La mudanza de Abu Simbel, el templo egipcio que se mudó piedra a piedra …

Abu Simbel en su ubicación original.
unabrevehistoria.com(D.Piñeiro)/Anfrix/Momentos del Pasado/iagua.es — Abu Simbel es un complejo formado por dos templos excavados en la roca, construidos por voluntad del faraón Ramsés II durante su reinado (1279-1213 a.C) para conmemorar su victoria en la batalla de Qadesh (ca. 1274 a.C.).
El templo de Ramsés II, o templo mayor, es el más grande que este faraón ordenó construir en Nubia mientras que el templo menor está dedicado a Nefertari, su primera esposa (siendo este el único templo del antiguo egipto dedicado a la esposa de un faraón).
Ambos se encuentran situados en el margen izquierdo del Nilo al sur del actual Egipto, muy cerca de la frontera con Sudán , aunque como veremos más adelante no siempre estuvieron ubicados en el mismo lugar.

Cúpula del templo de Ramsés II en Abu Simbel.
La construcción de los templos duró unos 20 años y su propósito era impresionar a los vecinos del sur así como reforzar la influencia de la religión de los faraones en la región.
Propósito que cumplieron hasta el declive de la civilización egipcia, cuando los templos fueron olvidados y la arena del desierto fue, lentamente, adueñándose del lugar.

Medinet Habu
Este templo era tan magnífico que presionó al sucesor de Ramses II, es decir Ramses III, a construir un templo igual de imponente, el templo de Medinet Habu, razón por la cual el faraón presionó en gran medida a sus arquitectos quienes, a su vez, presionaron a los trabajadores a tal punto que todo desencadenó en la que fue la primera huelga de la que se tiene registro en la Historia.

Medinet Abu
Así mismo, durante el reinado del faraón Ramses IV, quien se encontraba construyendo otro templo, se produjo el mapa más antiguo que aun se conserva.
Más de 3.000 años después de su construcción, en 1813, el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt los halló cubiertos en buena parte por la arena.
A su vuelta a Europa compartió su descubrimiento con su colega Giovanni Belzoni, quien no dudó en viajar al lugar en 1815 con la firme intención de acceder a los templos.

Templo de Ramsés a principios del siglo XX
Entrar no iba a ser tarea fácil. El templo de Ramsés, con sus cuatro colosos guardando la entrada, estaba invadido por tal cantidad de arena que Belzoni abandonó decepcionado su empresa y no la retomaría hasta 1817, dos años después. Esta vez tendría éxito.
Consiguió excavar un acceso al templo para, eso sí, llevarse todos los objetos de valor que fue capaz de transportar, algo habitual en los exploradores de la época.
Kalabsha

Este templo, situado originalmente a 50 km de la actual presa, fue trasladado a un islote a pocos metros de la misma. Construido en el 30 a.C., durante la época de dominio romano, nunca fue terminado.
Templos de Philae

Este conjunto de templos debe su nombre a la isla en la que se situaba, la isla de Philae, File o Filé. Esta isla quedó parcialmente sumergida, y sus templos dañados, con la construcción de la Presa Baja. Quedó casi totalmente sumergida con la construcción de la Presa Alta.
Los templos fueron trasladados a la isla de Agilkia, rebautizada como Philae, que es unos metros más alta. En el complejo hay más de 10 edificaciones distintas, y estaban dedicados a la diosa Isis.

Abu Simbel

Abu Simbel (Templo de Ramsés II), en su ubicación actual.
El conjunto de templos se trasladó muy cerca de su posición original, sólo 200 metros en horizontal y 60 en vertical, lo mínimo imprescindible para ponerlo a salvo del agua.

Es sin duda el símbolo del esfuerzo internacional para la conservación del legado egipcio. Lo que en su construcción requirió del trabajo de 30.000 obreros durante treinta años, había que cortarlo, etiquetarlo, trasladarlo, almacenarlo (ya que lo primero que se quita lo último en colocarse) y reconstruirlo. Y todo a contrarreloj, entre 1964 y 1968.

La Presa
Desde la antigüedad el Nilo se desbordaba anualmente. Estas crecidas, al dejar un sedimento de nutrientes en el suelo, convirtieron las tierras próximas al río en una fértil planicie ideal para la agricultura.
Sin embargo, la impredecible alternancia del nivel de las crecidas conllevaba la pérdida de cosechas enteras por anegamiento o sequía y la consiguiente hambruna en la población, por lo que se consideró necesaria la construcción de una presa que regulara el nivel de las inundaciones para proteger las tierras de labor y los campos de algodón.

La represa de Asuán fue uno de los proyectos de ingeniería civil más importantes llevados a cabo en Egipto y el mundo durante el siglo XX y el cual además propició uno de los esfuerzos internacionales más grandes de todos los tiempos: la mudanza de Abu Simbel.
Diseñada y financiada en parte por Egipto y en parte por la Unión Soviética, la misma fue declarada de interés nacional por el gobierno egipcio ya que acabaría, según se esperaba, con la gran problemática de desabastecimiento energético que dicha nación se encontraba padeciendo por ese entonces.
La construcción de esa presa en Asuán fue iniciada por los británicos en 1899 y se concluyó en 1902.
El diseño inicial, muy poco ambicioso, pronto se mostró ser inadecuado, por lo que se procedió a aumentar su altura en 1912 y de nuevo en 1933.
Cuando la presa estuvo a punto de desbordarse en 1946 se decidió que, en lugar de aumentar su altura por tercera vez, se construiría una segunda presa ocho kilómetros río arriba, que además de ayudar a controlar las crecidas, suministraría energía eléctrica a buena parte del país.

La represa, de 3,6 kilómetros de longitud, 980 metros de anchura en su base (40 metros en su cúspide) y 111 metros de altura, fue construida entre 1959 y 1970.
Su construcción creó un enorme lago artificial en la región baja de Nubia, el denominado lago Nasser.
Lago que inundó territorios ocupados no solamente por varios pueblos y ciudades pequeñas sino que además inundó el territorio ocupado por reliquias milenarias tanto del Antiguo Egipto como así también del Reino de Kush y varias otras culturas del Valle del Nilo.
Reliquias entre las que se encontraba el complejo de templos de Abu Simbel, una serie de templos tallados en la roca durante el siglo XIII a.C. en honor al faraón Ramsés II y su esposa Nefertari, y adornados con gigantescas estatuas en piedra y varios santuarios distribuidos entre Asuán (actual Egipto) y la catarata de Dal (actual Sudán).
Debido al carácter de interés nacional de la represa el proyecto estuvo bajo el control directo del líder egipcio Gamal Abdel Nasser. Nasser, a pesar de desplazar a miles de personas por la fuerza, entendió la importancia de los templos.
Templos y estatuas que no se encontraban enteramente en territorio egipcio como mencionamos en el párrafo anterior, sino que se encontraban en parte en la región baja de Nubia, actual Sudán.
Vista aérea de la construcción de la presa alta de Asuán, 1960
País que de antemano había aprobado la construcción de la represa a cambio de recibir energía eléctrica.
Tras una serie de reuniones, y mientras la construcción de la represa se encontraba a toda marcha, el gobierno egipcio y el sudanés entendieron que carecían de las capacidades técnicas necesarias para mover los templos de lugar, razón por la cual decidieron solicitar la ayuda internacional.
Con este fin se escribió en el año 1959 una carta a la UNESCO detallando el problema. Carta que sirvió como punto de inició para uno de los mayores proyectos de cooperación internacional del siglo XX, la mudanza de Abu Simbel.
Proyecto en el cual participarían y trabajarían en conjunto varios países enfrentados por la división geopolítica del mundo causada por la tristemente célebre guerra fría.
La Unesco lanzó un llamamiento a la comunidad internacional pidiendo contribuciones voluntarias para salvar los monumentos y arrancó entonces la mayor mudanza de objetos arqueológicos de la historia.

En una lucha contra el reloj y contra los elementos de la naturaleza que duró más de 6 años y en la que participaron cerca de 900 personas de una veintena de nacionalidades.
Una de las ideas fue propuesta por un productor de cine británico llamado William MacQuitty. Su idea era salvar los templos dejándolos donde estaban, y construyendo una presa alrededor de ellos que contuviera agua filtrada mantenida a la misma altura que la superficie del agua del río Nilo.
Los visitantes podrían ver los templos desde unas galerías situadas a distintas profundidades. Con el tiempo, pensaba MacQuitty, la energía nuclear sustituiría a la hidráulica (sí, eran los tiempos dorados de la energía atómica y muchos pensaban que sería la gran solución a los problemas energéticos) haciendo que la presa acumulase menos agua y la consiguiente bajada del nivel permitiese poder ver de nuevo los templos.

La propuesta se tomó en serio y el proyecto llegó a ser redactado y siempre ha sido considerada como sumamente elegante y probablemente la mejor en términos de conservación de los templos. Hubo otras propuestas, quizá la más descabellada era el de levantar todo el complejo sobre un conjunto de cabrias, pero todas ellas se rechazaron. Finalmente la solución adoptada sería otra.
Entre los distintos proyectos que se barajaron, finalmente se optó por cortar en piezas y trasladar los templos dedicados a Ramsés II y a su esposa Nefertiti, para después reconstruirlos en un lugar más elevado por encima de la cota máxima que alcanzarían las aguas de la presa (a unos 200 metros de su emplazamiento original).

En total 52 países donaron los fondos necesarios y 48 países participaron directamente en el proyecto, las maquinarias especializadas y los cuerpos de ingenieros y obreros especializados en distintos tipos de trabajos, los cuales iban desde el manejo de cargas ultra-pesadas hasta el corte en precisión y profundidad de la roca, requeridos para el proyecto.
Era tal la precisión requerida que muchos de los cortes se hicieron a mano y llevaron varios días de trabajo.
Si bien el proyecto para salvar el complejo se inició a principios de 1960, llevó varios años el completar la primera fase. Fase que consistía en mover los cuerpos de roca fuera del alcance del agua.

Esto se concretó a finales de 1966. Una vez alcanzada esa meta, la segunda fase consistió en rearmar los templos y las estatuas de manera fiel a su configuración original, tarea que requirió de más de una década, completándose totalmente en 1980.
En total se requirieron 40 misiones técnicas supervisadas por más de 2000 arqueólogos y egiptólogos para remover los templos, santuarios y los 22 monumentos de su lugar original.
Misiones tan variadas como los estudios de técnicos expertos en suelo y cimientos de Japón, expertos en corte de precisión alemanes, expertos en movimiento aéreo de grandes masas estadounidenses y expertos soviéticos en elevación coordinada entre varios otros países que también contribuyeron tanto con expertos como con maquinarias y obreros especializados.

Una mudanza colosal
Tras estas operaciones previas, en 1965 se cortó el primero de los 1.036 bloques de piedra y arenisca (de entre 7 y 30 toneladas cada uno), que se fragmentaron con precisión quirúrgica para evitar cualquier posible daño.
Imponentes grúas trasladaron los bloques hasta su nueva ubicación, donde las piezas fueron fijadas sobre una superestructura de cemento tapando las señales de los cortes con arcillas, pinturas y arenas de forma que hoy apenas son perceptibles.

Finalmente, se levantó encima de cada templo unas gigantescas cúpulas para simular el promontorio original. Cada detalle se cuidó al máximo para que la réplica conservara exactamente la misma orientación, gracias a la cual dos días al año la luz del amanecer ilumina las estatuas de Ramsés II y los dioses Horus y Ra (dios del sol) y deja en la penumbra la figura de Ptah, el señor de las Tinieblas.
En una carrera contra el tiempo, se procedió a desmontar pieza por pieza, literalmente, algunos de los templos más importantes, para volver a montarlos en nuevos emplazamientos, lejos de las crecientes aguas.
Esa fue la suerte que corrieron, entre otros, los templos de Kalabsha, Kertassi y Bet el-Vali, trasladados a una isla en las cercanías de la presa.

El conjunto de santuarios de la isla de Filae se pueden contemplar hoy en la isla de Agilkia. Otros templos, como los de Dendur y Debod, salieron de viaje hacia Nueva York y Madrid respectivamente, como signo de agradecimiento del gobierno egipcio hacia estas ciudades por la ayuda prestada.
Lamentablemente, muchos otros acabaron sumergidos, a la espera de que se desarrolle una tecnología que permita su rescate y lo haga económicamente factible.
Los templos de Abu Simbel no fueron la excepción. En junio de 1963 se tomó la decisión definitiva: cortar los templos en grandes bloques, de una veintena de toneladas cada uno, elevarlos hasta un nivel que los resguardase de las aguas del lago formado por la presa y reconstruirlos con todo cuidado, de manera que tuviesen una situación lo más idéntica posible a la original.

Así, después de treinta y tres siglos, se volvía a trabajar por la gloria de Ramsés. Su salvamento se inició en 1964 y costó la suma de 36 millones de dólares. Entre 1964 y 1968, los templos se desmantelaron para volver a ser reconstruidos en una zona próxima, 65 metros más alta y unos 200 metros más alejada.
El desmantelamiento empezó con los bloques superiores de las fachadas junto con los bloques de piedra de los techos de los templos, y terminó con los bloques de las partes bajas. La colocación de los bloques fue realizada en orden inverso.
En cualquier caso, solo una pequeña cantidad de bloques pudieron ser llevados desde el antiguo emplazamiento al nuevo de forma directa. La mayoría tuvieron que ser almacenados durante largos periodos en áreas especialmente preparadas para ello.

Los distintos bloques fueron numerados para que en la reconstrucción ocuparan el mismo lugar que antaño tenían. El periodo de almacenaje de los mismos ofreció la oportunidad de que pudieran ser sometidos a una preparación y restauración antes de ser colocados en su emplazamiento definitivo.
Sin embargo, antes de proceder con esta ardua tarea se llevaron a cabo una serie de trabajos preparatorios. En primer lugar, para evitar la llegada de las aguas durante las obras de rescate fue necesaria la construcción de un muro de contención situado frente a los templos. Se realizó también un túnel de acero que penetraba en el interior de los templos y que permitía el acceso a los mismos durante el desmantelado de las fachadas.
Además, como precaución ante el incremento de presión y vibraciones provocada por la excavación y la retirada de la roca sobre los templos, se construyeron unas vigas de carga para estabilizar los techos interiores de los mismos.

Para colocar cada pieza en el nuevo emplazamiento se elaboró un mortero de unión y relleno para las mismas compuesto de polvo de piedra arenisca y un colorante cuya tonalidad era similar al de los bloques, así como cal viva y cemento blanco empleado como agente compactante.
Con el fin de descargar a los templos de la carga pesada que supone el tener toneladas de roca sobre ellos, se realizaron cúpulas que permitían tal función, así como el disminuir la cantidad de roca necesaria.
La cúpula del gran templo, el de Ramsés II, tiene unos sesenta metros de envergadura y veinticinco de alto, convirtiéndose, en aquel momento, en la mayor bóveda portante de la época.

Si bien el objetivo original era cortar todo en bloques que no superaran las 20 toneladas de peso, en algunas instancias cortar las piezas fue casi imposible debido a problemas de integridad estructural, por lo que se llegaron a mover piezas de más de 100 toneladas.
Además de mover la roca, se debió construir un colosal domo de concreto, el cual luego fue recubierto con la piedra original del templo para así construir las salas interiores del templo principal, es decir el templo de Re-Harakhte en honor al faraón. Vemos en las siguientes imágenes la construcción del domo:
El templo en la actualidad, con el domo recubierto con la piedra original simulando ser la gran roca sobre la cual se talló y excavó el interior del templo del faraón hace miles de años atrás. Tanto el exterior como el interior del domo fue recubierto con la piedra original, respetando el más mínimo detalle.

La mudanza de Abu Simbel terminó costando más de $40 millones de dólares de 1964, es decir, alrededor de $330 millones de dólares actuales (y a esto debemos agregar el que muchos de los ingenieros más prestigiosos involucrados en el proyecto trabajaron ad honorem) de los cuales la mitad fueron contribuidos por el gobierno egipcio.
La mudanza de Abu Simbel es al día de hoy considerada como una de las maravillas de la ingeniería del siglo XX, ya que se lograron mover gigantescas piezas, algunas de cien toneladas, y emplazarlas nuevamente a 200 metros de distancia y 65 metros de altura del lugar original con una precisión estimada en promedio de ±5mm para todo el proyecto.
Como mencionamos anteriormente, este proyecto fue singular, no sólo por el impresionante nivel de conocimientos técnicos y la escala de la ingeniería requeridos, sino que además unió, en cierta manera, a un mundo completamente dividido por la Guerra Fría.

Más de medio centenar de países, algunos con más otros con menos, algunos comunistas y otros capitalistas, contribuyeron para salvar un tesoro histórico y arqueológico no solo de Egipto, sino de la humanidad en su conjunto.
Ahora o Nunca, la Mudanza de Abu Simbel
Debemos aclarar que no sólo se salvaron las construcciones de Abu Simbel. También se logró rescatar otra gran cantidad de templos y santuarios hallados entre Asuán y la catarata de Dal. La UNESCO emitió un boletín en 1961 titulado Ahora o Nunca, donde se explican las propuestas para salvar los tesoros arqueológicos y se mencionan varios de los templos a rescatar

Construcción del domo de concreto para alojar el interior del templo de Re-Harakhte.
El saludo de Ra
El templo del faraón había sido planeado en parte por los astrólogos de la dinastía para presentar una característica singular. Este era el saludo de Ra, la deidad egipcia solar, dos veces al año. Estos saludos ocurrían el 22 de febrero, aniversario de la coronación de Ramsés II y el 22 de octubre, durante el cumpleaños del faraón.
Dicho saludo consistía en la iluminación solar de los rostros de las estatuas de Ramsés II, Ra (dios solar), Amón (dios de la creación) y Ptah (señor de la magia y maestro constructor) durante los dos aniversarios ya mencionados. Durante cualquier otro día las estatuas se encontraban en total oscuridad.

Templo de Nefertari, dedicado a la diosa Hathor, en el presente.
Cuando se planeó la mudanza de Abu Simbel, los arqueólogos veedores remarcaron la importancia cultural e histórica de dicho acontecimiento, por lo que los ingenieros a cargo planearon la ubicación del templo en su nuevo emplazamiento de tal manera que se logre repetir este alineamiento bi-anual.
El templo se terminó de reconstruir el 22 de setiembre de 1968, por lo que el equipo debió esperar sólo un mes para verificar si, en efecto, tuvieron éxito. Cuando llegó el 22 de octubre se iluminaron Ramsés II, Amón, Ra, pero no así Ptah, estatua que solo se iluminó parcialmente.
No obstante, si tenemos en cuenta que se debieron mover rocas de decenas de toneladas y emplazarlas con una precisión de ±5mm, la iluminación bi-anual parcial sigue siendo un logro espectacular. Sin embargo, esto no evitó que el jefe de ingenieros de dicha tarea confesara haber quedado con un sabor agridulce en la boca por esto.


Tesoros de Tutankamón
Debido a la cooperación internacional, algo inédito tuvo lugar. El hasta ese entonces receloso Egipto permitió la exhibición temporal de 34 tesoros arqueológicos rescatados de la tumba de Tutankamón.
La condición principal de dicha exhibición internacional, y su continuación, la denominada Los tesoros de Tutankamón, las cuales recorrieron durante años los principales museos de algunos de los países involucrados en el esfuerzo, fue tanto recolectar fondos para terminar la reconstrucción de Abu Simbel como a su vez financiar otros proyectos de la UNESCO por todo el mundo.
Por ejemplo, gracias a los fondos recaudados durante las exhibiciones llevadas a cabo en el Museo Británico, la UNESCO obtuvo los fondos necesarios para encarar el proyecto de mudanza y resguardo de los tesoros arqueológicos en la Isla de File, también amenazados por la represa de Asuán.

El saludo de Ra. Estatuas de Ramsés II, Amón, Ra, y Ptah. Notamos como el dios Ptah no está iluminado.
El proyecto acuario
Mover a los templos y las estatuas de lugar no fue la primera idea, durante la fase de planeamiento varias propuestas fueron realizadas por distintos países y comisiones técnicas. Quizás la más rara de todas estas propuestas fue la de crear un gigantesco acuario, y así rodear al complejo de templos y sus varias estatuas con un sistema de pasarelas de cristal sumergidas.
En efecto, la idea era dejar que el agua cubra tanto a los templos como a las estatuas, pero a su vez construir una compleja red de pasarelas sumergidas, sistemas de iluminación y elevadores que permitiesen al público visitar las reliquias a pesar de estar estas completamente sumergidas.
Lógicamente, y por fortuna, la idea fue descartada debido a que la acción del agua dañaría la roca de las estatuas y los templos con el paso del tiempo, razón por la cual se optó por la Mudanza de Abu Simbel.

Templo de Ramsés II | La Cámara del Arte
Ayuda internacional
En total hubo propuestas para mover 23 templos, pero sólo se pudieron mover los más importantes y los más pequeños. Aún hoy en día hay templos sumergidos hasta que la técnica y la voluntad humana hagan posible rescatarlos.
Todo esto obviamente no se pudo hacer sin la colaboración de muchos países, tanto financiera como técnicamente. En total 52 países colaboraron de una u otra manera.
En compensación por la ayuda (o por cuestiones históricas y territoriales como el caso de Sudán) se donaron monumentos a distintos países que fueron trasladados y expuestos.

En España recibimos el Templo de Debod, que se instaló en Madrid, muy cerca del Palacio de Oriente. Por si quieres ver un pequeño trozo de Egipto aquí cerca.
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