Ciudades subterráneas …

benjaminamo.com/BBC News(E.Buchan)/El País(Lonely Planet) — Cuando creemos que hemos visto (y descubierto) todo en nuestro planeta, resulta que todavía queda lo que se esconde bajo la superficie terrestre. Maravillas naturales subterráneas e impresionante creaciones del hombre, desde cuevas prehistóricas que fueron su primera vivienda hasta ciudades completas, iglesias excavadas en la roca, hospitales o refugios para tiempos difíciles.
Algunas grandes urbes esconden bajo sus cimientos ciudades paralelas que son más interesantes que la que vemos en la superficie. La mayoría de estos sorprendentes tesoros subterráneos se han convertido en enclaves turísticos que se pueden visitar. Eso sí, claustrofóbicos abstenerse.
La ciudad subterránea construida por EEUU en Groenlandia

El coronel del ejército de los Estados Unidos, John H. Kerkering, fue el militar puesto al frente de un ambicioso proyecto que debía construir una ciudad subterránea bajo el hielo de Groenlandia.
Era 1959 y la Guerra Fría entre norteamericanos y soviéticos estaba en uno de sus puntos álgidos.
Bajo el nombre en clave de “Proyecto Iceworm”, el Centro de Desarrollo e Investigación Polar de los Estados unidos puso en marcha todo un entramado para construir una ciudad subterránea, llamada Camp Century, bajo las capas de hielo de la isla ubicada a 800 kilómetros al sur del Polo Norte, entre los océanos Atlántico y Glaciar Ártico.
Era una disposición táctica y geográfica que lo hacía idóneo para cumplir sus objetivos de defensa nuclear de cara a sus enemigos.
El lugar elegido para realizar el proyecto fue una meseta a 6.180 pies (unos 1.883 metros) sobre el nivel del mar y con una temperatura media de unos -23 grados centígrados, aunque podía llegar a alcanzar los -56 grados.
Unas potentes tuneladoras fueron trasladas hasta el lugar, realizando todo un entramado de largos pasillos subterráneos que acabaron albergando una central nuclear, cuyo coste de traslado había superado los 5 millones de dólares.

Los 30 edificios interiores estaban realizados por placas de madera prefabricadas y en ellas se encontraban las viviendas, biblioteca, servicios médicos y religiosos, lugares de ocio y servicio (cantina, teatro, peluquería, lavandería), almacenes, laboratorios y todo lo imprescindible para llevar una vida lo más placenteramente posible en un lugar tan hostil, aparte de poder realizar con normalidad el trabajo encomendado a los militares que allí residían (85 en época de invierno y aproximadamente 200 en verano).
El suministro de agua que recibía Camp Century se realizaba a través de un bombeo de vapor de un pozo de hielo, por el que el elemento líquido que se utilizaba pertenecía a la nieve caída sobre Groenlandia dos mil años antes.
A través de una línea ferroviaria de más de tres kilómetros se conectaban los veintiún túneles interiores y una calle central de aproximadamente mil metros de larga.
Todo se preparó para simular un centro de investigación y experimentación científica, pero en realidad escondía todo un entramado de defensa militar que había decidido trasladar hasta allí aquel centro de operaciones debido a su perfecta ubicación a medio camino entre Nueva York y Moscú.
Pero todo aquel monumental montaje que tuvo un coste de 8 millones de dólares, (60 millones si lo trasladamos a nuestros días) de poco sirvió, ya que, tras varios años de construcción, apenas tuvo una producción activa, abandonando el proyecto en el año 1966.

El mayor problema que se encontraron fue el movimiento de los glaciares, ya que éste amenazaba con colapsar los túneles y tal y como se dio por finiquitado fueron derrumbándose.
Hasta 1997 no se dieron a conocer los detalles del Proyecto Iceworm tras desclasificarse los documentos por parte del Instituto danés de política exterior, que facilitó un informe a petición del parlamento de su país que dio debida cuenta de los planes norteamericanos en Groenlandia, pues hay que tener en cuenta que la isla pertenece a Dinamarca y ésta se había declarado, en 1957, territorio libre de armamento nuclear.
La ciudad subterránea que Mao mandó construir bajo Pekín

Durante la etapa de la Guerra Fría en la que estaban enfrentados los dos potentes bloques que dominaban el planeta, el máximo dirigente de la República Popular China ideó un mecanismo para que los más de 6 millones de habitantes que residían en Pekín pudieran salvar sus vidas en caso de un ataque nuclear.
Para ello, a finales de los años 60, mandó construir todo un entramado subterráneo que albergase suficiente espacio para sus ciudadanos.
Era la ciudad subterránea de Pekín, un lugar que jamás se tuvo que utilizar y que permaneció cerrado al público durante varias décadas, debido al mutismo por parte del gobierno chino y su secretismo respecto al tema.
Esta inmensa urbe bajo techo (su nombre significa exactamente eso, la ciudad bajo tierra) está compuesta por túneles y más túneles en los que podrían vivir unos seis millones de habitantes (los que tenía Pekín cuando fue horadada).
Dentro se crearon purificadoras de agua, almacenes de alimentos, granjas, tiendas, restaurantes, hospitales, colegios e incluso una fábrica de seda. Todo concebido como un gran búnker, con puertas de hormigón para resistir desastres y, por supuesto, para resistir ataques químicos o nucleares.

El refugio estaba pensando para albergar durante cuatro meses al 40% de la población de entonces.
Varios centenares de miles de ciudadanos chinos fueron utilizados como mano de obra para llevar a cabo un proyecto de diez años (1969-79) en el que se construyeron 85 kilómetros cuadrados de ciudad subterránea bajo la capital China. Entre ellos, escuelas, teatros, cines, restaurantes, oficinas, hospitales, fábricas e incluso alguna pista de patinaje…

Todo un mundo escondido bajo la tierra para poder llevar una vida alejados de la amenaza de la Guerra Fría.
Sin embargo, el hipotético ataque nuclear nunca se produjo y la metrópolis quedó en el olvido. Se tapiaron todos los accesos y nada se supo de este lugar hasta bien entrado el siglo XXI.
Parte de ese espacio fue utilizado como almacén por el Gobierno. Aquellos que habían conseguido acceder, utilizaban alguno de sus espacios como lugar de reunión, como algún que otro colectivo de jóvenes urbanos, niños que bajaban a jugar por los largos pasadizos, e incluso ciudadanos que habilitaron algunas partes para montar un negocio y utilizarlo como tienda o albergue a bajo precio.
En la actualidad no se puede bajar, pero teniendo buenos contactos y sabiendo dónde y a quién preguntar, es posible conseguir un acceso desde alguna de las numerosas puertas que se encuentran dentro de diferentes locales y/o negocios repartidos por toda la ciudad de Pekín. Hay toda una red de guías turísticos clandestinos que por unos pocos yuans te llevan de excursión por una parte de esta ciudad ‘enterrada’.
A la ciudad se accedía por una entrada oculta en tiendas y casas de personas importantes de Pekín y los túneles conectaban los principales espacios de la capital (en superficie), como la plaza de Tiananmén o la Ciudad Prohibida, todo enterrado a una profundidad de entre 8 y 18 metros. Hay incluso una galería que llega hasta Tianjin, ciudad industrial a 150 kilómetros al sur de la capital, sin necesidad de ver la luz del sol.
Hoy Dixia Cheng es un laberinto de miles de pasillos que nunca fueron utilizados, pero los turistas solo pueden explorar un tramo –apenas medio kilómetro– de estos túneles de Mao, el resto está controlado por el Gobierno chino.
Uno de esos accesos rápidos utilizado por bastantes turistas y curiosos que desean visitar la ciudad subterránea está en la siguiente dirección: 62 Damochang West Street, Qianmen.
La sorprendente ciudad subterránea de Derinkuyu

La región de la Capadocia (Turquía) es famosa no solo por su importante pasado histórico, sino también por su característico paisaje geológico (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) , en el que nos podemos encontrar infinidad de viviendas que fueron construidas en el interior de sus montañas y más de 200 ciudades subterráneas, aunque tan solo hay una treintena de ellas accesibles.
Entre todas ellas destaca la que se encuentra bajo la ciudad de Derinkuyu, en la Anatolia central, una sorprendente y perfecta red de túneles y estancias con una capacidad para albergar a más de 10.000 personas (algunas fuentes apuntan que hasta 20.000) y cuya construcción tiene una antigüedad aproximada de 3.500 años.
Todo parece indicar que fue construida por el pueblo hitita, quienes por esa época estuvieron asentados en la zona, y como medio de defensa ante cualquier imprevisto ataque enemigo.

La ciudad subterránea de Derinkuyu tiene una veintena de niveles de profundidad, y aunque no se ha alcanzado el tope y solo se ha llegado hasta los 40 metros subterráneos (8 niveles), se calcula que la parte no accesible puede alcanzar los 85 metros.
El descubrimiento casual de este lugar ocurrió en 1963, cuando el propietario de una casa-cueva (muy típica en la zona) tiró una pared y se encontró que su vivienda comunicaba con otra estancia, de la que salía un túnel.
Tras ser inspeccionado por expertos, se comprobó que se trataba de una milenaria construcción, la cual estaba perfectamente diseñada para vivir largas temporadas sin tener que salir al exterior para nada, gracias a sus espacios adecuados para hacer la función de almacén de alimentos, el lugar donde tener los animales y, además, tenerlo todo perfectamente ventilado, gracias a los precisos conductos de ventilación que habían construido.

También disponía de agua potable gracias a un rio subterráneo y a numerosos pozos que se realizaron. En caso de ser atacados el lugar quedaba herméticamente cerrado por unas puertas circulares de piedra cuyo peso aproximado era de media tonelada.
Resulta curioso observar que este pueblo, contando con los elementos más rudimentarios para construir ese lugar, no se olvidase de los espacios dedicados al ocio (como bares) o salas de culto en las que podían encomendarse a sus divinidades (la hitita era conocida como “la religión de los mil dioses”).
Cabe destacar que la estructura de la ciudad subterránea de Derinkuyu estaba estratégicamente diseñada para poder esconderse y huir en caso de que penetrase algún intruso, ya que disponía de escondrijos y recovecos imposibles de encontrar si no se conocía bien el lugar.

El único punto débil a toda esta ciudad eran sus pozos, a través de los cuales cualquier enemigo podría haber introducido veneno que iría a parar a las aguas subterráneas que después debían consumir sus habitantes. Algo que no han terminado de descartar los investigadores y expertos de que así ocurriera y fuese uno de los modos con los que los Pueblos del Mar atacasen y acabasen con los hititas.
Desde 1969 ocho niveles de esta sorprendente ciudad subterránea de Derinkuyu están abiertos a los visitantes, habiéndose convertido en uno de los puntos turísticos de mayor afluencia de la región de la Capadocia.
El Seattle subterráneo

Bajo la moderna ciudad de Seattle (en el estado de Washington, noroeste de EE.UU.), existe un laberinto de pasadizos que en el pasado eran las calles que formaban su distrito financiero.
Seattle, al norte de la costa pacífica estadounidense, es la ciudad donde nació el grunge, de Nirvana y Jimmie Hendrix y, además, presume de su excelente café.
Como en todas las grandes urbes de Estados Unidos, la principal atracción turística son sus museos, pero aquí encontramos también una visita muy especial: la ciudad subterránea, bajo la Pionner Square.
No se trata de simples estaciones abandonadas de metro, sino un entramado de calles y casas de la Seattle del siglo XIX, que hoy se oculta bajo tierra.
Su origen se remonta al gran incendio que hubo en la ciudad en 1889 y que la destruyó por completo.

Un voraz incendio destruyó el centro de la ciudad en 1889.
El 6 de junio de 1889, Jon Back, un joven sueco aprendiz de carpintero que calentaba pegamento se descuidó y el calor hizo que esquirlas de madera del taller en el que se encontraba comenzaran a arder.
El fuego se propagó por el centro de Seattle, devoró calles pavimentadas con tablones de madera y destruyó los destartalados edificios de pobre construcción.
Las malas condiciones de una recién nacida Seattle, construida sobre marismas y lodazales, dificultaron las labores de extinción del incendio.
El sistema privado de agua, propiedad de tres destacados ciudadanos, no contaba con la presión suficiente para que las mangueras fueran eficaces.
Desesperados por encontrar otra fuente de agua, los bomberos recurrieron a las cercanas orillas de Puget Sound, pero las idas y venidas de la marea entorpecieron el trabajo de los equipos de emergencia.
Para cuando se extinguió el fuego, unas 25 cuadras del distrito central de negocios habían desaparecido.
Y con las llamas prácticamente desapareció la historia de la vieja ciudad quemada.

Después se optó por levantar una nueva ciudad de ladrillo y piedra, elevando el terreno y la planta baja de las casas para evitar inundaciones, hasta entonces uno de los problemas más frecuentes en la ciudad.
En el proceso de reconstrucción de Seattle se tomó la decisión de alzar las calles para que no reposaran sobre el barro y el fango que habían sido la base de la antigua ciudad.
A lo largo de las calles se colocaron muros de contención y el espacio entre los muros se rellenó y cubrió con pavimento para construir nuevas carreteras. Esto se hizo para alzar las calles, que quedaron un piso más arriba que las viejas aceras.

Los constructores, ansiosos de capitalizar el boom económico de la década de 1890, trabajaron rápidamente sin darse cuenta de que los escaparates y entradas a algunos edificios se quedaron convertidos en sótanos.
Los dueños de algunas de las tiendas y negocios reconstruidos se encontraron con su primer piso y a veces el segundo de cara a una pared de cemento.
Tras la reconstrucción de la ciudad, estos pasajes subterráneos que en el pasado fueron calles principales y escaparates del viejo centro de Seattle quedaron para el olvido, como lugar de escondite de drogadictos, prostitutas y criminales.
En consecuencia, parte de la ciudad quedó sepultada bajo toneladas de cemento y hoy recibe visitas a modo de viaje subterráneo en el tiempo.

En los años 50, el residente local y publicista Bill Speidel empezó una campaña para recuperar la ciudad subterránea, aferrándose a la fuerza que podía tener la historia de sus pasadizos. Años después, su empeño dio frutos y comenzó a ofrecer visitas guiadas que hasta el día de hoy son uno de los grandes atractivos turísticos de la ciudad.
Conoceremos historias sorprendentes que los guías explican con mucho desparpajo: desde la invención del inodoro con cadena –la ciudad primitiva estaba a nivel del mar y la evacuación de residuos obligó a sus habitantes a agudizar el ingenio–, hasta una historia de supuestas costureras que, en realidad, ocultaban una red de prostitución o túneles que fueron utilizados para reuniones clandestinas durante los años de prohibición. Un entretenimiento perfecto para un día de lluvia.
Coober Pedy – Australia

La gente que vive en pueblos que rozan los 50 grados en verano, como los del interior de Australia, busca cómo escapar del calor como sea.
Es lo que pasa en Coober Pedy, localidad de 3.000 habitantes en la que las temperaturas empujaron a la población a excavar, literalmente, sus casas.
El nombre del pueblo significa “agujero en el suelo del hombre blanco” en el dialecto aborigen local y es un lugar realmente inhóspito en el que uno se pregunta por qué alguien decide instalarse allí.

La razón está en los ópalos: desde 1915, la riqueza de la zona en estas piedras preciosas ha atraído a buscadores, muchos de los cuales han excavado casas, bares y hasta iglesias en sus laderas en busca de frescos refugios.
La Casa de Faye es la más bonita del pueblo. No es un museo, sino una vivienda que demuestra cómo se desenvuelven las personas normales en una tierra abrasadora en mitad de la nada.
Coober Pedy está a 846 kilómetros al norte de Adelaida y a 685 al sur de Alice Springs; hay seis vuelos semanales entre Adelaida y Coober Pedy.
La laberíntica ciudad subterránea que se oculta bajo los rascacielos de Chicago

Chicago es conocida como «la ciudad de los vientos», pero hay algo muy peculiar que también la distingue y está bajo tierra.
Bajo el vibrante horizonte de Chicago y sus parques urbanos se encuentra un «vecindario» subterráneo.
Los únicos sonidos que se podían escuchar provenían de los faroles cuyas luces burbujeaban desde el techo y del eco inquietante y lento de unas pisadas que se sentían a lo lejos.
El aroma del café, los olores a grasa y a cloro se mezclaban en mis fosas nasales mientras atravesaba unas pesadas puertas dobles y volteaba en una esquina que me conducía hacia un pasillo vertiginoso de color magnolia.
A mi derecha estaba la entrada de los grandes almacenes Macy’s. Su área de comidas, que en ese momento tenía pocos clientes, era visible a través del cristal.
Una maraña de pasillos
Esta red de túneles, que se extiende a lo largo de ocho kilómetros por debajo de los 40 bloques de The Loop (el distrito comercial de Chicago), conecta algunos de los edificios más famosos de la ciudad, incluyendo el de Macy’s, el Ayuntamiento y el Centro Cultural de Chicago.
La construcción comenzó en 1951 para proporcionar un paso seguro, entre los edificios, y también un paso resistente al mal tiempo.
Cada sección tiene un dueño independiente y su mantenimiento está en manos del edificio que tiene en la parte superior. Por eso, cada parte tiene luces diferentes, incluso las temperaturas son distintas.
«La mayoría de las personas no lo entienden», dice Margaret Hicks, quien realiza recorridos y tours por el Pedway con su compañía Chicago Elevated. «Pero me encanta», añade.

El vitral se instaló en diciembre de 2013. Se trató de un proyecto conjunto entre el almacén Macy’s y el Museo Smith de Vitrales de Chicago, antes de que éste clausurara en octubre del año siguiente.
En su momento fue, y todavía se percibe así, algo un tanto incongruente con este tramo subterráneo vacío.
Los que usan el Pedway lo hacen para escapar de los veranos sofocantes y de los inviernos inclementes. El Pedway forma parte de sus desplazamientos diarios y de sus descansos a la hora de almorzar.
La parte más concurrida está en la estación Millennium, un centro de trenes Metra (la división de trenes que abastece a Chicago y su área metropolitana), que tiene el techo ondulado y fluorescente.
El piso tiene las líneas de una pista de carreras. Escenas de la película de Batman, «The Dark Knight» («El caballero de la oscuridad»), se filmaron ahí.
Underground City, Montreal

Las ciudades que tienen que hacer frente a largos y duros inviernos han buscado soluciones para que la vida pueda desarrollarse con normalidad aunque las temperaturas se desplomen hasta los 20 o 30 grados bajo cero.
Montreal es por ejemplo, cuenta con una auténtica ciudad subterránea, Underground City, en la que hay de todo: oficinas, centros comerciales, hoteles, cines, estaciones de tren y autobuses, bancos, universidades, museos, e incluso una pista de hockey sobre hielo.
El primer centro comercial de la ciudad, el Place Ville Marie, se construyó bajo un rascacielos en 1962. Después, en 1966, fue construido el sistema de metro y a partir de ese momento empezaron a construir más y más centros comerciales, cafeterías, oficinas, etcétera, todos conectados entre sí y con estaciones del metro.

Actualmente, por esta ciudad paralela de unos treinta kilómetros de extensión y más de cuatro millones de metros cuadrados de superficie bajo el suelo circulan cada día casi quinientas mil personas. Incluso se organiza, en el mes de febrero, mientras el invierno arrecia ahí afuera, una carrera que recorre cinco kilómetros dentro de este mundo soterrado pero calentito.
La mayor parte de la ciudad subterránea está abierta al público durante las horas de funcionamiento del metro de Montreal, entre las 5.30 y 1 de la madrugada.
Otros lugares subterráneos interesantes
Minas de sal de Wieliczka(Polonia)

A unos 14 kilómetros de Cracovia, las minas de sal de Wieliczka están consideradas las más antiguas del mundo en funcionamiento: llevan siendo explotadas desde el siglo XIII.
Se trata de un inquietante mundo de pozos y cámaras de sal esculpido íntegramente a mano y famoso por las propiedades conservantes y curativas de su microclima.
Tienen una profundidad de 327 metros y su longitud supera los 300 kilómetros, por algo son conocidas como la catedral subterránea de la sal de Polonia.

El recorrido turístico consiste en unos tres kilómetros y medio en los que se pueden ver estatuas talladas en roca salina, cámaras, capillas, un lago subterráneo y todo iluminado con unos candelabros de cristal de sal que le dan aspecto de palacio.
La joya del lugar es la capilla de Santa Kinga, que es una verdadera iglesia de sal, retablos incluidos. A la salida, un museo explica a los turistas el porqué de esta original atracción turística que todo el que visita Cracovia incluye en su recorrido.
Un hospital secreto bajo Budapest(Hungría)
El subsuelo de la capital húngara y sus alrededores esconden muchas sorpresas. Una de las más impresionantes es un hospital excavado en la roca (actualmente un museo, el Hospital in the Rock), bajo la colina de Buda.
Se construyó durante la II Guerra Mundial aprovechando el sistema de cuevas que ya existía bajo las casas de la ladera y fue un funcionó como refugio seguro para los heridos durante el conflicto.
Después, durante la revolución del 56, volvió a convertirse en hospital y refugio y posteriormente se cerró… oficialmente.

Hace unos años se ha descubierto que en realidad continuó funcionando durante décadas como refugio antinuclear secreto durante la guerra fría, con todo dispuesto para atender a la población en caso de un ataque nuclear.
Ahí están todavía para demostrarlo las puertas acorazadas, las miles de máscaras anti gas y otros muchos elementos de urgencia preparados para atender a toda la población en un supuesto conflicto atómico.
Un centenar de figuras de cera (médicos, heridos, enfermeras, soldados) sirven hoy para que los visitantes puedan hacerse una idea de cómo se vivía allí durante la Guerra Mundial (hay oficinas, habitaciones para los enfermos e incluso quirófanos).

La última parte del recorrido nos deja ver el búnker de la Guerra Fría y en la tienda de recuerdos podremos incluso comprar algunas de las mascarillas de gas o paquetes de primeros auxilios originales que los húngaros almacenaron.
Si cogemos gusto a estar bajo tierra, podremos practicar espeleología en alguna de las 160 cuevas que horadan el subsuelo de Buda. La más visitada (se puede llegar en autobús desde el centro) es la de Pál-völgy –una de las más grandes del mundo–con 19 kilómetros de longitud.
Famosa por sus estalactitas y sus murciélagos, cuenta con dos circuitos: uno sencillo para todos los públicos y una ruta de aventura de tres horas de duración no apta para claustrofóbicos.
Río subterráneo de Puerto Princesa(Filipinas)

Puerto Princesa es la capital de Palawan, una de las provincias de ese laberinto insular que son las Filipinas. Desde 1999 se ha convertido además en uno de los reclamos turísticos del país gracias a la declaración como patrimonio mundial del Parque Nacional del Río Subterráneo de Puerto Princesa, un tramo fluvial bajo tierra de 8 kilómetros de longitud.
Las formaciones que se ven en las cavernas (y los chillidos de los murciélagos) cumplen con las expectativas de todos los visitantes, aunque los circuitos solo permiten estar 30 minutos bajo tierra. Su conjunto representa un importante hábitat de biodiversidad, donde se mezclan ecosistemas del bosque y de la playa, formando un paisaje espectacular.
Para apreciar totalmente la zona hay que acercarse a las playas, riscos y bosques que hay en torno al pueblo de Sabang. La ciudad de Puerto Princesa se considera una de las más limpias y verdes de Filipinas y es famosa por sus granjas de cocodrilos, pero sobre todo por sus ríos subterráneos.
Túneles de Cu Chi(Vietnam)

Hoy son uno de los grandes reclamos turísticos en el sur de Vietnam pero aún así, impresionan cuando te muestran lo que realmente significaron para la historia de los vietnamitas.
Construidos durante la Guerra de Vietnam por las tropas norvietnamitas, consisten en una extensa red subterránea que servía, sobre todo, como escondite para las guerrillas del ejército comunista.
También se utilizaban como hospital, de almacén de armas y alimentos, e incluso como alojamiento. Todo un mundo bajo tierra al que se accedía a través de diminutos agujeros camuflados en el suelo. Todo un reto para un visitante occidental (sobre todo si tiene sobrepeso).
Los túneles se extienden 40 kilómetros al norte de Ciudad Ho Chi Minh, la antigua Saigón.
Dentro de una cisterna romana(Estambul)

La Cisterna Basílica de Estambul es un verdadero palacio sumergido y es la más grande de las 60 cisternas que hay bajo la antigua Constantinopla. Es un lugar asombroso, sobre todo si tenemos en cuenta que se construyó en el año 532, durante el reinado del emperador Justiniano, como depósito de agua del Gran Palacio.
Tras la conquista, su agua sirvió para regar los jardines del palacio de Topkapi. Hoy en día el agua se mantiene a un nivel bajo para que se puedan observar las impresionantes cabezas de medusa que hay en la base de dos de sus 336 columnas de nueve metros de altura; un bosque de mármol bajo tierra.
Lo que realmente sobrecoge es la simetría y la majestuosidad del espacio que la han convertido en escenario de superproducciones como el clásico Desde Rusia con amor (Terence Young, 1963), de la saga James Bond. La cisterna es perfecta para darse una tregua de frescor en los calurosos días de verano en Estambul, especialmente por la tarde, cuando resulta sofocante.
Carlsbad Caverns (Nuevo México-EEUU)

Más de 80 cuevas, entre ellas una de las más largas del mundo, Lechuguilla, forman un verdadero país subterráneo en la Sierra de Guadalupe, en Nuevo México.
Existen varias formas de explorar el sistema de Cuevas de Carlsbad: desde un descenso autoguíado de 230 metros que comienza en el Great Hall (el gran vestíbulo), hasta los agotadores serpenteos y angosturas del Hall of the White Giant.
En la ruta del Kings Palace se desciende todavía más para ver las estalactitas tubulares estilo lámpara de araña conocidas como pajas de soda.
Se accede a la cueva a través de una entrada principal o por un ascensor que sirve a su vez de salida.
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