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Saint-Michel, el monte de las mil leyendas …


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Destinia(P.Almadena)/ParísCityVisión/AbbayeMontSanMichel  —  Según algunas crónicas legendarias, en el siglo VIII de nuestra era el demonio habría asumido la forma de un dragón marino para maltratar, acompañado de una legión de seres malignos, a los habitantes de las costas de Normandía y Bretaña, y en especial a los últimos seguidores de los cultos druídicos que practicaban sus creencias en un monte aislado en el mar. Un monte conocido como monte Belenos —el dios celta del sol— o monte Tombe —monte Tumba— solamente accesible durante la bajamar, pues las aguas se retiran dejando un pequeño hilo de arena que une la costa con el promontorio.

El arcángel San Miguel, caudillo de las huestes celestiales, advirtió que los terribles sucesos acontecidos en la bahía del monte Belenos eran despiadados e injustos y Dios le ordenó descender a la Tierra con sus ejércitos para derrotar y castigar a las fuerzas del mal en una de las mayores batallas de todos los tiempos entre el bien y el mal. Ambos ejércitos combatieron durante días con denuedo, cambiando continuamente el signo de los vencedores, hasta que por fin el propio San Miguel cercenó con su espada la cabeza del dragón y la alzó en señal de victoria.

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Muchos hombres presenciaron el épico enfrentamiento con el corazón en un puño, entre ellos un tal Aubert de Avranches, por entonces obispo de la localidad de Avranches —a unos 20 km del monte—. Las crónicas cuentan que después de la batalla, en el año 708 el arcángel San Miguel se le apareció a Aubert en sueños hasta tres veces en las que le ordenaba construir un oratorio en el monte Tombe para conmemorar la victoria de las fuerzas del bien y alejar para siempre la influencia del mal. Aubert ignoró las dos primeras visiones, por lo que, en la tercera aparición, San Miguel le dejó una marca con forma de cruz en la cabeza.

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Aldea de Saint Michel.

El culto a San Miguel remonta al siglo V en Occidente. En Italia, el Monte Gargano es un lugar de culto micaélico reconocido desde finales de la Antigüedad, antes incluso de que el culto al arcángel se extendiera por todo el Occidente medieval.

Miguel, jefe de la milicia celestial, tiene un papel destacado en la Apocalipsis, el último libro del Nuevo Testamento de la Biblia.  Este texto relata el combate de Miguel contra el demonio, representado en forma de dragón. Ayudado por sus ángeles, San Miguel logra vencer a la bestia, que se precipita por el abismo.

El arcángel simboliza la supremacía del Bien sobre el Mal. La iconografía medieval lo suele representar blandiendo una espada o una lanza, con el dragón vencido a sus pies. San Miguel se representa asimismo como psicostasis o psicopompo, es decir, el encargado de pesar las almas en el Juicio Final y conducirlas al Paraíso.

Según la Revelatio ecclesiae sancti michaelis, el texto más antiguo que describe los orígenes del Mont-Saint-Michel, la primera fundación de la abadía se remonta al año 708.

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La abadía del monte Saint-Michel

Aubert de Avranches comenzó a construir el oratorio en el monte Tombe y ordenó a varios frailes de su congregación que buscasen reliquias en Italia para santificar un poco más el lugar. En el año 709, el monte ya había sido santificado con el oratorio y las reliquias, y se decidió rebautizarlo en honor a San Miguel como mont Saint-Michel, es decir, monte San Miguel. Con el paso del tiempo, se erigirá sobre el oratorio una abadía benedictina (año 966) y se construirán albergues para cobijar a los peregrinos que allí llegaban. A lo largo de los siglos, la abadía tuvo momentos de esplendor y de abandono, pero se podría decir que en la actualidad goza de su mayor apogeo, sobre todo tras su inscripción en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en el año 1979, con la denominación «Monte Saint-Michel y su Bahía».

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La Unesco explica que construir un edificio religioso de semejantes características constituye «una verdadera hazaña técnica y artística», algo que nosotros no rebatiremos, pues con solo ver las fotografías que aquí se muestran nos damos cuenta de su monumentalidad, y su aureola de misterio.

El complemento perfecto a este enclave es precisamente el paisaje que lo rodea, pues la arenosa bahía de su alrededor adopta una forma extraña y cambiante por culpa de las fuertes mareas de la región que mueven y remueven las arenas y, a veces, hasta cambian de lugar las desembocaduras de los tres ríos que mueren en la zona: Couesnon, Sélune y Sée.

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Interior de la Abadía

Sin duda, el monte Saint-Michel es uno de los lugares de Francia más arrebatadores y sorprendentes y uno de los mejores enclaves para disfrutar de las famosas puestas de sol de Normandía, con sus cielos entre anaranjados y rojizos.

La mejor opción es visitarlo a últimas horas de la tarde, ya que nos permitirá disfrutar del crepúsculo sin demasiada gente a nuestro alrededor.

Una muestra de la admiración que siempre ha despertado Saint-Michel entre los seres humanos puede ser la descripción que realizó el escritor francés Guy de Maupassant (1850-1893) en su cuento ‘La leyenda del monte Saint-Michel‘: «Había visto por primera vez desde Cancale este castillo de fantasía.

Sentí la impresión borrosa de una sombra negra recortada sobre un cielo de brumas. Lo vi de nuevo desde Avranches al atardecer. La enorme extensión de arena era de color rojo, el horizonte era de color rojo, la bahía sin límites era de color rojo. El castillo rocoso se alzaba a lo lejos, como una extraña casa señorial, como un palacio de ensueño, que permanecía oscuro en medio de la luz carmesí del crepúsculo».

El Monte Saint-Michel y el municipio del Monte Saint-Michel no siempre se han llamado así. El islote, denominado originalmente Monte Tumba y, más tarde, «el Monte Saint-Michel a merced del mar», ha atravesado todas las épocas hasta convertirse actualmente en el tercer lugar más visitado de Francia.

La leyenda de las visiones del obispo de Avranches

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San Auberto, obispo de Avranches, fundó el Monte Saint-Michel en el año 708.  Después de que el arcángel San Miguel se le apareciera tres veces en sueños, decidió construir un oratorio en honor a este personaje divino. Pero, ¿dónde? El presagio de un toro amarrado al Monte Tumba le anunció la ubicación de lo que sería el Monte Saint-Michel.

Se dice incluso que el arcángel, en su tercera aparición, llegó a perforar con su dedo el cráneo de Aubert para que realizara la obra. Aubert envió a mensajeros al Monte Gargano de Italia para que trajeran a Mont-Tombe las reliquias del arcángel. Una vez terminado, se pudo dedicar el santuario a San Miguel el 16 de octubre del año 709.

Según se cuenta, trajeron un trozo de su capa roja y un pedazo de mármol sobre el que el arcángel había puesto su pie.

Los tumultos de la Edad Media

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Con el paso de los años, la abadía del Monte Saint-Michel se convirtió en un importante lugar de oración y peregrinación. Los monjes benedictinos, que vivían allí desde el año 966, traducían los textos de Aristóteles y las reliquias atraían a fieles en busca de espiritualidad. Sin embargo, su situación estratégica convirtió el lugar en objetivo de ataques.  Por esta razón, además de ampliar la abadía, se reforzaron las defensas del islote. Durante una visita, se encontraron vestigios de la Guerra de los Cien Años. En 1204, un grupo de caballeros bretones furiosos arrasaron el lugar bajo la autoridad de Guy de Thouars.

Hacia el año 1000, la popularidad del Mont-Saint-Michel no deja de aumentar. Con varias construcciones se amplía el santuario original para albergar a los peregrinos, cada vez más numerosos. En esta época se edifica asimismo la iglesia Notre-Dame-Sous-Terre, conservada bajo la nave del actual monumento; hoy en día es la parte más antigua abierta al público para visitas-conferencia.

Tras la creación del ducado de Normandía en 911, la abadía del Mont-Saint-Michel se convierte en un enclave estratégico. En 966, el duque de Normandía Ricardo I instala allí unacomunidad de monjes benedictinos que siguen la regla de San Benedicto. Los monjes permanecerán en el Monte durante más de ocho siglos, periodo durante el cual la abadía no deja de evolucionar.

La reliquia del «jefe de san Aubert», un cráneo perforado con un agujero, se puede ver actualmente en el tesoro de la iglesia Saint-Gervais de Avranches.

Prisiones en la abadía

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Durante el reinado de Luis XI, el islote del Monte Saint-Michel se convirtió en el Alcatraz francés de su época. Transformado en centro penitenciario, este lugar albergó reclusos hasta 1860. Durante la Revolución Francesa se encerraron a los refractarios en los talleres de la abadía-prisión. Cuando se cerró la prisión en el siglo siguiente por un decreto imperial, los 650 prisioneros de Estado fueron trasladados al continente. Victor Hugo, un enamorado del lugar, formó parte de los personajes ilustres que impulsaron su cierre.

La restauración del Monte Saint-Michel

El culto se restauró en 1922, pero las peregrinaciones solo se reanudaron en 1966, durante la celebración del milenario de la abadía. El Estado, propietario del lugar, se encarga de la gestión y de la restauración del Monte Saint-Michel. Los monjes benedictinos volvieron a las salas de oración, pero abandonaron poco a poco la abadía. Los monjes y las hermanas de la Fraternidad Monástica de Jerusalén se instalaron en 2001 y desde entonces organizan celebraciones todos los días.

El Monte Saint-Michel en la actualidad

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En 1879 se construyó una carretera-dique para facilitar el acceso de los peregrinos. En la actualidad, se está cuestionando severamente este proyecto debido a la acumulación de arena que causa. En 1983 se puso en marcha el proyecto de restauración del carácter marítimo de la isla. De esta forma, se quitó el aparcamiento y se construyó un acceso sobre pilotes que permite que el agua del mar de La Mancha circule libremente. La antigua carretera se fue destruyendo de forma progresiva.

El reto del siglo XXI es continuar facilitando el acceso de los 3.500.000 visitantes que recorren cada año las callejuelas del islote rocoso. El Monte Saint-Michel y su bahía, declarados monumentos históricos en 1862.

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