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Las sagas familiares más influyentes de todos los tiempos: Los Onassis …


Harper´s Bazar/Vanity Fair(E.Bravo/D.P.)/Marie Claire(F.Ferreyra)  —  El patriarca del clan, Aristóteles Sócrates Onassis, llegó en su momento a ser el hombre más rico del mundo.

Lo hizo gracias a unas excepcionales dotes de persuasión, de relaciones públicas y a su matrimonio en 1946 con Athina Mary Livanos, perteneciente a una de las familias navieras más importantes de la época. La familia Onassis fue parte de los dos millones de personas que compusieron el intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía en 1923, tras la guerra greco-turca.

Nunca fueron pobres, pero Aristóteles logró multiplicar su fortuna hasta lo inimaginable. Comenzó por los barcos y continuó con los aviones: en 1956 le compró al Estado griego la compañía TAE Greek National Airlines y la relanzó al año siguiente como Olympic Airways.

Con Athina Mary Livanos tuvo dos hijos: Alexander (1948) y Christina (1950), pero sus infidelidades, entre las que se encontraban su sonado romance con Maria Callas, terminaron por romper el matrimonio, que se divorció en 1960.

En 1968, Aristóteles Onassis se casó con Jacqueline Kennedy, que cinco años antes se había quedado viuda. ¿Fue Jackie el puente entre la maldición Kennedy y la Onassis? Lo cierto es que la tragedia sacudió a la familia durante la década siguiente.

Su hijo Alexander murió en un accidente de avión en 1973 a los 25 años, lo que provocó una crisis tan grave en su madre que se la llevó por delante: murió en 1974 en París debido a una sobredosis de barbitúricos.

Al año siguiente murió Aristóteles Onassis, víctima de una neumonía. Christina murió en 1988 a los 37 años, tras un ataque al corazón causado por un edema pulmonar.

(Aristóteles Sócrates Onassis; Esmirna, 1906 – París, 1975) Empresario griego.

Procedía de una familia griega acomodada dedicada al comercio del tabaco en la ciudad de Esmirna (en el Asia Menor, perteneciente al Imperio Otomano); la familia quedó arruinada a raíz de la ocupación griega de la ciudad al final de la Primera Guerra Mundial (1914-18) y la posterior recuperación por Turquía en la Guerra Greco-Turca de 1920-22, que les obligó a emigrar a Grecia.

Es difícil encontrar en el panorama actual una figura equivalente a la de Aristóteles Onassis. Si bien el siglo XXI está surtido de millonarios como Jeff Bezos, Bill Gates o Amancio Ortega, a diferencia de lo que sucede con los magnates de Amazon, Microsoft e Inditex, Onassis no solo tenía una gran fortuna, sino también una vida social envidiable y un don de gentes del que gustaba hacer gala como algo sustancial a ese éxito empresarial.

Nacido en Esmirna un 20 de enero de 1906, Onassis tuvo que abandonar su ciudad en plena adolescencia a consecuencia de la guerra greco-turca que, entre otras catástrofes, provocó un espectacular fuego en la zona del puerto, que tardó más de 10 días en ser sofocado.

Exiliado y apátrida debido a la victoria de los turcos, en 1923 decidió embarcarse rumbo a Buenos Aires, donde desempeñó diferentes oficios, entre los que se cuentan los de telefonista y administrativo en el departamento de aduanas.

La experiencia en este último puesto le permitió poner en marcha su primer negocio: importación y exportación de diferentes productos, principalmente tabaco, entre Turquía y Argentina. El éxito de la empresa hizo que, hacia 1929, Onassis, ya no solo negociase con tabaco sino que lo transportase en su propia flota, compuesta por más de un centenar de barcos.

La principal razón de ese meteórico éxito fue que Onassis comprendió que el negocio mercante marítimo dependía, en buena parte, de la bandera bajo la cual operaban esos barcos.

De este modo, si bien sus oficinas estaban en Buenos Aires, Nueva York y Atenas, sus buques tenían bandera panameña o liberiana, porque la regulación de esos países era menos restrictiva, no solo en lo que se refiere al transporte de mercancías, sino también a los sueldos de la tripulación o las medidas de seguridad necesarias para transportar mercancías peligrosas como el petróleo.

De hecho, varios de los buques de Onassis protagonizaron vertidos de crudo en el mar y algunos de sus barcos balleneros fueron retenidos en Perú por faenar en sus aguas sin permiso. Más allá de la atención mediática que provocaba su nombre, el armador salió siempre bien parado judicialmente de esos problemas.

El hombre que compró Montecarlo

El domingo 25 de enero de 1953, el diario La Vanguardia publicaba una “crónica radiotelegráfica de nuestro redactor” en la que se informaba de que Aristóteles Onassis se había hecho con la mayoría de las acciones de la Sociedad de los Baños de mar.

Según el periódico catalán, esta entidad era “todo en el pequeño principado de Mónaco: la fuente de los ingresos económicos, la empresa que atrae el chorro de oro del turismo, la mente que rige sus negocios y la mano que hace girar sus ruletas”.

En otras palabras, la Sociedad de los Baños de Mar era la propietaria del Casino del Kursaal, de los dos mejores hoteles del principado, del gran teatro de Montecarlo y de numerosos inmuebles.

Esa nueva situación había llenado de zozobra a los residentes del principado pues, según contaba el redactor, “lo que hace de Mónaco una Arcadia feliz es que no tiene industrias, ni grandes negocios comerciales, ni ese tenso clima que crea en otras partes la lucha por la vida”.

En definitiva, una existencia paradisíaca que esos ciudadanos monegascos veían peligrar con la llegada de Onassis, al que creían capaz de convertir el puerto deportivo en un amarre de buques petroleros.  Nada más lejos de su intención.

era fin a su noviazgo con Gisèle Pascal y que buscase una pareja entre aquellas mujeres de Hollywood que mejor pudieran representar el papel de princesa. Las propuestas por el armador fueron Gene Tierney, Marilyn Monroe y Grace Kelly que, finalmente, se quedó con el papel.

El interés de Onassis por Montecarlo había comenzado dos años antes, cuando el armador quiso alquilar para sus negocios el edificio del Sporting Club que, en esa época, se hallaba en desuso.

A pesar de ello, la Sociedad de los Baños de Mar se negó a arrendárselo y lo mismo sucedió cuando el empresario propuso comprar el inmueble.

“Ante esta resistencia comprendí que no me quedaba otro remedio que comprar la sociedad”, explicó Onassis que, a lo largo de dos años, estuvo adquiriendo de manera paulatina y en secreto las acciones necesarias para hacerse con la mayoría societaria.

La llegada al principado de Onassis coincidió con uno de los peores momentos, tanto económicos como emocionales de la vida de Raniero de Mónaco. Los réditos del casino, de los cuales le correspondían un 10%, habían descendido.

Además, las relaciones con los Grimaldi eran tensas desde el momento en que les había anunciado su deseo de contraer matrimonio con la actriz francesa Gisèle Pascal, que no era del agrado ni de la familia real ni de sus súbditos.

Justo en esa coyuntura hizo su aparición Onassis, hombre sagaz que se había dado cuenta de que Montecarlo era una enorme fuente de riqueza que precisaba modernizarse. Para ello, debía dejar de ser el refugio de viejas fortunas y de sus todavía más viejos propietarios y convertirse en un lugar de referencia para la alta sociedad internacional.

De hecho, se cuenta que fue el propio Onassis el que aconsejó al príncipe que pusi

Negocios a toda vela, amores náufragos

Aristóteles Onassis con sus dos hijos, Christina y Alexander 

Como Raniero, Aristóteles Onassis también había hecho de las relaciones personales y sentimentales una forma de prosperar en los negocios y obtener notoriedad pública.

Amigo de personalidades como Winston Churchill, que acostumbraba a navegar invitado por el armador en su yate Chistina, en 1946 contrajo matrimonio con Athina Mary Livanos, hija del naviero Stavros Livanos, que fue un pilar importante en sus negocios.

De ese matrimonio nacerían dos hijos, Alexander y Christina, heredera universal de los bienes de su padre, que, a su muerte, emprendió una larga y complicada pelea judicial con la segunda esposa de Onassis, Jackie Kennedy.

Antes de casarse con la viuda de John Fitzgerald Kennedy, el armador estuvo enamorado de Maria Callas, a la que prometió matrimonio pero con la que nunca logró casarse, primero, por las dificultades en encontrar una fecha libre en la apretada agenda de la cantante y, después, por la infidelidad de Onassis con Jackie Kennedy.

A diferencia de la diva de la ópera, la exprimiera dama de Estados Unidos puso, como condición inexcusable para estar con el empresario, contraer matrimonio.

Viuda desde que JFK fuera asesinado en Dallas, Jackie decía no poder soportar que sus hijos la vieran mantener una relación sentimental sin estar casada.

De esta forma, el 20 de octubre de 1968 la pareja se casó en Skorpios, una isla privada propiedad del armador. Sin embargo, lo que comenzó como una intensa y glamurosa historia de amor, concluyó como el primer matrimonio del empresario: con distanciamiento e infidelidades.

Desilusionado, Onassis intentó retomar su antigua relación con Maria Callas que, herida todavía por la actitud del naviero, no aceptó. La negativa de la cantante hizo que el empresario se sumiera en una profunda depresión que se agravó por diferentes factores.

Entre ellos, las continuas trabas de Jackie Onassis para concederle el divorcio y la muerte de su hijo Alexander en 1973.

Alexander, piloto profesional y presidente de Olympic Airways, líneas aéreas propiedad de su padre, falleció a consecuencia de las heridas sufridas en un accidente aéreo mientras realizaba un vuelo de instrucción con uno de los nuevos pilotos de la compañía. Impresionado por la noticia, Aristóteles barajó ideas tan inusuales como la de crionizar el cuerpo de su hijo para ser resucitado en un futuro.

Cuando, aconsejado por los allegados, decidió abandonar ese deseo, ordenó que el cuerpo del joven fuera embalsamado y enterrado en Skorpios.

Durante los meses siguientes las autoridades investigaron las causas del accidente sin resultado. Unas teorías afirmaban que Alexander había perdido el control de la aeronave por unas turbulencias provocadas por un avión de Air France y otras, que los mandos del avión estaban en mal estado.

Ante esta indeterminación, Onassis publicó un anuncio en diferentes periódicos en el que ofrecía 1.000.000 de dólares (unos 800.000 euros) por una pista que demostrase que el accidente había sido provocado.

En opinión del empresario, todo respondía a un plan urdido por la CIA y la Dictadura de los Generales griega, que querían atacarlo golpeando donde más le dolía.

Sea como fuere, Onassis nunca llegó a demostrar su teoría. Dos años después del accidente, el 15 de marzo de 1975, murió en la localidad francesa de Neuilly-sur-Seine a consecuencia de una neumonía.

Sus restos, como los de Alexander y Christina, fallecida unos años después, descansan en Skorpios, isla que ya no pertenece a la familia.

La nieta del armador, Athina Roussel Onassis, se la vendió a Ekaterina Rybolovleva, hija del magnate ruso Dmitry Rybolovlev, uno de esos nuevos millonarios del siglo XXI cuya fortuna tal vez supere la del griego, pero cuya vida es mucho menos atractiva.

La trágica muerte del hijo de Onassis que desencadenó el final de su poderosa familia

Alexander Onassis 

Alexander Onassis no vivió lo bastante para heredar la fortuna de su famoso padre. El 24 de enero de 1973, el hijo de Aristóteles Onassis fallecía de una hemorragia cerebral en un hospital de Atenas. Tenía solamente 24 años.

Dos días antes, se había estrellado con su avioneta-anfibio en el aeropuerto de la capital griega al intentar despegar.

Su poderoso padre y su madrastra, Jackie Kennedy, volaron desde Nueva York al enterarse de la noticia, pero solo llegaron a tiempo de acompañarle en su lecho de muerte. También pudieron despedirse de Alexander su madre, casada recientemente con el rival de Onassis, Stavros Niarchos, y su hermana Christina, que llegó desde Brasil.

Probablemente sea un invento la historia de que el joven Onassis llevaba en la avioneta una biografía de JFK que le había regalado John John, pero desde luego parece una jugarreta del destino payaso que el hijo de Jackie muriera también en un accidente aéreo -lo mismo le había ocurrido ya a una de las hermanas del presidente Kennedy, Kick, en 1948-.

Para los Onassis, la muerte de Alexander propició en cualquier caso su propia tragedia griega: el magnate, fallecido dos años después que su hijo, nunca superó su muerte e incluso se planteó crionizar su cuerpo por si en el futuro la ciencia podía devolverle la vida.

Finalmente, le embalsamó. La madre de Alexander, Athina, falleció por su parte en 1974 por una sobredosis de barbitúricos, muy afectada también por la pérdida de su hijo. En cuanto a Christina Onassis, murió a los 37 años de un infarto mientras se daba un baño en la mansión de una amiga en el Tortugas Country Club de Buenos Aires.

Alexander nació el 30 de abril de 1948. Ese mismo día, su padre lanzó el buque más grande de la historia de Estados Unidos. Educado en un colegio privado de París, al joven Onassis, sin embargo, nunca sintió demasiado entusiasmo ni por continuar sus estudios ni por la idea de seguir los pasos de su padre, lo que al parecer defraudó enormemente al afanoso Aristóteles.

La afición que prefirió a los libros sería su condena: después de una primera lección de vuelo en 1968, se aficionó a la aviación y llegó a sacarse la licencia de piloto. Pero las diferencias relativas a su carrera no fueron las únicas que lo separaron de sus padres. Parece ser que su divorcio le afectó mucho de niño, y nunca aceptó a las nuevas parejas de Aristoteles y Athina.

A pesar de su corta vida, Alexander también tuvo tiempo de colorear con sus romances las páginas de sociedad de los sesenta y setenta, rendidas en esa época a su famosa madrastra. Sonado fue su noviazgo con Fiona Thyssen, una de las exmujeres del famoso barón.

Fiona Thyssen le llevaba 16 años de edad y además era amiga de su su madre -Fiona y Alexander se conocieron cuando este tenía 12 años-. Tiempo después de la muerte de Alexander Onassis, Thyssen recordó a su amor en una entrevista publicada en la revista Life & Style.

Alexander Onassis y Fiona Thyssen

“Esa época de mi vida estuvo lleno de ansiedad. El padre de Alexander quiso hacerme sentir como una ciudadana de segunda clase. No solo porque estuviera divorciada y tuviera dos hijos: le preocupaba realmente es que estaba “instruyendo” a su hijo. Era tan tirano que sacó a Alexander del colegio con 17 años por hacer pellas para irse con una chica a la Riviera. Le arrebató su futuro y su educación. Los planes de Alexander antes de morir era venir conmigo a Suiza y volver a la universidad. Su muerte abrió en mí una herida que nunca he cerrado. Nunca olvidaré nuestra última conversación. Hablamos de que las causas de los accidentes de avión deberían ser reveladas al público. Qué ironía”, dijo.

Se refería Fiona Thyssen a la sospecha de que el accidente de Alexander había sido intencionado, llegando Aristoteles Onassis a ofrecer una recompensar de lo que hoy equivaldrían a 5 mil millones de dólares a quien lograra probarlo. El maganate pensaba que había sido una maniobra de la CIA. La investigación, sin embargo, concluyó que fue un accidente.

Hoy, el poderoso Aristóteles descansa en su tumba de la isla de Skorpios, en el Mar Jónico. Junto a él yace su hijo Alexander, eternamente joven, para siempre bello.

Christina Onassis: la trágica historia de la joven millonaria que estaba sola en la vida y murió infeliz

Christina Onassis nació en Nueva York, aunque mantuvo la doble nacionalidad griega y argentina. Fue la única hija del magnate naviero griego Aristóteles Onassis, y heredera de la fortuna de la familia.

Aunque nació en cuna de oro, la historia de Onassis está ligada a la tragedia y perdió a su familia en 29 meses. Su infelicidad comenzó a los 9 años cuando sus padres se divorciaron.

Su hermano Alexander murió en un accidente de avión en 1973, y un año más tarde perdió a su madre Athina Livanos, por una sobredosis de drogas.

Devastada y con 25 años, heredó una fortuna valuada en 77 millones de dólares. Meses más tarde, Christina perdió a su padre en 1975 por problemas de salud. «Ahora sí que estoy sola en la vida” comentó en distintas oportunidades a sus más allegados.

Christina Onassis fue la protagonista de una lujosa vida de excesos contada por los medios de comunicación. Con una turbulenta vida personal, se casó cuatro veces con Joseph Bolker, Alexander Andreadis, Sergei Kousov y Thierry Roussel, con quien tuvo a su única hija, Athina Onassis en 1985.

A los 30 años, con un físico poco agraciado y luego de luchar contra la obesidad, Onassis fue diagnosticada con depresión clínica y le recetaron barbitúricos y anfetaminas para dormir. Sus fracasos amorosos se agudizaron con los desórdenes alimenticios y su adicción a estos medicamentos.

En los años 80, Christina Onassis solía viajar a Marbella donde se recluía en la clínica Buchinger para intentar perder peso. Además de estos encierros, se encontraba con amigos para disfrutar de la vida y divertirse a lo grande.

Dándose caprichos de niña rica, era capaz de gastarse 35.000 euros para enviar un avión privado a Estados Unidos y abastecerse de Coca Cola Light, o alquilar un helicóptero para que volara de Austria a Suiza porque se había dejado un cassette de David Bowie.

En 1988, Christina Onassis viajó hasta Buenos Aires para comprometerse en secreto con quién sería su quinto marido, el empresario textil argentino Jorge Tchomlekdjoglou.

El hombre era el hermano de su mejor amiga Marina Dodero. Aquella noche, luego de hablar por teléfono con su hija Athina que estaba en Suiza, Christina y Jorge cenaron en la casa de campo de Dodero en el country club de Tortugas. Luego se fue a dormir y jamás despertó.

Su amiga Dodero la encontró junto a la bañera pensándose que se había quedado dormida. La mujer más rica del mundo estaba muerta.

La autopsia no encontró evidencia de suicidio, sobredosis de drogas o crimen, y dictaminó que Christina Onassis había muerto de un ataque al corazón, causado por un edema agudo de pulmón.

Su muerte continúa siendo un misterio para alguien que terminó despidiéndose del mundo completamente sola.

En el libro “Mi vida con Christina Onassis. La verdadera historia jamás contada”, su amiga María Dodero y el periodista Rodolfo Vera Calderón, revelan algunos detalles que dan una idea de la personalidad inestable de Onassis.

Con 37 años y un final trágico, inspiró a Joaquín Sabina, quien le dedicó el tema Pobre Christina.

Athina Onassis: Así es la multimillonaria heredera más misteriosa y silenciosa del planeta

Parece que en el caso de Athina Onassis la consabida frase de ‘el dinero no lo es todo’ le viene como anillo al dedo.

Desde niña hasta hoy, el dolor y la tristeza la han rodeado como una sombra ineludible, perdió a su madre en trágicas circunstancias, no consiguió que el país de los orígenes de su multimillonaria familia, Grecia, la aceptara como ciudadana y también ha tenido que soportar las infidelidades de un marido que decía quererla y en realidad la estaba engañando.

Ahora y prácticamente desde siempre, Athina, que ha cumplido 46 años este 29 de enero, se ha resguardado de los embates del destino guardando un silencio sepulcral en relación a los medios o la opinión pública. No desea ser blanco del foco mediático, bastante tiene con rellenar portadas simplemente por ser hija y nieta de de quien es.

Hay solo una cosa que le hace salir a Athina Onassis de su ostracismo: los caballos, su adorada afición hace que se acerque a los circuitos hípicos para competir en diferentes concursos de salto de obstáculos, siendo una excelente amazona.

Su madre, Cristina Onassis, murió muy joven, con 37 años, cuando ella tenia apenas 3 años, la encontraron muerta en el Tortugas Country Club de Buenos Aires en noviembre de 1988, se confirmó un suicidio.

Desde aquello, los problemas y el sufrimiento han perseguido a Athina Onassis, su progenitora no pudo con la presión de ser hija de uno de los hombres más ricos del mundo, el armador griego Aristóteles Onassis, cuya herencia pasaba a manos de la joven al cumplir 21 años, bueno, exactamente la mitad, porque otra parte la destino su abuelo a una fundación con el nombre de Alexander Onassis, el otro hijo del naviero que fallecido en accidente aéreo.

El nombre de nacimiento de la adinerada heredera es Athina Roussel Onassis, ya que su padre es el francés Thierry Roussel, el cuarto marido de Cristina Onassis. Con él pasó la infancia, la adolescencia y sus primeros años de juventud, pero, por discrepancias supuestamente monetarias, llegaron a distanciarse casi por completo.

Junto a su padre viajaba por todo el mundo, en bastantes ocasiones a nuestro país para subirse a lomos de un caballo en la Dehesa Montenmedio, en Cádiz, o en Madrid, para participar en torneos hípicos, igualmente, años después y ya sin la compañía paterna, se ha contado con su presencia en la competiciones Hípicas del Complejo Casas Novas, en Arteixo, A Coruña, donde podía y puede, pues aún ha acudido en algunas ocasiones antes de la pandemia, ser ella misma con su amiga, la también rica heredera Marta Ortega, una de las pocas personas que cuenta con su confianza.

También a Marbella, donde tenía la legataria Onassis una fabulosa mansión, se acercaron en varias ocasiones padre e hija hasta que fue vendida.

Otro gran palo sufrido por Athina Onassis, que cambió el orden de sus apellidos al recibir su fortuna, han sido las infidelidades del que fue su marido, Álvaro Alfonso de Miranda Neto, un destacado jinete brasileño que la enamoró perdidamente y que hoy ha rehecho su vida junto a la periodista Denize Severo, también nacida en Brasil.

La lucha de su divorcio se centro en la posesión de un caballo, Cornetto K, el preferido de Athina al que montaba Doda, como todos llaman al caballista, y que hoy está en las cuadras de la joven en Holanda, donde pasa gran parte de su tiempo rodeada de equinos y en silencio, buscando un anonimato difícil de lograr.

Nadie, salvo las personas más cercanas a las que ella permite conocer su personalidad, sabe como es realmente Athina Onassis, siempre ha querido ser discreta y no soltar palabra sobre su vida, sus actos o cualquier tema de su intimidad.

Desde niña aprendió a montar a caballo y esta afición pasó a ser una de las cosas más importantes de su vida, pasando gran parte del tiempo entrenando o recorriendo los circuitos hípicos de todo el mundo.

Se enamoró perdidamente del jinete Doda Miranda con quien llegó a casarse, por eso cuando se enteró de los múltiples engaños de este le dejó, pero el sufrimiento permaneció en su corazón mucho tiempo.

Athina posee una fortuna que ronda los 500 millones de euros: acciones, depósitos, oro, obras de arte, todo tipo de empresas, casas en media docena de países, la paradisíaca isla de Skorpios…

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