Charlie Watts, el Rolling Stone tranquilo (R.I.P.) …
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Los Rolling Stones
Infobae(M.Bauso)/abc/wikipedia — La anécdota se contó muchas veces. La versión que quedó cristalizada es la de Keith Richards en su autobiografía Life. En 1984, una gira llevó a los Rolling Stones por Amsterdam.
Mick Jagger y Keith salieron después del show. Volvieron al hotel ya de madrugada. Estaban eufóricos. Gritaban, se empujaban, planeaban grandes canciones. A esa hora y en ese estado todas las ideas parecen geniales.
Mick dijo que tenía que probar una canción que se le había ocurrido, que eso no podía esperar. Levantó el teléfono y llamó a la habitación de Charlie Watts. Keith trató de disuadirlo. Eran las 5 de la mañana. Charlie dormía desde hacía varias horas.
Atendió y escuchó que del otro lado, Jagger le decía: “¿Cómo está mi baterista?”. Watts no respondió y colgó.
Jagger y Richards siguieron divirtiéndose en la habitación hasta que veinte minutos después los interrumpieron unos enérgicos golpes en la puerta.
Cuando Mick abrió se encontró a Charlie frente a él. Estaba impecable, como siempre. Camisa planchada, corbata con el nudo perfecto, pantalón pinzado y los zapatos destellantes. Pero todo eso no lo pudo notar Mick, ni siquiera se llegó a asombrar porque su compañero no tenía pijama.
Charlie Watts le pegó una trompada sin siquiera saludarlo o insultarlo. Un furibundo cross en la mandíbula que desparramó a Jagger en la mullida alfombra. Antes de irse, Charlie se acercó a él y con un dedo apuntándole a centímetros de la nariz le dijo: “No te lo olvides más: no soy tu baterista”. Y volvió a dormir un rato más.
Keith Richards contó que el enojo le duró casi un mes y que los compañeros debieron contenerlo en más de una oportunidad.

El grupo de rock inglés, en 1963. De izquierda a derecha: Mick Jagger, Charlie Watts, Brian Jones, Keith Richards y Bill Wyman
La historia grafica algunas de las principales características del baterista de los Rolling Stones: el cuidado al vestir, las pocas pulgas, su importancia en el grupo, la fuerza de sus brazos.
Charlie Watts murió a los 80 años. La tranquilidad y la quietud que siempre mostró no le llegaron con los años. La fama, los millones, los estadios desbordantes no cambiaron su forma de ser. Era el Rolling Stone discreto, quieto. El hombre sin estridencias pero con atributos.
A principios de los años sesenta, Charlie Watts ya era un baterista conocido en el circuito de R&B de Londres.
Tocaba en varias bandas, entre ellas la más importante era Blues Incorporated, que integraban varios músicos que luego harían una gran carrera: su líder Alexis Korner y Jack Bruce (Ginger Baker, también integrante de Cream como Baker, reemplazó a Watts tras su partida).

El grupo de rock, en Nueva York
Al mismo tiempo se ganaba la vida como diseñador gráfico. Keith Richards y Mick Jagger lo querían en su banda: “Pensábamos que había sido tocado por la gracia de Dios”, escribe Keith. Sabían que era el mejor baterista del ambiente.
Cuando se acercaron a él, Watts les hizo una pregunta prosaica: “¿Vamos a ganar plata?” Porque yo necesito cobrar. Vivo de esto”.
Él necesitaba al menos que le aseguraran dos shows semanales. Pero cuando empezaron a tocar juntos hubo algo que al principio no funcionó del todo bien. Las partes no conseguían congeniar. Mick y Keith buscaban más energía, algo más musculoso.
“Charlie tiene swing. Pero todavía no tiene el sonido correcto”, anota Keith en su diario. Ellos creían que no sabía rockear. A las pocas semanas el tándem con Bill Wyman se había afianzado y los Rolling Stones descansaban en su baterista tranquilo.
El 2 de febrero de 1963, Keith anota en su diario que su banda dio un show magnífico. Se lo lee exultante. La base rítmica ya es la clásica: Bill Wyman y Charlie Watts. Los Rolling Stones tomaban su fisonomía definitiva.
Andrew Loog Oldham, productor en los sesenta de la banda, cuenta en Rolling Stoned, su libro de memorias, la primera vez que vio a Charlie Watts tocando con los Stones y la impresión que le causó: “El baterista parecía haber sido transportado por un rayo y daba la impresión de no escuchárselo tanto cómo se lo sentía. Yo disfrutaba la presencia que aportaba al grupo, así como su forma de tocar.
A diferencia de los otros cinco que no tenían saco, él tenía los dos botones superiores del suyo meticulosamente abrochados por sobre una pulcra camisa de cuello con botones y una corbata, conjunto indiferente a la temperatura de la sal.
Tenía el cuerpo detrás del set de batería y la cabeza girada a la derecha, con un distante y calculado desdén. Era el único, el eterno hombre de su propio mundo, caballero del tiempo, del espacio y el corazón. Había conocido a Charlie Watts”.
El estilo de Watts mezclaba el jazz con el rock. Tenía personalidad y sutileza. Y mucho sentimiento. En cada tema hizo lo que su banda necesitaba de él. Y contaba con una virtud fundamental de la que carecen la mayoría de los que tocan su instrumento: no era para nada pretencioso.
Su origen de baterista de jazz se notaba en el escenario. Estaba en la economía de gestos, en el ritmo diferente, en la falta de rigidez. Keith dijo: “Tiene controlado el sentimiento, la soltura, y ahorra mucho. Como él es un baterista de jazz, nosotros en el fondo somos una banda de jazz”.
Los bateristas siempre fueron los relegados. Los que no cantan, los que están detrás de todo, ocultos entre los parches y platillos. Son el soporte rítmico (y hasta moral) de las bandas. En los que todos se apoyan. Un puesto diferente, solitario.
Las tácticas que han utilizado a lo largo de los años para hacerse notar, además de los extensos solos, demostraciones más musculares que musicales, han sido similares. Una especie de tradición entre los bateristas de las grandes bandas es estar siempre del lado de los excesos. Un linaje: Keith Moon, John Bonham y hasta Ringo Starr.

Los Rolling, en Londres en 1963
Charlie Watts se ubicó en las antípodas. Prefirió pasar desapercibido. Él hizo su trabajo con precisión y cierta gracia pero sin morisquetas, sin fuegos artificiales. Una buena demostración de ello fue su set de batería. Hace décadas que los bateristas se refugian en una parafernalia monstruosa con equipos desmesurados que parecen grandes acorazados.
Charlie siempre siguió tocando con su set básico, con no demasiadas incorporaciones a su equipo de los sesenta. Con lo que tenía le bastaba para tirar para adelante, para sostener a la banda de rock más poderosa de la historia.
“De no haber sido por Charlie, yo nunca hubiera seguido aprendiendo y creciendo. Charlie con el equipo básico que tiene puede empujar lo que quiere. Nada ostentoso pero cuando empieza a tocar es una bomba”, explicó Keith Richards.
Charlie no tenía pinta de rockero. Alguien lo podría confundir con un escribano, un banquero o un terrateniente. Vestía siempre de manera impecable.
No se permitía aparecer en público desalineado (después de conocer la anécdota con Jagger y la trompada de madrugada hasta podemos decir que tampoco en privado). Varias veces fue distinguido por las revistas de moda por su manera de vestir.
Estaba casado desde 1964 con la misma mujer, Shirley Ann Shepperd. El peor momento lo pasaron a principios de la década del ochenta. Una crisis personal llevó a Charlie a involucrarse con el alcohol y las drogas. Fueron tres años en los que el consumo estuvo a punto de apoderarse de él. Pero con el apoyo de Shirley pudo salir adelante.
Cuando los Stones se dispusieron a grabar en una mansión francesa Exile in The Main Street, Charlie alquiló una vivienda a cientos de kilómetros del lugar. Fue el único de la banda que decidió no vivir allí. Sólo iba a las grabaciones. “Odio dejar mi casa. Amo lo que hago pero disfrutó mucho más dormir cada noche en mi casa”, declaró.
Vivía con Shirley en Devonshire, Inglaterra. La fortuna que alcanzó se calcula en los 200 millones de dólares.

Los Rolling Stones anuncian su gira ‘Bridges to Babylon’ en una rueda de prensa celebrada debajo del Puente de Brooklyn, en el distrito de Brooklyn de Nueva York, el 18 de agosto de 1997
Una imagen, un rito de Watts describe de manera cabal los hábitos que mantuvo en las giras alocados de los Rolling Stones, repletas de historias legendarias en las que se mezclan de la manera más impensada drogas, excesos, groupies y destrozos.
El baterista tenía la costumbre de dibujar cada una de las enormes suites que visitaba en sus giras. El resto durante décadas (ya no: los años pasan para todos) destrozaban esa mismas habitaciones. Charlie, a diferencia de sus compañeros, no demolía hoteles: se la pasaba dibujando hoteles.
Estas diferencias, muchas veces ostensibles, con el resto de sus compañeros de banda sólo le hicieron ganar el respeto del resto. Y lo convirtieron en la voz confiable, en el razonamiento ecuánime en los momentos álgidos. Era a quien recurrían cuando había un problema interno serio.
Sabían que Charlie era el único que lo podía resolver. Cuando Bill Wyman dejó la banda, después de considerar varios candidatos, el elegido fue Darryl Jones. Mick y Keith dejaron que la decisión final la tomara Charlie. Por un lado confiaban plenamente en su criterio; por el otro, era lo más razonable que el otro integrante de la base rítmica eligiera a su ladero.

En 2004 padeció un cáncer de garganta. Mientras atravesaba la enfermedad sus compañeros le dijeron que tenían un disco nuevo pero que no iban a grabar hasta que él regresara. Así que A Bigger Band tuvo que esperar a que Charlie se restableciera.
Como también ocurrió en los Beatles, ante las constantes peleas del dúo de compositores, el primero en abandonar el grupo porque el clima de trabajo era nocivo, fue el baterista. Igual que en el caso de Ringo, el resto de la banda fue a buscar a Charlie para que regresara.
Hace unos años le preguntaron sobre el posible final de los Rolling Stones: “Amo a Mick, a Keith, a Ronnie y me gusta mi trabajo. Pero si se acaba no pasa nada. Puedo seguir viviendo sin los Stones”, dijo.
Charlie Watts fue el héroe accidental. El que no estaba diseñado para triunfar, el que de manera natural le escapó al estruendo. Fue desde hace casi sesenta un Rolling Stone, el Rolling Stone en el que descansan los demás, el que les permitía la libertad de correr y volar por el escenario mientras él los miraba y les cuidaba las espaldas.

En esta imagen tomada el 12 de julio de 2012, la banda posa a su llegada a Somerset House, en el centro de Londres, antes de una fiesta para celebrar el lanzamiento del libro ‘Rolling Stones 50’ y una exposición fotográfica
Desde su ingreso en enero de 1963, y hasta su fallecimiento, permaneció en el grupo, formando con el cantante Mick Jagger y el guitarrista Keith Richards la asociación más duradera en la historia del rock. Según afirmaciones de Jagger y Richards, Watts era el verdadero líder de la banda.
Con una formación de artista gráfico, comenzó a tocar la batería en los clubes rhythm and blues de Londres, donde conoció a Brian Jones, Mick Jagger y Keith Richards. En enero de 1963, se unió a su incipiente grupo, The Rolling Stones, ejerciendo el rol de baterista y diseñador de portadas de sus álbumes y escenarios de gira.
También ha girado con su propio grupo, Charlie Watts Quintet, apareciendo en el Ronnie Scott’s Jazz Club de Londres con Charlie Watts Tentet.

El músico junto a su guardaespaldas.
En 2006, Watts fue elegido como miembro en el Salón de la Fama de la revista Modern Drummer; en el mismo año, Vanity Fair lo incluyó en el Salón de la fama internacional de los mejores vestidos. Según el reconocido crítico musical Robert Christgau, Watts es «el mejor baterista de rock».
En 2016, ocupó el puesto 12 en la lista de los «100 mejores bateristas de todos los tiempos» de la revista Rolling Stone.
Biografía
Nació el 2 de junio de 1941 en el University College Hospital de Londres, Reino Unido. Hijo de Charles Richard Watts, un camionero del London, Midland & Scottish Railway, y su esposa Lillian Charlotte Eaves. Se crio, junto con su hermana Linda, en el distrito Kingsbury. Asistió a la Escuela Tyler’s Croft Secondary Modern School entre 1952 y 1956; Como un colegial, mostró un talento para el arte, el críquet y el fútbol.
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Sobrio hasta el su equipamiento, Charlie Watts marcó el pulso en el que descansaron los demás músicos de los Rolling
Durante su infancia vivió junto con su familia en una casa prefabricada, en el 23 de Pilgrims Way en Wembley. Muchas de las casas de la zona habían sido destruidas por bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.
Un vecino de Watts, Dave Green, quien vivía al lado, es amigo de la infancia y lo siguieron siendo toda la vida; Green se convirtió en un bajista de jazz. Green recuerda que «cuando éramos niños, descubrimos discos de 78 rpm. Charlie tenía más discos que yo… Solíamos ir a su habitación y sacar estos discos».
Los primeros discos de Watts eran grabaciones de jazz; recuerda haber tenido registros de 78 RPM de Jelly Roll Morton y Charlie Parker. Green recuerda que Watts también «tenía uno con Monk y Johnny Dodge Trio. Charlie estaba por delante de mí en la escucha y las adquisiciones».
Cuando Watts y Green tenían alrededor de trece años, Watts se interesó en tocar la batería «Compré un banyo y no me gustaron los puntos en el cuello. Así que me quité el cuello y, al mismo tiempo, escuché a un baterista llamado Chico Hamilton, que tocaba con Gerry Mulligan, y quería tocar así, con pinceles. No tenía un tambor, así que puse la cabeza del banyo en un soporte».
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Mick Jagger, Charlie Watts y Keith Richards en Abu Dhabi, febrero 2014
Sus padres le compraron su primera batería en 1955; estaba interesado en el jazz y practicaba junto con los discos de que coleccionaba.
Green y Watts comenzaron sus carreras musicales juntos en 1958, tocando en una banda de jazz en Middlesex llamada Jo Jones All Stars hasta 1959. Watts comenzó con el rhythm and blues sin conocerlo, comentando: «Me metí en el rhythm and blues. Cuando me pidieron que tocara, no sabía qué era. Pensé que se refería a Charlie Parker, así que toqué lento».
Después de completar la escuela secundaria, se matriculó en Harrow Art School (posteriormente absorbida por la Universidad de Westminster), a la que asistió hasta 1960.
Después de abandonar la escuela, Watts trabajó como diseñador gráfico para una empresa de publicidad llamada Charlie Daniels Studios, y también tocó la batería ocasionalmente con bandas locales en cafeterías y clubes.
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Charlie Watts en 1971
En 1961 conoció a Alexis Korner, quien lo invitó a unirse a su banda, Blues Incorporated. En ese momento, Watts se dirigía a trabajar por una temporada como diseñador gráfico en Dinamarca, pero aceptó la oferta de Korner cuando regresó a Londres en febrero de 1962.
A lo largo de ese año tocó regularmente con la banda, mientras mantenía un trabajo con otra empresa de publicidad llamada Charles, Hobson y Gray.
A mediados de 1962 que Watts conoció a Brian Jones, Ian Stewart, Mick Jagger y Keith Richards, quienes también frecuentaban los clubes de rhythm and blues de Londres, pero no fue hasta enero de 1963 que Watts finalmente accedió a unirse a The Rolling Stones, para sustituir al anterior baterista, Tony Chapman.
Watts fue el último de los cinco miembros permanentes de los Stones en llegar al grupo, el cual se había formado pocos meses antes y tuvo varios cambios de formación hasta ese momento.
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Bill Wyman, Brian Jones, Charlie Watts, Mick Jagger y Keith Richards en Mod Ball
Además de su música, Watts contribuyó con el arte gráfico en los primeros discos de los Stones, como la contratapa del disco Between the Buttons.
Fue responsable de la conferencia de prensa que anunciaba el Tour of the Americas ’75, en la ciudad de Nueva York. La banda sorprendió a cientos de periodistas y al público en general al interpretar «Brown Sugar», subidos en el acoplado de un camión de plataforma en medio del tráfico de Manhattan.
Watts recordó que esta era una forma común en que las bandas de jazz de Nueva Orleans promocionaban las próximas fechas.
Además, junto con Jagger, diseñó los elaborados escenarios para las giras, primero contribuyendo el diseño en forma de flor de loto del Tour of the Americas ’75, así como el Steel Wheels/Urban Jungle Tour entre 1989-1990, el Bridges to Babylon Tour de 1997, el Licks Tour entre 2002–2003 y el A Bigger Bang Tour entre 2005–2007.
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Para Mick Jagger y el resto del los Stones, Charlie era quien aconsejaba, el amigo que los contenía
Watts ha participado en muchas actividades fuera de su vida como miembro de los Stones. En 1964, publicó una selección de dibujos animados en homenaje a Charlie Parker titulado Ode to a High Flying Bird. Aunque se ha hecho un nombre en el rock, sus gustos personales residen principalmente en el jazz.
A fines de la década de 1970, se unió a Ian Stewart y Dick Morrissey en la banda de boogie-woogie Rocket 88, que contó con muchos de los mejores músicos de jazz, rock y R&B del Reino Unido.
En la década de 1980, realizó una gira mundial con una gran banda que incluía nombres como Evan Parker, Courtney Pine y Jack Bruce, quien también era miembro de Rocket 88. En 1991, organizó un quinteto de jazz como tributo a Charlie Parker.
En 1993 vio el lanzamiento de Warm And Tender, del Charlie Watts Quintet,que incluyó al vocalista Bernard Fowler. Este mismo grupo lanzó Long Ago And Far Away en 1996. Ambos discos incluyeron una colección de los estándares de Great American Songbook.
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Hace unos años le preguntaron sobre el posible final de los Rolling Stones: “Amo a Mick, a Keith, a Ronnie y me gusta mi trabajo. Pero si se acaba no pasa nada. Puedo seguir viviendo sin los Stones”
Después de una exitosa colaboración del músico estadounidense Jim Keltner en el álbum de los Stones Bridges to Babylon, Watts y Keltner lanzaron un álbum tecno / instrumental simplemente titulado, Charlie Watts / Jim Keltner Project.
Watts declaró que a pesar de que las pistas llevaban nombres como «Elvin Suite» en honor a Elvin Jones, Max Roach y Roy Haynes, no copiaban su estilo de batería, sino que capturaban el feeling de esos artistas.
Watts at Scott’s fue grabado con su grupo, Charlie Watts Tentet, en el famoso club de jazz de Londres, Ronnie Scott’s. En abril de 2009 comenzó a realizar conciertos con el ABC&D de Boogie Woogie junto con los pianistas Axel Zwingenberger y Ben Waters además de su amigo de la infancia Dave Green en el bajo.
En 1989, los Stones fueron incluidos en el Salón de la Fama del Rock and Roll. En 2006, Watts fue elegido como miembro en el Salón de la Fama de la revista Modern Drummer, uniéndose a Ringo Starr, Keith Moon, Steve Gadd, Buddy Rich y otros bateristas muy estimados e influyentes de la historia del rock y el jazz.

En la estimación del destacado crítico musical Robert Christgau, Watts es «el mejor baterista de rock».
Falleció el 24 de agosto de 2021 en un hospital de Londres, según informaron su agente y la cuenta Twitter oficial de The Rolling Stones. A principios de ese mes, el baterista había decidido no ir de gira con la banda, para recuperarse de un procedimiento médico, posiblemente relacionado con su antiguo cáncer.
El 14 de octubre de 1964, Watts se casó con Shirley Ann Shepherd (nacida el 11 de septiembre de 1938), a quien había conocido antes de que la banda tuviera éxito. La pareja tiene una hija, Serafina, nacida en marzo de 1968, que a su vez dio a luz a la única nieta de Watts, una niña llamada Charlotte.
Watts ha expresado una relación de amor-odio hacia las giras. Durante una entrevista en el programa Desert Island Discs de la BBC Radio 4 en febrero de 2001, dijo que ha tenido un hábito compulsivo durante décadas de dibujar cada nueva habitación de hotel que ocupa, y sus muebles. Dijo que mantiene cada boceto, pero aún no sabe por qué siente la compulsión de hacer esto.

El baterista Charlie Watts se presenta con la banda ‘The ABC & D of Boogie Woogie’ durante un concierto en Herisau (Suiza)
La vida personal de Watts parece ser más tranquila que la de sus compañeros de banda y de muchos sus colegas de rock and roll; En el escenario, parece proporcionar un contrapunto tranquilo y divertido a sus extravagantes compañeros de banda.
Siempre fiel a su esposa Shirley, Watts rechazó constantemente los favores sexuales de las groupies en el camino; en el documental de la gira estadounidense de 1972 realizado por Robert Greenfield STP: A Journey Through America with The Rolling Stones, se observa que cuando el grupo fue invitado a la Mansión Playboy durante esa gira, Watts aprovechó la sala de juegos de Hugh Hefner en lugar de juguetear con las mujeres «Nunca he llenado el estereotipo de la estrella de rock», comentó. «En los años 70, Bill Wyman y yo decidimos dejarnos crecer la barba, y el esfuerzo nos dejó exhaustos».
Watts ha hablado abiertamente sobre un período a mediados de la década de 1980 cuando su consumo moderado de alcohol y drogas se volvió problemático: «(Mis problemas con las drogas y el alcohol eran) mi forma de lidiar con (problemas familiares)…

La banda llega a la premiere del documental ‘Stones in Exile’ y al relanzamiento de su álbum ‘Exile on Main Street’, el 11 de mayo de 2010 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York
Mirando hacia atrás, creo que fue una crisis de mediana edad. Todo lo que sé es que me convertí totalmente en otra persona alrededor de 1983 y salí de eso alrededor de 1986. Casi pierdo a mi esposa y todo por mi comportamiento».
Watts destaca por su vestuario personal: el periódico británico The Daily Telegraph lo nombró uno de los hombres mejor vestidos del mundo. En 2006, Vanity Fair lo incluyó en el Salón de la fama internacional de los mejores vestidos.
En junio de 2004, Watts fue diagnosticado con cáncer de garganta, a pesar de haber dejado de fumar a fines de la década de 1980 y llevar un estilo de vida sano. Se sometió a un tratamiento de radioterapia de 6 semanas, Logró volver a tiempo para grabar el disco A Bigger Bang de los Rolling Stones, lanzado en 2005.

El batería de los Rolling Stones, Charlie Watts, se presenta en el escenario durante su gira ‘No Filter’ en el NRG Stadium, el 27 de julio de 2019, en Houston, Texas
En junio de 2005, casi pierde la vida de nuevo, esta vez por un accidente automovilístico en Niza, Francia.
Hasta su muerte Watts vivió en Dolton, una aldea rural en el oeste de Devon, donde él y su esposa Shirley son dueños de una granja de caballos árabes. También posee un porcentaje de varias entidades corporativas de The Rolling Stones.
Charlie Watts fue el baterista tranquilo, taciturno, de ritmo perfecto. Y ahora se ha ido. Nuestro homenaje a él.
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