entonces que hay otra persona que escapa a la observación y que interactúa con la que respira y muere?

La mente muy bien podría ser una interfaz entre ambas formas… un «cuerpo» y un «espíritu» que se conduelen en el concepto del alma… «Alma», palabra con la misma raíz sánscrita de Atman -aliento- en el hinduismo y la raíz indoeuropea ane– que llega al latín como animus: alma, aliento.

Y que en griego se queda en anemos: viento, pero que Marco Aurelio revitaliza como «hálito vital» del planeta que, así como exhala viento, también lo inhala… igual que la creación del Universo como respiración -o bramido- del Brahma budista. ¿Será esa alma invisible -espíritu más cuerpo-, la fuerza y blanco de nuestra flecha existencial tan invisible como infalible?

«Visto desde abajo, ese dios aristotélico es la quietud que todo lo mueve, o, si os place, la gran quietud a la que aspira todo lo que se mueve», dice Antonio Machado en su Juan de Mairena. Por su lado, bien observa Fulcanelli en sus Moradas Filosofales, que de lo vivo sólo se estudia su dinamismo: la voluntad invisible y misteriosa que anima la vida.

El modesto yo ¿será aquel aprendiz de brujo de Goethe? ¿Un pequeño yo que asciende por voluntad y méritos propios hacia la perfección del gran Jehová, el gran Yo Soy? Porque si el mundo es perfecto en el detalle y absurdo en su totalidad, como pensaba Schopenhauer, quizás nuestro invisible compañero, el espíritu, sirva para invertir el camino, e ir desde un absurdo egocentrismo a la perfección divina.

Después de todo, si la manifestación de lo total es invisible, tanto dioses como demonios pueden ser copartícipes de nuestra evolución dual: ansiamos siempre alguna forma de inmortalidad, pero padecemos la mortalidad a grito y llanto, como fuera el curioso caso de nuestra ahora recordada amiga, Clarisa Villaverde.

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¿Íntimos, irritantes, prácticos? Los mensajes de audio nos invaden …


The New York Times(C.Lewis) — Se ha convertido en una escena habitual.

Tu teléfono suena, pero en lugar de un mensaje de texto, es un aviso de que alguien ha grabado un pódcast privado solo para ti, de cualquier extensión imaginable y de tema desconocido hasta que pulses play.

Puede ser un chisme jugoso, una anécdota repleta de giros y sorpresas, o un relato totalmente rutinario de alguien que simplemente no tenía las manos libres para escribirlo.

Es un mensaje de audio, una de las formas más controvertidas de comunicación moderna.

Más íntimos que un mensaje de texto y menos urgentes que una llamada, los mensajes de audio no tienen un límite máximo de tiempo, a diferencia de otros servicios de mensajería de voz, que acaban cortando la comunicación al remitente. Eso significa que los remitentes pueden pulsar grabar y embarcarse en un viaje verbal desinhibido, que deja a los destinatarios a su merced.

“Si tengo que escuchar más de un minuto, me distraigo y dejo de entenderlo”, dijo Iris Meines, una funcionaria de 29 años del consulado holandés en Nueva York. “Si dura menos de un minuto, me digo: ‘Está bien, puedo hacerlo’. Seis o siete es simplemente terrible. Ni siquiera sé si podría escuchar siete minutos a un amigo que habla por teléfono sin parar”.

Meines dijo que suele tomar notas mientras reproduce el audio, para no olvidar los puntos a los que debe responder. (Apple añadió una función de transcripción de mensajes de audio con una actualización de su sistema operativo en otoño).

“Mis amigos saben que no me gustan”, dijo Meines. “Les pregunto: ¿por qué me hacen esto?”. Le resulta especialmente irritante oír a la gente que mastica mientras graba.

Para Meines, los mensajes de audio son ligeramente molestos: prefiere hablar por teléfono o enviar mensajes de texto si no puede ver a sus amigos cara a cara, dijo. Pero para otros, la cuestión parece rayar, si no en un problema moral, al menos en una cuestión de etiqueta. En The Atlantic, Jacob Sweet afirmó recientemente que los mensajes de audio eran “indulgentes” y podían “fomentar el egoísmo”. Un titular de The Spectator describía su ubicuidad como una “tiranía”.

Elaine Swann, experta en etiqueta que imparte clases tanto a adultos como a niños, dijo que las notas de voz no deben utilizarse para enviar largos monólogos, sino solo en casos en los que “el tono es necesario, pero no una conversación”: para enviar una disculpa, por ejemplo.

“Ten autocontrol”, dijo. “No te entrometas en la vida de alguien con un mensaje de audio interminable”. Los mensajes más detallados, según Swann, deben guardarse para una llamada telefónica, cuando ambas partes pueden participar activamente.

Para quienes son reacios al teléfono, puede ser más fácil decirlo que hacerlo. Mientras que los milénials se hicieron famosos por evitar dejar mensajes en el buzón de voz, la Generación Z tiene fama de evitar completamente las llamadas telefónicas.

En un estudio realizado en mayo del año pasado, unos investigadores australianos descubrieron que el 87 por ciento de los encuestados de entre 18 y 26 años preferían gestionar los diálogos desagradables por texto en lugar de por teléfono, y el 49 por ciento afirmaba que las llamadas telefónicas los ponían ansiosos.

Esto puede ayudar a explicar por qué las notas de voz —introducidas por Apple hace una década, pero cuya popularidad ha aumentado recién en los últimos años— parecen ser especialmente populares entre los integrantes de la Generación Z.

Aunque a las generaciones mayores también les puede angustiar el teléfono. Alana Jordan, de 36 años, actriz y presentadora en Los Ángeles, dijo que los mensajes de audio son una forma de controlar esos nervios. Jordan vuelve a escuchar los mensajes antes de enviarlos y vuelve a grabarlos si quiere ajustar su tono. “Tener la posibilidad de editarte a ti misma alivia la ansiedad de que te vayan a malinterpretar”, dijo.

Algunos expertos afirman que evitar esas incomodidades puede tener sus inconvenientes.

Sherry Turkle, psicóloga del MIT, advirtió de un “escapismo de la vulnerabilidad” generalizado.

Los usuarios de notas de voz, dijo, “no tienen que reaccionar al roce con el estado afectivo de otra persona” si surge un desacuerdo, por ejemplo, o una pregunta inesperada.

“Los mensajes de audio básicamente no suponen ningún riesgo”, dijo Turkle, autora también de En defensa de la conversación: el poder de la conversación en la era digital.

 “La gente está perdiendo la capacidad de mantener conversaciones empáticas, que es como conectamos unos con otros. Necesitamos practicar eso. La gente está muy preocupada por mostrar demasiado de sí misma”.

Pero muchos de sus defensores —a menudo tan vociferantes como sus detractores— afirman que los mensajes de audio no son impersonales o cerrados, sino que permiten un tipo especial de intimidad y vulnerabilidad.

Brittany Marshall, una estudiante de 27 años que se trasladó de Luisiana a Nueva Jersey para estudiar literatura afroamericana, dijo que no era muy aficionada a los mensajes de audio. “Tengo que dejar de hacer lo que estoy haciendo y escucharlos”, dijo. “Luego tengo que recordarlo todo para poder abordarlo en mi respuesta”.

Pero agradece las notas de voz de una amiga íntima que vive lejos. La voz familiar la reconforta, dijo, y el estilo expresivo de su amiga —gracias a su formación teatral— la hace reír.

Gemalene Sunga, estudiante de inmunología en Houston, dijo que no le gusta que la bombardeen con una retahíla de notas de voz: sus amigos le envían “seis o siete seguidas, todas de dos minutos, como mínimo”, dijo. “Pero sí me gusta poder oír las voces de mis amigos”.

Sunga, de 31 años, añadió que, a largo plazo, también aprecia las notas de voz como recuerdos digitales. Aunque el sistema operativo de Apple borra por defecto los mensajes a los dos minutos, los destinatarios tienen la opción de guardarlos para siempre.

“No es por ser macabra, pero soy una persona tan nostálgica que pienso en estas cosas”, dijo. “Las notas de voz no son tangibles, pero tienen un valor sentimental para mí”.

Tanto es así que, a pesar de su potencial para ser irritantes, Sunga envía mensajes de voz en un intento por que sus amigos le envíen notas de voz con más frecuencia. “Solo lo hago tranquilamente con algunos amigos en particular, y presto atención a en qué momento hacerlo”, dijo. “Quiero ser considerada”.

Como ocurre con cualquier nueva forma de tecnología de la comunicación, puede que a todo el mundo le lleve un tiempo ponerse de acuerdo sobre las normas de cortesía. “En el caso de las notas de voz, aún no existe una norma establecida, por lo que la gente tiene distintas interpretaciones”, dijo Melanie Green, directora del Departamento de Comunicación de la Universidad de Búfalo.

Hay estudios que demuestran que las palabras pronunciadas en voz alta se recuerdan mejor que las leídas en silencio, y que hablar con uno mismo puede ser terapéutico. En 2007, unos investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles descubrieron que nombrar los afectos —el proceso de poner lo que sientes en palabras— puede ayudar a las personas a gestionar sus respuestas a los sentimientos negativos a lo largo del tiempo.

Así pues, los mensajes de audio incoherentes, aunque potencialmente pesados para el receptor, pueden ser una práctica saludable para el emisor.

“Me disgustan cuando tengo que escucharlos”, dijo Meines. “Pero me encanta enviarlos”.

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5 señales de que enfrentas “productividad tóxica” y las claves para combatirla, según una experta de Harvard


5 señales de que enfrentas “productividad tóxica” y las claves para combatirla, según una experta de Harvard. (imagen referencial.)

La Tercera(A.P.Mack) — Independientemente de si trabajas, eres estudiante, te enfocas en las actividades del hogar o estás inmerso en un proyecto personal, es altamente probable que busques ser productivo en las horas que dedicas a cumplir con tus responsabilidades.

Después de todo, ¿qué sentido tendría invertir tantas horas si no se esperan ver resultados?

Ese es el primer pensamiento que puede surgir. Y por supuesto, es clave para poder avanzar en las tareas que se tienen presupuestadas.

Sin embargo, cuando se traspasan ciertos límites y solo se piensa en la productividad —sin considerar el bienestar— , se puede entrar en un territorio que puede traer serias consecuencias en la salud mental.

Entre los efectos negativos de lo mencionado, puede aparecer la sensación de que constantemente se está perdiendo el tiempo cuando se hacen otras actividades, tales como pasar tiempo con los amigos, con la familia, o incluso, comer.

Por supuesto, si se observa dicho escenario a distancia, puede parecer evidente que aquello no es saludable. Pero aún así, muchas veces podemos entrar en estas situaciones sin siquiera darnos cuenta.

Es por esto que la psicóloga clínica de la Facultad de Medicina de Harvard, Natalie Christine Dattilo, enumeró una serie de signos para que puedas identificar si enfrentas una “productividad tóxica”.

La terapeuta, quien es especialista en ansiedad y depresión, escribió en una columna para CNBC que “la productividad se vuelve tóxica cuando te sientes presionado a ser productivo en todo momento y priorizas tu lista perpetua de tareas pendientes a expensas de tu bienestar”.

“Aunque no es un diagnóstico real, esta mentalidad puede pasar factura a tu salud física y mental y, en algunos casos, provocar ansiedad, depresión, agotamiento, insomnio o problemas de autoestima”, agregó Dattilo.

A continuación encontrarás cinco señales que pueden reflejar que estás inmerso en uno de estos cuadros.

1. Estás siempre corriendo de un lado para otro

No importa si trabajas desde tu casa o si te toca ir todos los días a la oficina, si constantemente estás moviéndote con una sensación de (falsa) urgencia para hacer distintas actividades, eso ya es un primer signo de relevancia.

Puede provocar ansiedad, ya que la parte del cerebro encargada de detectar amenazas percibe la urgencia y malinterpreta la señal como ‘peligro’, activando una respuesta de lucha o huida”, explicó la psicóloga.

Para evitar estas situaciones, además de tratar de dar a las tareas una importancia proporcional y razonable a la que merecen, Dattilo recomendó probar con técnicas de relajación.

“Repítete a ti mismo ‘más despacio’ como un mantra durante uno o dos minutos. Después, tómate tu tiempo para realizar cualquier actividad y concéntrate en la respiración (cinco segundos para inhalar, cinco segundos para exhalar). Hacer esto durante tres o cinco minutos puede ayudar a controlar la ansiedad y minimizar la percepción de urgencia”.

2. Experimentas culpa por no haber cumplido con una tarea

La especialista detalló que este punto suele manifestarse principalmente de dos maneras: a través de la sensación de que no se han completado suficientes tareas o mediante la impresión de que lo que se hizo no fue “lo suficientemente bueno”.

Cómo sugerencia para combatir estas situaciones, la terapeuta recomendó escribir tus pensamientos en un diario, para luego examinar los textos “en busca de patrones” que se repitan.

En caso de que encuentres un pensamiento en el que notas que te exiges más a ti mismo que a los demás, puedes decirte: “Hago las cosas lo mejor que puedo, igual que los demás”.

Por otro lado, si te percatas de que basas tus éxitos o fracasos en términos extremos —por ejemplo, que todo está bien o mal, sin matices intermedios— , puedes repetirte: “El éxito parcial sigue contando y lo que he hecho es suficiente por hoy”.

3. Sientes que tu autoestima depende de lo productivo que seas

Dattilo subrayó que esta tercera señal puede ser un síntoma de “una dependencia excesiva de la productividad”, lo que definitivamente es dañino para tu salud mental.

Una técnica que compartió la psicóloga de Harvard para combatir estos escenarios es practicar hablarte a ti mismo.

“Hazlo como si lo hicieras con un amigo o un ser querido, pero utilizando tu propio nombre”, precisó la experta en su columna para el citado medio.

A modo de ejemplo, “podría decir: ‘Natalie, ¡hoy lo estás haciendo genial!’. Esta técnica se denomina ‘autoconversación distanciada’ y las investigaciones demuestran que puede ayudarte a verte a ti mismo de forma más objetiva”.

Para sostener dicho punto, citó un estudio publicado en la revista Natureen enero de 2022.

4. Te cuesta relajarte o dedicar tiempo a otro tipo de actividades

Si sientes que tu agenda debería ir destinada a cumplir con responsabilidades y no dedicas espacios ámbitos como el descanso u otra que te ayudan a regalarte, es una clara señal.

“Puedes sentirte agitado, irritable o nervioso cuando te enfrentas a tiempo no programado y a la presión de llenarlo, en lugar de simplemente disfrutarlo”.

Para combatir esas situaciones, Dattilo sugirió “replantearse el tiempo de inactividad como una oportunidad”.

Recuerda que si mantienes un equilibrio, no solo puedes rendir mejor, sino que también te sentirás mejor, lo que es altamente relevante.

5. Dejas tu autocuidado en un segundo plano

Dattilo afirmó que este signo puede reflejarse a través de pensamientos como creer que dedicar espacios al bienestar propio es “una pérdida de tiempo”.

“Esto incluye descuidar el ejercicio, el sueño y el descanso, los alimentos sanos, las relaciones o el tiempo para el juego y el placer. No es raro que alguien con esta mentalidad se salte comidas o incluso posponga ir al baño o tomar un vaso de agua”, agregó.

Tanto si cumples con todas o con solo algunas de estas cinco señales, la psicóloga enfatizó que es importante darse espacios para descansar y entretenerse todos los días.

Cada uno de esos aspectos te ayudará a mantener una mejor salud mental y física.

Cabe destacar que siempre es recomendable acudir a un especialista si se tienen dudas relacionadas a estos tópicos, para así evaluar el caso en particular y las mejores formas de abordarlo.

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Sin prójimo, ¿hay moral? Sin proximidad, ¿hay ética? …


proximidad
Imagen generada por IA
  • La proximidad en la era digital

JotDown(N.Bilbeny) — El tema de ahora es la proximidad. No es un concepto que haya llamado mucho la atención de la filosofía hasta, por lo menos, el pensamiento de Lévinas. Pero ahora sí hay motivos para hacerlo. ¿Qué es, pues, la proximidad? Entiendo que la proximidad no solo compete al contenido teórico de la ética, sino, con otros pocos conceptos, a la supervivencia práctica de esta. O, por lo menos, a la determinación de su sentido hoy. Sin prójimo, ¿hay moral? Sin proximidad, ¿hay ética?

Moral y ética presuponen la existencia del individuo en comunidad y a cada individuo en una directa relación con los demás. Presuponen una interrelación, y desde los tiempos más antiguos de la vida en comunidad, una interrelación que no solo es presencial, sino en contacto de unos con otros, lo cual incluye una cierta forma y un grado u otro de proximidad física de los individuos entre sí. Todo ello parece obvio, pero el vivir actual nos hace redescubrirlo.

El prójimo, la relación de proximidad, y la idea misma de lo próximo, son nociones y también valores en evidente transformación y desgaste respecto de su uso y significación anterior. Al menos lo próximo entre las personas era, y aún sigue siendo, un concepto ligado a la distancia física entre ellas, en el marco, sobre todo, del espacio, aunque también en el del tiempo. Sentimos, por ejemplo, la proximidad de nuestro abuelo en el tiempo, pero apenas la de anteriores familiares.

Pero he aquí que esa distancia física se ve aumentada a consecuencia de los nuevos medios tecnológicos de información y comunicación y su impacto en la relación entre las personas. A la vez que se ha ganado hoy en oportunidades de información y comunicación, se ha perdido en las de presencialidad y contacto, que son las que han posibilitado y estructurado hasta el presente la interrelación de las personas y su noción sobre lo que sea o no sea «próximo» entre ellas.

En nuestra sociedad de individuos hiperconectados gracias a la tecnología, lo distal se está imponiendo a lo proximal, de forma que hoy conectamos más, pero contactamos menos. La distancia real se ha multiplicado, al disponer de medios que, al tiempo que nos hacen ganar en conectividad, nos hacen perder ocasiones para estar presentes frente al otro y vernos y tocarnos.

La pandemia del covid 19 ha contribuido también a ese lento desmantelamiento de la cercanía física de las personas, al imponer el confinamiento en el hogar y tener que mantener por motivos sanitarios la llamada «distancia social».

Más del 60 % de la población mundial vive en ciudades, pero en ellas los principios de ciudadanía y de vecindad, el ius vicini, no tienen aún la fuerza que poseen, para la naturalización civil, los tradicionales principios del ius sanguinis y del ius soli, según los paísesNo deja de ser una paradoja que en la ciudad actual el nexo social de vecindad sea tan débil y que en las metrópolis sea casi inexistente, sin que la proximidad física de los habitantes se traduzca en una cercanía social y política. Solo nos relacionamos con aquellos con los que ya existe algún tipo de vínculo, entre los que ya no parece que estén nuestros propios vecinos. Esto último, la endeblez de los lazos de la vecindad, forma un bucle con la crisis de la proximidad; digamos que se retroalimentan.

La causa de ambos estados no está solo en la estructura anónima de la ciudad, algo que por cierto ya vio Aristóteles y que no lo tomó como un mal. El filósofo, el mismo que dijo que el hombre es un «animal político», no pudo prever que hoy más del 30 % de los residentes en las ciudades viven solos y que la mayoría de ellos se sienten solos. Según el Instituto Nacional de Estadística, en España 4 850 000 personas viven solas, y el 43 % de ellas son mayores de sesenta y cinco años.

La causa del bucle al que me refería puede encontrarse en la minimización del contacto físico entre los ciudadanos, indirectamente provocado por los nuevos medios digitales de comunicación y su parte alícuota de incomunicación, que socava los hábitos y los valores del contacto presencial de la gente.

La reducción del campo de la percepción interpersonal está conllevando la de la relación interpersonal y, con ella, la de la interacción social.

Como un ejemplo, las clases universitarias en línea hacen casi imposible la interlocución con los estudiantes y la de estos entre ellos.

Serán clases, pero quizás ya no universitarias, en que la interlocución debe ser algo esencial. La secuencia es, en general, la siguiente: menos contacto físico, menos espacio interpersonal, menor sentido de proximidad, menos interacción con el otro. Por eso, y en contraste, el tacto, la mirada y el mismo hecho de sonreír, son valores hoy en alza, precisamente por la disminución de su frecuencia.

Y por ello, aunque parezca anecdótico, aparece tan a menudo en nuestro intercambio de mensajes ese popular emoticón que representa una cara sonriente y amiga. La sonrisa, cierto, desarma, aproxima, y es la señal de amistad más importante, seguida de la disposición al diálogo.

Pero la individualización masiva, un fenómeno de nuestras ciudades, resta posibilidades a que podamos mirarnos a la cara, contactar y sonreírnos face to face. Entramos en el metro o el autobús y vemos a la mayoría de los viajeros con la cabeza gacha mirando su teléfono móvil. Y la mirada social se va haciendo cada vez más distante.

Ver y poder tocar al otro subyace en muchos de los verbos usados en el lenguaje de la moral: «respaldar», «cuidar», «rechazar», «apoyar», «adherirse», «reprimir», «aupar», «repeler», «respetar» —palabra, esta, que indica «volver a mirar»—, etcétera.

No es concebible ninguna teoría ética, desde Platón hasta HabermasRorty o Foucault, que no dé por supuesto que los agentes morales se mueven, obviamente, dentro de un marco público o privado donde interactúan presencialmente para llegar, por ejemplo, a un consenso, solidarizarse o enfrentar relaciones de poder.

Las teorías de la ética, y ya no decir, los códigos morales más arraigados, se asientan, en fin, en este elemental supuesto de que las personas se relacionan entre sí en el espacio físico y en la proximidad de unas con otras.

Pero este supuesto tiene tal vez, en la sociedad digital de hoy, un tinte anacrónico, en un mundo donde se prodigan el teletrabajo y el telejuego, la telemedicina y el telecomercio, la teleformación y la teleparticipación política, las teleconferencias y teleseminarios, la telepiratería y el teleacoso, por no hablar del telesexo o de la telebúsqueda de pareja.

Hoy diríamos todo lo contrario de lo que escribió Elias Canetti en Masa y poder a propósito de una pandemiaDijo: «El mantener las distancias se convierte en la última esperanza». En la actualidad, después de superar una epidemia mundial con más de siete millones de fallecidos, la esperanza se cifra, en cambio, en eliminar aquellas distancias personales a las que la enfermedad nos había acostumbrado.

Hay, pues, un declive de la proximidad real y lo prueba el hecho de que nunca se había hablado tanto de ella como en estos últimos años. Reparemos en la variedad de ocasiones en que se reclama hoy la «proximidad». Se publicitan, por ejemplo, una alimentación de proximidad, una medicina próxima, una administración de proximidad, un comercio próximo, una policía de proximidad, un periodismo de cercanía, una familia real que sea cercana, y hasta hemos leído recomendar la proximidad del columbario al lugar donde reside la familia del difunto. El mismo concepto del «prójimo» ha vuelto, desde finales del siglo pasado, al discurso de la ética, cuando hasta entonces era un término casi desterrado por sus resonancias religiosas.

La proximidad real no es una opción, es una necesidad lo que se dice filogenética. Es un instinto social, bien estudiado por el etólogo Ireneus Eibl-Eibesfeldt. Como especie, el ser humano se ha hecho en contacto con la naturaleza y en reciprocidad con sus congéneres. Se trata de un contacto físico, pero también cultural.

Muchos mitos y ritos humanos, como la institución del saludo, del regalo o de la fiesta, revelan el papel de la proximidad como fuerza vinculante, por ejemplo, para cooperar, o cuando menos para conciliar y apaciguar intereses opuestos. Unas veces nos acercamos al otro por similitud y otras por disimilitud, pero gozando, lo más común, de cierta complementariedad con él.

En particular, la comensalidad, el comer juntos, tiene una función social aglutinante en la Grecia y Roma antiguas, en la vida de Jesús, en las cortes del Renacimiento y entre los puritanos de Nueva Inglaterra, como recuerda aún, en cuanto llega la primavera, la institución de la barbacoa en la sociedad norteamericana.

La cercanía física y simbólica es un factor que facilita la interacción cooperativa e inhibe la agresividad, mientras que la distancia contribuye a todo lo contrario, como ya describieron los psicólogos sociales Theodore Newcomb y Leon Festinger.

Cuanto mayor es el espacio que nos separa, menos va a costar ignorar al otro o mantener el conflicto con él.

En la historia de las guerras, la introducción de las armas de fuego, el bombardeo aéreo, los misiles y hoy los drones, han supuesto la eliminación del sentido de la proximidad del contrario y, con ello, la desinhibición en el uso de la fuerza para destruirlo.

La muerte a distancia rebaja o anula la conciencia del daño provocado.

Pero el instinto de proximidad sigue siendo tan fuerte en nuestra especie que en toda guerra sigue existiendo el riesgo de que los grupos enemigos disminuyan su agresividad en proporción al acortamiento de la distancia entre ellos. Durante las dos guerras mundiales, en ocasiones las tropas enfrentadas salían de las trincheras para intercambiarse cigarrillos.

La atracción entre los humanos, por los efectos que ello tiene de recompensa psicológica y social, sigue siendo más poderosa que la repulsión entre ellos, casi del mismo modo que en el cosmos la fuerza de atracción de las galaxias puede sobre la de su progresivo distanciamiento, como sucede entre Andrómeda y la Vía Láctea. Es natural que el instinto social de proximidad física se encuentre también en la raíz de las reglas morales.

El respeto al prójimo es una de estas reglas, y es prácticamente universal. En el cristianismo es el amor al prójimo. Recordemos el pasaje, en el evangelio de san Lucas, del buen samaritano auxiliando a un extranjero desconocido. Pero, ¿quién es hoy el prójimo? Los resistentes de Ucrania contra el invasor ruso dicen haber redescubierto en su lucha solidaria al prójimo. Para todos, el prójimo es alguien que se encuentra en un punto equidistante entre el hermano y el extraño.

Pero unos ven al prójimo como un hermano y otros como un extraño. El prójimo puede ser desde «otro-como-yo» hasta un definitivamente «otro», un alius, como se decía en Roma, para distinguirlo de un alter. En el anonimato de la metrópolis actual, el prójimo no es «otro-como-yo». Es, por así decir, un «prójimo-extraño», más alius que alter. Es uno que cohabita con nosotros, pero que no sentimos como vecino.

Está ahí, pero nos es indiferente. Pero si vamos, por lo menos, a la etimología y a la definición convencional, el prójimo es el próximo o cercano, en latín proximus. Más aún: proximus señalaba a alguien muy cercano. Tenía un carácter superlativo, parecido a nuestro término «propincuo», que indica el allegado, es decir, uno que es bastante cercano.

Pero, ¿quién está hoy tan cercano a nosotros? ¿Quién es el cercano, el prójimo? En las pantallas que forman parte de nuestro día a día, el prójimo es un ser inmaterial y difuminado, un agregado de píxeles de luz. En la vida real, el prójimo podría ser, por ejemplo, una víctima por nosotros desconocida, a la que le dedicamos nuestra atención o caridad.

Pero puede que no percibamos como prójimo en cambio un vecino conocido, si estamos enemistados con él o ni siquiera sabemos su nombre. No hace falta que, póngase también por caso, un emigrante o un refugiado desconocidos estén físicamente cerca de nosotros, porque el sentido de proximidad, que va más allá del espacio, suplirá esta distancia.

Empatizamos con la situación del distante, lo que, en cambio, no hacemos con el vecino de la escalera, que puede estar en peor situación y sufriendo más que aquél. No obstante, la presencia física sigue siendo decisiva a la hora de establecer el vínculo con el otro. Porque es la proximidad la que hace al prójimo y no éste a la proximidad.

  • La percepción de la distancia interpersonal

En términos generales, necesariamente imprecisos, la proximidad es una propiedad física: la de un mínimo de distancia en el espacio o de duración en el tiempo.

En un sentido social, la proximidad es una forma de interacción entre individuos mediada por una relación de cercanía, real o imaginaria, en el espacio o incluso en el tiempo.

Pues lo próximo puede ser relacionado tanto con el espacio, que es lo más común, como con el tiempo. Vamos a relacionarlo sin embargo con el espacio.

Dentro de esta relación hemos de destacar, de entrada, que existen al menos tres dimensiones de la proximidad física o real, para distinguirla de la virtual. Una, en el eje vertical, es cuando lo próximo se encuentra real o figuradamente arriba o abajo.

Otra, en el campo circundante, cuando lo cercano lo tenemos a un lado. Y otra más, en la línea frontal, cuando lo próximo es visto o presentido justo ante nosotros. Esta última es una dimensión de la proximidad «en lo profundo», lo que viene propiciado por la relación de frontalidad con la cosa o el sujeto próximos ante nosotros.

Me referiré, en lo sucesivo, a esta clase de proximidad; aquella en la que el otro se encuentra delante. Es, huelga decirlo, la proximidad que tiene más relieve existencial y aquella que damos por supuesta. Y también la que creemos ser la más importante para los vínculos sociales en general.

La proximidad social no solo presupone en su origen la presencialidad y la frontalidad entre los miembros de la comunidad, sino que es promovida por estos factores, es decir, por la experiencia cotidiana de la relación a través del contacto físico y de la mirada, el face to face. 

La psicología social constata cómo las personas cercanas en un mismo espacio físico —escuela, lugar de trabajo, hospitales, centros deportivos— son más propensas a establecer una relación entre sí que aquellas que se encuentran más alejadas. Aunque hay excepciones, como el rechazo al extranjero, aun estando éste dentro de un espacio compartido.

Obligado es en este punto recordar a Max Weber. La modernidad, según él, plantea un desafío a la ciudad, y la ciudad un desafío al valor de la convivencia en ella. Frente a los linajes antiguos, las ciudades alemanas del Renacimiento fomentaban los gremios, y las italianas la idea y el sentimiento de popolo. En ambas existió un interés por la «confraternización», sostiene Weber en los capítulos de su Economía y sociedad dedicados a la ciudad.

Sin embargo, este padre de la sociología no entrará en los aspectos más personales y subjetivos en los que se funda la relación social en las ciudades modernas. De ello se ocupará en seguida su compatriota Georg Simmel, quien repara en la necesidad de proteger lo subjetivo en el nexo de la ciudadanía. De otro modo, una cercanía física sin implicación personal sería como una «máscara» de la proximidad; esta no sería real, como sucede en la gran ciudad frente al extranjero.

Los autóctonos toman al extraño como un «espejo» de sí mismos, pero ante el cual de ninguna manera quieren verse, afirma Simmel en su ensayo El extranjero. En contraste, el fenómeno, en concreto, de la moda, une a generaciones y clases sociales, pues a pesar de que ir a la moda representa cierta forma de distanciamiento del individuo, favorece la identificación de éste con aquellos de esta misma conducta social, que pasan a ser de «los nuestros» debido a la moda.

Lo fundamental en una sociedad, dice Simmel, es la «sociabilidad», es decir, el lograr «estar juntos», sin más añadidos, y ello como un fin superior a cualquier otro, que será solo un fin unilateral (Cuestiones fundamentales de sociología, pág. 83). La sociedad se juega, pues, entre la individualidad, que puede llegar a ser extrema, y la sociabilidad.

Es por ello que en el necesario equilibrio tiene importancia el «sentido del tacto —afirma este autor— porque guía la autorregulación del individuo en su relación personal con otros allí donde no hay intereses externos o inmediatamente egoístas que puedan asumir la regulación».

La «falta de tacto», la ausencia de discreción con el otro, anula la que es, según Simmel, la «primera condición de la sociabilidad».

Se ve, pues, que una cosa es para este sociólogo la «socialización», en la que privan los intereses materiales, y otra cosa es la «sociabilidad», la forma más pura y abstracta de la primera, y hasta su misma condición de existir.

En la sociabilidad, en el vivir juntos, destacan a la vista las fórmulas de «escenificación» de la cercanía personal y de la interdependencia entre los ciudadanos, como son la amabilidad, la cortesía y las reglas de juego de la democracia.

La más plena y pura de estas fórmulas para la sociabilidad es, según el mismo Simmel, la conversación, un ámbito donde desaparecen la individualidad y sus intereses inmediatos.

«En la vida sociable el hablar se convierte en un fin en sí mismo».

Simmel ya vio que en la gran ciudad nos acostumbramos a la indiferencia con quien se encuentra cerca y que, en cambio, podemos mantener una relación íntima y de implicación con quién está lejos.

La razón es que cuanto menos madura sea nuestra conciencia social más nos costará encontrar el equilibrio entre las relaciones de pertenencia y de no pertenencia social. Y otra vez recalca que para una relación de proximidad los órganos de los sentidos son clave. En especial, el sentido de la vista. Mirarse uno a otro es la forma más directa y efectiva de mantener la reciprocidad; y apartar la mirada, aquella que más rápido produce la incomunicación.

Avanzándose a la tesis de Lévinas, Simmel recuerda la significación expresiva del rostro por encima de lo que dicen las palabras, y subraya que mirar a los ojos del otro, y la manera sociable con que lo hacemos, entraña, dice, «la reciprocidad más perfecta en todo el ámbito de las relaciones humanas».

En todo acto interpersonal el rostro no solo es el centro del que irradia el vínculo con el otro, sino el «objeto esencial» del que está pendiente la comunicación. En lo que aquí llamo la frontalidad, «captamos —dice Simmel— de forma inmediata la individualidad del otro».

No obstante, esta reivindicación del tacto y de la mirada, o, en una palabra, del contacto, como el más básico soporte de la proximidad, no equivalen para este sociólogo a una defensa incondicional de la cercanía entre las personas en todas las circunstancias. En ocasiones, la misma sociabilidad va a requerir mantener la distancia física o cuando menos la «distancia interior», dirá.

Si estas faltan es fácil que se produzcan el abuso o el caos en la relación interpersonal, como sucede dentro del seno de la familia o en la amistad. Eugenio d´Ors soñaba con aquel tipo ideal de amistad en que al amigo siempre se le sigue tratando de usted. Dos filósofos unidos en entrañable amistad, José Luis Aranguren —discípulo, por cierto, de D´Ors— y Javier Muguerza, siempre se trataron de usted. A Muguerza el tuteo le recordaba, por lo demás, el que existía entre los camaradas de la Falange.

prójimo
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  • Esencia y valor de la proximidad

La frontalidad no solo es cuestión de los sentidos. Involucra la percepción en su integridad. Después de Simmel, la teoría de la Gestalt desarrolla una psicología de la percepción en la que el «principio de proximidad» juega también un importante papel. Kurt Koffka presta especial atención a lo que él llama «percepción espacial», que más allá de la sensorialidad depende de la capacidad de la propia mente para estructurar la experiencia y la conducta «dentro de un campo espacial organizado».

En dicha organización perceptual, especialmente en los ámbitos personal y social, las relaciones de mayor o menor cercanía entre sí de las personas son un factor determinante. No se percibe igual el espacio si la relación es entre sujetos similares o entre quienes son diferentes unos de otros.

Por ello, dado que la diferencia suele ser proporcional a la distancia, el psicólogo alemán sostiene: «Estudiando la organización espacial, encontramos la extraordinaria fuerza de influencia de la mera proximidad espacial sobre la organización», refiriéndose a la organización perceptual.

La proximidad es un concepto ante todo espacial, y como acabamos de ver, relacionado con dos estratos y funciones del conocimiento humano: la sensorialidad y la organización perceptual. Pero está también relacionado con el estrato emocional. La proximidad, como la experiencia del espacio en general, tiene un componente emocional e incluso intencional.

En el espacio de la relación con el otro unas veces preferimos lo frontal a lo lateral, o lo alto a lo bajo, y viceversa, en ambos casos. Así, pues, la emoción o la actitud ante el otro convierte en algo relativo la distancia existente respecto a él. «Lo tuve muy cerca», dice uno que vio a Mick Jagger a veinte metros en un concierto. O «lo sentía tan lejos de mí», confiesa la mujer que ya no amaba a su pareja.

Incluso el mismo espacio hace seres acompañados y seres solitarios. «¿Qué clase de espacio es ese que separa a un hombre de sus semejantes y le hace sentirse solitario?», escribe Henry Thoreau en Walden. El espacio físico entre dos personas es también emocional. El espacio controla la emoción y ésta controla el espacio. El miedo y la desconfianza, sobre todo, hacen que la proximidad sea intimidante.

La persona miedosa teme la cercanía del desconocido. Cualquier agitación emocional influirá en nuestro sentido de la proximidad. En todas partes, la simpatía acerca y la antipatía aleja. Por lo demás, la actitud de prevención y de distanciamiento frente a los extraños es un «rasgo universal», según el citado etólogo Eibl-Eibesfeldt.

Es típico el ejemplo del desconocido que se sienta a nuestro lado en la biblioteca vacía. O que alguien en una playa solitaria extienda su toalla junto a la nuestra. Nos sentimos amenazados. No existiría el problema en una playa atestada o en una biblioteca llena. Y menos, hoy en día, en una discoteca. Las relaciones entre congéneres son ambivalentes y ello se revela también en el sentido de la distancia personal.

Unas veces tenemos tendencias de acercamiento y otras de alejamiento del otro, y ello ya desde la infancia, cuando distinguimos entre familiares y desconocidos, confiando en unos y retrayéndonos ante los otros. La misma ambigüedad de la conducta se manifiesta en la acción de mirar al otro; por una parte, tenemos necesidad de ese contacto, pero por otra parte el hecho de mantenerle a alguien fijamente la mirada se podría interpretar como un acto hostil.

Puede haber poca distancia entre las personas y no solo no sentirse próximas, sino agredidas.

En cualquier supermercado de los Estados Unidos rozarle a alguien con el brazo es casi un entrometimiento en su privacidad y se exige una inmediata disculpa.

En España ello pasa desapercibido.

Como vemos, el sentido social de la distancia no es el mismo en todas las culturas y presenta notables discontinuidades. Edward Hall, el padre de la llamada «proxémica», ya advirtió en su libro La dimensión oculta que el sentido de la distancia interpersonal varía según cada cultura.

También destaca que dicho sentido de la distancia siempre tiene más de aprendido que de innato, a diferencia del sentido del territorio, que es cambiante según las circunstancias.

Recordemos el aprendizaje de la distancia social que hubo que hacer durante la pandemia del covid-19 en 2020.

Y puesto que el sentido de la distancia social es un aprendizaje, hay que tener en cuenta el papel que juegan en él el juicio y la reflexión personales. Ellos hacen también que sintamos próximas unas personas y no otras.

La proximidad, lo mismo que el distanciamiento, pueden ser impulsivos o reflexivos. En el primer caso domina el cerebro emocional. En el segundo, el cerebro sensato, bien sea porque toma un interés en el control de la distancia interpersonal, bien sea porque un determinado valor prevalece sobre el interés egoísta.

Porque es de suponer que todos tenemos la capacidad mental de distanciarnos de algún modo del yo emocional, aunque luego no se practique mucho.

El hecho es que la noción de proximidad no concuerda en las culturas. Y en cada una de ellas tampoco concuerda la distancia física con la distancia social. Pero aún con estas diferencias no se logra romper la ley de que cuanto mayor es la cercanía, mayor es la proximidad y más fácil es también que se dé una relación en profundidad. Así, por más que nos sintamos próximos a los que sufren la injusticia en un país lejano, la relación no será de profundidad. En resumen, la proximidad se constituye en el espacio y está determinada sobre todo por él, pero a la postre es siempre una interpretación del espacio a partir de los sentidos, de la emoción y de la propia reflexión (Kauffmann, págs. 18-23). Si no hay una proximidad física, no hay posibilidad, o se hace muy difícil, el tener un contacto y sostener algún tipo de interacción con los demás. Aristóteles, pese a vivir en aquella bulliciosa Atenas, ya denunció el peligro de la oligoría en la gran ciudad: el menosprecio y la indiferencia frente al otro.

La proximidad es un hecho y es también un valor. Su valor se mide sobre todo por sus ventajas y su objetivo. Hemos dicho antes que la proximidad está sustentada y promovida antes que nada por la presencialidad y la frontalidad de las personas entre sí. Pero sucede, a su vez, que la proximidad promueve la reciprocidad y la convivialidad, queriendo decir esto último (conviviality) la convivencia en la diversidad.

El grado óptimo de proximidad es la reciprocidad y convivialidad entre las personas. Y su objetivo, en suma, no puede ser otro que aquellas, pues la falta de reciprocidad y convivialidad impiden la relación social de cercanía, de sociabilidad, y devuelven las personas a lo contrario, a la distancialidad.

Sin embargo, las relaciones entre los seres humanos se van haciendo cada vez más distales y menos presenciales: más distantes. Aumentamos los canales de conexión de unos con otros, pero acortamos los de contacto. Las llamadas «redes sociales» representan, por lo general, todo lo contrario a un contacto real entre sus usuarios.

La relación humana se está haciendo impersonal y anónima, como es bien patente en las grandes ciudades. «Es de temer —escribe el mismo Eibl-Eibesfeldt— que la desconfianza y el miedo se conviertan en el factor determinante de la vida en común de la colectividad».

La tecnología digital ha hecho, además, que la relación interpersonal, al cabo impersonal y anónima, sea además entre sujetos incorpóreos: sin voz, sin olor, sin presencia tangible ni posibilidad de cruzar con ellos la mirada. El único sentido humano que se ha refinado al paso del tiempo es, al menos en la sociedad occidental, el sentido del gusto; los demás, parecen haber perdido sustancia y aliciente. Nos preguntamos entonces si no estamos yendo a un empobrecimiento de la experiencia humana. Más inteligencia no significa más madurez mental.

  • Las tres clases de proximidad

Si lo distante es la sombra, lo próximo es la luz.

En la relación interpersonal suele ser así, y queremos que sea así, aunque a veces la cercanía no guste o nos hiera.

La proximidad es lo opuesto a la distancialidad.

Pero, de pronto, la tecnología digital y los medios de comunicación sustentados por ella nos han entregado a un mundo binario inesperado, donde se oponen lo virtual y lo presencial, lo distal y lo proximal, lo on line y lo off line.

La proximidad tiene su opuesto en la distancialidad y, aunque quisiéramos lo contrario, que entre ambos polos solo existiera una diferencia de grado, no podemos evitar la falta de continuidad entre lo que es o se percibe como próximo y aquello que es o que nos parece distante.

El vivir tecnológico actual acentúa y naturaliza la discontinuidad entre ambas experiencias del espacio interpersonal, mientras que su naturaleza real y la experiencia cotidiana de ambas reculan en el esquema mental que nos hacemos de dicho espacio. Lo virtual adquiere un carácter de real, como en el llamado «metaverso» —una nueva ínsula Barataria—, y todo lo que no viva en las pantallas no tiene vida fuera de ellas, aunque la realidad verdadera nos siga mostrando lo contrario.

En este nuevo escenario la proximidad física y social entre las personas se ha casi volatilizado, siendo por ello mismo que, como reacción, la proximidad se esté, a pesar de todo, revalorizando. Como la «policía de proximidad» o la «comida de proximidad» que decíamos. No deja de ser inaudito que se descubra y reivindique algo tan obvio como que los seres humanos vivimos y hemos vivido siempre en proximidad física unos con otros.

Heidegger se refirió a la distancialidad (Abständigkeit) como el cuidado persistente en cómo uno es distinto de los demás y que se manifiesta, por ejemplo, en la mirada distante, ambigua o antagonista con la gente. Su admirado Nietzsche había escrito, en Así habló Zaratustra («Del amor al prójimo»), que el amor al vecino predicado por el cristianismo es un «mal amor» que debe ser sustituido por el «amor al distante», pues la conexión con quien está lejos, no con el prójimo, es la que en verdad nos permite abrir horizontes. Una comunidad próxima solo nos sumerge en la «moral del rebaño».

Su admirado Schopenhauer recurre, en Parerga y Paralipómena, a la metáfora de los erizos que se arrejuntan en su madriguera para obtener calor, pero sin acercarse mucho, para que no se pinchen. Donde resuena la tesis kantiana de la «insociable sociabilidad» («Ungesellige Geselligkeit») de la especie humana, cuyos individuos se inclinan por estar juntos, sí, pero a la vez se resisten a hacerlo (Ideas para una historia universal en sentido cosmopolita), justificando igualmente una conveniente, civilizada regulación de la distancia social.

Alguien es distante de nosotros si es un extranjero o no pertenece a nuestro círculo, grupo, clase social, etnia o nacionalidad. No hay frontalidad con ese otro, por más que pueda haber presencialidad de su persona. El «encaro» con el otro sigue siendo un hecho facilitador de la relación interpersonal, hecho que no existe ni física ni socialmente en la distancialidad. Pero todo es distinto con la proximidad, en la que siempre hay encaro, excepto en la proximidad imaginaria.

La relación e interacción personales solo son posibles en esta otra forma de concebir y practicar el espacio social. Una forma que presenta dos aspectos fundamentales. Pues hay en la proximidad una dimensión individual o personal y otra dimensión colectiva o social. Llamaremos, para empezar, «proximidad íntima», a la más propia y característica dimensión personal de la proximidad real.

La proximidad íntima, o proximidad de contacto, es la que existe en la familia, entre los que mantienen una relación amorosa y también entre los amigos.

En éstas y otras formas posibles de vínculo las personas viven en una estrecha cercanía física, sobre la base del afecto, con un carácter en último término electivo y generalmente en cohabitación con el otro.

Cohabitan y conviven juntas.

En este vínculo, el otro es «otro como yo»; su ego puede llegar a ser el espejo del nuestro y viceversa.

La proximidad íntima es por lo tanto la proximidad primaria frente a las demás formas de cercanía interpersonal.

Por otra parte, y como en toda relación entre personas, en la proximidad íntima pueden darse conductas de respeto tanto como de falta de respeto. En este segundo caso la impulsividad se habrá impuesto al afecto y a la reflexión, como sucede cuando alguien invade la esfera de la integridad física, intimidad y derechos del otro.

Por lo contrario, el respeto hacia él exige, aún en la intimidad de la convivencia, evitar toda intromisión o entrometimiento en lo moral y todo abuso en lo físico. Entre los que conviven, el respeto consiste en mantener el equilibrio entre lo íntimo y lo social, entre el empleo del cerebro emocional y el del cerebro sensato. Lo primero no excusa lo segundo.

Nada ni nadie «tienen» a una persona. Tampoco nadie «tiene» al ser querido: si nadie te «tiene», tampoco nadie te puede «dejar». Precisamente el hecho de convivir juntos, socialmente valorado como el vínculo básico, agrava el delito cometido contra el otro, como bien recoge la legislación civil y penal.

El segundo tipo de proximidad puede ser llamado «proximidad cercana». Más que el contacto, es ahora simplemente el roce lo que se observa en esta otra forma de relación humana según la distancia. Es la proximidad que existe, por ejemplo, en el trabajo, la educación, la sanidad, los servicios sociales, en la vecindad, el juego compartido, la discoteca o el turismo. Ya no hay en ellos una estrecha cercanía, ni se presupone una relación de afecto.

La cercanía física es de alcance medio y el contacto tiene un carácter coyuntural. Es pues una proximidad secundaria, en que el otro no es un «otro como yo», sino un alter, un tú, sin más. La fórmula básica de esta proximidad no es la familiaridad, sino la confraternización.

Con lo cual, esta proximidad cercana comparte elementos de ambas dimensiones de la proximidad: la personal y la social. Recuerdo al patrono de una industria en la que trabajé presentarse a veces por sorpresa en la cantina, todo él trajeado y perfumado, y pedirles a los empleados que le dejaran probar su bocadillo, como para hermanarse con ellos.

Era un amago de comensalidad, una arraigada institución para ayudar a mantener el vínculo humano más allá de la estricta consanguinidad. Tolstoi la ponía en práctica con sus siervos. Es sabido que el invitar a comer al recién llegado a una comunidad, por ejemplo en ocasión de una fiesta familiar, es una de las vías más claras y efectivas de favorecer la inclusión del foráneo.

Por lo demás, en la proximidad cercana el respeto es también fruto de un equilibrio, ahora entre lo individual y lo colectivo. Y la falta de respeto es igualmente la imposición de lo impulsivo sobre lo reflexivo, como sucede en las conductas de intimidación o presión sobre el otro.

Observemos también que, si en la proximidad íntima se hace difícil ser falso, en la que ahora describimos puede existir una proximidad interesada y solo de apariencia, como sucede entre competidores o incluso entre compañeros que comparten la misma tarea. Es precisamente en la proximidad cercana donde más hay que saber encontrar el equilibrio espacial con las otras personas, para no crear una distancia ni demasiado pequeña ni demasiado grande con ellas.

La regulación de la distancia con el otro requerirá de un aprendizaje desde la niñez, de la que se sacarán buenos réditos, por ejemplo, entre socios y entre compañeros, y en general la habilidad para lograr la mejor relación social. De otro modo es fácil caer en formas ineducadas como la xenofobia, la homofobia o la aporofobia, el miedo a los pobres, del que ha tratado Adela Cortina.

En la civilización, hallar el nivel intermedio puede ser, aunque parezca una contradicción, lo más extremo y costoso, como ya vio Aristóteles al elogiar lo mesotés, el «justo término medio» en nuestra conducta. El maestro, póngase por caso, debe estar lo más cercano al alumno, pero situándose en un punto intermedio entre el contacto físico y la distancia académica.

La antropología conoce la proximidad cercana como «propincuidad», refiriéndose con este término a aquellas relaciones que no son de parentesco, pero que se acercan a él, con fórmulas como la «hermandad», la «congregación» o la «mutualidad». La proximidad cercana es lo que tantas veces hemos visto que buscan los estudiantes que se sienten solos en los campus norteamericanos y pasan tardes enteras leyendo en las cafeterías, para verse al menos rodeados de gente en un ambiente menos impersonal que el de la biblioteca.

Incluso los profesores que viven solos en una casa grande y confortable recorren kilómetros con su coche para pasar las horas en una cafetería, rodeados de desconocidos que por lo menos les hacen sentir menos solitarios. Véase el libro Going solo, del sociólogo Eric Klinenberg. Según él, esos lugares que escapan de la vida on line, como bares, plazas o estaciones de ferrocarril, son «escuelas de convivencia» porque alejan, no solo de la soledad, sino del conflicto, y mantienen y alientan los hábitos cívicos

Por último, hablamos de la «proximidad distante», aquella en que no hay contacto físico, ni roce, y que podemos llamar también proximidad colateral.

Es la «proximidad» que hoy tanto oímos reclamar: una «enseñanza de proximidad», una «medicina de proximidad», etc.

Existe en esta tercera forma mucha menos cercanía física que en las dos formas anteriores.

La proximidad tiene ahora un carácter incidental.

En unos casos lo incidental responderá a situaciones ordinarias: por ejemplo, en las relaciones comerciales, entre ciudadanos, en la administración, en la política, en asociaciones, en la cooperación, la justicia, el servicio religioso, el orden público o en las festividades.

En otros casos, el contacto será sobrevenido, incluso accidental, como sucede en el transporte público, en la asistencia a espectáculos, en acontecimientos deportivos, en desfiles, en la biblioteca, el museo, el restaurante o en los grandes centros comerciales.

El tuteo o el llamarse por el nombre de pila entre desconocidos es un modo de suplir o disimular la carencia de contacto físico donde gustaría que este existiese.

En todas estas circunstancias, el otro ya no es un cercano alter, sino un alius, un tercero en el plano. En las gradas del estadio, o en el transporte, por ejemplo, preferimos que haya un asiento vacío a nuestro lado a que esté ocupado. Y en el ascensor o en la biblioteca evitamos la mirada frontal con el otro. Es la civil inattention, estudiada por el sociólogo Erving Goffman. Hablamos, pues, de una proximidad terciaria.

No hay familiaridad ni confraternización: es el plano abierto de la socialidad. El respeto entraña ahora el mantenimiento de un equilibrio entre lo privado y lo público. Y la falta de respeto es justo cuando se da el desequilibrio entre ambos, otra vez por un dominio de lo impulsivo sobre lo reflexivo, provocando la injerencia o invasión de la privacidad del otro. La proximidad que pueda haber con él tampoco excusa el delito o la falta, como en el acoso.

Es claro que la proximidad real tiene también sus vicios y abusos. Faltar a la norma del respeto, ya se ha dicho, es lo peor que puede pasar en ella. La exigencia de espacio personal es tan natural como la necesidad de contacto. Pero solemos rechazar el contacto visual y corporal excesivo.

Las aglomeraciones, el apiñamiento, tienen sus inconvenientes. Sucede en todas las culturas, y hasta en otras especies animales. La visión regula en los mamíferos la división del espacio y cumple la función añadida de asegurar el territorio y el estatus en el grupo.

Hallar el equilibrio adecuado entre la directa y espontánea intimidad, y al mismo tiempo la protección de la privacidad y los derechos del otro, es uno de los secretos de la estabilidad conyugal y familiar, hoy convertido en un auténtico reto en la constelación de relaciones de todo tipo que pueblan la sociedad digital.

La proximidad ya tiene otro enemigo que aquellos que quieren acabar con ella, como han sido y son el elitismo, la intolerancia y el individualismo egocéntrico: el nuevo enemigo es el exceso de proximidad que impide ser al otro.

Hoy la hiperconectividad puede acabar con la conexión con quien tenemos más cerca. Escribió Roland Barthes, en Cómo vivir juntos, que «necesitamos una ciencia, o quizás un arte, de las distancias». Se preguntaba: «¿A qué distancia debo mantenerme de los otros para construir con ellos una sociabilidad sin alienación y una soledad sin exilio?»

  • El valor normativo de la proximidad real

En filosofía, el concepto de proximidad se ha desarrollado, con la fenomenología contemporánea, a partir del estudio del otro y de la alteridad.

Son de referencia las páginas dedicadas por Edmund Husserl al «cuerpo del otro», en Meditaciones cartesianas; por Martin Heidegger al «Ser-ahí de los otros», en Ser y tiempo; por Jean-Paul Sartre, en El ser y la nada, a la «mirada del otro», y por Emmanuel Lévinas al «rostro del otro», en Totalidad e infinito y en Ética e infinito.

Glosaré este último. Según Lévinas, el rostro del otro nos interpela y llama a la responsabilidad, ya antes de que esa imagen nos muestre o nos diga nada, y antes de que tengamos una intención en torno a ella, o siquiera una consciencia de ella. El prójimo no es el extraño, ni tampoco el hermano.

Sino un prójimo en el que no se entra ni cabe entrar a fondo. Nos asombra, antes de que tengamos un sentimiento u otro por él. Y eso es lo que importa. En este sentido, se ha dicho que la relación con el otro es siempre heterónoma o dependiente, para Lévinas. Es el otro quien interpela; yo no le llamo. Es por tanto una relación fuera de todo preconcepto e institución. Se trata de una proximidad, por así decir, anárquica.

Pero, en el fondo, no hay tal heteronomía, porque es una relación egocentrada. Sin mi mirada, sin mi admiración, el rostro del otro no significaría nada. El otro es percibido con mi mirada y es comprendido como próximo en tanto que uno es y se siente responsable de él. No al revés.

Lo que nos une a él es la responsabilidad, «sea aceptada o rechazada, que se sepa o no asimilarla, que se pueda o no hacer alguna osa en concreto con él». La proximidad es por consiguiente una relación fundamentalmente ética, en la que descubrimos una realidad que estaba antes y que está más allá de una experiencia física concreta. La ética nos abre a la trascendencia y la totalidad. Es la filosofía primera.

En la actualidad el enfoque que prevalece es este de Lévinas, que, sin embargo, conduce al autor a una filosofía de la trascendencia. En ella algunos podemos perdernos, dado su lenguaje rayano con la mística, como ya sucedía con su maestro Heidegger. La interpretación fenomenológica de la proximidad sigue hoy, por lo general, a Lévinas, en una línea espiritual (AgambenMarionByung Chul HanEsquirol…) centrada, igualmente, en el sujeto que se siente llamado a la responsabilidad y al cuidado del otro.

El centro regulador de la relación interpersonal sigue estando en el yo. Sin su valor de celador de la vida y sin su vocación de cuidado, no hay relación de proximidad con el otro. Ésta depende, pues, de uno mismo y del potencialpara la reflexión, el cuidado de sí y la resistencia, o resiliencia, frente a un mundo hostil que ha acabado haciendo abstracción de la vida.

La fenomenología post-Lévinas, en su corriente espiritual, parece conducir al bucle de la intimidad: desde mi intimidad salgo al cuidado del otro, quien me devuelve al cuidado de mí mismo.

A mi parecer, y pese a su profundidad hermenéutica, se trata más bien de una filosofía de la proximidad, finalmente, con uno mismo, en la que lo íntimo y personal prevalecen sobre lo ético y lo público.

Pero frente al enfoque hermenéutico de la proximidad puede oponérsele el enfoque normativo de la misma.

Si en aquél lo próximo se hace metafísico, en éste lo próximo deviene político. Pues hablamos ahora del espacio social y de su parcelación política.

En un enfoque normativo de la proximidad, lo opuesto a lo próximo es lo lejano en la distancia física y lo alejado en la social; no la vida que se ha hecho abstracción, como acusa la fenomenología después de Lévinas.

Se puede, además, dar el caso que a esta corriente filosófica espiritual no le vaya mal el mundo vaciado del que se queja, y en el que la figura del otro se difumina, porque de esta manera está más justificado y es más cómodo volver introspectivamente al yo.

Partiendo, por lo contrario, de un punto de vista empírico y social de la proximidad, el propósito ético del sujeto no puede ser más que el respeto y el reconocimiento del otro, no el proceder a su cuidado, ni recordarnos en general cómo hay que vivir. Estos empeños, loables y hasta beneficiosos, sobrepasan, sin embargo, nuestro interés por el alcance práctico del hecho y el valor de la proximidad.

Lo que nos importa, normativamente, es cómo convivir, la convivialidad, antes que cómo vivir y la espiritualidad. Si nos refugiamos en la resiliencia y otras virtudes de la llamada «inteligencia emocional» nos estamos alejando de los demás y disminuye la proximidad real con el otro.

La proximidad real posee un valor normativo más allá de su valor existencial o espiritual. Tiene aquel valor porque promueve la reciprocidad y la convivialidad, esto es, la convivencia en la diversidad. Y su objetivo no puede ser otro que éste, porque no hay ninguno mejor que fomentar la reciprocidad y la convivialidad. Sería además contradictorio que no fuera tal su objetivo, pues sin ambas cosas la proximidad perdería fuerza y sentido y regresaríamos a la distancialidad.

Es por ello, por su capacidad de promover y de ponerse por objetivo unos valores éticos, que la proximidad tiene, a fin de cuentas, un valor normativo. Fundamentada en este valor, la proximidad puede ser por tanto una fuente de regulación de todas aquellas conductas sociales que incluyan una orientación a la reciprocidad y a la convivencia en la diversidad. La proximidad real posee un valor normativo.

La proximidad está en el mismo origen de la ética, por lo menos en el mundo occidental. El término griego éthos, con una épsilon inicial, significaba en la antigua Hélade «costumbre»; pero con una épsilon al inicio, transcrito como êthos, indicaba «morada». Es seguramente el significado más antiguo de esta palabra, de la que nacerá el sustantivo ethiká y después el término latino ethica.

 No en balde es en la «morada» donde el ser humano aprende las costumbres y va adquiriendo forma su personalidad moral. Para todas las culturas, excepto las nomádicas, el lugar donde se «mora» es mucho más que una referencia territorial: es el lugar de la casa familiar y el principal factor indicativo de la ubicación del individuo dentro de un grupo o una sociedad. Cada generación o linaje se adscribían a una casa familiar que identificaba a sus miembros.

Con el tiempo, ser ciudadano consistirá, en último término, en «ser alguien en alguna parte», lo que debe incluir igualmente la casa, la morada, el espacio humano donde más existe la proximidad, como una propiedad física y también moral.

De modo que la historia de la moral y de la ciudadanía son una historia también de aquella proximidad real.

La ética, como filosofía moral, nunca ha dejado de dar por supuesta esta realidad.

Valores reclamados por la ética contemporánea como el diálogo, la conversación, la comunicación, el consenso, la responsabilidad, el respeto, el reconocimiento, el cuidado o la razón pública, presuponen el hecho de la cercanía o proximidad física y moral entre los sujetos, como un a priori social en la práctica pública y privada de la razón.

La sociedad digital, con su característica contracción a lo indispensable de las ocasiones de contacto presencial, afecta como, ya es evidente, a la proximidad de las personas entre sí, tanto en la proximidad que llamamos íntima como en la cercana, aunque menos en la proximidad distante, la del contacto fortuito de la gente.

Entonces: «¿Qué debe hacer la ética?». Esta es hoy una pregunta que traspasa el ámbito académico. La respuesta es quizás más difícil que la de aquel «¿Qué debo hacer?» kantiano. Entonces no se planteaba la existencia misma de la ética, sino su fundamentación. Pero hoy nos planteamos quizás algo más radical que eso, y tiene que ver con el mayor impacto de la tecnología en la sociedad, algo que no se dio tiempo atrás.

Para empezar, nos planteamos la necesidad de la ética misma. Después, abordamos la cuestión de la proximidad, con la que se ha gestado la ética desde la antigüedad. Y ahora, en fin, toca afrontar el dilema entre despertar la proximidad a la presencialidad, o no pensar en ello y dejarla en stand by dentro de este mundo de conectividad rampante, pero de contacto agonizante y con seres de vida, a menudo, solitaria.

La distancia social se ha incrementado y el otro se ha vuelto evanescente. Hay, mientras tanto, una inquietud por saber si nos conformamos con ello o preferimos mantener el contacto humano. Desde Hegel o George Mead hasta prácticamente hoy, con Axel HonnethSeyla Benhabib o Giorgio Agamben, entre otros, nunca el tema filosófico de la alteridad parecía albergar dudas sobre la existencia y presencia del otro y de que éste es alguien más o menos próximo. Podía preguntarse qué es o quién es el otro, pero no si existía el otro.

Sostiene el citado Honneth que reconocer al otro es más una actitud práctica que una forma de conocimiento, y que la actitud es una «implicación frente a la aprehensión neutral de otras personas». Sin esta implicación, previa al conocer concreto, percibiríamos a los demás, aunque los conozcamos, como meros «objetos insensibles», dirá. Creo que esto ya está sucediendo en la sociedad actual.

La presente crisis de la proximidad real hace que esto último ya no sea un despropósito preguntárselo. Nuestra pregunta es, por lo menos, dónde se encuentra el otro y qué tipo de regulación de la distancia con él se ha de procurar.

  • La proximidad en la política y el derecho

La política también se juega con la proximidad.

Incluso los gobiernos y magistraturas que mantienen la distancia con gobernados y administrados aseguran no tenerla y deben reconocer que distanciarse de la gente perjudica a la institución.

Monarcas absolutos y tiranos son los que dicen estar más cerca de su pueblo y ser más queridos por él.

En la alta Edad Media el rey que estrenaba reinado recorría sus territorios durante años para conocer a sus súbditos. Los enfermos querían ser tocados por el rey para sanarse.

Eran, en expresión de Marc Bloch, los «reyes taumaturgos», a los que se sentía más próximos que a los propios obispos. Luego será la corte real, cada vez con mayor número de miembros —pensemos en el Madrid o en el Versalles de los Borbones— la que represente el interés por tener muy cerca al monarca, cosa que un Luis XVI querrá ampliar al pueblo, acercándose hasta el mismo hogar de sus súbditos.

La proximidad, real o aparente, parece más propia de las monarquías, en tanto que la monarquía no deja de ser un símbolo dentro del espacio político y que el imaginario monárquico cultiva mejor este símbolo que el republicano. A pesar de su aparente frialdad, la reina Elizabeth II de Inglaterra movilizó en sus funerales a millones de personas que la sentían cercana a ellas.

En cualquier régimen, la proximidad fue y es un símbolo a través del cual, y como otros tantos símbolos —signos, sintagmas, rituales—, el gobernante adquiere poder y autoridad. Así, y en el caso de la monarquía, el rey o la reina tienen, una vez coronados, dos objetivos inmediatos que alcanzar: la realeza y la popularidad, su verdadera conquista, como recuerda el antropólogo Carmelo Lisón, otro miembro de esta Academia. Y ambas cosas precisan de la proximidad, real o figurada, con los súbditos.

El hecho y el valor de la proximidad han influido también en la evolución del espacio público y la distribución y jerarquía del poder dentro de él. Lo primero a controlar por este es la distancia entre los que moran en un territorio, para que un fenómeno constituyente, como es el de la vecindad, no muestre ni poca ni mucha distancia entre los que cohabitan. La amistad y el anonimato entre ellos pueden ser igualmente peligrosos para el poder establecido.

Construir y mantener una vecindad es por tanto tan difícil como decisivo en la política, y practicar aquella en paz y libertad lo es para cualquier política democrática. La democracia ateniense se fundó en el demos, que era el barrio con su comunidad. En la baja Edad Media europea, el dominio de las parroquias irá siendo sustituido, en aras de la proximidad entre vecinos, por el de los ayuntamientos y las comunas.

Ello vino propiciado por la emigración del campo a la ciudad, el «burgo», como sucedió masivamente en la España de los Austrias.

Así, al inicio de la modernidad, las ciudades fueron borrando las fronteras entre los distintos estamentos con el surgimiento a la vez de la burguesía, los burgueses, y de la ciudadanía como nuevo estatus civil. La cohabitación en la ciudad se fue haciendo más próxima, colaborativa y libre. «El aire de la ciudad hace libre», escribe para esa época Max Weber. Hasta que la ciudad, atestada de vecinos, se hace pequeña, insalubre y potencialmente explosiva en los angostos límites de sus murallas y le convendrá al poder ampliar y reglar rigurosamente el espacio urbano.

El siglo XIX fue, entre otros hitos, el de la planificación urbanística, avanzando ésta en ciudades como Nueva York y la cuadrícula de Manhattan, el Plan Cerdà de Barcelona, el Madrid del Ensanche y el París de Haussman. Aunque hubo mucho antes un primer planificador, Hipodamo de Mileto, admirado por Aristóteles, porque ambos entrevieron que el hábitat crea hábitos en la ciudad.

Y existieron también, antes de las modernas ciudades occidentales, las urbes romanas con su trazado en cruz, y existió una gran ciudad planificada, Tenochtitlán, la mayor del mundo, con amplias avenidas y cruces en ángulo recto, sobre las que se asienta hoy la capital de México. Otra antigua ciudad planificada es la de Briviesca, cuyo trazado geométrico, del siglo XIV, fue exportado por los colonizadores españoles a las Indias.

El sociólogo Richard Sennett ha estudiado la relación entre hábitat y hábitos sociales en la gran ciudad.

La arquitectura, el urbanismo y la movilidad prefiguran las distancias entre sus habitantes y con ello sus movimientos y actitudes, que pueden oscilar de la impersonalidad a la sociabilidad, según el modelo y la práctica de la vecindad.

Lo vecinal, como opuesto tanto al gregarismo como al aislamiento, sigue siendo una meta que alcanzar en toda moderna planificación urbana.

Significaría ya la base de una ética cívica. Escribe Sennett: «La consciencia de los otros, los encuentros con ellos, y el dirigirse a ellos de otra manera que a uno mismo, todo eso constituye la ética civilizadora».

Si, pongamos un caso, el parque está cerca de casa y no es muy grande, no será difícil coincidir con los vecinos. Si hay que tomar el transporte para ir a él y el parque es muy extenso, nuestro paseo será en solitario.

Y ya no digamos si las clases sociales y la población inmigrante se concentran en territorios exclusivos. La distancia física en la ciudad condiciona la distancia social. Por eso el extranjero continúa siendo, dice Sennett, la figura dominante en la metrópolis (pág. 377).

El mismo concepto de masa social ha cambiado con el impacto de la tecnología digital. La cibercultura, y recientemente otro fenómeno global como la pandemia del covid, han transformado su realidad y su sentido. Lo masivo es hoy la individualización masiva de la sociedad, en que además se han introducido la prevención y el miedo al contacto por motivos sanitarios. La masa es como esas manadas de pájaros que vuelan juntos alguna vez y en general en solitario.

El temor que pudo infundir las masas de gente a pensadores como Le BonFreudOrtega o Canetti ya no es el mismo que pueda provocarnos hoy la masa de existencia virtual. Canetti, en su obra Masa y poder, describe la masa presencial como constituida por la igualdad, deseosa de densidad y continuidad, e interesada, por tanto, en no romperse. Pero cabe preguntarse si la masa, en la actualidad, la que existe en y por las llamadas «redes sociales», una masa virtual, tiene tales propósitos.

No hay proximidad real dentro de ella. El líder es un algoritmo, los otros son un dato, la masa es invisible. El poeta Maragall decía que la sardana «és la dansa més bella de totes les danses que es fan i es desfan», y así parece hoy ocurrir con la masa social. Tan pronto se forma y comparece como se vacía y desaparece, olvidándonos de ella. La falta de proximidad física ha contribuido a ello.

Cercanía y distancia pesan sobre la política igual que en tiempos pasados, pero en el presente quizás más que nunca, al irse volatilizando la presencialidad en nuestras vidas. La militancia en partidos políticos, así como la permanencia del militante en ellos, se han reducido drásticamente y hoy el modo de vida refractario al contacto real y continuado puede tener que ver con ello.

Menos proximidad entre los ciudadanos, y de estos con su gobierno —y viceversa—, significa, y así puede constatarse, más dificultad para la cooperación y la solidaridad, de una parte, y para el respeto y la confianza en las instituciones, de otra. La gobernanza se complica cuando la desafección y la desobediencia crecen en la ciudadanía.

Y sobre todo se resiente la participación en las elecciones y en el resultado de estas. De hecho, han crecido el abstencionismo electoral y la fragmentación de los grupos en el Parlamento y la falta de proximidad de la ciudadanía con los representantes políticos es una de las principales causas. La falta de proximidad puede hacer también que el gobierno se sienta menos obligado a la transparencia, dar cuentas de su acción y preocuparse por valores como el bienestar o la equidad de los ciudadanos.

Pocas cosas son hoy tan mutables en la política como la confianza de unos con otros, a raíz de la mutación de la proximidad, que no es solo física, sino simbólica y moral. La confianza es el factor subjetivo clave de la gobernabilidad. El presidente, por ejemplo, teme la desconfianza del vicepresidente tanto como la del ciudadano en paro y crispado que no le va a votar. De pronto, hoy Ucrania se siente distante de su hasta ahora hermana Rusia, y cercana, en cambio, a su hasta ahora distante Europa.

La desconfianza mutua es absoluta en cualquier guerra. La polarización, en países como Estados Unidos, ha hecho también que un republicano se sienta más cerca de un republicano extranjero que de un demócrata de su propio país. La elasticidad política del concepto de lo próximo hace, en otro ejemplo, que un demócrata alemán se sienta mucho más cerca de un refugiado sirio que de un nacionalista de su propio país.

No obstante, la proximidad en sentido físico sigue influyendo proporcionalmente en nuestra construcción moral y política de la distancia, si próxima o lejana. Cuanto mayor es la proximidad, mayor es también la solidaridad. Si tenemos al inmigrante trabajando con nosotros en casa o en la oficina, es más fácil que nos interesemos por él o ella que si trabaja en el gueto o en unas horas que no le vemos en casa o en la oficina. Aunque eso no lo percibamos, toda situación de proximidad o lejanía con otro crea por sí misma una disposición de enjuiciamiento y valoración que será determinante de nuestra atracción o repulsión hacia aquél.

La proximidad es un concepto que cae también dentro del derecho civil y penal.

Sobre todo, a la hora de calificar los delitos y establecer las penas.

Cuando, por ejemplo, se condena a alguien a alejarse de su víctima se tiene en cuenta la distancia física, pero no la que se mide por otros factores, ni que el teléfono móvil les sigue de hecho manteniendo cerca, a pesar de la separación física entre víctima y victimario.

En otro ejemplo, a un interno en la prisión puede parecerle peor pena la retirada de su móvil que la incomunicación física.

En las situaciones extremas en las que media e influye la distancia descubrimos la ambigüedad y maleabilidad de la proximidad, que es física y a la vez moral y psicológica.

Por eso el derecho, como la política, no pueden pasar por alto no solo el relieve humano de este concepto, sino su complejidad y variedad de caras. Pero, en todo caso, lo que obviamente más influye en la percepción y valoración subjetiva de la distancia y el sentido de la proximidad es la experiencia física que precede a estas: esto es, la relación de frontalidad con el otro.

En cualquier sentido de la proximidad, lo determinante es si existe o no la experiencia de la visibilidad inmediata del otro, como queda bien patente, ya que hablamos del derecho, en la práctica, cada vez más frecuente y eficaz, de la mediación. Ésta es tanto más exitosa cuanto más se acorta la distancia entre los litigantes y también con el mediador que actúa en dicho proceso jurídico.

¿Qué clase de proximidad, si lejana, cercana o ninguna, determina la calificación de una conducta, sea por acción o por omisión? ¿Estoy más obligado o tengo más derechos con mis allegados y compatriotas que con quienes no lo son? ¿Excusaría o atenuaría un daño el hecho de haberlo infligido a alguien que está muy lejos de mi círculo o mi país? ¿Sería menor o irrelevante el beneficio, por lo contrario, que le haya podido proporcionar?

Pues bien, dada la importancia humana que tiene la proximidad, por lo general se castiga más el daño a un allegado y se premia más el beneficio a un extraño; al menos, esto último, en un sentido moral, ya que favorecer a un desconocido se considera que tiene más mérito que hacerlo a un allegado. Recordemos el pasaje del buen samaritano según san Lucas. Ante aquel que han apaleado y robado pasa alguien de su misma religión y lo ignora, y llega uno de su misma comunidad y le aparta la vista. Hasta que un extranjero se detiene y le socorre.

¿Quién de los tres se ha comportado como prójimo?, se le pregunta a Jesús. Y este responde, con respuesta que trasciende a toda cultura y toda religión hasta hoy: «Quien se compadeció de él». Es decir, también en aquel camino de Jerusalén a Jericó la proximidad física de tener a la víctima «ante los mismos ojos» se impuso sobre la distancia simbólica y social que se supone que el samaritano debía mantener con ella, por no pertenecer a sus círculos de sangre, vecindad y religión.

La visibilidad inmediata obró por encima de todos estos vínculos. La frontalidad con el herido hizo reaccionar al samaritano de modo compasivo. Desmintiendo a los comunitaristas y patriotas, el proceder de este personaje muestra cómo la proximidad, simplemente el estar ante el otro, puede contar más que el nexo que pueda existir con él. Cuentan los reporteros de guerra que si un militar les detiene en la zona de combate lo primero para zafarse del peligro es poder mirarse a los ojos.

Interpretando al buen samaritano, el filósofo del derecho Jeremy Waldron se permite una crítica del comunitarismo, esto es, la teoría filosófica que subraya la importancia de los lazos comunes, para adentrarse Waldron en el universalismo ético a la manera kantiana. Pero dicho autor no se resuelve en el modo abstracto de la moral universalista —cosmopolita o solidaria, diríamos también—, es decir, el de ayudar por un mandato categórico de la razón.

De ahí, valga la cita, el «escrúpulo de conciencia» que se le crea al personaje de un poemilla de Schiller, que salva a un amigo de ser ahogado y no lo hace por un imperativo moral, sino simplemente porque es su amigo, algo sin valor moral. Waldron aduce que el buen samaritano no ha necesitado ni el vínculo comunitario ni la razón universalista para curar a una víctima desconocida, sino que le ha movido ante todo el hecho de tenerla in his face.

Como un kantiano, Waldron no dice, sin embargo, que el tener ante los ojos mueva sistemáticamente a la compasión, sino que debe hacerlo, en una persona con sano entendimiento, el reconocimiento (recognition) del extraño como otro ser humano igual. La ley, por otra parte, se base o no en el reconocimiento, no puede menos que seguir dando importancia a la proximidad física en el caso de la primera ayuda a desconocidos (accidentes de automóvil, rescate de refugiados, etc.), porque, como recuerda este filósofo, «hay una fuerte correlación entre proximidad y eficacia causal».

Fijémonos, pues: sin el contacto inmediato, sin la frontalidad, no hubiera tenido lugar la respuesta en clave humanitaria del samaritano. Ante los extraños, dice Waldron: «Ellos están ahí y eso los hace mis vecinos». La proximidad, real o imaginaria, importa tanto, que incluso ante el extranjero,

presente o ausente, se puede uno sentir más cercano que ante los propios. Recuérdese a las mujeres europeas que se cortaron la cabellera en un atrevido gesto de solidaridad con las mujeres perseguidas en Irán por no llevar su cabeza cubierta. Sintieron la proximidad con ellas pese a la gran distancia.

Sin llegar a este extremo, hoy en día mandamos montones de «abrazos» por correo electrónico y sistemáticas expresiones verbales de «solidaridad» por teléfono, cuando no hay nada que requiera más la proximidad real que dichos gestos. El mismo término «solidaridad» proviene del latín in solidum, metáfora de obrar unidos como un solo individuo.

No obstante, el concepto y el sentido de la proximidad están cambiando con la nueva experiencia del espacio virtual. Ello hace que hoy se vayan penalizando más las conductas con extraños y seres lejanos, por ejemplo, el delito de piratería informática o el genocidio, y a la vez se estén retribuyendo más aquellas acciones que son beneficiosas con los distantes, algo que tradicionalmente la política y el derecho consideran gratuito, no sujeto a ninguna obligación.

Hasta hoy, el circulo que comprende a aquellos que podríamos dañar es mucho más estrecho que el de aquellos a los que podríamos favorecer. Ello es así, pero ¿está bien? Todo eso, proximidad y distancialidad, parece estar cambiando. Así, podemos ya preguntarnos: ¿cuándo se está próximo uno de otro? ¿qué lo mide y quién lo mide? O sencillamente: ¿quién es mi vecino?

El derecho debe sentirse desafiado por estas preguntas, porque está mientras tanto en cuestión el concepto de ante quién estamos obligados a ayudar y a no perjudicar, y si podemos establecer deberes morales perfectos y deberes legales claros y vinculantes que apoyen nuestra obligación con el otro, sea cual sea la persona y sea cual sea el lugar. Pero lo que ha cambiado menos —pero ha cambiado, también— es el patrón y lo que da fuerza a cualquier sentido de la proximidad, que son la cercanía y frontalidad entre las personas. La proximidad real.

Los deberes de beneficencia y de no maleficencia no se dan solo en la proximidad, pero la proximidad influye en todos ellos. Si no aprendemos a ayudar a los cercanos, ¿cómo ayudaremos a los que están lejos? Mantener la frontalidad y la proximidad sigue importando. Al mismo tiempo, la lejanía ya no debiera de seguir excusando o atenuando el mal, ni tampoco minusvalorando el bien, porque cada vez lo lejano se va sintiendo más próximo, si es, claro está, que hemos aprendido primero lo cercano.

  • El interés social por la proximidad real

La proximidad física tiene implicaciones morales, políticas y jurídicas seguramente de primer orden. Todo nuestro mundo social está en redefinición con la tecnología digital y la cibercultura, en todos los ámbitos, que se están desarrollando en él.

Pocas veces en la historia humana se habrá necesitado tanto como hoy —un cambio de época más que una época de cambio— de la aparición de nuevos platones y aquinates, nuevos humes y kants, de nuevos durkheims, webers y deweys que nos ayuden filosóficamente a recodificar un mundo de muchos valores en descodificación. Como este de la proximidad real, hoy afectado por la progresiva mutación del espacio real en espacio virtual.

En la medida que nos interesen la reciprocidad y la convivialidad, es por tanto de interés social —moral, político y jurídico— la defensa y el fomento de una proximidad real entre las personas.

nuestras charlas nocturnas.


¿Dónde está el lobo feroz? Por qué desaparecieron los malos de la literatura infantil …


Ogros, brujas, el Lobo Feroz… ¿dónde están los malos que daban miedo?

Infobae(M.L.Arribas) — ¿Tiene que haber personajes malvados en la literatura infantil?

¿Es bueno que el público infantil lea o escuche obras donde hay adversarios que plantean dificultades al protagonista?

Son preguntas que probablemente nos hemos planteado más de una vez y para las que parece que el mercado y los mecanismos de canonización (premios y recomendaciones) tienen una respuesta clara: no.

Las obras destinadas a la infancia están muy atadas a una serie de normas y creencias sobre lo que es adecuado para los niños, sobre lo que es correcto para su formación y para su desarrollo, así como sobre lo que les gusta.

Todas estas presunciones suelen estar ligadas a la idea de un lector modelo, con gustos uniformes que se pueden extrapolar a toda la población infantil.

Por ejemplo, editoriales y mecanismos de recomendación parecen coincidir en que los libros infantiles deben estar llenos de color (¡alejen esa monocromía de las jóvenes criaturas, por dios!). O que los tonos, además, deben ser brillantes, muy saturados. Basta con revisar los estantes de las secciones infantiles para percibir cierta homogeneidad en las propuestas estéticas.

Pero cabe suponer que el público infantil es tan heterogéneo como el adulto y que, por lo tanto, afirmar “a los niños les gusta…” o “a los niños no les gusta…” parece una generalización poco realista.

– Colores brillantes, historias felices

Diversos investigadores del área de la literatura infantil han percibido que se tiende a relacionar la infancia con inocencia e inexperiencia, lo que hace que tenga que ser guiada y tutelada. Bajo el paraguas de la protección, se busca a veces limitar, por ejemplo, historias o argumentos que pudieran provocar reacciones emocionales aparentemente no deseadas en la infancia, como podría ser el miedo o la tristeza.

En la mediación lectora, ya sea la realizada por las familias o en las propias escuelas, no es raro que este tipo de obras queden algo relegadas por considerarse demasiado complejas o poco adecuadas.

Y sin embargo, históricamente, los personajes malvados tenían un papel central en el cuento folclórico maravilloso y predominaban en general en las historias destinadas a los niños. En las últimas décadas se ha seguido una tendencia opuesta y los adversarios han ido desapareciendo de la literatura infantil.

– Cada vez menos “malvados”

Hansel y Gretel. Un cuento con malos de antes. 

Varios estudios han mostrado que la presencia de adversarios en las obras destinadas a la infancia o a la juventud quedaba reducida a poco más de un tercio de las obras; así sucedía, por ejemplo, en el análisis de 150 trabajos premiados o recomendados entre 1977 y 1990, o en la actualización del mismo estudio con obras publicadas entre 2003 y 2013, así como en una investigación centrada en 100 obras de literatura infantil y juvenil catalanas publicadas entre 2002 y 2006.

La misma tendencia se observa en los álbumes ilustrados particularmente premiados o reconocidos entre 2000 y 2019, donde solo en un cuarto de los más de 100 títulos analizados aparecía un antagonista.

Los adversarios no son solo amenazadores como los lobos o los ogros de las historias clásicas. En este último trabajo citado, por ejemplo, se identificaron cuatro tipos de adversarios en las obras:

  • Clásicos, villanos típicos del cuento folclórico, como el ogro que aparece en el cuento popular japonés Issun Bôshi.

  • Paródicos, representaciones humorísticas o inversiones de roles estereotípicos, como el monstruo que resulta ser la mascota sumisa de la protagonista de¡Ñam! de Canizales.

  • Realistas, personajes humanos dentro de narrativas históricas o sociales, como los nazis en Humo, una historia sobre el Holocausto escrita por Antón Fortes y Joanna Concejo.

  • Simbólicos, proyecciones de una lucha interna de los protagonistas, como los diferentes personajes de ficción que representan las pesadillas del niño protagonista de ¡¡¡Papááá…!!!, de Carles Cano Peiró.

– ¿Un mundo feliz?

Es necesario preguntarnos qué tipo de imaginario queremos que las generaciones más jóvenes habiten: uno edulcorado, libre de cualquier peligro o dificultad, o uno que plantee situaciones adversas a las que se debe hacer frente, quizás más cercano a la realidad que nos circunda.

Bruno Bettelheim, en su famosa obra Psicoanálisis de los cuentos de hadas, planteaba la extrema utilidad de obras que mostrasen el lado negativo del mundo, para ofrecer a los pequeños un campo seguro en el que enfrentarse simbólicamente a sus propios miedos.

Esta obra se centra en los cuentos de hadas y valora particularmente el hecho de que planteen situaciones donde no todos los personajes son buenos por naturaleza sino que existen comportamiento cuestionables, así como dificultades y situaciones doloras y complejas.

Estas tramas ayudan a los niños a entender sus propios sentimientos (como cuando sienten ira o celos) y a no demonizarlos, así como a desarrollar herramientas y posibles estrategias para hacer frente a los diversos temores que puedan tener, en el entorno seguro de un regazo.

Es posible que no sea el público infantil quien más miedo tenga a desafiar a brujas malvadas o terribles fieras, sino los adultos que quizás desconfiamos de nuestra capacidad de guiarlos y acompañarlos en semejantes lances.

nuestras charlas nocturnas.


‘Disminuidos’, una palabra habitual… hace medio siglo …


The Conversation(X.A.A.Pérez/B.A.Cabrejas) — El Congreso de los Diputados de España acaba de aprobar la reforma del artículo 49 de la Constitución vigente.

Uno de los cambios propuestos es sustituir el sintagma “disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos” por “personas con discapacidad”.

La alteración que se propone obedece a un proceso habitual en la lengua.

En el español estándar, y en las lenguas de nuestro entorno, el sintagma “personas con discapacidad” es de uso común desde hace mucho tiempo. Sin embargo, el texto constitucional se quedó fosilizado en una designación habitual en los años 70 del siglo pasado, y que hoy se ve como poco adecuada.

En la lengua existen numerosos términos considerados tabú. Son formas “prohibidas” que deben reemplazarse por palabras que no estén connotadas negativamente, los denominados eufemismos. Las razones para ello son muchas.

Desde muy antiguo está presente en la lengua el tabú del miedo y del respeto. Algunas religiones consideran blasfemo mencionar el verdadero nombre de Dios. Hay quien cree que nunca se debe mentar a “la bicha” (la serpiente) y los magos del universo de Harry Potter evitan decir el nombre de Lord Voldemort.

También son muy evidentes los tabús vinculados a los órganos sexuales, las funciones reproductoras y las excretorias. Se considera que su sola mención atenta contra la decencia y el pudor, conceptos relativos según las épocas, sociedades y lugares, tal y como comentaremos más adelante.

Un ejemplo muy claro de sustitución de un término tabú por uno o varios eufemismos sucedió con el término retrete. Originalmente, designaba “el aposento pequeño y recogido en la parte más secreta de la casa y más apartada” (Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, 1611).

De modo similar se define en los diccionarios de la Real Academia Española de 1737, 1780 y 1791. En cambio, en la edición de 1803 se añade un nuevo significado: “El quarto retirado donde se tienen los vasos para exonerar el vientre”. Una vez introducido este nuevo significado, era cuestión de tiempo hasta que este término se considerase poco delicado y se introdujese un nuevo eufemismo. Por ejemplo, y en momentos diferentes, aseo, servicio o cuarto de baño.

Pancarta con designaciones de órganos sexuales femeninos
Imagen de una pancarta en la manifestación feminista que reivindica el uso del término coño. 

– Eufemismos y conceptos en inglés

Un miedo que existe cuando se plantea el uso de nuevos términos es que se intente ocultar o invisibilizar la realidad. En la novela distópica 1984 se plantea el concepto de neolengua (en su formulación original en inglés, newspeak), cuyo objetivo era limitar el pensamiento crítico de la sociedad. Podrían ponerse en relación con estos conceptos determinados eufemismos. La “austeridad” (recortes en el gasto público), los ajustes de plantilla (despidos) o las “víctimas colaterales” (civiles asesinados) son formas frecuentes en los medios de comunicación de todo el mundo.

Resulta muy interesante cómo se está utilizando el inglés para introducir conceptos que suenan más frescos y atractivos que su alternativa más realista (y dura) en español. Practicar el coliving, por ejemplo, tiene más gancho que compartir piso por no poder pagar la vivienda.

– Llamar a las cosas por su nombre

Puede criticarse cómo se evita en estas formas la mención explícita de realidades negativas, lo que contribuye a ocultarlas o negar su gravedad. Así puede entenderse la reivindicación de “llamar a las cosas por su nombre”, desde los despidos (y no “ajustes de plantilla”) a los productos menstruales (mejor que “productos de higiene femenina”).

El daño que puede causar utilizar elisiones, rodeos y metáforas para denominar realidades ha sido puesto de manifiesto también en el caso de la enfermedad, específicamente el cáncer, la “larga enfermedad”.

– Cambio social

Sin embargo, el cambio aprobado para el texto constitucional no parece ser comparable a estos últimos ejemplos descritos.

Ha habido una modificación bastante generalizada de sensibilidad social que ha sido el motor de una variación ya realizada en los usos lingüísticos.

Ya no es usual ni está bien considerado, en la mayoría de los ámbitos sociales, hablar de “inválidos”, “subnormales” o “retrasados”, como se hacía hace unas décadas.

Se prefiere, en general, hacer énfasis en la persona, no en la discapacidad. Dicho de otro modo, considerar que las personas no son solamente su discapacidad, y expresar esta como un complemento que acompaña a los sustantivos personamujerhombrejoven… cuando resulta relevante.

Esto es lo que se propone para el nuevo texto legal, que habla de “personas con discapacidad” para sustituir el término disminuidos. Además, se emplea así un término inclusivo y se evita el uso del masculino genérico, cuyo uso constante es sentido por una parte de los hablantes como problemático.

El rechazo a términos como disminuidodiscapacitado y otros similares está impulsado por las propias personas de estos colectivos, cuya opinión es muy digna de ser tenida en cuenta.

En resumen, este es uno más de los muchos cambios en la lengua causados por una realidad en continua evolución. Pero también por nuevas ideas y sensibilidades sobre esa realidad y sobre el mismo uso de la lengua. Esto ha ocurrido desde tiempos inmemoriales y seguirá ocurriendo, nos guste o no. No hay duda de que los hablantes quieren usar la lengua de modo que exprese su manera de ver el mundo y que les represente, pues nuestro uso de la lengua es también identidad. Somos quienes somos (también) por cómo hablamos. Como dice una frase atribuida a Sócrates, “habla para que yo pueda conocerte”.

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Amaxofobia: qué puede causar el miedo a conducir y cómo se trata …


La Tercera(M.J.Gómez) — En el mundo hay una larga lista de fobias. 

Mientras que unas se pueden eludir con facilidad, pues están relacionadas a objetos o situaciones con las que no hay que enfrentarse a diario, otras pueden surgir en medio de la cotidianidad.

Una de ellas es la amaxofobia, que tiene relación directa con ponerse al frente del volante.

– Qué es la amaxofobia

La amaxofobia se define como un miedo irracional a manejar o subirse a un vehículo. Se trata de un tipo de trastorno de ansiedad clasificado por el Manual de Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-5).

No es una fobia tan aislada en la actualidad. Según un estudio de la Fundación CEA (Club Europeo de Automovilistas), afecta a más del 28% de los conductores.

Este problema desata graves problemas en la vida cotidiana de quienes lo sufren. Solo el hecho de subirse a un vehículo o desplazarse en él podría provocar que las personas que padecen esta fobia se imaginen varios escenarios catastróficos, que quizás nunca van a ocurrir, hasta el punto de interferir en lo que deben hacer durante el día.

– Cuáles son las causas de la amaxofobia

Son varias las causas que podrían detonar el terror a estar ante el volante. Según describe el sitio CinfaSalud, algunas de ellas son:

  • Haber sufrido un evento traumático vinculado al hecho de conducir, como un accidente de tránsito.
  • Falta de experiencia o preparación en la conducción.
  • Tener otros trastornos de ansiedad, como claustrofobia y agorafobia.

Elsa Costanzo, médica psiquiatra, dijo al sitio Infobae que quienes presentan más esta fobia son las mujeres, dado que los hombres no acuden a consulta por vergüenza.

“Ellas consultan con más frecuencia a los servicios de salud mental que los hombres, es por eso que las estadísticas también denotan esta diferencia”, afirmó la especialista.

Entre los síntomas físicos y psicológicos que suelen aparecer durante este problema está el dolor de estómago, sudoración, temblores, mareos, tensión muscular, insomnio, falta de apetito e incluso disminución en la autoestima.

– Cómo se enfrenta la amaxofobia

Tal como otras fobias, el terror a conducir un vehículo se puede tratar con la ayuda de un profesional de la salud mental.

Al asistir a terapia psicológica el paciente tendrá las herramientas necesarias para comprender en profundidad el origen de su miedo, identificar qué podría aumentar los síntomas y aprender a controlar sus emociones.

“Hay que hacer técnicas de afrontamiento, terapia cognitivo-conductual y terapia de exposición. Muchas veces los psicólogos hacen pruebas de ir con el paciente hasta el auto, dentro del auto, tomar el volante, salir a dar una vuelta, hasta que vayan manejando desde el afrontamiento”, plantea la doctora Constanzo.

Otra estrategia que puede ser de utilidad es tomar cursos de conducción destinados específicamente a personas que tengan amaxofobia. De esa manera, el paciente ganará paulatinamente la confianza para manejar de forma segura.

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Los dos desconocidos que salvaron la vida del otro sin saberlo


Marius (a la izquierda) con Nick.
Marius (a la izquierda) con Nick.

BBC News Mundo(S.Barbour/N.Wright) — La única esperanza de vida para el doctor Nick Embleton, aquejado de un raro tipo de cáncer de sangre, era un trasplante de médula ósea.

Al no encontrar un donante compatible en Reino Unido, la búsqueda se extendió por todo el mundo.

Y fue gracias a una donación que en su momento fue anónima que el médico británico pudo salvar su vida.

Lo que no supo entonces fue que al recibir esas células madre puede que también le haya salvado la vida a su donante, Marius Wener, un joven alemán que encontró un propósito para vivir en un momento que tenía pensamientos suicidas.

Dos años después, BBC News y la organización benéfica Anthony Nolan ayudaron a estos dos «hermanos de sangre» a encontrarse por primera vez.

«Podía morir»

Durante más de dos décadas, Nick ha trabajado en la unidad de cuidados intensivos neonatales de un hospital en Newcastle, en el noreste de Inglaterra, ayudando a salvar a miles de bebés recién llegados a este mundo. Pero en 2021, fue él quien necesitó un doctor.

Nick contó que «no tenía idea de lo que estaba a punto de ocurrir» cuando caminaba por los pasillos del hospital. Aunque reconoce que «era plenamente consciente de que podía morir, así que escribí mi testamento».

Marius al momento de dar su donación.
Marius al momento de dar su donación que resultó determinante para salvar una vida.

Uno de los momentos más difíciles fue cuando tuvo que darle la noticia «a mi mujer y a mis hijos».

«Me sentí más triste por mis hijos: no quería que crecieran el resto de sus vidas sin su padre», dijo.

El trasplante sustituye las células sanguíneas dañadas por otras sanas, pero el organismo las rechaza automáticamente a menos que sean compatibles.

Charlotte Hughes, de la organización benéfica Anthony Nolan, explica: «Buscamos primero en el registro de Reino Unido y esperamos encontrar un donante compatible aquí.

«Si no lo conseguimos, Anthony Nolan busca en todo el mundo», agrega.

«Una compatibilidad puede venir de cualquier parte».

– «Muy abrumado»

Debido a normas de confidencialidad y de protocolo, tanto el paciente como el donante deben permanecer en el anonimato hasta que se sepa que el trasplante funcionó. Al cabo de dos años y ya consciente de que que había funcionado, Nick contactó a la BBC para tratar de localizar a su donante.

Fue cuando se pusieron en contacto con Anthony Nolan para que se sumara a la búsqueda. Juntos lograron identificar a Marius, de 24 años, en la localidad de Chemniz, cerca de Dresden, quien se había inscrito en el registro de donantes hacia el final de su adolescencia.

Marius aceptó volar a Reino Unido para reunirse con Nick en el centro de apoyo contra el cáncer Maggie de Newcastle, en el hospital Freeman, donde se llevó a cabo el trasplante. Al verse los dos hombres se abrazaron.

«Estoy abrumado, estoy temblando», dijo Marius.

– «De nada»

Nick contó que las «células cancerígenas han desaparecido» y le dijo a Marius que cuando le analizan la sangre, «todas esas células cancerígenas te pertenecen». «Estaría muerto si no fuera por ti», le agradeció.

«Tengo cuatro hijos, no tendrían un padre. Gracias». Sin palabras, Marius sólo alcanzó a decir muy emocionado: «De nada».

Nick no pudo contener las lágrimas que corrieron por su rostro, volviéndole a susurrar: «Muchas gracias».

– Problemas mentales

Marius recuerda cuando se enteró que el trasplante había funcionado y que el paciente había sobrevivido. «Después de esa información lo único que se me salieron fueron las lágrimas», reconoce.

«Iba de camino a mi trabajo y tuve que estacionar el auto, salir y tomar aire fresco. Se me saltaton las lágrimas». Marius también reveló que antes había intentado suicidarse y cómo, en cierto modo, Nick también le había salvado.

«He luchado toda mi vida desde los 13 años con problemas mentales», contó. «Me ha costado encontrar mi camino y mi sentido en la vida».

«Ahora puedo decir: ‘Hice algo bien'», dijo con alivio y orgullo. Y con la misma sangre corriendo por sus venas, los dos desconocidos planean ahora seguir en contacto como «hermanos de sangre».

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¿Deben mandar los más inteligentes? …


The Conversation(S.I. de Onzoño) — Existe el cliché de que la filosofía, etimológicamente “amor por la sabiduría”, es dominio exclusivo de los profesionales aburridos, pero una mirada más cercana a las vidas de algunos de los grandes pensadores sugiere lo contrario.

Tomemos como ejemplo La República de Platón.

Una tarde de verano, Sócrates y su alumno Glaucón caminaban desde el puerto del Pireo de regreso a Atenas, una distancia de seis millas (unos nueve kilómetros).

Mientras paseaban, disfrutando del buen tiempo y de una agradable conversación, se encontraron con un grupo de amigos que insistieron en que se quedaran para asistir a las celebraciones vespertinas: en el cartel figuraban carreras de caballos, además de bebida y comida. Sócrates y Glaucón aceptaron la invitación, y antes de participar en estos eventos, inician una conversación que resulta decisiva para la filosofía.

Es fácil imaginárselos después de su erudito intercambio, sentados ante una buena cena y abundante vino griego.

– El rey filósofo

Una de las propuestas formuladas en su conversación es la del rey filósofo, cuyo principio es que sólo se debe permitir gobernar a los más sabios entre los sabios, porque comprenden el significado de la buena vida y saben lo que necesita la ciudadanía. Cuando uno de los comensales pregunta a Sócrates si esto sería factible en realidad, responde que sólo si los filósofos se convirtieran en reyes, o si los reyes adquirieran la capacidad de filosofar.

Platón escribió La República en una etapa avanzada de su vida, cuando la experiencia le había desengañado de cualquier ilusión sobre la naturaleza humana; después de todo, había experimentado el derrocamiento de la democracia ateniense y el régimen de los Treinta Tiranos. Cuando la democracia se reinstauró años más tarde, Sócrates, su maestro, fue condenado a muerte por “impiedad”.

Platón tenía más experiencias negativas: fue llamado por el dictador Dionisio de Siracusa, quien no sólo ignoró sus consejos, sino que lo retuvo contra su voluntad en la ciudad siciliana durante varios años.

– Meritocracia de la inteligencia

La tesis de Platón sobre los reyes filósofos es aún hoy es defendida por algunas personas en otros ámbitos: algunos colegas creen que el reconocimiento en el mundo académico debería basarse únicamente en lo que podríamos llamar la “meritocracia de la inteligencia”, en contraposición a las ventajas adquiridas por la riqueza, el nacimiento u otros aspectos relacionados con la suerte moral.

Discrepo de este argumento por tres razones. En primer lugar, algunos pensadores ven una relación entre la capacidad intelectual y la suerte moral, ya que nacer en un entorno próspero proporciona mejor acceso a la educación y a los medios para desarrollarse. En segundo lugar, lo encuentro arrogante y próximo al elitismo intelectual y planteamientos de exclusividad. En tercer lugar, porque hay muchos tipos de inteligencia y ésta es posiblemente el área más interesante a explorar.

– Las inteligencias múltiples

Entre los académicos que han cuestionado los enfoques tradicionales para evaluar la inteligencia en las últimas décadas se encuentra Howard Gardner de la Universidad de Harvard, cuya teoría de las inteligencias múltiples critica las medidas tradicionales de inteligencia, como las pruebas de coeficiente intelectual, que no miden las capacidades cognitivas e interpersonales, la base de aprendizaje y desarrollo personal, y posiblemente de éxito profesional.

Gardner sostiene que existen al menos nueve formas de inteligencia: espacial; lingüístico; lógico-matemático; corporal-kinestésico; musical; interpersonales; intrapersonal; naturalista; y existencial.

Los sistemas educativos tradicionales y las medidas del coeficiente intelectual han tendido a centrarse en la inteligencia lingüística y lógico-matemática. Esta puede ser la razón por la que tantos artistas y pensadores innovadores provienen de entornos no académicos, y por qué algunas personas exitosas tienden a no prestar mucha atención a la educación formal. Por ejemplo, algunos de los empresarios más importantes de nuestro tiempo, como Steve Jobs o Bill Gates, abandonaron la universidad.

Otros académicos han contribuido a la teoría de la inteligencia emocional, en particular Daniel Goleman en su libro homónimo que sigue siendo uno de los libros de gestión más populares de todos los tiempos. Para Goleman, no nacemos con inteligencia emocional; la desarrollamos y aplicamos mediante prácticas repetidas, como la autoconciencia, las habilidades interpersonales o la gestión de las relaciones (networking), todas ellas claves para la gestión.

– Genética y entorno

Posiblemente haya conocido a personas con un alto nivel educativo que carecen de la inteligencia emocional necesaria para ser líderes. De manera similar, no faltan mujeres y hombres exitosos en todas las esferas de actividad con un coeficiente intelectual promedio, que han aprendido a desarrollar su inteligencia emocional y han llegado a la cima.

Es más, sabemos por investigaciones recientes que, a pesar de la insistencia anterior en que la inteligencia, medida mediante pruebas de coeficiente intelectual, es el resultado de la genética, según Richard E. Nisbett, “ahora está claro que la inteligencia es modificable por el entorno… los entornos educativos han ido cambiando de tal manera que han hecho que la población en su conjunto sea más inteligente, y de manera diferente que en el pasado”.

Además, sabemos por experiencia que las aportaciones de los profesores y la interacción con los estudiantes son clave para el desarrollo de las distintas formas de inteligencia.

– Ampliar nuestra inteligencia

Conforme crecemos, hay múltiples formas de ampliar nuestra inteligencia. Mi experiencia en IE University es que personas con una amplia experiencia han desarrollado sus habilidades interpersonales, su capacidad para liderar o afrontar problemas complejos. Dicho esto, desarrollar este tipo de inteligencia entre altos ejecutivos y directores requiere cierta humildad, junto con apertura y voluntad de aprender cosas nuevas.

En resumen, si podemos encontrar formas de evaluar el talento basándose en otras formas de inteligencia, ampliaremos enormemente el grupo de solicitantes potenciales para las escuelas de negocios e identificaremos a los candidatos adecuados.

También necesitamos desarrollar nuevos enfoques de enseñanza que desarrollen las habilidades empresariales y de innovación de los estudiantes de administración al mismo tiempo que sus habilidades de relación y liderazgo, una tarea que requerirá trabajar en estrecha colaboración con pedagogos y psicólogos, y cambiará la educación en administración. Volviendo a Platón, soy un firme defensor de incluir las Humanidades en los cursos de las escuelas de negocios.

– Perfil ideal de líder

Hace unos treinta años, el Financial Times publicó el siguiente anuncio de trabajo ficticio, en relación con la búsqueda del CEO para IBM:

“Ejecutivo dispuesto a asumir el puesto de gestión más desafiante del mundo.

Debe ser un líder natural, capaz de hacer decisiones difíciles, elevar la moral de 300 000 empleados y ganarse la confianza de millones de accionistas y clientes en todo el mundo.

El conocimiento del ‘lenguaje informático’ es útil. Salario alto y negociable. Los beneficios incluyen el reconocimiento instantáneo en todo el mundo. Por favor, absténgase los consultores”.

Todavía utilizo el texto en mi curso sobre gestión estratégica para ilustrar el perfil ideal del director ejecutivo de una corporación internacional. Ganarse la confianza de millones de accionistas y dirigir una corporación global que vale más que el PIB algunos países requiere las habilidades de un líder mundial.

De manera similar, Umberto Eco escribió un artículo titulado: “El primer deber de los intelectuales: guardar silencio cuando no sirven”, en el que sostenía que los intelectuales no tienen un papel específico que desempeñar, al menos a corto plazo.

“Decir que son útiles a largo plazo significa que funcionan antes y después de eventos reales, pero nunca protagonizan esos eventos: un economista o un geógrafo podrían haber advertido sobre la transformación del transporte terrestre cuando apareció la máquina de vapor y podrían analizar los futuros pros y contras de esa transformación, o desarrollar un estudio cien años después para mostrar cómo ese invento revolucionó nuestras vidas. Sin embargo, cuando las empresas de diligencias quebraban y las primeras máquinas de vapor tomaban la delantera, (los intelectuales) no tenían nada que aportar o, al menos, mucho menos que un maquinista. Preguntar cualquier otra cosa a los intelectuales es como reprochar a Platón no haber encontrado un remedio para la gastritis (…) Lo único significativo que puede hacer un intelectual cuando su casa está en llamas es llamar a los bomberos”.

Eco satirizaba sobre la propuesta de Platón de que sólo los filósofos están preparados para gobernar.

No comparto el enfoque de Platón ni el de Eco. Más bien, creo que los intelectuales y académicos pueden mejorar la sociedad, y la historia puede proporcionarnos numerosos ejemplos. Sin embargo, los comentarios mordaces de Eco todavía son utilizados por críticos que acusan a los académicos de mirarse el ombligo, muy alejado del mundo real.

Y si Platón fuera hoy profesor en una escuela de negocios, nos podemos preguntar si habría tenido algo que decir sobre la gestión de empresas. Estoy seguro de que su consejo habría sido útil.

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“Cómo dejar de preocuparte”: una guía para aprender a afrontar la muerte, la pérdida y el dolor …


Infobae(R.Salome) — “Todos buscamos respuestas a las grandes preguntas: ¿Cómo ser buena persona? ¿Cómo encontrar la calma? ¿Cómo vencer el FOMO? ¿Cómo descubrir lo que realmente importa?”, escribe la periodista estadounidense Brigid Delaney en su nuevo libro, Cómo dejar de preocuparte.

Para buscar respuestas a todos estos interrogantes de hoy en día, la escritora y activista viajó al pasado y las encontró en el estoicismo, la escuela filosófica fundada por Zenón de Citio en Atenas a principios del siglo III a. C.

Editado por Paidós, Cómo dejar de preocuparte transporta al lector a épocas lejanas pero, sin embargo, no tan distintas de la nuestra, épocas marcadas por el caos, las guerras, las plagas y hasta lo que hoy conocemos como “ecoansiedad”. A través de las lecciones de EpictetoSéneca Marco Aurelio, Delaney nos muestra cómo aplicar estos principios ancestrales en nuestro día a día para recuperar el control y la serenidad.

El estoicismo, aunque eficiente, puede resultar un remedio difícil de tragar. Para eso, este es un libro de lectura fácil al que le sobra perspicacia, humor y compasión. ¿Es posible retomar las riendas de nuestras vidas? ¿Qué podemos aprender de los sabios de ayer para los problemas de hoy (y de mañana)? Cómo dejar de preocuparte es una guía para aprender a “ser estoico en tiempos caóticos” y, de una vez por todas, dejar esas pesadas preocupaciones atrás.

– “Cómo dejar de preocuparte” (fragmento)

. Cuestiones esenciales

El estoicismo es, ante todo, una filosofía práctica. Es extraordinariamente útil en casi todas las situaciones: desde perder un vuelo o que alguien se te cruce mientras estás conduciendo hasta recibir un diagnóstico médico aterrador o que te deje tu pareja.

El estoicismo tiene algo que decir sobre nuestras relaciones con todo tipo de personas: desde nuestros íntimos más cercanos hasta nuestros peores enemigos. También aborda nuestra relación con la naturaleza y el cosmos.

Además, el estoicismo proporciona herramientas para afrontar la propia vida interior. ¿Cómo lidiar con las tormentas, la oscuridad, los deseos y las decepciones que nos acechan a todos? ¿Cómo afrontar la pérdida y el dolor? ¿Cómo vivir con nosotros mismos cuando hemos actuado mal y luchamos con nuestros propios fracasos y defectos? ¿Cómo amar la vida que tenemos y a las personas de las que nos hemos rodeado?

El estoicismo lo cubre todo. Pero, primero, empecemos por el final.

. Cómo… ser mortal

Tus días están contados.

Aprovéchalos para abrir las ventanas de tu alma al sol.

Si no lo haces, el sol se pondrá pronto, y tú con él. (Marco Aurelio)

La gente es frugal en el cuidado de sus bienes personales; pero en cuanto se trata de malgastar el tiempo, son los más derrochadores de la única cosa en la que es correcto ser tacaño. (Séneca)

Tenía veintinueve años la primera vez que me golpeó intensamente la inexorabilidad de mi propia muerte (también me había golpeado intensamente la cabeza).

Estaba en la parte trasera de una ambulancia, cubierta de sangre, una extraña en una ciudad extraña, y me dirigía a un hospital que no conocía, sola, con un desenlace incierto y un gran corte en la cabeza.

Había sufrido una herida en la cabeza después de que me robaran la cartera en las callejuelas del barrio portuario de Barcelona, cuando volvía de una discoteca hacia las cinco de la mañana.

Tontamente, perseguí al atracador, y casi lo alcanzo, cuando me empujó y me estrellé contra una pared con salientes puntiagudos (¿era una obra de Gaudí? Parecía una obra de Gaudí). Mi cráneo se llevó la peor parte y se abrió por encima de mi sien derecha.

Tuve una serie de momentos de ensoñación a media luz: el amanecer; en la ambulancia y corriendo por La Rambla aturdida; los juerguistas volviendo a casa, tambaleándose por las calles y desplomados en los bancos; y los vendedores de los puestos de periódicos y de flores, llenos de energía, preparándose para el día siguiente.

¿Y qué más? Una lluvia suave en el parabrisas, una mancha de color, el Barrio Gótico, la plaza de Cataluña, una fuente, doblar una esquina, las calles ensanchándose, todo gris y dorado y hermoso. Estaba llena de amor. Estaba como desconectada.

Pensaba que probablemente moriría, a pesar de que me quedaban muchas cosas por hacer en mi vida y de que, en cierto modo, se podría decir que seguía siendo joven. Sin embargo, la certeza de que podría morir no me preocupaba en absoluto: me sentía curiosamente relajada. Entendí que no era nada personal. 

Estaba bien morir en aquel momento. Había tenido una buena carrera, tenía veintinueve años, casi treinta, no lo había hecho todo, pero había hecho lo suficiente…

Al final no morí. Tuve suerte. En lugar de eso, acabé con un montón de puntos (y más tarde, y aún hoy, una cicatriz) y niveles elevados de ansiedad. Doblar esquinas en calles desconocidas, los lugares oscuros entre las luces de las farolas, pasos acelerados detrás de mí por la noche… estas cosas me asustaron durante un tiempo hasta que, en algún punto apenas perceptible, lo superé.

Al cabo de un mes más o menos dejé de pensar en el asalto en sí y empecé a interrogarme sobre la reacción que tuve en la parte trasera de aquella ambulancia. ¿Por qué estaba tan relajada ante la idea de morir? ¿Me sentiría igual ahora que soy mayor? Solo había una forma de saberlo, y no quería volver a acercarme tanto al límite solo para satisfacer una curiosidad intelectual.

Pero sabía que, desde luego, no me sentía relajada ni desconectada cuando morían personas cercanas a mí.

Unos años después de aquella época en Barcelona, una vieja amiga murió por una sobredosis accidental. Fue un choque. Que se alejara del mundo de una forma tan repentina y arbitraria nos causó mucho dolor a mí y a sus seres queridos. Pero más que eso, sentimos rabia. Morir joven parecía algo terriblemente injusto.

Se había alterado el orden natural de las cosas; se había roto un contrato implícito. Tomas una droga, pero siempre te despiertas…, ¿no?

La muerte de mi amiga me afectó mucho más profundamente que mi propio atisbo de la mortalidad.

Originó los primeros indicios de que el universo no es una entidad benévola, no es un hogar para siempre, sino, más bien, un videojuego en el que los jugadores son eliminados sumariamente y la partida continúa.

O un juego de ajedrez en el que las piezas que te rodean se capturan y se capturan y se capturan y se capturan hasta que te llega el turno de ser eliminado…

O el universo mismo no es redondo, sino plano, y alguien puede acercarse demasiado al borde y caerse, deslizarse, sin que puedas atraparlo (¡ni siquiera lo viste caer!), ni traerlo de vuelta. ¡Y eso es algo permanente! Ella se había ido para siempre.

En su entierro, que se hizo por el rito católico, el sacerdote de la familia dijo que nos volveríamos a ver en el cielo, pero yo ya no lo creía. La duda y el consuelo estaban juntos, aquella noche, en el pub. Bebí demasiado y la rabia se desbordó, y el único lugar para descargarla en la calle fue un cubo de basura cercano.

Furiosa, empecé a dar patadas a ese cubo de metal con mis zapatos de tacón alto, con lo que se creó un impacto casi satisfactorio, mientras le gritaba «jódete» una y otra vez, hasta que dos mujeres policías aparecieron de la nada y me dijeron que parara.

«Ha bebido demasiado chardonnay», me dijo una de ellas, lo que me pareció a la vez condenatorio y extrañamente específico. ¿Chardonnay? Mi dolor, que me parecía grande, único, terrible, formal y shakespeariano, fue visto por personas ajenas como los desvaríos de una mujer que había bebido demasiado vino.

En ambos casos —cuando me asaltaron y cuando murió mi amiga—, mi reacción a la mortalidad fue instintiva, profundamente primaria y no estuvo adulterada por nada ajeno a mí. Mis reacciones no fueron templadas, medidas ni filtradas por la racionalidad, la religión o la filosofía. Me salieron de las entrañas y las sentía antiguas y universales. ¿Cómo puede la gente soportar esto, ver la muerte de cerca una y otra vez?

nuestras charlas nocturnas.


«Explotados como esclavos»: las deplorables condiciones a las que son sometidos los trabajadores de Corea del Norte en China …


Trabajadores en una fábrica de cables eléctricos en Corea del Norte
Trabajadores en una fábrica de cables eléctricos en Corea del Norte.

BBC News Mundo(J.Mackenzie) — Recientemente, se informó que trabajadores norcoreanos en China se amotinaron después de descubrir que no recibirían una paga por su trabajo y que sus salarios, en cambio, habían sido utilizados para fabricar armas para Pyongyang.

Los casos de protestas de norcoreanos son prácticamente inauditos, ya que el Estado ejerce un control casi total sobre sus ciudadanos y la disidencia pública puede resultar en ejecución.

Los disturbios reportados -aunque no confirmados- han generado preocupación por el bienestar de decenas de miles de ciudadanos de Corea del Norte que trabajan en el extranjero, ganando dinero para un régimen que necesita desesperadamente efectivo.

La BBC conversó con un extrabajador norcoreano en China que afirmó que a quienes trabajaban en algunas empresas de bajo rendimiento les retenían los salarios.

También hemos visto correspondencia de alguien que afirma ser un trabajador actual de informática que alega que están siendo «explotados como esclavos».

– Revuelta

Las revueltas estallaron en varias fábricas de ropa administradas por Corea del Norte en el noreste de China el 11 de enero, según un exdiplomático norcoreano con fuentes en la región, quien dio la noticia a los medios el mes pasado.

Ko Young Hwan, quien desertó a Corea del Sur en la década de 1990, le dijo a la BBC que escuchó cómo se rebelaron los trabajadores cuando se enteraron de que años de salarios no pagados habían sido transferidos a un fondo de preparación de guerra en Pyongyang.

«Se pusieron violentos y empezaron a romper máquinas de coser y utensilios de cocina», afirmó Ko. «Algunos incluso encerraron a los funcionarios norcoreanos en una habitación y los agredieron».

La BBC no pudo verificar el relato de Ko sobre estas protestas, ya que no hay información verificable de forma independiente disponible.

No solo impera un alto secretismo en Corea del Norte, sino que sus fábricas en China están estrechamente vigiladas.

Diseñador de calzado en Corea del Norte.
Se estima que unos 100.000 norcoreanos son enviados al extranjero para trabajar.

Se estima que unos 100.000 norcoreanos son enviados al extranjero, la mayoría a fábricas y sitios de construcción en el noreste de China que son operados por el gobierno de Corea del Norte, y en los que ganan valiosas divisas para el régimen afectado por las sanciones.

Se calcula que ganaron US$740 millones entre 2017 y 2023 para Pyongyang. La mayor parte de sus ingresos se transfieren directamente al Estado.

Pero Ko cree que, durante la pandemia, a los trabajadores textiles de las fábricas ahora en huelga se les retuvieron sus salarios por completo y se les dijo que les pagarían a su regreso a Corea del Norte.

Normalmente, los trabajadores pasan tres años en el extranjero, pero los estrictos cierres fronterizos de Corea del Norte por la covid hicieron que algunos quedaran atrapados fuera del país hasta por siete años.

El descontento comenzó a gestarse el pasado otoño boreal, señala Ko, cuando Pyongyang relajó sus restricciones fronterizas y comenzó a permitir el regreso de la gente.

Algunos trabajadores estaban presionando para retornar a sus hogares para recuperar su dinero. Cuando descubrieron que no lo recibirían, estallaron, dijo.

Aeropuerto en Wuhan, China
Por el cierre de las fronteras, muchos trabajadores norcoreanos quedaron atrapados fuera del país por hasta 7 años.

Cho Han-beom, investigador principal del Instituto Coreano para la Unificación Nacional (KINU, por sus siglas en inglés), financiado por el gobierno de Corea del Sur, compartió una versión similar de los acontecimientos, también citando fuentes en China.

Él cree que hasta 2.500 trabajadores de 15 fábricas en la provincia de Jilin participaron en la disputa, lo que haría de esta la mayor protesta conocida en la historia de Corea del Norte.

Si bien las protestas no pueden confirmarse de forma independiente, sabemos que hay decenas de miles de trabajadores norcoreanos en el extranjero que han sido excluidos del país y a quienes se les ha retenido al menos parte de sus ganancias.

«Muchos de estos trabajadores estarán psicológica y físicamente agotados después de trabajar en el extranjero durante tanto tiempo sin cobrar, y querrán volver a casa», señaló Cho.

– «Condiciones favorables»

La BBC habló con un norcoreano que trabajó en China entre 2017 y 2021, quien arrojó más luz sobre la situación de los empleados en el extranjero.

«Jung», a quien no nombraremos por razones de seguridad, dijo que él era uno de los mejores empleados en una de las empresas más lucrativas. Esto significó que disfrutaba de lo que llamó «condiciones favorables».

Aun así, Jung dijo que había recibido sólo el 15% de sus ganancias totales, mientras que el resto iba a parar a sus directivos y a proyectos estatales, algo que le frustraba mucho.

Si bien a Jung le pagaban mensualmente, afirma que a los empleados de empresas con bajo rendimiento se les retenían cada vez más sus salarios.

«Algunas personas no tuvieron calefacción en sus alojamientos durante los duros meses de invierno y no podían salir de sus viviendas en absoluto, ni siquiera para comprar lo necesario», dice.

A Jung se le permitió hacer un viaje a la semana, acompañado de otras personas, pero durante la pandemia de covid, incluso esta pequeña libertad fue eliminada, cuenta, y no se le permitió abandonar su lugar de trabajo durante un año.

Trabajadores en una fábrica de Corea del Norte.
Los empleos en el extranjero son muy competitivos entre los norcoreanos porque pagan mejor.

A pesar de las restricciones, los empleos en el extranjero son muy competitivos entre los norcoreanos porque pueden pagar más de 10 veces lo que uno podría ganar dentro del país.

Aquellos que presentan la solicitud son examinados minuciosamente para comprobar que no hay antecedentes de delitos o deserciones en sus familias.

Los trabajadores elegidos deben entonces dejar atrás a sus familias para disuadirlos de escapar.

– Entre 12 y 14 horas por día

La BBC vio un correo electrónico de alguien que dice ser norcoreano y que actualmente trabaja en China, que señala que el nivel de control ejercido sobre los trabajadores ha aumentado en los últimos cuatro años.

El hombre, que dice ser un trabajador de informática en el noreste de China, envió correos electrónicos a Ko durante más de un año y lo contactó nuevamente la semana pasada después de enterarse de las protestas, cuenta Ko.

Ko nos dijo que confirmó la identidad del hombre, aunque la BBC no puede verificar de forma independiente quién es, o su cuenta, debido al nivel de anonimato requerido para protegerlo.

«El Estado norcoreano explota a los trabajadores informáticos como esclavos, haciéndonos trabajar seis días a la semana, de 12 a 14 horas al día«, escribió el programador informático.

El personal trabaja toda la noche para clientes radicados en Estados Unidos y Europa, agregó, lo que está provocando una falta crónica de sueño y muchas enfermedades.

Camareras en China
Camareras norcoreanas en un restaurante en China.

Cuando llegó por primera vez, le pagaban entre el 15 y el 20% de sus ingresos mensuales, pero en 2020 afirmó que sus pagos cesaron.

Luego llegó una orden de las autoridades de Pyongyang, explica, ordenando a los funcionarios que encerraran con candado a los trabajadores en su campamento por la noche para evitar que escaparan.

El hombre detalló en su correo electrónico cómo se presiona a los gerentes para que avergüencen públicamente al personal con bajo desempeño, abofeteándolos frente a todos y luego golpeándolos hasta sangrar.

Mientras, los mejores son recompensados con un viaje a un restaurante norcoreano, donde pueden elegir a una de las camareras para pasar la noche, dijo. El mejor empleado del mes elige primero.

El hombre acusó a los gerentes de «aprovecharse de los impulsos sexuales de los hombres jóvenes, para hacerlos competir y ganar más dinero».

El extrabajador extranjero Jung afirmó que estas salidas también tuvieron lugar en su empresa y agregó que se habían vuelto más frecuentes durante el período de covid, «ya que los trabajadores estaban atrapados sin poder salir y extremadamente estresados».

Los hombres se quedaban hasta tarde en el restaurante y las mujeres eran recompensadas, explicó.

Fábrica vacía en China
Una fábrica de ropa vacía en el noreste de China en 2018: los norcoreanos que trabajaban aquí regresaron a su casa después de que las sanciones de la ONU entraran en vigor.

Hanna Song, directora ejecutiva del Centro de Bases de Datos para los Derechos Humanos de Corea del Norte (NKDB), dijo que normalmente los trabajadores en el extranjero soportan condiciones duras y una vigilancia estricta porque pueden regresar a casa con una pequeña cantidad de dinero en efectivo.

«Muchos de ellos se sintieron abandonados cuando el gobierno cerró las fronteras durante la covid», dijo.

Song también confirmó que había oído hablar de casos de retenciones de salarios, incluso antes de la pandemia.

A pesar de las aparentes frustraciones entre los trabajadores, Pyongyang parece reacio a traerlos a casa.

En 2017, el Consejo de Seguridad de la ONU prohibió a Corea del Norte enviar trabajadores al extranjero y ordenó a todos los países que los repatriaran antes de finales de 2019.

Se cree que China no estaría dispuesta a violar abiertamente estas sanciones aceptando un nuevo grupo de trabajadores.

Esto deja a Corea del Norte con un problema complejo: resolver cómo gestionar posibles disturbios mientras impide que sus trabajadores regresen.

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Esta psicóloga lideró un gigantesco estudio sobre pornografía: estos son los preocupantes resultados …


Beáta Bőthe

Un importante estudio internacional dirigido por una psicóloga canadiense arroja luz sobre un fenómeno oculto: cómo el Uso Problemático de la Pornografía UPP) afecta a personas en diferentes partes del mundo, según su género y orientación sexual.

Este estudio, cuyos resultados se publican en la revista Addiction, destaca porque, entre 82.000 personas encuestadas en 42 países, se centra en grupos a menudo ignorados en el pasado, en particular las mujeres y personas de diversos géneros.

En sus hallazgos, basados en gran medida en encuestas y cuestionarios, Beáta Bőthe, profesora asistente de psicología en la Universidad de Montreal, y sus colegas se centran en lo que los expertos llaman Uso Problemático de la Pornografía, es decir, no poder controlar su uso.

Este mal uso puede tener graves repercusiones, como la pérdida del trabajo o fuertes sentimientos de angustia. Sin embargo, según el estudio, es importante señalar que sentirse culpable por consumir pornografía no significa necesariamente que su uso sea problemático.

“Mucha gente ve pornografía”, dice Beáta Bőthe, cuyo equipo incluía a 79 miembros del consorcio International Sex Survey en Estados Unidos, China, Europa y otras partes del mundo.

“En América del Norte, Europa y Australia, entre el 70 y el 94% de los adultos han consumido pornografía en algún momento de sus vidas”, afirma la investigadora. Anteriormente, sabíamos que los hombres a menudo podían tener un uso problemático de la pornografía, pero teníamos poca información sobre cómo las mujeres y las personas de género diverso se veían afectadas o cómo este problema afectaba a los individuos en general según su orientación sexual.

Este es uno de los primeros estudios sobre la pornografía que incluye una amplia gama de personas y tiene en cuenta diferentes géneros y orientaciones sexuales. Al profundizar en los datos, Beáta Bőthe y sus coinvestigadores utilizaron herramientas analíticas especiales diseñadas para medir la gravedad del problema de estas personas con el uso de pornografía.

Descubrieron que poco más del 3% de ellos pueden tener un problema real con su consumo de pornografía. Los hombres parecen tener más problemas que las mujeres, pero el estudio no encontró grandes diferencias dependiendo de si las personas eran heterosexuales, homosexuales o bisexuales o si reportaban otras orientaciones sexuales. Además, pocas personas que puedan tener un uso problemático de la pornografía buscan ayuda.

“Nuestra investigación muestra que el Uso Problemático de la Pornografía puede ser más común de lo que pensamos y que afecta a una amplia gama de personas”, afirma Beáta Bőthe. Destaca el hecho de que, aunque muchas personas luchan con este problema, pocas buscan ayuda. Esto es importante porque indica que todavía queda trabajo por hacer para comprender y apoyar a las personas afectadas por este problema”.

Muchas formas de consumir pornografía

En Internet hay todo tipo de contenidos sexualmente explícitos, la mayoría de ellos de libre acceso:

  • Vídeos y películas. Podría decirse que estas son las formas más comunes de pornografía, donde diferentes tipos de actividad sexual son objeto de grabaciones de aficionados o producciones profesionales.

  • Imágenes y fotografías. Se trata de imágenes fijas, como fotografías u obras de arte creadas digitalmente, que representan desnudez o actos sexuales.

  • Cuentos y literatura erótica. Estos escritos describen escenarios y fantasías sexuales y se encuentran en sitios web y foros en línea.

  • Transmisiones en vivo por cámara web. Es la retransmisión en directo de actos sexuales o representaciones eróticas de individuos o grupos, que muchas veces permite al usuario interactuar con los protagonistas.

  • Realidad virtual y contenidos interactivos. Actualmente se utilizan tecnologías avanzadas para crear experiencias pornográficas inmersivas e interactivas, a menudo utilizando cascos de realidad virtual.

  • Salas de chat y foros. Estas plataformas facilitan conversaciones e intercambios sexualmente explícitos y, en ocasiones, permiten compartir contenido sexual personal.

  • Contenido animado y hentai . Se trata de pornografía animada, a menudo con escenarios fantásticos o exagerados. Parte de esto es un subgénero conocido como hentai, que es una forma de pornografía japonesa que mezcla anime y manga.

“No hemos estudiado el tipo de pornografía que ve la gente y, por tanto, no sabemos si el material visto corresponde a la orientación sexual de la persona”, subraya Beáta Bőthe. Pero podemos decir que no hay diferencia en el uso problemático de la pornografía entre personas con diversidad de género y que los hombres reportan un consumo excesivo de pornografía con más frecuencia que las mujeres o las personas con diversidad de género”.

En algunas culturas, aunque se consume ampliamente, la pornografía todavía se considera tabú, lo que puede provocar que las mujeres la rechacen más que los hombres, añade.

Los jóvenes, especialmente aquellos que crecieron con fácil acceso a Internet, generalmente consumen más pornografía en línea que las generaciones que no tuvieron ese acceso durante sus años de formación. Y aunque la mayoría de las personas utilizan la pornografía para obtener satisfacción sexual, otras lo hacen por curiosidad, con fines educativos o para explorar su sexualidad.

Las personas transgénero o no binarias pueden tener preferencias particulares que difieren de las de las personas cisgénero, señala el estudio. Para estas personas, la forma en que consumen pornografía puede verse influenciada por factores como la búsqueda de representación o la exploración de género e identidad sexual.

“Y aunque las personas de minorías sexuales ven pornografía con más frecuencia que sus pares heterosexuales -porque puede ser más difícil para ellos encontrar parejas románticas o sexuales o porque usan la pornografía para aprender a conocer su sexualidad- no reportan más problemas relacionados al consumo de pornografía que sus pares heterosexuales”, observa Beáta Bőthe.

En general, concluye, “es importante reconocer que estos patrones están influenciados por una compleja interacción de factores personales, sociales y culturales y que pueden variar considerablemente dentro de los grupos. Y la percepción y las repercusiones del consumo de pornografía pueden variar considerablemente entre los individuos de estos grupos.

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Si quieres apoyar a alguien que está alterado, pregúntale esto …


a photo collage; on the left is part of a woman's mouth open and her nose; the number one is typewritten above it; an ear is in the middle; the number three is typewritten below it; two hands are in the lower right; one over the other; the number three is typewritten above it; the background is tan and there is a strip of light blue paper collaged on the right side

The New York Times(J.Dunn) — El pasado mes de septiembre recibí una llamada de mi hermana Heather, profesora de educación especial en una escuela primaria del norte del estado de Nueva York.

Heather había tenido una semana difícil.

Sus alumnos se estaban adaptando a un nuevo año escolar, pero algunos de ellos se habían inquietado en clase.

“¿Qué se hace cuando un niño está emocionalmente desbordado?”, le pregunté. Muchos profesores de su escuela, me dijo, hacen una pregunta muy sencilla a los alumnos: ¿Quieres que te ayuden, que te escuchen o que te abracen?

Las opciones dan a los niños una sensación de control, lo cual es importante cuando pasan todo el día siguiendo las normas escolares, dijo Heather. “Y todos los niños manejan sus emociones de forma diferente”, explicó. “Algunos necesitan una caja de pañuelos, o quieren hablar de algún problema en el transporte, y yo me limito a escucharles”.

Se me ocurrió que esta pregunta podría ser igual de eficaz para los adultos.

A lo largo de nuestro matrimonio, si le contaba a mi marido Tom de algún problema que tenía, él empezaba a lanzar soluciones antes de que yo terminara de hablar. Sus intenciones eran buenas, pero sus sugerencias me ponían de peor humor. A veces solo tenía ganas de un abrazo en silencio.

Ahora, cuando uno de los dos está disgustado por algo (si soy sincera, suelo ser yo), el otro le plantea esa pregunta. En los últimos meses, esa estrategia ha cambiado mucho las cosas. Aclara las necesidades. Disminuye la intensidad de las emociones. Nos ayuda a actuar positivamente.

Cada opción —un abrazo, un consejo considerado pero solicitado o un oído empático— tiene el poder de consolar y calmar. Recibir un abrazo de tu pareja aumenta los niveles de oxitocina, la hormona del vínculo, y ayuda a reducir el estrés. Está demostrado que ser escuchado, lo que en inglés se conoce como “high-quality listening”, o la habilidad de escuchar con atención sin interrumpir, puede reducir la actitud defensiva durante las conversaciones difíciles e íntimas. Y algunos estudios sugieren que las parejas que se dan consejos de apoyo mutuo tienen una relación más satisfactoria.

Sin embargo, cada emoción requiere una respuesta distinta, según Elizabeth Easton, directora de psicoterapia del Pathlight Mood and Anxiety Center de Denver. “Así que una respuesta como el consuelo puede funcionar bien para la ansiedad, pero puede enfurecer aún más a quien está frustrado”, dijo.

El tipo de apoyo que tú prefieres puede ser incompatible con el de tu pareja, dijo Jada Jackson, consejera de salud mental en Dallas. “Cuando trabajo con parejas, les digo: ‘Escucha, no asumas que porque tú quieres un abrazo, o arreglar las cosas, tu pareja va a querer lo mismo’”.

Incluso en su propio matrimonio, comentó Jackson, “le digo a mi marido: ‘No intentes siempre solucionarlo’. A veces solo quiero desahogarme”.

Quienes prefieren solucionar problemas podrían tratar de reparar las cosas para su propia satisfacción, agregó, “no necesariamente porque quieran que la otra persona se sienta mejor”. (Un estudio de 2018 publicado en la revista académica Personality and Social Psychology Bulletin descubrió que dar consejos puede aumentar la “sensación de poder” de quien los brinda). Y las recomendaciones no solicitadas pueden agregar otra capa de tensión, dijo Jackson.

Según Frank Castro, psicólogo clínico de Nueva York y California, es posible que quien esté alterado ya conozca las soluciones, “pero tal vez solo quiera experimentar ese sentimiento de frustración o decepción antes de pasar a la resolución de problemas”.

O puede que te acerques para darle un abrazo tranquilizador, “pero tu pareja es como un cactus espinoso”, dijo Castro, y no está de humor para que lo toquen.

Averiguar si tu ser querido quiere que lo ayuden, lo escuchen o lo abracen “es realmente preguntarse: “¿Cómo puedo satisfacer sus necesidades?””, afirmó Jackson.

Al plantear la pregunta, no estás haciendo suposiciones, explicó Castro. “Estás pidiendo permiso —y actuando con intención—, lo cual es un signo de empatía”.

Cuando Tom me pregunta qué necesito, se acorta el tiempo que paso en tensión. Me tomo un minuto para hacer una pausa, evaluar y responder: la mayoría de las veces es simplemente un abrazo.

“Eso también es lo que suelen decir mis alumnos”, dijo Heather.

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Alogia: ¿Qué es y a quiénes afecta esta alteración del lenguaje? …


Alogia: ¿qué es y a quiénes afecta esta alteración del lenguaje?

La mente es maravillosa(S.L.Capeluto) — La alogia se observa como la pobreza lingüística en el habla debido a la dificultad de pensar de manera lógica y organizada. Conozcamos más sobre este síntoma característico de la esquizofrenia.

Se dice que una persona presenta alogia cuando la manera en la que habla es desorganizada, su discurso es incoherente y poco fluido. Esta afectación se nota claramente en un empobrecimiento del lenguaje, sin embargo, el verdadero problema no está allí, sino en el proceso de pensamiento.

Es importante aclarar que la alogia no es un trastorno mental propiamente dicho, sino que se considera una expresión clínica que puede estar presente en patologías como la depresión, la esquizofrenia u otras condiciones psicóticas.

En este artículo, exploraremos los síntomas asociados con esta alteración, sus causas, los trastornos relacionados y posibles enfoques de tratamiento.

– ¿Qué es la alogia y cómo se presenta?

La alogia es el empobrecimiento del pensamiento y la cognición. En simples palabras, las personas afectadas tienen dificultades para pensar con claridad, lo que se traduce en un discurso confuso, lento y, a veces, repetitivo. Sus mensajes se vuelven difíciles de comprender debido a que se expresan de manera imprecisa, incoherente y descoordinada.

Como ya hemos dicho, aunque su presencia es más notoria en el lenguaje, la alteración principal radica a nivel cognitivo, pues se genera un pensamiento desorganizado e ilógico. Esta alteración implica dificultades al expresarse, como hablar menos, tardar más en responder y usar oraciones breves y con contenido escaso.

– Síntomas y ejemplos

De acuerdo con un estudio divulgado en Language and Linguistics Compass, la alogia se manifiesta a través de diferentes señales como las siguientes:

  • Dificultad para conectar ideas: se produce una incapacidad de hilar pensamientos de manera lógica, dando lugar a una charla poco coherente.
  • Bloqueos en el pensamiento: esto supone una interrupción repentina en el proceso cognitivo. En este caso, la persona se pierde en su propio discurso y experimenta un vacío mental, lo que comúnmente llamamos «quedarse en blanco».
  • Limitación en el procesamiento del lenguaje simbólico: hay un marcado déficit en el pensamiento simbólico. Como la persona tiende a interpretar las palabras en su sentido literal, encuentra mucha dificultad para entender metáforas, ironías y chistes.
  • Tangencialidad: el individuo responde de manera indirecta o poco relevante a una pregunta específica; por ejemplo: «¿Qué hiciste durante el fin de semana?». «Bueno, los fines de semana son interesantes. Me gusta mucho el cine, sobre todo las películas de acción».
  • Descarrilamiento: la persona comienza a hablar sobre un tema en particular, pero luego desvía la conversación con mensajes que no tienen relación directa o clara con lo que se estaba discutiendo. Por ejemplo: «Hoy fui a comprar pan. Recuerdo que mi abuela hacía un pan delicioso. A propósito, ¿has probado el helado de menta alguna vez?».

Todo esto deriva en un deterioro social y emocional y la interacción interpersonal se vuelve un desafío. Es posible que los inconvenientes para sociabilizar conduzcan a la frustración y el aislamiento, agravando así el malestar.

En definitiva, la combinación de estos síntomas repercute en la salud mental, de tal manera que con frecuencia contribuyen al desarrollo de otros problemas, como la depresión.

– Causas de la alogia

El pensamiento alógico es un fenómeno complejo que se relaciona con diversas funciones mentales.

Por este motivo, sus raíces no están del todo claras.

No obstante, los expertos identifican al menos dos tipos de causas que podrían dar lugar a este síntoma.

. Causas neurológicas

Se sugiere que su origen estaría en el funcionamiento del cerebro. Por ello, esta pobreza del pensamiento, a menudo, se asocia con condiciones como la demencia, el alzhéimer o la enfermedad de Huntington, donde algunas áreas cerebrales no operan con normalidad. También puede manifestarse en personas neurodivergentes, como aquellas con trastorno del espectro autista, cuyos cerebros funcionan de manera atípica.

. Lesiones cerebrales

En particular, la alogia se puede producir por daños en la conexión del lóbulo frontal con los ganglios basales o lesiones en el lóbulo temporal que contribuyen a la alteración del lenguaje y el pensamiento.

. Factores ambientales y genéticos

Además, factores ambientales como las experiencias traumáticas influyen en su desarrollo. En paralelo, los componentes genéticos juegan un papel relevante.

Es crucial destacar que estos aspectos no pueden evaluarse de manera aislada o determinante.

– El pensamiento alógico como manifestación típica de la esquizofrenia y otros trastornos

Tanto el pensamiento como el lenguaje requieren de una colaboración entre muchas áreas del cerebro. Enfermedades mentales como el trastorno bipolar, la depresión y la esquizofrenia pueden interferir en esa cooperación, dando origen al pensamiento alógico.

De hecho, este es uno de los indicadores clínicos que los profesionales de la salud mental consideran al evaluar y diagnosticar trastornos psicóticos como la esquizofrenia.

Según un manual de la serie Handbook of Behavioral Neuroscience, esta manifestación se clasifica entre los síntomas negativos de dicha enfermedad, lo que representa un déficit en el funcionamiento normal y saludable, que se puede presentar junto con otros síntomas como anhedonia (incapacidad para experimentar placer), embotamiento afectivo (incapacidad para sentir emociones) y abulia (falta de motivación y dificultad en la toma de decisiones voluntarias).

En el caso de los trastornos psicóticos, el desorden en el pensamiento suele dar lugar a delirios y alucinaciones. Por otro lado, esta forma de pensar también puede presentarse en demencias primarias como el alzhéimer o la demencia frontotemporal. Estas condiciones comparten con la esquizofrenia la desconexión con la realidad, derivada de la alteración de diversas capacidades cognitivas, como la percepción, el razonamiento y el lenguaje. 

– Tratamiento de la alogia

Al manifestarse como un trastorno subyacente y no como una condición autónoma, el tratamiento de la alogia debe dirigirse hacia el trastorno principal que causa la alteración en el lenguaje y el pensamiento.

En casos en los que el compromiso cerebral es menor, es posible centrar el abordaje en reducir los síntomas, mejorar la capacidad cognitiva y lingüística del paciente y promover una recuperación funcional más completa.

Por otro lado, los objetivos del tratamiento suelen ser paliativos en situaciones más complejas, donde el funcionamiento cerebral está más comprometido y las enfermedades son crónicas o difíciles de tratar.

Así, el foco estaría en mejorar la calidad de vida del paciente y ayudarlo a integrarse en la sociedad de la mejor manera posible.

Entonces, la individualización del tratamiento es esencial, ya que el proceso está determinado por la patología asociada, sea la esquizofrenia, el trastorno bipolar o una demencia.

No obstante, en la mayoría de los casos se combinan los siguientes abordajes:

  • Psicoterapia: se utilizan diferentes terapias adaptadas a la causa específica de este síntoma. La psicoeducación, la terapia conductual y el entrenamiento de habilidades sociales pueden funcionar como prácticas complementarias.
  • Fármacos: el uso de antipsicóticos se destaca entre las medidas más comunes. A partir de su empleo, se consigue aliviar, en forma parcial, la sintomatología. Con ello se espera corregir algunas de las alteraciones de las funciones vinculadas al habla y pensamiento.

Además, la logopedia gana reconocimiento por su eficacia, aunque el progreso es gradual. Esta disciplina se centra en la prevención, diagnóstico y rehabilitación de los trastornos de la comunicación humana y funciones asociadas.

– Una condición que requiere de mucho apoyo

En muchos casos, la alogia se presenta como uno de los primeros síntomas de la esquizofrenia que surge antes de la psicosis. Por tal motivo, la identificación, el diagnóstico y el tratamiento temprano son fundamentales para mejorar el pronóstico a largo plazo. Durante el proceso, el acompañamiento familiar y de la comunidad es indispensable.

La comprensión, la paciencia y la alteridad son valores que se deben practicar frente a quienes tienen la condición. Un equipo médico cualificado puede detectar la causa subyacente y, con base en ella, establecer la ruta de acción. Dado que la probabilidad de aislamiento está latente, conviene que el círculo íntimo esté presente en todo momento.

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Belmopán es un experimento social’: así es la capital multicultural de Belice …


The New York Times(S.Romero/Fotos:A.Cegarra) — Cuando se menciona Belmopán, la capital de Belice, situada en lo profundo del interior del país, muchos beliceños la tachan como un bastión de burócratas que no solo es aburrida, sino que carece de vida nocturna.

“Me advirtieron: ‘Belmopán es para los recién casados o los casi muertos’”, dijo Raquel Rodriguez, de 45 años y propietaria de una escuela de arte, sobre los comentarios que le hicieron cuando dejó la costera y bulliciosa Ciudad de Belice para mudarse a Belmopán.

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Belmopán, que no es precisamente un edén para jóvenes urbanitas, es una de las capitales más pequeñas de América. Tiene apenas unos 25.000 habitantes y un conjunto de edificios brutalistas de inspiración maya, muy pesados y de hormigón, a prueba de huracanes.

La capital de la única nación anglófona de Centroamérica puede parecer muy diferente de las frenéticas capitales de los países vecinos. En cuanto a sus orígenes y diseño, Belmopán tiene más en común con las capitales de otras antiguas colonias británicas, especialmente en África.

Pero Belmopán quizá sea un prisma para ver el desarrollo de Belice, que ha surgido como una especie de excepción en Centroamérica. En una región donde los gobernantes adoptan tácticas autoritarias, Belice se ha convertido en una democracia parlamentaria relativamente estable (aunque joven), con un historial de transiciones pacíficas en el poder.

A woman wearing a dark top holds a box in front of a multilevel shelf with books, art and other items.
“Me advirtieron: ‘Belmopán es para los recién casados o los casi muertos’”, dijo Raquel Rodriguez, de 45 años y propietaria de una escuela de arte, sobre las reacciones cuando se mudó de Ciudad de Belice a Belmopán.

La capital, que en general se caracteriza por una serena tranquilidad, presume de su reputación de seguridad y calidad de vida. En un país escasamente poblado, con menos de medio millón de habitantes, el ambiente acogedor de Belmopán también evidencia la extraordinaria diversidad étnica de Belice y su propensión a recibir migrantes de otras regiones de Centroamérica.

No hay más que ver el mercado al aire libre en el que muchos residentes compran sus alimentos. Los vendedores ambulantes saludan a los clientes en la lengua oficial de Belice, el inglés, o en criollo beliceño, la lengua que se formó hace siglos cuando los británicos trajeron africanos esclavizados a lo que hoy es Belice.

Otros vendedores hablan lenguas mayas como el quekchí, el mopán y el yucateco, muestra de los pueblos indígenas que desde hace mucho tiempo han vivido en Belice o que se trasladaron al país desde Guatemala o México. Otros realizan sus oficios y comercian en español, chino o plautdietsch, una lengua germánica arcaica influida por el neerlandés.

Como muchas otras personas en Belmopán, Johan Guenther, agricultor menonita de 71 años, vino de otra parte. Nació en el estado mexicano de Chihuahua, donde hay grandes comunidades menonitas, y llegó a Belice a los 16 años.

A bespectacled man in a dark shirt stands under a tent with one hand on a metal cabinet holding bottled products from his market stall.
Johan Guenther, agricultor menonita de 71 años, en su puesto del mercado de Belmopán. Llegó a Belice a los 16 años procedente de México.

Después probó suerte en Bolivia durante un tiempo, pero decidió que prefería el estilo de vida más apacible de Belice. Vive con su esposa en un pequeño asentamiento agrícola a las afueras de Belmopán, y viene a la capital a vender queso, mantequilla, crema y miel en el mercado.

“No soy un hombre de ciudad, pero me gusta Belmopán”, dice Guenther en una mezcla de inglés, plautdietsch y español. “Es tranquilo, bueno para vender mi producción, fácil de entrar y fácil de salir”.

Convertir a Belmopán en el eje del desarrollo agrícola del interior de Belice y en un refugio frente a las catástrofes naturales era una prioridad cuando los colonialistas británicos desarrollaron los planes para construir la ciudad después de que, en 1961, el huracán Hattie arrasara Ciudad de Belice, la antigua capital, dejando cientos de muertos.

En esa época, las ciudades planificadas estaban surgiendo en diversas partes del mundo, una tendencia que se aceleró con la inauguración de la futurista capital brasileña, Brasilia, en 1960. En el imperio británico que se estaba desintegrando, especialmente en África, entre las nuevas capitales destacaban Dodoma, en Tanzania; Gaborone, en Botsuana; y Lilongüe, en Malaui.

Los diseñadores las concibieron, al igual que Belmopán, como “ciudades jardín” con amplios espacios abiertos, parques y paseos peatonales.

A young girl walks near a one-story cream concrete building and an electrical installation with green containers.
Belmopán tiene unos 25.000 habitantes y un conjunto de edificios de hormigón a prueba de huracanes.

Las tensiones políticas determinaron los planes de la ciudad. George Price, el arquitecto de la independencia de Belice, veía la construcción de Belmopán como una manera de forjar un sentimiento de identidad nacional que trascendiera las diferencias étnicas.

Y como Guatemala reclamaba Belice en una disputa territorial que persiste hasta hoy, los gobernantes coloniales del país eligieron un emplazamiento a medio camino entre Ciudad de Belice y la frontera guatemalteca, en un intento de poblar hacia el interior.

Los robustos edificios gubernamentales de hormigón, como la Asamblea Nacional, evocan el diseño piramidal de un templo maya ubicado sobre un montículo artificial donde la brisa ayuda a refrescar la estructura. Se diseñaron para que fueran a prueba de huracanes y económicos, evitando la necesidad de instalar sistemas de aire acondicionado en aquel momento.

Al mismo tiempo, las autoridades trataron de atraer a los empleados públicos a Belmopán ofreciéndoles viviendas, esencialmente en forma de cascarones de hormigón, en calles donde se pretendía que vivieran personas de distintos estratos económicos.

“Belmopán es un experimento social”, dijo John Milton Arana, arquitecto beliceño de 51 años cuya familia se mudó a la capital en 1975. Observando los senderos que aún conectan las zonas residenciales con el núcleo de Belmopán, lleno de hormigón, añadió: “El peatón era la prioridad de esta visión”.

A man wearing jeans and a light-blue short-sleeved shirt sands on concrete steps looking at the camera with a slight smile.
John Milton Arana, arquitecto beliceño de 51 años, dijo que las desviaciones de los diseños originales de Belmopán estaban cambiando la ciudad para peor.

No obstante, Arana afirma que la ciudad, de ritmo notablemente lento, también puede desorientar con sus rotondas, su carretera de circunvalación y la escasez de zonas comerciales abarrotadas. “La gente me visita y me pregunta: ‘¿Dónde está el centro?’”, dice Arana. “Yo les digo: ‘Acabas de pasarlo’”.

Belmopán no le gusta a todo el mundo. Los turistas tienden a saltarse la ciudad, prefiriendo las actividades de buceo cerca de islas remotas o los impresionantes yacimientos arqueológicos mayas. Cuando se inauguró en 1970, se preveía que Belmopán crecería de manera rápida hasta albergar 30.000 habitantes, una cifra que, más de cinco décadas después, aún no se ha alcanzado.

Algunos atribuyen ese lento crecimiento a las perennes restricciones presupuestarias que han hecho que Belmopán tenga un aspecto inacabado. Los edificios con aspecto de fortaleza en los que trabajan muchos funcionarios están envejeciendo, adornados con ruidosos aparatos de aire acondicionado; edificios nuevos y luminosos como el Ministerio de Asuntos Exteriores, un regalo del gobierno de Taiwán repleto de jardines colgantes, muestran cómo las autoridades han dejado atrás los espartanos orígenes de Belmopán.

Men in green and orange reflector vests work amid piles of stone, concrete blocks and sacks of cement stacked near wheelbarrows and cement mixers.
Trabajadores de la construcción mezclaban cemento para la construcción de la nueva sede del Atlantic Bank en Belmopán.

Arana dijo que las desviaciones de los diseños originales de Belmopán estaban cambiando la ciudad para peor. Explicó que el desarrollo descontrolado afuera de las zonas céntricas, sobre todo donde se han asentado los migrantes hispanohablantes de países vecinos como El Salvador y Guatemala, pone de relieve problemas como la falta de vivienda y las aguas residuales sin tratar.

Entre los diplomáticos, las opiniones sobre Belmopán están divididas. Países como Panamá y Guatemala, así como la isla autónoma de Taiwán, mantienen sus embajadas en Ciudad de Belice, que tiene más del doble de habitantes que Belmopán. Incluso después de que Belice logró la plena independencia en 1981, Estados Unidos tardó 25 años en trasladar su embajada a Belmopán.

Michelle Kwan, embajadora de Estados Unidos en Belice y patinadora olímpica galardonada, dijo que se había encariñado con Belmopán tras mudarse desde Los Ángeles. Comparó la vida en la capital centroamericana con sus días de entrenamiento en Lake Arrowhead, una pequeña comunidad turística ubicada en las montañas californianas de San Bernardino, donde podía enfocarse “realmente en lo que tenía que hacer”.

“Esto no es distinto”, dijo Kwan. “Aquí es donde nos enfocamos y donde trabajamos”.

Michelle Kwan stands near a stone path, plants and other greenery with her arms crossed.
Michelle Kwan, embajadora de Estados Unidos en Belice, dijo que se había encariñado con Belmopán.

Otros beliceños sugieren que la ciudad ha contribuido a forjar una identidad beliceña multicultural que incorpora a los pueblos mayas y a los inmigrantes latinoamericanos más recientes, distinto a los que se percibe en Ciudad de Belice, mejor conocida como un bastión de los criollos, que son las personas de ascendencia africana y británica.

“Belmopán hizo que nuestras diferencias culturales fueran menos pronunciadas”, afirmó Kimberly Stuart, de 49 años y profesora de educación en la Universidad de Belice, cuyo campus principal está en la capital.

Otros lamentan ciertos aspectos de la vida en Belmopán. Mientras que las nuevas y llamativas viviendas y los nuevos edificios de oficinas están alterando el ambiente pueblerino de la capital, los restaurantes y bares siguen siendo escasos y suelen cerrar temprano.

Algunos habitantes de Belmopán dicen que es francamente aburrido, pero a ellos les gusta que sea así. A Raj Karki, un inmigrante nepalí de 52 años que se trasladó a Belice para trabajar en un proyecto hidroeléctrico, le gustó tanto la tranquila ciudad que decidió quedarse y abrir un restaurante de comida sudasiática cerca de los edificios gubernamentales.

“Puedes venir a Belmopán desde cualquier lugar del mundo”, dijo Karki. “En poco tiempo te dan la bienvenida y te dicen: ‘Ayúdanos a construir el futuro’”.

People sit or talk on phones at a bar lit with blue and pink lights. Bottles of liquor are in the forefront.
Belmopán no es conocida por su vida nocturna.

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Mentes extraordinarias: la ciencia de la inteligencia humana …


The Conversation(R.Colom) — Antonia Scott, la protagonista de la novela (y ahora serie televisiva) Reina Roja, tiene un cociente intelectual (CI) de 242, lo que la convierte en la “persona más inteligente del mundo”.

Pero más allá de la ficción, ¿existen o han existido mentes tan prodigiosas como la del personaje creado por Juan Gómez-Jurado?

¿Y cómo podemos saber que sus dotes intelectuales están por encima de las del resto de los mortales?

La comunidad científica define la inteligencia como “una capacidad mental muy general para razonar, planificar, resolver problemas, pensar de modo abstracto, comprender ideas complejas y aprender con rapidez a partir de la experiencia”.

Los humanos disponemos de numerosas capacidades mentales (percibir, atender, memorizar, comprender, hablar, planificar, razonar…) que deben integrarse y coordinarse para dirigir nuestras acciones más o menos eficientes en el mundo. Algunas personas las integran mejor que otras y actúan de modo más inteligente. La inteligencia es, por tanto, la “supercapacidad” que dirige una orquesta integrada por nuestras variadas facultades mentales.

Para medir esa super capacidad, los científicos han diseñado cuidadosamente unos dispositivos cuya comercialización solo se permite si cumplen estrictos controles de calidad. Hablamos de los famosos test estandarizados de inteligencia.

Cada una de esas pruebas se compone de variados retos mentales que pueden recurrir al lenguaje, a los números, a figuras abstractas o a las relaciones entre objetos dentro de espacios tridimensionales. Pero eso es irrelevante: lo que importa es el nivel de complejidad mental que puede alcanzar el examinado. Algunos desafíos son livianos, otros de moderada complejidad y los hay tremendamente difíciles.

– Predictor del éxito y la longevidad

Lo importante en la práctica es lo que estas pruebas nos dicen sobre nuestra actuación en la vida cotidiana. Quienes superan los ejercicios de mayor complejidad son también los que presentan mejores resultados en la sociedad en la que viven. Se educan más y mejor, desempeñan ocupaciones más sofisticadas y viven más tiempo. No existe ningún otro factor psicológico con la validez de pronóstico que presenta la inteligencia. Con diferencia.

Quienes crean la cultura en la que vivimos son identificables desde temprana edad. Los estudios longitudinales que siguen a las personas durante sus carreras desde aproximadamente los doce años de edad demuestran que las altas inteligencias tienden a ocupar en la vida adulta las posiciones de mayor prestigio social. Hoy en día vivimos en una economía conceptual en la que priman las ideas y esas ideas nacen en esas mentes extraordinarias.

A pesar de los mitos que rodean a las personas con elevada capacidad intelectual, la evidencia científica revela que sus logros no conllevan ni rarezas, ni coqueteos con problemas mentales. Experimentan un vigor psicosomático y una visible resistencia al llevar su potencial a su máxima expresión.

– La élite del intelecto

Terence Tao

Aproximadamente, el 2 % de la población presenta alta capacidad intelectual.

Los test estandarizados a los que nos referimos antes fueron diseñados para que la puntuación media de la población se sitúe en un valor de 100.

Ese 2 % logra puntuaciones de 130 o más, pero solo una de cada mil personas llegan a 145 y solo una entre un millón, a 170.

En España, por ejemplo, se puede pronosticar que solamente 50 personas alcanzarán ese valor de 170.

Cuanto más nos alejamos de la media de 100, menos casos se identificarán, al igual que sucede con otras variables como la estatura o la esperanza de vida.

Y sí, los genes poseen un papel relevante a la hora de responder a la pregunta de por qué algunas personas son más inteligentes que otras. Así, una investigación demostró que los hijos genéticamente más inteligentes que sus padres mejoraron su posición social, mientras que los menos dotados genéticamente que sus progenitores empeoraron su situación social, educativa y ocupacional.

No hubo ni techos ni suelos de cristal. La lotería genética es más democrática que la social.

– Inteligencias criminales

El funcionamiento social de las personas de alta capacidad mental es generalmente mucho más eficiente que el de la población general pero, por supuesto, hay excepciones. Puede suceder, por ejemplo, que algunas personas de elevado CI tengan inclinaciones a violar la ley.

El criminólogo australiano James Oleson documentó ese fenómeno en un trepidante ensayo. Identificó a cientos de ciudadanos de altísimo CI y les preguntó, anónimamente, sobre sus actos antisociales. Algunos resultados fueron:

  • Pagaban por sexo en una proporción cuatro veces mayor que la norma.

  • Pirateaban material protegido y llegaban a acuerdos con otras personas para cometer un delito con el doble de frecuencia.

  • Consumían drogas, destruían intencionadamente propiedades privadas ajenas, abusaban de sus privilegios laborales y conducían ebrios más habitualmente que la media.

¿Por qué se producía ese patrón? Oleson sugirió que las personas superdotadas están tan aisladas de la mayoría de la población como quienes presentan discapacidad intelectual. Concluyó: “si las diferencias de capacidad intelectual dificultan seguir las normas, entonces la igualdad ante la ley es discutible.” Provocador.

– ¿Podría existir Antonia Scott en la vida real?

Volviendo al principio del artículo, presentar un CI de 242 como el de Antonia Scott resulta muy, muy improbable. Es muy difícil llegar a esa estimación usando medidas formales, salvo de modo indirecto. Recurriendo a registros biográficos se ha calculado, por ejemplo, que el CI promedio de los gigantes mentales de la humanidad (Aristóteles, Beethoven, Darwin, Edison, Einstein, Euler, Galileo, Hipócrates, Kepler, Koch, Lavoisier, Lyell, Miguel Ángel, Mozart, Newton, Pasteur, Shakespeare y Watt) llegaba a 180, desde el 165 de Darwin al 200 de Aristóteles.

En la actualidad, el matemático Terence Tao se supone que tiene un CI de 230, y la autodidacta Marilyn vos Savant, de 228. El físico Stephen Hawking obtuvo una puntuación de 160.

En cualquier caso, la mente humana, el cosmos psicológico que albergamos dentro de nuestros cráneos, ni puede ni debe reducirse a lo que el CI valora con envidiable precisión. Hay vida más allá de ese fiable indicador numérico, aunque sea científicamente irrefutable que nuestra sociedad premia a quienes poseen un mayor CI, se mida o no se mida de manera formal.

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Los 6 mejores alimentos para el cerebro según una experta de la Universidad de Harvard


BBC News Mundo(C.Barria) — Hay alimentos que pueden mejorar el estado de ánimo, agudizar la memoria y ayudar a que el cerebro funcione de manera más eficiente.

Eso argumenta Uma Naidoo, psiquiatra nutricional y profesora de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard (Estados Unidos).

La salud mental y la dieta están vinculadas de la misma manera que el cerebro y el intestino, en una relación que tiene importantes consecuencias para el organismo.

Uno de los fundamentos biológicos para entender esa relación tiene que ver con que el cerebro y el intestino tienen su origen en las mismas células del embrión y permanecen conectados a medida que el ser humano se desarrolla.

Se comunican en las dos direcciones enviándose mensajes químicos. De hecho, entre el 90% y el 95% de la serotonina, un neurotransmisor relacionado con la regulación del apetito y otras funciones, se produce en el intestino.

Si la dieta no es saludable, el intestino se inflama y sufre las consecuencias de una mala alimentación. Esto influye en el desarrollo de la ansiedad, la falta de atención y en enfermedades como la depresión.

Así, cuanto más cuidas tu alimentación y tu intestino, más cuidas tu salud mental, dado que “existe una conexión directa entre la comida y el estado de ánimo”, dice la especialista en diálogo con BBC Mundo.

Uma Naidoo
Uma Naidoo, en la imagen, dice que el cerebro y el intestino están relacionados desde la gestación.

Naidoo, directora de psiquiatría nutricional y de estilo de vida en el Hospital General de Massachusetts, cuenta que toda su vida le gustaron la comida y la cocina.

Como venía de una familia de médicos, siempre tuvo un acercamiento científico a las cosas que le parecían atractivas.

Al estudiar medicina se dio cuenta de que no había suficiente formación en el aspecto nutricional, y cuando se especializó en psiquiatría, se le hizo evidente que faltaba más investigación para establecer las conexiones entre la comida y la salud mental.

“Este es un campo emergente que está comenzando a expandirse”, afirma.

En octubre de 2022 la experta conversó con BBC Mundo sobre los beneficios de la vitamina B para mantener el cerebro joven y saludable, especialmente la B-12, B-9 y B-1.

En esta ocasión, la psiquiatra se refiere a una selección de alimentos que considera beneficiosos para mejorar el estado de ánimo y reforzar el poder del cerebro.

1. Especias

Las especias son conocidas por sus propiedades antioxidantes. Algunas, como la cúrcuma, tienen efectos beneficiosos en la reducción de la ansiedad.

Cúrcuma
La curcumina puede ayudar a disminuir la ansiedad.

La curcumina, el ingrediente activo de la cúrcuma, puede disminuir la ansiedad al cambiar la química cerebral y proteger el hipocampo.

Otra especia que a la psiquiatra le gusta mucho es el azafrán. Investigaciones han demostrado, explica Naidoo, que el azafrán tiene efectos en el trastorno depresivo mayor.

Los estudios han demostrado que consumir azafrán reduce significativamente los síntomas del paciente afectado por el trastorno.

2. Alimentos fermentados

Hay una gran variedad de alimentos fermentados. Se elaboran combinando leche, verduras u otros ingredientes crudos con microorganismos como levaduras y bacterias.

El más conocido es el yogur natural con cultivos activos, pero también hay otros como el chucrut, kimchi y kombucha.

Yogur

Lo que tienen en común son fuentes de bacterias vivas que pueden mejorar la función intestinal y disminuir la ansiedad.

Los alimentos fermentados pueden proveer varias ventajas cerebrales.

Un análisis de 45 estudios realizado en 2016 mostró que los alimentos fermentados pueden proteger el cerebro, mejorando la memoria y disminuyendo la velocidad del deterioro cognitivo, cuenta la doctora.

El yogur rico en probióticos puede ser una parte poderosa de la dieta, agrega Naidoo, pero no aquel que es sometido a un tratamiento con calor.

3. Nueces

Los efectos antiinflamatorios y antioxidantes de los ácidos grasos omega-3 en las nueces son muy prometedores para mejorar el pensamiento y la memoria.

Por otro lado, las nueces tienen grasas y aceites saludables que nuestro cerebro necesita para funcionar bien, junto con vitaminas y minerales esenciales, como por ejemplo el selenio en las nueces de Brasil.

Nueces

Naidoo recomienda comer 1/4 de taza al día, como agregado a la ensalada o los vegetales.

También se pueden mezclar con una granola hecha en casa o con frutos secos, porque estas combinaciones son más saludables que las que se venden en el comercio, que suelen contener altos niveles de azúcar y sal.

4. Chocolate amargo

El chocolate amargo es una excelente fuente de hierro que ayuda a formar la cubierta que protege las neuronas y ayuda a controlar la síntesis de los químicos que influyen en el estado de ánimo.

Mujer comiendo chocolate

Una encuesta realizada entre más de 13.000 adultos en 2019 arrojó que las personas que comen chocolate amargo con regularidad tienen un 70% menos de riesgo de síntomas depresivos.

El chocolate amargo también contiene muchos antioxidantes y es altamente beneficioso.

5. Aguacates

Con cantidades relativamente altas de magnesio, que es importante para el funcionamiento del cerebro, los aguacates (o paltas) son otra fuente de bienestar.

Existen innumerables análisis que sugieren que la depresión está relacionada con la deficiencia de magnesio.

Hombre cortando aguacates
El aguacate, o palta, es rico en magnesio.

Varios estudios de casos en los que los pacientes fueron tratados con una dosis de entre 125 a 300 miligramos de magnesio mostraron una recuperación más rápida del trastorno depresivo.

“Me encanta mezclar aguacates, garbanzos y aceite de oliva como una sabrosa pasta para untar en una tostada de pan integral de centeno, o como aderezo para verduras recién cortadas”, cuenta la médica.

6. Verduras de hojas verdes

Las verduras de hoja verde, como por ejemplo, la col rizada, marcan una diferencia en la salud, explica la experta.

Aunque no sea muy conocido, lo cierto es que las verduras de hoja verde contienen vitamina E, carotenoides y flavonoides, que son nutrientes que protegen contra la demencia y el deterioro cognitivo, dice Naidoo.

Espinacas

Otro beneficio de estos alimentos es que son una gran fuente de folato, una forma natural de vitamina B9 que es importante en la formación de glóbulos rojos.

La deficiencia de folato puede ser la base de algunas afecciones neurológicas. Es por eso que esta vitamina tiene efectos beneficiosos sobre el estado cognitivo y es importante en la producción de neurotransmisores.

“Las verduras como las espinacas, las acelgas y las hojas de diente de león también son una excelente fuente de ácido fólico”, agrega la experta.

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Por qué repetimos comportamientos que nos hacen mal, según un experto en hábitos …


Infobae(M.Hadad) — El nombre de Gerry Garbulsky se asocia rápidamente con la organización TED, dedicada a nivel global a difundir ideas a través de charlas de figuras destacadas, en muchos casos, líderes globales.

Desde su posición como director de TED en Español y organizador de TEDxRíodelaPlata, se ha convertido en un referente en el mundo de las ideas y la innovación en Argentina.

Quizá su lado menos conocido es su sólida formación profesional. Licenciado en Física por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Ciencia de Materiales por el prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), su apasionada curiosidad y la búsqueda de modelos inspiradores lo han llevado a dar forma a numerosos proyectos como el podcast Aprender de Grandes, donde entrevista a personas que admira y comparte las lecciones aprendidas con su audiencia.

Brinda con éxito diversos cursos destinados a “desarrollar la capacidad de seguir aprendiendo durante toda la vida y disfrutar de ese camino”. Una de las capacitaciones más aceptadas es “Hábitos”. De ellos “depende una parte importante de nuestra identidad, nuestros logros, la calidad de nuestros vínculos y nuestra felicidad”, explica.

En un diálogo que mantuvo con La Fórmula Podcast, Garbulsky consideró que en las escuelas deberían enseñarse buenos hábitos porque “el éxito, a la larga, no viene de una gran pasión, de una gran vocación, viene de haber desarrollado los hábitos correctos” y explica cómo los malos comportamientos cumplen un “rol” en determinadas etapas de la vida y de qué forma podemos comenzar a modificarlos.

—Hablemos de hábitos. ¿Qué es un hábito y cómo se crean?

—A mí lo primero que me impactó sobre los hábitos es que más o menos la mitad de las cosas que hacemos todos los días las hacemos en piloto automático. Eso quiere decir que es un comportamiento, son cosas que hacemos, pero que no tomamos la decisión consciente de hacerlas, suceden porque algo del entorno o algo interno nuestro nos disparó ese comportamiento que después repetimos.

Los hábitos son justamente esos comportamientos automáticos que hacemos sin pensar y que adquirimos durante la vida. Es decir, no son genéticos, no son cosas que tenemos en nuestro ADN, son cosas que fuimos desarrollando durante la vida.

Una de las cosas fantásticas que tenemos los seres humanos es la corteza prefrontal, que es la parte de nuestro cerebro evolutivamente más reciente y que nos diferencia de otros animales más simples, que nos permite pensarnos a nosotros mismos, imaginarnos el futuro, ponernos en el lugar del otro, tener pensamientos abstractos, etc.

Esa parte del cerebro está buenísima pero tiene un pequeño problemita y es que no puede hacer muchas cosas a la vez, es más, hacemos de a una cosa por vez. Los que dicen “yo hago multitasking” no le creo, lo que están haciendo es saltar de una cosa a la otra todo el tiempo. Como sólo podemos decidir o pensar una cosa por vez, hay muchas cosas importantes que tenemos que hacer y que no podemos estar decidiendo todo el tiempo porque no tenemos mucho ancho de banda.

Entonces la evolución natural desarrolló un mecanismo por el cual cuando un comportamiento nos funciona entonces lo automatizamos. Si tuviste un problema e hiciste una vez un comportamiento y te funcionó, lo repetiste, a la tercera o cuarta vez que te funcionó, listo, ya no hace falta pensarlo la próxima vez que tengamos el mismo problema. Lo que hace nuestra mente, de manera totalmente inconsciente es automatizarlo.

—Siempre pensé que el hábito tenía que ser funcional a algo. Por ejemplo el enojo no es práctico ni funciona ¿por qué igual lo automatizamos?

—En general los hábitos que tenemos incorporados, en algún momento nos sirvieron para algo.

Te doy un ejemplo que puede transformarse en una adicción, que es el cigarrillo.

La mayor parte de la gente que fuma empezó a fumar de adolescente y en general cuando empiezan a fumar de adolescentes, por más que le dicen “no es bueno para tu salud” la gente dice que le ayuda a socializar, a soltarse, dicen “me siento más grande”“yo soy inmortal”, como sienten los adolescentes “y si quiero dejo”.

Después se dan cuenta de que fue un error, lo que pasó es que ese fue un comportamiento que en su momento jugó un rol, en ese momento dijimos “no le presto atención a esto, porque lo pagará mi yo del futuro, preocupación de otro”. Después se da cuenta de que es difícil dejar de hacerlo.

Entonces hoy, una de las formas para dejar de fumar es preguntarse ¿por qué fumo? Y si recordás que fumas para algo que ya no es relevante en tu vida, es una puertita de entrada para dejar, es más complejo que eso porque es una adicción, pero a veces hay mucho de los comportamientos que tenemos ahora que son hábitos malos, hábitos que conscientemente no nos gustaría tener, que los empezamos a tener por alguna razón del pasado, que en muchos casos ya no es válida.

Entonces muchas formas de desarmar esos malos hábitos y tratar de desterrarlos de nuestra vida empieza por ahí.

—Respecto de los malos hábitos, te doy un ejemplo que me pasa a mí. A veces tengo atracones, y todo lo que viene después (sentirme mal, dolor de panza, culpa) es mucho más intenso que los minutos de gratificación, pero igual vuelvo a hacerlo ¿por qué la emoción negativa no es lo suficientemente fuerte como para no repetirlo?

—Una forma de ver o diferenciar los hábitos buenos de los malos es intuitiva, uno sabe que este hábito me hace mal o este otro está buenísimo, lo quiero mantener. Pero algo que me parece un poquito más interesante es quién paga el costo y quién tiene el beneficio. 

En los buenos hábitos, en general, el costo lo paga tu yo del presente y el beneficio lo tiene tu yo del futuro. En los malos hábitos es al revés, tu yo del presente la pasa bárbaro y el que paga las cuentas es el yo del futuro. Y lo interesante de esto es que hay muchos estudios que aseguran que para nuestra mente el yo del futuro es más parecido a un extraño que a nosotros mismos,

En uno de esos estudios pusieron a distintas personas dentro de resonadores magnéticos, y les pedían que pensaran en sí mismos y se fijaban qué zonas de su cerebro se activaban. Después les dijeron: “ahora pensá en un extraño, en alguien conocido, pero lejano” y se fijaban qué otras zonas del cerebro se activan.

Luego le pedían: “pensá en tu yo de dentro de un año” y resultó que las zonas del cerebro que se activaban eran mucho más parecidas a las de un extraño que a las de uno mismo. Eso quiere decir que para nosotros, para el yo que está decidiendo ahora, el yo del futuro es un extraño y no me importa que tenga que pagar las cuentas, que tenga que pagar la hipoteca por lo que estoy gastando ahora.

— Hablamos mucho de Inteligencia Artificial y escuche en una charla tuya que a medida que avanzaban las tecnologías, íbamos tercerizando nuestras capacidades y que ahora está en riesgo tercerizar nuestros pensamientos. ¿Es así?

—Claro. Es una tecnología que a mí me encanta porque nos hace preguntas. Todas las tecnologías nuevas nos han hecho preguntas y en general la pregunta era “¿es buena? ¿es mala?” y al final decíamos “la tecnología no es ni buena ni mala, los que somos buenos y malos somos nosotros, es cómo la usamos”, y eso es verdad y también es verdad de la inteligencia artificial, pero a mí me gustan más las tecnologías que nos hacen preguntas profundas, y la pregunta que creo que nos está haciendo la inteligencia artificial es “¿qué es lo humano?, ¿dónde empezamos y dónde terminamos?”.

Entonces, mientras que la calculadora hizo que no tuvieras que hacer multiplicaciones o divisiones complejas a mano y nos ahorró tiempo, también estaba bueno hacer las divisiones complejas, pero tampoco es tan fundamental y hoy lo hacemos con la calculadora.

Pero la inteligencia artificial se mete con lo que es más humano de todo, que es la inteligencia, justamente, es la capacidad de pensar soluciones a problemas que nunca antes pudimos resolver, ser creativos en general, y encontrar nuevas formas de hacer las cosas.

Cuando la inteligencia artificial se mete con algo que ya es tan humano ¿qué nos queda a nosotros? Porque cada vez que venían las tecnologías anteriores decíamos “bueno, por lo menos nosotros somos los únicos que podemos pensar y eso todavía no está en riesgo”: ahora está en riesgo

—Tengo una frase tuya que me dejó pensando y me encantaría si podemos profundizar en ella: “Tarde o temprano te transformas en el promedio de las diez personas que te rodean”.

—Somos animales sociales y nos gusta estar con gente y nos gusta sentir afiliación con nuestro grupo, y eso hace que tarde o temprano nos parezcamos a la gente que está a nuestro alrededor, para cosas buenas o malas.

Hay ciertas relaciones que no las podes tocar, que son difíciles, que son constitutivas de tu familia, pero nuestros amigos sí los elegimos, consciente o inconscientemente, y está bueno acercarnos a gente que nos haga bien.

Y yo creo que gente que nos hace bien es gente con la que nos gusta estar, con la que la pasamos bien, gente que nos respeta, que nos enseña, a la cual podemos respetar y enseñar, pero también gente a la cual, de alguna manera y en algún aspecto, nos gusta o nos gustará parecernos en el tiempo, no porque queramos ser todos iguales, porque la diversidad es espectacular, pero sí porque hay algo que admiramos de cada una de esas personas.

Entonces esa frase también tiene que ver con los hábitos. Una de las herramientas que cuento mucho en el curso de hábitos es que, si vos querés cambiar un hábito, te sugiero que estés cerca de la gente que ya tiene ese hábito porque te va a ser más fácil desarrollarlo.

—Por último, te invito a sacar una cartas de tu propio juego, ”Aprender de grandes”, ¿te animas?

— Sí.

La carta dice: “¿Qué debería enseñarse en las escuelas que no se está enseñando?”

—Me parece que está bueno en las escuelas enseñar a desarrollar buenos hábitos. Como los hábitos son lo que hacemos en la mitad de nuestro tiempo, midas como midas el éxito, el éxito a la larga no viene de una gran pasión, de una gran vocación, viene de haber desarrollado los hábitos correctos. 

Si tenés los hábitos correctos todos los días vas a estar haciendo eso, y eso te va a llevar a crecer muchísimo a lo largo de la vida. Si sólo dependes del esfuerzo de un día eso no te va a llevar a ningún lado, a lo sumo te ayudará a aprobar un examen en la facultad.

Estaría bueno que en las escuelas se enseñe un poquito más, a desarrollar los hábitos que te gustan, que para vos son buenos, y que te ayuden a transformarte en quién querés ser, eso vale muchísimo más que aprender alguna cosita más de los ríos de Europa. Está bien saber sobre los ríos de Europa, pero si tenemos conocimiento sólo enciclopédico va a ser difícil hacer que los sueños se hagan realidad.

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Qué son y cómo funcionan los “precios dinámicos” que desatan la rabia (o la alegría) de los consumidores


Hombre mira computador

BBC News Mundo — ¿Qué tal si vamos a un happy hour?

Precios más bajos a una hora en que el bar o el restaurante está menos concurrido es la típica oferta que atrae clientes.

Es favorable para ellos y, al mismo tiempo, es bueno para el negocio porque en el horario del “happy hour” llenan mesas que de otra manera estarían vacías.

Ese es un ejemplo de precios dinámicos a la manera tradicional. Funciona porque todos saben las reglas del juego: el descuento dura de tal hora a tal hora y no hay cambios de último minuto que puedan sorprender negativamente a los consumidores.

Pero existe otro tipo de precios dinámicos con los que el consumidor no sabe por qué le aparecen valores tan diferentes por el mismo servicio o producto en la pantalla del computador o el celular.

Ese elemento “sorpresa” es el que disgusta o alegra a muchos clientes.

Pero, ¿qué son exactamente los precios dinámicos?

Se trata de una estrategia con la cual una empresa cambia el valor de sus productos y servicios según la oferta y la demanda que existe en el mercado.

Con esa misma lógica, las firmas ajustan los precios según lo que creen que los consumidores están dispuestos a pagar, el comportamiento de sus competidores y sus costos.

– Precios algorítmicos

Pareja en un auto
Pie de foto,Con el desarrollo de la inteligencia artificial los precios dinámicos están expandiéndose a toda velocidad

¿Qué empresas los utilizan?

Los clásicos ejemplos son el constante cambio en los precios de las aerolíneas, buses, trenes, hoteles, conciertos, eventos deportivos, servicios de transporte como Uber o Lyft, o las tarifas energéticas, según los períodos de mayor y menor consumo.

Y quizás has visto precios dinámicos en supermercados o grandes tiendas comerciales.

Lo más novedoso de esta tendencia es que con el desarrollo de la inteligencia artificial los precios dinámicos están expandiéndose a toda velocidad a otras industrias.

En el mercado ya se utilizan “precios dinámicos algorítmicos”, que cambian automáticamente según el diseño de un algoritmo que responde a las variables específicas de cada negocio.

Del mismo modo que ha aumentado el uso de los precios dinámicos, también están creciendo las empresas consultoras que venden software diseñados a la medida de cada firma para ajustar los valores tantas veces como sea necesario.

Ya te imaginarás que esta estrategia comercial tiene partidarios y detractores.

“Mejoramos el funcionamiento del mercado”

Mujer mira computador
Pie de foto,Existe software diseñado para cambiar automáticamente los precios.

“Lo que hacemos es mejorar el funcionamiento del mercado”, dice Sander Roose, director ejecutivo de la firma Omnia Retail, en diálogo con el programa de radio de la BBC Business Daily.

El problema es que muchos consumidores reclaman que los precios suben cuando aumenta la demanda, pero no bajan cuando disminuye la demanda.

Roose dice que esa percepción no es correcta, al menos con el software diseñado para que los valores se adapten a los vaivenes del mercado.

Las empresas que utilizan precios dinámicos aseguran que la estrategia les ha funcionado muy bien.

“Los precios dinámicos son muy importantes para nosotros. Nos han ayudado a mejorar nuestras ganancias y ser más eficientes”, cuenta Celine Wisse-Antoine, directora regional de Comercio Electrónico de la empresa Harman International.

La firma vende sistemas tecnológicos para la industria automotriz, productos de audio y soluciones digitales para empresas.

Actualmente los precios de los productos que vende esta firma suelen cambiar diariamente, pero tienen proyectado avanzar hacia una adaptación de precios que les permita ajustarlos varias veces al día.

“Estamos al inicio de este viaje. Todo se está automatizando porque las herramientas tecnológicas son cada vez más inteligentes”, agrega.

Mujer en aeropuerto
A veces el consumidor no sabe por qué le aparecen precios tan diferentes por el mismo producto.

– “No hay transparencia”

Organizaciones de consumidores denuncian que la estrategia de precios dinámicos les permite a las empresas exprimir a los consumidores sin ofrecerles mejores servicios o productos.

“No hay límites, no hay transparencia cuando los precios están cambiando todo el tiempo», argumenta James Daley, fundador de la organización de consumidores británica Fairer Finance.

“Es muy difícil que los consumidores puedan tomar decisiones informadas. Los precios dinámicos están diseñados para facilitar el máximo de ganancias”, apunta.

Otro asunto que le preocupa es el uso de precios dinámicos en la industria alimentaria porque puede afectar a las personas de bajos ingresos.

– ¿Qué pasa con los supermercados y los restaurantes?

Cliente en supermercado
Algunos supermercados usan precios dinámicos cuando la comida está cercana a la fecha de vencimiento.

En cambio Sander Roose explica que los precios dinámicos en supermercados están aumentando y pueden beneficiar a los consumidores.

Por ejemplo, cuando se acerca la fecha de vencimiento de un producto, muchos supermercados bajan el precio, mejorando las opciones de los clientes y evitando que se deseche la comida.

En Países Bajos, explica, se utilizan etiquetas electrónicas en los productos, una herramienta que permite ajustar los precios con mayor facilidad.

Pero en el caso de los restaurantes, el tema es más controvertido.

Según Molly Burke, analista senior de la empresa consultora Capterra, los precios dinámicos en restaurantes probablemente no son la mejor alternativa.

“Muchos clientes tienen una visión negativa de los precios dinámicos en restaurantes”, básicamente porque suelen ser impredecibles, explica Burke.

Como cliente, quieres saber con anticipación cuánto vas a pagar por la comida y no descubrir a último minuto que el precio que estabas esperando cambió.

Algunos clientes consideran que esta es una estrategia antiética que perjudica abiertamente a los clientes.

En este tipo de casos, la estrategia de los precios variables puede llegar a hundir un negocio si daña su reputación y los consumidores pierden la confianza.

– Los conciertos

Taylor Swift
Pie de foto,Para los conciertos de Taylor Swift se han vendido entradas con precios dinámicos y precios fijos.

Los precios dinámicos también se utilizan en la venta de entradas para algunos eventos.

En los conciertos, generalmente depende de que el artista esté de acuerdo con que se utilice la estrategia.

Y en ese terreno, hay de todo.

Desde los que ponen un límite a qué tan caro puede llegar a ser un ticket, hasta aquellos que piden precios fijos y los que están de acuerdo con que los valores sean definidos según la oferta y la demanda.

La artista Taylor Swift, por ejemplo, utilizó precios dinámicos en conciertos realizados en 2018.

¿El resultado? Hubo tanta demanda que los precios subieron de manera exorbitante y mucha gente terminó molesta.

En su último tour internacional, los representantes de la artista cambiaron de estrategia.

El gigante de venta de entradas Ticketmaster confirmó que no utilizó precios dinámicos.

Pero en esta ocasión pasó otra cosa. La demanda de boletos fue tan gigantesca que el sitio web dejó de funcionar y se armó un escándalo.

A fin de cuentas, parece que no existe una fórmula mágica para fijar precios, pero en la medida que se perfeccionen los algoritmos, es probable que en el futuro muchas más empresas utilicen este tipo de herramientas.

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Mitos y realidades sobre la vitamina D: ¿estamos abusando de los complementos?…


The Converesation(M.C.V.Carou/M.T.V.Nogués/N.T.Funes/S.S.Pérez) — En las últimas décadas, el interés por la vitamina D ha aumentado exponencialmente, debido, sobre todo, a que su déficit se ha asociado a múltiples enfermedades y a que parece existir una elevada deficiencia de este micronutriente en la población general.

Desde la identificación de la estructura química de la vitamina D en 1930, se han producido importantes avances en la investigación sobre sus funciones en el organismo. Inicialmente, los estudios se centraron en el papel de este compuesto y sus metabolitos en la homeostasis del calcio y el metabolismo óseo.

Más tarde, con el descubrimiento de la 25-hidroxivitamina D (25(OH)D), en 1968, y de la 1,25-hidroxivitamina D (1,25(OH)2D), después, las investigaciones se ampliaron y se focalizaron en el rol que desempeña en la aparición de enfermedades inmunológicas, infecciones, cáncer y dolencias crónicas no transmisibles (afecciones cardiovasculares, obesidad, diabetes tipo 2, etc.).

Actualmente, no hay dudas respecto a que la vitamina D interviene en los mecanismos de regulación del sistema inmunológico. De hecho, su déficit está relacionado con un peor pronóstico de la infección por covid-19.

– Un déficit creciente

Datos epidemiológicos actuales muestran carencia de esta vitamina en el 40 % de la población europea, el 24 % de la estadounidense y el 37 % de la canadiense. Son cifras realmente elevadas que pueden generar cierta alarma. Los grupos de población con más riesgo de desarrollar hipovitaminosis son las mujeres embarazadas, los niños, las personas mayores, las personas obesas, los individuos con tono de piel más oscuro y aquellos poco expuestos a la luz solar.

Los seres humanos pueden cubrir una parte de sus necesidades de vitamina D por la síntesis cutánea a partir del colesterol, si se exponen suficientemente a la radiación del sol. Es difícil concretar el tiempo mínimo recomendable, ya que depende de factores como la estación del año, la hora del día, la latitud geográfica, la edad o el fototipo de piel.

Un panel de expertos de la Sociedad Española de Investigación Ósea y del Metabolismo Mineral recomienda para la población caucásica una exposición solar diaria de 15 minutos en cara y brazos entre los meses de marzo y octubre. En personas ancianas y en pacientes con osteoporosis, el consejo es que se alargue hasta los 30 minutos. En ambos casos hay que utilizar un factor de protección entre 15 y 30, según la latitud y la intensidad de la radiación UV (ultravioleta).

No obstante, el aporte a través de la dieta también es necesario. Como buenas fuentes dietéticas de esta sustancia se pueden destacar el pescado azul (especialmente, el salmón y la trucha), los lácteos no desnatados y las margarinas y bebidas vegetales enriquecidas.

¿Y a qué se debería entonces el creciente déficit de vitamina D? Factores como el uso cada vez más frecuente de protectores solares o la tendencia a la baja en el consumo de alimentos ricos en grasa podrían contribuir a esta situación.

– ¿Cuándo hay que tomar complementos de vitamina D?

Actualmente, para evaluar los niveles de vitamina D se determina la concentración sérica de 25(OH)D, aunque los resultados pueden variar en función del método analítico.

En general, se considera que valores superiores a 20 nanogramos por mililitro (ng/mL) son óptimos para la población general, y superiores a 30 ng/mL para personas mayores de 65 años, pacientes con afecciones óseas o con tratamientos farmacológicos crónicos (corticoides, anticonvulsivantes…).

Valores de entre 12 y 20 ng/mL se consideran insuficientes, y por debajo de los 12 ng/mL, deficientes. También existe una clara preocupación por los riesgos de una hipervitaminosis D, que se asocia con niveles de 25(OH)D por encima de los 100 ng/mL.

La necesidad o conveniencia de prescribir suplementos de vitamina D a personas que presentan niveles séricos de 25(OH)D adecuados, con el objetivo de mejorar su respuesta inmune, es una cuestión controvertida.

En este sentido, un metaanálisis reciente evaluó una suplementación de 1 000-2 000 unidades internacionales (UI) por día en individuos sanos y concluyó que no daba lugar a mejoras significativas en la función del sistema inmune. Tampoco era útil como herramienta de prevención de enfermedades respiratorias agudas, gripe, infección por covid-19, etc.

Sin embargo, otros autores han observado efectos positivos de esta intervención en individuos con enfermedades respiratorias, especialmente en aquellos con deficiencia de la vitamina. Existen también resultados contradictorios acerca de sus beneficios en pacientes con enfermedades metabólicas y con dolencias neurodegenerativas.

– Los peligros de la hipervitaminosis

La ingesta de la vitamina D presente en los alimentos difícilmente va a dar problemas, pero la suplementación indiscriminada, sin que haya una deficiencia que la justifique, sí puede generar toxicidad crónica. Así, por ejemplo, la administración de complementos de vitamina D en dosis superiores a 4 000 UI/día durante períodos prolongados podría elevar la concentración sérica de 25(OH)D a valores superiores a 50 ng/ml, con el consiguiente riesgo de hipervitaminosis.

La manifestación más característica de la hipervitaminosis D es la hipercalcemia, caracterizada por la aparición de síntomas gastrointestinales (anorexia, náuseas, vómitos, estreñimiento…), debilidad y fatiga. En los casos más graves, puede producir poliuria (exceso de producción de orina), polidipsia (aumento anómalo de la sed), insuficiencia renal, calcificaciones ectópicas (fuera del lugar donde corresponde), depresión, confusión, dolor óseo, fracturas y cálculos renales.

En los últimos años, debido al mayor consumo de complementos, los casos de toxicidad han aumentado notablemente. Así, el informe del Sistema Nacional de Datos de toxicidad de Estados Unidos indica que esta sobreexposición a la vitamina D ha provocado un aumento de casos de hipervitaminosis, pasando de una media anual de 196 en el periodo 2000-2005 a 4 535 en el quinquenio siguiente.

– Hay que actuar con prudencia

En conclusión, el interés por la vitamina D ha aumentado notablemente debido a su asociación con múltiples enfermedades y a una posible, pero quizás no bien establecida, deficiencia en la población. Sin embargo, los efectos de la suplementación en personas que no tienen déficit no son en absoluto concluyentes.

Sí existe evidencia sobre su efectividad para disminuir la gravedad de enfermedades respiratorias en personas con deficiencia del micronutriente que nos ocupa. La hipervitaminosis D, derivada de una suplementación indiscriminada, es un riesgo real y puede ser peligrosa, provocando hipercalcemia y otros problemas de salud.

Por ello es esencial abordar este tema con precaución, siempre actuando en base a la evidencia científica y con prudencia a la hora de tomar o recomendar un complemento con vitamina D.

Con la evidencia científica actual, el mito de la supervitamina D cae y se impone la realidad de que se necesita más investigación.

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Pregúntale a TikTok qué edad aparentas (y soporta los comentarios) …


De izquierda a derecha: Jalisa Silva-Toney, Cherri Gervais y Morgan Driscoll plantearon la misma pregunta en TikTok.

The New York Times(M.M.Kircher) — A Cherri Gervais le salieron sus primeras canas cuando era adolescente.

“Es genético”, dijo.

Su color de pelo, un llamativo tono plateado, es lo primero en lo que se fijó la gente en TikTok cuando les pidió que le dijeran cuántos años aparentaba en un video reciente.

Las suposiciones fueron muy dispares. Muchas eran correctas, o bastante aproximadas, según Gervais. (Cumplió 34 este mes). Otros sugirieron que tenía entre 60 y 70 años.

Gervais, quien vive en Kansas y trabaja medio tiempo para una empresa de belleza, dijo que había decidido publicar su video después de encontrar TikToks similares.

“Vi a alguien de la generación Z hacerlo porque decían que su generación está envejeciendo más rápido”, dijo, refiriéndose a una reciente teoría en línea que argumenta que los adolescentes y adultos jóvenes están envejeciendo más rápido y más visiblemente que sus contrapartes milénials.

Su video forma parte de una tendencia en la que los usuarios, en su mayoría mujeres, piden a desconocidos que hagan comentarios sobre su apariencia. Gervais dijo que muchos de los comentarios que ha recibido fueron poco amables.

“La gente me decía que me tiñera el pelo, que me pusiera pestañas, que me arreglara las cejas”, dijo. Varios le comentaron que parecía una “madre de mediana edad”. “Eso no tiene nada de malo”, añadió Gervais. “Pero no soy madre”.

Jalisa Silva-Toney, una estudiante de trabajo social de 21 años que vive en Point Pleasant, Virginia Occidental, también participó en este tipo de videos de TikTok. “Simplemente tenía curiosidad”, dijo, y señaló que la gente a menudo se equivoca con su edad.

Parte de la razón por la que quería publicar su video, dijo, era que no había visto a muchas otras mujeres negras haciéndolo. Añadió que la cultura de la comparación constante de TikTok podría estar alimentando la tendencia y el debate más amplio sobre las arrugas del entrecejo y la elasticidad de la piel de su generación.

Pri Maha, analista de negocios de Atlanta, dijo que había pedido a la gente que adivinara su edad en un reciente video de TikTok más que nada por curiosidad. “Veo contenidos de grandes influentes que solo tienen 23 años y se ponen bótox”, dijo Maha, de 27 años. “A veces me hace pensar: ‘¿Debería hacer yo eso, ya que soy mayor?”.

Y añadió: “Siento que definitivamente veo cada vez más chicas jóvenes operándose, o tratando de parecer lo más jóvenes posible, cuando todavía son superjóvenes”. Pero no todo el mundo participa en la tendencia solo por curiosidad.

“Tengo bastante resistencia, y no hay muchas cosas que hieran mis sentimientos”, dijo Morgan Driscoll, quien trabaja en comunicaciones en una empresa tecnológica y vive en Weymouth, Massachusetts. “Sabía que valía la pena publicarlo por las vistas”.

Como es una persona que aspira a tener un gran número de seguidores en TikTok, Driscoll, de 30 años, vio en participar en la tendencia una especie de oportunidad de negocio. “No lo publiqué porque buscara validación”, dijo. “Lo publiqué porque sabía que conseguiría interacción en mi cuenta”.

Tenía razón: su video ha sido visto más de 100.000 veces. La mayoría de los comentarios se referían a sus cejas. “Tengo unas cejas muy milénial”, dijo Driscoll, lo que significa que sus cejas son finas. Añadió que iba a “arreglárselas” esta semana, basándose en los comentarios de TikTok.

“Creo que lo peor que recibí fue un comentario diciendo que la piel de mi cuello se está soltando, lo cual es una locura”, añadió. “Es decir, ¡apenas he cumplido 30 años!”. Pero para muchos TikTokers, cualquier interacción con su cuenta sirve.

“Un comentario es un comentario”, dijo Driscoll. “No me importa que sean trolls. No me importa si me dicen que parezco un sapo. Solo quiero los comentarios”.

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