islas más remotas del mundo
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Cuaderno de historia y geografía(J.C.D.dominguez)/National Geographic(J.Sanchez) — Aunque parezca difícil de creer, hay islas habitadas en el mundo a las que el ´súper’, llega apenas dos o tres veces al año y que están a miles de kilómetros de distancia de sus ‘vecinos’ más cercanos.
En nuestro planeta hay lugares muy remotos, de muy difícil acceso donde la sensación de aislamiento es total. Probablemente esa sensación se incrementa si estamos hablando de islas. En el mundo hay varias de ellas que están muy alejadas de cualquier tierra firme y, por sorprendente que parezca, algunas están pobladas permanente por población enraizada en el territorio.


TRISTAN DA CUNHA es el lugar habitado permanentemente por población nativa más remoto y aislado del planeta. La isla está ocupada en su inmensa mayoría por un volcán y la pequeña localidad de Edimburgo de los Siete Mares está situada en su extremo noroeste, en una estrecha franja aplanada que ocupa una pequeña parte de la abrupta isla.
En Tristan viven algo menos de 300 personas, la mayoría emparentadas (solo hay 8 apellidos diferentes). Esta isla, como la isla de GOUGH, en la que hay una base meteorológica sudafricana permanente, es una dependencia de la isla de SANTA ELENA (territorio británico de ultramar).
Santa Elena es la isla más poblada de todo el Atlántico sur y es muy conocida por ser el lugar de destierro y reclusión de Napoleón. Cuenta con varias localidades y más de cuatro mil habitantes y de ella depende también otra pequeña isla escasamente habitada (no llega a mil habitantes), situada a más de mil kilómetros hacia el norte: ASCENSIÓN.


Al sur de Tristán da Cunha y Gough, en ese inmenso espacio oceánico donde se unen el Oceáno Atlántico el Océano Glacial Ártico hay dos archipiélagos muy aislados, ambos británicos: son las islas GEORGIAS DEL SUR y las SANDWICH DEL SUR.
Reivindicadas por Argentina, estos dos grupos de islas están a casi mil quinientos kilómetros de las islas Malvinas y carecen de población permanente nativa. Durante un tiempo existió un enclave ballenero con una respetable población denominado Grytviken en la isla principal de las Georgia del Sur.
Hoy existe cerca de las ruinas de la estación ballenera una base científica. Como curiosidad, en 1905 se liberaron renos para abastecer de carne a los trabajadores del centro pesquero y en la actualidad existe en la zona la mayor colonia de renos silvestres del mundo.


En esta misma área, pero hacia el este está el lugar más aislado de nuestro planeta. No hay tierra emergida a menos de mil seicientos kilómetros ni lugar habitado a menos de dos mil.
Se trata de la pequeña isla de BOUVET, un pequeño islote de 49km2 cubierto casi en su totalidad por glaciares. Descubierta por el francés Bouvet en el siglo XVIII, fue anexionada a Noruega en 1930. Hoy está completamente deshabitada.

Al norte de Santa Elena, ya en Europa, en el Atlántico Norte, existen también islas remotas y perdidas. Es el caso de la isla de Corvo, la más occidental del archipiélago portugués de las Azores, o las islas noruegas de Jan Mayen y Svalbard.
CORVO tiene algo más de cuatrocientos habitantes y, aunque cercana a la isla de Flores, ambas han tenido tradicionalmente un fuerte aislamiento con respecto al resto de su archipiélago.
JAN MAYEN es una isla noruega a más de quinientos kilómetros de Groenlandia o Islandia y a casi mil de Noruega. Solo está habitada por una estación científica.
Más al norte, en el Océano Glacial Ártico, se sitúa el archipiélago noruego de las SVALBARD, un extenso grupo de islas con un clima muy frío y habitado por apenas tres mil personas, algo más de la mitad noruegos y el resto mineros rusos que por el Tratado de Svalbard de 1920 tienen derecho a explotar sus recursos.



Cerca del paso entre el Atlántico y el Índico, al sur de este último oceáno, se sitúa el archipiélago de KERGUELEN, a dos mil kilómetros de la Antártida y a cinco mil de Ciudad del Cabo.
El archipiélago, al que se tarda seis días en llegar desde la también francesa isla de Reunión, está constituido por una gran isla (Grand Terre) con casi siete mil km2 y multitud de pequeñas islas.
A pesar de su tamaño, el lugar tiene un clima muy adverso y está deshabitado, salvo por la presencia de un nutrido grupo de científicos en la base de Port-aux-Français.

En pleno centro del Océano Índico se encuentra la isla-atolón de DIEGO GARCÍA (Reino Unido), perteneciente al archipiélago de Chagos. Por su posición estratégica, Diego García y el resto de islas fueron desalojadas y su población nativa (1.800 habitantes) obligada a trasladarse para construir en ella una gran base estadounidense. Aunque muy lejana, la isla tiene una posición central en el Índico que le otorga un gran valor militar.

Pero si un océano alberga más islas remotas ese es el inmenso Pacífico. En esa enorme masa de agua sobreviven comunidades humanas en lugares tan remotos como las islas Marquesas (Francia), Pitcairn (Reino Unido) o Pascua (Chile).
PITCAIRN es un lugar interesantísimo. Es el único territorio británico de ultramar en el Pacífico. Está habitado por menos de cincuenta personas de nueve familias, en su mayoría descendientes de los amotinados del barco Bounty y de la población polinesia que huyó con ellos hace siglos a esta isla deshabitada y desconocida por entonces.
Viven en un único asentamiento humano, Adamstown, y tienen su propia lengua, el pitcairnés-norfolkense, una mezcla de inglés y tahitiano hablado también en la isla australiana de Norfolk.


Las ISLAS MARQUESAS son un grupo numeroso de pequeñas islas que constituyen el lugar más remoto de la Polinesia Francesa. A casi dos mil kilómetros de Tahití, se dispersan en una amplia área y solo algunas de ellas están habitadas por varios miles de habitantes. Hoy el incipiente turismo y la creación de aeropuertos ha reducido sensiblemente su secular aislamiento.

A varios miles de kilómetros al este se sitúa la isla chilena de PASCUA O RAPA NUI. Habitada tradicionalmente por población polinesia que conserva su lengua (también se habla español) y que fue capaz de crear una compleja cultura cuya máxima expresión fueron los monumentales ídolos de piedra conocidos como moáis. En la actualidad la isla tiene más de cinco mil habitantes de los que la mitad conservan la lengua autóctona.
En el Pacífico, pero en áreas más septentrionales, encontramos otras islas remotas y perdidas, aunque en este caso sin población nativa permanente, o deshabitadas como en el caso de la isla francesa de Clipperton o con la presencia de militares o científicos como en las islas estadounidenses de Midway, Palmyra o Johnston.
CLIPPERTON, a más de mil kilómetros al oeste de México, es un minúsculo atolón bajo dominio francés. Con forma anular, contiene un lago en su interior y su altura media es muy baja, salvo un pequeño promontorio de 29 metros. Hoy está deshabitado, pero a finales del siglo XIX y comienzos del XX hubo una comunidad de mineros del guano y luego una guarnición militar mexicana, la mayoría de cuyos integrantes terminó muriendo por hambre y enfermedad abandonados a su suerte por un México en guerra civil.

PALMYRA y MIDWAY son dos pequeños atolones estadounidenses perdidos en el Pacífico y convertidos hoy, después de haber tenido funciones militares, en zonas naturales protegidas.
Son lugares deshabitados, salvo por funcionarios o investigadores ecologistas. Como curiosidad, en las cercanías de Midway se desarrolló una de las batallas navales más importantes de la Segunda Guerra Mundial.
En la actualidad el anillo coralino que forma Midway tiene gran valor ecológico por su riqueza en aves pero sufre las consecuencias de la invasión de toneladas de plásticos que arrastran las corrientes hacia el atolón y que ponen en peligro la supervivencia de su riqueza natural.

Caso a parte es la pequeña isla de JOHNSTON, espacio militar cerrado y ocupado casi por completo por una base del ejército con más de mil hombres. Con apenas 2,8 km2, Johnston es una minúscula tierra emergida al suroeste de Hawai.

– La Isla de Pascua
Está ubicada en el punto más al sudeste del triángulo de la Polinesia, en Oceanía, aunque la isla pertenece a Chile desde 1888. Es famosa por sus casi mil moai o esculturas de piedra, creadas por los antiguos rapa nui, como se llaman los habitantes (y la misma isla) polinesios originales. La UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en 1995, y mucho de su territorio está protegido por el Parque Nacional Rapa Nui.Play Video
Se cree que cuando los primeros habitantes llegaron a la isla , en el año 1200, crearon una próspera sociedad que eventualmente decayó por la deforestación y otros factores. Según el censo chileno de 2017, en la Isla de Pascua habitan solo 7 mil 750 personas.
Sus vecinos más ‘cercanos’ son la Isla Pitcairn, a un poco más de 2 mil kilómetros de distancia; la población más cercana con más de 500 habitantes es Rikitea, en la Isla Mangareva, a 2 mil 600 kilómetros de distancia, y el punto continental más cercano está en la costa de Chile, a ‘solo’ 3 mil 500 kilómetros de distancia.

Sus costumbres ancestrales estuvieron a punto de extinguirse en diversas ocasiones, siendo las más importantes el Tapu y el Umanga. La primera de ellas es un compendio de límites sociales dictados por los ancestros, y la segunda es una práctica que tiene en cuenta el bien comunitario.
Rapa Nui (isla grande) es como se la conoce en lengua nativa. Volcanes, acantilados y cultura forman un cóctel difícil de rechazar para aquel viajero que busque conocer uno de los lugares más escondidos del mundo. Hanga Roa, su capital, es donde vive la mayoría de sus habitantes, punto de partida para explorar playas y monumentos, el volcán Rano Kau o los Moáis. Siete grandes estatuas se encuentran cerca de la ciudad, ubicadas en sentido equinoccial, formando el santuario de Ahu Akivi.
Varios moáis se reparten también en el complejo de Tahai, donde las rocas tienen grabados de petroglifos y varias cuevas muestran pinturas rupestres. Subiendo hacia el volcán, la ciudadela de Orongo rinde culto al dios Make-Make, lugar donde cada año se celebra la investidura del Hombre Pájaro, el Tangata Manu. El cráter de Ranu Kau, cercano, devuelve la vista de un jardín vegetal en el centro de un paisaje semejante al lunar.
Son muchas las curiosidades de esta isla: un total de 900 moáis ocupan la isla, que es Patrimonio de la Humanidad desde 1995. La isla está habitada por menos de 10.000 personas, a pesar de su extensión, casi un milagro si se descubre que, tras la colonización del siglo XIX, apenas quedaron 111 nativos en la isla.
300 años después de su descubrimiento, la isla sigue atrayendo cada año a miles de turistas. Descubierta en la Semana Santa de 1722 por Jakob Roggeveen, los habitantes la llamaban hasta entonces Te pito o te henua (el ombligo del mundo). Las curiosas cabezas de piedra que pueblan la isla fueron talladas para ganarse la protección de los ancestros, y miden entre tres y diez metros de alto. Anakena, una playa paradisíaca de la isla, fue el escenario de la colonización del lugar, motivo por el cual una hilera de moáis mira hacia el mar al atisbo de cualquier amenaza.
– Tristan da Cunha
Es un archipiélago de origen volcánico en el Atlántico sur que está considerado el más remoto, habitado, del mundo. Aunque eso de ‘habitado’ es un decir, pues de acuerdo con el último censo oficial, en octubre de 2018, hay, en la isla del mismo nombre, la única habitada del archipiélago, apenas 250 habitantes. Son de nacionalidad inglesa oficialmente, pues las islas pertenecen a los Territorios Británicos de Ultramar.

Tristan, como se le conoce coloquialmente, está ubicado, más o menos, a la mitad del camino entre Buenos Aires, Argentina y Ciudad del Cabo, Sudáfrica. No hay aeropuerto…ni puerto. Se tiene que llegar en una de apenas la decena de embarcaciones que se acercan cada año a esta isla . El viaje por mar desde Ciudad del Cabo toma siete días.
Por otra parte, una de las ventajas de vivir ahí, según la describió un habitante a un reportero de National Geographic, es que «si te caes de borracho, por ejemplo, alguien te levantará y te llevará a casa. Aquí nadie te asalta».
Tristan está a unos 2 mil 400 kilómetros de Ciudad del Cabo, a 2 mil 100 kilómetros de la Isla de Santa Helena y a 3 mil 500 kilómetros de las Islas Falkland.
La isla está ocupada en su inmensa mayoría por un volcán y la pequeña localidad de Edimburgo de los Siete Mares está situada en su extremo noroeste, en una estrecha franja aplanada que ocupa una pequeña parte de la abrupta isla.
En Tristan viven algo menos de 300 personas, la mayoría emparentadas (solo hay 8 apellidos diferentes). Esta isla, como la isla de GOUGH, en la que hay una base meteorológica sudafricana permanente, es una dependencia de la isla de SANTA ELENA (territorio británico de ultramar).
Santa Elena es la isla más poblada de todo el Atlántico sur y es muy conocida por ser el lugar de destierro y reclusión de Napoleón. Cuenta con varias localidades y más de cuatro mil habitantes y de ella depende también otra pequeña isla escasamente habitada (no llega a mil habitantes), situada a más de mil kilómetros hacia el norte: ASCENSIÓN.
– Las Islas Pitcairn

Las islas Pitcairn oficialmente están compuestas por Pitcairn, Henderson, Ducie y Oeno.
Están ubicadas en el oceáno Pacífico sur y también forman parte de los Territorios Británicos de Ultramar, por lo que sus muy escasos habitantes son de nacionalidad inglesa.
La única isla habitada de las cuatro es Pitcairn.
Esta isla es, de alguna manera, legendaria, pues sus habitantes son todos descendientes de sobrevivientes del mítico Motín del Bounty, del cual hay numerosos recuentos en libros y películas.
En 1789, la tripulación del navío inglés Bounty tenía cinco meses en tierra, en Tahití.
Ahí, los marinos crearon lazos con los nativos y se mostraron menos receptivos a la dura disciplina militar, lo cual incrementó los castigos y el trato duro por parte del capitán William Bligh. Después de tres semanas en el mar, en el viaje de regreso a Occidente, los marinos y los tripulantes polinesios se amotinaron y lo echaron al mar con 18 de sus fieles.
Ellos no solamente sobrevivieron, sino que acusaron formalmente a los amotinados en cuanto tocaron tierra, después de un viaje en lancha (sí, en lancha) de ¡3 mil 500 millas náuticas! Los aproximadamente 50 habitantes actuales de Pitcairn son descendientes de las familias originales de amotinados, que se escondieron de la justicia en esa isla y quemaron el barco.

– Isla de Santa Helena
Es una isla volcánica y tropical ubicada en el Atlántico sur, bautizada en honor de Santa Helena de Constantinopla. También pertenece a los Territorios Británicos de Ultramar en ‘paquete’ con Ascención y Tristan da Cunha, pero fue descubierta por los portugueses en 1502. En ese entonces estaba totalmente deshabitada.
Está a casi 2 mil kilómetros de la costa oeste del sur de África y a 4 mil kilómetros de la costa este de Brasil. De hecho, está más cerca de Sudáfrica, que de su ‘vecino’, Tristan da Cunha. Literalmente, está en medio de la nada.
Sin embargo, esta isla es famosa porque cuando el gobierno inglés exilió a Napoleón, en 1815, lo encarceló ahí, donde murió seis años después. En ese momento -de hecho, lo fue por muchos siglos-, la isla era una importante escala para las naves que viajaban de Asia y Sudáfrica hacia Europa. Es el territorio de ultramar más antiguo de Inglaterra, después de Bermuda.
Hasta hace poco, para visitarla, se debía tomar la última nave postal inglesa y el viaje, desde Ciudad del Cabo, tomaba cinco días, pero en 2016 el gobierno inauguró un aeropuerto internacional que conectó a este remoto destino con el resto del mundo.

– Isla Palmerston
El Atolón de Palmerston es un conjunto de pequeñas islas de coral alrededor de una laguna en el océano Pacífico sur. Unas 62 personas la habitan, todas, menos tres de ellas, son descendientes del marino inglés William Marsters, quien tuvo tres esposas polinesias. Pertenece a las Islas Cook, que la gobiernan, en sociedad con Nueva Zelanda.
Solo se puede llegar en pequeños yates y embarcaciones, de los cuales llegarán una docena al año, de acuerdo con el sitio Adventure Journal o en los botes de provisiones que visitan la isla ¡dos o tres veces al año!
El atolón está a mil 100 kilómetros de Tahití y a casi 3 mil de Nueva Zelanda.
– Rutina y desafíos de la isla habitada más remota del mundo
El término ‘isla’ se inventó por lugares como Tristán de Acuña. Un territorio que vive en un confinamiento perpetuo en mitad del Atlántico, alejado de cualquier otro indicio de vida.
Con el imperialismo llegaron las ansias de unos pocos por conquistar el máximo territorio posible. De aquella visión expansiva surgieron, entre muchos otros aspectos, las grandes expediciones del siglo XIX.
Poco a poco, los planisferios de la época se comenzaron a llenar de bordes y siluetas nuevas, aparecían ríos y montañas desconocidas, África empezaba a tomar forma para occidente, pero también Australia, Nueva Zelanda y otros lugares que hasta la fecha no eran más que un gran interrogante.
Hasta entonces, enormes serpientes marinas, incluso dragones y monstruos de todo tipo copaban los mapas bajo una inscripción que hacía de salvaguarda: Terra incógnita. Todo lo que no se había visto o registrado era pasto de mitos y leyendas, sólo así se podía definir algo de lo que no se tenía consciencia.

Con la llegada de la cartografía moderna y las nuevas tecnologías, esos lugares de leyenda ya sólo son posibles en la mente de algún escritor que imagine nuevos mundos o en las expediciones que están por venir, es decir, la lucha por la conquista del espacio.
Sin embargo, aquí, en la Tierra, aún siguen quedando pequeños reductos de espacios imposibles. Lugares remotos, casi desconocidos. Uno de ellos es Tristán de Acuña, un micro archipiélago ubicado en mitad del Océano Atlántico, propiedad del Reino Unido, que tiene a su cargo la distinción de ser la isla habitada más remota del mundo.
. Orígenes portugueses
No fueron corsarios como Francis Drake o Henry Morgan los que engordaron las posesiones de la madre patria. El descubrimiento de este pedazo de tierra en mitad del Océano Atlántico se le reconoce a Tristão da Cunha, un navegante portugués que en 1506, pasó a bordo de su navío por las inmediaciones de la isla. El fuerte oleaje impidió que su barco atracara, por lo que no pudo pisar aquel territorio que se le abría frente a sus ojos, pero eso no le impidió que la bautizara con su nombre.
Más de 300 años después, la corona británica anexionó el territorio y comenzó a poblarlo, en parte, como medida para que los franceses no utilizasen aquel lugar como base de operaciones para rescatar a Napoleón de su exilio en Santa Helena, a 2.200 kilómetros de distancia. El primero en hacerlo fue William Glass, que se asentó junto a su mujer, sus hijos y un par de hombres.
Con el tiempo, empezaron a llegar otras mujeres y la población fue creciendo hasta llegar, en la actualidad, a 250 habitantes aproximadamente. Todos ellos viven en la capital administrativa, Edimburgo de los Siete Mares, llamada así en honor al Príncipe Alfredo, Duque de Edimburgo, que en 1867 dio la vuelta al mundo, aunque Tristán de Acuña está formada por tres islas más: Inaccesible, Nightingale y Gough.

. Una erupción patriótica
A pesar de estar reconocidos oficialmente como ciudadanos británicos, los isleños tienen una única patria y no es otra que Tristán de Acuña. Así lo demostraron en 1961, cuando el volcán que domina la pequeña porción de tierra oceánica entró en erupción.
Aquel suceso obligó a evacuar a los 250 habitantes que fueron trasladados hasta Gran Bretaña. A los pocos meses, una vez se calmó la situación, se les ofreció la oportunidad de quedarse en tierras europeas. Allí les esperaba un futuro ‘prometedor’, repleto de nuevas oportunidades.
Algo que los lugareños no aceptaron, pues el ajetreado ritmo de la ciudad terminó haciendo que se decantaran por volver a la que es su hogar, demostrando así su amor por la tierra que los vio nacer.

. Ocho apellidos tristones
Durante su estancia en Reino Unido, algunos ancianos comenzaron a enfermar –e incluso morir- de algo que por tierras de ultramar jamás habían escuchado. Eran afecciones tan comunes como la gripe común. Debido a su aislamiento, muchas de las enfermedades que el resto del mundo las afrontaba como normales, para ellos era algo insólito.
Sin embargo, los médicos también se dieron cuenta de otra curiosidad. Los refugiados de Tristán de Acuña eran más propensos a contraer enfermedades genéticas, como por ejemplo, el asma o el glaucoma. Al tratarse de un número de personas tan reducidas, el parentesco es inevitable.
En la isla viven alrededor de 80 familias, repartidas únicamente en 8 apellidos: Glass, Green, Hagan, Laverello, Repetto, Rogers, Swain y Patterson. Una saga de tristones (así es como se les conoce a los habitantes de Tristán de Acuña) que por el momento, no parece tener fin.

. Pesca y alcohol
El entretenimiento en la isla es muy limitado, de hecho, no fue hasta 2001 que se instaló la primera televisión. También poseen una piscina y prácticamente cualquier espacio puede ser utilizado como patio de juegos. Aun así, la actividad principal es el alcohol. La vida social transcurre en el ‘Albatross’, el único pub de la isla.
Algo significativo ya que se calcula que al año, cada habitante consume una media de 50 litros de whisky. Una auténtica barbaridad si se compara con sus hermanos británicos que poseen una ratio anual de 1,25 litros por persona.
La ingesta de alcohol consume gran parte del tiempo. El resto lo suelen dedicar a la pesca y al cultivo del ganado. Muchos habitantes, excepto algún que otro profesional (médico, maestro, dependiente), son pescadores. Mientras los hombres se echan a la mar, las mujeres emplean sus esfuerzos en la fábrica de conservas de langostas.
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