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Expediciones en busca de «El Dorado» …


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Recreación de El Dorado

Ancient Origins(F.Hernández)  —  El Dorado es una ciudad legendaria, supuestamente ubicada en el territorio del antiguo Virreinato de Nueva Granada, en una zona donde se creía que existían abundantes minas de oro.​

La leyenda se origina en el siglo XVI, en Colombia, cuando los conquistadores españoles tienen noticias de una ceremonia realizada más al norte (altiplano cundiboyacense), donde un rey se cubría el cuerpo con polvo de oro y realizaba ofrendas en una laguna sagrada.​

Hoy en día se sabe que este pueblo era el Muisca y el sitio donde se realizaba la ceremonia habría sido la laguna de Guatavita (Colombia). La noticia de la riqueza muisca atrajo hasta la sabana de Bogotá a expediciones originadas en Quito (Ecuador),​ Santa Marta (Colombia)​ y Coro (Venezuela).​

La supuesta existencia de un reino dorado motivó numerosas expediciones y se mantuvo vigente hasta el siglo XIX,​ aunque su localización se fue trasladando desde Colombia hacia las Guayanas, a medida que avanzaba el proceso de conquista y colonización del territorio sudamericano.

Su difusión llega a nuestros días gracias a Juan Rodríguez Freyle quien publica El Carnero, una crónica histórica escrita en 1636-1638, donde narra en sus 21 capítulos los hechos de la Conquista y la primera sociedad colonial.

En El Carnero se cuenta también las primeras búsquedas de El Dorado extendiendo así el mito y continuando así las expediciones.

Para la búsqueda de esa supuesta ciudad dorada se organizaron diferentes expediciones españolas  cuyo fin era el de encontrar dicha ciudad perdida a cualquier precio, incluido la vida.

Numerosas son las expediciones que los españoles realizaron entre las décadas de 30-40 del siglo XVI. Hay que añadir que nunca se encontró El Dorado en sí pero gracias a su búsqueda se descubrieron nuevas regiones y diversos tesoros pero en menor cantidad a la esperada.

La Corte Española se volcó en afán del descubrimiento de los territorios donde encontrar el preciado oro. Concedió licencias, las quitó, nombró gobernadores con los mismos términos y límites al mismo tiempo, financió, etc.

Las más grandes armadas en hombres que salieron de España desde 1530 fueron las que se hicieron para este descubrimiento. No obstante el sacrificio fue inmenso, las expediciones se siguieron acrecentando en número y esfuerzos.

Luis Galvis Madero, escribió: «la locura habíales dado a beber su filtro mágico, por lo cual nada era capaz de detenerlos, siendo así como las fuerzas naturales para ellos jamás prevalecían…. casi agotados, tristes y dolientes, continuaban sus jornadas en pos de la quimera, siempre inaccesible, siempre luminosa, mas allá….La locura de estos descubridores llamados por Manuel Machado Capitanes de ensueño y de quimera, fue la busca de El Dorado«

El Dorado fue ambicionado desde el descubrimiento del continente y su posterior conquista. A pesar de estos sentimientos el territorio quedó oculto y se ha mantenido así hasta el día de hoy.

Expedición de Sebastián de Belalcázar

En 1539, Sebastián de Belalcázar fue el primero en lanzarse a la búsqueda de la mítica ciudad del oro en el valle del río Cauca.

Los planes de Belalcázar eran conquistar aquellas tierras y alcanzar el mar de las Antillas, que se suponía cercano a Quito, para embarcarse directamente rumbo a España con el supuesto botín, sin dar cuenta a Francisco Pizarro, el conquistador del Perú. 

Balalcázar descubrió que Gonzalo Jiménez de Quesada, el enviado de Pizarro, se había adelantado a sus pasos. Durante años, ambos conquistadores, se disputaron los derechos sobre aquellas tierras que carecían del preciado metal.

Expedición de Alonso de Alvarado

Le siguió Alonso de Alvarado, sobrino del Adelantado Pedro de Alvarado, conquistador de gran parte de América Central. Tras la victoria en la Batalla de las Salinas (con victoria de los pizarristas), Alonso de Alvarado solicitó proseguir con la conquista de la región de los Chachapoyas. 

Estando allí recibió la noticia que al otro lado del río, a quince jornadas de distancia y pasando una gran montaña se hallaba una tierra llana con un gran lago donde habitaba un «orejón del linaje de los incas» llamado Ancallas. 

Alonso inició la construcción de una barca para cruzar las correntosas aguas del Huallaga, sin embargo, cuando estaba por terminarla le informaron sobre un amotinamiento de los indios de San Juan de la Frontera.

Alvarado tuvo que regresar a sofocar el motín dejando a su hermano Hernando de Alvarado a cargo del descubrimiento de aquel gran reino. Hernando debió avanzar por terrenos desfavorables, penetrando selvas y montañas hasta que la tropa amenazó con amotinarse, lo que determinó el regreso a San Juan de la Frontera abandonado por lo tanto el proyecto.

Años después Alonso de Alvarado finalmente resultó herido de muerte tras la batalla de campo de Chuquinga, sin poder regresar a Chachapoyas nunca mas.

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Francisco de Orellana

Expedición de Francisco de Orellana

Tras la deslealtad de Sebastián de Belalcazar, Francisco Pizarro decide nombrar a su hermano, Gonzalo, como Gobernador de Quito y Capitán General de la expedición que debía descubrir un lugar al que llamaban el «País de la Canela». 

Dicha expedición partió desde Quito en diciembre de 1540 hacia el oriente hasta Cumaco. Hallaron la canela pero no era de la calidad esperada. Disconforme con este hallazgo Pizarro decidió seguir hasta el río Coca en 1541. Descendiendo el río, el hambre no les dejó avanzar. 

Allí, Francisco de Orellana se ofreció a continuar con un bergantín en busca de comida para luego regresar y socorrer al resto de la expedición. Gonzalo Pizarro accedió y así fue que acompañado por 57 hombres y el fray Gaspar de Carbajal.

Orellana partió el 26 de diciembre de 1541, continuando río abajo por el Coca.​ El plan de Orellana no era retornar donde estaba Pizarro, sino encabezar su propia expedición en busca de riquezas. Orellana continuó su curso hasta el río Grande (actualmente conocido como río Amazonas). Pizarro continuando por tierra confirmó la deserción de Orellana y decidió emprender el duro regreso a Quito. 

Mientras tanto Orellana halló algo de oro y plata en una aldea.  Allí los aldeanos confirmaron que yendo tierra adentro, había muchos de aquellos metales.

La tropa inició su búsqueda. El 24 de junio de 1542 la expedición fue atacada por feroces indias guerreras, que les hicieron recordar a las mitológicas mujeres «amazonas», particularidad que terminó marcando el nombre de aquel río y de toda la región. 

Una vez llegado al océano Atlántico, Orellana partió rumbo a España con el fin de ser nombrado conquistador del País de las Amazonas.  El Consejo de Indias, le extendió la capitulación.

Expedición de Hernán Pérez de Quesada

En 1540 Hernán Pérez de Quesada, hermano de Gonzalo Jiménez de Quesada, salió de Bogotá en busca de «El Dorado». Marchó hacia el Oriente hasta los llanos y luego al sur hasta Pasto.

Las penalidades sufridas por la expedición fueron tales que el conquistador español debió sacrificar sus caballos para alimentar a la hambrienta tropa. Después de su infructuosa búsqueda Pérez de Quesada retornó a Bogotá con la mitad de la gente.

Expedición de Felipe von Hutten

Teniente General de Coro y veterano de la malograda expedición Welser de Jorge de Espira,​ partió en 1541 desde la costa venezolana. En una aldea de la provincia de Papamene, el indio jefe le aconseja a Felipe regresar sobre sus pasos hacia donde nacía el sol, hasta la ciudad de «Macatoa», ubicada en la otra margen del río Guayuare, porque allí había un reino abundante en riquezas de oro y plata.

Tras 8 días de camino, su tropa cegada por el oro y enfadada por no seguir la ruta indicada por el indio, acaba por convencer a Felipe virar hacia el sudeste hasta una sierra alta a la que llamaron «Punta de Pardaos».

 Las pésimas condiciones de la expedición los obligaron a retornar a San Juan de los Llanos, para reabastecerse y emprender nuevamente la búsqueda de la ciudad de Macatoa.  

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Felipe von Hutten (1505 – 1546)

Guiada por los indios, su expedición llegó al caudaloso río Guaviare y en canoas arribaron a Macatoa, la cual se hallaba desocupada, ya que sus habitantes habían sido sacados por el Cacique para que los forasteros se pudiesen hospedar más a gusto. 

El Cacique, les aconsejó no continuar el viaje con tan poca gente ya que más adelante se encontraba un pueblo muy beligerante, los omeguas. Sin embargo, el cacique confirmó las riquezas que poseía dicha tierra y se ofreció a acompañarlos con cien indios hasta la primera población de los omeguas. 

Tras 5 días de marcha por anchos caminos divisaron a lo lejos una gran población con calles rectas, casas muy juntas y un edificio elevado que sobresalía entre medio de todas las construcciones. Se trataba de un templo con muchos ídolos de oro macizo. El cacique afirmó que más adelante existían otros pueblos aún más ricos y poderosos.

El jefe indio finalizó su ayuda y aconsejo capturar algún indio de la zona para que ayudase a los españoles. En una de estas capturas Felipe fue herido de gravedad en las costillas generando incertidumbre entre el resto de la expedición sobre los peligros de continuar adelante.

 El estruendo de grandes tambores y el alarido de numerosa gente en el fondo de la selva sirvieron para confirmar la retirada, no sin antes sufrir una escaramuza por parte de los omeguas. Los europeos se marchaban convencidos de haber visto los umbrales de «El Dorado». 

Felipe logra sobrevivir y a los 5 años vuelve a Coro. Al descubrir que ahora tiene un nuevo teniente entrará en disputas por el poder. Esto le llevará a ser decapitado por el nuevo teniente Juan de Carvajal.

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Lope de Aguirre, «el loco» (1510 – 1561)

Expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre

En 1560 partió desde el Perú una expedición al mando de Pedro de Ursúa, con el objetivo de buscar El Dorado, que según se creía estaba por el lado del río Amazonas. El origen de esta ubicación se basa en la historia de unos indios que atravesaron todo el continente durante diez años, hasta que finalmente 300 de ellos lograron llegar al pueblo español de Chachapoyas.

Allí relataron a los españoles sobre las características de la región amazónica, resaltando sobre todo las innumerables riquezas. 

Los 400 soldados que componían la expedición de Ursúa habían sido reclutados sobre la base de su valentía y experiencia en campañas anteriores, sin tener en cuenta su moral o respeto a la autoridad. Tras meses de caminata solo encontraron el desánimo a través de la jungla.

Muchos fueron los avisos a Pedro de Ursúa sobre una conspiración de sus hombres hacia él, pero este nunca le dio mayor importancia. Ursúa finalmente resultó asesinado a puñaladas la noche del 1º de enero de 1561, en la provincia de Machífaro, donde habían parado a acampar y a investigar un camino que iba tierra adentro.

El artífice de la conspiración fue Lope de Aguirre, famoso ya por varias insurrecciones en diferentes travesías. La autoridad de Ursúa rígida y distante hacia sus subordinados ayudó a que la conspiración se llevase a cabo.

El futuro de la expedición pasó a estar a cargo de don Fernando de Guzmán, mientras que Lope de Aguirre fue nombrado maestre de campo. Los oficiales, capitanes y demás soldados decidieron continuar con la ruta a sabiendas que solo el encontrar «El Dorado» les garantizaría el indulto por asesinar al gobernador.

La expedición partió de aquel campamento y lo que siguió fue una sucesión de asesinatos, intrigas y disputas internas. Lope de Aguirre en una atmósfera de rabia y sed de poder, comenzó a pregonar el retorno y la conquista del Perú. Según él, una vez muerto el Gobernador, ya no se debían a la autoridad del Rey y conseguir las tierras buscadas tampoco les garantizaba la indulgencia.

Tras un sabotaje interno a las provisiones, la expedición permaneció frenada durante tres meses. Mas loco que cuerdo, Aguirre convenció a Guzmán de que era mejor abandonar la misión original y embarcarse en la «guerra del Perú», lo que elevaría su estatus a la altura del rey Felipe II.​ Entusiasmado con la idea, Guzmán se autoproclamó «Príncipe de Tierra Firme y Perú, y Gobernador de Chile», y todos comenzaron a llamarlo Excelencia. 

El nuevo plan consistía en salir al océano lo antes posible para reabastecerse en isla Margarita y luego tomar la región de Panamá para, finalmente, lanzarse a la conquista del Perú, donde especulaban con la adhesión de otros españoles y, sobre todo, de los negros esclavos, quienes serían armados y liberados. Incluso, ya soñaban con el futuro reparto del Perú entre ellos, no solo de las propiedades y las haciendas, sino también de las mujeres.

 

Al tiempo Guzmán reflexiona sobre el mal camino que llevaban y decide volver al objetivo original de encontrar el dichoso oro, no sin antes deshacerse de Lope de Aguirre. Uno de los capitanes, llamado Gonzalo Guiral de Fuentes, avisó a Aguirre sobre el plan del «príncipe» quien se anticipó a la jugada. Este asesinó a los hombres de Guzmán, a los clérigos y finalmente al propio «príncipe».

Tras la muerte de Guzmán, Aguirre ya sin cordura alguna, justificó sus actos como normales para una situación de guerra y se autoproclamó General. Continuaron su viaje hacia el Atlántico, arribando y tomando por asalto la isla de Margarita, donde fueron asesinados, tanto el Gobernador, como varios religiosos y algunos hombres y mujeres.

Luego Aguirre pasó con su gente a Tierra Firme y en su camino saqueó e incendió varias poblaciones. Finalmente, sus propios hombres, tan crueles y feroces como su líder, le traicionaron y le dieron muerte en Barquisimeto (actual Venezuela).

Antes de morir, Lope de Aguirre apuñaló a su propia hija, según él, para que ella no pagara por sus crímenes.

Pedro Malaver de Silva

Grabado del siglo XVII de los acéfalos y las amazonas.

Grabado del siglo XVII de los acéfalos y las amazonas.

Partícipe de las conquistas de Perú, Ecuador y Colombia, el español Pedro Malaver de Silva escuchó en esta última región las noticias sobre una tierra ubicada hacia el Este donde se hallaban pueblos de indios altamente desarrollados. Esto motivó a que en 1568 Malaver partiera rumbo a España con la intención de conseguir una licencia del Rey para la conquista de dichas tierras. La Corte lo declara Adelantado, Gobernador y Capitán General de la «Nueva Extremadura». Malaver recluta hombres en distintas regiones de España motivándolos con la posibilidad de hallar «El Dorado». La aventura está servida. 

Malaver inició su itinerario en la ciudad venezolana de Valencia y desde allí comenzó a avanzar rumbo al sur.  La esperanza de encontrar grandes fortunas no consiguió que los hombres soportaran todas las penalidades y penurias de aquellos infinitos llanos. El mismo Pedro Malaver por la fatiga se volvió distante e irritable. 

Tras cinco meses sin obtener resultado alguno Malaver envió al Capitán Céspedes, junto con treinta hombres, para que hiciese un reconocimiento del territorio. 26 dias después de su partida Céspedes halló un gran lago. Un mestizo conocedor del lugar afirmó que sus aguas discurrían cerca de la ciudad de Barquisimeto.

Deseosos de abandonar la malograda expedición todos pidieron a Céspedes seguir el rumbo indicado por el mestizo, lo cual el Capitán aceptó sin mayores reparos. Céspedes mandó una nota escrita a Malaver sobre la corteza de un árbol informándole de la decisión en los siguientes términos:

«Señor Gobernador, cansados ya de andar perdidos tánto tiempo, sin esperanza de hallar mejor tierra, ni ventura de la que hasta aquí hemos visto, determinamos salir á morir entre cristianos; V. S. puede hacer lo mismo, siguiendo nuestros pasos, pues le vamos sirviendo en abrirle el camino

 

Al enterarse del desacato de sus soldados, Malaver exigió a otro Capitán, don Luis de Leiva, que junto con otros 30 soldados fuese en busca de Céspedes para ahorcarlo y traer consigo a los demás desertores. Tras aceptar el encargo salió en su busca y captura.

Al poco tiempo procedió igual que Céspedes comunicando a Malaver a través de un mensajero que no tenia pensado regresar. Finalmente los dos capitanes desertores se encontraron y unieron fuerzas para salir vivos de allí hacia Barquisimeto. 

Pedro Malaver, abrumado por la traición de sus mejores hombres, decidió seguir el camino de estos ya que perdió toda esperanza de conseguir encontrar la ciudad de oro. Acabaría llegando a la ciudad de Barquisimeto, en marzo de 1570.

Pese a las pérdidas humanas y materiales de la expedición, Malaver seguía con la idea de encontrar «El Dorado» para igualar a los grandes conquistadores Pizarro y Cortés. Vendió los bienes que le quedaban y con este dinero regreso a España. 

Inició una segunda expedición desde Sánlucar en 1574 con 160 hombres. Arribaron a un lugar ubicado entre los ríos Amazonas y Orinoco.

Al poco tiempo el hambre, las penurias y los ataques de los indios caribeños segaron la vida de casi toda la tripulación incluida la de Pedro Malaver y 2 de sus hijas. 

Uno de los sobrevivientes fue el soldado Juan Martín de Albujar, que tras pasar algún tiempo cautivo entre los indios logró, diez años después, llegar a la desembocadura del río Esequibo donde pudo contactar a los españoles que habitaban en la isla Margarita.

Es gracias a este superviviente que se conoce el resultado de esta segunda expedición. 

Expedición de Diego Hernández de Serpa

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Diego Hernández de Serpa fue durante algunos años un perseguidor de corsarios en el mar Caribe. Su hermano, Ginés Hernández, fue uno de los que acompañó a Orellana en el descubrimiento del Amazonas (1542), trayendo de ese viaje la noticia sobre «grandes reinos y tierras de grandes riquezas». En 1549, Diego Hernández se embarcó en una expedición con rumbo a la Guayana sin obtener ningún éxito.

En octubre de 1569 Diego arribó a Nueva Córdoba (hoy Cumaná) y desde allí envió a dos capitanes con la misión de avanzar durante cuarenta días sin detenerse con el objetivo de examinar el territorio y establecer contactos que permitieran el reabastecimiento de alimentos.​

A su retorno, ambos capitanes, que habían tomado rumbos distintos, informaron al Gobernador haber visto pepitas y piezas labradas en oro.​ El plan de Diego era llegar hasta el Orinoco a la altura de Caboruto, pasar allí la estación de lluvías y luego continuar hasta la Guayana.

Sin embargo, a los pocos días de haberse iniciado la trevesía, algunos de los hombres desertan y unos indios atacan a la expedición, provocando la muerte de la mayoria de los soldados y del propio Diego Hernández.

Expedición de Juan Ponce de León II

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En enero de 1569, el rey Felipe II, le entrega a Juan Ponce de León II la capitulación para el poblamiento de las islas de Trinidad y Tabago. El nuevo gobernador llega a Trinidad en diciembre de ese mismo año y levanta el fuerte. Una vez instalados allí, los españoles de Trinidad establecieron contactos con los indios del Golfo de Paria con la intención de comerciar.

Los indios les habían relatado que el oro que tenían se sacaba del valle del río Caroní. 

Juan Ponce planeó realizar una expedición en busca del precioso metal. Sin embargo, el hambre, las enfermedades y la resistencia de los indios nativos de la isla provocaron que Trinidad fuese nuevamente despoblada.

Expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada

La aventura vital de Gonzalo Jiménez de Quesada en el Nuevo Reino de Granada es el mejor ejemplo de lo que fue el destino ambiguo de los conquistadores españoles de América: a la vez triunfal y desgraciado.

Llega a Santa Marta, en 1536, y debido a la precariedad que se vivía en esa ciudad, Jiménez de Quesada organizó desde esa ciudad​ una excursión hacia el interior del territorio siguiendo el curso del río Magdalena (llamado así por haberse descubierto el día de Santa María Magdalena), que dividía a las provincias de Santa Marta y Cartagena, con la intención de alcanzar el nacimiento de dicho río donde las historias de los indios le contaban la leyenda de «El Dorado», un fabuloso país donde el oro aflora en la roca misma. Y aquello cambiaría para siempre la vida de nuestro hidalgo caballero.

Gonzalo busca oro, gloria, fama y servir a Dios y al Emperador. Con esas metas en la cabeza recorrió 800 km tierra adentro y sólo 166 de sus hombres sobrevivieron a la aventura, algo nunca realizado hasta entonces. Se encuentran con diversos caciques indios durante su travesía. 

Pese a la buena voluntad de Quesada, conquistadores e indios se roban, se matan, se traicionan (unos a otros y también entre si). Pero nuestro héroe, en actitud quijotesca, parece estar en otro mundo y sigue recorriendo la selva y conquistando territorio. En el Altiplano de Bogotá, los nativos informan a Quesada de que otra expedición se acerca por el este.

Se trata de un contingente alemán dirigido por Nicolas Federmann, y a quien Carlos I ha dado permiso de exploración, gracias a uno de los tantos intereses financieros del Emperador. Pero por si fuera poco, cuando Federmann y Quesada se ponen de acuerdo para repartirse el botín, los nativos vuelven a darle otra noticia: una nueva expedición se acerca desde el oeste. Ésta la comanda Sebastián Moyano de Belalcázar, a quien Pizarro había enviado desde Quito.

Resulta curioso que sólo un año antes, nadie había penetrado en estos parajes. Pero ahora la zona se mostraba demasiado concurrida para la época. La razón: todos buscaban «El Dorado». Para evitar un pleito, los tres capitanes, perplejos, deciden volver a España y que el Rey decida el reparto. Lamentablemente la campaña alemana terminará en tragedia porque la ambición de los germanos, hace que se aniquilen entre sí y Federmann es encarcelado por orden de sus propios jefes en cuanto volvió a Europa.

Con Federmann fuera del terreno, Carlos I reparte las nuevas tierras. A Belalcázar le entrega la zona suroccidental de Colombia (Popayán). A Jiménez de Quesada le nombra, además de regidor de Santa Fe de Bogotá, Mariscal del Nuevo Reino de Granada y Gobernador de El Dorado.

¿Qué quieren decir esos cargos? En realidad, nada: el Reino de Nueva Granada no existe como tal y se ignora dónde está El Dorado. Pero para nuestro héroe, tan quijotesco, es un título de gloria que le permitirá organizar expediciones hacia lo desconocido. Nuestro héroe regresa a España, donde pasará los próximos diez años. Con 60 años (un anciano para la época) en 1568 obtiene del Rey el título de «Adelantado» y da comienzo a su segunda y más delirante aventura: la búsqueda de El Dorado. 

Partió nuevamente a América donde recorre la selva durante tres años soportando ciénagas, caimanes, pirañas, tarántulas, jaguares, malaria, tifus y tribus hostiles. Sin embargo, en 1572 regresa con las manos vacías, con un coste de la aventura de 2000 vidas. Lo sorprendente, es que el viejo hidalgo sobreviviera. Se lo llevaría más tarde la lepra en 1579.

Expedición de Antonio de Berrío

Antonio Del Berrio Se Fue A Poblar Trinidad | PDF | Violencia

El 3 de enero de 1584 el conquistador español Antonio de Berrío, heredero de la capitulación de Gonzalo Jiménez de Quesada, emprende una expedición hacia la cuenca del Orinoco.

 En el rio Guaviare divisa una cadena montañosa hacia el Este y afirma «…que en la cordillera hay una laguna grandísima y que de la otra parte de ella hay grandes pobladores,… y gran riqueza de oro y piedras…«. Ya sin fuerzas decide retornar y labrar un acta con los resultados de la expedición.

En 1587, Berrio emprende otra expedición hacia las montañas que había divisado algunos años atrás. Tras dos meses sin resultados y sin recibir refuerzos decide volver a la isla Margarita. En 1590 Berrio emprende su tercera exploración, avanzando nuevamente por el río Orinoco y luego por el Caroní.

Tras semanas de caminata sin encontrar nada de lo esperado, la fuerte de su mujer hace fracasar una vez más su expedición. La principal fuente consultada por Berrio demuestra nuevamente como la fe y la sed aventurera de estos hombres estaba fuera de toda duda. Poseía lo que era un supuesto diario, escrito por un hombre llamado Iones Martínez, quién había participado en la expedición de Diego de Ordaz.

 

Este contaba que Martínez por error había incendiado un polvorín y fue condenado al abandono solo en una canoa cuando aún estaban en el río Orinoco, lo que significaba prácticamente una sentencia de muerte.​ Sin embargo, unos indios guayaneses lo encontraron y lo llevaron a la gran ciudad de «Manoa» donde vivió siete meses.

Según relata, Manoa era un ciudad donde el oro abundaba y se utilizaba para diversas cosas, como por ejemplo, para la fabricación de armaduras y escudos de guerra. Una vez finalizado éste proceso, todos se sentaban a beber, incluso durante varios días seguidos. El gran cacique de la ciudad despide al español que quiere volver con los suyos y le regala varios tesoros de oro.

Martínez parte de aquel reino del Orinoco, siendo asaltado en el camino por unos indios que le arrebatan todo el tesoro, quedándole únicamente unas vasijas llenas de cuentas labradas en oro. Tras pasar por Trinidad y Margarita, Martínez desembarco en Puerto Rico. Allí entregó las vasijas llenas de oro a la Iglesia y narró todo lo sucedido en la travesía antes de morir.

Continuando con su plan de encontrar El Dorado, Berrio funda en la isla grande de Trinidad el pueblo de San José de Oruña (1592) y se instala allí al año siguiente.  En 1594 la escuadra de Walter Raleigh (un corsario y marino inglés) interceptó una embarcación española donde iban las cartas de Berrío en las que informaba de que había conseguido «El Dorado».

Esta noticia impulsó a Raleigh a desembarcar en Trinidad en marzo de 1595, tras lo cual incendia la ciudad y se lleva prisionero a Berrio. Tras esto Raleigh intento encontrar la ciudad de oro sin éxito. Finalmente Berrio es liberado como parte de un canje de prisioneros.

Una vez liberado, Berrío reunió gente y partió desde Margarita hacia el Orinoco, fundando en 1595 la ciudad de Santo Tomé de Guayana (hoy Ciudad Bolívar) para desde allí organizar la expedición a Manoa. Berrío esperó la llegada de su hijo Fernando quién traería refuerzos desde Bogotá, sin embargo este llega dos años después, encontrando el poblado abandonado y a su padre a punto de morir.

Posteriormente, Fernando de Berrío, heredó la gobernación de su padre y realizó varias expediciones al macizo de Guayana con el fin de hallar «El Dorado», siendo este el primer europeo en observar la cascada denominada Salto del Ángel.

Expedición de Domingo de Vera e Irigoyen

Instalado en San José de Oruña y sin posibilidades de encabezar una gran expedición, el gobernador Antonio de Berrío decide enviar, en 1593, a su Maestre de Campo, Domingo de Vera e Irigoyen (o Ibargoyen) con 35 y algunos indios, a explorar el interior del continente. Entre estos indios se encuentra un cacique llamado Morequito, quien había sido secuestrado por Berrio, pero que tras ser cristianizado procuró guiar a los españoles rumbo al oro de las guayanas. 

Domingo de Vera se introduce en el Orinoco y llega hasta la altura del río Caroní, a la tribu de Morequito. Este es liberado como muestra de agradecimiento y este advierte a su tribu que escondan todo el oro que tengan. Morequito esta empeñado en sabotear la expedición y avisa a las demás tribus de la zona para parar a los españoles. 

Domingo de Vera descubre su plan y vuelve a encadenar al cacique. Va describiendo a medida que avanza que el camino está poblado por «muchísima gente» y que «tienen oro en las narices, en los pechos, en los brazos, en las piernas y que es gente muy rica«. 

Sin embargo, el Maestre de Campo se entera que Morequito tiene planeado enviar a los españoles por un camino donde no había agua en dos días, para que luego fueran emboscados, hecho que determinó el fin de la travesía, pudiendo Irigoyen y su gente volver a salvo.

 

Expedición de José Cabarte

A comienzos del siglo XVIII, el padre José Cabarte, de la Compañía de Jesús, pasó 39 años en las misiones del Orinoco siguiendo los rastros de la expedición que había realizado el tudesco Felipe von Hutten en busca de El Dorado.

En estas misiones el padre Cabarte catequizó y bautizó a un indio llamado Agustín, que según le relató, a la edad de quince años había sido capturado y esclavizado por los habitantes de la ciudad de Manoa, pasando allí otros quince años. Finalmente él y tres indios más lograron huir a instancias de otro esclavo que conocía el camino.

Tras salir de Manoa debieron caminar unos veintitrés días hasta llegar a las orillas del río Orinoco. El indio Agustín le certificó al padre Cabarte que aquella ciudad poseía grandes riquezas y muchos habitantes. Cabarte jamás llegó a encontrar la ciudad.

Expedición de Manuel Centurión

En 1729, Guayana pasa a formar parte de la Provincia de Nueva Andalucía hasta 1762. El Gobernador de Guayana, Manuel Centurión, se dedicó a poblar, fortificar y cartografiar el territorio con el objetivo de consolidar el dominio español. Por una necesidad político-militar, Centurión encaró la misión de desentrañar definitivamente el misterio del Lago Parima y del Cerro Dorado. 

Paranacare, un cacique local, se ofreció a guiar a los españoles. En 1771 Centurión ordena diseñar un nuevo Plano General de la Provincia de Guayana. En enero de 1772 el Gobernador envía una expedición encabezada por el teniente de artillería Nicolás Martínez para el descubrimiento de la legendaria laguna. Los indios del lugar les informaron que los portugeses habían llegado a la región de Parima. Esta noticia alarmó al gobernador Centurión. 

En marzo de 1773 el Gobernador despachó una nueva expedición al mando del teniente de infantería Vicente Díez de la Fuente. Posteriormente Centurión envió a doscientas familias para poblar siete nuevos asentamientos, de los cuales tres se hallarían en la frontera con la región de Parima. 

La tercera expedición española partió en octubre de 1775, siendo nuevamente organizada por Díez de la Fuente. Tras pasar por los pueblos recientemente fundados, la expedición continuó río arriba por el Tacutu en dirección al «Cerro Dorado». 

Este episodio generó un intercambio de protestas entre los gobernadores españoles y portugueses por la soberanía que pretendían ambas coronas sobre dicha región. Tras la escalada bélica registrada en 1776 se produjo un acercamiento entre los gobiernos de España y Portugal para fijar nuevos límites en el territorio sudamericano. 

España logró recuperar algunas zonas de la región del Paraguay y del Río de la Plata, aunque a cambio debió ceder un amplio sector del norte del Amazonas, donde los portugueses evidentemente estaban más consolidados que los hispanos. 

Por aquel entonces, ya existían numerosos indicios de que la legendaria Laguna Parima no era más que una planicie de inundación de una cuenca fluvial, cuya principal arteria era el río Parime.  La historia de las ofrendas de oro y esmeraldas también condujo a los primeros intentos por desaguar las lagunas sagradas de los muiscas. 

 

El primer desagüe de la laguna de Guatavita lo realizó Hernán Pérez de Quesada, consiguiendo únicamente el equivalente a tres o cuatro mil pesos de oro. En 1652, un rico mercader de Bogotá, llamado Sepúlveda, obtuvo de Felipe IV la concesión para una segunda pesquisa. Sepúlveda realizó un corte en uno de los cerros con el fin de desaguar la laguna, obteniendo de esta empresa solo una valiosa esmeralda.

Finalmente, una compañía inglesa, por concesión del gobierno de Colombia, procedió a desaguar completamente la laguna de Guatavita, descubriendo en su fondo una capa de lodo de tres metros de espesor. Allí fueron encontrados algunos tunjos, esmeraldas y objetos de cerámica.

La laguna Siecha fue parcialmente desaguada en 1856 por los señores Joaquín y Bernardino Tovar, asociados a Guillermo Paris y a Rafael Chacón. El nivel de las aguas descendió unos tres metros permitiendo descubrir varias esmeraldas y algunas piezas de oro, entre las que se destacaba una balsa muisca,​ similar a la hallada en 1969, pero que actualmente se encuentra desaparecida.

En 1870 se realizó un nuevo intento por desaguar la laguna Siecha, llevada a cabo por Crowther y Enrique Urdaneta, que perforaron 187 metros de roca de arenisca sobre el muro occidental. Sin embargo, cuando faltaban 3 metros para finalizar el túnel, los dos señores y un peón murieron asfixiados por las emanaciones viciadas del lodo sumadas al olor de la combustión de la pólvora empleada para la perforación.

 

La leyenda de «El Dorado» y las acometidas por encontrar el tesoro no cesaron hasta avanzado el siglo XVIII, cuando los estudios cartográficos cercaron el mito y lo redujeron a una realidad menos fabulosa y lucrativa.

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