El fuerte Navidad…

Fuerte Navidad en la actualidad (Haití).
Una Historia Curiosa/Historias del Nuevo Mundo — Como ya bien sabemos Cristóbal Colón emprendió el viaje con dos carabelas y una nao, que se llamarían Pinta, Niña y Santa María, para realizar el viaje que los llevaría hasta las tierras del continente asiático, para facilitar otra ruta de navegación que no fuera rodear el continente africano.
Tras llegar al territorio que hoy conocemos como las Bahamas, Colón alcanzó la isla de San Salvador el 12 de octubre del año 1492, el almirante iba realizando conversaciones con los nativos con el único objetivo de encontrar metales de gran valor comercial, como era el oro.
Fue el 5 de diciembre cuando Colón arribó a la isla que posteriormente nombraría como La Española, aunque los nativos la llamaban de muy diversas maneras, dependiendo de en qué zona de la isla te encontraras. Actualmente está isla se encuentra dividida entre los países de Haití y República Dominicana.
La Española además de ser la isla más grande del conjunto de islas del Caribe, tenía un probable yacimiento de oro en su interior por lo cual reunía las condiciones que el almirante Colón buscaba en un territorio para lograr el asentamiento de su expedición.
Posteriormente Colón envió un grupo de hombres al mando de Rodrigo Escobedo a la isla denominada Santo Tomás para hablar con el gran cacique isleño que les procuró presentes e información sobre un territorio llamado “Cibao”, que está relacionado con “Cipango” que es como se denominaba anteriormente a la isla de Japón, que tenía grandes minas de oro, pero lo que no sabían es que el cacique de tal isla era el caníbal Caonabo.

Desembarco de Colón
El 24 de diciembre del año 1492 Cristóbal Colón decidió conocer al cacique del que le habían hablado, por eso se dirigieron con la Santa María del cabo de Santo Tomás hasta Punta Santa, al oscurecer el día el almirante tomo la decisión de dejar al cargo de la nao al segundo de abordo y éste a su vez queriendo descansar dejo al cargo de la dirección del timón a un grumete con poca experiencia.
Durante la noche las distintas corrientes marinas condujeron a la Santa María a un banco de arena donde quedaría encallada, fue tal el temor de aquellos que dejaron a cargo del barco al grumete que antes de decirle al Almirante el motivo del encalle se bajaron del barco huyendo a la isla más cercana.
Durante varios intentos el Almirante y sus hombres hicieron todo lo posible por conseguir que el barco reflotara por encima del banco de arena, bajaron toda carga pesada del barco para conseguir que pesara menos, pero los intentos por reflotar la nao fueron inútiles. La imponente nao quedó encallada en lo que sería en la actualidad Bahía del Cabo Haitiano.

El 26 de diciembre el Almirante tomó la decisión de construir un fuerte en la zona más cercana al encalle de la nao, para la construcción de tal fuerte fue necesaria la madera que obtuvieron de la Santa María, así se pudo realizar la construcción de un fuerte denominado Navidad porque el encalle de la nao se dio en noche buena.
Durante los nueve días posteriores los españoles realizaron distintas obras de adaptación del fuerte, construyendo por ejemplo un foso defensivo y dentro situaron las distintas cabañas para que se pudiera vivir.
Colón tuvo que dejar a muchos que no pudieron subir en las carabelas restantes, que quedaron en el fuerte. El Almirante regresó con el resto de la expedición a España el 4 de enero de 1493.
Aquí quedaron 39 hombres, entre ellos un cirujano, un sastre, un tonelero, un carpintero, un calafate y un bombardero, con provisiones para un año y semillas para sembrar.
El fuerte quedó al mando del alguacil Diego de Arana. El 16 de enero de 1493, Colón emprendió el regreso a España.
Tras su estancia en las cortes de Portugal y Castilla en su regreso a Europa, Colón emprendió su segundo viaje a las indias, reunió a 1500 hombres y 17 embarcaciones, saliendo de España el 25 de septiembre de 1493.
En la noche del 27 de noviembre de 1493 las naves castellanas fondearon frente al lugar donde habían construido el fuerte durante el primer viaje de descubrimiento casi un año antes.

La oscuridad imposibilitaba ver si había bajos o elementos peligrosos en el agua por lo que optaron por esperar al día siguiente para acercarse más a la costa y desembarcar ya con la luz del día.
No vieron ningún movimiento ni luces en tierra, incluso dispararon sus lombardas y no obtuvieron respuesta alguna.
Antes de arribar a la zona, concretamente en el puerto de Monte Cristo, vieron dos cadáveres flotando en el agua, parecían un joven y un adulto pero no pudieron averiguar si eran cristianos o nativos por su avanzado estado de descomposición.
A las pocas horas encontraron otros dos cadáveres siendo uno de ellos barbudo, lo cual era indicio de que seguramente fueran españoles, los nativos americanos eran imberbes. Los peores augurios se batieron sobre la expedición.
Al día siguiente desembarcaron varios marineros y se encontraron el fuerte reducido a cenizas y todo desperdigado y destruido por alrededor, pero de los españoles del fuerte no vieron a ninguno, ni vivo ni muerto ¿dónde estaban?
Estos marineros fueron a informar a Cristóbal Colón de la situación y éste no bajó a comprobarlo hasta el día siguiente.
Hizo una ronda alrededor de la zona buscando indios que le pudiesen explicar lo acontecido pero todos huían hacia la selva.

(Caonabo)
Frustrado regresó a la nao Marigalante. Más tarde llegó a las naves una canoa de indios de Guacanagaríx que le explicaron que el cacique no podía ir a visitarle porque se encontraba herido y le invitaba a él a visitarle cerca de su poblado.
Colón acudió a la cita ansioso por saber qué había ocurrido y se encontró al cacique recostado en una camilla con una pierna vendada.
Explicó que en la lucha por defender el fuerte Navidad resultó herido.
El médico de la expedición D. Diego Álvarez de Chanca se ofreció a ayudarle y le examinó, pero no observó ninguna herida.
Podría parecer que estuviese fingiendo pero el daño podría ser interno, aunque algunos sospecharon.
El cacique les contó que Caonabo, uno de los caciques más poderosos de la isla y de origen caribe, celoso del poder de los invasores, observó que el grupo dejado en el fuerte se dividió en dos por disensiones entre ellos provocadas por el oro y las mujeres.
Uno de estos grupos decidió abandonar el fuerte e internarse en la isla en donde fue fácilmente cazado por los guerreros de Caonabo.
Inmediatamente éstos se dirigieron al fuerte a finiquitar la tarea y terminar con los restantes marineros que allí permanecían junto a Diego de Arana.
Objetivo alcanzado a pesar del apoyo prestado por Guacanagaríx a los cristianos, cuyo poblado también fue arrasado y quemado, como bien pudo comprobar Colón al visitarlo disipando las pocas dudas que pudiese tener sobre la lealtad del cacique taíno.
Volvieron al fuerte y el almirante quiso comprobar si los marineros asesinados habían cumplido la orden de ir guardando el oro que encontrasen en un pozo escarbado en el fuerte a tal efecto. Cavaron hasta llegar al fondo y no encontraron nada.
Estos hechos fueron un duro golpe para Colón ya que tenía fundadas esperanzas de que aquellos 39 marineros dejados en el fuerte hubiesen avanzado en la exploración de la zona y realizado importantes hallazgos. Sin embargo aquello se convirtió en un fracaso frente a los castellanos y los reyes. Su prestigio comenzó a palidecer.
Ante el evidente peligro de que Caonabo volviese a atacar la zona decidieron buscar un emplazamiento más seguro hacia el este y allí fundar la primera ciudad española en el Nuevo Mundo: La Isabela.
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Representación de La Isabela
Este emplazamiento tendría una población de 1500 hombres, aunque al poco tiempo sería despoblado.
Colón pensaba ir hasta Puerto Plata, donde en su primer viaje había visto algunas zonas interesantes para asentar la colonia, pero unas tormentas, tras pasar el puerto de Montecristi, le obligaron a refugiarse en un pequeño recodo que casualmente le pareció adecuado para lo que buscaban, con un puerto natural interesante, algo abierto al noroeste, una llanura repleta de vegetación abundante, fértiles tierras, temperatura suave y templada y una peña muy bien posicionada donde poder construir una fortaleza.
Esta porción de costa tenía dos ríos cercanos, uno caudaloso y otro más pequeño (el Bajabonico) cuyo agua podrían desviar fácilmente para abastecer a la ciudad.
Otra de las ventajas que vieron a este emplazamiento fue que a esa altura más o menos, a unos kilómetros al sur según indicaciones de los indígenas, se encontraban las famosas minas de oro del Cibao, por lo que sería más fácil encontrarlas y también su explotación.
Las tripulaciones, tras casi tres meses metidos en los barcos, desembarcaron con visible alivio y descargaron todos los pertrechos para comenzar con la construcción de la nueva ciudad, primer asentamiento oficial español en América y cabeza de puente para la colonización del continente.

Aunque Colón no pensaba quedarse ahí, su obsesión seguía siendo encontrar señales y pruebas de que se encontraba en Asia, si bien cada vez era más evidente que no era así.
Una vez en tierra, el Almirante repartió solares entre todos, tiró líneas y trazó calles.
Empezaron con la construcción de un templo, un hospital, un almacén de provisiones y una casa para el genovés, todas estas de piedra.
El resto de viviendas serían construidas con maderas y otros materiales ligeros. En total se llegaron a construir unas doscientas casas en apenas cuatro días. Toda una proeza.
La ilusión y las esperanzas dieron fuerzas a todos, pero pronto muchos de los habitantes comenzaron a enfermar, no sólo por la falta de adaptación al medio sino también por el debilitamiento físico derivado del tremendo viaje realizado desde España, sobre todo para gente no acostumbrada a surcar los mares. Además la alimentación era muy mala y no ayudaba a recuperarse.
Se ha investigado mucho esta epidemia que atacó a esta expedición y se he llegado a la conclusión de que una piara de 8 cerdos subidos a bordo de una de las naves en la isla de Gomera fue la posible causante de una epidemia de influenza porcina que enfermó a cientos de españoles y terminó extendiéndose por toda la isla afectando a los nativos.
El 6 de enero de 1494 fue oficialmente fundada la villa de la Isabela, nombre en honor de la reina Isabel, con una misa oficiada por fray Bernardo Buil y sus frailes. Fue nombrado alcalde el capitán de la nao Marigalante, Antonio de Torres, persona de confianza de Colón. Pocos meses después fue creado el primer cabildo de América presidido por Diego Colón, hermano del Almirante, y con Fray Bernardo Buil y otros como vocales.
Lo que no sabían era que la existencia de este primer centro urbano iba a tener una vida muy efímera. En menos de cinco años habría sido abandonada y convertida en una auténtica ciudad fantasma. Los hallazgos de minas de oro en el sur de la isla llevaron a los colonos hacia esa zona fundándose la ciudad de Santo Domingo de Guzmán.
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