Las sagas familiares más influyentes de todos los tiempos: la familia Agnelli …

Giovanni Agnelli, el cuarto empezando por la izquierda, de la compañía de automóviles FIAT, con su esposa, Marella Caracciolo, el día de su boda en Turín, Italia, el 19 de noviembre de 1953
El Debate(C.Barreiro)/Vanity Fair(E.Bravo)/La Vanguardia(P.M.Sandri) — Este apellido está íntimamente relacionado al lujo en Italia. Pero, sobre todo, a la ostentación. No son Saboya, pero algunos los llaman los reyes no coronados del país, que desde 1946 es una república.
Entre sus propiedades están algunas de las marcas más emblemáticas de Italia, como los automóviles Fiat, el equipo de fútbol Juventus de Turín, Ferrari, los diarios Corriere della Sera y La Stampa, la mitad de The Economist, los vinos franceses Château Margaux y, desde hace unos días, el 24% de Christian Louboutin, entre otros muchos negocios.
Pero su historia no está marcada sólo por el éxito económico, sino también por la tragedia.
Hicieron de Turín un fortín, de FIAT el símbolo de identidad y de la Juve su pasión. Ellos son los Agnelli, lo más parecido a una «dinastía real» que podemos encontrar en Italia. Desde que comenzaron a consolidar su fortuna a finales del siglo XIX, nos encontramos con políticos, socialities, abogados y playboys.
También tragedias, tramas conspiratorias, presuntos asesinatos y hasta una conversión al islam. El ascenso de esta familia es un repaso por la historia de un país que ha convertido a los Agnelli en la representación del poder económico.
El imperio de la familia Agnelli
Corría el año 1861, cuando de la mano de Víctor Manuel de Saboya se proclamaba el Reino de Italia.
La dinastía de los Agnelli se remonta al siglo XVI, aunque no fue hasta el XVII cuando se instaló en Turín, ciudad con la que, desde entonces, mantiene una relación muy estrecha. La actividad principal de la familia en esa primera época era la cría de gusanos de seda, se habían instalado en el Piamonte.
Sin embargo, los cambios sociales y la prosperidad del clan, que permitió a sus miembros estudiar carreras universitarias, hicieron que parte de la familia emprendiera otras labores relacionadas con la industria o con las profesiones liberales, como la abogacía, la medicina, la política y los negocios.
Desde entonces, el empeño de Mazzini de convertir el país en una gran nación vendría de la mano de la burguesía del norte dispuesta a pilotar la revolución industrial.
El teniente de caballería y aficionado a la mecánica, Giovanni Agnelli, deslumbrado por el crecimiento que había visto en Detroit (USA) gracias al impulso de Henry Ford, fundaba en 1889 la FIAT (Fabbrica Automobili Torino): una empresa destinada a la producción de vehículos de motor.
Por entonces la incipiente industria automovilística producía, sobre todo, coches de carreras y descapotables de lujo, accesibles tan solo para aquella sociedad de la belle epoque que se divertía en las carreras.
Giovanni, ambicioso y con ansia de crecimiento social, había contraído matrimonio con la refinada Clara Boselli, una belleza de Florencia, amante del arte y de una fabulosa residencia del siglo XVIII en Villar Perosa, que convirtió en su refugio.
En esos días, Italia aún debatía su participación en la Primera Guerra Mundial; rivalidades sin cerrar mantenían tensiones continuas con el Imperio Austro-Húngaro en torno al irredentismo territorial.
Giovanni se oponía al conflicto, aunque los encargos masivos del gobierno a partir de 1915 para proporcionar material móvil al ejército italiano, permitieron un crecimiento desbordado de sus plantas industriales. Había hecho fortuna.
La guerra llevó al país al paro y la inflación. Las calles de Milán y Turín se llenaron de jóvenes desmilitarizados que vestidos con «camisas negras» decían plantar cara al comunismo.

Fotografía de 1924 que muestra la cadena de montaje final del Fiat 509.
En octubre de 1922, Mussolini se hacía con el gobierno en Italia. Giovani, asentado en la élite de las finanzas de una Italia en expansión nacionalista, no se consideraba «fascista» aunque sí aceptó su designación como Senador del Reino en 1923.
En ese año compró la Juventus de Turín, club señero del Calcio y aprovechó el vacío en la dirección de La Stampa –provocada por el asesinato de Matteotti– para hacerse con la propiedad del diario. Los FIAT «Balilla» y «Topolino» empezaban a inundar las carreteras del Duce. Su imperio era completo.
La Vecchia Signora, como se conoce al equipo de fútbol turinés, fue fundado en 1897.
Tras una trayectoria errática que en más de una ocasión puso en peligro su viabilidad, en 1923 fue adquirido por la familia Agnelli, que pasó así a ser propietaria de dos de las actividades que articulaban la vida de los habitantes de Turín: el empleo y el ocio.
Mientras que durante la semana los trabajadores exponían sus reivindicaciones laborales y salariales a los propietarios de la empresa, el domingo, patrones y empleados acudían juntos el campo a animar a su equipo, dando así lugar a una extraña hermandad que, durante unas horas, dejaba en suspenso la lucha de clases.
Por si eso no fuera suficiente, el hecho de que la actividad industrial de Turín atrajera a población de todos los puntos de Italia, contribuyó a que, tanto la influencia del equipo como la buena imagen de los Agnelli, que siempre demostraron una actitud paternal con sus obreros, se extendiera por diferentes territorios.
Por primera vez, la adscripción a un club de fútbol y la simpatía hacia una empresa ya no dependía de ser natural de una determinada ciudad o de trabajar en ella.
A partir de entonces, fue posible establecer ese vínculo emocional porque padres o hermanos, desplazados a Turín para mejorar sus condiciones de vida gracias a los Agnelli, también lo apoyaban.
La pasión de L’Avvocato
El primer Agnelli en tomarse en serio la Juventus fue Edoardo, hijo de Giovanni, que desde su cargo como presidente de la entidad, invirtió en mejores entrenadores y futbolistas.
Esta política de contratación fortaleció el equipo y permitió que, en los siguientes cinco años, lograra otros tantos campeonatos nacionales consecutivos.
Sin embargo, la felicidad derivada de estos triunfos se vio empañada en 1935 por la muerte en accidente de aviación de Edoardo, que obligó a hacer ciertos cambios, tanto en FIAT como en la Juventus.
En el momento de su fallecimiento, Edoardo Agnelli era padre de siete hijos, el menor de los cuales, Umberto, apenas tenía unos meses y el mayor, Gianni II, 14 años.
Si bien el heredero natural del empresario era Gianni II, los responsables de FIAT consideraron que era mejor, tanto para el joven como para la empresa, que el muchacho continuase con sus estudios e incluso se tomase unos cuantos años sabáticos para disfrutar de la vida como correspondía a una persona de su edad.
Cualquier cosa antes que hacer presidente a una persona inmadura y sin experiencia.
En virtud de esa decisión, Gianni II, conocido popularmente como L’Avvocato, no se hizo cargo de FIAT hasta 1966 aunque, para adquirir soltura en la gestión empresarial, en 1947 fue nombrado presidente de la Juventus de Turín, una de sus grandes pasiones.
“Dedico demasiado tiempo al fútbol. Es una diversión frívola. Pero me gusta mucho”, afirmó Agnelli, cuya pasión por la Vecchia Signora llegaba hasta el punto de utilizar el helicóptero de la FIAT para acudir a los entrenamientos del equipo o llamar a horas intempestivas a las casas de los entrenadores, para hablar sobre la estrategia del siguiente partido. Incluso cuando dejó el cargo de presidente, Agnelli mantenía ciertas excentricidades relacionadas con su afición futbolística.
En un artículo para The New York Times, Rob Hughes recordaba cómo mientras almorzaba con Gianni Agnelli, este interrumpió la comida e hizo que una limusina de su propiedad trasladase al periodista deportivo a casa de Giampiero Boniperti, el entrenador del equipo en esa época, para que le preguntase por qué no había contratado a Maradona cuando Agnelli se lo había aconsejado en 1978.
“L’Avvocato es un hombre de gran inteligencia, el hombre más agradable que conozco, pero necesita de alguien que le explique lo que es el calcio”, contestó Boniperti, consciente de que Hughes le haría llegar su respuesta a Giovanni Agnelli.

Giovanni Agnelli, Umberto Agnelli y Giampiero Boniperti junto a Vittorio Chiusano, presidente de la Juventus en 1997. Todos posan sobre el banco que fue testimonio de la fundación del club, sobre un fondo inspirado en el Turín de final de siglo.
Los herederos del imperio familiar
Gianni fue el niño mimado de su abuelo. Aunque estudió Leyes en la Universidad de Turín, l´Avvocato, viajó, disfrutó de la opulencia y se divirtió.
Con el final de la Segunda Guerra Mundial y la desaparición del patriarca (Giovani moría en 1945) todavía vivió unos años desde la barrera la transformación de FIAT en una industria que ya competía con marcas europeas como Renault y Citroën.
Gracias a la ayuda del Plan Marshall, el país conseguía reconstruirse e iniciar el «milagro económico italiano». Eran tiempos de Guerra Fría y comenzaba a tomar cuerpo el Mercado Común Europeo. Gianni llegó a la Presidencia de FIAT en 1966.
Poco antes se había casado en Estrasburgo con la aristócrata napolitana Marella Caracciolo, que apareció vestida con un extraordinario traje de Balenciaga: era la «reina» italiana de la elegancia y el último «cisne» de Truman Capote.
Pero ni eso le sirvió para quitarse de en medio a Anita Ekberg, la musa de Fellini que por entonces triunfaba en La Dolce Vita. Fueron los días dorados de Marrakech, Nueva York y las largas travesías en el Sylvia.
Gianni Agnelli fue también un extraordinario hombre de negocios. Triunfó con las factorías de Lingotto y Mirafiori y la comercialización de coches de gama media. En la Italia del autunno caldo de 1969, las luchas sindicales, la democracia cristiana y el asesinato de Aldo Moro, Gianni Agnelli representaba mejor que nadie el poder.

Giovanni Agnelli con su nieto Gianni Agnelli
Adquirió Lancia, Masserati, Alfa Romeo, Chrysler e internacionalizó bajo la marca financiera EXOR, su imperio familiar.
La política de la familia invitaba a pensar que, cuando Gianni Agnelli se retirase, tanto la presidencia de FIAT como la de la Juventus, pasarían a manos de su primogénito, Edoardo III.
Sin embargo, el hijo de L’Avvocato fue un muchacho tímido, atormentado e introvertido, cuyos problemas emocionales y de adicción a las drogas hicieron que su padre prefiriera mantenerlo al margen de las empresas familiares.
A pesar de ello, Edoardo llegó a desempeñar el cargo de Director de la Juventus con tan mala suerte, que tuvo que gestionar la catástrofe del estadio de Heysel en la que fallecieron 39 hinchas y más de 600 resultaron heridos por una avalancha minutos antes de empezar un encuentro Liverpool-Juventus.
Finalmente, la mala relación entre Gianni y su hijo, sumada a los problemas emocionales del muchacho, provocaron que, en 2000, Edoardo III decidiera acabar con su vida lanzándose desde un viaducto situado a 80 metros de altura.
La desgracia, desde entonces, parecía que volvía a cebarse con los Agnelli. Gianni Agnelli, su padre, falleció apenas tres años después víctima de un cáncer.

Gianni Agnelli, en 1978.
La muerte del heredero del L’Avvocato obligó a la familia a replantearse la sucesión en la cúpula de sus negocios.
Si bien tradicionalmente las hermanas habían sido excluidas de esas labores, la desaparición de Edoardo III abría la posibilidad de que sus hijos y sus nietos ocupasen cargos de responsabilidad.
Finalmente, el elegido fue Umberto Agnelli, el más joven de los hijos de Edoardo Agnelli, que fue presidente de Fiat y de la Juventus, primero como presidente convencional del club entre 1956 y 1961 y, posteriormente, como presidente de honor de la entidad entre 1970 y 2004.
Siguiendo el ejemplo de la aristocracia europea, cuyos enlaces matrimoniales buscaban fortalecer y perpetuar las dinastías, en 1959 Umberto Agnelli contrajo matrimonio con Antonella Bechi Piaggio, heredera de la popular marca de motocicletas de la que FIAT acabó teniendo una participación mayoritaria.
Tras su divorcio, Umberto volvió a casarse en 1973, esta vez con Allegra Caracciolo, hermana de su cuñada, Marella Caracciolo, que a su vez era la esposa de su hermano Gianni II.
Del primero de los matrimonios de Umberto nació Giovanni III; del segundo, Anna y Andrea.
Este último también seguiría los pasos de su padre y de su tío y, aunque en el caso de la FIAT no pasó de ser un miembro más del Consejo de administración, en 2010 fue nombrado presidente de la Juventus por decisión de su primo segundo, John Elkann, uno de los máximos accionistas de la sociedad anónima deportiva.

El nieto de Gianni, John Elkann.
Una década después de haber asumido el cargo, Andrea es uno de los presidentes bajo cuya administración más títulos ha conseguido la Juventus.
Además, ha modernizado la imagen gráfica del club sin importarle las críticas —que no fueron pocas— y más como empresario que como aficionado, no ha parado de buscar formas de hacer que la entidad ingrese más dinero.
En los últimos días, tras anunciarse la puesta en marcha de la Superliga, las acciones de la Juventus subieron un 18% pues, como era de esperar, los Agnelli, tanto Andrea como John, eran partidarios de que esa exclusiva competición con financiación millonaria se hiciera realidad.

Margherita Agnelli.
John Elkann es, junto con Lapo y Ginevra, hijo del matrimonio formado por Alain Elkann y Margherita Agnelli, hija de Giovanni “L’Avvocato” y Marella Caracciolo. De todos los Agnelli, John ha sido el único que, finalmente, ha conseguido emparentar a la familia con una casa real europea.
Si bien no hay que olvidar que su abuela procedía de una estirpe de nobles napolitanos y que el esposo de su hermana Ginevra es el noble italiano Giovanni Gaetani dell’Aquila d’Aragona, lo cierto es que ha sido John Elkann quien, casado con Lavinia Borromeo, hermana de Beatrice Borromeo y esposa de Pierre Casiraghi, está realmente relacionado con una casa real que desempeña funciones de gobierno.
Aunque todavía el vínculo es lejano, no es de descartar que las siguientes generaciones de los Agnelli/Elkann emparenten directamente con la realeza europea. Si eso llega a suceder, los Saboya podrían quedar definitivamente desplazados por los Agnelli en su pretensión por recuperar algún día el trono de Italia.

Lavinia Borromeo y John Elkann.
El imperio de los Agnelli ha pasado mayoritariamente a sus nietos, los hermanos Elkann, hijos de Margerita, la hija que Gianni también tuvo con Marella Caracciolo.
Han adquirido Ferrari, la editora del Corriere della Sera, el semanario económico The Economist y se han metido en el sector de la moda de lujo, quizá por impulso de Lapo, el menor de los hermanos, con la compra de Lauboutin, los deseados zapatos de la suela roja.
Ellos son los nuevos Agnelli todo un sinónimo de dinero, riqueza y casi sangre azul.
Una red de participaciones desde el automóvil hasta los zapatos
- Ferrari (22,9%): John Elkann tuvo la intuición de sacar la prestigiosa marca a cotizar en bolsa
- Stellantis (14,4%): Sigue siendo la actividad histórica de la familia. Ahora Fiat es un grupo multinacional
- Partner Re (100%): Ya hay acuerdo para vender la firma por 9.000 millones y obtener plusvalía
- CNH (26,9%): Gigante de las máquinas agrícolas que cotiza en la Bolsa de Nueva York
- Juventus (63,8%): El equipo es fuente de dolores de cabeza financieros, antes que deportivos
- The Economist (43,4%): La familia controla el renombrado semanario, dejándole autonomía periodística
- Gedi (89,6%): Es el holding que controla los diarios La Repubblica y La Stampa, influyentes en Italia
- Shang Xia (77,3%): Opera en el sector del lujo en el diseño y artesanía de inspiración china
- Welltec (47,6%): Firma danesa con tecnologías del sector energético para reducir impacto ambiental
- Louboutin (24%): Reciente incursión en el sector del lujo, en esta empresa de zapatos de suela roja
- Via transportation (16,9%): Una tecnológica especializada en sistemas de movilidad urbana

¿Qué hacer cuando tienes para gastar 10.000 millones de euros? Es la pregunta que ronda en la cabeza de John Elkann, el nieto de Gianni Agnelli y joven patriarca del clan italiano. Desde que fue nombrado con solo 21 años en el consejo de administración de Fiat, John Elkann ha subido todos los escalones del grupo familiar.
Hoy está a la cabeza de Exor, considerado el brazo inversor de los Agnelli. El holding, que tiene sede en Holanda, cuenta con una galaxia de participaciones en varios sectores, además de ser accionista de referencia de Stellantis (la fusión entre Fiat y Peugeot).
En el 2015, en una estrategia de diversificación de inversiones, Exor se hizo con la reaseguradora Partner Re por más de 7.000 millones.
Cerró su venta a Covéa por más de 9.000. Una jugosa plusvalía que confiere a las arcas de Exor unos ingentes recursos financieros que puede utilizar para otras operaciones como recompra de acciones y reducción de deuda.
No le faltan quebraderos de cabeza a John Elkann. Desde las peleas entre ramas de la familia o las pérdidas económicas de la Juventus con acusaciones de fraude.
Pero los socios de Exor, desde el 2009, entre subida de acciones y dividendos, han visto sus rendimientos crecer un 1.470%, con un promedio de 24% anual. El imperio contraataca.

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