Las tontinas, los fondos de inversión donde el último superviviente se lo llevaba todo…

La Tontine Coffee House fue creada en Manhattan por corredores de bolsa para realizar sus transacciones
Hoy en día está prácticamente olvidado y en muchos sitios prohibido. Pero durante mucho tiempo, particularmente entre el siglo XVII y el XX, fue uno de los productos financieros más habituales para gobiernos e individuos, antecesor de pensiones y seguros de vida y con un desarrollo complejo que permitió que se utilizaran derivados sobre él. Es la tontina, que también ha tenido su hueco en la cultura popular más reciente, y que es uno de los grandes precursores de las finanzas modernas.
Se trato de un sistema para invertir dinero y recibir intereses de forma regular que en algunos sitios de escasa cobertura social como EEUU empiezan a considerar, por ejemplo, los jubilados para incrementar la cuantía de sus pensiones. Un método hoy por hoy ilegal por múltiples razones y que, pese a su aspecto de estafa actual, en realidad fue concebido como una inversión ya siglos atrás.
La historia sitúa el origen de este esquema en el banquero italiano Lorenzo de Tonti (de ahí el nombre de tontina) en el siglo XVII. Natural de Nápoles, tuvo que pedir asilo político en Francia tras participar en una revuelta contra el dominio español. A principios de la década de los 50 de aquel siglo, propuso un particular sistema al gobierno del cardenal Mazarino (la Francia de Luis XIV, tras la guerra de los 30 años, necesitaba desesperadamente dinero) para obtener fondos.
El esquema, que sirve de base para las numerosas versiones de tontina que llegaron posteriormente, es simple: los inversores crean un fondo común aportando el capital inicial y reciben intereses el resto de su vida. Cada vez que uno de los partícipes muera, el interés que recibe el resto se incrementa, y cuándo el último muere, en el esquema de Tonti, el capital restante del fondo vuelve a las arcas públicas. En otros casos, dependiendo de cómo se estructurara, cuando solo quedara un número determinado de supervivientes se repartían el dinero.
La propuesta original de Tonti, en 1653, no llegó a buen puerto. Tampoco una iniciativa similar del mismo año en Dinamarca. Fue en los Países Bajos, pioneros de las finanzas en muchas ocasiones, donde diversas ciudades comenzaron a organizar tontinas, y entre 1670 y 1700 se contabilizaron unas 200. Las ciudades-estado de lo que hoy en día es Alemania también adoptaron pronto esta forma de financiación. Tonti, mientras tanto, cayó en desgracia en Francia, dio con sus huesos en la Bastilla y murió en 1684, cinco años antes de que Francia lanzara su primera tontina en 1689.
Ironías de la historia, poco después fue Inglaterra, en guerra con la propia Francia tras unirse a la Gran Alianza en la Guerra de los Nueve Años, quien lanzaría su primera tontina en 1693 para lograr fondos. Lo hizo con un sistema un poco diferente, con un importe inicial muy elevado que hizo que fuera un instrumento solo para ricos y en el que además se podía elegir la vida de un tercero como referencia para el vencimiento del pago. El original de Tonti incluía un sistema de pago que diferenciaba por edades, siendo el interés mayor para la gente de más edad.

A medio camino entre la pensión y las acciones
En el siglo XVIII las tontinas fueron organizadas por diferentes estados y otros organismos de forma regular, y comenzó también a popularizarse entre personas que organizaban sus propias tontinas privadas. En cierta manera, era una forma de seguro de vida o pensión rudimentaria, puesto que garantizaba un ingreso constante hasta el día de la muerte.
Los especuladores acudieron y se sucedieron las estratagemas para conseguir el máximo beneficio posible: desde nombrar a un rey para asegurar que su vida estuviera bien cuidada a consultar a médicos en busca de familias con historial de longevidad para elegir a sus miembros en la tontina. Pero las tontinas de la época tuvieron un problema que ayudaron a resolver: el registro e identificación de los fallecidos. Con dinero de por medio, éstos se modernizaron y comenzaron a crearse las primeras tablas de mortalidad.
Aunque no era su idea original, pronto también se desarrollo un mercado secundario sorprendentemente líquido. Tener una participación que incrementaba su valor en el tiempo era muy atractivo para los inversores, que pronto desarrollaron también derivados y formas de cobertura como la inversión en varias participaciones de una misma tontina a la vez para reducir el riesgo de la muerte de los partícipes.
Abierta la puerta, la tontina se difundió rápidamente y en 1689, ya con el Rey Sol en su apogeo, Francia aceptó organizar su propia versión, aunque Tonti no llegó a verla porque había fallecido cinco años antes (y tras siete de paso por prisión sin que se sepa exactamente la causa). Había que aportar trescientas libras francesas por cabeza (ésa era la moneda que estuvo vigente en el país desde el siglo VIII hasta 1791, en que la sustituyó el franco) y el dinero recaudado se empleó en pagar campañas militares.
De allí, la tontina saltó a Inglaterra en 1693, adoptada también por el ejecutivo para, paradójicamente, financiar la Guerra de los Nueve Años contra Francia. Y así, el sistema se generalizó: los franceses tuvieron ocasión de participar en una decena de ediciones hasta 1759, por cuatro los ingleses hasta 1789. Varios territorios germanos y los citados Países Bajos también se unieron a la moda con notorio éxito, dado que estaba impulsada por los propios gobiernos, que obtenían una fuente extra de ingresos.
Y es que el funcionamiento de la tontina facilitaba la obtención de liquidez, muy necesaria en tiempos en los que las guerras eran frecuentes y requerían financiarse con prontitud. Básicamente, consistía en una serie de suscriptores que aportaban a un fondo un capital acordado a cambio de recibir de forma regular un pago proporcional, abonado normalmente una vez al año.

Pero lo verdaderamente original del sistema estaba en que, a medida que iban falleciendo los inversores, su participación se reasignaba entre los demás, de manera que así incrementaban sus respectivos beneficios (sólo éstos, dado que el capital invertido no se recuperaba como tal). El proceso continuaba hasta que sólo quedaba un último suscriptor que era el que se quedaba con los intereses de los demás (una viuda de noventa y seis años llamada Charlotte Barbier fue la cobradora postrera de la tontina de 1683, recibiendo setenta y tres mil libras); cuando moría el último superviviente, la tontina se suspendía.
A pesar de que eran los estados los encargados de organizar y gestionar las tontinas, surgieron problemas a menudo, pues según pasaba el tiempo los inversores aprendían y terminaron sabiéndoselas todas: identificación de los miembros; el hecho de que éstos solían incluir a sus hijos (más bien hijas, cuya tasa de mortalidad era menor) como nuevos inversores, de manera que quedara garantizado el cobro para la familia; que los más jóvenes tuvieran mayor esperanza de vida y, por tanto, más posibilidades que los otros (lo que obligó a establecer tontinas por segmentos de edad); e incluso el recurso al asesinato para reducir el número de integrantes y tocar a más (lo que exacerbó la imaginación de literatos como Stevenson, en su novela La caja equivocada).

La patente de Dousset
Por todo esto las tontinas empezaron a decaer a finales del siglo XVIII, al menos en su forma original. La longevidad creciente y los mil y un trucos empleados favorecían el reparto de dividendos pero, a la vez, reducían los ingresos del organizador, por lo que los estados tendieron a desentenderse del sistema. Algunos aún siguieron, combinando el método con la lotería (el francés Dousset incluso patentó una tontina-lotería en 1792) o con seguros de vida, algo especialmente usado en el mundo anglosajón (Inglaterra, EEUU, Australia, Nueva Zelanda…); para prevenir crímenes se incluían cláusulas ad hoc.
Básicamente, las tontinas decimonónicas fueron de naturaleza particular y/o diferente (como la llamadas penny policies, una especie de proto-planes de pensiones), diseñadas con objetivos específicos como recaudar dinero para determinados proyectos; buena parte de ellos eran obras públicas y así se pudieron construir equipamientos como puentes y carreteras. Es decir, pasaron a ser iniciativa privada y gracias a eso, con muchas restricciones, pudieron mantenerse hasta mediados del siglo XX.
El origen de la bolsa de Nueva York

Las tontinas financiaban todo tipo de iniciativas privadas y públicas, desde calles hasta hoteles.
En origen ayudaron sobre todo a las guerras, por lo que se pueden considerar antecesoras de los bonos perpetuos y los war bonds.
Respecto a otros objetivos, una de las más conocidas fue la tontina para construir la denominada Tontine Coffe House en Nueva York, lanzada en 1790 y suscrita por completo en 1792.
Esta tontina tenía características peculiares, como que el vencimiento estaba referenciado a la propia vida de los partícipes, algo ya poco habitual, y que los intereses dependerían de los ingresos que generara el propio edificio. Las participaciones podrían venderse, pero se disolvería en cuanto solo quedaran siete nominados en la emisión.
Pero lo verdaderamente importante es que allí, en la esquina entre Wall Street y Water Street, es donde se establecieron los primeros traders de Nueva York. En ese mismo 1792, 24 operadores firmaran el histórico acuerdo de Buttonwood, sentando las bases de lo que hoy es la bolsa de Nueva York, y la Tontine Coffe House fue el lugar elegido para operar, aunque no muchos años después, en 1817, la casa de la tontina se quedó pequeña, lo que obligó al incipiente mercado a buscar un nuevo hogar. Hoy, tras ser bar y hotel, es un rascacielos más en Nueva York.
La tontina comenzó a caer en desuso y fue prohibido en muchos países, aunque en Francia sigue en activo y regulada. El problema, como se puede entender fácilmente, es que genera unos incentivos bastante fuertes al asesinato.
Hoy en día la palabra tontina tiene una acepción más amplia en lengua francesa y se refiere a métodos de ahorro en grupo y planes de microcréditos en los que el reparto de dividendos se hace sin que influya la muerte de los interesados, mientras que en Gran Bretaña está asociada a iniciativas similares pero relacionadas con las fiestas navideñas (una especie de paga extra de Navidad). En cambio, en los países africanos las tontinas están muy extendidas y asentadas, casi siempre formadas por mujeres y con un importante componente benéfico y solidario.
También abundan en Asia y muy especialmente en Camboya. Las tontinas se han vuelto a poner de moda debido a los estudios que, como decíamos al principio, se están realizando en EEUU para complementar los planes de pensiones que las empresas hacen a sus empleados.
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