Cosas que suceden cuando morimos …

Psychology Today(B.H.Robinson)/marcianosmx.com — ¿Que es lo que sucede cuando el cuerpo de endurece, se vuelve blanco y adquiere un característico mal olor?
Hasta ahora nadie ha conseguido demostrar que es lo que sucede después de la muerte: ¿existe realmente alguna continuidad del alma, o nuestra existencia se reduce al planeta Tierra?
Probablemente, esta sea una cuestión que solo tendrá respuesta después de morir, pero al menos podemos saber que es lo que pasa con nuestro cuerpo cuando el corazón deja de latir.
Las células se abren.
El proceso de descomposición del cuerpo comienza unos pocos minutos después de la muerte. Al momento en que el corazón se detiene, experimentamos el algor mortis o el frío de la muerte, cuando la temperatura del cuerpo se enfría a un promedio de 1.5 ºC por hora hasta alcanzar la temperatura ambiente. Casi inmediatamente, la sangre se vuelve más ácida con la acumulación de dióxido de carbono. Esto es lo que hace que las células se dividan, vaciando las enzimas de los tejidos.
Nos volvemos blancos – y morados.
La gravedad deja las primeras marcas momentos después de la muerte. Mientras que todo el cuerpo se vuelve pálido, los glóbulos rojos de la sangre se mueven a las partes del cuerpo que están más cerca del suelo ya que el movimiento se ha detenido.
El resultado son manchas de color púrpura en las partes más bajas, algo que se conoce como livor mortis. Junto con la temperatura del cuerpo, estas marcas ayudan al forense a identificar el tiempo y la posición del cuerpo en el momento de la muerte.
El calcio endurece los músculos.
Probablemente hayas escuchado que un cuerpo muerto se endurece y resulta difícil de mover. El nombre también viene del latín: el rigor mortis que aparece cerca de tres horas después de la muerte, llega a su punto máximo después de 12 horas y se disipa después de 48 horas.
Esto sucede porque hay bombas en las membranas de las células musculares que regulan el calcio en el cuerpo. Cuando estas bombas dejan de funcionar, las inundaciones de calcio hacen que los músculos se contraigan y se endurezcan.
Los órganos se digieren.
Después del rigor mortis viene la putrefacción de los órganos. Esta fase suele retrasarse por el embalsamamiento, pero es algo que no se puede evitar. Las enzimas del páncreas provocan que el órgano comience a digerirse a sí mismo.
Los microbios se unirán a estas enzimas, dejando el cuerpo de un color verdoso partiendo desde el viente. Según Caroline Williams, de la revista New Scientist, «los principales beneficiarios son los 100 billones de bacterias que se han pasado la vida viviendo en armonía con nosotros en nuestras entrañas.» Mientras las bacterias nos van consumiendo, se libera la putrescina y la cadaverina, que son los compuestos responsables del mal olor del cuerpo humano después de la muerte.

Podemos cubrirnos de cera.
Después de la descomposición, el proceso de transformar un cuerpo en esqueleto es generalmente rápido. Sin embargo, algunos cuerpos toman caminos cuando menos interesantes. Si el cuerpo está en contacto con el suelo o el agua fría, se puede desarrollar adipocira, un materias grasoso y ceroso formado por los cambios químicos que se producen con la destrucción del tejido por las bacterias.
La adipocira actúa como un tipo de conservante natural de los órganos internos. En algunos casos, esto puede confundir a los investigadores sobre el tiempo real de la muerte. En un caso reciente, está un cuerpo descubierto con adipocira en una bahía en Suiza. El cadáver, con casi 300 años, todavía llevaba la sustancia alrededor del tronco.
Nadie sabe con certeza lo que pasa cuando morimos, pero información reciente recolectada por neurocientíficos muestra que nuestras intuiciones podrían ser correctas.
Lo último que se va
Durante las últimas horas antes de una muerte natural esperada, muchas personas entran en un periodo en el que se detiene la responsividad, durante el cual ya no responden a su ambiente externo. Algunos reportes anecdóticos de quienes tuvieron experiencias cercanas a la muerte suelen incluir historias de que la persona a punto de morir escuchó ruidos inusuales o escuchó cómo se pronunciaba su hora de muerte.
En un estudio de junio de 2020 publicado en la revista Scientific Reports, los neurocientíficos presentaron la primera evidencia empírica de que algunas personas todavía pueden escuchar mientras se encuentran en un estado no responsivo unas horas antes de morir.
Mediante índices de electroencefalografía, los neurocientíficos en la Universidad de British Columbia midieron la actividad eléctrica del cerebro en pacientes de hospicio en el Hospital St. John’s cuando estaban conscientes y luego cuando dejaron de responder.
También se utilizó un grupo de control de participantes saludables y jóvenes. Los investigadores monitorearon las respuestas cerebrales a diversos tonos y notaron que los sistemas auditivos de los pacientes al borde de la muerte respondieron de maneras similares a los grupos de control jóvenes y saludables.
Concluyeron que el cerebro agonizante responde a los tonos sonoros incluso durante un estado inconsciente y que el oído es el último sentido que desaparece en el proceso.
Lo primero que se va

Muchas personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte describen una sensación de “asombro” o “bendición” y una reticencia de regresar a su cuerpos después de ser revividos.
En una entrevista a la científica cerebral Dr. Jill Bolte Taylor describió tener una experiencia sorprendentemente similar de asombro cuando tuvo un derrame cerebral que narra en el libro que publicó posteriormente.
Jill Bolte Taylor: estaba perdiendo y recuperando intermitentemente la consciencia de mi hemisferio derecho.
El hemisferio izquierdo tuvo una hemorragia que creció a índices considerables durante esas cuatro horas.
Para cuando llegué al hospital, la hemorragia era del tamaño de mi puño en mi hemisferio izquierdo.
En el curso de la mañana fluí a un estado de euforia dichosa, la consciencia de mi hemisferio derecho.
Y luego volvía a conectarme y lograba entender lo suficiente como para buscar ayuda. Estaba fluyendo entre estar consciente de la realidad externa y no entenderla en absoluto.
Estuve completamente consciente durante toda la experiencia, pero solo podía atender los detalles del mundo exterior hasta cierto punto, me costaba reconocer que existía y, de cierta forma, ni me importaba.
Periodista: ¿Entonces estabas libre del factor miedo?
Taylor: Me sentía muy afortunada. No tenía miedo en absoluto. Estaba en una euforia de ensueño en el hemisferio izquierdo. O estaba en el hemisferio derecho, preocupada por encontrar lo que necesitaba para encontrar un rescate.
Periodista: ¿El derrame cambió de alguna manera tu percepción de la vida?
Taylor: Completamente. Me alejó de la creencia de que yo era el centro de mi mundo y que “yo y lo que es mío” es lo que importa. Todo ese circuito, es decir la consciencia de mí como un individuo, se desconectó.
En ausencia de ese enfoque de mi vida siendo yo, cambié hacia una consciencia de que soy parte de una humanidad más grande. Soy más abierta, más amplia y más flexible a las posibilidades, en lugar de tener una mentalidad de: “esto es lo que quiero y estos son los pasos que voy a dar para obtener lo que quiero”.
Yo funcionaba dentro de una jerarquía en la que había personas por encima de mí y por debajo de mí y todo lo que hacía era subir una escalera. Así que me alejé de esa manera lineal de percibir al mundo y mi relación con él. Ahora vivo más abierta a las posibilidades de lo que puede ser y lo que va más conmigo.
periodista: ¿Es cierto que tu entrenamiento y experiencia profesional y personal te han llevado a creer que el cerebro derecho o el ser auténtico es el hemisferio que persiste incluso en la muerte?
Taylor: Creo firmemente que el ser auténtico es la parte de nosotros que se aparece en los últimos cinco minutos de nuestras vidas. Cuando estamos en nuestro lecho de muerte, el hemisferio izquierdo empieza a disiparse.
Nos alejamos de toda la acumulación y el mundo exterior porque ya no tiene valor. Lo que tiene valor es quiénes somos como seres humanos y lo que hicimos en nuestras vidas para ayudar a los demás. Todos nos enfrentamos a ello y yo creo que a eso se refiere la idea del juicio final.
Pero no creo que sea un juicio llevado a cabo por algo fuera de nosotros; es el juicio que nos hacemos a nosotros mismos. Aquellos de nosotros que estamos enredados en un juicio exterior y no nos detenemos lo suficiente a reflexionar en quiénes somos como seres humanos y lo que podríamos ser en relación con los demás.

Conclusiones
Ahora que se cree ampliamente que el oído es el último sentido que perdemos durante el proceso de muerte y que una experiencia de dicha podría reemplazar al miedo, esta información podría servir para darle alivio a familiares y amigos en sus momentos finales.
Tal vez estar presentes con palabras reconfortantes en las últimas horas de alguien, ya sea de manera presencial o virtual, puede servir de consuelo tanto para el moribundo como para sus seres queridos.
Según la Dra. Elizabeth Blundon, investigadora en jefe del experimento en la revista Scientific Reports, “esto es consistente con la creencia de que el oído es uno de los últimos sentidos en desaparecer conforme una persona fallece y le da credibilidad al consejo de que los seres queridos deben seguir hablándole a su pariente por tanto como sea posible antes de que fallezca”.
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