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¿Qué se llevan los huéspedes de los hoteles? …


Infobae-Diario El Universal (México) – Desde personas que guardan los jabones como souvenirs hasta otras más osadas, capaces de empacar un cuadro del salón, los turistas son protagonistas de insólitas historias

La primera tentación a la que se ven expuestos algunos viajeros al llegar al cuarto del hotel es almacenar en sus bolsos la mayor cantidad champús, acondicionadores, cremas, espumas, sales, jabones y todos aquellos artículos de tocador que estén a su alcance. En realidad, estos productos son considerados una cortesía y están para ser llevados.

En la misma situación se encuentran los kits para afeitarse y para lustrar los zapatos, los cepillos de dientes, los artículos de librería y las pantuflas que también pueden empacarse como un recuerdo de la estancia, sin incurrir en una conducta indebida, según publica el diario mexicano El Universal.

Una cuestión discutible son las toallas, ya que hay establecimientos que consienten que pasen a formar parte del equipaje de los hospedados y otros que, en caso de detectar su falta, las cargan en la factura de consumos. Las que definitivamente no son un souvenir son las batas, ahí no hay justificación posible. Quien quiera lucir en el baño de su casa el bonito logo del hotel que visitó, deberá desembolsar su valor.

Estas cuestiones menores son cotidianas en la hotelería pero el listado de los artículos más hurtados es tan extenso como insólito. Adornos, alfombras, cortinas, almohadas, botellas de licor y hasta cables de internet son tomados como trofeos de guerra por algunos de los visitantes.

Pero lo que éstos no tienen en cuenta es que, al registrarse en el establecimiento, proporcionan sus datos personales y hasta el número de su tarjeta de crédito, con lo cual no será muy difícil localizarlos y hacerles pagar su fechoría.

El periódico entrevistó a algunos directivos de hoteles en Argentina. Uno de ellos contó que un coleccionista de antigüedades compró todo tipo de objetos, estatuas y cuadro durante su visita. Cuando abandonó la habitación y la mucama entró a hacer la limpieza, se encontró con que el cuarto estaba algo desmantelado: faltaban las sábanas, las cobijas y las toallas que el hombre había utilizado para proteger cuidadosamente los objetos adquiridos.

Emilio Bissoni, director de Operaciones de un Sofitel rememora que una noche un huésped descendió hasta los salones del hall, descolgó un cuadro y se lo llevó al cuarto. Las cámaras de circuito cerrado grabaron su «osadía» y al instante los empleados fueron a tocarle la puerta, reclamándole la pintura. Al parecer su pareja lo había visto durante el día, le había gustado y se lo había pedido como regalo.

Otra anécdota cuenta que un visitante pedía el café en bandeja todas las mañanas a su cuarto, pero cuando las mucamas iban a retirar el servicio sólo estaba las tazas. Tras varios días de repetirse la misma situación, un mayordomo tomó coraje y al llevarle su desayuno, le hizo el comentario sobre las cafeteras que habían quedado olvidadas y que, seguramente, estarían muy sucias dando un mal aspecto.

Pero el huésped negó haberlas visto. Un rato después se comunicó con el empleado y le dijo que no se explicaba cómo esos artículos de la vajilla habían quedado cerca de la pared, tapados por las cortinas.

Claro que nunca faltan los más ingenuos, como el caso de una pareja de recién casados que pasó por la conserjería para hacer el check out. La noche de bodas en el hotel había sido regalo de unos amigos por lo que sólo debían pagar los gastos adicionales. Sin embargo, el flamante esposo se sorprendió al ver lo que debía abonar.

«Son los consumos del refrigerador de la habitación señor», le explicó el conserje. «¿Cómo? ¿Los productos del minibar no están incluidos en el precio de la habitación?», se quejó el huésped. Obviamente, la respuesta fue negativa. «Ah, bueno, si no es así, los devolvemos», dijo el hombre indignado mientras abría un bolso y sacaba las bebidas, chocolates, papas fritas, cervezas, jugos, cereales y miniaturas alcohólicas que pensaba llevarse de recuerdo.

nuestras charlas nocturnas.

2 comentarios

  1. Avatar de Ana
    Ana

    Yo recuerdo en una ocasión, que una muy conocida mía, vamos, conocidísima (jejejejejejeje) despues de una noche de fiesta se levantó con una sed terrible en la habitación del hotel.
    Era inversamente proporcional su cantidad de sed con su cantidad de dinero, así que acudió al mueble bar, se bebió las dos botellitas de agua (que le supieron a gloria bendita) y posteriormente las rellenó en el lavabo y con sumo cuidado colocó las chapas.
    Al cabo del rato, la sed no apremiaba así que como una posesa se lanzó a por las coca colas y su pareja hizo lo propio con el resto de refrescos.
    Al salir de la habitación con el firme convencimiento de que ante la pregunta en recepción de: han consumido algo del mueble bar?, ellos dirían que no de forma rotunda, pero…………….. eh ahí la diosa fortuna que les sonrió.
    De camino hacia el ascensor, un carrito en la puerta de una habitación con la puerta abierta mientras el personal de servicio cumplía con sus tareas, se lo puso huevo.
    «tomaron prestados» los refrescos consumidos, y volvieron a la habitación para reponerlos, guardaron los envases vacios en sus mochilas y salieron sin parar de reir.
    Obvia comentar que eran jovenes

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    febrero 28, 2011 en 23:56

    • Avatar de mediosiglo1955
      mediosiglo1955

      Que tire la primer piedra quien no se llevo de «souvenir», un vaso, una toalla, toallon, o elemento que se pueda colocar en la maleta (o que haga falta del momento) de algún hotel. (por supuesto yo no tirare ninguna piedra)

      Me gusta

      marzo 1, 2011 en 1:47

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