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¿Deberíamos mandar seres humanos a Marte? …


BBC News Mundo — El doctor Alexander Kumar examina desde un ambiente similar en la Tierra -el Polo Sur- lo que haría falta para enviar humanos a Marte.

¿Qué tan lejos estamos de enviar una misión tripulada al planeta rojo?

Me hago esta pregunta mientras contemplo un poderoso telescopio y veo un matiz rojizo en la oscuridad circundante.

He estado invernando en el puesto de avanzada francoitaliano de la estación Concordia en la Antártida, usado también para estudiar cómo los seres humanos podrían sobrevivir algún día un viaje a Marte.

Mis ojos comienzan a congelarse y mis pestañas se pegan con hielo. Meto las manos más profundamente en los bolsillos buscando calor.

Me llama la atención que es una buena metáfora para las astronómicas sumas de dinero que se requerirían para financiar la planificación y preparación de semejante misión. Y ese es apenas el primero de muchos desafíos.

Atravieso la meseta hacia la estación -mi hogar provisional- y miro mi termómetro. La temperatura exterior cayó nuevamente a -75ºC, con una sensación extrema de -99.9ºC.

A una altitud equivalente de 3.800 metros, respiro profundamente este aire que contiene un tercio de la cantidad de oxígeno disponible a nivel del mar.

Dentro de la estación, la ventana está congelada y afuera sigue oscuro, como ha estado 24 horas diarias los últimos tres meses.

Mi GPS identifica que «me salí del camino». Concordia está en el ambiente más frío, oscuro y extremo de nuestro planeta.

– Marte en la tierra

Vivir aquí en lo más cercano a estar en la superficie de otro planeta. Pese a significativas diferencias en la gravedad de la superficie y la presión atmosférica, la temperatura marciana promedio es alrededor de -55ºC, similar a la de Concordia.

Es por estas razones que tales ambientes análogos al Espacio, incluidos la Antártida, la isla Devon y el cráter Haughton, entre otros, continúan siendo de gran interés para las agencias de investigación espacial en su planificación de futuras misiones.

Mi investigación pretende comprender qué tan lejos podemos llevar a los humanos, particularmente en cuanto a la fisiología y psicología extremas.

La investigación de ambientes análogos al Espacio pretende identificar desafíos y encontrar soluciones que algún día ayuden a enviar una misión tripulada a Marte y, más importante, que regrese sana y salva.

El desafío total de enviar semejante misión a Marte es un rompecabezas. Su éxito sólo es posible con colaboración internacional para usar todas las piezas de la investigación.

Esto incorporaría las lecciones internacionales aprendidas de astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI), los transbordadores espaciales y análogas como la misión 500 de la Estación Espacial Europea y Concordia, en los campos del cuidado intensivo y la medicina.

Algunos de los principales desafíos incluyen lidiar con rayos cósmicos en el espacio, la radiación en la superficie de Marte, tormentas de polvo, los efectos de la ingravidez y factores humanos como asuntos psicológicos.

Durante el año pasado, estuve en contacto con Tim Peake, el único astronauta en entrenamiento en Reino Unido, que me dirige hacia los factores físicos asociados con viajes espaciales prolongados.

«Permanecer saludable será el desafío más grande para un astronauta que vaya a Marte, tanto física como mentalmente», me dijo.

«El ambiente espacial es duro para el cuerpo humano y los astronautas deben mantener buena densidad ósea, masa muscular y aptitud cardiovascular para poder trabajar con efectividad en la gravedad marciana después de un extendido tránsito por gravedad cero».

«Los escalones que marcan nuestro progreso hacia una misión tripulada a Marte podrían incorporar viajes a asteroides, la Luna, puntos de Lagrange en lo profundo del espacio o incluso las lunas del propio Marte».

Misiones inspiradoras

La nave espacial Mariner-4 hizo el primer vuelo cerca a Marte en 1965. Posteriormente Mars-2 y Mars-4 hicieron los primeros contactos físicos con su superficie, emitiendo imágenes que inspiraron la imaginación y conjuraron la posibilidad de vida.

El fracaso al enviar naves espaciales y misiones orbitales a Marte ha sido una maldición común, ejemplificada por la pérdida del Beagle 2.

A pesar de eso, en 2011 nació, se construyó y se lanzó una creación de US$2.500 millones. El 6 de agosto de este año, el vehículo de la Nasa Curiosity o Laboratorio Científico de Marte (MSL por sus siglas en inglés) finalmente penetró la delgada atmósfera marciana y aterrizó a salvo en el cráter de Gale.

Los científicos de la misión esperan que forje un nuevo y emocionante capítulo en la exploración de Marte, revelando más secretos sobre su historia.

Entre los próximos proyectos a Marte, se incluyen las misiones InSight y Mars Geyser Hopper, así como de otros países, entre ellos India y China.

Nunca hemos intentado un viaje de ida y vuelta; han sido exploraciones de una sola vía. El siguiente paso natural parece ser superar este desafío, una crucial consideración para enviar una misión tripulada.

Los proyectos compartidos predicen que ocurrirá.

Romain Charles, uno de los tripulantes de la misión de estudio Mars 500 de la Agencia Espacial Europea (Esa) para estudiar el aislamiento simulado de 520 días al planeta rojo, dice: «Estoy seguro de que los humanos colonizarán Marte y la Luna. La gran pregunta es ¿cuándo?».

Tim Peake agrega: «Todo esto tomará tiempo y creo que la primera oportunidad para que los humanos visiten Marte será en la década de 2030».

Al compartir sus razones para convertirse en astronauta, Peake menciona «una curiosidad natural, amor a los desafíos y solución de problemas y deseo de explorar límites». Reiteró que «nuestro conocimiento y presencia en el espacio está jugando un papel vital en nuestro futuro».

Como otros, cree que «una misión tripulada a Marte debería ser una meta a largo plazo de la humanidad» y reconoce que lograrla «requerirá compromiso político y financiero duradero y sólo tendrá éxito como parte de una colaboración internacional».

La visión de Armstrong

la estación Concordia, en la Antártida, puede servir experiencia para los futuros viajes a Marte.

Este año, en respuesta a los cortes presupuestarios y las ambiciones en la Nasa, el excomandante de Apollo 11, Neil Armstrong, expresó su pesar.

«Algunos cuestionan por qué los estadounidenses deberían volver a la Luna. ‘Después de todo’, dicen ‘ya estuvimos allí’.

Me parece desconcertante. Es como si los monarcas del Siglo XVI proclamaran que ‘no necesitamos ir al Nuevo Mundo, ya estuvimos allí'».

Este año fue el primer vuelo privado de abastecimiento a la EEI por la cápsula de carga Dragon, de Space X. Donde se han cortado los recursos gubernamentales, ha crecido pasto más verde en el lado en el sector privado, nutrido por la perspectiva del turismo espacial. Sin embargo, sigue siendo demasiado caro para la mayoría de la gente y no está claro si el espacio se abrirá a pasajeros que paguen.

Según los actuales cálculos, si se pudiera volar a Marte usando un jet 747, tomaría unos 30 años de ida. La privatización del viaje espacial ayudará a forjar un camino oportuno, asequible y cómodo a Marte, aunque no libre de riesgos.

Este año, en respuesta a los cortes presupuestarios y las ambiciones en la Nasa, el excomandante de Apollo 11, Neil Armstrong, expresó su pesar.

«Algunos cuestionan por qué los estadounidenses deberían volver a la Luna. ‘Después de todo’, dicen ‘ya estuvimos allí’. Me parece desconcertante. Es como si los monarcas del Siglo XVI proclamaran que ‘no necesitamos ir al Nuevo Mundo, ya estuvimos allí'».

Este año fue el primer vuelo privado de abastecimiento a la EEI por la cápsula de carga Dragon, de Space X. Donde se han cortado los recursos gubernamentales, ha crecido pasto más verde en el lado en el sector privado, nutrido por la perspectiva del turismo espacial. Sin embargo, sigue siendo demasiado caro para la mayoría de la gente y no está claro si el espacio se abrirá a pasajeros que paguen.

Según los actuales cálculos, si se pudiera volar a Marte usando un jet 747, tomaría unos 30 años de ida. La privatización del viaje espacial ayudará a forjar un camino oportuno, asequible y cómodo a Marte, aunque no libre de riesgos.

La Sociedad de Marte es una organización espacial internacional sin fines de lucro dedicada a promover la exploración humana y la colonización del planeta.

Ha propuesto «Marte Directo», un plan sostenido, de presupuesto mínimo (unos US$30.000 millones) para llevar gente al planeta rojo.

Fue concebido por el fundador de la sociedad, Dr. Robert Zubrin, cuyo mandato declara «ha llegado el momento para que la humanidad realice una ‘misión combinada de robots y humanos’ a Marte». Señala que «estamos mucho mejor preparados ahora para enviar humanos al planeta rojo de lo que estábamos para viajar a la Luna al inicio de la era espacial».

A través de la ciencia-ficción, hemos tenido un siglo de literatura explorando la idea de humanos visitando, estableciéndose y eventualmente colonizando Marte y otros cuerpos celestial.

El escritor de ciencia ficción y autor de la Trilogía Marciana, Kim Stanley Robinson, explica que «la ciencia espacial es una ciencia terrícola, pues estudiar a Marte es parte del entendimiento de la Tierra como un planeta, con valor científico, filosófico o psicológico».

Robinson prevé que algún día habrá «periodos de estudios científicos en Marte, entre tres y cinco años». Serían similares a los programas emprendidos por científicos como yo, actualmente encerrados en el invierno antártico.

Robinson especula que hay una «posibilidad sólida de encontrar rastros fósiles de vida y una menor posibilidad de encontrar vida existente, bajo la superficie» de Marte.

Al igual que el interior de la Antártida, Marte sigue siendo un lugar inhóspito.

Para que los seres humanos vivieran en ese planeta durante un período significativo de tiempo se necesitaría del reciclaje del agua y del aire, así como de los llamados «sistemas de vida».

En la estación Concordia en la Antártida (mi casa actual) lo llamamos «reciclaje de agua gris»: tomar el agua generada por las actividades domésticas, como lavandería, bañarse y lavar los platos, y reciclarla para otros usos in situ. Esto se asemeja al sistema utilizado en la Estación Espacial Internacional (ISS).

Pero hay más ideas que podrían aumentar la duración de la vida humana en Marte.

Así encontremos o no vida allí, hay un deseo de larga data de «terraformar» el Planeta Rojo.

Esto implicaría transformar artificialmente el clima y la superficie para permitir que los seres humanos puedan vivir allí sin sistemas de soporte de vida.

En su Trilogía marciana, el autor de ciencia ficción Kim Stanley Robinson documenta un proceso de poblamiento y colonización que provoca una cadena de acontecimientos que transforman este planeta rojo en uno verde y más tarde en uno azul.

La presencia humana en Marte cambiaría inevitablemente el medio ambiente. Fue el escritor HG Wells quien primero identificó la posibilidad de que los humanos transformen de manera inconsciente los planetas a través de la biocontaminación que se desprende de las bacterias y los potenciales microorganismos que traen consigo.

Creo que las lecciones que hemos aprendido en el último siglo a través de la exploración de los polos -y en particular de la Antártida- y la ciencia son muy relevantes. Nuestras delicadas regiones polares están continuamente amenazadas por el cambio climático y son utilizadas a menudo para pronosticar y rastrear el estado de nuestro planeta.

Robinson sostiene que cuando se trata de investigar los desafíos de enviar una misión tripulada a Marte «la Antártida es la mejor analogía; no el salvaje oeste o cualquier otra cosa».

– La contaminación de Marte

John Ash, desde el Scott Polar Research Institute, comentó: «La contaminación posterior es un factor crítico en la exploración espacial, y mucho puede ser aprendido por el trabajo realizado en relación con la penetración de los lagos de hielo ocultos de la Antártida. Por supuesto, es muy importante no contaminar las muestras que pueden ofrecer pruebas científicas de vida extraterrestre, pero también hay obligaciones legales».

Se refiere al Tratado del espacio exterior, en el cual están los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, como la Luna y otros cuerpos celestes.

Los métodos utilizados por exploradores polares anteriores -usando un sistema de depósito para atravesar el vacío, desconocido y hostil interior de la Antártida- podrían adaptarse para una misión humana a Marte. Se podría instalar un lugar de depósitos en órbita, entre Marte y la Tierra, o una zona de aterrizaje en su superficie, por medio de los cuales se enviarían los equipos y suministros.

Al igual que las expediciones polares dirigidas por Amundsen, Scott y Shackleton, esto añadiría un factor de seguridad, confianza y capacidad de reabastecimiento y permitiría las reparaciones en ruta para que la valiente tripulación viaje a lo desconocido.

En las próximas décadas, podría haber un nuevo proceso de reclutamiento de astronautas, esta vez para una misión tripulada a Marte. Parodiando el mítico anuncio del periódico de Ernest Shackleton, la contratación de la tripulación de una misión interplanetaria, con los recientes recortes presupuestarios de la NASA, podría decir: «Se requieren hombres y mujeres para viaje arriesgado. Bajos sueldos. Frío amargo y largos meses de completa oscuridad.»

El fallecido escritor de ciencia ficción Ray Bradbury nos dejó una advertencia en su cuento Crónica marcianas: la colonización de Marte se convierte en una necesidad para la supervivencia del ser humano y los seres humanos huyen de una tierra atribulada, un hogar roto y un planeta devastado atómicamente.

Si nuestra especie sigue su curso actual, un apocalipsis bíblico podría ser un posible resultado.

– Evento de extinción

En sus Crónicas marcianas, el escritor de ciencia ficción Ray Bradbury dice que el ser humano usará Marte como refugio.

Al describir la posibilidad de que él mismo se parara en la superficie de Marte, Tim Peake (el único astronauta en entrenamiento en Reino Unido) me dice: «Sería la sensación más excitante imaginable.»

Y añade: «En algún momento, esperemos que dentro de muchos, muchos años, la Tierra sufrirá un evento que la vida humana no puede tolerar; es decir, un evento de extinción.

«Si la humanidad quiere sobrevivir como especie, en el largo plazo nuestra existencia futura radica en la colonización de otros planetas o lunas. Creo que esto es algo que se puede lograr, pero se requieren muchos años de pasos paulatinos antes de que seamos capaces de colonizar.

«Vivimos en un planeta frágil que está en un universo dinámico, así que la exploración tripulada del espacio no solo se trata de la búsqueda de nuevo conocimiento, sino también de una póliza de seguridad sobre el futuro.»

Muchos escépticos, sin duda, preguntarán por qué un país va a decidir invertir en la exploración espacial futura, incluida una misión tripulada a Marte, mientras que hay tantos problemas sin resolver en nuestro planeta, desde el VIH hasta la malaria y pasando por la pobreza.

Estarían en lo cierto. Confíen en mí: soy un médico que ha viajado a lo largo y ancho del planeta y ha sido testigo de los peores efectos de la pobreza, la enfermedad y la guerra.

Las últimas palabras del capitán Robert Falcon Scott, dirigidas al público en su diario, hacen eco en voz alta: «Por el amor de Dios, cuiden de nuestra gente».

Sentado en la Antártida 100 años después, soñando con Marte, me gustaría actualizar el consejo de Scott anexándole a su ecuación el impacto (desconocido para él) de los seres humanos sobre la Tierra durante el siglo pasado.

Quiero reiterar: «Por el amor de Dios, cuiden de nuestra gente… y también a nuestro planeta.»

Cuidar es compartir

Alex Kumar es uno de los científicos que han hibernado en la estación Concordia.

¿Deberíamos obtener la confianza para visitar, contaminar y tal vez colonizar otro planeta cuando parecemos incapaces de conservar y cuidar el nuestro?

Tal vez esta constante falta de cuidado por el planeta y su gente nos lleve algún día a irnos de la tierra de una vez por todas.

Sin embargo, como consecuencia de mi experiencia como médico, yo también viajo por el mundo como un explorador científico.

En una solitaria cruz de madera que hay en la punta de una montaña en la Antártida, con vista a una ruta hacia el Polo Sur, están inscritas unas palabras: «Para esforzarse, buscar, encontrar y no ceder».

Estas palabras, tomadas del poema de Sir Alfred Tennyson, «Ulises», fueron escritas por el grupo que encontró la carpa de Scott en memoria del legado de su equipo de expedición.

Entre ellos, mi propio héroe es el doctor Edward Wilson, cuyos sueños no se convirtieron en un cementerio sino que dejaron un rastro abrasador y un legado para inspirar a las generaciones futuras de la ciencia.

Solo al llevar a la humanidad a sus límites, a los fondos del océano y del espacio, vamos a hacer descubrimientos en la ciencia y la tecnología que pueden ser adaptados para mejorar la vida en la Tierra.

Si el origen de la vida como la conocemos surgió a partir de un Big Bang en una zona distante del Universo, tal vez las soluciones que buscamos a nuestros problemas en la Tierra también pueden estar allí.

No esforzarse, buscar ni encontrar sería una tragedia aún mayor. Y representaría un gran paso hacia atrás para la humanidad.

nuestras charlas nocturnas.

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