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La Macarena, Sevilla…


La talla de la Esperanza Macarena se remonta a fines del siglo XVII, aunque se trata de una obra anónima. Esto ha dado pie a que haya más de una leyenda en torno a su origen… 

Muchos son los que han querido dar con el autor de la Macarena y aunque en la historia no aparezca ninguno de forma oficial, hay una leyenda que comienza con la llegada de un viajero italiano a Sevilla que se dirigía hacia las Indias. Sin embargo, enfermó antes de montarse en el barco y falleció en el Hospital de las 5 Llagas sin haber hecho el testamento.

Al año siguiente, cuando el hospital se queda sus pertenencias, abrió la maleta y se encontró con la mascarilla y las manos de una Virgen. Según la leyenda, al no haber espacio en la capilla del sanatorio, la Virgen se guardó sin recibir ningún tipo de culto.

Por otra parte, la hermandad recién fundada en San Basilio en el siglo XVI quería una imagen que llevase la advocación de Esperanza. Así que por casualidades de la vida, un miembro de la hermandad se enteró de la existencia de la Virgen y le propuso al Hospital hacer un trueque: un reloj que habían donado al convento por la Virgen. Aunque con una condición: si la Virgen volvía al Hospital de las Cinco Llagas nunca saldría de allí.

hospital de las 5 llagas

La hermandad respetó el pacto hasta el año 1937, cuando un Viernes Santo la hermandad entró en el hospital, donde recogió a militantes herido, que la acompañaron de vuelta a su templo. Fue así como se incumplió este histórico acuerdo, aunque la Virgen siguió perteneciendo a la hermandad.

A día de hoy, hay toda clase de especulaciones sobre quién hizo la Virgen, aunque los macarenos lo tengan claro: la hicieron los ángeles.

¿Quién hizo a la Macarena? Es el secreto más escondido. Muchos han querido desencriptar el código secreto de la Esperanza, aventurándose a poner nombres sobre la mesa.

Si la leyenda fuera cierta, la pregunta entonces sería: ¿a quién le adquirió la Virgen aquel viajero italiano? Hay quien afirma, también, que la Macarena era primitivamente una Virgen de gloria adaptada, y de ahí le viene la asimetría de su rostro, la sonrisa y la pena.

Macarena Sevilla

Según el profesor Arquillo, que es su médico de cabecera, «la Virgen es de la primera mitad del XVII», por lo que no puede ser ni de Roldán, ni de La Roldana, ni de Hita del Castillo ni de Ruiz Gijón». ¿Acaso Juan de Mesa? ¿Montañés? «Lo que sí me aventuro a decir es que la Virgen no es una transformación. Es original».

El profesor Juan Manuel Miñarro sí apunta a un nombre: Juan de Mesa. Miñarro cree en la adaptación de una Virgen de gloria y que la hermandad contactó entonces con el imaginero más importante de la época, que tenía su taller cerca de San Basilio. A través de la técnica de la fotometría, Miñarro encuentra grafismos parecidos con la Virgen de las Angustias de Córdoba, pero también con el Gran Poder.

Otro escultor, Luis Álvarez Duarte, tiene una visión particular: «Yo he podido verla y por el moldeado y corte de gubia, por su policromía primitiva, la forma de tallar la boca… del círculo de Ruiz Gijón es seguro». «Es igual que los ángeles del paso del Gran Poder», afirma. Lo que está claro es que nadie se pone de acuerdo respecto de su autoría, sólo los macarenos (como mencionabamos precedentemente): «La hicieron los ángeles».

La leyenda de la Virgen Macarena y el reloj del Hospital de la Sangre.

La Basílica Menor de Santa María de la Esperanza Macarena, popularmente conocida como Basílica de la Macarena, es un edificio relativamente moderno. La Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora del Santo Rosario, Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima de la Esperanza Macarena que tiene su sede en ella es, en cambio, bastante más antigua.

Su origen se sitúa en el año 1.595, fundada por el gremio de hortelanos de la ciudad (recordemos que el Arco de la Macarena era conocido como Puerta del Campo) en el desaparecido convento de san Basilio, que se encontraba situado en la calle Relator. Se trasladó 1.653 a la parroquia de san Gil, fusionándose con la Cofradía de Nuestra Señora del Santo Rosario. Allí residió durante casi tres siglos.

El año 1.936, como otras muchas iglesias de la zona, sufrió las iras de las turbas, aunque las imágenes se salvaron al ser escondidas previamente en domicilios particulares. Solo se llevaban a la iglesia para el Besamanos, el Septenario y la Estación de Penitencia. Para ello, se trasladaban en una furgoneta desde la calle Orfila, donde estaban guardadas, hasta el templo; en recuerdo de estos viajes, el orfebre Seco Velasco labró una miniatura en oro de la mencionada furgoneta que fue donada por la familia Ruiz Ternero al Tesoro de la Hermandad.

La Hermandad reside en san Gil hasta la construcción en 1.949 de su iglesia, que obtiene la dignidad de Basílica Menor mediante bula de Pablo VI en 1.966. Efectúa su primera salida procesional en 1.615 y en la actualidad realiza su Estación de Penitencia durante la madrugada del Viernes Santo. Se trata de la Hermandad sevillana con mayor número de hermanos, 12.000, y de nazarenos, 2.800.

La construcción de la basílica se inició en 1.941, con la bendición del cardenal Segura de los terrenos donde se edificaría finalmente, en la casa número 1 de la calle Bécquer, donada para tal fin por doña Teresa Díaz García (el proyecto original contemplaba una parcela de terreno baldío delante del Hospital de las Cinco Llagas, donde hoy se sitúan los jardines del Parlamento).

Posteriormente, la segunda fase del proyecto añadiría varias fincas colindantes a la casa inicial. Finalizaron las obras en 1.949, siendo bendecida por el mismo arzobispo, actuando como padrinos el teniente general Queipo de Llano y Serafina Salcedo, señora de Bohórquez y, finalmente, consagrada por el cardenal José María Bueno Monreal en 1.966.

La edificación fue llevada a cabo gratuitamente por el arquitecto sevillano Aurelio Gómez Millán.

Responde al estilo barroco andaluz, según expreso deseo de la Junta de Gobierno de la Hermandad.

La construcción está precedida por un atrio de entrada, cerrado por una reja de Fundiciones Marvizón, inspirado en los conventos de san Clemente y santa Clara.

La fachada presenta  un pórtico que combina arco y dintel sustentados por columnas de mármol procedentes de la Catalana de Gas (después cine Imperial y actualmente Librería Beta, en la calle Sierpes).

Sobre ellos se sitúa un entablamento en el que vemos una hornacina que alberga la representación de la virtud teologal de la Esperanza, con un ancla como habitual atributo. En un segundo plano de la fachada se levanta la espadaña, de dos cuerpos, con frontón partido, pináculos y adornos de forja.

Dos azulejos aparecen en el atrio: Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y Nuestra Señora del Rosario, ambos de Antonio Morilla y de la misma fecha, 1.959.

Retablo cerámico de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia. Antonio Morilla, 1.959.

A la izquierda de la portada, (mirando de frente), sobre la puerta de entrada al Museo, vemos un retablo cerámico de santa Ángela de la Cruz, cuya Casa Madre guarda una estrecha relación con la Hermandad de la Macarena, realizado en 1.992 por Emilio Sánchez Palacios en las instalaciones de Cerámica Macarena.

Pasando al templo, comprobamos que se trata de un espacio rectangular, de una sola nave, con cuatro capillas, dos a cada lado y  Retablo Mayor, en el que se sitúa la imagen de la Esperanza Macarena.

Todos los espacios posibles están cuajados de pinturas al fresco de Rafael Rodríguez Hernández, entre las que destacan La Adoración de los pastores y La Visitación de santa Isabel a la Virgen, a ambos lados del arco de la Capilla Mayor, y La Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad en la cúpula del presbiterio.

Retablo de santa Ángela de la Cruz.

De la misma forma, todos los retablos, realizados en madera dorada, se deben al taller de Juan Pérez Calvo. Las labores de orfebrería son de Fernando Marmolejo.

Entramos en la basílica y, a nuestra derecha, se nos muestra la Capilla de la Hispanidad, erigida como agradecimiento al pueblo sudamericano que ayudó, con sus donativos, a la construcción de la basílica.

El retablo está presidido por la Virgen de Guadalupe, patrona de Méjico, obra del artista Joseph Mota en 1.703 y donada a la Hermandad por el abad de la Basílica Guadalupana de Méjico.

La acompañan pinturas del autor sevillano Luis Encina, que representan a Nuestra Señora de Caacupé (Paraguay), Nuestra Señora de Chiquinquirá (Colombia), Nuestra Señora de Luján (Argentina), Nuestra Señora de Quinché (Ecuador), Santa Rosa de Lima (Perú), Nuestra Señora de la Divina Providencia (Puerto Rico), Nuestra Señora del Carmen (Chile), Nuestra Señora de la Caridad del Cobre (Cuba), Virgen de Copacabana (Bolivia), Nuestra Señora de Coromoto (Venezuela) y un retablo cerámico de Nuestra Señora de la Altagracia (República Dominicana) realizado por Enrique Orce.

Sobre la pintura de la Guadalupana se sitúa una gran corona de plata dorada procedente del taller de Fernando Marmolejo.

En el muro izquierdo de esta capilla encontraremos una puerta que nos conduce a la pequeña Capilla Sacramental.

A continuación encontramos la Capilla del Santo Rosario. El retablo es de estilo neobarroco, de un solo cuerpo con tres calles, presidiendo la central Nuestra Señora del Rosario, escoltada por dos ángeles.

Todas las imágenes son del gaditano Luis Ortega Bru, modernas, del siglo XX, excepto la talla de la titular, atribuida a Pedro Duque Cornejo en el siglo XVIII. Las manos actuales, sin embargo, también son modernas, de Antonio Eslava.

El Niño Jesús que sostiene la Virgen es más antiguo, pudiéndose fechar a principios del siglo XVI. Originalmente, se trataba de una Virgen de talla completa, que fue transformada posteriormente en imagen de candelero.

La Hermandad le consagra por entero el mes de octubre, en el que se celebra Triduo y Función en su Honor, además de la procesión que anualmente discurre por las calles de la collación.

Ya estamos ante el Retablo Mayor, donde luce la Esperanza Macarena en su camarín. Como comentamos antes, es de estilo neobarroco, fabricado por Juan Pérez Calvo y tallado por Rafael Fernández del Toro.

Las imágenes (a excepción de la titular) son de Luis Ortega Bru y el dorado fue realizado por Antonio Sánchez en 1.950.

En el segundo cuerpo vemos un relieve de La Asunción de María a los Cielos, en tanto que el ático muestra representaciones de las virtudes cristianas, Fe, Esperanza y Caridad, rematado todo ello con la figura del Espíritu Santo. La portada del camarín de la Virgen, colocado en 1.973, está realizado en plata de ley por Fernando Marmolejo.

La imagen de la Esperanza Macarena es de autor desconocido, aunque es claramente de la escuela de Pedro Roldán. Hay muchos candidatos a su autoría: el propio Pedro Roldán, su hija Luisa La Roldana, Juan de Mesa o  Martínez Montañés.

Con una estatura de 1,75 metros, realizada en pino y ciprés, se trata de una imagen de vestir, restaurada de brazos y hecho busto en 1.881. Ha recibido numerosas restauraciones, corriendo la última y más completa a cargo del afamado catedrático de Bellas Artes Francisco Arquillo.

Se puede acceder al camarín de la Virgen por un pasillo que recorre la trasera del Retablo Mayor.

Joselito El Gallo, ferviente devoto de la Macarena, le donó las cinco populares “mariquillas”, joyas con seis esmeraldas, seis diamantes y un diamante central de mayor tamaño cada una, que representan los Cinco Dolores de Nuestra Señora: la profecía de Simeón, la pérdida de Jesús en el Templo, el Prendimiento, la Crucifixión y la Piedad.

También prometió regalarle los varales del palio en oro de ley, pero su muerte en la plaza frustró la intención. También luce en su tocado la Medalla de Oro de la Ciudad de Sevilla, concedida por el Ayuntamiento en 1.971.

En la cintura lleva la cruz pectoral del cardenal Bueno Monreal y una pluma de ave de oro que se le regaló por cuestación popular al canónigo Muñoz y Pabón por su defensa de la misa dedicada a Joselito, y que él cedió posteriormente a la Virgen.

Advocación popularísima, se cuentan por decenas las hermandades que la veneran como titular dentro y fuera de nuestras fronteras, con multitud de reproducciones de su imagen presidiendo altares en templos de los más recónditos lugares, especialmente en Hispanoamérica.

En el lado del Evangelio más cercano al presbiterio se sitúa la Capilla de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia.

El titular es una imagen de vestir, tallada en madera, obra del maestro escultor y pintor Felipe Morales Nieto, quien se obligó en 1.654 a hacer ocho figuras de pasta de madera para la Cofradía, a saber: “una cabeza de Nuestro Señor Jesucristo con su cuello y hombros hasta medio pecho y sus manos con sus muñecas hasta el codo y sus pies y piernas hasta las rodillas y siete cabezas con sus pescuezos y manos de figuras de fariseos“, según se recoge en el contrato hallado en 1.930 por Enrique Repetto en el Archivo de Protocolos. Dicho encargo respondió a la inclusión de un nuevo titular a la Hermandad, que promoviera la “Contemplación de la Injusta Sentencia de Muerte que dieron a Cristo Nuestro Redentor”.

El retablo, donación de los funcionarios de Justicia, se inspira en el estilo barroco y consta de tres calles, estando la central presidida por el camarín del titular.

Finalmente llegamos a la Capilla del Cristo de la Salvación y santa Ángela de la Cruz, también inspirada claramente en el período barroco, con un Crucificado de tamaño académico obra de Luis Ortega Bru (1.952), ante el que se sitúa una pequeña imagen de santa Ángela de la Cruz, de Ricardo Rivera, cuya estrecha relación con la Hermandad ya hemos comentado.

En las calles laterales aparecen medallones con san Gonzalo (por Queipo de Llano) y santa Genoveva (por su esposa) y, en el ático, un relieve de la Virgen del Pilar, flanqueada por dos angelitos llorosos. Toda la capilla tiene marcado aire de tristeza, pues sirve de panteón al teniente general Queipo de Llano y su señora, grandes benefactores de la Hermandad. Sin embargo, este asunto es motivo de discusión dentro y fuera de la Hermandad.

Hay quienes consideran que el responsable del ajusticiamiento en Sevilla de más de tres mil personas en los seis meses inmediatamente posteriores al 18 de julio de 1.936 no merece reposar en tan sagrado lugar, en tanto que otros opinan que tal sitio se lo ganó por su apoyo a la construcción de la basílica y al crecimiento de la Hermandad, independientemente de lo sucedido durante la Guerra Civil.

En octubre de 2.009 tuvo lugar la inauguración del nuevo museo de la basílica con nuevos espacios y diseño de vanguardia. Las nuevas instalaciones disponen de 800 m2 distribuidos en tres plantas en las que se asume el reto de ofrecer una visión completa de la Semana Santa de Sevilla empleando los enseres procesionales y litúrgicos que ha ido atesorando la Hermandad en sus más de cuatro siglos de existencia. El importe de la entrada es de 5,00 euros (6,00 con audioguía).

– La leyenda de la Macarena y el reloj del Hospital de la Sangre.

La referencia escrita más antigua de esta leyenda se debe a Félix González de León, cronista de la ciudad durante la primera mitad del siglo XIX, más tarde recogida, todavía en el mismo siglo, por José Bermejo en sus «Glorias Religiosas».

Refiere, con ciertas dudas, que Nuestra Señora de la Esperanza había pertenecido al Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre, sin precisar la fecha, ni existir documentación alguna al respecto. En efecto, solo hay constancia de haber residido inicialmente en el convento de san Basilio, desde mediados del siglo XVII, en la parroquia de san Gil y, por último, en su basílica de la Macarena.

El Hospital de las Cinco Llagas, denominado también con el tiempo, de la Sangre, pasa por ser otra de las instituciones más características del popular barrio desde el traslado definitivo a este lugar, ya que inicialmente tuvo su emplazamiento en la calle Santiago, como ya hemos comentado en la entrada

Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre, actual sede del Parlamento de Andalucía, situado frente a la basílica.

Según la leyenda, un viajero que iba a embarcarse hacia las Indias cayó enfermo antes de subirse al barco y lo llevaron al Hospital de las Cinco Llagas, hoy sede del Parlamento Andaluz. No se pudo hacer nada por su vida y murió sin haber hecho testamento. Al cabo de un año, nadie reclamó el cadáver y el hospital decidió quedarse con lo que llevaba.

Abrieron su maleta y allí encontraron la mascarilla y las manos de una Virgen bellísima. A pesar de la belleza de la imagen, las monjas que se hicieron cargo de ella no encontraron un altar donde colocarla debido a la falta de espacio en la capilla, así que la guardaron en un lugar seguro.

Unos años antes, a finales del siglo XVI, se había fundado una Hermandad en el antiguo convento de san Basilio. Esta hermandad solo tenía un Crucificado que procesionaba en Semana Santa. Con el paso de los años decidieron adquirir una Virgen, a la que darían la advocación de Esperanza.

Por otra parte, la leyenda nos dice que a mediados del XVII se necesitaba en el hospital un reloj con campanas para los servicios religiosos. Providencialmente, la Hermandad de la calle Relator tenía un reloj que les había donado un devoto, pero no lo utilizaban porque ya tenían el del convento de san Basilio. Entonces propusieron cambiar la Virgen por el reloj.

Pero no fue tarea fácil, ya que el administrador del hospital no quería perder del todo la imagen, por lo que exigió que no constase como permuta definitiva, sino como cesión temporal sine die. La Hermandad podía anular el acuerdo cuando quisiera, pero no así el hospital, que solo podría romper el contrato si la imagen entrara en los terrenos del hospital.

Por este motivo, la Hermandad de la Macarena no se atrevía a pasar con su Virgen el pórtico del hospital. No obstante, en 1.846, se derrumbó el techo de san Gil mientras la Hermandad realizaba su estación de Penitencia. Ante la imposibilidad de regresar al templo, dispusieron los oficiales de esta Corporación que la cofradía entrara en el recinto sanitario. Hizo la entrada el cuerpo de nazarenos y el paso de Misterio, atravesando de igual forma el cancel el grupo de penitentes de la Esperanza. En ese momento, uno de los presentes, un anciano, a voz en grito, clamaba que no entraran la Virgen en el hospital, pues la perderían. Contó al Hermano Mayor que de joven había sido aprendiz de relojero y había ayudado a la instalación del reloj en el hospital, por lo que conocía los términos del contrato. Finalmente, se llevaron los pasos a la iglesia de san Hermenegildo, en la Puerta de Córdoba, … por si acaso.

A pesar de todo, el bulo se rompió. En varias ocasiones, el paso de la Esperanza Macarena entró en el Hospital a su vuelta de la estación de Penitencia, como ocurrió la mañana de Viernes Santo de 1.937, durante la guerra civil española, en que tuvo acceso al interior, según la prensa local, para bendecir a los heridos del frente de batalla.

La puerta de la Macarena

La puerta de la Macarena corresponde al periodo almorávide de Sevilla, por lo que debió ser levantada en la última ampliación de la muralla en el siglo XII, aunque el historiador Santiago Montoto de Sedas sostiene que ésta es, según la tradición, la única puerta que se conserva de las que mandó construir Julio César en Hispalis.

En Sevilla,  la puerta de la Macarena junto con la puerta de Córdoba son la dos que por suerte aún se pueden conjugar en presente, se encuentra ubicada en la confluencia entre la calle San Luis (antigua calzada romana de Hispalis según restos arqueológicos hallados en concreto el cardo máximo, eje norte sur de la ciudad pasaba justo por debajo de las casas que están frente a la Plaza del Pumarejo) y La Resolana.

El estilo actual, tras muchas transformaciones se debe  al arquitecto José Chamorro.

Esta inscripción se sitúa en la puerta norte de la muralla de la Macarena. En el tímpano de la puerta también se puede observar la imagen de la Virgen Macarena en azulejos pintados a mano con una leyenda que dice:

»Esperanza nuestra, Ella es Tabernáculo de Dios y Puerta del Cielo’‘,

Flanqueado por los escudos de EspañaSevilla y la Hermandad de la Macarena que fue fundada en 1595 por el gremio de hortelanos de la ciudad en el desaparecido convento de San Basilio, ubicado en el barrio de Feria y perteneciente a la parroquia de Omnium Sanctorum.

En 1653 fue trasladada a la parroquia de San Gil. Finalmente, y tras la construcción a la basílica en 1949, su sede fue instaurada en ella. Realizó su primera salida procesional en 1615 y en la actualidad realiza su estación de penitencia durante la madrugada del Viernes Santo.

La puerta de la Macarena fue desde siempre uno de los arcos de entrada más importantes de todas las versiones de la ciudad de Sevilla. Este acceso era utilizado por los reyes de Castilla al entrar en Sevilla por primera vezante sus muros se levantaba un altar en el que realizaban su pleito homenaje, y tras lo cual les eran entregadas las llaves de la ciudad,  y así lo hicieron Alfonso XI de Castilla (1327), Isabel I de Castilla (1477), Fernando II de Aragón (1508), Carlos I de España y su prometida Isabel de Portugal (1526), y por último Felipe IV (1624).

Después de pasar por esta Puerta se procedía a la jura de los privilegios y se iniciaba el cortejo que con gran ceremonia recorría la prolongación del antiguo Cardo Maximus romano hasta el centro de Sevilla para después partir hasta el Alcázar Sevillano.

Existen diversas teorías acerca del origen etimológico del vocablo Macarena, y los historiadores nos ofrecen diversas teorías según sus investigaciones. Las propuestas más lejanas atribuyen a la palabra un origen griego, siendo vinculado al nombre de Macaria, hija de Hércules fundador de Sevilla.

También existe la hipótesis de su origen romano, concretamente de un patricio llamado Macarius, que habría tenido grandes propiedades en la zona. Esta aldea se asentó sobre las tierras de un patricio romano llamado Macarius y de ahí su nombre seguramente.

Es decir, el nombre de la puerta proviene de lo que había afuera y por la cual siguiendo su camino de salida podíamos llegar.

Otras de las teorías,  es que en época de al-Andalus, a varios kilómetros de la Bab-Al-Makrin nombre del Arco de la Macarena en Isbiliya, existía una aldea llamada Makrin y de ahí vendría el nombre de la puerta Macarena al referirse a unos de los destinos donde llevaría el camino que partía desde esta puerta. Según se cree esta aldea desapareció durante el asedio a la ciudad de Isbiliya el rey San Fernando en la reconquista de Sevilla.

La teoría que se considera más plausible quizás por su cercanía en el tiempo es la de su origen almohade, a través de una infanta mora que vivía junto a la muralla, o de un moro del mismo nombre, tal y como relata en 1587 el escritor Alonso Morgado en su Historia de Sevilla:

«Que la Puerta de la Macarena tomó su nombre de un Moro principal llamado Macarena, por quanto salía él por esta Puerta a una su heredad media legua de Sevilla, donde hasta oy permanece una Torrezilla llamada Macarena del nombre deste Moro, que la edificó en aquella su pertenencia. Y por la misma razón se llama oy también Collado de la Cabeça de Macarena, en el camino de la Rinconada, pueblo de aquel tiempo una legua de Sevilla«

El aspecto de la puerta de la Macarena,  antigua puerta almorávide, puede deducirse de algunas referencias iconográficas y documentales que se conservan. Según la descripción hecha en 1535 por Luis de Peraza, debió ser una entrada con una fortificación muy importante, que contaba con un primer arco de acceso a la barbacana y, tras el camino de ronda de ésta, dos arcos más, uno a cada lado, con dos altas torres entre ellos y una robusta puerta intermedia que daba entrada a Sevilla.

Su estado de conservación debió ser muy deficiente. El primer informe sobre su construcción lo da el maestro mayor de obras de la ciudad Hernán Ruiz II en 1560 cuando dice que debe ser derribada para ser levantada de nuevo como otras tantas puertas de la muralla. Al año siguiente el Ayuntamiento hizo algunas mejoras en este tramo de torres y almenas de la Macarena, colocando además una placa con las armas del Rey Felipe II, como ya se había ordenado en el año anterior para las puertas principales.

Su importancia mercantil como punto de comercio del vino y el pan se vio incrementado en la Edad Moderna por la construcción del Hospital de las Cinco Llagas también llamado «Hospital de La Sangre» que se levantó frente a ella, un grandioso edificio renacentista que a los valores sanitarios y estéticos sumó el de la urbanización de un amplio llano que antes solo era un simple cruce de caminos.

En 1588 se acordó construir una garita para la guardia y unos meses más tarde Lorenzo de Oviedo llevó a cabo unas reformas para ensancharla, en las que probablemente el cuerpo bajo tomaría el aspecto que se conserva aún en la actualidad para esta Puerta, con un amplio arco con pilastras almohadilladas. En 1589 se hizo preciso reparar y luego sustituir las hojas de madera de la puerta, y en 1594 el maestro mayor de la ciudad informó sobre su estado de ruina y el peligro que entrañaba para sus usuarios.

La puerta de la Macarena actualmente aparece adosada por uno de sus lados a un amplio lienzo de muralla y barbacana que se extiende desde este punto hasta la siguiente entrada del recinto amurallado, y que también aún existe, la denominada Puerta de Córdoba.

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