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The Golden Record, el disco que se envió en la sonda Voyager 1 …


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L.B.V.(V.R.Villar)/20Minutos(M.Gascón/abc  —  ¿Hay vida inteligente fuera del planeta Tierra? ¿Han contactado algunos gobiernos como el estadounidense con aliens? En los años 70 del pasado siglo, los astrónomos y científicos dedicados al estudio del espacio estaban muy preocupados por cómo podría ser un encuentro con una civilización extraterrestre, qué pensarían de nosotros y cuál sería la mejor forma de aproximarnos a ellos.

Con eso en mente nació el proyecto de los Voyager Golden Records: unos discos de oro grabados con mensajes de la humanidad que se colocaron a bordo de las naves gemelas Voyager de la NASA, las cuales se lanzaron en 1977. El objetivo era mostrar a cualquier extraterrestre que pudiera interceptar las sondas cómo somos los humanos y cómo es nuestro planeta.

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Imágen incluida en golden record

En 1977 la NASA envió al espacio a la Voyager 1, una sonda destinada a explorar el espacio fuera del sistema solar. En su interior, como en su gemela Voyager 2, los científicos introdujeron junto a las cámaras de alta gama y los equipos de radio un disco de oro, The Golden Record.

Se trata de un contenedor de información sobre la vida en la tierra, incluidos saludos en distintas lenguas terrestres, sonidos de la Tierra (el disco se titula The Sounds of Earth) y música.

La misión de The Golden Record era que si en algún momento las sondas contactaban y caían en poder de lejanas civilizaciones éstas podrían tener una aproximación sobre la vida en la tierra; sería algo así como una botella con un mensaje en su interior arrojada en el insondable océano, o una cápsula del tiempo.

El astrónomo Carl Sagan, director del proyecto, nos lo contó todo, o casi todo sobre ello, en el libro Murmurs of Earth: The Voyager Interestellar Record.

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La mayor parte del disco contiene un montón de música clásica con piezas de Bach, Mozart, Beethoven o Stravinsky, clásicos del rock, jazz, blues y músicas del mundo como ‘Johnny B. Goode’, de Chuck Berry, ‘Melancholy Blues’, de Louis Armstrong, o el estándar ‘Dark Was The Night, Cold Was The Ground’, de Blind Willie Johnson.

El disco en sí se hizo con una pieza de cobre chapada en oro.

Su cubierta es de aluminio y galvanizado sobre la que hay una muestra ultra pura de isótopo de uranio-238. El uranio-238 tiene una vida media de 4.468 billones de años y la civilización que encontrara el disco podría determinar con ese dato y con instrumental adecuado la época en la que se fabricó.

La inscripción «To the makers of music –all worlds, all times» aparece entre el surco y la galleta.

Todo esto no tendría ningún sentido si es cierta la afirmación de un científico retirado que trabajó en la llamada Área 51.

El Dr. Boyd Busham grabó un vídeo documental en el que afirmaba que el Gobierno de los Estados Unidos mantenía allí a diversos aliens vivos, uno de ellos de 230 años. Aunque es posible que todo esto no sirva más que para alimentar los infundios de algunos pseudo investigadores.

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Imágen incluida en golden record

Concretamente, estos discos de 30 centímetros de diámetro contienen sonidos e imágenes que retratan la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra.

Eso sí, la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra en 1977, que poco tiene que ver con nuestro planeta actual, por lo que hoy en día los Voyager Golden Records son casi más una cápsula del tiempo que una visión real de la humanidad.

Los primeros sonidos que escucharía un ser extraterrestre serían un saludo en inglés de la Secretaría General de la ONU y otros 56 saludos en diferentes idiomas.

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La mayoría de ellos son mensajes amistosos de paz. También hay sonidos de la Tierra -como el viento, la lluvia, el mar, animales o un beso de una madre a un niño-, música y una grabación de una hora de duración con las ondas cerebrales de Ann Druyan, esposa de Carl Sagan, así como cientos de imágenes de nuestro mundo y también del resto de planetas del Sistema Solar.

Aunque, claro, la vida extraterrestre inteligente que los encuentre deberá tener la capacidad de leer, entender y descifrar el disco para que el mensaje le llegue.

¿Qué pasará con estos Voyager Golden Records en el futuro?

Las sondas gemelas Voyager 1 y Voyager 2 viajan ahora mismo por el espacio interestelar sin que sepamos mucho de ellas. De hecho, las últimas investigaciones científicas indican que en unos pocos años se quedarán en silencio por falta de energía, dejando de enviar esas señales esporádicas que de vez en cuando llegan a nuestro planeta -la última este mismo mes de febrero-.

Pero eso no significa, ni mucho menos, el final de su viaje.

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Nick Oberg, del Instituto Astronómico Kapteyn de Países Bajos, ha calculado el largo futuro de las Voyager gemelas y sus Golden Records, basándose en gran parte en los datos del telescopio espacial Gaia, de la Agencia Espacial Europea.

Los pronósticos finales del investigador se extendieron “más allá no solo de la probable extinción de la humanidad, sino también más allá de la colisión de la Vía Láctea con la vecina galaxia de Andrómeda, incluso más allá de la extinción de la mayoría de las estrellas”, explican en Space.com.

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Dentro de 20.000 años, las Voyager pasarán a través de la nube de Oort, algo así como la puerta de salida de nuestro Sistema Solar: un “caparazón de cometas y escombros helados que orbita alrededor del Sol a una distancia de hasta 100.000 unidades astronómicas, o 100.000 veces la distancia promedio entre la Tierra y el Sol”, informan.

Y será en ese punto cuando “por primera vez, la nave comenzará a sentir la atracción gravitacional de otras estrellas con más fuerza que la de nuestro propio Sol”, dijo Oberg.

Pero pasarán al menos otros 10.000 años antes de que la nave espacial ‘se acerque’ realmente a una estrella alienígena, específicamente a una estrella enana roja llamada Ross 248. Aunque parece ser que acercarse es mucho decir.

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Seguirán vagando por el espacio interestelar y, dentro de 500 millones de años a partir de ahora, el Sistema Solar y las Voyager completarán una órbita completa a través de la Vía Láctea. No hay forma de predecir lo que habrá sucedido en la superficie de la Tierra para entonces.

A lo largo de esta órbita galáctica, la nave espacial Voyager 2 oscilará hacia arriba y hacia abajo, y la Voyager 1 lo hará “de manera más dramática que su gemela”. Esa diferencia en el movimiento vertical también dará forma a las diferentes probabilidades de supervivencia que tiene el disco de oro de cada nave espacial.

Los Golden Records fueron diseñados para durar, destinados a sobrevivir quizás mil millones de años en el espacio: debajo del brillo dorado hay una carcasa protectora de aluminio y, debajo, los propios discos de cobre grabados.

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Oberg advierte que las vastas nubes de polvo interestelar de la Vía Láctea son “uno de los pocos fenómenos que realmente podría dañar la nave espacial”.

No obstante, según Oberg, “es muy probable que ambos discos de oro sobrevivan al menos parcialmente intactos durante un lapso de más de 5.000 millones de años”.

Después, su futuro será difícil de predecir, porque sería ese el momento en el que la Vía Láctea choque con su vecina, la galaxia de Andrómeda, y las Voyager se verían envueltas en esa “catastrófica fusión”. Entonces, su destino dependerá de las condiciones de la fusión, aunque el investigador cree que podrían soportar muchos años más.

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Oberg calculó que en ese gran período de tiempo es probable que cada sonda visite una estrella, desde una distancia 150 veces mayor que la existente entre la Tierra y el Sol. No obstante, es casi imposible saber de cuál se trataría.

Como las sondas son muy pequeñas comparadas con la inmensidad del espacio interestelar, la probabilidad de que una civilización extraterrestre se encontrase con ellas es también muy pequeña.

Carl Sagan dijo que “la nave espacial, y el registro, solo serán encontradas si existen otras civilizaciones capaces de viajar en el espacio interestelar. Pero el lanzamiento de esta botella dentro del océano cósmico dice algo muy esperanzador sobre la vida en este planeta”. El famoso astrónomo tenía fe en los humanos.

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En su inicio del viaje, ambas naves espaciales visitaron Júpiter y Saturno y luego se separaron: la Voyager 1 estudió la luna de Saturno, Titán, mientras que la Voyager 2 pasó junto a Urano y Neptuno.

En 2012, la Voyager 1 entró en el espacio interestelar y la Voyager 2 lo hizo unos años después, en 2018. Ahora, las dos naves espaciales están atravesando los vastos confines del Sistema Solar y de vez en cuando contándonos a nosotros, los terrícolas, cómo son esas aventuras.

¿Y si el mensaje a los extraterrestres de las Voyager se malinterpreta?

El lanzamiento de las sondas Voyager 1 y 2 hace más de 40 años marcó un antes y un después.

Ambas hicieron importantes exploraciones científicas en el Sistema Solar, y permitieron, por primera vez, mirar hacia atrás y ver a la Tierra en un insignificante punto azul pálido. En 2012, la Voyager 1 atravesó la heliopausa y salió oficialmente del Sistema Solar.

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Imágen incluida en el Golden record

Está previsto que las dos viejas naves siguan explorando, en este caso el medio interestelar, hasta el año 2025 o 2030.

Junto a ellas, la humanidad, dividida en plena guerra Fría, lanzó sendos discos dorados (los «Golden record»). Con estos trató de fabricar una cápsula del tiempo para reflejar la naturaleza de la Tierra y la cultura humana, con la esperanza de que fuera encontrado por una civilización espacial.

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imágen incluida en golden record

Para ello, se usó un disco de cobre cubierto de oro; en una cara se grabaron imágenes  y en la otra sonidos. Se añadieron 117 fotografías de la vida cotidiana y del planeta, saludos en 54 idiomas, sonidos de la vida y 90 minutos de música (con Bach Beethoven, Mozart, Stravinsky, Chuck Berry o Louis Armstrong).

Se añadió un pequeño pinchadiscos y en una portada se grabaron unas instrucciones para escuchar las grabaciones. Por ejemplo, para indicar las revoluciones de reproducción adecuadas se usó una unidad relacionada con una transición fundamental del hidrógeno, el elemento más abundante del Universo.

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Rebecca Orchard y Sheri Wells-Jensen, dos investigadoras de la Universidad de Ohio (EE.UU.), tienen sospechas de que el antropocentrismo reflejado en los discos podría hacer que el mensaje fuera muy confuso para una civilización extraterrestre.

Entre otras cosas, creen que los extraterrestres podrían pensar que los hombres aman discutir, que hablan una jerga incomprensible y que disfrutan de la belleza de flores que hacen el ruido de motosierras.

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Imágen incluida en golden record

Sus conclusiones se presentaron en la conferencia de la «National Space Society» celebrada en Los Ángeles (Estados Unidos), el pasado sábado.

«Los discos de oro de las Voyager son una bonita representación de cómo los humanos quieren verse a sí mismos, pero están diseñados para ser recibidos e interpretados por algo que tiene las capacidades sensoriales de un humano medio», dijo Rebecca Orchard.

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Imágen incluida en golden record

«Si alguno de esos sentidos no está presente, o hay otro nuevo añadido, el disco de oro se hace bastante confuso».

Un mensaje poco claro

El primer problema comienza con el concepto del disco. Si los alienígenas tuvieran sentido del oído y de la vista, podrían tratar de correlacionar los sonidos de una cara con las imágenes que están en la cara contraria. «¿Qué pasa si juntas la imagen de un narciso abierto con el rugido de una motosierra?», se ha preguntado Orchard.

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Los saludos, por su parte, tienen el problema de que hacen coincidir 54 lenguas que suenan de forma diferente, que «carecen de congruencia gramatical» y que «se suceden como si alguien estuviera discutiendo», según esta investigadora.

La mezcla entre Bach, Stravinsky y la música folclórica búlgara no lo ponen más fácil. «Evidentemente no puedo decir cómo se pueden interpretar esas diferencias y transiciones, pero sí que puedo decir que es seguro que son todo un puzzle para alguien que no esté nada familiarizado con los humanos y los sonidos que hacen», dice Orchard.

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Por suerte o por desgracia, faltan 40.000 años para que las Voyager, que surcan el espacio interestelar, pasen «cerca» de algo. La próxima parada de la Voyager 1 es una estrella llamada AC +79 3888 y situada a 17,6 años luz de la Tierra. Por entonces, la sonda pasará a 1,6 años luz de ella. Por ello, y tal como dijo Carl Sagan, «la nave solo será encontrada y el disco reproducido si hay una civilización espacial en el espacio interestelar».

Para Orchard, lo que demuestra su investigación es que «no podemos controlar la impresión que generamos». Cree, sin embargo, que en el caso de ser encontrada, la nave y el hecho de tener voluntad de enviar un mensaje al espacio diría mucho sobre los humanos.

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