Museo de carrozas fúnebres…

Entrepiedrasycipreses.com/b-guide.com — A partir del momento en el que los cementerios se convierten en extramuros, es decir, a las afueras de la ciudad, surge la necesidad de realizar el traslado de los cuerpos desde la población hasta los cementerios.
En el Cementerio de Montjuïc existe un museo de carruajes y coches fúnebres donde podemos encontrar los diferentes tipos de carruajes que se utilizaban desde mediados del siglo XIX hasta bien entrado el XX en los cortejos fúnebres que llevaban al difunto a su última morada.
Con el tiempo, el cementerio de Monjuïc se ha convertido en una especie de paisaje artificial, excavado en la roca arenisca en el lado de la montaña que enfrenta al puerto de la ciudad, configurado en terrazas de tumbas en varios pisos, con extraordinarias vistas sobre el mar Mediterráneo.
Entre las distintas atracciones que ofrece a los visitantes se encuentra el Museo de Carruajes Funerarios usados en Barcelona desde el siglo 19 y 20, que es único en Europa.
La exposición, en algunos aspectos representa toda una historia de la propia ciudad que traza la historia de los cementerios de la ciudad y que refleja las pompas, los rituales y las ceremonias que rodean la muerte y el entierro, a lo largo de los siglos.

El edificio revestido de piedra es parte del plan maestro para el cementerio de Montjuïc, se accede desde el litoral, que marca el acceso por carretera al recinto.
Internamente, la exposición sitúa firmemente el énfasis en las carrozas fúnebres que ofrecen un impresionante nivel de artesanía que trasciende la función y muestra las habilidades en carpintería, carpintería metálica y vidrio de los gremios de la ciudad de Barcelona.
Hay 13 coches fúnebres, 6 carros tirados por caballos para los miembros de la familia para acompañar el cuerpo y 3 coches fúnebres motorizados del siglo 20.
Las carrozas van desde las confecciones más ornamentales utilizadas por la burguesía y la aristocracia a los utilizados para las niñas y los hijos solteros; el entresuelo se adapta a los coches fúnebres motorizados, el último de los cuales data de la década de 1940.
El recorrido de la exposición es discreto, un fondo de madera a lo largo de toda la pared perimetral representa el teatro urbano de la ceremonia fúnebre (además de contener todos los dispositivos complementarios), paneles informativos y otros objetos relacionados también se distribuyen a lo largo de toda esta pared.
CARROZA FÚNEBRE ESTUFA

El nombre lo recibe de su forma: cerrada con grandes vidrios, no permite que entre ni frío ni la lluvia además de facilitar ver y ser visto. Este tipo de carruaje por su majestuosidad y su lujo se utilizaba en los entierros de aristócratas y personas importantes ya en el siglo XVIII.
La que podemos observar en el museo fue creada por el carrocero Joaquín Estrada en Barcelona y muy usada en las décadas de los años 20 y 30 para los entierros como los de Santiago Rusiñol y el Conde de Godó.
El cortejo fúnebre que conllevaba este tipo de carruaje solía ser el siguiente:
Encabezando la comitiva, dos parejas de los cuerpos de seguridad a caballo, seguidos de una sección de batidores vestidos de gala.
Seguidos a ellos, porteadores con las banderas y estandartes de corporaciones y gremios que estuviesen vinculados al difunto. Detrás, la banda municipal.
Seguido, el clérigo de la parroquia correspondiente, portaba una cruz en alto y tras él, dos filas de monaguillos con cirios encendidos.
Detrás de todos ellos el cochero y los lacayos salvaguardaban la carroza fúnebre, que solía estar tirada por cuatro caballos. La comitiva trasera la encabezaban familiares y amigos más allegados que sujetaban las cintas negras que colgaban de féretro seguidos del resto de la comitiva que se cerraba con el carruaje que transportaba las coronas de flores que decorarían la sepultura en el cementerio.
CARROZA FÚNEBRE «GRAN DOUMONT»
Su nombre proviene de su creador, el duque francés Louis d’Aumont. En su creación, el duque adoptó la carroza para que en vez de llevar un cochero sentado, dos lacayos dirigieran el tiro de seis caballos, haciendo el acto mucho más lustroso.
Tallada en madera de ébano y decorada con pan de oro y bronce dorado, está presidida por un ángel de la muerte que guía el ánima del difunto, además de llevar representada otros símbolos funerarios como las antorchas encendidas o el mismo tempus fugit.
La que aquí vemos se utilizó para el entierro del torero Joselito en Madrid.


CARROZA FÚNEBRE IMPERIAL
Esta carroza, de “estilo renacimiento” fue construida para entierros de gloria, como sería el de un rey o emperador; suponía el máximo del lujo y de la vanidad hasta el último momento. Acristalada, sus columnas barrocasestán rematadas por búhos, símbolo de la sabiduría y de los animales nocturnos que guían en la noche. Destacan en el cuerpo la decoración de hojas de acanto y la corona de laurel representativa de cualquier emperador, además de estar decorada con adormideras y animales míticos. La última vez que se usó fue para el entierro de Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid, en 1986.


CARROZA FÚNEBRE GÓTICA
Decorada con pináculos, arcos ojivales y acantos enroscados, elementos decorativos utilizados en la arquitectura medieval son los que hacen que esta carroza reciba su nombre, creada a finales del siglo XIX. Está pintada en color morado, asociado tanto a la liturgia en Cuaresma como en homenaje a los difuntos. La ballesta en forma de cuello de cisne, decorada, además de ser funcional distinguía la carroza de un simple carro.


CARROZA FÚNEBRE LIGERA ESTILO VIENÉS
Carroza para servicios de lujo, fiel al estilo imperio, con ornamentos del arte funerario egipcio. Fue construida en el taller de Joaquim Estrada en El Raval, y está compuesta por un chasis independiente, con las ballestas de cuello de cisne que hemos visto antes, sobre la que descansa la estructura de forja. El cadalso está decorado con uatro ángeles de la guarda y ocho columnas de estilo vienés que sostienen una cúpula oval de madera. Esta del museo utilizó en los servicios funerarios de Sabadell.


CARROZA FÚNEBRE ANGÉLICA ORO Y PLATA
La carroza que podemos observar en el museo fue realizada en Barcelona en 1935 según los modelos del siglo XIX. Este tipo de carroza blanca solía estar destinada a los enterramientos infantiles. Al ser para infantes, sus ornamentos son más fantasiosos que los clásicos símbolos funerarios que podemos encontrar en las carrozas de adultos. Habitualmente era conducida por cuatro caballos, aunque también se podía empujar a mano por los lacayos ya que disponía de un pequeño freno de mano.


CARROZA FÚNEBRE BLANCA
Esta carroza blanca específicamente no fue utilizada nunca ya que se construyó para el museo, eso sí, a semejanza de las de su época. Utilizada para las pompas fúnebres de mujeres jóvenes de alta alcurnia, está decorada con símbolos florales y plumajes coronándola que le proporciona la sobriedad suficiente para no ser tan seria como una carroza de adulto ni tan fantasiosa como una infantil, imponiendo siempre el respeto que transmite este tipo de vehículos.


CARROZA FÚNEBRE DE ARAÑA
Durante las primeras décadas del siglo XIX va a ser el tipo de carruaje más popular entre los enterramientos de la clase menestral y obrera. Podía ser tirado por 1, 2, 4 o 6 caballos y variaba su nivel de lujo dependiendo de la calidad y cantidad de adornos que llevara. El féretro quedaba protegido sólamente por unas cortinas de terciopelo y flanqueado por cuatro faroles sencillos.
En su versión de color blanco se trasladaba al cementerio a infantes y doncellas.


OTROS CARRUAJES FÚNEBRES
Esta carroza fue construida para los servicios de lujo más clásicos; adornada con cuatro farolas de estilo isabelino, está decorada con motivos vegetales, principalmente adormideras, símbolo del sueño eterno, y una corona de siemprevivas, flores muy presentes en la simbología funeraria.
Este coche fúnebre de caballos de lujo fue creado para ser utilizado en los servicios fúnebres de los menestrales, trabajadores que desarrollaban diferentes oficios, en especial los “mecánicos”: aquellas personas que habían hecho un bien a la sociedad: arquitectos, médicos, comerciantes y militares.


Del mismo estilo que el anterior, este coche es sencillo de conducir y de fácil enganche para los caballos. Un detalle de su ornamentación es ese reloj representando la limitación del tiempo, envuelto en una corona de motivos vegetales de hoja perenne.


COCHES DE ACOMPAÑAMIENTO
También conocido como el “coche de las viudas” estos carruajes llevaban a los familiares más allegados del difunto hasta el cementerio, acompañando a la comitiva. El que podemos ver en el museo fue construido en 1876 por Josep Estrada para la Casa de la Caridad de Barcelona. Tirado por dos caballos, es un vehículo sobrio pero lleno de comodidades para la época, ya que ninguno llevaba suspensión ni la cabina cerrada. Las ventanas servían para dar instrucciones al cochero. En la plataforma posterior, dos lacayos viajaban para ayudar a los pasajeros y controlar a los caballos.


Como coches de acompañamiento se utilizaban los modelos más conocidos en toda Europa como coches para ir al teatro u actos sociales; así modelos como el coupé, landau, la berlina, el faetó entre otros pasaron a formar parte también de los coches de duelo.




Y LLEGÓ EL MOTOR
Como era de esperar, la sociedad fue evolucionando en todos los sentidos incluido el fúnebre. Los coches de caballos lentos y majestuosos con su séquito interminable dieron paso a unos cortejos fúnebres más rápidos y menos pomposos.
Así el automóvil Hispano Suiza (modelo T16) fabricado en Barcelona en 1920 fue uno de ls primeros vehículos de tracción mecánica usados en un servicio funerario; de hecho, al principio, sólo se utilizaba para trasladar al difunto del lugar de fallecimiento a su casa para el velatorio. El ejemplar que permanece en el museo conserva su mecánica original, con el volante a la derecha.


Y termina la exposición con un precioso Studebaker Six, un potente vehículo de seis cilindros fabricado de Indiana y muy utilizado durante la Gran Depresión y transformado en Barcelona para ser utilizado como coche funerario.



El museo de Carrozas fúnebres del cementerio de Montjuïc es de obligada visita (además del cementerio, claro) si estás en Barcelona.

Mediante material didáctico, clasificado por ciclos escolares y diseñado pedagógicamente para encajar con el conjunto educativo escolar, se ofrecen diferentes actividades que, a través de un paseo interactivo por los 6 ámbitos que contiene el espacio de las carrozas, dan una visión de conjunto muy enriquecedora para el alumnado.

Además, también és posible viajar en el tiempo mediante más de 2000 libros de ámbito funerario, los cuales conforman la biblioteca más importante de España y la segunda más importante de Europa. Los ejemplares se centran, principalmente, en los rituales funerarios de numerosas civilizaciones, desde la Prehistoria hasta la época actual. También significativa la aportación en egiptología.
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