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El pueblo blanco de las brujas…


Ubicado en la Alpujarra granadina, en Soportújar se encuentra la casa y la cabeza de Baba Yagá, una bruja procedente de países eslavos.

National Geographic/soportujar.org  —  Cuentan que brujas, hechiceros y mantequeros (seres que hacían pociones y conjuros con la grasa de los niños) se pasean por Soportújar, un pueblo de la Alpujarra granadina donde las pociones y los conjuros están a la orden del día. Se cree que en esta localidad se asentaron gallegos que trajeron con ellos costumbres, ritos y leyendas paganas.

La Cueva del Ojo de la Bruja, la Fuente de las Brujas, el Mirador del Embrujo, el Pozo de los Deseos, la Era de los Aquelarres o la cabeza de la bruja eslava Baba Yaga y su casa son algunos de los puntos más embrujados de esta localidad que vive su punto álgido en la Feria del Embrujo.

En realidad Soportújar también es un pueblo blanco como cualquier otro de la Alpujarra, pero tiene detrás una historia que le hace que sea tan peculiar. Tras la Revolución de las Alpujarras y seguida expulsión de los moriscos, este pueblo se repobló con habitantes de la zona norte de la península, sobre todo gallegos.

Sus costumbres y celebraciones paganas con fuertes raíces celtas donde hablaban de meigas sorprendieron a los pueblos vecinos, quienes por superstición y miedo a la terrible Inquisición, no lo comentaban a viva voz y esto hizo que se alimentase más la leyenda.

Con todo ello Soportújar ha sabido mantener este mito, mitad historia y mitad leyenda, y se ha convertido en un muy buen reclamo turístico, donde hasta sus vecinos tienen el ficticio gentilicio de brujas y brujos.

Al menos hasta el siglo XVI esta población se conoce por el nombre de «Xabotaya«, topónimo de origen desconocido. Además contaba con un segundo barrio enclavado en la zona del colegio actual que se llamaba «Aratagram». La etimología popularmente aceptada del nombre es «lugar de soportales», del término latino soportal, por lo que podemos pensar que el municipio ya estaba poblado en tiempos de los romanos.

Soportújar, el pueblo embrujado de la Alpujarra

Soportújar nace como núcleo urbano a partir de una alquería que en el siglo XIII dependía de la tahá de Órgiva. Hasta finales del siglo XVI estuvo habitado por musulmanes que introdujeron el sistema de regadío. Como parte del Señorío de Órgiva fue concedida a los hijos cristianos de Muley Hacén y posteriormente, como recompensa por el aplastamiento de la primera revuelta morisca, a Gonzalo Fernández de Córdoba el 26 de septiembre de 1499.

Por entonces era una población habitada por unas 70 familias moriscas. Como toda la comarca, tuvo especial protagonismo en la sublevación de Abén Humeya en el siglo XVI (1568-1571) y pagó las consecuencias con su despoblamiento tras la expulsión de los moriscos.Un hecho fundamental en la historia del municipio fue la Guerra de las Alpujarras (1568-1571) en el reinado de Felipe II.

Vencidos los musulmanes, debieron abandonar el municipio, siendo sustituidos por cristianos procedentes de tierras cristianizadas. Para que se establecieran, Felipe II les otorgaba la titularidad pública de casi todo el término municipal, es decir, en 1571 casi la totalidad del municipio no pertenecía a propietarios particulares, sino al común de los vecinos.

En esa época Soportújar era una pequeña aldea, con el paso de los siglos fue ganando población, así el Catastro de Ensenada, de mediados del S.XVIII, nos indica que el municipio tenía alrededor de 700 habitantes. Desde entonces ha conservado el carácter típico de la zona y se ha mantenido con un censo de población muy estable.

Decisiva también la Desamortización Civil de Madoz, realizada a partir de 1855, y en la que sacan a subasta las tierras que hasta entonces habían pertenecido al común de los vecinos, prácticamente el municipio se vendió en lotes al mejor postor. El mismo Madoz, en su «Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar», describe la población hacia 1840.

Las lluvias torrenciales de finales de 1860 eliminaron valiosas fincas de regadío en torno al Río Chico que fueron sustituidas por un enorme socavón, al deslizarse en masa toda la ladera (Romero Zurbano, 1909, pág. 158-159, citado por Jiménez Blanco). En 1869, el pueblo de Soportujar solicita al Congreso la anulación de un crédito de 31.000 escudos, del que los vecinos eran partícipes por imposibilidad de realizar el pago. Hacia 1870, Soportújar, que contaba por entonces con 669 habitantes, (Memoria sobre las Bibliotecas Populares, de Felipe Picatoste, 1870) era uno de los pocos pueblos en Granada que contaba con una biblioteca popular, con unos 160 volúmenes donados por el Ministerio de Fomento a petición del Director de la Escuela, D. Fernando Delgado Tobar.

El S.XX y ante la presión demográfica, los soportujeros/as comienzan a emigrar a numerosos destinos. La guerra civil coge a Soportújar en la zona sublevada, apenas si habrá víctimas directas, pero si se dejarán notar y mucho las secuelas de las destrucción, pobreza y hambre que todo conflicto conlleva.

La leyenda dice que este pueblo fue el elegido tanto por brujas como por hechiceros para realizar sus reuniones secretas. Los datos históricos desvelan que Soportújar fue repoblada, tras la reconquista, por migraciones de gallegos. Con ellos, trajeron diversas historias de meigas, así como varias leyendas paganas.

Es entonces cuando a los habitantes de este pueblo granadino se les empezó por llamar “brujos”. De ahí que Soportújar comenzara a llamarse como “pueblo de las brujas”. En cualquier rincón verás una referencia a ellas, ya sea en plazas, cuevas o hasta en los menús de los restaurantes. Es el momento de saber qué ver y qué hacer si decidimos visitar este curioso pueblo andaluz.

Algunos dirán que esta leyenda, que más que una historia concreta es un saber popular que se ha transmitido de generación en generación, se parece mucho a las ya contadas del norte. Bien, hay que desplazarse hasta allí para encontrar el origen. Estos brujos y brujas de Soportújar no eran naturales del lugar. Eran, en realidad, gallegos desplazados que se habían llevado a su nuevo hogar sus historias de meigas.

Estas historias corrieron como la pólvora por toda la región y los nuevos habitantes pronto fueron señalados con el dedo, con una palabra en la boca: brujos. Los gallegos tenían sus costumbres y creencias. Por ello fueron considerados individuos extraños en un momento en que, además, la Inquisición tenía un gran poder.

Cabeza de la Bruja Baba Yaga

Las sospechas de los vecinos se han transmitido, sobre todo, de manera oral, pero existen también escritos que certifican esta leyenda popular. Especialmente conocida es aquella que señala que estas brujas para volar se untaban los sobacos con manteca, una práctica que podría llevarse a debate.

Soportújar se desarrolló en torno al siglo XIII, a partir de un centenar de familias moriscas. Su importancia en la región creció a partir de la segunda mitad del siglo XVI, con la sublevación de Abén Humeya.

Este alzamiento constituye, además, el origen primero de la leyenda. Durante el reinado de Felipe II tuvo lugar la conocida como rebelión de las Alpujarras, iniciada en 1568 cuando las familias moriscas se negaron a aceptar las imposiciones y prohibiciones del monarca. Este, decidido a limitar su cultura, se enfrentó a una gran población que terminó expulsando de la región tras su victoria en 1571.

La zona quedó prácticamente despoblada. Aquí entran los gallegos.

Mirador del Aquelarre

Para recuperar la región, Felipe II tiró de población norteña que, como ya se ha dicho, llegaron con sus creencias y sus cuentos. Lo cierto es que esa leyenda tiene una base bastante interesante: el recelo propio de quien recibe pobladores extraños, tan diferentes culturalmente hablando.

A partir de los años 50 comienza el éxodo masivo hacia Alemania,Francia,….Prueba de esta sangría demográfica, se percibe en los siguientes datos, en 1950 había 850 habitantes, en 1975 apenas superaban los 200. Entre 1950 y 1980, Soportújar perdió las dos terceras partes de su población.

A partir de los años 80 Soportújar mejora las condiciones de bienestar (educativo, sanitario y servicios sociales), e incluso comienzan a retornar emigrantes y la población aunque envejecida se mantiene estable entre 300 y 400 habitantes. Su economía se basa sobre todo en el turismo rural, el medio ambiente, construcción y la carpintería, además de ser un lugar ideal para la tranquilidad y el retiro espiritual en el Centro Budista O Sel Ling.

Actualmente se promociona el turismo rural y se realizan diversas obras públicas, de mejora de accesos por carretera, pistas forestales y camnos rurales, la construcción miradores, rehabilitación de lugares de interés antropológico (brujería) en la antigua era pública de los Aquellarres, la entrada del municipio, la Cueva del Ojo de la Bruja, el Centro de Interpretación de la Bujería, el Mirador de la Plaza con la fuente de las Brujas.

En las últimas décadas se han asentado en el municipio soportujero ciudadanos británicos y otras nacionalidades, gracias a los cuales se mantienen sus datos de población.

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