Atafona, la increíble playa brasileña que está desapareciendo bajo el mar, al norte de Rio de Janeiro…

Clarín — En Brasil, Atafona, el balneario que está desapareciendo devorado por el mar, debido a una combinación de factores naturales y humanos, el mar avanza hasta seis metros por año y ya ha sumergido más de 500 casas en una franja de 2 km.

Los buitres merodean en la arena, entre escombros de las últimas casas destruidas por el mar. Atafona, un balneario apacible al norte de Rio de Janeiro, sufre una erosión crónica agudizada por el calentamiento que la transformó en un paisaje apocalíptico.

Debido a una combinación de factores naturales y humanos, el mar avanza hasta seis metros por año y ya ha sumergido más de 500 casas en una franja de 2 km.

Lo que atraía a los turistas a Atafona (el mar) se convirtió en su enemigo. El avance del agua obligó a detener la construcción del hotel hasta que, hace 13 años, la fuerza del océano derrumbó.

La erosión extrema, que coloca a Atafona entre el 4% del litoral mundial donde el mar consume más de cinco metros por año, se ha agudizado ahora por el cambio climático

Debido a la actividad humana, a lo largo del último medio siglo el océano Atlántico avanza implacable sobre Atafona, parte del municipio de Sao Joao da Barra, a 250 kilómetros de la capital de Río de Janeiro, donde viven 36.000 personas.

Con la «subida del nivel del mar» a largo plazo y «a corto y medio plazo con las resacas excepcionales y los periodos prolongados de lluvias y sequías», explica el geólogo Eduardo Bulhoes, de la Universidad Federal Fluminense.

Al menos tres propuestas fueron presentadas a la Alcaldía para frenar la erosión, que incluyen la construcción de escolleras o diques rompeolas para disminuir la fuerza del mar y la recuperación artificial de la playa transportando arena desde el fondo del delta del río.

Pescadores en la playa de Atafona, en Atafona, en Sao Joao da Barra, Río de Janeiro, Brasil, febrero de 2022.

Los buitres deambulan por la arena de la ciudad turística brasileña de Atafona entre las ruinas de las últimas casas destruidas por el mar, cuya implacable subida ha convertido el litoral local en un paisaje apocalíptico.

Debido a una combinación de factores naturales y humanos, el mar avanza hasta seis metros por año y ya ha sumergido más de 500 casas en una franja de 2 km. Una de las próximas será la del empresario Joao Waked Peixoto.

Desde hace medio siglo, las aguas del Atlántico consumen lenta e implacablemente Atafona, donde viven 36.000 personas.

Los buitres merodean en la arena, entre escombros de las últimas casas destruidas por el mar. Atafona, un balneario apacible al norte de Rio de Janeiro, sufre una erosión crónica agudizada por el calentamiento que la transformó en un paisaje apocalíptico.

Caminando junto a un revoltijo de vigas y azulejos, Waked Peixoto muestra cómo sucumbió la última vivienda que separaba la suya del mar: resta apenas el fondo de un cuarto azul en el que fragmentos de revistas, una bicicleta y otras señales de vida reciente son sacudidas por el viento.

En el área de riesgo, siguen en pie solo 180 casas con 302 habitantes, el mar avanzó de tres a cuatro metros en 15 días

Como muchos residentes de Campos dos Goytacazes, una próspera ciudad al norte de Rio de Janeiro que recibe regalías del petróleo, su abuelo construyó en la cercana Atafona su casa de veraneo: un refugio de ambientes amplios con jardín.

«Será una pena perder esta casa, que guarda los recuerdos de mi familia entera, mis padres, hermanas… todos veníamos aquí», lamenta Waked Peixoto. Pero será inevitable.

La erosión extrema, que coloca a Atafona entre el 4% del litoral mundial donde el mar consume más de cinco metros por año, se ha agudizado ahora por el cambio climático, con la «subida del nivel del mar» a largo plazo y «a corto y medio plazo con las resacas excepcionales y los periodos prolongados de lluvias y sequías», explica el geólogo Eduardo Bulhoes, de la Universidad Federal Fluminense.

Un buitre se posa sobre un pez en la playa de Atafona, barrio de Atafona, en Sao Joao da Barra, Río de Janeiro, Brasil. Los buitres deambulan por la arena entre las ruinas de las últimas casas destruidas por el mar, cuya implacable subida ha convertido el litoral local en un paisaje apocalíptico.

l menos tres propuestas fueron presentadas a la Alcaldía para frenar la erosión, que incluyen la construcción de escolleras o diques rompeolas para disminuir la fuerza del mar y la recuperación artificial de la playa transportando arena desde el fondo del delta del río.

La Alcaldía de Sao Joao da Barra al que pertenece Atafona, paga un alquiler social de 1.200 reales (USD 230) a más de 40 familias desalojadas.

Debido a una combinación de factores naturales y humanos, el mar avanza hasta seis metros por año y ya ha sumergido más de 500 casas en una franja de 2 km. Una de las próximas será la del empresario Joao Waked Peixoto.

Caminando junto a un revoltijo de vigas y azulejos, Waked Peixoto muestra cómo sucumbió la última vivienda que separaba la suya del mar: resta apenas el fondo de un cuarto azul en el que fragmentos de revistas, una bicicleta y otras señales de vida reciente son sacudidas por el viento.

Como muchos residentes de Campos dos Goytacazes, una próspera ciudad al norte de Rio de Janeiro que recibe regalías del petróleo, su abuelo construyó en la cercana Atafona su casa de veraneo: un refugio de ambientes amplios con jardín.»Será una pena perder esta casa», lamenta Waked Peixoto. Pero será inevitable.

La erosión extrema, que coloca a Atafona entre el 4% del litoral mundial donde el mar consume más de cinco metros por año, se ha agudizado ahora por el cambio climático, con la «subida del nivel del mar» a largo plazo y «a corto y medio plazo con las resacas excepcionales y los periodos prolongados de lluvias y sequías», explica el geólogo Eduardo Bulhoes, de la Universidad Federal Fluminense.
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