Así es vivir a 5.000 metros en La Rinconada, la ciudad más alta del mundo…
Al sudeste de Perú, en plena cordillera de los Andes, se encuentra La Rinconada, la ciudad poblada más alta del mundo. Se sitúa a 5.100 metros sobre el nivel del mar en un lugar de difícil acceso junto a un glaciar llamado Bella Durmiente.
Aquí las temperaturas máximas en verano apenas alcanzan los 10 grados y las noches siempre son bajo cero, superando habitualmente los -15. Sin embargo, pese a estas duras condiciones, aquí residen cerca de 70.000 personas.
El motivo por el que tanta gente vive en un lugar tan remoto es que se encuentra junto a unas minas de oro. Estas han provocado que la población de La Rinconada se haya triplicado desde finales del siglo XX, pero, aunque todos los que llegan aquí lo hacen con el sueño de alcanzar un futuro mejor gracias al tesoro dorado, la realidad que se encuentran es bien diferente.
En La Rinconada no hay servicios sanitarios básicos, alcantarillado o sistema de tratamiento de residuos. El lugar se ha convertido en un enorme vertedero de basura en el que sus habitantes tratan de ganarse la vida como buenamente pueden. Para su población, el sueño dorado se ha transformado en pesadilla.
Durante el verano las temperaturas máximas apenas alcanzan los 10 grados y las mínimas se mantienen bajo cero todo el año, llegando fácilmente hasta los -15 en los meses de junio o julio.
La localidad se encuentra junto a un glaciar llamado Bella Durmiente que dificulta enormemente su acceso. Se llega desde el pueblo de Ananea, situado a unos 15 kilómetros, a través de un camino de tierra que serpentea por la montaña.
Pese a las duras condiciones de La Rinconada, aquí residen alrededor de 70.000 personas y la población se ha triplicado desde finales del siglo XX. El motivo es que la ciudad se encuentra junto a unas minas de oro.
Miles de personas comenzaron a asentarse en La Rinconada atraídas por el sueño dorado, pero para la mayoría de ellas se ha convertido en una pesadilla. Y es que, más que por sus minas de oro, la ciudad ha acabado siendo conocida por sus montañas de basura.
No hay red de agua potable, ni alcantarillado, ni calefacción ni tratamiento de residuos. El lugar se ha convertido en un enorme vertedero de basura en el que sus habitantes tratan de ganarse la vida como buenamente pueden.
La gente se las ingenia para recoger agua de la lluvia o de la nieve que se deshiela, pero esta se encuentra muy contaminada por el mercurio que se utiliza para extraer el oro de las minas y que recorre toda la ciudad.
La pobreza ha provocado también el aumento de la violencia en La Rinconada. No hay agentes de policía y los asesinatos, las desapariciones o las violaciones están a la orden del día.
Apenas hay servicios ni comercios. Los únicos negocios que funcionan son los prostíbulos, a los que acuden habitualmente los mineros a gastarse su dinero.
Los mineros trabajan en condiciones extremas en galerías de más de un kilómetro sin apenas oxígeno. Se utiliza un sistema de pago llamado cachorreo, por el cual trabajan 25 días gratis para el contratista y solo cinco para beneficio propio, por lo que nunca saben lo que ganarán a final de mes, aunque no suele ser más de 250 euros.
Mientras que los hombres trabajan en la mina, la mayoría de las mujeres se encargan de buscar oro entre las rocas desechadas que después venden en el mercado negro. Se las conoce como pallaqueras.
Pocos turistas se atreven a subir a La Rinconada pese a que es posible visitar algunos de los socavones de los que los mineros extraen piedra en busca de oro. También hay lugares para practicar trekking y se encuentra cerca la cumbre del Nevado de Ananea, el pico más alto de la cordillera de Apolobamba.
El oro de La Rinconada, que era la esperanza para muchos peruanos que se asentaron aquí, ha terminado siendo una pesadilla. Este lugar ya no es solo la ciudad más alta del mundo, sino también uno de los mayores vertederos de basura y miseria del planeta.
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