Algunas de las maravillas legadas del pasado (II) …

El templo de Luxor
La moderna ciudad de Luxor, edificada sobre las ruinas de la antigua Tebas, la que fue capital de Egipto durante el Reino Nuevo, acoge el templo de Luxor. Este goza de una ubicación inmejorable, en pleno casco urbano y en la Corniche de Luxor, enfrente del muelle donde se toma el ferri para cruzar el Nilo.
Este recinto fue concebido como un complemento del otro gran templo de la ciudad, el de Karnak, y su construcción fue impulsada principalmente por los faraones Amenhothep III y Ramsés II. Este último lo terminó tal como se conoce hoy en día. Es uno de los templos mejor conservados del antiguo Egipto y visitarlo es adentrarse en el fascinante mundo de los dioses, donde solo podían acceder los sumos sacerdotes y, por supuesto, el faraón.
Situado en el corazón de la antigua Tebas, fue construido esencialmente bajo las dinastías XVIII y XIX egipcias. Estaba consagrado al dios Amón bajo sus dos aspectos de Amón-Ra (Ra, era considerado el dios del cielo, dios del Sol y del origen de la vida en la mitología egipcia).
Las partes más antiguas actualmente visibles remontan a Amenhotep III y a Ramsés II. Seguidamente, nuevos elementos fueron añadidos por Shabako, Nectanebo I y la dinastía ptolemaica.
En época romana, el templo fue parcialmente transformado en campo militar. El edificio, uno de los mejores conservados del Nuevo Imperio egipcio, aún mantiene numerosas estructuras. Además del gran pilono, el visitante puede también atravesar dos grandes peristilos y la columnata monumental que enlaza estos dos patios.
El santuario propiamente dicho, residencia del Amón de Opet, al igual que las salas que conservan una gran parte de sus baldosas.
Forma parte del conjunto denominado Antigua Tebas con sus necrópolis, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.

La construcción fue ordenada por Amenofis III a su arquitecto Amenhotep (hijo de Hapu). Este último edificó un templo completo: naos, santuario de la barca, sala de ofrendas y antecámara,1 esta última flanqueada de capillas destinadas a la tríada tebana.
Todo está precedido de una sala hipóstila abierta a un gran patio cuadrado, el «patio solar», rodeado por tres de sus lados de una doble hilera de sesenta y cuatro columnas papiriformes. Las salas de culto, al igual que la sala hipóstila, se elevan sobre una plataforma con una gran inscripción dedicatoria.
El conjunto, con proporciones imponentes pero armoniosas, fue completado por una columnata procesional de acogida de unos veinte metros, formando un grupo monumental que marcaba la entrada del templo. El programa arquitectónico se ejecutó probablemente en tres fases sucesivas y ocupó todo el reinado.
Como hizo en Karnak para el patio de su padre, Amenhotep III destruyó sin duda un templo más antiguo delante del cual debía encontrarse la capilla edificada por Ra. De hecho, la estructura interna está en parte constituida con bloques reutilizados provenientes de un edificio anterior.
Difícilmente accesibles, estos bloques son todavía visibles en la zonas orientales del templo que fueron modificadas en la época greco-romana. Aquí se ha encontrado cartuchos grabados de Tutmosis IV.

Ejecutado en el más puro estilo de la XVIII dinastía egipcia, el Opet del sur constituye un raro ejemplo de edificio religioso del Nuevo Imperio bien preservado, aunque los muros que rodean las diferentes partes del monumento se hayan derrumbado o sus materiales hayan sido reutilizados en épocas posteriores – lo que nos permite admirar las columnas desde el exterior del monumento.
El templo fue descuidado, incluso maltratado durante el reino del faraón «herético» Akenatón. Los trabajos recomenzaron bajo Tutankamón y Ay, quienes acabaron la decoración de los muros de la columnata procesional, añadiendo especialmente las escenas de la Fiesta de Opet.
Ramsés II, el otro gran constructor en Tebas, añadió el pilono, cuya plaza estaba adornada con seis colosos de Ramsés II, cuatro de pie y dos sentados, todos con su nombre, además de dos obeliscos, y un segundo patio con pórticos, de un estilo típico de la XIX dinastía, con columnas macizas que recuerdan a la sala hipóstila de Karnak.
Lo adornará también con estatuas alternando con las columnas. Otros dos colosos sentados, con su imagen, precedían la entrada de la columnata procesional de Amenhotep III.
Para edificar este nuevo patio, el arquitecto de Ramsés tuvo en cuenta la existencia de una triple capilla de Hatshepsut, lo que explica que el eje del monumento esté dirigido hacia Karnak. No se percibe a primera vista, pero es imposible tener desde el pilono una vista axial del templo, ya que la perspectiva está rota.
El conjunto está sin embargo muy bien concebido para que esta particularidad no afecte a la armonía de las proporciones; incluso los obeliscos, de medidas diferentes, fueron emplazados desfasados de tal manera que cuando nos situamos frente al pilono, no se note la diferencia.

Los dos obeliscos fueron ofrecidos en 1830 a Carlos X de Francia por Mehemet Ali, pero solo el de la derecha fue derribado y transportado a Francia. Jean-François Champollion fue quien eligió, por mandato del rey, el primero de los dos obeliscos, en parte cubiertos de arena.
La leyenda dice que se decidió por el de la derecha, entrando en el templo, el más pequeño y el más dañado. El obelisco fue erigido con una gran fiesta en París, dónde se erige después de 1836 en el centro de la plaza de la Concordia. En agradecimiento, Luis Felipe I de Francia ofreció un reloj que hoy día adorna la mezquita de Mehemet Ali en el Cairo, pero se estropeó en el camino y nunca funcionó.
El segundo obelisco, que nunca salió de Egipto, fue oficialmente «devuelto» por Francia en 1981, al principio del primer mandato de François Mitterrand.
El agrandamiento del templo continuó en el periodo tardío de Egipto. Los faraones nubios de la XXV dinastía añadieron el muro de recinto además de un grupo arquitectónico de columnas formando un ante-patio. El recinto fue reacondicionado o restaurado por Nectanebo II, faraón de la XXX dinastía, al igual que todos los templos de Tebas. Construirían igualmente la avenida de las esfinges que unía el templo de Luxor al de Karnak, además de un pequeño templo dedicado a Isis.
Tebas parece haber sido abandonada y maltratada por los conquistadores sirios y persas, y el desarrollo del templo fue abandonado. Alejandro Magno reacondicionó la sala de la barca, haciendo erigir las cuatro columnas que sostenían el techo. Todavía se puede ver el emplazamiento de las bases de estas columnas sobresaliendo de los cimientos de esta capilla.
Esta forma, con la capilla que Filipo III de Macedonia hizo construir para el templo de Amón-Ra en Karnak es un ejemplo irreemplazable de arquitectura religiosa de este periodo de transición histórico para la ciudad de Tebas.

De igual manera, desde el comienzo de la época griega, se puede constatar cuanta atención aportaron los primeros monarcas de la nueva dinastía a los santuarios de la ciudad santa.
Finalmente, en la época romana, el templo fue convertido en edificio militar. En esta época, los sacerdotes enterraron piadosamente una serie de imágenes de dioses y reyes en una favissa que habían habilitado en el gran patio solar de Amenhotep III. Estas estatuas, algunas únicas en su género, fueron descubiertas en 1989 y están actualmente expuestas en el museo de Luxor.
En su versión final, el templo de Luxor medía más de 260 metros de largo y 50 de ancho.
Mada’in Saleh o Al-Hijr
Mada’in Saleh (o Madain Saleh) (en árabe: مدائن صالح , madāʼin Ṣāliḥ, «Ciudades de Saleh»), también denominada Al-Hijr («lugar de la roca»), es una antigua ciudad localizada en el norte de Hejaz (en la actualidad Arabia Saudí, a 22 kilómetros de la ciudad de Al-`Ula (árabe العلا)). En la Antigüedad, la ciudad estaba habitada por zamudíes y nabateos siendo denominada como Hegra.
Algunas de las inscripciones encontradas en la zona están datadas hacia el segundo milenio antes de Cristo. Sin embargo, todos los elementos arquitectónicos restantes se fechan al período de las civilizaciones Thamudi y Lihyan.
En 2008, la Unesco proclamó a Mada’in Saleh Patrimonio de la Humanidad, convirtiéndose en el primer lugar de Arabia Saudí en conseguirlo.
Al Hijr es un sitio que no ha podido ser visitado por los extranjeros, pues hasta ahora estaba prohibido su visita. Esto hace que yo no lo haya visitado pero después de haber visitado Petra hace años, no duden que también visitare este lugar.
En pleno desierto de Arabia Saudí surge este enclave nabateo que es considerado el segundo más importante después de Petra.
Mada’in Saleh está considerada como los segundos restos de la cultura nabatea más importante tras Petra. Se encuentran 131 tumbas desperdigadas a lo largo de 13,4 kilómetros junto con cisternas, murallas, torres, etc., que datan de los siglos I a. C.al I d. C.
Mada’in Saleh está considerada como los segundos restos de la cultura nabatea más importante tras Petra. Se encuentran 131 tumbas desperdigadas a lo largo de 13,4 kilómetros junto con cisternas, murallas, torres, etc., que datan de los siglos I a. C.al I d. C.
Posee medio centenar de inscripciones del periodo prenabateo y algunas pinturas rupestres. Al Hijr constituye un testimonio excepcional de la civilización nabatea. Sus pozos y sus 131 sepulturas monumentales, entre las que figuran 94 ornamentadas, son una muestra excepcional de las realizaciones arquitectónicas de los nabateos y de su dominio de las técnicas hidráulicas.
Al.Hijr es después de Petra la ciudad nabatea más importante del planeta y resulta de especial importancia porque da fe de los miles de años de ocupación humana de la zona, gracias a sus conocimientos hidráulicos, que servían para extraer el agua subterránea.
Estos conocimientos hidráulicos permitieron a los nabateos instalarse en sitios tan remotos como este, en pleno desierto. Además de sus conocidos pozos, también eran especialistas en canalizar el agua de las lluvias hacia cisternas que les permitieran la vida. Una vida que era nómada y además controlaban el comercio de las especias.
En este lugar no solo encontramos su imponente estructura geomorgologica enclavada en medio del desierto saudí, ya que cuenta con diversas tumbas monumentales bien conservadas con fachadas decoradas que datan del siglo I a.C. al I d.C.
No es lo único con lo que podemos fascinarnos aquí, ya que también cuenta con más de cincuenta inscripciones del periodo prenabateo y algunos dibujos rupestres, dando así uno de los testimonios más importantes sobre la vida de los nabateos y su civilización.
Este lugar ha sido testigo del encuentro de varias influencias decorativas y arquitectónicas como la asiria, egipcia, fenicia y helenística. Además, aquí encontramos también inscripciones en diversas lenguas antiguas como la lihianita, nabatea, griega y latina.
El sitio de Al-Hijr ha estado ubicado históricamente en un punto estratégico y de encuentro entre varias civilizaciones de la Antigüedad tardía, lo que servía como ruta comercial entre la Península Arábiga, el mundo mediterráneo y Asia.
Es precisamente por eso por lo que es un testimonio excepcional de importantes intercambios culturales en la arquitectura, la decoración, el uso de la lengua y el comercio de caravanas, siendo uno de los principales ejemplos de comercio internacional de caravanas del mundo antiguo.
A pesar de que es una de las zonas con más relevancia de la cultura nabatea, realmente sabemos poco sobre ellos. Así lo afirma la importante arqueóloga Laila Nehmé en una entrevista concedida al Smithsonian, en la que afirma que “la razón por la que no sabemos mucho sobre ellos es porque no tenemos libros o fuentes escritas por ellos que nos cuenten como vivieron, murieron y adoraron a sus dioses”.
Los nabateos establecieron una serie de puntos estratégicos en su territorio para facilitar y asegurar las rutas por el desierto. Si al norte levantaron ciudades como Avdat, en su frontera sur establecieron Madain Salih. Aquí replicaron la arquitectura troglodítica que ha hecho famosa a Petra, pero en otro escenario, en medio de un vasto desierto en el que aprovecharon sus protuberancias rocosas.
Madain Salih es solo uno de sus múltiples nombres. Hace referencia a las supuestas conexiones con los thalmudis, un antiquísimo pueblo arábigo castigado por Alá por horadar las rocas. Estas son raíz de otro nombre: Al-Hijr o lugar rocoso.
Hace referencia a la geografía, una planicie de basalto punteada por las estribaciones de las montañas Hijaz, caracterizadas aquí por enormes y aisladas rocas de arenisca. Las aguas subterráneas facilitaron la ocupación de la zona, pero los habitantes originales no fueron los thalmudis del Corán, sino los Lihyan.
De Hegra nos han llegado inscripciones con su caligrafía y petroglifos. Lihyan existió desde el siglo III a.C. hasta la llegada de los nabateos, alrededor del cambio de era. Fueron los que le dieron el mayor esplendor a Madain Salih. Con sus conocimientos de hidrología perforaron más de cien pozos y multiplicaron la agricultura. A ello sumaron su papel militar fronterizo y comercial, basado en el monopolio de la mirra, incienso y especias.
Los nabateos vieron hasta en las rocas más aisladas moldes perfectos para extender la arquitectura de Petra. Madain Salih se convirtió en la capital del sur. Como tal, cayó junto a la capital nabatea. Los romanos cambiaron el comercio terrestre por el marítimo, por lo que la ciudad declinó totalmente.
El olvido conllevó un periodo de leyendas que derivó en la consideración de ciudad maldita para los musulmanes. Sin embargo, Madain Salih se utilizó como paso para ir a La Meca. Los otomanos construyeron un fuerte en este lugar en el siglo XVIII.
El descubrimiento de Petra, en el año 1818, extendió los rumores de una ciudad similar en el desierto. El explorador Charles Montagu Doughty fue el primer europeo en llegar a ella, en el año 1876, al unirse a una caravana de peregrinos.
La zona siguió progresando gracias al ferrocarril y, bajo dominio saudí, los beduinos fueron sedentarizados. Las investigaciones arqueológicas fueron intensas hasta los años 70. Tras una etapa de oscurantismo, hoy Madain Salih es cada vez más popular.
La ciudad de Madain Salih apenas conserva algunos restos de ladrillos de sus viviendas, pero sí nos han llegado más de cien tumbas divididas en cuatro necrópolis. A estas se añade la zona religiosa de Jabal Ithlib.
Entre las necrópolis destacan las de Qasr al walad y Jabal al-Khuraymat. La primera, por la finura de sus relieves en los que se intuyen estilos asirios, fenicios, egipcios y helenístico junto a un toque local. Con todo, la vista de muchas nos traerá a la mente Petra.
Entre las inscripciones abundan el nabateo y romano. Jabal al-Khuraymat es la zona más extensa. Sin embargo, muchas de sus tumbas están expuestas ante la erosión de la arena y la conservación es más deficiente.
Fuera de las cuatro necrópolis queda Qasr al Farid, la tumba más grande gracias a sus 21,5 metros de altura y cuatro columnas. Más allá de esto, es la surrealista imagen de esta tumba, que ocupa una roca totalmente aislada, la que le da la fama.
La ciudad de Cauno
Cauno (en cario Kbid; licio Khbide, griego Καῦνος, latín Caunus) fue una ciudad de la costa sur de Caria, Anatolia, a pocos km de la actual ciudad de Dalyan, Provincia de Muğla, Turquía.
Estaba al oeste de Calinda, poblada por los caunios. A este pueblo Heródoto lo consideraba nativo del país, pero añade que ellos mismos decían que eran descendientes de los cretenses; vestían de diferente manera que los carios y otros pueblos y hablaban una lengua diferente del cario.
Como costumbre a destacar, Heródoto menciona que mujeres y niños se reunían en grupo para beber. En un principio creían en dioses extranjeros, pero luego adoptaron únicamente los de sus antepasados.
En el siglo siglo VI a. C., los caunios lucharon contra Harpago —general al servicio del rey persa Ciro— al igual que sus vecinos licios. Fue conquistada después de la capitulación de la ciudad licia de Janto.
Heródoto también comenta que Cauno, reticente en un principio a rebelarse contra la dominación persa, se unió a la revuelta jónica en 499 a. C..
Tucídides habla de la expedición de Pericles y de la batalla naval de Tragia (440 a. C.) y menciona a Cauno como una ciudad separada de Caria.
La región de Perea Rodia en la cual estaba Cauno pertenecía a Rodas, pero ésta no la dominaba entonces, pero sí la dominaba en tiempos de Alejandro Magno.
Después de la muerte de Alejandro, acabó en manos de Ptolomeo I Sóter (309 a. C.) y Rodas la compró a los generales de Ptolomeo por 200 talentos; los rodios aseguraron que habían recibido Estratonicea, otra ciudad de Caria, como donación de Antíoco I Sóter.
Los romanos les obligaron a retirarse de Cauno y Estratonicea (190 a. C.), pero más tarde volvieron los rodios a los dos sitios y le dieron Caria (167 a. C.), pero Cauno siguió independiente bajo soberanía rodia.
En 88 a. C. los caunios participaron en la matanza de romanos instigada por Mitrídates VI Eupator, rey del Ponto, y en castigo, Roma incorporó Cauno al dominio directo de Rodas. Los caunios se rebelaron (hacia el 81 a. C.), pero sin éxito porque en 59 a. C. se sabe que estaban bajo dominio rodio.
Más tarde pidieron ser separados de Rodas y estar directamente sujetos a Roma, y aunque al principio no se le concedió, parece que más tarde fueron hechos ciudad libre, tal como lo menciona Estrabón.
En Cauno nació el pintor Protógenes.
Siwa, uno de los lugares más remotos de la Tierra

En mitad del desierto de Egipto y a unos 50 km de la frontera con Libia está la ciudad de Siwa , un enclave cargado de historia y tradición que ya sedujo a Cleopatra y Alejandro Magno.
Situada junto al oasis que lleva su nombre, esta localidad vivió largos periodos de su historia aislada del resto de las civilizaciones lo que contribuyó al desarrollo de actividades únicas en artesanía o agricultura, donde prima el cultivo de dátiles y aceitunas.
De unos 80 km de longitud y 20 km de anchura, es una de las regiones más aisladas de Egipto, con cerca de 23.000 habitantes, la mayoría hablantes de una lengua bereber o tamazight propia, llamada siwi o tasiwit. Es el enclave berberófono más oriental del mundo, muy alejado de las principales áreas lingüísticas bereberes, que se encuentran en el Magreb. La actividad principal es la agricultura, donde prima el cultivo de dátiles y aceitunas.
Aunque se sabe que en el Oasis de Siwa hubo asentamientos en el X milenio a. C., las primeras evidencias de contactos con el Antiguo Egipto ocurren durante la Dinastía XXVI de Egipto, cuando se dató una necrópolis. El antiguo nombre egipcio de Siwa era Sekht-am, «tierra de palmeras».
Los pobladores griegos de Cirene establecieron contacto con el oasis al mismo tiempo que los egipcios (siglo VII a. C.), y el templo del oráculo de Amón (Zeus Amón) ya era famoso en la época de Heródoto. En el 332 a. C., durante una visita anterior al comienzo de su campaña de conquista en Persia en el año 331 a. C., Alejandro el Grande visitó el oasis debido a que el oráculo le confirmó que era un ser divino y el legítimo faraón de Egipto.
Una leyenda, transmitida por el historiador griego Heródoto, narra que el rey Cambises II de Persia (524 a. C.) envió un ejército de 50.000 soldados para atacar a la población del oasis, pero desapareció en medio de las arenas del desierto.
Los romanos usaron posteriormente el oasis como un lugar para alojar a los desterrados.
Bajo su gobierno, las profecías del oráculo cayeron en desprestigio.
La evidencia sobre la existencia del cristianismo en Siwa es dudosa y aunque en 708 los habitantes del oasis resistieron el asedio de un ejército islámico, probablemente no se convirtieron hasta el siglo xii.
Un documento del año 1203 menciona a siete familias viviendo en el oasis, con sólo cuarenta personas, pero luego la población creció hasta los 600 habitantes.
La primera visita de un europeo, desde tiempos de los romanos, fue la de William George Browne, quien visitó el lugar en 1792 para contemplar el antiguo templo del oráculo. El oasis fue anexionado oficialmente a Egipto por Mehmet Alí en 1819, pero su dominio fue relativo, pues hubo numerosas revueltas.
Siwa fue el lugar de algunas batallas durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial. El Long Range Desert Group del Ejército Británico tuvo una base en este oasis, pero las unidades de Rommel del Afrika Korps tomaron posesión de este lugar en tres ocasiones.
La antigua fortaleza medieval de Siwa , aunque abandonada y devastada por las lluvias torrenciales de 1926 es sin duda uno de los atractivos de la localidad.
Construida en el siglo XIII con kershef, -material que combina tierra, hojas, sal y yeso- y madera de palma, destaca como un elemento prominente, elevándose sobre un montículo junto a la ciudad moderna.
La falta de mantenimiento por parte del gobierno egipcio de la antigua ciudadela la ha llevado a un estado ruinoso.
Solo algunas de de las casas han sido restauradas por iniciativa privada.









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