Los ataúdes colgantes de China y Filipinas …

Ataúdes en Sagada
LBV/JuventudRebelde/NorteHispania — Uno de los sitios más increíbles que se pueden ver en China no basa su espectacularidad en grandes palacios, murallas interminables o paisajes de gran belleza natural.
Se trata, sin duda, a de uno de los cementerios más insólitos que se hayan visto jamás porque los ataúdes están en grandes paredes verticales de roca, a gran altura.
Estos enterramientos corresponden a antiguas etnias minoritarias chinas, los bos y los liaos, que dejaron de practicar esta pintoresca costumbre durante la eṕoca Ming.
Tenían 3 modalidades de construcción: en una aprovechaban las oquedades en la roca para depositar el cuerpo y luego la cerraban con madera; en otra usaban los pequeños resquicios para apoyar las vigas sobre las que se depositaba la caja, tal cual se hace ahora con los motores de aire acondicionado; y en una tercera, más clásica, se colocaban sobre estructuras de madera en el suelo.

Quién sabe cuántos ataúdes llegó a haber. Ahora se cuenta cerca de un millar repartidos por todo el país, si bien se ven casos en otros sitios de Asia, como Sagada (Filipinas, en la foto). Destacan la provincia de Ghizou, Bawuxia y la montaña Longhu.
También los 265 que se pueden hallar distribuidos en dos áreas principales de la provincia de Sichuán. Una, es Matang, cerca de Luobiao, en Gongxian, donde se pueden ver 223 a alturas entre 10 y 50 metros, aunque hay alguno a más de 100; la roca, además, está decorada con pinturas.

El otro lugar es Sumawan, a orillas del río Dengja, donde cuelgan 42 sarcófagos.
En ambos casos los cadáveres están envueltos en lino y tienen a los pies un pequeño ajuar funerario. En los de Bawuxia hay parejas juntas, lo que hace creer a los expertos que la esposa -o alguna mujer- era sacrificada cuando moría el marido.
Se cree que la razón por la que se enterraban en las paredes era para que estuvieran cerca del cielo; de hecho hay leyendas sobre la capacidad de los bos para volar, sin duda derivada de esta tradición funeraria.

Filipinas, país lleno de costumbres exóticas, alberga a la minoría étnica igorot, cuyo ritual fúnebre busca acercar a sus muertos a la luz eterna que, según su tradición, aguarda por ellos en «el más allá».
Asentados desde hace más de dos mil años en Sagada, en la cordillera central del archipiélago, los igorot se alejan de cualquier práctica común y en lugar de inhumar a sus muertos cuelgan los ataúdes en los acantilados de piedra caliza de Echo Valley para que lleguen fácilmente al cielo, donde aseguran viven sus deidades, publica la agencia Prensa Latina.
La tradición exige que el ataúd sea confeccionado a mano por la persona aún en vida, usando un fragmento de árbol perforado en el centro al que se añade una tapa de madera con dos estacas a cada extremo.

Al morir, su cuerpo se coloca dentro en posición fetal, con indumentaria de colores e insignias, para facilitar que sus antepasados lo reconozcan, según la fábula. .
Pero a veces se espera unos días a que expulse fluidos corporales, ya que existe la creencia de que estos contienen el talento y la suerte del difunto y así los podrías absorber
Luego transportan el sarcófago hasta el borde de un acantilado —en algunos casos prácticamente inaccesible— y lo sitúan poco a poco en el lugar que le corresponde en la pared de piedra, suspendido a varios metros del suelo.
Cuanto más alto sean colocados, más fácil llegarán al cielo, consideran los igorot, aunque expertos afirman que dicha práctica es una forma de destinar las tierras exclusivamente al cultivo y alejar los cuerpos de los animales carroñeros y posibles aludes.
Ocasionalmente los ataúdes también son depositados en cuevas, pero siempre en zonas donde llegue la luz solar para «dar vida al alma».
También es común que se le coloque la silla donde se sentaba el fallecido para que lo acompañe en su viaje a la «otra vida».

Aunque se trata, sin duda, de una costumbre insólita, no es exclusiva de Filipinas.
También se ha comprobado que grupos étnicos milenarios de Indonesia y China la practicaban.
Por ejemplo, la mayor cantidad de ataúdes colgantes fue encontrada en la provincia china de Guizhou hace casi 15 años.
Allí más de mil cuelgan en un abismo, colocados en orden genealógico, con las generaciones más antiguas encima y las más recientes debajo.
El caso del funeral chino se parece poco a los rituales occidentales debido a la cantidad de simbolismos que se manejan en ellos, a las prácticas propiamente realizadas en función de las creencias y más específicamente de las supersticiones que se tienen en la cultura china, una de ellas la de los ataúdes colgantes.
Restos en la altura ¿Bendición o protección?
Durante la época de la Dinastía Tang se practicó un tipo de entierro que consistía en colgar los ataúdes, que normalmente eran tallados de un tronco entero de árbol, en barrancos, colinas altas o rocas verticales; incluso se llegaron a colocar también en hendiduras de cuevas o en salientes naturales de acantilados.
Lo que resalta de este antiguo ritual era precisamente el hecho de que el ataúd estuviese suspendido desde las alturas.
Algunas de las hipótesis que manejan los arqueólogos sobre esta peculiar costumbre es que esos grupos étnicos creían que mientras más alto estuviese el cuerpo del fallecido, más cerca del paraíso podría estar y le iría mejor en la siguiente vida.
Esto también estaba vinculado a la idea de recibir la bendición eterna del alma.

Otras conjeturas indican que el féretro era colgado para protegerlo de animales depredadores y carroñeros. Por otra parte, los investigadores resaltan que los deslizamientos de tierras e inundaciones podrían ser las posibles causas de este tipo de cementerio.
De tradición a atracción
Lo cierto es que aún a día de hoy, a pesar de que esta práctica ya no se realiza -al menos no en las zonas urbanas-, continúa estando presente la pregunta de cómo en aquellos tiempos pudieron colgar a esas alturas los féretros.
Esta es la razón por la cual los cementerios colgantes en China son hoy un atractivo turístico.

En la montaña Wuyi están los ataúdes más antiguos, con al menos 3.000 años.
También se han encontrado estos féretros colgantes en la montaña Longhu “Dragón Tigre” y en la sima de Guizhou donde hay más de mil ataúdes dispuestos en orden genealógico.
Las supersticiones no han muerto
Debido a la sobrepoblación que padece China actualmente se han impulsado prácticas como la cremación, especialmente en las grandes ciudades.
Sin embargo, esto no ha significado el fin de los rituales llenos de supersticiones en el funeral chino.
Y es que las tradiciones fúnebres orientales son tan diferentes a los sepelios occidentales que podemos encontrar algunas costumbres que llaman bastante la atención.
Por ejemplo, un funeral chino no es igual para todas las personas; va a variar según la edad, la causa de muerte, la posición social y el estatus marital. Igualmente pasa en un funeral Vikingo, varía el tipo según el estatus social y la zona geográfica.

Entre las supersticiones más llamativas encontramos que durante el funeral chino todos los espejos deben ser cubiertos o retirados, ya que se cree que si alguien ve el reflejo del ataúd, un miembro de la familia morirá pronto.
También se acostumbra a quemar dinero pues se cree que ayudará al difunto en su otra vida.
Otras de las supersticiones más peculiares es la de no vestir de color rojo al difunto porque, según las creencias, podría transformarse en un fantasma. O la de prohibir los gatos en los funerales pues se cree que si el gato salta sobre el ataúd el cuerpo podría levantarse.
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