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El Castillo de Butrón …


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L.B.V.(J.Álvarez)/Castillos del Olvido  —  Parece un decorado de Excalibur pero está en España; concretamente en el valle de Butrón, término municipal de Gatika (Vizcaya), a sólo 15 kilómetros de Bilbao. Allí, amparado por un espléndido bosque de robles, se alzan las majestuosas almenas de este castillo cuyos orígenes se remontan al siglo XIII, cuando se erigió un torreón defensivo sobre lo que era la casa de los Butrón. Luego, en el año 1350, se agrandó convirtiéndose en un castillo que protegiera adecuadamente a sus ocupantes en un contexto de guerra entre los clanes de los gamboinos y los onaizinos.

Sin embargo el edificio actual presenta un aspecto muy diferente al de aquella fortaleza altomedieval porque en 1878 el marqués de Torrecilla, su dueño, decidió reconstruirlo al gusto romántico del siglo XIX. El diseño correspondió al marqués de Cubas, que se inspiró en otros castillos decimonónicos de la época, como los centroeuropeos.

Hasta hace poco se realizaba un recorrido por las dependencias del lugar visitando los torreones, las mazmorras, la torre del homenaje, el foso y demás, todo ello culminado por una cena en la que ponían ambientación figurantes vestidos al estilo del Medievo: caballeros, bufones, brujas, pajes… También se celebraba, en agosto, un festival de globos aerostáticos. Ahora, sin embargo, se encuentra cerrado por reformas en espera de volver a ofrecer al público sus fascinantes recovecos.

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La historia del Castillo de Butrón, que parece sacado de un cuento de hadas, se remonta al siglo XI, fecha en la que se construyó una torre típicamente medieval sobre la antigua casa de los Butrón, fundada por el Capitán Gamíniz en el siglo VIII en la Anteiglesia de Gatika, sobre el peñascal de Ganzorri o Gantzurritz.

En el siglo XIV la torre primitiva fue transformada en un castillo inexpugnable. Sobre sus muros flotó siempre el temido pendón de los Butrones, cabezas del bando Oñacino, los caudillos más famosos de la comarca y los más fuertes y pendencieros banderizos del País.

El castillo de Muñatones, que mandó construir sobre la antigua torre en Somorrostro el cronista Lope García de Salazar, en atención a su mujer doña Juana de Butrón y Mújica, que era hija del sexto señor de Butrón, se construyo tomando como modelo el de Butrón.

Su evolución viene seguida de toda una serie de leyendas que, unidas a la realidad, tienen como protagonistas las luchas entre dos familias de nobles, los Gamboinos, que eran los dueños del castillo, y los Oñacinos. La pelea se saldó con varios muertos. Con los Reyes Católicos, estas construcciones se convirtieron en las residencias habituales de los nobles, así, en el siglo XV, apareció la figura histórica de Enrique IV quien convirtió estos edificios en residencias habituales.

En el siglo XIX su primitiva forma medieval fue alterada. El Marqués de Torrecilla, don Narciso de Salabert y Pinedo, último propietario de las ruinas de Butrón, con las rentas que le producían los caseríos que poseía en Bizkaia, mandó reconstruir el castillo con un estilo exótico, similar a los que en Baviera levantó el romántico y desgraciado rey Luis de Baviera.

El castillo fue planeado por el Marqués de Cubas, inspirado en formas góticas, nórdicas y fantásticas, inventándose almenas, cubos y ventanas. El maestro de obras fue don Nicomedes de Eguiluz y de la decoración escultórica se encargo Adolfo de Areizaga.

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La lenta reconstrucción, limitada a los requeridos ingresos de las rentas, comenzó en el siglo XIX y terminó a principios del siglo XX, en tiempos de don Andrés Avelino de Salabert y Arteaga, Marqués de Torrecilla. Después de éste, el castillo pasó a los Duques de Medinacelli y luego a la Duquesa de Cardona.

El castillo de Butrón constituye uno de los edificios-fortalezas más destacados de Vizcaya. La impresionante visión de este edificio elevándose hacia el cielo le otorga un aspecto impactante. Toda la obra es de grandísima solidez como así lo demuestran sus muros de 13 pies de espesor. Destacan dos cubos circulares de gran grosor y con multitud de vanos. La torre del homenaje, los chapiteles y los garitones aportan al edificio un matiz decorativo. La torre del homenaje data del siglo XIX, y se eleva por encima de todo el edificio.

Con la reconstrucción realizada en el siglo XIX, el castillo se convirtió en un apiñado conglomerado de cubos y torrecillas que se alza en medio de un frondoso parque. De las antiguas ruinas sólo se conservó la planta baja de uno de los torreones.

El castillo es una preciosa construcción realizada en piedra labrada y trabajada. Gracias al color de su piedra, se aprecia de forma clara la parte más antigua. El esfuerzo artístico se manifiesta en sus detalles decorativos que dotan al conjunto de una enorme belleza.

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