Un poco de historia sobre las Vacunas …

FayerWayer(P.García)/Asoc.de Enfermería comunitaria — De repente parece que las vacunas son algo nuevo para el mundo, este año hemos hablado sin cesar de su funcionamiento, cómo se hacen, qué pruebas deben pasar.
Pero en realidad las vacunas tienen una historia mucho más larga.
Nuevo mundo, nuevo virus
La vacuna contra la viruela fue la primera que existió, incluso antes de que se supiera la existencia de los virus. Era una enfermedad muy contagiosa y mataba a 1 de cada 3 personas que la contraían.
Quienes se recuperaban quedaban con secuelas graves como ceguera o al menos con las marcas de los granos que les causaba la enfermedad. La palabra viruela se originó del término variola que quiere decir pústula o grano.
Durante siglos la viruela fue una enfermedad común en Europa y cuando los conquistadores llegaron a América, entre otras cosas trajeron esos virus.
Esta enfermedad influyó de forma en la caída de los aztecas y los incas: cuando los conquistadores llegaron muchos pobladores americanos enfermaron y murieron, pues sus sistemas inmunes no conocían al nuevo virus.

Vacas virales
Este año nos ha quedado muy claro que los virus son buenos viajando, para el siglo XVIII la viruela ya era lo que ahora consideramos una pandemia: había llegado a Australia, eso quería decir que estaba por todo el mundo.
Entonces un médico inglés y unas vacas aparecieron en escena para cambiar el curso de la historia.
Edward Jenner que atendía a pacientes en una zona rural, notó que las personas que estaban en contacto con vacas, sobre todo las ordeñadoras, parecían estar protegidas de la viruela.
Se sabía de la existencia de una viruela bovina, también con granos, pero que no tenía consecuencias graves en vacas, ni en humanos.
Jenner pensó que el hecho de estar en contacto con los granos de la viruela bovina de alguna manera protegía de la viruela humana: probó su hipótesis inoculando pus de los granos de las vacas en personas. Y así nació la vacunación.

E.Jenner.
Vacunas, salvando vidas desde 1796
Jenner hizo mucho más que esa inoculación para probar su hipótesis: después de la pus de las vacas tuvo que inocularlos con pus de viruela humana.
Ya sé, tanta pus suena horrible y lejana al aséptico procedimiento actual de la vacunación. Pero gracias a todas esas pruebas Jenner pudo confirmar que, cuando las personas estaban en contacto primero con la viruela bovina terminaban siendo inmunes a la viruela humana.
Ahora reconocemos a Jenner como padre de la inmunología y lo consideramos una de las personas que más vidas ha salvado, aunque en un principio muchos fueron escépticos de su trabajo.
Sin embargo, él continuó con sus protocolos científicos: reunió muchos resultados, los analizó y los compartió con la comunidad científica, hasta que se aceptó por completo la vacunación.
Fué así que en junio de 1798 se publicó en Inglaterra una obra redactada por Edward Jenner (1749-1823) que revolucionó la lucha contra la viruela. Un texto donde plasmó, después de veintiocho años de indagación metódica, una variante en la práctica inoculatoria basada en la observación empírica de que las personas infectadas por viruela desarrolladas en el ganado vacuno, denominado cowpox, se hacían refractarias a la viruela humana. Al método jenneriano se denominó vacuna, y por ello, su descubridor será reconocido mundialmente como el padre de la vacunación.
España también fue uno de los primeros países en adoptarlo, Francisco Piguillem y Verdaguer (1770-1826), médico y académico de Barcelona, inauguró su práctica el 3 de diciembre de 1800 en el Puigcerdá (Cataluña). El pus vacuno fue remitido desde París por François Colon (1764-1812), gracias al contacto mantenido por la medicina catalana y la francesa.

Sin embargo, su implantación y aplicación de la vacunación no mantuvo una línea uniforme, a la falta de adhesión de la población, quien recurría a la medida preventiva sólo cuando la enfermedad alcanzaba un carácter epidémico, debemos añadir las dificultades en el abastecimiento constante del fluido vacunal. Una práctica inconstante que reflejaba las carencias organizativas y administrativas que permitían su difusión.
A lo largo de todo el siglo XIX confluyen diversos decretos, órdenes o leyes dirigidos a implementar la vacunación contra la viruela. Pero nunca se llegó a hacer implícita la obligatoriedad de la vacuna, por lo que no se alcanzaron coberturas de vacunación adecuadas.
Con la ley de Bases de Sanidad, en 1944, se declaró obligatoria la vacunación contra la viruela y la difteria en España, consiguiéndose, en el caso particular de la viruela, su eliminación en 1954, a excepción de un brote ocurrido en 1961 en la capital del país, a partir de un caso importado de la India.
Años más tarde, se declarará oficialmente la erradicación de la enfermedad por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) durante la XXXIII Asambleas Mundial de la Salud celebrada en Ginebra el 8 de mayo de 1980, tras la aparición del último caso de viruela en 1977.

Inoculación de pus de vaca en el Hospital de Niños Pobres de Barcelona, hacia 1890.
Durante el siglo XX la vacunación ha sido una de las medidas de mayor impacto en salud pública, ya que con su administración se ha conseguido disminuir la carga de enfermedad y la mortalidad por enfermedades infecciosas en la infancia. Con excepción del acceso al agua potable, no ha habido otra medida preventiva o terapéutica, ni siquiera los antibióticos, que haya tenido mayor efecto en la reducción de la mortalidad de la población de todo el mundo.
Durante los últimos 200 años, desde el descubrimiento de la vacuna de la viruela por E. Jenner, la vacunación ha controlado, al menos en algunas partes del mundo, enfermedades que causaban gran morbimortalidad (muertes causadas por enfermedad); ha conseguido, por primera vez en la historia, la erradicación mundial de una enfermedad: la viruela en 1980, el 9 de diciembre de 1979 se declarara la erradicación de esta enfermedad y se recomienda la suspensión de la vacunación. Ha conseguido interrumpir la circulación de un agente infeccioso en varios continentes: la circulación del poliovirus salvaje se ha interrumpido en la Región de las Américas en 1990, en el Pacífico Occidental en el año 2000 y en la Región Europea en el año 2002 y se está próximo a lograr la erradicación mundial de enfermedades como la poliomielitis.
En relación con la poliomielitis, en España se usó, entre los años 1959 y 1963, la vacuna de polio inactivada (VPI), que se administraba gratuitamente a los económicamente débiles. La vacuna se aplicaba en 3 dosis entre los 5 meses y los 8 años de edad.
Las coberturas fueron bajas, ya que la cantidad de vacunas disponibles era escasa. Sin embargo, en 1963, tras la experiencia acumulada en diversos países, se inició la vacunación con la vacuna oral atenuada (VPO).

versiones de la vacuna de Jenner, en 1979 erradicó la viruela en todo el mundo.
Al principio, se realizó un estudio piloto en las provincias de León y Lugo, para desarrollarse a continuación la primera campaña gratuita y masiva de vacunación, dirigida a niños con edades comprendidas entre los 2 meses y los 7 años. Se aplicaban 2 dosis, la primera con VPO monovalente (poliovirus 1) y la segunda con VPO trivalente (poliovirus 1, 2 y 3).
Las coberturas alcanzadas, tanto en la captación como en la segunda dosis, fueron muy altas. En 1965 se inicia una nueva campaña masiva, utilizándose, en este caso, 2 dosis de VPO trivalente. Al mismo tiempo se añadió la vacunación frente a la difteria, el tétanos y la tosferina (DTP). La vacunación se realizaba a los niños entre los 3 meses y los 3 años de vida.
El éxito de estas intervenciones determinó que, a partir de este momento, se realizaran de manera continua en forma de dos campañas anuales, una en primavera y otra en otoño.
En 1968 se llevó a cabo una campaña de vacunación frente al sarampión en 11 provincias españolas, vacunándose a niños con edades comprendidas entre los 9 y los 24 meses.
Se estima que la introducción de las vacunas en el mundo ha evitado anualmente 5 millones de muertes por viruela, 2,7 millones por sarampión, 2 millones por tétanos neonatal, 1 millón por tos ferina, 600.000 por poliomielitis paralítica y 300.000 por difteria.

Los directores del Programa de Erradicación Mundial de la Viruela anuncian en 1980 el éxito de la campaña.
Desde 1900 a 1973 se produjo un uso masivo de vacunas, fundamentalmente en países desarrollados (viruela, tuberculosis (BCG), difteria-tétanos-pertussis (DTP), vacunas atenuadas e inactivadas contra la poliomielitis (VPO, VPI) y vacuna contra el sarampión).
En 1974, la Organización Mundial de la Salud (OMS) implanta el Programa Ampliado de Inmunización, PAI (Expanded Programme on Immunization, EPI), con el objetivo de hacer llegar la vacunación a los países en desarrollo; dicho programa incluye la vacunación de tuberculosis (BCG), difteria, tétanos, tos ferina, poliomielitis y sarampión.
En 1993 se incluye en dicho programa la vacunación de hepatitis B y de fiebre amarilla en aquellos países en los que la enfermedad es endémica.
En 1998 se introdujo en el PAI la vacuna de Haemophilus influenzae tipo b (Hib).
El descubrimiento en 1955 de las vacunas frente a la poliomielitis, oral e inactivada, y el inicio de su empleo masivo, bien de forma rutinaria o mediante campañas específicas de vacunación, fue el comienzo de la puesta en marcha de programas de vacunación en principio dirigidos a la población infantil con el objetivo de lograr una amplia inmunidad de la población que permitiera el control de la infección.
Las políticas poblacionales de la vacunación son por lo tanto muy recientes, lo que significa que en el momento actual tenemos alguna parte de la población adulta, justamente anteriores a las poblaciones vacunadas, que no se beneficiaron de esta medida de prevención y, en muchos casos, se les dificultó entrar en contacto a la edad en que era habitual con el agente infeccioso y desarrollar la enfermedad y la inmunidad consecuente.

Medalla conmemorativa con retrato del médico Edward Jenner.
Esta parte de la población representa unos porcentajes más o menos importantes de personas susceptibles que en algunos casos son los responsables de la persistencia de brotes de estas enfermedades sometidas a programas de vacunación.
Algunas vacunaciones administradas en la infancia, no inducen inmunidad duradera para toda la vida, por lo que si los programas no se refuerzan con dosis posteriores al cabo de los años, las personas vacunadas se vuelven de nuevo susceptibles y por lo tanto con riesgo de enfermar.
Es pues de gran importancia, extender las políticas o recomendaciones de vacunación a estos grupos de población, a partir de los 16 años, edad en que finaliza las recomendaciones de vacunación del calendario infantil, con el fin de complementar los programas de vacunación infantil y reforzar su impacto en el control de la infección.
Aunque no usen pus de las vacas, los científicos actuales que desarrollan vacunas hacen cosas muy parecidas: cientos de miles de pruebas e igual comunican sus resultados, no nada más a la comunidad científica, sino al mundo. Así que no solo le deben mucho a Jenner -como todos- sino que son sus dignos herederos.
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