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¿Comienza la sexta extinción masiva de la Tierra?…


as.com/biodiversidad mexicana/medico plus ciencia(B.Prieto)/National Geographic(L.Jakub)  —  La vida es muy frágil. Y es que tanto nosotros mismos como el resto de los seres vivos no dejamos de ser, pese al milagro biológico que representa nuestra existencia, trozos de materia orgánica que habitan un mundo lleno de peligros geológicos e incluso astronómicos.

Por ello, no es de extrañar que desde la aparición de la vida en la Tierra hace unos 3.500 millones de años, los seres vivos hayan tenido que vivir sucesos que los pusieron al borde de la desaparición. Por muy adaptados que estemos a nuestro mundo, no somos nada comparado con el poder de la naturaleza.

Y esta naturaleza, tanto por sucesos intrínsecos de la Tierra como por fenómenos astronómicos devastadores, ha sido responsable de, al menos, cinco grandes extinciones masivas. Estas extinciones fueron responsables de la muerte de millones de especies y algunas, incluso, estuvieron a punto de hacer desaparecer la vida de la faz de la Tierra.

En el artículo de hoy, pues, emprenderemos un viaje a lo largo de la historia, remontándonos unos 500 millones de años, para descubrir las causas y consecuencias de las cinco grandes extinciones masivas, unos sucesos que, en parte, hicieron posible que estés hoy aquí leyendo estas líneas.

¿Está comenzando una extinción masiva?

Biólogos de la Universidad de Hawái y el Muséum National d’Histoire Naturelle de París han detectado que la Tierra está viviendo la Sexta Extinción Masiva si se tiene en cuenta la desaparición de invertebrados. Así lo demuestran los datos de la investigación que han llevado a cabo y que han publicado en la revista científica Biological Reviews, donde además informan que esta extinción se debe en su totalidad a la acción humana.

Robert Cowie, autor principal de la investigación, asegura que «las tasas de extinción de especies aumentaron drásticamente y la disminución de la abundancia de muchas poblaciones de animales y plantas está bien documentada, pero algunos niegan que estos fenómenos equivalgan a una extinción masiva». Una negación que, en su opinión, «se basa en una visión sesgada de la crisis que se centra en los mamíferos y las aves e ignora a los invertebrados, que por supuesto constituyen la gran mayoría de la biodiversidad».

Extrapolando los resultados recogidos sobre los caracoles terrestres y las babosas, los autores de la investigación estiman que desde el año 1500 la Tierra habría perdido entre el 7,5 y el 13% de los dos millones de especies conocidas en el planeta. Es decir, habrían desaparecido entre 150.000 y 260.000 especies en 500 años. Esto, según los expertos, sería solo el inicio. «Incluir a los invertebrados fue clave para confirmar que efectivamente estamos presenciando el inicio de la Sexta Extinción Masiva en la historia de la Tierra», explica Cowie.

No obstante, no está sucediendo de la misma manera en todas las partes del mundo. La diferencia entre el océano y la tierra es grande (las especies marinas están amenazadas, pero no tanto como las terrestres), pero también varía en función de si las especies son insulares o continentales (las primeras están más afectadas) e incluso entre plantas y animales (la tasa de extinción de las plantas es menor).

Posturas dispares frente al problema

A pesar de las evidencias, algunos expertos dentro de la comunidad científica niegan que esta proceso esté sucediendo realmente. Otros lo consideran como parte de la evolución al opinar que los humanos solo están desempeñando su papel natural en la historia terrestre. Hay quienes, incluso, creen que la biodiversidad debe manipularse en beneficio de la humanidad.

Cowie señala que «los humanos son la única especie capaz de manipular la biosfera a gran escala». «No somos simplemente otra especie que evoluciona frente a las influencias externas. Por el contrario, somos la única especie que tiene una elección consciente con respecto a nuestro futuro y el de la biodiversidad de la Tierra«, advierte. Por último, concluye que «falta voluntad política» para acabar con este problema y que todas estas actitudes significan «una derogación de la responsabilidad común de la humanidad».

¿Qué es una extinción masiva?

Una extinción masiva es un fenómeno natural cuyo desarrollo culmina con la desaparición de un número importante de especies. En líneas generales, para hablar de extinción masiva, esta desaparición tiene que ser de, al menos, el 10% de especies en el transcurso de un año o de más del 50% de especies a lo largo de un periodo de tiempo entre uno y tres millones y medio de años.

Se habla de que actualmente estamos a las puertas de una sexta extinción masiva. Y esto, a pesar de que es totalmente cierto que la actividad humana está causando estragos en la supervivencia de otras especies (según la ONU, 150 especies desaparecen al día), sigue generando controversia dentro de la comunidad científica.

Y es que, ¿realmente los seres humanos somos tan poderosos como para causar una extinción masiva? La respuesta, seguramente, es que no. El impacto medioambiental de la actividad humana es horrible, sin duda, pero para estar ante una extinción masiva, solo las fuerzas más devastadoras de la naturaleza pueden ser las protagonistas.

Impactos de meteoritos, cambios climáticos, subidas y bajadas de los océanos, erupciones volcánicas masivas e incluso explosiones estelares de estrellas situadas a miles de años luz en forma de supernova.

A lo largo del Eón Fanerozoico (uno de los cuatro eones en los que se divide la historia de la Tierra desde 541 millones de años en el pasado hasta la actualidad) y según lo que hemos podido rescatar de la historia geológica y biológica de la Tierra, la vida ha pasado, como mínimo y que sepamos, por cinco periodos de extinción masiva.

Cada una de ellas tuvo lugar en un momento concreto de la historia, tuvo unas causas determinadas, tuvo un grado de devastación concreto y tuvo unas consecuencias también específicas. Empecemos, pues, nuestro apasionante viaje.

En la historia de la Tierra se han documentado por lo menos cinco extinciones masivas.  La extinción más reciente ocurrió hace 65 millones de años al final del periodo Cretácico y acabó con el “Parque Jurásico”, es decir, con los dinosauros, además de muchas otras especies.

Las causas de las pasadas extinciones han sido identificadas como cambios dramáticos en el clima debido a actividad geológica. Varios investigadores consideran que los impactos actuales de las actividades humanas nos están llevando a la sexta extinción masiva.

Extinción Hace millos de años Causas % Familias marinas extintas % géneros marinos extintos Otros
Cretácico-Terciario 65 Cambio climático, vulcanismo, asteroide 16 47 18% familias de vertebrados (dinosaurios)
Triásico (finales) 199-244 Vulcanismo, cambio climático 22 52
Pérmico-Triásico 251 Vulcanismo, cambio climático 53 84 70% especies terrestres
Devónico (tardío) 364 Desconocida 22 57
Ordovícico-Silúrico 439 Cambios en el nivel del mar 25 60

¿Cuáles han sido las grandes extinciones masivas?

Una vez entendido qué es una extinción masiva, podemos empezar ya nuestro recorrido a lo largo de la historia para dar con ellas. La primera gran extinción masiva tuvo lugar hace unos 445 millones de años, cuando la vida todavía se limitaba al mar. Y la última, seguramente la más famosa (pero también la menos devastadora), fue la que sucedió hace 66 millones de años y que puso fin a la era de los dinosaurios. ¿Quieres conocer los secretos de todas? Vamos allá. Indicaremos al lado el porcentaje de especies que desaparecieron.

1. Extinción del Ordovícico-Silúrico: 85%

La primera extinción masiva de la que se tiene constancia. Tenemos que remontarnos al Periodo Ordovícico, una edad de la Tierra que empezó hace 485 millones de años y que terminó con esta extinción. Pero no nos adelantemos.

En esta época, la vida solo existía en el mar y estaba limitada a braquiópodos, briozoos, trilobites, conodintes, graptolites, moluscos bivalvos, cefalópodos, los primeros peces vertebrados, etc. La vida estaba proliferando enormemente. Pero la naturaleza le demostró, por primera vez, su fuerza.

Pero, ¿qué pasó? ¿Qué fue lo que la provocó? Bueno, no hay constancia de ningún impacto de meteorito ni de una intensa actividad volcánica, pero sí hay indicios de una glaciación. Esta es la teoría más aceptada. Hay quien habla de que fue causada por la llegada a la Tierra de rayos gamma procedentes de una supernova, pero esta teoría tiene pocos defensores.

Esta glaciación, seguramente, surgió por los movimientos de las placas tectónicas, que arrastraron al supercontinente Gondwana al Polo Sur. Esto hizo que se formaran infinidad de glaciares en la superficie terrestre (donde todavía no había vida) y que, por lo tanto, al solidificarse tanta agua, los niveles de agua líquida en los océanos disminuyeran.

Esto provocó enormes cambios en las corrientes marinas, en la circulación de nutrientes y en la oxigenación de los océanos. Las especies empezaron a desaparecer sin control. Y las que sobrevivieron, tuvieron que enfrentarse a una nueva extinción (esta primera extinción masiva es la suma de dos extinciones) causada por el desplazamiento del supercontinente hacia zonas del Ecuador, cosa que provocó la desglaciación de los glaciares y una nueva subida del nivel del mar.

Estas fluctuaciones en el nivel del mar provocaron que, en un periodo comprendido entre 500.000 y 1 millón de años, el 85% de las especies de seres vivos desaparecieran, lo que hacen de esta extinción masiva la segunda más devastadora de la historia. Con ella termina el Periodo Ordovícico y empieza el Silúrico, de ahí su nombre.

2. Extinción del Devónico-Carbonífero: 82%

Tras esta primera extinción masiva, los supervivientes (solo el 15% de las especies que habitaban la Tierra) proliferaron y permitieron que la vida se abriera camino. El Periodo Devónico empezó hace 419 millones de años (después del Silúrico) y fue en esta edad en la que la vida llegó a tierra firme. Primero las plantas y después los artrópodos.

Pero en medio de esta era de explosión biológica, tuvo lugar el segundo gran batacazo para la vida. Hace 359 millones de años sucedió la segunda gran extinción masiva de la historia de la Tierra, que afectó sobre todo a especies marinas (como la primera), siendo especialmente devastadora para los arrecifes y muchos otros animales (peces, trilobites, cefalópodos, esponjas, braquiópodos, foraminíferos…) que habitaban los océanos, en especial los más templados.

No está muy claro qué suceso geológico impulsó esta gran extinción, pero existen distintas teorías. La del enfriamiento global es la más aceptada. Y es que se observa una proliferación de organismos adaptados a bajas temperaturas, los datos de oxígeno revelan que las temperaturas en esa época disminuyeron, hay cambios en el ciclo del carbono… Pero también hay indicios de una intensa actividad volcánica e incluso de impacto de meteoritos, aunque estos no coinciden exactamente con la época de la extinción.

Sea como sea, esta segunda extinción masiva, provocada seguramente por un enfriamiento de las aguas de los océanos, fue responsable de, en el transcurso de tres millones de años, de la desaparición del 82% de las especies de seres vivos, lo que la convierte en la tercera más devastadora. Marca la frontera entre el Periodo Devónico y el Carbonífero.

3. Extinción del Pérmico-Triásico: 96%

La extinción más devastadora de la historia de la Tierra tuvo lugar hace 250 millones de años. La vida estuvo a punto de desaparecer. Y es que solo el 3% de las especies que habitaban el planeta sobrevivieron a ella. Tras la segunda extinción masiva, la vida proliferó mucho.

De hecho, fue en el Periodo Pérmico (después del Carbonífero) que la vida en tierra firme empezó a crecer, expandirse y diversificarse. Surgieron los grandes anfibios y aparecieron los reptiles. Los animales terrestres colonizaron el mundo y los marinos seguían su expansión.

Pero hace 250 millones de años tuvo lugar la mayor extinción masiva de la historia, la cual es conocida como “La Gran Mortandad”. Su nombre lo dice todo. Por lo tanto, tuvieron que darse fenómenos climáticos devastadores.

Aunque las causas no están del todo claras, tenemos evidencia de que un meteorito masivo impactó sobre la Antártida en esa época, que tuvo lugar una intensa actividad volcánica y que se emitieron al mar grandes cantidades de sulfuro de hidrógeno, una sustancia altamente tóxica.

Estos tres sucesos, juntos, explican que, en el transcurso de 1 millón de años, el 96% de las especies de la Tierra desaparecieran, siendo especialmente devastador en los seres vivos de los océanos. La vida estuvo a punto de exterminarse por completo. Esta extinción pone fin a la Era Paleozoica y marca el inicio de la Mesozoica.

4. Extinción del Triásico-Jurásico: 76%

Tras esta devastadora extinción del Pérmico, la vida se recuperó y siguió proliferando. De hecho, las extinciones masivas son, en realidad, una oportunidad para los supervivientes de marcar el futuro biológico de la Tierra.

Fue precisamente en el Periodo Triásico, que empezó hace 251 millones de años, que surgimos tanto los mamíferos como los dinosaurios, que empezaron a establecerse como los animales dominantes de la Tierra. Paralelamente, Pangea formaba ya un único supercontinente.

Pero esta época de esplendor para la vida terminaría con la cuarta extinción masiva. Hace unos 200 millones de años, Pangea empezó a fragmentarse y a dividirse en los continentes actuales. Esto provocó cambios climáticos enormes que, junto a una edad de intensa actividad volcánica sumada al impacto de meteoritos, provocó la desaparición de una enorme cantidad de especies.

En el transcurso de 1 millón de años, desaparecieron el 76% de las especies de seres vivos, afectando tanto a los organismos terrestres como a los acuáticos. Por lo tanto, la fragmentación de Pangea, el vulcanismo y el impacto de meteoritos impulsó la cuarta gran extinción masiva, la que marcaría el fin del Periodo Triásico y el inicio del Jurásico.

5. Extinción del Cretácico-Terciario: 75%

Tras la cuarta extinción, la vida proliferó como nunca. Surgieron los grandes dinosaurios y se convirtieron en los reyes indiscutibles de la Tierra. El Cretáceo empezó hace 145 millones de años (después del Jurásico) y representó una edad de enorme diversificación biológica.

Pero todos los reinos tienen un final. Y el de los dinosaurios no iba a ser una excepción. Hace 66 millones de años, un meteorito de 12 km de diámetro impactó en lo que hoy sería el Golfo de México. Y a partir de aquí, el resto es historia.

Este impacto del meteorito provocó la quinta extinción masiva de la historia, responsable de la desaparición del 75% de especies de la Tierra y la total aniquilación de los dinosaurios. Pero sin ellos, los mamíferos tuvieron la oportunidad de proliferar. Que estemos hoy aquí es, sin duda, gracias al impacto de este meteorito. Si hubiera pasado de largo, ¿quién sabe qué sería de la vida hoy en día?

Sea como sea, no se sabe exactamente cuánto duró la extinción, pero sí sabemos que las consecuencias del impacto fueron devastadoras. La Tierra quedó cubierta por una nube de polvo que permaneció en la atmósfera durante 18 meses y que impidió que las plantas tuvieran luz solar para hacer la fotosíntesis.

Y partir de aquí, la cadena trófica se derrumbó (además de que las cantidades de dióxido de carbono y de oxígeno se vieron alteradas). Los herbívoros no tenían plantas de las que alimentarse, por lo que murieron. Y los carnívoros, lo mismo. Prácticamente ningún animal terrestre grande sobrevivió.

Por no hablar de que la temperatura media de la Tierra pudo aumentar hasta en 14 °C, lo que hizo que el nivel del mar (por deshielo de los glaciares) subiera más de 300 metros, cosa que no solo alteró las corrientes oceánicas y la circulación de nutrientes (dañando enormemente a la vida del mar), sino que dejó a gran parte de los continentes inundados.

Empezábamos el artículo diciendo que la vida era muy frágil. Y ahora, al llegar al final, quizás deberíamos modificar esta afirmación. Son los seres vivos los que somos frágiles. La vida no. No importa qué pase. Ella siempre encuentra un camino.

Algunos científicos creen que la Tierra ha sufrido más extinciones masivas de lo pensado

Quienes creen que las especies del planeta van encaminadas hacia un desplome suelen denominar esta crisis de biodiversidad la «sexta extinción masiva». Pero algunos científicos sostienen que nos enfrentamos a la séptima, no la sexta.

En 1982, los paleontólogos cuantitativos Jack Sepkoski y David Raup en la Universidad de Chicago hicieron balance de las peores extinciones masivas de la Tierra y las llamaron las «cinco grandes». Ese conjunto incluye la del Pérmico-Triásico, la mayor extinción masiva de todos los tiempos, que ocurrió hace casi 252 millones de años y erradicó al 95 por ciento de las especies marinas.

Entonces, la masacre del Pérmico-Triásico eclipsó otro evento de extinción que tuvo lugar solo ocho millones de años antes, al final de la época Guadalupiense.  Sin embargo, en las tres últimas décadas, los geólogos han profundizado en el Guadalupiense y cada vez se acepta más que fue una crisis independiente. Ahora, algunos científicos sostienen que esta extinción prehistórica fue lo bastante grande como para figurar en el panteón de apocalipsis pasados y proponen llamar al grupo de grandes eventos de extinción los «seis grandes».

En la historia de la vida se han producido muchos desastres y reveses. Pero señalando y estudiando los más grandes, los geólogos pueden empezar a desentrañar patrones y buscar causas comunes. Cada vez más pruebas sugieren que muchas extinciones masivas globales estaban vinculadas a la disminución del oxígeno en los océanos, un síntoma de calentamiento por efecto invernadero, lo que tiene consecuencias preocupantes para los efectos actuales del cambio climático. La extinción de finales del Guadalupiense encaja en esta tendencia.

«Creo que aferrarse al número cinco resulta problemático», afirma Richard Bambach, paleoecólogo marino y profesor emérito de paleontología en el Instituto Politécnico de Virginia que revisó el estudio referente de Sepkoski y Raup. Si se tienen en cuenta los porcentajes, la extinción masiva del Pérmico-Triásico estuvo mucho más cerca de erradicar toda la vida. Pero sostiene que la extinción del Guadalupiense resultó asombrosamente perjudicial para la biodiversidad.

«Si se analizan las cifras brutas, la pérdida de taxones del Guadalupiense es mucho mayor que la del Pérmico», explica.

Un templo encaramado en el monte Emeishan, en la provincia de Sichuán, China. El campo circundante incluye el basalto de inundación de los traps de Emeishan, que marcan el fin de la época Guadalupiense.

Inundaciones de lava

El final de la época Guadalupiense se caracterizó por los traps de Emeishan  del sudoeste de China, un monumento de una inundación de lava que erupcionó en el océano hace 260 millones de años y que discurrió a lo largo de un millón de kilómetros cuadrados. El fenómeno desencadenó columnas de metano y dióxido de carbono que causaron estragos en el clima y aniquilaron hasta un 60 por ciento de las especies marinas, la mayoría en aguas tropicales en torno al supercontinente Pangea.

Hay basaltos de inundación como los traps de Emeishan en lugares de todo el mundo y se ha demostrado que coinciden con las cinco grandes extinciones masivas. «Es una correlación unívoca», explica Michael Rampino, geólogo de la Universidad de Nueva York.

Pero los geólogos que estudian las extinciones masivas no siempre han buscado basaltos de inundación. A partir de los años 80, tras la hipótesis de Luis y Walter Álvarez de que el impacto de un meteoro acabó con los dinosaurios no aviares, los equipos de geólogos buscaron sin éxito evidencias de impactos de meteoros que pudieran explicar las otras extinciones masivas.

Con las manos vacías, Rampino enseguida recurrió a los basaltos de inundación e indicó que los traps del Decán indios se formaron en torno a la misma época en la que se produjo el impacto de Chicxulub y la extinción del Cretácico‑Paleógeno. La del Pérmico-Triásico también se caracterizó por los enormes traps Siberianos.

«Pasé de los impactos al vulcanismo», cuenta. Su investigación a lo largo de la última década se ha centrado en correlacionar los basaltos de inundación con las otras grandes extinciones masivas y también con periodos de disminución de oxígeno y acidificación en los mares.

En los 80, investigar dichas relaciones era complicado, ya que las tecnologías para datar fósiles y rocas eran menos fiables. Sin embargo, en los últimos cinco años, los métodos de datación radiométrica avanzados han proporcionado marcas temporales cada vez más precisas de los fenómenos geológicos. La datación uranio-plomo del circón ha remplazado la datación argón-argón mucho más imprecisa y los márgenes de error que solían abarcar millones de años ahora abarcan miles, lo que aumenta la resolución de los datos.

Con esta nueva especificidad, los geólogos pueden determinar con seguridad que la inundación de lava de finales del Guadalupiense ocurrió en un periodo de 100 000 años —un instante en términos geológicos— y que coincidió con la crisis de extinción documentada en el registro fósil.

En un estudio publicado en Historical Biology, Rampino y su coautor Shu-Zhong Shen, de la Universidad de Nanjing, recopilaron los datos más recientes sobre los traps de Emeishan y analizaron la gravedad ecológica de la extinción del Guadalupiense para defender su inclusión entre los grandes seis eventos de extinción.

Según el equipo, los cambios ecosistémicos de finales del Guadalipiense fueron drásticos. Los enormes arrecifes de corales y esponjas sufrieron un desplome generalizado, así como otros organismos que construían conchas con carbonato cálcico, que se habría disuelto en el agua acidificada. Los moluscos gigantes con conchas rebordeadas que parecían naves alienígenas desaparecieron para siempre. También se extinguieron muchas especies de cefalópodos llamados amonites.

Los paleontólogos tienen menos información acerca de las víctimas terrestres, pero entre ellas figuraba un grupo de protomamíferos grandes de cráneo robusto denominados dinocéfalos. Tras la crisis, los helechos sin semilla dominantes fueron remplazados por gimnospermas productoras de semillas como coníferas y gingkos.

Revisando el registro

Nuevos cálculos han esclarecido el momento de las primeras y últimas apariciones de especies en el registro fósil.

Los investigadores citan un estudio de 2016 que sostiene que, debido a la datación deficiente, muchas especies que se extinguieron en el Guadalupiense se atribuyeron por error a la extinción del Pérmico-Triásico.

Dicha datación otorgó a esta última un récord de un 95 por ciento de especies marinas extintas que probablemente esté más cerca del 80 por ciento.

Bambach tiene algunas dudas respecto a la evaluación de la gravedad ecológica de la extinción del Guadalupiense del estudio. Los niveles del mar globales alcanzaron su mínimo durante el Guadalupiense y aumentaron de nuevo tras la extinción masiva, lo que significa que quedaron relativamente pocos arrecifes del Guadalupiense preservados en rocas a las que puedan acceder los paleontólogos.

«Parte de la desaparición de los ecosistemas puede deberse simplemente al deterioro de la calidad —o cantidad— del registro preservado», afirma. Hay excepciones en China, donde Shen ha datado fósiles marinos del Pérmico y ha refinado el retrato biológico del Guadalupiense.

Con todo, Bambach coincide con Rampino y Shen en que es hora de añadir el Guadalupiense a las cinco grandes extinciones: «Sí que figura en la misma categoría que las grandes».

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