Anécdotas históricas al desnudo …

Ni la reina Cleopatra resultaba tan fascinante como en las películas del cine norteamericano, ni el díscolo Giacomo Casanova disfrutaba cuando le piropeaban por su físico, ya que se consideraba prioritariamente un excelente científico, ni Napoleón Bonaparte era tan escaso de estatura, asegura también este investigador, tras bucear en miles de libros de historia hasta llegar a estas peculiares conclusiones.
- Bonaparte y ‘sus partes nobles’
Perrottet, gran aficionado a los viajes, ha llevado su pasión histórica hasta el extremo de indagar dónde se encuentran las “partes nobles” de Napoleón, extirpadas por su médico durante la autopsia realizada en la isla británica de Santa Elena, el 5 de mayo de 1821, con su corrupto y rapaz capellán, el abate Ange Vignale también presente, que se “reservó” varios objetos personales.
Tras la solemne inhumación del cuerpo de Napoleón en un sarcófago rojo destinado a reposar en Los Inválidos en 1840, los familiares de Vignali reividicaron por testamento la parte más íntima de la anatomía real, junto con otros recuerdos de Santa Elena, como pañuelos con sus iniciales, pantalones blancos y tazas de té y los guardaron religiosamente durante casi un siglo.
- De París a Nueva Jersey
Así, en 1977 se subastó en París por 13.000 francos (2900 dólares) dentro de la denominada “colección Vignali” y fue adquirida por un profesor de la Universidad de Columbia, el doctor Jonh K. Lattimer, que era el urólogo más importante de Estados Unidos en aquella época y también había servido a los norteamericanos como especialista en el juicio contra los crímenes de guerra de Núremberg de 1946, según consta en el libro.
Lattimer, ávido coleccionista de objetos morbosos, tenía en su galería de recuerdos el frasco con el que el nazi Hermann Göring se suicidó, el cuello manchado de sangre de la camisa de Abraham Lincoln y las tiras de cuero del asiento del coche en que fue asesinado John F. Kennedy en Dallas, entre otros muchos objetos extraños de culto.
El profesor Lattimer conservó su “pieza” napoleónica dentro de una maleta y debajo de su cama en su domicilio de Englewood (Nueva Jersey) hasta su muerte en el 2007, sin que sus hijos hayan tomado hoy en día ninguna decisión sobre su futuro destino.
- En busca del objeto perdido
No contento con indagar su paradero, Tony Perrotet afirma en su libro “ser la única persona ajena a la familia Vignali a quien se le ha enseñado un órgano que define como ciertamente pequeño, reducido hasta el tamaño del dedo de un niño, con la piel blanca, reseca, arrugada y carne seca de color beige”.
Este historiador niega también que Napoleón fuera tan bajo como le pintan en las películas. “En realidad medía 1,68 centímetros, una estatura ligeramente superior a la media de los hombres de la época”, asegura.
Al parecer, el error surgió como una confusión relacionada con las medidas francesas y por el sobrenombre cariñoso con el que le calificaron sus soldados, “le petit caporal” (el pequeño cabo) por lo que la expresión moderna “complejo de Napoleón se basa en una premisa falsa”, a juicio de su autor.
- Cleopatra y Casanova
Para el historiador, la reina Cleopatra no se parecía en nada a las sensuales Claudette Colbert, Vivian Leigh o Elizabeth Taylor, inmortalizadas como poseedoras del trono de Egipto en la gran pantalla, sino que su nariz era excesivamente prominente y su cuello descarnado, «con los rasgos de un ave de presa», a juicio del autor.
Sin embargo, según el biógrafo Plutarco, los hombres no se enamoraban de su belleza sino que quedaban hipnotizados por su ingenio, talento y encanto «y por una conversación irresistiblemente fascinante y un carácter completamente cautivador». Por el contrario, Giacomo Casanova no desmerecía en absoluto de las alabanzas que recibía de la gente y, a juicio de un biógrafo de la época, era muy atractivo: «un metro setenta y cinco de estatura, musculoso, esbelto, con la tez morena («africana»), los ojos chispeantes y los labios ávidos…».
- El marqués de Sade y el veneno
El autor de estas investigaciones describe al marqués de Sade como «depravado» y asegura que nunca hubiéramos oído hablar de sus perversas costumbres de no haber sido por su suegra, la dominante Marie-Madelaine de Montreuil y su afán de acabar con él. Una de sus perversiones consistió en contratar a cuatro prostitutas en Marsella para una orgía y obsequiarlas con caramelos a los que previamente había añadido un afrodisiaco tóxico denominado «mosca española». Gravemente enfermas, denunciaron a Sade por envenenador y el marqués se vió obligado a ocultarse en Italia.
Tony Perrotet nació y estudió historia en Sydney, pero su incansable ansia por conocer el mundo le ha llevado a recorrer prácticamente todos los rincones del planeta, hasta quedar establecido en Manhattan, desde donde viaja por todo el mundo.
Sus historias de viaje han recibido merecedoras críticas en numerosas ocasiones y ha sido seleccionado cuatro veces para la serie Best American Travel Writing. Este historiador colabora de forma habitual con Smithsonian Magazine, Condé Nast Traveler, Esquire, Outside, National Geographic Adventure, The New York Times y The London Sunday Times.(NoticiasTerra)
como se llaman cada una de las piezas de ese traje q utilizaba ella
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octubre 2, 2010 en 21:54
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abril 30, 2013 en 12:01