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El miliciano muerto, Robert Capa …


La sombra del iceberg es un largometraje documental de investigación que cuestiona, a través de varias dudas razonables y razonadas, la veracidad de la versión oficial y plantea la posibilidad de que esta imagen fuera el resultado de una genial puesta en escena.

Hace ya unos meses se estrenó el film, un documental que plantea dudas razonables y razonadas sobre la mítica fotografía ‘El Miliciano Muerto’ de Robert Capa.

Hugo Doménich y Raúl M. Riebenbauer realizan una ‘autopsia’ de la histórica instantánea sobre la Guerra Civil, convertida ya en un símbolo de las tragedias bélicas, en esta película documental de investigación que se llevó el Primer Premio en DOCSDF 2007 y Docusur 2007.

El largometraje ha participado en distintos festivales a nivel tanto nacional como internacional, como la Mostra de Valencia, el Festival de cine de Monterrey, el Festival de Málaga o el Festival de Roma.

En los comienzos de la Guerra Civil española (1936-1939), el mítico fotorreportero Robert Capa —anónimo por aquel entonces— tomó la instantánea. El miliciano muerto, uno de los iconos del siglo XX y símbolo de la tragedia en cualquier guerra. Según la versión oficial, esta fotografía captó por primera vez en la historia el preciso instante de la muerte en plena batalla.

  • La historia

La versión oficial afirma que Robert Capa tomó la fotografía El miliciano muerto hacia las 17 horas del 5 de septiembre de 1936. Fue en una pequeña localidad situada 12 kilómetros al norte de Córdoba, Cerro Muriano, y en una de sus lomas, la de las Malagueñas. Capa y su pareja, la también fotógrafa Gerda Taro, habían llegado a España apenas un mes antes, enviados por la revista francesa ‘Vu’ para preparar un reportaje especial sobre la Guerra Civil.

Afines ideológicamente al bando republicano, en Barcelona se acreditaron ante el jefe del Comissariat de Propaganda, que dispuso para ellos un coche con chófer y los pertinentes salvoconductos. Desde allí viajaron por el país —Huesca, Leciñena, Toledo, etc— en busca de imágenes victoriosas del ejército republicano.

Sin embargo, no encontraron situaciones de acción durante aquellos días. Según sus noticias, los republicanos iban a lanzar un ataque contra las tropas nacionales posicionadas en Córdoba. Capa y Taro pusieron rumbo al sur, pero sucedió todo lo contrario; fueron los nacionales los que iniciaron su avance hacia las montañas del norte, atacando las líneas republicanas con la aviación y la artillería ese 5 de septiembre.

En la siguiente fotografía se puede observar la imagen del Miliciano Muerto en el mismo lugar en el que se había fotografiado a otro caído con anterioridad. Casualidades. Parece que los republicanos morían todos en el mismo sitio.

El escritor Juan Villoro, Premi Ciutat de Barcelona de periodismo por un reportaje publicado en enero del 2008 en EL PERIÓDICO en el que contaba el extraordinario hallazgo de la llamada ‘maleta mexicana’ con valiosos carretes inéditos de Robert Capa, reflexiona sobre la solución de la foto del miliciano. Sostiene que el hecho de que fuera un montaje no resta a la imagen valor simbólico.

Ernest Alós decidió seguir la más famosa bala perdida de la historia de la fotografía y descubrió que no dio en el blanco. En la apasionante crónica que publicó EL PERIÓDICO DE CATALUNYA el pasado viernes, se aclara dónde cayó el protagonista de El miliciano muerto. No fue en Cerro Muriano, como se había dicho, sino en una localidad a 50 kilómetros que parece bautizada para provocar enigmas visuales: Espejo.

Desde 1975, cuando Philip Knightley publicó The First Causalty, la hipótesis de un montaje era tema de discusión entre los especialistas en Robert Capa. La exposición que se exhibe en el Museu d’Art Nacional de Catalunya (MNAC) permitió a Ernest Alós precisar el paisaje de la foto y hacer una investigación in situ. Robert Capa disparó el obturador el 5 de septiembre del año 1936. En Espejo solo hubo combates 20 días después. ¿Es posible que una bala estuviera tan adelantada?

La verdad es una categoría que cambia a medida que conocemos más.

En su guión museográfico para la exposición de Montjuïc, Cynthia Young comenta que la tesis de una muerte en combate se había sustituido por la de un disparo accidental.

Esto restaba dramatismo a la foto más célebre de la guerra civil española, pero no la convertía en una pose.

No se pueden descartar los datos que traerá el futuro.

¿Alguien descubrirá que el 5 de septiembre de 1936 un enemigo o un compañero disparó su arma por locura o descuido, en absoluta soledad y muy lejos del frente?

Por ahora, la información de EL PERIÓDICO confirma la tendencia de Capa a agregar detalles a la realidad. No es casual que su autobiografía llevara el título de Ligeramente fuera de foco. Las distorsiones que son la maldición del fotógrafo pueden ser la virtud del narrador.

Seductor y embustero, Robert Capa se construyó un personaje (comenzando por su nombre, que sustituyó al de André Friedmann) y animó las noches de París con relatos no siempre fiables de sus peripecias en los frentes de guerra. No hay la menor duda de su arrojo, que lo llevó a morir en Vietnam en 1954, ni de su calidad como fotógrafo.

Apostador consumado, dependió de la fortuna. Desembarcó en Normandía, pero un laboratorista sobrecalentó los negativos y solo 11 tomas resultaron aceptables. En Espejo se arriesgó menos y logró la más discutida de sus imágenes.

El miliciano muerto es una fotografía de excepción por la forma en que atrapa un cuerpo que cae. La mirada del soldado se extravía, el pie izquierdo se afloja, ya vencido, el cuerpo se desploma en una posición incómoda, torcida, ajeno a otro impulso que sucumbir, el rifle está a punto de ser soltado, como un trasto inservible. Un icono de la aniquilación.

Hasta ahora no se han encontrado los negativos de la secuencia. En caso de que se hicieran diversas tomas, resultaría difícil hallar otra más convincente. «La imagen fotográfica es siempre algo más que una imagen: es el lugar de una división, de un desgarro sublime entre lo sensible y lo inteligible, entre la copia y la realidad, entre el recuerdo y la esperanza», escribe Giorgio Agamben.

Toda fotografía reclama ser interpretada, es una mediación entre lo que pasó y lo que sentimos en tiempo presente.

El miliciano muerto no dejará de interrogar a quienes lo contemplen. El dolor que transmite es verdadero. Con los importantes datos que tenemos, debemos dejar de tratarlo como una noticia de la muerte. Es otra cosa: un símbolo. Al igual que el Cristo de Andrea Mantegna, representa un sacrificio que no necesariamente ocurrió de esa manera.

nuestras charlas nocturnas.

Una respuesta

  1. Avatar de Roberto Vázquez
    Roberto Vázquez

    Magnífica interpretación de un hecho. Una expresión concreta y concisa que proporciona un verdadero concepto. Roberto Vázquez

    Me gusta

    enero 2, 2012 en 18:49

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