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Maldiciones de las tumbas egipcias …


Una máscara de Tutankamón

El descubrimiento de la tumba del rey Tut ha dado mucha tela que cortar en Hollywood.

BBC Culture(O.Pfeiffer)/National Geographic(B.Handwerk)/ACV(A.Nuño)  —  «Debió de ser un proceso bastante espantoso que implicaba la extracción, a través de la nariz, del cerebro y los órganos internos, las vísceras», empieza John J. Johnson, de la Sociedad de Exploración Egipcia (EES, por sus siglas en inglés).

«El cuerpo era entonces lavado y cubierto con aceites», continúa, describiendo el complicado proceso de la momificación empleado en el Antiguo Egipto.

Han pasado 99 años desde la excavación de la tumba del faraón Tutankamón y el fenómeno sigue provocando fascinación.

Y también ha alimentado la imaginación de los cineastas, usualmente bajo la forma de un malévolo personaje vendado que mata para vengarse de la profanación cultural y el amor prohibido.

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Una ola de interés por el antiguo Egipto sacudió a Occidente tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamón en 1922. Y esto no pasó desapercibido para Hollywood,

Efectivamente, aunque es fundamentalmente una creación cinematográfica, la momia que vuelve a la vida está supuestamente inspirada en la llamada maldición de Tutankamón.

Según reportes periodísticos de inicios de la década de 1920, varias personas vinculadas a la expedición del arqueólogo británico Howard Carter al Valle de los Reyes en 1922 murieron de forma prematura, entre ellos su financiador Lord Carnarvon, quien falleció por culpa de una picadura de mosquito.

Y aunque la leyenda comparte similitudes con otras representaciones de monstruos vivientes, como Drácula o Frankenstein, la misma parece estar más arraigada en la memoria colectiva porque su punto de partida es un hecho real: la exhumación del rey Tut.

«Egiptomanía»

El frenesí mediático por la excavación hizo que una particular idea de lo egipcio se apoderara de la imaginación popular, llegando incluso a alimentar el desarrollo de un estilo arquitectónico: el Art Déco.

De hecho, muchas salas de cine estadounidenses de los años 20 también se adornaban con extravagantes decoraciones que imitaban la opulencia del Antiguo Egipto. Y para capitalizar esa egiptomanía Universal Estudios produjo «La momia»en 1932.

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La egiptomanía que se apoderó de EE.UU. durante la excavación de la tumba llegó hasta las salas de cine. Literalmente.

La película es recordada sobre todo por la interpretación de Boris Karloff como Imhotep, un sumo sacerdote momificado que resucitado gracias a la lectura de un pergamino mágico.

Imhotep se convence de que su amor perdido, Ankh-es-en-amon (nombrada así por Ankhesenamun, la media hermana y esposa del rey Tut) se ha reencarnado como una mujer que tiene una similitud sorprendente con su esposa fallecida.

El guionista del filme, John L. Balderston, había sido uno de los corresponsales que informaron sobre la apertura de la tumba del rey Tut, lo que le dio cierto toque de legitimidad a la película.

Y, en su esencia, este atmosférico thriller psicológico dirigido por el cineasta expresionista alemán Karl Freund, es una historia con moraleja sobre los peligros de interferir con las costumbres ancestrales de una cultura extranjera.

Una escena de "La Momia", de Karl Freund

La idea de las momias como una amenaza terrorífica viene de principalmente de películas como «La Momia», de Karl Freund, protagonizada por Boris Karloff.

Pasaron ocho años antes de que Universal produjera la siguiente película sobre momias: «La mano de la momia» (1940) una secuela bastante simplista de la original.

A pesar de la creencia popular, en ese filme, Karloff sólo aparece durante la memorable apertura de 10 minutos. Y fue sólo en lo que siguió que la resucitada criatura se convirtió en la amenaza torpe y pesada que conocemos hoy día.

Pero la idea de una momia en movimiento le habría sido completamente ajena a los antiguos egipcios y va en contra de todo el concepto de momificación, que se usaba para preservar a las muertos para garantizarles una vida tranquila y pacífica en el más allá.

Acosada por su propia maldición

Hammer Studios trajo a la momia de vuelta con «La momia«, de Terence Fisher, en 1959, un filme que hizo honor a la leyenda original y reconoció el atractivo romántico de la criatura al volver a incorporar la figura de Ankhesenamun en la princesa Ananka (interpretada por Yvonne Furneaux).

El guionista Jimmy Sangster tomó prestadas las secuelas irregulares de Universal y le puso el apodo de Kharis a la criatura (interpretada por Christopher Lee), suponiendo erróneamente que era el verdadero nombre de un dios egipcio.

Una maldición mortal también afecta a un equipo de arqueólogos en «El manto de la momia» (1967), del mismo Hamer: todos son asesinados uno a uno por el ser reanimado.

Y una hermosa pero letal reina egipcia, así como su moderna reencarnación (ambas interpretadas por Valerie Leon), reemplazan a una momia más convencional en «La tumba de la momia» (1971), una adaptación de la novela de 1903 de Bram Stoker «La joya de las siete estrellas», que también parecía acosada por su propia maldición.

Luego de cinco semanas de producción, su director, Seth Holt, murió repentinamente de un ataque al corazón. Mientras que Peter Cushing, quien hacía del padre de Leon, tuvo que ser reemplazado tras la muerte inesperada de su esposa.

El sarcófago de oro del rey Tutankamón, en el Valle de los Reyes, en Egipto

La opulencia de la tumba y sus objetos decorativos inspiraron a más de un decorador de interiores de la época

Habiendo claramente agotado el material -y probablemente molestado a los faraones lo suficiente- Hollywood no produjo otra película de la momia hasta el cambio de siglo.

Aunque, numerosos filmes se acordaran del Antiguo Egipcio, de la momificación y de las excavaciones.

El primero de los «Indiana Jones» de Steven Spielberg, «En busca del arca perdida» (1981), se basó en la búsqueda del Arca de la Alianza en Egipto.

El cineasta produjo también «El joven Sherlock Holmes» (1985), la cual narraba el descubrimiento por parte del detective de una secta egipcia.

Mientras que «La puerta del tiempo» (1994), de Roland Emmerich, hacía referencia a la puerta de entrada a un planeta lejano que reflejaba el Antiguo Egipto y jugaba con la idea de una historia despótica con un alienígena encarnado en el dios Ra.

Una escena de "La momia regresa"

La mutación de la momia

El siglo XXI trajo de nuevo una serie de momias (1999-2008) interpretadas por Brendan Fraser y Rachel Weisz , y resucitó la leyenda de Imhotep, quien después de ser reanimado invoca las «10 plagas de Egipto».

Pero mientras que la gente llegó a sentir lástima por la momia de Karloff, en su versión contemporánea la misma es un antagonista totalmente desprovisto de simpatía.

Como esta serie no logró destacar en taquilla, sólo fueron «exhumadas» dos momias más.

Pero eso no significa que Hollywood haya decidido enterrar para siempre el tema, como prueba la superproducción «La Momia«, protagonizada por Tom Cruise.

En este caso, la venganza corre por cuenta de una antigua hechicera momificada, interpretada por Sofia Boutella.

E incluso si esta película decepciona, no parece que la momia vaya a dejar de vagar por las pantallas de los cines.

¿Qué es la maldición de la momia?

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La momia del emperador Tutankamón exhibe daños causados presuntamente por un incendio.

Las momias de las películas son conocidas por dos cosas: fabulosas riquezas y una desagradable maldición que lleva a los cazadores de tesoros a un mal final.

Sin embargo, Hollywood no inventó esta idea de maldición.

La «maldición de la momia» gozó por primera vez de fama mundial tras el descubrimiento en 1922 de la tumba del rey Tutankamón en el Valle de los Reyes, cerca de Luxor (Egipto).

Cuando Howard Carter abrió un pequeño agujero para asomarse al interior de la tumba y ver los tesoros ocultos durante 3000 años, también desató una pasión mundial por el antiguo Egipto.

Los esplendorosos tesoros de Tut acapararon grandes titulares -especialmente tras la apertura de la cámara funeraria el 16 de febrero de 1923- y también lo hicieron los relatos sensacionalistas sobre la posterior muerte del patrocinador de la expedición, Lord Carnarvon.

En realidad, Carnarvon murió de septicemia, y solo seis de las 26 personas presentes cuando se abrió la tumba murieron en el transcurso de una década. Carter, seguramente el principal objetivo de cualquier maldición, vivió hasta 1939, casi 20 años después de la apertura de la tumba.

No obstante, aunque la maldición del faraón carezca de fuerza, no ha perdido su capacidad de fascinar al público, lo cual puede ser la razón por la que se originó en primera instancia.

El nacimiento de la maldición

El difunto egiptólogo Dominic Montserrat realizó una exhaustiva búsqueda y concluyó que la convicción surgió con un extraño «striptease» en el Londres del siglo XIX.

«Mi trabajo demuestra con bastante claridad que el concepto de la maldición de la momia es 100 años más vieja que el descubrimiento de Tutankamón por Carnarvon y a su muerte», dijo Montserrat al diario Independent (Reino Unido) en una entrevista unos años antes de su propia muerte.

Montserrat creía que un animado espectáculo teatral en el que se desenvolvían momias egipcias reales inspiró primero a un escritor, y posteriormente a varios otros, a escribir historias de venganza de momias.

El hilo conductor lo recogió incluso la autora de Mujercitas, Louisa May Alcott, en un relato breve prácticamente desconocido titulado Perdido en una pirámide: o la maldición de una momia (1869).

«Mi investigación no solo ha confirmado que no hay, por supuesto, ningún origen egipcio antiguo de la idea de la maldición de la momia, sino que, lo que es más importante, también revela que tampoco se originó en la publicidad de la prensa de 1923 sobre el descubrimiento de la tumba de Tutankamón», subrayó Montserrat al Independent.

Pero Salima Ikram, egiptóloga de la Universidad Americana de El Cairo (Egipto) y becaria de la National Geographic Society, cree que el concepto de maldición sí existía en el antiguo Egipto como parte de un primitivo sistema de seguridad.

Señala que algunos muros de mastaba (tumbas primitivas no piramidales) de Guiza y Saqqara llevaban inscritas «maldiciones» destinadas a aterrorizar a quienes profanaran o robaran el lugar de descanso real.

«Suelen amenazar a los profanadores con el castigo divino del consejo de los dioses», explica Ikram, «o con una muerte ocasionada por cocodrilos, leones, escorpiones o serpientes».

Howard Carter, su asistente Arthur Callender y un egipcio no identificado abren las puertas de un santuario dorado dentro de la tumba de Tutankamón.

Esta imagen dramática y deliberadamente posada muestra al equipo de Carter abriendo las puertas de un santuario dorado. 

¿Amenaza de toxinas en las tumbas?

En los últimos años, algunos han sugerido que la maldición del faraón era de naturaleza biológica.

¿Podrían las tumbas selladas albergar patógenos que pueden resultar peligrosos o incluso mortales para quienes las abran después de miles de años, especialmente para personas como Lord Carnarvon con sistemas inmunitarios debilitados?

Los mausoleos no solo acogen los cadáveres de seres humanos y animales, sino también los alimentos que los aprovisionan para la otra vida.

Los estudios de laboratorio han demostrado que algunas momias antiguas eran portadoras de moho, como el Aspergillus niger y el Aspergillus flavus, que pueden causar congestión o hemorragia en los pulmones. En las paredes de las tumbas también pueden crecer bacterias que agreden los pulmones, como Pseudomonas y Staphylococcus.

Estas sustancias pueden hacer que las tumbas parezcan peligrosas, pero los científicos parecen estar de acuerdo en que no lo son.

F. DeWolfe Miller, profesor de epidemiología de la Universidad de Hawai en Manoa (Estados Unidos), coincide con la opinión original de Howard Carter: dadas las condiciones locales, probablemente Lord Carnarvon estaba más seguro dentro de la tumba de Tut que fuera.

«El Alto Egipto en la década de 1920 no era precisamente higiénico», comenta Miller. «La idea de que una tumba subterránea, después de 3000 años, contenga algún tipo de microorganismo extraño que vaya a matar a alguien seis semanas después de forma exactamente igual [a la septicemia] es muy difícil de creer».

De hecho, Miller no conoce a ningún arqueólogo -ni a ningún turista, por cierto- que haya experimentado afección alguna causada por las toxinas de las tumbas.

Pero al igual que las momias de las películas que invocan la imprecación, la leyenda de la maldición de las momias parece destinada a no morir nunca.

El cirujano británico Douglas Derry realiza la primera incisión en el cuerpo momificado de Tutankamón

El cirujano británico Douglas Derry realiza la primera incisión en el cuerpo momificado de Tutankamón durante un «examen científico» que comenzó el 11 de noviembre de 1925.

Por primera vez, han cartografiado más de 800 tumbas egipcias en una necrópolis antigua. Las tumbas, ubicadas cerca de la aldea de Lhist, en el norte de Egipto, permanecieron ocultas bajo la arena. Datan de hace más de 4.000 años, del Imperio Medio. La mayoría habían sido saqueadas cuando los investigadores las exploraron. Pero los artefactos restantes y las propias tumbas aportan información sobre las vidas de los egipcios del Imperio Medio.

La maldición de los faraones: por qué cada vez que sucede algo en Egipto los culpan

Entre marzo y abril de este año en Egipto sucedieron muchas cosas: por un lado, se produjo un desfile histórico de 22 momias de faraones (entre ellas, la del famosísimo y pelirrojo Ramsés II) que fueron llevadas hasta la que es desde entonces su nueva morada: el Museo Nacional de la Civilización Egipcia (NMEC).

Por otro lado, el país experimentó el bloqueo del canal de Suez, se derrumbó un edificio en El Cairo provocando la muerte de al menos 25 personas y también se produjo un accidente de tren en Suhag.

A primera vista, no tendría por qué haber ninguna relación entre los terribles accidentes acaecidos en el país y los desfiles de las momias, pero muchas personas quisieron ver una extraña y funesta simbiosis.

De hecho, incluso en redes sociales se especuló sobre la llamada ‘Maldición de los faraones’ o ‘maldición del faraón’, alegando que no dejar descansar a estos reyes antiguos es lo que habría desatado su furia y provocado la desgracia. Se trata de una creencia antigua y común, pero, ¿de dónde proviene?

«La muerte golpeará con su miedo a aquel que ose turbar el reposo del faraón». Cuando en la década de los años 20 del pasado siglo el egiptólogo Howard Carter, junto con Lord Carnavon y su hija, abrieron la tumba del joven faraón Tutankamón, de la dinastía XVIII, probablemente ya sospechaban que el descubrimiento que estaban llevando a cabo era de gran magnitud.

Capataces egipcios y un niño desmantelan un tabique para abrir la cámara funeraria de Tutankamón

Esta foto muestra a dos capataces y un niño desmantelando cuidadosamente un tabique para abrir la cámara funeraria.

«Veo cosas maravillosas», se cuenta que dijo Carter al hacer el agujero y observar el oro y las riquezas, así como la estancia perfectamente conservada.

Irónicamente, lo más importante de la vida del faraón Tutankamón fue su muerte. El joven, que murió con 19 años y según el análisis tuvo en vida una salud muy frágil, a consecuencia probablemente de la endogamia, había sufrido malaria y tenía que caminar con un bastón porque tenía un pie cavo.

Según los estudios, era hijo de Akenatón, el faraón hereje que llevó a cabo una reforma religiosa convirtiendo Egipto en un país monoteísta que rendía culto único a Atón, dios del sol.

No solo eso, sino que también decidió trasladar la capital de Tebas, provocando una crisis económica fruto de todos los cambios. Los que vinieron después de él le condenaron al peor castigo que podía sufrir un faraón: la ‘damnatio memoriae’ o condena de la memoria.

El esfuerzo por conseguir que se olvidará todo rastro sobre él o sus familiares fue, paradójicamente, lo que llevó a que la tumba de Tutankamón se encontrase en perfecto estado.

Y aquí comienza la maldición. Tras la apertura de la tumba comenzaron a morir personas que habían participado en el descubrimiento. En marzo de 1923 (cuatro meses después de abrir la tumba), un mosquito picó a Lord Carnavon (que ya de por sí tenía una salud frágil) y después se cortó la picadura mientras se afeitaba, lo que le causó una septicemia.

Trabajadores egipcios en el sitio de la tumba de Tutankamón.

Carter contrató a más de 50 trabajadores locales y que había decenas de trabajadores más en el enclave, incluidos niños. 

Murió, por neumonía, el 5 de abril. La leyenda cuenta que cuando falleció se produjo un apagón en el Cairo que dejó a oscuras la ciudad momentáneamente.

Después de esta se sucedieron otras muertes: Aubrey Herbert, medio hermano de Lord Carnavon que también estuvo presente en la apertura de la cámara real, murió inexplicablemente al volver a Londres (también había tenido desde su juventud una salud frágil, y en los últimos años de su vida estaba prácticamente ciego).

Arthur Mace, el hombre que dio el último golpe al muro para entrar en la cámara real, murió en El Cairo al poco tiempo y sin explicación médica. Sir Douglas Reid, que radiografió la momia de Tutankamón, enfermó y volvió a Suiza donde murió dos meses después.

La imaginación de los periodistas de la época hizo el resto, al igual que la película rodada en los años 80 llamada ‘La maldición de Tutankamón’.

Lo cierto es que toda la historia de la supuesta maldición volvió a resurgir con fuerza en las décadas de los 60 y 70, cuando varias piezas del Museo Egipcio de El Cairo se trasladaron a otras exposiciones temporales en museos europeos. Al parecer, los directores de algunos de los museos murieron poco tiempo después, o eso es lo que los periódicos ingleses extendieron, hablando también de algunos accidentes que sufrieron los tripulantes del avión que llevó las piezas a Londres.

En realidad algunas figuras como Conan Doyle fueron las que se encargaron de forjar la leyenda. Recordemos, al fin y al cabo, que tanto el escritor como su mujer eran fervientes espiritistas desde que su hijo había muerto en la Primera Guerra Mundial, y tenían cierta tendencia a creer en asuntos paranormales.

Como señalábamos antes, los medios sensacionalistas o la novelista británica Marie Corelli tampoco ayudaron mucho. Con el paso del tiempo, una de las teorías que más fuerza tienen es que las muertes pudieran estar relacionadas con una infección causada por hongos, que habían sobrevivido durante años en la tumba del joven faraón, lo que según la hipótesis habría aumentado su virulencia.

De cualquier manera, hay que tener en cuenta que aunque se registraron unas 25 muertes a lo largo del tiempo, un estudio mostró que de las 58 personas que estuvieron presentes cuando se abrió la tumba, solo ocho murieron en los siguientes 12 años. De hecho, Howard Carter, probablemente la figura más importante de la excavación, fue la excepción a la regla y murió en 1939 con 64 años.

Él mismo se encargaba siempre de negar la supuesta maldición cuando se hablaba de ella: «Todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de esas estúpidas ideas», indicando que esas creencias no eran más que viejos cuentos de fantasmas reconvertidos, y que los faraones jamás maldecían a aquellos que los visitaban o se ocupaban de ellos, sino que los bendecían.

Sea como fuere, la creencia en la maldición de los faraones sigue presente incluso en tiempos tan incrédulos como los actuales, pues los faraones egipcios siguen causando fascinación y cierto temor en los seres humanos, quizá por todos los misterios con los que se amortajaron.

La copa con la que Tutankamón fue enterrado tiene una inscripción que coincide con el epitafio de Howard Carter: «Pueda tu espíritu vivir /durante millones de años/ tú que amas Tebas/ sentado con la cara al viento del norte/ los ojos llenos de felicidad«. Buscaba (y encontró) lo que todos ansiamos, al fin y al cabo: la eternidad.

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