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Los legendarios leones del Tsavo …


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ABC(J.de Jorge)/National Geographic(J.Canal-Soler)/L.B.V.(J.Álvarez)  —  Entre 1896 y 1901 los británicos construyeron el Ferrocarril de Uganda, una línea de tren que unió el puerto de Mombasa con Kisumu, a la orilla del Lago Victoria, ambas en la actual Kenia.

Bautizado como Lunatic Express por la opinión pública británica, debido a su elevado coste y a su aparentemente baja rentabilidad, las dificultades en su construcción empezaron casi desde su inicio: terreno difícil, falta de mano de obra (los obreros tuvieron que traerse de la India), motines de los trabajadores, conflictos con las etnias locales como los masái, o enfermedades como la malaria y la disentería.

Los trabajadores dedicados a la construcción de la línea ferroviaria en Tsavo, Kenia, hace más de un siglo, vivían aterrorizados hasta el punto de que se negaban a ponerse manos a la obra.

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Cartel del ferrocarril de Uganda, que discurría «a través del zoo de la naturaleza».

Dos leones que merodeaban el campamento encontraron entre los obreros del Imperio Británico y los lugareños de la etnia Taita un bocado aparentemente irresistible del que dieron buena cuenta durante nueve meses.

Bautizados como los «devoradores de hombres», se les llegó a atribuir la muerte de 135 personas, aunque la compañía de ferrocarril solo reconoció 28 y estudios posteriores han ajustado las víctimas a 35.

Lo cierto es que estos animales fueron considerados la encarnación de los espíritus del mal hasta que el militar británico John H. Patterson, contratado para abatirlos, logró su propósito.

Ahí nació la leyenda, reflejada en tres películas de Hollywood, una de ellas muy famosa, «Los demonios de la noche», protagonizada por Michael Douglas.

Pero ninguno de estos problemas fue tan inesperado como los ataques de dos leones que durante nueve meses mataron y devoraron a su antojo a empleados del ferrocarril y llevaron de cabeza a uno de sus ingenieros, el coronel John Henry Patterson, hasta que logró cazarlos.

Patterson, ingeniero militar nacido en Irlanda, narraría su historia en Los devoradores de hombres de Tsavo (1907), «el relato más notable del que podamos tener constancia», en palabras del presidente americano Theodore Roosevelt, cazador aficionado.

El coronel fue contratado por la compañía del Ferrocarril de Uganda en 1898 para construir un puente sobre el río Tsavo, y su llegada, en marzo, coincidió con los primeros ataques de los felinos.

«Uno o dos culis [trabajadores indios] desaparecieron misteriosamente –relató– y me dijeron que habían sido sacados por la noche de sus tiendas y devorados por los leones«. Patterson cifró el total de muertes en 28 indios, «sin contar los desgraciados nativos africanos sobre los que no se tiene registro oficial alguno».

Demonios nocturnos

La osadía de estos animales para conseguir sus presas era inusitada, con una total falta de miedo a las personas, al fuego o a las armas. Su método de caza no difería del primer ataque descrito por Patterson: acechaban en mitad de la noche, atravesaban las bomas –cercos de matorrales espinosos que protegían los campamentos– y arrastraban afuera a sus víctimas para devorarlas.

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El coronel Patterson fue contratado por la compañía del Ferrocarril de Uganda en 1898 para construir un puente sobre el río Tsavo, y su llegada, en marzo, coincidió con los primeros ataques de los felinos. «Uno o dos culis [trabajadores indios] desaparecieron misteriosamente –relató– y me dijeron que habían sido sacados por la noche de sus tiendas y devorados por los leones».

El coronel construyó trampas con cebo y muchas noches montó guardia en lo alto de los árboles. En una ocasión incluso prohibió levantar el cadáver de un trabajador y se situó cerca esperando que los leones volvieran para reanudar su festín.

Todo en vano. Apostado en su mirador, tan sólo podía esperar a oír, «más pronto que tarde, los gritos agonizantes» de la próxima víctima. Los leones «parecían tener una extraordinaria y misteriosa facultad de averiguar nuestros planes». Si Patterson se ubicaba cerca de un campamento, el siguiente ataque acaecía en otro refugio más alejado.

Ni el alambre de espino ni las noches de vigilancia desde plataformas, como las usadas en la India contra los tigres, sirvieron de nada. Los leones se las arreglaban siempre para salvarlas y matar algún trabajador, incluso burlando las trampas.

El colmo llegó cuando fueron capaces de entrar en un vagón abriendo el pestillo de la puerta corrediza. No es de extrañar que les llamaran Ghost (Fantasma) y Darkness (Oscuridad).

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una de las trampas de Patterson

Varias teorías han intentado explicar la predilección de los leones de Tsavo por la carne humana. Fuera cual fuera la causa, los dos leones se convirtieron durante meses en una pesadilla para el Ferrocarril de Uganda y en el motivo del retraso en su construcción, según explicó en el Parlamento el primer ministro británico, lord Salisbury.

Tras meses de pánico, el 1 de diciembre centenares de trabajadores huyeron en tropel en un tren de carga, dejando los trabajos paralizados durante tres semanas.

A la larga no pudieron con el empuje de la civilización. ).La suerte cambió el 9 de diciembre, cuando Patterson, desde una frágil atalaya construida sobre el cadáver de un asno al que habían atacado al amanecer, cazó al primer león. Consiguió herir a uno y al día siguiente siguió su rastro hasta que lo mató; necesitó 5 tiros.

El coronel mató al segundo león al cabo de 20 días, después de atraerlo hasta los cadáveres de unas cabras. Necesitó nueve balazos.

El ferrocarril se pudo terminar y el ingeniero regresó a casa con las pieles, aunque años después acabaron vendidas al Museo Field de Chicago, donde se reconstruyeron los animales para exhibirlos aunque quedaron más pequeños de lo que realmente eran. Los cráneos se guardan aparte.

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Los leones de Tsavo pertenecen a una subespecie más grande, en la que los machos no poseen melena, como se ve en la imagen sobre estas líneas, en la que el coronel Patterson posa con el cadáver de casi tres metros del primer león que cazó. La pérdida de la melena es una adaptación al medio en el que viven, árido, caliente y poblado por arbustos espinosos. De este modo, los machos evacúan mejor el calor y evitan que su melena se enrede entre los pinchos de la vegetación.

El felino resultó ser un gigante de 2,95 metros del hocico a la punta de la cola, y se necesitaron ocho hombres para llevarlo al campamento.

Patterson conservó las pieles de los dos animales hasta 1924, cuando en una de sus giras por Estados Unidos dando conferencias las vendió al Museo Field de Chicago, que las montó en un diorama.

Cuando uno visita el museo y los ve ante sí entiende por qué los trabajadores creían que se trataban de demonios en forma de león, «espíritus coléricos de dos jefes nativos fallecidos que protestaban contra la construcción del ferrocarril a través de sus tierras»: a pesar de los ojos de cristal, los leones de Tsavo, incluso muertos, aún dan miedo.

Pero los motivos que llevaron a estos leones, ambos machos, a una depredación humana tan insistente ha sido siempre un misterio. ¿Fue el hambre, la falta de presas habituales provocada quizás por la sequía?

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Arriba la guarida de los Leones, abajo la misma en 1997

Una nueva investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Vanderbilt en Nashville (EE.UU.) revela que, en realidad, a estos «demonios» no les empujó la desesperación sino algo tan prosaico como una enfermedad dental.

Los investigadores realizaron un análisis del desgaste microscópico en los dientes de los legendarios depredadores, que en la actualidad se muestran disecados en el Museo Field de Historia Natural de Chicago.

«Nuestros resultados sugieren que los humanos no eran el último recurso de los leones, sino la solución más fácil a un problema», explica Larisa DeSantis, profesora de Vanderbilt, en la revista Scientific Reports.

«Es difícil de comprender las motivaciones de unos animales que vivieron hace más de cien años, pero los especímenes científicos nos permiten hacer precisamente eso», apunta Bruce Patterson, del Museo Field. «Como el museo conserva restos de estos leones, podemos estudiarlos utilizando técnicas que habrían sido inimaginables hace cien años», añade.

La dieta antes de morir

Con el fin de arrojar luz sobre las motivaciones de los leones, el equipo empleó una técnica de análisis microdental en los dientes de tres leones devoradores de hombres de la colección del museo: los dos leones de Tsavo y uno de Mfuwe, Zambia, que mató al menos a seis personas en 1991.

El análisis pudo proporcionar información valiosa acerca de la naturaleza de la dieta de los animales en los días y semanas antes de su muerte.

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Segundo Leon de Tsavo

DeSantis y Patterson querían comprobar si la escasez de presas pudo haber impulsado a los leones a atacar a los hombres.

En ese momento, la región de Tsavo estaba en medio de una sequía de dos años y una epidemia de peste bovina que habían devastado la fauna local.

Si los leones estaban desesperados por la comida y se alimentaban de carroña, debían mostrar un microdesgaste dental similar al de las hienas, que habitualmente mastican y digieren los huesos de sus presas.

«A pesar de los informes de la época que se referían al sonido del león crujiendo los huesos de sus víctimas en los alrededores del campamento, los dientes del león de Tsavo no muestran patrones de desgaste en consonancia con la alimentación de huesos», subraya DeSantis.

«De hecho, los patrones de desgaste en los dientes son sorprendentemente similares a los de los leones de zoológico que normalmente se aprovisionan de alimentos blandos como carne de res y de caballo».

Infección en un colmillo

El estudio propone que una enfermedad dental y una lesión transformaron a los leones de Tsavo en devoradores de hombres habituales. El león que comió más carne humana, 24 personas según lo establecido por un estudio previo mediante el análisis químico de los huesos y la piel, tenía una enfermedad dental severa.

Tenía un absceso en la raíz de uno de sus colmillos, una infección dolorosa que habría hecho imposible la caza normal.

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Construcción del puente sobre el río Tsavo

«Normalmente, los leones utilizan sus mandíbulas para atrapar presas como cebras y búfalos y asfixiarlos», explica Patterson. «Para este león hubiera sido un reto someter y matar grandes presas que luchan; los seres humanos son mucho más fáciles de atrapar».

El compañero del león enfermo, por el contrario, tenía lesiones menos pronunciadas en sus dientes y la mandíbula, lesiones que son bastante comunes en los leones que no son devoradores de hombres.

De acuerdo con el mismo análisis químico, consumía muchas más cebras y búfalos, y mucha menos gente -once, en total-, que su compañero de caza.

El hecho de que el león de Mfuwe también tuviera graves daños estructurales en su mandíbula proporcionó un apoyo adicional para la teoría de que los problemas dentales provocaron los ataques a seres humanos, al igual que una serie de informes de incidentes de tigres y leopardos devorahombres en la India colonial que citan enfermedades similares.

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Carne humana, plato habitual

«Nuestros datos sugieren que estos leones devoradores de hombres no consumían por completo los cadáveres de sus presas humanas o animales», dice DeSantis. «En cambio, las personas parecen haber complementado su dieta ya diversa.

Los seres humanos han sido un plato habitual en el menú no sólo de los leones, sino también de leopardos y otros grandes gatos.

Hoy en día, los leones rara vez cazan personas, pero como las poblaciones humanas continúan creciendo y el número de especies de presa declina, el comer carne humana puede llegar a ser una opción cada vez más viable para muchos leones».

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Diversas fotografías hechas por Pattersons (A,C,E,) y fotografías actuales de los dientes de los leones (B.D)

Los leones de Tsavo, que no tienen melena, cazaban en pareja, algo curioso para ser ejemplares con gustos gastronómicos tan distintos. Se escondían entre los matorrales para después abalanzarse sobre sus víctimas como fantasmas salidos de las sombras.

Al teniente coronel e ingeniero Patterson le costó lo suyo hasta que logró matarlos a tiros. Quizás fue su orgullo de cazador lo que hizo que elevara la cifra de víctimas humanas a más del centenar, o quizás lo creía realmente.

El primer ejemplar murió el 9 de noviembre de 1898 y el segundo le acompañó veinte días después. De inmediato, los ataques cesaron al tiempo que nacía una leyenda de película sobre la que la ciencia ha conseguido arrojar luz.

nuestras charlas nocturnas.

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