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El fin de los tiempos: un repaso por todas las profecías incumplidas…


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Infobae/Forbes(D.Entrialgo)/telesurtv.net/ACyV  —  Cada cierto tiempo, un «elegido» aparece con la revelación sobre la fecha en que ocurrirá el fin del mundo, basándose en especulaciones sobre los diferentes textos de la Biblia o cálculos matemáticos, o incluso anunciando el nacimiento de un Anticristo y el año en que su poder caería sobre toda la humanidad.

Las predicciones apocalípticas fallidas son documentadas a lo largo del tiempo por los diferentes escritos realizados por esas mismas personas o sus «obedecidos». Aquí, un listado de las profecías más famosas y que lograron ser documentadas.

Año 90: Menos de 100 años después del nacimiento de Cristo, el Papa Clemente I, elegido en el año 88 y fallecido en el 97, profetizó que el fin del mundo sucedería en cualquier momento de ese año.

Año 365: El obispo y escritor francés Hilario de Poitiers pronosticó ese año como el del fin del mundo, ya que alegaba que el último emperador (Constancio II), que lo había desterrado de Frigia, era el Anticristo, y el responsable del final que se acercaba.

Año 400: El obispo San Martín de Tours desde el año 375 comienza a predicar que el fin del mundo llegaría en el 400. Su escrito aseguraba: «No hay dudas de que el Anticristo ya nació. Firmemente establecido ya en sus primeros años, después de alcanzar la madurez, alcanzará el poder supremo». Sus cálculos aseguraban que a los 25 años, el Anticristo se adueñaría del mundo y lo destruiría.

Año 999: La inminente llegada del año 1000 provoca una histeria colectiva, que lleva incluso a iniciar guerras contra los paganos del norte de Europa para «convertirlos» antes de la «Segunda venida». Miles de personas vendieron sus propiedades y descuidaron sus plantaciones para peregrinar a Jerusalén, a la espera de la llegada del Mesías.

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Año 1260: El monje italiano Joaquín de Fiore, que vivió entre los años 1135 y 1202, había asegurado que el fin del mundo estaba previsto para este año. Su cálculo para el fin del mundo rezaba que eran 30 generaciones que pasaban antes del fin de la era, y teniendo en cuenta que 42 años es la edad promedio de una persona, al multiplicar 30 por 42 el resultado era 1.260. Tras su muerte, sus seguidores, denominados «Joaquinitas» formaron un movimiento que avalaba esa teoría, aunque al no pasar nada ese año, aplazaron el fin del mundo un año más, hasta el 1290, aduciendo que faltaba una generación.

Año 1284: El Papa Inocencio III, que vivió entre los años 1161 y 1216, aseguró que el fin del mundo estaba previsto para 666 años después de la fundación del Islam, por lo que la suma de esas cifras le daba ese año.

Año 1496: Según los místicos del siglo XV, teniendo en cuenta que el nacimiento de Cristo se produjo en realidad en el año 4 aC, en ese año se estaba viviendo el 1500 después de su nacimiento, lo que llevaba a que el fin de la era antigua llegara en ese momento.

Año 1666: Teniendo en cuenta que esta fecha es la suma del milenio más el Número de la Bestia, y los diferentes conflictos que se sucedían en Inglaterra, todo hacía prever que el fin del mundo llegaba. Incluso, el Gran Incendio de Londres que ocurrió ese año ayudó a acrecentar los rumores y teorías.

Año 1669: Los Antiguos Creyentes de Rusia estaban convencidos de que el fin del mundo sucedería ese año, lo que llevó a que 20.000 de ellos  se inmolaran quemándose, para protegerse de la inminente llegada del supuesto Anticristo.

Años 1843-1844: William Miller, líder del denominado Movimiento Millerita, basado en un minucioso cálculo predijo que la segunda venida de Cristo se produciría entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844, año durante el cual reunió a miles de devotos, a la espera de su llegada. Tras el fracaso de la profecía, se aseguró que el 22 de octubre de 1844 era la fecha en realidad. Para ese día, reunió a todos sus seguidores en una colina, y tras el fracaso, el hecho es recordado como «La gran decepción».

Año 1891: El 14 de febrero de 1835, Joseph Smith, fundador de la Iglesia Mormona, aseguró que la segunda venida tendría lugar pasados los 56 años, lo que daba como resultado ese año: «El Salvador haría su aparición aquí en la Tierra y la escena final tendría lugar», según el diario de Oliver Boardman Hamington.

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J.Smith

Año 1914: Los Testigos de Jehová creyeron que cada uno de los «siete templos» mencionados en el libro bíblico de Daniel era de 360 días, lo que totalizaba 2.520 días. Ellos interpretaron esto como representativo de 2.520 años, comenzando en el año 607 aC, lo que fija como meta el año 1914, más precisamente el día 1 de octubre. De hecho, consideraron la Primera Guerra Mundial como la batalla del Armagedón. Luego de que transcurriera ese año sin que nada pasara, la revista Watchtower predijo que el año final del mundo sería 1915, 1918, 1920, 1925, 1941, 1975, y por último 1994. No, ninguna se cumplió.

Año 1919: El reconocido meteorólogo italiano Alberto Porta, residente en San Francisco, aseguró que para esa fecha una conjunción de seis planetas causaría una corriente magnética tal que «penetraría el sol, causando grandes explosiones de llamas de gas, que finalmente terminarán con la Tierra». El terror comenzó a expandirse hacia otros países, y muchas personas fueron las que se suicidaron antes de que tal catástrofe llegara.

Año 1987: Leland Jensen, líder de la secta bahá’í, profetizó que el cometa Halley sería desviado a la órbita de la Tierra el 29 de abril de 1986, y los pedazos del cometa cubrirían la Tierra durante un año. La fuerza de la gravedad del cometa podría causar grandes terremotos, y el 29 de abril de 1987 el cometa se estrellaría contra la Tierra causando una destrucción generalizada.

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Año 1999: Varias son las teorías que afirmaban que en ese año el fin del mundo llegaría.

Desde las publicaciones de los Testigos de Jehová hasta el lingüista Charles Berlitz, quien predijo una devastación nuclear, el impacto de un asteroide o incluso el cambio de polos.

Según una publicación astrológica que circulaba en la India, el mundo desaparecería por una serie de graves desastres naturales el 8 de mayo, predicción que llevó a que una importante cantidad de indios entraran en pánico.


Además, los miembros de la secta denominada Iglesia Stella Maris, de Colombia, se reunieron en Sierra Nevada asegurando que el fin del semana del 3-4 de julio de ese año pasarían a ser recogidos por un OVNI que los salvaría del fin del mundo.

Sin embargo, el fin del mundo no llegó, pero los más de 30 integrantes de ese culto desaparecieron sin dejar rastros.

Año 2000: Según el arqueólogo Richard W. Noone en su libro 5/5/2000Ice: The Ultimate Disaster, una acumulación de exceso de hielo en la Antártida es la causante de un desequilibrio en la Tierra. Ese desequilibrio cambiaría los polos, lo que podría causar el envío de miles de millones de toneladas de hielo a las cascadas de todos los continentes.

Año 2001: La Academia de Ciencias Unarius, fundada en 1954, aseguró que a fines de este año los «hermanos del espacio» enviarían ovnis a la zona de El Cajón, California, para la inauguración de una nueva era. Sin embargo, en enero de 2002, al ser consultados respecto del error de su profecía, adujeron: «Los hermanos del espacio no aterrizaron porque nosotros, el pueblo de la Tierra, no estamos dispuestos a aceptar los pueblos avanzados de otro planeta».

Año 2003: Este año llegaría el fin del mundo, más precisamente el 5 de mayo, según lo que aseguraba Nuwaubians, un culto a Georgia dirigido por el Dr. Malachi Z. York, que dice ser la encarnación de Dios y un nativo del planeta Rizq, que incluso fue entrevistado por la revista Time en julio de 1999.

Año 2007: Utilizando la numerología, donde mezcló profecías bíblicas, el Y2K, los códigos de la Biblia y la astrología, Thomas Chase confirmó que el Armagedón ocurriría en agosto de este año.

El futuro ya no es lo que era: estas son las profecías que se han cumplido y las que no

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Son muchas las personas que saben que Neil Armstrong fue el primer ser humano en dejar su huella de astronauta sobre la superficie de la Luna, allá por agosto de 1969. Sin embargo, casi nadie recuerda el nombre de Eugene Cernan, colega de profesión y de hazaña, aunque mucho menos rememorado en el imaginario colectivo del siglo XX.

Embutido en uno de aquellos trajes de la NASA, fue el último hombre que se dio un garbeo (lo que los americanos llaman moowalking) por ese pedazo de queso brillante que vemos cada noche —recortado en un rincón del cielo— desde nuestra ventana. Lo hizo a bordo de la misión espacial Apolo XVII, en el año 1972, por lo que a lo largo de este 2022 que ahora arrancamos se conmemorará el 50 aniversario de tal efeméride.

Cuando los científicos, pensadores y escritores de aquellos días imaginaron cómo sería nuestro mundo medio siglo después (es decir, justo ahora) muchos presintieron que en aquel lejano horizonte habría comenzado ya la colonización de algún planeta exterior —seguramente, Marte—, gracias a vanguardistas cohetes impulsados por energía atómica. Incluso, tal vez, la URSS y China habrían alunizado también y desplegado en nuestro satélite una primera base internacional junto a Estados Unidos.

Ya han transcurrido esas cinco décadas de tiempo referidas y la tozuda realidad nos muestra que ni siquiera hemos regresado a Luna desde entonces. Marte sigue siendo una quimera y las principales noticias sobre viajes estelares que aparecen en los medios tienen que ver con los proyectos de Elon Musk (SpaceX) y Jeff Bezos (Blue Origin), los multimillonarios empresarios que han encontrado en el turismo espacial un hobby caro, pero de lo más entretenido.

Es lo que pasa cuando uno juega a ser profeta. Que rara vez acierta. Si ni siquiera los expertos en finanzas suele atinar cuando nos aseguran que las acciones de Netflix van a subir o bajar en los próximos seis meses, ¿acaso iban nuestros abuelos a dar en el clavo cuando fantasearon, hace medio siglo, sobre cómo sería nuestra vida en el entonces lejano año de 2022? Rebobinemos un poco y comprobémoslo.

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Augurios disparatados y otros no tanto

A principios de la década de los setenta, uno de los temas estrella entre los divulgadores científicos más populares —como Arthur C. Clarke o Isaac Asimov (los cuales, curiosamente, eran también exitosos novelistas de ciencia-ficción)— era la irrupción a medio plazo en nuestras vidas de la revolucionaria fusión nuclear, la fuente de energía limpia y definitiva que imitaba a la reacción que se desencadena en el interior del sol y las estrellas.

El combustible que iban a emplear esas hipotéticas centrales de fusión fría era el agua común —uno de los pocos elementos valiosos que abunda en la Tierra—, por lo que todo serían ventajas y maravillas. Sin embargo, las últimas noticias que hay sobre el tema (algo sobre el desarrollo de un imán superconductor) nos hacen presuponer que aún falta mucho tiempo para que nuestros ojos vean siquiera algo parecido.

Tampoco hemos progresado demasiado en alguno de los fascinantes misterios de la física moderna durante este tiempo. Aunque las investigaciones sobre ondas gravitacionales, el bosón de Higgs o los ordenadores cuánticos siguen su curso, parece que las fases de desarrollo preliminar se van eternizando de un modo algo decepcionante (sobre todo, para aquellos que esperaban aplicaciones tecnológicas prácticas en nuestra realidad cotidiana).

La exploración de los fondos marinos o el dominio de las fuerzas geológicas procedentes del centro de la Tierra (ahí está el volcán de La Palma, con todo su poder destructivo, para desmentirlo) son otros ejemplos de profecías seudocientíficas que se han revelado, con el paso del tiempo, como meras fantasías de malos émulos de Julio Verne.

Sin embargo, no todo han sido patinazos, promesas incumplidas o augurios disparatados. Algunos de aquellos antiguos investigadores firmaron ciertas predicciones que hoy —con perspectiva— nos resultan extrañamente clarividentes o intuitivas.

En 1972, un técnico de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, llamado John Sawyer, pergeñó un artículo de apenas cuatro páginas en la revista Nature donde aseguraba que la Tierra experimentaría un calentamiento progresivo de su temperatura de en torno a 0,6 grados centígrados para el final del milenio.

Hoy puede parecernos un hecho palmario y evidente, pero en aquel entonces estas teorías eran muy controvertidas e, incluso, una corriente importante dentro de la meteorología oficial creía que el mundo se dirigía justo al lado contrario del espectro, es decir, hacia una nueva edad de hielo.

A raíz de las afirmaciones de Sawyer, siete años más tarde, un grupo de estudiosos de la atmósfera se congregó en la Institución Oceanográfica de Woods Hole, en EE UU, para inaugurar la primera sesión de trabajo del llamado Grupo Ad Hoc sobre Dióxido de Carbono y Clima (sic), bajo el liderazgo de Jule G. Charney, uno de los especialistas en clima más prestigiosos del MIT, el Instituto de Tecnología de Massachusetts.

Fruto de aquella reunión surgió el Informe Charney, la primera evaluación exhaustiva sobre el cambio climático provocado por las emisiones incontroladas de dióxido de carbono. En sus conclusiones, se exponían ya claramente las consecuencias que el incremento de este gas de efecto invernadero iba a tener en los termómetros.

Han pasado varias décadas desde entonces y la curva de la media anual de concentración de CO2 en la atmósfera, así como la de la temperatura global de la superficie terrestre, ha ido aumentando en los gráficos a un ritmo muy similar —prácticamente, clavado— al pronosticado por aquellos científicos de los años setenta. Todo un acierto.

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La Tierra se nos está quedando pequeña

Otra de las premoniciones lanzadas hace ya 50 años que se han cumplido de forma casi matemática aparecía en un informe de la Unesco, presentado en 1970, y auguraba que la población mundial superaría la cifra de los 7.000 millones de personas para el año 2020.

Para poner en contexto tal afirmación, es importante subrayar que en aquel entonces los habitantes de nuestro planeta apenas alcanzaban los 3.700 millones; es decir, lo que planteaba aquel alarmante dosier es que —en apenas medio siglo— la humanidad iba a multiplicar por dos el tamaño que había tardado en adquirir miles de años de civilización. ¿Era aquella cifra factible o una burda exageración? Según los últimos datos demográficos de Naciones Unidas —correspondientes a 2019— somos ya 7.700 millones de seres humanos los que pisamos este mismo suelo, así que —siendo exactos— hasta se quedaron cortos en sus cálculos.

Lógicamente, el impacto de ese crecimiento desmesurado sobre los recursos naturales de la Tierra generó un sentimiento de preocupación. ¿Era sostenible (esa palabra tan de moda ahora mismo) el modelo de consumo y producción del sistema occidental? El Club de Roma encargó entonces un estudio —titulado Los límites al crecimiento— que se publicaría en 1972 (curiosamente, muy poco antes de que la primera crisis del petróleo noqueara por sorpresa, como un gancho al mentón, al sistema capitalista mundial).

Aunque en su redacción colaboraron casi dos decenas de profesionales, el informe llevaría la firma principal de Donella Meadows, una biofísica especializada en dinámica de sistemas. A pesar del optimismo desarrollista que impregnaba el espíritu de la época, aquel reporte advertía por primera vez sobre la inevitabilidad de plantear límites racionales a la idea de crecimiento ininterrumpido en el tiempo (es decir, esa línea de progreso ascendente y prolongado que se creía por entonces prácticamente infinita).

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Interfono de ‘Star Trek’.

Por supuesto, hemos seguido creciendo económicamente durante estos últimos 50 años, pero en un esquema de dientes de sierra marcado por grandes y bruscas crisis inesperadas (batacazos tales como el provocado por el colapso del mercado inmobiliario en EE UU y sus hipotecas subprime en 2008). En sintonía con aquellas admoniciones de Donella Meadows, nuestra sociedad —en general— es mucho más consciente ahora de su propia fragilidad económica de lo que lo era hace medio siglo.

Nadie pensó por ejemplo —ni en 1972 ni en 2019— que una pandemia generada por un virus de la gripe pudiera provocar un confinamiento planetario y arrastrar a la economía mundial a una escasez de suministros, problemas de logística en el transporte y un encarecimiento incontrolado del consumo de energía y de las materias primas (como bien sabemos hoy).

Parece evidente, por tanto, que —a la hora de realizar conjeturas a largo plazo— algunos campos sociales resultan menos arriesgados de pronosticar que otros. ¿Por qué?

Predicciones, proyecciones y profecías

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En términos generales, dentro de la ciencia prospectiva, determinadas especialidades —como la demografía— juegan con ventaja respecto a otras, ya que sus cálculos parten de una serie de variables estadísticas más o menos estables (como la tasa de mortalidad, natalidad, edad, etcétera) que resultan más sencillas de prolongar en el tiempo que otras magnitudes de tipo inconcreto, como las crisis políticas o las recesiones bursátiles (por eso, jugar a la Bolsa implica un riesgo de error elevado).

En este sentido, deberíamos diferenciar básicamente entre lo que son predicciones y lo que son proyecciones. La primera de ellas, la predicción, está basada en probabilidades y —por tanto— está sujeta a eventos impredecibles. La proyección, sin embargo, propone una evolución en el futuro de acuerdo a una extrapolación de tendencias asentadas en el presente (es decir, parte de un escenario real).

Finalmente, existen otros tipos de vaticinio (cuando no directamente profecías) que carecen de cualquier raíz científica más allá de una mera hipótesis de trabajo inicial, la cual —además— puede incluir a menudo un sesgo corrector (involuntario o intencionado) que predetermina ya las conclusiones a alcanzar incluso antes de realizar el estudio. Es por ello que algunos especialistas hablan de hasta cuatro posibles tipos de futuro a la hora de establecer pronósticos.

Uno sería el posible (el futuro que podría ocurrir); luego estaría el plausible (el futuro que creemos que podría ocurrir); otro sería el probable (el futuro que sabemos que podría ocurrir); y finalmente el preferible (el futuro que deseamos que ocurra). Parecen muy similares, pero si lo pensamos bien, proponen cosas muy distintas.

Lo que nadie vio venir (I): la caída de la URSS y el auge de China
Jeane Dixon fue una astróloga y vidente norteamericana que se hizo muy famosa en los años sesenta por pronosticar el asesinato de J. F. Kennedy. En cierto modo, encarnaría el arquetipo posmoderno de adivina con poderes extrasensoriales que acaba convirtiéndose en estrella pop de la televisión (si viviera hoy, seguramente tendría millones de seguidores en Instagram).

Su popularidad llegó a ser tal que el matemático John Allen Paulos bautizó en su honor el llamado Efecto Jean Dixon, el cual hacía referencia a la tendencia que existe en los medios de comunicación a dar a conocer –a bombo y platillo– unas pocas predicciones acertadas, mientras se ignora al mismo tiempo una cantidad muy superior de vaticinios fallidos. Uno de los grandes patinazos de Dixon (el cual auguró erróneamente en varias ocasiones) fue el anuncio de una Tercera Guerra Mundial, un macroevento bélico que —además de los EE UU y la URSS— contaría con la presencia estelar de la populosa y pujante China.

Pese al optimismo desarrollista de la época, un informe habló de lo insostenible del modelo de consumo y producción.

Aunque nuestra vidente no fuera ninguna especialista, la irrupción del gigante comunista oriental en el tablero de la geopolítica mundial era un hecho indiscutible para los estudiosos del momento (como Paul Kennedy, autor del ensayo The Rise and Fall of the Great Powers, publicado en los años ochenta). Se pensaba que aquello iba a ocurrir en algún momento —dado el poder demográfico, militar y económico que China ostentaba—, aunque no se acertó para nada en el cómo.

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Hace medio siglo, nadie vio venir que la Unión Soviética (el faro ideológico del bloque socialista dentro la Guerra Fría que dominaba la escena internacional entonces) iba a desplomarse súbitamente en 1991, como un edificio demolido por explosivos, dejando a China sola frente a EE UU. Sin embargo, de modo inesperado, el coloso oriental ha acabado por transformarse en un titán del comercio internacional, llegando a amenazar incluso el liderazgo de los norteamericanos como primera potencia económica del planeta.

De hecho, las ásperas relaciones diplomáticas (ahí está el reciente boicot del gobierno de Washington a los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín 2022) que el presidente Joe Biden mantiene actualmente con la administración china revitalizan —por desgracia— los peores escenarios planteados en su día por la excéntrica futuróloga Jean Dixon (ni siquiera Donald Trump, con su populista guerra de aranceles, se había mostrado tan belicoso con Pekín).

Pero hay un campo en el que el futuro ha pillado con el pie cambiado a profetas y pronosticadores de lo que estaba por venir: el de la sociedad digital que hoy ordena nuestras vidas, desde la constante y adictiva conexión al ciberespacio que practican miles de millones de ciudadanos del planeta a cada segundo hasta la transformación económica, laboral, comercial y financiera que ha provocado internet en nuestro entorno.

Siendo realmente justos, conviene recordar que algunos autores (como Arthur C. Clarke) divagaron a principios de los setenta sobre la creación en torno al año 2010 de una especie de “biblioteca universal” —creada por una “tecnología sin hilos”— que almacenaría todo el saber y la información humana en un único lugar (lo que conceptualmente se acerca bastante a la actual noción de nube).

En 1970, la compañía Western Electric desarrolló junto a Bell Telephone Laboratories el llamado Picturephone Set, un dispositivo que permitía realizar primitivas videollamadas (medio siglo antes de las reuniones por Zoom), aunque su elevado precio apenas le permitió vender la primera línea de producción.

En aquella misma época, el ingeniero Martin Cooper dirigió también un proyecto para Motorola —inspirándose en los comunicadores futuristas de la serie de televisión Star Trek— que acabó diseñando el primer prototipo de teléfono portátil en 1973, todo un antecedente de los actuales smartphones.

Dos brillantes ejemplos de cómo —a veces— la intuición puede asomarse al futuro y anticiparse a lo que vendrá. Algo nada fácil. Si quieren hacer la prueba, intenten pensar por un momento en sus nietos y en la vida que tendrán allá por el 2072. ¿Seguirán comprando cosas con dinero? ¿Cómo se desplazarán entre ciudades? ¿Habremos llegado a Marte de una vez?

Con suerte, alguien intentará escribir un artículo como éste sobre las profecías realizadas en aquel lejano 2022, llegando a idéntica conclusión: el futuro ya no es lo que era.

Las profecías cumplidas y no cumplidas de Nostradamus

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Michel Nostradamus fue un médico y astrólogo francés de ascendencia judía, quien en el siglo XVI realizó un libro con más de mil predicciones divididas en cien cuartetas, las cuales fueron publicadas en diez volúmenes. Realizó profecías inquietantes, las cuales tuvieron un altísimo porcentaje de aciertos.

Desde que fue publicada su obra profética «Les Prophéties» en 1555, miles de personas le han dado seguimiento a sus predicciones. La llegada al poder de Napoleón, la Segunda Guerra Mundial, la muerte de Kennedym, y la caída de las Torres Gemelas, son tan solo algunos de los acontecimientos que predijo Nostradamus.

1. El ascenso al poder de Adolf Hitler


Nostradamus en sus versos frecuentemente menciona varios sucesos relacionados con el ‘führer’ Adolf Hitler, y hasta incorpora anagramas como ‘Hister’ en su escritura.

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En la cuarteta 35 de la centuria III escribe, «De lo más profundo del Occidente de Europa, de gente pobre un niño nacerá, que por su lengua seducirá a las masas, su fama en el reino de Oriente más crecerá». 

El líder nacional socialista que llevó a Europa a la Segunda Guerra Mundial, nació en Austria y es considerado uno de los líderes más seductores y peligrosos de la historia.  

2. Bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki


En agosto de 1945 Estados Unidos lanzó dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, iniciando así el final de la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo a las interpretaciones realizadas por los seguidores de Nostradamus en la cuarteta número VI de la 2 centuria, hace referencia a este suceso «Cerca de las puertas y dentro de dos ciudades, habrá dos azotes como nunca vio nada igual, hambre, dentro de la peste, por el hierro fuera arrojados, pedir socorro al gran Dios inmortal». 

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En el segundo verso se referiría a las dos urbes niponas, mientras que en el tercero señalaría los cientos de miles de muertos que produjo el ataque y los posteriores damnificados. 

3. El asesinato de John F. Kennedy 


Nostradamus escribió acerca de la muerte del presidente estadounidense John F. Kennedy en 1963 y el posterior asesinato de su hermano Robert Kennedy, quien falleció después de la una de la madrugada. En la cuarteta 26 de la centuria I, se puede leer lo siguiente «El gran rayo cae de día, mal y predicho por portador postulado: siguiente presagio cae de noche, conflicto en Reims, Londres, etrusca bubónica». 

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4. La tragedia de los Andes 1972


En la centuria II, cuarteta 75 dice lo siguiente «La voz oída del insólito pájaro, sobre el cañón del respiral suelo. Tan alto se elevará del grano la tarifa, que el hombre del hombre será antropófago”. Los expertos aseguran que Nostradamus predijo la tragedia del vuelo 571 de la fuerza áerea de Uruguay, donde 5 tripulantes y 40 pasajeros se estrelló en la cordillera de los Andes en Mendoza, Argentina el 13 de octubre de 1972.  

Los pasajeros del avión eran miembros y jugadores del equipo de rugby Old Christians de Uruguay, que iban a un partido amistoso en Santiago de Chile. Pasaron 72 días hasta poder ser rescatados. Para sobrevivir tuvieron que alimentarse con los cuerpos de sus compañeros ya muertos. A la tragedia solo sobrevivieron 16 personas, 29 fallecieron entre ellos toda la tripulación de cabina. 

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5. Atentados 11-S 


En referencia a los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, Nostradamus escribió en la cuarteta XCVII de la 6 centuria lo siguiente «Cinco y cuarenta grados el cielo arderá, fuego acercándose a la gran ciudad nueva: al instante, gran llama esparcida saltará». 

Los expertos relacionan estas palabras con los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York, consideran que el atrologo se refiere precisamente a Nueva York como a «gran ciudad nueva» y menciona el ángulo desde el cual los vecinos pudieron ver aquellos ataques. 

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6. Asesinato del papa Juan Pablo I 


El papa Juan Pablo I, fue elegido en 1978, se convirtió en Pontífice tras una elección controvertida. Murió a los 33 días de asumir el cargo y se cree que fue asesinado debido a la blandura de su caracter al frente del Vaticano.

Nostradamus señala en la cuarteta tal XII, centuria 10 «Elegido Papa del elector será burlado, súbitamente con frecuencia emocionado dispuesto y tímido. Por demasiado bueno y dulce a morir provocado, temor oprime la noche de su muerte guía».  

Seguidores de Nostradamus aseguran que fue asesinado (envenenado) de noche por querer combatir la maldad y la corrupción enquistadas en las altas esferas del Vaticano (“Por demasiado bueno”). 

Profecías no cumplidas o aún por llegar 

Fin del mundo en 1999 


Nostradamus predijo que «“El año 1999, séptimo mes, vendrá del cielo un gran Rey de espanto. Resucitar al gran Rey de Angolmois, antes, después, Marte reinará por buen dicha”.  

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La Tercera Guerra Mundial 


De acuerdo a los escrito por Nostradamus, ésta se iniciaría el 6 de septiembre de 2006, sin embargo no sucedió; además señaló que el año siguiente habría una pestilencia de la que ni jóvenes ni viejos ni bestias sobrevivirían, y tampoco sucedió. 

Las diferencias entre idiomas desaparecerán 


Escribió que después de la invención de lo que él llamaba ” un nuevo motor “, el mundo será  «como en los días antes de Babel”, Nostradamus parecía haber estado hablando de una especie de máquina de traducción universal. Él manifestaba que este desarrollo conduciría pronto al final de las naciones. 

Puede que esta profecía ya esté cumplida con los traductores de internet.

Los humanos aprenderán hablar con los animales


Nostradamus aseguró en una de sus profecías que los avances en la telepatía harían posible que las personas hablen con sus mascotas y animales de granja. Esto dará lugar a un aumento en el vegetarianismo, el astrólogo escribe que ”Los cerdos se convertirán en hermanos para el hombre.” 

Un terremoto sacudirá el oeste de Estados Unidos  


Nostradamus asegura que el suceso puede comenzar como un terremoto, pero en muy poco tiempo se hará evidente que se trata de algo mucho peor: una erupción volcánica. 

Estas son las predicciones de Nostradamus para 2022

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Médico, filósofo, matemático, alquimista y astrólogo. Nostradamus supuestamente predijo a través de sus escritos algunos de los episodios más relevantes de la Historia. Entre sus muchas profecías destacan el asesinato de John F. Kennedy, el ascenso al poder de Adolf Hitler o las bombas nucleares.

Para este 2022, según los expertos que interpretan los textos del vidente, las profecías de Nostradamus pasarían por la muerte de un líder político. “La muerte repentina del primer personaje, será cambiado y pondrán a otro en su reino”, según reza en su libro. Entre ellos se barajan los nombres de la Reina Isabel II de Inglaterra, el actual presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, o el líder de Corea del Norte, Kim Jong-Un.

– Malos augurios, malas noticias

Asimismo, vaticinó tanto graves efectos del cambio climático como duros fenómenos naturales. “Como el sol, la cabeza sellará el mar resplandeciente, los peces vivos del Mar Negro casi hervirán”, escribió hace cinco siglos.

A esto se añade una fuerte crisis económica a escala global que verá aumentar el hambre entre la población y la inflación. Según sus palabras, “la miel costará mucho más que la cera de las velas; tan alto el precio del trigo”.

La caída de la Unión Europea es otra de sus supuestas predicciones. “Templos sagrados del tiempo romano, rechazarán los cimientos de su fundación” vaticinó el francés. Un devenir que podría haber dado comienzo con el Brexit y que podría poner su punto y final en 2022.

Por último, pronostica que una gran ciudad será asediada. Como candidatas para los expertos están Londres y París, ya sea por una actividad terrorista o a causa de la pandemia contra la covid-19. “Alrededor de la Gran Ciudad, habrá soldados alojados en campos y suburbios” escribió por aquel entonces.

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