Del superhéroe al aventurero: los 5 tipos de infieles …

Infobae/NCN – La dinámica de las relaciones amorosas mutó a lo largo del tiempo.
Las parejas comenzaron a reflejar cambios en los roles, las expectativas de sus protagonistas se equilibraron, y los tiempos de duración del vínculo se acortaron.
También se incrementaron las licencias y las búsquedas de nuevas satisfacciones, tal vez encontradas en un tercero en discordia.
“La infidelidad es un comportamiento narcisista. Las ganancias de saberse atractivo/a, de conquistar, de tener una sexualidad con otros u otros cuerpos e intensidades se guarda en el secreto de la valoración personal.
Respecto a la repercusión que tiene en lo sexual, los beneficios eróticos de estar con una tercera persona se extienden a la cama de la pareja estable; es posible que la persona esté más abierta y proponga más juegos y poses.
Existe el mito de que la persona infiel rehuye a tener sexo con su pareja estable y no es así. Por lo general el sentirse seguro/a con otro cuerpo aumenta la confianza personal”, aseguró a Infobae Walter Ghedin, psiquiatra y sexólogo.
“Aunque el 91% de los infieles confiesa que busca una aventura por una atracción física, lo cierto es que un 34% también afirma que necesita una conexión emocional”, aseguran desde el portal Ashley Madison, un sitio web para personas infieles.
Por otro lado, según una encuesta, el 61% de las personas afirmó buscar intensidad, retos y cumplir sus fantasías, mientras que el 35% necesita aventura y emoción. En definitiva, hay una variedad de caminos por los que las personas terminan experimentando una infidelidad.

Más allá de los argumentos que se esgrimen, los factores que llevan a una persona a violar el acuerdo de fidelidad son numerosos y no asientan solo en desajustes de la pareja. De acuerdo a Ghedin, no hay resultados concluyentes de esta conducta, ya que no hablamos de una patología sino de un comportamiento humano: “Ni los andrógenos (testosterona) ni la falta de sexo en la pareja llegan a ser factores únicos y determinantes de la infidelidad.
En cambio, la búsqueda de experiencias nuevas ligadas al placer aparece como un estímulo irrefrenable. La persona que es infiel sabe que su comportamiento transgrede una pauta vincular, más allá de eso, y aun sintiendo culpa, el beneficio sobre la estima es mayor que cualquier obstáculo”.
En base a la encuesta realizada, Ashley Madison enumeró los cinco tipos de infieles. Estos son:
- 1. Super héroe: Ser otra persona

Dentro del espectro de los infieles, el 12% de los encuestados suele engañar con este método
Un engaño Superhéroe es aquel en el que una o ambas partes se hacen pasar por una persona diferente a la que realmente son con el tercero. Así, consiguen sentirse empoderados y les aporta nuevas sensaciones de control.
No conocer demasiados detalles sobre su amante da a los infieles la posibilidad de hacerse pasar por esta imagen idealizada de sí mismos. Dentro del espectro de los infieles, el 12% de los encuestados suele engañar con este método.
- 2. Abrelatas
El Abrelatas es el tipo de infidelidad en el que el infiel quiere ser descubierto en el acto para que su pareja lo abandone. Según datos de Ashley Madison, el 3% de los encuestados responde a este tipo de categoría.
- 3. Despertador

Es una alarma que indica que algo tiene que cambiar en la relación para que pueda prosperar y mejorar
Parecido al Abrelatas, alguien de este tipo de categoría desea que su actitud distante y rara lleve a su pareja a darse cuenta de que algo está pasando. Como su propio nombre indica, es una alarma que indica que algo tiene que cambiar en la relación para que pueda prosperar y mejorar. Únicamente el 3% de los encuestados responde a este tipo de infidelidad.
- 4. Oportunista

El oportunista suele ser uno de las infidelidades más dolorosa
Un affaire oportunista es aquel en el que una relación casual y platónica se convierte en una relación seria tras concretarse. Aunque la primera intención de esta infidelidad pueda ser de algún modo inocente, estos affaires pueden llegar a ser los más dolorosos. Este tipo de actitudes responden al 16% de los encuestados.
- 5. Aventurero: En búsqueda de nuevas emociones
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Las personas que actúan como aventureros buscan emociones y un cambio de ritmo
Una infidelidad aventurera busca un buen cambio de ritmo. Aquellos que están “enganchados” a relaciones aventureras necesitan emoción, intensidad y diversión. Esta suele ser la más elegida por los infieles, ya que el 81% de los encuestados responde a esta categoría.
“Descubrir la infidelidad cuando era un valor a respetar provoca crisis de diferentes intensidades. En muchos casos ayuda a comunicarse mejor, a descubrir al otro que se había perdido en la cotidianidad.
Las parejas que afrontan la infidelidad y deciden continuar juntos deben saber que los reproches, el ‘pase de factura’ constante, el malhumor y la necesidad de saber los pormenores del hecho infiel no ayudan para nada. Tampoco es un ‘dar vuelta la página’ y hacer como si nada hubiera pasado.
Aunque hoy en día hay mayor tolerancia, es menester afinar la comunicación y no dejar que la rutina arrase con todo”, concluyó Ghedin.
- Infieles seriales: Quien engaña una vez ¿engaña siempre?
La premisa se sostiene: quien engaña una vez, engaña muchas veces. La reincidencia del infiel siempre estuvo en el tapete, pero nunca había podido ser comprobada. El saber popular rara vez coincide con el saber científico. No obstante, esta vez, un estudio vino a corroborarlo.
Investigadores de la University College de Londres ratificaron que quienes fueron infieles alguna vez, tenían posibilidades mucho mayores a volver a engañar a sus parejas que quienes nunca lo habían hecho.
¿A qué se debe el fenómeno? La respuesta, como siempre, está en el cerebro. De acuerdo al psicólogo Neil Garrett, autor del estudio publicado en Nature Neuroscience, «el cerebro se adapta a la deshonestidad».
La amígdala cerebral o cuerpo amigdaliano arroja distintas emociones a cada acción de la persona. Por caso, cada vez que alguien miente reporta vergüenza o culpa. No obstante, la reacción disminuye una vez que el individuo se repite en la conducta. Por ende, el remordimiento desciende en forma gradual ante cada engaño.
«Lo que nuestro estudio y otros sugieren es que nuestra reacción emocional es un factor poderoso que nos impide engañar. Lo mal que nos sentimos cuando lo hacemos esencialmente», dijo Garrett a Elite Daily. «El proceso de adaptación reduce esta reacción. Los infieles seriales ya no se sienten mal por hacerlo», agregó.
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El sentimiento de culpa disminuye ante cada engaño
En la misma línea, científicos de la Universidad de Denver publicaron un estudio en los últimos días en Archives of Sexual Behavior. La investigación siguió a 484 participantes de ambos sexos. A todos ellos les preguntaron por sus relaciones sexuales más allá de su pareja y si tenían sospechas de una infidelidad de parte del otro.
Las resultados fueron los mismos del anterior. Después de cinco años de observar a los voluntarios a través de entrevistas, descubrieron que quienes habían engañado una vez a sus parejas tenían tres veces más posibilidades de reincidir en su conducta con la siguiente pareja que quienes habían respetado la fidelidad.
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¿Cuánto tiempo debe durar el sexo? …

Perfil.com – La más reciente edición de la prestigiosa revista Men´s Health resuelve una de las preguntas más difíciles de contestar ¿Cuánto debe durar el sexo para ser satisfactorio?
Según el estudio llevado a cabo y después de contrastar distintas opiniones de diversos terapeutas sexuales, el tiempo ideal de la actividad sexual oscila entre los 7 y los 13 minutos. Es importante destacar que se entiende como “actividad sexual” al acto de penetración del hombre hacia una mujer.
Por otra parte, los especialistas también arribaron a la conclusión de que aquellos hombres que no pueden mantener la actividad sexual por más de 2 minutos sin llegar a un orgasmo entran en la categoría de eyaculadores precoces.
Además, basándose en un estudio elaborado en 2005 que interpeló a 500 hombres, pudieron arribar a la conclusión de que el promedio de duración del acto sexual se ubica en torno a los 5.4 minutos, ya sea con o sin preservativo.
Por otro lado, también pudieron determinar la importancia del juego previo a la penetración a la hora de tener sexo. Dado que solo el 17% de las mujeres es capaz de llegar al orgasmo a través de la estimulación mediante la penetración, el juego previo tiene un rol fundamental para la satisfacción sexual femenina.
Tal es así que se necesitan por lo menos 20 minutos de estimulación continua para que la mujer pueda alcanzar un orgasmo de calidad. Lógicamente la diferencia radica esencialmente en el clítoris. Durante la penetración, explican los especialistas, es muy difícil estimular el clítoris con la misma intensidad que en el juego previo.
Durante el juego previo, la posibilidad de estimular el clítoris con los dedos o vía oral resulta de vital importancia a la hora de que la mujer alcance el orgasmo. Por otro lado, los especialistas también recomiendan que el proceso de penetración sea lento y paulatino dado que la vagina puede presentar cierta sequedad después de disfrutar un orgasmo.
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Estudian prácticas sexuales de pueblos prehispánicos …

A.Nájar(México) — Un secreto que permaneció virtualmente oculto durante casi 500 años empieza a develarse.
Un grupo de arqueólogos publicó una serie de ensayos sobre las costumbres sexuales de pueblos prehispánicos de México y Centroamérica.
Son prácticas que escandalizaron a los españoles que llegaron a la región en el siglo XVI, refieren los documentos.
Y es que el concepto de sexualidad de los pueblos originarios era muy distinto al de Europa, que tenía una visión moral y religiosa sobre el tema, mientras en las culturas mesoamericanas el sexo era un elemento de orden social, explica Enrique Vela, editor de la revista Arqueología Mexicana, que reunió los ensayos.
«La sexualidad va más allá de lo reproductivo, fue visto como una manera de asegurar la marcha del mundo», dice en conversación con BBC Mundo.
- Salón secreto
Durante cientos de años, las prácticas sexuales de los pueblos mesoamericanos fueron dejadas de lado, e incluso en la época moderna el tema se abordó desde un punto de vista moral.
En 1926, por ejemplo, el antropólogo Ramón Mena reunió una muestra de esculturas fálicas y otros objetos prehispánicos alusivos a la sexualidad.
La colección, sin embargo, no fue abierta al público y permaneció durante varias décadas en un salón secreto del antiguo Museo Nacional de Antropología en Ciudad de México.
Muchas piezas resultaron falsas, pero las que fueron validadas se distribuyeron después en las muestras de cada cultura prehispánica.
- Rito de paso
Los ensayos publicados en Arqueología Mexicana revelan que las relaciones homosexuales eran una práctica frecuente entre la civilización maya.
Era un elemento más en la formación de los jóvenes, explican los antropólogos Stephen Houston y Karl Taube en su ensayo «La sexualidad entre los antiguos mayas».
«Las relaciones entre miembros del mismo sexo eran propias del tiempo de los ritos de paso, en los que un niño se convertía en hombre», explican.
La homosexualidad es un elemento presente en casi todas las culturas prehispánicas, aunque se abordó de manera distinta.
Por ejemplo entre los mexicas, que dominaban en la región centro de lo que hoy es México, las relaciones entre personas del mismo sexo no eran bien vistas.
Un elemento que se reflejó en las deidades prehispánicas, muchas de las cuales tenían, en mayor o menor medida, aspectos femeninos y masculinos a la vez, explica el historiador Guilhem Olivier en su ensayo «Entre el pecado nefando y la integración. La homosexualidad en el México antiguo».
- Masturbación ritual
En algunas culturas la masturbación era un tema vinculado con la fertilidad.
Los mayas, como otras civilizaciones de Mesoamérica, solían practicar la masturbación ritual, como una manera de fecundar a la tierra que en algunas civilizaciones era considerada un símbolo femenino.
Otro ejemplo de la importancia que tuvo la masturbación son los hallazgos que describen Houston y Taube:
«Hay indicios de que los mayas tenían objetos sexuales de madera, usados como consoladores y descritos pudorosamente en un reporte arqueológico como efigie fálica», aseguran.
La actitud frente a la masturbación es una de las prácticas que hace más evidente la diferencia entre las culturas prehispánicas y la española, dice Vela.
Hay, además, un elemento adicional: en algunas culturas mesoamericanas el erotismo no era un elemento central en la sexualidad, sino que se veía como una forma de ordenar el planeta, que tiene un lado femenino y uno masculino, como existe arriba o abajo, añade el editor de la revista.
- Fuego y sal a los adúlteros
En términos generales, las transgresiones sexuales eran severamente castigadas en las culturas mesoamericanas.
El adulterio, por ejemplo, era castigado con la muerte en algunos pueblos, y en otros como los mexicas se permitía al marido arrancar a mordidas la nariz de los adúlteros.
Los purépechas tenían otro castigo: en caso de que los adúlteros hubieran asesinado al marido, el varón era quemado vivo mientras le arrojaban agua y sal hasta su muerte.
El castigo a las prácticas tenía una razón, pues en algunas culturas se les creía causantes de desequilibrios para la comunidad y el cosmos, señalan Miriam López y Jaime Echeverría en su ensayo «Transgresiones sexuales en el México antiguo».
La presencia del trasgresor provocaba desgracias, como la pérdida de cosechas o la muerte de niños, y en algunos casos se creía que podían producir el fin de una época.
Por ejemplo, señalan, el tlatoani Moctezuma, líder del pueblo azteca, destruyó un lugar de prostitución «porque atribuyó a sus transgresiones públicas que los dioses hubieran permitido a los españoles llegar e imponer su dominio».(BBCMundo)
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El sexo tres veces por semana alarga la vida 10 años

Lo afirma un estudio de la universidad de Harvard. Se trata del posgrado de un profesional quien detalla las bondades de una buena vida sexual.
«Hacer el amor al menos tres veces por semana extendería la expectativa de vida un promedio de diez años», destacó el doctor Adrián Jaime entre una de las conclusiones más importantes del posgrado que acaba de realizar en Harvard University sobre LifeStyle Medicine.
El especialista mencionó que hay parejas que se asustan porque después de los primeros años de matrimonio la frecuencia sexual disminuye, pero, tras los reveladores estudios científicos, «el verdadero motivo de la preocupación debería radicar en la pérdida de los beneficios para la salud debido a la falta de sexo», consideró.
Existe una serie de bondades emanadas de una buena vida sexual. Según el director de Doctor Adrián Jaime Medical Center, además del placer y sus naturales connotaciones eróticas, la excitación sexual y el orgasmo pueden: mejorar la capacidad respiratoria, beneficiar el sistema cardiovascular, contrarrestar la depresión y la ansiedad, ayudar a aliviar dolores, proporcionar flexibilidad, fuerza y tono muscular, disminuir los síntomas asociados a la menstruación, la artritis y la osteoporosis y, por si fuera poco, logran significativos beneficios psíquicos .
«El proceso se logra debido a que en el acto sexual son liberadas una serie de sustancias bioquímicas que favorecen las posibilidades de lograr una vida más larga y saludable», explicó el especialista, quien remarcó que «todo nace a partir del deseo sexual».
Jaime detalló que «a medida que aumenta la excitación, el organismo secreta endorfina, sustancias asociadas a la sensación de placer que alcanzan su máxima expresión durante el orgasmo».
Así es que durante esta fase, «la mujer libera oxitocina, sustancia responsable de las contracciones uterinas. A nivel cardiovascular se observa un aumento de las pulsaciones del corazón y mayor flujo sanguíneo, principalmente hacia la región genital que tiende a llenarse de sangre y dilatarse para el coito».
También se descubrió la liberación, tanto en hombres como en mujeres, de serotonina, dopamina y otros siete neurotransmisores «capaces de una renovación hormonal en cascada», que provoca en el organismo una serie de reacciones de reparación celular que harían al cuerpo volver a un eje de «revitalización».
Hace sólo diez años no se sabía a ciencia cierta si eran correctas las afirmaciones en cuanto a las bondades del sexo. Éste fue el gran cuestionamiento de un grupo de médicos, encabezados por el doctor George Davey-Smith y sus colegas de la Universidad de Bristol.
Hasta ese momento la relación entre el sexo y la mortalidad se había estudiado muy poco. Sin embargo, algunas indagaciones iniciales habían sugerido que quizás existía una conexión entre los orgasmos y la longevidad.
Motivados por descubrir las bases científicas que confirmaban tales aseveraciones el equipo se dispuso a trabajar.
El estudio incluyó a 918 varones ingleses de entre 45 y 59 años de edad; a todos se les hizo una historia clínica, un chequeo médico y se les preguntó acerca de la frecuencia de su actividad sexual.
Tras diez años de seguimiento de la vida sexual y del estado de salud de cada uno de los participantes, se concluyó que cuanto más alta era la «frecuencia orgásmica» más probabilidades tenían de estar saludables y que la probabilidad de morir era un 50% menor entre los hombres que sólo mantenían relaciones sexuales dos veces a la semana, que en comparación con los que lo hacían una vez al mes, más proclives a sufrir enfermedades.
Por otra parte, el equipo de investigación liderado por el profesor Manuel Castillo, catedrático de la Universidad de Granada, señaló que el ejercicio sexual «es el tipo de actividad fisiológica que más influye positivamente en el ánimo y en el bienestar de la persona».
Por lo tanto, «quienes tienen una actividad sexual satisfactoria cuentan con una mayor esperanza de vida». Según sus trabajos de investigación, el sexo mejora el sistema inmunológico, previene el desarrollo de las enfermedades y tiene un efecto analgésico que ayuda al individuo a resistir mejor el dolor.
Hay otros estudios que respaldan estas afirmaciones. Por ejemplo, la del psicólogo David Weeks, investigador del Royal Hospital de Edimburgo de Escocia, que concluyó que la actividad sexual es una terapia antiedad.
Weeks llegó a esas conclusiones luego de entrevistar a 3.500 personas que lucían más jóvenes de lo que eran en realidad, el profesional determinó que «hacer el amor al menos tres veces por semana alarga la expectativa de vida un promedio de diez años».
«Pertenezco a un equipo de investigación que inició en junio de este año un trabajo en el Massachussets General Hospital sobre Sexualidad y Medicina AntiAge para la Universidad de Harvard, esperamos en tres años tener nuevas y más conclusiones al respecto», cerró el doctor Jaime.(diariopanorama.com)
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Qué hacer cuando no sintonizamos

La mirada de Facundo busca debajo de las sábanas hasta descubrir el otro cuerpo semidesnudo.
Los chicos se quedaron a dormir en lo de la abuela, y la ocasión parece ideal por dónde se la mire.
Casi un mes ha pasado, y si bien intentó acercarse a ella varias veces, su esposa tenía obligaciones: “los niños, la comida…”.
Pero ya no importa, porque la libido le carcome la cabeza y ella está ahí, a medio dormir, y sin excusas válidas que la eximan.
Entonces se mete en la cama, mientras su mano ciñe la cintura de su mujer, la acaricia con suavidad; tentándola a la aventura. Y sucede lo inesperado: “ahora no tengo ganas”. Un cachetazo, un balde de agua fría, y sus ansias intentando salir airosas de las sábanas.
- Qué sí…, que no…
Esta situación, que parece tan cotidiana, tiene una explicación científica. Se la denomina “discronaxia sexual” y se la define como la diferencia en los ritmos sexuales de la pareja, que no puede ser solucionada a través de la comunicación entre ambos integrantes. Hasta ahí la teoría: una conceptualización clara, pero que en lo concreto se transforma en un golpe duro para quien lo experimenta.
Mariela tiene 40 años, es profesora de inglés en un Instituto de Godoy Cruz, y hace 10 que está casada. Tiene tres hijos y su marido, Ernesto, es visitador médico.
“Los tiempos se modifican de una manera que no podés manejar cuando tenés chicos. Las obligaciones, los horarios y el cansancio son inevitables; sobre todo cuando son más chiquitos. Tuvimos una época dura: si él me buscaba en la noche o en la mañana, yo lo rechazaba. Lo deseaba, sí; pero el cansancio crónico hizo mermar mi libido. El llegó a pensar que yo tenía a otra persona. Fue una época dura y sólo cuando pudimos hablar, y pedir ayuda, comenzamos a visualizar el problema”.
El término “discronaxia” proviene del griego, y se compone de varios elementos semánticos: “dis” (alteración, alterado), “khronos” (tiempo) y “axia” (valor u orden); y, más allá de este detalle lingüístico, es importante que “si los integrantes de la pareja lo resuelven por sí solos, no hay disfunción o problema; pues estas diferencias se manejan al igual que otras variaciones, en gustos y estilos -detalla el médico especialista en sexología clínica, Miguel Palmieri-: alimentación, vestimenta, salidas, pasatiempos; sin generar conflicto”.
Pero con las idas y vueltas actuales, en realidad cualquier persona es susceptible de padecer este problema en algún momento de la vida en pareja.
“Es importante mencionar que aquí debe hacerse hincapié en que los dos tienen deseo normal -uno alto y el otro bajo- pues si hubiera deseo ‘anormal’ o patológico, inhibido o exacerbado, la problemática que se presenta no debe ser catalogada como ‘discronaxia’ sino como trastorno del deseo, que requiere otro enfoque y tratamiento”, argumenta Palmieri.
La discronaxia se presenta fundamentalmente porque la sexualidad es un ámbito que todavía encierra grandes incógnitas para la pareja. Es culturalmente importante comenzar a desarrollar el hábito de la comunicación íntima.
- Los fantasmas mentales
“Yo buscaba a mi pareja, con la que convivo, hace seis años a nivel sexual; y él dejó de acusar recibo. Entonces, en lugar de hablarlo, decidí seguirlo durante un mes para ver si me engañaba; y pescarlo. Lo único que pesqué fueron multas y un buen resfrío, y sobre todo el hecho de sentirme como una loca perseguida. No pude más y le conté todo lo que había hecho, y sobre todo, que vivía la situación como un rechazo de su parte. Ahí fue cuando me contó que, en realidad, estaba con problemas por un préstamo que habíamos pedido; y eso, sumado a mi presión, le restaba ganas de todo”.
Este es el testimonio de otra mendocina, Silvina: dueña de un gimnasio; una profesora a la que, a sus 30 años, la inseguridad emocional le jugó tan mala pasada que la llevó a situaciones muy angustiantes.
Muchos especialistas coinciden en ratificar que se prioriza la praxis (el reclamo o los intentos fallidos) antes que hablar. No es que esté mal el accionar sin una charla previa: el problema se presenta cuando hay vacíos de información sobre la propia sexualidad, y la de la pareja.
Como, además, el tema está cargado de implicancias afectivas que involucran al compromiso, a los proyectos, etc., si hay variaciones en la estructura del ritmo erótico, aparecen en la cabeza de muchas personas fantasías amenazantes respecto de esas situaciones. Así es como se llega a la película que nadie quiere ver.
“Las frases ‘ya no le gusto’, ‘no la/o satisfago’, “estará pensando en otro/a”, “estará enferma/o’, ‘se habrá acabado el amor’, entre otros pensamientos deserotizantes, o generadores de enfado, se presentan en general en el miembro más activo de la pareja. Mientras que en el de menor deseo, la presión y el enfado empiezan a generar otros razonamientos relacionados con las sentencias: ‘lo único que le interesa es el sexo’, ‘me desea pero no me ama’, ‘si no cedo puede irse con otra’, etc. De esta manera surgen trastornos emocionales (y en forma creciente) para ambos integrantes de la pareja”, opina el Miguel Palmieri.
Entonces, y casi como en una mala novela centroamericana, los desentendimientos no se dejan esperar. Incluso se hacen cosas que no se desean, con tal de ceder a la demanda y no generar más conflictos. Se oculta el problema bajo una aparente sincronización de los tiempos. Pero, como esto es artificial, el que se esfuerza por alcanzar al otro termina transformando su relación sexual en un “deber”.
Así es posible que suceda que, si no se trata este síntoma a tiempo, se generen verdaderos trastornos del deseo; por la falta de placer al mantener relaciones. A veces una patología sexual puede iniciarse con una discronaxia que no supo ser hablada, y solucionada, a tiempo. (Analía de la Llana – LosAndesOnLine)
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Masaje erótico …

Al que inventó los masajes tendrían que hacerle un monumento más grande que las pirámides de Gizeh.
Y es que hacer el amor y limitar las caricias a los genitales es como ir al parque de atracciones y subir solo a la montaña rusa.
Exactamente lo mismo.
Porque los masajes no son más que eso, una excusa para acariciar desde la nuca hasta los dedillos de los pies.
Es el mejor y más dulce de los preliminares.
- Finalidad del masaje erótico
Un masaje erótico puede ser un acto satisfactorio en s? mismo tanto si acaba en orgasmo como si no. Es un acto del que algunas parejas disfrutan de modo especial, puesto que es una oportunidad para que uno se concentre en el hecho de dar y el otro de recibir, y no en dar y recibir simultáneamente, tal como ocurre en el coito y en otros actos.
Es una manera muy buena para que los dos miembros de la pareja se exciten uno al otro y prolonguen la intimidad. Así pues, la maestría en técnicas de tacto sexual y no sexual es muy importante para una relación sexual satisfactoria. Para la gente que ya goza de una buena relación sexual, el masaje puede acrecentar el goce; para la mayoría de nosotros representa una forma de mejorar.
El masaje es importante no solo porque tiene el efecto general de relajar y dar la oportunidad de pensar y gozar el tacto sino porque permite afinar la agudeza y profundidad de los sentidos en lo que se refiere a la excitación corporal y, de este modo pueda mejorar su conducta sexual. Durante el masaje, algunas personas experimentan esos «focos sensitivos» por primera vez.
El masaje es en especial importante para las mujeres porque puede tener exactamente el mismo efecto del beso, la caricia y otras formas de juego previo. Esto permite que se incrementen las hormonas sexuales femeninas responsables de la excitación y preparación de su cuerpo para el coito. También ayuda a los hombre que tiene dificultades con la erección o que sufren de impotencia.
Uno de los objetivos del masaje es proporcionar la oportunidad de descubrir que es lo que le causa placer y el acercamiento entre la pareja debe hacerse con la mente abierta por completo. Con frecuencia, hombres y mujeres se sorprenden al sentirse tan sensuales cuando se les acarician ciertas partes de su cuerpo que ni remotamente habían considerado eróticas.
- Preparación para el masaje
Conocer al milímetro el cuerpo de su amante figura entre las más placenteras experiencias compartidas y vale la pena tomarse el trabajo de preparar la escena adecuada. Es importante elegir una hora en la que sepamos que no vamos a tener interrupciones y un lugar acogedor e ?intimo, utilizando una cama que no sea demasiado blanda o el suelo con los cojines necesarios. También puede contribuir una iluminación tenue y música de fondo.
Para obtener el máximo beneficio, ambos deben adoptar posturas cómodas y estar desnudos. La persona que da el masaje debe asegurarse de que sus manos están calientes y, a poder ser engrasadas. El hombre y la mujer deberán alternar las funciones de dar y recibir el masaje, en el momento que toque proporcionar placer habrá que concentrarse en la labor y cuando reciba gozar cada minuto.
Es interesante comenzar con un masaje exploratorio y suave por todo el cuerpo de la pareja salvo los genitales y pechos, si resulta tan excitante que se pasa a los genitales probablemente ser? imposible evitar la unión sexual.
Una gran variedad de aceites perfumados dejan la piel suave y agregan su fragancia a la ocasión, el aceite se aplicar? con moderación sobre las manos, para extenderlo por todas las partes del cuerpo mientras se masajea. Plumas, telas y otras texturas suaves pueden friccionarse contra la piel.
- Técnicas de masaje

Respecto a las técnicas, son variadas y libres pero podemos establecer algunos métodos recomendables.
El masaje depende del uso de las manos y los dedos para presionar rítmicamente el cuerpo de la pareja, es interesante utilizar todas las variedades posibles para obtener el máximo placer.
Lo más importante es mantener un ritmo firme y lento, con suficiente presión asegurándonos de que las manos se deslizan con suavidad sobre el cuerpo de la pareja, a modo de floración.
Para dar un masaje en la espalda, primero se comenzará¡ con los pulgares colocados a cada lado de la espina dorsal y los dedos en dirección a la cabeza, después se acariciará alternativamente, es decir, una mano con firmeza hacia arriba y la otra deslizándose hacia abajo.
También se pueden mantener las dos manos a la misma altura trabajando hacia arriba con toques firmes y las manos relajadas, o extendiéndolas sobre la parte baja de la espalda para presionar los músculos espinales a ambos lados.
Los dedos se pueden mover de diferentes maneras:
– Amasar – Resulta muy útil en las zonas más musculosas como caderas y muslos. El efecto puede cambiarse cambiando la velocidad y profundidad, asi es, lento y profundo o rápido y superficial. Levantar, apretar y enrollar la carne entre el pulgar y los dedos de una mano, deslizándola hacia la otra mano.
– Masaje ondulatorio – Se realiza curvando los dedos como en un puño semiabierto, manteniendo la mitad de los dedos presionando la piel, y haciendo pequeños movimientos en círculo. Esta forma es muy placentera si se recibe en los hombros, pechos, palmas de las manos y pies.
– Acción de ventosa – Los movimientos rápidos y ligeros estimulan y refrescan la piel. Se dan golpes suaves sobre el cuerpo alternando las manos, con los pulgares hacia dentro y los dedos juntos. Cuando las manos tocan el cuerpo debe producirse un sonido semejante al de el descorche de una botella.
– Golpecitos – Movimientos vigorosos, percusivos y enérgicos, serán utilizados para las areas carnosas y musculares. Con los puños cerrados, se rebota con suavidad alternativamente el reverso de la mano contra la piel. Es interesante utilizar estos movimientos hacia el final del masaje para excitar a la pareja.
Cuando un hombre acaricia a su pareja con lentitud y delicadeza, le confirma su amor por ella y por su cuerpo. La mujer tiene muchas zonas eróticas, y el hombre debe detenerse en ellas tocándolas con suavidad y presionando levemente, a la vez que realiza algunos movimientos circulares para provocar fuertes y placenteras sensaciones.
El rostro se tocara con suavidad, recorriendo la boca, la línea de las mandíbulas, el cuello y las orejas, ya que son zonas especialmente sensibles y receptibles al tacto, como también lo son la línea de nacimiento del cabello, la frente, las sienes y las cejas.
Para masajear el pecho de una mujer se puede colocar las manos sobre las costillas de la misma y deslizarlas después con firmeza hacia abajo, curvándolas después hacia fuera. Una postura muy cómoda y estimulante para acariciar los pechos es que la mujer
se siente recostada sobre el pecho del hombre, que acariciara suavemente sus pechos, esta postura permite que el contacto con la piel le confiera más sensualidad.
Además de tocar con las manos y acariciar con suavidad, un masaje sensual puede incluir otros estímulos, como besar, lamer, soplar y palpar el cuerpo de la pareja con el pecho o el cabello. Si una mujer proporciona un masaje a un hombre, puede sentarse, arrodillarse a un lado o sentarse a horcajadas sobre el para que sienta la calidez del interior de sus muslos, lo que provoca una gran reacción. Puede utilizar toda la mano, los dedos, solo los pulgares o el dorso de las manos.
Puede masajear y friccionar con suavidad su espalda y parte superior del cuerpo palpando de manera prolongada y rítmica, o deslizando los dedos ligera y seductoramente por los lados de la espalda hacia arriba y hacia abajo.
O puede masajear otra zona diferente, como por ejemplo, el interior de sus muslos, nalgas o pies; todas ellas son erógenas en alto grado y aumentan el placer de su pareja. También se puede acariciar con suavidad la espalda de la pareja con el cabello o pechos, si se mantienen el cuerpo separado y se sostiene sobre sus propias manos y codos.
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¿Quieres un orgasmo múltiple? 6 tips para conseguirlo

El Nuevo Día-laopinión.com – De seguro has escuchado o leído sobre nuestra capacidad para tener orgasmos múltiples.
Somos privilegiadas en ello a diferencia de los hombres.
Bien por nosotras.
Lo único desalentador del asunto es que una no siempre sabe cómo llegar al clímax potente y multiplicado.
Si se supone que –como se asegura hace varios años– solo un tercio de las mujeres logramos el orgasmo, ¿cómo haríamos para obtener dos o tres o cuatro veces lo que ya de por sí se nos escurre de las manos? Como con todo lo que vale la pena: se requiere trabajo, esfuerzo e ingenio.
Prueba estas tácticas que, con la práctica, te llevarán al orgasmo múltiple.
No pienses demasiado: Suena a cliché, pero en verdad con algunas cuestiones es mejor no pensar de más. No te condiciones a tener una relación sexual con un orgasmo múltiple, así no funciona. Eso solo te hará sentir más nerviosa o estresada. Disfruta de todo el proceso (los previos, las caricias, los besos), no pienses solamente en el fin.
Vibrador a la mano: No se llaman “consoladores”, olvida esa palabra para este amiguito. Los vibradores no alivian tus penas, te ayudan a obtener placer. Los hay de distintos tipos –clitorianos, vaginales, uterinos– y son una gran y muy buena fuente de estimulación. Por supuesto no está prohibido emplearlos con tu pareja. Anímense a usar alguno juntos.
Combina técnicas: Ya seas tú misma o tu pareja quien te esté dando placer, no trabajes solo en una zona y nada más que de una forma. Esto es: pueden emplear dedos, labios y llevarlos por distintas partes del cuerpo.
Atenta con el ritmo: Al tener un orgasmo nuestro clítoris queda altamente sensible al contacto. Si intentamos manipularlo de inmediato en aras del placer múltiple lo más seguro es que duela. Espera unos segundos para recomenzar –en tanto puedes concentrarte alrededor de la vulva o en la vagina–. El segundo orgasmo vendrá más rápido que el primero porque tu clítoris estará más estimulado.
La respiración: En el momento máximo de placer, intenta respirar pausada y profundamente unas cuantas veces. Esto ayuda a relajarte y potenciar mucho más el placer que estás sintiendo. También prueba llevando la tensión que se concentra en la zona pélvica hacia la punta de tus pies y manos.
Prueba contigo misma: Antes que nadie, tú debes ser quien mejor conozca tu cuerpo ¿sabes en verdad qué te gusta y cómo te gusta? Pues averígualo masturbándote. La masturbación además de darnos placer, funciona para conocer las formas más efectivas en las cuales podemos lograr un orgasmo.
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Adicción al sexo (trastorno cuya existencia esta en discusión)

La Nación(S.A.Ríos) — «En la actualidad, el manual diagnóstico de enfermedades mentales DSM-IV no contiene ninguna categoría en la que se haga referencia a la adicción al sexo», respondió a LA NACION el doctor Amado Bechara, experto en disfunciones sexuales y director del Instituto Médico Especializado (IME).
Pero si bien en su cuarta y más reciente edición el DSM (o Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), de la Asociación Americana de Psiquiatría de los Estados Unidos, no contempla la adicción al sexo, es probable que la quinta edición sí lo haga.
«La adicción al sexo es una categoría controvertida, pero hay algunas investigaciones y algunos investigadores que hablan de adicciones sexuales», comentó el doctor Adrián Helien, médico psiquiatra y sexólogo del sector de Disfunciones Sexuales del hospital Durand.
«Los que proponen incluir las adicciones sexuales en el DSM-V sostienen que se trata de un comportamiento que puede funcionar para producir placer y aliviar sentimientos dolorosos y que responde a dos patrones: se caracteriza por una recurrente falla en el control del comportamiento y tiene continuidad a pesar de las consecuencias destructivas que pueda tener para la persona.»
En otras palabras, la persona adicta al sexo no puede controlar su comportamiento, que se repite aun cuando eso impacte negativamente en su vida familiar, social o laboral.
- Detrás de una fantasía
«El comportamiento sexual compulsivo -llamado hipersexualidad, ninfomanía o adicción sexual- puede implicar una experiencia sexual normalmente disfrutable, pero que se convierte en una obsesión. O un comportamiento sexual compulsivo que involucra fantasías o actividades que van más allá de los límites culturales, legales o moralmente aceptables para el comportamiento sexual.»
Esa es la descripción de adicción sexual de la Clínica Mayo, de los Estados Unidos. En ella se encuentra una de las características de la adicción sexual que, en palabras de Helien, es «la presencia repetida de fantasías o de escenarios sexuales muy específicos que son los que provocan en el individuo la excitación».
Dicho en forma llana: el adicto al sexo no es adicto al sexo, sino a ciertas fantasías específicas que son las que trata de cumplir compulsivamente y que, muchas veces, no son compatibles con los deseos de su pareja o con lo que se considera culturalmente aceptable.
«Si una persona, por ejemplo, tiene la fantasía de incluir a una tercera en la relación sexual, esto puede ser complejo de satisfacer en algunas parejas -comentó Helien-. Por otro lado, estas fantasías o escenas pueden ser más o menos obligatorias: la persona a veces puede controlarlo. Pero existen ciertas situaciones, un episodio de depresión o de ansiedad, que pueden hacer que esto sea más inmanejable.»
En general, agrega Helien, «estas personas consultan sólo cuando su adicción al sexo les trae problemas de pareja, familiares, sociales o incluso legales. O también pueden consultar porque como no cumplen con estas fantasías o escenarios no se excitan y padecen disfunciones sexuales».
Un dato aún no explicado, pero que se observa en la consulta, es que la adicción al sexo es un trastorno casi exclusivamente masculino. En cuanto a su tratamiento, el abordaje es múltiple e incluye fármacos, psicoterapia y hasta terapias de grupo similares a las de alcohólicos anónimos.
- Rasgos que caracterizan a una persona con adicción al sexo:
- Actuar de forma compulsiva y obsesiva en relación con rituales sexuales: relaciones interpersonales sexuales, masturbación, visionado de pornografía por internet, vouyeurismo y captura de fotografías…
- Demostrar incapacidad de controlar la pulsión sexual. A pesar de que ésta repercute negativamente en su vida, la persona se ve permanentemente incitada a pensar y actuar en torno al sexo.
- Sufrir graves consecuencias a causa de esa incapacidad de controlar: enfermedades sexuales, distanciamiento o ruptura de relaciones, embarazos no deseados, endeudamiento, problemas laborales…
- Mantener diariamente esta conducta sexual autodestructiva o de alto riesgo como eje vertebrador del día a día.
- Fantasear y obsesionarse con el sexo de forma recurrente en momentos y lugares dedicados a otras necesidades: reuniones laborales, familiares, de amistades, desplazamientos, conversaciones cotidianas orientadas a otros temas…
- No poder parar. Persiste y recae en esta conducta, aun cuando sus consecuencias negativas resultan evidentes.
- Realizar propuestas de enmiendas constantemente en relación al objeto sexual e incumplirlas. “No volveré a hacerlo”, “Esperaré más tiempo para volver a hacerlo”. Pero siempre son autopromesas rotas por la pulsión incontrolable.
- Desarrollar de tolerancia al estímulo. Cada vez, la persona necesita más dosis de estímulos sexuales para poder sentirse “satisfecha”, como ocurre con la droga en las adicciones con sustancias.
- Invertir gran cantidad de tiempo diario a la busca de satisfacción sexual en la modalidad que sea y a través del recurso que sea.
- Actuar de forma negligente consigo y con el entorno. Desatender responsabilidades de la vida: trabajo, relaciones, salud, economía.
- Síndrome de abstinencia o mono cuando no puede consumir. Se torna irritable, ansiosa y se manifiesta profundamente insatisfecha cuando no dispone del hecho sexual y no puede, por tanto, saciar la necesidad de consumo.

–Consecuencias de la adicción al sexo
- La pérdida de autocontrol y, por tanto, de libertad para elegir
- Bajo nivel de autoestima por la incapacidad de mantener el impulso
- Depresión
- Insomnio
- Cambios de humor frente a la insatisfacción
- Agotamiento físico y psicológico
- Deudas económicas
- Infidelidad y ruptura de relaciones
- Autolesiones por excesos
- Contagio de enfermedades de transmisión sexual como SIDA, hepatitis C, sífilis…
- Pérdida de trabajo y bago rendimiento de estudios
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SEXO-SEXUALIDAD: LAS CARICIAS EN EL SEXO

Hablar de sexualidad humana es hablar de personas, de seres. De ella y de él. Tanto en cuanto a sentimientos como en cuanto a sentidos.
De fisiología y de emotividad. De pasión y de voluntad. De razón y de sinrazón. Es hablar de nosotros.
Petting es el termino que utilizan los anglosajones para denominar ese gran abanico de juegos, caricias, masajes, y lo que se nos ocurra, que rodea las relaciones sexuales.
Esto enriquece en dos líneas igual de importantes, la sensitiva o física, y la emocional.
Hay una relación directa entre la cantidad de tiempo que se dedica a la estimulación propia y de la pareja y el placer sentido.
Asimismo, es sabido qué tanto la mujer como el hombre necesitan a mayor edad mayor estimulación, variada y diversa, para alcanzar un nivel de excitación suficiente que proporcione una respuesta satisfactoria.
Cuanto más tiempo se dedique a la estimulación propia y de la pareja, tanto más placentera será esa relación, y, llegado el orgasmo, tanto más intensamente se vivirá.
Desde un punto de vista emocional, el darnos ese tiempo para un contacto más provocador e insinuante, antes, y más delicado y relajante, después, nos brinda la oportunidad de comunicarnos, de llegar a la pareja y de que ella llegue a nosotros. Porque no debemos olvidar que ante todo, es comunicación, y la comunicación no es siempre verbal.
Las caricias, los pellizcos, los besos, los suspiros, una ducha “a dos”, un masaje con aceite de bebés…, todo vale dentro de esa comunicación, dentro de ese petting.
El hecho de que siempre se haya afirmado una mayor demanda de petting por parte de las mujeres, tiene su razón de ser en dos causas. Por un lado, un mayor grado de emotividad intrínseco a la feminidad –patente en los diferentes instintos más antropológicos. Y por otro lado, debido a una más lenta y prolongada Fase de Excitación de la Respuesta Sexual Humana en la mujer – lubricación y acomodación de los genitales como receptores.
Concluyendo, todo el tiempo y dedicación que asignemos a los preámbulos y prolegómenos de nuestras relaciones de pareja – válido y aplicable a la autoestimulación- es una inversión de frutos asegurados, tanto emocionales como físicos.
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Masajes eroticos para el goce de la mujer.

Las mujeres pueden sentir orgasmos de dos maneras: mediante la estimulación de su punto G o por estimulación del clítoris.
Muchas mujeres caracterizan el orgasmo del clítoris como más fuerte y el orgasmo del punto G como más profundo.
La excitación femenina toma mejor tiempo en obtenerse pero permite tener orgasmos múltiples, si continua la estimulación.
Tener orgasmos múltiples puede mantener la excitación por mucho tiempo a un nivel muy alto.
- Masaje Labial
Coloca una mano bien lubricada sobre los labios de su vagina con los dedos hacia en ano. Avanza hacia el ombligo y alterna ambas manos. Explora los labios internos y externos con tus dedos. Suavemente arrastra uno y después el otro. Frota los labios exteriores suavemente con tu pulgar e índice, y después los labios interiores.
- Y Uno, y Dos, y Tres…
Inserta tus dedos índice y medio dentro de ella y arquea tu pulgar como si estuvieras «haciendo dedo», penétrala hasta que tu pulgar toque el clítoris. Puedes usar una variedad de movimientos lineales y circulares en esta posición. También puedes hacer vibrar tu mano.
- Casi Casi
Si ella tiene un sitio en el cual le gusta ser acariciada o lamida, hazlo bien cerca, pero no exactamente en ese punto, excepto muy ocasionalmente. Esto hace que ella tarde más en alcanzar el orgasmo, pero probablemente sea mucho más intenso en el momento en que llegue.
- Presione Aquí Para Comenzar
Inserta un dedo suave y profundamente en la vagina y cuando esta lista y lubricada, inserta un segundo dedo. Coloca tú pulgar cubriendo el ano. No lo penetres. Presiona el ano ligeramente mientras mueves tus dedos.
- Cuente Hasta Diez
Coloca la palma de tu mano en su monte de Venus (donde está el vello púbico), y coloca tus dedos ligeramente sobre los labios vaginales. Coloca tu pulgar en el muslo. Ligera pero firmemente presiona tu palma contra el monte de Venus y comienza a mover tu mano en un movimiento circular.
Tu palma no debe hacer deslizar la piel en este proceso. En cambio, debes notar que la piel de ella se mueve por debajo. Repite hasta que haya hecho diez círculos. Levanta tus dedos y golpea muy ligeramente los labios vaginales a un ritmo de una vez por segundo hasta que llegue a diez golpes.
Nota que son golpes muy, muy suaves; no deben doler. Después, descansa tu mano por cinco a diez segundos. Repite los círculos, repite los golpes, descansa nuevamente, repite los círculos, etc.
- Reloj Cervical
La cerviz se suele ubicar en la parte superior interna de la vagina. La cerviz se siente como una pequeña protuberancia de piel. En algunos casos puede tener una ranura pequeña en la mitad, tal como un mentón. Cuidadosamente estimula el área que rodea la cerviz. Ella disfrutara de este masaje y posiblemente quiera que lo hagas más a menudo; o tal vez, no lo disfrutara para nada.
- Dedos en los Labios
Debido a que la piel del clítoris es mucho más sensible que cualquier parte de los genitales, no querrás que la piel de tus dedos lo lastimen. Suavemente empuja y separa la piel que rodea al clítoris cuando toques los genitales femeninos. Usando los labios vaginales como protección podrás darle estimulación placentera sin la fricción dolorosa.
- Desde Afuera
Coloca tu mano libre en la parte inferior del abdomen de ella. Experimenta aplicando distintos tipos de presión con la mano de arriba mientras tienes los dedos de tu otra mano dentro de la vagina.
- Copión
Una forma excelente de aprender cómo darle placer es colocar tus dedos sobre los de ella mientras ella se masturba. Después háganlo al revés, con los dedos de ella actuando como guía para los tuyos.
- Desde el Borde
Otra forma de masaje genital se puede hacer colocando el labio vaginal bien lubricado entre el pulgar y el índice. Pellizca muy ligeramente y tira suavemente hacia afuera de su cuerpo. Tus dedos terminaran en el aire a unos tres o cinco centímetros del cuerpo de ella, tal cual como si los hubieras arrastrado desde el borde de una mesa. Si a ella le gusta repítelo varias veces.
- Solo por Invitación
Comienza con unas leves caricias que apenas toquen sus muslos internos y vello púbico. No avances hasta que ella alce su pelvis hacia arriba. Acaricia los labios vaginales hasta que su vagina se abra e invite a tus dedos a entrar.
- Trazador Labial
Aplica abundante lubricación, puede ser mejor que comiences con uno de los labios externos. Coloca el labio entre tu pulgar e índice, agarrándolo en la base inferior donde se une al cuerpo. Recorre con tus dedos desde la parte inferior hasta la parte superior. Repítelo cuantas veces ella lo desee. Cuando este mejor lubricado hazlo con el labio interior.
- Aquí y Ahora

Inserta tu dedo índice dentro de la vagina muy lentamente.
Déjalo quieto.
Luego deslízalo hacia adentro y hacia afuera.
- Luna Creciente
Inserta tu pulgar en la vagina, cubre con tu mano el clítoris y deja que tus dedos se posen en su monte de Venus.
Alterna la estimulación entre el punto G interno (techo de la vagina), el clítoris y el punto G externo (encima de la vejiga).
- Timbre
Presiona firmemente en el punto G, como pulsando un timbre. Presiona, suelta, presiona, etc.
- Cuatro Direcciones
Con dos dedos presiona firmemente arriba, al lado, abajo, al lado en la vagina, ocho veces cada lado.
Toque y Cosquillas. Toca el clítoris muy ligeramente. Pellizque y Hale. Suavemente pellizca y hala del clítoris.
Rápido y Profundo, Ella puede querer penetraciones rápidas y profundas. Asegúrate de que siempre este relajada, no dejes que se ponga rígida.
Rodee el Clítoris. Con tu dedo índice haz círculos pequeños, parando en cada vuelta.
Puerta del Templo. Con un dedo acaricia la abertura vaginal lo más suavemente posible. Haz que ella quede «hambrienta».
Circulo. Con tu dedo índice haz círculos desde el perineo (área entre la vagina y el ano) hasta más arriba del clítoris.
- Los Dedos Mágicos
Usa tus tres dedos más largos, con tu dedo medio deslizándose por la apertura de la vagina y tus otros dos (índice y anular) por el borde de los labios vaginales externos. Puedes, de vez en cuando, insertar el dedo medio dentro de la vagina.
Twist . Usando uno o más dedos masajea hacia adentro y hacia afuera de la vagina rotando tu muñeca.
Ahora que conoces casi todas las técnicas de masajes, a practicarlas.
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Los diez mejores lugares para el sexo
Un estudio realizado en los Estados Unidos reveló en qué sitios hombres y mujeres aseguraron haber vivido sus máximas experiencias de placer.
Como consideraron que la cama no es el único lugar en el que las parejas -constituidas u ocasionales- pueden disfrutar de un amorío, investigadores norteamericanos consultaron a varias personas de ambos sexos y elaboraron un ránking de los lugares preferidos a la hora del placer.
- Estos fueron los resultados:
1. Escaleras de un edificio:
… los expertos confirmaron que son elegidas porque ofrecerían todos los elementos para una relación divertida y sorpresiva: oscuridad, soledad, peligro y varias posiciones amatorias.
En ese sentido, los consultados recomendaron las de emergencia de edificios grandes de oficinas u hoteles, porque son más oscuras, no son visitadas por nadie, no hay cámaras de seguridad, ofrecen privacidad y además siempre dan sensación de peligro.
2. Auto:
… en las opciones que ofrecieron los encuestados están las relaciones «sobre ruedas» los días de lluvia, con los vidrios del vehículo empañados -lo cual evita la mirada de curiosos-, o, para los más osados, la noche y un oscuro callejón.
3. Piscina o pileta:
… si bien es considerada por muchas parejas como una alternativa con un alto contenido de erotismo, los especialistas aclararon que el agua podría llevar a que el preservativo se salga.
4. Cine:
… ofrece las ventajas de la oscuridad, los sonidos y la privacidad de los últimos asientos. En ese sentido, los consultados recomendaron las películas por la mañana o muy tarde, cuando la sala tenga pocos concurrentes.
5. Autobús:
… los viajes de varias horas fueron escogidos por los participantes del estudio como buenos momentos para mantener relaciones. Los asientos traseros, o los del medio si el vehículo transporta a pocos pasajeros, son buenos sitios para acercarse al otro en momentos en que los demás duermen.
6. Probadores:
… aquí, aconsejaron experimentar en los que son mixtos o están divididos por una pequeña puerta. Los distintos elementos que lo forman aportan un toque especial al momento: espejo, espacio, asiento, luz y peligro. Pero habrá que ser creativo para que los pies de uno de los dos no se vean por debajo, y finalmente salir del habitáculo de a uno por vez.
7. Bosque:
… también serviría un espacio al aire libre con muchos árboles. Lo importante, según los consultados, es aprovechar la naturaleza.
8. Baño de un bar:
… son considerados espacios alternativos «casi ideales» para el sexo, ya que la música alta, el desorden y el movimiento ayudan a obtener la privacidad deseada.
9. El mar:
… el ir y venir de las olas puede ser muy excitante para algunos. Para ello recomendaron una playa tranquila y donde la marea no sea muy alta.
10. Cualquier rincón:
… por último, los encuestados respondieron que los lugares en los que alcanzaron un mayor placer fueron aquellos en los que utilizaron la imaginación y aprovecharon la espontaneidad del momento.
Estas nuevas opciones, aclararon los consultados, no desplazan a las famosas relaciones sexuales en los baños de aviones o en una oficina vacía… pero añaden algo de imaginación a los actuales -y complicados- vínculos humanos.
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La ansiedad que causa la crisis económica facilita la eyaculación precoz

(ACN) — La preocupación por la situación económica puede provocar ansiedad y esta ansiedad, eyaculación precoz.
Ésta es una de las principales conclusiones del primer Estudio demográfico sobre la eyaculación precoz, presentado este martes en Barcelona por la Asociación española de andrología (Asesa).
‘El estrés puede afectar en la esfera sexual en todos a los parámetros: problemas de erección, de deseo sexual y de eyaculación precoz porque la situación provoca un grado de ansiedad importante’, explica la presidenta del Asesa, Ana Puigvert.
Según datos de este informe, el 43% de los catalanes ha tenido alguna vez en la vida problemas de eyaculación precoz y el 9% la sufren de manera habitual en cada relación sexual.
El estudio concluye que la eyaculación precoz es el trastorno sexual más frecuente entre los hombres pero que sólo el 38% son conscientes de que sufren este problema.
La presidenta de la Asociación española de andrología (Asesa), Ana Puigvert, ha definido qué entienden los especialistas por eyaculación precoz: ‘los pacientes presentan una buena rigidez pero cuando se empieza la actividad sexual no pueden controlar la eyaculación’. Puigvert explica que este problema sucede incluso ‘antes de la penetración, al recibir un estímulo sexual’.
Los factores psicológicos y fisiológicos son los principales causantes de la eyaculación precoz. El doctor especialista Urología del Hospital Clínic de Barcelona, Eduardo García Cruz, ha apuntado durante la presentación en Barcelona de este estudio que ‘los problemas en la gestión de los neurotransmisores y los problemas neurobiológicos’ favorecen la eyaculación.
García Cruz, ha recomendado que si se sufre este trastorno hay que consultar al médico porque hay algunas enfermedades que provocan eyaculación precoz ‘que no son de la esfera sexual y que se pueden tratar’, explica. García Cruz ha concretado estas enfermedades en ‘alteraciones tiroideas e infecciones e inflamaciones de la próstata que es importante diagnosticarlas y tratarlas’.
Para Ana Puigvert, el perfil de las personas que sufren este problema sexual son ‘las personas que podríamos denominar hipercinéticas, que lo hacen todo muy rápidamente y así como la sexualidad’. La eyaculación precoz produce un impacto psicológico importante entre los que la sufren. Según este informe, el 20% de los entrevistados afirma que las relaciones sexuales no son importantes en su vida.
A pesar de no contar con datos documentados, la ansiedad por la crisis económica ha causado un aumento de personas que visitan las consultas en los últimos tiempos, ha explicado Puigvert. ‘En la situación social que se está viviendo de estrés hay gente que consulta por eyaculación porque la tensión es muy grande. Es un círculo vicioso, se deteriora la relación sexual porque está relacionado con el estado del bienestar El miedo a perder el trabajo afecta. Uno pierde la capacidad de autosatisfacción’, asegura.
Ana Puigvert concluye que solucionar este trastorno es muy importante porque ‘la esfera sexual es parte de nuestro organismo y es la característica de una buena calidad de vida’. Puigvert apunta un dato: ‘se rompen más parejas por eyaculación precoz que por disfunción eréctil. Además, las personas que sufren eyaculación precoz suelen acudir a la consulta acompañadas mientras que las que sufren disfunción eréctil acuden normalmente solas, hecho que da una pista sobre la dimensión del problema, según concluye la presidenta de la Asociación española de andrología’.
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Sexo en la tercera edad …

«En el aprendizaje sexual cada quien es maestro
y discípulo de sí mismo. Este proceso de
aprendizaje termina cuando finaliza la vida»
Todos los científicos que estudian la actitud sexual y tratan de establecer un número aproximado de relaciones sexuales con relación a la edad coinciden en que entre los 16 y los 25 años existe la máxima frecuencia de relaciones sexuales.
Pasada esta edad, cada persona tiene un esquema diferente e individual de comportamiento y frecuencia sexual; este comportamiento está influenciado directamente por factores educacionales, sociales y morales.
Como ejemplo pondremos la diferencia de comportamiento sexual que existe entre un hombre del campo y uno de la ciudad, entre un religioso practicante y un ateo o no practicante, entre un hombre de la sierra y uno de la costa o del oriente.
Cuando un hombre o mujer establecen su tipo de conducta sexual y llegan con esta a la edad madura y cambian o se encuentran cerca de la vejez sufren una presión social negativa, pues muchísimas personas le califican de viejo y le quitan todo derecho de ejercer la gran mayoría de funciones y especialmente las sexuales; se ve ridiculizado cuando realiza intentos de mejorar su apariencia personal, y más aun si está acompañada de un toque de coquetería o juventud como expresión de su vitalidad y de su espíritu dinámico y emprendedor.
Existen muchos y magníficos ejemplos de hombres y mujeres que han mantenido y mantienen gran vitalidad y productividad en etapas de la vida muy avanzadas. Podemos citar como simples ejemplos a Miguel Ángel que en la séptima década de su vida construye la basílica de San Pedro en Roma; Leonardo da Vinci; Víctor Hugo; Churchill. Mujeres como Madame Courier y su trabajo en los rayos X, Golda Meir, la hermana Teresa de Calcuta.
Una investigación estadounidense demuestra que, aunque el paso de los años conlleva una reducción de la actividad sexual, la mayoría opta por seguir manteniendo relaciones pasados los 70.
Ésta es una de las principales conclusiones a las que llegó un grupo de expertos de la Universidad de Chicago tras estudiar los hábitos sexuales de 3.005 adultos (1.550 mujeres y 1.455 hombres), con edades comprendidas entre los 57 y los 85 años.
Tal y como señalan estos autores en ‘The New England Journal of Medicine’ (‘NEJM’), casi tres de cada cuatro (un 73%) adultos entre 57 y 64 años afirmaron ser activos sexualmente. Es decir, haber mantenido algún contacto sexual (sin necesidad de coito u orgasmo) durante los 12 meses anteriores a la entrevista.
Esta cifra se redujo hasta el 53% entre los participantes de 65 a 74 años y hasta un 26% entre los 75 y 85 años. Aunque este último grupo mostró una menor actividad sexual, la mitad de los que seguían manteniendo relaciones, en esta franja de edad, aseguró hacerlo con una frecuencia de dos o tres veces al mes.
Un 58% de los participantes más jóvenes (de 57 a 64 años) afirmó seguir realizando sexo oral, frente al 31% de los adultos con edades entre los 75 y lo 85 años. Al valorar la masturbación se encontró un patrón similar; mayor frecuencia en función de una menor edad.
- Menor actividad sexual en las mujeres

En todas las edades analizadas las mujeres se mostraron menos activas sexualmente.
Y presentaron una menor probabilidad de tener un compañero sexual o estar casadas (un 40% frente al 78% de los hombres, entre los 75 y 85 años).
Este último factor puede guardar relación, comentan los firmantes, con que los hombres suelen casarse con mujeres más jóvenes o que ellos suelen fallecer a edades más tempranas.
Además, ellas fueron más propensas a considerar que el sexo no es «importante del todo». Un 41% de las de mayor edad lo calificó de esta forma.
- Problemas sexuales
La mitad de los participantes declaró sufrir algún tipo de problema sexual. Entre los hombres, los más comunes fueron la dificultad de llegar o mantener una erección (37%); la falta de interés en el sexo (28%), alcanzar el clímax muy pronto (28%) o no llegar a él (20%) y tener ansiedad durante el acto (27%).
En las mujeres, la falta de interés (43%), las dificultades para lubricar (39%), la imposibilidad de alcanzar el clímax (34%), no obtener placer (23%) y el dolor (17%) fueron los principales trastornos.
A pesar de la alta incidencia de estos trastornos, sólo un 38% de los varones y un 22% de las mujeres habían hablado de sexo con su médico en alguna ocasión desde los 50 años. En este sentido, los expertos, dirigidos por Stacy Tessler Lindau, recalcan que «los problemas sexuales pueden ser un signo de alerta o la consecuencia de enfermedades de base seria como la diabetes, una infección, problemas urogenitales o cáncer».
De hecho, las mujeres con diabetes fueron más propensas a no tener contactos sexuales. Y los hombres con este mismo trastorno presentaron más dificultades para lograr una erección.
Entre los participantes con pareja, que se mostraron sexualmente activos, la principal razón argumentada para no mantener relaciones fue la salud del hombre (un 40,3% en el caso de ellos y un 63,2% en el de ellas).
Los problemas sexuales más que ser meros achaques de la edad suelen ser consecuencia del mal estado físico del que los sufre. «Los adultos de mayor edad con problemas médicos o que estén considerando tomar un tratamiento que pueda afectar a su funcionamiento sexual deberían recibir consejo en función de su estado de salud en lugar de su edad», afirma el documento aparecido en ‘NEJM’.
- Tratamientos para la disfunción
El uso de pastillas (con o sin receta), dirigidas a mejorar la función sexual, estuvo presente entre un 14% de los hombres y un 1% de las mujeres. A este respecto, el autor de un comentario, aparecido en la misma publicación, recomienda que cada pareja negocie si prefiere optar estas terapias o por no mantener más relaciones.
«Los profesionales médicos deberían animar a sus pacientes de mayor edad para que se sientan cómodos a la hora de hablar sobre sus problemas sexuales y de decidir cuál de las dos opciones les encaja mejor», subraya John H. J. Bancroft, de la Universidad de Indiana (Bloomington, EEUU).
Como posible limitación del estudio, además de que los resultados se basan solamente en las respuestas aportadas por los participantes, los investigadores reconocen que no se tuvieron en cuenta los problemas sexuales de aquellos que no mantenían relaciones. Es posible que estas personas suspendieran su actividad sexual por culpa de los trastornos que padecían.
«El conocimiento por parte de los especialistas de la sexualidad en las edades más avanzadas podría mejorar la educación y los consejos a los pacientes, así como la posibilidad de identificar clínicamente el espectro de problemas sexuales relacionados con la salud, que cuentan con una gran prevalencia y pueden ser tratados», concluye el estudio.
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Cuando las mujeres dicen que han pasado una buena noche …

El buen sexo es diferente para cada mujer y no se puede formular una regla general.
Pero siempre pueden encontrarse algunas pistas…
Existen mujeres que aseguran que una buena noche de sexo depende más que nada de la preparación anterior.
Es decir, un buen vino, una buena comida, y la intención y la actitud de complacer al otro bastan.
Luego, solo hay que dejarse llevar. Otras dicen que lo que prefieren es un hombre que sepa hacerse cargo de la situación.
Así como en el tango, donde el hombre guía a la mujer para que ella se luzca. Es decir, el hombre debe saber ser firme pero sin dejar de ser un caballero, hacer que la mujer se sienta más mujer pero sin dejar que ella tome el control. La lucha escondida de poder parece ser algo divertido.
Muchas mujeres juzgan una buena noche de sexo a partir de cuanto ellos se han esforzado en complacerla. Es necesario un trabajo previo, por así decirlo. Besos en la oreja y en la nuca, besos por todas partes, susurros, suspiros y caricias. Todo lo que parece accesorio es lo que en realidad hace la diferencia de una buena noche de sexo con otra que se prefiere olvidar.
A decir verdad, no solo depende de que mujer se trate sino también de en qué momento se encuentren. Una misma mujer puede querer una cosa un día pero de seguro, al día siguiente, pretender otra cosa distinta. Un día amabilidad y delicadeza, al día siguiente arrancar las ropas y hacerlo sobre la mesada de la cocina. Si, nunca puede saberse lo que ellas quieren.
Hacerse desear, esa parece ser otras de las claves. Muchos dicen que la histeria es lo que hace girar al mundo y esto es aplicable al sexo. Caricias y besos que excitan hasta lo insoportable y aún así esperar un poco más antes de entrar en el sexo propiamente dicho. Es el juego de quien espera más, quien puede resistir más tiempo.
Parece ser que es una buena herramienta para asegurarse una mujer satisfecha al terminar la noche. También es posible que ella se aburra y se vaya. Siempre hay que correr riesgos. Ser espontaneo. El mejor sexo llega cuando menos se lo espera. Cuando los dos están excitados sin otra razón que estar uno cerca del otro, y no esperar hasta llegar al cuarto sino hacerlo ahí mismo.
Saber interpretar el ritmo. Para muchas mujeres, gran parte de llegar a un orgasmo depende del ritmo. Comenzar de forma lenta y suave y luego acelerar e intensificar. Se debe sentir a la pareja, interpretar lo que la pareja necesita en el momento preciso. Muchas mujeres se quejan del sexo automatizado, como una máquina. Es necesario que los hombres estén atentos y con todos sus sentidos alertas para los cambios de ritmos, posiciones y sensibilidades.
También hay que decir que muchas mujeres no se animan a decir lo que las hace sentir mejor, y muchas veces es difícil para los hombres adivinarlo. Un par de palabras o un pequeño movimiento de la mano pueden hacer toda la diferencia.
La conclusión que se puede sacar de todo esto es que no existen dos mujeres iguales que le satisfagan exactamente las mismas cosas. La solución: perder los miedos, despojarse de los tabúes y mucho diálogo. Preguntar qué es lo que más le gusta, probar cosas nuevas, experimentar y, sobre todo, intentar complacerla. Y cuidarla.
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Sexualidad, sensualidad y sexo …

J.T.M.Hernández — El sexo despierta, probablemente, más interés y, al mismo tiempo, más confusión que cualquier otro aspecto de la vida humana.
Concepto de sexo: A nivel puramente biológico, el sexo es un mecanismo mediante el cual los humanos, al igual que cualquier otra especie animal y vegetal evolucionada, se reproducen.
El proceso consiste en llevar una célula reproductiva masculina (espermatozoide) hacia la célula reproductora femenina (el óvulo) la cual es fecundada.
Durante 9 meses, el óvulo fecundado se desarrolla dentro de la madre y se convierte en un nuevo individuo, en una nueva vida.
Concepto de sexualidad: Es la capacidad de expresar sentimientos y emociones profundas como el amor que enriquece el espíritu y condiciona muchos aspectos del comportamiento afectivo del individuo.
La función sexual no es otra cosa que la integración armónica del sexo (netamente biológico) con la sexualidad (que se manifiesta mediante la actitudpsicológica frente al sexo e implica, al mismo tiempo, la expresión de sentimientos).
Mientras la sexualidad se limita exclusivamente a los órganos genitales, es una respuesta instintiva y tiende a la repetición, la sensualidad abre una amplia gama de posibilidades que «junto con el despertar de la imaginación» logra innovadores efectos en quienes saben cómo utilizarla.
Algunas personas suelen atribuirle la sensualidad a la mujer y la sexualidad al hombre. Pero, la verdad es que ambos tienen una porción de cada una en su personalidad, tal como los dos comparten lo masculino y lo femenino en su ser. La combinación perfecta incluye sensualidad y sexualidad por igual, un lado sensible y dulce con un aspecto práctico y directo. De hecho, si la relación carece del aspecto sensual, pronto se llega a la monotonía y al consecuente aburrimiento.
Una mirada sugestiva, un suspirar al oído o una caricia en el lugar adecuado pueden decir más que mil palabras. Y, lo más importante, de esto es que conlleva la magia de iniciar un juego inagotable que invita a explorar las posibilidades de los cinco sentidos, sin limitarse específicamente al acto sexual.
- No se nace, se hace
La sensualidad, lejos de ser un instinto, es algo que se aprende , la mayoría de las veces, por imitación. Pero, para poder ser sensual necesitas estar en armonía con tu interior, tener confianza en ti misma y sentirte bien con tu forma de ser.
La sensualidad es una postura ante la vida es una forma de relacionarnos con los demás en todos los aspectos, no necesariamente buscando un encuentro sexual. Lo interesante es que cualquier persona puede ser sensual si se lo propone, lo único que necesita es tener su autoestima alta y saber expresarse a través de los sentidos de manera asertiva.
Con estas dos herramientas provocarás reacciones en las personas que te rodean. Y los beneficios de ser notada son muchos: desde el gusto que puedan sentir las personas cuando están a tu lado, hasta la satisfacción de sentirte deseada por el simple hecho de saber cómo mirar o tocar a tu pareja.
- Despertando el deseo
Una persona sensual es aquella que provoca atracción o reacción en los sentidos de otra. Pero, para cautivar a tu pareja no sólo es necesario que sepas utilizar tus sentidos, también debes tener en cuenta otros aspectos de tu persona que conforman el concepto de sensualidad: tu forma de ser, de vestirte, hablar y moverte.
1. Tu forma de ser denota quién eres realmente y de dónde provienes. Es importante que aprendas a conocerte y logres confianza en ti misma para llegar a ser una persona sensual.
2. A través de tu vestimenta las personas juzgan tus gustos y preferencias. Pueden definir rasgos de tu persona y, en algunos casos, hasta tu profesión. Es importante que poseas un estilo propio y no te esfuerces en «producir» uno determinado para agradar: lo más seguro es que termines por sentirte incómoda y los demás lo noten.
3. Aquello de que «por la boca muere el pez» suele ser bastante cierto. A través de tus palabras y tono de voz indicas datos adicionales que pueden ir desde tu estado de ánimo hasta tu nivel cultural. Recuerda que ser educada, culta y sofisticada son atributos de una persona sensual. Otra cosa que debes tener en cuenta es la modulación y dicción: por lo general, las personas que hablan muy duro o rápido suelen provocar tensión en quienes las rodean.
4. Saberse mover es todo un arte. Si tus gestos son bruscos y secos, seguramente inspirarás más apatía y torpeza que amor. No olvides que tu imagen exterior es lo primero que la gente ve y que no importa cuán interesante sea tu manera de ser, lo que digas o tu forma de vestir: si no combinas este conjunto de cosas con los gestos adecuados, nunca despertarás la curiosidad en los demás.
- El imperio de los sentidos

La sensualidad emana a través de los sentidos y saber cómo explotar su potencial es importante para revitalizar el deseo de tu pareja.
Si quieres volverlo loco, es importante que tengas en cuenta lo siguiente:
1. Olfato: el olor natural de una persona puede desencadenar un vivo deseo en su pareja y además define la esencia de cada persona, pero es importante tener en cuenta que los olores fuertes no producen una respuesta positiva en la mayoría de las personas.
2. Oído: hay muchos sonidos que tienen un carácter extremadamente erótico: los gemidos, jadeos e incluso el sonido que produce un beso puede ser suficiente para excitar a tu pareja.
3. Vista: a través de la mirada se pueden expresar todas las emociones posibles y producirlas también, por lo que saber qué efectos producen en las personas es muy importante para la sensualidad.
4. Tacto: a través del tacto exploras el cuerpo de tu pareja y encuentras zonas específicas en las que una determinada caricia puede producir una respuesta inmediata.
5. Gusto: besar es uno de los placeres más grandes de la vida en pareja. El intercambio de afecto que produce un beso es determinante para poner alerta a los otros sentidos. También debes prestar especial atención a tu higiene bucal: una boca mal cuidada o el mal aliento arruinan lo que los demás sentidos logran.
- El yin-yan de la sensualidad
Tanto mujeres como hombres pueden explotar su sensualidad. Sin embargo, muchas personas tienden a asociar el comportamiento con el género femenino exclusivamente. Lo ideal es que el hombre sepa que ser sensual no implica afeminamiento.
Si bien la sensualidad femenina es más delicada, evidente y aceptada socialmente, el hombre posee su propia forma de expresarla: ser viril, galante, caballeroso y educado son algunas de las características que todo hombre sensual debe poseer. Además, la sensualidad masculina viene dada por una confianza bastante grande en sí mismo que le permita expresarse con soltura y sentirse bien con su forma de ser.
- Contra la monotonía
La sensualidad debe estar estrechamente ligada a la sexualidad cuando de vida en pareja se trata. Algunas parejas sienten que la cotidianidad del «matrimonio» mata la magia de las relaciones sexuales, pero los verdaderos culpables de dejar que la chispa se extinga son las personas que llevan esa relación.
No cabe duda de que con el matrimonio cambia la relación sexual. Es posible que se convierta en algo monótono, pero precisamente por eso se debe prestar especial atención a la estimulación de la sensualidad para, a partir de ahí, recuperar la sexualidad. La sensualidad tiende a la innovación, despierta la curiosidad y la imaginación debido a que no es tan limitativa como la sexualidad.
- Sexo
Diferencia física y de conducta que distingue a los organismos individuales, según las funciones que realizan en los procesos de reproducción. A través de esta diferencia, por la que existen machos y hembras, una especie puede combinar de forma constante su información genética y dar lugar a descendientes con genes distintos. Algunos de estos descendientes llegan a adaptarse mejor a las posibles variaciones del entorno.
El sexo está presente en todos los niveles de organización biológica, excepto en los virus. Ya en los niveles más simples, las bacterias intercambian un cromosoma sencillo y largo que pasa desde el macho (por analogía), o célula donante, a la hembra, o célula receptora. En grupos más avanzados, los seres multicelulares tienen órganos especializados (gónadas), que producen células sexuales (gametos).
En el momento de la fecundación, la información genética se transfiere desde unos espermatozoides pequeños y móviles (gametos masculinos), a unos óvulos más grandes (gametos femeninos). Muchos organismos, entre los que se incluye a la mayoría de las plantas, muchos protozoos e invertebrados y algunos peces, poseen tanto gónadas masculinas como femeninas y se denominan hermafroditas (véase Hermafroditismo).
Sin embargo, en los organismos hermafroditas es rara la autofecundación. Los órganos reproductores masculinos y femeninos suelen madurar en distintos momentos, que coincidan con la maduración de otros individuos, lo que hace posible una fecundación cruzada. Es frecuente en el mundo de los peces la sucesión de sexos en el mismo individuo pero de modo completo, es decir, el pez es totalmente macho o totalmente hembra según el momento de su vida.
- Sexualidad
Conjunto de fenómenos emocionales y de conducta relacionados con el sexo, que marcan de forma decisiva al ser humano en todas las fases de su desarrollo.

El concepto de sexualidad comprende tanto el impulso sexual, dirigido al goce inmediato y a la reproducción, como los diferentes aspectos de la relación psicológica con el propio cuerpo (sentirse hombre, mujer o ambos a la vez) y de las expectativas de rol social.
En la vida cotidiana, la sexualidad cumple un papel muy destacado ya que, desde el punto de vista emotivo y de la relación entre las personas, va mucho más allá de la finalidad reproductiva y de las normas o sanciones que estipula la sociedad.
Además de la unión sexual y emocional entre personas de diferente sexo (véase Heterosexualidad), existen relaciones entre personas del mismo sexo (véase Homosexualidad) que, aunque tengan una larga tradición (ya existían en la antigua Grecia y en muchas otras culturas), han sido hasta ahora condenadas y discriminadas socialmente por influencias morales o religiosas.
Durante siglos se consideró que la sexualidad en los animales y en los hombres era básicamente de tipo instintivo (véase Instinto). En esta creencia se basaron las teorías para fijar las formas no naturales de la sexualidad, entre las que se incluían todas aquellas prácticas no dirigidas a la procreación.
Hoy, sin embargo, sabemos que también algunos mamíferos muy desarrollados presentan un comportamiento sexual diferenciado, que incluye, además de formas de aparente homosexualidad, variantes de la masturbación y de la violación. La psicología moderna deduce, por tanto, que la sexualidad puede o debe ser aprendida.
Los tabúes sociales o religiosos —aunque a veces han tenido su razón de ser en algunas culturas o periodos históricos, como en el caso del incesto— pueden condicionar considerablemente el desarrollo de una sexualidad sana desde el punto de vista psicológico.
El neurólogo Sigmund Freud postuló la primera teoría sobre el desarrollo sexual progresivo en el niño, con la que pretendía explicar también la construcción de una personalidad normal o anormal en el mismo. Según Freud, el desarrollo sexual se inicia con la fase oral, caracterizada porque el niño obtiene una máxima satisfacción al mamar, y continúa en la fase anal, en la que predominan los impulsos agresivos y sádicos.
Después de una fase latente o de reposo, se inicia la tercera fase del desarrollo, la genital, con el interés centrado en los órganos sexuales (véase Aparato reproductor). La alteración de una de estas tres fases conduce, según la teoría de Freud, a la aparición de trastornos específicos sexuales o de la personalidad. Con el paso del tiempo, algunas de las tesis postuladas en su teoría del psicoanálisis han sido rechazadas, en especial sus teorías sobre la envidia del pene y sobre la vida sexual de la mujer.
A partir de la década de 1930, comenzó a realizarse la investigación sistemática de los fenómenos sexuales. Posteriormente, la sexología, rama interdisciplinar de la psicología, relacionada con la biología y la sociología, tuvo un gran auge al obtener, en algunos casos, el respaldo de la propia sociedad, principalmente durante los movimientos de liberación sexual de finales de la década de 1960 y principios de la de 1970.
Los primeros estudios científicos sobre el comportamiento sexual se deben a Alfred Charles Kinsey y a sus colaboradores. En ellos pudo observarse que existen grandes diferencias entre el comportamiento deseable exigido socialmente y el comportamiento real.
Asimismo, se observó que no existe una clara separación entre el comportamiento heterosexual y el homosexual ya que, según encuestas de esa época, el 10% de las mujeres y el 28% de los hombres admitían tener comportamientos homosexuales y un 37% de los hombres estar interesados en la homosexualidad. En la década de 1960, William H. Masters y Virginia E. Johnson investigaron por primera vez en un laboratorio los procesos biológicos de la sexualidad, elaborando el famoso «Informe de Masters y Johnson».
Actualmente, en el límite de las formas ampliamente aceptadas de comportamiento sexual se encuentran las llamadas perversiones. La evolución en los usos y costumbres y el ensanchamiento del margen de tolerancia ha hecho que conductas consideradas tradicionalmente perversas se admitan como válidas en el marco de los derechos a una sexualidad libre.
Sólo en los casos de malestar o de conflicto del propio individuo con sus tendencias, o en aquellos en los que se pone en riesgo la integridad física y moral de terceros, se impone la necesidad de tratamiento psicoterapéutico. La sexualidad, en definitiva, no debe apartarse de dos principios fundamentales: el mutuo consentimiento y la superación de la autocensura, para que cada individuo se acepte a sí mismo, aunque ello exija a veces lograr el difícil equilibrio entre las inclinaciones individuales y ciertos prejuicios y atavismos sociales.
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Orgasmo: Vivirlo o imaginarlo… es igual …

DiarioUno.com — Un estudio de la revista especializada Newscientist demostró que el cerebro se activa de la misma forma cuando se tiene un orgasmo que cuando la exitación sexual es imaginaria.
Lo hizo a traves de una prueba neurológica de una periodista de la misma publicación, quien fue testeada mientras probó tocarse durante 3 minutos y luego cuando se imaginó que lo hacía: el resultado neurológico fue idéntico.
El objetivo de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, fue identificar los mecanismos subyacentes a la excitación sexual para así poder conocer a mayor profundidad el comportamiento del cerebro durante el orgasmo.
Para ello, Kayt Sukel, una periodista de Newscientist, se prestó a tocarse el clítoris durante tres minutos y, luego, a imáginarse que lo hacía.
De acuerdo a lo que publica telecinco.es, el resultado fue sorprendente: las más de 30 áreas de su cerebro se activaron igualmente durante el contacto real que durante el momento en que lo estaba imaginando, con la diferencia de que el cerebro de Sukel mostró una mayor activación cuando imaginó el contacto con sus partes íntimas que cuando lo estaba haciendo realmente.
Barry Komisaruk, quien está al mando del experimento, trabajó durante los últimos años en la relación que existe entre el orgasmo y un área del cerebro llamada la corteza prefrontal (PFC, por sus siglas en ingles). Esta zona está situada en la parte frontal del cerebro y se relaciona con la conciencia, la auto-evaluación y la opinión que se tiene de las demás personas.
Los resultados revelaron que existe más de una manera para llegar al orgasmo pero, además, el estudio revela un nuevo tipo de conciencia que podría conducir a nuevos tratamientos para el dolor. Komisaruk, descubrió que la mayor activación del cerebro durante el orgasmo femenino se produce en la corteza prefrontal, algo no visto en estudios previos.
Sorprendentemente, esta zona se activa de igual manera en los individuos que pueden alcanzar el orgasmo solo mediante el pensamiento, lo que ha llevado a preguntarse si el PFC podría estar jugando un papel clave en la creación de una respuesta fisiológica de la imaginación. Según la publicación de Newscientist, estudios de la Universidad de Groningen en Holanda, habían encontrado que esta misma zona (PFC) se «desconecta» durante el orgasmo. En concreto vieron una desactivación en un área del PFC llamada corteza orbitofrontal izquierda (OFC).
Georgiadis sostiene que la OFC puede ser la base del control sexual y tal vez por solo ‘dejarse llevar’, el orgasmo puede ser alcanzado. También se sugiere que esta desactivación puede ser el ejemplo más elocuente de un «estado alterado de conciencia» y no se ve, hasta ahora, en ninguna otra actividad. «No creo que el orgasmo apague la conciencia, pero la cambia. Cuando preguntas a la gente la forma en que perciben su orgasmo lo describen como una sensación de pérdida de control», declaró Komisaruk a Newscientist.
Los investigadores también creen que el orgasmo es un fuerte analgésico y que con un estudio de activación cerebral de las zonas que se involucran en ese momento se podría encontrar una nueva forma para manejar el dolor.
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El deseo sexual masculino: Cómo, cuándo y qué lo hace funcionar …

El deseo sexual es el preludio de la relación amorosa y un trampolín para la actividad sexual.
Posee orígenes psíquicos profundos y puede variar de intensidad por razones que escapan a nuestro control.
No es extraño que sea causa de tanta ansiedad y también de tanta satisfacción.
Por un lado, su ausencia, cuando el compañero o la compañera busca un contacto, resulta frustrante y, para muchas personas, profundamente humillante.
Por otra parte, hay pocas experiencias en la vida que sean tan gratificantes como sentirse amado y deseado por la pareja
- La puesta en marcha
El deseo sexual está influido por factores físicos, como la salud o las hormonas, y factores emocionales, como el estado de ánimo o la calidad de la relación. De modo similar, las creencias, la atracción hacia la otra persona, las experiencias anteriores o aspectos puramente circunstanciales, como una luz tenue o la presencia de otras personas, pueden fomentarlo o inhibirlo. Pero el deseo no es sólo algo físico.
Aspectos tales como la necesidad de ser abrazado, de combatir la soledad, de sentirse querido, de hacer una conquista, incluso la emoción de correr un riesgo, pueden despertar el deseo en momentos diferentes. Los pensamientos y fantasías sexuales contribuyen, asimismo, a la aparición del deseo.
De la misma manera que pensar en una comida favorita puede estimular el hambre, una tentadora fantasía sexual o una imagen puede convertirse en un afrodisíaco mental. Los estímulos físicos también son una parte muy importante del deseo, y van desde los más obvios, como el contacto de una piel con otra, hasta cosas más sutiles, como una fragancia o una música.
Mientras en las mujeres el deseo sexual es menos constante e intenso, e incluso pueden ignorarlo o suprimirlo si no se sienten cómodas con la relación o con el ambiente, los hombres tienen un apetito sexual más insistente y que es independiente del lugar donde se encuentren y de la calidad de la relación.
Mucho más directa y automática, la sexualidad masculina se dispara con facilidad ante estímulos como el cuerpo de una mujer, el olor femenino o una prenda determinada. Como mejor conozcas los estímulos físicos que excitan a tu compañero y más hábilmente los uses, mayor será el amor que él te demostrará.
- Concentrado en un punto

En el hombre casi toda la sensibilidad de tipo sexual se centra en los centímetros finales del pene.
A diferencia de las mujeres, que tienen una sexualidad más amplia y sutil, la sexualidad masculina depende de que se haga el amor de manera realmente positiva.
El hombre debe estar en erección, un estado que debe conservarse para que el acto sexual sea posible, lo que explica lo importante que es para ellos mantener la erección, el protagonismo del pene en las relaciones sexuales y por qué tienden a empezar el juego genital con tanta rapidez.
Y es por eso, también, que la mujer que enciende al hombre es todo lo contrario de una receptora pasiva. Si algo tiene la mujer es su capacidad de estimular a los hombres y de estimularse a sí misma al hacerlo y, a partir de ese momento, conseguir que el hombre se entregue al juego sexual en beneficio de ambos.
Son las mujeres activas que comprenden las reacciones masculinas, sin descuidar las propias, las que terminan convirtiéndose en amantes ideales. Los hombres suelen tener un apetito sexual más constante e intenso que las mujeres.
- Yo quiero, pero tú no O
Un problema frecuente entre las parejas es la discrepancia sobre la frecuencia sexual. Suele suceder que uno, normalmente el hombre, desea una actividad sexual mayor que su pareja y ambos parecen ser incapaces de llegar a un acuerdo sobre el tema. Las diferencias sobre el tipo de actividad sexual es otro problema común.
Curiosamente, tendemos a creer que las parejas deberían tener los mismos gustos sexuales o ser sexualmente compatibles y si no es así es porque existe algún problema entre ellos. Quizá no caemos en la cuenta de que las parejas son diferentes en muchas cosas. ¿Por qué debería ser de otro modo en el sexo?
A pesar de las tensiones que crea, puede resolverse con facilidad si ambos expresan claramente sus deseos con ánimo de resolverlo sin reproches. Ser capaz de hablar de ello ayudaría a muchas parejas a poner fin a lo que podría convertirse en un problema aparentemente insuperable entre los dos. Los pensamientos y fantasías sexuales contribuyen a la aparición del deseo.
- Cuando algo falla

Aunque hay hombres que casi nunca tienen fantasías eróticas y a los que ver o hablar con una mujer atractiva, por ejemplo, les deja sexualmente indiferentes, la mayoría son sexualmente activos.
Pero, a veces su interés puede disminuir debido a:
- Problemas sexuales. La presencia de dificultades para mantener la erección o retrasar la eyaculación suele ser el principal motivo de inhibición de deseo. Evitar la relación no es la forma de resolver el problema. Es necesaria la ayuda profesional.
- Insatisfacción con la pareja. Los hombres suelen terminar por sentirse sexualmente aburridos con una pareja pasiva con la que tengan que esforzarse mucho en comparación con lo que obtienen. Una apariencia descuidada o un comportamiento agresivo o muy exigente pueden hacer que el sexo les resulte poco estimulante.
- Insatisfacción con la relación. La actitud fría y distante de la pareja puede desmotivarle. Y es frecuente que el hombre intente satisfacerse fuera de la relación o en solitario. Sin embargo, esto no quiere decir que si un hombre se masturba es porque no está satisfecho con su relación. La masturbación es un comportamiento normal que puede darse dentro del contexto de una relación de pareja sexualmente satisfactoria.
- Salud física. Además del alcoholismo y el consumo de drogas, ciertas enfermedades pueden hacer disminuir el impulso sexual. A veces, más que la enfermedad, son los aspectos relacionados con ella. Un caso frecuente es el de aquel hombre que ha padecido un ataque cardíaco del que se ha recuperado. Su médico le ha dicho que está físicamente bien, pero él y su pareja temen que el sexo le pueda producir excitación y su corazón se afecte. Si su médico logra tranquilizarle, puede volver a recuperarlo.
La actitud fría y distante de la pareja puede desmotivar sexualmente.
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Sexo por los cinco sentidos …

Rebeca Royo Ortiz — ¿Cuántas veces ha escuchado la voz de un locutor de radio y ha imaginado a un hombre muy sexy al micrófono?
No hay duda de que la palabra es el mayor afrodisíaco para las mujeres, que si se le susurra al oído, el poder erótico puede magnificarse hasta cotas indiscutibles.
La sensualidad es mucho más rica y excitante si la despertamos no sólo con la vista y el tacto, sino con todo el cuerpo, incluido el olfato, el oído y el gusto.
Cada uno de los cinco sentidos tiene su parte de estimulador sexual, tanto en hombres como en mujeres. El tacto permite sentir la textura y la temperatura del otro cuerpo.
El gusto, saborear la piel; con el olfato percibes el aroma; la vista llega hasta todo lo que nos rodera y el oído, que no se nos escape nada. Muchas investigaciones han confirmado que la sensualidad no distingue de sentidos.
Por gustos o preferencias, ellos desarrollan más el tacto y la vista a la hora de hacer el amor. A ellas les excita el oído. Susurrar palabras cariñosas, alguna que otra expresión picante o sonidos excitantes como suspiros y jadeos ponen más a cien a ellas que a ellos. Si lo tuyo es ser imaginativo, un cuento erótico puede resultar de lo más productivo.
Dicen que el olfato es el sentido erótico más primario porque el olor natural de la piel es demasiado excitante. Si se mezcla con perfumes sensuales y aceites aromáticos, todavía puede serlo más. Otra posibilidad es perfumar el ambiente con varitas de sándalo, pétalos de flores, velas aromáticas… Siempre con perfumes profundos y sensuales. Dicen que el olor de las mujeres puede hacerlas más atractivas o repelentes ante los hombres según el momento del mes: si está o no en su momento más fértil.
El sabor salado de la piel humana también tiene su punto. Si se aliña con deliciosos caprichos como el chocolate o la nata, puede degustar sobre el cuerpo de tu pareja un auténtico manjar… Aquí, la música, también tiene que decir algo: estimula las mismas regiones cerebrales que los impulsos sexuales.
Hay científicos de la Universidad McGill de Montreal (Canadá) que registraron la actividad eléctrica cerebral de diez músicos de ambos sexos a los que se les dio la opción de escoger una melodía sin letra que les produjera “escalofríos de emoción”. Así pudieron constatar que mientras escuchaban la música elegida por ellos, se activaban las regiones cerebrales donde se localizan las emociones que inducen a la euforia.
La pasión, por tanto, llega por todos los sentidos. Dar y recibir miradas o suspiros en una búsqueda desesperada por conseguir el máximo placer es el ejercicio más puro de la libertad que pueden ejercer, tanto ellos como ellas.
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7 Reglas de amor que debes romper …

L.Fontán/E.Craig (Psicólogos y Docentes Universitarios Especializados en Terapia e Integración de la Pareja) — Que siempre hayas hecho las cosas de una manera, no significa que sea el mejor modo de hacerlas.
¿Recuerdas cómo te mejoró la vida cuando por fin te olvidaste de esos jeans super bajos o dejaste de salir con “hombres malos”?
Pues te contamos que romper estas siete reglas amorosas puede resultar aun más liberador.
- AYER, NO SEAS UNA MUJER CELOSA
Muchas mujeres creen que las considerarán neuróticas y dependientes si muestran que están celosas. Por eso, cuando otra flirtea con su hombre, deciden morderse la lengua y aguantar.
- HOY, MARCA TU TERRITORIO
Esta actitud de “me importa un bledo” puede ser contraproducente, porque él puede interpretar esa ausencia total de celos como una prueba de tu falta de interés en la relación. Por supuesto, no debes hacer un drama al estilo de Atracción fatal cada vez que él se relacione con otra mujer, pero está bien que le digas de una manera informal qué cosas específicas te irritan, como que una amiga flirtee abiertamente con él o que él mencione con mucha frecuencia a una colega del trabajo de la que desconfías un poco.
Pero dirige tus comentarios hacia el comportamiento de la mujer, para que no suene como que quieres controlarlo a él. Por ejemplo, dile: “No me gusta como ella se te insinúa” o “¿Y por qué hablas tanto de esa colega?” Al revelarle tus celos –con moderación–, lo halagas, porque le demuestras un deseo genuino de proteger la unión.
- AYER, NO SE ACUESTEN ENOJADOS
Te dijeron que hablaras y hablaras cuando hay tensión en el ambiente para poder resolver el problema.
- HOY, DUERME Y MEDITA SOBRE EL ASUNTO
El control se pierde fácilmente cuando la discusión se pone acalorada. Cuando fuerzas un tema, hablas sin analizar lo que de veras necesitas decir, lo que aumenta las probabilidades de que ambos digan cosas que lamentarán después. Eso es todavía peor si están cansados. Si duermes, podrás reflexionar y decidir qué puntos crees más importantes.
También podrás relajarte para así estar más calmada y racional cuando le presentes tus argumentos. Sólo dile: “Estoy irritada y necesito tiempo para calmarme”. Es inteligente asentir si él también te pide un receso. En vez de insistir en decirse todo en ese momento, fijen una hora para volver a tratar el asunto. Dile: “Hablemos de esto mañana, después del trabajo”.
De esa horma aclaras que intentas retomar las conversación… y pedirle explicaciones. La mayoría de las peleas son menos fuertes si te retiras y lo piensas mejor. Al día siguiente, podrás hablar del asunto con menos rabia. Y hasta quizás te des cuenta de que no merecía la pena pelear ni discutir hasta la saciedad.
- AYER, FANTASEAR CON OTRO ES ENGAÑO
A diferencia de los hombres, que se sienten libres para mirar a las demás chicas sin el más mínimo remordimiento, las mujeres tienden a darle demasiada importancia a un coqueteo pasajero o a sentir cierta atracción sexual por los otros hombres. Les inquieta que al hacerlo estén traicionando a su novio o que ésa sea una señal de que algo no anda bien con su relación.
El resultado: sientes la culpa que provoca una aventura ilícita, sin haber experimentado la diversión.
- HOY, LAS FANTASÍAS INOCENTES ALIMENTAN TU VIDA AMOROSA
Ese cosquilleo que se siente ante un enamoramiento puramente platónico puede beneficiar tu relación de pareja. ¿La razón? Comienzas a sentirte como aquella chica sexy, coqueta y soltera que eras antes (y que tu hombre halló irresistiblemente hot), y él se beneficia con esa excitante conducta tuya.
La química sexual con otras personas es normal y sentirse culpable por experimentarla resulta inútil. Sólo porque te sientas atraída hacia otro hombre o incluso aunque fantasees con él, eso no significa que de verdad vayas a llevar tu sueño a la práctica. Mientras no cruces la raya y hagas realidad la fantasía, deja de censurar esos pensamientos y más bien empieza disfrutarlos sin remordimientos.
- AYER, SIEMPRE QUIERES DESLUMBRARLO EN LA CAMA
Como buena chica que eres, seguro que dedicas mucho tiempo a pensar qué cosas puedes hacer para que delire entre las sábanas, algo que, debemos aclarar, es muy bueno. El peligro comienza cuando empiezas a concentrarte en complacerlo sólo a él sin satisfacer tus necesidades sexuales.
A las mujeres a veces se les dificulta expresar lo que quieren, sobre todo en la cama. Tienden a ser demasiado desinteresadas en cuanto a su propio placer, porque se sienten más cómodas dándoselo a sus parejas que recibiéndolo ellas.
- HOY, SÉ EGOÍSTA EN LA CAMA
Los hombres se sienten orgullosos de sí mismos cuando son capaces de hacerte estremecer de placer. Así que aunque la pródiga naturaleza los haya dotado para recibir gratificación en grande, le estropearás el ego sexual si él piensa que no te hace vibrar.
Si tú no estás satisfecha, ambos acabarán sintiéndose infelices. La solución es fácil, incluso si eres demasiado tímida como para decirle lo que quieres: empieza a gemir para indicarle lo que te excita o sencillamente, muéstrale dónde debe tocarte.

- AYER, NECESITAN COMPARTIR LOS MISMOS INTERESES
Hay parejas que erróneamente piensan que estar en la misma onda, y por consiguiente estar unidos, significa que cada uno debe tomar parte activa en los pasatiempos e intereses del otro.
- HOY, EL TIEMPO QUE ESTÁN SOLOS FORTALECE LA UNIÓN
Si te encanta esquiar en la nieve y a él también, ¡qué bueno! Pero obligarte a participar en sus hobbies debilita la interacción.
Te aburrirás y le harás un sinfín de preguntas, y él se sentirá incómodo porque sabe que en realidad no estás interesada en esa actividad suya.
Del mismo modo, a él le molestará que lo presiones para que participe en tus actividades extracurriculares.
Estar juntos todo el tiempo crea una dinámica que es más de imposición que de entendimiento. Además, a los dos les resultará más interesante compartir las experiencias que tienen por separado. Cuando te enfrascas en tus propios objetivos, después aprecias más las cosas que hacen juntos como pareja.
- AYER, NO TE DERRITAS POR ÉL
Quizá piensas que a tu hombre le repugna que lo remimes y le describas todas y cada una de las cosas que te gustan de él. Además, ya hace tanto tiempo que están juntos que él sabe lo que piensas… o al menos eso crees.
- HOY, MUÉSTRALE TU LADO DULCE
Uno de los efectos secundarios de estar loca por un hombre es que de vez en cuando sientes deseos de expresarle todo tu cariño y actuar… bueno, como una mujer. ¡No te reprimas! Demuéstrale cuánto te gusta. El desea que le recuerdes una y otra vez por qué lo amas. Quizás él no admita que le gusta el romance, pero para empezar, eso es lo que más le atrae de ti. Si no eres cariñosa, él extrañará esa cualidad femenina tuya.
Claro, ¡no exageres! ¿Qué es exactamente lo que le gusta a tu “muchacho”? Que lo beses por todo el rostro, que le digas: “Me encanta que tú…”, o que lo llames cielo o como le decías cuando empezaron a salir. Dile que él es el mejor de los hombres cuando haga algo por ti en la casa, o laméntate por lo que él te hace y extrañas cuando no está contigo (“Me encantaría que estuvieras aquí para frotarme la espalda…”)
Aunque el comentario parezca insignificante, esa dosis extra de afecto mantiene viva la llama de amor que sienten.
- AYER, ACTÚA CON TOTAL INDEPENDENCIA
Insiste en cargar tu valija, arreglar el televisor y abrir las botellas de vino… y le estarás probando que eres una mujer moderna y fuerte, ¿verdad?
- HOY, DEJA QUE ÉL SEA TU SUPERMAN
Es cierto que los hombres se sienten atraídos por las chicas independientes, pero si eres demasiado autosuficiente, ellos terminarán sintiéndose inútiles. Si se trata de algo que te resulta más fácil de hacer sola que con él, debes hacerlo por tu cuenta. Pero estimula su ego dejando que él realice algunas cosas que se le dan mejor, ya sea cocinar un buen arroz con pollo, cargarte las bolsas del supermercado con esa fuerza que Dios le dio o, sencillamente, conducir tu auto bajo la lluvia.
Los hombres necesitan sentirse protectores y proveedores, y están orientados hacia la actividad. Haciendo algo por ti, él te expresa su amor. ¡Deja que lo haga!
- SECRETITOS
1 .- Las parejas que usan palabras positivas en sus conversaciones tienen más posibilidades de seguir juntas que las que no lo hacen.
2.- Otro “secretillo”: susúrrale cositas hot y verás cómo sonríe
3.- Una mujer inteligente procura dar placer y recibirlo.
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Beneficios de masturbarse sola o en pareja…

A muchas mujeres les cuesta admitir que se masturban y muchas de ellas no lo han hecho hasta que no han sentido la pasión.
En esto lo hombres nos llevan ventaja porque ellos suelen hacerlo desde los 12 o 13 años, ahora vas a ver todos los beneficios que puedes obtener de esta practica tan natural.
Independencia y mejores relaciones de pareja.
La masturbación está muy recomendada por los terapeutas sexuales como el mejor camino para que las mujeres aprendan que su satisfacción no depende de los hombres sino de su propia actitud hacia el sexo, las mujeres que se masturban para llegar al orgasmo de manera regular, no tienen problemas para lograr la plena satisfacción en sus relaciones de pareja, no puede decirse lo mismo de las que nunca o casi nunca se masturban.
El haber aprendido sus vías para el orgasmo les permite ponerlo en colaboración y favorece una mayor comunicación dentro de la pareja. Muchos hombres que en un primer momento deseaban una mujer «ignorante» porque se sentían inseguros, después constataron que una mujer que se conoce bien es más fácil de satisfacer y las relaciones sexuales son más cómodas y gratificantes.
Una mujer que se conoce bien es más fácil de satisfacer y el sexo resulta más cómodo
- Capacidad orgásmica y mayor control
Cada vez que llegas al orgasmo a través de la masturbación tu cerebro está aprendiendo caminos del placer, y esto favorece tu autoestima, incrementa la confianza en ti misma y aumenta tu atractivo personal. Cuanto más te conozcas, mejor controlarás tu respuesta sexual, verás como el orgasmo es cada vez mejor, más rápido y más intenso.
Aprenderás si prefieres lubricantes tanto naturales como secreciones vaginales o saliva como artificiales como los que venden en las farmacias, como te gustan los vibradores y enseñaras a tu pareja a usar los masajeadores, o cualquiera de los artefactos que venden para un mayor placer personal. No dejes de investigar todo tipo de elementos. Disfruta con tus fantasías cuanto más cultives tu jardín interior más disfrutaras de las relaciones de pareja.
Circulación y estrés. Desde el punto de vista médico, la masturbación es un excelente ejercicio que favorece la circulación sanguínea, diluye el colesterol, aumenta las defensas, y ayuda a que el estado de ánimo tienda a la felicidad, diluyendo el mal humor y la tristeza.
Además de los beneficios cardiovasculares nada mejor contra el estrés que este ejercicio regular, la liberación de endorfinas que el orgasmo lleva consigo es el mejor remedio para combatir la ansiedad difusa que provoca esa desagradable sensación de estrés que es una de los males de la vida moderna.
Es bueno para eliminar el dolor de cabeza provocado por un día agotador y permite dormir más profunda y sosegadamente de lo que lo hace una pastilla.
Para prevenir el Sida y otros beneficios. Cada vez que acaricias tu vulva y tienes un orgasmo estás ejercitando y aprendiendo a conocer y controlar los músculos de tu zona peri vaginal. Este ejercicio te ayudará a prevenir riesgos y complicaciones durante el parto y a prevenir las perdidas de orina durante la post menopausia. Y no es menor la ventaja que supone en los tiempos del Sida una práctica de la que estás segura que no tiene ningún riesgo incluso si la practica en pareja.
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La química de los besos con lengua …

JotDown(A.Delgado) — Guy de Maupassant dijo: «Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado».
En un improbable catálogo de besos se podría listar los cordiales de saludo, de despedida, los familiares, besos paternales, los besos de tía, de tío, de abuelo.
Besos babeados, limpios, impíos y malvados.
Besos con sentido: el beso robado, por ejemplo, tiene una alta carga de coquetería y maldad.
Un beso esquiniado es una trampa al destino.
Hay besos famosos en la biblia como el beso de Judas y en el arte como el de Gustav Klimt. Hay beso en la mano, beso negro y beso con lengua.
Alguna vez una amiga me preguntó qué significaba un beso en la frente. Si te gusta el tipo —le dije— olvídalo. Los besos en la frente tienen la misma intensión de los besos a las mascotas.
Pablo Neruda, que era un poeta cursi irremediable dijo que «en un beso, sabrás todo lo que he callado». Cosas de poetas. A mí siempre me parecieron más románticas las letras del punk.
¿Qué pasa químicamente en nuestro cerebro cuando damos un beso con lengua?
Las placenteras endorfinas segregadas por el hipotálamo y la glándula pineal se disparan, y la excitante adrenalina va subiendo poco a poco, aumentando la presión sanguínea, dilatando las pupilas, acelerando el ritmo cardíaco y la respiración, incrementando el volumen de oxígeno en la sangre y haciéndonos sentir con mucha más energía.
La saliva de los hombres contienen testosterona y hay también evidencias de que un beso largo y apasionado podría aumentar el deseo en mujeres, pero el factor clave es la segregación de dopamina. Se ha dicho que la dopamina es una hormona «embaucadora» porque es como un alucinógeno que distorsiona y exagera lo que sentimos.
Algo así como el principio activo de la marihuana, que nos hace más sensibles y propensos a los estímulos. La dopamina, entre otras hormonas, es la encargada de activarnos el bienestar y la tranquilidad cuando, por ejemplo, por fin, terminamos la tesis de grado o cuando ganamos con un buen negocio.
La subida de esta hormona implicada en la sensación del placer, motivación y búsqueda de novedad, genera ansiedad y deseo de besos cada vez más frecuentes. Y si en una relación llegamos a este punto, ya estamos perdidos y enamorados. Un dicho popular dice que «no hay peor ciego que un enamorado».

Por otra parte, el cantante Joaquín Sabina, que vendió su alma a los bares y le dieron un sombrerito, tiene razón cuando dice: «Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción».
Joaquín-sombrero intuía lo que la ciencia ya demostró: en este punto del romance, nuestro cerebro está aprendiendo que una persona le genera gran placer.
Es una persona, una sola, y no otra. Es decir, nos volvemos adictos.
La ciencia ya lo demostró.
Podemos estar con los amigos, con la familia, en el trabajo, incluso con un «arrocito en bajo», pero el cerebro sabe que ninguna de estas personas es quien nos tiene encoñados.
Cuando estamos lejos de esta persona estamos ansiosos, distraídos, sufriendo con los síntomas de abstinencia de cualquier drogadicto sin su dosis. Pero cuando nos volvemos a ver con el encoñe, y volvemos a estar juntos y conversamos y volvemos a cogerle el culo, —porque el culo amado siempre es perfecto—, el vínculo neuroquímico se va fortaleciendo.
Todo esto ya lo sabíamos, pero la ciencia explica «por qué sucede». Uno escucha por ahí comentarios al estilo de «esta persona me tiene encantad@» y en efecto, nos tiene embrujados con chorros de dopamina que nosotros mismos disponemos y consumimos.
Y si a esto le sumamos unas vibrantes revolcadas, en las que los niveles de dopamina se disparan a sus máximos niveles, el vínculo químico y neuronal se hace más fuerte.
Según estudios de la ciencia, entre los efectos del beso se cuenta con los bajonazos de los niveles de cortisol, la hormona del estrés, tanto que se siente flaquear las piernas. Es decir, el beso funciona como terapia antiestrés. Y es verdad. Todos lo sabemos. Practíquela cuando quiera matar al jefe de la oficina.
¿Pero cómo diablos terminamos los humanos besándonos?
El beso es de las manifestaciones más extrañas en la naturaleza. Y más si es un intenso beso con lengua. El político y escritor irlandés Jonathan Swift algún día preguntó: «Señor, quisiera saber ¿quién fue el loco que inventó el beso?». Muchas especies se lamen u olfatean, pero solo nosotros y los monos bonobos practicamos el beso con fines amorosos.
Pero ¿por qué diablos nos besamos? Para la pregunta hay dos respuestas científicas. Una viene por parte de los antropólogos, quienes afirman que es una manifestación cultural relativamente moderna. La otra respuesta la dan los biólogos evolucionistas, quienes apuestan a que el beso es una necesidad de carácter evolutivo.

Los evolucionistas se paran en la raya afirmando que la naturaleza ha ido diseñado nuestros labios de una manera particularmente enfocada al beso: la presentación que tienen nuestros labios orientados hacia afuera, que sean más gruesos en proporción al resto de los animales, que concentren una mayor cantidad de terminaciones nerviosas que otras partes del cuerpo, y que instintivamente consideremos a los carnosos como más atractivos, sugiere que el beso ha tenido un papel evolutivo.
Los biólogos argumentan que las hembras besaban al macho para identificar al buen candidato por medio de la intensificación de la función olfatoria. Algunas opiniones de expertos dicen que nos gustan por su parecido con los genitales o como reminiscencia de la lactancia materna.
Pero de momento la hipótesis más plausible es que besarse es un comportamiento evolutivo a partir de la olfacción, una manera más sofisticada para calibrar que todo está correcto y que el macho besado es un buen candidato para procrear. Según esta «fría teoría, vacía de magia», como me dijo un amigo poeta, el beso no sería tanto para generar excitación como para eliminar candidatos malos, enfermos o demasiado parecidos genéticamente a nosotros.
Es fría, racional y desmonta todas esas pendejadas que se inventan los poetas, pero la teoría explica varias cosas. Entre otras, aclara por qué hay besos y personas con las que, sin saber por qué, no hay química a pesar de las buenas expectativas que teníamos.
A todos nos ha pasado: todo va super bien con esa persona, hablamos rico por teléfono, salimos y se nos va el tiempo volando, tenemos cosas en común, todo marcha en orden hasta que nos acercamos y le damos un beso. Entonces notamos que algo va mal. No es. Hemos caído en la trampa, en el engaño de las miradas. Por alguna razón que no entendemos, pero sentimos, y lo sentimos muy hondo, tenemos la certeza de la huida, del escape. Resulta espantoso, pero cierto.
Por eso quien dijo que «el primer beso no se da con la boca, sino con los ojos», afirmó algo muy poético, pero medio mentiroso, como todo lo de poetas. Porque uno puede besar con los ojos, pero hasta que no besa con la lengua no siente el aliento del otro. Y esto es vital. Hay que sentir el sabor del otro, sin chicles Adams, ni crema dental Colgate. Es tan importante el sabor de la lengua como el olor de la boca. El olor.
Y acá podríamos comenzar a hablar de otro gran tema: el olfato. Pero dejemos el tema del olfato en coitus interruptus para otro ensayo . La vaina es que, si no nos gusta el aliento natural del otro, olvídalo. A pesar de todo el tiempo que hasta gastado, del coqueteo y mensajes en WhatsApp, tienes el derecho legítimo de largarte y perderte.
No hay miradas brillantes ni sonrisas que cubran un aliento que no te gusta. Luego encontrarás la excusa. Pero, por favor, nunca le digas que fue su aliento.
Y al contrario también nos ha pasado. Es posible que, inicialmente, no estemos pensando nada serio con esa persona. Solo estamos «saliendo». ―Ojo, porque todos sabemos que afirmar «estamos saliendo» es el eufemismo para decir: estamos pichando sin compromiso―.

El caso es que, sin mayores pretensiones, besamos a esta persona, la sentimos, la mordemos, y así el interés inicial sea menor, luego de ese primer encuentro la atracción se intensifica más, y con cada beso, y su aliento, su aliento natural y con cada encuentro, cada revolcada, nos sentimos derrotados y felices.
La jodida química.
Y la seguimos mordiendo.
Pero ahora, la mordemos con harta gana.
El beso es realmente un momento crítico en el inicio de una historia amorosa. El escritor alemán Emil Ludwig dijo que «la decisión del primer beso es la más crucial en cualquier historia de amor, porque contiene dentro de sí la rendición». Otra cursilería, pero qué le hacemos.
Una cursilería cierta, como lo dijo el poeta portugués Fernando Pessoa: «Todas las cartas de amor son ridículas, pues no serían cartas de amor si no lo fuesen».
Luego del primer beso bien apretadito, ojalá en balcón de duodécimo piso, de noche, con susto, con lengua, el terrible vendaval se viene encima y no queremos huir, ni salir corriendo. Entonces estamos jodidos. Jodidos y enamorados.
Con un beso se activan hasta unos 30 músculos faciales, 17 de ellos relacionados con la lengua, se transfieren 9 miligramos de agua, otros 0,18 de sustancias orgánicas, 0,7 de materias grasas, 0,45 de sales minerales, además de millones de gérmenes, bacterias y microorganismos, y se queman, a lo largo de tres minutos, unas quince calorías.
Detrás de este gesto cotidiano muy extendido (pasaremos dos semanas de nuestra vida besándonos) hay un universo químico muy complejo. Para el ser humano, besarse no supone algo trivial, sino que se produce un intercambio de sensaciones y de emociones muy profundo. Jean-Luc Tournier, autor de la Pequeña enciclopedia del beso, ya reconoció que “no hay acto alguno que permita una implicación voluntaria del ser tan total como el beso”.
El deseo de besar hasta tiene un nombre científico: filemamanía. Siempre queremos más, porque el beso es una droga natural. El cerebro es adicto a la oxitocina, que se produce cada vez que nos besamos. Esta hormona influye en funciones básicas como el enamoramiento, orgasmo, parto y amamantamiento, y está asociada con la afectividad, la ternura, el tocar.
De acuerdo con la consultora sexual británica Relate, la liberación de endorfinas, que se produce cada vez que juntamos nuestros labios con la pareja, combate el desánimo y evita caer en la depresión. Porque el beso, antes que nada, es placer. La posición fisiológica de la boca hace que esta sea, de entre todos los órganos erógenos que tiene nuestro cuerpo, la que está situada más cerca del cerebro, el centro donde se producen las sensaciones y las emociones.
Para tener una idea: las terminaciones nerviosas que se activan en el beso involucran el tamaño de un área cerebral, la que controla la boca, más grande que la relacionada con los genitales.

Según un estudio de la Universidad de Viena, cuando cerramos los ojos y fundimos nuestros labios con nuestra pareja en un abrazo apasionado, las pulsaciones cardiacas suben de 60 hasta 130 por minuto, se libera adrenalina, baja la tasa de colesterol y al intercambiarse bacterias, se refuerza el sistema inmunitario. ¡Guau!
Pues sí. Vivimos mejor y vivimos más gracias al beso.
El investigador alemán Arthur Sazbo, de la Universidad Wilfrid Laurier de Ontario, en Canadá, sostiene la idea de que las parejas que se despiden con un beso antes de irse a trabajar tienen menos absentismo laboral, menos accidentes de tráfico, ganan un 25% de dinero más y su esperanza de vida se alarga cinco años.
¿La explicación? Los que empiezan el día con un beso lo hacen con una actitud más positiva y más energía vital. Sí, besar significa cuidarse en salud. Cuando una madre besa a su bebé absorbe algunos gérmenes del pequeño pero al mismo tiempo estimula la producción de sus defensas.
También es cierto que cuando besamos no lo hacemos pensando en las hormonas. El beso tiene un significado para el ser humano que se remonta a tiempos muy antiguos. Al parecer, la costumbre tiene su origen en ciertas sociedades prehistóricas, en las que las madres alimentaban a sus bebés dándoles con la boca los alimentos ya masticados.
Otras teorías sostienen que el beso es una prolongación de la lactancia. Sea lo que sea, el beso ha desempeñado varios papeles en el curso de los siglos. El estudioso Yannick Carré, autor del libro El beso en la boca durante la edad media, explica que en esa época “a partir del beso se podían explicar hasta los cambios que se producían en política, en religión y en el sistema de valores”. Su importancia era considerable: tenía el valor de un contrato. De hecho, para sellar el juramento de fidelidad mutua entre el señor y su vasallo, ambos se daban un beso en la boca.
En la actualidad, el beso tiene sobre todo un poder terapéutico y psicológico. “Es una demostración de cariño, de amor, de respeto, de amistad. Con un beso se comunican muchísimas cosas”, comenta Francesca Albini, autora del libro Bacioterapia. Según Desmond Morris, autor de Innate behaviour, “a través del beso los amantes desarrollan una mayor propensión a crear lazos fuertes, “lo que incluye el deseo de formar una familia”.
Parece fuera de dudas que esta combinación de estado sólido (el tacto), líquido (saliva) y gaseoso (aliento) es una herramienta de interacción social poderosa. Un estudio de la Universidad de Albany de Nueva York publicado en Evolutionary Psychology demuestra que tanto para la mujer como para el hombre el primer beso es clave para continuar la relación. Un filtro esencial. “Podría haber mecanismos en el subconsciente que detectan alguna incompatibilidad de tipo genético”, afirman los investigadores.
Besar sería un poco como hacer una selección natural de la especie. Besar no lleva al éxito. Pero besar mal con toda seguridad lleva al fracaso. El 58% de los hombres y el 66% de las mujeres encuestadas admitieron que pusieron fin al romance… ¡sólo después del primer beso!
El profesor Alain Montadon, autor de un libro muy documentado titulado El beso: ¿qué se esconde tras este gesto cotidiano? (ed. Siruela), explica que “el deseo de besar no se produce si no se alcanza un acuerdo con el olfato. El olor de la piel es o bien muy atrayente o muy repulsivo”.
Sin embargo, el hombre y la mujer atribuyen al beso un matiz distinto. Ellos besarían esencialmente para ganar los favores sexuales de su pareja. Para ellas, en cambio, el besar sería una manera de valorar el grado de compromiso del hombre en la relación que pueda surgir.

Según el mencionado estudio de la Universidad de Nueva York, las mujeres valorarían el aliento, el sabor y hasta la salud de los dientes.
En particular, la potente antena femenina del olfato, recuerda Gordon Gallup, uno de los investigadores, se potenciaría sobre todo durante la ovulación.
Como consecuencia, las chicas estarían menos dispuestas a tener relaciones sexuales con alguien que no sabe besar o simplemente cuyo beso no encaje con sus preferencias sensoriales y emotivas.
En el otro frente, ellos se fijarían más, en el momento de besar, en el atractivo del rostro de su pareja, la apariencia de su cuerpo y hasta en su peso. Asimismo, parece que el nivel de exigencia de los chicos es más bajo: más de la mitad de los hombres encuestados afirmó que tendría relaciones sexuales con una mujer sin pasar por el beso.
En las mujeres, este porcentaje bajaba al 14%. No hay que olvidar que muchas prostitutas no besan: atribuyen a este gesto un valor íntimo superior incluso al coito. De ahí la pregunta clave: ¿en la actualidad le damos al beso la importancia que se merece? Pues no del todo. Pese a todos los beneficios que hemos citados, es una práctica que algunos se atreven a cuestionar o más bien olvidar.
Eduardo Brik, psicólogo y expresidente de la Asociación Madrileña de Terapia de Pareja, afirmaba que: “Se habla a diario de orgasmos y posturas sexuales, pero hemos olvidado el arte de besar. Se ha perdido romanticismo”.
Pere Font, director del Institut d’Estudis de Sexualitat i la Parella de Barcelona (ISEP), señala en particular como los adolescentes hoy en día “se saltan la fase previa del erotismo”. Miren Mirrazabal, directora del Instituto Kaplan y presidenta del comité científico del X Congreso Español de Sexología, reconoce que “antes las caricias y los besos se prolongaban más, así como los juegos eróticos.
Ahora ha cambiado mucho –añade–. Los adolescentes adelantan el coito y se ha reducido el tiempo de la seducción, todo se hace más de prisa”.
No es sólo un problema que afecte a los más jóvenes. Las parejas de adultos, casados desde hace años e inmersos en la rutina, tampoco prestan demasiada atención al beso. “Todos nuestros pacientes dicen que respetan el beso y las caricias, que tienen importancia, pero la realidad es distinta. Si el coito dura en promedio entre 15 y 30 minutos, no nos queda mucho tiempo para el resto. Con el tiempo, junto al cortejo, el beso va desapareciendo”, alerta Mirrazabal.
Esta experta reconoce que “hasta hace poco, este aspecto era incluso un tema prácticamente olvidado entre los expertos en salud sexual. Ahora los profesionales hacemos talleres de seducción para volver a recuperar el placer del beso y la importancia del mundo emocional en la relación de pareja”.

Pues bien, ha llegado la hora de redescubrir el ritual del beso. Francesca Albini no cree que “este gesto esté en una etapa de crisis.
El beso social, el de los dos o tres o uno como forma de saludo está en aumento. Incluso en la City de Londres existe la costumbre de besarse entre hombres para saludarse”, asegura.
En cuanto a la pareja, la mejor manera para luchar contra el tedio es encontrar tiempo para el beso. Pere Font admite que suele haber un desencuentro entre deseo y seducción.
“Para la mujer lo divertido es lo que pasa antes; para el hombre, lo que ocurre durante”.
Pero precisamente por ello, el beso desempeña un papel clave. “El hombre y la mujer son dos motores que van a diferentes velocidades: el beso es el punto de equilibrio, los sincroniza”. Anímense. Bésense.
– Vivir sin besarse
El 10% de la población mundial, ubicada en algunas zonas de África, América, Oceanía y Australia (la friolera de 650 millones de personas), según una reciente estimación de la Universidad de Bochum en Alemania, no se besa. Hasta bien entrados en el siglo XX, algunas tribus de Finlandia consideraban el besar como algo indecente.
Y en algunas regiones de China durante mucho tiempo se veía besarse en la boca como algo horrible. Hay alternativas. En Mongolia, los padres no besan a sus hijos, pero les huelen la cabeza. En el beso esquimal, practicado en el Ártico, no se utilizan los labios, sino que se frotan las puntas de las narices de las dos personas.
En pleno siglo XXI, el beso sigue estando prohibido. En el estado de Maryland, en EE.UU., no es legal besar a nadie en la calle durante más de un segundo, tiempo que se amplía a cinco minutos en el estado de Iowa y se reduce, de nuevo, hasta los tres minutos en Rhode Island. Y en Wisconsin, el beso con lengua está formalmente prohibido por la ley.
El beso, en todo caso, parece un invento reciente. No hay ninguna referencia al beso tal y como lo conocemos en cavernas prehistóricas, en el arte mesopotámico o egipcio. Las primeras descripciones aparecen en la Biblia, con unas 40 alusiones en el Nuevo Testamento.
– Tipos de besos
Según el Kamasutra, existen hasta 30 formas diferentes de besar. A su vez, los romanos solían distinguir entre tres clases de besos: los oscula, que eran los amistosos. Los vasia, besos propios del afecto y del amor y finalmente los suavia, los besos característicos de la pasión carnal. Como forma de saludo, varía según las culturas.
En España nos intercambiamos dos besos, uno en cada mejilla. En Brasil, la gente se besa dos veces sólo entre parientes. En Bélgica, en Luxemburgo, en los Países Bajos o Serbia, los besos que se dan para saludarse suelen ser tres.
En algunos países como Argentina o Italia, los hombres se besan en la mejilla, una práctica que en otros países no está bien vista o incluso asociada a la homosexualidad. En Rusia y en los antiguos países soviéticos, hasta la caída del Muro era práctica común que los altos cargos políticos se besaran en la boca

– Besos de cine
El primer beso del cine fue en 1896, entre Rary Irwin y John Ric, duró cuatro segundos y provocó un escándalo. La película se titulaba La viuda Jones
El primero con lengua en Hollywood fue el beso entre Warren Beatty y Natalie Wood en Esplendor en la hierba, 1961
Mayor número de besos en una película John Barrymore. Un total de 191 en la película Don Juan, de 1927
El beso más largo Se lo dieron Jane Wyman y Regis Toomey en la película Ahora estás en el ejército y duró tres minutos y cinco segundos
nuestras charlas nocturnas.
Breve camino del vibrador desde el consultorio médico al sexshop …
JotDown(A.Delgado) — El vibrador no siempre fue motivo de diversión. Hubo una época en la que era usado por los médicos como herramienta curativa. He aquí una breve historia de la evolución del vibrador, un periodo que va desde el uso terapéutico hasta el ámbito del entretenimiento.
Una noche y a la luz de las velas, el médico Petrus Forestus levantó la cabeza de la mesa, meneó el cuello y trató de reponerse. Estaba agotado y necesitaba descansar de su trabajo en el estudio. Petrus Forestus estiró el pescuezo y leyó lo que acaba de escribir:
«Cuando estos síntomas se indican, consideramos necesario pedir a una partera que ayude, de modo que pueda masajear los genitales con un dedo adentro, utilizando el aceite de lirios, raíz de almizcle, azafrán, o algo semejante. Y de esta manera la mujer afligida puede ser excitada hasta el paroxismo.
Este tipo de estimulación con el dedo es recomendado por Galeno y Avicena, entre otros, en especial para viudas, para quienes viven vidas castas y para mujeres religiosas, como propone Ferrari da Gradi. Se recomienda con menor frecuencia para mujeres muy jóvenes, mujeres públicas o mujeres casadas, para quienes es mejor remedio realizar el coito con sus cónyuges».
Petrus Forestus llevaba meses tomando notas que luego serían recopiladas en su Observationem et Curationem Medicinalium ac Chirurgicarum Opera Omnia, donde tiene un capítulo sobre la histeria, una enfermedad que en la tradición medica occidental era tratada con un masaje genital hasta el orgasmo.

El tratamiento era aplicado por un doctor o una partera y trataba de curar » la enfermedad del útero», aflicción considerada común y crónica en las mujeres.
Si bien Forestus murió en 1597 en Alkmaar, un pintoresco pueblito neerlandés rodeado de agua, fue sesenta años después cuando se publicó su libro y el médico comenzó a ser conocido como «el Hipócrates holandés». Forestus anotó que no solo él creía en el tratamiento, sino también otros prestigiosos médicos a lo largo de la historia, es decir, era una enfermedad que se tomaba muy en serio.
Desde el siglo IV antes de Cristo, se describe un tratamiento médico para una dolencia que ya no existe. En 1952 la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos eliminó el término de sus catálogos. Algunos dirán que nunca existió y que la enfermedad, que durante veinticinco siglos se conoció como la histeria, era la expresión de la sexualidad femenina insatisfecha, y el tratamiento médico aplicado era proporcionar esta satisfacción.
Diferentes médicos, desde Hipócrates hasta Galeno, comentaban los síntomas de la histeria como «desórdenes en la menstruación, trastornos melancólicos, privación sexual y pesadez de mente». La interpretación de estos supuestos síntomas incluía muchos elementos coherentes con el funcionamiento normal de la sexualidad femenina en condiciones sociales que la interpretaban como patológicas: entumecimiento de las partes, disposición tímida y asustadiza, ansiedad continua, tristeza, ganas de dormir a toda hora y unas continuas ganas de echar chisme.
Hubo un médico en el siglo XIX, Robin Haller, quien —dejando una nota aparte afirmaba que cabalgar era uno de los tratamientos para la impotencia— describía los síntomas de la histeria como «lloros, irritación, depresión, debilidad física y mental, miedos mórbidos, olvidos, palpitaciones del corazón, jaquecas, agarrotamientos al escribir, confusión mental, miedo de locura inminente y preocupación». Parece ridículo, pero es cierto, todos estos, y otros más, eran los síntomas definidos como histeria hasta 1952.
En el artículo «Tecnología del orgasmo», de la historiadora Rachel P. Maines, se dice que «en un breve repaso por la historia de la sexualidad en occidente es fácil ubicar el modelo androcéntrico y la construcción de una sexualidad femenina ideal que se ajuste a él». La cita no dice nada raro, eso más o menos lo sabemos, y es una lástima que todo haya girado alrededor del hombre.
Pero saqué la cita porque gusta el término «androcéntrico», un término que si lo hubiera dicho yo hubiera sonado pretencioso, además siempre es mejor cuando esas cosas inteligentes las dice otra persona y uno queda medio inteligente cuando cita a otras autoras, o al menos eso es lo que dicen en la universidad.
La visión androcéntrica de la actividad sexual distingue tres pasos: la preparación para la penetración, la penetración y el orgasmo masculino. Bajo este modelo se esperaba que la mujer tuviera orgasmos por la penetración. Sin embargo, cuando se miran las estadísticas, se concluye que esos orgasmos, en esa situación, pocas veces suceden.
Cualquier expresión sexual femenina que estuviera por fuera de ese modelo, digamos, las constantes ganas de masturbarse, la apatía sexual, o simple y llanamente la falta de orgasmo por la penetración, era considerada una enfermedad y requería tratamiento.
El modelo androcéntrico de sexualidad era necesario para la institución del matrimonio, pronatalidad y patriarcal, y fue defendido por líderes del establishment medico occidental por lo menos desde el tiempo de Hipócrates. También se creía que el matrimonio curaba la enfermedad; sin embargo, los datos empíricos demostraron lo contrario. Eso fue lo que quedó claro cuando la histeria fue borrada de los catálogos de enfermedades.
En vista que la masturbación femenina estaba prohibida por no ser casta y posiblemente insalubre, y el fracaso del modelo androcéntrico de la sexualidad para producir orgasmos en la mayoría de las mujeres, la supuesta enfermedad tuvo que ser atendida por los médicos, que diseñaron, practicaron y justificaron la producción clínica de orgasmos en mujeres.
Los galenos estiraron cuello y recibieron con gracia la responsabilidad, además, porque el negocio resultaba rentable y mucho más cuando se encontró el mecanismo para aumentar la productividad del tratamiento.
Así se convirtió la tarea de aliviar los síntomas de la excitación femenina en una tarea médica, que definía los orgasmos femeninos en condiciones clínicas como las crisis de una enfermedad, el paroxismo histérico. Qué tristeza, le digo sinceramente. La película Hysteria narra este cambio en el procedimiento de los dedos al vibrador, en la época victoriana.
En su ensayo, Rachel P. Maines: escribe: «Nathaniel Highmore observó en 1660 que era difícil aprender a producir orgasmos mediante masaje vulvar. Dijo que la técnica «no es diferente de ese juego en que los niños intentan frotarse el estómago con una mano y darse golpecitos en la cabeza con la otra»».
Según la literatura médica, los hombres no disfrutaban dando tratamientos de masajes pélvicos y además cansaba mucho. Había que buscar la manera de sustituir sus dedos por otras opciones como las atenciones de los maridos, las manos de las matronas o algún aparatejo. Cuando se desarrolló el primer vibrador electromecánico, el tiempo en lograr resultados se redujo de una hora a diez minutos en promedio.
El primer vibrador electromecánico fue inventado en el siglo XIX como respuesta a las demandas de los médicos para desarrollar la terapia de manera más rápida y eficiente. En 1883, Joseph Mortimer Granville solicitó la primera patente para un vibrador electromecánico con el nombre de Granville’s Hammer, (Martillo de Granville).
Con su aparato no pretendía aportar ayuda al tratamiento para la histeria, sino para desórdenes musculares. Fueron otros doctores quienes lo empezaron a usar como un masajeador para el área genital.

Los silencios y malentendidos aprendidos a lo largo de la historia acerca de la sexualidad femenina podrían explicarse por dos preocupaciones. La primera es que el orgasmo femenino no es necesario para la concepción y la segunda es que puede llevarse a cabo fuera de una relación sexual sin interferir con el gozo masculino.
Esto en Occidente, porque en Asia, en algunas culturas en que el orgasmo femenino se integraba con mayor facilidad al patriarcado, por lo menos alentaban a las parejas casadas a que exploraran métodos y posiciones que condujeran al placer de la mujer.
En esa época, y aún hoy, en muchos casos, la sexualidad de las mujeres queda por fuera del paradigma sexual dominante y por eso saludamos a Perogrullo: tenemos que educarnos.
nuestras charlas nocturnas.
«Hic habitat felicitas», memorias del falo …
Jot Down(A.Thiferet/J.Lapidario) — En la entrada de una panadería de las ruinas de Pompeya se encontró el relieve de un pene acompañado de la leyenda: HIC HABITAT FELICITAS («aquí se encuentra la felicidad»)… Parece un auspicioso punto de partida para analizar en Jot Down el vigésimoprimer dedo masculino.
Hablar de falos se presta a censuras absurdas y a casposas batallas dialécticas entre hombres que interiorizan el mantra de Tom Cruise en Magnolia («Respetar la polla y domar el coño») y mujeres que disertan sobre las maldades del sexo PIV (penis-in-vagina).
Nosotros mantendremos una cierta neutralidad peneana analizando la cuestión desde cuatro ángulos complementarios: estética, tamaño, potencia y espiritualidad. Y hablo en plural porque este texto ha sido escrito excepcionalmente a cuatro manos y un pene, es decir, en colaboración con Ana Thiferet, la única mujer que respondió al reto con el que acabó el artículo sobre vulvas.
- 1. Estética: es bonito, pero ¿es arte?
«No hay nada tan ridículo como un hombre desnudo». Jane Asher
¿Es hermoso un pene?
Depende de a quién se le pregunte.
A Sylvia Plath la visión de unos genitales masculinos le recordó «al cuello arrugado y la molleja de un pavo viejo», lo que no parece muy alentador.
Más entusiasmo muestra la escritora Erica Jong cuando hace que uno de sus personajes se intrigue por «su fantástico diseño abstracto, al estilo de Kandinsky, de gruesas venas azules y púrpuras».
Usando terminología artística, la sexóloga Betty Dodson clasifica los penes como clásicos (simétricos), barrocos (con pliegues y venas abundantes) o modernos al estilo danés (con líneas rectas y limpias).
Esta parece una buena vía de investigación: el pene como objeto artístico.
A diferencia de la vulva, tradicionalmente oculta en el arte, resulta sencillo encontrar centenares de penes en diversos grados de erección.
Un buen punto de partida podría ser esta galería de representaciones artísticas de miembros no circuncidados, desde la Antigüedad clásica hasta la era moderna.
De las imágenes podemos deducir varias cosas interesantes… Por ejemplo, que los griegos no consideraban obsceno el pene, pero sí la visión del glande descubierto.
En el gimnasio mantenían los glandes ocultos atándose fuertemente una banda de cuero llamada kynodesme alrededor del prepucio, lo que suena ligeramente doloroso.
En cuanto a los genitales renacentistas, resulta interesante la precisión anatómica de pintores cuidadosos que, como Leonardo Da Vinci, se preocupan de mostrar el testículo izquierdo ligeramente mayor y más hundido que el derecho (algo habitual por la anatomía del cordón espermático).
El arte tradicional japonés, en cambio, no se preocupaba por el realismo. En los grabados eróticos shunga los penes se representaban desproporcionadamente enormes, monstruos palpitantes dignos de un hentai pasado de rosca.
En un libro de almohada nipón del siglo XVIII puede leerse: «Siempre dirás de su miembro viril que es enorme, magnífico, mayor que ningún otro, mayor que el que le veías a tu padre cuando se desnudaba para bañarse. Y añadirás: “ven a llenarme, oh maravilla”».
Durante el siglo XX se vivió la edad dorada del pene como figura artística en sí misma.
Esta bonita galería muestra muchos ejemplos; en particular, las mejores fotografías del gran Robert Mapplethorpe.
Tal vez esta sea la más explícita, aunque alguna otra podría figurar perfectamente como portada de algún catálogo de moda masculina.
Por su parte, Joseph Tailor optó por sacar moldes realistas de penes en 100 y colgarlos en la pared: la respuesta masculina a la Great Wall of Vagina de Jamie McCartney.
Algunas obras juegan con la disonancia que produce en el espectador la visión inesperada de unos genitales… Son bastante graciosas al respecto la parodia-homenaje El origen de la guerra, de la artista ORLAN; o el pene de 60 metros que pintó el grupo revolucionario de street-art Voina en el puente frente a las oficinas de la FSB, sucesora de la KGB.
En cuanto a la arquitectura, es fácil ver el fantasma del falo tras la obsesión por obeliscos, rascacielos, pilares y columnas; no hace falta ser Freud para adivinar un pene tras la forma de (por ejemplo) la torre Agbar de Barcelona.
Antiguamente la influencia era más explícita: en la isla griega de Delos, allá por el siglo III, se edificó una avenida flanqueada de columnas de enormes erecciones montadas en gruesos testículos.
Quedaría para otro artículo hablar de la guerra de sexos en literatura, pero parece pertinente mencionar al menos la penis-waving literature, que vendría a ser no tanto la respuesta masculina a la chick-lit como una forma de englobar obras que «exudan masculinidad por cada poro», libros de autores como Nick Hornby, Philip Roth o Ernest Hemingway, con su eterna pose de macho-man literario.
Y eso sin entrar en la literatura fálico-militar (amor viril, legión tebana) de cómics/películas como 300.
Bien: hemos comprobado someramente que el pene tiene presencia en las artes, pero no hemos contestado a la pregunta de si es hemoso o no… Tal vez la respuesta esté no solo en los ojos del observador, sino en cómo hace sentir un pene a su dueño. Esto lo expresó tiernamente el gran Richard Brautigan en El poema hermoso:
Quedaría para otro artículo hablar de la guerra de sexos en literatura, pero parece pertinente mencionar al menos la penis-waving literature, que vendría a ser no tanto la respuesta masculina a la chick-lit como una forma de englobar obras que «exudan masculinidad por cada poro», libros de autores como Nick Hornby, Philip Roth o Ernest Hemingway, con su eterna pose de macho-man literario. Y eso sin entrar en la literatura fálico-militar (amor viril, legión tebana) de cómics/películas como 300.
Bien: hemos comprobado someramente que el pene tiene presencia en las artes, pero no hemos contestado a la pregunta de si es hemoso o no… Tal vez la respuesta esté no solo en los ojos del observador, sino en cómo hace sentir un pene a su dueño. Esto lo expresó tiernamente el gran Richard Brautigan en El poema hermoso:
Me voy a dormir en Los Ángeles pensando en ti.
Meando hace un momento miré hacia abajo, a mi pene
cariñosamente.
Saber que ha estado dentro de ti, hoy, un par de veces, me hace
sentir hermoso.
- 2. Tamaño: enlarge your penis
«Mi polla es de un tamaño estándar, incluso pequeña, si hay que ponerse biológico. Es pequeña, delgaducha, simpaticona. A mí —no sé a otros— mi polla me cae muy bien». Diego Medrano, El clítoris de Camille.
París, años 20. En la terraza de un café, Scott Fitzgerald pregunta a su amigo Ernest Hemingway con voz quebrada: «¿Crees que mi pene es demasiado pequeño?».
Durante el transcurso de una discusión, su esposa Zelda le había gritado que jamás proporcionaría placer a una mujer debido a la escasa dotación de su miembro.
Hemingway se lo lleva al lavabo de caballeros y, tras una inspección visual, declara que a cualquiera le iría bien ese tamaño… Una frase ambigua tras la que, según Sydney Franklin, se esconde el hecho de que el propio Hemingway tenía un pene diminuto.
Salvador Dalí habló en sus Confesiones inconfesables de su «pequeño, patético y blando pene». A Montgomery Clift le preocupaba su homosexualidad en una mala época para salir del armario, pero también su micropene que le hizo ganarse el apodo de Princess Tinymeat («Princesa pequeño-trozo-de-carne»).
Enrique Iglesias comentó ante sus atónitos fans que tenía el pene más pequeño del mundo; desde entonces mantiene que fue una broma, rechazando incluso una jugosa oferta de un millón de dólares a cambio de anunciar los productos XXS de Lifestyle Condoms.
En el lado opuesto del espectro, el de los penes gargantuescos, tenemos a Charles Chaplin (el apodo de «Octava Maravilla del Mundo» no lo ganó con sus dotes interpretativas), Frank Sinatra y sus extravagantes calzoncillos a medida, Porfirio Rubirosa (playboy internacional a lo Tony Stark que calzaba treinta centímetros y sedujo a Ava Gardner, Marilyn Monroe o Rita Hayworth)…
Y, de forma notoria, el futbolista Piqué y su famoso piquetón.
O, entrando en el campo de las leyendas urbanas: se supone que este monstruo es el pene de Rasputín, amputado durante su accidentado asesinato y conservado en formol en el Museo del Erotismo de San Petersburgo, aunque su autenticidad es dudosa.
En los años 60, una groupie con inquietudes artísticas llamada Cynthia Plaster Caster convenció a Jimi Hendrix para que se dejara sacar un molde de su enorme miembro. Fue el primero de muchos en una larga trayectoria artística que llevó a Cynthia a sacar decenas de moldes de penes famosos.
No es una idea tan extraña: hoy en día se pueden comprar dildos fabricados a partir de moldes de Ron Jeremy, John Holmes o Nacho Vidal.
Dicho esto: un pene gigante no está exento de inconvenientes. Por meras circunstancias hidráulicas, un tamaño excesivo dificulta lograr y mantener una erección rígida, especialmente a partir de cierta edad.
Dejando de lado los extremos: ¿cuánto mide un pene estándar? Muchos estudios confían en las automedidas y (ejem) los encuestados tienden a añadirse un par de centímetros… El Kinsey Institute fijó la media entre 13 y 15 centímetros, Durex apuntó 15,5 centímetros y el Definitive Penis Survey 16 centímetros.
Pero cuando Lifestyle Condoms midió 300 penes erectos en condiciones controladas de laboratorio, la media bajó a 12 centímetros. Separar los resultados por raza o país es un asunto espinoso: muchos mapas arrojan medidas menores en los países asiáticos y particularmente largas en África y Centroamérica… Corea del Norte y Congo como extremos.
En realidad todos los penes humanos son enormes comparados con los de cualquier primate: gorilas y chimpancés no llegan los cinco centímetros. No está claro por qué el pene humano es cuatro veces mayor de lo biológicamente necesario: probablemente esté relacionado con el paso al bipedismo, que desplazó la vagina obligando al pene a crecer en correspondencia.
Se cree que los homínidos primitivos tenían micropenes, dato que puede chafar al lector cinéfilo las tórridas escenas de sexo neandertal de En busca del fuego de Jean-Jacques Annaud.
El tamaño de los testículos no depende del bipedismo, sino de cuántas parejas sexuales tienen las hembras. Los cojones de los gorilas son diminutos: al disponer de un harén de tres a seis hembras, no se enfrentan a una «competición de esperma» que les obligue a un eyaculado frecuente.
En cambio los chimpancés y bonobos, con elevadísima frecuencia de coitos variados, deben producir mucho esperma y tienen testículos enormes en relación con su peso… El ser humano, ni del todo promiscuo ni del todo monógamo, se sitúa en un cojonil punto medio.
Este tren de pensamiento podría llevar a pensar que los hombres con grandes testículos y abundante producción de esperma y testosterona tienden a la promiscuidad… Con lo que quien busque hombres monógamos debería comprar un orquidómetro.
Por concluir estas reflexiones sobre el tamaño: en los años 70, Masters y Johnson concluyeron tras un buen número de encuestas que el tamaño no era el factor principal en la satisfacción sexual femenina. O, por citar a Alex Comfort en el fundacional The joy of sex: «la intensidad del orgasmo femenino no depende de cuán profundamente se entra en la pelvis».
Pero no es tan sencillo: a las mujeres que prefieren los orgasmos vaginales frente a los clitorianos (si es que existen diferentes orgasmos, lo que amerita artículo propio) sí les puede ir mejor un pene largo.
Quizá lo más adecuado sea recordar la frase frecuentemente atribuida al altísimo Abraham Lincoln pero que también puede imaginarse en labios del enano Tyrion Lannister: «las piernas de un hombre deberían ser lo suficientemente largas como para llegar al suelo».
- 3. Potencia: tras la pastilla azul
«Dios le dio al hombre un pene y un cerebro, pero no la suficiente sangre como para que funcionen ambos a la vez». Robin Williams.
Una erección es un extraño milagro de la hidráulica… Al ser excitado sexualmente, el hombre segrega productos químicos que permiten que entre sangre extra en el tejido eréctil, que a su vez presiona las venas manteniendo esa sangre ahí (así funcionan los anillos constrictores).
Pero lo que convierte en extraña la erección es su impredecibilidad: no solo depende del grado de excitación, sino de centenares de factores de salud física y mental, la mayoría incontrolables. Reflexionando sobre la imposibilidad de darle órdenes al pene, Marcial escribió en un Epigrama: crede mihi, non est mentula quod digitus («créeme, la polla no es como un dedo»).
Eso es cierto para todos los hombres excepto para el director Jean Cocteau, de quien su amigo Ned Rorem escribió: «En algunas fiestas se tumbaba desnudo boca arriba y, rodeado de amigos aplaudiendo, lograba que su miembro se pusiera erecto y eyaculara sin ningún tipo de fricción o manipulación».
Para los menos afortunados, el temido gatillazo es siempre una posibilidad. En la antigua Roma un hombre solo era un hombre (vir) estando en erección. Dice Pascal Quignard en El sexo y el espanto: «el hombre no tiene el poder de permanecer erecto, está condenado a la alternancia incomprensible e involuntaria entre potentia e impotentia, entre pene (mentula) y falo erecto (fascinus).
Por eso el poder es el problema masculino por excelencia, porque su fragilidad específica y la ansiedad le preocupan a todas horas». De ahí también el tradicional miedo a la vagina dentata y la mujer como «devoradora de hombres»: en la vagina el pene entra erecto y poderoso y sale lánguido y derrotado.
La impotencia era el mayor miedo romano, como prueban los insultos que dirige Ovidio a su pene en el Libro III de los Amores tras un fracaso sexual: «¡Tú, la parte de mí más despreciable (pars pessima nostri), no tienes vergüenza! Has traicionado a tu dueño. ¿Es que te burlas de mí?».
La búsqueda de métodos para provocar erecciones a voluntad ha sido una de las principales obsesiones masculinas a lo largo de los siglos.
Los asirios se frotaban el pene con un aceite rico en limaduras de hierro; algunos romanos, bajo indicaciones de Plinio el Viejo, untaban la base del miembro en excremento de caballo; según supersticiones del siglo XIX, mear a través del anillo de boda o del cerrojo de una iglesia puede sanar la impotencia… aunque te enemiste con el cura.
Ya en pleno siglo XX, Freud y Yeats se vasectomizaron para revigorizar sus erecciones, siguiendo una extraña teoría del austríaco Steinach.
Nada parecía garantizar resultados hasta que llegó al rescate la ciencia.
En 1983 el profesor Giles Brindley logró grandes éxitos en el tratamiento químico de la impotencia, e hizo públicos sus resultados durante una convención de urólogos en Las Vegas.
La presentación fue espectacular: tras una serie de diapositivas mostrando su propio miembro en diversos grados de tumescencia, Brindley se bajó los pantalones y mostró una firme erección a la horrorizada audiencia, revelando que se había inyectado papaverina en el pene minutos antes de empezar la charla.
No contento con eso, descendió de la tarima y se acercó a los espectadores, ofreciendo soñadoramente su lanza a quien quisiera comprobar la dureza de la erección. Cuando cuatro o cinco mujeres se echaron a gritar, Brindley volvió en sí, se metió la polla en los pantalones y terminó su presentación sin más incidentes… He aquí un método revolucionario para animar los Power Point aburridos.
La pastilla mágica no llegaría hasta 1998, con el lanzamiento del Viagra («virilidad»+«Niágara»). Aproximadamente media hora después de ingerir la pastilla azul (no la de Matrix, cuidado), un 70-80% de hombres experimenta una potente erección.
Entre los posibles efectos secundarios está la muerte por colapso cardíaco si se tiene una cierta edad o se padece alguna enfermedad del corazón, pero no se puede hacer una tortilla sin romper (nunca mejor dicho) un par de huevos.
Para muchos animales este engorroso asunto resulta más sencillo. Los machos de varias especies de mamíferos disponen de un hueso en el pene llamado baculum, que les facilita alcanzar y mantener la erección.
Generalmente es de pequeño tamaño excepto en el caso de osos polares, leones marinos o morsas, cuyo baculum puede medir hasta sesenta centímetros y es usado por los esquimales como cachiporra.
No está claro por qué los humanos perdimos este hueso, aunque dejo caer dos teorías. Richard Dawkins especula con un mecanismo evolutivo por el que la dependencia de las erecciones del sistema vascular en lugar de un hueso daría ventaja a los progenitores con buena circulación.
La segunda teoría afirma que el hueso que Dios extrajo a Adán para crear a Eva no fue una costilla sino el hueso del pene, lo que explicaría sin duda muchas cosas.
- 4. Espiritualidad: el As de Bastos
«Carior est ipsa mentula («Mi pene es más precioso que mi vida»)». Marcial, Epigramas
Las religiones rebosan de símbolos fálicos: el menhir, el árbol, la montaña, la varita, el león, el unicornio, el cuerno de caza, la daga ceremonial (athame), el sol, la flauta, la flecha, el rayo de Zeus, las columnas de Baal, los bastos del Tarot…
Los testículos son representados frecuentemente como rocas: en la Edad Media las promesas se juraban «con una mano sobre la piedra sagrada».
En la mitología griega Crono emplea una hoz (¡bon cop de falç!) para arrancar de cuajo los genitales de Urano.
De las gotas de «blanca espuma» derramadas en el mar nace Afrodita, diosa del amor, la lujuria y la belleza…
Abundan los mitos que recurren a la (ouch) castración: ya se habló en el artículo sobre el sexo oral de cómo el pene amputado del dios Osiris fue devorado por los peces, por lo que su esposa Isis tuvo que recurrir a un falo de barro cocido al que insufló vida con la boca.
Sin movernos de Egipto, el dios de la fertilidad Min era representado erecto y presidía cada nueva coronación, cuando el Faraón debía demostrar ante el pueblo ser capaz de eyacular.
En la antigua Chipre (y más tarde en Atenas) se veneraba a una divinidad con rasgos femeninos pero un pene bajo la falda: Afrodito, más tarde Hermafrodito. Este dios/diosa lunar podría considerarse patrón del travestismo: según Filóstrato, en las fiestas en su honor hombres y mujeres se intercambiaban las ropas.
Príapo, hijo de Afrodita y Dionisio, era un dios fálico de la fertilidad y las cosechas, representado en perpetuo estado de erección.
Fue adoptado por los romanos como Liber Pater, quedándose con el dominio de la embriaguez y la libertad.
En las Liberalia de marzo, fiestas en honor a Liber, los jóvenes romanos celebraban con estilo su entrada en la vida adulta.
Durante un desfile que paseaba un fascinus (falo) gigante por el campo para bendecir las cosechas, jóvenes de ambos sexos se dirigían insultos sexuales y groseros sarcasmos (el fálico Liber es el dios de la libertad de expresión).
En ocasiones los hombres se disfrazaban de macho cabrío y se ataban a la cintura un enorme ólisbos (consolador).
Los falos erectos tenían función apotropaica, es decir, protegían contra el mal de ojo y la invidia universal.
Los romanos decoraban sus casas con falos, cocinaban pasteles fálicos en los festivales y llevaban amuletos con forma de pene, a veces con un ojo pintado en el glande: una versión temprana del «ojo que todo lo ve». El digitus impudicus (vamos, la peineta) se consideraba un insulto o un gesto protector según las circunstancias.
En Japón aún sobreviven hoy en día dos procesiones fálicas. En la ciudad de Komaki se celebra cada quince de marzo el Hounen Matsuri, durante el que se saca en procesión un pene de madera de doscientos ochentakilos y dos metros y medio de largo.
Al llegar al templo de destino el enorme miembro es agitado furiosamente, tras lo que se lanzan blancos pastelitos de arroz sobre la multitud; todo muy sutil.
Durante el Kanamara Matsuri de Kawasahidaishi se sacan dos gigantescos falos a pasear: uno de metal negro y otro rosa.
Y ya que estamos en Japón: es imprescindible una visita al templo de Mara Kannon, a donde peregrinan cada año cientos de hombres y mujeres en busca de curas sagradas de las disfunciones eréctiles o la infertilidad. Allí puede encontrarse una magnífica colección de esculturas de penes de todos los tamaños, y los rezos se escriben, por supuesto, en pequeños falos de madera.
En el hinduismo, el lingam es el falo y la forma masculina de la energía, el pilar cósmico de fuego (ejem) del que, según el Vidyeshwar Samhita, surgió el dios Shiva.
Su complementario femenino es el yoni, y la unión tántrica de lingam y yoni representa el origen de toda vida, como se explica por ejemplo en el muy recomendable Metafísica del sexo de Julius Evola.

La religión cristiana ha tenido sus propios encontronazos con el pene, como la controversia sobre el prepucio de Jesucristo. El Evangelio de Lucas afirma que el niño Jesús fue circuncidado: ¿qué ocurrió pues con el pellejo?
Durante siglos se trató el Santo Prepucio como una reliquia dudosa (llegó a haber más de veinte) que pasó de mano en mano… o de boca en boca: la monja Agnes Blannbekin engulló más de cien veces el «dulcísimo pellejo» durante una intensa visión.
A finales del siglo XVII el teólogo León Alacio escribió en De Praeputio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba que el Prepucio ascendió al cielo junto al cuerpo de Jesucristo; una creencia popular afirmaba que los anillos de Saturno eran ese fragmento de piel.
En 1900 la Congregación para la Doctrina de la Fe decretó que «toda persona que hable, escriba o lea sobre el Santo Prepucio será considerada despreciable, aunque tolerada», con lo que el culto decayó… Excepto en el pueblo italiano de Calcata, donde aún se veneraba hasta 1983.
Y nos despedimos con una bonita plegaria de agradecimiento extraída de El clítoris de Camille, de Diego Medrano: «A veces le doy las gracias a mi polla. (…) Ella que nunca protesta por nada. Ella que está de acuerdo con todo. Ella que vive adosada a mí como una estatua, como un pincel en busca del color, y no hace tanta gimnasia, ni mucho menos, como quisiera o estaría realmente dispuesta a hacer».
nuestras charlas nocturnas.
Eroticosas: Hablemos de sexo …
– Apuntes sobre la eyaculación femenina
Jot Down(A.Miller) — Todos conocemos el semen. El esperma. La semilla. En definitiva, ese líquido blanquecino y pegajoso que brota durante la eyaculación masculina. Una autopista de espermatozoides que entre codazos y zancadillas intentan fecundar vaginas, ojos, culos, caras, bocas. En mi imaginación toman la forma de una multitud de señoras mayores rabiosas durante las rebajas.
O tal vez los veo encarnados por una jauría de furiosos guerreros en las Tierras Altas escocesas que luchan con armas de inconcebible filo por salvar la vida. Por crear la vida.
Cómo me gusta andarme por las ramas. En realidad esta quería ser una mera introducción para el desconocido protagonista de nuestra historia: el squirting. Muchos lo toman por una invención pornográfica, la mayoría duda de la existencia de la eyaculación femenina. Solo las que lo hemos vivido sabemos que está ahí, como un fantasma que nos acecha durante nuestras relaciones sexuales.
En mi caso la eyaculación aparece de manera espontánea y sin que haya demasiada contribución por mi parte. A veces es un chorrillo y otras veces una auténtica explosión, pero nunca he conseguido controlar mi expulsión de ambrosía a voluntad. Lo que resulta un absoluto fastidio cuando te toca cambiar las sábanas después de crear un charquito de placer.
Otras mujeres saben controlar esta eyección de fluidos de manera magistral, muchas eyaculan cada vez que tienen relaciones sexuales o cuando son estimuladas de una manera concreta, pero las estadísticas nos dicen que la mayoría de mujeres nunca han experimentado lo que es un squirt.
Por este motivo vamos a dar un rápido repaso a los conceptos básicos.
Las culpables de esta lluvia son las glándulas de Skene, situadas cerca de la uretra y calificadas como «la próstata femenina».
Cuando la mujer alcanza el orgasmo estos agujeritos segregan un liquido de textura y consistencia variadas: desde cremoso y blanquecino a inodoro y transparente.
A veces, cuando las glándulas rebasan su capacidad, el fluido se expulsa sin que medie ningún orgasmo de por medio.
Es decir, se puede tener un squirting gigantesco y esto no tiene por qué significar que la señorita en cuestión haya paladeado la petite mort.
Como siempre que hablamos de cuestiones sexuales, no todos los cuerpos siguen un mismo patrón. A veces el líquido expulsado es casi imperceptible, pero en ocasiones la catarata de placer puede llenar vasos y bocas, como nos ha enseñado la pornografía.
Pero ¿cómo se consigue? Estimulando el mal llamado punto G, situado en la pared anterior de la vagina. Y es que este supuesto punto en realidad es una región relativamente amplia, rodeada de carne esponjosa que se hincha cuando estamos excitadas. Los tejidos que lo componen tienen el mismo origen biológico que el tejido prostático masculino, así que son sensibles y erógenos en extremo.
Primero y antes de nada hay que estar muy relajada, sin tensiones ni listas de la compra en la cabeza. Sirve de ayuda el colocar almohadones debajo de la pelvis y mantener las piernas levantadas y abiertas, respirar de la manera más tranquila posible y no obsesionarse con llegar a la eyaculación (practicar ejercicios de Kegel tampoco está de más).
Examina las reacciones de tu cuerpo y ve poco a poco masturbándote tal y como lo haces normalmente para pasar a introducir los dedos dentro de la vagina.
En este punto no está nada mal tener un buen acompañante que te ayude: es mucho más fácil mantener la calma cuando estás guiando a otra persona que mientras estás luchando por tener una respiración pausada, la pelvis en alto, las piernas abiertas y media mano dentro del coño.
Que ponga una de sus manos libres en la zona baja de la tripa, creando presión desde fuera para que los dedos alcancen mejor su objetivo.
Los movimientos han de ser rítmicos, seguros y firmes, cada vez más rápidos pero sin imitar a una taladradora. En algún momento, si todo está saliendo bien, sentirás una opresión en el bajo vientre, semejante a la que tienes cuando necesitas hacer pis.
Continúa con los movimientos dentro de la vagina, pero en vez de intentar retener la sensación relaja la pelvis y haz presión hacia fuera con los músculos de tu suelo pélvico. ¡Voilà! ¡Squirting!
Ya que no todo es tan simple como parece y entender la teoría no significa que podamos llevar los ejercicios a la práctica, siempre recomiendo hacer una visita a alguien que pueda orientarnos. Y es que dentro de nuestro país se dan bastantes seminarios y workshops que nos ayudan a liberarnos de los bloqueos y para abrazar la eyaculación femenina con amor y confianza.
Recuerdo al gran José Toirán (quien me enseñó a mi, por cierto), Diana Pornoterrorista y Erotic Canela, pero estoy segura de que hay más.
También sé que, por mucho que os jure con solemnidad sobre el Mapa del Merodeador, habrá escépticos que no me creerán. Y es que los estudios sobre este tema son confusos, contradictorios y bastante limitados. Ni siquiera dentro de mi industria hay consenso acerca de qué es exactamente o de dónde proviene este manjar de dioses.
Recordemos que a lo largo de la historia el placer de la mujer ha sido castigado y solo desde hace muy poco tiempo se nos ha permitido explorar nuestros cuerpos y nuestra sexualidad de forma relativamente libre. La naturaleza sexual femenina ha sido rechazada, aceptada únicamente como una herramienta para la procreación.
Afortunadamente nuestras mentalidades y el contexto social han cambiado desde entonces, pero todavía queda mucho camino por recorrer y muchos tesoros que descubrir. Abramos nuestras mentes y nuestros cuerpos y recibamos con gusto los nuevos conocimientos.
– Entrene su cuerpo para el placer anal
Parece el título de una serie de DVD educativos, ¿verdad? «Sphincter training, ahora con el doble de capacidad rectal garantizada». Meta un puño por su recto, hurgue dentro de lo más profundo de sus entrañas. ¡Descubra cuántos dildos caben en su ano!
Los lectores y lectoras que busquen respuesta a todas estas preguntas estarán decepcionados porque hoy mi labor es enseñarles, simplemente, cómo dilatar apropiadamente sus esfínteres. Esos delicados anillos que se encargan de mantener ciertos desechos del aparato digestivo dentro de su cuerpo pero que estimulados adecuadamente pueden llevarle a tocar con las puntas de los dedos el más vibrante de los orgasmos.
La gran pregunta ha llegado. ¿Cómo practicar sexo anal sin morir en el intento? Viendo el fervor y entusiasmo popular que existe por dominar los intríngulis de esta práctica, aquí tenéis mi guía básica de ejercicios para dilatar el ano:
Paso 1: Ponte cachonda. Muy cachonda. Yo uso mi querido Hitachi Magic Wand (ese vibrador enorme con forma de micrófono que hace más ruido que un Boeing 747 despegando) para estimular mi clítoris hasta que estoy que me subo por las paredes. Importante: ¡no te corras! Quieres estar cachonda para que te entren ganas de penetrar ansiosamente y con fruición todos tus agujeros.
Paso 2: Usa lubricante. Mucho, tanto como necesites.
Yo utilizo Backslide, de ID Lubricantes, pero puedes lubricar con lo que te apetezca (¿has visto El último tango en París?). La idea es que no haya ninguna fricción innecesaria y dolorosa.
Paso 3: Hazte con un par de buenos plugs anales. Yo uso el small size y el medium size de la marca The Cork, comercializados por el sex shop Malicieux.
¡Y estoy supercontenta!
Os cuento las características que a mi parecer debe tener un buen dildo anal, para que no os den gato por liebre y os acabéis sacando los intestinos:
—Material suave y ligeramente flexible. Estos que uso son de silicona, lo que permite que sean fáciles de lavar.
¡Y no retienen olores! (No, no queremos dildos que huelan a culo).
—Forma de cono, que aumenta de tamaño suavemente, in crescendo. Muchos plugs tienen aspecto de bola o cono ancho y suelen ser más complicados de introducir.
—Base en forma de «tira», no de «círculo». Intentaré explicar esto: por algún motivo que desconozco todos los fabricantes de plugs anales se han puesto de acuerdo para fabricar dildos con base de forma circular.
Para el coño no hay ningún problema, porque no tienes pensado ir a la compra con un consolador entre las piernas (¿o sí?), pero ¿y si quiero llevar puesto mi plug mientras hago cosas?
Algo muy recomendable para que tus músculos se relajen y se acostumbren a esta sensación. En ese caso, todos los plugs anales que acaban en bolitas, brillantes, pedrería, círculos, engarces, cadenas, colas de caballo, látigos de siete puntas y demás mamarrachadas resultan tan cómodos como llevar un palo de escoba metido por el culo.
No te puedes sentar, te rozan las cachas mientras caminas. Para entendernos: lo notas constantemente, como cuando te pones mal un tampón.
Y este es el motivo principal por el que estos dos que os recomiendo me en-can-tan. La base tiene forma de tira, se acomoda en la raja de tus nalgas sin ningún problema. Y así los puedo mantener dentro de mi cuerpo casi olvidándome de que los llevo.
Aprovecho este espacio para hacer un llamamiento a todas las mujeres y hombres del mundo para que uséis plugs anales mientras realizáis vuestras rutinas diarias: id a la universidad, salid a hacer la compra, tumbaos a leer o pasad la fregona mientras vuestro ano se dilata.
¿Y por qué uso dos dildos, y no solo uno? Para poder ir expandiendo las fronteras de mis esfínteres despacio, sin brusquedades.
Primero te introduces el más pequeño, que suele resbalar sin problemas hasta el final. Después de un rato con él puesto (¿horas? ¿minutos? Depende del cuerpo y la capacidad de cada uno) y cuando te sientas cómoda, ve a por el mediano. A veces cuesta, así que hay que ir con cuidado y usar buenas cantidades de lubricante.
No está mal marcarte tiempos de «entrenamiento» cada día en caso de que tus esfínteres sean estrechos y quejicas, como los míos. Pongamos que hablo de Historia de O.
Empieza llevando el dildo una hora al día y ve aumentando los periodos hasta que veas que el terreno empieza a ensancharse hasta el punto que tú quieras.
Sé paciente y no intentes meter más de lo que puede entrar, te harás daño; la sensación de meterte cosas por el culo es muy diferente a cualquier otra, no tiene nada que ver con el sexo vaginal, así que date tiempo para acostumbrarte a la sensación hasta que consigas encontrarla placentera.
Recuerda que tu ano cuenta con dos esfínteres: el exterior se relaja a voluntad, pero el interior se contrae de forma automática. Así que aunque mentalmente estés relajada, puede que no consigas que entre nada. Tómatelo con calma. A veces ayuda «hacer presión» hacia fuera, como si fueses a dejar un pino plantado sobre el consolador.
Y ya que estoy hablando de caca, hay que hacer una mención especial al uso inherente que la naturaleza dio a la zona donde la espalda pierde su casto nombre. O dicho de otra manera: quien hurga en la olla encuentra lentejas. Jugar con culos a veces implica tropezar con mierda. Don’t panic.
Puedes utilizar antes una lavativa, o simplemente limpiarte bien y seguir. Y si la cosa se escapa a tu control, aparca los dildos y déjalo para mañana. Tranquilos, aquí acaban mis comentarios escatológicos. Damas y caballeros, disfruten de sus anos.
– El arte del blowjob
Los que entráis en este artículo buscando algún truco mágico e infalible para complacer los deseos carnales de vuestro amante quedaréis decepcionados con lo que vengo a contaros. Y es que no existe un botón mágico, una posición ni un movimiento de lengua en tres sencillos pasos que asegure a ciencia cierta un orgasmo de dimensiones estelares.
En la vida real los trucos de la Cosmopolitan y los consejos de las webs «para mujeres» son anecdóticos, referencias con las que puedes acertar o meter la pata hasta el fondo. Y ahora que este concepto ha quedado claro, es cierto que hay una serie de puntos que en mayor o menor medida suelen funcionar.
La disposición. Las mamadas hechas con desgana nunca funcionan, y es que la felatriz ha de disfrutar tanto o más que su amante en esta celebración del placer. Esto ha de convertirse en un ir de la mano (o de la boca) en busca de los campos del edén, los fuegos artificiales, la petite mort.
En el momento en el que uno camina hacia el orgasmo mientras el otro pone cara de circunstancias algo está saliendo muy pero que muy mal.
Un buen francés tiene que ser generoso, desinteresado, elaborado con la calma y la precisión que pone el relojero en arreglar cada una de sus piezas. Haz que la carne de tu amante vibre, se ensanche y crezca hasta que no quede ni un resquicio seco en la tela de tus bragas. Disfruta del calor infinito dentro de la boca, sabiendo que eres tú la que lleva el control de la situación. Cuando la polla esté tan hinchada que parezca que va a explotar, para.
Solo durante unos milisegundos, los suficientes como para poner cara de hija de puta, guiñarle un ojo para que sepa que puedes hacer que se corra en cuanto te dé la gana, y cuando su cara se retuerza en una mueca de «¿no irás a parar ahora, verdad?» le haces una buena garganta profunda. Hondo, que te den arcadas. Que las babas le resbalen por los huevos.
Dejar el orgasmo casi a punto unas cuantas veces te asegurará una corrida épica. De las que atraviesan el cuarto y se quedan colgando de la pantalla de la tele. Una de esas que te jode el tapizado del sofá de la salita. Digna de enmarcarla y enseñársela a tus amigos cuando vengan a casa de visita: «Mira, mira, aquí fue donde Eusebio dejó plasmado todo su amor. Su estirpe. Su virilidad. La sábana santa de nuestra vida sexual».
Ay, que me voy por las ramas. Yo estaba hablando de cómo hacer una buena mamada.
Punto uno: ponle mucho interés. Punto dos: pierde el miedo al pene. El pene es tu amigo, está aquí para darte gustito, así que nada de cogerlo como si estuvieses sosteniendo un jarrón de la dinastía Ming. Agárralo con ganas.
Hay chicos a los que les gustan las embestidas fuertes presionando la polla como si no hubiese un mañana y otros que prefieren que les rechupetees como si te comieses un Calippo. Para gustos colores, así que ante la duda es mejor preguntar. O si te da un arrebato de vergüenza inesperado, ve probando cosas diferentes (a ser posible de menor a mayor intensidad, no empieces con un mordisco en el prepucio) y analiza las reacciones de tu compañero.
Lo que me lleva al punto tres: utiliza la empatía. Observa si algo le está gustando o no por los gestos, los gemidos… Si te grita con cara de dolor es momento de parar. Si tiene espasmos en las piernas y sus ojos miran hacia el cielo al estilo del éxtasis de santa Teresa es que vas por el buen camino.
En general la zona del frenillo suele ser la más sensible, y a muchos chicos les vuelve locos que les pases la lengua por los testículos. Otros lo odian, así que hay que ser precavida.
Lo que les suele gustar a todos por igual es que succiones la polla mientras practicas un movimiento de torsión.
Comprime tus mejillas hasta que parezcas Mario Vaquerizo y aspira todo el aire que puedas tener dentro de la boca.
La idea es que parezcas una aspiradora que gira sobre sí misma —pese a mis descripciones todo esto se puede hacer de forma muy elegante, lo prometo—.
Las gargantas profundas siempre son el triple-hit-combo de la cuestión, pero su buen hacer se merece un artículo aparte.
Si tienes dudas en cuanto a la teoría, deja que la intuición y el sentido común sean tus aliados.
Punto cuatro: la humedad. No es cuestión de crear una inundación ni de encharcar la cama a base de babas, pero en general nunca es mala idea un poco de saliva que sirva de lubricación natural. Tocar un pene a palo seco es el equivalente a que te metan tres dedos sin lubricante. Raspa. Duele.
Punto cinco: el espectáculo. Si quieres que tu compañero te diga que haces el amor igual que una estrella del porno (ja) tienes que aprender a hacer un buen show. El juego de las miradas suele ser muy efectivo: en lugar de cerrar los ojos concentrada mantén su mirada mientras te metes la polla en la boca, deja que los hilos de saliva cuelguen de tus labios y míralo fijamente paseando tu lengua por su glande con movimientos imposibles.
Las opciones son infinitas, así que dale caña a la imaginación: busca posturas que le dejen observar las formas más excitantes de tu cuerpo, usa un conjunto de ropa interior que te guste, mastúrbate mientras le comes. La cuestión es crear un contexto que tenga como fin la excitación.
Y por último, el ansiado punto seis: la corrida.
Siempre he dicho que los penes son bastante más interactivos que las vaginas. Sin contar con aquellas afortunadas que hacen squirtings, el hombre tiene un atributo que a mi gusto suma una cantidad maravillosa de posibilidades al arte de la felación: poder elegir dónde correrse. En el fondo me da envidia, y sé que Freud tendría mucho que decir sobre esto.
Cara, boca, tetas, culo, coño… Lo que debemos recordar a la hora de hacer que tu amante eyacule es no apretar demasiado, aprender a parar en el momento adecuado y no cambiar repentinamente el ritmo. Todo irá de perlas si además añades el show: miraditas, jugueteo y diversión.
Y ahora que has leído todo esto, haz lo que te dé la gana; no soy nadie para darte consejos. Hablad entre vosotros y decidáis lo que decidáis, poneos a ello. Ahora, mientras acabáis de leer este texto. Y me contáis qué tal en los comentarios.
(Este artículo está redactado desde mi punto de vista, como mujer, y por tanto los pronombres usados son los femeninos. Insto a los lectores a que sustituyan los pronombres por él, ello, ellx, ell@ o la opción que más les apetezca).
– Hablando con la boca llena: el cunnilingus
«Cómo comer bien un coño» encabeza todos los años la lista de asuntos más buscados en Google, y es que los órganos genitales femeninos siguen siendo ese gran desconocido al que todo el mundo quiere complacer.
Hay una primordial diferencia que impide deleitar a los coños con la simplicidad con la que te comes una polla: están ocultos. Tienen recovecos, pliegues, superficies irregulares que solo puedes llegar a conocer mediante la práctica sobre el terreno y el conocimiento del medio en cuestión.
No se hace gozar a un coño de forma obvia; con los penes basta con rechupetear, pero con los chichis hay que ser preciso, minucioso. Aquellos que han aprendido a bucear en los placeres de la carne femenina y saben sumergirse en nuestros bosques de olores y fluidos han descubierto el encaje de bolillos de la sexualidad.
Aun así hay que decir que el principal enemigo del buen cunnilingus no es la lengua inexperta, sino la desinformación. La mayoría de estímulos que llegan a nosotros (¡incluyendo el porno!) nos enseñan que a las chicas nos gusta fuerte, duro. Que nos peguen lengüetazos de vaca por todos los resquicios de nuestro sexo mientras nos taladran manualmente a toda potencia.
Y como hay muchas chicas a las que esto les encanta y otras (como una servidora) que lo detestan, la mejor manera de resolver estas diferencias es la comunicación. Pregunta si lo estás haciendo bien, o tantea sus gustos probando cosas nuevas estando muy atento a sus reacciones.
Lo que sí tienen en común los coños y los penes es que son todos diferentes. Los hay más anchos, más estrechitos, con los labios prácticamente inexistentes o tan grandes que tendrás que hablar con la boca llena.
Esa vulva perfecta que te venden en los libros de anatomía como si fuese lo más normal del mundo es uno de los miles de modelos que encontrarás durante tus andanzas. Cada uno tiene su punto: los más anchos te permiten hacer fistings, dobles penetraciones y otras cosas no aptas para contar en horario infantil.
Los pequeñitos producen más fricción pero pueden ser un suplicio a la hora de ser penetrados por miembros de tamaño pornográfico.
Hay algunos que se reducen a una simple rajita que rompe la carne.
Otros son voluptuosos y sobresalen por la ropa interior como queriendo explotar de placer.
Los hay tan peludos y mullidos que unen su vello con el de las piernas, y los hay depilados al estilo teenager.
Y todos, ¡absolutamente todos! están bien.
Centrémonos: lo mejor es comenzar con movimientos suaves, muy despacio y con la lengua plana mientras recorres los labios y el clítoris.
La mirada (una vez más) siempre es importante; no hay nada más excitante que ver la lengua de tu amante sumergida en tu cuerpo mientras te mira fijamente. Que se hunda bien en la carne mientras acaricias los muslos y las zonas cercanas a la vulva.
Una vez la chica comience a excitarse y notes tu lengua cada vez más pringosa con su lubricación, pasa a realizar movimientos rítmicos y constantes en la zona del clítoris; primero despacio para, poco a poco, aumentar la intensidad.
Los movimientos de succión ligera suelen ser efectivos, pero no intentes comerte el clítoris como si sorbieses por una pajita. Duele. Tampoco es cuestión de pegar lametones a diestro y siniestro. El buen comedor de coños sabe el punto exacto donde tiene que chupar: el clítoris, o en caso de chicas muy sensibles, el capuchón que lo cubre. Tampoco te pases con la velocidad, el ritmo lo marca ella: basta con interpretar las reacciones que provocas en su cuerpo.
Ve variando los lametones alrededor de la vulva y los labios para volver a centrarte en el clítoris, es la mejor forma de no aburrir a tu amada ni hacer que pierda sensibilidad.
Meter la lengua por la vagina puede dar mucho morbo pero no es una explosión de placer. Mi pensamiento cada vez que alguien lo intenta es «¿qué haces ahí, hijo mio?». Intentar imitar los movimientos de la penetración con la lengua, sacándola y metiéndola por el coño como si de un pene se tratase no tiene ningún sentido.
Aunque las pelis nos han enseñado que las chicas nos corremos gracias a las embestidas brutales de los sementales, la experiencia (y la estadística) afirma que la mayoría de nosotras somos clitorianas.
Dicho esto, y aunque puede que esté malversando las estrictas escrituras del comedor de coños, hay que mencionar la opción de meter los deditos. Recuerda: no hurgues. No se trata de rebañar el bote de la mermelada, meter el puño hasta los nudillos ni intentar hacer movimientos absurdos. Olvídate de las estrategias maravillosas y los trucos que te hayan contado. Las mejores posiciones son:
—Introducir dos dedos (anular y corazón) y hacer movimientos suaves hacia arriba, «tirando» suavemente hacia el ombligo. Muchas chicas preferirán que les metas más dedos, pero mi recomendación es que esperes a que sea ella quien te lo pida, o tantees tú mismo cómo de ancho es el campo de juego. Si intentas embutir cuatro dedos de golpe muchas sentiremos que estás intentando meter un tren muy ancho por un túnel demasiado estrecho. Mal.
—Sacar y meter los dedos, siempre creando una presión hacia arriba. Perfecto para conseguir el ansiado squirting y bañar a tu amante en litros de ectoplasma sexual.
Si mientras tanto usas la mano que te queda libre para apretar en la zona baja del vientre, éxito asegurado. La idea es que los dedos que tienes ya dentro creen más fricción contra la zona del punto G. Eso sí, no pongas todo tu peso en su tripa. No quieres hacerla vomitar, solo aportar un poco de presión.
No nos metáis prisa. Repetir incesantemente «¿te vas a correr?», «¿cuánto te queda?», «¿ya?» solo sirve para arruinar el orgasmo. Tómatelo con calma y cuando menos te lo esperes tendrás su cuerpo temblando de placer entre tus brazos. Aquí (¡importante!) has de mantenerte firme y no apartar la boca.
Ella se debatirá, peleará, te pondrá los pies en la espalda hasta hacerte contracturas de primer nivel, pero ¡ay de ti si separas tus labios de los suyos! Espera hasta que la última contracción se haya disipado y, solo entonces, apártate. Déjala tranquila hasta que recupere la respiración.
Por último, no olvides rebañar bien el plato: es de mala educación dejar comida en la mesa.


























