Aquí no puede entrar cualquiera: algunos de los clubes más extraños (y exclusivos) de la historia …
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ACV(C.Macías/H.G.Barnés)/Heraldo/Cool LifeStyle(P.Rodríguez)/El Aristócrata(J.L.M.Galiacho)/XLSemanal(B.Hoyle) — La historia social no podría entenderse sin la infinidad de acciones que han surgido en lo más íntimo de un grupo.
Nos gusta reunirnos, compartir, intercambiar significados.
Entendemos que es esta la única forma de que el saber cobre sentido.
De hecho, partiendo de esa noción que lo íntimo advirtió de lo colectivo, hoy en día todo a nuestro alrededor gira en torno a la colectividad a pequeña escala.
Así podría hablarse de colectivos, sociedades, asociaciones y muchos otros sinónimos de lo que es la convivencia.
La historia social no se cuenta sin ellos, pero algunos pasan ahora inadvertidos, como un hueco en esa historia, un extraño vacío que una vez estuvo ocupado. Casi podría decirse que grupos hay tantos como personas, con sus similitudes y sus particularidades.
Sin embargo, los hay especialmente peculiares, o los hubo, porque en algún momento de la historia, de su historia, desaparecieron.
No es que haya que irse muy atrás en el tiempo para encontrar que una serie de personas se reúnen entre ellas bajo un motivo que otras muchas no entienden. De hecho, solo hay que, de nuevo, mirar a nuestro alrededor. Eso sí, si existe un tiempo en que los grupos fueron como una fiebre, ese es el que va del siglo XVIII al XIX.
Claro que, desde la actualidad, lo observamos con incredulidad, y tal vez si alguno de los que formaron parte de los grupos que se mencionan a continuación levantaran la cabeza, tampoco entenderían nada, por ejemplo, de eso a lo que llamamos ‘fandom’, es decir, grupos de admiradores de un artista que llevan a cabo actividades y mantienen ciertas pautas especialmente a través de Internet.
Pero hubo una vez en que Internet no existió, e inventar era otro rollo. Otro rollo colectivo:
– Club de glotones (activo en la década de 1820)
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Antes de que Charles Darwin viajara a las Islas Galápagos y se convirtiera en una figura controvertida por su teoría de la evolución, desarrolló una reputación de aventurero como miembro del Glutton Club de la Universidad de Cambridge.
En este club, los estudiantes literalmente se comían lo que investigaban. Sí, como lo oyes… Eran jóvenes deseosos de buscar «aves y bestias que antes eran desconocidas para el paladar humano», como decían.
Su experiencia en el Glutton Club condujo al Darwin a probar más tarde carnes exóticas. Hablamos de animales como el puma, la iguana, los armadillos o la tortuga gigante.
Sentimos abrir esta lista con semejante grupo que, por si fuera poco, también trató de hacer de la orina una bebida habitual entre sus miembros, aunque más sentimos decirte que esto no ha hecho más que empezar.
– Sociedad de aclimatación (1859)
La Sociedad de Aclimatación se ubicó en Londres a mediados del siglo XIX. Sus miembros creían en la biodiversidad, pero en la forzada. Es decir, sostenían que los animales y las plantas podían introducirse y adaptarse a cualquier clima con el tiempo… Vamos, otra vez el justificar como fuera las atrocidades de tocarlo todo por el placer humano.
No se limitaban a eso, pues también decían que reubicar la biodiversidad de aquí y de allí incluso podría mejorar las especies nativas.
Por supuesto, ignoraron por completo el hecho de que muchas especies habían tardado varios miles de años en adaptarse a su clima original. Y sí, en este caso también se tiraba del factor de alimentación para crear una experiencia más redonda: cocinaron animales como el antílope y las perdices americanas.
– El pequeño club (mediados de 1700)
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Según el historiador John TImbs, el Little Club celebraba los cuerpos pequeños, como su nombre ya bien indica. Las invitaciones para acceder a él solo llegaban a aquellos que no superaban el metro y medio de estatura. Nadie que se sentara allí podía llegar con los pies al suelo, y sí tenían que usar taburetes para alcanzar estantes.
Para acomodar a los miembros que cumplían con esto es requisitos, los fundadores crearon un espacio donde los muebles se ajustaban a un tamaño más pequeño, un lugar mucho más seguro.
De hecho, la puerta se hizo más baja de la media en un esfuerzo deliberado para que entrar fuera una experiencia incómoda para cualquiera que midiera más de lo permitido. Cualquiera que se golpeara la cabeza con el marco de la puerta se consideraba no calificado para unirse al club.
– El club de los trece (1890)
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El Thirteen Club de Nueva York no temía a las supersticiones, esa era su base principal. Para empezar, los miembros se reunían el día 13 de cada mes. En esa línea, organizaban cenas sentados en trece mesas, con exactamente trece elementos en el menú. Poco a poco, lo fueron llevando al límite.
Comían pasteles decorados con gatos negros y se divertían rompiendo espejos, derramando sal y socavando todo tipo de supersticiones, en definitiva.
Su amor por el trece les llevó incluso a intentar eliminar el estigma del número, como si de activistas por ello se trataran. Los miembros llegaron a escribir a los jueces de la ciudad para solicitar que determinadas cosas no se hicieran el día trece del mes.
Groucho Marx decía que nunca formaría parte de un club en el que dejasen entrar a alguien como él. Hay otro puñado de organizaciones del mundo que esgrimen una lógica casi tan férrea: nunca dejarían formar parte de sus filas a alguien como usted o como yo, querido lector. Así que, si está leyendo este artículo, podemos afirmar casi con total seguridad que nunca traspasará las puertas de ninguno de estos clubes. En caso contrario, simplemente queríamos desearle buenos días, señor ministro o señor empresario de influencia internacional. Puede dejar de leer ya porque no descubrirá nada nuevo.
El resto tenemos que conformarnos con los datos que, de cuando en cuando, los miembros de dichas organizaciones filtran a los medios de comunicación, a veces con cierto ánimo de dar envidia. ¿Qué hace falta para formar parte de algunas de las organizaciones que mueven los hilos en la sombra? Desde luego, disponer de dinero a espuertas nunca viene mal. Por supuesto, resulta casi imprescindible haber sido recomendado por algunos de los miembros que ya pertenecen a la organización, así como gozar de inmejorables referencias.
Pero si hay un factor de verdad determinante, ese es la influencia social. Al fin y al cabo, pertenecer a un gran club te ofrece la posibilidad de terciar en la política y economía mundial en la misma medida en que uno puede satisfacer las demandas de sus compañeros de fraternidad. ‘Quid pro quo’, eso sí, tan sólo entre unas cuantas decenas de personas en todo el orbe.
– The Bohemian Club
La máxima de esta organización fundada en 1872 por un grupo de artistas y periodistas y localizada en el número 624 de la calle Taylor es “las arañas que tejen no vienen aquí” (‘weaving spiders come not here’), una cita de ‘El sueño de una noche de verano’ de William Shakespeare. En definitiva, es un espacio para el esparcimiento.
Tan sólo en contadas ocasiones se ha dejado de lado el carácter ocioso de la organización, como en el año 1942, cuando el Club Bohemio se convirtió en la sede de una de las reuniones en las que se dio luz verde al Proyecto Manhattan, el desarrollo de la bomba atómica por EEUU.
Posteriormente, presidentes republicanos como Richard Nixon o Ronald Reagan han formado parte de club. Algunos de sus miembros fueron meramente honoríficos, como el magnate de la prensa William Randolf Hearst.
Cada año, la organización monta un campamento de dos semanas de duración en las que se realizan ritos como la ceremonia de cremación (en la que se “queman” simbólicamente los problemas diarios), así como representaciones teatrales a todo trapo.
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– Belizean Grove
La respuesta femenina al club de San Francisco llegó más de un siglo después desde las calles de Nueva York, cuando la ejecutiva de Westinghouse Broadcasting Susan Stautberg, junto a la consultora Edie Weiner, decidió que ya era suficiente. El club sólo admite a mujeres, que se reúnen cada año en localizaciones de América Central (de ahí su nombre).
¿El objetivo de la organización? Al parecer, nada menos que colocar a una mujer en el Despacho Oval. Según desveló un artículo publicado en ‘The New York Times’, entre las más de cien personas que forman parte de la organización figuran militares, diplomáticos y ejecutivos de Goldman Sachs, Victoria’s Secret o Harley Davidson.
– Club de Emprendedores de China
Cuando pensamos en organizaciones secretas, solemos pensar en el mundo occidental, pero los países emergentes también disponen de órganos informales en los que tomar decisiones sobre las tendencias de futuro.
El más importante en Asia seguramente sea el Club de Emprendedores de China (China Entrepeneur Club, CEC), formado, como su nombre indica, por 46 de los empresarios más importantes del gigante asiático (entre ellos, los CEO de Alibaba o Guo Guanchang), a los que se añaden otros 9 consejeros procedentes del ámbito académico.

Básicamente, la función del grupo es trazar una estrategia conjunta de cara a las relaciones internacionales de sus empresas. Por ello, han organizado visitas como la realizada en el año 2013 y que contó con la colaboración del presidente francés Françoise Hollande y el gobierno belga.
– Comisión trilateral
Bajo este nombre sacado de los años de la Guerra Fría se oculta el ‘think tank’ impulsado por David Rockefeller en el año 1973 con el objetivo de dar fluidez a las relaciones entre los países occidentales y los asiáticos; en concreto, Japón.
Esa es la principal diferencia con el club Bilderberg, con el que coincide en algunos de sus miembros. Entre ellos se encuentran George W.H. Bush y españoles como Ana María Botín, Juan Villalonga o el abogado Antonio Garrigues Walker.
Los presidentes de la comisión son Jean-Claude Trichet, antiguo presidente del Banco Central Europeo, el geopolitólogo Joseph Nye y el farmacéutico Yasuchika Hasegawa, que representan cada una de las regiones de la entente.
– Club Alfalfa
Quién iba a decir que tan rústico nombre iba a servir para denominar el banquete anual que se celebra el último sábado de enero en Washington, D.C.
No falta nadie en dicha fiesta: entre aquellos que han pronunciado una charla en la cita anual se encuentran Richard Nixon, Ronald Reagan y George Bush Jr., que probablemente habrán sido aplaudidos por otras luminarias como Warren Buffett o Michael Bloomberg.
El club no admitía mujeres hasta que un boicot realizado por el presidente Bill Clinton en 1993 puso fin a dicha discriminación. Hace un par de años, un grupo de manifestantes se citó ante las puertas del cenáculo para protestar contra la toma de decisiones en ámbitos privados.

¿De dónde proviene tan peculiar nombre? Al parecer, es una referencia a la capacidad altamente absorbente de líquidos de la alfalfa, que hace todo lo necesario para llevarse algo a las raíces. En definitiva, se beben hasta el agua de los floreros.
– Club de golf de Augusta
Posiblemente usted haya oído hablar del Masters de Augusta, uno de los cuatro torneos más importantes del calendario golfístico, pero es mucho menos probable que conozca los entresijos del club de golf que lo alberga.
Fundado por el golfista Bobby Jones en el año 1933, tan sólo admite a 300 miembros, entre los que se cuentan actualmente Bill Gates o Warren Buffett (no se pierden una). Es uno de los clubes más discriminatorios de Estados Unidos: no admitió a negros hasta el año 1990 ni mujeres hasta el 2012, cuando Condoleeza Rice y Darla Moore, de Rainwater, pasaron a formar parte de él.
Los ganadores del torneo reciben la chaqueta verde que distingue a los miembros del club, por lo que esta formó parte de los armarios de Severiano Ballesteros y José María Olazábal.
– Club Yellowstone
No podían faltar las estaciones de esquí en este listado. Seguramente la más distinguida de todas ellas sea la del Club Yellowstone, que se encuentra en las Montañas Rocosas de Montana. El club arrancó después de que el emprendedor Tim Blisexth comprase 100.000 acres de terreno virgen, y el coste de la membresía ronda los 250.000 dólares.
Un precio bastante asequible si lo comparamos con los más de 30 millones que puede llegar a costar una casa en las montañas.
– Club Bilderberg
Seguramente, el más conocido de todos los de la lista, pero también uno de los más opacos. Una paradoja que es terreno abonado para las teorías conspiranoicas, más o menos acertadas, de expertos en el tema como Daniel Estulin o Jurrian Maeseen de ‘Infowars’.
De lo que podemos estar seguros es que la reina Sofía acudió a la edición de 2014, de igual manera que Luis de Guindos o Soraya Sáez de Santamaría en años previos.

Fachada del hotel Montreux-Palace, donde se celebra la reunión anual del Club Bilderberg
De lo que no podemos estar tan seguros es que, como afirman expertos como Cristina Martín Jiménez, autora de Perdidos. ‘Los planes secretos del Club Bilderberg’ (Martínez Roca), en dicha reunión se decidiese la abdicación del rey Juan Carlos I. ¿O quizá sí?
– Giga Society
¿Harto de que sea el número de ceros de tu cuenta bancaria lo que decida tu entrada en estos círculos? Estás de suerte: si eres una persona increíblemente inteligente –y no tenemos ninguna duda sobre ello–, puedes formar parte de la sociedad de superdotados Giga, que se define a sí misma como “la sociedad de alto coeficiente intelectual más exclusiva del mundo”.
Tan sólo hace falta tener un CI igual o mayor a 190, un requisito únicamente superado por la Grail Society, formada por aquellos con un coeficiente no inferior a 200 y que tiene como objetivo localizar a la persona más inteligente de la Tierra.

Hay espacios que aglutinan a quienes quieren torturar a su pareja, a los melancólicos o a los que defienden el pelo largo.
La necesidad de los seres humanos de relacionarse con sus semejantes no es algo novedoso, pero quizás en el siglo XX se nos fue un poco de las manos. Allá por diciembre de 1974, HERALDO publicaba un artículo sobre la fiebre del asociacionismo a nivel mundial, desde Estados Unidos a Corea del Sur, pasando por Reino Unido. Bienvenido a su club: los hay para todos los gustos
– ¿Sabéis lo que hice para fastidiar a mi marido?, preguntó un ama de casa a sus oyentes femeninas, en un club de Nueva York.
– Rompí el parabrisas de su automóvil con un martillo, partí en pedazos su pipa favorita, destrocé las suelas de sus zapatillas de ante con cuchillas de afeitar, puse al gato en su cama y encendí una linterna delante de sus narices cada vea que se dormía.
Inaudito, ¿verdad? Lo cierto es que existen todas clases de gentes extravagantes, casi demenciales y que forman parte de clubes en los que se reúnen con otras personas con su mismo problema.
La dama a la que citamos se estaba, dirigiendo a los miembros del «Club cómo torturar a tu marido», que se reúne regularmente en la ciudad de los rascacielos para cambiar ideas sobre el modo de hacer insoportable la vida de sus maridos.El club de los melancólicos

Otro extraño y extravagante Club es el «Solteros americanos anónimos».
Cuando uno de los miembros está en el peligro de pedir a una chica en matrimonio, llama a otro, quien le narra los sinsabores de la vida marital.
Si ello no es bastante, le hace escuchar un disco en el que están grabados lloros de niño, gritos de mujer y protestas de suegra iracunda.
América, en efecto, dispone de algunos de los clubes más extraños del mundo.
Así, por ejemplo, el «Club de la enfermedad del mes», en Nueva York, donde todos los miembros reciben un boletín mensual sobre alguna enfermedad interesante y la discuten en reuniones.
No menos importante es el «Club de las Melancólicas», en el que para ser miembro le tienen que haber dado calabaza por lo menos dos veces.
Quizás algunas de sus miembros lo hayan sido antes del «Club de las Aspirantes», reservado a jóvenes enamoradas, que se reúnen una vez al mes y deben llevar con ellas un mechón de cabellos de su amado, mirarlo fijamente durante una hora y suspirar por lo menos una vez cada cinco minutos. [ ]Liga internacional para la preservación del filamento animal
En Corea de! Sur existe la Sociedad para la Promoción del Cultivo y Conservación del Cabello. Fundada por Lee Hyen Jai, quien tiene un metro de pelo sobre su cabeza y una barba de setenta centímetros. «El cabello largo no sólo significa longevidad, sino también salud, bienestar y felicidad», dicen sus miembros.
En Inglaterra, cantantes modernos y otros jóvenes, entre ellos los Rolllng Stones y el cantante norteamericano P. J. Proby, han formado la Liga Internacional para la Preservación del Filamento Animal.
Para poder ser miembro se necesita tener el cabello por lo menos de veinte centímetros de largo Pero muchos clubes dependen de lo logrado por cada aspirante. No se necesita ser millonario para hacerse miembro del «Club de los millonarios australianos».

– Los más exclusivos de España
Los clubes privados nacieron en Londres a finales del siglo XVIII cerca del palacio de Sant James. Era muy habitual que esa zona se llenara de gente de la alta sociedad y empezaron a proliferar estos clubes. De hecho, en la capital británica llegaron a coexistir cerca de un centenar. Era, sin duda, la época de máximo esplendor de los clubes privados.
El White Club, The Boodle’s, Garrick Club, Oxford and Cambridge Club… Los caballeros se reunían para compartir sus intereses comunes, daba igual que fueran políticos, deportivos o culturales. Debido a la transformación social, estos clubes han evolucionado aunque su esencia centenaria sigue intacta.
Hoy en día, son lugares donde las personalidades más destacadas e influyentes de la sociedad cultivan sus aficiones, comparten ocio, buena mesa y, en muchos casos, también deporte.
Reservados para unos pocos, son muchos los que se sienten atraídos, y es que su filtro no es sólo económico, sino que depende de una junta y su criterio que deseen admitir a nuevos miembros.

Cary Grant en Londres en 1946
En los tres clubes más aristocráticos hoy en día de Londres (el White’s, el Boodle’s y el Brook’s) entrar es casi imposible. Ha de ser un miembro quien te proponga, tras lo que algún otro tiene que apoyarlo y que un total de 35 den su visto bueno.
Tras ello, entras en una larga lista de espera en la que puedes estar años. Cuando llega tu turno se vota y si sale bola negra, se rechaza. La tradición dicta además que en ese caso el miembro que te propuso ha de dimitir.

Frank Sinatra y Ava Gardner
– Los clubes privados más exclusivos de España
– Madrid ‘Nuevo Club’
Ubicado en la calle Cedaceros, 2, ha sido el lugar de recreo más distinguido de Madrid. Fue en 1888 cuando un distinguido y reducido grupo de hombres constituyó esta sociedad, que tiene sus antecedentes en otro club anterior, ‘Veloz Club’. Este, situado en el número 15 de la calle Alcalá y siendo la antigua casa del Marqués de Molíns, reunía en sus salones a la aristocracia madrileña.
Sin embargo, poco a poco ‘Veloz Club’ cayó en el descrédito al permitirse en él toda clase de juegos de azar que no gozaban del beneplácito de los miembros más tradicionales. De ahí, el 1 de mayo de 1888, surgió la necesidad de crear una nueva sociedad de recreo.
No fue hasta el 14 de abril de 1899 cuando varios miembros constituyeron una sociedad anónima, ‘La Casa del Nuevo Club’. El capital social se fijó en 625.000 pesetas, dividido en 625 acciones nominativas que serían suscritas por los entonces socios del Club. Además, se impusieron algunas normas para que la transmisión de acciones no pusiera en peligro el espíritu de la sociedad.
Por ejemplo, se prohibió la transmisión de acciones a toda persona no perteneciente al ‘Nuevo Club’.

Nuevo Club en Madrid
En Madrid, al contrario de lo que algunos pudieran pensar, los Clubs privados, al menos en su concepción más purista, no han tenido ni de lejos el mismo arraigo que tuvieron en Barcelona. De hecho, exceptuando La Gran Peña, en la capital no existe ningún club similar en tamaño, historia, edificio e instalaciones al Ecuestre, al Liceo, a la Bilbaína o a Labradores.
Quién sabe si es por el hecho de que en el S. XIX la actividad empresarial, tuviera a Barcelona y Bilbao como sus dos puertos más importantes.
El Nuevo Club situado en la calle Cedaceros 2 – el local de la camisería Burgos es propiedad suyo – es, uno de los dos Clubs, junto a la ya mencionada La Gran Peña, de referencia en la capital. Aunque el edificio no nació como el club que es ahora fue a finales del siglo XIX cuando constituida como sociedad se compra el edificio en el que ahora se ubica.
A finales del siglo XIX se constituyó la sociedad “Casa del Nuevo Club”, como una escisión del Veloz Club, un club de carácter deportivo que reunía a la alta sociedad aficionada a los velocípedos. Con aire y enfoque similar al Aero de Sevilla el perfil de sus socios es menos variopinta que el de Labradores o Ecuestre siendo principalmente un lugar de encuentro de empresarios, abogados de postín, banqueros y aristócratas.
Sus instalaciones no están al nivel de Labradores, Ecuestre o Bilbaína, aunque cabe destacar el maravilloso edificio donde se encuentra. Club centenario es importante recordar que si bien la zona de Cedaceros hoy esta un poco en decadencia, en el S. XX, sobre todo durante la primera mitad, la calle Cedaceros era una de las principales calles de Madrid. Solo unos números más allá se encontraba la sastrería donde más trajes a medida de alta calidad se han cortado de España: López Larrainzar.

La puerta de acceso al Club es de las más bonitas e históricas, puerta donde el socio es recibido, recogido su abrigo y acompañado a un ascensor, también centenario, que puede llevarte directamente al comedor o a esperar a tu acompañante en el bar del club. Pero si no te importa dedicar unos segundos a subir un par de pisos podrás disfrutar de una ancha escalinata circular de hierro forjado.
El bar tiene claro aire inglés con pinturas y amplios sofás donde disfrutar de una copa de manzanilla mientras esperas la llegada de tu visita. Hay tanto salones donde celebrar una comida privada como salones donde leer o disfrutar de una agradable conversación; todos ellos con unas vistas privilegiadas.
Aunque sus dependencias respiran un señorío similar al del resto de los clubs no los alcanza ni en pintura, esta es sustituida por fotografías que repasan lo que fue el S.XX de España ni tampoco en mobiliario – ni en cantidad ni en calidad. Sin ser tan amplios sus salones, y apreciándose en algunos de ellos el inexorable paso del tiempo no están concurridos y son más que suficientes para buscar un momento de paz entre el caminante variopinta de la zona.
Tanto estos salones como los reservados disfrutan de unos los típicos techos altos de las edificaciones señoriales de la época. El restaurante es, con diferencia, el más bonito y especial de los cinco y donde mejor se come de todos ellos. Los huevos poché son todo un espectáculo y dicen los que disfrutan del cocido que este no tiene igual en todo Madrid.
La vajilla y la cubertería, así como la forma de servir, bajo la supervisión del siempre sonriente José Antonio, es la más cuidada de los cinco clubs.

Las tertulias, así como diferentes actividades animan un club donde la edad media de sus socios es elevada. Si bien cuenta con su propia biblioteca carece de instalaciones deportivas y de los grandes salones presentes en el resto de clubs. No obstante, quizás la diferencia más importante con el resto de los clubs sea que el socio de Nuevo Club no acude a él para disfrutar de sus hobbies (caza, golf, automoción etc.) sino principalmente para comer, descansar o encontrarse con un amigo en la sobremesa.
Dicho esto, tanto por el tipo de socios como por su propio número el Nuevo club junto a El Aero es el más elitista y privado de los cinco. Impensable es ver, como frecuente es, por ejemplo, en el Ecuestre, acceder a él a alguien sin corbata y perfectamente vestido.
Igualmente, mantiene la consigna de que las mujeres aunque pueden utilizarlo no pueden ser socias.
El edificio cuenta con cuatro plantas, entre las que encontramos salones, un bar, un comedor general y varios privados, sala de juego y biblioteca. ‘Nuevo Club’ está compuesto por un máximo de 500 socios, cuyo ingreso se realiza por medio de votación secreta.
Como curiosidad, el Rey Alfonso XIII frecuentó los salones del Club, al igual que el Conde de Barcelona o el Rey Don Juan Carlos, quien además asistió a la celebración del centenario de su existencia y les otorgó el título Real. El Rey Felipe VI es presidente de Honor.

Kirk Douglas y Rita Hayworth
– Bilbao ‘La Sociedad Bilbaína’
Fundada en 1839 como lugar de recreo y esparcimiento durante las Guerras Carlistas, ‘La Sociedad Bilbaína’ se creó con la intención de que fuera un centro de convivencia y representa lo más exquisito de la sociedad de Bilbao.
Su sede está situada en un edificio de estilo clásico diseñado por el arquitecto Emiliano Amann e inaugurado en 1913. En su interior, destacan las grandes estancias y salones de estilo clásico.
Con 180 años a sus espaldas es el club más señorial de todo el norte de España. Situado en Bilbao y calificado en el año 2000 como bien cultural con categoría de Monumento por el Gobierno Vasco, cuenta con una de las fachadas más impresionantes y señoriales de la ciudad. De puertas adentro su decoración y mobiliario recuerda al de los clubs ingleses de la época.
Como club con solera, y a diferencia de los de nuevo cuño que surgen en pisos, cuenta a lo largo de sus estancias y cuatro pisos con pinturas, muebles y esculturas de gran valor artístico. Los salones son de enormes proporciones y la madera es abundante. Techos altos y vidrieras rematan muchas de sus dependencias.
En el vestíbulo principal además de poder charlar con otros socios mientras se toma café, también en él se celebran las fiestas de sociedad más conocidas de la ciudad.

La Sociedad Bilbaína
Como la mayoría de los clubs ingleses los socios pueden cortarse el pelo en su peluquería mientras leen la prensa diaria, prensa no solo nacional sino también internacional que se deposita en la biblioteca de manera diaria. Mención especial requiere esta biblioteca, verdadero tesoro de la Bilbaína.
La disposición de las estanterías, sus lámparas de época, sus sillas y un respetuoso silencio protegen una de las mejores colecciones privadas literarias. 35.000 obras distintas distribuidas en diferentes secciones entre los que destacan 6 incunables y unos 1.000 impresos del siglo XVI, catalogados como fondos antiguos.
Pero la mayor parte de su fondo la ocupa monografías modernas en diferentes idiomas, especialmente del siglo XIX. En cuanto a la hemeroteca cuenta con cerca de 700 títulos de revistas y prensa diaria.
Cuenta con salones privados, una biblioteca, salones de estar con juegos de mesa y tertulia asegurada, gimnasio, sauna, salas de masaje, peluquería, bodega y restaurante, al que puede acceder el público en general.

A las conferencias de personajes de la cultura hay que sumar su club de esquí, el club de los amantes de los automóviles clásicos, la sección de caza, el coro y el club de billar.
Este último goza de unas magníficas instalaciones en el propio club con amplios salones de madera no dejando de sorprender ver a los jugadores con sus corbatas ocultas por dentro de la camisa jugando rodeados de un gran silencio. El resto de las instalaciones se completan con la sala de saunas y masajes, gimnasio y frontón.
Igualmente, cuenta con su propia sociedad gastronómica y un local-restaurante donde los socios, como manda la tradición, pueden reunirse y ellos mismos cocinar.
Al contrario que el Aero o el Nuevo Club, en la Bilbaína los fines de semana (viernes, sábado y domingo), festivos y fechas especiales no es necesario el uso de chaqueta ni corbata, aunque sigue sin estar permitida la camiseta sin cuello. Aunque las habitaciones agradecerían cierta actualización, otras dependencias como el bar inglés, donde no se necesita corbata, es de una gran belleza.
En el restaurante se puede comer a diario y los hombres deben vestir chaqueta y corbata. En todo el club del 1 de junio al 30 de septiembre no es necesario el uso de la corbata, aunque es imprescindible utilizar chaqueta americana o chaqueta de punto. Los menores de 14 años pueden acceder al restaurante los sábados, domingos, festivos, fechas especiales y durante los meses de julio y agosto.

Como club de prestigio tiene correspondencia con más 50 clubes nacionales y casi con un centenar de extranjeros. Esto, también común al resto de los clubs aquí nombrados, permite a sus socios dormir en sitios céntricos y emblemáticos de las principales capitales europeas, norteamericanas y latinoamericanas.
Y, además, a precios irrisorios. Al igual que la mayoría de los clubs de esta semana la edad media de los socios es superior a los 40 años. Esto personalmente pienso que es una pena pues en sitios como estos se puede disfrutar no solo de un interesante ambiente cultural sino también de mucha privacidad con tus amigos y de tranquilidad en todos esos momentos donde lo que te apetece no son solo copas y bullicio sino disfrutar de tus ellos, sin novias ni amigas que rompan la confidencialidad del momento.
– Barcelona ‘El Círculo Ecuestre’
Se trata de uno de los clubes privados de mayor tradición en Europa. Tiene 166 años de historia y es un espacio de encuentro, diálogo y reflexión de la sociedad catalana.
Se encuentra en un palacete modernista que cuenta con diez salones, biblioteca, auditorio, sala de billar, gimnasio, piscina, sauna, restaurantes y conexión con más de 200 clubes privados alrededor del mundo.

El círculo ecuestre
Situado en pleno centro de Barcelona y en otra contra fachada de referencia se funda el 26 de noviembre de 1856 por un grupo de ilustres barceloneses aficionados a la hípica que deciden constituirse como club privado para compartir su afición.
Hoy, más de ciento sesenta años después, es uno de los clubs privados más influyentes y elitistas de toda Europa y en cuyas emblemáticas instalaciones descansan del ajetreo del día a día las personalidades más destacadas de la vida social y cultural catalana.
El círculo ecuestre probablemente sea el más completo de todos los de la lista. Por un lado tiene el señorío de la Bilbaína o el Real Círculo de Labradores en cuanto a edificio, salones, mobiliario, pero por otro lado el concepto de club es el que más está en concordancia con los tiempos actuales.
A pesar de esos 160 años se nota que sus instalaciones están en constante renovación. Basta como ejemplo sus habitaciones, habitaciones más parecidas a las de un hotel de lujo que a las de un club centenario. La conservación y limpieza de sus cortinas, sillas, sillones, tapizados e, incluso la vestimenta del servicio y camareros es nuevamente más propia de un exclusivo hotel que de un club privado centenario.
El mismo restaurante es otra prueba de ese aire contemporáneo. Decorado casi como un restaurante moderno los salones privados están más cerca de un restaurante de diseño que de uno tradicional. Si lo que busca el socio para él o para su acompañante es un ambiente todavía más informal dispone de una terraza cubierta a la que se puede acceder sin corbata.
Esta terraza, con su propio chef, se convierte en uno de los lugares más privilegiados de Barcelona para cenar por la noche durante el verano.

Probablemente sea esta nueva forma de entender el club tradicional por su actual órgano de gobierno lo que haya conseguido que el Círculo Ecuestre cuente con 1.565 socios de los cuales 400 tengan una edad inferior a los 40 años.
Este aire más contemporáneo quizá sea una de las cosas que más lo diferencia del también barcelonés Círculo del Liceo. Sin entrar a valorar lo acertado o no de esta concepción, sí es cierto que el Ecuestre es en este sentido el más diferente de los cinco. Igualmente, es uno de los clubs con más movimiento, no solo en lo referente a charlas y encuentros de todo tipo sino también en cuanto discurrir de gente.
Si los otros cuatro clubs están pensados para el disfrute prácticamente en exclusiva de sus socios, en el Ecuestre se realizan múltiples encuentros empresariales, conferencias donde además de los socios puede acceder gente externa, cesión de su auditorio para jornadas etc. Claramente la intimidad es algo menor, algo que pudiera verse por los socios con antigüedad como un inconveniente.

Los salones vuelven a recordarnos esa mezcla entre lo tradicional y lo moderno. Si las dependencias principales nos recuerdan el señorío inglés de los clubs de la época con pinturas, tapices y maderas de gran belleza, en sus salones podemos encontrar ambientes diferentes.
Si, por ejemplo, el salón veneciano Gris o el salón Dorado mantienen su aire burgués, el salón Espuela está más pensado para realizar reuniones o presentaciones disponiendo de todo tipo de avances informáticos.
Salvando su majestuosa escalera de piedra, quizás sea el bar coctelería el entorno donde se encuentra uno de los lugares más especiales de todo el Club. De aspecto inglés, pero con un toque chic cuenta con unos taburetes de madera por si en la propia barra quieres disfrutar de tu aperitivo – obligado es su Mint Julep.
Si prefieres hacerlo relajadamente leyendo el periódico también podrás hacer uso de sofás más que confortables. Aunque tiene su biblioteca privada esta no es lo más destacable.
La vida interior del Ecuestre es de las más activas de los cinco clubs y quizás eso sea uno de los motivos por los que sea uno de los clubs con más correspondencias: 180
– Sevilla ‘El Aero’
Real Club de Andalucía. Conocido como “El Aero”, fue fundado en Sevilla por pioneros de la Aviación sevillana en el año 1928, convirtiéndose en 1940 en un Club de recreo. La sede del Club está situada en el centro de Sevilla, concretamente frente a la Catedral, sitio privilegiado para ver el paso y de las cofradías en la Semana Santa.
Ha tenido como socios de honor al Rey Alfonso XIII, Felipe VI, el Rey Guillermo de Holanda, el príncipe de Ligne o el archiduque Karl de Habsburgo. Es junto al Nuevo Club el club de la lista que cuenta con las instalaciones más modestas, pero posiblemente sea junto también al Nuevo Club el más elitistas de los cinco.
En el caso concreto del Aero la limitación de sus instalaciones no es un gran problema para sus socios pues muchos de ellos son también miembros del Real Club Pineda, club de referencia en la ciudad para la práctica del golf y la equitación, así como de esparcimiento para los más jóvenes.
Es el club privado más exclusivo de Sevilla y donde se conocieron Guillermo de Holanda y su actual mujer Máxima Zorreguieta. De hecho, él ostenta el título de socio de honor.
Cuenta con 700 socios y para entrar se somete a votación secreta. En sus instalaciones han estado Grace Kelly, Raniero de Mónaco o Jackie Kennedy, entre otros muchos. Asimismo, ‘El Aero’ mantiene contacto con algunas de las entidades más elegantes y privadas del mundo.

Grace Kelly con el director Vittorio de Sica y la cantante María Callas
Dicho esto, ni la majestuosidad de los edificios de los otros clubs ni los salones y dependencias de aquellos se encuentran aquí, tampoco cuenta con habitaciones, y no por ello deja de ser uno de los más difíciles para convertirse en socio.
Quizás por dichas limitaciones se tenga la intención de dejar la sede actual de la avenida de la Constitución y trasladarse a unas nuevas dependencias, también en el centro de Sevilla, concretamente en el emblemático edificio de almacenes Peyré, en la calle Francos.
El traslado permitirá a sus socios disponer de ochocientos metros de superficie en la planta baja de las antiguas galerías comerciales, doscientos más de los que tiene actualmente y, sobre todo, más ventanas a una de las vías más cercanas a la Catedral por la que pasan numerosas cofradías de Semana Santa.
Además, se contará con un sótano de 500 metros que se destinará a un salón de actos para los eventos sin ya necesidad de pasar por las dependencias principales.

A pesar de los nuevos tiempos, las tradiciones se mantienen prácticamente inalteradas en el Aero desde sus orígenes y la corbata es requisito para acceder a sus instalaciones, costumbre que también comparte con el Nuevo Club, de hecho, ambos clubs tienen correspondencia.
En una ciudad donde se celebra la Feria más conocida de España, la Feria de Abril, los socios del Aero tienen la suerte de contar con la que sin lugar a duda es la caseta más elitista. Allí, previa reserva, sin agobio alguno y con el correspondiente traje se citan tanto para comer como para cenar sus socios.
Las amistades son bienvenidas, aunque para guardar la privacidad y la comodidad de los socios cada socio debe solicitar con antelación la correspondiente invitación y pagar por la entrada de su acompañante. El número está limitado por socio – además deben ser de fuera de Sevilla – y tiene un coste elevado buscando precisamente evitar que se llene la caseta de desconocidos.
Sus cuidadas tardes de flamenco son el colofón perfecto para la sobremesa. El servicio es excepcional y las maneras, cofia de por medio, de quienes lo sirven difícil de encontrar en cualquier otra caseta.

– Real Circulo de Labradores
Con 160 años a sus espaldas se encuentra en pleno centro de Sevilla. Fue Convento de Agustinos bajo la advocación de San Acasio para posteriormente ser sede de la Academia de Bellas Artes. Tras convertirse en edificio de Correos fue adquirido por el Círculo en el año 1951. Por concesión de S.M. el Rey D. Alfonso XIII, ostenta el título de Real.
Si llamativa es su fachada, todavía lo es más su interior teniendo un patio francamente impresionante rematado con una vidriera igual de llamativa. Distribuido rodeando el patio y en diferentes galerías se encuentran los salones, el restaurante, el bar salón de actos, los comedores, salones de descanso, tertulia, bar-cafetería, sala de lectura, biblioteca, sala de exposiciones y peluquería. Cuenta al igual que la Bilbaína y el Ecuestre con habitaciones.
Su biblioteca posee un fondo bibliográfico de 10.000 volúmenes de diferentes temáticas, como Historia, Arte, Literatura, Religión, Ciencias Sociales o Derecho, datando algunos libros del siglo XVIII.
Con el previo permiso, no socios pueden acceder a ella a consultarlos. Su concepto y vida interior guarda mucha similitud con la Bilbaína, club con el que tiene correspondencia, no guardando sus socios un patrón tan definido como en otros clubs. Al igual que en la Bilbaína el paso de los años se puede apreciar en sus instalaciones y queda lejos de la pulcritud del Ecuestre.
Los salones están decorados con pinturas, retratos de históricos socios, tapices y mobiliario noble. Los salones centenarios con sus enormes sofás son ideales para descansar estando el silencio garantizado. La peluquería, en estas semanas con servicio a domicilio, está siempre abierta para los socios.
Su vida interior es más relajada que en otros clubs apreciándose esto, por ejemplo, en la permisividad en la vestimenta – no se requiere corbata para acceder – o en el uso informal del bar. Igualmente, muchos de los conciertos de música clásica, charlas, exposiciones etc. que se celebran en su patio están abiertos a personas externas al Club.

Sin embargo, si en algo no tiene parangón este Club es en su vida deportiva contando con las mejores instalaciones, y de lejos, de los cinco clubs.
En 1962, el Club inauguró en la margen derecha del Guadalquivir unas magníficas instalaciones deportivas. 15.000 metros cuadrados donde los socios pueden disfrutar de salón de tenis de mesa, sala de pesas, pistas de baloncesto y futbito, pistas de paddle y casa de botes.
Además, cuenta con un edificio social dentro del cual hay un restaurante, bar-cafetería, salones de estar, de estudio, salas de juego, otra peluquería, salones para celebraciones, solárium, un salón de chimenea, terraza de verano y amplias piscinas.
La importancia del deporte en Labradores va mucho más allá compitiendo en remo, piragüismo y tenis de mesa a nivel nacional e internacional.
Aquellos que no quieran llevar su pasatiempo a estos niveles siempre pueden disfrutar de los edificios del Club a pie del río y resguardarse del calor del verano sevillano en un ambiente distinguido y con unas increíbles vistas a los más importantes monumentos de la ciudad.

La vestimenta en las instalaciones deportivas debe ser estrictamente correcta y para mantener la tradición y buen nombre de la Sociedad, durante los días de Semana Santa, y cuando por razones de protocolo así lo determine la Junta Directiva, se exigirá chaqueta y corbata para los hombres y vestuario adecuado a las señoras.
Queda terminantemente prohibido acceder al edificio social en pantalón corto o en ropa deportiva. Se autoriza la estancia a socios y beneficiarios en la zona de barra del bar-cafetería en ropa deportiva adecuada (pantalón largo), durante la temporada de invierno.
Otro de los privilegios que tienen los socios del Real Círculo es poder disfrutar de una gran caseta en la Feria de Sevilla. Situada a solo unos metros de la del Aero, sin contar con la exclusividad de esta, tiene una zona reservada para los jóvenes y disfruta de más metros cuadrados.
La corbata, aún siendo obligatoria a partir de las 9 de la noche, está presente en la caseta todo el día. La tradición taurina de la ciudad hizo que el Real Círculo de Labradores mantenga cedido onerosamente un Palco en la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla a disposición de sus socios y beneficiarios.

Ninguno de los cinco clubs es mejor que los otros sino diferente. Cada uno destaca en algo y son muchas más las cosas que los acercan que las que los separan. Además de disfrutar de lugares maravillosos en el centro de nuestras ciudades uno puede hospedarse y disfrutar de magnificas correspondencias en medio mundo.
Importante es recordar que no conviene confundir rancio con tradicional, que estos clubs no reciben subvenciones, los pagan los socios, y que, además, no hacen daño a nadie. Igualmente es importante recordar que, aunque alguien pueda pensar que estos clubs están alejados de los tiempos modernos, en todas las ciudades importantes del mundo encontramos clubs similares.
Clubs donde se mantienen ciertas tradiciones y se abre la puerta a personas con inquietudes culturales. Clubs donde se disfruta de la presencia de personajes destacados de la cultura, la política, la empresa, la música, la aristocracia, el arte o la literatura.
Clubs donde sus miembros acuden movidos por un interés alejado del puro negocio y con el único objetivo de relajarse entre amigos o dedicarse un rato solo a ellos alejados del bullicio – entendiendo bullicio mucho más allá que decibelios – sin que nadie les moleste ni perturbe su paz.
– The Gentleman´s Club (Londres)
Los Gentlemen’s Club se crearon en Londres en el S. XVIII en la zona de St. James; el “clubland” donde todavía hoy permanecen los Clubs más elitistas del mundo. Si bien se fundaron en el S. XVIII, ocupando el lugar dejado por los antiguos Cafés, fue a finales del S. XIX cuando éstos alcanzan su máxima esplendor.
El ser miembro de uno u otro Club dependía de las inquietudes de cada cual. Por ejemplo, en el Club Garrick se daban cita escritores, actores y jueces; el Carlton era el refugio del Partido Conservador; el Beefsteak era donde se reunían los intelectuales de la época; o como el de la foto aquí representada el Athenaem que era el lugar de encuentro del Clero, académicos e intelectuales de la talla de Kipling, Palmerston, Dickens, Cecil Rhodes, Churchill y Sir Walter Scott.

Apostar era y es uno de los pasatiempos preferidos de sus exclusivos miembros. Antiguamente estas apuestas no solo eran a las cartas; también se pujaba sobre las cuestiones más diversas como quién se casaba antes, o quién sería el que más huevos comería ese día o quién podría aguantar sin respirar más tiempo.
Otras de las actividades que tanto antes como ahora ocupan gran parte de la actividad de los tradicionales Clubs Ingleses es el disfrutar de una agradable cena con los amigos, acudir a la “smoking room”, jugar al billar o simplemente charlar y tomar el té. Todo ello en un ambiente elegante, intelectual y exclusivo donde si bien ya no es obligatorio acudir con chistera sí sigue siendo obligatorio el uso del traje. Como curiosidad añadir que en las “smoking rooms” de los Clubs más tradicionales el uso de la chaqueta o capa de fumar sigue estando en plena vigencia.

Si hay algo que está totalmente prohibido es hablar de cualquier aspecto relacionado con los negocios.
Los tres Clubs más antiguos y aristócratas de cuantos se crearon fueron el White´s, el Boodle´s, y el Brook´s los cuales hoy siguen existiendo y donde ser miembro es un privilegio reservado para solo unos pocos y un sueño para muchos de los hombres más ricos del planeta, los cuales ven que sus inmensas fortunas no les proporcionan el estatus necesario para pasar a formar parte de las listas de miembros más exclusivas de la alta sociedad.
Entrar a formar parte de estos prestigiosos Clubs es tarea prácticamente imposible. En primer lugar debes ser propuesto por algún miembro del Club. En el caso del White´s a parte del miembro que te propone debes contar con el apoyo de dos más y después conseguir el visto bueno de otros 35 miembros.
Conseguido esto, pasas a formar parte del último puesto de la lista de espera. Debes entonces aguardar a que llegue tu turno lo cual significa esperar, con seguridad, varios años.
Una vez que te llegue el turno, un comité estudiará de forma muy rigurosa tu candidatura y votará sobre si eres o no apto para ser miembro (asunto llevado a cabo todavía con el procedimiento del blackballing donde el color de las bolas da la respuesta al candidato).

El llegar hasta esta votación no significa que el proceso haya concluido.
Esto lo puede atestiguar un candidato propuesto por el Príncipe de Gales que quería ser miembro del White´s y fue descartado por dicho comité.
Cuando esto ocurre el miembro que ha propuesto al candidato debería pedir abandonar de forma voluntaria el Club al haber presentado un candidato que no cumplía los altos requisitos exigidos por el resto de los miembros.
A pesar de todo esto, el proceso de admisión de los nuevos miembros se sigue guardando con mucho celo y secreto.
Solo los Presidentes del Gobierno Británico tienen la seguridad de poder ser miembros del White´s.
Otro dato característico de estos Clubs Ingleses es que históricamente las mujeres no tenían permitida la entrada.
Hoy estas tradiciones se están flexibilizando y ya se las permite acceder a ellos pero por una puerta diferente y siempre como invitadas, ya que el estatus de miembro sigue reservado en exclusiva para el sexo masculino.
El White´s, fundado en 1693 y es probablemente el Club más exclusivo de cuantos existen. Ha contado entre sus miembros con innumerables Barones, Condes, Duques, Príncipes, Vizcondes y tuvo al gran Beau Brummell ocupando la mesa del bow window (reservada a la más alta personalidad social).

Su cuota anual es de 850 libras esterlinas. Fue en este Club donde se celebró la despedida de soltero del Príncipe Carlos.
Los miembros pueden invitar a personas ajenas al Club a comer o como le ocurre a uno de los invitados que con frecuencia se deja ver por el White´s, el Príncipe William, a jugar al billar.
Si bien estos Clubs nacieron la mayoría de ellos en Londres, hoy en día muchas ciudades cuentan con Clubs similares.
Cabe destacar el Somerset de Boston, fundado en 1826 o los Jockey Club repartidos por Latinoamérica.
Desgraciadamente en nuestro país ni el Circulo Ecuestre de Barcelona ni en el Club La Real Gran Peña de Madrid pueden presumir de la exclusividad y elegancia de los citados Clubs Ingleses.
Aunque estos Clubs parezcan algo de otro tiempo, hoy estamos viviendo el resurgir de “clubland” al ser la nueva joven élite inglesa quienes más interés tienen en formar parte de sus miembros.
Esto se explica, según el miembro y escritor Tom Stacey, porque es en este tipo de Clubs donde sus miembros se encuentran más cómodos al disfrutar de su tiempo y espacio con aquellas personas que crecieron a su lado, fueron a su mismo colegio y por tanto hablan su misma lengua y comparten la misma cultura.
– El club privado más exclusivo del mundo

George Clooney, Michelle Obama, Leonardo DiCaprio. Todos ellos son miembros del club privado más ‘cool’ del planeta. Un lugar donde las estrellas se sueltan el pelo y la discreción es absoluta. Hablamos con Jeff Klein, el hombre que está detrás de San Vicente Bungalows y que ha entendido que la privacidad es el gran lujo de nuestro tiempo.
Érase una vez en Hollywood un motel cutre hasta decir basta, solo para hombres, en el que había alcohol por todas partes… En el que los clientes vestían a su aire (o no vestían nada en absoluto). Un tipo se fijó en el establecimiento y tuvo una idea arriesgada: convertirlo en un discreto refugio para los poderosos y famosos del planeta.
El pasado enero, tras invertir 30 millones de dólares en la renovación, Jeff Klein reabrió San Vicente Bungalows como club privado. Desde entonces, esta agrupación de edificios construidos para los obreros del ferrocarril en el siglo XIX ha albergado una fiesta ‘amenizada’ por Lady Gaga y Bradley Cooper en la noche de los Oscar; un encuentro destinado a hacer las paces entre Steven Spielberg y el magnate de Netflix Ted Sarandos; una sucesión de visitas de superestrellas del cine, el deporte y los negocios; y la aparición del matrimonio Obama.
Con 1200 miembros, una lista de espera con 7700 aspirantes y una política sin contemplaciones en lo tocante a la privacidad -que llega a la expulsión de quien hable con la prensa de cuanto tiene lugar en el recinto-, San Vicente Bungalows se ha convertido en el club más exclusivo del mundo.

El propietario, Jeff Klein, estudió Literatura Francesa, pero pronto tuvo claro que se iba a dedicar al negocio hostelero de alto standing. Las claves de su éxito: un savoir faire inculcado por su madre y una poderosa agenda social labrada con los años
¿Cómo se explica el éxito de Klein? Para empezar, nuestro hombre tiene mucho dinero, grandes dosis de encanto y una formidable agenda de contactos acumulados durante los 15 años que lleva al frente de uno de los hoteles preferidos por los poderosos en Los Ángeles. el Sunset Tower.
Klein, de 49 años, me conduce hasta un maravilloso patio con grandes palmeras. Recorremos una serie de salas decoradas con decenas de fotos en blanco y negro tomadas por un colaborador de Andy Warhol que evocan el encanto canalla de Nueva York durante los años de Studio 54.
Me giro hacia Klein para elogiarlas y me encuentro con que el hotelero está dictando al teléfono con voz apremiante: «Algunas de las fotos no terminan de estar bien alineadas. Puede venir alguien a arreglarlo, signo de interrogación». La sonrisa deslumbrante reaparece en su rostro.
Klein se niega a decir quién es socio de San Vicente Bungalows y quién no lo es, pero hay fotos en las que Jennifer Aniston, Mick Jagger, Evan Spiegel, Miranda Kerr, Sandra Bullock, Harry Styles, Chris Pine, Eddie Redmayne, Jennifer Lopez, Alex Rodriguez, Taylor Swift, Melanie Griffith y Dakota Johnson aparecen entrando o saliendo del club.
– Las normas para entrar
Obtener el carné de socio en teoría resulta fácil; en la práctica es complicado. En principio, solamente necesitas pagar una cuota de 4200 dólares al año (1800 si eres menor de 35 años), que te nomine otro socio y rellenar un formulario con tan solo tres preguntas: ¿qué título le pondrías a tu autobiografía? ¿Cuál es tu restaurante preferido y por qué? ¿Qué crees que puedes aportar a San Vicente Bungalows?
El ingreso lo decide un grupo secreto formado por 12 primeras figuras del arte, el cine, la tecnología y la música. Antes eran 14, pero a dos les enseñaron la puerta «porque fanfarroneaban de que eran miembros del comité», indica Klein.

Al llegar, los invitados entregan el teléfono a una empleada que recubre el objetivo de la cámara con una pegatina con el logo de la casa. Tan solo se permite hacer llamadas -lo mismo que fumar- en algunas zonas precisas
¿Qué hay que hacer para que te digan que no? «Ser un capullo. Todos y cada uno de los socios son interesantes como personas y hacen cosas interesantes en la vida. Hay muchos ricos y poderosos que solicitan el ingreso, pero que no lo logran».
– Filtrar algo se paga caro
En el club hay normas estrictas: está prohibido molestar a socios o invitados que no conoces, no puedes hacer fotografías y los miembros se hacen responsables de que sus acompañantes se comporten como es debido… Y, si no cumplen, se arriesgan a la expulsión. Hasta el momento han sido expulsadas cuatro personas.
En San Vicente Bungalows está prohibido hacer networking -tratar de entablar contactos con la sola idea de favorecer tu carrera profesional-, y una de ellas cometió la osadía de acercarse al diseñador Tom Ford y preguntarle por su acuerdo con Estée Lauder. «Lo envié a tomar viento. Eso no podemos permitirlo. Un episodio vergonzoso».
Otro fue expulsado porque su acompañante filtró a la prensa la cena celebrada por Spielberg y Sarandos, el mandamás de Netflix. Tres o cuatro semanas después, la culpable fue identificada. una publicista.
Klein añade que el socio que se presentó con ella en el club fue un imprudente. «Estaba clarísimo que, en un lugar como este, aquella mujer aprovecharía para hacer méritos, no podría contenerse».

Leo DiCaprio y Jennifer Aniston son dos de los habituales de San Vicente Bungalows, donde van a ‘desconectar’. De ahí que una de las normas del club es que está prohibido hacer networking, entablar contactos con la sola idea de favorecer tu carrera profesional
¿Hay alguien que no es socio pero que le gustaría que lo fuera? «LeBron James (el jugador de baloncesto). Todos sus amigos lo son. Pero él anda muy ocupado. Tan solo ha venido una vez. Pero espero que termine por inscribirse».
Klein creció en el seno de una familia de clase media-alta en el selecto Upper East Side neoyorquino. «No tardé en comprender qué es lo que mueve a los ricos». Matiza que su propia familia «no era adinerada en comparación».
«Nosotros viajábamos en clase turista. Mi padre era propietario de una empresa de control de plagas, el negocio le había ido muy bien. Pero yo los veranos trabajaba como operario de control de plagas, matando ratas y cucarachas».
Su madre era «una mujer muy elegante y sofisticada, de una buena familia de Nueva York, y me enseñó que el buen gusto nada tiene que ver con el dinero: algunos de los individuos más ricos también son los más horteras».
Se licenció en Literatura Francesa y cuatro días después se puso a trabajar como botones en un pequeño hotel de lujo en Nueva York. El propietario, Bernard Goldberg, se convirtió en su mentor. En 2004 se marchó a vivir a Los Ángeles y se hizo con el hotel Argyle, un conocido edificio art déco situado en Sunset Boulevard que estaba en horas bajas, pero que tenía una historia de glamour detrás: en su momento fue un bloque de apartamentos con vecinos como Greta Garbo, Truman Capote, Marilyn Monroe, Howard Hughes, Mae West y Elizabeth Taylor.
Además, durante su primera semana en Los Ángeles, Klein conoció a John Goldwyn, un productor de cine nieto del legendario Goldwyn de la Metro-Goldwyn-Mayer. Se casaron en 2011.

«El servicio es fundamental», sentencia Dimitrov, el encargado del club (con traje oscuro), nacido hace 70 años en Macedonia. «Es un arte que se ha perdido»
Por esa misma época, Tom Ford y el guionista Mitch Glazer le presentaron a un maître macedonio llamado Dimitri Dimitrov y lo puso al frente del Argyle. Dimitrov logró que el Tower Bar del hotel se convirtiese en lugar de moda entre las superestrellas.
En 2013, Klein adquirió el motel San Vicente Inn, un establecimiento con mala fama, frecuentado por gais, y muchos se llevaron las manos a la cabeza. Dimitrov, de 70 años, se acuerda bien de la tarde en que su jefe lo llevó a visitar el lugar. «Estaba trabajando. Me sube a su Tesla y me trae aquí -dice gesticulando-.
Veo que hay hombres medio desnudos paseándose. ¿Qué es esto? ¿Y yo qué pinto aquí?». Klein aclaró: «Dimitri, acabo de comprar este lugar. Es mío». Y le dijo que fuera preparándose para encargarse de él. También lo hizo accionista del nuevo proyecto.
El macedonio es amigo de medio Hollywood. En 1980 encontró trabajo en Diaghilev, un restaurante tan imponente como extravagante. Al lado había un bar en el que jóvenes actores como Matthew McConaughey, Casey Affleck y Joaquin Phoenix bebían y hacían el animal. «Joaquin es buen amigo. Nos conocemos desde que era un chaval. Hace dos semanas estuvo aquí, con Rooney Mara».
«Conozco a George Clooney desde antes que fuese George Clooney. Un día le pregunté en qué andaba metido. Me contó que estaba grabando el piloto de una serie sobre médicos. ‘Crucemos los dedos’, me dijo. La serie era Urgencias». George y Amal Clooney hoy frecuentan San Vicente Bungalows. Dimitrov explica que también lo hacen Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Jay-Z…
nuestras charlas nocturnas.
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