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Un algoritmo le dijo a la policía que ella estaba a salvo. Luego su esposo la mató…


El algoritmo VioGén para víctimas de violencia de género se audita de forma  independiente por primera vez · Maldita.es - Periodismo para que no te la  cuelen

The New York Times(A.Satariano/R.T.Pifarré/fotos A.M.A.Gosén) — España usa un sistema que evalúa la probabilidad de que una víctima de violencia doméstica vuelva a sufrir maltrato y ayuda a determinar la protección que se le brinda, lo que a veces acarrea consecuencias fatales.

En un pequeño apartamento ubicado en las afueras de Madrid, el 11 de enero de 2022, una discusión sobre las tareas del hogar se tornó violenta cuando el marido de Lobna Hemid rompió una zapatera de madera y se valió de uno de los trozos para golpearla. Los vecinos escucharon los gritos de ella. Sus cuatro hijos, de entre 6 y 12 años, también estaban en casa.

El esposo de Hemid durante 14 años, Bouthaer el Banaisati, la golpeaba y pateaba regularmente, según le contaría ella más tarde a la policía. También la llamaba “hija de puta”, “mierda” y “asquerosa”, de acuerdo con el informe policial.

Antes de que Hemid abandonara la estación esa noche, la policía tenía que determinar si estaba en peligro de volver a ser atacada y necesitaba apoyo. Un oficial de policía contestó 35 preguntas cuyas respuestas eran sí o no, tales como: ¿Se utilizó un arma? ¿Había problemas económicos? ¿El agresor ha mostrado conductas controladoras? Las respuestas alimentaron un algoritmo llamado VioGén que ayudaría a generar una respuesta.

VioGén produjo una puntuación: RIESGO BAJO Lobna Hemid 2022Madrid

La policía aceptó la recomendación del programa informático y Hemid regresó a casa sin más protección. El Banaisati, que pasó la noche detenido, salió libre al día siguiente. Siete semanas después, la apuñaló mortalmente varias veces en el pecho y el abdomen antes de suicidarse. Ella tenía 32 años.

Two hands hold a cellphone showing a photo of Lobna Hemid holding a cellphone.

España se ha vuelto dependiente de un algoritmo para combatir la violencia de género. El software está tan entrelazado con los cuerpos policiales que es difícil distinguir dónde terminan sus recomendaciones y dónde empieza la toma de decisiones humana.

En el mejor de los casos, el sistema ha ayudado a la policía a proteger a mujeres vulnerables y en general, ha reducido la cifra de maltrato repetido en los casos de violencia doméstica. Pero el empleo de VioGén también ha resultado en víctimas que volvieron a ser atacadas al calcularse erróneamente su puntuación de riesgo, en ocasiones con consecuencias mortales.

Actualmente en España hay 92.000 casos de víctimas de violencia de género que han sido evaluados por VioGén, la mayoría de los cuales —el 83 por ciento— se han clasificado como con poco riesgo de volver a ser agredidas. Sin embargo, alrededor del 8 por ciento de las mujeres que el algoritmo determinó que no estaban en riesgo aparente, y el 14 por ciento de las que fueron consideradas como de bajo riesgo han denunciado que volvieron a sufrir maltrato, según el Ministerio del Interior de España, que supervisa el sistema.

Al menos 247 mujeres han sido asesinadas por su pareja o expareja desde 2007 luego de que VioGén las evaluara, según cifras gubernamentales. Si bien es cierto que la cifra es una fracción minúscula de los casos de violencia de género, es indicativa de los fallos del algoritmo. The New York Times averiguó que en una revisión oficial de 98 de esos feminicidios, 55 de las mujeres asesinadas habían recibido de VioGén la clasificación de riesgo de abuso repetido no apreciado o bajo .

VioGén: visita a las tripas del algoritmo que calcula el riesgo de que una  mujer sufra violencia machista | Tecnología | EL PAÍS

Así se clasificaron los niveles de riesgo de 98 mujeres: ExtremoAltoMedioBajoNo apreciado

(Fuente: Consejo General del Poder Judicial de España Nota: Datos de 2010 a 2022. Las estadísticas de 2016 a 2018 no están disponibles.)

Los agentes de policía están facultados para aceptar o aumentar las calificaciones de VioGén en función de las pruebas, pero aceptan las puntuaciones de riesgo alrededor del 95 por ciento de las veces, según las autoridades.

Los jueces también pueden valerse de los resultados del algoritmo cuando analizan solicitudes de órdenes de restricción y otras medidas de protección.

“Las mujeres quedan al margen”, dijo Susana Pavlou, directora del Instituto Mediterráneo de Estudios de Género, coautora de un informe de la Unión Europea sobre VioGén y otras iniciativas policiales para combatir la violencia contra las mujeres. El algoritmo “de cierta manera exime a la policía de toda responsabilidad de evaluar la situación y lo que la víctima pueda necesitar”.

España es un ejemplo de cómo los gobiernos están recurriendo a algoritmos para tomar decisiones sociales, una tendencia mundial que se espera que crezca con el auge de la inteligencia artificial. En Estados Unidos, los algoritmos ayudan a determinar las penas de prisión, establecer patrullajes policiales e identificar a los niños en riesgo de sufrir abusos.

En Holanda y el Reino Unido, las autoridades han experimentado con algoritmos para predecir quién puede convertirse en delincuente e identificar a las personas que pueden estar cometiendo fraude a la seguridad social.

Pocos programas tienen consecuencias de vida o muerte como sucede con VioGén. Sin embargo, las víctimas entrevistadas por el Times rara vez estaban al tanto del papel que el algoritmo había desempeñado en sus casos. El gobierno tampoco ha publicado datos exhaustivos sobre la eficacia del sistema y se ha negado a poner el algoritmo a disposición de auditorías externas.

VioGén se creó como una herramienta imparcial que ayudara a la policía con recursos limitados a identificar y proteger a las mujeres con mayor riesgo de ser agredidas nuevamente. El objetivo de la tecnología era aumentar la eficacia ayudando a los cuerpos policiales a priorizar los casos más urgentes, centrándose menos en los que el algoritmo considera de menor riesgo.

Las víctimas clasificadas como de mayor riesgo reciben más protección, lo que incluye patrullajes periódicos por su domicilio, acceso a un centro de acogida y vigilancia policial de los movimientos de su agresor. Quienes obtienen puntuaciones más bajas reciben menos apoyo.

En un comunicado, el Ministerio del Interior defendió a VioGén y dijo que en el gobierno eran “los primeros en hacer autocrítica” cuando ocurren errores. Indicó que los feminicidios eran tan infrecuentes que eran difíciles de prever con precisión, sin embargo añadió que era un “hecho incontestable” que VioGén ha ayudado a reducir la violencia machista contra las mujeres.

Desde 2007, alrededor del 0,03 por ciento de las 814.000 víctimas que presentaron una denuncia de violencia de género en España han sido asesinadas tras ser evaluadas por VioGén, según las autoridades. Durante ese tiempo, las agresiones repetidas en todos los casos de violencia de género se han reducido a aproximadamente del 40 al 15 por ciento, según cifras gubernamentales.

“Si no fuese por esto, tendríamos más homicidios de violencia de género de los que tenemos”, dijo Juan José López Ossorio, un psicólogo que colaboró con la creación de VioGén y trabaja para el Ministerio del Interior.

A portrait of Juan José López Ossorio, wearing a suit with an open collar, sitting on a desk in an office, looking toward the camera.
Juan José López Ossorio, psicólogo y funcionario que ayudó a crear el sistema VióGen.

Sin embargo, las víctimas y sus familiares están lidiando con las consecuencias de los casos en los que VioGén se equivoca.

“La tecnología está bien, pero hay veces que no, y ahí eso está fatal”, dijo Jesús Melguizo, cuñado de Hemid, que es tutor de dos de sus hijos. “El ordenador no tiene corazón”.

– ‘Es eficaz pero no perfecto’

VioGén empezó con una pregunta: ¿es posible que la policía pueda anticipar una agresión antes de que se produzca?

Después de que España aprobó en 2004 una ley contra la violencia de género, el gobierno reunió a expertos en estadística, psicología y otros campos para encontrar una respuesta. Su objetivo era crear un modelo estadístico para identificar a las mujeres con mayor riesgo de sufrir abusos y diseñar una solución estandarizada para protegerlas.

A notebook open to a page with handwritten text and drawings.
Algunos bocetos y estrategias iniciales de investigación de lo que se convertiría en VioGén, entre ellos un árbol de decisión y técnicas de calibración para predecir los homicidios cometidos por parejas íntimas.

“Sería una nueva guía para la evaluación del riesgo en la violencia de género”, dijo Antonio Pueyo, profesor de psicología en la Universidad de Barcelona que luego se unió a la iniciativa.

El equipo adoptó un enfoque similar al que utilizan las compañías de seguros y los bancos para predecir la probabilidad de sucesos futuros, como los incendios de viviendas o las fluctuaciones monetarias. Estudiaron las estadísticas nacionales sobre delincuencia, los registros policiales y el trabajo de investigadores británicos y canadienses para encontrar indicadores que parecen estar correlacionados con la violencia de género.

El abuso de sustancias, la pérdida de empleo y la incertidumbre económica ocupaban los primeros puestos de la lista.

A continuación idearon un cuestionario para las víctimas, de modo que sus respuestas pudieran compararse con los datos históricos. La policía rellenaba las respuestas después de entrevistar a la víctima, revisar las pruebas documentales, hablar con los testigos y estudiar otra información procedente de organismos gubernamentales. Las respuestas a determinadas preguntas tenían más peso que otras, como si un maltratador mostraba tendencias suicidas o daba muestras de celos.

. Tres preguntas del cuestionario

Indicador 6. ¿En los últimos seis meses se registra un aumento en la escalada de las agresiones o las amenazas? Sí/No/N/A

Indicador 26. ¿La víctima presenta algún tipo de adicción o conductas de abuso de tóxicos (alcohol, drogas y tóxicos)? Sí/No/N/A

Indicador 34. ¿La víctima ha expresado al agresor su intención de romper la relación hace menos de seis meses? Sí/No/N/A

El sistema le daba una puntuación a cada víctima: riesgo no apreciado, riesgo bajo, riesgo medio, riesgo alto o riesgo extremo. Una puntuación más alta daría pie a patrullajes policiales y el seguimiento de los movimientos del agresor. En casos extremos, la policía asignaría vigilancia las 24 horas del día. Las personas con una puntuación de riesgo baja recibirían menos recursos, sobre todo llamadas de seguimiento.

Los algoritmos predictivos para abordar la violencia doméstica se han utilizado en algunas partes del Reino Unido, Canadá, Alemania y Estados Unidos, pero no a la escala nacional implementada por las autoridades españolas. El Ministerio del Interior introdujo VioGén en todas partes menos en la región de Cataluña y el País Vasco.

Al principio, las fuerzas del orden recibieron el algoritmo con escepticismo, según explicaron al Times funcionarios de la policía y del gobierno, pero pronto se convirtió en parte de la actividad policial cotidiana.

Antes de VioGén, las investigaciones “se basaban en la experiencia del policía”, dijo Pueyo, quien sigue afiliado al programa. “Ahora esto está organizado y guiado por VioGén”.

VioGén es una fuente de información imparcial, afirmó. Si una mujer agredida a altas horas de la noche fue atendida por un joven policía con poca experiencia, VioGén podría ayudar a detectar el riesgo de violencia futura.

“Es más eficiente”, dijo Pueyo.

A lo largo de los años, VioGén se ha ido perfeccionando y actualizando, incluso con métricas que se cree que predicen mejor los homicidios. También se ha exigido a la policía que realice una evaluación de riesgos en los 90 días siguientes a una agresión.

Pero la fe de España en el sistema ha sorprendido a algunos expertos. Juanjo Medina, investigador principal de la Universidad de Sevilla que ha estudiado VioGén, dijo que la eficacia del sistema sigue sin estar clara.

“No somos buenos pronosticando el tiempo, y mucho menos el comportamiento humano”, dijo.

Francisco Javier Curto, suboficial en la comandancia de la Guardia Civil en Sevilla, dijo que VioGén ayuda a sus equipos a priorizar, pero requiere una estrecha supervisión. Cada día llegan unos 20 nuevos casos de violencia de género, cada uno de los cuales requiere una investigación. Ofrecer protección policial a todas las víctimas sería imposible teniendo en cuenta el tamaño del personal y los presupuestos.

“El sistema es eficaz pero no es perfecto”, dijo, y añadió que VioGén es “el mejor sistema que existe en el mundo ahora mismo”.

Francisco Javier Curto, sitting at a desk, looks at a pair of computer monitors.
Francisco Javier Curto, comandante de la Guardia Civil en Sevilla, quien supervisa los incidentes de violencia de género en la provincia. VioGén es “el mejor sistema que existe ahora mismo en el mundo”, dijo.

José Iniesta, guardia civil de Alicante, una ciudad portuaria del sureste del país, afirma que no hay suficientes agentes formados para hacer frente al creciente número de casos. Iniesta, líder en el sindicato Asociación Unificada de Guardias Civiles, que representa a la policía en las zonas rurales, dijo que fuera de las grandes ciudades, la policía a menudo debe elegir entre abordar la violencia contra las mujeres u otros delitos.

El Sindicato Unificado de Policía, que representa a los agentes policiales a nivel nacional, afirmó a través de un comunicado que ni siquiera la tecnología más eficaz puede compensar la falta de expertos formados. En algunos lugares, a un oficial de policía se le asigna trabajar con más de 100 víctimas, dijo.

“En muchas provincias los oficiales están sobrepasados”, decía el sindicato en el comunicado.

– Cuando se repiten los ataques

Por toda España pueden encontrarse mujeres que fueron asesinadas luego de ser evaluadas por VioGén.

Una de ellas fue Stefany González Escarraman, una joven de 26 años que vivía cerca de Sevilla. En 2016 acudió a la policía luego de que su esposo la golpeó en la cara y la ahorcó. Le lanzó objetos, entre ellos un cucharón de cocina que impactó contra su hijo de 3 años. Después de que la policía interrogó a González Escarraman durante unas cinco horas, VioGén determinó que no había riesgo percibido de que fuera a sufrir maltrato otra vez.

Al día siguiente, González Escarraman, que tenía un ojo morado e hinchado, acudió al tribunal en busca de una orden de alejamiento en contra de su marido. Los jueces pueden fungir como un contrapeso al sistema VioGén, y tienen la capacidad de intervenir en casos y brindar medidas de protección. En el caso de González Escarraman, la jueza rechazó la orden de restricción, citando la puntuación de riesgo de VioGén y la falta de antecedentes penales de su esposo.

Stephany Escarramán seated on a wooden bench and wearing blue jeans and an orange sweater.
Stefany González Escarraman, quien fue asesinada en 2016 por su marido. VioGén la había calificado como de riesgo no apreciado.

Alrededor de un mes después, a González Escarraman la apuñaló su esposo varias veces en el corazón frente a sus hijos. En 2020, su familia ganó una causa contra el Estado por no haber valorado de forma adecuada el nivel de riesgo y brindarle protección suficiente.

“Si se le hubiese brindado la ayuda —o lo que sea— tal vez ella habría estado viva”, dijo Williams Escarraman, su hermano.

En 2021, Eva Jaular, que vivía en Liaño, en el norte de España, murió a manos de su expareja luego de que VioGén determinara su riesgo como bajo. El hombre también mató a la hija de ambos, de 11 meses. Seis semanas antes había clavado un cuchillo en el cojín de un sillón junto a donde Jaular estaba sentada y dijo “mira qué bien pincha”, según una denuncia policial. (RIESGO BAJO: Eva Jaular-2021-Liaño)

Desde 2007, 247 de las 990 mujeres asesinadas en España por una pareja actual o expareja estaban dentro del sistema VioGén, según el Ministerio del Interior. Las demás víctimas no habían denunciado previamente a la policía, por lo que no estaban en el sistema. El ministerio declinó dar a conocer la calificación de riesgo de las 247 que fueron asesinadas.

The New York Times analizó informes de un observatorio jurídico español, publicados casi cada año desde 2010 hasta 2022, en los que se incluía información de los niveles de riesgo de 98 mujeres que luego serían asesinadas. Cincuenta y cinco de ellas habían sido clasificadas como de riesgo no apreciado o en bajo riesgo.

El Ministerio del Interior dijo a través de un comunicado que analizar los niveles de riesgo de las víctimas de feminicidio no brinda una imagen precisa de la efectividad de VioGén debido a que algunos asesinatos sucedían más de un año después de la primera valoración, mientras que otros fueron cometidos por otra pareja.

No está claro el motivo por el cual el algoritmo no clasifica correctamente a algunas mujeres, pero una posible razón sería la mala calidad de información que se ingresa en el sistema. VioGén resulta ideal para casos en los que una mujer, momentos después de ser atacada, es capaz de brindar información completa a un oficial experimentado de policía que tiene tiempo de investigar a fondo el incidente.

Eso no siempre sucede. El temor, la vergüenza, la dependencia económica, el estatus migratorio y otros factores pueden provocar que una víctima no comparta toda la información. Los policías a menudo están justos de tiempo y puede que no investiguen a conciencia.

Elisabeth stands in a garden, her face obscured by a yellow flower that is out of focus.
Elisabeth es sobreviviente de violencia de género y abogada. A fin de convertir su experiencia en una fuerza de cambio se tituló en derecho para defender a las víctimas de violencia machista que enfrentan maltrato institucional en España.

“Si ya metemos una información errónea al sistema, ¿Cómo podemos pretender que el sistema nos dé un resultado bueno”, dijo Elisabeth, una víctima que ahora trabaja como abogada en materia de violencia de género. Habló con el Times con la condición de que no se usara su nombre completo por temor a que su expareja tomase represalias.

Luz, una mujer de un pueblo del sur de España, dijo que en repetidas ocasiones fue calificada como de riesgo bajo tras las agresiones de su pareja porque tenía miedo y vergüenza de proporcionar información completa a los policías, a algunos de los cuales conocía personalmente. Solo consiguió que le aumentaran la puntuación de riesgo a extremo después de trabajar con un abogado especializado en casos de violencia de género, lo que le brindó protección policial las 24 horas del día.

“Las mujeres callamos muchísimas cosas. No porque queramos mentir, sino por miedo”, dijo Luz, quien habló con la condición de que no se usara su nombre completo por temor a su atacante, que fue puesto en prisión. “VioGén estaría bien con personas cualificadas y teniendo las herramientas suficientes para poder llevarlo a cabo”.

Luz and her son hug each other, with a stone wall behind them.
Luz, en la imagen con su hijo, dijo que la habían clasificado con riesgo bajo porque tenía vergüenza y miedo de brindar información completa a la policía sobre el maltrato de su pareja.

Los grupos de defensa de víctimas dijeron que los psicólogos y otros especialistas con formación son los que deberían llevar a cabo los cuestionarios, en lugar de la policía. Algunos han instado al gobierno a que requiera que se permita que las víctimas estén acompañadas por una persona de su confianza a fin de asegurarse de que se brinde información completa a las autoridades, algo que no se permite en todas partes.

“No es fácil denunciar a una persona que has querido”, dijo María, una víctima de Granada, en el sur de España, a quien se etiquetó como de riesgo medio luego de que su pareja la atacó con una mancuerna. Pidió que no se publicara su nombre completo porque tiene miedo de que él tome represalias en su contra.

Ujué Agudo, una investigadora española que estudia la influencia de la inteligencia artificial en las decisiones humanas, dijo que la tecnología tiene un papel en la solución de problemas sociales. Pero podría reducir la responsabilidad humana a simplemente aprobar el trabajo de la máquina, en lugar de motivar a que lleven a cabo las labores necesarias.

“El humano nunca tiene las de ganar. Si el sistema acierta es un éxito del sistema. Si el sistema falla, es un error del humano que no está supervisando adecuadamente”, dijo Agudo, codirectora de Bikolabs, un grupo de la sociedad civil. Dijo que un mejor enfoque sería que el humano “diga cuál es su decisión” antes “de ver lo que opina la inteligencia artificial”.

Las autoridades españolas analizan si incorporan IA a VioGén a fin de que pueda sacar datos de distintas fuentes y aprender más por sí mismo. Ossorio, uno de los creadores de VioGén que trabaja para el Ministerio del Interior, dijo que la herramienta puede tener aplicación en otras áreas, como el acoso laboral y los crímenes de odio.

Los sistemas nunca serán perfectos, dijo, pero tampoco lo es el juicio humano. “Hagamos lo que hagamos, siempre fallamos”, dijo. “Es un problema irresoluble”.

Este mes, el gobierno español convocó a una reunión de emergencia después de que tres mujeres fueron asesinadas por sus exparejas en un lapso de 24 horas. Una de las víctimas, una mujer de 30 años del centro de España, había sido clasificada como de bajo riesgo por VioGén.

En una conferencia de prensa, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, dijo que aún tenía “absoluta confianza” en el sistema.

– ‘Siempre alegre’

A dried bouquet is tied to a post, with building visible in the background.
Un memorial de rosas y eucaliptos adorna una farola en la entrada de la calle donde vivía Hemid.

Hemid, que fue asesinada a las afueras de Madrid en 2022, nació en una zona rural de Marruecos. A los 14 años le presentaron en una boda familiar a El Banaisati, 10 años mayor que ella. Tenía 17 años cuando se casaron. Luego se trasladaron a España para que él pudiera trabajar de manera más estable.

Hemid era extrovertida y sociable, y a menudo se la veía corriendo para llevar a sus hijos al colegio a tiempo, según sus amigos. Aprendió a hablar español y a veces se unía a los niños que jugaban al fútbol en el parque.

“Estaba siempre alegre”, dijo Amelia Franas, cuyos hijos iban a la misma escuela que los de Hemid, y era amiga de ella.

Pocos sabían que el maltrato era una constante en el matrimonio de Hemid. Hablaba poco de su vida familiar, según dijeron sus amigos, y nunca llamó a la policía ni denunció a El Banaisati antes del incidente de enero de 2022.

VioGén está pensado para identificar señales de peligro de los que los humanos podrían no estar al tanto, pero en el caso de Hemid, parece que la policía pasó por alto algunas pistas. Sus vecinos le dijeron al Times que no fueron entrevistados, ni tampoco los administradores de la escuela de sus hijos, que comentaron haber advertido algunas señales problemáticas.

Los familiares dijeron que El Banaisati padecía un tipo de cáncer potencialmente mortal que hacía que se comportara de manera errática. Muchos culparon a la discriminación subyacente en el sistema penal español, que obvia la violencia contra las mujeres inmigrantes, especialmente las musulmanas.

La policía no ha hecho pública una copia de la evaluación que originó la puntuación de bajo riesgo que VioGén hizo sobre el caso de Hemid. Una copia de otro informe policial compartido con el Times señalaba que Hemid estaba cansada durante el interrogatorio y quería terminar la entrevista para irse a casa.

Pocos días después de la agresión de 2022, Hemid obtuvo una orden de alejamiento de su marido. Pero El Banaisati ignoró en gran medida la orden, según dijeron parientes y amigos. Se mudó a un apartamento a menos de 500 metros del lugar donde vivía Hemid y siguió amenazándola.

Melguizo, el cuñado de ella, dijo que pidió ayuda al abogado de oficio asignado a Hemid, pero le dijeron que debido a que su puntuación de riesgo era baja, no podían pedir que se a mande protección “a la puerta de tu cuñada”.

El día después de que fue apuñalada, Hemid tenía programada una cita en el juzgado para presentar oficialmente la demanda de divorcio.

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El talco, bajo sospecha: ¿cómo podemos interpretar la advertencia de la OMS?


El talco, bajo sospecha: ¿cómo podemos interpretar la advertencia de la OMS?

The Conversation(J.M.S. del Castillo/M.M.M. Suarez-Varela) — El talco, un mineral compuesto principalmente de silicato de magnesio hidratado y que presenta una gran capacidad para absorber agua, ha sido históricamente un componente importante para elaborar cosméticos y otros productos farmacéuticos. Sin embargo, en los últimos años se ha puesto en duda su seguridad.

El pasado 9 de julio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró al talco como “probablemente cancerígeno”. La clasificación se sustentaba en una evaluación de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), realizada por un grupo de trabajo de 29 científicos de 13 países en junio de 2024.

Los resultados dieron lugar a un artículo en la revista The Lancet Oncology, y en 2025 se espera que la IARC publique una monografía específica.

– Palabra de la IARC

La IARC es una agencia especializada de la OMS. Fundada en 1965 y con sede en Lyon (Francia), su principal objetivo es coordinar y llevar a cabo investigaciones sobre las causas del cáncer y desarrollar estrategias científicas de prevención. En sus monografías evalúa la carcinogenicidad de diversos agentes, incluidos productos químicos, agentes físicos y biológicos y mezclas complejas.

Actualmente, la IARC clasifica esos agentes en cinco grupos:

  • Grupo 1: carcinógeno para los humanos. Existe suficiente evidencia de que el agente causa cáncer en las personas.

  • Grupo 2A: probablemente carcinógeno para los humanos. Hay evidencia limitada en personas y suficiente en animales.

  • Grupo 2B: posiblemente carcinógeno para los humanos. Hay pruebas limitadas en humanos y menos que suficientes en animales.

  • Grupo 3: no clasificable en cuanto a su carcinogenicidad para los humanos. La evidencia es insuficiente en personas y animales.

  • Grupo 4: probablemente no carcinógeno para los humanos. La evidencia sugiere ausencia de carcinogenicidad en humanos y animales.

Teniendo en cuenta esta clasificación y después de revisar exhaustivamente los estudios disponibles, el grupo de trabajo de la IARC declaró el talco como probablemente carcinogénico para los humanos (Grupo 2A).

Esta inclusión se basa en una combinación de evidencia limitada en personas, pruebas suficientes en animales de experimentación y evidencia mecanicista (enfocada en los mecanismos biológicos, físicos o químicos subyacentes) sólida de que el talco exhibe características clave de carcinógenos en células primarias humanas y sistemas experimentales.

Advertencia de la OMS! El talco es calificado como “probablemente  cancerígeno”

– Factores de riesgo del cáncer de ovario

Durante los últimos años, numerosos estudios han buscado una posible asociación entre la exposición de la zona perineal al talco y el cáncer de ovario. De cualquier forma, la Sociedad Americana del Cáncer establecía en 2019 que no existe una causa bien establecida para la mayoría de los casos. En ese momento se hablaba de dos hipótesis:

  • El daño tisular y la subsiguiente reparación del ovario que ocurre durante cada ovulación podría aumentar el riesgo debido a errores de replicación genética durante dicho proceso de reparación.
  • Este tipo de cáncer podría estar mediado por fluctuaciones en las hormonas generadas por el propio cuerpo, en general, o niveles más altos, de manera constante, de ciertas hormonas sexuales.

    Aunque las probabilidades de que una mujer desarrolle cáncer de ovario epitelial pueden verse afectadas por una amplia gama de factores –como veremos a continuación–, se estima que hasta un 20 % de los casos se deben a condicionantes hereditarios, mientras que el 80 % restante es atribuido a razones idiopáticas (o sea, de origen desconocido).

    Los principales factores de riesgo son el envejecimiento, un período menstrual prolongado (comenzar la menstruación antes de los 12 años o llegar a la menopausia después de los 52), la obesidad, el uso de terapia hormonal postmenopáusica, antecedentes familiares de cáncer de ovario, colorrectal o de mama y un historial personal de tumor de mama.

    También incrementan las posibilidades, pero en menor medida, el historial reproductivo –el riesgo disminuye con cada embarazo a término en mujeres menores de 35 años–, el uso de píldoras anticonceptivas y ciertas cirugías ginecológicas como la ligadura de trompas o la histerectomía. A esta última lista ahora también habría que añadir la exposición al talco.

    La OMS declara los polvos de talco como "probablemente cancerígenos"

    – ¿Y ahora qué?

    Hay que tener en cuenta que el talco de grado cosmético actualmente forma parte de polvos para bebés, productos de higiene femenina, antitranspirantes, desodorantes, cremas, productos para el cuidado del cabello, lápices labiales, champús, productos para el afeitado, ungüentos para heridas, polvos para pies y protectores solares.

    Incluso es utilizado en aplicaciones médicas como la pleurodesis, un procedimiento para tratar derrames pleurales malignos.

    Entre la población femenina, los polvos corporales con talco se depositan en el área genital-rectal, en los pies o los muslos, en toallas sanitarias, en ropa interior y para almacenar diafragmas. Además, hay que tener en cuenta que la exposición a través del tracto genital también puede producirse debido a que muchas marcas de condones utilizan talco como lubricante de superficie.

    Así que, ante los datos recopilados por la IARC, estamos a la espera de una revisión de las políticas de salud pública a nivel europeo y mundial en torno a este producto.

    nuestras charlas nocturnas.


    «La escala de esta interrupción no tiene precedentes»: apagón informático de Windows afecta a aerolíneas, bancos y sistemas de salud de todo el mundo…


    Colas en el aeropuerto de Barajas en Madrid por apagón tecnológico, 19 de junio 2024
    En el aeropuerto de Barajas en Madrid se formaron largas filas de pasajeros por los vuelos atrasados.

    BBC News Mundo — Ha sido una falla global de proporciones nunca antes vistas.

    Un problema con el sistema operativo Windows, usado en millones de equipos de cómputo personales, empresariales y de instituciones públicas, tuvo consecuencias en todo el planeta.

    Entre las compañías más afectadas estaban algunos de los principales bancos, aerolíneas, supermercados, servicios de salud y medios de comunicación del mundo desde las primeras horas de este viernes por este apagón informático.

    Algunas de las famosas marquesinas de Time Square, que están encendidas día y noche en el corazón de Nueva York, quedaron apagadas.

    El origen del problema está asociado a un antivirus de la empresa de ciberseguridad estadounidense Crowdstrike que afectó directamente la operatividad de Windows.

    Los usuarios vieron una pantalla azul en sus equipos de cómputo que mostraba el mensaje de «error fatal».

    «La escala de esta interrupción no tiene precedentes y sin duda pasará a la historia», le dijo a AFP Junade Ali del Instituto Británico de Ingeniería y Tecnología, y agregó que el último incidente de escala similar ocurrió en 2017.

    Pantallas apagadas en Time Square
    Las pantallas de Time Square, en Manhattan, estaban apagadas.

    Un correctivo fue aplicado por Crowdstrike poco después de ocurrir el apagón informático.

    El director ejecutivo de la compañía, George Kurz, informó que el «defecto» fue identificado, pero aclaró que podría pasar «un tiempo» antes de que todos los sistemas vuelvan a estar en funcionamiento.

    La firma tiene unos 24.000 clientes en todo el mundo y protege cientos de miles de computadores.

    En un mensaje enviado a los clientes el viernes, Kurtz afirmó que el fallo no se debía a un ataque informático o de seguridad, sino a un defecto en una «actualización de contenidos».

    «Mientras resolvemos este incidente, tienen mi compromiso de ofrecerles total transparencia sobre cómo ocurrió y las medidas que estamos tomando para evitar que algo así vuelva a ocurrir», señaló Kurtz.

    Microsoft, por su parte, aseguró que la “causa subyacente” de la falla se ha corregido para sus aplicaciones.

    Pero el efecto dominó que generó en algunos servicios, como los aeropuertos, ya estaba hecho.

    Pantalla azul con mensaje de "error fatal"
    Las pantallas de muchas terminales en el mundo se tornaron azules.

    Antes de la falla de este viernes, otra caída global de sistemas fue la provocada por el ciberataque WannaCry de mayo de 2017, el cual afectó a unos 300.000 computadores en 150 países diferentes.

    Se trató de un ciberataque que afectó a una versión vieja de Windows y se propagó automáticamente a cualquier ordenador que tuviera el sistema operativo antiguo y desprotegido.

    – Vuelos en tierra por horas

    Los servicios en las compañías afectadas se han recuperado poco a poco con el paso de las horas. Pero una de las principales industrias afectadas fue la de la aviación.

    Los sistemas para el registro de pasajeros, la documentación de equipaje y la programación de los vuelos resultaron afectados por la falla en la plataforma de Windows.

    En Australia, uno de los primeros países afectados, el aeropuerto de Sídney tuvo que dejar a todos los aviones en tierra. El corresponsal de la BBC en esa ciudad reportó confusión y escenas de caos cuando las pantallas se apagaron y los pasajeros no pudieron registrase para sus vuelos.

    En India, mientras tanto, el aeropuerto Indira Gandhi, en Nueva Delhi, decidió recurrir a un sistema manual porque sus terminales electrónicas y las pantallas con la información de vuelos estaban inoperables.

    La orden para los pasajeros fue llenar tarjetas de embarque en blanco con sus datos, así como las etiquetas de identificación de equipaje.

    En el aeropuerto de Nueva Delhi, un funcionario escribe a mano la información de las salidas de los vuelos
    Sistema manual en el aeropuerto de Nueva Delhi. Un funcionario escribe a mano la información de las salidas de los vuelos.

    Escenas similares se vieron en Reino Unido, donde 90% de los vuelos de los aeropuertos de Gatwick y Stansted, en Londres, fueron cancelados o demorados.

    Problemas similares ocurrieron en aeropuertos de todos los continentes. Terminales de conexión importantes en Asia, Europa y América tuvieron que retrasar o cancelar miles de vuelos.

    En Estados Unidos, las aerolíneas United, Delta y American Airlines emitieron un “alto en tierra global” para todos sus vuelos.

    Hasta las 20:00 GMT, en total más de 5.000 vuelos fueron cancelados en todo el mundo, es decir, alrededor del 4,6% de todos los servicios programados, según la empresa de datos de aviación Cirium.

    Las cancelaciones y retrasos harán que las afectaciones se extiendan a lo largo del fin de semana.

    – Efectos en América Latina

    En México se retrasaron vuelos y algunos bancos tuvieron que demorar las aperturas de sus sucursales, así como dejar en suspenso las transacciones.

    En Argentina, la falla de Crowdstrike afectó principalmente los aeropuertos, ya que algunas aerolíneas sufrieron apagones de sus sistemas informáticos.

    Según la prensa local, una de las perjudicadas fue la española Iberia, que debió realizar el check in de sus pasajeros de forma manual en el aeropuerto internacional de Ezeiza, Buenos Aires.

    Un problema similar tuvo JetSMART, que reportó estar “experimentando intermitencia” en sus servicios informáticos.

    Ambas empresas mantuvieron sus vuelos.

    Pasajeros en el AICM hacen fila
    Miles de pasajeros se vieron afectados en el Aeropuerto Internacional de Ciudad de México.

    En Colombia, la Aeronáutica Civil y la compañía aérea Latam recomendaron a los pasajeros revisar el estado de los vuelos, contactar a sus aerolíneas y estar atentos a posibles disrupciones.

    Sin embargo, luego confirmaron que no se produjeron afectaciones en el tráfico aéreo.

    En Brasil, medios locales informaron que la falla generó inestabilidad en las aplicaciones de algunos bancos y atrasos en vuelos de la empresa Azul, mientras que otras aerolíneas recomendaron a sus clientes confirmar el estatus de sus trayectos.

    En Paraguay también se reportaron problemas en el acceso a las aplicaciones de dos bancos.

    En Uruguay, hasta media mañana del viernes no había registros de problemas con vuelos o bancos de plaza debido al fallo informático.

    – La empresa responsable de la falla

    El apagón informático se originó desde Crowdstrike, una empresa de ciberseguridad fundada en 2011 y encargada de proteger a las empresas y sistemas más grandes del mundo de ataques y vulnerabilidades.

    En un primer comunicado tras el apagón, Kurtz reconoció que hubo una falla diciendo: “El problema se ha identificado, aislado y un arreglo se ha implementado”.

    Expresó que los servidores de Mac y Linux no están afectados y aseguró que el incidente no estaba relacionado a la seguridad ni un ciberataque.

    Más tarde, Kurtz manifestó sentirse “profundamente afligido” por el apagón informático.

    Crowdstrike se especializa en protección de seguridad en terminales con miras a impedir que programas maliciosos puedan atacar las redes corporativas desde los dispositivos que las conectan, como celulares y portátiles.

    George Kurtz, director ejecutivo y cofundador de Crowdstrike
    George Kurtz, director ejecutivo y cofundador de Crowdstrike, reconoció que su empresa fue responsable del problema.

    La empresa tiene su sede en Austin, Texas, y cotiza en bolsa desde 2019.

    De hecho, los índices bursátiles mundiales retrocedieron debido al apagón. Las acciones de Crowdstrike en concreto habían caído 10,8% para la tarde del viernes, mientras que las Microsoft bajaron 1%.

    Desde su lanzamiento, Crowdstrike ha jugado un papel clave ayudando a empresas a investigar ciberataques.

    En 2016, el Comité Demócrata Nacional de EE.UU. -la unidad estratégica del Partido Demócrata- solicitó los servicios de Crowdstrike para investigar una intrusión en su red de computadoras.

    – Falla solucionada, pero…

    Crowdstrike aseguró que arregló la falla, pero que podría pasar “un tiempo” antes de que los sistemas se reinicien y funcionen completamente.

    El corresponsal de tecnología de la BBC, Joe Tidy, explicó que los sistemas deben ser reiniciados en “modo seguro”, después buscar el archivo donde está la actualización errónea y desecharlo. Luego se podría encender la computadora en modo normal.

    Sin embargo, eso solo tiene un efecto en dispositivos individuales. En las redes de sistemas se tendría que hacer este proceso una computadora tras otra.

    “Eso consume una increíble cantidad de tiempo y les tomará a las organizaciones días para hacerlo a gran escala”, dijo Tidy la mañana del jueves. “Esencialmente tenemos uno de los mayores impactos en el mundo por un incidente de tecnología informática causado por un proveedor de ciberseguridad”.

    En su sitio internet, Microsoft sugirió encender y apagar los dispositivos seguidamente hasta 15 veces.

    Aunque suene como una sugerencia para salir del paso, Microsoft afirma que, según los comentarios de los usuarios, esos reinicios eran una solución efectiva de momento, particularmente en las computadoras que tienen la pantalla separada.

    Expendio de pasajes afectados por la falla tecnológica
    Desde las máquinas de pasajes hasta los cajeros automáticos han quedado afectados.

    – Otros servicios impactados

    En Australia, el servicio de televisión satelital Sky quedó fuera del aire durante varias horas antes de recuperarse.

    En Reino Unido, la plataforma de la bolsa de valores de Londres fue la primera en experimentar problemas.

    Por su parte, las muy transitadas líneas ferroviarias de la capital británica advirtieron a los pasajeros de demoras, anunciando que habían sufrido “amplios problemas informáticos”.

    El sistema de salud pública británico (NHS) informó de problemas con sus sistema de citas, consultas y acceso a historias médicas. Un doctor dijo a la BBC que sólo estaba viendo pacientes que estén «graves».

    En Alemania también dos hospitales se vieron forzados a cancelar las operaciones que no fueran urgentes, pero los servicios de emergencia continuaban normalmente.

    Entretanto, el comité organizador de los Juegos Olímpicos de París indicó que sus sistemas de tecnología informática también fueron afectadas. No obstante, agregaron que, a solo una semana de la inauguración de los Juegos, tienen planes de contingencia.

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    El poderoso té que ayuda a regular los niveles de glucosa en sangre…


    Infobae(N.Rosen) — La resistencia a la insulina es un problema de salud que afecta a millones de personas en todo el mundo y puede conducir a condiciones graves como la diabetes tipo 2. En la búsqueda de soluciones naturales, los dietistas han destacado ciertos tipos de té que pueden ayudar a mejorar esta condición.

    La resistencia a la insulina es una condición de salud que incrementa el riesgo de desarrollar diabetes y a menudo pasa desapercibida por la falta de síntomas evidentes. En Estados Unidos, 4 de cada 10 adultos entre 18 y 44 años presentan esta afección sin saberlo. Sin embargo, es posible mejorarla mediante cambios en el estilo de vida, por ejemplo, optando por bebidas sin azúcar.

    Uno de los aliados potentes en esta lucha es el té verde. Investigaciones han demostrado su efectividad en la reducción de la resistencia a la insulina. Este té, elaborado a partir de la planta Camellia sinensis, posee propiedades que contribuyen a la mejora del metabolismo de la glucosa y la disminución del estrés oxidativo, factores clave para controlar esta condición.

    Según estudios recientes, el té verde puede reducir el nivel de azúcar en sangre en ayunas, indicador de resistencia a la insulina. Contiene compuestos antioxidantes y antiinflamatorios, conocidos como polifenoles, y una catequina específica llamada galato de epigalocatequina (EGCG). Estos elementos ayudan a disminuir la inflamación y a mejorar la respuesta del cuerpo a la insulina, según las investigaciones en el campo.

    Además, se ha observado que el té verde beneficia al microbioma intestinal, lo que podría influir positivamente en la resistencia a la insulina y la salud general. Durante la preparación, es esencial medir bien el tiempo y la temperatura del agua (entre 75 y 85 grados centígrados) para evitar que el té adquiera un sabor amargo.

    Otro aspecto a tener en cuenta es que, para hacer más agradable su consumo, se puede combinar el té verde con ingredientes como cítricos, menta o jengibre. Estas combinaciones no solo mejoran el sabor sino que también pueden aportar beneficios adicionales.

    Para quienes buscan combatir la resistencia a la insulina, adoptar el hábito de consumir té verde podría ser un paso beneficioso. La evidencia científica respalda esta práctica como una opción saludable dentro de un enfoque de estilo de vida equilibrado.

    El té de canela es otro aliado en la prevención de la resistencia a la insulina debido a sus compuestos activos como los polifenoles y antioxidantes. Estos compuestos ayudan a mejorar la sensibilidad a la insulina, facilitando que las células utilicen la glucosa de manera más eficiente. Además, el consumo regular de té de canela puede contribuir a la reducción de los niveles de glucosa en sangre y mejorar el perfil lipídico, factores cruciales para mantener una buena salud metabólica.

    La canela tiene diversos beneficios para la resistencia a la insulina:

    • Mejora la sensibilidad a la insulina: Los compuestos activos en la canela, como los polifenoles, ayudan a las células a utilizar la glucosa de manera más eficiente.

    • Regula los niveles de glucosa: El té de canela puede contribuir a la disminución de los niveles de azúcar en sangre, reduciendo picos y manteniendo una glucosa más estable.

    • Propiedades antioxidantes: Sus antioxidantes combaten el estrés oxidativo, que puede dañar las células y contribuir a la resistencia a la insulina.

    • Reducción de la inflamación: Los componentes antiinflamatorios en la canela pueden ayudar a disminuir la inflamación crónica, un factor relacionado con la resistencia a la insulina.

    • Mejora del perfil lipídico: El consumo de té de canela puede ayudar a reducir los niveles de colesterol y triglicéridos, mejorando así la salud cardiovascular y metabólica en general.

    • En conclusión, los dietistas recomiendan ciertos tipos de té, como el té verde y el té de canela, por sus propiedades que ayudan a mejorar la resistencia a la insulina. Incorporar estos en la dieta diaria, junto con un estilo de vida saludable, puede ser una estrategia efectiva para mantener una mejor salud metabólica.

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    Los misterios de la conciencia: un viaje por las grandes preguntas…


    Los misterios de la conciencia: un viaje por las grandes preguntas

    The conversation(P.R.Arlazón) — ¿Se ha preguntado alguna vez por qué está aquí, en este preciso momento, leyendo estas palabras? ¿Por qué puede hacerlo y, a la vez, ser consciente de ello? ¿Cómo es posible que nosotros, hechos de la misma materia que todo lo demás, tengamos conciencia? ¿Cómo puede un conjunto de partículas tan diminutas generar tantas preguntas?

    Estos interrogantes han fascinado a la humanidad durante siglos. Filósofos, líderes religiosos y científicos de todas las épocas han dedicado incontables horas a desentrañar estos misterios de nuestra existencia. Hoy, el estudio de la conciencia está más vivo que nunca, con científicos desarrollando teorías y modelos para explorar el enigma.

    Pero aquí surge una pregunta clave: ¿cómo definimos la conciencia? Aunque pueda parecer sencillo, supone un verdadero desafío.

    – Una experiencia dífícil de transmitir

    Por ejemplo, puedo entender lo que significa estar consciente porque lo vivo, pero explicárselo a alguien o algo sin conciencia puede ser imposible.

    En este momento, estoy percibiendo un sinfín de sensaciones y estímulos. Podría describir qué veo en mi ordenador, qué estoy respirando o que tengo un objeto de color verde enfrente, pero ¿cómo explicar el sonido de un teclado a alguien que nunca lo ha oído? ¿Cómo narrar la experiencia de ver a alguien que siempre ha sido ciego, o la sensación de respirar a alguien que no tiene esa capacidad? Estas son cualidades subjetivas de mi experiencia, difíciles de transmitir a quien no las comparte.

    Los expertos han establecido una distinción clave entre dos tipos de conciencia: la fenomenológica y la funcional. La primera se refiere a “lo que se siente” al experimentar algo. La primera nos sumerge en el mundo de las experiencias subjetivas, llevándonos a hacernos preguntas del tipo “¿cómo percibes el color rojo?” o explorar pensamientos como los del famoso ensayo ¿Como se siente ser un murciélago?.

    En esencia, la conciencia fenomenológica se centra en el aspecto experiencial y nuestra subjetividad, adentrándose profundamente en cómo vivimos y entendemos nuestras propias sensaciones y percepciones.

    En contraposición, la conciencia funcional se ocupa de su papel dentro de los procesos cognitivos y los comportamientos de un organismo. Analiza cómo nuestras experiencias subjetivas influyen en nuestra forma de pensar, en la toma de decisiones y en nuestras acciones cotidianas. Esta dimensión es esencialmente pragmática y explora cómo nuestras percepciones y pensamientos interactúan y afectan a nuestro comportamiento diario, facilitando nuestra navegación por el mundo.

    Es una diferenciación que no está exenta de debate. Algunos argumentan que ambas facetas de la conciencia están intrínsecamente entrelazadas y no pueden separarse fácilmente, mientras que otros creen que pueden existir de manera independiente.

    – El experimento del zombi filosófico

    Los misterios de la conciencia: un viaje por las grandes preguntas –  Chubutline – Últimas noticias

    Un ejemplo fascinante que ilustra esta discusión es el experimento mental del zombi filosófico: imagine a un humano que parece, actúa y habla como un ser consciente, pero que carece de cualquier forma de conciencia.

    Este ser no tiene experiencias subjetivas y, a pesar de su apariencia externa, no posee un “mundo interior”.

    Aunque para algunos es un escenario poco probable, sirve para demostrar que, al menos en la imaginación, se pueden separar las propiedades funcionales y fenomenológicas de la conciencia.

    Este debate se alinea directamente con los grandes desafíos en el estudio de la conciencia, conocidos como el problema fácil y el problema difícil. El primero implica entender los aspectos funcionales del cerebro que posibilitan la conciencia, como la percepción y la cognición, mientras que el problema difícil implica elucidar por qué y cómo tenemos experiencias subjetivas y cualitativas.

    A pesar de los avances en el estudio de la conciencia, el segundo continúa siendo uno de los misterios más persistentes. Algunos teóricos lo consideran como un rompecabezas insoluble, sugiriendo que quizás nunca seamos capaces de comprender completamente por qué tenemos experiencias subjetivas. Otros van aún más allá, proponiendo que el problema difícil, o incluso la conciencia misma, no son más que ilusiones.

    No obstante, desentrañar este misterio, o al menos intentarlo, no disminuye la maravilla de la conciencia. De hecho, la comprensión de sus complejidades puede hacer que la experiencia de la conciencia sea aún más fascinante.

    Es una reflexión que resuena con la curiosidad innata del ser humano sobre preguntas fundamentales: ¿por qué estamos vivos? ¿Por qué existe algo en lugar de nada? ¿Por qué existe el universo? Estos interrogantes, que pueden no tener respuestas definitivas, son esenciales para nuestra existencia y reflejan un profundo deseo de entender nuestro lugar en el cosmos.

    – ¿Y si es una pregunta sin respuesta?

    Un equipo de neurocientíficos europeos avanza hacia una teoría unificada de  la conciencia, que podría desvelar los misterios de la mente

    En su Crítica de la Razón Pura (1781), Immanuel Kant capturó este dilema al señalar que la razón humana está destinada a afrontar preguntas que no puede ignorar, pero que también están más allá de su capacidad de responder.

    Este aspecto de la condición humana inicialmente me causaba temor, la idea de que el problema de la conciencia podría permanecer sin resolver. Sin embargo, con el tiempo, he aprendido a valorar y maravillarme ante estos misterios.

    En una era dominada por la inteligencia artificial, donde cada vez más secretos son desvelados, los enigmas que siguen sin resolverse añaden un encanto especial a nuestra experiencia y motivan nuestra curiosidad.

    En última instancia, esto representa la frontera final de la ciencia: la búsqueda de respuestas a preguntas que parecen imposibles de resolver. Estos misterios no solo desafían nuestro entendimiento, sino que también enriquecen nuestra experiencia del mundo, manteniendo viva la llama de la exploración y el asombro.

    nuestras charlas nocturnas.


    Biografía autorizada del Diablo: los orígenes…


    La caída de los condenados de Rubens

    «Porque Jesús le había dicho: ‘¡Sal de este hombre, espíritu impuro!’. Después le preguntó: ‘¿Cuál es tu nombre?’ Él respondió: ‘Mi nombre es Legión, porque somos muchos’»
    (Marcos, 5:8-9)

    JotDown(J.Bilbo) — Según el tuitero y Papa Benedicto XVI “la casa de Satanás existe y es eterna”. No quisiera contradecir a tan alta autoridad, pero me gustaría puntualizar que aunque no tenga final, sí tuvo un origen. El Apocalipsis de San Juan ya menciona los convulsos sucesos que llevaron al Diablo a habitar el Infierno.

    Pero fue una de las obras clave de la literatura universal, El paraíso perdido de John Milton, la que nos dio a conocer en detalle el fallido golpe de Estado celestial, liderado por un ángel singularmente majestuoso y audaz que quiso arrebatar el trono de los Cielos al mismísimo Dios. Un alzamiento que dio lugar a una batalla acojonante que partió el universo en dos y cuyo eco aún resuena en nuestros días. Así ocurrió.

    Nuestro protagonista, conocido bíblicamente como La Serpiente Antigua, El Gran Dragón Rojo, El Acusador de Hermanos, El Ángel del Abismo, Lucifer, Mammón, Belzebú, Abaddon, השָׂטָן, Belial, El Espíritu Inmundo y El Dios de Este Siglo entre otros muchos motes que nos asoman a lo que debió ser una infancia difícil, vivía junto a los demás ángeles en el Cielo antes de que la Tierra y el ser humano fueran creados, en un entorno de lujo y armonía aunque con una oscura indignación que iba apoderándose de él.

    Cierto día, congregó en su suntuoso palacio a gran número de seguidores, que según Daniel Defoe en su erudito Historia del diablo oscila entre 10.511.675,5 (ese medio correspondería a lo que posteriormente sería un cura veneciano) y nada menos que 15.000.050.000.002 billones —debía de ser un palacio bastante amplio en cualquiera de los casos— y una vez en torno a él reunidos, los arengó de esta manera:

    “Tronos, dominaciones, principados,
    Virtudes, potestades, si estos títulos
    Ilustres permanecen todavía
    Como no meramente nominales
    Ya que otro se arroga todo el poder
    Y nos deja eclipsados con su nombre
    De Rey ungido”

    Ya se le nota ahí malmetiendo. Pero sigue —cual Espartaco primigenio— incitando a la rebelión en nombre de la libertad y la igualdad, negándose a vivir de rodillas ante Dios:

    La caída de los ángeles rebeldes, Luca Giordano

    «¿Quién puede, pues, por derecho o por razón,
    Asumir la monarquía de quienes
    Viven por derecho como sus iguales,
    Si no con tanto poder y esplendor,
    Iguales sí en la libertad?

    ¿Quién puede
    Dictarnos leyes e imponer decretos
    A quienes aún sin leyes nunca yerran?»

    Pero su discurso se vio repentinamente interrumpido por Abdiel (cuyo nombre significa “siervo de Dios”) que se irguió airado al grito de “¡Argumento blasfemo, altivo y falso!” y le llamó ingrato y cosas peores.

    Pero nadie más le secundó y tuvo que irse, aunque sin dejarse amedrentar por ello.

    El único fiel entre infieles, entre tan inmensa congregación que en el palacio de Lucifer había reunida y crecientemente encorajinada por su líder.

    La Rebelión estaba en marcha y Abdiel debía acudir raudo al Creador para advertírselo…

    Pero Dios es Dios y cuando llegó su fiel siervo a su presencia él ya estaba al tanto del asunto.

    Con el fin de aplastar la insurrección puso al frente de los ejércitos celestiales a dos generales de su plena confianza, los arcángeles San Miguel y San Gabriel.

    Su misión era clara:

    “Atacadles con fuego y con hostiles
    Armas sin temor, y perseguidlos
    Hasta los mismos límites del Cielo;
    Arrojadlos de la gloria de Dios
    Al lugar del castigo, el abismo
    Del Tártaro, que con presteza abre
    Su caos inmenso y sus fauces ardientes
    Para acogerlos en su derrumbamiento”

    No se harían prisioneros. No habría piedad. Acto seguido se llenó todo de humo y de fuego, que es lo que suele ocurrir cuando se desata la ira de Dios. Sonaron las trompetas de guerra y con gran presteza se formaron inmensas legiones de ángeles perfectamente alineadas.

    Marchaban levitando sobre el suelo, imparables, hasta que atisbaron en el horizonte “una feroz legión, apretada de cascos y de escudos que ostentaban jactanciosos emblemas”.

    Eran las fuerzas de Satanás. Ambos ejércitos “quedaron frente a frente y en formación las líneas de combate de la más pavorosa longitud”. Si alguna batalla merece tener por banda sonora a Carmina Burana o Lux Aeterna es esta que estaba a punto de estallar.

    Entonces el Apóstata Supremo descendió altivo de su carro y avanzó al frente de sus líneas. Su porte era tan desafiante que el mismo Abdiel —a quien anteriormente vimos demostrar gran coraje— tuvo ahora que apartar la mirada amedrentado. Pero tras esa flaqueza inicial, sale de entre sus compañeros dispuesto a retar a Satanás: “Soberbio, ya ves como te hacen frente”.

    Tras un largo intercambio de insultos y alardes Abdiel lanza el primer golpe sobre el casco de su enemigo, con tal fiereza que le hace retroceder diez pasos e hincar la rodilla en el suelo, ante los gritos de entusiasmo de las tropas de Dios. En ese momento, San Miguel ordena tocar su arcangélica trompeta:

    “(…)Tormentosa
    Furia entonces se crispa y un clamor
    Tan grande que jamás se había oído
    Hasta ahora en el Cielo; con horrible
    Discordancia se oía el bronco choque
    De armas con armaduras, y rugían
    Enloquecidas las ruedas de los carros
    (…) Andanadas de flamígeros dardos,
    Su vuelo cual bóveda cubría
    A los ejércitos de los dos bandos.
    Así debajo de esta nave ardiente
    Se arrojaron el uno contra el otro”

    Luchaban a ras de suelo y en las nubes. Todo el aire parecía fuego, contagiado de la furia mostrada por cada uno de los millones de ángeles en encarnizado combate. Pero Lucifer no parecía encontrar un enemigo a su altura, destrozaba sin dificultad a los enemigos que salían a su paso, de la misma manera que le ocurría a San Miguel contra la atea mesnada.

    Hasta que ambos se encontraron frente a frente. Con el fragor de la contienda como trasfondo iba a tener lugar la lucha entre los dos grandes líderes. Quisiera hacer aquí un breve inciso, tal vez esta escena le haya recordado al lector a la Batalla de los Campos del Pelennor en El Señor de los Anillos, cuando Éowyn, hija de Éomund, se enfrentó al Rey Brujo.

    O quizás tenga más reciente en la mente la lucha final en las calles de Gotham entre Batman y el terrorista anarquista Bane. O la escena de la batalla final de Excalibur, o de El Guerrero número 13, o de El último Mohicano o de El patriota, o de Gangs of New York con Di Caprio vs. Daniel Day Lewis. En definitiva, se trata de un elemento arquetípico del cine de acción y aventuras y es aquí donde tiene su origen. Pero volvamos al clímax en el que habíamos dejado a nuestros protagonistas.

    Como si dos planetas se embistieran, San Miguel y el Demonio se arrojaron uno contra otro, como ya viene siendo costumbre tras un intercambio de amenazas e insultos:

    Paraiso perdido

    “Al terminar de hablar se dispusieron
    Ambos para un combate indescriptible
    Porque ¿Quién, ni aún con lenguaje de ángeles,
    Pudiera relatar estas hazañas,
    O a qué cosas terrestres compararlas
    Que levantaran la imaginación
    A tal altura de poder divino?
    Puesto que dioses parecían, firmes
    O en acción, estatura, movimiento
    Y armas, prestos para disputarse
    El Imperio de los Cielos. Agitaron
    Sus fogosas espadas en el aire
    Describiendo círculos espantosos
    (…) al tiempo que reinaba
    una horrorosa expectación”

    Pero San Miguel contaba con una espada del arsenal de Dios, forjada en una aleación tan resistente que en un lance logró partir en dos la de Satanás y a continuación le hendió todo el costado derecho.

    Cayó herido y sus compañeros del ejército rebelde rápidamente acudieron a auxiliarle. Mientras unos montaban una línea de defensa, los otros lo transportaron sobre los escudos hacia su carro, donde quedó “rechinando los dientes”.

    Con su líder fuera de combate, las tropas se batieron en retirada en caótico desorden. Acababa ya el día y las Fuerzas del Mal habían perdido la batalla, pero aún no la guerra.

    Dada la condición inmortal y etérea de Mammón, en tanto que ángel, esa misma noche ya estaba recuperado de sus heridas y planeó junto a su consejo de caudillos la estrategia para el día siguiente.

    En su enfrentamiento con San Miguel había comprendido que era la tecnología armamentística lo que podía marcar la diferencia, y menciona que bajo la superficie celestial se hallan grandes cantidades de una sustancia “nítrica y sulfurosa” que por la descripción se asemeja a la pólvora, y propone que:

    “Colocadas en instrumentos huecos,
    Largos, redondos, y bien atacadas,
    Del otro extremo al contacto del fuego
    Se dilatarán con furia, disparando
    Desde lejos con ruido atronador
    Su maléfica carga de ruina
    Entre los enemigos, que en pedazos
    harán saltar”

    Es decir, el Príncipe de las Tinieblas es el inventor de la pólvora y la artillería —no en vano se dice que las armas las carga el Diablo— y en esta desigual batalla frente a la fuerza bruta y la magia de Dios, aporta el ingenio, la ciencia y la tecnología. Sus seguidores pasaron con rapidez aunque gran secreto del consejo a la obra.

    Esa misma noche excavaron las profundidades y elaboraron potentes cañones de hierro y bronce armados sobre ruedas. A la mañana siguiente ambos ejércitos se dispusieron de nuevo para el combate, que se presumía definitivo. Las tropas de Dios avanzaban confiadas por rematar la victoria del día anterior hasta que, una vez suficientemente cerca, las huestes de Satán mostraron las nuevas máquinas que habían  permanecido astutamente ocultas por su apretada formación, entonces:

    Ángel caído

    “Un súbito fulgor inflamó el Cielo,
    Que pronto quedó todo oscurecido
    Por el humo eructado por aquellas
    Máquinas de garganta tan profunda,
    Cuyo rugido destripaba el aire
    Con un ruido estruendoso que rasgaba
    Sus entrañas, al vomitar su horrible
    Y demoníaca hartura, encadenados
    Rayos y una espantosa granizada
    De esferas de hierro, que cayeron
    Sobre la hueste antes victoriosa,
    Castigándola con violencia tal,
    Que de aquellos que hirió ninguno pudo
    Permanecer en pie, y aunque aguantaron
    Como rocas, cayeron a millares”

    Ante esta hábil jugada el Ejército del Bien tuvo que retroceder posiciones, ahora la victoria parecía decantarse del lado rebelde… pero no por mucho tiempo. Para resistir los cañonazos bastaba emplear escudos lo suficientemente grandes, pero como no había tiempo para elaborarlos y como si del mismo Bilbao fueran dichos ángeles, optaron por arrancar las montañas.

    Las esgrimieron por sus cumbres y apuntaron sus bases hacia el enemigo. La batalla una vez más volvía a estar igualada y Dios —contemplando todo ello desde lo alto— decidió que ya era hora de intervenir para zanjar el asunto. Ordenó a su hijo, el Mesías, que acudiera para aplastar definitivamente al Diablo.

    El Hijo montó entonces en un carro autopropulsado, conducido por cuatro querubines y tuneado con llantas que despedían fuego al girar y otra clase de adornos muy lujosos. En el otro asiento del carro iba acompañado por la Victoria, y a los lados le escoltaban otros 20.000 carros y una infantería de 10 millones de ángeles. ¿Sería ese por fin el punto de inflexión?

    No tardó el Hijo en plantarse en pleno campo de batalla, pero su impresionante aparición, lejos de espantar a las tropas diabólicas, les sumió en la envidia y la ira. Dispuestos a luchar hasta el final, presentaron batalla con renovado brío. El Hijo se lanzó en su carro contra ellos enarbolando 10.000 rayos en su mano derecha:

    “Los condujo ante sí anonadados,
    Perseguidos de terrores y furias
    Hasta el borde y el muro de cristal
    Del Cielo, que al abrirse replegose
    Hacia adentro, mostrando una espaciosa
    Brecha que daba al desolado abismo”

    Por ahí fueron despeñados Satanás y todos y cada uno de sus seguidores. De esta manera concluyó la mayor guerra que vieron los tiempos. Los ángeles del Ejército del Bien, jubilosos como ewoks al final de El Retorno del Jedi, lanzaron gritos de alegría, bailaron y  entonaron cánticos de gloria al Creador.

    Mientras tanto, los rebeldes permanecieron nueve días cayendo —pues así de grande es la distancia que separa el Cielo del Infierno— hasta dar con sus etéreos huesos en la que pasaría a ser desde ese momento “La Casa de Satanás”. Expulsado del Paraíso, el Gran Dragón Rojo juró su venganza y odio inconmensurable por siempre jamás a Dios y a toda su obra.

    – La venganza

    El aquelarre, de Goya
    El aquelarre, de Goya.

    “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”
    (San Mateo, 24:7)

    Como hemos leído el ángel más altivo del Cielo se rebeló contra Dios en nombre de la libertad, para ser finalmente expulsado al infierno junto a todos sus seguidores. Allí permaneció 20.000 años “sin otra ocupación que la de  rascarse la tripa y estar continuamente angustiado”, según Daniel Defoe. Mientras tanto, Dios observaba bastantes espacios vacíos en el Cielo después de esa purga de proporciones estalinistas, pero consideró que en lugar de crear más ángeles, probaría algo nuevo. Poniendo esta vez más énfasis en la obediencia de sus criaturas:

    “(…) Yo sabré
    Reparar esta pérdida, si tal
    Puede considerarse al perder
    A los que se perdieron a sí mismos,
    Y en un momento crearé otro Mundo,
    Y de un hombre una raza innumerable
    De hombres para que vivan allí,
    No aquí, hasta que elevados gradualmente
    Según sus propios méritos se abran
    Hasta aquí con el tiempo su camino
    Probados por una larga obediencia
    Y la Tierra sea convertida en Cielo” 

    Es decir, en última instancia, tanto los seres humanos como el mundo que habitamos existimos debido a esa rebelión celestial. Gracias a Satanás, en suma. No está de más recordarlo cada vez que usemos expresiones malsonantes tan habituales entre los castellanoparlantes como «Maldita sea Jack, ¿qué diablos estás haciendo?”.

    Así que el Creador hizo el mundo en siete días, con su sol, sus estrellas, sus mares, sus peces y animales. Una obra grandiosa que causó tal envidia en el Diablo que él también intentó crear sus propias estrellas, pero con tan poco tino que no fue capaz de fijarlas en la bóveda celeste y adoptaron órbitas irregulares que escaparon a su control: eso es lo que son los cometas.

    Una vez Dios hubo creado el mundo, puso sobre él como más sublimes criaturas a Adán y Eva. En ellos vio nuestro protagonista su gran oportunidad para vengarse. Este nuevo mundo le permitió escapar del cautiverio en el Abismo del Tártaro donde tanto tiempo había pasado, aunque para ello debía ocultarse en alguna criatura, no encontrando otra más idónea que la astuta serpiente.

    “La más sutil de todos los animales terrenos”, aquella cuyo turbio comportamiento más se aproxima al del Diablo y que por tanto menos sospechas provocaría. Tras esta apariencia recorrió la Creación de un extremo a otro, descubriendo con pesar que en este entorno carecía de poder para perturbar su orden. Lo cual nos acerca a un concepto clave, no solo del cristianismo sino de todo el pensamiento occidental: el libre albedrío.

    El Demonio no tiene poder real sobre el ser humano, solo puede seducirlo mediante la tentación y el engaño, dependiendo entonces de nuestra libre voluntad escoger entre el Bien y el Mal. Una idea de una enorme repercusión filosófica, que ha dado mucho que hablar y ha acabado teniendo consecuencias inesperadas. Pero fue un reto que el Gran Dragón Rojo aceptó gustoso cuando arenga a sus seguidores en el infierno:

    “Desde entonces conocemos su poder,
    Y el nuestro, para no provocar una
    Nueva guerra, ni temerla una vez
    Provocada; nuestra ventaja está
    En idear un proyecto tan perfecto
    Que por el fraude o por la astucia obtenga
    Lo que la fuerza no pueda conseguir;
    Para que también él, al fin, aprenda
    De nosotros que quien vence a la fuerza
    A su enemigo sólo a medias vence”

    Cómo no recordar aquí aquello de Unamuno de “venceréis pero no convenceréis”. Y eso es lo que hizo al convencer a Eva de que tomase la manzana del Árbol de la Ciencia, según el episodio ya conocido por todos. Desde entonces el Pecado y la Muerte ya no permanecieron más tiempo sentados en el infierno, sino que se trasladaron a nuestro mundo.

    Tras esta audaz victoria, Azazel se encontraba eufórico. Había logrado sabotear la Creación de Dios, nada más y nada menos. De vuelta a la capital de su Imperio del Mal —conocida como Pandemonium— habló a sus seguidores:

    “Tronos, dominaciones, principados,
    Virtudes, potestades, pues estáis
    En posesión, y no solo de derecho,
    De estas dignidades con que os llamo
    Y ahora os proclamo, al regresar triunfante
    De una acción que rebasa la esperanza,
    Para sacaros victoriosamente
    De este abominable hoyo infernal,
    De esta mansión maldita de dolor,
    El calabozo de nuestro tirano,
    Ahora poseéis como señores
    Un espacioso Mundo, inferior
    En poco al Cielo en que nacimos,
    Que con mi ardua aventura y gran peligro
    Conseguí. (…)
    ¿Qué os queda ahora, dioses, sino alzaros
    Y celebrar la dicha más completa?”

    Así concluyó su discurso a las masas, esperando que fuera seguido de un atronador ruido de aplausos y vítores. Sin embargo, con gran asombro escuchó en su lugar el odioso silbido de miles de lenguas de serpiente, pues en eso se convirtieron repentinamente sus legiones. Y él, antes de poder exclamar nada, cayó al suelo convertido en un dragón.

    Reptando tuvo que moverse entre “el escorpión, el áspid, la horrible anfisbena, la cornuda cerata, la hidra, el horrendo elope, la dipsa y las asquerosas serpientes”. Había más bichos allí que en una película de Indiana Jones. Ese fue el castigo de Dios, quien no contento con someterles a tal humillación, hizo que estuvieran “abrasados de una sed ardiente y de un hambre feroz” y plantó instantáneamente junto a ellos una gran arboleda, de cuyas ramas pendían en vivos colores grandes cantidades de la misma fruta prohibida con la que pecaron Eva y Adán.

    A por ellas se lanzaron con avidez las legiones de demonios convertidas en infames reptiles. Pero, al morderlas, lo que mascaron fueron amargas cenizas una y otra vez, espoleados por un ansia que no lograban colmar, hasta que un tiempo después pudieron regresar a su forma originaria.

    El caso es que al Creador le debió parecer un espectáculo tan divertido que lo convirtió en una tradición anual —como si de alguno de nuestros pueblos españoles se tratase— en la que durante unos días todos los demonios volvían a sufrir ese tormento.  O al menos así nos lo narró Milton en El paraíso perdido.

    Breve fue, pues, la victoria del demonio. Pero si algo le sobra es tiempo y tenacidad en su misión. Según nos cuenta el Génesis, durante los siguientes 1500 años nuestro protagonista fue ganando para su causa a más y más hombres, pese a que Noé estuvo predicando en su contra durante 500 años sin lograr convencer a nadie (el pobre no debía tener mucha elocuencia) así que Jehová finalmente le dijo que construyera una gran arca para que se salvase él, sus tres hijos y sus respectivas mujeres.

    A continuación vino el Diluvio Universal, que arrasó con la obra de Dios de nuevo corrompida por su antiguo ángel, constatación de que estaba resultando un enemigo realmente complicado. Más tarde, en el año 1879 de la Creación, por sugerencia de Lucifer Nimrod, biznieto de Noé, edificó la ciudad de Babilonia, a la que sus vecinos sospecho que con cierto retintín denominaban “La madre de las rameras y de las abominaciones de la Tierra”.

    No debía ser un lugar aburrido. Allí El Acusador de Hermanos se sentiría como en su propia casa, ya que no faltan profecías bíblicas sobre su completa destrucción: “Babilonia, la perla de los reinos, la gloria y el orgullo de los caldeos, quedará como Sodoma y Gomorra cuando Dios la destruyó. Nunca más volverá a ser habitada” (Isaías 13:19).

    Feo demonio llevándose un alma durante el Juicio Final.

    Pero además de instigar la lujuria y la embriaguez como en esta urbe de condenación, otra estratagema muy socorrida del Robador de Buenos Deseos fue la de promover la idolatría.

    De tal manera, dice Defoe, que se comenzaba adorando al Sol, la Luna y las estrellas, luego se pasaba a imágenes y figuras, de ahí a los troncos y piedras hasta llegar a venerar finalmente a los monstruos.

    Y de ellos a Satán había apenas un paso. Sobran ejemplos, como el del becerro de oro que tanto indignó a Moisés.

    Pero tras el Pecado Original, tras el Diluvio Universal, tras el exterminio de Sodoma y Gomorra y la destrucción de Babilonia… poco valía el castigo, que nuestros antepasados parecían no aprender y pecaban una y otra vez.

    Ya decía Kant que el hombre es de una madera tan torcida que nunca llega a enderezarse. Es importante insistir en lo que decíamos anteriormente sobre la ausencia de poder real del demonio sobre los seres humanos.

    Puesto que si los obligase o los matase, entonces crearía mártires, santos que irían a reforzar las huestes del Cielo y no las suyas, debilitando así su posición. Era necesario, pues, que el Anticristo no venciera con la fuerza, sino que convenciera, que su victoria se alcanzase respetando la libre voluntad de su víctima. Corrompiéndola, no sometiéndola. Estas eran las reglas del juego, y una vez más lo estaba ganando…

    Por ese motivo, en la partida de ajedrez cósmica que estaban manteniendo la Luz y las Tinieblas, Dios decidió realizar un movimiento de jaque enviando nada menos que a su Hijo a la Tierra. Había que echar mano de la artillería pesada.

    La llegada de Cristo tuvo como consecuencia, según el erudito inglés, que “fue desde entonces cuando empezó a parecer un Diablo débil, estúpido e ignorante en comparación con lo que antes había sido”. Con el comienzo de la era cristiana estaba en campo rival, así que tuvo que contraatacar recurriendo más a menudo a la brujería y la posesión diabólica.

    • Aquelarres, pactos con el diablo y posesiones

    Las víctimas más propicias de ambas artimañas fueron las mujeres, el eslabón más débil que golpear. Pues según advertía severamente uno de los padres de la Iglesia, Tertuliano: “mujer, tú eres la puerta del diablo. Eres tú quien ha tocado el árbol de Satanás, y la primera que ha violado la ley divina (…) mujer, deberías ir siempre de luto, estar cubierta de harapos y entregada a la penitencia, a fin de pagar la falta de haber perdido al género humano”.

    Posteriormente Fray Martín de Castañeda, escribiría en su influyente Tratado muy sotil y bien fundado de las supersticiones y hechizerías y vanos conjuros y abusiones, y otras cosas al caso toc¯ates, y de la possibilidad y remedio dellas que las mujeres eran más propensas a ser poseídas, debido a que “son pusilánimes y de corazón más flaco, y de celebro más húmido”.

    Ellas acaparaban el 90% de las condenas por brujería, que consistía en una asociación con el diablo que incluía trato carnal y dotaba de poderes sobrenaturales a sus practicantes, tal como pudieron advertir los autores del mayor best-seller de su tiempo, El martillo de brujas. Una parte consustancial a la brujería fueron los aquelarres, su rito fundamental.

    De acuerdo al Compendium Maleficarum, de Fra Francesco María Guazzo, antes de acudir a ellos las brujas se untaban de un ungüento hecho con niños asesinados y acudían volando en una escoba u otro objeto de madera a la celebración, que daba comienzo en torno a las 10 u 11 de la noche. El evento estaba presidido por el Gran Cabrón, sentado en un trono e iluminado a su alrededor por velas negras, que previamente había encendido soplando sobre ellas con su trasero.

    Como también era negro el espárrago con el que un oficiante salpicaba a los presentes con orina diabólica. Al comienzo se realizaban las ofrendas (a menudo cordones umbilicales) y se servía algo para picar, aunque eran alimentos “asquerosos de apariencia o hedor, y que fácilmente darían náuseas al estómago más vorazmente hambriento”. El vino era negro como la sangre coagulada y no había pan ni sal.

    Tras la comida —que nunca lograba saciar— venían los bailes, en círculo y hacia la izquierda y que resultaban extremadamente agotadores. A continuación se cantaban canciones obscenas al son de una flauta y un tamboril y, finalmente, llegaba la cópula. Pero tampoco resultaba placentera y el semen de Belial, estéril y frío como el hielo, resultaba muy doloroso para las receptoras.

    La tentación de San Antonio, de Lovis Corinth.

    Tras el rito solía quedar una marca de garra en el hombro de la bruja, que generalmente servía luego para identificarla como tal y poder quemarla debidamente en una hoguera. Pero el Diablo podía encontrar otras formas con las que ganarse la confianza de sus víctimas. Una de sus favoritas era aparecerse en sueños. Hay antiguas narraciones al respecto, como esta:

    “Quasi este mismo quento oya yo alias referir de otro que poniendo unas candelillas a los Doze Apóstoles puso otra que le sobraba al diablo a quien tenía atado a sus pies San Bartolomé. Y esa noche le apareçió y le dixo que por aquella honra que le avía fecho le quería mostrar dónde hallaría un tesoro.

    Y en sueños le avía llevado a un campo donde dijo que hallaría el tesoro y que por señal porque acertase a donde estaba se ensuciase allí encima y durmiendo se avía ensuciado en la cama y avía recordado y hallándose sucio. En fin, el demonio es tal que a quien sirve no puede dar buen pago”.

    Otro cuento hablaba de cómo se le aparece en sueños a un marido celoso para ofrecerle un anillo con el que evitar los cuernos, él sin dudarlo introduce el dedo y entonces se despierta, comprobando que el tal anillo era en realidad, ejem, “el pozo sin centro de su querida mujer”. Al Dios Negro ciertamente nunca le ha faltado sentido del humor…

    En otras ocasiones se aparecía a gente despierta, aunque a menudo engañando a sus sentidos.  Como por ejemplo aparentando ser una atractiva mujer desnuda, tal cual se le apareció a San Antonio para tentarle, pero él —que por algo era un santo— se concentró fuerte en “las amenazas del fuego y el tormento del gusano”.

    Por su parte, a Sor Leonor María de Cristo también se le aparecía, aunque ella nunca se dejó engañar. Se despertaba por las noches y salía del convento, donde quedaba con el Demonio en lugares apartados para pelear a hostia limpia con él en tremendo duelo: “callen los Anfiteatros de Roma, donde los hombres solían luchar con las fieras y hable el convento de los Ángeles donde la Madre peleava”.

    La característica esencial de Satanás es su poder de transmutación, es lo que le permite acercarse a los humanos y tentarlos mediante engaños. Si bien a menudo ha sido representado como un animal o como mezcla de hombre y animal (excepto paloma u oveja), también podía ser “un señor muy aseñorado”.

    Incluso llegó a tomar la apariencia de un Papa, Gregorio VII. Pero más allá de su aspecto hay rasgos inmutables en su carácter: aborrece el agua bendita y el tañer de las campanas y le encantan las armas de fuego (se decía que los arcabuces eran forjados en el infierno), es noctámbulo, le gusta bailar, fumar y usa como transporte un caballo, trineo volador o sus propias alas.

    Sus profesiones pueden ser muy variadas: profesor, segador, tahúr… y tiene la peculiar habilidad de atrapar con el culo el pie de quien intenta darle una patada. Respecto a su hábitat, las legiones del Demonio podían ser fogosas, aéreas, terrestres, acuáticas, subterráneas o lucífugas.

    En ocasiones, podía llegar a sincerarse y proponer un pacto ofreciendo determinados favores (como aprobar exámenes, en el caso de algunos alumnos de Salamanca) a cambio de ciertos servicios o incluso del alma, realizando si era necesario la firma de un contrato. A los que pactan con el Diablo debían decir “Reniego al Creador del Cielo y de la Tierra. Reniego de mi bautismo.

    The Spell IV, de HR Giger.

    Reniego de la adoración que antes porte a Dios. Rompo con ellos, y en esto creo”. Belcebú entonces coloca su garra en la frente, borrando así el Santo Crisma y destruyendo la marca del Bautismo.

    Por ultimo, nos queda por mencionar las posesiones diabólicas. Si todo lo que hemos visto hasta ahora requería la connivencia de la víctima, aquí Lucifer directamente se adueñaba del sujeto, que era entonces denominado “energúmeno”. Aunque había aún posibilidad de salvación, mediante la realización de un exorcismo.

    El procedimiento que el exorcista debía seguir consistía en situarse delante del cuerpo y preguntar si son muchos o pocos los que entraron en el energúmeno, sus nombres y el motivo por el que lo hicieron. Si se avenían a decir sus nombres el proceso resultaba más sencillo, ya que a partir de ellos se podía saber las propiedades del demonio que allí estuviera.

    En tal caso el exorcista le gritaba los “improperios y maldiciones” que más le podían herir, cosa que así descrita resulta bastante menos solemne y aterradora que lo que veíamos en la película El exorcista.

    De entre los abundantes testimonios que han pervivido hasta hoy de tales obras demoníacas, merece la pena rescatar el del escritor y periodista Jerónimo de Barrionuevo, que dio noticia el 18 de diciembre de 1655 de la espantosa posesión de un alcalde… y ya de paso aprovechó para insultar todo lo que pudo a quienes ostentaban tal cargo:

    «A don Francisco Guillén del Águila, alcalde de Corte, que está endemoniado, como todos lo están de este pelaje, le han sacado del cuerpo 990.850 legiones de demonios, echando por la boca extraordinarias señales. Llamábase el general de todos Asroel. Cada legión tenía su capitán y se componía de 6.666 soldados.

    Mire Vuestra Merced cuál sería el bagaje, artillería y tren, y lo que cabe en el cuerpo de un alcalde. Y aún dicen que estaban holgados y muy a su placer. Todo esto que digo es cierto».

    Ah, bueno, si dice que es cierto no necesitamos más pruebas. En El Jardín de flores curiosas, de Antonio de Torquemada, narra algo parecido a una posesión debido a un disfraz que en cierta forma se apodera de su portador, con fatales consecuencias:

    Un hombre del pueblo representó un  demonio, yendo vestido con unos aderezos e insignias feas y espantables, y acabada de hacer la representación, se volvió a su casa, tomándole codicia de tener acceso con su mujer sin mudar el hábito ni quitarse los vestidos, y dejándola preñada de este ayuntamiento, teniendo ella en la imaginación lo que representaba la figura y hábito en que su marido estaba vestido, vino a parir una criatura que representaba la misma imagen de demonio, tan espantable y con tanta fealdad, que ningún diablo del infierno se podía pintar más feo ni abominable”.

    Si bien en la Edad Media el Demonio inspiraba una mezcla de terror y risa, en el Barroco se representó cada vez más como algo cómico. Según los estudiosos del tema era una manera de soportar la ola de terror desatada en esa época por la inquisición y la caza de brujas.

    La literatura del Siglo de Oro está rebosante de representaciones burlonas de él, desde El diablo cojuelo de Luis Vélez de Guevara hasta El alguacil alguacilado, donde Quevedo retrata una conversación entre un exorcista y el diablo del que intenta liberar a un alguacil.

    Pero no todo han sido burlas desde entonces y también ha gozado de notables homenajes, quizá uno de los más destacados sea la escultura que se le dedicó a finales del siglo XIX en Madrid. Concretamente en el Parque del Retiro, a 666 metros de altura sobre el nivel del mar.

    Y finalmente qué decir de la época contemporánea. Durante las últimas décadas es tal la cantidad de referencias en el cine, el rock, los videojuegos, la televisión, el arte, las novelas… que podríamos decir de nuestro biografiado —y sin temor a exagerar— que es la mayor musa de la cultura pop. Mencionar todas las representaciones que se han hecho de él en nuestro tiempo sería una tarea que merecería otro artículo, y ya es hora de ir acabando este.

    Quizá me quedaría con El corazón del ángel (Alan Parker, 1987) por esa estética sureña que tan bien retrata, y con Buffy Cazavampiros, sobre una escuela de secundaria situada encima de la boca del infierno por la que pasan toda clase de criaturas. Una serie de la que inexplicablemente aún no hemos hablado en Jot Down, aunque merezca estar ahí junto a The Wire y Los Soprano. La gran partida del Diablo contra aquel del que se negó a ser siervo sigue abierta y no parece dispuesto a rendirse.

    Aún hoy, su presencia nos inspira, atrapa nuestra atención, a veces nos aterroriza, pero también nos hace reír (cosa que jamás ha logrado un santo, por cierto, siempre tan serios). En conclusión, Satanás, el mundo sería sin duda un lugar mucho más aburrido sin ti… ¡Gracias!

    nuestras charlas nocturnas.


    ¿Por qué volvemos siempre a la misma cadena de comida rápida?…


    Por qué volvemos siempre a la misma cadena de comida rápida?

    The Conversation(M.P.M.Ruiz/A.I.Yusta/H.H.P.Villareal) — ¿Pizza o hamburguesas? ¿Alitas de pollo o tacos? La decisión sobre dónde ir a comer no depende sólo del poder adquisitivo (sobre todo en el caso de los restaurantes de comida rápida) o de los gustos personales. En la elección intervienen otros factores de los que no siempre somos conscientes pero que están ahí, guiando nuestras decisiones.

    – Planificar la conducta

    Para intentar anticipar el comportamiento de compra y consumo de comida rápida se puede aplicar la teoría del comportamiento planificado, que considera que las intenciones y los comportamientos de consumo se basan en tres determinantes: uno de naturaleza personal, otro que refleja la influencia social del entorno, y el último, relativo a la percepción de control y a la facilidad o dificultad percibida de realizar la conducta.

    Basándonos en esta teoría, realizamos 3 565 encuestas a clientes de establecimientos de comida rápida en Puebla (México) para tratar de verificar la influencia del amor a la marca, la presión social del entorno y los valores de los alimentos en la probabilidad de volver a visitar el establecimiento.

    Elegimos el mercado mexicano debido a su importancia estratégica para muchos de los principales operadores de comida rápida en el mundo. Además, México es un mercado clave para realizar este tipo de investigaciones, ya que una gran proporción de la población es joven, por lo que se trata de consumidores que marcarán las tendencias de consumo futuras.

    Por qué volvemos siempre a la misma cadena de comida rápida?

    – Amor, presión y valores

    Si hay amor por la marca, definida como “el grado de pasión que un consumidor satisfecho siente por una marca concreta”, se pueden predecir algunos de sus comportamientos: la intención de regresar al restaurante, hablar bien de él e incluso ser renuente a escuchar malas críticas. De ahí el intento de las marcas de fomentar ese amor mediante mensajes publicitarios llenos de emotividad. ¿Qué es sino el “I’m lovin’ it” de McDonald’s?

    En cuanto a la influencia de la presión social, comer en determinados restaurantes de comida rápida puede, por ejemplo, representar una forma de identificarse como grupo social. Esa influencia viene marcada por lo que en la teoría del comportamiento planificado se llama norma subjetiva: la percepción del individuo sobre lo que sus referentes sociales importantes piensan acerca de sus acciones.

    La tercera influencia es la de los valores de los alimentos, que pueden ser cuestiones como su sabor, apariencia, precio, disponibilidad u origen, el impacto ambiental que provocan, lo saludable que son e incluso las sensaciones placenteras que generan (aún a riesgo, en el caso de la comida rápida, de abusar de la sal, el azúcar o las grasas). En general, los valores son conceptos estables y permiten predecir comportamientos a lo largo del tiempo.

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    – Primero el amor

    Tras el análisis de las respuestas de los encuestados, vimos cómo el amor a la marca resultó ser la influencia más importante en la intención de los consumidores de volver a visitar el establecimiento de comida rápida. El segundo factor fue la influencia de la presión social del entorno; esto sugiere que comer en determinados restaurantes de comida rápida puede representar una forma de identificarse con grupo social.

    Los valores más apreciados de los alimentos fueron, en este orden: que se tratase de productos naturales, su sabor y su precio. No obstante, los que los consumidores consideran que tienen más peso en la presión social son sus características nutritivas, su carácter tradicional y que se produzcan en condiciones justas. En cambio, los que más influyeron en generar amor a la marca fueron el sabor, la tradición y la justicia (en este orden).

    Los valores de los alimentos ejercen, pues, una influencia positiva sobre la presión social que ciertos individuos (miembros de la familia o amigos) pueden ejercer sobre el consumidor.

    – A largo plazo

    Este trabajo muestra la importancia que tiene para los operadores de comida rápida diferenciar sus productos de los de sus competidores, haciendo hincapié en los valores más apreciados (sabor, precio, tradición, nutrición, naturalidad, justicia).

    También refleja la gran relevancia de establecer vínculos emocionales para fidelizar a los clientes a largo plazo. Se puede desarrollar el amor a la marca por influencia directa (por ejemplo, a través de campañas de comunicación con tintes emocionales) o indirecta, influyendo en la norma social del entorno y en los valores de los alimentos.

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    Qué son los misteriosos desiertos genéticos de nuestro ADN que los científicos asocian con enfermedades como el cáncer y el Crohn…


    Investigador estudiando el código genético

    BBC News Mundo(D.Cox) — Desde que el Proyecto Genoma Humano se dio por concluido en 2003, los científicos han tratado de localizar nuevas regiones entre los 3.000 millones de letras de nuestro código genético que puedan desempeñar un papel crítico en las enfermedades.

    Con la ayuda de tecnologías que permiten analizar muestras del genoma completo de forma más rápida y barata que nunca, se ha publicado un gran número de estudios de asociación del genoma completo –denominados GWAS en inglés– que identifican variantes genéticas vinculadas a distintas enfermedades crónicas.

    Para muchos genetistas, esto ha resultado ser lo más fácil. Lo difícil ha sido comprender su relevancia. Por ejemplo, aunque los GWAS han identificado segmentos de ADN asociados a la enfermedad inflamatoria intestinal en 215 sitios cromosómicos diferentes, los científicos sólo han podido determinar los mecanismos exactos implicados en cuatro de ellos.

    Uno de los mayores retos es que muchos de estos fragmentos de ADN se encuentran en los llamados desiertos genéticos, franjas del genoma que parecían no contener nada relevante, «basura» genética que podía desecharse. Menos del 2% del genoma humano se dedica a codificar genes que producen proteínas, mientras que gran parte del 98% restante carece de significado o finalidad evidentes.

    «Se dirá: ‘Oh, aquí hay una asociación importante y aumenta el riesgo de muchas enfermedades diferentes'», afirma James Lee, un científico clínico que dirige un grupo de investigación en el Instituto Francis Crick de Londres. «Pero cuando se examina ese fragmento de ADN, no hay nada».

    Análisis del genoma humano
    El proyecto del genoma humano secuenció por primera vez un genoma humano completo, pero décadas después, algunos tramos de ADN siguen siendo enigmáticos.

    – «El responsable central de la inflamación»

    Durante muchos años, los desiertos genéticos han sido una de las áreas más desconcertantes de la medicina, pero los científicos están consiguiendo poco a poco acumular información sobre su aparente finalidad y sobre por qué existen.

    Hace poco, Lee y sus colegas del Instituto Crick publicaron una nueva investigación sobre un desierto génico concreto conocido como chr21q22. Los genetistas conocen este desierto genético desde hace más de una década, porque está asociado con al menos cinco enfermedades inflamatorias distintas, desde la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) hasta una forma de artritis espinal conocida como espondilitis anquilosante. Sin embargo, siempre ha sido difícil descifrar su función.

    Por primera vez, los científicos del Crick han podido demostrar que el chr21q22 contiene un potenciador, un segmento de ADN que puede regular genes cercanos o lejanos, siendo capaz de aumentar la cantidad de proteínas que producen.

    Lee se refiere a este comportamiento como «un dial de volumen». Al profundizar en el estudio, descubrieron que este potenciador sólo está activo en los macrófagos, unos glóbulos blancos de la sangre, en los que puede aumentar la actividad de un gen poco conocido hasta ahora, el ETS2.

    Aunque los macrófagos desempeñan un papel vital en la eliminación de células muertas o la lucha contra microorganismos dañinos, cuando el organismo produce demasiados pueden causar estragos en enfermedades inflamatorias o autoinmunes, inundando los tejidos afectados y segregando sustancias químicas nocivas que los atacan. El nuevo estudio ha demostrado que cuando se potencia el ETS2 en los macrófagos, se potencian casi todas sus funciones inflamatorias.

    Lee lo describe como «el responsable central de la inflamación». «Hace tiempo que sabemos que debe haber algo en la cúspide de la pirámide que indique a los macrófagos que se comporten así», afirma. «Pero nunca supimos qué era. Lo más emocionante es que si podemos atacarlo de alguna manera, podríamos tener una nueva forma de tratar estas enfermedades».

    Modelo del genoma humano
    Los desiertos genéticos son regiones de la llamada «basura» genética que no codifican proteínas, pero que pueden desempeñar un papel importante en las enfermedades.

    – Nuevos tratamientos para los pacientes

    Pero si los desiertos genéticos son capaces de causarnos tanto daño, ¿por qué están en nuestro ADN?

    Rastreando en el tiempo, los colegas de Lee del Laboratorio de Genómica Antigua del Crick pudieron demostrar que la mutación causante de la enfermedad en la región chr21q22 entró por primera vez en el genoma humano hace entre 500.000 y un millón de años. Este cambio concreto en el ADN es tan antiguo que incluso estaba presente en los genomas de los neandertales y de algunos antepasados del Homo sapiens.

    Resulta que su función original era ayudar al organismo a combatir agentes patógenos extraños. Antes de que se inventaran los antibióticos, era muy útil poder activar una mayor respuesta inflamatoria a través del gen ETS2. «En las primeras horas tras la aparición de una bacteria, la respuesta de los macrófagos se dispara», explica Lee.

    En consecuencia, bloquear por completo la ETS2 podría dejar a los pacientes con EII vulnerables a futuras infecciones. Sin embargo, Lee afirma que cuando su actividad se reduce entre un 25% y 50%, se provoca un profundo efecto antiinflamatorio, sin correr el riesgo de inmunodeprimir demasiado al paciente.

    Aunque esta teoría aún no se ha puesto a prueba en ensayos clínicos, los investigadores demostraron que los inhibidores de MEK –una clase de fármacos contra el cáncer que pueden amortiguar la señalización del ETS2– eran capaces de reducir la inflamación no sólo en los macrófagos, sino también en muestras intestinales tomadas de personas con EII.

    Esto parece representar una nueva vía hacia una clase de tratamientos novedosos para los pacientes con EII. «Algunos de estos fármacos inhibidores de MEK tienen efectos secundarios, y lo que intentamos ahora es hacerlos más selectivos y seguros, de modo que, en el caso de enfermedades crónicas como la EII, podamos ofrecer a los pacientes un fármaco capaz de desactivar el proceso inflamatorio y mejorar su estado de salud», afirma Lee.

    Ahora los investigadores del Crick están centrando su atención en las otras cuatro enfermedades que se han relacionado con el desierto genético chr21q22, para ver si alterar la actividad del ETS2 también puede ayudar a aliviar el exceso de inflamación que parece impulsar las afecciones.

    «Una de las más importantes es una enfermedad inflamatoria del hígado llamada colangitis esclerosante primaria«, explica Lee. «Es una enfermedad especialmente desagradable porque puede causar insuficiencia hepática y hacer que las personas necesiten un trasplante. También puede tener un riesgo mayor de provocar cáncer de hígado en personas jóvenes. Y por el momento no hay ningún fármaco que haya demostrado su eficacia, hay muy poco que ofrecer a los pacientes», afirma.

    Instituto Francis Crick de Londres
    Científicos del Instituto Francis Crick de Londres intentan descifrar los misteriosos «desiertos de genes» del genoma.

    – Del cáncer al lupus

    Los científicos también predicen que el estudio de los desiertos genéticos aportará información vital que ayudará a mejorar nuestra comprensión de las diversas vías implicadas en el desarrollo de tumores.

    Por ejemplo, los investigadores del cáncer han identificado un desierto de genes llamado 8q24.21 que se sabe que contribuye al cáncer de cuello de útero, ya que el virus del papiloma humano, principal causante de la enfermedad, se incrusta en esta parte del genoma.

    Al hacerlo, el virus potencia un gen llamado Myc que es un conocido impulsor del cáncer. Los estudios sugieren que la conexión entre 8q24.21 y Myc también puede desempeñar un papel en varios tipos de cáncer de ovario, mama, próstata y colorrectal.

    Richard Houlston, del Instituto de Investigación Oncológica de Londres, afirma que en los desiertos de genes se han encontrado diversas variantes genéticas que se ha determinado que contribuyen al riesgo hereditario de muchos cánceres comunes. El conocimiento de estos genes permitirá descubrir fármacos y prevenir el cáncer.

    Sin embargo, Houlston señala que es más difícil traducir estos conocimientos en nuevas terapias para el cáncer que para la EII, porque los tumores no son objetivos estáticos, sino que evolucionan con el tiempo. «Este es el reto. ya que en el caso de la enfermedad de Crohn y otras afecciones intestinales no se produce esa evolución», afirma.

    Lee confía en que el trabajo del Crick sobre la EII sirva de modelo para que los investigadores encuentren nuevas formas de entender las vías implicadas en todo tipo de enfermedades autoinmunes e inflamatorias.

    Los científicos del instituto investigan ahora otros desiertos genéticos que se han asociado a afecciones como el lupus, enfermedad en la que el sistema inmunitario daña los tejidos del organismo, provocando síntomas como erupciones cutáneas y cansancio.

    Otros centros de investigación de todo el mundo, como la Universidad de Basilea (Suiza), también están estudiando cómo las mutaciones hereditarias aisladas en los desiertos de genes podrían provocar algunas enfermedades genéticas raras. Hace tres años, los científicos de Basilea descubrieron cómo una de estas mutaciones podía provocar que los bebés nacieran con malformaciones en las extremidades debido a sus efectos reguladores sobre un gen cercano.

    Lee predice que comprender las funciones de los desiertos de genes ayudará en última instancia a mejorar el proceso de desarrollo de fármacos. «La fabricación de nuevos fármacos para estas enfermedades es infructuosa», afirma. «Sólo un 10% de los fármacos que se someten a estudios clínicos se aprueban al final, de modo que el 90% de ellos fracasan porque no mejoran la salud de los pacientes. Pero si se sabe que el fármaco que se va a desarrollar está dirigido a una vía apoyada por la genética, las probabilidades de que se apruebe son al menos entre tres y cinco veces mayores».

    nuestras charlas nocturnas.


    ¿Qué es y cómo afrontar el remordimiento de conciencia?…


    ¿Qué es y cómo afrontar el remordimiento de conciencia?

    La mente es maravillosa(J.Padilla) — El remordimiento de conciencia nos permite reconocer nuestros errores, restaurar las ofensas que propiciamos y cambiar las conductas reprochables que tenemos. A pesar de su lado virtuoso, es una experiencia incómoda cuando se vuelve invasiva y genera pensamientos intrusivos y emociones desagradables.

    En este contexto, ¿cómo afrontarlo para recuperar nuestra paz mental? A continuación, presentaremos una definición para conocerlo mejor y ofrecemos una serie de recomendaciones que ayudan a eliminarlo.

    – ¿Qué es el remordimiento de conciencia?

    Este es un estado psicológico asociado al arrepentimiento y la culpa por cometer un acto dañino o inmoral. Cuando se experimenta, el individuo es consciente de su responsabilidad personal frente al mal perpetrado, desea nunca haberlo hecho y restituir a la víctima de su acción.

    Hay dos componentes que atraviesan el remordimiento: el cognitivo y el emocional. El primero, implica una reflexión, revisión y evaluación de las discrepancias entre la conducta dañina y los propios estándares y valores morales. También incluye la capacidad de admitir la equivocación y aceptar la autoría de las consecuencias que las acciones generaron. La dimensión cognitiva le permite al sujeto saber qué hizo mal y cómo pudo hacerlo diferente.

    Por otro lado, el componente emocional, asociado también al cognitivo, abarca todas las sensaciones que experimenta la persona producto de sus acciones y de sus reflexiones recriminatorias: tristeza, culpa, vergüenza, angustia. La intensidad y persistencia de estos estados de ánimo son directamente proporcionales a la gravedad del error y al nivel de desarrollo de la conciencia moral.

    La interrelación de ambos es clave para tener una experiencia de remordimiento. Por ejemplo, si se siente culpa (emoción), pero esta no se vincula a una reflexión que devele las raíces del malestar, no habría un arrepentimiento, pues la persona no sabría de qué se tiene que arrepentir. Si hay reflexión, pero no hay emoción, no habría una movilización afectiva que impulse a la persona a corregir su conducta.

    – ¿Cómo superar el remordimiento de conciencia?

    Aunque el arrepentimiento no es malo, porque ayuda a reconocer y reparar errores, muchos desean vivir sin remordimientos. Enseguida, te daremos algunas pautas generales para saber afrontarlo cuando se presente.

    1. Acepta tus emociones

    Evita reprimir, criticar, rechazar o juzgar la emoción que sientes. Valida tu experiencia y acepta tus sentimientos tal como son. La aceptación es una actitud que disminuye las emociones negativas y favorece tu salud psicológica, lo cual contribuye a lidiar mejor con el componente emocional de todo remordimiento. Sigue estas pautas para aceptar lo que sientes:

    • Observa las emociones.

    • Evita resistir su presencia.

    • Recuerda que no eres lo que sientes.

    • Escribe un diario sobre tus emociones.

    • Practica la atención plena (mindfulness) para estar presente con tus sentimientos.

    Remordimientos: ¿Cómo superar un sentimiento de culpa por el pasado? -  MundoPsicologos.com

    2. Toma distancia de tus pensamientos y acéptalos

    La aceptación de los pensamientos se desarrolla igual que la emocional: no juzgues, evites, critiques, ni reprimas… El objetivo es restarle fuerza a la influencia que tiene el componente cognitivo del remordimiento. Por su parte, el distanciamiento te ayudará a verlos desde otra perspectiva, una desde la cual no tengan tanta fuerza. Aquí te dejamos algunas técnicas para tomar distancia de tus pensamientos:

    • Observa lo que piensas.

    • Verbaliza lo que estás pensando.

    • Reconoce que tus pensamientos son algo que tienes, no que eres.

    • Escribe una historia distinta a la que te sugieren tus pensamientos.

    • Acepta que lo que piensas es una descripción parcial de la realidad.

    3. Trátate con compasión

    Para eliminar el remordimiento, es necesario que tengas autocompasión. A través de ella, podrás tratarte de manera amable, sin castigos ni tantas culpas. Esta actitud cálida, empática y comprensiva hacia ti facilitará tu mejoría y tu crecimiento moral y personal.

    Existen varias formas de practicar la autocompasión, pero Kristin Neff, experta en compasión, en su libro Sé amable contigo mismo, propone tres ejes centrales para aplicarla:

    • Atiende plenamente el momento presente: hazlo sin criticarlo. Afronta la realidad, acepta el malestar y reconoce el sufrimiento que te provoca el remordimiento.

    • Sé bondadoso contigo: deja de juzgarte y de tratarte mal en tus diálogos internos. Consuélate en medio del remordimiento y trátate como si apoyaras a tu mejor amigo a superar esta dificultad.

    • Reconoce tu experiencia humana compartida: acepta que, al igual que todo el mundo, te equivocas, que no eres perfecto/a, que tomas malas decisiones y que sentir arrepentimiento a veces es un sentimiento inevitable.

    4. Perdónate

    El autoperdón es un proceso de reconciliación a través del cual dejas de lado el resentimiento. Sueltas el odio y el dolor y te tratas con compasión y generosidad. Esto te ayuda a liberar el remordimiento de conciencia, pues te impulsa a cambiar y ser mejor. Sigue este orden de consejos para perdonarte a ti mismo:

    • Confróntate y reconoce que necesitas pasar la página.

    • Hazte responsable de las consecuencias de tus actos.

    • Confiesa tus defectos y acepta que no eres perfecto/a.

    • Aprende de la experiencia y cambia tu manera de actuar.

    El remordimiento, por qué nos afecta tanto

    5. Expresa lo que sientes

    Expresar tus sentimientos es bueno para disminuir el remordimiento, porque te hará comprender mejor lo que te sucede y procesar la experiencia. Hablar con un amigo o familiar de confianza permite, además, recibir consejos útiles para afrontar tu malestar. Este tipo de apoyo social es clave para que no te dejes arrastrar por tus emociones desagradables. Haz lo siguiente:

    • Asiste a sesiones de psicoterapia.

    • Comparte tiempo con tus seres amados.

    • Canta canciones que te hagan sentir mejor.

    • Escribe, dibuja o haz teatro para exteriorizar tus emociones.

    6. Practica la gratitud

    Agradecer desplaza tu enfoque de lo negativo hacia lo positivo que te ha pasado. La gratitud contribuye a reducir el impacto desagradable a nivel emocional y cognitivo que produce el remordimiento de conciencia. Además, favorece el aumento del bienestar general. Te dejamos con algunas ideas para ser agradecido:

    • Haz una lista de tus logros y agradece.

    • Lleva un registro de las cosas buenas que te pasan.

    • Escribe una carta de agradecimiento dirigida a alguien importante en tu vida.

    7. Reconoce tu error y discúlpate

    Aceptar que te equivocaste y disculparte con la otra persona o contigo es necesario para superar la culpa y el remordimiento. Este acto te impulsa a cerrar el ciclo y empezar el proceso de reparación y reconciliación con los demás y con tu conciencia moral. Ten en cuenta estas ideas:

    • Piensa en tus acciones.

    • Determina en qué has fallado.

    • Ofrece disculpas específicas ante quien sea necesario.

    8. Repara el daño

    De nada vale que te disculpes si no reparas el daño cuando hacerlo es posible. La mejor forma de eliminar el remordimiento es remediando tu error, de esa manera muestras también tu arrepentimiento y te das una segunda oportunidad para hacer las cosas mejor. Con el fin de reparar, haz esto:

    • Acepta tu error.

    • Identifica las consecuencias de tus actos.

    • Determina qué puedes restituir y cómo hacerlo.

    • Haz un plan de acción para llevar a cabo tu restauración.

    • Elige el lugar y el tiempo oportuno para reparar el daño hecho.

    Remordimientos de conciencia: qué son y cómo puedes deshacerte de ellos

    9. Comprométete con el cambio

    El remordimiento debe llevarte hacia un pacto con el cambio, un acuerdo para no volver a repetir tus acciones. Negociar contigo o con las personas implicadas y comprometerte a hacer las cosas mejor en un futuro, disminuye la intensidad del remordimiento porque abre nuevas posibilidades para enmendar y actuar diferente. En este caso, te recomendamos lo siguiente:

    • Aprende del error.

    • Crea nuevos hábitos.

    • Desarrolla conductas responsables.

    • Busca apoyo u orientación de personas con sabiduría.

    – ¿Cuáles son las consecuencias del remordimiento de conciencia?

    Cuando el remordimiento es continuo, intenso y obsesivo, tiene efectos negativos sobre quien lo siente. Por un lado, la culpa asociada a él puede predisponer a la persona a la tristeza excesiva, lo que quizás genera estados depresivos. 

    De igual modo, el remordimiento tiene la facultad de producir ansiedad. El sujeto arrepentido empieza a anticipar un futuro donde lo único que hace es reproducir su error. Estas expectativas ocasionan preocupaciones, miedos, pensamientos intrusivos e inquietud, lo cual le impide disfrutar el momento.

    Otra de sus consecuencias es que puede conducir al aislamiento, debido a la vergüenza y el temor. El individuo toma distancia de las personas para no sentirse juzgada o para no repetir el daño que le provocó a alguien más. Este retraimiento imposibilita que otros le brinden apoyo emocional, lo que retrasa aún más la superación del remordimiento.

    Asociado a lo anterior, la culpa hace sentir a la persona que, producto de su equivocación, en especial si le causó un mal a otro sujeto, no es digna de ser amada. La indignidad lleva a que dicha persona sabotee sus relaciones para confirmar su creencia de que no merece ser querida.

    – La conciencia moral es tu aliada

    Cómo eliminar el remordimientos de conciencia - 7 consejos

    El remordimiento de conciencia no es agradable de experimentar, pero es una excelente oportunidad para mejorar como seres humanos y hacer las cosas diferentes en el futuro. 

    Arrepentirse es una cualidad que nos demuestra que somos sensibles y capaces de asumir nuestra responsabilidad.

    Ya sabes, es posible lidiar con el remordimiento para usarlo a favor de tu crecimiento moral y personal.

    El auto-perdón, los actos de reparación, el compromiso con el cambio y aceptar las emociones y pensamientos son algunas de las estrategias que útiles para sentirte bien.

    Te invitamos a reflexionar sobre cómo afrontas el arrepentimiento cuando te equivocas.

    nuestras charlas nocturnas.


    Creó una máquina que predice el día de tu muerte y responde: ¿hasta dónde llegará la inteligencia artificial?…


    Calculadora de muerte por IA Life2vec.io - Calculadora de esperanza de vida

    Infobae(Fernández) — “Si pudieras conocer la fecha de tu muerte, ¿preferirías saberlo o continuar tu vida con esa incertidumbre?”. Lo que supo ser un juego, el puntapié inicial para habilitar una discusión sobre un planteo improbable, hoy es una posibilidad tangible gracias -o pese- al avance frenético de la inteligencia artificial. La tecnología, se demostró, puede predecir con una efectividad sorprendente cuándo morirá una persona.

    Sune Lehmann es el principal responsable de Life2Vec, un desarrollo que encendió las alarmas por su potencial tétrico. Es que el algoritmo no solo es capaz de predecir muertes prematuras -y lo hace con un 78% de acierto-, sino que también puede estimar distintos “eventos de vida” de los participantes tales como su éxito profesional, si formará una familia o si se mudará de ciudad.

    Lehmann originalmente es físico, pero desde hace años se decantó por la informática. Es profesor de Redes y Ciencias de la complejidad en la Universidad Técnica de Dinamarca. También enseña Ciencias de datos sociales en la Universidad de Copenhague. Su trabajo se centra en la comprensión y desarrollo de tecnologías de aprendizaje automático a partir de datos masivos.

    “Tuve la idea de este proyecto como parte de una subvención apuntada a comprender el papel de las conexiones sociales en la determinación de los resultados de vida de las personas. Pero para comprender el papel de las redes, primero tuvimos que reconocer cómo predecir mejor los resultados de vida de los individuos. Mi idea en principio fue lograr la mejor predicción posible para los grandes eventos individuales”, dijo en una entrevista con Infobae.

    El grupo de investigación que lidera busca entender el mundo a partir de grandes conjuntos de datos, sobre todo el entorno social y el comportamiento colectivo de las personas. Para ello se sirvieron de la tecnología detrás de los grandes modelos de lenguaje (LLM por sus siglas en inglés), una red neuronal capaz de aprender a partir de múltiples parámetros en formato de textos.

    A ese algoritmo le cargaron la base de datos anonimizada de alrededor de seis millones de daneses, recopilados por la agencia oficial Statistics Denmark. A partir del análisis de una secuencia de acontecimientos, la IA predice eventos de la vida hasta el último aliento. Los resultados, publicados en la revista científica Nature, muestran que a la hora de predecir una muerte, por caso, el algoritmo acierta en el 78% de los casos. Mismo cuando se le pide que vaticine si una persona se mudará a otra ciudad o país, lo hace correctamente en el 73% de los casos.

    “Descubrimos que al organizar los acontecimientos de las vidas humanas en una secuencia del siguiente modo: nacer en este lugar, con este peso al nacer, vivir en este lugar, comenzar en este jardín de infantes, etc., se pueden crear modelos usando un método matemático. Al tipo de modelo lo llamamos ‘transformadores’, que construyen a su vez representaciones del mundo”, explicó Lehmann.

    ¿Cómo se alimenta y funciona el algoritmo? ¿Cuáles son los datos esenciales que le hacen llegar a tal o cual conclusión?

    一Así como los modelos de lenguaje usan las matemáticas para estimar las probabilidades de elegir cierta palabra, nuestros modelos usan la misma técnica para estimar las probabilidades de cierto evento de la vida. Le mostramos muchos ejemplos de los resultados que queremos distinguir y lo entrenamos para que aprenda los patrones de las secuencias de cada resultado.

    Lo importante desde una perspectiva de investigación es que el modelo matemático que estima las probabilidades es, en sí mismo, interesante. Es un objeto matemático que representa todas las relaciones entre cosas que pueden suceder en la vida humana. Es por eso que llamamos a nuestro modelo “modelo básico” en el artículo.

    En el caso particular de la predicción de la muerte, ¿Cómo lo entrenaron?

    一En el caso de predecir la muerte, le mostramos al algoritmo muchos ejemplos de personas que viven y muchos ejemplos de personas que mueren y lo entrenamos para que detecte los patrones que distinguen esos resultados. En este momento el modelo utiliza datos del mercado laboral y algunos datos de salud.

    ¿Qué datos se tienen en cuenta? O, más bien, ¿cuáles son las variables más importantes a la hora de llegar a una predicción?

    一Esto es lo bueno de nuestro modelo. Debido a que es un modelo básico de todos los eventos de la vida de una persona, simplemente lo entrenamos para que reconozca la diferencia entre los resultados y el modelo “descubre” cuáles son las variables relevantes dentro de esas secuencias de vida.

    En todos los demás modelos tienes que decidir qué datos quieres usar para la predicción. Nosotros simplemente los usamos todos.

    ¿No puede haber sesgos peligrosos allí?

    一Efectivamente el modelo tiene sesgos. Y estoy de acuerdo en que hay que tener cuidado con los sesgos de los algoritmos. Pero recuerda que nuestro modelo no sirve para nada. Es un proyecto de investigación. Entonces, parte de lo que nos interesa ahora es analizar y comprender esos sesgos. Y al mismo tiempo nos dice algo sobre la sociedad.

    Aquí hay un punto central. Life2Vec, la herramienta que predice, entre otros sucesos de vida, la fecha de muerte de una persona, es por ahora un proyecto de investigación que pretende justamente comprender el potencial de los modelos de lenguaje construidos con IA. El sistema no está listo para usarse por fuera del ámbito de investigación.

    Lehmann y sus colegas quieren explorar los resultados a largo plazo, identificar cuál es el impacto que tienen las conexiones sociales en la vida y la salud. Están enfocados en sumar cada vez más datos -redes sociales entre ellos- para ver cómo responde el algoritmo.

    一No sé para qué servirá el modelo 一dijo el científico一. Hay ciertos usos que nunca deberían ocurrir (y que son ilegales), como la predicción de delitos. Pero hay oportunidades en el sector de la salud en los que creo que el modelo podría ser muy útil una vez que enfrentemos los prejuicios.

    Sune Lehmann, líder del equipo que creó un algoritmo capaz de predecir distintos eventos de la vida de una persona

    ¿Hacia dónde cree que se dirige la inteligencia artificial? ¿Hacia avances éticamente indeseables?

    一No lo tengo claro, pero seguramente habrá muchos problemas una vez que comencemos a implementar la IA como parte de la sociedad. Será un desafío enorme hacerlo de una manera justa y equitativa. Las grandes empresas tienen sus cañones apuntando a la IA generativa. La cantidad de dinero que se destina al poder computacional es una locura en este momento.

    – ¿Cuáles son los principios éticos que deberían regir la IA?

    La discusión en torno al potencial de la inteligencia artificial abre un sinfín de aristas. Uno de ellos es si hay -o debería haber- principios éticos detrás de la tecnología, que orienten su porvenir y favorezca desarrollos que no conspiren contra los humanos. Infobae consultó con expertos que dieron su mirada respecto a los lineamientos que deberían regir la IA.

    Simon Kolstoe, profesor de Bioética de la Universidad de Portsmouth, Inglaterra, trazó un paralelismo entre la ética médica y tecnológica. Según él, son cuatro los principios: beneficencia (beneficios), no maleficencia (evitar daños), autonomía (libre elección para los individuos) y justicia (derecho a apelar decisiones basadas en IA).

    Los modelos actuariales como los que utilizan las compañías de seguros intentan predecir desde hace décadas el futuro de una persona. El hecho de identificar posibles predictores sólidos no es particularmente novedoso, aunque hasta el momento no existía una tecnología que pudiera hacer predicciones con semejante efectividad. La inteligencia artificial lo hizo posible a partir de su capacidad de procesar millones de datos y de aprender en forma automática y permanente.

    El filósofo David Weitzner, profesor de la Universidad de York, Canadá, se especializa en ética de los negocios. Él cree que el principio ético que debería regir, por encima de todo, el desarrollo de la IA es el mismo principio que aplica a innovaciones empresariales: total transparencia en cuanto al plan de negocio y al modelo de creación de valor.

    “¿Están ganando dinero explotando lagunas en la infracción de derechos de autor para generar textos/imágenes para consumidores que piensan que el resultado es totalmente suyo? ¿Están ofreciendo un producto presentado como complemento de la IA, pero están ganando dinero con la vigilancia subrepticia, la extracción de datos y la ingeniería social?

    ¿O están ganando dinero con los ingresos por ventas de su algoritmo predictivo patentado, que hace exactamente lo que dice que hará, aunque la tecnología sea imperfecta? Nuestra sociedad debería tener un gran problema con los dos primeros modelos de negocio, pero no con el tercero”, remarcó.

    En su próximo libro Thinking Like a Human: The Power of Your Mind in the Age of AI, Weitzner sostiene que una característica esencial de la experiencia humana es la elección y se opone a entregar nuestro futuro a empresas que esperan construir un mundo determinista de predicción absoluta sin libre albedrío.

    Marcel O’Gorman, director del Critical Media Lab de la Universidad de Waterloo, se dedica a investigar innovaciones responsables dentro del ecosistema tecnológico. Él coincide en que la transparencia es imperativa a la hora de emprender desarrollos en IA. Las empresas con mayor financiación no tienen ninguna obligación de revelar cómo funciona su sistema, qué contienen sus conjuntos de datos y cuáles son sus motivaciones finales, además de obtener ganancias.

    “El concepto de ‘IA abierta’ es una broma. La empresa puede lanzar un producto al público sin previo aviso y sin tener en cuenta la seguridad pública, todo sin explicar abiertamente sus intenciones o cómo se construyó la tecnología. Como resultado, no tenemos forma de predecir los resultados dañinos de una tecnología de IA, ni de monitorear los conjuntos de datos en busca de sesgos o robo de propiedad intelectual, ni de entender si la IA se está utilizando para manipular a los individuos o para causar otros daños”, marcó.

    – ¿Se puede regular la IA?

    Dennis Hirsch, profesor de Derecho y Ciencias de la Computación en la Universidad Estatal de Ohio, Estados Unidos, considera que tecnologías con el potencial de Life2Vec pueden traer grandes beneficios a la humanidad, pero también plantean amenazas. Por caso, las predicciones basadas en inteligencia artificial sobre el éxito profesional de una persona pueden estar sesgadas por raza o género, y de ese modo perpetuar las desigualdades actuales.

    “Las regulaciones deberían exigir que las organizaciones consideren seria y enérgicamente todos los impactos de una tecnología de IA y la desarrollen e implementen solo cuando sean responsables de ello. La mayoría de las regulaciones actuales siguen este enfoque”, advirtió el experto.

    Los requisitos de evaluación de la conformidad de la ley de IA de la Unión Europea, por ejemplo, exhorta a contemplar los posibles de impactos de cada desarrollo. No obstante, ninguna ley resultará suficiente para garantizar que no haya excesos. “Tales regulaciones por sí solas son insuficientes. Necesitamos normas que detallen qué prácticas son socialmente aceptables y cuáles no, pero estamos muy lejos de eso”, afirmó Hirsch.

    Según Weitzner, la legislación más importante sería consagrar los derechos sobre los datos. Cree que las Big Tech han ignorado una y otra vez las normas de privacidad y de derechos de autor, considerando cada pieza de producción humana como datos para ser extraídos. “En casos como este, donde toda una industria se niega a autorregularse, necesitamos que el gobierno intervenga y proteja los derechos de los creadores y consumidores”, sostuvo.

    Por su parte, O’Gorman piensa que, en primer lugar, se debería exigir que los productos de las empresas de IA se sometan a auditorías por parte de organizaciones externas que prueben su transparencia, equidad y responsabilidad pública. Esos auditores, cree, tienen que ser financiados por los gobiernos y monitoreados para detectar casos de corrupción.

    “No se debe permitir que las empresas de inteligencia artificial tengan más poder que las naciones a las que venden sus productos. Desafortunadamente, esta asimetría de poder hoy existe y las burocracias no llegan a mantenerse al día con la velocidad vertiginosa del tecnocapitalismo. Tenemos muchas directrices, manifiestos y declaraciones para ayudar a guiar el desarrollo de una ‘IA responsable’. Pero a menos que estos documentos bien intencionados vayan acompañados de un proceso de regulación aplicable, no son más que declaraciones de supuesta ética”, remarcó.

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    “Una salamandra infernal”: el descubrimiento del animal gigante que dominó el planeta antes que los dinosaurios…


    Claudia Marsicano observa el esqueleto fósil de la criatura parecida a una salamandra del período Pérmico, Gaiasia jennyae, durante un trabajo de campo en Namibia
    La paleontóloga argentina Claudia Marsicano, al descubir el fósil supo «que se trataba de algo completamente diferente».

    BBC News Mundo — 40 millones antes que los primeros dinosaurios aparecieran en la Tierra, un feroz depredador rondaba los pantanos prehistóricos.

    Medía hasta dos metros y su enorme cráneo de más de medio metro incluía una boca con largos colmillos entrelazados que actuaba como una copa de succión para devorar a sus presas.

    Se trata de Gaiasia jennyae, cuyo fósil fue recientemente descubierto en Namibia y descrito por los científicos en un artículo en la revista especializada Nature como una salamandra gigante con una cabeza plana en forma de retrete.

    «Esta criatura acertadamente podría llamarse ‘salamandra infernal’”, comentó el periodista científico Paul Smaglik, en un texto en la revista Discover a propósito del hallazgo.

    El fósil recibió el nombre por la formación Gai-as en Namibia, donde fue descubierto, y en honor a Jenny Clack, la paleontóloga que se especializó en la evolución de los primero tetrápodos, los vertebrados cuadrúpedos que evolucionaron de los peces con aletas lobuladas y que fueron los ancestros de anfibios, reptiles y mamíferos.

    Una representación artística de la criatura parecida a una salamandra del período Pérmico, Gaiasia jennyae
    La forma de la cabeza y mandíbula del tetrápodo le permitía abrir la boca y aspirar sus presas.

    Encontramos este enorme espécimen que yacía como un gigante solidificado en un saliente rocoso.

    Fue realmente impactante”, relató Claudia A. Marsicano de la Universidad de Buenos Aires, colíder del equipo investigativo.

    Con sólo verlo supe que se trataba de algo completamente diferente. Estamos todos muy emocionados”, expresó la paleontóloga.

    El equipo halló varios especímenes, incluyendo uno con un muy buen preservado cráneo articulado con la columna vertebral.

    Después de examinar el cráneo, la estructura frontal me llamó la atención.

    Era la única parte visible en ese momento y mostraba unos grandes colmillos entrelazados muy inusuales, que creaban una mordida extraña para los tetrápodos primarios”.

    Jason Pardo, investigador de postdoctorado del Museo Field de Chicago y coautor del artículo, explicó que:

     la forma de la cabeza y de la mandíbula le permitían abrir la boca y aspirar sus presas.

    Contamos con material realmente fantástico, incluyendo un cráneo completo que podemos usar para compararlo con otros animales de esta época y entender cómo fue este animal y qué lo hace único”.

    Marsicano añadió que el “nuevo, excepcionalmente grande, tetrápodo acuático aporta información crítica sobre los tetrápodos que habitaron las altas latitudes de Gondwana”, en referencia a las regiones polares de la masa terrestre prehistórica.

    – Arcaico ancestro

    Aunque hoy en día Namibia se encuentra apenas al norte de Sudáfrica, hace 300 millones de años estaba mucho más al sur, cerca del paralelo 60, casi a la altura del punto más septentrional de la Antártida actual. Y en ese momento, la Tierra se acercaba al final de una era glacial.

    Las tierras pantanosas cercanas al ecuador se estaban secando y se estaban volviendo más boscosas, pero más cerca de los polos, los pantanos permanecían, posiblemente junto a parches de hielo y glaciares.

    En las partes más cálidas y secas del mundo, los animales evolucionaron hacia nuevas formas. Los primeros vertebrados de cuatro patas, llamados tetrápodos, se ramificaron y se dividieron en linajes que un día se convertirían en mamíferos, reptiles y anfibios. Pero al margen, en lugares como lo que hoy es Namibia, permanecieron formas más antiguas.

    Cráneo y columna vertebral casi completos del fósil de Gaiasia jennyae
    El fósil incluye un cráneo articulado con la columna vertebral muy bien preservados.

    «Es realmente sorprendente que Gaiasia sea tan arcaica”, comentó Pardo. “Estaba emparentada con organismos que se extinguieron probablemente 40 millones de años antes». Y para ser un vestigio extraño de una época aún más antigua, a Gaiasia parecía que le iba bastante bien, posiblemente como el principal depredador de su ecosistema.

    «El hecho de que hayamos encontrado a Gaiasia en el extremo sur nos dice que había un ecosistema floreciente que podía sustentar a estos grandes depredadores. Cuanto más busquemos, más respuestas podremos encontrar sobre estos importantes grupos animales que nos interesan, como los ancestros de los mamíferos y los reptiles modernos», concluyó Pardo.

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    El perfeccionismo en la adolescencia: ¿aliado o enemigo en el ámbito escolar?…


    El perfeccionismo en la adolescencia: ¿aliado o enemigo en el ámbito escolar ?

    The Conversation(M.D.López/A.M.J.Iglesias/C.Paniagua/I.G.Moya) — Llegó el final del curso. Se acabaron los madrugones y los atracones de estudio ante un examen. Se acabó la tensión de recibir las notas, compararlas con otros compañeros y enseñarlas en casa. Con el comienzo de las vacaciones se pone fin a una de las principales fuentes de estrés para chicos y chicas adolescentes.

    Pese a que sentir estrés es normal, los niveles de estrés que provoca la escuela han aumentado en los últimos años, convirtiéndose en una preocupación creciente en nuestra sociedad.

    Por eso, para intentar identificar algunos factores que pueden estar influyendo en el estrés escolar, desde el proyecto EASE nos hemos preguntado cómo se relacionan el estrés escolar y las quejas psicosomáticas (como dolores de cabeza o de estómago) de estudiantes de secundaria y cuál es el papel del perfeccionismo y las expectativas parentales en esta cuestión.

    – ¿Qué significa ser perfeccionista?

    El perfeccionismo es un concepto multidimensional que se caracteriza por la tendencia a establecer estándares de rendimiento muy altos acompañados de evaluaciones excesivamente críticas del propio comportamiento. Aunque las dimensiones del perfeccionismo han sido clasificadas de distinto modo en la investigación académica, una de las clasificaciones más comunes establece tres dimensiones:

    • Perfeccionismo autoorientado: mostrar estándares personales excesivos y evaluar rigurosamente el comportamiento de uno mismo. Es decir, ser autoexigente en exceso.
    • Perfeccionismo orientado a los demás: tener expectativas de perfección para las demás personas, mostrando actitudes críticas con ellas cuando no cumplen con dichas expectativas. Es decir, ser excesivamente exigente con los demás.
    • Perfeccionismo socialmente prescrito: percibir que otras personas esperan que uno sea perfecto y pensar que serán jueces duros y punitivos si no lo logra.

    Cómo afecta el perfeccionismo insano a la vida del adolescente | SOM Salud  Mental 360

      – Cómo influye la actitud familiar

      Las expectativas parentales relacionadas con el ámbito escolar son las creencias o juicios que padres y madres tienen sobre los logros futuros de sus hijos e hijas. Por ejemplo, pensar que su hijo tiene capacidades de sobra para obtener unos resultados excelentes y no se está esforzando suficiente.

      Si bien las expectativas familiares pueden ayudar a que los hijos e hijas desarrollen las capacidades necesarias para alcanzar sus objetivos académicos (como cuando confían en ellos y ellas y les animan ante un examen difícil), también pueden derivar en consecuencias negativas, principalmente cuando esas expectativas son poco realistas o priorizan los logros académicos de los hijos e hijas por encima de su salud emocional.

      Pues bien, desde el proyecto EASE hemos encontrado que tanto los estudiantes de secundaria con altos niveles de perfeccionismo autoorientado como los que perciben altas expectativas familiares tienen niveles más altos de estrés escolar.

      En particular, las expectativas familiares tienen un papel especialmente relevante en el estrés escolar: padres y madres pueden enseñar a sus hijos e hijas que la perfección y el éxito son cruciales para obtener su amor y que, por tanto, el fracaso no es aceptable.

      De manera que las expectativas parentales pueden estar contribuyendo de forma más directa al estrés escolar que el perfeccionismo, ya que este último es un rasgo de la personalidad que se desarrolla a partir de dichas expectativas.

      El perfeccionismo ¿amigo o enemigo? – Victoria Trabazo – 91 130 97 54

      – El impacto en la salud mental y física

      Según nuestra investigación, las quejas psicosomáticas tienen mucho que ver con el estrés académico, con su grado de perfeccionismo y con las expectativas de sus familias. Así, los estudiantes con niveles más altos de estrés escolar se quejan también de más malestar psicosomático. Esta relación aparece igualmente con el perfeccionismo autoorientado y las expectativas parentales.

      Contestando entonces a la pregunta del título de este artículo, podemos decir que el perfeccionismo, que supone ponerse estándares personales excesivos y críticos, no es, en absoluto, un aliado en el ámbito escolar, y que en ese nivel de perfeccionismo influyen en gran medida las expectativas familiares poco realistas.

      Por eso, en este artículo queremos finalizar ofreciendo una serie de recomendaciones a las familias:

      • Evite expectativas académicas excesivamente elevadas, como esperar que sus hijos e hijas obtengan calificaciones escolares muy altas. Se trata de animar a dar lo mejor de uno mismo, en lugar de trasladar expectativas familiares que generen una presión adicional por destacar o sacar los mejores resultados siempre, algo que es un objetivo poco realista.
      • Transmítales expectativas positivas, que les animen a esforzarse para alcanzar logros escolares, pero ajustadas a su progreso en cada momento. Por ejemplo, si una materia le resulta complicada, anímele a estudiar a diario trasmitiéndole su confianza en que con ello mejorarán sus resultados, en lugar de insistirle en buscar el sobresaliente
      • Preste atención a las posibles preocupaciones de sus hijos e hijas o a su temor a decepcionar a otras personas.
      • Favorezca su motivación y autoeficacia con mensajes que les transmitan confianza en que les irá bien o les tranquilicen ante malos resultados.
      • Muéstreles apoyo ante cualquier resultado académico, teniendo en cuenta su perspectiva y siendo sensible a sus necesidades y sentimientos.

        Como conclusión, es positivo y deseable animar a hijos e hijas a mejorar y esforzarse para obtener buenos resultados escolares, transmitiéndoles su confianza en sus posibilidades. No obstante, conviene poner el énfasis en el progreso y la mejora personal, en lugar de insistir en la necesidad de obtener notas altas o destacar como el mejor o la mejor de la clase.

        Además de transmitirles que no pasa nada si los resultados no son los esperados alguna vez, resaltando que siempre contarán con su apoyo, con el apoyo de su familia, para lo que necesiten.

        nuestras charlas nocturnas.


        El escarabajo atacameño que tiene el doble de proteínas que la vaca (pero una huella de carbono casi cien veces menor)…


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        Desafío(C.Bley) — La industria ganadera no da para más. Lo que alguna vez fue una gran herramienta de supervivencia, y luego un excelente negocio, hoy es más bien un chaleco bomba amarrado a la humanidad: la producción de carne, que crece sin parar en el mundo, hoy genera tantas emisiones de carbono como el transporte vehicular. Para el 2050, podría representar casi un cuarto de todos los gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera.

        Todavía, eso sí, hay tiempo de desactivar este explosivo y la clave no es secreta: debemos conseguir que las proteínas, fundamentales para nuestra nutrición, no provengan solo de vacas, chanchos, pollos u ovejas, animales que por cada kilo de sabor aportan, en su crianza industrial, una profunda huella contaminante.

        ¿Pero dónde obtener alimentos de tan alto valor proteico como la carne animal, con aminoácidos que son esenciales para la nutrición humana, si no es del confiable ganado? Hay vegetales con muchas proteínas, como las legumbres, frutos secos y otros cereales, pero no todos consiguen ser tan completos: a algunos les falta metionina y a otros lisina, dos aminoácidos de los cuales depende nuestra salud.

        Consumir más vegetales y menos animales es definitivamente más conveniente, tanto para el bienestar humano como el del planeta, pero todo indica que no dejaremos de comer carne. Los países en desarrollo solo aumentan su ingesta —tanto en China como en Chile, la tasa de crecimiento es del 2,5 por ciento anual—, mientras que los desarrollados no la bajan. En Estados Unidos, por ejemplo, se mastican unos 120 kilos por persona al año, más que nunca en su historia. 

        El protagonismo de la carne, como se ve en el gráfico de arriba, se expande por los platos de todo el mundo. Entre 2000 y 2013, el consumo global de aves de corral aumentó un 59 por ciento, llegando ese año a las 109 millones de toneladas. Hoy, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), hay en la Tierra 25 mil millones de pollos en granjas productivas, o sea más de tres por cada ser humano.

        Este ritmo ganadero, por mucho que lo lamenten carnívoros y parrilleros, es simplemente insostenible: solo para hacer una hamburguesa, una sola, se necesitan 1.695 litros de agua. 

        La solución, si queremos seguir habitando este planeta en algo parecido a la armonía, no solo es dejar de cocinar animales de cuatro patas, sino que comenzar a producir los de seis. Sí: llegó la hora de comer insectos.

        – Hay un escarabajo en mi sopa

        Daniel Trujillo, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Atacama, siempre estuvo al tanto del problema de la carne y su ineficiencia. Como magíster en Ingeniería Agroalimentaria, constantemente leía informes sobre las consecuencias de la industria de alimentos, el aumento de la población mundial y la crisis de suelos y recursos para seguir criando y cultivando comida.

        En uno de esos reportes, elaborado por la FAO el 2013, le llamó la atención que en vez de cereales, frutas o verduras, en la portada aparecían grillos. Y el informe los destacaba, junto a otros insectos, como una importante fuente de alimentación para dos mil millones de personas en el mundo.

        Los bichos, decía ahí, tienen un interesante aporte en nutrientes fundamentales, como las famosas proteínas pero también muchos minerales, aunque su mayor gracia está en lo fácil que es cultivarlos y el bajísimo impacto ambiental que generan.

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        Esta es la vaquita del desierto, tan pequeña como nutritiva.

        En promedio, para producir un kilo de carne de vaca se necesitan ocho kilos de forraje; uno de insectos, en cambio, solo requiere de dos kilos de alimento, el que además puede provenir de desechos orgánicos. En cuanto al agua, se calcula que al producir larvas de mosca soldado negra —una de las más cotizadas del mundo— se usa hasta diez veces menos que en la ganadería tradicional, además que el espacio requerido puede ser once veces menor.

        Cada dato que leía a Trujillo le hacía aún más sentido. La manera en que nos alimentamos está llevando al planeta a sus límites y algo debía cambiar. Nunca, eso sí, había probado un bicho en su vida, pero aprovechó que estaba estudiando unos alacranes en las dunas de Atacama, el 2018, para investigar las propiedades nutricionales de otro insecto muy común en la región: la vaquita del desierto, un escarabajo del género Gyriosomus conocido por las manchas blancas y negras en sus élitros.

        Se llevó unos ejemplares a su laboratorio de la UDA, en Copiapó, los congeló y luego, para que no perdieran ninguna propiedad, los deshidrató. Completamente secos, y sin saber con lo que se iba a encontrar, les realizó un perfil nutricional. Los resultados le abrieron el apetito, al menos científicamente.

        “Primero, me encontré con que el Gyriosomus tiene buenas cantidades de potasio, magnesio, zinc, hierro y calcio, todos minerales fundamentales para la nutrición humana”, cuenta. “Segundo, y todavía más sorprendente, es que el 58 por ciento del peso de este escarabajo son proteínas. Es decir, el triple de un corte de vacuno tradicional, y el doble que una pechuga de pollo”.

        Y no son proteínas cualquiera: el análisis de Trujillo mostró que ocho de los nueve aminoácidos esenciales que nuestro organismo no produce, pero que necesita para funcionar, están presentes en este escarabajo. El único que no apareció fue el triptófano, que sí está en el huevo y la leche.  

        Otra virtud de nutricional de la vaquita del desierto es que, a diferencia de las vacas de los campos, tiene muy poca grasa —apenas un 8 por ciento de su peso, tres veces menos que el vacuno—, y la que posee es de muy buena calidad: son principalmente ácidos grasos poliinsaturados y monoinsaturados, las llamadas “grasas saludables”, que ayudan a reducir el colesterol LDL y los triglicéridos en la sangre.

        “Estos insectos son de fácil producción”, dice el investigador. “Se podrían generar granjas con ellos, que pueden instalarse en cualquier lugar y hacer concentrados, por ejemplo”. Eso fue lo que hizo Trujillo: en vez de consumirlo como un crocante snack, convirtió al escarabajo en un polvillo seco que puede diluirse en agua o usarlo como suplemento alimenticio.

        – ¿Estamos listos para comer insectos?   

        Sobran las razones para comer insectos y, aún más, para disminuir el consumo de carne. ¿Por qué no lo hacemos? Tres sílabas: cul-tu-ra.

        Llevar un contundente trozo de carne al plato, ojalá de vaca y bien magra, es un símbolo de estatus, una demostración de abundancia e incluso un ejercicio de poder. De poder adquisitivo, por supuesto, pero también poder sobre la naturaleza y la historia.

        Es una manera de diferenciarnos de nuestros antepasados, muchos de ellos pobres o rurales, para quienes la carne era un lujo que no se podían permitir muy seguido. Al mismo tiempo, aunque no lo sepamos, comerse un asado es una sabrosa forma de acaparar recursos en el estómago.  

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        Un taco con larvas: un gusto que quizá tendremos que adquirir.

        Porque para producir una caloría de vaca se necesitan algo así como diez calorías vegetales. Y cerca del 40 por ciento de los cereales que se producen en el mundo —cereales que podrían ser comidos por humanos, como la soya o el choclo— se usan para alimentar animales que luego nos alimentarán a nosotros. Pocas cosas más ineficientes que un bistec.

        Los bichos, en cambio, significan todo lo contrario: todas las virtudes que hemos mencionado sobre la producción y consumo de insectos no parecen capaces, al menos en el mediano plazo, de evitar la repugnancia que provoca la imagen de meterse una larva a la boca. 

        Históricamente, escarabajos, moscas y grillos han sido vistos en occidente como seres indeseados o, en el mejor de los casos, invisibles, tolerables solo cuando están lejos de nosotros. Si se acercan, los recibimos con una mueca de asco y luego con un chorro de insecticida.

        Comerlos sería, para mucha gente, un retroceso civilizatorio, volver a tiempos prehistóricos, donde corríamos semidesnudos y dormíamos en los árboles. Pero es más probable que volvamos a condiciones así de precarias si seguimos produciendo carne de la forma en que lo hacemos ahora.

        “Por eso es tan importante que la ciencia logre acercarse a las personas y a los poderes que toman decisiones”, reflexiona Trujillo. Con investigaciones como la de él, es más posible generar conciencia y acelerar estos cambios culturales. Algo así ha ocurrido en Europa, donde tras la presión de la comunidad científica y otras organizaciones, desde 2023 se permite la producción y venta para consumo humano de tres insectos: larvas de gusano (en polvo, congeladas y deshidratadas) y grillos deshidratados en polvo.

        Por ley, en Chile solo se pueden comercializar insectos comestibles para animales o mascotas. Pero pronto eso debe cambiar. “Tenemos que hacer un cambio profundo de paradigma”, piensa el investigador, “y para eso debemos trabajar en conjunto ciencia, ciudadanía y poder político”.

        Ahora bien, ¿a qué sabe un escarabajo? Trujillo no lo sabe: aunque sueña con una humanidad que coma más insectos y menos carne, todavía no prueba uno. “No se me ocurrió, pero sí olían bastante fuerte”.

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        España frente a la devolución de bienes culturales coloniales: el escenario legal…


        España frente a la devolución de bienes culturales coloniales: el escenario  legal
        Sala con objetos de la cultura Quimbaya, Museo de América, Madrid, España

        The conversation(M.J.O.Jiménez) — Varios países europeos están dialogando y adoptando políticas sobre la restitución de objetos culturales coloniales. Se trata de un asunto que está inserto en un marco global en el que diversos intereses están en constante tensión y España es protagonista en este asunto.

        De este tema se han estado ocupando los Países Bajos (2020), Alemania (2021), Bélgica (2022) e incluso Suiza, que no ejerció poder colonial formalmente en otros territorios, pero participó en diversos procesos coloniales en el mundo.

        Estas iniciativas han sido acicateadas por el informe sobre la restitución de objetos africanos encargado hace seis años por el gobierno de Francia. Pero ¿sobre qué se está dialogando exactamente? ¿Qué argumentos se están trayendo a la mesa? España parece estar forzada a hacerse estas preguntas.

        Uno de los asuntos que se están tratando es cómo los diversos intereses en juego se traducen legalmente. En este sentido, sobresalen la Convención de la UNESCO sobre importación, exportación y transferencia ilícitas de bienes culturales (1970) y el Convenio de UNIDROIT sobre bienes culturales robados o exportados ilícitamente (1995).

        Urna cineraria, Quimbaya (Colombia)

        Ambos tratados, que soportan los intereses de los Estados en el control sobre esos objetos, han sido ratificados por España en 1986 y 2002, respectivamente.

        Los intereses de los pueblos indígenas, por su parte, se reflejan en los derechos –reconocidos en las Declaraciones sobre los derechos de los pueblos indígenas de la ONU (2007) y la OEA (2016)– a mantener, proteger y desarrollar las manifestaciones pasadas, presentes y futuras de sus culturas a través de sus objetos culturales y a que estos les sean restituidos si han sido privados de ellos sin su consentimiento o en violación de sus leyes, tradiciones y costumbres.

        Estos derechos se relacionan con normas del Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales (1989), ratificado por España en 2007.

        Por otra parte, en normas de derecho privado de diferentes países europeos se ha establecido que las demandas de restitución de bienes culturales originarios de otro país se decidan conforme al derecho de este último.

        Así se encuentra en leyes de Bélgica, Hungría, Bulgaria, Albania, Rumania, Montenegro y Serbia. Esto se corresponde con un desarrollo jurisprudencial que lleva más de cuatro décadas.

        Por ejemplo, en Inglaterra y en Italia se han tenido en cuenta las leyes del país de origen.

        También en la doctrina jurídica española se ha propuesto una interpretación de las normas civiles en ese sentido. Ciertamente, no hay uniformidad legal en todo el mundo sobre esta materia, pero reconocer en estos casos la aplicabilidad de las leyes del lugar de origen es una tendencia clara.

        – La colección Quimbaya

        El 9 de mayo de 2024, Colombia solicitó a España el retorno de los objetos asociados a la colección Quimbaya que se encuentran en el Museo de América en Madrid. El origen de esta solicitud se enmarca en el contenido de una sentencia de la Corte Constitucional de Colombia de 2017.

        Esta sentencia evaluó tres puntos: la ilegalidad de la donación que el presidente de Colombia hizo en 1893 a la reina regente del Reino de España, la aplicabilidad del derecho internacional y el significado de la colección Quimbaya para los pueblos indígenas.

        La Corte Constitucional de Colombia decidió que la donación fue ilegal y afirmó que la colección Quimbaya “pertenece a pueblos indígenas que aún habitan el territorio”.

        En este sentido, decidió que las piezas deberían ser repatriadas para que continúen transmitiendo a las generaciones futuras colombianas su legado cultural, para lo cual, afirmó, el Estado colombiano “tiene la responsabilidad de activar todos los procedimientos que el derecho nacional e internacional ofrecen”.

        Así las cosas, al solicitar el retorno de la colección Quimbaya, el gobierno de Colombia está cumpliendo con una obligación que tiene de conformidad con el ordenamiento jurídico de su país.

        – El caso de las máscaras Kogui

        Máscaras Kogui.

        Tratándose de restitución de objetos culturales coloniales, una práctica extendida consiste en utilizar mecanismos políticos y diplomáticos.

        Son estos los que Colombia está usando para cumplir con la obligación jurídica antes aludida.

        Así lo hizo también en el caso de las máscaras Kogui, devueltas a Colombia hace un año por el Museo Etnológico de Berlín, donde estaban desde 1915, y que fueron entregadas a los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

        Y así lo está haciendo al celebrar un acuerdo colaborativo con el mismo museo alemán en relación con las piezas líticas de San Agustín, llevadas allí en 1919 y cuya restitución, de conformidad con otra sentencia judicial, el gobierno colombiano debe procurar.

        España, por su parte, parece estar atendiendo a un cada vez más vigoroso llamado a decidir qué senderos andar en relación con este asunto.

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        Qué es el ecoísmo, la cara opuesta del narcisismo que pocos conocen…


        El mito de Eco y Narciso representado en la pintura de John William Waterhouse.

        BBC News Mundo(K.Papageorgiou) — La gente está obsesionada con el narcisismo y los narcisistas. Quieren saber si son narcisistas, si están saliendo con un narcisista, si su jefe es narcisista, si su perro es narcisista, y así sucesivamente.

        Pero pocos parecen preguntarse por el polo opuesto del narcisismo: el ecoísmo.

        Para comprender este rasgo modesto, vale la pena aventurarse primero en la mitología griega, de donde se derivaron los términos «narcisismo» y «ecoísmo».

        Eco era una ninfa con una hermosa voz, una voz que usaba para mantener una agradable conversación para distraer a Hera, la reina de los dioses, para que no se diera cuenta de las infidelidades de su marido (Zeus) con las amigas de Eco (otras ninfas de las montañas).

        Hera finalmente entendió el pequeño juego de Eco y la castigó para que ya no tuviera control de su propia lengua.

        Eco solo podía hablar cuando le hablaban y solo podía repetir las últimas palabras de la persona que le había hablado.

        Si bien el castigo le pasó factura a Eco, su verdadero sufrimiento comenzó cuando se enamoró de Narciso, un cazador que se había ganado renombre por su extraordinaria belleza.

        El brutal rechazo de Narciso hacia Eco debido a su incapacidad para pronunciar sus propias palabras le causó tal dolor que, al final, no quedó nada de ella excepto su voz.

        Como en el mito en el que Eco ayudaba a otras ninfas a aparearse con el rey de los dioses, los ecoístas se centran en satisfacer las necesidades de los demás para evitar considerar las propias.

        Y son incapaces de expresar sus propios deseos y pensamientos por miedo a que esto pueda generarles sentimientos de vergüenza o pérdida del amor.

        Suelen ser empáticos y evitan o incluso rechazan la atención.

        narcisita
        A diferencia de los narcisitas, los ecoístas suelen ser empáticos y evitan o incluso rechazan la atención.

        Otras características del ecoísmo pueden implicar una incapacidad para crear límites, una tendencia a culparse a sí mismos y a pedir muy poco a los demás por temor a que esto pueda agobiarlos, o que pueda ser visto como un intento de atraer la atención.

        En el mito, Narciso y Eco son opuestos que se representan como entidades entrelazadas pero separadas.

        Para comprender el ecoísmo, es necesario comprender el narcisismo, ya que el primero se percibe como el extremo opuesto del espectro del narcisismo.

        – Los opuestos se atraen

        Los ecoístas y los narcisistas pueden sentirse atraídos entre sí. Y si bien puede ser fácil pensar en el narcisista como el agresor y en el ecoísta como la víctima en una relación, la verdad es que ambas partes satisfacen ciertas necesidades.

        Un narcisista monopolizará la atención sin ningún desafío o amenaza a su ego. Mientras tanto, el ecoísta se esconderá en las sombras del narcisista para satisfacer su tendencia a rechazar la atención.

        Yendo más allá de las dicotomías simplistas entre personalidades buenas y malas, la moraleja del mito, así como la interpretación de hallazgos recientes sobre el narcisismo, sugieren que demasiado o muy poco de cualquier cosa puede ser catastrófico para la persona y las personas que la rodean.

        narcisita
        Un narcisista monopolizará la atención sin ningún desafío o amenaza a su ego.

        En el mito, tanto Eco como Narciso mueren trágicamente a una edad muy temprana en la desesperación causada por decisiones equivocadas y necesidades insatisfechas.

        Hoy en día, tanto el trastorno narcisista de la personalidad (el extremo superior del espectro del narcisismo) como el ecoísmo (no existe un ecoísmo equivalente al trastorno narcisista de la personalidad) pueden contribuir a problemas de salud mental, aislamiento y soledad.

        Por otro lado, un nivel saludable (incluso ligeramente elevado) de narcisismo, principalmente “narcisismo grandioso” (un sentido inflado de importancia y una preocupación por el estatus y el poder), puede contribuir a resultados positivos, como una reducción de las enfermedades mentales y un mejor desempeño bajo estrés.

        Esto se debe a que niveles ligeramente elevados de narcisismo grandioso se han relacionado sistemáticamente con una mayor resiliencia ante los trastornos mentales.

        También hemos demostrado que cuando estaban bajo estrés para realizar una prueba cognitiva, los narcisistas grandiosos parecían haber tenido la capacidad de ignorar comentarios engañosos y concentrarse en la tarea en cuestión.

        Pero para comprender cuánto narcisismo o ecoísmo se necesita antes de que se vuelva tóxico, debemos cambiar la forma en que percibimos la naturaleza humana.

        En lugar de pensar en los rasgos de la personalidad como algo fijo (o eres ecoísta o no), deberíamos centrarnos en comprender cómo nuestro comportamiento y nuestra personalidad cambian de un día para otro dependiendo de lo que se requiere de nosotros dentro del complejo entorno social. en el que todos operamos.

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        7 lenguas que han sido resucitadas…


        Psicología y Mente(S.R.Comas) — Según Aitor García Moreno, del Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo, no existen parámetros suficientemente claros para determinar cuándo una lengua se considera muerta o extinta. En general, se considera como tal con el fallecimiento del penúltimo de sus hablantes, puesto que ya no se puede establecer ninguna conversación.

        Por otro lado, para ser considerada en peligro de extinción, una lengua debe contar con menos de 1.000 hablantes que la usen de forma fluida en su cotidianidad. Según datos de la ONU, actualmente más de la mitad de las lenguas del mundo se encuentran en esta situación, y muchas otras han desaparecido completamente en los últimos años.

        – ¿Por qué existen idiomas extintos?

        Antes de adentrarnos en algunas de las lenguas que han sido resucitadas, hablemos de por qué se extingue un idioma o por qué entra en proceso de desaparición. Las causas son numerosas, pero, entre todas ellas, resaltan las siguientes:

        1. Globalización

        En nuestro mundo eminentemente globalizado existe una tendencia a utilizar las lenguas mayoritarias para establecer comunicación con los demás. Así, idiomas como el inglés, el español o el chino, que se cuentan entre los más hablados del planeta, suelen ser algunos de los más usados en este sentido.

        Si bien la globalización constituye algo positivo en cuanto a practicidad, resulta tremendamente perjudicial para la riqueza cultural. Como consecuencia de la expansión de las lenguas mayoritarias, muchas otras, habladas solo por pequeños grupos, han visto disminuir su número de hablantes; al menos, en cuanto a primera lengua.

        2. Colonialismo e imperialismo

        La conquista de otros territorios es una constante en la historia humana. En general, esta conquista conlleva la expansión de la cultura de los conquistadores y, más que a menudo, su imposición sobre las otras culturas minoritarias. Un buen ejemplo son las lenguas africanas, muy dañadas por la creciente colonización europea de los siglos XIX y XX, así como las lenguas indígenas americanas.

        La imposición de la lengua de los conquistadores puede darse de varias maneras. Una, a través de la imposición forzada, y dos, mediante políticas culturales que marginan a las otras lenguas y las convierten en una manifestación de una supuesta “incultura”. Esto sucede cuando la lengua recién llegada es percibida o alentada como la representante de lo culto y “civilizado”.

        3. Lingüicidio

        A veces, la lengua minoritaria es directamente perseguida y anulada. En estos casos hablamos directamente de lingüicidio, puesto que la destrucción del idioma en cuestión es intencionada y agresiva.

        7 lenguas que han sido resucitadas

        – 7 lenguas que han sido resucitadas

        Por fortuna, existen muchas lenguas que han podido ser resucitadas y que, poco a poco, van recuperando hablantes. En el artículo de hoy te traemos 7 de estas lenguas recuperadas.

        1. El prusiano

        El prusiano es una lengua báltica hablada originalmente en la denominada Prusia Oriental, región que actualmente está repartida entre Polonia, Rusia y Lituania. Su declive comenzó tras las invasiones de alemanes y polacos, y desde el siglo XVIII hasta 2009 se consideró una lengua extinta.

        Sin embargo, desde la década de 1970 grupos de eruditos empezaron a reconstruir y expandir el prusiano antiguo a través de plataformas como YouTube, Facebook o algunas ediciones de libros. El resultado de tan magna empresa fue que, en 2009, esta antiquísima lengua báltica volvió a revivir, y poco a poco parece que sigue creciendo.

        2. El hebreo

        La lengua hebrea es el único caso de lengua extinta no solo recuperada, sino elevada a lengua de uso común de millones de personas. A pesar de que el hebreo se seguía usando como lengua litúrgica, hasta el siglo XIX, y coincidiendo con el auge del sionismo, no empezó a hablarse de forma cotidiana.

        El promotor fue Eliezer Ben-Yehuda (1858-1922), considerado el padre del hebreo moderno, que adaptó la antigua lengua sagrada para su uso popular. Él mismo enseñó a su hijo a hablarla, que se convirtió así en el primer hablante de hebreo moderno nativo de la historia. El crecimiento de esta lengua es evidente: actualmente es el idioma oficial de Israel y vehículo de comunicación de muchos miembros de la comunidad judía internacional.

        3. El córnico

        Este antiguo idioma de la región de Cornualles, en Inglaterra, tiene un origen celta y se extinguió oficialmente en el siglo XVIII, con la muerte de su último hablante nativo.

        Sin embargo, actualmente está en proceso de recuperación, cuyos resultados no pueden ser más positivos: en 2000, según un informe del Reino Unido, existían ya 300 personas que hablaban córnico, además de más de setecientas en proceso de aprenderlo. En 2010, la UNESCO descatalogó al córnico como lengua extinta, lo que siempre es una grandísima noticia.

        4. El livón

        Transmitido de generación en generación como lengua exclusivamente oral, el livón es uno de los pocos idiomas no indoeuropeos que existen en Europa. Originalmente hablado en el Golfo de Riga, actualmente solo 30 personas se registran como hablantes con fluidez, aunque afortunadamente algunas más lo estudian.

        En 2009 falleció el último hablante de livón como primer idioma, Viktor Berthold, aunque se supone que algunos de sus descendientes pudieron seguir hablándolo. Ese mismo año, el gobierno letón reconoció el livón como patrimonio lingüístico del país y estableció medidas para su salvaguarda.

        5. El nubio

        El pueblo nubio fue numeroso e importante en la antigüedad; estuvo, nada menos, que al mando de los destinos de Egipto hacia el siglo VIII a.C. Sin embargo, la migración de población nubia, causada por la apertura de la presa de Asuán, diseminó a los hablantes por Egipto y Sudán.

        Dispersa y en convivencia con la población egipcia y sudanesa, la nubia intenta mantener su idioma ancestral a través de aplicaciones que cuentan ya con varios de miles de abonados. Se trata de una de las lenguas más antiguas de África, hablada por una de las etnias más antiguas, lo que convierte su conservación en una responsabilidad histórica y cultural.

        6. El normando

        Actualmente, el normando es hablado en la Normandía francesa (aunque sin reconocimiento oficial) y en algunas de las islas del canal, especialmente en las islas de Jersey y Guernsey. Pertenece a las antiguas lenguas de oïl (de la familia romance), muy extendidas en la Edad Media y tristemente casi desaparecidas.

        Se calcula que hoy en día solo el 2% de la población de las islas mencionadas habla normando, a pesar de que el BIC (British-Irish Council) las reconoce plenamente. En la actualidad, diversos clubs de lengua normanda intentan recuperar y expandir este antiguo idioma europeo.

        7. El maorí

        Hablado por el pueblo maorí (nativo de Nueva Zelanda), este idioma ancestral se vio seriamente perjudicado con la llegada de los colonos europeos. En 1847, y mediante la Education Ordinance Act, se establecía el inglés como idioma oficial, el único permitido como vehículo de enseñanza en las escuelas. Más tarde, en 1858, el idioma se prohíbe como lengua hablada en los centros educativos.

        Afortunadamente, un grupo de jóvenes maoríes (conocidos como Nga Tametoa) inició una campaña de recuperación del maorí en la década de 1970. Como resultado, y con el apoyo del gobierno, desde el año 1996 el idioma ha crecido significativamente.

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        Cómo los holandeses se convirtieron en los gigantes del mundo moderno…


        Cómo los holandeses se convirtieron en los gigantes del mundo moderno

        The conversation(K.Thompson/B.Quanjer) — Estudiar la historia de la salud física de un país o una región es todo un reto, ya que es difícil encontrar indicadores recopilados de forma sistemática. Sin embargo, acabamos de publicar un estudio en el que hemos analizado el claro vínculo existente entre la salud de una población y un dato sencillo y ampliamente registrado: la estatura corporal.

        Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la estatura se mantuvo relativamente estable. Hasta 1800, la estatura media en Europa oscilaba entre 165 cm y 170 cm.

        Pero en los últimos 200 años ha sucedido algo extraordinario: la estatura ha aumentado de forma espectacular en todo el mundo, pero sobre todo en Europa. En muchos países europeos se ha incrementado más de 15 cm, y esto ha sido especialmente evidente en los Países Bajos. El hombre holandés medio ha pasado de 166 cm en 1810 a 184 cm en la actualidad, lo que supone un aumento de 18 cm en sólo dos siglos. De hecho, los hombres holandeses son actualmente los más altos del mundo.

        Altura media masculina (en cm) por década, 1820-1980. La línea verde corresponde a los holandeses. Clio Infra, basado en Baten & Blum (2012)

        Aunque la genética desempeña indudablemente un papel destacado en la determinación de la estatura de los individuos, este tremendo cambio en toda una población no puede explicarse únicamente por la evolución. Si así fuera, el cambio de estatura se habría producido en una escala temporal mucho más larga.

        Sin embargo, en los últimos 200 años los Países Bajos, al igual que gran parte del resto del mundo, han experimentado una enorme mejora en su nivel de vida, desde la reducción de las tasas de mortalidad excesiva y enfermedades infecciosas hasta un mayor acceso a alimentos de alta calidad. El rápido aumento de la estatura muestra, por tanto, una clara relación entre el entorno y poblaciones más sanas y altas.

        – Altura, salud y desarrollo

        La estatura y la salud dependen de factores similares durante el desarrollo, el más importante de los cuales es la nutrición. Para crecer y gozar de buena salud, las personas necesitan alimentar su cuerpo con comida.

        Sin embargo, esta energía puede verse mermada por otras exigencias que la desvíen del crecimiento: factores como la enfermedad, el estrés y el trabajo manual pesado pueden dar lugar a poblaciones más bajas.

        Investigaciones recientes revelan que en el siglo XIX, en los Países Bajos, las enfermedades duraderas o recurrentes se asociaban a una menor estatura adulta, mientras que los periodos de enfermedad más breves y puntuales podían ser útiles para el crecimiento. Esto se debe probablemente a que las enfermedades menos graves aumentaban la inmunidad contra futuras infecciones.

        También se ha demostrado que la muerte de los padres, sobre todo de las madres, provocaba estaturas más bajas. En el caso de los niños muy pequeños, esto se debía a que dependían de sus madres para alimentarse, pero también ocurría en el caso de los niños mayores, lo que indicaba el profundo estrés que supone perder a un cuidador principal.

        Curiosamente, aunque la pérdida de la madre estaba relacionada con una menor estatura de los niños –en los Países Bajos y en otros lugares–, la pérdida del padre no lo estaba, lo que podría deberse a la naturaleza de género del cuidado parental en este periodo.

        En conjunto, la estatura puede considerarse un reflejo de la calidad y cantidad de alimentos consumidos por un individuo durante su desarrollo –y de la ausencia de factores estresantes que desvíen la energía derivada de ellos– desde el nacimiento hasta el final de la pubertad.

        Cómo los holandeses se convirtieron en los gigantes del mundo moderno | El  Periódico

        – Altura y salud en la edad adulta

        En cuanto a la medición de la salud en la edad adulta, la estatura es una cuestión más compleja. Hoy en día, las personas de estatura superior a la media, sobre todo los hombres, tienden a tener un menor riesgo general de muerte.

        Sin embargo, las personas extremadamente altas (190 cm y más) son ligeramente más propensas a morir antes que el resto, principalmente porque tienen un mayor riesgo de mortalidad relacionada con el cáncer. Se cree que esto es una cuestión de masa corporal: los cuerpos más altos tienen más células y más divisiones celulares, lo que significa una mayor probabilidad de desarrollar cáncer. Además, las personas más altas tienden a ingerir más calorías, lo que también podría influir.

        Cuando se analizan las poblaciones históricas (es decir, anteriores a la Segunda Guerra Mundial), los resultados son aún más complejos: las personas más altas, tanto hombres como mujeres –incluso las que hoy se considerarían relativamente bajas, como las mujeres de 155 cm–, tendían a morir a edades más tempranas.

        Estas mayores tasas de mortalidad se debían probablemente a que las personas más altas necesitan más calorías que las más bajas. En periodos de escasez de alimentos, que eran más comunes en el pasado, estas últimas corrían menos riesgo de desnutrición.

        En las poblaciones históricas, las muertes por enfermedades infecciosas también eran más comunes que en la actualidad, y la combinación de estos dos factores suponía un mayor riesgo de muerte para las personas más altas.

        – Historias de la estatura hoy y en el futuro

        Aunque nuestra propia investigación se ha centrado en la relevancia de la estatura para el estudio del pasado, también tiene importantes implicaciones para la asistencia sanitaria hoy en día, especialmente en zonas de difícil acceso o seguimiento.

        En la actualidad, la Organización Mundial de la Salud recopila datos sobre el retraso del crecimiento infantil, es decir, si un niño se ha quedado rezagado respecto a lo que se considera una curva de crecimiento saludable. Estos datos se utilizan para estimar los niveles de malnutrición dentro de un país o región.

        En los Países Bajos, los niños son ahora más bajos que sus padres, pero no está claro cuál ha sido la causa de que los gigantes del mundo moderno se hayan encogido. Esto plantea una serie de preguntas serias: ¿Ha disminuido la calidad de la dieta? ¿La obesidad infantil impide el crecimiento? Averiguar por qué crecen –o decrecen– las poblaciones puede ayudarnos a entender la salud a nivel nacional, no individual.

        nuestras charlas nocturnas.


        Cómo controlar bien la hipertensión: los 4 pasos del nuevo plan maestro que recomiendan los expertos…


        Infobae(V.Román) — En el mundo hay 1.280 millones de adultos de 30 a 79 años con hipertensión. Pero el 46% de los adultos con ese trastorno de la presión arterial desconoce que lo padece. Además, entre los que sí han accedido al diagnóstico, solo al 42% recibe tratamiento para controlar la presión alta.

        Con la idea de que más personas sepan el diagnóstico y se traten de manera adecuada,la Sociedad Europea de Hipertensión (ESH) publicó hace unos días un masterplan para un mejor manejo de la enfermedad.

        “Aporta un novedoso formato conciso que apoya la difusión de la información más importante de las Guías para el manejo de la población hipertensa general y su implementación en la práctica clínica”, señalaron los especialistas. Con este fin, la ESH desarrolló un “MASTERplan para el manejo de la hipertensión”, que se publicó en la revista European Journal of Internal Medicine.

        En diálogo con InfobaeAnalía Aquieri, médica cardióloga y especialista en hipertensión arterial del Hospital de Clínicas “José de San Martín” de la Universidad de Buenos Aires y directora del Consejo Argentino de Hipertensión Arterial de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), comentó: “Se trata de una forma práctica y concisa de organizar toda la información científica disponible sobre el diagnóstico, manejo y tratamiento de los pacientes con hipertensión”.

        A través de la regla nemotécnica “MÁSTER plan” en inglés, “se intenta organizar, y así se evitan los olvidos de todos los pasos necesarios para se realice una evaluación integral del riesgo cardiovascular global del paciente, y se controle adecuadamente la hipertensión arterial. De este modo, se asegura un descenso marcado del riesgo de eventos cardiovasculares en el paciente”, dijo Aquieri.

        Si no se trata, la hipertensión puede causar enfermedades como insuficiencia renal y enfermedades del corazón, como infartos y ataques cerebrovasculares.

        Cuáles son los 4 pasos para un buen manejo de la hipertensión

        1 – Medir la presión arterial

        El primer paso es la medición precisa de la presión arterial. “Es la piedra angular del diagnóstico y el tratamiento de la hipertensión. Por lo tanto, la medición para diagnosticar la hipertensión representa el primer paso fundamental del MASTERplan.

        “Hoy la medición de la presión arterial debe ser realizada con aparatos automáticos validados para tener precisión”, explicó a Infobae el doctor Marcos Marín, ex presidente de la Sociedad Argentina de Hipertensión (SAHA).

        Como la medición precisa de la presión arterial es clave para el diagnóstico efectivo, la prevención y el control de la hipertensión, “se puede lograr con el uso de dispositivos electrónicos validados, el uso de un protocolo correcto de medición y la preparación adecuada del paciente”, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

        2- Examinar y analizar al paciente

        El segundo paso consiste en examinar clínicamente a cada paciente y tener en cuenta los datos de los análisis de glucemia y colesterol, entre otros, y de un electrocardiograma. Si se cuenta con acceso, se recomienda otros estudios como un ecodoppler de los vasos del cuello, entre otros, señaló Marín, quien es coordinador de la sección Hipertensión Arterial del Servicio de Clínica Médica del Hospital Italiano San Justo en Argentina.

        Debido a la alta prevalencia de la hipertensión, en el artículo de la sociedad europea se destaca que “es esencial priorizar la evaluación básica a las investigaciones que sean efectivas y factibles en este entorno, permitiendo una implementación generalizada”.

        3- Seleccionar el tratamiento

        En tercer lugar, si se diagnostica la hipertensión, el profesional de la salud tiene que seleccionar cuál es el tratamiento para el paciente en base a su estado de salud, su edad, y otros criterios.

        “El tratamiento está conformado por los cambios en el estilo de vida, que incluyen desde la actividad física diaria y la alimentación saludable, con reducción del consumo de sodio, y por la terapia farmacológica. Generalmente, los pacientes necesitan de dos o más fármacos para controlar el nivel de presión arterial alterado”, afirmó Marín.

        4- Evaluar la respuesta al tratamiento

        En cuarto lugar, el Masterplan indica que hay que hacer una evaluación de la respuesta al tratamiento. “Significa que después de que el paciente accede al tratamiento, el profesional de la salud tiene que evaluar si alcanzó el objetivo terapéutico. Para la entidad de médicos en Europa, el objetivo debe ser tener la presión por debajo de 140/90. Para los de los Estados Unidos, debería ser menor a 130/90″, precisó el médico.

        “Para evaluar si se alcanzó el objetivo terapéutico se aconseja medir la presión fuera del consultorio”, resaltó Marín. Cuando un pacientes recibió 3 fármacos diferentes y no logró bajar la presión alta, se trata de hipertensión resistente. En ese caso, el profesional de atención primaria debería derivar al especialista médico en la afección. También hay casos de hipertensión secundaria, que puede desarrollarse por tener otra patología.

        “La prevalencia de hipertensión se encuentra en aumento, como así también el número de pacientes no diagnosticados y no tratados adecuadamente -subrayó Aquieri-. Los esfuerzos tienen que estar dirigidos hacia allí, al desarrollo de guías prácticas, para que sea fácil su comprensión por cualquier profesional de la salud. De esta manera, se podría lograr un mejor control de la hipertensión en el mundo”.

        Cómo saber si se tiene hipertensión

        La mayoría de personas hipertensas no tienen síntomas, aunque la presión muy alta puede causar dolor de cabeza, visión borrosa, dolor en el pecho y otros síntomas, según la Organización Mundial de la Salud.

        La mejor manera de saber si se tiene la tensión alta es tomársela con un aparato automático. Las personas que tienen la tensión arterial muy alta (de 180/120 o más) pueden presentar estos síntomas:

        • Dolor intenso de cabeza
        • Dolor en el pecho
        • Mareos
        • Dificultad para respirar
        • Náuseas
        • Vómitos
        • Visión borrosa o cambios en la visión
        • Ansiedad
        • Confusión
        • Pitidos en los oídos
        • Hemorragia nasal
        • Cambios en el ritmo cardiaco

        Si se tienen alguno de esos síntomas y la tensión arterial muy alta, se debe acudir de inmediato a un profesional de la salud.

        nuestras charlas nocturnas.


        ¿Existe Dios?, argumentos cosmológicos, teleológios y argumento del mal…


        Creacion

        – (I) El argumento cosmológico

        «Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias» (David Hume)

        JotDown(E.J.Rodríguez) — Un hombre entra en una habitación. Sobre la mesa hay un plato de comida. ¿Cuál será probablemente su primera deducción? Pensará que alguien ha puesto el plato allí, porque que el plato no ha podido llegar a la habitación por sus propios medios. La presencia del plato indica necesariamente otra presencia, quizá no visible, pero no por ello menos cierta: la presencia de la persona que colocó el plato sobre la mesa.

        Esta sencilla deducción ejemplifica, a grandes rasgos, el argumento filosófico del que vamos a hablar aquí. Al igual que el plato que está en la mesa ha sido puesto allí por alguien, el argumento cosmológico expresa la idea de que si el universo existe, necesariamente ha sido llevado a la existencia por alguien o algo externo a él. Tradicionalmente se ha asumido que ese alguien o ese algo es un ente divino (inmaterial, intemporal, omnipotente y capaz de existir por sí mismo) ya que un ente no-divino no poseería las características necesarias que le permitieran realizar una tarea semejante.

        Obviamente, en el ejemplo del plato sobre la mesa hay una pista clara para el hombre que entra en la habitación, una pista que le permite deducir que alguien ha puesto el plato allí. Esa pista es el carácter evidentemente artificial del propio plato: un objeto que sabemos ha sido fabricado por manos humanas con la intención de colocar comida en él. Lo sabemos porque todos y cada uno de los platos que hemos observado en el universo tienen origen artificial.

        Pero, ¿Qué ocurre si el hombre entra en la habitación y encuentra sobre la mesa todo un universo en miniatura? Su perplejidad sería comprensible.

        Esa misma perplejidad es la que siempre hemos sentido los seres humanos al observar no sólo nuestra propia existencia, sino la del mismo universo que habitamos.

        En un primer momento nos hacemos  la misma pregunta que el individuo que encontró el plato sobre la mesa  —“¿quién ha colocado esto aquí?”— pero ya no disponemos de ninguna pista sobre un posible origen artificial del universo (bueno, hay quien piensa que sí existen tales pistas, pero eso daría pie a otra discusión totalmente distinta que será motivo de otro artículo).

        Y durante una segunda reflexión, podemos hacernos una nueva pregunta: “¿de verdad es necesario que alguien lo haya colocado aquí, o podría haber aparecido por sí mismo?”. Para estas preguntas básicas, hasta hoy, no existe una respuesta enteramente satisfactoria.

        Sin embargo, sí se han manejado ciertos argumentos que defienden la idea de que, como en el caso del plato de comida, la existencia del universo demostraría la existencia de quien lo ha puesto aquí.

        Para quienes no somos filósofos, y supongo que incluso para quienes sí lo son, la cuestión terminológica es a veces como una selva impenetrable. No todos los filósofos llaman a las cosas del mismo modo y no siempre las etiquetas significan lo que instintivamente podríamos deducir.

        Así, en frío, un “argumento cosmológico” sería cualquier argumento que trate cuestiones relacionadas con el universo, pero en la práctica lo usamos para referirnos a una hipótesis muy determinada: la de que la existencia del universo demuestra la existencia de Dios. Así, no siempre ha resultado fácil separar la cosmología de la “apologética”, o sea la doctrina que trata de demostrar esa existencia de Dios.

        Cuando hablamos de “el argumento cosmológico”, nos referimos generalmente a uno de los argumentos apologéticos por excelencia.

        ¿Por qué? Pues porque, aunque a lo largo de la historia no todas las ideas sobre el origen del universo manejadas por la cosmología han tenido carácter religioso, el “argumento cosmológico” sí lo tiene.

        Es un argumento apologético, esto es, pro-religioso. No porque los apologistas hayan deducido de él que existe Dios tal y como lo retratan sus respectivas religiones, sino porque han deducido la existencia de algo que tiene algunas características similares a las que esas religiones han atribuido a sus dioses.

        De todos modos, el objetivo de este artículo no es debatir o no la existencia de Dios, lo cual debería hacerse a muchos otros niveles y usando muchos otros argumentos. El único objetivo es diseccionar —por el placer de hacerlo, como se haría con una partida de ajedrez— la posible validez de ese argumento cosmológico.

        Ni refutar el argumento cosmológico serviría para concluir que Dios no existe, ni demostrarlo serviría para demostrar que Dios sí existe. De hecho, el argumento cosmológico es sólo uno de los grandes argumentos tradicionales para intentar demostrar la existencia de Dios, pero ni mucho menos el único.

        • Los argumentos tradicionales sobre la existencia de Dios

        «Cuestionad con atrevimiento incluso la propia existencia de Dios. Porque, si Dios existe, debe apreciar más el homenaje que nace desde la razón que el homenaje que nace de un miedo ciego» (Thomas Jefferson)

        Las ideas principales que manejaba la antigua apologética eran argumentos meramente racionales, con un fuerte componente lógico pero con una base empírica más bien endeble. Dado que la ciencia del momento —y para ser justos, tampoco la de hoy— podía responder con seguridad cuestiones como “¿de dónde surgió el Universo” o “¿existe Dios?”, y la información proporcionada por la evidencia empírica a favor o en contra era muy escasa, se buscaba en el ejercicio de la razón una vía para encontrar esas respuestas.

        Leibniz
        Leibniz defendía la necesidad de una Causa Primera: nada puede surgir desde la nada.

        Los argumentos tradicionales para probar la existencia de Dios pasaron por muchas manos y muchas mentes a lo largo de los siglos, adoptando muy diversas formulaciones e incluso distintos nombres.

        Pero podríamos quizá agruparlos en tres fundamentales:

        — El argumento cosmológico, el cual afirma que la existencia del universo prueba la existencia de Dios, ya que el universo necesita una causa para explicar el por qué de su existencia (si el plato está sobre la mesa, es porque alguien lo puso allí).


        — El argumento teleológico, el cual afirma que las propiedades del universo y no sólo su mera existencia prueban a Dios, porque en dichas propiedades puede percibirse la intencionalidad de un diseñador (si el plato es un objeto con una forma determinada, alguien debió diseñarlo de ese modo).


        — El argumento ontológico, el cual afirma que Dios debe necesariamente existir debido a las propias cualidades que atribuimos a ese Dios y que su inexistencia, una vez hemos sido capaces de pensar en él, sería un absurdo (el hecho de que consigamos imaginar que alguien puso el plato sobre la mesa, demuestra por sí mismo la existencia de ese alguien).

        Este último, el argumento ontológico, que viene a decir “pienso en Dios luego Dios existe” es el más abstruso y está demasiado basado en meras construcciones metafísicas como para seguir teniendo cierto sentido en la actualidad.

        Fue expresado por algunos filósofos —como el musulmán Avicena— pero refinado hasta su máximo esplendor por San Anselmo, quien pretendía lograr una demostración puramente intelectual de Dios, en la que usando solamente la razón y prescindiendo de toda consideración observacional y empírica sobre la naturaleza del cosmos, se llegase a la conclusión de que Dios existe.

        San Anselmo buscaba una “fórmula apriorística de Dios”. Pero la demostración de que Dios existe solamente porque somos capaces de pensar en él y porque podemos definirlo como concepto, es un ejercicio tan rebuscado que no solamente los actuales apologistas lo ignoran como argumento firme, sino que ya hubo —incluso en épocas pasadas— algunos eminentes teólogos que lo consideraron un mero ejercicio vacuo.

        Hay que decir que entre los filósofos posteriores a San Anselmo ha habido posturas de todo tipo: desde la abierta defensa que hizo Spinoza y el aprecio que mostró Descartes, al abierto rechazo de Hume y sobre todo de Kant.

        Pero en resumen podría decirse que a partir del siglo XVIII el argumento ontológico yace clínicamente muerto, aunque quizá algunos de sus razonamientos aún pueden ser usados —aisladamente— con cierto éxito intelectual. Pero, como decimos, el conjunto del argumento ontológico ha sido básicamente desestimado por la Historia.

        Por el contrario, los argumentos cosmológico y teleológico, aunque nacieron también como construcciones casi totalmente lógicas, sí tenían y tienen bastantes conexiones con la realidad empírica y gracias a ello han sobrevivido —mejor o peor—a lo largo del tiempo. Decir que “han sobrevivido” no implica afirmar su validez, pero sí implica reconocer que han seguido siendo objeto de debate y que no están formalmente extintos.

        Es más, han sido activamente rescatados por los apologistas actuales, sobre todo porque se han asociado algunas de sus premisas a los más recientes descubrimientos científicos. A menudo se han hecho esas asociaciones de manera muy ligera, todo hay que decirlo, pero no quisiera adoptar una postura apriorística en contra del argumento sin pasar a analizarlo antes.

        Esto, en realidad, no es más que una excusa para realizar un ejercicio intelectual —que a algunos nos podrá parecer más o menos falaz y que otros sin duda analizarán con mayor acierto que quien suscribe— pero que nunca ha dejado de resultar interesante. La filosofía, como el ajedrez, fascina incluso a aquellos que somos legos, meros aficionados en la materia.

        A partir de este momento, el presente artículo se centra únicamente en el argumento cosmológico. El teleológico, también interesante, quedará para una futura ocasión.

        • El argumento cosmológico clásico

        «¿Por qué hay algo en lugar de nada?» (Gottfried Leibniz)

        Este argumento, en su forma clásica, es una de las hipótesis más sencillas sobre la existencia de Dios. Ha tenido diversos nombres, aunque en la actualidad se lo denomina mayoritariamente como en este artículo, y a veces “argumento cosmológico Kalam”. Esta última denominación (“Kalam”) se ha puesto de moda porque una de sus formulaciones básicas podía encontrarse en textos del kalam, una rama teológica medieval de la religión musulmana.

        La idea de que el universo requiere necesariamente una causa sobrenatural es muy antigua y bajo diversas formas la habían tratado los más importantes filósofos desde Aristóteles y Platón, por lo menos.

        Pero fue en la Edad Media cuando las exposiciones de este argumento adquirieron su forma clásica, ya fuese en los textos cristianos de San Buenaventura como, muy especialmente, de Santo Tomás de Aquino —el principal y más popular impulsor del argumento cosmológico en occidente— o en los textos del erudito musulmán Al Ghazali, por citar un buen ejemplo en el ámbito del Islam.

        El auge de las religiones monoteístas produjo una proliferación de grandes apologistas preocupados por demostrar la existencia del ente divino al que rendían culto. Pero, entrando ya en materia, la formulación más sencilla e intuitiva del argumento teológico reza como sigue:

        1. Todo lo que existe tiene una causa.
        2. El universo existe.
        3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

        Santo Tomas de Aquino
        Santo Tomás de Aquino fue el principal impulsor del argumento cosmológico en occidente.

        De lo cual también se deducía que dicha causa de la existencia del universo podía identificarse con Dios. ¿Por qué?

        Porque la causa del universo debe ser necesariamente ajena al universo mismo.

        Si el universo es material y temporal, su causa ha de ser inmaterial (espiritual) e intemporal (eterna).

        Ha de ser además omnipotente, ya que ha creado u originado todo cuanto existe en dicho universo.

        Estas características, inmaterialidad, intemporalidad y omnipotencia son las que atribuimos a Dios.

        Así que la conclusión “el universo necesita una causa que se parece mucho a Dios” les pareció suficientemente satisfactoria a los apologistas que empleaban esta formulación clásica.

        Naturalmente, habrá quien pueda plantear algunas objeciones a esta identificación entre causa del universo y Dios.

        Pero de momento admitamos que es una identificación por aproximación lo bastante satisfactoria (si existe algo que es Dios, necesariamente se parecerá a esa primera causa) como para dar un paso adelante y afirmar que… ¡problema resuelto! Hemos demostrado la existencia de Dios… ¿o no?

        En principio, esta formulación del argumento cosmológico sí parece intuitivamente cierta. Es muy “lógica” y hubo grandes pensadores que la consideraron irrefutable. El problema es que cuando vamos más allá de la primera impresión, lo que debería servir para demostrar la existencia del Creador en realidad provoca un bucle lógico sin solución posible:

        1. Todo lo que existe tiene una causa.
        2. El universo existe.
        3. Por lo tanto, el universo tiene una causa, que es Dios.

        …por lo tanto:

        4. Dios existe.
        5. Si Dios existe, entonces, según la premisa 1, Dios tiene una causa.
        6. Si Dios necesita tener una causa, ya no podemos considerarlo como Dios.

        Con lo cual el argumento entra en un círculo sin solución. El universo existe, por tanto necesita una causa. Pero esa causa también existe, así que necesita a su vez otra causa. O dicho de otro modo: si el Creador existe, a su vez fue producto de otro creador, llamémoslo Dios II. Pero entonces, si ese Dios II existe, también necesita una causa, que sería Dios III. Que a su vez también necesitaría una causa. Y así con Dios IV, Dios V, Dios VI… hasta el infinito.

        El hecho de que cada causa necesite a su vez otra causa nos conduce obviamente a una serie infinita de causas. Pero esta noción de causalidad infinita ha sido desestimada por prácticamente todos los filósofos importantes dedicados a la cuestión, ya que plantea un absurdo lógico indefendible. En una serie infinita de causalidades nunca podría señalarse a una Primera Causa, y los apologistas rechazaban la idea de que no exista una Primera Causa.

        Tomás de Aquino, por ejemplo, se opuso firmemente a la idea de una cadena causal infinita, considerándola algo sin sentido alguno. Lo mismo hicieron tiempo después nombres como Leibniz, otro decidido defensor del argumento cosmológico (al cual enunció como “principio de razón suficiente”). Leibniz defendía la idea de que algo no puede emerger a la existencia por las buenas desde la nada, ya que la nada, por definición, carece de propiedades. Y se necesitan propiedades —como mínimo la capacidad de crear— para llevar algo a la existencia.

        [Conclusión: el argumento cosmológico en su forma más simple conduce a un absurdo lógico]

        Pero si el argumento cosmológico clásico nos lleva a una cadena de causalidad infinita y los apologistas niegan la posibilidad de una causalidad infinita, ¿por qué siguieron usando el argumento cosmológico, si parece tratarse de un callejón sin salida?

        • ¿Existencia o comienzo de la existencia?

        «La única razón para que el tiempo exista es para que no ocurra todo a la vez» (Albert Einstein)

        Para salvar este considerable escollo en el argumento cosmológico se hizo una nueva formulación, en la que la estructura del argumento permanecía aparentemente idéntica, pero la modificación de sus premisas cambiaba radicalmente la naturaleza del argumento, añadiendo más implicaciones para poder facilitar la misma conclusión:

        1. Todo lo que ha comenzado a existir tiene una causa.
        2. El universo comenzó a existir.
        3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

        Billar
        El sentido común nos dice que si una bola se mueve, fue golpeada por otra bola. Pero, ¿quién o qué golpeó la primera bola que se puso en movimiento? Y ¿acierta siempre el sentido común?

        Como se ve, la modificación parece mínima (se sustituye “existir” por “comenzar a existir”) pero el cambio es realmente sustancial y no se responden las preguntas suscitadas, sino que se trasladan a otro nivel.

        Por un lado la reformulación logra el objetivo inmediato de evitar caer en la trampa de la causalidad infinita, ya que se puede afirmar que “Dios existe” sin que sea necesaria una causa: si Dios nunca comenzó a existir y sencillamente ha existido siempre, ya no se requiere una causa que explique a Dios.

        Esto se concilia perfectamente con la idea de que una cadena infinita de causas carece de sentido, y por tanto existe una Causa Primera, esto es, Dios.

        Y claro, aparentemente se resuelve la cuestión de la cadena de causalidades infinitas, pero al precio de provocar nuevos interrogantes sobre la validez de las propias premisas, algo que trataremos más adelante.

        Para empezar, antes de afrontar esas preguntas sobre la validez inicial de las premisas, existen algunas alegaciones que hacer a la consistencia misma del argumento. En primer lugar se podría acusar a esta formulación de cometer la falacia lógica conocida como petitio principii (“petición de principio”) que consiste en incluir la conclusión que se pretende obtener dentro de las premisas que se supone deben demostrar esa misma conclusión.

        Esto ocurriría porque la premisa “todo lo que comienza a existir tiene una causa” se da por válida solamente porque así lo observamos en la naturaleza, en la que efectivamente nada sucede sin un motivo. Pero la naturaleza, de donde obtenemos esa ley de causa-efecto, forma parte del universo.

        Observamos que todo lo que comienza a existir tiene una causa, pero lo observamos dentro del propio universo, ya que no podemos observar nada que esté fuera del universo. Veamos el argumento cosmológico expresado de esta otra manera:

        1. Todo lo que ha comenzado a existir tiene una causa (pero el universo contiene todo lo que ha comenzado a existir, por lo tanto podríamos decir que universo es igual a todo lo que ha comenzado a existir)
        2. El universo comenzó a existir.
        3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

        Lo cual, en el fondo, podría resumirse en:
        1. El universo tiene una causa, por lo tanto
        2. El universo tiene una causa.

        Como puede verse, en esta formulación del argumento cosmológico la primera premisa y la conclusión están diciendo básicamente lo mismo, lo cual invalida el razonamiento. Es aquí cuando comienzan los problemas tanto terminológicos como conceptuales para debatir sobre el argumento cosmológico.

        Alguien podría decir que el argumento no comete este petitio principii porque no se puede confundir continente (universo) con contenido (todo lo que ha comenzado a existir). Observamos la premisa 1 en aquello que el universo contiene, pero eso no significa que podamos considerar que el universo es igual a todo lo que contiene. Del mismo modo que la botella de cristal no es igual a la leche que contiene.

        O, por usar otro paralelismo más apropiado, las propiedades del océano como continente no son iguales a las propiedades del agua como contenido. El océano como un todo tiene unas propiedades, pero las gotas —o moléculas— de agua que lo conforman tienen otras.

        Pero si esto es cierto, y si continente y contenido son distintos, ¿con qué validez el argumento cosmológico atribuye al continente una cualidad (comenzar a existir) que hemos observado únicamente en el contenido? ¿Y con qué validez se somete al universo como continente a una ley (todo cuando comienza a existir tiene una causa) que hemos observado únicamente en el contenido?

        Si la botella y la leche no comparten todas las propiedades, si el océano y la gota de agua no comparten todas las propiedades, ¿cómo demostramos que el universo y aquello cuanto contiene sí han de compartir todas las propiedades? ¿De dónde proviene la supuesta validez de la premisa 2?

        Si decimos:
        — Que la leche que la botella contiene sea blanca, no implica que la botella sea también blanca.
        Decimos también:
        — Que todo aquello que el universo contiene haya empezado a existir, no implica que el universo haya comenzado a existir.
        — Que todo aquello que el universo contiene haya necesitado una causa para empezar a existir, no implica que el universo haya necesitado una causa si es que ha comenzado a existir.

        [Conclusión: para dar por bueno el argumento cosmológico, necesitamos demostrar que el universo ha comenzado a existir surgiendo desde la nada]

        Como se ve se plantea otro problema importante para la validez del argumento cosmológico. Pero, ¿con qué versión nos quedamos? ¿Es el universo igual a lo que contiene, o hemos de tratarlo como un continente de características distintas?

        • Intentando convertir la botella en leche

        «Lo que se recibe en algo, se recibe al modo del recipiente» (Santo Tomás de Aquino)

        En principio, decir que “todo lo que ha comenzado a existir” tiene una causa parece razonable.

        Es más, está perfectamente apoyado por la observación e incluso por la ciencia, salvo que nos metamos en terrenos de física cuántica —que la mayoría de nosotros no entendemos e incluso algunos físicos cuánticos aseguran no terminar de entender— pero, por el bien de la discusión, demos por bueno que en nuestra experiencia sensorial conocemos esta verdad: nada aparece sin una causa.

        Más allá de las sorpresas que tenga que darnos el oscuro campo de lo cuántico, digamos que no hay nada en la naturaleza de lo que sepamos que ha surgido por las buenas sin una “razón suficiente”, como diría Leibniz. Volvamos a ver el argumento, formulándolo esta vez de una nueva forma:

        1. Todo cuanto hemos observado comenzar a existir tiene una causa.
        2. El universo comenzó a existir.
        3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

        Botella
        Si vemos que la botella es blanca, ¿significa eso que sea blanca realmente?

        Pero como decíamos, el primer problema es que estamos atribuyendo al continente (universo) las propiedades del contenido (lo que observamos dentro del universo), ya que la premisa 1 proviene de la observación, pero nunca hemos observado nada que no pertenezca al universo o no esté dentro de él.

        Es cierto que todo lo que observamos en el universo y de cuya existencia conocemos un principio, ha tenido una causa siempre y en cada caso.

        Pero de ello no podemos deducir que —si el propio universo hubiera comenzado a existir— se le pudieren aplicar los mismos parámetros causales que a su contenido.

        Sólo porque la leche es blanca, no podemos extender las propiedades a aquello que la contiene. Esto es, no podemos decir que la botella también es blanca… aunque debido a la transparencia del vidrio nos pueda dar la impresión de que sí lo es.

        Para sortear esta salvedad habría que demostrar en primer lugar que el universo sí comparte las mismas características de todo aquello que contiene, de “las cosas”: uno, que comenzó a existir, y dos, que dicho comienzo precisó de una causa. ¿Hemos observado que el universo comenzó a existir?

        Hasta la época moderna, el argumento cosmológico naufragaba en este mismo punto. No, no habíamos observado al universo comenzar a existir, así que el argumento cosmológico terminaba necesariamente siendo inválido.

        Pero, por paradójico que nos parezca, esto mismo ha servido para que apologistas actuales revivan el argumento cosmológico, ya que —según afirman— modernas teorías como la del Big Bang vendrían a demostrar que el universo tuvo un comienzo. Esto ha llevado con frecuencia a la mala utilización del propio concepto de Big Bang (o del concepto de “singularidad”, el punto ideal que se expandió para dar lugar al universo tal y como lo conocemos).

        Así, algunos modernos defensores del argumento lo formularían de este modo:

        1. Todo lo que ha comenzado a existir tiene una causa.
        2. El universo comenzó a existir, porque así lo prueba que conozcamos su principio, el Big Bang.
        3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.

        Pero dado que la teoría científica no afirma que el Big Bang o la singularidad fuesen el principio “de todo”, sino sencillamente el inicio del estado actual de nuestro universo, usar el Big Bang como demostración de la segunda premisa del argumento cosmológico constituye una incorrección.

        No sabemos qué hubo antes del Big Bang y tampoco conocemos la verdadera naturaleza y origen de esa “singularidad” (más allá de su concepto matemático), así que no se puede hablar del Big Bang como de un verdadero inicio de todo lo que existe, sino como una expansión de algo que ya existía pero que no sabemos exactamente qué era.

        Así pues, nos encontramos con un problema tanto terminológico [¿qué entendemos como “universo”, a) el cosmos tal y como lo conocemos ahora o b) también cualquier cosa que hubiese antes del Big Bang?] como epistemológico (¿realmente puede demostrarse que el universo, incluso entendido como “todo lo que alguna vez ha existido incluso antes del Big Bang”, haya tenido un comienzo?).

        Para salvar la validez del argumento cosmológico, la cuestión terminológica podríamos arreglarla llegando a un consenso sobre qué significa exactamente cada término. Sería así:

        1. Todo lo que ha comenzado a existir tiene una causa.
        2. El universo tal y como lo conocemos hoy comenzó a existir, porque así lo prueba que conozcamos su principio, el Big Bang.
        3. Por lo tanto, el universo tal y como lo conocemos hoy tiene una causa.

        Sin embargo, esta formulación puede prescindir de la idea de una causa sobrenatural, ya que existen posibles explicaciones naturales para el fenómeno del Big Bang (por ejemplo, el colapso de un universo anterior y otras que se manejan). Así pues, la causa primero del universo podría haber sido, por ejemplo, otro universo. El concepto de Dios no entra necesariamente en la ecuación.

        Y si por el contrario entendemos por “universo” cualquier cosa que haya existido, se parezca a nuestro universo actual o no, el problema epistemológico es terminante: no conocemos un principio de “todo” y quien afirme conocerlo está equivocado, o está faltando a la verdad. Si retrocedemos en el tiempo más allá del Big Bang, no encontramos la nada como afirman los apologistas, sino sencillamente un misterio que tal vez nunca podamos resolver… pero no necesariamente un principio de todo.

        Así, el conocimiento argüido por los defensores del argumento cosmológico sobre el supuesto origen de todo lo que existe basándose en el Big Bang, sería un falso conocimiento, una mala interpretación de las afirmaciones de la ciencia. Por lo que sabemos, podría no haber habido ningún principio, sino por ejemplo una sucesión infinita de Big Bangs que generan universos que colapsan y dan lugar a su vez a nuevos Big Bangs. Por qué no.

        Botella vacia
        Las botellas realmente vacías no existen, ¿podemos pensar que alguna vez existió «la nada»?

        Los apologistas que aún defienden el argumento cosmológico suelen señalar la necesidad de un inicio en la existencia del universo (o de la singularidad, o de fuera lo que fuese lo que existió en primer lugar) porque nunca puede surgir algo “desde la nada”.

        Sin embargo, el concepto de “nada” —como el de “infinito”— es algo de lo que no existe demostración empírica alguna, y por lo que sabemos sólo existe como construcción intelectual, ya que no se conoce ninguna región del universo —ni por descontado fuera de él— donde haya la nada.

        Volviendo al ejemplo de la botella, nunca hemos podido decir que una botella esté verdaderamente “vacía”, porque eso que llamamos “vacío” no lo es, si hacemos caso a lo que nos dicen los científicos.

        Por lo que sabemos, la nada no existe, sólo existe el algo, y repetimos que afirmar que la teoría del Big Bang prueba que el universo surgió “de la nada” es completamente falso.

        [Conclusión: no podemos probar el argumento cosmológico porque no podemos probar que el universo surgiera desde la nada]

        Sin embargo, una vez más, y de nuevo por el bien de la discusión, demos un salto en el vacío y asumamos que el universo, el todo, sí tuvo un principio, que surgió de la nada y de que dicha “nada” es posible.

        Sólo haciendo estos voluntariosos ejercicios de asunción de premisas no comprobadas podemos mantener en pie el argumento cosmológico, para evitar que caiga sobre el peso de su propia falta de justificaciones empíricas suficientes.

        Es lo justo, dado que para algunas de las preguntas planteadas no existen respuestas seguras por parte de la ciencia, que, puestos a movernos en el terreno de lo no probado, podemos ejercer como “abogados del diablo” o, en este caso, como apologistas o “abogados de Dios”.

        Así pues, tomemos una de las objeciones principales que los apologistas modernos hacen a este tipo de teorías sobre procesos que se han repetido eternamente: es necesario un principio. Sea lo que sea aquello que existió antes del Big Bang, no puede ser eterno porque el propio concepto de un pasado eterno carece de sentido.

        • ¿Qué es la eternidad?

        «Aristóteles y Newton creían en el tiempo absoluto. Es decir, ambos pensaban que se podía afirmar inequívocamente la posibilidad de medir el intervalo de tiempo entre dos sucesos sin ambigüedad, y que dicho intervalo sería el mismo para todos los que lo midieran, con tal que usaran un buen reloj. El tiempo estaba totalmente separado y era independiente del espacio. Esto es, de hecho, lo que la mayoría de la gente consideraría como de sentido común. Sin embargo, hemos tenido que cambiar nuestras ideas acerca del espacio y del tiempo» (Stephen Hawking)

        Si saltándonos todas las posibles objeciones damos por bueno que la nada existió alguna vez, que el universo surgió de la nada, que por lo tanto tuvo un principio y que dicho principio necesitó una causa, podemos intentar asumir —por los motivos que enumeramos más arriba— que dicha causa es necesariamente inmaterial, intemporal y omnipotente.

        Así pues, tenemos una causa eterna (Dios) y un efecto temporal (el universo). Pero de nuevo nos encontramos con una falacia lógica, la del “alegato especial”, en la que uno de los elementos involucrados en el razonamiento está exento de las características que forzosamente atribuimos a los demás elementos.

        Es decir: si atribuimos al universo la necesidad de un principio, ¿por qué no se la atribuimos también a Dios? Y ciertamente el argumento cosmológico necesita de este alegato especial para mantenerse en pie, así que la justificación de que Dios sí puede ser eterno mientras que el universo no puede, se convierte en un punto clave cuando consideramos la cuestión.

        La respuesta de algunos apologistas a esta cuestión consiste en un cierto non sequitur, una asunción de la validez de ciertas premisas basada nuevamente en la mala interpretación —o al menos en la interpretación parcial— de ciertos conceptos científicos. Esta respuesta está apoyada en la noción de que, con el inicio del universo que conocemos, nació el espacio-tiempo. Esto es, el tiempo tuvo un inicio y no existió siempre.

        Esta idea es importante, ya que los modernos defensores del argumento cosmológico defienden precisamente la tesis de que el tiempo no pudo haber existido siempre, entre otras cosas por la idea de que el infinito es solamente un concepto matemático sin base real (y por tanto no pudo haber existido una serie infinita de momentos) o recurriendo a conocidas paradojas que expresan la imposibilidad de que en el pasado haya transcurrido una cantidad infinita de tiempo.

        Por ejemplo, se suele argumentar que se hubiese requerido recorrer una sucesión infinita de eventos pasados para llegar al presente, pero que una sucesión infinita de eventos no puede llegar a recorrerse jamás, así que el momento presente nunca hubiese llegado a suceder si el tiempo nunca tuvo un comienzo.

        En cierto modo, este razonamiento es otra forma de rechazo a la causalidad infinita, como el de Tomás de Aquino y Leibniz, pero expresado con ejemplos más modernos, como la metáfora del Hotel Infinito de Hilbert (un hotel con un número infinito de habitaciones que sirve para ilustrar las extrañas y contradictorias propiedades del concepto de infinito si fuese algo real).

        La principal objeción a esta idea de que una existencia eterna del universo es imposible y de que por tanto necesitó un principio (y por tanto una causa) es el concepto mismo de “tiempo” que se maneja. Es decir, un concepto tradicional del tiempo como una dimensión lineal parecida a un río. Esa es la percepción intuitiva del tiempo que todos tenemos en nuestras vidas: el tiempo es como una característica inmanente a la realidad, como el río inmutable sobre el que la realidad navega, un río que nunca se detiene.

        Si desapareciese la materia, el río del tiempo seguiría fluyendo, pensamos intuitivamente. Pero esto es algo que, como hoy sabemos, no necesariamente se ajusta a la realidad. La idea del tiempo como un gran río es útil en nuestra vida cotidiana pero inexacta, y desde luego no sirve como herramienta para descartar la idea de un universo que —en la forma presente o en otro estado de existencia— haya estado ahí desde siempre.

        La sucesión infinita de eventos que “impediría” llegar al momento presente no se produce si consideramos el tiempo no como un río en que navega la realidad, sino como una dimensión elaborada que nos hemos inventado, una dimensión que deducimos del movimiento. Dicho de otro modo: que percibamos un río no significa que el río esté ahí.

        Ejemplificado de otro modo, para no liar más el asunto: el tiempo como lo experimentamos en nuestra vida no existe aisladamente, sino que es algo que deducimos del movimiento de las cosas. De hecho, no conocemos ningún método de medición del tiempo que no se base en el movimiento.

        Ya sea el movimiento regular de los astros (relojes de sol), el movimiento mecánico de piezas de metal (relojes clásicos), el movimiento de impulsos eléctricos (relojes digitales) o los movimientos de partículas elementales (relojes atómicos). El tiempo es una expresión del movimiento, no una magnitud absoluta que existe por sí misma.

        De hecho, sabemos que el río del tiempo no “transcurre” al mismo ritmo en todos los lugares del universo (“el tiempo es relativo”) y por lo tanto no hay un único río del tiempo. Es imposible que lo haya. Por decirlo de una manera quizá algo más inexacta pero rotunda: el tiempo no existe.

        Si el tiempo no es, pues, una única magnitud lineal sino una dimensión construida por nosotros a partir de lo que observamos en otras dimensiones, ya no se produce una “infinita sucesión de eventos pasados” que haga impensable una existencia eterna del universo o de universos anteriores. De hecho, el concepto mismo de “inicio” resulta innecesario en un sentido absoluto, ya que no habría un inicio ni un final, propiamente hablando. Sólo habría distintos estados de existencia de “lo que hay”.

        [Conclusión: si el tiempo no es una única dimensión lineal, no necesitamos pensar en la necesidad de un inicio del universo y el universo pudo estar “siempre ahí”]

        Jardín del Eden
        • ¿Por qué Dios y cuál Dios?

        «La idea de que Dios es un enorme hombre de raza blanca con una larga barba que está sentado en el cielo y llevando la cuenta de la muerte de hasta el último gorrión, es ridícula. Pero si por Dios uno se refiere al conjunto de leyes físicas que gobiernan el universo, entonces claramente ese Dios existe. Aunque es un Dios emocionalmente insatisfactorio… no tiene mucho sentido rezarle a la ley de la gravedad» (Carl Sagan)

        Pero sigamos ejerciendo como “abogados de Dios”. Supongamos que nos estamos equivocando en el análisis, lo cual es siempre muy posible, y supongamos que el tiempo sí existe, que las objeciones al argumento cosmológico que hemos hecho hasta ahora son inválidas y que el universo tuvo efectivamente una causa sobrenatural completamente ajena a él. ¿Por qué llamarla Dios?

        De hecho, como decíamos antes, no se puede considerar la refutación intelectual del argumento cosmológico como una refutación de la existencia de Dios, como tampoco se puede considerar la demostración intelectual del argumento cosmológico como una demostración de la existencia de Dios.

        De hecho, los apologistas más sofisticados y sinceros reconocen que el argumento cosmológico —si fuera cierto— no es una demostración de Dios suficiente en sí misma, sino en todo caso un argumento más en favor de dicha existencia, pero sin valor probatorio intrínseco. Jugando con las mismas cartas tendremos que considerar que, de ser incierto, eso tampoco tiene valor refutatorio intrínseco.

        De todos modos, nos hemos saltado un paso: si el argumento cosmológico fuera cierto y demostrase la existencia de una Causa Primera, ¿por qué asumir que esa causa tiene propiedades divinas? Más aún, ¿por qué asumir que esa causa puede identificarse con el Dios personal e intencionado del que hablan las grandes religiones?

        Naturalmente, una parte de los apologistas defiende que el argumento cosmológico sí conduce a la existencia de ese Dios personal, pero hay otra parte, especialmente entre los apologistas más cercanos a la ciencia (no son muchos, pero los hay, y algunos muy brillantes), que admite que el argumento cosmológico podría conducir a la idea de una Causa Primera, pero que las características de esa Causa deberán deducirse de otro tipo de argumentos, como el teleológico, de otras evidencias que exceden lo que el argumento cosmológico trata, y que entrarían sobre todo dentro del argumento teleológico.

        Y entre los no apologistas, por descontado, es prácticamente unánime la idea de que —aun siendo cierto el argumento cosmológico— no podría deducirse la existencia de una Causa identificable con el Dios de las grandes religiones.

        Para explicar por qué el argumento cosmológico no puede conducir por sí mismo a la idea de un Dios personal como lo puedan ser el del cristianismo, el judaísmo o el islamismo, volvamos al punto en que dábamos por bueno que el universo tuvo una causa y que dicha causa debió ser inmaterial, intemporal y omnipotente.

        La clave aquí está en el término “omnipotente”. Obviamente, un ser omnipotente sería capaz de tener voluntad, amar, etc. Así que sería muy similar al modo en que presentan las religiones monoteístas al Dios personal. Pero pongamos que un Ente creó el universo, ¿realmente necesitaría  ser omnipotente para hacerlo?

        En primer lugar, aparece una cuestión peliaguda: ¿es posible la omnipotencia? Aunque existen argumentos lógicos en contra de la idea de omnipotencia en sí, obviémoslos para no alargar el asunto y digamos además que al ser argumentos puramente lógicos tienen poca relación con la realidad, provocarían una discusión lógica eterna y no nos interesan demasiado en este punto (entre esos argumentos está el de que un ser omnipotente sería capaz de cosas contradictorias, como existir y no existir a la vez, puesto que lo puede todo).

        Así pues, para obviar ese otro juego lógico, asumamos que la omnipotencia sí es posible y volvamos a la cuestión de si sería necesaria. Imaginemos una alternativa a Dios como creador del universo, otra clase de ente llamado Alfa que dio lugar a dicho universo, pero que lo hizo de forma automática e inconsciente. Este Ente no tendría personalidad ni intenciones, como las tiene Dios. No hubiese creado el universo por propia voluntad, como lo hizo Dios.

        Alfa tampoco sería omnipotente, sino que tendría solamente dos capacidades, o dos potencias. Una, la capacidad de existir por sí mismo, y dos, la capacidad de crear un universo a partir de la nada. Por lo demás, no sería un Dios personal: no tendría consciencia de sí mismo, ni voluntad, ni preocupación por su creación o por lo que haya en ella (incluyéndonos a nosotros, los humanos).

        No se comunicaría con nosotros, no interferiría en nuestras vidas, no habría hecho revelaciones a profetas e incluso, si queremos, podría haber desaparecido tras crear el universo (lo cual añadiría una tercera capacidad, la de desaparecer). Su acto de crear el universo y su capacidad para existir sin una causa serían las únicas características comunes con el Dios personal. Pero no sería omnipotente.

        anubis
        ¿de qué estaríamos hablando exactamente cuando hablamos de «Dios»?

        ¿Estamos atribuyendo a Alfa las características correctas?

        En el presente caso, creo que estaríamos atribuyendo a Alfa las dos únicas capacidades realmente necesarias para crear el universo, entre las que no está la omnipotencia.

        Estaríamos atribuyéndole las dos únicas características de las que podríamos estar seguros si el argumento cosmológico fuese cierto: inmaterialidad e intemporalidad.

        Un Dios personal, sin embargo, tendría esas características que sí pueden deducirse del argumento cosmológico pero también la omnipotencia, que no se sigue de la consecución exitosa del argumento cosmológico.

        Una posible objeción, y una importante, a la existencia de Alfa frente a la de Dios sería: si Alfa carece de voluntad, ¿por qué crea el universo automáticamente, quién o qué lo programó para ello?

        Es una buena pregunta y pone el dedo sobre la llaga.

        Alguien podría decir que Alfa necesita también la capacidad de querer crear el universo, pero ahí ya estaríamos entrando en un sesgo personalista que contradice nuestro conocimiento surgido de la observación.

        Continuamente observamos que unas cosas dan lugar a otras sin que exista algo que podemos calificar como intención.

        Así que, ¿por qué necesitaría Alfa una intención? Naturalmente, esto responde a una visión —la mía— del universo como un todo no intencional.

        Hay otra visión —por ejemplo, la de los apologistas— que sí atribuye una intencionalidad a la existencia del universo. De nuevo, el explicar por qué existen dos tipos de visiones o decidir cuál es la más correcta nos llevaría a una discusión más propia del argumento teleológico.

        Pero según una visión no intencional del universo, Alfa estaría “programado” para existir y crear el universo, pero estaría “programado” de manera no intencional, como están programados los objetos hechos de materia para atraerse entre sí. Nadie habría programado a Alfa, sino que el programa formaría parte de su misma esencia.

        Un apologista podría perfectamente objetar que esta idea de que Alfa funciona con un programa para el que no hubo programador es una idea sesgada, pero no es menos sesgada la idea de que Dios es omnipotente sin que nadie lo haya programado para ser omnipotente (¿o en su omnipotencia estaría la capacidad de programarse a sí mismo para ser omnipotente…?

        Eso nos llevaría a otro callejón sin salida lógica). Además, que Dios haya podido crear “todo lo que ahora existe” no implica necesariamente que es capaz de “todo”, porque para empezar hay cosas que no ha creado. Por lo que sabemos, en el universo no hay cualquier cosa.

        Hay un número aparentemente finito de variedades de elementos, y un número finito de esos elementos dentro de cada una de las variedades finitas. Eso significa que existen cosas que nunca fueron creadas. Lo cual, en sí mismo, no prueba que Dios no tiene omnipotencia (un apologista diría que Dios sencillamente decidió no crear las cosas que no han sido creadas) pero sí impide probar que sí la tiene, porque para probarla de verdad, Dios tendría que haber creado todo lo que se puede crear.

        Así pues, la omnipotencia de Dios no quedaría probada por la propia existencia del universo, de lo cual deducimos que el argumento cosmológico, por sí solo, podría como mucho probar a Origen (por ejemplo) pero no prueba, ni mucho menos, al Dios tradicional de las grandes religiones.

        [Conclusión: el argumento cosmológico no es cierto, pero aunque lo fuera, no podría probar la existencia de Dios]

        Para probar esta idea tradicional de Dios habría que recurrir —y como digo se recurre— a otro tipo de razonamientos.

        Especialmente, como digo, todo lo relacionado con el argumento teleológico, en el que las características del universo demostrarían que había un plan detrás de su creación y por tanto que ese Dios sería intencional, pero eso —además de haber sido un tema candente en los últimos tiempos, especialmente en Estados Unidos, donde en cierto modo ha llegado hasta a los tribunales— ya sería motivo de otra reflexión en otro momento.

        – (II) El argumento teleológico

        Reloj

        “Camino a través de un parque. Supongamos que, de repente, piso una piedra. Alguien me pregunta cómo llegó la piedra allí. Yo podría quizá responder: por lo que sé, la piedra ha estado ahí desde siempre. Y no resultaría demasiado fácil demostrar lo absurdo de esta respuesta. Pero supongamos que he encontrado un reloj sobre el suelo y se me pide que explique cómo el reloj ha llegado allí. Difícilmente diría que, por lo que sé, el reloj pudo haber estado ahí desde siempre.

        ¿Por qué esta misma respuesta no sirve para el reloj como sí servía para la piedra? ¿Por qué no es tan admisible en el segundo caso como en el primero? Pues porque cuando inspeccionamos el reloj percibimos (y no podíamos descubrirlo en la piedra) que sus diferentes partes tienen una determinada forma y han sido puestas juntas con un propósito. Al observar este mecanismo, la inferencia es inevitable: el reloj debió tener un hacedor. Debe haber existido, en algún momento y en algún lugar, uno o más relojeros, quienes conformaron el reloj con el propósito del que hablábamos en nuestra respuesta, quienes comprendieron su construcción y diseñaron su uso”

        La metáfora del relojero de William Paley es una de las más utilizadas para ejemplificar en qué consiste, a grandes rasgos, el argumento teleológico para la demostración de la existencia de Dios. Cuando en la primera parte hablábamos del argumento cosmológico, podíamos definir ese argumento cosmológico como una fórmula lógica: 1) Todo lo que existe tiene una causa, 2) El universo existe, 3) Por lo tanto el universo tiene una causa. Una formulación que, con algunas pocas modificaciones, ha pervivido durante siglos.

        El argumento teleológico, en cambio, no tiene el formato de una fórmula lógica. Es más un principio general que engloba muchísimas fórmulas y razonamientos diferentes. Pero, ¿cuál es ese principio general? Según el argumento teleológico se pueden observar en el universo características que demostrarían la existencia de una inteligencia creadora responsable de su diseño. ¿Qué características?

        Tradicionalmente se manejan dos: 1) que el universo parezca albergar un propósito [el griego τέλος, o “télos”, significa “finalidad”, de ahí procede el término “teleología”] y 2) que el universo resulte demasiado complejo y sus distintas partes estén demasiado bien acopladas entre sí como para haber surgido del puro azar [entendiendo “azar” como ausencia de un diseño consciente]. Así pues, la finalidad y la complejidad del universo, supuestamente inexplicables sin la existencia de una inteligencia diseñadora, son los dos principales conceptos manejados por el argumento teleológico.

        Volviendo al ejemplo del reloj: ¿podría un reloj haber surgido del azar? No. ¿Podemos afirmar que el reloj fue construido con un propósito por un diseñador? Sí. Pero ¿podemos trasladar los atributos del reloj al propio universo? Esta es la gran cuestión, discutible hoy en día, aunque durante muchos siglos se pensó que sí.

        Cabe señalar que el significado de  “finalidad” o “complejidad” ha variado considerablemente a lo largo de la Historia. Podría parecer que la premisa “el universo es complejo” no necesita mayor explicación, basta con observarlo y comprobamos que efectivamente es complejo. Como un reloj.

        Sin embargo, lo que en otros tiempos se consideraba una complejidad misteriosa e inexplicable, hoy a menudo es un fenómeno natural de causas perfectamente descritas (por ejemplo, el movimiento de los astros). Del mismo modo, lo que hoy nos parece una complejidad inexplicable podría dejar de parecérnoslo en un futuro, cuando la ciencia avance todavía más y proporcione nuevas explicaciones naturales.

        Un reloj moderno podía parecer un artilugio mágico e inexplicable hace seis mil años, si un habitante del antiguo Egipto lo hubiese descubierto mientras paseaba por la ribera del Nilo. Pero hoy incluso un niño sabe que un reloj no es más que un artilugio fabricado por el hombre. Nuestros conocimientos sobre el mundo han ido incrementándose y la idea de «complejidad inexplicable” ha de ser modificada con cada nuevo gran descubrimiento científico.

        Ello convierte el argumento teleológico en un argumento “a la defensiva” que por lo general se limita a buscar posibles grietas en esos avances de la ciencia que van desentrañando complejidad tras complejidad. Tras el despegue de la ciencia occidental en los últimos trescientos años, especialmente, la inmensa mayoría de las argumentaciones teleológicas perdieron todo su sentido, aunque los defensores del argumento las fueron sustituyendo por otras argumentaciones más rebuscadas y sutiles.

        “Las consideraciones teleológicas no pueden llevar más allá de la creencia y la esperanza. No proporcionan certeza” (Christian Lange)

        Sistema solar
        Si hay un reloj, sabemos que hubo un relojero. Pero, ¿qué sucede con la maquinaria celeste?

        En cuanto al segundo concepto, el de una posible finalidad del universo, no se puede intentar probar que el cosmos tiene un propósito sin primero teorizar cuál es ese propósito.

        Si decimos que un reloj tiene una finalidad pero no especificamos qué finalidad es esa, ¿cómo podemos demostrar entonces que efectivamente fue construido para cumplirla?

        Pero una vez decimos que el reloj sirve para señalar la hora, ya podemos ponernos a comprobar si sus distintas partes sirven o no a esa función que le hemos supuesto.

        Lo mismo ocurre en cuanto al universo. La mayoría de los apologistas suele afirmar —o al menos sugerir— que la finalidad del cosmos sería la de proporcionar un hábitat al ser humano. ¿Para qué?

        Desde una perspectiva cristiana, por ejemplo, ese hábitat serviría para que el ser humano pueda existir por sí mismo independientemente de Dios, y así poder relacionarse con Dios desde una posición de separación.

        Sin un hábitat externo a Dios en el que existir por sí mismo, el ser humano no gozaría de libre albedrío y sería una mera parte más de la divinidad, una parte indistinta sin voluntad propia.

        Así pues, el cosmos existe para que el hombre exista, esa sería su teleología. Esta es la finalidad más comúnmente manejada porque es la que mejor se ajusta a las respectivas teologías de muchas religiones (prácticamente todas ellas de orientación antropocéntrica), pero es solamente una de las posibles finalidades universales que se podrían manejar.

        Otra podría ser, por citar alguna alternativa, la de que Dios hubiese creado el universo para mitigar su propia soledad, o sencillamente para recrearse en su propia obra. En fin, los posibles propósitos de la creación pueden ser muchos y variados, el problema estaría en cómo ajustarlos a la evidencia observable, cosa que el argumento teleológico intenta hacer.

        Decíamos que esta teleología de la Creación empezó a perder vigencia con la aparición de los nuevos paradigmas científicos. Al menos perdió vigencia en las corrientes filosóficas laicas, porque no la ha perdido en la filosofía religiosa (evidentemente, renunciar al concepto de una Creación producto de una voluntad significaría renunciar a la necesidad de la existencia de Dios… un lujo que la teología no puede permitirse sin autodestruirse como disciplina). El argumento teleológico sigue, pues, de actualidad.

        Ocupa incluso un cierto espacio en los medios de comunicación, sobre todo cuando es manejado desde las teologías mayoritarias, como por ejemplo las cristianas y las musulmanas. El argumento teleológico está incluso más vivo que el cosmológico, ya que ha adquirido considerable eco popular en algunas partes del mundo y de hecho ha suscitado polémicas mediáticas muy sonadas, como las ocurridas en los Estados Unidos de América en torno al “creacionismo” y el “diseño inteligente”.

        Pero eso no significa que el teleológico sea un argumento más simple que el cosmológico. No lo es. El argumento teleológico puede relacionarse con prácticamente cualquier rama del saber que sirva para describir la realidad natural. Su popularidad proviene precisamente de su (supuesto) ajuste a hechos científicos, mientras que el argumento cosmológico tiene mucho más de ejercicio lógico-metafísico.

        Eso sí, dominar todas las ramificaciones del argumento teleológico implicaría un conocimiento de casi todas las disciplinas científicas que podamos imaginar, lo cual hace difícil —por no decir imposible— que un único individuo pueda abarcarlo por completo, ya sea para defenderlo o para atacarlo.

        Quizá por ello, sólo se suele abordar desde dos grandes disciplinas científicas: la física (en la antigüedad, la astronomía) y la biología. Históricamente, el argumento teleológico ha descansado prácticamente siempre en estos dos pilares. Pero lo mejor, como siempre, es comenzar desde el principio.

        • Del caos no podía surgir el orden

        Cuando él, sea cual fuera de los dioses, hubo puesto orden en aquella masa caótica y la hubo reducido a partes cósmicas, empezó a moldear la Tierra como una gran esfera para que su forma fuera la misma por todos lados. Y para que ninguna región careciera de formas propias de vida, las estrellas y las formas divinas ocuparon el firmamento, el mar correspondió a los peces relucientes para que fuera su hogar, la tierra recibió a los animales y el aire recibió a los pájaros” (Ovidio, “Metamorfosis”)

        ”En el comienzo estuvo el gran huevo cósmico. Dentro del huevo había el caos, y flotando en el caos estaba Pan Gu, el embrión divino. Y Pan Gu rompió el huevo y salió, sosteniendo un martillo y un cincel con los cuales dio forma al mundo” (Mitología china)

        “Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra estaba vacía y en desorden, las tinieblas cubrían el abismo y el espíritu de Dios volaba sobre las aguas. Y dijo Dios: hágase la luz, y la luz se hizo. Vio Dios que la luz era buena, y la separó de las tinieblas. Llamó a la luz día, y a las tinieblas, noche” (Génesis bíblico)

        Como vemos, la mayor parte de las mitologías sobre la Creación han considerado que el acto de la Creación consistió en imponer orden en el caos, más que en hacer surgir “algo desde la nada”. Esas mitologías suelen ser, pues, mitologías teleológicas más que estrictamente cosmológicas. Son mitos que suponen la existencia de creadores porque observan que el universo está en orden, no porque creyeran que antes del universo presente estaba la nada, como sostiene el argumento cosmológico más propio de pensadores eruditos. El orden es la clave.

        Para cualquier civilización primitiva, una de las mayores fuentes de fascinación era la jerarquía sistemática que parece imperar en muchos ámbitos de la naturaleza. Llamaba la atención, por ejemplo, el curso regular que siguen casi todos los astros a través del firmamento. Por un lado el sol, que establece los ciclos del día y de la noche, así como las estaciones y en general la mayor parte de los ciclos de la vida.

        Por otro lado la luna, que condiciona muchos otros ciclos naturales bien conocidos desde tiempos remotos, como las mareas, y que se podía relacionar íntimamente con procesos biológicos humanos tan importantes como la fertilidad y la menstruación. También las estrellas y los planetas siguen un patrón de movimientos que, a primera vista, parece concienzudamente diseñado por un planificador inteligente.

        De hecho, lo raro era ver cuerpos celestes que no siguieran la norma (meteoritos, cometas) porque la práctica totalidad de la bóveda celeste se conduce según una cuidadísima coreografía. Hasta el siglo XVII no existía una explicación satisfactoria para justificar el fenómeno de estos ciclos celestes, al menos no una explicación que se ciñera exclusivamente a causas naturales.

        A muchos les resultaba imposible concebir que detrás de ese orden celestial no hubiese un poder sobrenatural, un ordenador o artífice de naturaleza divina. Incluso quienes se resistían a aceptar la idea de la existencia de un creador —ateos siempre los hubo, en todas las épocas, si bien no en abundancia— lo tenían bastante difícil para justificar por qué los astros siguen unos cursos tan regulares en el firmamento sin recurrir a una causa sobrenatural.

        Es más, cuanto más profundizaba un estudioso en el mundo de la astronomía, más intrincado y delicado le parecía el baile cósmico y más necesaria, por tanto, se le antojaba la necesidad de un Dios inteligente que lo hubiese programado todo. Esta fue probablemente la más temprana idea que podríamos englobar en el argumento teleológico: el orden de los cielos demuestra que una inteligencia ha establecido los patrones que rigen los movimientos de los astros.

        Posteriormente, se descubrieron otro tipo de patrones en la naturaleza —como el número áureo o “proporción divina”, una supuesta “firma” de Dios en la creación— pero fueron principalmente los cielos el «reloj» que indicaba la presencia de un relojero.

        abeja
        La extraña compenetración entre seres vivos tan distintos como una abeja y una flor es una muestra del orden natural que intrigó a la humanidad durante milenios.

        Otro gran enigma sin explicación que asombraba a los seres humanos era el perfecto orden jerárquico que se da entre los seres vivos, así como entre las diferentes partes que conforman un único organismo.

        Para cualquier observador despierto parecía evidente que animales y plantas formaban parte de un conjunto tan armónicamente dispuesto (cadenas tróficas, simbiosis, parasitismos, colaboraciones, etc.), y que sus organismos estaban tan armónicamente construidos, que también resultaba prácticamente inevitable deducir que un creador había establecido un plan previo, que los seres vivos habían sido cuidadosamente diseñados para interactuar los unos con los otros, por muy diferentes que pudieran parecer.

        Además, esos seres vivos estaban perfectamente integrados con un entorno que parecía especialmente pensado para su comodidad, un escenario que facilitaba sus vidas proporcionando los recursos y el hábitat necesario en cada caso, para lo cual tampoco existía una explicación natural satisfactoria.

        Así pues, desde tiempos muy remotos —probablemente desde los inicios de la humanidad— tenemos establecidas las dos principales áreas en que se desarrollará el argumento teleológico: el orden astronómico y el orden biológico. Ambos, además, íntimamente relacionados entre sí: el orden de los cielos es necesario para mantener el orden en el reino de la vida.

        Así pues, la deducción lógica de que el universo tenía el propósito de preservar un orden donde pudiese surgir y mantenerse la vida, resultaba difícilmente discutible. Considerando que el hombre parecía ser, además, la forma más elevada de vida natural, se podía considerar el centro de la Creación. Se podía afirmar que la finalidad última del universo era, efectivamente, que los hombres y mujeres lo habitasen.

        Situándonos en la piel de un ciudadano medio de cualquiera de aquellas épocas anteriores a la revolución científica, no nos debe extrañar que considerasen este orden natural como una justificación más que suficiente para dar por probada la existencia de Dios. No disponían de más información, así que el sentido común dictaba esta conclusión y muchos de los individuos más inteligentes de diferentes épocas fueron religiosos, sin cuestionarse en lo más mínimo la validez de su creencia en lo sobrenatural.

        Lograron defender su respectiva fe con argumentos que, en su momento, resultaban prácticamente inatacables. Por ejemplo, ¿Cómo era posible que los astros girasen unos en torno a otros en armonía si no era con la intervención divina? Imaginemos que alguien lanza un puñado de guijarros al aire, ¿Qué sucederá? Pues que estos guijarros vuelven a caer desordenadamente al suelo, no se quedan orbitando unos en torno a otros armónicamente.

        Sin embargo, lo astros no caían; la Luna no se precipitaba sobre la Tierra sino que seguía una órbita inexplicable por causas naturales. Parecía necesitarse la intervención de una inteligencia que garantizase la existencia de esas órbitas regulares y «antinaturales». De lo contrario, los astros se comportarían como guijarros, caerían todos y el universo quedaría sumido nuevamente en el caos.

        • Erosionando los cimientos teleológicos: la ley de la gravitación universal

        “Yo era como un niño jugando en la orilla del mar, distraído mientras encontraba un guijarro más redondeado o una concha más bonita de lo habitual, mientras el gran océano de la verdad se extendía inexplorado ante mí”  (Isaac Newton)

        Sería curiosamente uno de aquellos hombres profundamente religiosos quien puso la primera carga de dinamita en los cimientos del argumento teleológico. Isaac Newton fue, para muchos, el mayor científico de la historia. Y lo fue porque aportó una explicación natural a lo que entonces parecía inexplicable: el perfecto orden de los astros.

        Una explicación que después se haría extensiva a otros muchos fenómenos, permitiendo desarrollar otras muchas explicaciones subsiguientes. Newton proporcionó la llave para abrir muchas puertas en la ciencia. Puertas que, hasta entonces, habían permanecido cerradas.

        Antes de Newton, la mayor discusión en torno al movimiento de los astros radicaba en si la Tierra era el centro del universo (geocentrismo) o si el sol era el centro (heliocentrismo). El heliocentrismo no era, ni mucho menos, una idea nueva cuando le causó tantos problemas a Galileo Galilei.

        Hubo pensadores heliocentristas al menos desde la Grecia clásica —Aristarco de Samos— y la idea había circulado entre grandes nombres de la astronomía antes de Galileo, desde Nicolás Copérnico a Tycho Brahe, pasando por Giordano Bruno. Sin embargo, el concepto de que la Tierra no fuese el centro del universo tenía serias implicaciones religiosas (y teleológicas), porque abría ciertos interrogantes acerca de la finalidad última de dicho universo.

        Si el universo había sido creado para el hombre, ¿no debería la Tierra estar en el centro? Aun así, el heliocentrismo —pese a los reparos de la Iglesia— podía poner en solfa algunos dogmas religiosos pero, en esencia, no ponía en duda la existencia de Dios. La teoría heliocéntrica despertó cierta polémica pero no fue un factor determinante en la erosión del argumento teleológico.

        En realidad, Dios podría haber creado un universo en el que el Sol fuese el centro; cambiaba el orden de las órbitas, pero lo importante es que ese orden seguía estando allí y resultaba imposible explicarlo sin Dios. El universo seguía mostrando características que mostraban que había sido diseñado. El debate en torno al heliocentrismo se zanjaba sin consecuencias teleológicas a largo plazo.

        Newton1
        Newton proyectó un nuevo rayo de luz aportando una explicación natural para lo hasta entonces inexplicable.

        Pero la aportación de Isaac Newton tendría implicaciones muy diferentes.

        Ya no discutía qué astros giraban en torno a qué otros astros.

        Newton se preguntó directamente por la causa natural de que esos astros girasen, y pese a ser un hombre religioso, no se conformó con la explicación sobrenatural imperante.

        Tras experimentar una súbita revelación —no le cayó una manzana en la cabeza, pero sí se hacía preguntas cuando veía los objetos caer— Isaac Newton se presentó con la idea de que una misma fuerza (la atracción gravitatoria) hace que los guijarros caigan desordenadamente al suelo, pero también hace que los astros giren unos en torno a otros en el cielo.

        Dos fenómenos visiblemente incompatibles estaban de repente unidos por una misma causa natural… que los convertía, en realidad, en dos versiones diferentes de un único fenómeno.

        Por ejemplo: la Luna sí estaba cayendo sobre la Tierra… sólo que nunca terminaba de caer del todo debido a la inercia de su órbita circular. Aquella fue probablemente la mayor revolución teórica en la historia de la ciencia.

        Una idea que parecía ir contra el sentido común, pero que una vez sometida a reflexión, observación y cálculo, parecía ser capaz de desvelar muchos de los misterios del cosmos.

        Sin embargo, Newton consideró esta fuerza universal —cuyo mecanismo no entendía y hoy, según creo, seguimos sin entender del todo— que bautizó como «gravedad», una demostración más de la existencia de una voluntad divina responsable del diseño del universo y sus leyes. Isaac Newton, el hombre, no renunció a Dios a causa de la gravitación universal.

        Sin embargo, pese a su interpretación religiosa de dicha gravitación, su explicación natural de por qué los astros se mueven ordenadamente cuestionaba la necesidad de que existiera un creador que confiriese orden a la naturaleza. Gracias a Newton supimos que la naturaleza puede ordenarse a sí misma sin intervención exterior, al menos en un gran número de ámbitos.

        La idea de la gravitación universal abrió la puerta a muchos otras teorías que englobasen toda la naturaleza dentro de principios universales. Principios que permitiesen explicar fenómenos de lo más dispar, siempre recurriendo a causas naturales.  Nacía un nuevo concepto de ciencia y gracias a Newton las leyes divinas ya no eran las únicas candidatas a proporcionar una explicación del universo.

        De hecho, las leyes divinas empezaban a perder rápidamente terreno frente a las leyes naturales como hipótesis favorita de los pensadores.

        • La teoría de la evolución de las especies por selección natural

        “Puedo decir que la imposibilidad de concebir que este gran y maravilloso universo, así como nuestras propias consciencias, hayan surgido a través del azar, me parece el principal argumento en favor de la existencia de Dios. Pero si este argumento tiene realmente algún valor… eso nunca he sido capaz de decidirlo” (Charles Darwin)

        A mediados del siglo XIX quedaban órdenes naturales a los que la gravitación de Newton —y sus derivados— todavía no podían dar una respuesta. Sobre todo el orden biológico, extraordinariamente rico, complejo, intrincado y basado en equilibrios tan sutiles que para la mayor parte de la gente no existía otra explicación posible que la del diseño divino.

        El creacionismo, la idea de que la vida existía tal y como había sido concebida por Dios en el momento de la Creación, con muy pocas modificaciones posteriores (y de origen artificial casi todas ellas) era todavía el pensamiento imperante. No es que por entonces no existiera ya una corriente de ateísmo y/o agnosticismo filosófico propiciada por los nuevos avances científicos, o que no existiesen ya hipótesis que barajaban el que la vida fuese producto de procesos exclusivamente naturales.

        Simplemente no había una respuesta satisfactoria para la pregunta “si Dios no creó la diversidad de la vida, ¿Cómo llegó la vida a ser tan diversa por sí misma?”

        Lo cierto es que desde tiempo atrás hubo pensadores que intentaban describir la vida como algo más que el producto de un mero milagro, tanto en el momento de la «generación espontánea» del primer ser vivo, como en el momento de la concepción de nuevos individuos de una especie.

        Ya en el siglo XVII, William Harvey acuñó el término “epigénesis” para defender que el feto no crecía como la mera expansión de un organismo diminuto ya totalmente conformado (que estaría presente en el esperma según algunos y el en óvulo según otros), sino que se desarrollaba a partir de materiales orgánicos básicos, los cuales —en sí mismos— no constituían un organismo vivo.

        Es decir, la epigénesis sostenía que el feto era algo que aparecía y evolucionaba, que atravesaba una serie de etapas y se iba haciendo más complejo en el seno materno hasta convertirse en un individuo completo de su especie. Por paralelismo entre la evolución del feto y la de toda una especie, podía sospecharse atrevidamente que el feto reproducía en su crecimiento una serie de etapas ya cubiertas por su especie a lo largo de dicha evolución.

        Un proceso natural del que el hombre no sería ajeno, desde que Carl Linneo incluyó a la especie humana dentro de su clasificación del reino animal: esto sugería la posibilidad de que el ser humano no hubiera sido creado en su forma presente por Dios. Otros eminentes naturalistas, como Buffon, se preguntaron sobre las características de esa materia orgánica básica de la que, según él, surgía un feto y que conformaba la vida en general.

        Pensó que dicha materia podría componerse de partes independientes o “moléculas”. En resumen, parecía defender la idea de que, al menos a nivel fetal, la vida evoluciona y cambia de forma. Por otro lado, como producto de las excavaciones paleontológicas, observó que los fósiles constituían “familias” y que las sucesivas capas geológicas mostraban distintas formas de vida que no fueron siempre las mismas en diferentes épocas pasadas.

        Es decir: las especies habían evolucionado. Pero Buffon, todavía con una visión de la vieja escuela y quizá también influido por un entorno hostil a la idea, no fue capaz de asumir la certeza que unas especies pudieran surgir a partir de otras. Terminó rechazando el concepto de evolución de las especies y adujo motivos de peso como, por ejemplo, la infertilidad de los híbridos.

        Pero era cuestión de tiempo que alguien se atreviese a formular una teoría de la evolución de las especies en toda regla. Desde una perspectiva meramente funcional, Jean-Baptiste Lamarck propuso una hipótesis en la que cada especie evolucionaba gracias a la capacidad de sus individuos para sufrir mutaciones que les permitían adaptarse al ambiente, y gracias también a que esas mutaciones funcionales podían ser heredadas por su descendencia.

        Aquel era un primer paso hacia una explicación satisfactoria de la diversidad de la vida, en una disciplina que el propio Lamarck bautizó como “biología”. Aunque su aportación fue mayoritariamente ignorada y hoy sabemos que se basaba en mecanismos erróneos (su famoso principio de «la función crea el órgano» estaba equivocado), lo cierto es que tuvo una importancia capital. Sentó las bases que se necesitaban para una nueva y más certera teoría de la evolución.

        Fue Charles Darwin quien dio finalmente en el clavo. Dedujo que la adaptación de los organismos al entorno no se producía a causa de mutaciones ad hoc como había pensado Lamarck, sino mediante un proceso de selección en que aquellos individuos con mutaciones más ventajosas , sobrevivían con mayor facilidad (fuera cual fuese el mecanismo que producía las mutaciones, mecanismoque Darwin no describió, pero que sí empezaron a describir autores como Mendel).

        Ese proceso de “selección natural” explicó por primera vez de manera convincente cómo podía haber llegado la vida a resultar tan diversa, sin la mediación directa de un creador o diseñador. De hecho, Darwin, que había recibido educación religiosa, terminó dudando de su fe, y admitió que el evolucionismo tenía buena parte de culpa.

        La vida ya no era un milagro divino y la existencia del hombre ya no representaba el efecto de un acto amoroso de Dios, sino el resultado de un largo proceso de selección natural. La existencia de un creador se le antojaba, pues, innecesaria.

        Pese a la polémica que su teoría despertó en su momento entre sectores conservadores —por la esencia herética de la misma y por el detalle de emparentar al hombre con los simios—, la selección natural de Darwin terminó ajustándose a la evidencia proporcionada por muchas otras disciplinas científicas, desde la geología y paleontología hasta la genética. Así como Newton había explicado el orden de los cielos, Darwin explicó el orden de la vida.

        • Abiogénesis

        “Uno ha de contemplar la magnitud de esta tarea para conceder que la generación espontánea de un organismo vivo es imposible. Y sin embargo estamos aquí, creo yo, como resultado de la generación espontánea. Ayudaría el detenernos un momento a preguntar a qué se refiere uno cuando dice que algo es imposible” (George Wald)

        Miller
        No se ha conseguido crear vida en el laboratorio pero, ¿implica eso un origen sobrenatural? (en la foto, Stanley Miller).

        Desde el punto de vista de la comunidad científica, el asunto de la evolución de las especies mediante selección natural puede considerarse finiquitado desde hace mucho tiempo.

        La teoría de la selección natural es la respuesta que se ajusta a las pruebas obtenidas por toda clase de ramas del saber —incluso ramas que no se conocían en tiempos de Darwin— y sin ir más lejos ha sido aceptada incluso por la Iglesia Católica, por más que desde algunos ámbitos cristianos (especialmente protestantes, aunque también hay representantes del catolicismo) hayan surgido supuestas alternativas «científicamente viables» a la selección natural, como la del “diseño inteligente”.

        El diseño inteligente es una actualización refinada de la metáfora del relojero de Paley, que no es tomada en serio por la comunidad científica aunque haya sectores del público que la defienden, así como algunos notorios apologistas mediáticos.

        Según esa idea, la mera selección natural no podría explicar la “complejidad irreducible” de ciertos mecanismos biológicos.

        Quizá algunos recuerden aquel célebre juicio en EEUU donde se pretendía autorizar la inclusión del “diseño inteligente” como teoría científica en el temario escolar: se adujo entonces que el flagelo que utilizan algunas células para impulsarse era un ejemplo de mecanismo que no podría funcionar sino como la suma completa de todas sus piezas, al modo de un reloj, y que no podría haber surgido mediante la evolución por selección natural.

        Otro ejemplo similar que se presentó es el de la supuesta complejidad irreducible del ojo humano, pese a que Darwin ya consideró en su día esta idea:

        “Suponer que el ojo —con todos sus inimitables mecanismos para ajustar la visión a diferentes distancias, para admitir diferentes cantidades de luz, para corregir la aberración cromática y esférica— pudo haberse formado por selección natural parece, lo confieso abiertamente, totalmente absurdo.

        Y aun así la razón me dice que, si se puede demostrar la existencia de numerosas gradaciones desde un ojo complejo hasta otro muy imperfecto y simple, siendo cada gradación útil a su poseedor; y si las variaciones pueden ser heredadas, cual es ciertamente el caso; y si cada modificación puede ser útil al animal bajo condiciones cambiantes de vida, entonces ya no se puede considerar que sea difícil creer que un ojo complejo y perfecto se haya formado por selección natural, aunque resulte insuperable para nuestra imaginación.

        El cómo un nervio puede volverse sensible a la luz difícilmente nos preocupa más que el cómo se originó la vida en sí misma, pero debo hacer constar que diversos hechos me hacen sospechar que cualquier nervio sensible puede volverse sensible a la luz, y de modo similar sensible a esas vibraciones más gruesas del aire que producen el sonido”

        El propio Darwin resumía en este párrafo dos de las principales características de su teoría: una, que es una teoría altamente contra-intuitiva y que resulta difícil entenderla empleando solamente el sentido común. Y dos, que su teoría sólo explica cómo las especies pudieron evolucionar desde antepasados extraordinariamente simples, pero que no explica de dónde vinieron esos antepasados, de dónde y cómo surgió la vida misma.

        La aparición de seres vivos a partir de materia inerte (o “abiogénesis”) es una de las grandes preguntas que la ciencia aún no ha respondido. Sabemos que la materia orgánica básica —los ladrillos para construir la vida— surge con facilidad en el universo. Lo demostró el famoso experimento de Miller en los años cincuenta y por lo que sabemos, la materia orgánica básica podría ser muy abundante incluso más allá de la Tierra y el sistema solar.

        El problema es que no se sabe cómo esos ladrillos, que aparecen por sí solos en la naturaleza, formaron la primera «casa». No sabemos cómo esa materia orgánica se transformó en vida. Y hemos podido fabricar ladrillos en laboratorio, pero no hemos podido fabricar una casa desde cero.

        ¿Cómo se relaciona la abiogénesis con el argumento teleológico? Aquí es donde entra en juego el concepto del “Dios de las grietas”. Es decir: allá donde el conocimiento científico muestra una grieta que aún no ha sido explicada —y que en ciertos casos no sabemos si se llegará a explicar algún día— existen apologistas que proponen como alternativa una explicación sobrenatural.

        La por ahora inexplicable abiogénesis no probaría por sí misma la existencia de Dios, pero sería un indicio más de que el universo fue creado con un propósito, el propósito de que exista la vida, y de que esa chispa inicial de la vida podría haber requerido una intervención divina, ya que no hemos sido capaces ni de reproducirla ni de explicarla mediante causas naturales.

        Naturalmente, esto es una desviación del cauce honesto del argumento teleológico. El problema de esta forma de proceder es el siguiente: ¿resulta lícito presentar como válida una alternativa sobrenatural para la que no existen pruebas sólo porque no somos capaces de obtener una respuesta natural satisfactoria? Veámoslo así:

        1) Hacemos una pregunta y discutimos qué respuesta es la correcta, si la A o la B.
        2) La premisa A no se puede probar de ninguna manera como cierta.
        3) Por lo tanto, B tiene que ser cierta.

        Salta a la vista lo falaz del razonamiento. Sin embargo, el argumento del “Dios de las grietas” es utilizado con frecuencia, normalmente bajo el contexto de un discurso maniqueo (y por qué no decirlo, populista) destinado más a sembrar la duda sobre la ciencia —para presentar la alternativa sobrenatural bajo una nueva luz— que realmente a dilucidar la cuestión.

        Se asume que señalando las grietas del conocimiento científico la población creyente o dubitativa tenderá a considerar que una respuesta natural resulta improbable y que, por lo tanto, la respuesta probable ha de ser sobrenatural.

        Así, cada vez que la ciencia reconoce su ignorancia respecto a una gran pregunta sobre el origen de la vida (o sobre cualquier otro misterio universal), los apologistas del “Dios de las grietas” inciden en esa ignorancia porque saben que, de manera incorrecta pero automática, un buen número de creyentes se sentirán reforzados en su fe.

        A esta falacia básica se suele añadir otro razonamiento, la afirmación de que la hipótesis divina no puede ser probada pero tampoco refutada, y que por tanto debe aceptarse como admisible. Pero esto constituye también una falacia lógica. Se trata del argumento ad ignorantiam, que pretende demostrar la validez de una premisa sólo porque no se puede demostrar su invalidez:

        1) No puede probarse que A es verdadero.
        2) pero tampoco puede probarse que A es falso,
        3) por tanto, A puede ser admitido como verdadero.

        Esto es, desde luego, incorrecto. De ser correcto podríamos dar por válida prácticamente cualquier afirmación que sea imposible de refutar, por ejemplo: las cuevas de Altamira fueron decoradas por Superman.

        Probablemente nunca lleguemos a ser capaces de demostrar lo contrario, en cuyo caso —si argumentáramos ad ignorantiam— podríamos considerar que la hipótesis de que Superman fue el autor de las célebres pinturas es una hipótesis aceptable que debería ser tenida en cuenta en la discusión.

        Pero no consideramos que razonar de este modo sea aceptable; de lo contrario, nuestro cuerpo de conocimientos sería un cúmulo de caóticas posibilidades sin distinción entre lo veraz y lo absurdo. La conclusión de todo esto es que el misterio en torno al fenómeno de la abiogénesis no debería ser utilizado como indicio para reforzar una visión teleológica del cosmos.

        • La afinación precisa del universo

        “Si el universo no hubiese sido creado con la más exacta precisión, nunca podríamos haber llegado a existir” (John O’Keefe)

        Sol
        El sol, que algún día engullirá la Tierra… ¿está ahí solamente para facilitar la vida?

        Según algunos físicos, las características de nuestro universo vendrían determinadas por una serie de números, los cuales expresan el equilibrio existente entre las diversas fuerzas que operan desde el momento mismo del Big Bang.

        Si en ese momento inicial el valor de esas fuerzas hubiese sido distinto, el universo podría ser completamente diferente al que conocemos ahora.

        Podría haberse convertido en un universo completamente caótico, sin la más remota posibilidad de que surgieran estrellas y planetas, no digamos ya de que surgiera la propia vida.

        Hay incluso quien afirma que la relación entre estos números es muy delicada y que la menor modificación en esas proporciones numéricas hubiera impedido que se formase el cosmos en que vivimos. ¿Hasta qué punto es esto cierto? Queda para los físicos discutir cuál es el alcance de todo ello y cuál era el margen de modificación de esas fuerzas en el momento del Big Bang.

        En todo caso, el asunto ha generado una discusión teleológica interesante: la de si el universo está perfectamente “afinado” para que pueda existir la vida. De ser así, ¿constituiría esto una prueba de que hay una inteligencia que confirió al cosmos las características exactas que permitían la aparición de la vida y el hombre?

        Veamos los problemas que conlleva esta idea. Uno, que partimos de la base de que, modificando la relación de fuerzas que imperaba en el momento del Big Bang, el resultado hubiese sido un universo muy diferente. Dicho así, parece lógico. Pero no sabemos si esa modificación fue siquiera factible en algún momento. No sabemos si esta relación de fuerzas podría haberse producido de algún otro modo y si otro universo hubiera sido posible.

        Sólo conocemos un universo posible —el nuestro— y plantearse que podría haber existido uno alternativo no va más allá del terreno de la mera especulación.  Empleando un símil musical: sabemos que el universo está afinado en una determinada nota, pero ¿fue alguna vez siquiera posible haberlo afinado en otra nota distinta? Quizá el universo que existe es el único que podría haber existido, y mientras contemplemos esta idea, el concepto de la “afinación precisa” es una interpretación que hacemos a posteriori del único universo que conocemos.

        Dicho de otro modo: no fue el universo el que surgió ajustado a las necesidades de nuestra futura aparición, sino que fue nuestra aparición la que se produjo ajustándose a las condiciones preexistentes del universo. Esta explicación tiene más sentido, se ajusta más a nuestros conocimientos y resulta más verosímil que la «afinación precisa».

        Por otra parte, la noción misma de que el universo está diseñado para la vida es bastante dudosa. Ciertamente puede surgir la vida en nuestro universo —o este artículo no estaría siendo escrito ni usted, amigo lector, lo estaría leyendo— pero, que sepamos, la vida es un accidente raro. Por ahora y que nos conste, en todo el sistema solar sólo ha aparecido vida sobre la Tierra.

        En el resto de planetas y satélites no hemos encontrado ni rastro, aunque bien es cierto que la posibilidad de encontrar vida extraterrestre en nuestro propio vecindario solar no resulta irrazonable; es una posibilidad que no ha sido descartada todavía.

        Pero ciñámonos a lo que sabemos y pensemos en el universo como conjunto: el cosmos es un inmenso “vacío” (no está vacío, pero digámoslo así para entendernos) que no puede albergar vida, en el que ocasionalmente flotan estrellas donde tampoco puede existir la vida (de hecho, las estrellas son auténticos infiernos nucleares) y planetas que, en su mayor, parte tampoco podrían albergar vida. Casi todo el cosmos es un entorno hostil a la vida.

        De hecho, sólo conocemos un planeta habitable —el nuestro— e incluso en nuestro propio planeta hay entornos bastante hostiles. ¿Tiene sentido pensar que una inteligencia creadora afinó las fuerzas del Big Bang para que existiera la vida sólo en lugares muy, muy determinados del universo? ¿Previó Dios que bajo las condiciones físicas universales determinadas en el Big Bang, aparecería el hombre sobre la faz de un diminuto planeta azul en torno a una pequeña estrella de los confines de la Via Láctea?

        En tal caso, en vez de crear directamente nuestro Jardín del Edén, Dios decidió establecer un juego matemático que terminara dando lugar a la existencia de dicho jardín —y de nosotros sus habitantes— como resultado de una enorme carambola cósmica. Una vez más, es el “Dios de las grietas” que propone una alternativa rebuscada a las explicaciones naturales.

        Porque el que sobre la Tierra haya aparecido vida inteligente es realmente una carambola, algo que pudo no haber sucedido jamás. Nuestro planeta ha conocido extinciones masivas, que quizá hicieron retroceder en millones de años la carrera evolutiva hasta la inteligencia (de no haberse producido esas extinciones, este artículo, en vez de estar escrito por un primate evolucionado —les cedo gratuitamente el calificativo para el firmante— pudo haber sido escrito por un dinosaurio con corbata hace varios millones de años).

        De hecho podrían haberse producido otras extinciones, si algún gran meteorito hubiese caído sobre nuestro planeta cuando el hombre estaba evolucionando hacia lo que es hoy, en cuyo caso quizá no hubiese aparecido nunca el homo sapiens. También se considera que la existencia de la luna ha jugado un papel importante en la aparición de vida inteligente, porque sin ella la Tierra no hubiese sido lo bastante estable magnética y climáticamente como para que hubiesen surgido formas demasiado complejas de vida.

        Podemos decir que hemos tenido suerte, porque la Tierra podría haberse convertido en un infierno a causa del efecto invernadero, como Venus, o en un páramo frío y estéril, como Marte. No sucedió así y no estamos seguros de por qué. La Tierra reúne una afortunada conjunción de características favorables para la vida, eso es evidente.

        Quizá la Tierra es especial, pero ¿lo es porque alguien lo decidió así? ¿Realmente tiene tanta importancia que haya podido aparecer el ser humano sobre la faz de la Tierra, o sólo le concedemos esa importancia porque nosotros somos los protagonistas de tan afortunada casualidad? Si existen criaturas inteligentes en algún otro planeta, probablemente se consideren también especiales. Esto incide en uno de los principales defectos del argumento teleológico: el antropocentrismo.

        • Un argumento antropocéntrico

        “Ya conocéis el argumento del diseño: todo en el mundo está hecho para que nosotros podamos habitarlo, y si el mundo fuera un poco diferente, no podríamos seguir habitando en él. Eso es el argumento del diseño. A veces toma formas más bien curiosas. Por ejemplo, se dice que los conejos tienen la cola blanca y eso hace que resulte más fácil disparar sobre ellos. Así que no sé qué opinarán los conejos sobre este diseño” (Bertrand Russell)

        Tomando perspectiva y contemplando el universo como un todo, la existencia de la humanidad resulta intrascendente. No hemos podido dejar huella en el universo que nos rodea ni cambiar su naturaleza; nuestra capacidad de influencia está limitada a nuestro propio planeta y únicamente a nivel muy superficial (porque, en realidad, a escala astronómica somos sólo el equivalente de unos microorganismos que habitan la superficie de una inmensa bola de hierro).

        Como mucho, también hacemos pequeños e inapreciables arañazos en la superficie de otros mundos, como la Luna, o Marte, o Venus; planetas a donde hemos enviado minúsculas sondas. Pero la verdad es que nuestra presencia tiene una nula incidencia en el universo como conjunto, por tanto difícilmente podemos considerar que esa presencia resulte “importante”. Esta idea resulta tanto más evidente cuanto más reflexionamos sobre las dimensiones del cosmos y el lugar que ocupamos en él.

        Pero un argumento teleológico sobre la existencia de Dios sólo tiene sentido si se considera que la existencia de la especie humana reviste una importancia universal en sentido absoluto. Que nuestra existencia sea lo bastante importante como para que el universo haya sido diseñado a nuestra conveniencia. Esta es una idea difícil de defender.

        Uno, por cuestiones de tamaño: el cosmos es inmenso y nosotros apenas ocupamos una fracción infinitesimal de uno de sus innumerables rincones. Dos, por cuestiones de causa-efecto: el que existamos o no tiene, como decíamos, un nulo efecto sobre el conjunto del universo. Tres, por cuestiones conceptuales: no hay motivo alguno para pensar que constituimos un elemento cualitativamente diferente del resto de los elementos que componen el cosmos.

        Estamos formados de la misma materia, sometidos a las mismas leyes físicas universales. Así pues, ¿por qué nos creemos diferentes? Evidentemente, a nivel puramente individual, pensamos que nuestra inteligencia, nuestra autoconsciencia y nuestra capacidad de asombro constituyen fenómenos notables, de los que disfrutamos en nuestra vida. Características que nos gustan en nosotros mismos y que consideramos debemos conservar.

        Hacen que nos confiramos una importancia como individuos que se expresa en nuestra filosofía: no nos da igual el no existir. Aquí no discutimos esa idea. No debería darnos igual el no existir y parece positivo que nos tomemos nuestra propia existencia muy en serio. Eso a nivel individual. Porque, como especie, tenemos que admitir la idea de que al universo sí le da igual que existamos. Esto impide que el argumento teleológico se sostenga por sí mismo, ya que se convierte en un razonamiento circular:

        1) Creemos que el universo hubo de ser hecho a nuestra medida porque somos importantes.
        2) Nos consideramos importantes porque vemos que el universo fue hecho a nuestra medida.

        Por lo general el argumento teleológico se centra en los detalles científicos, buscando en nuestro conocimiento sobre el cosmos los rastros de esa voluntad diseñadora que le dio origen conun propósito determinado. Pero el argumento pocas veces hace frente a la pregunta: ¿por qué querría una voluntad creadora diseñar un universo en el que pueda vivir el hombre?

        O dicho de otro modo, ¿por qué iba a molestarse un Dios en crearnos? La respuesta, naturalmente, sólo puede residir en argumentos antropocéntricos: Dios nos creó “para amarnos”, “para que lo amemos”, “para que le rindamos culto”, “para que le hagamos compañía”… existen quizá tantas respuestas distintas como teologías y mitologías religiosas hay en el mundo. Pero todas podrían resumirse en un «Dios nos creó porque somos importantes».

        Esto es, finalmente, la clave de todo el asunto. Hemos citado ejemplos como el de la abiogénesis o la afinación precisa del universo como formas modernas de argumentación teleológica. Podríamos citar muchas más, pero por grande que fuera el número de hipótesis presentadas sobre un supuesto carácter teleológico del cosmos, seguiría sin responderse la cuestión básica:

        ¿de verdad resulta razonable intentar explicar el universo en función del simple hecho de que nosotros estemos aquí y sepamos que estamos aquí? ¿De verdad el que seamos capaces de pensar en nosotros mismos nos hace tan especiales que se requirió construir todo un inmenso universo con el propósito final de que nosotros habitemos una minúscula porción de él? ¿Es el ser humano, sólo porque puede concebir estas ideas, realmente tan importante?

        “Todavía está por probar que la inteligencia tenga algún valor para la supervivencia” (Arthur C. Clarke)

        – (III) El argumento del mal

        El Bosco


        Si Dios es bondadoso, si Dios lo puede todo, ¿por qué el mundo está repleto de dolor, sufrimiento e injusticia? Si Dios ama al ser humano y se preocupa por cada uno de nosotros, ¿por qué no evita los males innecesarios que nos afligen a lo largo de la vida? ¿Es la existencia del mal la demostración definitiva de que un Dios bondadoso no existe?

        La aparente incompatibilidad entre la presencia del mal en el mundo y la supuesta existencia de un Dios bondadoso y todopoderoso —el cual, en principio, debería impedir que se produzca dicho mal— constituye una de las objeciones más reiteradas a las que han tenido que hacer frente los defensores de la existencia de ese Dios benigno.

        Si en las entregas anteriores discutimos dos de los principales y más antiguos razonamientos que se han presentado en favor de la existencia de Dios: el argumento cosmológico (si el universo existe, debe tener una causa) y el argumento teleológico (el universo parece diseñado con un orden y propósito), vamos ahora a tratar un razonamiento también muy antiguo, pero que no ha sido esgrimido a favor de la existencia de Dios sino en contra.

        Este razonamiento es conocido por diversos nombres, por ejemplo argumento del mal, problema del mal o (en oriente) problema de la injusticia. Aunque la denominación más conocida o al menos la más tradicional en occidente es la de “Paradoja de Epicuro”.

        Trataremos de resumir en qué consiste dicha paradoja y repasaremos algunas de las principales contestaciones que han surgido desde la teodicea, la defensa racional de la existencia de Dios. Aunque el argumento del mal puede aplicarse a diversas religiones y fue planteado mucho antes de que surgiera el cristianismo, la teodicea cristiana ha sido —con mucho— la más activa a la hora de intentar refutarlo.

        Esta paradoja pone en solfa alguno de los dogmas fundamentales de la religión cristiana, como la idea de que Dios es bondadoso y se preocupa por el ser humano. ¿Cuál es el estado actual del argumento? El cristianismo, como otras religiones, ha presentado respuestas que generalmente sólo funcionan dentro de sus propios sistemas de creencias, y desde una perspectiva externa al dogma religioso se considera que la Paradoja de Epicuro no ha podido ser refutada.

        • El origen histórico del argumento del mal

        “¿No es acaso una lucha la vida del hombre sobre la tierra? ¿No son sus días como los duros días del jornalero? Como el siervo, el hombre suspira por la sombra. Como el jornalero, suspira por el reposo. Durante meses he padecido calamidades y he recibido por toda recompensa noches de sufrimiento. Al acostarme me pregunto cuándo me levantaré, pero larga es la noche. Así permanezco, repleto de inquietud, hasta el alba.

        Mi carne está cubierta por gusanos y costras, está mi piel hendida y abominable. Mis días pasaron con la rapidez del tirador de una máquina de tejer y murieron sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo y que mis ojos no volverán a ver el bien. […] Abomino de mi vida. No he de vivir por siempre, así que déjame, pues resultaron mis días completamente vanos.

        ¿Qué es el hombre para que Tú lo engrandezcas, para que deposites en él tu corazón, para que lo visites todas las mañanas y en todo momento lo pongas a prueba? ¿Cuándo apartarás de mí Tu mirada? ¿Hasta cuándo no me dejarás tranquilo, no me dejarás de vigilar ni aun cuando trago saliva? Si he pecado, ¿Qué puedo hacer por Ti, oh, Guardián de los hombres? ¿Por qué me usas como diana hasta convertirme en una pesada carga para mí mismo? ¿Por qué no apagas mi rebelión y perdonas mi iniquidad? Ahora dormiré en el polvo; si me buscares mañana, ya no existiré” (Libro de Job, Antiguo Testamento)

        En el Louvre podemos visitar un busto de Epicuro, creador de la paradoja que el cristianismo ha intentado refutar durante dos mil años.
        En el Louvre podemos visitar un busto de Epicuro, creador de la paradoja que el cristianismo ha intentado refutar durante dos mil años.

        El Libro de Job narra la historia de un hombre pío, un entregado siervo de Jehová que mantiene inquebrantable su fe incluso en mitad de terribles desgracias y sufrimientos.

        Tal es así, que su abnegación asombra a sus amigos y exaspera a su propia esposa, quien llega a estar harta de Job y su conformismo ante las penurias de la vida, diciéndole en mitad de una disputa doméstica: “¡Maldice a tu Dios y después muérete!”.

        Sin embargo, pese a lo que reza el refrán popular, incluso la paciencia de Job tiene un límite.

        Son tantos los sinsabores e infortunios a los que tiene que hacer frente que no puede evitar sentirse sobrepasado.

        Vencido por el desánimo, empieza a lamentar la amarga existencia que se ve obligado a afrontar y en sus momentos de mayor desesperación llega incluso a renegar de Jehová… aunque dado que la narración fue escrita con propósitos aleccionadores, Job termina reconciliándose con Jehová y encontrando un sentido religioso a sus padecimientos.

        Este relato, por muchos considerado como uno de los de mayor valor literario de la Biblia, es un texto que intenta aleccionar al lector sobre la fe que supera toda prueba. Job se hace las preguntas típicas del creyente que sufre: ¿Por qué quiere Dios que yo padezca? ¿Por qué no me recompensa por mis buenas acciones y en cambio parece castigarme? Sin embargo, no podemos considerar las respuestas ofrecidas por el Libro de Job como convincentes.

        No es un texto analítico, sino sermoneador. Con todo, es un relato ilustrativo sobre la antigüedad del argumento del mal, poniendo de manifiesto que incluso en la remota época en que fue escrito (entre los siglos III y V a. C.), dicha cuestión ya estaba bien presente en el pensamiento religioso hasta el punto de ocupar todo un libro del Antiguo Testamento.

        De hecho, el Libro de Job puede sernos el mejor conocido, pero ni siquiera es la primera referencia escrita al problema del mal. Podemos remontarnos incluso a la vieja Mesopotamia: el poema acadio Ludlul bel nemeqi (Alabaré al Señor de Sabiduría) narra una historia similar a la Job, aunque escrita con mucha mayor anterioridad, entre los siglos XII y XIV a.C. Esto es, unos mil años antes de su homólogo en el Antiguo Testamento.

        Al protagonista de este poema, llamado Shubshi-Meshre-Shakkan, se lo cita en ocasiones como el “Job mesopotámico” porque la narración tiene trazos similares: Shubshi también se lamenta de que siendo un hombre justo que cumple escrupulosamente sus deberes para con los dioses, el destino le reserva infortunios, injusticias y sufrimientos de toda índole. Alabaré al Señor de Sabiduría es un relato igualmente moralizante que defiende la confianza en los dioses frente a las dudas planteadas por el sufrimiento.

        También muy anterior al Libro de Job es el relato egipcio El campesino elocuente, fechado hacia el siglo XIV a.C., que aun teniendo otros propósitos y tratando otras temáticas, presenta también algunas reflexiones que podemos englobar en este mismo argumento del mal. Así pues, podemos comprobar que la pregunta “¿por qué los dioses permiten el mal en el mundo?” se remonta a los principios de la Historia.

        Sin embargo, los textos citados no dejan de ser trabajos de ficción con intención aleccionadora que tienen escasa vocación de rigor argumental. Son pura literatura de predicación, concebida a priori desde una defensa de los respectivos dogmas religiosos de cada autor.

        Que nos conste, no fue hasta el periodo de Grecia clásica cuando la aparente incompatibilidad entre la existencia del mal y la unos dioses benignos fue planteada de modo verdaderamente analítico, intentando hallar una respuesta racional al asunto, sin partir de la defensa a ultranza de los presupuestos dogmáticos de una religión concreta.

        Se suele considerar que el más antiguo pensador que resumió las preguntas en torno al mal en una formulación que pudiera discutirse racionalmente fue el filósofo griego Epicuro de Samos, que vivió entre los siglos IV y III a.C. Será el primero en plantear el argumento del mal en forma de paradoja lógica, por lo cual será bautizada como “paradoja de Epicuro”.

        En realidad, dicha paradoja no nos ha llegado del propio puño y letra de Epicuro, de cuyos trabajos originales únicamente se conservaron tres cartas y una serie de sentencias —las Máximas Capitales— transcritas por Diógenes Laercio, pero se le atribuye a él porque en la Antigüedad nadie parecía tener dudas acerca de su autoría de la paradoja. De hecho, la Paradoja de Epicuro fue citada en diversas ocasiones por pensadores de siglos posteriores, especialmente en el ámbito del Imperio Romano.

        En el siglo I a.C. el poeta Lucrecio la recogió, junto con otras partes del pensamiento epicúreo, en su obra De rerum natura. Más adelante, en tiempos posteriores a la supuesta existencia de Jesús, algunos de los primeros apologistas cristianos —muy empeñados en hallar una contestación a la paradoja— volvieron a citarla, nuevamente poniéndola en boca de Epicuro.

         Tertuliano, uno de los primeros “padres de la Iglesia”, citó el argumento en el siglo III d.C., aunque quizá el mayor responsable de la popularización de la paradoja fue Lucio Lactancio (consejero de Constantino I, el primer emperador romano que profesó el cristianismo). Lactancio también citó a Epicuro con el afán de contradecirlo y es gracias a él por lo que conocemos la formulación que del argumento había hecho el pensador griego, que sería más o menos así:

        O Dios quiere evitar el mal y no puede (entonces no es omnipotente), o puede pero no quiere (entonces no es bondadoso), o no quiere y no puede (entonces no es ni omnipotente ni bondadoso), o puede y quiere (pero sabemos que esto es incierto dado que sabemos que el mal existe).

        O formulada de otro modo, aunque viene a decir lo mismo:

        a) Dios es bondadoso y omnipotente
        pero
        b) El mal existe

        Por lo tanto:
        — Si el mal existe porque Dios no quiere evitarlo, entonces Dios no es bondadoso.
        —Si el mal existe porque Dios no puede evitarlo, entonces no es omnipotente.
        …de lo que concluimos que la premisa “a” es falsa.

        La paradoja de Epicuro ha sido tratada en épocas posteriores por importantísimos apologistas como Agustín de HiponaTomás de AquinoMartín Lutero y Calvino, o por filósofos de diversa índole como HumeKantHegel o Leibniz, quien dedicó al asunto su Ensayo de Teodicea; sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal, ensayo que sirvió por cierto para bautizar como “teodicea” toda aquella disciplina filosófica que se ocupa de intentar justificar la existencia de Dios mediante la razón.

        • Algunas consideraciones respecto al argumento del mal
        Lucio Lactancio intentó contradecir a Epicuro; gracias a ello conocemos su formulación original del argumento del mal.
        Lucio Lactancio intentó contradecir a Epicuro; gracias a ello conocemos su formulación original del argumento del mal.

        El argumento del mal puede servir para negar la existencia de un dios, pero no de cualquier dios.

        Únicamente niega a un dios que tenga las dos características básicas de omnipotencia y benevolencia.

        Parece ser que el propio Epicuro, aunque no era un hombre religioso, no se molestaba en negar con empeño la existencia de los dioses.

        Se limitaba a afirmar que por lo concerniente a él, los dioses no eran bondadosos ni se apiadaban del ser humano, se mostraban indiferentes al hombre y no se preocupaban lo más mínimo por lo que a este pudiera sucederle.

        Ello de por sí le servía para sugerir una vida alejada de la religión.

        En cambio, con la aparición y popularización del cristianismo, la Paradoja de Epicuro se convirtió en un verdadero problema teológico aparentemente imposible de resolver.

        El cristianismo defendía, ante todo, la existencia de un Dios paternal, benévolo y amante del ser humano. En cambio, la paradoja plantea que la existencia del mal sí resulta incompatible con la existencia de dicho Dios benévolo.

        Así, no resulta extraño que la religión cristiana se convirtiera rápidamente en la más preocupada (aunque no la única) en tratar de resolver dicha paradoja. La negación de la bondad de Dios ataca en su misma base el dogma cristiano y, desde un punto de vista estrictamente racional, su sistema de creencias no se sostendría.

        Ahora bien, ¿a qué nos referimos con “el mal”? Para entendernos, hablamos de “mal” como de cualquier acontecimiento que haga sufrir al ser humano, ya sea un mal intencionado causado por otros seres humanos o por entes maléficos, ya sea un mal no intencionado mero producto de accidentes naturales, enfermedades, etc.

        Es importante hacer notar que en nuestro razonamiento, “mal” no equivale a “pecado”, aunque en las contestaciones religiosos a menudo aparezcan ambos conceptos íntimamente ligados, incluso llegando a confundirse.

        La Paradoja de Epicuro es, pues, uno de los problemas filosóficos más importantes con los que se han enfrentado muchas de las principales religiones. Como ya hemos visto, desde Mesopotamia y el Imperio Romano hasta hoy día, uno de los mayores objetivos de la teodicea ha sido demostrar al no creyente que existen buenos motivos para explicar cómo pueden compatibilizarse la existencia del mal con la de ese Dios protector y bienintencionado.

        De todos esos intentos, hay algunos más interesantes que otros, por descontado. Han abundado las respuestas dogmáticas, esto es: aquellas que requieren que creamos de antemano en algún dogma religioso concreto (por ejemplo, la existencia del pecado original) para que podamos darlas por respuestas satisfactorias.

        Este tipo de respuestas dogmáticas están más dirigidas a reafirmar lo que los seguidores de una religión ya creen, y no tanto a afrontar honesta y analíticamente la cuestión. Sin embargo, ha habido otros pensadores —incluso dentro de las propias corrientes religiosas— que realmente han intentado presentar una respuesta razonable que pueda ser aceptada por quienes no comparten sus dogmas. Sin embargo, estos esfuerzos han sido vanos.

        Se considera que la paradoja de Epicuro permanece sin resolver porque incluso bajo las mejores intenciones sucede también que las respuestas presentadas terminan en un círculo vicioso donde no se las puede dar por buenas sin asumir antes algún dogma religioso como cierto. Pero vayamos con un repaso de algunas de las principales respuestas a la paradoja.

        • Las primeras respuestas mitológicas a la Paradoja de Epicuro

        “El padre celestial hace que el sol salga sobre los malvados y sobre los buenos, envía lluvia a los justos y a los injustos” (Jesús, en el Evangelio)

        Las religiones cuyos sistemas de creencias se han visto afectados por el problema del mal, generalmente se han preocupado por hallar en primer lugar una contestación que tranquilice y satisfaga a sus fieles. Sin embargo, estas respuestas “de emergencia” solían ser de naturaleza mitológica y no resultaban nada convincentes para quienes eran ajenos a la doctrina de esa misma religión.

        En este sentido, algunas de las respuestas más antiguas tendían a intentar “descargar” a Dios de cualquier responsabilidad directa sobre la existencia del mal. Así, para evitar en el creyente la desazón de pensar que Dios —como origen de todo— es también el origen del mal, achacaban el mal a una causa externa a ese Dios.

        Así, surgen los agentes maléficos que actúan como contrapoder o reverso de la bondad divina, como por ejemplo la figura de Satanás. Sin embargo, esta visión mitológica no resuelve la paradoja, porque sigue estando presente la pregunta: “si Dios no originó el mal pero el mal sigue existiendo por causa de un ente maléfico, ¿por qué no erradica Dios a dicho ente maléfico?”. Muerto el perro, se acabó la rabia.

        La reencarnación justifica la existencia del mal mediante el mito del karma.
        La reencarnación justifica la existencia del mal mediante el mito del karma.

        Naturalmente, este tipo de justificación mitológica de la bondad de Dios flojeaba ante un mínimo examen, así que tarde o temprano se planteaban otro tipo de explicaciones también de índole mitológica, pero más elaboradas.

        Por ejemplo, aquellas que se centraban en conceptos como el equilibrio o la compensación: quien sufría males en esta vida terrenal sería compensado por ello en una futura existencia celestial.

        O, en aquellas tradiciones donde se contempla la posibilidad de la reencarnación, aparecía el concepto de karma: los males de la vida actual son originados por las malas acciones en vidas anteriores, pero las buenas acciones actuales serán compensadas con una vida futura repleta de felicidad.

        Estas explicaciones recurren de nuevo a la mitología: para darlas por válidas hay que creer de antemano en una vida más allá de la muerte física, porque será allí donde se manifestará finalmente la bondad de Dios o el equilibrio del karma. A quien no crea en un Más Allá, este argumento le resultará inútil como supuesta refutación de la paradoja epicúrea.

        Pero hay más: esta explicación basada en la compensación no solamente resultaba insuficiente para los ateos o agnósticos, sino que se antojaba poco satisfactoria incluso a ojos de algunos pensadores religiosos. El principal problema que presenta es la aparente desconexión entre los actos de la vida terrenal y sus consecuencias en esta misma vida física, antes de que sean compensados en el Más Allá.

        Es decir: si antes de la muerte no existe una correspondencia directa entre la naturaleza moral de un individuo y la magnitud de los males que le afligen durante la vida terrenal (como bien se quejaba Job en la Biblia), eso demuestra que Dios ha decidido no intervenir en el mundo físico ni con castigos ni con recompensas.

        O sea, justo lo que Epicuro afirmaba. Esto choca de frente con el núcleo de diversas religiones, pero muy particularmente con el de la religión cristiana, desarrollada en torno al mito central de una intervención directa de Dios en la vida terrenal: el nacimiento sobrenatural de Jesús.

        • El mal como consecuencia del pecado

        “Todos somos impuros y estamos infectados por el pecado” (Libro de Isaías, la Biblia)

        La falta de contingencia entre los actos de un hombre y los premios o castigos que sufre en la vida terrenal precisaba de una explicación más concreta que la simple atribución de recompensas ultramundanas. Toda religión que asuma como necesaria en su dogma una intervención divina en el mundo físico, como sucede con la cristiana (o musulmana, etc.) ha de encontrarle una respuesta a esa falta de contingencia.

        Quizá la principal es la resumida por San Agustín de Hipona: Dios —en su infinita bondad— creó un mundo repleto de bien, porque en su perfección no podía generar mal alguno. Pero el ser humano eligió darle la espalda a Dios y apartarse del bien, lo cual es el origen de todas sus aflicciones. La visión de Agustín es consistente con la noción de “pecado original”: cuando el hombre renuncia al bien absoluto, se produce como consecuencia la aparición del mal.

        Sin embargo, esta idea también requería una mayor elaboración, porque planteada así también resultaba insatisfactoria. Por ejemplo: si se produce un terremoto y Dios no lo evita porque el hombre le ha dado la espalda, ¿es que Dios creó un mundo que está repleto de peligros salvo que él decida intervenir directamente para salvaguardar al hombre de ellos? Esto volvería a poner la responsabilidad directa de la existencia del mal sobre los hombros divinos.

        San Agustín defendía que el mal no existe, sino como mera ausencia del bien.
        San Agustín defendía que el mal no existe, sino como mera ausencia del bien.

        Otro problema de la relación entre pecado y aparición del mal es la consideración de cuáles son los actos que Dios considera como “darle la espalda”.

        ¿Qué es lo que necesita Dios para que el hombre le demuestre que no le ha dado la espalda?

        ¿Requiere Dios obediencia ciega, o se conforma con que el hombre realice únicamente actos buenos?

        Y de ser así, ¿con qué criterio decide Dios qué actos son buenos o cuáles son malos?

        Es decir, si el mal existe como consecuencia del pecado, ¿estamos seguros de que la religión acierta a la hora de dictaminar qué es un pecado?

        Estas preguntas también son antiguas. Ya Platón las planteaba en su obra Eutifrón, donde se cuestiona si Dios premia los actos morales porque son intrínsecamente buenos, o si consideramos un acto moral como bueno únicamente en el caso de que sea exactamente lo que Dios desea que hagamos.

        Recordemos el relato bíblico en que Abraham está dispuesto a sacrificar la vida de su hijo Isaac porque Jehová así se lo pide: en la mente de Abraham, el asesinato de su propio hijo es moralmente aceptable dado que responde a la voluntad divina.

        Un acto aparentemente inmoral se convierte en bueno a ojos del creyente porque implica obediencia ciega a Dios. Pero Platón, entre otros, afirma que semejante moralidad basada en el deseo divino es una moralidad arbitraria y por tanto no se puede considerar como una moralidad verdadera.

        Según el filósofo griego, un acto moral, para ser considerado como tal, ha de ser intrínsecamente bueno. Es el hombre quien debe juzgar la bondad de ese acto. Si un acto es bueno per se, el hombre debe hacerlo más allá de que a Dios le parezca bien o no. Un concepto retomado entre otros por Kant en sus “imperativos categóricos”.

        Esto, naturalmente, desvincularía a Dios de los conceptos de bien y moralidad. Volveríamos al punto expresado por Epicuro: conviene vivir haciendo como que Dios no existe.

        • La inexistencia del mal

        “El bien puede existir sin el mal, pero el mal no puede existir sin el bien” (Santo Tomás de Aquino)

        En la citada idea del pecado original se requería del no creyente un imposible esfuerzo de permisividad intelectual, como lo es admitir la relación entre la desviación moral del hombre y la existencia de males como los terremotos. No existe ninguna relación aparente ente ambos, excepto en las mitologías, así que para el no creyente —o para el creyente intelectualmente más exigente— se precisa otro mecanismo de relación entre Dios y el mal, dado que parecería que Dios es vengativo y permite que el hombre sufra en el entorno hostil de la vida terrena.

        Los apologistas cristianos, en su mayor parte defensores de la idea del pecado original, no ignoraban esta traba argumental que parecía conducir a la idea de un Dios indiferente o incluso malévolo. El propio San Agustín daba los indicios para una nueva consideración del mal, retomada más tarde por Tomás De Aquino: el mal en sí mismo no existe. Se trata únicamente de la ausencia del bien. Al igual que la oscuridad es la ausencia de luz, pero la oscuridad no existe por sí misma.

        El mal no es un agente activo presente en la Creación: cualquier mal (enfermedad, guerra, ignorancia) significa únicamente la ausencia de un bien (salud, paz, sabiduría). El bien sería el único agente activo en el universo, siendo el mal un resultado de la ausencia de bien, pero no un agente activo que lo contrarreste.

        Adi Shankara afirmaba que el mal no existe, que es una percepción errónea del ser humano.
        Adi Shankara afirmaba que el mal no existe, que es una percepción errónea del ser humano.

        Naturalmente, esto plantea nuevos problemas.

        Por un lado, Dios habría creado un mundo que, en ausencia de su intervención directa, está repleto de causas de padecimiento para el hombre.

        Es decir, en la creación de Dios resulta posible la ausencia del bien.

        El mundo sería pues una creación imperfecta, contradiciendo la idea de la bondad absoluta de Dios.

        Si Dios es perfecto, lo cual incluiría una perfecta bondad, no puede crear un universo imperfecto.

        Pero todavía más grave: el mal aflige a la humanidad de manera arbitraria.

        Un terremoto afecta por igual a pecadores e inocentes, a adultos y a niños, a malvados y a santos.

        Si el pecado hace que Dios le retire su benévolo apoyo a la humanidad, son todos los hombres los afectados sin importar la naturaleza moral de cada uno de ellos.

        Dios no solamente habría creado un universo imperfecto, sino un universo injusto. Así pues, Dios sería el autor de la imperfección y la injusticia.

        Hay otras concepciones en torno a la inexistencia del mal. En algunas religiones orientales, como el hinduismo, existe un concepto distinto: el mal sería una ilusión. El hombre percibe como mal lo que no lo es, empeñándose en que el sufrimiento es algo real cuando no lo es.

        Desde este punto de vista, el mal es un simple producto de una percepción errónea, no algo que existe realmente. Así lo manifestaba por ejemplo el pensador indio Adi Shankara, dentro de un esquema de creencias en el que el mundo físico es un fenómeno ilusorio, mientras que lo únicamente verdadero es el Brahman, el dios absoluto (cabe no confundirlo con la divinidad creadora Brahma).

        • El mal como resultado del libre albedrío

        “Algunos ascienden mediante el pecado, otros caen a causa de la virtud” (William Shakespeare)

        Decíamos que el pensamiento cristiano de San Agustín y otros propone que ha sido el hombre quien ha renunciado voluntariamente al bien, por causa del pecado original. Pero Dios ha creado al hombre sabiendo que el hombre iba a desviarse del bien, así que Dios sigue siendo el responsable último del mal. Ha de existir una buena razón por la que Dios permita que suceda esto y aun así se lo pueda considerar benévolo.

        Los apologistas propusieron entonces el concepto del libre albedrío. Dios ama tanto al hombre que le concede ese albedrío para crearlo a su imagen y semejanza; esto es, libre. Quiere que el hombre pueda elegir si corresponder el amor de Dios o no, y que pueda tomar esa decisión por sí mismo. Según este punto de vista, la libertad del ser humano sería fundamental para Dios.

        La libertad sería un bien superior. Pero para posibilitar la existencia de un bien mayor —la libertad—, Dios ha de permitir la posibilidad de que surja el mal como resultado de las malas elecciones del hombre libre. Así se justificaría que un Dios benévolo permita la existencia del mal como requisito para garantizar un bien superior, la libertad humana.

        Sin embargo, ¿qué ocurre con aquellos que sufren males aun antes de poder elegir? El padecimiento de los inocentes es una de las principales objeciones que un pensador podía plantear. Un niño, por ejemplo, no debería sufrir mal alguno hasta que no esté en condición de decidir si quiere amar a Dios o no.

        Cuando todavía es pequeño no dispone de esa capacidad de elección y por lo tanto no es libre. Que el mal le afecte como consecuencia de la libertad de otros hombres es injusto. Y aunque la idea de libre albedrío parezca implicar que el hombre religioso lo es o no lo es como resultado de su elección individual —como sostenía por ejemplo Kierkegaard—, el concepto de pecado original desindividualiza las consecuencias de ese libre albedrío.

        Así, una vez más se manifiesta una falta de correlación entre los actos de un ser humano y las consecuencias que experimenta. La noción de “pecado original” —o de karma— para justificar la generalización del mal a todos los seres humanos no constituye una respuesta satisfactoria más allá de las fronteras dogmáticas de una religión. A quien no cree en las justificaciones mitológicas proporcionadas por esa religión, esta explicación tampoco le sirve.

        Entre otras cosas porque no responde a las nociones de justicia, proporcionalidad y contingencia de los castigos y recompensas que uno esperaría de un Dios bondadoso y por lo tanto, justo. Los apologistas más rígidos pueden llevar el argumento a un extremo, afirmando que el hombre no tiene la capacidad para comprender los planes de Dios… pero esto tampoco puede ser tomado como una justificación seria a menos que se comulgue de antemano con la noción de que Dios es intelectualmente inaprehensible.

        Pelagio puso de manifiesto la contradicción entre pecado original y libre albedrío. Fue acusado de herejía.
        Pelagio puso de manifiesto la contradicción entre pecado original y libre albedrío. Fue acusado de herejía.

        De hecho, la explicación del pecado original no ha satisfecho ni siquiera a todos los pensadores cristianos.

        Hacia el siglo V d.C., el erudito eclesiástico Pelagio negó el concepto de pecado original, el dogma de que todo ser humano esté condenado al pecado.

        Si el hombre dispone de libre albedrío, decía Pelagio, bien podría suceder que opte siempre por el bien.

        Esto es, existe la posibilidad teórica de que un hombre —al ser completamente libre— pueda estar por completo limpio de pecado.

        Si el hombre no puede evitar pecar, entonces no es verdaderamente libre y su futuro está ya determinado.

        A esta idea se la conoce como pelagianismo, pero fue duramente atacada por las corrientes imperantes del cristianismo y ha sido considerado como una herejía tanto en el ámbito católico como protestante.

        Sin embargo, la crítica de Pelagio al cristianismo agustiniano no carece de lógica. Efectivamente pone de manifiesto una contradicción básica entre pecado original y libre albedrío.

        Este enfrentamiento resulta históricamente interesante porque Pelagio acusó a San Agustín —cristiano converso tardíamente—  de contaminar el cristianismo con ideas tomadas de su antigua religión, el maniqueísmo.

        Sin embargo, fue la idea agustiniana de predestinación la que imperó. Y no únicamente en la ortodoxia católica; por ejemplo tanto Martín Lutero como Calvino la adoptaron fervientemente en épocas posteriores.

        • La necesidad de que exista el mal para entender el bien

          “El objetivo de la sabiduría debe ser el poder distinguir el bien del mal” (Cicerón)

        “La pregunta de por qué existe el mal es la misma pregunta de por qué existe la imperfección. Pero esta es la verdadera pregunta que deberíamos hacernos: ¿es la imperfección la verdad final, es el mal algo absoluto y definitivo?” (Rabindranath Tagore)

        Las respuestas a la Paradoja de Epicuro que hemos ido describiendo han ido progresando desde una negación de que Dios hubiese creado el mal, hasta la asunción de un paso importante por parte de los apologistas cristianos: admitir —les gustase o no— que Dios permite activamente la existencia del mal en el mundo.

        Negar esta evidencia resultaría absurdo, pero para seguir manteniendo la creencia de que Dios es bondadoso, que interviene en el mundo físico y que sin embargo permite el mal, habría que encontrar un motivo que explicase esa extraña permisividad.

        Incluso tan pronto como el siglo II, un apologista tan rígido como Ireneo de Lión planteó esta cuestión, reconociendo que efectivamente Dios ha creado un mundo con el mal dentro de él. Pero Ireneo propuso una explicación: Dios permite el mal porque el sufrimiento es un requerimiento para el crecimiento espiritual del hombre.

        Muchas grandes virtudes no son posibles sino como reacciones ante el sufrimiento: si no hay dolor, no hay abnegación; si no hay miedo, no hay valentía, etc.

        Si ese crecimiento espiritual conlleva el conocimiento final de lo que es el bien, surge una idea íntimamente relacionada con la argumentación de Ireneo: el mal como necesario opuesto conceptual del bien. Es decir: sin el mal, el hombre no podría comprender el bien. Y si no puede comprender el bien, no lo puede valorar.

        Por ejemplo: para conocer la bondad de Dios, lo cual es un requisito necesario para poder amarlo libremente y por elección propia, el hombre necesitará elementos de comparación entre lo bueno y lo malo. Y si no existiera lo malo, el hombre no podría distinguir lo bueno. Así pues, Dios ha de permitir el mal.

        Por otra parte, al menos dentro del cristianismo, el concepto de libre albedrío tampoco explica satisfactoriamente el por qué un ser humano ha de atravesar un duro aprendizaje cuando Dios bien podría otorgarle ese crecimiento espiritual de manera automática y ahorrarle así los sufrimientos del camino.

        ¿No podrá Dios hacer al hombre, además de libre, sabio? Por otra parte, Dios ha alcanzado la sabiduría y la perfecta virtud sin sufrir, mientras que el hombre se ve condenado a una existencia dura y difícil para conseguirlo.

        Es este un punto interesante, ya que el cristianismo surge en cierto modo como intento de justificación de esta desigualdad entre Dios y el hombre. Dios no sufre para alcanzar el conocimiento, pero el hombre sí. El cristianismo responde a esto mediante su mito fundamental: el de la encarnación de la esencia divina en hombre, el nacimiento sobrenatural de Jesús. Así, el propio Dios habría descendido a la tierra para experimentar en sus carnes los sinsabores de la existencia humana.

        De este modo, el hombre ya no puede recriminarle a Dios que le haga sufrir para crecer espiritualmente, ya que el mismísimo Dios ha padecido idéntico proceso vital. Naturalmente, esta mitología en torno al sacrificio voluntario de Dios/Cristo ni siquiera es un argumento racional, sino que apela más bien a la emoción del creyente. Para el no cristiano es una simple fábula. Con todo, la idea del sacrificio de Dios constituye un giro original respecto a otras grandes religiones.

        Para Leibniz, vivimos en "el mejor de los mundos posibles".
        Para Leibniz, vivimos en «el mejor de los mundos posibles».

        Aun así, el papel concreto del sufrimiento dentro del esquema de pensamiento cristiano no está claro.

        Por ejemplo, Hume decía que la felicidad humana no sería el objetivo último de la creación, puesto que da la impresión de que Dios pone trabas a esa felicidad, y utilizaba ese argumento para dudar de la existencia de Dios.

        En un sentido contrario se manifestó Leibniz con una famosa idea: el nuestro es “el mejor de los mundos posibles”, y Dios no podría haber creado un mundo en el que existiese un bien supremo sin los males que posibilitan ese bien supremo.

        Pero aún existe otro importantísimo inconveniente a la hora de considerar el mal como necesario para la consecución de un bien superior: si el mal es necesario, entonces el ser humano no debería esforzarse en evitarlo.

        Es decir: un hombre puede decidir hacer el mal, pecar.

        Pero si decide pecar podría estar, en el fondo, actuando de acuerdo al plan divino de permitir el mal para facilitar un bien superior.

        Entonces, ¿cómo sabemos si el hombre, cuando peca, actúa a favor o en contra de los designios de Dios? Si los deseos de Dios son inescrutables, entonces no hay motivo alguno para que una religión dicte qué es lo que está bien o qué es lo que está mal.

        Habría que dejar que los hombres actúen sin ataduras morales religiosas, e incluso que hagan el mal, puesto que se supone que existiría algún tipo de plan divino detrás de ese mal. Así, una religión que impusiera normas morales podría estar cometiendo el único pecado posible: querer suplantar los misteriosos designios de su Dios con sus propios dictados doctrinales.

        Esta es una consecuencia filosófica imprevista de la consideración del mal como necesario: cualquier moralidad sostenida por la creencia religiosa se viene abajo inmediatamente. Una vez más, llegaríamos a la misma conclusión que Epicuro: el hombre ha de vivir de acuerdo a una moralidad creada sin tener en cuenta un posible Dios.

        • Conclusión

        “Preferir el mal al bien no está en la naturaleza humana, y cuando un hombre es obligado a elegir entre dos males, nadie elegirá el mayor cuando puede tener el menor” (Platón)

        Hemos repasado algunas de las principales objeciones —sobre todo procedentes del cristianismo— al argumento del mal, y como vemos ninguna de ellas ha supuesto una refutación satisfactoria. Existen sin embargo otras respuestas religiosas al problema, aunque ya son incompatibles con el cristianismo: el considerar que Dios sí existe, pero que se muestra indiferente hacia el hombre.

        En cualquier caso, casi todas las respuestas que han surgido a la Paradoja de Epicuro podrían ser agrupadas así, bajo alguna de estas opciones explicativas generales:

        —El mal forma parte del plan divino y resulta necesario para un bien superior.
        —El mal no forma parte del plan divino, pero es producto del libre albedrío del ser humano.
        —El mal es inexistente o ilusorio.
        —Dios existe, pero no es bondadoso.
        —La paradoja no puede ser resuelta porque el hombre es incapaz de comprender a Dios.

        La discusión de la Paradoja de Epicuro ha supuesto siglos y siglos de elaboraciones intelectuales de todo tipo. Por el momento sigue vigente y no se ha logrado ninguna refutación; por no haber, no hay siquiera una respuesta unificada dentro del propio cristianismo, que actualmente sigue siendo la religión más ocupada en intentar disipar el problema.

        Las consideraciones acerca de la relación entre la bondad de Dios y la existencia del mal han producido un entramado teológico tan complejo (aquí apenas hemos arañado la superficie) que los apologistas cristianos han llegado a contradecirse abiertamente, no ya en nimios detalles, sino en los fundamentos mismos de sus respectivas posturas.

        Quizá el problema es que la postura de la religión al respecto —en el nivel de sus máximos pensadores, no del creyente de a pie— ha evolucionado mucho menos de lo que ha hecho respecto a otros asuntos. En otras religiones se le concede menos importancia, al menos en términos relativos, porque no dependen tanto de la idea de un sacrificio divino motivado por el amor absoluto al ser humano.

        El cristianismo, sin embargo, no ha dejado de darle vueltas. Lo cual, hemos de decir, ha producido una literatura interesante.

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        Bacterias extremófilas: las habitantes de la Antártica que pueden mejorarnos la vida…


        Desafía(L.Barrientos) — El blanco y gélido paisaje, cubierto en un 98 por ciento de hielo, donde apenas llueve —solo 160 milímetros al año en promedio, menos de la mitad que en Santiago— y la temperatura media, en la Base Presidente Eduardo Frei Montalva, es de -2,3 grados, da para pensar de que allí no hay vida posible. Pero en la Antártica habitan seres increíbles, muchos de ellos aún desconocidos.

        No se trata de criaturas mitológicas sino más bien microscópicas, pequeños organismos reales, que no vienen de la ciencia ficción, a pesar de que sus características sí pueden considerarse como fantásticas.

        Son bacterias llamadas extremófilas, pues evolucionaron para vivir en las condiciones más extremas que ofrece el planeta. Como las de la Antártica, donde casi no hay agua, en el verano existe exceso de luz —y en el invierno de oscuridad— y la temperatura solo sube sobre cero durante un par de meses. Increíblemente, hay microorganismos capaces de sobrevivir y reproducirse en esta adversidad.

        Lo hacen, algunos, alrededor de las raíces de las pocas plantas que crecen en este continente. Una de ellas es la Deschampsia antarctica, también conocida como pasto antártico, una particular especie que crece en las rocas costeras de este continente. Mi tesis doctoral fue investigar qué tipo de bacterias se asocian con las raíces de la Deschampsia y qué funciones cumple en su desarrollo. Lo que encontré fue tan impresionante como los paisajes del polo sur.

        En el hielo antártico, entre otras, existe una clase de actinobacteria que, a cambio de vivir en sus raíces, solubilizan el fosfato del suelo, nutriente esencial para los vegetales pero muy escaso, ayudando a la Deschampsia a promover su crecimiento. También produce hormonas que ayudan a potenciar el desarrollo de la planta.

        Como las condiciones climáticas y geológicas allí son tan estresantes, estas bacterias maximizan los escasos recursos disponibles. Además, para proteger a la planta y a sí misma de otros microorganismos, generan unos metabolitos que tienen capacidades antibióticas y antifúngicas, cuidando de la infección de bacterias y hongos patógenos.

        Descubren en la Antártida bacterias 'hiperresistentes' a antibióticos

        Son cualidades extraordinarias, poco vistas en hábitats templados, y que convierten a estas bacterias extremófilas en interesantes alternativas para varios de los desafíos que tenemos como humanidad.

        Uno de ellos es la crisis climática, que con sus altas temperaturas y largas sequías ha vuelto más compleja la producción agrícola. 

        La degradación del suelo y la escasez de terrenos para cultivar también exigen mejorar la eficiencia de los campos, y ahí estos microorganismos antárticos pueden ser muy útiles.

        Más orgánicos que los fertilizantes y menos contaminantes que los pesticidas, son capaces de cumplir esta doble función sin impactar el medioambiente ni la salud humana.

        Nuestras pruebas de laboratorio confirman que estas bacterias extremófilas, al inocularse en las raíces de ciertas plantas, aumentan la velocidad de su crecimiento y también su vigorosidad. Su alta resiliencia a condiciones casi imposibles, como la falta de agua o de nutrientes, las vuelve perfectas para este difícil escenario de cambio climático.   

        Otro de los desafíos para el cual estas pequeñas maravillas nos pueden entregar soluciones es el silencioso pero inmenso problema de la resistencia a los antibióticos. Muchas bacterias patógenas, ante el uso masivo de antibióticos, han logrado evolucionar y desarrollar una farmacorresistencia, cualidad que les permite sobrevivir a los medicamentos, haciendo más largos, difíciles y costosos los tratamientos. Según la Organización Mundial de la Salud, esto provoca cada año alrededor de 1,27 millones de muertes en todo el mundo, más que la tuberculosis, el VIH y la malaria juntas.  

        Hoy existen cientos de grupos de investigación en todo el mundo tratando de encontrar nuevos antibióticos que afecten a las bacterias de otra manera y evitar, así, que se hagan resistentes a ellos. En estas bacterias antárticas, como las del género Streptomyces, podríamos encontrar alguna respuesta, pues la capacidad antibiótica de sus metabolitos permite inhibir la proliferación de microorganismos patógenos, lo que sería muy útil para prevenir infecciones en hospitales o industrias alimentarias.

        Yo siempre he dicho que con las bacterias uno solo tiene que echar a andar la imaginación: porque lo que se te ocurra, alguna bacteria lo podrá hacer. Según lo que pretendas, todas las bacterias son maravillosas: solo falta buscar y descubrir para qué nos puede servir. Solo nos faltan manos y recursos, porque en la ciencia, actualmente, las ideas son demasiadas. Tantas como las virtudes de las bacterias antárticas.

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        La importante razón para llamar Galileo al GPS…


        La importante razón para llamar Galileo al GPS

        The Conversation(E.Villaver) — Cuatro mil millones de usuarios de teléfonos inteligentes en todo el mundo utilizamos el sistema Galileo para determinar nuestra posición. Sin embargo, nos resistimos a llamarle por su nombre y seguimos utilizando erróneamente el término GPS.

        El origen del error es sencillo de trazar. GPS llevaba años proporcionando posiciones cuando nació Galileo en 2016, y se ha quedado en los ciudadanos como nombre genérico. Pero Galileo tiene prestigio suficiente para ser protagonista.

        – Bajo control civil

        Los sistemas de posicionamiento se utilizan en todas las formas de transporte: desde las más complejas, como la estación espacial, a las más sencillas, como los trayectos a pie, pasando por la aviación y el transporte marítimo, ferroviario o por carretera.

        Estos sistemas de posicionamiento también son fundamentales en el dominio militar de las comunicaciones y, en la letra pequeña, en el guiado de misiles o vehículos autónomos.

        El sistema de posicionamiento por satélite Galileo, cuatro veces más preciso que el GPS, es propiedad de la Unión Europea y, a diferencia de otros sistemas de navegación global por satélite, está bajo control civil.

        – El control de EE UU, China y Rusia

        Galileo nació en 2016 como respuesta a la inquietud manifestada por un grupo de estados de la Unión Europea ante la dependencia de los sistemas GPS (de origen estadounidense) y GLONASS (de origen ruso). GPS son las siglas en inglés de Sistema de Posicionamiento Global (Global Positioning System o GPS). Fue desarrollado, instalado y utilizado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, propiedad de la Fuerza Espacial de los Estados Unidos.

        GLONAS son las siglas de Global’naya Navigatsionnaya Sputnikovaya Sistema, una alternativa al GPS creada por la Unión Soviética, propiedad de la Federación Rusa. Y a la lista de sistemas de posicionamiento hay que añadir China, con BeiDou, que significa “Osa Mayor” en chino, y es el sistema global de navegación por satélite alternativo al GPS del gigante asiático.

        Galileo, el GPS bajo control civil y financiado por Europa que  democratizará la navegación en el mundo

        – La independencia de Europa y Galileo

        Galileo es el único sistema de posicionamiento global en manos civiles. Se ha financiado y desarrollado entre la Unión Europea y la Agencia Espacial Europea (ESA) y es explotado por la Agencia de la Unión Europea para el Programa Espacio (EUSPA).

        La independencia garantiza protección ante amenazas clásicas como interferencias, perturbación, engaño y nuevas amenazas contempladas en el “Concepto de Ciberdefensa”.

        Si EE UU apagara su GPS, Europa se quedaría sin guía de navegación si no existiera Galileo. Así que nadie pone en duda, a día de hoy, la necesidad de asegurar la independencia europea con un sistema como Galileo, donde una constelación de 28 satélites que orbitan alrededor de la Tierra a una distancia aproximada de 23 000 km envía continuamente señales de radio que un receptor, por ejemplo su teléfono, recoge.

        Pero, para que Galileo se extienda en Europa y, en concreto, en España, los ciudadanos también tienen que adoptarlo como sistema de navegación preferencial. Además de saber que lo que están usando es Galileo.

        – Por qué elegir Galileo

        Para hacer a Galileo competitivo, la UE ha apostado por desarrollar el sistema de posicionamiento más preciso del mundo.

        Galileo proporciona señales de tiempo y frecuencia extraordinariamente precisas, fundamentales para la sincronización de infraestructuras críticas en telecomunicaciones y con aplicaciones en topografía, agricultura de precisión, minería, finanzas, control de las redes informáticas, tráfico aéreo, redes eléctricas e incluso investigación científica.

        Además, Galileo desarrolla una serie de servicios diferenciales que le hacen destacar frente al resto de competidores, por ejemplo, el servicio de alta precisión o el servicio de búsqueda y rescate, que permite localizar naves o aeronaves en situaciones de emergencia. Por si fuera poco, mediante un servicio de alertas geolocalizadas, Galileo puede avisar de catástrofes a las personas que se encuentren en las inmediaciones de la zona afectada.

        – Triangulando posiciones

        CPA Galileo | Servicio PRS de Galileo

        Para entender, a grandes rasgos, cómo funciona recordemos el detalle de que para saber a donde vamos siempre hemos necesitado mirar hacia arriba.

        Los antiguos navegantes se guiaban por la posición de las estrellas.

        Ahora hacemos lo mismo, pero utilizando los satélites como los puntos de referencia que permiten triangular nuestra posición desde cualquier punto del planeta midiendo la distancia a un cierto número de ellos.

        Una de las claves para que funcione el sistema es saber exactamente dónde están los satélites en cada momento.

        El primer truco es que están colocados en órbitas muy estables que son monitoreadas de manera continua por estaciones terrestres para asegurarse de que están donde creemos que están.

        Se registran los pequeños cambios de órbita y la posición corregida se transmite junto con las señales temporales que proporcionan relojes atómicos a bordo.

        Cada satélite está identificado en la señal que emite y el siguiente paso para saber donde están es medir la distancia a ellos desde nuestra posición.

        – 20 centímetros de precisión

        La distancia se determina midiendo el tiempo que tarda la señal de radio emitida en alcanzar nuestro receptor (el teléfono, por ejemplo) porque conocemos la velocidad a la que se mueve (la velocidad de la luz).

        Como la luz viaja muy rápido son necesarios relojes atómicos a bordo de los satélites y correcciones relativistas. Entonces solo queda que el receptor (por ejemplo, nuestros móviles o reloj) reciba la señal de un mínimo de cuatro satélites para poder ubicarnos con una precisión de un metro.

        Esta precisión, que es el estándar de Galileo, es suficiente para la mayoría de las aplicaciones. Pero es posible mejorarla a 20 centímetros (con el servicio de alta precisión HAS) para un sinfín de aplicaciones como agricultura de precisión, coches autónomos o drones. Con información adicional, incluso se puede reducir a dos o tres centímetros.

        – Instalaciones en España

        Galileo es mucho más que satélites en el espacio. Para que funcione son necesarias instalaciones en tierra, el llamado segmento terrestre. España, en concreto, cuenta con dos de las instalaciones fundamentales para la prestación de los servicios de Galileo: el GNSS Service Centre (GSC) y el Galileo Security Monitoring Centre (GSMC) están ubicados en Madrid, en las instalaciones del INTA en Torrejón de Ardoz y en La Marañosa.

        Estas instalaciones desempeñan un papel crucial en el funcionamiento y la supervisión del rendimiento del sistema Galileo haciendo de nexo de unión entre el sistema y los usuarios de los distintos servicios y garantizando la seguridad de las operaciones y de los servicios.

        Son buenas razones para dejar de llamarlo GPS: Galileo es lo correcto, es europeo y lo tenemos más cerca.

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        ¿Cómo se diagnostica la ansiedad?…


        La mente es maravillosa(L.R.Mitjana) — La ansiedad es un síntoma muy frecuente en la población (también los trastornos de ansiedad).

        Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 5 y el 10 % de la población mundial sufre ansiedad, y es más frecuente entre mujeres.

        Ahora bien, ¿Cómo se lleva a cabo el diagnóstico de la ansiedad?

        Se hace principalmente a través de su clínica, es decir, de los síntomas que manifiesta el paciente.

        Recordemos que la ansiedad va más allá de sentir estrés o nervios; incluye una serie de síntomas fisiológicos, psicológicos y conductuales.

        La entrevista clínica es una herramienta clave para diagnosticarla, aunque existen también test para la ansiedad que pueden ir bien como fuentes de información complementarios. En este artículo, nos centraremos en la evaluación de la ansiedad en general, aunque los trastornos de ansiedad también siguen una evaluación similar (entrevista clínica, observación, test…).

        – El diagnóstico de la ansiedad

        El diagnóstico de la ansiedad se realiza en base a una evaluación clínica por parte de un profesional para ello, pudiendo ser el médico de cabecera (o de familia), el médico psiquiatra o el psicólogo. En caso de requerir medicación, esta deberá ser prescrita por un profesional médico colegiado (médico de cabecera o psiquiatra).

        Dado que en la ansiedad los síntomas y signos suelen ser bastante característicos, en muchos casos no se requiere realizar ninguna otra prueba diagnóstica más allá de la evaluación clínica (observación y entrevista clínica).

        . Entrevista diagnóstica

        La entrevista clínica es una herramienta de evaluación que nos permite obtener datos significativos y aclaratorios que nos permitan realizar un diagnóstico psicológico clínico (o neuropsicológico). Nos permite recabar información del paciente y definir el tipo de tratamiento que este necesitará.

        También nos ayuda a tomar decisiones y a realizar los juicios clínicos oportunos. La entrevista diagnóstica puede ser de diferentes tipos: estructurada, semiestructurada o libre.

        . Preguntas de ejemplo

        Está formada por una serie de preguntas, abiertas y cerradas, que deberán realizarse al paciente a fin de recabar información útil para su diagnóstico. En el caso concreto de la ansiedad, para evaluarla se formularán preguntas del tipo:

        • ¿Qué sientes cuando dices que sufres ansiedad? ¿Cómo se traduce la ansiedad en tu organismo?
        • ¿Con qué frecuencia experimentas ansiedad en tu día a día? ¿Cuánto hace que sufres ansiedad?
        • ¿Cuál fue la primera vez que experimentaste ansiedad? ¿Cuál fue el antecedente?
        • ¿Qué antecedentes ocurren cuando experimentas ansiedad, en la actualidad? ¿Podrías identificarlos?

        Estas son solo algunas preguntas de ejemplo, pero cada profesional podrá realizar su propia entrevista clínica.

        . Síntomas a evaluar

        Por otro lado, también se deberá recabar información en cuanto a la sintomatología física de la ansiedad, evaluando la presencia o no de síntomas como los siguientes:

        • Palpitaciones.
        • Sudoración.
        • Presión o dolor en el pecho.
        • Inquietud interna o tensión.
        • Dolores musculares.
        • Vértigos.
        • Mareos.
        • Náuseas.
        • Vómitos.
        • Etc.

        También se evaluarán los síntomas psicológicos de la ansiedad: presencia o ausencia de pensamientos de muerte (y grado de los mismos), despersonalización, creencias de volverse loco o perder el control, pensamientos negativos anticipatorios (de futuro), interferencia de la ansiedad en la vida diaria, etc.

        Ansiedad: ¿cómo se diagnostica? | Top Doctors

        . Test psicológicos para evaluar la ansiedad

        Para el diagnóstico de la ansiedad, se pueden emplear también diferentes test que evalúan la ansiedad, a fin de determinar la existencia de esta (así como de un trastorno de ansiedad) y su nivel o grado. 

        Existen diferentes test psicológicos para evaluar la ansiedad, como por ejemplo:

        • STAI: evalúa la ansiedad rasgo (como algo estable, de personalidad) y la ansiedad estado (en un momento puntual).
        • Escala de Hamilton para la ansiedad: valora la intensidad de la ansiedad; está formada por 14 ítems.
        • Inventario de ansiedad de Beck: evalúa la sintomatología ansiosa, a nivel somático, y también la ansiedad en cuadros depresivos.

        En niños se puede utilizar, por ejemplo, la Escala de ansiedad manifiesta en niños (CMASR-2), un instrumento de autoinforme formado por 49 ítems que evalúan el grado y la naturaleza de la ansiedad. El niño tan solo deberá responder a preguntas de “Sí” o “No”, y la calificación se realiza de forma simple.

        . Registros

        Los registros pueden ser también útiles para el diagnóstico de la ansiedad. Con registros nos referimos a material que deberá cumplimentar el propio paciente (por ejemplo, tablas en las que registre el momento de ansiedad y su antecedente, qué síntoma en concreto manifiesta, con qué frecuencia, etc.). Normalmente, los registros se proponen como tareas para casa entre sesiones.

        . Pruebas complementarias

        En el caso de que una causa orgánica pueda ser también el origen del cuadro, será conveniente realizar pruebas adicionales como: analíticas, resonancia magnética y una valoración por parte de otros profesionales especialistas. Además, en estos casos es muy importante seguir la evolución del paciente.

        Por otro lado, para los casos más complicado, es muy positivo que el profesional pueda contar con la ayuda de otros profesionales que en un momento dado puedan echarle una mano.

        Además, otras fuentes de información también serán útiles en estos casos (se trate o no de una causa orgánica), por ello será importante contrastar la información (es decir, los síntomas de ansiedad) con familiares y cuidadores del paciente (en caso de tener).

        Entonces, ¿cómo se realiza el diagnóstico de la ansiedad? Principalmente, a través de la observación de los síntomas. Una evaluación que puede hacerse a través de entrevista clínica, test o autoinformes, registros, información aportada por los familiares… Las alternativas son muchas y es el profesional el que tiene que elegir la mejor opción en cada caso.

        Lo importante en estos casos es el cuadro clínico global, ya que una manifestación o síntoma aislado puede conducir a un diagnóstico erróneo, con lo que esto supone a la hora de planificar la intervención.

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        La música como consuelo ante la crisis: himnos felices contra tiempos difíciles…


        La música como consuelo ante la crisis: himnos felices contra tiempos  difíciles

        The conversation(M.P.Carrillo/J.de Lucio) — Si vivió en España durante la pandemia recordará que la reproducción de “Resistiré”, del Dúo Dinámico, fue recurrente durante las semanas del confinamiento. La canción, publicada originalmente en 1988, encajaba con la necesidad social de encontrar un himno positivo al que agarrarse, hasta el punto de que se grabó una reedición de la canción a cargo de 31 artistas.

        Y aunque ahora puede que estemos cansados de la canción, o que nos recuerde momentos complicados, en aquel momento… en cierto sentido nos salvó la vida.

        La búsqueda de himnos felices en tiempos difíciles es algo natural, que se observa tanto en todos los países y en diversos tipos de crisis socioeconómicas. Por ejemplo, en Estados Unidos las canciones positivas llegaron a los puestos más altos de las listas durante crisis económicas.

        En España no fue solo “Resistiré” la que triunfó en 2020. También lo hicieron tres amigos que, aprovechando que el confinamiento les pilló viviendo juntos, montaron una banda con la que sacaron hasta 45 canciones desde su terraza. Todas ellas tenían muy buen rollo y fueron compartidas por miles de personas. Hoy en día, Stay Homas es una banda consolidada con dos discos, otros dos EPs y giras internacionales.

        – La alegría se busca más

        Como hemos anticipado, este fenómeno no es propio de una canción, artista, país o crisis concreta. Tras analizar 46 697 canciones distintas, correspondientes a los rankings semanales de las 200 canciones más escuchadas en Spotify, en 31 países, entre diciembre de 2016 y octubre de 2022, comprobamos que es un fenómeno global.

        El procesamiento del lenguaje natural, dentro del campo de moda que es la ciencia de datos, nos permite analizar el contenido positivo y negativo de las letras. En total se clasifican 23 859 canciones con un mensaje positivo y 13 390 con uno negativo.

        El número de escuchas de estas canciones, tanto optimistas como pesimistas, tiene una trayectoria ascendente hasta 2020, ya que el consumo online de música lleva años en crecimiento. Sin embargo, a partir de la pandemia, el consumo de canciones negativas empieza a bajar, mientras que el de canciones positivas se mantiene, e incluso sigue aumentando.

        Evolución del consumo de música positiva y negativa en el período estudiado.
        Evolución del consumo de música positiva y negativa en el período estudiado. Elaboración propia

        En el trabajo se demuestra que el consumo de música positiva depende de la situación económica y sanitaria. Los resultados son claros y significativos: cuanto peor es la situación, más música alegre escuchamos.

        Los resultados se sostienen con multitud de comprobaciones: el impacto de la covid-19 se ha medido de siete formas distintas; el económico, con desempleo y con inflación. La forma de medir el consumo de música positiva ha incluido la repetición de todo el estudio utilizando datos de YouTube o un análisis musical en lugar de usar el contenido de la letra.

        Las conclusiones obtenidas no dependen tampoco de país, época del año, idioma de la canción o plataforma musical.

        – La cultura nos salvará

        Con esta evidencia podemos entender mejor que la cultura es un elemento fundamental del bienestar y puede tener un impacto significativo en la gestión emocional y de las crisis sociales y económicas. La cultura puede ser una herramienta poderosa para mejorar la resiliencia y felicidad en una sociedad moderna.

        A partir de los resultados podemos derivar varias recomendaciones de política pública. En primer lugar, la música y por extensión la cultura pueden favorecer el bienestar. Sería entonces interesante que desde el sector público se impulsase la posibilidad de que los ciudadanos pudieran cubrir sus necesidades psicológicas accediendo a los productos culturales que mejor se adapten a su situación.

        En segundo lugar, a nivel personal, podríamos pensar que los resultados apoyan los programas de apoyo terapéutico para ayudar a gestionar las emociones que contengan elementos culturales. Sin duda las aplicaciones que recomienden música basada en las emociones y estados de ánimo de los usuarios están dando un paso adelante y pueden ayudar a mejorar su bienestar.

        Finalizamos volviendo al principio. La música es una poderosa herramienta de comunicación. Mientras en España uníamos fuerzas a través de “Resistiré”, en Estados Unidos Gloria Gaynor, autora de “I Will Survive”, lanzaba el #IWillSurviveChallenge, concienciando a la sociedad de la necesidad de lavarse las manos durante la pandemia.

        Así que, recuerde: siempre habrá una banda sonora acompañándonos en cada momento. Para tiempos difíciles, recetaremos canciones felices.

        nuestras charlas nocturnas.


        Qué es el «primer principio», el antiguo método de pensamiento que permite hallar soluciones creativas a los problemas…


        Bombillos con cables enredados

        BBC News Mundo — Todos, en algún momento o en más de uno, enfrentamos problemas.

        Y tendemos a encontrar alguna forma de solucionarlos, así no sea la mejor o la más creativa.

        Pero hay un método para solucionar problemas complejos que viene recomendado por una larga lista de grandes pensadores.

        Se le conoce como «el pensamiento de primer principio» y promete generar soluciones originales, liberando nuestra creatividad.

        La estrategia es identificar al meollo de la cuestión: al primer principio, aquello que el filósofo Aristóteles describió como «la primera base a partir de la cual se conoce una cosa».

        En otras palabras, consiste en despojar el asunto de convenciones y prejuicios, hasta quedarse con lo esencial.

        En el proceso, dejas de lado todo lo que sobra y distrae, desde los «así se ha hecho siempre» hasta «no se puede» y «nunca se hizo así», y abres el camino a la innovación.

        Una vez se deconstruido el problema, e identificado lo que importa, se reconstruye sobre esa base sólida.

        Como aconseja el visionario empresario Elon Musk, quizás el más grande promotor del pensamiento de primer principio en nuestros tiempos:

        «Es importante ver el conocimiento como una especie de árbol semántico; asegúrate de comprender los principios fundamentales, es decir, el tronco y las ramas grandes, antes de preocuparte por las hojas (los detalles), o no tendrás dónde ponerlas».

        Musk ha hablado de ese enfoque en varias ocasiones.

        «Tiendo a abordar las cosas desde un marco físico», le dijo Musk a Chris Anderson, de la revista Wired.

        La física te enseña a razonar a partir del primer principio y no por analogía«.

        Mujer pensando con sombrero de chef
        A veces, no se pueden usar recetas sino actuar como chefs.

        En una entrevista con Kevin Rose, explicó que razonar por analogía es «hacer cosas porque se parecen a algo que se hizo, o es como lo que otras personas están haciendo… con ligeras iteraciones sobre un tema».

        Agregó que aunque el pensamiento de primer principio «requiere mucha más energía mental» es imprescindible para innovar.

        Tim Urban, cofundador del popular blog Wait But Why, explicó la distinción entre razonar por primer principio y por analogía como la diferencia que hay entre un chef pionero y un cocinero.

        El chef que crea a partir de los ingredientes, instinto, experiencia, conocimientos y sentidos razona por los primeros principios.

        El cocinero que sigue una receta, así sea de los que captan la esencia y la interpretan, razonan por analogía.

        Ambos pueden preparar platos deliciosos, y hasta los chefs siguen recetas.

        La cuestión es que cuando enfrentas un desafío importante, y la opción es crear o copiar, lo mejor es ponerse no solo el delantal sino también el sombrero blanco.

        – Un auto y un cohete

        Como a muchos otros antes, ese modelo le ha permitido a Musk a hacer cosas como no se habían hecho antes, una y otra vez.

        Cuando incursionó en la industria de vehículos eléctricos, por ejemplo, la misión de Tesla era acelerar la transición mundial hacia la energía sostenible.

        Uno de los desafíos fundamentales que identificó fue la reducción de costos, para producir autos a un precio asequible para el mercado masivo.

        Aunque el incentivo no era el mismo, el reto hacía eco del que enfrentó Henry Ford a principios del siglo XX.

        Ninguno de los dos inventaron los autos, ni la línea de ensamblaje.

        La genialidad de Ford fue adaptar el proceso de la línea de montaje móvil, lo que le permitió fabricar, comercializar y vender el Modelo T a un precio significativamente más bajo que el de su competencia, llevando a la creación de un mercado nuevo y en rápido crecimiento.

        La genialidad de Musk fue darse cuenta de que “el verdadero problema, la verdadera dificultad y dónde está el mayor potencial es construir la máquina que fabrica la máquina. En otras palabras, es construir la fábrica», resaltó.

        Al concebir a «la fábrica como un producto”, nació la «gigafábrica», una instalación que fue aclamada como un punto de inflexión en las industrias automotriz y energética.

        Elon Musk
        Elon Musk encarna y promueve la filosofía del pensamiento del primer principio.

        Famosamente, volvió a utilizar la estrategia del primer principio cuando empezó a explorar la idea de enviar el primer cohete a Marte, y se topó con precios astronómicos.

        «Entonces dije: ‘Está bien, veamos los primeros principios. ¿De qué está hecho un cohete? Aleaciones de aluminio de grado aeroespacial, además de algo de titanio, cobre y fibra de carbono ‘.

        «Pregunté: ‘¿cuál es el valor de esos materiales en el mercado de productos básicos?’ Resultó que el costo de los materiales de un cohete rondaba el 2% del precio típico”.

        Decidió fabricar sus propias astronaves y en unos pocos años, su compañía SpaceX redujo el precio de lanzamiento de un cohete casi 10 veces sin dejar de obtener ganancias.

        – ¿Y si no eres ningún Musk?

        Las experiencias de Musk son muy citadas no sólo por ser ilustrativas sino porque él se ha interesado en divulgar el concepto del pensamiento de primer principio.

        Pero los ejemplos de su aplicación son innumerables y en todos los campos y tiempos… hasta a nivel más personal.

        ¿No tienes buena memoria porque en tu cabeza no caben tantas cosas?

        Esa es una suposición.

        Si adoptas el enfoque de primer principio, la cuestionas y te preguntas realmente cuánta información podemos almacenar físicamente en nuestra mente.

        Resulta que tenemos más capacidad para recordar de lo que creemos.

        El cerebro humano adulto medio puede acumular el equivalente a 2,5 millones de gigabytes de memoria.

        Si no quieres olvidar, puedes replantear el problema y buscar la manera más óptima de solucionar tu problema de memoria.

        Así, el método llama a pensar como los científicos, basándonos no en suposiciones sino en certezas.

        La meta es tener la claridad que necesitas cuando estás haciendo algo por primera vez o lidiando con algo complejo o tratando de comprender una situación con la que estás teniendo problemas.

        Como dijo el físico y premio Nobel Richard Feynman: “El primer principio es no engañarte a ti mismo… y tú eres la persona más fácil de engañar”.

        nuestras charlas nocturnas.