Petra, ciudad misteriosa …
sobrehistoria.com(G.Ruiz)/Lonely Planet/National Geographic(M.Milstein) — Cautivo de su belleza; admirado por los colores de sus piedras; sobrecogido por la misteriosa presencia de su pasado tallada en la montaña.
Así es como queda uno cuando converge desde el Desfiladero del Siq frente al Khazneh al Faroum, el Tesoro del Faraón, en Petra, una imponente fachada de hasta 40 metros de altura que está tallada en relieve sobre la roca de la montaña.
En esa situación no puede uno más que intentar imaginar la primera impresión de quien la redescubrió hace ya dos siglos, Johann Ludwig Burckhardt. Este joven suizo pretendía recorrer Egipto y fue estando en El Cairo cuando por primera vez oyó hablar de una ciudad oculta en unas montañas inaccesibles.
Su espíritu aventurero y sus ansias por descubrir le hicieron dar un vuelco a su investigación y abandonar momentáneamente el estudio que le habían encargado en tierras egipcias. Fue tal su arrojo y valor que aún sabiendo que aquellas montañas estaban protegidas por tribus beduinas que eran muy hostiles, fue en su búsqueda.
Ciertamente, la ciudad es de origen nabateo, pero antes , en esa misma zona, en las cercanas montañas de Umm al Biyara, hubo establecido otro pueblo, el edomita.
Sin embargo, éstos fueron destruidos por un enorme fuego que arrasó el poblado en el siglo VII a.C. No se sabe si algunas familias edomitas se quedaron o no, ni siquiera si llegaron a coincidir con los nabateos, pero lo cierto es que la primera constancia que tenemos de la ciudad nabatea es de un texto de Diodoro en el que menciona a Jerónimo de Cardia, del siglo IV a.C. quien dijo estar presente en una batalla en el lugar entre nabateos y griegos.
Eran los nabateos un pueblo con rasgos nómadas, que vivía al aire libre y se dedicaba a la cría de ganado; comerciaban con betún del Mar Muerto, y con especias que traían de rutas orientales.
Con el paso de los años, Petra, la ciudad excavada en el interior de las montañas Umm al Biyara, se convirtió en una ciudad caravanera muy importante, ya que al estar situada en pleno desierto servía de descanso a aquellas caravanas que se detenían para repostar agua y descansar.
Los nabateos habían ideado un hábil sistema de almacenamiento de agua, en cisternas ocultas, con el que las abastecían cobrando por ello una tasa, no sólo por ese agua, sino por fijar la seguridad en la zona y permitirles atravesar su territorio.
Además aprovechaban el paso para comerciar con sus productos.
Eran los comienzos de una gran ciudad, que hubo de vivir años de grandeza y años de continuas batallas por su control.
Estos nabateos que, supuestamente, habían llegado de la península Arábiga (aunque no hay constancia fehaciente, se estima que probablemente lo hicieron desde el Yemen), no fueron muy guerreros, pero sí que en cuanto tuvieron oportunidad fueron anexionándose territorios de los alrededores y haciéndose cada vez más grandes. Hacia el siglo I a.C. incluso estaba dentro del dominio nabateo la ciudad de Damasco.
En tan terrible y hostil medio, en Petra, su única fuerza comerciable era el agua, por lo que tuvieron que agudizar su ingenio para conservarla sabiamente.
Por eso, los nabateos han pasado a la historia como grandes ingenieros hidráulicos: excavaron canales en la montaña, construyeron cisternas de gran tamaño, idearon sistemas de filtrados, y todo, solventando las enormes dificultades orográficas que suponían aquellas montañas. usaron los manantiales que encontraron, los canalizaron, recogieron las aguas que bajaban de las montañas, limpiaban las redes de abastecimientos, filtraban el agua; una tarea realmente impresionante teniendo en cuenta los tiempos de los que hablamos y los medios de que contaban.
Su crecimiento económico fue tan importante gracias al líquido elemento, que eso les sirvió para crecer en otros campos: apareció un sistema de escritura nabateo, procedente del arameo y desarrollaron la arquitectura con esos maravillosos templos que nos han llegado hasta hoy día.
– Petra luego de la conquista romana
Sin embargo, el ejército romano, que dirigía Pompeyo, derrotó al reino Seléucida en Damasco, creando Siria. Atacaron varias veces aquel fortín inexpugnable que era Petra, y resistieron cuanto pudieron. Finalmente fueron anexionados por el Imperio Romano en el año 106 d.C., y pasó a llamarse Arabia Pétrea, cuya capital se situó enBosra, dentro de lo que hoy día son los límites territoriales de Siria.
En el siglo IV d.C. se reorganizó administrativamente toda la región y Petra fue nombrada capital de una nueva región naciente: Palestina Tertia Salutaris.
Hasta que el Imperio Romano perdió sus posesiones a manos de los musulmanes en el año 636 d.C. en la batalla de Yarmuk.
Desde entonces Petra se ha convertido en un lugar deseado por todos los grandes imperios por el lugar estratégico en que se encuentra emplazada y como punto de defensa. Incluso durante las Cruzadas se luchó por Petra, y cayendo en manos cristianas, se le cambió el nombre para llamarla Valle de Moisés (Wadi Musa). Se edificó el monasterio de San Aarón en la cima de aquella montaña que muchos años después visitó Burckhardt, Jebel Haroun, y se crearon las fortalezas de al-Wueirah y al-Habis.
De nuevo hubo un enfrentamiento entre cruzados y el gran Saladino, y de nuevo, tras la derrota de aquellos Petra pasó a manos árabes, aunque ifnalmente la dejaron abandonada. De aquel monasterio original de San Aarón, quedaron los restos que hoy están bajo el wali musulmán que hoy día contienen los restos de Aarón.
Y así, durante muchos siglos, Petra permaneció oculta en las montañas, olvidada y abandonada por el mundo, hasta aquel mágico día de 1812 en que Burckhardt redescubrió aquella misteriosa ciudad.
– El descubrimiento de Petra, una de las historias más apasionantes de exploración y arqueología

El viajero, arqueólogo y espía suizo Johann Ludwig Burckhardt fue el primer europeo que consiguió llegar a las ruinas de esta ciudad, en agosto de 1812, acompañado por un guía.
Johann Ludwig Burckhardt corría un peligro enorme porque estaba prohibido a los europeos deambular por estas zonas, y tuvo que viajar disfrazado como un local. Tampoco pudo parar a tomar notas o apuntes, pero constató que esas magníficas ruinas de un templo excavado en la roca rosada, al final de un desfiladero, correspondían a la antigua capital de los nabateos.
Durante siglos fue un misterio y toda una leyenda. Los habitantes locales de esta zona del desierto jordano rodearon de leyendas la mítica ciudad de los nabateos, probablemente para preservar sus rutas caravaneras y que nadie se atreviera a llegar hasta allí. Fue un suizo, Johann Ludwig Burckhardt, el primer europeo capaz de infiltrarse en esas rutas para comprobar qué había de cierto.
Viajó en una caravana por el territorio de la actual Jordania disfrazado de árabe y bajo la falsa identidad del jeque Ibrahim ibn Abdallah, como parte de sus actividades científicas para la Asociación para la Promoción del Descubrimiento de las Partes Interiores de África. Este organismo en realidad se trataba de una organización que servía como tapadera a sus trabajos para el Foreign Office británico.
Fue estando en El Cairo cuando por primera vez oyó hablar de una ciudad oculta en unas montañas inaccesibles.
Su espíritu aventurero y sus ansias por descubrir le hicieron dar un vuelco a su investigación y abandonar momentáneamente el estudio que le habían encargado en tierras egipcias.
Fue tal su arrojo y valor que aún sabiendo que aquellas montañas estaban protegidas por tribus beduinas que eran muy hostiles, fue en su búsqueda.
Estudió el Corán, sus costumbres y pidió el permiso para acceder a aquellas montañas para sacrificar una cabra en el sitio en que veneraban la tumba de Aarón, hermano de Moisés.
Acompañado por los beduinos se introdujo en aquel hermoso desfiladero y finalmente accedió a la maravillosa Petra.
Atravesó todo aquel valle interior, admirando aquella ciudad monumental, las tumbas que se encontraba, las calles, las columnas y de cuanto podía tomaba notas a escondidas. y así llegó a la cercana montaña de Jebel Haroum, donde sacrificó la cabra. Fue el 22 de agosto de 1812.
Nacido en Lausana en 1784, Bruckhardt era un hombre de una sólida cultura. Hablaba varios idiomas, entre ellos el árabe, lo que le permitía viajar por tierras especialmente peligrosas para los cristianos.
Con la excusa de querer ofrecer un sacrificio en la tumba del profeta Aarón, consiguió separarse de la caravana en compañía de su guía y llegó a contemplar las ruinas de Petra, convirtiéndose en el primer occidental que lo hacía en los últimos seiscientos años.
Para no despertar las sospechas de los habitantes del lugar, tuvo que ser discreto y pasar de largo, sin tomar apuntes ni dibujos del lugar, pero se fijó en cada detalle y, a pesar de que prometió a los guías no revelar el secreto, cinco años después de su muerte, en 1822, se publicaron sus recuerdos de aquel lugar extraordinario excavado en la piedra rosa del desierto jordano.
En años siguientes a Petra llegaron otros muchos aventureros europeos, entre ellos el famoso dibujante escocés David Roberts, que llevaron a Europa más noticias y las primeras imágenes, en forma de dibujos y grabados, de la misteriosa ciudad rosada de los nabateos.
Hoy Petra es un destino imprescindible para cualquier viajero, con imágenes tan sorprendentes como su Tesoro, el Templo Central, el teatro romano y los desfiladeros que permiten acceder a la vista más impresionante de la ciudad roja esculpida en Petra.
– El 85% de la ciudad de Petra permanece bajo tierra e intacta

Petra, la ciudad prehistórica jordana excavada sobre las paredes de arenisca de un acantilado de color rojo, blanco y rosa, fue una «ciudad perdida» para occidente durante cientos de años.
Localizada entre escarpados cañones y montañas desérticas en lo que es actualmente el extremo suroeste del Reino Hachemita de Jordania, la ciudad de Petra fue en su día un próspero centro de comercio y la capital del imperio nabateo entre el 400 a.C. y el 106 d.C.
La ciudad permaneció vacía y en un estado casi ruinoso durante siglos. A principios del siglo XIX, un viajero europeo se disfrazó de beduino y se infiltró en el misterioso emplazamiento.
En1985, el Parque Arqueológico de Petra fue declarado un lugar Patrimonio Mundial de la UNESCO y en 2007 fue declarado como una de las nuevas siete maravillas del mundo.
– Realidad y ficción
Varias escenas del éxito de Hollywood Indiana Jones y la última cruzada se filmaron en Petra.
El cañón ficticio que aparece en la película, el cañón de la Luna Creciente, se diseñó en la entrada este de Petra, un cañón de ranura de arenisca con una altura de 76 metros conocido como el Siq que lleva directamente a Al Khazneh («el Tesoro»), probablemente el más impresionante entre todos los sobrecogedores monumentos de Petra.
En las climáticas escenas finales de la película, los actores Harrison Ford y Sean Connery aparecen precipitadamente por el Siq y se adentran en las profundidades del laberinto del Tesoro en su búsqueda del Santo Grial.
Sin embargo, como suele ocurrir, los hechos arqueológicos han sido moldeados para encajar en la ficción de Hollywood cuando Indi llegó a Petra.
En realidad, el Tesoro es simplemente una fachada con un vestíbulo relativamente pequeño que en su día se utilizó como tumba real.
«No se puede afirmar que nada en Indiana Jones sea preciso», explicó el arqueólogo de la Universidad de Haifa, Ronny Reich.
«Una vez, en Estados Unidos, me preguntaron si una de las responsabilidades de los arqueólogos israelíes era perseguir a los nazis. Y les dije ‘no, ya no’».
Una urna gigante excavada sobre la entrada del Tesoro conserva las marcas de cientos de disparos. Las tribus beduinas que viven en las antiguas ruinas afirman que el daño fue provocado cuando los hombres locales abrían fuego con rifles, en busca del botín que pensaban que se escondía dentro de la urna (pero está hecha de piedra sólida).
Hay docenas de tumbas y otras estructuras y yacimientos excavados o construidos dentro de Petra.
Los expertos saben que los nabateos habitaron Petra desde al menos el 312 a.C., según el arqueólogo Zeidoun Al-Muheisen de la Universidad jordana de Yarmouk.
Al-Muheisen, que ha realizado excavaciones en Petra desde 1979 y es especialista en el periodo nabateo, dice que nadie ha encontrado todavía ninguna prueba arqueológica que se remonte al siglo IV a.C. Los hallazgos más tempranos hasta ahora datan solamente de los siglos II y I a.C.

Sin embargo, hay más pruebas bajo la superficie. «Hemos descubierto solo un 15 por ciento de la ciudad», explica. «La gran mayoría —85 por ciento— todavía se encuentra bajo tierra e intacta».
En diciembre de 1993, se descubrieron numerosos pergaminos en griego que datan del periodo bizantino en una iglesia excavada cerca del Templo de los Leones Alados en Petra.
En la actualidad, los investigadores en el Centro Americano de Investigación Oriental en Amán, la capital, están analizando estos pergaminos y esperan que arrojen algo de luz sobre la vida en Petra durante este periodo.
Una vez Roma tomó formalmente posesión de Petra en el año 106 d.C., su importancia en el comercio internacional empezó a desvanecerse. La decadencia de la ciudad se prolongó, algo a lo que contribuyeron los terremotos y la mayor importancia que cobraron las rutas comerciales marítimas, y Petra alcanzó su nadir (punto más bajo) prácticamente al final del Imperio Bizantino, hacia el 700 d.C.
Los visitantes en la actualidad pueden ver mezclas diversas de estilos arquitectónicos nabateos y grecorromanos en las tumbas de la ciudad, muchas de las cuales fueron expoliadas por ladrones, motivo por el cual se han perdido sus tesoros.
Actualmente, los beduinos del lugar venden suvenires turísticos no muy lejos del lugar donde los árabes creen que Moisés rompió una roca con su cayado, haciendo que las aguas se separasen.

Alrededor de Petra se encuentran tumbas excavadas en la roca que presentan fachadas de tipo helenístico incluido el célebre Khazné y el monasterio Deir. También se encuentran veinte rocas llamadas jinns que representan quizá a los dioses vigilando la ciudad.
El Siq también es representado a menudo por su lado misterioso y monumental así como la Khazneal-Firaun, calle central de Petra.
Hay un teatro que fue originalmente construido por los nabateos en el siglo I, con una capacidad de 3000 espectadores, y luego fue ampliado por los romanos en el 106 d. C. a 8500 espectadores. Fue tallado mayormente en la roca, pero la parte del proscenio fue construida con una mezcla de roca tallada y de albañilería; tenía un orquesta semi-circular y gradas en tres niveles superpuestos en forma de luna creciente. El teatro fue descubierto en 1961 y sacado a la luz por un equipo de arqueólogos americanos.
El Qasr al-Bint, fue uno de los principales templos de la ciudad y una de las pocas estructuras construidas, en vez de tallada en la roca. Destruido por un terremoto, fue reconstruido más tarde.
Muchos de los más grandes monumentos (el Khazneh, el teatro, Qasr al-Bint, etc.) se construyeron durante el reinado del rey Aretas IV Philopatris (del año -9 al año 40).
Durante la dominación bizantina, se construyeron grandes iglesias fastuosamente decoradas con piedra traída de Grecia, Egipto y otras tierras lejanas. A menudo utilizan el mármol y el granito en los antiguos templos nabateos y romanos.
La «Iglesia bizantina», descubierta en 1990, fue construida en el siglo V, se encuentra al norte de la calle de las columnas. Se decoraron con mosaicos y teselas de vidrio y piedra, a veces cubiertas con hojas de oro.

Su estilo era más bien greco-romano con detalles inspirados en Petra y sus alrededores, en sus plantas y animales. La iglesia fue víctima de un incendio al final del siglo V, que destruyó el mármol (repartido en más de 4000 fragmentos encontrados por los arqueólogos) y dañó más de 140 papiros que se mantenían en una sala adosada perteneciente a una familia acomodada.
– Investigación arqueológica – Cronología
El egiptólogo John William Bankes, que permaneció unos días allí para recorrer gran parte de la ciudad, logró hacer unos bosquejos. Los resultados de su viaje se hicieron públicos el mismo año que salió el libro de Burckhardt, pero los bocetos permanecieron inéditos hasta el final del siglo XX.
Son los numerosos documentos, dibujos y grabados del arqueólogo francés León de Laborde y Louis Mauricio Adolphe Linant de Bellefonds realizados durante su misión en 1828 y compilados en el libro Voyage de l’Arabie Pétrée del año 1830, los que sientan las bases del mito nabateo y atraen la atención del mundo occidental hacia las ruinas de Petra.
Los dos socios y las dieciséis personas que los acompañaban acamparon cerca de las ruinas, a pesar del miedo a la peste que asolaba la aldea cercana de Wadi Moussa. Sus descubrimientos, hechos durante seis días de trabajo, sirvieron para hacer el primer mapa de la ciudad cristiana.
Siguieron varias misiones arqueológicas, incluidas las de los geógrafos Gotthilf Heinrich von Schubert y de Jules Bertou en 1837, el especialista en estudios bíblicos Edward Robinson, la asirióloga Austen Henry Layard en 1840 y el arqueólogo Honoré Teodorico Albert Luynes en 1864.
Los primeros estudios se centraron en las tumbas por ser más espectaculares que otros vestigios. Los habitantes locales eran hostiles a la investigación y no permitieron una verdadera organización de las excavaciones.
En 1897, la Orden de los dominicos de la École biblique et archéologique française de Jérusalem hizo un inventario de los monumentos de Petra.
En 1907, el especialista en el mundo árabe Alois Musil publicó en su trabajo cartográfico Arabia Petraea los resultados de una de las primeras expediciones científicas que se comprometió en hacer un inventario de todos los sitios de la antigüedad visibles en ese momento.
En 1920, las mediciones realizadas por los arqueólogos Rudolf Ernst Brünnow y Alfred von Domaszewski permitieron elaborar un primer mapa preciso de Petra. No fue hasta 1924 cuando comenzaron las verdaderas excavaciones científicas.
Las investigaciones no se limitaron al sitio de Petra. Charles Montagu Doughty descubrió a cierta distancia otra ciudad nabatea, Hégra.

La primera intervención arqueológica se llevó a cabo en 1929. Siguieron otras en 1935, 1937 y 1954. En 1958 la Escuela Británica de Arqueología comenzó a excavar en el centro de la ciudad. Desde entonces, los arqueólogos se han relevado en el sitio.
A partir de 1973, el Departamento de Antigüedades de Jordania inició una colaboración con varias universidades americanas para la realización de excavaciones.
Los arqueólogos jordanos, franceses, suizos y estadounidenses han hecho descubrimientos importantes durante la última gran campaña de excavaciones, que duró de 1993 al 2002.
En 1998 un gran complejo de estanques fue descubierto cerca del Gran Templo. En el 2000 se descubrió una rica villa nabatea fuera del Siq y en el 2003 se encontraron tumbas talladas en la roca por debajo del Khazneh.
El relieve de la ciudad hace difícil el acceso a algunas zonas, y la erosión han causado muchos daños, de manera que los arqueólogos pidieron a un alpinista que escalase un muro para llegar a una tumba, pero no encontró más que los huesos, la tumba había sido saqueada.
En una pequeña plataforma de uno de los acantilados se encontró un lugar reservado para ceremonias religiosas, donde tuvieron lugar probablemente los sacrificios de animales cuya sangre goteó por la pared del acantilado.
Bajo la dirección de la Autoridad de Antigüedades de Jordania, los científicos americanos de la Brown University de Providence descubrieron las ruinas del templo principal (Qasr al-Bint) en el centro de la ciudad así como los alrededores de la puerta de Temenos. Hasta el momento, solo el uno por ciento de la superficie de la ciudad de Petra ha sido objeto de excavaciones arqueológicas.
En el 2000, el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) continuó las excavaciones en Qasr al-Bint financiado principalmente por el Ministerio De Relaciones Exteriores francés.
Este tallado es llamado La Tumba de los Obeliscos y está ubicado casi un kilómetro antes de llegar a El Tesoro.
Por encima de esta tumba hay cuatro pirámides (nafesh), un nicho con una estatua en bajo relieve, que es representación simbólica de cinco personas enterradas aquí. Por debajo se aprecia el Triclinio, un salón de banquetes. Estos tallados datan del s. I d.C
El Siq no es realmente una garganta, ya que no se formó por la erosión del agua, sino por fuerzas tectónicas que causaron que la montaña de piedra arenisca se dividiese por la mitad creando un profundo y estrecho sendero. Más tarde, el agua de las repentinas inundaciones redondeó gradualmente los afilados bordes de la garganta en suaves curvas.
La entrada al Siq una vez llegó a contar con un arco monumental, pero se derrumbó en 1896 después de un terremoto. Solo los dos pilares y algunas piedras labradas de aquel arco permanecen actualmente.
El camino a través del Siq serpentea durante 1,2 kilómetros, entre acantilados de arenisca que se elevan 150 metros a cada lado. El Siq no tiene más de 3 metros de ancho en promedio, pero a veces el camino se ensancha lo suficiente como para permitir que la luz del sol entre y caliente el sendero. En otros lugares, se vuelve tan estrecho que uno puede tocar las dos paredes con los brazos extendidos.
En el camino se pueden encontrar varios artefactos arqueológicos tales como acueductos antiguos que se ejecutan a lo largo de los lados del cañón y llevaban agua hasta el centro de Petra. También hay pequeños nichos tallados en la roca, en lo alto de la tierra, a los que únicamente se puede acceder por escaleras.
Además, existen restos de lo que debieron haber sido grandes e impresionantes estatuas. A lo largo del Siq se pueden explorar cámaras subterráneas cuya función no está clara. Se cree que albergaron a los guardias que defendían la entrada principal de Petra.
A medida que uno se acerca al final del Siq, una delgada franja se hace visible a través de la estrecha abertura. Al salir del Siq, los visitantes pueden tener una vista de asombrosa grandeza… el Tesoro.
El Tesoro fue construido originalmente como un mausoleo y cripta. La leyenda dice que contiene tantas riquezas que le ha hecho ganarse su actual apodo.
El botín se rumorea que está escondido dentro de una urna de piedra en el segundo nivel. Diferentes tribus beduinas locales han tratado de abrir la supuesta urna disparando con la esperanza de romperla y derramar el «tesoro».
Pero la urna es decorativa, de hecho, de sólida arenisca. Su fachada está plagada de agujeros de bala.
El Tesoro de Petra es el monumento más fotografiado de la ciudad. De 40 m de altura por 28 m de anchura, fue construido probablemente en el siglo I a.C. por el rey nabateo Aretas III. Su diseño no tiene precedentes en Petra, de manera que debió ser excavado en la roca por constructores helenísticos del Cercano Oriente, mezclando su propio estilo con el nabateo.
A pesar de su nombre, el Tesoro, o la Tesorería, como le llaman algunos, no tiene ninguna relación con este nombre, ya que pudo ser un templo o una tumba real; sin embargo, el saqueo realizado por los beduinos durante los siglos precedentes a su descubrimiento para la arqueología impiden saber a ciencia cierta su utilización.
Aún así, los beduinos creían que los piratas habían escondido un importante tesoro faraónico en el tholos, la cúpula en forma de urna gigante que hay en la glorieta central del segundo nivel, y le dieron su nombre por eso. Los disparos realizados por los beduinos contra la urna pueden apreciarse a simple vista desde abajo.
Otra historia cuenta que fueron los otomanos quienes dispararon contra la urna al creer que los beduinos habían escondido en ella el fruto de sus saqueos.

Fue originalmente construido por los nabateos en el siglo I, con una capacidad de 3000 espectadores, y luego fue ampliado por los romanos en el 106 E.C. a 8500 espectadores.
Fue tallado mayormente en la roca, pero la parte del proscenio fue construida con una mezcla de roca tallada y de albañilería; tenía un orquesta semi-circular y gradas en tres niveles superpuestos en forma de luna creciente. El teatro fue descubierto en 1961 y sacado a la luz por un equipo de arqueólogos americanos.

Su construcción de remonta a mediados del siglo I d. C. Su fachada mide casi 30 metros de ancho por unos 25 de alto. La portada es muy similar a la de la seda, aunque bastante menos decorada. La parte inferior presenta una decoración típica del estilo nabateo, mientras la parte superior se asemeja más al estilo helénico.
Sus capiteles, de estilo corintio, con motivos florales, son los que le dan nombre. En la parte frontal y lateral se encuentran cuatro depósitos de agua que se utilizaban para los rituales de limpieza. En su interior hay cuatro salas, tres de las cuales tienen forma cuadrada.
Tumba de la Urna. Es una de las más impresionantes tumbas reales. Su nombre lo toma de su arquitectura, por la presencia de una urna que se encuentra coronando el frontón. La fachada está compuesta de tres nichos que dan lugar a cámaras funerarias. Está precedido de un patio con columnatas en los lados.
Su interior mide 18 por 20 metros, y se encuentra ricamente decorado con relieves en piedra. Parece que su construcción se remonta a mitad del siglo I d. C., para guardar los restos de Maluchos II; aunque posteriormente en el V d. C. fue readaptado para que pudiera ser utilizado como iglesia bizantina.
La Tumba de la seda se encuentra un poco más al norte que el anterior enterramiento y es otra de las grandes tumbas reales de la ciudad. Data de la primera mitad del siglo I d. C. Cuenta con una fachada impresionante con una grandiosa puerta en medio flanqueada por cuatro columnas. Se utilizó para enterrar a diversos reyes y los miembros más destacados de la familia real de la localidad.
Parece ser que la razón de su nombre, tumba de seda, se deba a la diversidad de las capas multicolores de la roca que aparecen en la construcción, simulando como una especie de cortina de seda que cubre el sepulcro.
El interior ocupa un área de unos 90 metros cuadrados. Se utilizó para rendir culto a los que allí se encuentran sepultados y celebrar cultos en su honor. Este es el único panteón que se encuentra abierto para la visita al público.

Este enterramiento se encuentra al norte de la Corintia. Su fachada mide 46 metros de alto y otros tantos de ancho. La fachada imita en cierta parte el estilo propio de los palacios romanos o helenísticos, y de ahí toma el nombre. Es la portada más grande de las que nos encontramos en Petra, también excavada en la roca. Destaca el nivel superior con sus 18 pilares que son los más llamativos del conjunto. Las puertas de acceso conducen a diversas cámaras funerarias simples.
Esta sepultura parece que fue realizada en el siglo I d. C. y remodelada posteriormente en época romana, seguramente en el siguiente siglo. Sus decoraciones están compuestas por pilastras y columnas que enmarcan los tres nichos con esculturas. En el nicho central se encontraba la estatua de un soldado romano, y por ello tomó este nombre.
Es posible que la parte delantera formará parte de un complejo más amplio que se extendía frente a ella, desarrollándose así un nuevo estilo arquitectónico nabateo.

Esta tumba toma su nombre por la imponente elegancia que presenta su arquitectura y decoración. En el frontón nos encontramos con una fantástica puerta arqueada y tres urnas en su frontón. Las pilastras presentan capiteles típicos del estilo nabateo. Parece que su construcción se remonta al siglo II d. C.

Durante la dominación bizantina, se construyeron grandes iglesias fastuosamente decoradas con piedra traída de Grecia, Egipto y otras tierras lejanas. A menudo utilizan el mármol y el granito en los antiguos templos nabateos y romanos.
La «Iglesia bizantina», descubierta en 1990, fue construida en el siglo V, se encuentra al norte de la calle de las columnas . Se decoraron con mosaicos y teselas de vidrio y piedra, a veces recubiertas con hojas de oro.
Su estilo era más bien greco-romano con detalles inspirados en Petra y sus alrededores, en sus plantas y animales. La iglesia fue víctima de un incendio a finales del siglo V, que destruyó el mármol (repartido en más de 4000 fragmentos encontrados por los arqueólogos) y dañó más de 140 papiros que se mantenían en una sala adosada perteneciente a una familia acomodada.

Al final del camino, después de pasar el Siq, dejar atrás el Tesoro, el Teatro, la avenida de las Columnas… y subir los 800 escalones, encontramos esta grandiosa maravilla.
Después del ascenso – normalmente por el sendero procesional desde el centro antiguo de la ciudad (aunque se puede llegar por la llamada «ruta por la puerta trasera») – se llega a una vasta meseta dominada por la monumental fachada de Ad Deir, el llamado Monasterio, que se aprecia en todo su esplendor a la suave luz de la puesta del sol.
Pero no hay que llegar demasiado tarde, para poder ver las numerosas cámaras de roca, nichos de culto, lugares de rito y cisternas en las inmediaciones, y los promontorios sobre el acantilado occidental ofrecen vistas impresionantes de las montañas y del amplio Wadi Araba situado unos 1.000 m más abajo.
El nombre árabe «Ad Deir» (el Monasterio) fue dado al lugar por los beduinos por las cruces que hay inscritas en la pared interior que datan de la época bizantina. El monumento con su imponente fachada de 47 m de ancho y 48 m de alto, y la gran sala que hay detrás, fueron tallados directamente en la montaña a mediados del siglo I d.C.
Ad Deir (el Monasterio) es uno de los monumentos emblemáticos más fascinantes de Petra, junto con Al-Khazneh El Tesoro. Su monumental fachada de roca tallada domina una altiplanicie, a la que se puede acceder desde el centro de la ciudad por un antiguo camino procesional.
El ascenso de 1,6 km de largo y una diferencia de altitud de casi 200 m requiere de buena condición, pero no es peligroso. Hay varias tramos planos entre los 800 escalones de subida, y uno se detiene de todos modos con frecuencia para disfrutar de las magníficas vistas. Es recomendable ascender hasta Ad Deir al final de la tarde, cuando su fachada brilla dorada a la suave luz del sol poniente.














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