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El origen de los villancicos, las canciones típicas de la navidad …


Soldados celebrando la Navidad durante la Segunda Guerra Mundial.

National Geographic(J.M.Sadurni)/EOMC.García)/Dapper Magazine(L.G.Girón)Llega el invierno, el mes de diciembre y con él, las calles engalanadas, las luces de colores, los dulces típicos y los regalos. Pero falta una cosa para que la magia de la Navidad nos invada por completo. ¿Adivinas qué es? 

Esa melodía que inunda las calles, los hogares, las escuelas y los centros comerciales, llenando de alegría a mayores y pequeños; Sí.

Esas tonadas con estribillos muy pegadizos y que a los niños les encantan. En efecto, se trata de los villancicos, esas cancioncillas que todos cantamos acompañados de una pandereta y una zambomba. Sepamos cuál es el origen de esta entrañable tradición.

La procedencia de la palabra villancico tiene un origen popular, ya que deriva de la palabra «villa» y a su vez del latín villanus. Sin embargo, y en un principio, el origen de los villancicos no estuvo ligado a la Navidad como tal, sino que estas canciones populares trataban todo tipo de temas cuando comenzaron a popularizarse en España y Portugal durante la Edad Media y el Renacimiento.

De hecho, ya el nombre en sí mismo sugiere de qué trataban las canciones que entonaban los «villanos», es decir, las personas de clase humilde que vivían en las villas medievales. Se trataba de composiciones vocales inspiradas en textos de temática rural y que no siempre iban acompañadas de instrumentos. 

Estos poemas tuvieron un gran éxito y fueron musicalizados por grandes compositores del momento, como el músico y poeta Juan del Encina, el compositor renacentista Mateo Flecha o el compositor y organista Gaspar Fernandes, entre otros. 

Los villancicos constituían uno de los tres principales géneros de la lírica española popular, junto con las cantigas y las jarchas mozárabes. Al final, una parte muy representativa de los villancicos renacentistas pasó a ser recogida en manuscritos y volúmenes antológicos conocidos como Cancioneros, entre los que destacan el Cancionero General, el de Palacio, el de Linares, el de Medinaceli, el de la Colombina o el de Upsala.

La imagen sobre estas líneas muestra una portada de El cancionero de Uppsala, un recopilatorio de villancicos renacentista publicado por primera vez en 1556 en Venecia.

Tal y como explica la filóloga Silvia Iriso en El gran libro de los villancicos, la variedad y asimilación temática favoreció la popularidad de estas canciones, pues «prácticamente cualquier cosa podía ocupar un estribillo: la noticia de la toma de Granada, la nostalgia de la patria…», aunque el tópico amoroso siguió siendo el más prolífico durante todo el siglo XVI.

Iriso cuenta en su libro que la iglesia vio en el villancico una fórmula perfecta para difundir y propagar su mensaje.

Además de componer algunos villancicos inspirados en la figura de Jesucristo o de la Virgen, se extendió también el recurso de sustituir la letra profana por una sagrada con la indicación de «cántese al son de» o «al tono de», seguido del título de algún famoso villancico de la época. 

El éxito de esta nueva modalidad llevó a la jerarquía eclesiástica a oficializarla y a permitir que los villancicos de temática religiosa se fueran interpretando poco a poco en las iglesias como parte de la liturgia.

Además de los villancicos más tradicionales, por todos conocidos, hay villancicos regionales que son más populares en su lugar de origen. Por ejemplo, en Galicia cantan Bo Nadal y Alá Polá Noite entre otros, y en Euskadi Gabonak Gabon y Autxo Porito. En Cataluña se entona la Santa Nit y el Rabadá; en Andalucía cantan algunos tan divertidos como Corre, corre al portalico y ¡Alepun!.

De Madrid es originaria la famosa Marimorena, y en Valencia se canta un villancico muy conocido por mayores y pequeños llamado Los Pastorets i Pastoretes. También podemos destacar algunos tan entrañables como en A Belén tocan a fuego, popular en Castilla y León, o Los pastores de Extremadura, el villancico extremeño por excelencia. 

Tampoco podemos olvidar el famoso Ay del chiquirritín, cuyo origen es navarro, ni los tan conocidos Ya vienen los Reyes de Aragón o Hacia Belén va una burra típico de Castilla-La Mancha. Y en este breve repaso del cancionero popular navideño no puede faltar el popular Dime Niño, de Murcia, y el entrañable Una sobre el mismo mar, de origen canario.

Las canciones seculares modernas, principalmente del siglo XX, resaltan la anticipación de las comodidades y alegrías, los regalos, las tradiciones, el regreso a casa y los seres queridos de la temporada.

Los interpretamos todos, desde cantantes de rock and roll (Elvis Presley), hasta estrellas del pop (Wham!) y cantantes de big band (Bing Crosby).

Un musicólogo llamado Joe Bennett analizó docenas de canciones navideñas y encontró algunas similitudes estilísticas en toda la música navideña. 

El 90% se trata de nostalgia. Como era de esperar, palabras como “nieve”, “Santa”, “amor”, “hogar” y “frío” son comunes.

A lo largo de la historia cultural de la Navidad, numerosas festividades como Saturnalia de los romanos, Yule de los escandinavos y la natividad y las costumbres paganas de toda Europa se unieron durante la era del Renacimiento (abarca desde el siglo XIV al XVII).

En el proceso, la música llegó a asociarse con las festividades y animó sus celebraciones. Algunos citan ejemplos tempranos como los villancicos aportados en las obras de un capellán inglés llamado John Awdlay a mediados del siglo XV o un cancionero finlandés con villancicos publicado alrededor de 1582.

Sin embargo, fue a lo largo del siglo XIX que canciones (religiosas) conocidas como “ Dios descanse, alegres caballeros”, “Noche de paz”, “Alegría para el mundo”, “¡Escuchen! Los Ángeles Heraldos Cantan”, “Oh Holy Night”, “The Twelve Days of Christmas»”, y “Oh Christmas Tree ” surgió por primera vez para celebrar la fiesta cada vez más popular.

El primer impulso de popularidad social se produjo en 1867 cuando John Stainer publicó Christmas Carols New & Old . La colección de música de catalogo que, modificó e incluyó canciones contemporáneas antiguas y emergentes. En el proceso, creó una especie de principio oficial de canciones navideñas.

Esa contribución recibió un segundo impulso, más sustancial, a principios del siglo XX con el lanzamiento de una obra influyente llamada The Oxford Book of Carols en 1928 y la adopción masiva de radios y tocadiscos. Este último permitió a la gente enamorarse de la música navideña más allá de las iglesias, los pianos de las salas de estar o los umbrales nevados.

A lo largo de las décadas de 1930 y 1940, la radio y los discos, junto con sus consumidores, permitieron que una ola de compositores, letristas y cantantes estadounidenses marcaran el comienzo de una nueva era dorada de la música navideña (no secular).

La belleza y las costumbres de la temporada inspiraron una gran cantidad de canciones, desde mágicas hasta humorísticas y melancólicas. Sin embargo, a menudo son esas melodías con un tintineo alegre las que nos recuerdan tan fácilmente los placeres y la magia de la Navidad.

Durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, canciones como “Winter Wonderland”, “Santa Claus is Coming to Town”, “White Christmas”, “Let It Snow” y “I’ll Be Home for Christmas” invadieron las ondas de radio. Gracias al fuerte deseo de buena voluntad y mejores tiempos, estas canciones fueron recibidas con entusiasmo y rápidamente se convirtieron en precepto del género.

La representación de las costumbres y tradiciones navideñas en los medios populares del cine y la televisión integró aún más las melodías navideñas en el espíritu colectivo. Marcó el comienzo de una edad de oro de la música navideña que evolucionó con cada músico posterior y continúa creciendo en la actualidad.

Por ejemplo, ¡Mariah Carey gana alrededor de $ 2.5 millones por año solo con “All i want for Christmas is you” !

– Villancicos por el mundo

Los centros comerciales y las grandes tiendas reproducen música navideña para crear un ambiente festivo mientras compras. Spotify ofrece una gran cantidad de música navideña adaptada a su estilo preferido. Los comerciales de televisión, en la radio, los anuncios en las redes sociales y las historias de Instagram presentan música navideña en esta época del año.

Los coros de la iglesia, los grupos de acapella, los villancicos y los músicos continúan haciendo presentaciones para aquellos que buscan una experiencia más local. Luego, por supuesto, los músicos populares escriben música todo el tiempo para desafiar a los artistas navideños más vendidos como Michael Bublé y Pentatonix.

Pero no sólo en España se cantan canciones para celebrar la Navidad. En otras regiones del mundo, a este tipo de composiciones se las conoce con diversos nombres: Koliadki en Ucrania y Rusia, Koleda en Bulgaria y Polonia, Pastorali en Italia, Weihnachtslieder en Alemania, Christmas Carols en los países de habla inglesa, Agüinado en Venezuela o Posadas en México y Centroamérica. 

El villancico más conocido y que todo el mundo ha cantado al menos una vez en su vida es Stille nacht, heilige nacht, nombre original del famoso Noche de paz. Esta bella pieza tiene su origen en la casualidad, pues fue creada por un sacerdote austríaco que se encontró en la tesitura de tener que componer una canción que se pudiera interpretar sin el acompañamiento del órgano de la iglesia, pues éste se había estropeado. 

Así que para la misa del gallo de 1818 compuso Noche de paz, un villancico que ya se ha traducido a 330 idiomas. Otra canción navideña de gran éxito y conocida en todo el mundo es el célebre Jingle Bells estadounidense.

Las canciones seculares modernas, principalmente del siglo XX, resaltan la anticipación de las comodidades y alegrías, los regalos, las tradiciones, el regreso a casa y los seres queridos de la temporada. Los interpretamos todos, desde cantantes de rock and roll (Elvis Presley), hasta estrellas del pop (Wham!) y cantantes de big band (Bing Crosby).

Un musicólogo llamado Joe Bennett analizó docenas de canciones navideñas y encontró algunas similitudes estilísticas en toda la música navideña. El 90% se trata de nostalgia. Como era de esperar, palabras como “nieve”, “Santa”, “amor”, “hogar” y “frío” son comunes.

Quizá lo más curioso sea la transformación que estas canciones han sufrido con el paso de los siglos y la capacidad del ser humano de mantener las tradiciones, de recoger sus letras, sus melodías y conservarlas para las generaciones venideras. Los villancicos son un tipo de canción muy particular, y no gustan a todo el mundo. 

Pero no podemos negar que son parte de nuestra historia y, aunque a veces a algunos les puedan resultar repetitivos y simples, forman parte de una antigua tradición cultural. No dejemos que caigan en el olvido…

– ¿Qué fue la Tregua de Navidad?

Ilustración de la Tregua de Navidad en ‘The Illustrated London News’ (09/01/1915).

La Tregua de Navidad fue el alto al fuego por esa fiesta en 1914 durante la Primera Guerra Mundial. 

La protagonizaron soldados ingleses, franceses y alemanes, además de belgas y escoceses, que interrumpieron los ataques y llevaron a cabo actividades pacíficas.

Cinco meses después del inicio de la guerra, ambos bandos esperaban ganar pronto y estar en casa en Nochebuena, pero finalmente solo abandonaron las armas durante un día en un gesto inusual y humano para celebrar la Navidad.

La historia ocurrió sobre todo en el frente occidental, situado entre Bélgica y Francia. Los soldados luchaban con fusiles, granadas y artillería en una guerra de trincheras que se estancó hasta que los aliados se impusieron en 1918. En algunos tramos del frente solo unas decenas de metros separaban las trincheras. Los detalles han quedado recogidos en cartas a familiares de quienes estaban en esa primera línea.

– Tregua de Navidad por agotamiento

Los soldados ya habían intercambiado gestos antes de la Tregua de Navidad. No era raro que hubiera pequeñas treguas para recuperar muertos o intercambiar información. Ya en diciembre, los alemanes hicieron llegar a los ingleses una tarta acompañada de una nota que les invitaba a cesar el combate por el cumpleaños de un capitán. Esa noche los alemanes cantaron durante una breve tregua sin contratiempos.

Ingleses y alemanes sufrían la misma situación desesperante. Las temperaturas invernales eran muy frías, vivían rodeados de barro en las zanjas excavadas en el suelo y las condiciones sanitarias eran pésimas, por lo que muchos soldados enfermaban. A menudo se organizaban altos al fuego momentáneos para recoger a compañeros heridos y fallecidos en tierra de nadie.

Pese a la propaganda y la orden de los generales desde la retaguardia de no abandonar las trincheras por si el enemigo atacaba, cualquier posible motivación se desvanecía en los primeros meses. Los soldados movilizados eran más ajenos al fervor ideológico y a las razones que habían llevado a la guerra. Más que asesinar a las tropas enemigas, luchaban por sobrevivir.

– Fútbol, árboles e intercambios: ¿Qué ocurrió en realidad?

Soldados alemanes y británicos acordaron, en la frontera franco-belga, una tregua a su enfrentamiento militar 

Los alemanes también dieron los primeros pasos en la Tregua de Navidad.

El 24 de diciembre, por ejemplo, decoraron árboles con velas en sus parapetos.

Según algunos relatos, los alemanes también hicieron llegar a los ingleses un mensaje que proponía no disparar al día siguiente.

Ya esa noche se respetó la paz y desde ambos lados se oyeron canciones y villancicos.

El día de Navidad, miles de soldados terminaron juntándose en tierra de nadie, la franja de territorio que separaba las trincheras. La tregua permitió que recogieran sus bajas, llegaron a enterrar juntos a los caídos y en muchos casos conversaron y llevaron a cabo otras actividades amistosas.

La escena más famosa es la del fútbol, que probablemente fueron juegos con objetos que hicieron de balones, más que partidos organizados. Sí hay más evidencia sobre tabaco, alcohol y otros regalos compartidos, y algunos soldados volvieron a sus trincheras con botones y cascos del uniforme contrario. En algunos puntos, la tregua informal duró hasta el día siguiente y en otros se extendió varios días más.

– Excepciones espontáneas

La Tregua de Navidad ha pasado a la historia con un aura de milagro navideño, grabado en fotos e ilustraciones que muestran juntos a oficiales alemanes y británicos, y en la cultura popular. Una de las películas basadas en esta historia real es Joyeux Nöel (2005), de Christian Carion.

Sin embargo, los tiroteos nunca se suspendieron en otras partes del frente. Los altos mandos no permitían los ceses de hostilidades y, cuando se enteraron, trataron de censurarlos. Alarmados, ordenaron ponerles fin porque creían que dañarían el espíritu de guerra de las tropas. Para que la tregua navideña no se repitiera en años siguientes, ambos bandos prohibieron confraternizar con el enemigo, incluso bajo amenaza de corte marcial.

Esta no fue la única tregua durante la Primera Guerra Mundial. La guerra de trincheras se regía a veces por un sistema acordado de “vive y deja vivir”, un comportamiento de no agresión y cooperación que surgía de forma espontánea. Además, este equilibrio momentáneo, cuando ocurría, era frágil y era probable que poco más que un tiro echara a perder el acuerdo tácito de no disparar.

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