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Un Goya por 40 euros y otras grandes gangas de la Historia del Arte …


Vanity Fair(I.López)/Infobae(G.Linares/J.Dastis)/Marca(A.Carrillo) — Todos hemos albergado la misma fantasía mientras recorríamos los puestos de un mercadillo o un rastro de pueblo. 

¿Y si de pronto, entre los jarrones de cristal de culo de botella y las muñecas despelujadas, se me revelara un Van Gogh perdido?

¿Y si, por el motivo que fuera, ni su vendedor ni el resto de viandantes sospechara la autoría de la obra, de modo que yo pudiera llevármela a casa por digamos diez euros, para después llevarla a Sotheby’s y venderla por una cifra que nos resolviera la existencia a mí y a las cinco generaciones siguientes?

Pues sepan que esa fantasía se ha hecho realidad para algunas personas particularmente venturosas. Y otras, con más constancia que fortuna, aún siguen en ello. Estos son algunos de los casos que más nos han llamado la atención.

– 40 € por un Goya

El anticuario abulense Javier Sainz adquirió hace cuatro años un simpático cuadro de ambiente marino a un frutero ambulante, sospechando que se trataba de una obra de cierto valor pintada hace más de dos siglos. No se crean que por ello estaba dispuesto a aceptar el primer precio de la oferta: al principio regateó sobre los cuarenta euros de partida, importe por el que finalmente se produjo la transacción.

Después, diversos indicios llevaron a Sainz a la convicción de que el autor no era otro que Francisco de Goya y Lucientes, así que reunió pruebas y realizó un estudio basado en dicha tesis. El documento ha sido entregado a diversas instituciones museísticas, entre ellas el Prado, que se ha limitado a remitir el caso a su departamento de pintura del XVIII. 

– Un Dalí de juventud

El caso de El nacimiento intrauterino de Salvador Dalí es bastante conocido. Está considerado como la primera obra surrealista del autor de El enigma de Hitler –en realidad data de tres años antes de la propia invención del surrealismo por André Breton y los suyos–, aunque a priori a lo que más se parece este grupo de ángeles ascendentes es a los hermosos dibujos del artista romántico inglés William Blake.

En todo caso, y a partir del análisis mediante fotografía infrarroja, rayos X y luz ultravioleta, se ha determinado que se trata de una obra daliniana de juventud de la que se tenía constancia tan solo por alguna mención del artista. 

Pues bien, fue el pintor e historiador del arte Tomeu L’Amo quien se apresuró a adquirirlo en los años ochenta por 25.000 pesetas –unos 150 euros– tras verlo atribuido a un autor anónimo en una tienda de Girona, oliéndose ya la verdadera autoría del cuadro.

Certificada la misma, lo revendió a un coleccionista privado por un precio que no se ha hecho público, pero que intuimos muy superior al que él pagó.

– Restituyendo un Renoir

En 2009, una mujer llamada Marcia Fuqua compró en un mercadillo del estado norteamericano de Virginia Occidental un cuadrito de pequeñas dimensiones –14 por 23 centímetros– que representaba un sencillo paisaje fluvial.

Pagó por él la irrisoria cifra de 7 dólares. Unos años después, decidió llevar su adquisición a una casa de subastas con la intención de venderlo, y entonces se desveló que la pieza era un auténtico Renoir de 1879, y que su legítimo propietario era el Museo de Arte de Baltimore, de donde había sido robado hacía más de medio siglo.

Entonces se armó el comprensible revuelo, en el que estuvieron implicados el museo, la compañía de seguros, la casa de subastas, los juzgados y hasta el FBI.

Hubo declaraciones para todos los gustos, incluida una de la propia Fuqua que aseguró que no tenía ni idea de que la obra había sido pintada por el impresionista de Limoges, pese a que su lujoso marco incorporaba una plaquita con la leyenda “Renoir.1841-1919”.

Finalmente, la obra fue devuelta al museo, que para celebrarlo organizó una muestra titulada “The Renoir Returns”. Por su parte, Marcia Fuqua se quedó sin los 100.000 dólares en que la casa de subastas había estimado que podría adjudicarse el cuadro. Ella fue la gran perdedora del caso.

– ¿Pollock?¿Qué Pollock?

“¿Quién c… es Jackson Pollok?”. Esa fue la pregunta de Teri Horton, camionera retirada de California, cuando una amiga suya, profesora de arte, le dijo que el espantoso cuadro que tenía almacenado en su garaje podría ser una obra del artista americano más cotizado. 

Horton había adquirido en 1992 aquel mamotreto, un conjunto de brochazos y salpicaduras de colores sin sentido aparente, por cinco dólares en una tienda de segunda mano, y pensaba revenderlo en una garage sale.

El plan de la reventa siguió adelante, solo que ahora con un pequeño giro dimensional: la idea era certificar la autoría y colocar la obra en el mercado por unos cuantos millones de dólares (140 se llegarían a pagar en 2006 por un gran formato de este artista) . Lo que hasta el momento no ha sido posible, ya que los expertos no se ponen de acuerdo al respecto. 

Ante el escepticismo de los críticos, Horton contrató a un forense que sí le dio la razón. ¿La respuesta? “El mundo del arte no entiende de ADN”. 

De todo el proceso dio cuenta un documental de Harry Moses llamado Who The Is Jackson Pollock? (2006) , durante cuya promoción Horton realizó interesantes declaraciones, como que no estaba dispuesta a vender su tesoro por debajo de los cincuenta millones de dólares: “Antes de que se aprovechen de mí, yo lo quemo, al hijo de p…” (por el cuadro) .

– Anton Van Dyck y las nuevas campanas de la iglesia

La peculiaridad de este caso radica en que la autenticidad de la obra fue decretada en un programa de televisión producido por la BBC que se llama Fake or Fortune?. Los expertos del programa decidieron que aquel delicado retrato de un caballero era obra del pintor flamenco Anton Van Dyck, uno de los más grandes artistas del Barroco.

Su propietario era un sacerdote británico aficionado al arte, de nombre Jamie McLeod, que lo había comprado en un anticuario por 700 dólares pensando que se trataba de una simple –aunque muy hábil– imitación. 

Orgulloso de la adquisición, el padre McLeod la expuso en la feria de antigüedades de Gloucestershire (Inglaterra) , donde lo descubrió la presentadora del programa. La obra pasó de inmediato a multiplicar su valor por mil, y el cura decidió que los beneficios de la venta se destinarían a comprar unas campanas nuevas para su iglesia.

– Las vírgenes de Durero se aparecieron en Francia

Un hermoso grabado de Alberto Durero, fechado en 1520, se vendió en un brocante de Sarrebourg, Francia, por unos pocos euros.

El comprador no era ningún profano ingenuo, sino un arqueólogo alsaciano jubilado que pensó de inmediato que aquella Virgen María con niño y coronada por un ángel podía ser obra del mayor artista alemán de todos los tiempos, y que confirmó sus sospechas al descubrir en la parte posterior de la obra un sello de la Staatsgalerie de Stuttgart.

En efecto, perdida durante la Segunda Guerra Mundial, la pieza estaba catalogada en la base de datos Lost Art. Y su descubridor la entregó desinteresadamente al museo de Stuttgart hace unas semanas. 

Así que ya figura en el catálogo de la institución, entre otros trabajos de Durero, y muchos grandes artistas de todos los tiempos. Gracias a esto, ahora todos podemos disfrutar de su contemplación cada vez que nos acerquemos a la Alemania meridional.

El Típico Van Gogh de la abuela

Un nuevo caso que demuestra cómo la casualidad es a menudo el origen de las mejores cosas que le suceden al ser humano. Porque una casualidad y no otra cosa fue que, cuando una familia de Wisconsin decidió poner su casa en venta, el agente que les asignó la inmobiliaria fuera además aficionado al arte, y que éste, al ver el bodegón floral que adornaba uno de los muros de la vivienda, pensara que podía tratarse de un auténtico Van Gogh.

La pareja propietaria había heredado al cuadro de un pariente suizo emigrado tras la Segunda Guerra Mundial, y ni por asomo había contemplado la posibilidad de estar en posesión de una obra del autor de Los girasoles. Pero resultó que así era. De modo que, tras una puja de tres minutos, una casa de subastas de Chicago lo vendió en 1991 por 1,43 millones de doláres. Un vez más: pero qué bonitas son las historias con final feliz.

Una familia de clase media tenía un “Van Dyck” en el living y no lo sabía

Una familia de Jaén convivió durante varias generaciones con una auténtica obra de arte en su salón, pero nunca llegaron a ser conscientes del tesoro que guardaban: nada más y nada menos que un cuadro de Anton Van Dyck, considerado el pintor flamenco más importante después de Rubens.

El lienzo de Van Dyck (de 130×92 cm) siempre estuvo instalado en la zona más noble de la casa, pero no fue hasta el año pasado cuando un experto en arte certificó la autoría del mismo y también su título, La presentación del niño Jesús a Santa Bárbara, entre la sorpresa e incredulidad de los miembros de esta familia.

“La familia nunca fue consciente del valor del cuadro que tenían frente a ellos, lo veían como algo rutinario que formaba parte de la cotidianidad”, explica Luis Baena, el abogado que representa a esta familia que, de momento, prefiere omitir su identidad.

Se piensa que el cuadro pudo haber llegado a Jaén a través de Sevilla (donde vivía parte de la familia) en el siglo XVII, que fue cuando se asentaron en la ciudad andaluza más de un centenar de familias flamencas, principalmente comerciantes y banqueros.

Tras certificarse su autoría, el lienzo, que presentaba evidentes signos de deterioro al tratarse de un cuadro del primer tercio del siglo XVII, fue restaurado por un taller de reputados profesionales andaluces.

La familia ha recibido ya varias ofertas de importantes casas de subastas internacionales, entre ellas Sotheby´s, pero la primera opción de los legítimos propietarios es que la obra de arte se quede en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

La historia del Picasso que nunca vio la luz

El encargo que el crítico y coleccionista de arte estadounidense Hamilton Easter Field le hizo a Pablo Picasso en 1909 para decorar una habitación de su casa de Brooklyn, en Nueva York, nunca llegó a ver la luz.

La historiadora de la arquitectura cuenta que se encontró con la historia del encargo perdido de Field cuando investigaba la relación entre el cubismo y el espacio arquitectónico durante una beca en el Met entre 2015 y 2017.

Field fue un adelantado a su tiempo, uno de los primeros admiradores del cubismo experimental de Picasso en Estados Unidos, y en 1909, tras conocerle durante una visita en París, le pidió una serie de cuadros para decorar la biblioteca de su residencia de Brooklyn.

Picasso aceptó, y un año más tarde recibió una carta del estadounidense con varios dibujos que describen la habitación, de dimensiones modestas, y los espacios que deben ocupar los cuadros.

“Como sabe, en cualquier caso le doy completa libertad. Haga lo que considere que mejor se adapta a la estancia”, escribió en francés Field.

El coleccionista, sin embargo, nunca llegó a ver la obra. Murió en 1922, antes de que Picasso pudiera terminar los paneles encargados. La comisión se quedó sin pagar y el artista fue vendiendo los cuadros a particulares durante los años posteriores.

La carta de Field al pintor de 1910 quedó entre los archivos personales de Picasso y fue el motor que impulsó la investigación de Jozefacka, quien ha logrado reunir seis obras cuyas extrañas dimensiones insinúan su truncado destino, sobre las puertas y entre las paredes de la estrecha biblioteca del coleccionista.

Los cuadros representan un momento crítico en la evolución del artista: su paso al cubismo más abstracto y su obsesión por el desnudo femenino, que estira cada vez más y más hasta alcanzar una estrechez vertiginosa.

Otras obras de arte encontradas por accidente mejor valuadas

Cimabue (encontrada en 2019)

En la casa de una mujer francesa, localizada en la comunidad parisina de Compiegne, colgado en su cocina durante años sin atenciones, se identificó un cuadro del artista pre renacentista italiano del siglo 18, Cimabue. 

Hace muchísimos años que no se subastaba una obra de esas características, y fue el grupo de valuadores Turquin quienes lo identificaron para que luego fuera subastada en 24 millones de euros. 

El Cristo burlado, como se titula la obra, es un pequeño cuadro pintado sobre madera de álamo de 25,8 por 20,3 centímetros y forma parte de la escenificación de la pasión de Cristo. 

Jackson Pollock (encontrado en 2017)

Un lienzo con la famosa marca de Jackson Pollock fue encontrado en un garage por accidente en 2017. Fue encontrada por casualidad en la casa de un residente de la comunidad en Florida, Estados Unidos. 

El hombre contactó a la casa de subastas J. Levine Auction & Appraisal LLC en 2016 para que alguien de la firma mirara un grupo de recuerdos de Los Angeles Lakers, un equipo de baloncesto norteamericano firmados por su estrella, Kobe Bryant, hoy fallecido. 

Al llegar a la residencia, los especialistas dieron con un tesoro que el propietario no tenía idea que poseía: obras de artistas como Kenneth Noland, Jules Olitski, Cora Kelley Ward y de Pollock. Esta última, que databa de 1950, aproximadamente, fue subastada finalmente por 10 millones de dólares. 

Rufino Tamayo (encontrado en 2003)

En un callejón de Nueva York, entre la basura, fue encontrada una pintura del artista mexicano Rufino Tamayo por una mujer, que sin saber que se trataba de una pieza de semejante valor la mantuvo colgada en su casa durante años. 

Hasta que a través de un comunicado en televisión un coleccionista, después de años en que la pieza estuvo desaparecida por un robo, pidió nuevas pistas sobre su paradero. Entonces la mujer lo contactó y le contó la historia de la pieza.

La obra fue vendida cuatro años después por un millón de dólares durante una subasta de arte latinoamericano en la prestigiosa casa Sotheby’s en Nueva York. 

La pintura, realizada por el artista mexicano en 1970, es considerada como una obra importante en el conjunto de la producción artística de Tamayo.

Caravaggio (encontrado en 2014)

En 2014, el subastador francés Marc Labarbe recibió una llamada de un amigo suyo que le aseguró que en el ático de su casa en la ciudad de Toulouse había descubierto una pintura, que le pareció de valor a pesar de haber estado cubierta de polvo y manchada de agua y humedad. 

Después de varios años de restauración y limpieza, la pintura de gran formato, de 1.5 por 1.8 metros de altura era, en efecto, una obra perdida de Caravaggio, Judith y Holofernes, que data de 1607. 

Cinco años después de haber sido encontrada la obra fue subastada en alrededor de 171 millones de dólares. 

Una pieza aparentemente del mismo pintor fue encontrada en abril de este año en un catálogo de subastas en Madrid atribuída a un círculo de artistas diferentes a pesar de que los expertos señalaron que sí se trataba de una obra del famoso artista italiano, por lo que la subasta se detuvo.

Aunque todavía se encuentra en un bache legal entre que ocurren las identificaciones y se libera la obra, podría estar valuada en 120 millones de euros.

Jacques Jordan (encontrado en 2020)

Una pintura que se suponía era una simple réplica, colgada durante años en una oficina del ayuntamiento de una pequeña ciudad en Bruselas fue reconocida como una obra original del siglo 15 pintada por el artista Jacques Jordaens. 

Esta pintura estuvo en el mismo muro durante más de 60 años antes de que los expertos comenzarán a preguntar por su autenticidad y la reconocieran en un inventario: hasta la fecha la pintura es la versión más antigua de la Sagrada Familia conocida por la historia del arte. 

Diego Velázquez (encontrada en 2010)

En un sótano olvidado de la famosa universidad de Yale en Estados Unidos se encontró un cuadro por accidente. Esta había sido donado en 1925, en mal estado, por una familia que lo tuvo en propiedad, aparentemente sin saber de su valor, durante más de 40 años. 

Después de varios años de restauración la pintura La Educación de la Virgen se adjudica a la etapa más temprana del pintor español. Dataría de 1617.

Rembrandt (encontrado en 2016)

Un cuadro abandonado en un sótano de Nueva Jersey fue descubierto por un hombre que hacía la limpieza de la casa de sus padres, fallecidos recientemente,  resultó ser obra de, nada menos, Rembrandt Harmenszoon van Rijn.

El paciente inconsciente, como se titula la pieza que después fue investigada y valuada por especialistas, data de 1624 y pertenece a una serie de cuadros que el artista pintó en su adolescencia. 

El cuadro fue subastado en septiembre de 2016 en la casa de subastas Nye and Co por más de 763 mil euros.

El cuadro perdido de Heade

En enero de 1999, un hombre estaba jugando un juego de mesa sobre arte titulado “Masterpiece” cuando reconoció un cuadro pintado con un estilo similar al que había comprado para tapar un agujero en la pared de su casa de IndianaEstados Unidos. Intrigado, buscó en Internet hasta que encontró información de las “Galerías Kennedy” en Nueva York sobre el trabajo de un artista estadounidense llamado Martin Johnson Heade.

Después de enviar algunas fotos y una descripción de la pintura a los expertos de la galería, el propietario se llevó una grata sorpresa al saber que su posesión era en realidad una obra perdida de Heade.

La pieza todavía se encontraba en su marco original y estaba en excelentes condiciones de conservación, teniendo en cuenta que fue pintada en la década de 1890.

Magnolias sobre tela de terciopelo dorado” de Heade, como se tituló la pintura, fue finalmente comprada por el Museo de Bellas Artes de Houston por más de 1 millón de dólares, después de que la junta directiva lograra recaudar los fondos necesarios en una reunión que duró menos de 90 minutos.

La Declaración de Independencia

Muchos estadounidenses consideran que la Declaración de Independencia es el documento más importante en la historia de Estados Unidos.

Después de que se creara el original, John Dunlap hizo 200 copias de la “primera edición” para que “el mensaje” pudiera llevarse a toda la nación. De las 26 copias que se sabe que existen hoy en día, solo tres están actualmente en manos de coleccionistas privados.

Una de esas copias fue descubierta detrás de una pintura que un coleccionista compró porque le gustaba el marco. Al desmontar el cuadro, el propietario encontró una copia de la primera edición de la Declaración de Independencia doblada detrás de la imagen.

Un amigo del coleccionista, alentó al propietario a contactar a “Sotheby’s”, una casa desubastas de obras de arte, para que lo tasaran y finalmente se vendió por 2,42 millones de dólares en una subasta en 1991. Esa misma copia fue subastada por el ganador de la subasta de 1991 nuevamente en 2000, recaudando 8 millones de dólares.

Cuando localizaron en el decorado de ‘Stuart Little’ una obra maestra perdida de la pintura húngara

El cuadro, del pintor Róbert Berény (1887-1953), había sido comprado en una tienda de segunda mano por una ayudante de decoración del largometraje, que pagó 500 dólares por la pieza (algo más de 400 euros). Ahora tiene un precio de salida 275 veces superior, 110.00 euros, y es más que probable que supere la cifra.

El cuadro, un expresivo óleo titulado en húngaro Alvó nő fekete vázával (Mujer dormida con jarrón negro), fue pintado entre 1927 y 1928 por Berény, un vanguardista húngaro integrado en el grupo Los Ocho, colectivo que introdujo en el país los dictados del expresionismo para buscar un efecto emocional a través de la pintura. El cuadro, de 64 por 87 centímetros, saldrá a subasta en la galería Virág Judit de Budapest, donde está expuesto a la vista del público desde el 29 de noviembre.

El descubrimiento de que la pieza seguía existiendo lo llevó a cabo el historiador de arte Gergely Barki cuando vió la película en 2009 en DVD acompañado por su hija pequeña Lola en una sesión casera.

«No podía creerlo» explica Barki en declaraciones en el vídeo de la casa de subastas. «Allí estaba el cuadro de Bereny, detrás de  los actores Hugh Laurie y Geena Davis».  Barki solo había visto una imagen del cuadro en su vida, una foto de mala calidad en blanco y negro procedente del catálogo de una exposición en 1928, pero la obra y su delicada, simple y potente composición se le había quedado grabada. Fue tal el impacto que Lola casi se le cayó del regazo.

Barki comenzó entonces una compleja labor de investigación para intentar saber si el cuadro que aparece colgado encima de la chimenea del salón de los Litlle era ciertamente el original. Desde entonces, trató de ponerse en contacto con los ejecutivos de las dos compañías que produjeron la película, para preguntar por el actual paradero del cuadro y por su origen.

El historiador había tenido la oportunidad de estudiar una fotografía de mala calidad y en blanco y negro del catálogo de la exposición en la que la obra participó en el año 1928. Acto seguido comenzó una férrea investigación para corroborar la veracidad de su hallazgo y la autenticidad de la obra.

Una de las decoradoras de la película le contestó finalmente que lo había comprado en una casa de materiales de segunda mano de La Jolla (California), porque le pareció adecuado para la ambientación de la película, en cierta manera atemporal pero con notable sentimiento avant-garde. Actualmente se considera que fue comprado en la exposición de 1928, y que por algún motivo no se registró dicha venta.

La persona que lo adquirió probablemente fuese de origen judío, y huyese del país al comienzo de la guerra. Después de la película fue vendido a un coleccionista privado, del que no ha trascendido su identidad, que posteriormente lo puso en venta en subasta por 11.000€

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