Textos de las pirámides …

Primeross.org/National Geographic(C.Mayans) — Se conocen como ‘Textos de las Pirámides’ una colección de textos religiosos grabados en las paredes de las pirámides de reyes y reinas a partir de la V Dinastía.
Constituyen el conjunto de escritos religiosos más antiguos hasta ahora descubiertos y nos dan a conocer rituales funerarios, ceremonias religiosas, ofrendas, fórmulas mágicas y en general todo lo que podía proporcionar el bienestar del rey muerto y facilitar su nueva existencia en el Más Allá.
Se escribieron durante las dinastías V a VIII. Los más antiguos fueron descubiertos en la pirámide de Unis, último faraón de la V dinastía, conocida por lo egipcios como ‘Perfectos son los lugares de Unis’.
También se encuentran en las pirámides de Teti, Meryra-Pepy (Pepi I), Merenra-Antyemsaf (Merenra), Neferkara-Pepy (Pepi II) y Kakara Ibi (Aba) y en las de las esposas de Neferkara-Pepy: Neit, Iput y Udyebten, todas ellas en la necrópolis de Saqqara.
Algunos de estos pasajes aparecerán luego grabados en tumbas de nobles de los Reinos Medio y Nuevo y del Período Tardío. Posteriormente se añadieron nuevas fórmulas de acuerdo con la propia evolución de las ideas religiosas, dando lugar a los llamados Textos de los Sarcófagos, en el Reino Medio, y más tarde, el Libro de los Muertos.
Si bien los textos escritos más antiguos pertenecen a finales de la V dinastía, representan ideas religiosas mucho más antiguas y algunos pueden datarse en los inicios de la civilización egipcia. Existen pasajes de los que ya tenemos noticias en estelas y mastabas de las dos primeras dinastías.
Esto nos puede dar una idea de la importancia de los textos que ya en el año 2300 a.C. reflejaban un sistema religioso que, mucho antes de ser escrito en las paredes de las pirámides, los egipcios habían formulado, buscando los orígenes de la vida y el futuro después de la muerte y que debió transmitirse a lo largo de los años sin que haya constancia de escrito alguno previo.
- Estructura de los textos
No se trata de relatos ni narraciones secuenciales, sino de extractos de las teorías de la creación, de las luchas entre Horus y Seth, diferentes leyendas y sobre todo textos de ascensión, de resurrección o identificación con los dioses.
Esto lógicamente nos hace pensar que cuando fueron recopilados, las leyendas debían ser ya ampliamente conocidas, al menos en los círculos religiosos, por lo que es muy posible que estuviesen escritas, bien en otros monumentos menos duraderos, bien en papiros, mucho antes de ser grabadas en la pirámide de Unis.
La pirámide de Unis, la primera en la que se escribieron, consta únicamente de 228 declaraciones, a las que se añadieron, en construcciones posteriores, mas del triple, hasta completar las 712 que aparecen en la de Pepi II, la más completa de todas.
Los textos de la pirámide de Kakara Ibi, un faraón de la VIII dinastía se han utilizado para cubrir las lagunas existentes en las otras pirámides, pues, a pesar de que el lenguaje empleado en ellos parece no ser posterior a la V dinastía, el conjunto general representa una variante y se aleja de las formas empleadas en los textos más antiguos.
Las declaraciones se distribuyen por todas las salas, corredores de acceso, antecámara o cámara funeraria, pero no en el serdab. Los textos se encuentran agrupados en columnas y separados por líneas de división, que bien pudieron ser trazadas antes de realizar los jeroglíficos, pues al menos en la pirámide de Unis, se observa que las columnas son del mismo ancho.
En algunas, estaban policromados y conservan aún restos del color original. Comienzan con la frase Dd mdw («palabras para ser dichas»), aunque en la pirámide de Unis sólo aparece al principio de la obra, y acaban con la palabra Hwt correspondiente al término «morada» o «residencia.»
La numeración de las fórmulas fue establecida por Sethe y, aunque aparentemente no parece la más apropiada, hay que decir que cualquier otra secuencia tampoco conduce a una disposición lógica.
Si partimos de la base de que la distribución se ajusta a un recorrido relacionado con los oficios fúnebres, un sacerdote iría leyendo los textos desde la entrada de la pirámide hacia el interior o bien realizaría la lectura a la vuelta del ritual.
La estructura y numeración realizada por Sethe, que se ha mantenido como norma, comienza en la pared de la cámara funeraria y a través del corredor de acceso finaliza en el corredor de la entrada, ajustándose más al segundo caso, al ritual inverso, que al primero.
De cualquier forma, leídos en uno u otro sentido no parece existir un orden secuencial y hasta ahora no es posible determinar una estructura de ubicación lógica.
Por otra parte resulta difícil pensar que los oficios de Pepi II incluyesen la lectura de todos y cada uno de los pasajes grabados en la pirámide.
Además hay que hacer notar que si bien en diferentes pirámides hay declaraciones ubicadas en los mismos lugares, también es cierto que existen pasajes que aparecen en zonas diferentes e incluso dentro de la misma pirámide hay textos repetidos, con variantes, distribuidos en cámaras diferentes.
A cada una de las fórmulas Sethe las denominó ‘Spruch’ y Faulkner ‘Utterances’ por empezar con la frase ‘palabras para ser dichas’ y nosotros las hemos traducido por ‘Declaraciones’ por tratarse de fórmulas orales.
El hecho de que sean precisamente oraciones funerarias implica la no existencia de textos descriptivos que nos den a conocer de forma clara los pensamientos religiosos, las leyendas, las teorías, los lugares o dioses y las referencias son simplemente tangenciales.
Por ejemplo no contamos con una definición cartográfica de las diferentes zonas que componen el Más Allá, algo que sí aparece en textos de períodos posteriores, ni de un relato de las luchas entre Horus y Seth, sino breves indicaciones, a veces contradictorias, a este u otros acontecimientos.
- Objetivo
Sethe pensaba que podían haber sido textos transmitidos de tiempos muy antiguos mediante tradición oral. Un análisis individual de algunos pasajes si podría llevarnos a esta conclusión, pero un estudio en conjunto de todos los textos hace pensar que se trata de una recopilación desordenada de un sistema cosmológico y religioso muy avanzado, pero a la vez no pulido, y no de un simple compendio de mitos o leyendas locales.
Por otra parte parece aceptado por la mayoría de autores, eso sí, con variaciones de interpretación, que los textos representan letanías recitadas durante los rituales fúnebres, por los sacerdotes encargados de oficiar el entierro.
A pesar de que no conocemos con claridad la intención precisa sí podemos confirmar que fueron escritos para asegurar la resurrección del faraón y su supervivencia y bienestar en el Más Allá, para lo que contaba con la ayuda de las fórmulas que le permitirían librarse de los peligros topográficos, de los animales dispuestos a acecharle, junto con rituales de incensación, ofrendas de comida, bebida y vestuario, etc.
Pero existe un segundo objetivo, mucho más importante, que pasa por la transformación del rey difunto en un aj, el más importante de todos los aj´s que habitaban el Más Allá, un paso intermedio hacia el definitivo estado divino, con el que su inmortalidad quedaría asegurada.
Esto se conseguía proporcionándole los medios necesarios para ascender al cielo como una estrella, convirtiéndose en el más poderoso de los seres que habitaban el nuevo mundo al que pertenecía. En este sentido es de destacar la gran cantidad de declaraciones en las que se le facilita al rey un medio para ascender al cielo o transfigurarse en un ser divino.
Todo podía obtenerse mediante el poder mágico de la escritura y la palabra. Cuando los textos eran leídos las palabras mágicas podían hacer volver a la vida al difunto. De ahí que los enemigos del faraón en su viaje al Mas Allá aparezcan mutilados. Si recobraban la vida no representarían un problema para el difunto. Llama la atención que la pirámide de Unis, la primera en la que se grabaron los textos, es la única en la que no se cumple esta regla y los enemigos del rey no aparecen mutilados.
Además los textos en los que se encuentra el dios Seth, en la pirámide de Teti, sólo aparecen escritos fonéticamente, mientras que en la de Unis aparece representado el animal asociado a la divinidad.
En los textos se observan dos teorías cosmológicas; por una parte mitos solares, contemporáneos de los faraones que mandaron escribirlos y por otra unas ideas más antiguas relacionadas con la mitología estelar. En la primera el faraón es conducido hacia el dios solar Ra, mientras que en la segunda el camino a emprender se dirige a las estrellas circumpolares, aquellas que por no desaparecer nunca del cielo nocturno eran consideradas inmortales.
Para J.P Allen ésta identificación constante del rey con las estrellas imperecederas refleja la marca distintiva de la nueva existencia del rey difunto frente al rey vivo y que no es otra que la inmutabilidad, y la eternidad, conceptos que aparecen también asociados al proceso de momificación y a la construcción del complejo piramidal.
Este es el primer cambio reflejado en la nueva existencia del rey, que se transforma desde una vida marcada por inevitables cambios físicos y con medida del tiempo en otra existencia eterna e inmutable que cambia sólo cuando él lo decide.
La duración de la vida del rey es La Recurrencia Eterna
Su límite es la Identidad Eterna,
En ese su privilegio de ‘Cuando le gusta, lo hace;
Cuando no le gusta, no tiene que hacerlo’
(Pir. 412a-b, traducción recogida por J. P. Allen, Cosm. p. 2. La traducción de Faulkner es ligeramente diferente).

A pesar del predominio de las teorías celestes y de las alusiones a Horus como dios de los cielos, con el que el rey vivo queda identificado, también, el rey difunto es ya identificado con Osiris y aparecen pasajes relativos a las teorías osiríacas y a los mitos relacionados con su desmembramiento y muerte.
Por otra parte las teorías cosmológicas identifican al rey con Atum o Ra como demiurgos. El Rey es creado antes que cualquier otro ser. Tanto los elementos materiales como las ideas abstractas aparecen después de que el Rey ‘venga a la existencia’, frase que se repite constantemente en muchos pasajes de los textos.
Pero antes que él existía el Nun, el caos primordial del que después surgirá todo lo que compone la vida y que parece ser una masa líquida. Para J.P. Allen, que utiliza el término Abismo, “se trata de una extensión insondable sobre el cielo que se encuentra en constante oscuridad, a la que no acceden ni los dioses, ni los ajs, ni el sol ni ningún habitante del mundo celeste.”
- Historia de un descubrimiento
Auguste Mariette nació en Boulogne-sur-Mer en el año 1821 y llegó a Egipto en 1850 con la intención de realizar un inventario de los manuscritos coptos que se conservaban en algunos monasterios. La tarea que aparentemente resultaba fácil se complicó, y Mariette no obtenía los permisos necesarios para llevar a cabo su trabajo, por lo que se instaló en una tienda frente a las pirámides con la intención de estudiar los monumentos de la antigüedad.
En 1880, tras haber realizado trabajos que le llevaron a descubrir el Serapeum, Mariette obtuvo del gobierno francés dinero para realizar excavaciones, con la condición de que abriese al menos una de las pirámides de Saqqara.
Hasta ese momento se creía que las pirámides no aportarían inscripción alguna. Ciertamente no existía razón para pensar lo contrario, puesto que en ninguna de las exploradas hasta entonces se habían encontrado inscripciones. A pesar de que Mariette consideraba que las pirámides del recinto no le iban a reportar ningún descubrimiento debía cumplir las condiciones impuestas por Francia.
En Mayo de ese mismo años, mientras se encontraba en Francia, Mohamed Chahin abrió la de Pepi I, descubriendo los primeros textos que fueron copiados por Emile Brugsch, conservador del Museo Bulaq.
Maspero fue el encargado de traducir estos primeros textos, enviados por Mariette. Meses después cuando volvió a Egipto se abrió la pirámide de Merenra.
El 18 de Enero de 1881 Mariette murió sin conocer la importancia real de los textos descubiertos. Algunos días antes de su muerte había llegado a El Cairo Maspero, su sucesor.
Fue él quien continuó la búsqueda de los textos, ayudado económicamente por J. M. Cook.
Durante los meses siguientes continuaron las visitas a las pirámides de Pepi I y Merenra en las que se copiaban más textos, además de abrir la de Unis y Teti.
Al año siguiente comenzó lo que sería la primera traducción de los textos de las pirámides en la obra ‘La Pyramide du roi Ounas’ que se alargaría hasta 1892. En 1894 se publicó un volumen único con todos los artículos realizados a lo largo de esos años.
Mucho después, se descubrieron las pirámides de las 3 esposas principales de Pepi II : las reinas Udyebten (1925), Neit e Iput (1931 – 1932), además de la de Kakara Ibi. El conjunto de todas estas recopilaciones de textos, junto con los que se encontraron en años posteriores, ya con una importancia mucho menor, es lo que se ha llamado ‘Textos de las Pirámides’.
- Historial de traducciones y trabajos
Cuando el año 1881 acababa de echar a andar, Gaston Maspero, que por entonces era director del Instituto Francés de El Cairo, quedó absolutamente sorprendido por algo que le mostró Auguste Mariette, director del Servicio de Antigüedades de Egipto y compatriota suyo.
El anciano arqueólogo le enseñó los calcos de un texto religioso, de tamaño considerable, escrito en jeroglíficos y distribuido en columnas verticales. Los calcos le habían sido proporcionados por sus colaboradores, los hemanos Heinrich y Émile Brugsch, quienes los habían descubierto en la cámara funeraria de una tumba de la necrópolis de Saqqara.
El caso es que Mariette no podía admitir de ninguna de las maneras que un dogma de la egiptología de la época, como era el de «la pirámide silenciosa», fuera puesto en duda.
De hecho, los investigadores de aquellos tiempos, con Mariette al frente, estaban seguros de que los muros de las pirámides no contenían ningún tipo de texto.
Y este descubrimiento cambiaba totalmente el paradigma imperante.
Finalmente, tras el hallazgo de la pirámide del sucesor de Pepi I, Merenre (que contenía, sorprendentemente, los restos del faraón), en la primera quincena de enero de 1881, Mariette tuvo que admitir que estaba equivocado.
En efecto, en la cámara funeraria de Merenre aparecieron más inscripciones de ese tipo. El anciano arqueólogo fallecería pocos días después, el 18 de enero de 1881. Ese mismo año se descubrieron más cámaras funerarias decoradas con textos de las mismas características en diversas pirámides del Reino Antiguo.
Entre el 14 y el 28 de febrero, en la pirámide de Unas, faraón de la dinastía V; entre febrero y marzo, en la de Pepi II, y entre el 18 de abril y el 29 de mayo, en la de Teti, ambos de la dinastía VI.
En realidad, Maspero participó activamente en todas las excavaciones. Tanto que durante la exploración de la pirámide de Pepi II, el arqueólogo vivió una situación realmente peligrosa, tal como se describe un un periódico de la época: «El señor Maspero quedó sepultado en una de las cámaras al derrumbarse la mampostería. E. Brugsch Bey consiguió salvarle tras muchas dificultades».
El «Himno caníbal»
Pero ¿de qué clase de textos estamos hablando? Pues se trata de los conocidos como Textos de las Pirámides, una serie de textos sagrados que, según averiguó el propio Maspero, describían los diversos estadios del renacimiento del alma del rey difunto en el más allá. Estas inscripciones jeroglíficas se dispusieron en los muros de las cámaras funerarias en columnas verticales, de modo que pudieran ser leídas por el fallecido. «Duermes para que despiertes, mueres para que vivas», rezan algunos de estos textos.
Son textos con un contenido religioso complejo. Por ejemplo, hay que destacar que en la pirámide de Unas, y en la de su sucesor Teti, los arqueólogos identificaron un texto que, por su sorprendente contenido, bautizaron como «Himno caníbal». El rey aparece aquí como «devorador de los dioses», para, con ello, hacerse con sus poderes y magia.
«El rey es el toro del cielo que vive de la esencia de cada dios, que se ha comido sus vísceras cuando han venido», puede leerse en un fragmento.
– Textos por doquier
Con todo, los Textos de las Pirámides no son textos unitarios, al igual que ocurre con textos posteriores como los Textos de los Sarcófagos o en el Libro de los muertos. De hecho, el corpus incluido en los Textos de las Pirámides es muy amplio, y en cada caso se usaba una selección distinta de textos.
Maspero llegó a recopilar más de 4.000 líneas de la que está considerada la más antigua plasmación de pensamiento religioso de la historia egipcia.
El egiptólogo francés estudió a fondo los textos y también los publicó, una tarea titánica que fue descrita por Wallis Budge, orientalista y conservador del Museo Británico de Londres, como «uno de los grandes triunfos de la disciplina».
Años después, se descubrieron más cámaras funerarias en pirámides que contenían este tipo de textos religiosos.
Es el caso de cuatro pirámides que fueron excavadas entre 1926 y 1933 por el arqueólogo suizo Gustave Jéquier: la del rey Ibi, de la dinastía VIII, y la de las reinas Wedjebten, Neith e Ipu, de la dinastía VI, lo que demuestra que las mujeres también tenían derecho a que hubiese textos religiosos inscritos en sus cámaras funerarias.
A todos estos hallazgos se unió hace unos años, en 2000, el descubrimiento de la pirámide de la reina Ankhesenpepi, también en Saqqara. Y seguramente no será el último.






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