actualidad, opinion, variedades.

La Atlántida …


Ancient Origins(C.A.Djonis)/Una historia curiosa/National Geographic(E.Blakemore)/La Razón(D.H.de la Fuente) — La leyenda cuenta que la Atlántida era una isla de grandes dimensiones, como un continente, según algunas hipótesis en el Mediterráneo, en otras versiones en el Océano Atlántico, fue destruida por un terremoto o tsunami que inundó totalmente sus tierras dejándola por siempre sumergida bajo las aguas y olvidada en el pasado.

Sus habitantes poseían una tecnología y cultura muy superior a la de los contemporáneos de su época y fueron decisivos en los avances de todas las culturas mundiales. Su ubicación les permitía el acceso a culturas tan dispares como la egipcia y eran consumados viajeros, dominando con sus barcos todos los mares y océanos del planeta.

A lo largo de la historia han aparecido numerosas hipótesis sobre la localización que tuvo la Atlántida, las causas de su desaparición y la naturaleza de la civilización atlante. Algunas de las hipótesis modernas proponen que algunos de los elementos de la historia de Platón se derivan de hechos o mitos vinculados a lugares y culturas conocidas.

Otras usan bases paranormales para localizar la Atlántida o dar explicación a algunos aspectos del mito. Las teorías que postulaban a la Atlántida como un continente, distinto a los existentes, quedaron descartadas al comprobarse el fenómeno de la deriva continental.

La historia de la Atlántida empieza entre las pirámides, sacerdotes egipcios hablaron a un viajero hombre de estado griego acerca de una nación que había existido 10.000 años atrás, una nación más avanzada que Egipto y más poderosa que ninguna otra conocida, cuando aquel hombre de estado volvió a Grecia contó la historia de la Atlántida a su familia que la fue pasando de generación en generación hasta que su sobrino segundo Platón, el padre de la filosofía occidental, la escribió en el 650 a.C.

Por  entonces Platón era uno de los filósofos más eminentes y su autoridad aseguró que durara durante todo este tiempo. El relato dice lo siguiente:

«Escuchad este relato extraño, aunque completamente verídico lleno de historia que nos habla de un gran poder, la Atlántida. La Atlántida tenía círculos concéntricos de mar y tierra que se alternaban, unos más grandes, otros más pequeños. Tan inmensa era la riqueza que poseía que no tenía parangón, los propósitos de sus corazones son verdaderos nobles y virtuosos, la riqueza no los ha emborrachado de orgullo ni han perdido el control de sí mismos, mientras fueron virtuosos disfrutaron del favor de los dioses, pero cuando se hicieron arrogantes y agresivos sufrieron el castigo divino, se produjeron gigantescos terremotos e inundaciones y un día la noche cayó sobre ellos y la isla fue engullida por el mar y desapareció.´´

Platón supuestamente inventó la ciudad de la Atlántida como aviso para sus conciudadanos atenienses de que la riqueza y el poder conducían a la destrucción si no estaban basados en la virtud, es decir, es una alegoría política, una fábula moral contra la corrupción, pues Platón se encontraba muy insatisfecho y desilusionado con la política de su época, no le gustaba lo que vivía por lo que decidió mirar atrás  para encontrar la Atenas idealizada de tiempos pasados.

Atlántida esa es la clave, ¿Tenía realmente una fuente de información o fue todo una invención suya? En cualquier caso, la descripción que realiza Platón sobre la Atlántida es tan rica en detalles que muchos expertos  creen que realizó  esta versión fantástica sobre hechos que ocurrieron realmente.

La imagen de una isla fabulosa tragada por el mar, ha significado que haya sido buscada desde la época de Platón, aunque nadie está seguro si existió realmente muchos son los investigadores que la buscaron, pues también la Troya de Homero se creía producto de la fantasía, hasta que el arqueólogo Heinrich Schliemann la descubrió en 1903.

Platón ofrece muchas pistas sobre la isla, desde la sociedad y la cultura, hasta la forma de la isla y su destrucción por una catástrofe natural. Del relato de Platón se deduce que la civilización atlante debió florecer hace más de 12.000 años. Este dato no puede ser exacto en ningún caso, puesto que en aquellos tiempos todavía no existía ninguna cultura evolucionada que trabajara los metales, estuviera gobernada por reyes y dominara los mares con sus barcos.

En cuanto a la localización del misterioso continente, el texto del filósofo lo sitúa «más alla de las Columnas de Hércules», y esto significaba al otro lado del estrecho de Gibraltar, en el océano Atlántico. Pero, recordemos que la fábula procede de los antiguos egipcios y, para ellos, la isla perdida se llamaba Keftiu (el nombre que tenían para Creta).

La fuente de información de Platón, el legislador y estadista Solón, pensaba naturalmente en griego, de modo que traduciría las indicaciones del sacerdote egipcio a su propia lengua, pudiendo producirse por esto algunos equívocos.

Pese a todo ello , los científicos han hallado pruebas de que se produjo un suceso semejante  1.200 años antes de Platón en la isla de Thera, actualmente conocida como Santorini, donde se produjo una erupción volcánica tan grande que asolo la isla en la Edad del Bronce.

Comparando esta erupción con la de Pompeya o Herculano se encuentra una gran diferencia, ya que el Vesubio solo alcanzó un radio de 6 Km, mientras que la erupción del volcán de Thera alcanzó los 60 Km de radio y con lo cual uno de los mayores desastres durante la historia de la humanidad, un suceso catastrófico tan grande que habría sido recordado cientos de años después por Platón.

Además de todo eso, hay muchos datos que hacen suponer que Thera es la Atlántida descrita por Platón como es la forma de la isla con círculos que se alternan en su forma, Platón describe la sociedad de allí como una sociedad muy avanzada y los arqueólogos han encontrado en Thera bajo más de 30m de piedra pómez y ceniza un mundo perdido sepultado por la erupción.

La ciudad se llamó la Pompeya del Egeo, tiene 3600 años de historia y formo parte de la primera gran civilización europea, la cultura minoica, que precede mil años a la Grecia de Platón.

Han encontrado una ciudad del tamaño de un campo de fútbol, pero se calcula que la ciudad era treinta veces más grande antes de la destrucción de la isla, hay objetos que se han conservado increíblemente bien y se ha encontrado arquitectura de varios pisos  de entramado de madera que persiste muy bien a los terremotos, además contaban con una instalación sanitaria que no se vería en la Europa moderna hasta el S. XIX, había tuberías de arcilla incrustada en los muros de los pisos superiores para conectar los aseos con el alcantarillado público.

El arte también expresa lo avanzados  y sofisticados que eran sus habitantes especialmente destaca el papel de las mujeres, que por como las retrataban parecen tener un gran status social, se nota en sus ropajes, joyas y en que eran las encargadas de realizar los rituales para la sociedad.

Por otro lado, destaca en Thera el azafrán que contribuyo a la gran riqueza de sus habitantes. Platón describe a los habitantes de Atlántida como grandes marineros, los de Thera eran grandes marineros por ello tenían el control internacional marítimo, su principal socio comercial era Creta que tenía por aquel entonces poseía el control político.

Además en Thera se encuentra otro gran paralelismo de la ciudad de Platón como es la práctica del salto del toro, que era una práctica de iniciación para los jóvenes, muy retratada en los mosaicos de las paredes tanto de Thera como en los del palacio de Cnosos.

La civilización minoica desapareció 150 años tras la erupción del volcán de Thera, pero habría perdurado el recuerdo de una sociedad avanzada que fue destruida tras el cataclismo, cataclismo que debería ser recordado de generación en generación, un suceso así nunca se olvida y por ello ahí entra la mitología.

Aun así la tectónica de placas no deja lugar a dudas, ningún continente o isla de dimensiones como las descritas pudo haberse sumergido o inundado sin dejar pruebas de ello. Por lo cual tenemos que pensar que de ser algo más que un mito deberíamos buscar la Atlántida entre las tierras ya conocidas.

– El relato de Platón estaba basado en un lugar real

Platon

Nos encontramos en el año 360 a. C., viviendo el amanecer de la civilización occidental.

Atenas, cuna de la democracia, es el epicentro del mundo antiguo.

En sus diálogos de Timeo y Critias, Platón nos presenta el relato de una avanzada civilización prehistórica, que desde entonces ha cautivado la imaginación de todas las generaciones.

Se trata de la historia de la Atlántida, una isla paradisíaca e idílica que a menudo los expertos navegantes exploraban tras cruzar el Atlántico.

La Atlántida, según Platón, finalmente se hundió en el mar. Su recuerdo, pese a todo, jamás se borró.

¡Durante dos milenios, mucha gente siguió buscando la isla legendaria sin éxito, haciendo de la Atlántida una de las más duraderas y fascinantes historias de todos los tiempos! En cuanto a sus buscadores, sin embargo, ¿existe alguno que haya afirmado haber encontrado la isla perdida? La verdad es que, hasta ahora, nadie fue capaz de hallar un lugar que encajase exactamente con la descripción ofrecida por Platón.

En cambio, sí contamos con todo tipo de teorías sobre las posibles hipótesis acerca del paradero de la Atlántida. ¿Por qué se produce tal profusión de posibles respuestas si todos utilizan el mismo texto? Si todos se guían por la misma historia, ¿por qué la  aparente confusión? ¿Puede deberse a una pésima interpretación por parte de los investigadores? o ¿acaso los antiguos traductores fallaron a la hora de captar y transmitir de forma correcta la narración de Platón? Y, ¿Cuáles son los motivos del revuelo cronológico existente en torno a este relato platónico?

Tomemos, por ejemplo, la hipótesis original sobre Santorini. Incuestionablemente, la isla de Santorini, con su erupción volcánica y su avanzada civilización Minoica era lo más parecido que teníamos a la Atlántida hasta hace poco. Sin embargo nunca resultó ser una hipótesis exacta, ya que siempre existió la contradicción de la cronología aportada por Platón que nos habla del año 9.600 a. C. A partir de ese dato  tuvo que ser desechada (ya que Atenas y la mayor parte de detalles sobre su historia no pertenecían a aquel período).

Pero es que, además, existe otro problema mayor respecto a esta teoría. Aunque Santorini, sin lugar a dudas, encaja en la descripción del lugar en el que se alzaba la magnífica ciudad de la Atlántida (con sus anillos concéntricos de tierra y agua), nunca se ajustó enteramente al relato que nos ofrece Platón.

La isla principal de la Atlántida, que Platón afirmó que se encontraba a 9 kilómetros de distancia, no aparece en el escenario geográfico particular correspondiente al año 1.600 a. C. Estos importantes datos, que hay que tener tan en cuenta, han posibilitado a los críticos plantear dudas acerca de esta hipótesis y nos obligan a continuar preguntándonos sobre la validez del relato de Platón.

Desde luego, una investigación seria sobre la Atlántida nunca ha sido posible. Sobre ella se ha escrito ciencia ficción, se han rodado películas y se han realizado todo tipo de manifestaciones artísticas de cultura popular, que con el tiempo han capitalizado la popularidad de esta historia y, contrariamente a lo que se relata en los textos de Platón, han convertido finalmente a la Atlántida en una sociedad ultramoderna con aparatos voladores y tecnología mucho más avanzada que, incluso, la nuestra.

Sin embargo, tarde o temprano toda búsqueda llega a su final. Recientemente, un estudio realizado durante cuatro años, que incluyó un minucioso análisis de la obra de Platón, remarcó los serios errores deslizados por los primeros traductores que nos transmitieron una versión del documento traducido que incluía posibles malas interpretaciones del original.

El reciente estudio no sólo ha situado decididamente a la Atlántida en el Mar Mediterráneo, sino que concluyó además con el descubrimiento y la identificación de una isla sumergida prehistórica que, en todo, se corresponde con la Atlántida de Platón. Mientras que hasta ahora se pensaba que encontrar la Atlántida era mucho más difícil que ganar dinero con la lotería, ahora aparece un lugar tangible cuyas características físicas encajan totalmente con la descripción de Platón.

La topografía, la cronología aportada, la geología volcánica, la flora y la fauna de aquel período, la destrucción de la isla por una gran inundación, la presencia de una civilización desconocida prehistórica en el área, y el ADN son claras evidencias que apuntan a un genuino descubrimiento. 

Más expresamente, el estudio demuestra que alrededor del año 9600 a. C., cuando según Platón la Atlántida flotaba sobre las aguas, las actuales Islas Cícladas se encontraban unidas a la meseta de las Cícladas, una planicie (ahora a 400 pies por debajo del nivel de mar,) que formaba parte del territorio de una enorme isla. Cuando esta isla prehistórica se compara con la Atlántida de Platón, se hace evidente, de inmediato, que debió de ser la tierra de la que Platón hablaba.

Su región norte era una zona montañosa que llegaba hasta la costa. Bajo esta región montañosa había un valle oblongo cuya superficie abarcaba 555 Km cuadrados.

A su vez, por debajo de este valle oblongo había otro valle más pequeño, con unos 370 Km cuadrados de superficie, unos 2/3 de la extensión del valle oblongo. Así era la isla principal.

A nueve kilómetros de distancia de la isla principal y precisamente como Platón describió, se encuentra la isla de Santorini, una isla con forma de anillo circular con su interior inundado y una pequeña isla en el centro (Santorini es en efecto una isla dentro de otra isla, un volcán marino cuyo centro se hundió. Antes de la erupción volcánica de 1600 a. C. contaba con una sola abertura en su anillo exterior que permitía a los barcos entrar en su inundada caldera).

La consecuencia de descubrir la Atlántida en un marco temporal que gira en torno al año 9.600 a. C. sin duda indica que Platón basó su historia en un lugar real y en una civilización prehistórica conocida por los antiguos griegos, a la que a fin de comunicar con éxito algunas de sus ideas filosóficas (lo divino frente a lo humano, los ideales sociales frente a la corrupción) añadió información más reciente, que incluía detalles procedentes de la era Minoica que le resultaba más familiar.

La existencia de un lugar en una época en torno al 9600 a. C., que en la esencia se corresponde con el relato, demuestra que Platón hizo exactamente lo que Homero con Troya 400 años antes. (La Ilíada de Homero es un relato completamente ficticio que gira alrededor de un lugar real y un hecho histórico ocurrido 600 años antes del propio Homero.)

El mar se tragó la super-isla de la Meseta de las Cícladas (la Atlántida de Platón) hacia el año 8000 a. C., durante la rápida subida del nivel del Mediterráneo y justo antes de que se inundara el Mar Negro (ver el estudio de UNESCO del año 2009.) Casualmente también en esta época, el Lago Agassiz, un lago glacial gigantesco de Norteamérica, también reventó, agrietándose y pasando a verter sus aguas al Atlántico.

Es necesario recordar que el Lago Agassiz cubría un área más grande que todos los Grandes Lagos juntos (440.000 Km2) y en algún momento, contuvo más agua dulce que todos los lagos del mundo de la actualidad juntos. ¡El inmenso vertido de toda su agua dulce fue de tal magnitud que los científicos creen que elevó el nivel de los océanos unos nueve pies (2,75 metros) y acabó por provocar el evento 8.2 kiloyear al que siguió una mini-era glacial que duró 400 años!

Este cataclismo global al final de la última era glacial, que en última instancia aumentó los niveles del mar en 400 pies (121 metros), no sólo borró nuestra historia más ancestral, sino que también pudo tratarse del acontecimiento que solemos conocer como «El Diluvio Universal». En cuanto a la isla/continente más allá de los Pilares de Hércules, de mayor tamaño que Libia y Asia juntas, el último estudio demuestra que la referencia de Platón al continente americano fue malinterpretada al entender que se trataba de otro continente, la Atlántida.

La mención del continente más allá del Atlántico, «que abarcaba verdaderamente el océano,» fue un recurso poético de Platón para demostrar la increíble capacidad  naval de la Atlántida para atravesar el océano, saltando de isla en isla (por Escocia, las Orcadas, Feroe, Islandia y Groenlandia.) Diversos indicios y pruebas arqueológicas confirman que los antiguos griegos conocían realmente la existencia del continente americano y por ello Platón lo incluyó en su historia.

Las implicaciones de localizar la Atlántida en Mediterráneo van más allá del descubrimiento en sí mismo. Este hallazgo no sólo justifica la defensa por parte de Platón de los viajes prehistóricos transatlánticos, sino que puede ayudar a explicar cómo el haplogrupo mediterráneo X llegó a Norteamérica hace entre 10.000 y 12.000 años.

Mientras que la mayor parte de genetistas mantiene a día de hoy que el haplogrupo X llegó hasta América cruzando el Estrecho de Bering, mapas genéticos muestran que la región más lejana al este del Mediterráneo, con pequeños rastros del haplogrupo X, es la República de Altai al sur de Rusia. No existe rastro alguno del haplogrupo X entre la República de Altai y la extensa región de los Grandes Lagos.

Si el haplogrupo X se introdujo en Norteamérica por el Estrecho de Bering, entonces ¿por qué encontramos la mayor concentración del haplogrupo X (lejos de Mediterráneo) alrededor de los Grandes Lagos y no en Alaska o cerca de la costa occidental? Más importante aún: ¿cómo se explica que también existan indudables rastros del haplogrupo X en Escocia, las Islas Orcadas, Islas Feroe e Islandia, que son, esencialmente,  las islas-puente entre Europa y Norteamérica?

Finalmente, una civilización mediterránea de hace 10.000 años, puede ayudar a explicar singularidades arqueológicas de esta región. La reciente erosión y pruebas sísmicas en la Meseta de Giza, indicaron que la Gran Esfinge puede ser una estructura mucho más antigua de lo que pensamos y lo mismo sucede con Gobekli Tepe, en Turquía, ambos parecen coincidir con la historia de Platón de la Atlántida.

¿Será posible que Gobekli Tepe y el monumento de la Gran Esfinge puedan ser los restos de la avanzada civilización a la que se refería Platón en su historia, una civilización que progresaba agresivamente frente a sus vecinos de África y Oriente Medio? o ¿pertenecerán a otra cultura? Y en cuanto a los avanzados pueblos proto-Eufrateos que descendieron  para ocupar Mesopotamia en torno al año 7.000 a. C., procedentes de una región «desconocida», esta gente tan «enigmática», ¿acaso podrían ser refugiados de la misma cultura que escaparon de la cuenca mediterránea  y se movieron hacia el este para evitar la inundación? Indudablemente, traerían con ellos la historia de la gran inundación así como sus habilidades y su tecnología para influir en otra gran civilización como fue la de los antiguos Sumerios (tal y como los supervivientes de las Cícladas e islas vecinas en última instancia pudieron haber contribuido al desarrollo de los Minoicos).

¿Por qué no muere la obsesión con Atlántida, la mítica isla que posiblemente jamás existió?

Desde la tumba del Rey Tutankamon hasta los Rollos del Mar Muerto, parece que no hay nada que la comunidad mundial de arqueólogos no sea capaz de desenterrar.

Entonces, ¿por qué no han encontrado aún la Atlántida?

Es una pregunta que se hacen a menudo arqueólogos como David S. Anderson, que afirma que recibe preguntas sobre la isla continente perdida de Atlántida o Atlantis (en griego antiguo) y su supuesta existencia «a diario».

«Es mucho más habitual que la gente me pregunte sobre pseudoarqueología que sobre arqueología normal», afirma Anderson, profesor adjunto de la Universidad de Radford (Estados Unidos) especializado en arqueología maya y mesoamericana.

Para Anderson y sus compañeros de gremio, la respuesta es siempre la misma: nunca encontraremos la Atlántida porque es totalmente ficticia. Pero eso no ha impedido que la supuesta existencia de la isla (o continente) perdida despierte la imaginación del público y deje tras de sí miles de años de especulaciones y teorías conspirativas.

La Atlántida es el tema de películas modernas como Viaje al centro de la Tierra y la reciente serie de Netflix Los Apocalipsis del pasado. Pero la historia es obra del filósofo griego Platón, que presentó la isla en dos de sus diálogos socráticos (Timeo y Critias) del siglo IV antes de Cristo.

Platón la llamó Atlantis nêsos, o la «isla de Atlas», y el filósofo no pretendía que representara el pináculo de la humanidad, sino que la civilización isleña fuera un complemento ficticio de la ciudad real de Atenas. En los diálogos de Platón, la Atlántida se presenta como un estado sofisticado que cayó después de que sus arrogantes dirigentes intentaran invadir Grecia.

En represalia por el ansia de poder de su pueblo, Platón dice que la Atlántida fue castigada por los dioses, que desencadenaron desastres naturales que la hundieron en el mar, aniquilando lo que quedaba de su poder.

«Platón es un mentiroso», afirma Flint Dibble, arqueólogo e investigador Marie-Sklodowska Curie de la Universidad de Cardiff (Reino Unido). «Nunca afirmó que su pretensión fuera escribir historia».

Pero aunque los diálogos de Platón incluyen muchas pistas de que la ciudad era imaginaria, incluida la insistencia de los propios personajes del diálogo en que la historia era, en el mejor de los casos, de oídas, la idea de la Atlántida ha alimentado la imaginación desde entonces, junto con las afirmaciones de que era un lugar real cuyos restos contienen pruebas de una civilización perdida y superior.

Cientos de años después de la muerte de Platón, la historia de la Atlántida empezó a resurgir primero en los escritos de filósofos cristianos y judíos, y después en obras especulativas de autores como Sir Francis Bacon, cuya novela La Nueva Atlántida se publicó póstumamente en 1626. En el libro, la Atlántida es una sociedad utópica en una remota isla del Pacífico cuyos habitantes son cultos, humanos y profundamente cristianos.

En aquella época, los europeos se enfrentaban a un cambio radical en su visión del mundo, que se estaba expandiendo drásticamente con el aumento de los contactos entre europeos e indígenas en toda América y el Pacífico durante la Era de las Exploraciones.

«El mundo occidental estaba desesperado por comprender cómo podían existir nuevos continentes con habitantes, de dónde venían y cómo encajaban en la historia bíblica o clásica», afirma Anderson, que analizará el atractivo de la Atlántida en su próximo libro Weirding Archaeology (Arqueología Extraña). En lugar de reconocer que los pueblos indígenas podían haber desarrollado civilizaciones propias, señala Anderson, los europeos utilizaron la historia de la Atlántida como posible explicación de las estructuras y sociedades que encontraron en América.

Entre ellos se encontraba Charles de Bourbourg, un sacerdote francés que recopiló textos mesoamericanos y relacionó la civilización maya con una Atlántida real. Los escritos de Bourbourg inspiraron a Augustus Le Plongeon, un arqueólogo británico-americano que intentó encontrar la Atlántida en Yucatán a finales del siglo XIX.

Le siguió Ignatius Donnelly, un escritor y político estadounidense cuyo libro Atlantis: The Antedeluvian World (Atlántida: el mundo antedeluviano), publicado en 1882, presentaba una teoría unificada de la Atlántida como un continente perdido que había sido destruido por el mismo Diluvio Universal descrito en la Biblia hebrea y cuyos habitantes, tecnológicamente avanzados y sobrehumanos, supuestamente habían dado lugar al nacimiento de civilizaciones modernas en todo el mundo.

«Utiliza la historia de la Atlántida para tratar de explicar toda la historia», dice Dibble, y casi todas las representaciones modernas de la Atlántida se hacen eco de la teoría sensacionalista de Donnelly.

¿Utopía perdida?

Los acólitos de estos teóricos de la Atlántida del pasado han buscado la isla perdida en el Mediterráneo, el Pacífico, el Atlántico e incluso en Escandinavia.

Pero los buscadores de la Atlántida podrían haber ahorrado algo de tiempo, sugiere Dibble, si hubieran empezado (y terminado) su búsqueda en la propia Atenas.

«Para empezar, la arqueología griega demuestra por qué la Atlántida no es un lugar real y por qué ni siquiera deberíamos buscarla», afirma Dibble, que ha realizado extensas investigaciones en las antiguas ruinas de Atenas y está escribiendo un libro sobre el mito de la Atlántida.

En los diálogos de Platón, el filósofo presenta la Atlántida como un antagonismo de la ciudad-estado de Atenas, pero ni siquiera las características geográficas de su descripción de Atenas concuerdan con el registro arqueológico.

«No es algo que tenga un núcleo histórico», afirma Dibble. La ciudad ficticia tampoco aparece en obras de arte de la época de Platón, lo que indica que la Atlántida fue producto de la imaginación del filósofo y no una creencia pública generalizada.

La conspiración que no fue

Sin embargo, la falta de pruebas históricas reales que sustenten la parábola de Platón no ha impedido que la gente continúe su caza e insista en que los arqueólogos ocultan al público pruebas de la ciudad perdida.

«La idea de que los arqueólogos oculten algo o no lo publiquen es ridícula», afirma Anderson. «Uno se hace un nombre en arqueología desafiando el statu quo«.

Tanto para Anderson como para Dibble, contrarrestar la extendida creencia pública en la legendaria isla, y las afirmaciones de una turbia conspiración arqueológica en torno a su ubicación, se ha convertido en una actividad secundaria de sus especialidades arqueológicas, desde los estudios biomoleculares de Dibble sobre isótopos en dientes de animales de la antigua Grecia hasta las excavaciones de Anderson en asentamientos mayas del Preclásico.

Ahora forma parte de la carrera de ambos hablar en contra de figuras como Graham Hancock, un autor y presentador de televisión británico que sostiene que los arqueólogos están encubriendo pruebas de que una civilización avanzada similar a la Atlántida existió realmente hace miles de años, y que sus residentes se dispersaron por todo el mundo cuando un cometa se estrelló contra la Tierra, desencadenando una inundación catastrófica.

«Si uno cree que el estudio del mundo antiguo consiste en resolver un enigma o desentrañar las pistas de un rompecabezas, está atrapado en un mundo de fantasía creado por escritores de ficción pulp«, afirma Anderson. «Es un mundo divertido en el que jugar, pero no es investigación arqueológica real».

Además, las afirmaciones sobre la Atlántida no son del todo divertidas. Las especulaciones del siglo XIX sobre la Atlántida ayudaron a inspirar las teorías raciales del nazismo, como la de que el continente era la patria de arios racialmente superiores. Y la insistencia en que una civilización perdida fue la responsable de las magníficas ciudades de la América precolonial resta importancia a los logros reales de los indígenas que las construyeron.

«No creo que todos los que creen en esto sean necesariamente racistas o supremacistas blancos, pero [el mito de la Atlántida] refuerza la supremacía blanca», afirma Dibble. Ambos estudiosos añaden que la búsqueda de la Atlántida socava el trabajo de los arqueólogos legítimos, cuyos descubrimientos en todos los continentes pueden pasarse por alto, ignorarse o no creerse debido a la fijación permanente del público en el imaginario.

«Cuando la gente se enamora de esta idea, es mucho más fácil dejar de creer en los expertos», dice Dibble. «Eso puede ser un entretenimiento para algunos, pero para otros es una puerta de entrada a teorías conspirativas aún más oscuras».

La Atlántida era la mala

Si el público se interesa por la Atlántida, sugieren los estudiosos, quizá debería centrarse en otras partes de la antigua historia que aún hoy despiertan la imaginación.

Para Dibble, que estudia las respuestas de los pueblos antiguos al cambio climático en su época, los desastres naturales inherentes a la historia de la Atlántida demuestran lo fácil que es centrarse en las inundaciones o los terremotos en lugar de en amenazas climáticas más ordinarias, pero igualmente peligrosas, como la sequía y la inseguridad alimentaria. Y para Anderson, merece la pena analizar la historia que Platón realmente intentaba contar, en lugar de perder el tiempo buscando una isla que sólo existió para demostrar un argumento filosófico.

«Según Platón, la Atlántida intentaba destruir la civilización», dice Anderson. «La Atlántida era el malo de la historia de Platón». En lugar de obsesionarse con la posibilidad de que la isla existiera, dice el arqueólogo, merece la pena volver a analizar la arrogancia de Platón y los peligros del poder incontrolado, temas que aún resuenan demasiado bien 24 siglos después de que el filósofo contara su historia por primera vez.

– El resurgir de la leyenda de la Atlántida

Una de esas historias del pasado donde se mezcla antropogonía, utopía, memoria de las edades y mitología es la de la Atlántida, el poderoso y legendario continente al que plantó cara la antigua Atenas en una edad pasada.

La filosofía de Platón usa constantemente el mito de la edad de oro, entre utopía, religión y filosofía política, y lo reelabora para sus proyectos reformistas.

En la «República» y las «Leyes», y entremedias en el «Político», se presentan recreaciones del mito de la edad de oro en la época en la que la divinidad se cuidaba de los destinos del mundo: ahora debemos imitar aquella «santa edad» con una legislación apropiada.

Desde el microcosmos del alma humana al macrocosmos de la historia universal, pasando por el mesocosmos de la organización política, Platón evoca la tripartición de las edades cósmicas, partes del alma y clases sociales –oro, plata, bronce, con algunas incursiones en derivaciones de hierro y de carácter heroico– heredando el viejo esquema de Hesíodo y, más allá, del mundo oriental.

Los griegos eran muy conscientes de su deuda con Oriente: por eso hay que leer así acaso también la leyenda de la Atlántida, que Platón acuñó –como tantos otros mitos y alegorías en su obra– en los diálogos «Timeo» y «Critias», compuestos en torno al 360 a. C.

Al comienzo del «Timeo», el diálogo platónico acaso más célebre por contener una cosmología completa, «Critias» narra una historia que de niño oyó contar a su abuelo y que él a su vez supo de Solón, el mítico legislador y poeta ateniense.

Los griegos tenían una veneración por las antigüedades egipcias, y en este pasaje Solón, que está de visita en la ciudad de Sais, habla con un anciano sacerdote egipcio que le cuenta cómo en sus templos se conservan los escritos de miles de años de historia que incluyen también cómo la Atenas prehistórica, un estado brillante y avanzado, supo hacer frente al dominio de la Atlántida, en un mito que pasa por muchas manos en una transmisión entre oralidad y escritura.

Siempre se insiste en el relato «verosímil» y «no verdadero» que se cuenta, a modo de ficción alegórica, de un mito que aparece en el contexto de la discusión sobre la sociedad ideal: Egipto ha guardado en sus registros las hazañas de una antigua Atenas, cuya memoria han perdido los propios atenienses, con la que combate la Atlántida, una confederación de reyes situada más allá de las columnas de Hércules que llegó a dominar «los pueblos de Libia, hasta Egipto, y Europa hasta Tirrenia».

El trasfondo filosófico enlaza con el mito de las edades y se refiere a la memoria de una época griega de enorme antigüedad tras la cual advino un cataclismo y los griegos olvidaron incluso la escritura.

A veces el mito semeja la historia, pues tras la catástrofe del Bronce, con maremotos e invasiones incluidas, se perdió la capacidad de escribir el griego en el silabario Lineal B, heredado de la cultura minoica.

Y ciertamente diluvios y maremotos pueden asimilarse a catástrofes históricas. El sacerdote egipcio del «Timeo» refiere el carácter cíclico de los «fines de raza», ora incendios ora diluvios, que asuelan la humanidad. Tras ser derrotada por la antigua Atenas, la Atlántida se hundió en el océano en un solo día y una noche, en lo que parece descrito como un maremoto.

En el segundo diálogo donde aparece la Atlántida, el «Critias», el relato inconcluso se centra en la organización de aquella ciudad legendaria y cómo fue su impiedad –otro motivo mítico, muy presente por ejemplo en la destrucción de las edades de plata y bronce en Hesíodo– la causa de que los dioses causaran la perdición de la Atlántida.

En frente se le contrapone la antigua y virtuosa Atenas, una suerte de paradigma mítico antecedente de las utopías platónicas. Sin embargo, su gobierno basado en leyes justas y divinas no fue inmune a la degeneración del ciclo de las edades y acabó también colapsando.

Los antiguos atenienses –dice Platón en el «Critias»– «durante muchas generaciones, mientras la naturaleza del dios era suficientemente fuerte, obedecían las leyes y estaban bien dispuestas hacia lo divino emparentado con ellos […]. Mas cuando se agotó en ellos la parte divina […] y se pervirtieron».

Es muy parecido al esquema del mito del «Político», con dos edades alternativas en cuanto a justicia y gobierno divino, y al de «Leyes», con una legislación heredada de los dioses y, en suma, una Atenas antigua como modelo para imitar, como en la «República».

Así, hemos de relacionar el mito de la Atlántida con el marco de reflexión platónico acerca de la sociedad ideal en un contexto utópico de idealización del pasado áureo. Aunque haya un eco mítico-histórico de los ciclos de cataclismos de las edades –no solo el eco lejano del fin Micenas o el colapso Santorini, sino un esquema que se repite en todas las mitologías y latitudes– el mito de la Atlántida es claramente un mito filosófico.

Un lugar misterioso

No hay que empeñarse, como ha sucedido a veces, en buscar un misterioso continente desaparecido, en lo que ha devenido una fantasiosa empresa.

A menudo se ha querido localizar la Atlántida «real» o «histórica» en un lugar geográfico concreto –así como hay quienes ven la cueva de Calipso de la Odisea» en el islote de Perejil–, entre una larga nómina que incluye la isla de Faros, Chipre o Santorini, Cerdeña, las Azores, las Canarias o las Islas Británicas.

Uno de los lugares favoritos ha sido desde antiguo el sur de España, sobre todo a partir de los estudios del arqueólogo A. Schulten (1870-1960) sobre la cultura tartésica.

La Atlántida ha devenido uno de esos mitos de la historia, con intentos más o menos esotéricos por localizarla desde antiguo. La historia de su búsqueda y de las teorías sobre ella se ha poblado de curiosas postrimerías, desde interesados en las ciencias ocultas y lo que hoy llamaríamos pseudociencias, hasta arqueólogos nazis.

Imposible trazar una lista exhaustiva, pero esta debería incluir, entre muchísimos nombres, los de Édouard Schuré, Ignatius Donnelly, Rudolf Steiner o Charles Berlitz.

Normalmente, en el «cóctel» de ingredientes de su búsqueda fantasiosa suelen incluirse algunos de los típicos «misterios» de la historia, pueblos poco conocidos, mitificados o lenguas aún por descifrar, conspiraciones para ocultar una verdad histórica y un omnipresente «matriarcado» original.

Por supuesto, abundan las menciones a la antigua Tartessos, los minoicos, los etruscos, e incluso los vascos o los canarios (cuando no se ha pensado, como ocurre con los egipcios, ¡en un origen extraterrestre!).

En definitiva, hay que leer la Atlántida como lo que fue, uno de tantos mitos filosóficos y propedéuticos en el marco del pensamiento platónico que remiten a un pasado áureo y utópico de ansiado retorno sobre la vieja historia del colapso cíclico de las avanzadas civilizaciones anteriores que alberga nuestra memoria colectiva.

Por supuesto, sus postrimerías fantasiosas son toda una historia cultural, de interesantes especulaciones, ficciones, imaginaciones y entretenimiento que han de ser estudiadas como una parte de la estupenda recepción de la tradición clásica.

  • Elucubraciones, tesis y documentales

Las últimas actualizaciones de populares y a veces fantasiosas teorías sobre la Atlántida –como las hipótesis que la relacionan con la España suroccidental– se puede ver en novelas, ensayos y películas recientes, de ficción o documentales, que intentan reunir pruebas de la historicidad de este fantástico lugar que solo se explicita como mito en la obra de Platón.

Destaca el documental «El Resurgir de la Atlántida», dirigido por James Cameron y producido por National Geographic, que indaga en la zona entre Daimiel y Huelva la vieja idea de una Atlántida ibérica.

Y constantemente se publican novelas, entretenidos ensayos y novedades editoriales, como los recientes libros del italiano Roberto Pinotti «Atlántida.

El misterio del continente perdido» (Luciérnaga 2018) o del español José Orihuela, «Atlántida. La luz de Occidente» (Almuzara 2023) que dan fe de la pervivencia de esta fascinación.

Para una visión ponderada de la Atlántida, se pueden recomendar la tesis de Tomás Morales (El «Critias de Platón: un mundo mítico para una irrealizable épica del Bien», UNED) y el excelente libro de Pierre Vidal-Naquet, «Atlántida. Pequeña historia de un mito platónico» (Akal 2005).

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.