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¿Cuánto dinero ha generado Star Wars?…


Los personajes de toda la saga Star Wars

Meer(A.Biurrum) — La original Star Wars de 1977 puede figurar hoy en día en el puesto 56 de las películas más taquilleras de la historia, pero si se ajustan los números con la inflación de cuatro décadas sube hasta la segunda posición]. Solo por detrás de Gone with the wind (1939) y muy por delante de Avatar (2009), por ejemplo.

Es solo un ejemplo de los sólidos cimientos de la franquicia Star Wars, la propiedad que estableció el canon al que aspira toda media franchise desde que en 1975 George Lucas firmara el mejor acuerdo posible con 20th Century Fox.

Lucas conservaba la propiedad de Star Wars, retenía los derechos de merchandising y se garantizaba un 40% de los ingresos en taquilla a cambio de renunciar a una parte importante de su salario. Fox, obviamente, no creía demasiado en la película a pesar de estar financiándola. Uno de esos errores de juicio que hacen historia.

Sobre esa decisión, Lucas pudo edificar una franquicia de medios que ha sido el modelo que ha guiado a Hollywood desde entonces. No solo por los números obtenidos en taquilla, sino por todos los negocios que fructificaron en torno a las películas. Leyendo sobre el tema me he encontrado el Instituto de investigación Statistic Brain.

A Statistic Brain le gustar poner números a las cosas y, entre cientos de estadísticas de lo más variopinto, tienen tiempo para Star Wars. En su web, puede encontrarse una página actualizada con el dinero que ha generado Star Wars y sus ubicuas líneas de negocio a lo largo de las décadas.

¿De cuánto hablamos? Más de 28.000 millones de dólares, sumando todas las vías de explotación en 38 años.

Si representamos el imperio Star Wars como una pirámide, está claro cuáles son los cimientos. Los juguetes acaparan un 42% de los ingresos generados por Star Wars hasta la fecha, porcentaje que se traduce en más de 12.000 millones de dólares.

Le siguen en importancia los formatos de exhibición domésticos -18%, casi 5.300 millones de dólares- y, en tercera posición, los ingresos de taquilla que comprenden el 15% del total y suman más de 4.300 millones.

El desglose de los ingresos por juguetes demuestra como el fenómeno se ha ido consolidando con las décadas. El fabricante Hasbro se hizo en 1985 con la licencia que hasta entonces manejaba Kenner. Las ventas de Hasbro desde entonces comprenden el 45% de todos los juguetes Star Wars fabricados, incluyendo los de Kenner -31%-y a fabricantes de coleccionables diversos.

Mientras que en los formatos domésticos el DVD es el rey del mambo, la taquilla –sin ajustar la inflación- deja algunas sorpresas ligeramente ignominiosas como que La Amenaza Fantasma (1999) es la película más taquillera de toda la saga, seguida del Episodio III: La venganza de los Sith (2005) y ya en tercera posición queda la película de 1977.

La inclusión de Episodio VII: El despertar de la Fuerza en el gráfico se debe a los tickets vendidos en las primeras 48 horas de venta anticipada.

El 25% restante de los ingresos Star Wars se reparten entre videojuegos, libros y otras clases de merchandising. Negocios “menores” pero que generan montañas de dinero que son la envidia de cualquier otra franquicia.

Todas estas cifras vuelven a confirmar que Disney tiene entre manos una auténtica mina de oro con la que dar por bien empleados los más de 3.000 millones de euros que pagó a George Lucas por ella en 2012.

C3PO y R2D2
C3PO y R2D2

Darth Vader
Darth Vader

Chewbacca
Chewbacca

La máscara destruida de Darth Vader
La máscara destruida de Darth Vader

nuestras charlas nocturnas.


Qué son las actitudes negativas…


La mente es maravillosa(S.L.Capeluto) — Tener una visión pesimista o ser demasiado optimista, vivir atado al pasado y compararse con los demás de forma constante son actitudes empañan nuestro bienestar.

Las actitudes negativas son las que hacen que la vida se sienta más pesada. Desde convertir la queja en tu principal pasatiempo hasta criticar a otros a sus espaldas o sabotear tus propios esfuerzos, todas estas son conductas nocivas.

Continúa explorando para entender mejor tales conductas y descubrir cómo nutrir una mentalidad positiva sin quitar los pies de la tierra.

– ¿Qué tipo de actitudes se consideran «negativas»?

Según la filosofía del Ying y el Yang, todo lo bueno tiene algo malo y todo lo malo tiene algo bueno. Bajo esta mirada, puede parecer un poco injusto calificar a una actitud como totalmente negativa.

Sin embargo, es importante reconocer algunas acciones o formas de pensar que perjudican más de lo que te benefician. Así, entendemos que las actitudes negativas son aquellas que:

  • Causan desmotivación: te quitan las ganas de hacer cosas y disfrutar la vida.
  • Dañan tus vínculos: hacen que te alejes de los demás o que ellos se distancien de ti.
  • Limitan la confianza propia: te hacen dudar de tus capacidades y no te permiten reconocer tus logros.
  • Frenan tu avance personal: te impiden crecer, enfrentar retos, adaptarte a cambios y alcanzar tus metas.
  • Afectan tu bienestar: generan estrés y ansiedad y te hacen sentir mal contigo y con la vida en general.

20 actitudes negativas de una persona: lista y ejemplos

– Ejemplos de actitudes negativas

Podemos clasificar este tipo de conductas en tres grandes grupos: actitudes negativas hacia la vida en general, hacia uno mismo y hacia los demás. A continuación, te mostramos algunos ejemplos comunes. Tómate un momento para reflexionar y ver si te identificas con algunas de ellas; reconocerlas es el primer paso para transformarlas y mejorar tu bienestar.

. Hacia la vida

La actitud hacia la vida moldea la experiencia. Estas perspectivas influyen en cómo enfrentas los desafíos y tu día a día.

1. Ser pesimista

Mirar el mundo con gafas grises puede hacer que te pierdas momentos brillantes. Es que el pesimismo no solo oscurece la realidad, sino que te envuelve en una espiral de desánimo, haciendo que todo parezca un drama sin fin.

2. Ser demasiado optimista

El optimismo excesivo también es problemático. Si bien es genial ver el vaso medio lleno, ignorar o minimizar la realidad cuando golpea fuerte puede llevarte a decisiones poco realistas. ¿El resultado? Una caída dura.

3. Resistirse al cambio

La vida es un constante vaivén, y cada cambio es una oportunidad disfrazada. Es normal resistirse al principio, experimentar vértigo y dudar, pero es esencial recordar que en esos momentos de incertidumbre podemos crecer.

4. Vivir en la queja continua

¿Te consideras alguien «quejoso» a tiempo completo? Para muchos, quejarse se ha convertido en el eje de su vida diaria: del tráfico, del mal servicio en las tiendas, de las reglas del trabajo, de la lluvia que no para o del sol que quema… ¡y la lista sigue y sigue! Desahogarse está bien, pero asegúrate de no estar encerrado en un ciclo negativo.

5. Culpar al destino de todo lo malo

Responsabilizar al azar de lo que va mal puede parecer lo más fácil, cuando en realidad te deja sin opciones. Es verdad que hay ciertas cosas que escapan de tu control, pero eso no significa que debas quedarte de brazos cruzados.

6. Quedarse estancado en el pasado

Anclarse en experiencias pasadas, ya sean felices o dolorosas, impide disfrutar el presente. Es como estar en un carrusel que no te deja avanzar. Para vivir el hoy necesitas soltar esas viejas historias y abrirte a nuevas experiencias.

7. No involucrarse ni comprometerse con lo que sucede alrededor

Desinteresarse por el entorno y no comprometerse con causas o actividades sociales puede generar un sentimiento de desconexión y apatía. En cambio, involucrarte en tu comunidad y tus relaciones interpersonales enriquece tu vida y da un sentido de propósito.

🚀▷ 20 Ejemplos de Actitudes【Positivas y Negativas 💥】

Hacia uno mismo

La forma en la que te tratas y te percibes afecta tu autoestima y salud mental. 

Las creencias limitantes, así como el diálogo interno negativo, pueden convertirse en obstáculos importantes que impiden alcanzar tu verdadero potencial.

1. Tener una autocrítica excesiva

¿A veces te hablas como si fueras tu peor enemigo/a? Juzgarte de manera dura por tus errores o imperfecciones es una actitud que no hace más que dañarte. Esto puede venir acompañado de idealizar a las demás personas, lo que te deja sintiendo aún más por debajo.

2. Tener un autodiálogo negativo

Como ya dijimos, hablarte de manera despectiva puede tener un impacto enorme en tu autoestima. Cuando a cada rato te dices cosas como «no soy suficiente», «nunca lo lograré» o «soy incapaz de hacer algo bueno», alimentas una mentalidad que te limita y te aleja de tus objetivos.

3. Ser incapaz de pedir o aceptar ayuda

Pensar que tienes que hacerlo todo solo/a es un gran peso. No reconocer que todos necesitamos apoyo en algún momento puede llevarte al agotamiento y aislamiento. Es crucial recordar que cualquier persona enfrenta desafíos, y no hay razón para cargar con ellos en soledad.

4. Creer que todo lo malo siempre te pasa a ti

El victimismo representa una de las posturas más nocivas que puedes adoptar hacia ti. Esto significa pensar que el mundo está en tu contra y que siempre te atrapan situaciones complicadas. El mayor peligro de esta creencia es que te impide tomar decisiones en pro de tu bienestar.

5. Compararse con los demás de forma constante

La comparación permanente e indiscriminada puede ser el ladrón de la felicidad. Por ejemplo, si pasas todo el día mirando la vida de los demás, es muy probable que acabes sintiéndote insuficiente. Además, en la era de las redes sociales donde se muestran solo los aspectos destacados, es fácil caer en la trampa de pensar que todos tienen una vida más feliz o exitosa que la tuya.

6. Actuar en contra de tus propios intereses o metas

No podemos dejar de mencionar la actitud de autosabotaje o autoboicot. Este se manifiesta cuando tomas decisiones que van en detrimento de tus propios objetivos, como procrastinar tareas significativas, dejar pasar oportunidades que podrían beneficiarte o mantener hábitos poco saludables.

7. Evitar riesgos y no atreverse a salir de lo desconocido

El miedo a lo desconocido te mantiene en una zona de seguridad que, aunque cómoda, limita tu crecimiento. Algo importante: la zona de confort no es mala de por sí, pero tienes que saber que al aferrarte demasiado a lo familiar, puedes perder la oportunidad de aprender, desarrollarte y descubrir habilidades que ni siquiera sabías que tenías.

Mejora tu actitud en el trabajo y alcanza el éxito profesional

. Hacia los demás

Hay actitudes que destruyen las relaciones, incluso sin notarlo. Es posible que estas conductas provoquen malentendidos, conflictos innecesarios y, en general, creen tensión y desconfianza. Ejemplifiquemos.

1. Juzgar

Cuando emites un juicio de valor en las decisiones de alguien sin conocer toda la historia, quizás hieras sus sentimientos o le hagas sentir atacado. Juzgar a los demás puede ser una reacción automática, ya que vemos el mundo a través de nuestras propias experiencias y creencias, pero es crucial practicar la empatía y recordar que cada quien tiene su propia lucha.

2. Excluir

Al hacer a una persona de lado, ya sea de forma intencionada o por descuido, puedes dejarla sintiéndose sola y marginada. A veces, un simple gesto de inclusión, como preguntar cómo está alguien o invitarle a unirse, marca una enorme diferencia.

3. Criticar de forma constante

Señalar a cada rato lo malo de las acciones o decisiones de los demás no hace más que dañar los vínculos. Ejemplos como «esa camiseta te queda horrible» o «no entiendo cómo puedes ser tan torpe», son críticas destructivas que transmiten agresividad y falta de respeto.

4. Hablar mal de otros a sus espaldas

Compartir chismes o criticar a alguien cuando no está presente también puede destruir la confianza y crear un ambiente tóxico. Este tipo de actitudes solo crean divisiones y alimentan conflictos, resentimientos y falsedad dentro de un grupo.

5. Ignorar o minimizar los sentimientos de los demás

Validar las emociones de los demás es fundamental en cualquier relación. En cambio, minimizar lo que alguien siente, como si sus emociones no fueran válidas o importantes, perjudica los vínculos y hace que sean menos saludables y satisfactorios.

6. Menospreciar las opiniones o ideas de las otras personas

Desestimar lo que otros piensan o proponen, ya sea de manera abierta o sutil, hace que se sientan desalentados o poco valorados. Con el tiempo, esto llevará a que eviten compartir sus ideas contigo.

7. Hacer comentarios hirientes o usar el sarcasmo para burlarse

Cuando alguien siente que lo atacas o ridiculizas, su reacción natural es alejarse para protegerse. Ten en mente que las personas suelen recordar cómo les hacemos sentir, mucho más que cualquier otra característica nuestra.

Características de las actitudes

– Recomendaciones para evitar o reducir el chip negativo

A veces, la mentalidad negativa está arraigada a patrones profundos, como heridas infantiles, creencias limitantes o traumas no resueltos. Estas raíces dificultan reconocer y evitar las actitudes negativas por cuenta propia. En tales casos, buscar la ayuda de un profesional en salud mental es imprescindible. No obstante, existen estrategias prácticas generales que pueden apoyarte en este camino.

. Escapar de los extremos

Es fundamental aceptar que hay matices en la vida y que no todo es blanco o negro. Uno de los consejos más relevantes para gestionar las actitudes negativas es buscar puntos intermedios. Aplica casi para cualquier aspecto de la vida.

. Mejorar las habilidades sociales

También es aconsejable trabajar en tus habilidades comunicativas y de empatía. Escuchar activamente a los demás y ser más abierto/a y amable en tus interacciones puede fortalecer tus relaciones y ayudarte a sentirte más conexión.

. Actuar como si fueras la persona que deseas ser

Piensa en las cualidades que admiras de los demás y empieza a adoptarlas. ¿Valoras la creatividad artística? Pues dedica tiempo a expresarte artísticamente. ¿Quieres ser deportista? Practica deporte con regularidad. La clave está en pasar a la acción.

. Minimizar las fuentes de estrés y potenciar las de alegría

Identifica las situaciones, actividades o personas que te generen estrés y busca formas de reducir su impacto. A su vez, asegúrate de incorporar actividades que te traigan alegría y paz, como pasar tiempo con amigos o disfrutar de la naturaleza.

. Practicar la atención plena para disfrutar el aquí y al ahora

La atención plena, también llamada mindfulness, te permite estar presente en el momento. Dedica unos minutos al día a meditar, respirar profundo o tan solo observar tu entorno con curiosidad.

. Estar cerca de personas que te inspiran con su forma de vivir

Una frase del reconocido empresario y motivador norteamericano Jim Rohn refiere que somos el promedio de las cinco personas con las que más tiempo pasamos. Bajo esta lógica, rodearse de personas negativas no es la mejor opción. Más bien, deberías rodearte de quienes te motiven e inspiren. Esto te ayudará a cultivar una mentalidad que potencie tu bienestar y desarrollo personal.

. Aplicar la autocompasión y cuidar la relación con tus pensamientos

Sé amable contigo y acepta que está bien ser imperfecto. Además, presta atención a tus pensamientos y aprende a leerlos con curiosidad en lugar de juicio.

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– Todo lo que recibe atención crece

Las actitudes negativas son todas aquellas que te perjudican. En lugar de dejar que ellas dominen tu vida, enfócate en lo que te inspira, te motiva o te hace sentir bien.

De este modo, cultivarás un entorno mental más saludable. Ten en cuenta que cuando transformas las maneras de relacionarte con el mundo, con los demás y contigo mismo, los cambios llegan solos.

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La sinfonía del mal olor…


Fotografía: toddeemel (CC)

JotDown(S.Parra) — Nuestro cuerpo es una sinfonía de olores. Horrísona y también armónica, según el lugar donde hundamos nuestra nariz (o el tiempo que haga de nuestro paso por la ducha). Por ello, la cultura popular, que tiene mucho callo a la hora de resaltar lo peor de la condición humana, repite aquello de «canta la Traviata» o «son tus perjúmenes mujer los que me sulibellan» cuando se enfrenta al mal olor corporal. O «te ha abandonado el desodorante».

O, entrando en jerga más ramplona, «aquí huele a leonera» o «a choto» o «apesta a sobaca mora». La lista es tan larga y creativa como descacharrante.

Porque, a pesar de que tratemos de enmascararlo con sustancias aromáticas, el cuerpo hiede, y a veces hiede tanto que apetece ponerse una pinza de la ropa en la nariz. Y es que la sinfonía odorífera del cuerpo humano daría para una ópera de tres horas donde todo el mundo grita y llora mucho, así que vamos a centrarnos en las notas volátiles de los aromas más evidentes. Preparen, ustedes, sus fosas nasales.

  • La boca

Algunos poetas han asociado la boca humana a una cloaca, no solo porque de ella puedan brotar muchos sapos y culebras, sino porque una boca que huele mal es capaz de ahuyentar a cualquier interlocutor con una mano en la nariz y respirando cavernosamente a lo Darth Vader.

Y es que la saliva produce uno de los olores más nauseabundos del mundo, como bien sabe la doctora Erika Silletti, que ha escrito libros enteros dedicados a ella y dispone de su propio laboratorio de saliva en la ciudad holandesa de Wageningen.

Para Silleti no cabe duda de que la saliva incubada puede llegar a desprender un tufo mucho más repugnante que el olor a pies sucios o a pescado poco fresco.

Con todo, hay dos tipos de saliva. La estimulada (como la que segregamos al ver un plato suculento) y la no estimulada (la que segregamos todo el tiempo). Tal y como explica Mary Roach en su libro Glup: aventuras en el canal alimentario, la saliva estimulada «conforma entre el 70 y el 90% de entre litro y litro y medio de saliva que generamos cada uno diariamente».

El 99% de la saliva estimulada es agua, así que su aspecto, sabor y textura no difiere demasiado del líquido elemento. Con todo, las diversas variaciones de proteínas y minerales de la saliva permiten verter la siguiente afirmación de todo punto cochina: si hiciéramos una cata de salivas, cada saliva nos sabría distinta.

La saliva no estimulada es mucho más viscosa que la estimulada. Es la saliva que fluye continuamente por nuestra boca. Es tan viscosa debido a las mucinas, largas cadenas de aminoácidos que forman redes. Las mucinas son nuestras amigas porque atrapan las bacterias que llegan a nuestra boca desde el exterior y nos permite tragarlas y destruirlas con los ácidos del estómago.

A pesar de ello, en una boca normal pueden proliferar más de seis millones de bacterias, algunas beneficiosas, otras no tanto. Hay más de seiscientos tipos diferentes de bacterias bucales, y tener unas u otras depende del lugar donde vivamos e incluso de lo que indique la balanza de nuestro baño.

El mal aliento puede deberse a muchos factores, pero si se cronifica, entonces se denomina halitosis. Probablemente sea uno de los olores para los que nuestro propio cuerpo se protege mejor: es infrecuente que una persona con halitosis advierta que su boca huele mal. Pero la halitosis es un grave problema si mantenemos relaciones sociales.

Ya en el Talmud, la recopilación de antiguas leyes hebreas, se consideraba que el mal aliento era causa suficiente de divorcio.

Actualmente, el mal aliento es tan ubicuo y preocupante que mueve millones de euros en productos para eliminarlo. Por ejemplo, en 1921, Listerine no tenía demasiado éxito vendiendo líquido antiséptico. Hasta que popularizó el término «halitosis» y lanzó una campaña publicitaria que reconvirtió el antiséptico en enjuague bucal.

Las ventas anuales pasaron de los cien mil dólares hasta más de cuatro millones en solo seis años.

El elemento clave de la halitosis es un sulfuro orgánico denominado dimetil sulfuro, que también se encuentra en los excremento humanos. Curiosamente también hace acto de presencia al tostar el grano de café verde, originando un hedor muy desagradable.

Uno de los mayores expertos mundiales en halitosis es el microbiólogo Mel Rosenberg, de la Universidad de Tel Aviv, que se describe a sí mismo como un odorólogo. Gracias a él disponemos de una prueba clínica para testear el mal aliento llamada Halímetro, así como una prueba con tornasol llamada test del OK-2-Kiss, que mide la presencia de bacterias en la boca.

  • Los genitales

Flat Earth Theatre presents "The Underpants" by Steve Martin April 1-9, 2011. Featuring Maggie Carr, Justus Perry, Kathy Berenson, Mike Handelman, Nick Bennett-ZendzianBill Conley, and Michael Wayne Smith. Directed by Sarah Kimball. The Arlington Center for the Arts, Arlington
The Underpants, 2011. Flat Earth Theatre

El tufo hacia el que mostramos mayor pudibundez es el que emana de nuestros genitales, tanto masculinos como femeninos. «¿A qué huelen las nubes?», entonaba un anuncio kitsch de compresas para referirse eufemísticamente a la neutralización del olor a menstruación.

Pero la falta de olor no siempre es un buen indicativo de la salubridad de la vagina. Para muchos lectores, una vagina que hieda es una vagina sucia, un corte mucilaginoso relleno de miasmas. Pero nada más lejos de la realidad. Hay vaginas que apenas desprenden olor y otras que huelen más, pero eso depende exclusivamente del tipo de flora vaginal que ha prosperado en ellas.

Como demostró el Proyecto Microbioma Humano en 2012, hay floras vaginales ácidas y otras menos ácidas. Las primeras provocan olor, las segundas, no. Pero ambas muestran equilibradas comunidades de bacterias imprescindibles para protegerse de microorganismos patógenos.

Una vagina totalmente limpia y aséptica, pues, puede ser mucho más sucia que una vagina olorosa. Como apunta irónicamente Natalie Angier en su libro Mujer, una geografía íntima, una vagina sana debe cantar un poco, tener su propio bouquet.

Y es que la vagina es una suerte de ecosistema que cambia según las circunstancias y cuyo equilibrio resulta crucial, y que además está habitado por cinco categorías de floras microbianas, tal y como ha señalado Jacques Ravel, de la Universidad de Maryland, uno de los mayores expertos en el estudio del microbioma de la vagina.

En otras palabras, existen cinco tipos de cosmos vaginales. Y lo más llamativo es que tales categorías parecen relacionarse con etnias específicas, un poco como sucede con las bacterias de la boca. Las vaginas tipo IV son más habituales entre las estadounidenses de origen afroamericano que entre las caucásicas.

Otras categorías de vaginas son más proclives a hacer una transición a otra categoría. Las tipo II, por ejemplo, no suelen cambiar nunca. Las más olorosas no son peores ni mejores, sencillamente son de un tipo en el que se permite el crecimiento de bacterias productoras de compuestos amínicos.

En el caso del pene, los olores no revisten tal grado de tabú, pero son también una fuente de preocupación para algunos hombres.

Al igual que las vaginas, existen dos clases de penes en función del tipo de microorganismos que allí prosperan: los penes circuncidados y los penes no circuncidados. En el caso del pene circuncidado, el glande está expuesto al oxígeno del ambiente, lo que favorece la proliferación de bacterias aeróbicas.

Por el contrario, el glande cubierto por el prepucio favorece a los microorganismos que prefieren la falta de oxígeno, los anaeróbicos.

También como en el caso de la vagina, un pene demasiado higienizado es contraproducente. Los penes tienen su propio olor. Y, de hecho, en una relación monógama, los microorganismos de ambos genitales acaban siendo muy similares entre sí, en una suerte de sincronía odorífera.

En el caso de que mantengamos relaciones casuales sin preservativo, entonces las mezclas de microorganismos podrían producir olores inesperados. En estas circunstancias sería más apropiada la unión de una vagina con un pene no circuncidado, pues este alberga bacterias anaeróbicas similares a las que se producen en el ambiente cerrado de la vagina.

Un pene circuncidado, sin embargo, mostrará mayor probabilidad de alterar la flora vaginal, tal y como explica Pere Estupinyà en su libro S=EX2: «especialmente cuando hay eyaculación y el semen aumenta el pH vaginal de 3,5 a 7 dejando a la flora bacteriana por momentos indefensa ante invasores que puedan empezar a crecer sin freno».

Corolario: en caso de que nos preocupe el olor, es recomendable el sexo con profilácticos o, al menos, sexo con penes no circuncidados. No obstante, dado que la circuncisión parece proteger mejor a los hombres del contagio del VIH, gracias a dos familias de la microbiota anaeróbica (Clostridiales y Prevotellaceae), el aroma de la promiscuidad sin preservativo podría constituir un mal menor.

  • Axilas

Fotografía: Dominik Golenia (CC)

El sudor, en sí mismo, es inodoro. Básicamente está compuesto de agua en un 99%, y el 1% restante contiene pequeñas cantidades de sal, amoníaco, calcio y otros minerales. Y además resulta imprescindible para nuestra supervivencia, pues se encarga de regular la temperatura corporal.

Por ello todo nuestro cuerpo suda, a excepción de los labios, el lecho de las uñas y algunas partes de la vagina y el pene, que carecen de glándulas ecrinas. Una simple gota de sudor es capaz de reducir la temperatura de un litro de sangre en un poco más de medio grado centígrado.

De modo que sudar no debería tener tan mala prensa. E incluso lo de sudar como un cerdo, para añadirle una connotación peyorativa, es solo un mito, porque los cerdos son incapaces de sudar (lo que, por otra parte, les obliga a rebozarse en fresco barro del suelo para refrigerarse: es decir, que lo correcto sería afirmar que no sudas como un cerdo).

En ese sentido, las personas que sufren de hipohidrosis o anhidrosis (sudor escaso o incapacidad de sudar, respectivamente), tienen mayor probabilidad de morir a causa de un golpe de calor.

Cuando el sudor se mezcla con las bacterias de nuestro cuerpo, que abundan particularmente en las zonas del cuerpo cubiertas por pelo o que no son aireadas a menudo a causa de la ropa o los pliegues de la piel, se empieza a desprender el efluvio típico de gimnasio. En el caso de las axilas se cumplen ambas condiciones para generar bacterias: vello y pliegue de piel cubierto de ropa.

Por eso las axilas son los primeros árbitros que anuncian nuestra falta de higiene. A través de la axila producimos solo el 1% del sudor del cuerpo pero parece que la quintaesencia de la pestilencia a sudor se concentre justamente ahí.

Tampoco los sudores huelen igual. Según un estudio llevado a cabo en Austria, todos tenemos una huella odorífera tan representativa como la huella dactilar. Seguro que en algún episodio de CSI acabamos viendo cómo atrapan al asesino husmeándole la ropa sucia: ya en tiempos pretéritos, los médicos olían a sus pacientes para diagnosticar determinadas enfermedades.

Por ejemplo, Samuel Cooper, miembro de la Royal Society, escribía en su Diccionario de cirugía práctica (1823) que el pus se diferencia del moco por su «dulzón almibarado». Otro estudio suizo liderado por Christian Starkenmann apunta a que las axilas de las mujeres despiden un aroma a cebollas y uvas, mientras que la de los hombres se asemeja al olor acre del queso.

Entre otros factores, como los genes, el olor del sudor viene influido por lo que se come. Quienes toman mucho ajo o cebolla, o condimentan la comida con curry y otras especias, pueden llegar a oler como la olla de la cocina. Es decir, que el anterior estudio suizo probablemente arrojaría resultados diferentes si se hubiera realizado fuera de la frontera helvética.

Una dieta rica en proteínas puede generar sudor con olor a amoníaco, pero también puede ser síntoma de infección de la Helicobacter pylori, la bacteria responsable de algunos tipos de úlcera.

El olor del sudor también puede cambiar debido a determinados medicamentos, como la penicilina o algunos antidepresivos. Alguien que tiene sudor con olor a pescado puede que esté tomando suplementos vitamínicos que le proporcionan un exceso de colina, un tipo de vitamina B.

En el caso de que el sudor (y el aliento) huela siempre a pescado, entonces hay dos alternativas: o estamos ante un pescadero o alguien que padece síndrome del olor a pescado, también conocido como trimetilaminuria, un trastorno que no permite metabolizar la trimetilamina, una sustancia que hallamos en alimentos ricos en colina, como los huevos, el hígado o la carne de vaca.

  • Pies

Causas del olor de pies y tratamiento - Colegio Oficial de Podólogos de  Castilla - La Mancha

El cuerpo humano está equipado con tres o cuatro millones de glándulas ecrinas, las encargadas de producir el sudor. Pero su distribución no es equitativa. La mayoría de ellas se concentran en las manos y los pies: unas quinientas por centímetro cuadrado. El sudor de nuestras manos no suele desprender olor, pero no ocurre así con los pinreles.

Si entramos en el dormitorio de un adolescente y huele a pies probablemente están llegando hasta nosotros los efluvios de distintos compuestos, como el ácido isovalérico, el ácido propiónico, el ácido acético o el amoníaco. Todos ellos originados por bacterias que, en ocasiones, también intervienen en la elaboración de algunos tipos de queso de fuerte olor, como el Limburger o el Bel Paese.

Para demostrarlo, la microbióloga Christina Agapakis incluso ha elaborado quesos empleando cepas bacterianas de pies humanos.

Los calcetines acostumbran a constituir piezas casi radiactivas. Nadie quiere estar cerca de uno (sobre todo si está usado). Sin embargo, en el Museo Naigai, en Japón, les rinden culto con una colección de veinte mil pares, la más gigantesca del mundo.

Además, en algunos casos, el mal olor a pies puede ser nuestra salvación: en África, donde miles de personas mueren de malaria al año debido a la picada del mosquito Anopheles, prolifera una araña que siente atracción por el olor a pies. La ventaja radica en que esta araña, la Evarcha culicivora, se alimenta del mosquito Anopheles. Un caso evidente de win-win.

  • Olores que no existen realmente

Fotografía: christine kaelin (CC)

Pero también hay miasmas que solo existen en nuestra mente. Olores que, por muy desagradables que nos parezcan, solo captamos nosotros y nadie más. Como quien está sufriendo un espejismo en mitad del desierto.

Es el caso de quienes tienen una lesión del nervio olfativo debido a una infección o un traumatismo en la cabeza y padecen la llamada fantosmia. Aquellos a los que todo les huele mal tienen una vida tan difícil que, en muchos casos, incluso valoran la posibilidad del suicidio. 

Joan Liebermann-Smith, en Escucha tu cuerpo, explica lo que ocurre cuando sufrimos fantosmia u olores fantasma: «A diferencia de las visiones fantasma, en las que a menudo se ven animales muy bonitos o escenas agradables, los olores fantasma normalmente son muy desagradables».

En el caso de quienes sufren hiperosmia, existe una hipersensibilidad olfativa que les permite detectar la fragancia del perfume de una mujer mucho después de que haya abandonado la habitación, al estilo del protagonista de El perfume, de Patrick Süskind.

Así puede llegar a sonar la grandilocuente sinfonía del olor del cuerpo humano. Y si viviéramos en un mundo de dibujos animados, todos nosotros emanaríamos ese vapor oleaginoso que representa el alcance de un aroma determinado. Como bombas fétidas andantes.

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Quién es Zhang Yimin, el fundador de TikTok que se convirtió a los 41 años en el hombre más rico de China…


Zhang Yiming,  fundador de ByteDance.
Zhang Yiming estudió ingeniería de software en la Universidad de Nankai, en Tianjian.

BBC News Mundo — La creciente popularidad mundial de la red social TikTok ha convertido al cofundador de su empresa matriz, ByteDance, en la persona más rica de China.

Zhang Yiming, de 41 años, tiene un patrimonio de US$49.300 millones, un 43% mayor que en 2023, según una lista elaborada por el Instituto de Investigación Hurun.

Y aunque renunció a la firma en 2021, se estima que Zhang posee alrededor del 20% de la compañía.

A diferencia de otros grandes magnates chinos, como Jack Ma -fundador de Alibaba- o Pony Ma -creador de Tencent, otro gigante asiático- el hombre detrás del gigante tecnológico ByteDance tiene un perfil extremadamente misterioso.

Aunque se sabe muy poco de su vida, Zhang ha encendido algunas luces que permiten aproximarse a la persona detrás del empresario.

«Es un gran admirador de Mark Zuckerberg», cuenta la periodista de la BBC Zing Tsjeng, en alusión al fundador de Meta.

Zhang se crió en Longyan, una ciudad en la provincia suroccidental de Fujian, como el único hijo de una pareja de funcionarios públicos vinculados al ambiente científico.

Aunque inicialmente quería dedicarse a la biología, terminó estudiando ingeniería de software en la Universidad de Nankai en Tianjian, donde reparaba las computadoras de otros estudiantes y creaba sitios web para ganar dinero extra.

Después de graduarse, trabajó en una firma digital especializada en la búsqueda de boletos de avión, así como en una plataforma de microblogging antes de unirse a Microsoft, donde solo permaneció medio año porque, según dijo en una entrevista, estaba «aburrido».

Un poco después fundó una plataforma inmobiliaria antes de comenzar ByteDance en 2012.

«Las personas que logran grandes cosas a menudo mantienen una mentalidad muy normal. En otras palabras, si mantienes una mente normal, te aceptas como eres y te va bien, a menudo puedes hacer las cosas bien. La gente normal puede hacer cosas extraordinarias«, dijo Zhang en uno de sus discursos corporativos.

– La expansión de ByteDance

Zhang Yiming,  fundador de ByteDance.
Zhang es el cofundador de ByteDance, la empresa matriz de TikTok.

Zhang comentó en el pasado que ByteDance -ahora una de las mayores empresas tecnológicas del mundo y conocida popularmente por haber creado TikTok- surgió cuando se dio cuenta de que cada vez menos personas leían periódicos en el metro y que los teléfonos se iban a convertir en el principal medio para difundir información.

Aparentemente Zhang estaba interesado en desarrollar una aplicación que pudiera distribuir información de acuerdo a los intereses personales, que más tarde se convirtió en el agregador de noticias Jinri Toutiao, según informa el periódico South China Morning Post (SCMP).

El mismo concepto de contenido adaptado a los intereses individuales -impulsado a través del uso de inteligencia artificial- fue la base del desarrollo de aplicaciones de videos cortos como Douyin.

Conocida informalmente como una «fábrica de aplicaciones», en 2017 ByteDance lanzó la versión internacional de Douyin, conocida como TikTok, considerada como la primera aplicación china en volverse globalmente exitosa.

La empresa continuó expandiéndose hacia otros sectores digitales para diversificar sus fuentes de ingresos, incluido el comercio electrónico, los juegos o la educación.

El ascenso comercial de Bytedance, con Zhang a la cabeza, fue meteórico, hasta que en 2021 el fundador anunció que renunciaba a su cargo de director ejecutivo para «tener un mayor impacto en iniciativas a largo plazo», según dijo en aquel momento.

«La verdad es que carezco de algunas de las habilidades que hacen ideal a un gerente», dijo en un memorando publicado en el sitio web de la empresa.

«Estoy más interesado en analizar los principios organizativos y de mercado, y aprovechar estas teorías para reducir aún más el trabajo de gestión, en lugar de gestionar realmente a las personas».

La sorpresiva renuncia se produjo menos de un mes después de que los planes de salida a bolsa de la empresa fueran suspendidos.

Actualmente, ByteDance informa en su página web que cerca de un 60% de la firma es propiedad de inversores institucionales globales (como Blackrock, General Atlantic y Susquehanna International Group), el 20% es propiedad de los fundadores de la empresa y el otro 20% es propiedad de sus empleados.

– Conflicto en Estados Unidos

Logo de TikTok
TikTok podría ser prohibbida en Estados Unidos.

Como propietario de una parte de la firma, la evolución de la fortuna de Zhang está vinculada al destino de ByteDance.

Un destino que, fuera de China, ha enfrentado dificultades.

ByteDance está luchando en la Corte Suprema de Estados Unidos contra una orden de prohibición firmada por el presidente Joe Biden en abril.

La orden da a la empresa china hasta enero para vender la popular TikTok o enfrentarse a una prohibición del servicio, ya que los legisladores estadounidenses argumentan que su propiedad china plantea riesgos para la seguridad nacional.

A pesar de enfrentarse a esa intensa presión en Estados Unidos, el beneficio global de ByteDance aumentó un 60% el año pasado, lo que hizo subir la fortuna personal de Zhang Yiming.

«Zhang Yiming es el 18º nuevo Número Uno que hemos tenido en China en sólo 26 años», dijo Rupert Hoogewerf, director del Instituto de Investigación Hurun, que elabora el ranking de millonarios en China.

– El tambaleo de la economía china

Zhang Yiming escaló al primer lugar de los millonarios chinos no solo porque a ByteDance le haya ido bien.

Lo cierto es que a sus rivales en el ranking les ha ido peor que otros años al registrar menos ganancias en un año en el que la economía de China ha estado tambaleándose.

De hecho, sólo alrededor de un 30% de las personas que conforman la lista de millonarios chinos tuvieron un aumento en su patrimonio neto, mientras que el resto experimentó una disminución.

«La lista de los más ricos de China según Hurun se ha reducido por tercer año consecutivo, algo sin precedentes; la economía y los mercados bursátiles chinos han tenido un año difícil», señaló Hoogewerf.

Y explicó que los datos muestran que ha sido un buen año para algunas empresas tecnológicas, como por ejemplo para los fabricantes de teléfonos inteligentes como Xiaomi.

Pero no fue un buen período para quienes tienen sus fortunas en el mercado de las energías verdes, como los fabricantes de paneles solares, baterías de litio y vehículos eléctricos.

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Ocho hábitos sencillos para mantener alta nuestra motivación diaria…


Infobae(S.Pardo) — Lo esencial: La motivación es clave para sostener conductas que nos acercan a nuestras metas. Según los especialistas, esta fluctúa y depende de diversos factores. Brinda beneficios en distintas áreas de la vida, desde la salud mental hasta el rendimiento laboral.

Por qué importa: la desmotivación puede llevar a un ciclo de emociones negativas y menor rendimiento. Mantener la motivación es crucial para el bienestar y el éxito personal.

  • La motivación mejora la energía, confianza y relaciones interpersonales.
  • La pérdida de motivación puede derivar en apatía y baja productividad.

– Qué es la motivación

Es el motor que nos empuja para alcanzar nuestros objetivos, superando los obstáculos que se presenten. Casi inadvertida, sin embargo, es la fuerza que nos conduce y mantiene viva nuestra ilusión para lograr lo que queremos.

A veces flaquea, y es en ese momento cuando sentimos que nos falta el impulso para seguir adelante en busca de la meta. Pero estar motivado es muy bueno, dicen los expertos, y es imprescindible para el éxito personal.

El licenciado Matías Gonzalo Sánchez Sanda (MN 75.283), miembro del Departamento de Psicoterapia de INECO explicó a Infobae: “La motivación es el proceso adaptativo que energiza y dirige nuestro comportamiento hacia un objetivo o meta. Es un estado de disponibilidad para realizar ciertas acciones tendientes a lograr algo que se busca o desea.

Además, señaló que es importante entender que la motivación es un proceso dinámico, fluctuante en el tiempo y en distintos contextos o situaciones y que está influida por muchos factores.

Los objetivos a alcanzar pueden ser de diferentes tipos, afirmó Jorge Lareo Otero, psicólogo especializado en adicciones, jóvenes y adultos (M35527) del Instituto Psicológico Cláritas de Madrid, España:

  • Laborales: ser valorado por el jefe, aumento del sueldo, disfrutar más del trabajo, etc.
  • Relacionales: ser apreciado por la pareja, pasar más tiempo con los hijos, cuidar a nuestra madre, etc.
  • Salud: estar más en forma, prevenir enfermedades, etc.
  • Personales: tener más conocimiento o más cultura, estar más tranquilo, etc.

Dos tipos de motivación

Sánchez Sanda explicó que existen dos tipos de motivaciones: extrínsecas e intrínsecas.

La motivación extrínseca está relacionada con la expectativa de los incentivos y resultados de una acción, es decir, realizar una actividad como medio para conseguir un fin. Un buen ejemplo de la motivación extrínseca son las conductas que se realizan para obtener dinero, que funcionan como un motivador externo”, indicó el psicólogo.

En cambio, la motivación intrínseca se relaciona al propio valor en sí mismo de la conducta, “es decir, cuando nos encontramos motivados realizando una actividad por el mero placer de realizarla, sin que haya una recompensa externa de por medio. Un ejemplo podría ser aprender a tocar un instrumento musical”.

El licenciado Sánchez Sanda destacó que “la motivación nos permite sostener las conductas que nos acercan a nuestros objetivos, y reducir o cambiar las conductas que nos alejan de ellos. Además, el nivel de motivación que se tiene frente a una conducta va a mediar la dificultad para llevarla a cabo”.

Los beneficios de la motivación

Jorge Lareo Otero destacó los siguientes:

  • Físicos: mayor activación y energía, menos dolor muscular, mejora los hábitos de sueño.
  • Emocionales: Ilusión, felicidad, confianza.
  • Laborales: mejor rendimiento, mejor adaptación al equipo, satisfacción profesional.
  • Relacionales: aumenta y mejora la comunicación en la relación con familia, amigos, pareja.

Motivación y cerebro

La motivación involucra varias regiones del cerebro, principalmente la amígdala y la corteza prefrontal, que deben colaborar eficazmente para generar una acción adecuada, explicó la doctora Avigail Lev, psicóloga clínica a ScienceFocus.

La amígdala, centro emocional, regula la respuesta al miedo y puede impulsar la acción; sin embargo, un exceso de ansiedad, explicó Lev, puede resultar paralizante. La corteza prefrontal interviene al planificar, dividir tareas en pasos más pequeños y utilizar funciones ejecutivas superiores para alcanzar los objetivos.

La dopamina también juega un papel fundamental en la motivación, indicó a ScienceFocus la doctora Amy Reichelt, neurocientífica de la Facultad de Biomedicina de la Universidad de Adelaida en Australia. Este neurotransmisor permite aprender de las experiencias y ayuda a decidir acciones que conducen a resultados positivos.

La dopamina se libera en oleadas que afectan al núcleo accumbens, una región del cerebro que es clave en la recompensa y el esfuerzo. Está relacionada no solo con el placer sino con el deseo e impulsa la acción.

¿Cómo se relaciona todo esto con la motivación? Mantenerla implica, en primer lugar, evitar estímulos que impulsan a realizar actividades no deseadas, como las “tentaciones constantes” de las redes sociales, que promueven comportamientos que podrían distraernos de nuestros objetivos reales.

Al mismo tiempo, dicen los expertos, mantener la motivación también requiere encontrar métodos para desencadenar la liberación de dopamina al realizar tareas que debemos hacer. Esto implica identificar y asociar estas actividades con experiencias gratificantes, reforzando el impulso necesario para llevarlas a cabo.

Cómo nos afecta la desmotivación

En la otra cara de la moneda se encuentra la desmotivación. Cuando los objetivos vitales no se logran y esta situación persiste, es común que surjan emociones como la tristeza, que drenan la energía de la persona. Con el tiempo, esta falta de progreso puede apagar la motivación y las ilusiones de lograr los objetivos.

“Estar desmotivados va a generar que nos sea mucho más difícil poder llevar a cabo una tarea. Así, van a aparecer cogniciones disfuncionales y emociones negativas, impactando en nuestro rendimiento”, expresó el psicólogo de Ineco.

Cómo aumentar la motivación

Sánchez Sanda afirmó que para impulsar la motivación, lo primero que debemos hacer es tener en claro y definir frente a qué conducta u objetivo a cumplir queremos estar más motivados. Además, tenemos que identificar cuál es nuestro estado motivacional frente a la conducta a realizar o cambiar.

Algunas estrategias que podemos implementar para aumentar nuestra motivación son:

1. Identificar cuáles son las metas que nos motivan en la vida. El primer paso es conocer qué objetivos son los que nos impulsan y ver si estos objetivos son realmente importantes para nosotros. “Es importante parar de vez en cuando y evaluar los objetivos que nos estamos fijando en la vida. Analizar si estos son alcanzables, valorar la balanza esfuerzo/beneficio y medir si puedo alcanzarlos a corto, medio o largo plazo, etc.”, recomendó Lareo Otero.

2. Establecer metas realistas. “Esto es clave a la hora de sostener la motivación. Cuando se fijan metas poco realistas, se corre el riesgo de no cumplirlas, resultando en la aparición de emociones negativas, cogniciones disfuncionales, y en la disminución de la percepción de autoeficacia”, señaló Sánchez Sanda.

3. Planificar los movimientos que se deben hacer: esto permite organizar las tareas del día a día, lo que facilita mayor motivación y mejores resultados.

4. Anticipar obstáculos: permite estar más preparados frente a la aparición de problemas a la hora de alcanzar un objetivo, reduciendo la presentación de pensamientos y emociones negativos. Esto genera un impacto positivo en el mantenimiento de la motivación.

5. Identificar causas de desmotivación. “Si no me es posible lograr motivación es porque algo me está pasando en la vida que hace que mi motor de energía no encienda. Puede ser cansancio, soledad, pérdidas (trabajo, relaciones, etc.). Es importante darnos cuenta de qué nos pasa para así poder atender nuestras necesidades y recuperar la energía”, afirmó Lareo Otero.

6. Lograr un compromiso real. Si se desea obtener resultados, es fundamental definir una fecha límite. Esta es la clave para convertir el deseo en una acción concreta.

7. Hacer un balance de los pros y contras: “Es muy importante realizarlo porque ayuda a evaluar la conducta cuando el saldo del balance resulta positivo, y cuando se obtiene un resultado negativo nos permite ver la relevancia de discontinuarla; dando como resultado el aumento de la motivación para iniciar el cambio”, explicó Sánchez Sanda.

8. Ser positivos. En lugar de quejarnos y ver lo que no nos gusta de una situación, dirigir el foco de nuestra atención hacia la parte positiva y lo que podamos aprender de la experiencia que estamos atravesando.

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Ensayo: «Hasta que la muerte los separe»…


Hasta que la muerte los separe pablo amargo

JotDown(C.Fabbri/Ilustración P.Amargo) — Emilio y Julia se casaron en Argentina a comienzos de la década del noventa. El país estaba sumido en una crisis inflacionaria, en una ola masiva de privatizaciones y frente a un régimen monetario de convertibilidad del dólar. Los índices de desempleo eran altísimos y la criminalidad se había desatado.

Vivir en la Argentina era atravesar niveles de un videojuego. Pero Emilio y Julia estaban enamorados y querían casarse por iglesia. Habían nacido en Argentina y tenían ganas de vestirse de blanco y de dar el sí frente a un altar católico hasta que la muerte los separe.

Julia no había conocido a sus padres. No sabía quiénes eran. Vivía con su abuela en una casa en provincia de Buenos Aires y no tenían plata. Nada de plata tenían, apenas unos pesos debajo de la almohada. Comían matambre y salchichas. Fue la familia de Emilio quien compró el vestido de novia para Julia a un precio presumible.

Fue en una galería de la avenida Santa Fe, en pleno centro, que Julia se miró al espejo de un probador mientras daba vueltas sobre sí con toda esa tela blanca y creía que así se cumplían los sueños. O que los sueños eran eso: vestirse bien, abrazar a un hombre, dejar que los días pasen. 

El casamiento fue en una iglesia cerca del río de La Plata. Emilio esperó a su futura mujer al costado del sacerdote, un hombre que miraba el reloj cada tanto, como si estuviera llegando tarde a todos lados, todo el tiempo. Emilio miró a su esposa a los ojos intentando no marearse y, después de prometerle una infinidad de cosas, la besó. Julia hizo lo mismo.

Caminaron hacia la puerta de la iglesia envueltos en un aplauso infinito. Gente trastornada, preocupada por sus futuros, aplaudía a esos dos jóvenes que se aventurarían a una vida de clase media aspiracional.

Esa clase que no reconoce su clase, que permanentemente quiere escalar hacia otra más alta y, en el afán de subir, decae, hasta que todo ese movimiento de ascenso y descenso vuelve a empezar. Emilio y Julia tenían veinte años cuando se casaron. Tenían piernas fuertes y corazones sanos.

Veranearon en Misiones como luna de miel y se sacaron fotografías delante de las cataratas del Iguazú, una de las siete maravillas del mundo según la revista Time y la revista Gente. En las fotos se los puede ver serios pero tranquilos, con las cejas imperturbables. Lo que más se destaca son sus anillos de oro blanco.

En casi todas las fotos de la luna de miel tienen la misma cara, como si hubieran hecho un fotomontaje, en realidad, y nada de eso hubiera sucedido realmente. Aunque sí. Volaron por Aerolíneas Argentinas, que ahora pertenecía al grupo Iberia, y también se sacaron fotos arriba de la nave. Las mismas caras.

El mismo poco y gran entusiasmo. Al regreso a Buenos Aires, decoraron el departamento de Emilio para tener una sensación parecida a la novedad, conmover algo en ese inmueble que ya los venía hospedando hacía al menos un año. 

Lectio Divina: 16 de agosto de 2019 - Iglesia en Aragon

El primer tiempo fue estable. La familia de Emilio tenía empresas y ganaba en dólares, entonces el matrimonio podía subsistir gracias a ellos sin grandes preocupaciones. Julia intentó terminar su carrera de Psicología en la Universidad pública pero le fue imposible.

Los docentes no cobraban sus sueldos y suspendían las jornadas laborales. Julia abandonó entonces la ruta de su propio deseo y se quedó quieta, porque, ¿qué otra cosa podía hacer más que buscar un puñado de hijos? 

  • Entonces quedó embarazada. 

Julia tenía veinticinco años cuando llegaron las primeras náuseas. Ni bien lo supo llamó a su abuela por teléfono para contarle. La mujer estaba contenta pero también penosa. La noticia la había puesto a pensar en su propia hija, en la madre de Julia.

En dónde estaría, si estaría bien, en qué hubiera dicho cuando se enterara de que sería abuela, a tan corta edad, en este país, en este continente, debajo de todas esas nubes tan claras o de ese cielo tan hipnótico.

Pero, por supuesto, la abuela de Julia no dijo ni una palabra. Solamente felicitó a su nieta con esas palabras que se dicen. Julia no quiso pensar en sus padres invisibles esta vez.

Había algo particular en los rasgos de Julia, algo que hacía que no se pareciera a ningún ser humano de este mundo. Algo en la rigidez de sus orejas largas, un poco marcianas, o en el hueco infinito que tenía entre los dientes, en el diastema que seguramente había heredado de su padre revolucionario.

Julia tenía el gesto de una niña permanente. Alguien que, más allá de envejecer de manera orgánica, jamás luciría como el paso de su propio tiempo. Julia era una mujer desfasada, bucólica, fastidiosamente ingenua. Y ahí, con sus vestidos de volados y la permanente en el pelo, se erguía su primer embarazo. 

A los meses llegó Octavio. Era un bebé inmenso, también desfasado. Emilio le besaba la frente a su hijo mientras le juraba cosas que después no podía recordar.

La familia tipo tenía intenciones de mudarse a un departamento más grande, pero, más allá de la modesta fortuna que la familia de Emilio amasaba gracias a la ley de convertibilidad del ministro de Economía argentino, no había dinero suficiente para costear una nueva vivienda. Al año, Julia se volvió a embarazar.

Cuando llamó a su abuela para contarle la novedad, la mujer no se sorprendió y a duras penas entendió de qué le estaba hablando. Respondió con unas felicitaciones mareadas, y mencionó algo de unos pastizales en el fin del mundo. Julia no insistió, pobre mujer. Ya estaba un poco cansada, además, de los lazos de sangre y de lo inconcluso del pasado.

Paulo nació inmenso también.

No había enfermero que comprendiera cómo ese bebé había cabido en el estómago de esa mujer que parecía una niña extraviada. 

Emilio, Julia, Octavio y Paulo formaron una dinastía en la ciudad de Buenos Aires en la que nada de la crisis los afectaría y en la que erguirían el cuello por sobre cualquier desastre que los pudiera llegar a involucrar.

La vida sería pasear en auto por paisajes destacados, esquiar o escalar, nadar en los mares, viajar a otros países, ver crecer, no discurrir ni contradecir, cerrar los ojos, mirar hacia delante sin chocarse con los muebles. 

Los abuelos de Julia murieron a comienzos de la década del 2000, con un lapso de meses entre una muerte y la otra. El anciano no le vio sentido a la existencia sin la anciana y, ni bien visualizó lo vacíos que podrían llegar a ser los días de ahí en adelante, se le detuvo el corazón en un acto tan mecánico como inverosímil. Julia los despidió acompañada de sus hijos.

Emilio no pudo estar presente por problemas con la empresa familiar y con cierta nómina de empleados. Julia lloró como nunca antes delante de ese cajón abierto, y tener la cara tan arrugada la ayudó a que la vieran, al menos por un rato, como a una persona de su edad.

Paulo la miró, sorprendido, y le preguntó si lloraba porque las cosas se terminaban y Julia le respondió que no, que en absoluto. Que las cosas no tenían un fin. Que eso de los desenlaces era un invento.

Ya habían pasado más de veinte años del casamiento de Emilio y Julia, y sus hijos no estaban casi nunca en el departamento. Era Julia quien pasaba los días mirando por la ventana hacia la calle, como cumpliendo un horario de oficina. Se levantaba de la cama, abría las persianas, dejaba pasar el día y las volvía a bajar para acostarse a dormir.

Ni Emilio ni Julia se dirigían la palabra. No había asuntos que exigieran ningún intercambio de ideas. Octavio y Paulo no necesitaban resolver problemas, no eran hijos exigentes. Sus abuelos paternos podían darles cualquier cosa que se les cruzara por la cabeza. Pero ni siquiera se les cruzaban tantas cosas. 

El domicilio de Emilio y de Julia era un lugar silencioso ahora, repleto de cortinas, fundas de sillones, portarretratos y relojes de pared. Julia se miraba en el espejo de cuerpo entero que tenía dentro del placard y algunos días, sobre todo los miércoles, se preguntaba cosas.

¿Esto era ser felices? ¿El amor era haber deseado durante unos años y después haber dejado de desear? ¿El amor era simplemente recordar lo que alguna vez habían deseado?

Había gente en la televisión que se divorciaba. Que rompía aquel acuerdo de amarse en la pobreza y en la riqueza, en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe.

Había gente que todavía, a su edad, tomaba decisiones. Esa misma noche, mientras miraban la repetición de unos penales definitorios, Julia le preguntó a Emilio si eso era ser felices. ¿Felices? Emilio al principio no la escuchó, pero cuando agudizó el oído no supo qué responderle.

Cómo dormir en habitaciones separadas sin acabar con la pareja | El Correo

No estaba seguro tampoco. Apagaron el televisor y escarbaron durante horas en el significado de la pregunta, pero no llegaron a ningún acuerdo. ¿Separarse era una posibilidad? 

El país no era un conflicto en ese momento. Había aire para preguntarse otras cosas, para asomar la cabeza. Los peligros venían de otra parte. Emilio y Julia se sumieron en un silencio más profundo aún. Octavio y Paulo los visitaban de vez en cuando, y en el medio de la cena, les preguntaban si estaban conflictuados porque intuían que eso era un final. Julia les respondía que no.

Que las cosas no tenían un fin. Que eso de los desenlaces era un invento. Después volvía a llenarles el plato de comida para cerrarles el pico, como si fueran pichones de torcaza. 

Minutos antes de apagar la luz para irse a dormir, Emilio miraba el techo mientras Julia leía el apartado cultural del diario argentino. Entonces si en la televisión los matrimonios se terminaban y así volvían a renacer, ¿ellos debían hacer lo mismo? Julia negaba en voz alta cualquier posible movimiento desconocido, pero a diario soñaba que viajaba en un vagón repleto de valijas que saltaban cada vez que el tren agarraba un pozo.

Emilio juraba que dejar ir la vida de matrimonio era como inyectarse oxígeno en las venas. ¿Reestablecer una vida nueva sin ese cuerpo que había tenido al lado desde siempre? ¿Quién querría hacer eso? Separarse era morir, entonces patria o muerte.

Cuanto más se aseguraban de querer seguir juntos, más ganas tenían de no verse nunca más las caras estúpidas y joviales que habían tenido a lo largo de todos esos años, esas tardes y esas noches llenas de mosquitos, de publicidades, de planes familiares en coberturas de salud.

No podían compartir el espacio ni el oxígeno. Había algo que debía terminar, aunque no pudiera terminar en absoluto.

Y como si lo hubieran planeado sin haber planeado nada, Julia se adueñó de la cocina, y Emilio, de los balcones. Julia, de la habitación matrimonial, y Emilio, del viejo cuarto de sus hijos adolescentes, Julia, del baño principal, y Emilio, del baño de servicio. Si Octavio visitaba a su padre, no podía hablar con su madre. Paulo hacía lo mismo. Era uno o el otro. Ya no los dos. 

El matrimonio se había convertido en una comunidad de abejas que trabajaba para un mismo panal sin cruzarse jamás. Si alguien los veía por la calle, caminando con distancia pero por la misma vereda, como celadores, podía verles un pequeño brillo en los ojos. Ese destello leve del consuelo a medias. 

nuestras charlas nocturnas.


El tiempo más largo del mundo…


El tiempo más largo del mundo

The conversation(C.M.Pina) — La edad de la Tierra es de 4 540 millones de años, y ese es el tiempo más largo del mundo. Los geólogos fueron los primeros en darse cuenta de la inmensidad del pasado y, además, lo midieron.

Al hacerlo, introdujeron el concepto de tiempo profundo o geológico, en el que ha transcurrido todo lo concebible en nuestro planeta.

– La hipótesis del tiempo geológico

Una de las principales preocupaciones científicas de los fundadores de la geología fue la de comprender y medir tiempos que nadie había medido: el tiempo que tardan en elevarse y erosionarse las montañas, el que tardan en desplazarse los continentes o el que tardó en formarse nuestro planeta.

Desde mediados del siglo XX, el desarrollo de los métodos geocronológicos nos ha permitido conocer estos tiempos con precisión y actualmente es posible determinar la antigüedad de cualquier roca, incluidas las extraterrestres.

Pero la idea de tiempo geológico se desarrolló mucho antes de que pudiera medirse. En realidad, ese tiempo, que también se llama a veces tiempo profundo, fue una hipótesis propuesta por los geólogos ante la necesidad de explicar observaciones que mostraban que los procesos geológicos habían estado operando incesantemente desde los lejanos orígenes de la Tierra.

– El abismo del tiempo

James Hutton (1726-1797) fue uno de los primeros científicos que sospechó que los procesos geológicos eran extraordinariamente lentos.

La evidencia la encontró una mañana de junio de 1788 cuando llegó en una pequeña embarcación junto con James Hall (1761-1832) y John Playfair (1748-1819) a Siccar Point, no muy lejos de Edimburgo.

En Siccar Point (Escocia) se puede todavía ver como unos estratos horizontales se disponen sobre otros verticales. En este afloramiento, James Hutton encontró en 1788 una prueba de que los procesos geológicos tienen lugar a lo largo de enormes periodos de tiempo.

En Siccar Point el mar había dejado al descubierto estratos dispuestos casi verticalmente sobre los que descansaban horizontalmente otros estratos más modernos.

Ensimismado ante el hallazgo, Hutton comprendió que aquello que estaba observando con sus amigos era el resultado de un extraordinario fenómeno geológico: el plegamiento, como si fuera el fuelle de un acordeón, de los estratos más antiguos, su posterior erosión y la deposición y consolidación de sedimentos más modernos.

Estaba claro que esa secuencia de procesos requería mucho tiempo para producirse. Como más tarde escribió su amigo Playfair, delante de esas rocas “la mente parecía sentir vértigo al mirar tan lejos en el abismo del tiempo”.

Hutton también fue consciente de algo igualmente importante: la formación, transformación y destrucción de rocas se tenía que haber repetido muchas veces a lo largo de la historia de la Tierra, “sin que encontremos indicios de un principio ni perspectivas de un final”.

En aquella salvaje costa escocesa nació nuestro actual concepto de tiempo geológico.

– Lo que nos cuentan las rocas

Los geólogos deben extraer la información contenida en las rocas para desvelar su historia. Eso requiere saber lo que verdaderamente nos pueden contar las rocas.

A esa cuestión dedicó su vida el geólogo Charles Lyell (1797-1875), quien llegó a la conclusión de que los procesos geológicos que podemos observar actualmente –como la sedimentación, la erosión, las erupciones volcánicas y los terremotos– son, en esencia, los mismos procesos que actuaron en el pasado.

Marcas de oleaje en una llanura mareal actual (izquierda) y en una roca de más de 200 millones de años de antigüedad (derecha). Estas dos imágenes son una evidencia de que los procesos geológicos son esencialmente siempre los mismos. 

La conclusión de Lyell nos permite interpretar lo que observamos en las rocas recurriendo a causas y mecanismos que operan en la actualidad, algo que se suele expresar con frecuencia con la frase: el presente es la llave del pasado. Desde que fue enunciado, este principio se ha convertido en el fundamento de toda investigación geológica, incluida la que se comienza a hacer en otros planetas.

– El error de Darwin

La extensión del tiempo geológico fue también una de las principales preocupaciones de Charles Darwin (1809-1882). Para que la selección natural fuera un mecanismo de evolución efectivo era necesario que operara durante periodos de tiempo inmensamente largos. La validez de su teoría dependía dramáticamente de la edad que tuviera la Tierra.

Los cálculos del prestigioso físico William Thomson (1824-1907) en 1862, solo tres años después de la publicación de El origen de las especies, no reducían la angustia de Darwin

Thomson, basándose en una estimación de la velocidad de enfriamiento de la Tierra desde un estado inicial incandescente, afirmó que su edad sería de entre 20 y 100 millones de años. Esa edad de la Tierra era demasiado corta para que la evolución de las especies pudiera tener lugar por selección natural.

Darwin, preocupado por cómo los cálculos de Thomson cuestionaban su teoría, decidió hacer su propia estimación: calculó el tiempo que tardarían en erosionarse las formaciones rocosas jurásicas y cretácicas de Weald, al sureste de Inglaterra.

Para su cálculo, Darwin asumió que el mar había erosionado esas formaciones a razón de una pulgada (2,54 cm) por año. Aunque ese valor de velocidad de erosión era razonable, se trataba sólo de una estimación basada en observaciones generales.

Darwin concluyó que las formaciones de Weald tenían una edad de unos 300 millones de años (el tiempo que supuestamente había tardado el mar en erosionarlas).

Darwin supo, poco después, que sus cálculos eran erróneos y que había subestimado las fuerzas erosivas. En posteriores ediciones de El origen de las especies corrigió a la baja sus cálculos, pero no consiguió dar un valor convincente para las formaciones de Weald. Actualmente se sabe que estas formaciones tardaron unos 66 millones de años en erosionarse.

Thomson también hizo varias revisiones de sus sofisticados cálculos que, para desesperación de Darwin y sus colegas, proporcionaron edades para la Tierra aún menores. El desacuerdo entre geólogos y biólogos, por un lado, y físicos, por otro, condujo a una animada controversia.

Y el siglo XIX acabó sin que nadie hubiera podido medir el tiempo geológico con precisión.

Diagrama del tiempo geológico. La mayor parte de las pruebas de que la Tierra es antigua se encuentran en las rocas que forman la corteza terrestre. Las capas de roca registran los acontecimientos del pasado, y enterrados en ellas se encuentran los restos de la vida: las plantas y los animales que evolucionaron a partir de estructuras orgánicas que existían hace 3.000 millones de años. 

– Relojes para el tiempo profundo

A comienzos del siglo XX, el eminente físico Ernst Rutherford (1871-1937) y su entonces discípulo Frederick Soddy (1877-1956) ya se habían percatado de que la desintegración radiactiva de ciertos elementos podría usarse para datar rocas y, por lo tanto, para determinar la edad de la Tierra.

La idea era sencilla: si conociéramos la velocidad a la que se transforma un elemento en otro (por ejemplo, el uranio en plomo), y pudiéramos medir la relación entre la cantidad del elemento originario (uranio) y el elemento derivado (plomo) en una roca, podríamos estimar su edad.

En la práctica, la datación radiométrica de rocas no es una tarea sencilla y transcurrieron varias décadas antes de que los científicos pudieran determinar la edad de la Tierra.

Algunos de los avances más notables en el desarrollo de métodos de datación de rocas los llevaron a cabo el químico Bertram B. Boltwood (1870-1927) y el geólogo Arthur Holmes (1890-1965), quienes se centraron en la desintegración del uranio en plomo y proporcionaron las primeras (y poco fiables) medidas de rocas en las primeras décadas del siglo XX.

– El tiempo profundo

En el año 1956, el geoquímico Clair Cameron Patterson (1922-1995) determinó con exactitud la edad de la Tierra en 4 555 millones de años, un valor muy próximo a los 4 540 (+/-45) millones de años medidos recientemente con técnicas de datación radiométrica más avanzadas. Por fin, el tiempo profundo se había podido medir.

En la actualidad se han desarrollado varios métodos de datación de rocas, basados casi todos en series de desintegración de elementos radioactivos, como las del uranio-plomo, el samario-neodimio, el potasio-argón y el rubidio-estroncio.

Con las edades que proporcionan estos métodos, y sin perder de vista el principio “el presente es la llave del pasado”, los geólogos van poco a poco desvelando lo que ocurrió en la Tierra y en otros planetas a lo largo del tiempo más largo del mundo.

nuestras charlas nocturnas.


No importa lo que tus padres hicieron, AHORA el responsable de tu vida eres TÚ…


No importa lo que tus padres hicieron, AHORA el responsable de tu vida eres TÚ

La mente es maravillosa(R.Aldana) — Da igual.

No importa lo que tus padres hicieron o dejaron de hacer en su momento. 

En el presente el responsable de tu vida eres tú. 

Eres responsable de lo que creas para ti, de la familia que construyes, del auto-amor que practicas, de los abrazos que te das, del calor del afecto que generas para ti y para los que te rodean.

Sí, es cierto, lo que nos sucede en la infancia, en la adolescencia e incluso en la adultez con nuestros progenitores nos marca para toda la vida.

Sin embargo, eso no nos exime de la responsabilidad que tenemos sobre nuestra vida y nuestras emociones. 

El presente es el momento ideal para depurar nuestro pasado y desintoxicar nuestra vida sentimental.

Si el frío del afecto paterno es todavía constante, es hora de echarte encima prendas de abrigo y de encender la estufa. Las excusas y los rencores no nos permiten vivir y, mucho menos, construir un hogar en nuestro interior.

Porque un hogar es cálido y convivir en permanencia con el recuerdo de una crianza con defectos solo convierte nuestro yo afectivo en un gélido iglú. No podemos vivir si no hemos sanado nuestras heridas, si no hemos dejado a un lado el filo de los cuchillos…

– Sanar heridas de un legado disfuncional de la infancia

En mayor o menor medida todos tenemos tintes de toxicidad en nuestra infancia. 

Ocurre que en algún caso lo negativo pesa más que lo positivo y, por ende, la familia se convierte en una red compleja de relaciones, vínculos y sentimientos torcidos o ambivalentes.

Hay figuras paternas que no son sinónimo de alegría, identidad, unión, lealtad, respeto, amor y fidelidad. 

La elaboración de los vínculos con nuestros padres lejos de ese ideal nos convierte en calderos en ebullición, los cuales son génesis de dinámicas complejas y dañinas.

Puede que a simple vista se nos vea en calma, pero en realidad en lo profundo escondemos verdaderas fuerzas antagónicas que luchan por engrasar nuestras creencias, nuestros valores y nuestros sentimientos hacia el mundo y hacia nosotros mismos.

En la infancia, la familia es lo que representa nuestra realidad y nuestra referencia, por lo que no es extraño que tendamos a repetir ciertos patrones, aunque estos sean disfuncionales.

Manos heridas

Los padres son personas y como personas que son, cometen errores.

Sin embargo, el dolor provocado en el hijo se mantiene.

En este sentido, al igual que afirmamos sin pudor que debemos aprender de nuestros errores, TAMBIÉN PODEMOS HACERLO DE LOS ERRORES COMETIDOS POR NUESTROS PROGENITORES.

Así, quien no ha tenido la suerte de crecer en una familia totalmente funcional, tiene que realizar un trabajo doble para fortalecerse y apreciar el sentimiento de amor y respeto hacia uno mismo y hacia su entorno.

Para lograr esto es bueno contar con la guía de un profesional de la salud mental, el cual nos ayudará a abrir las vías de comunicación con nosotros mismos.

Las conductas autodestructivas y de castigo hacia los demás deben ser reevaluadas y rechazadas por nuestro YO PRESENTE, el cual se constituye como un yo adulto y con capacidad de discernir sobre la posibilidad de realizarse a sí mismo.

Rescatar la idea de que somos merecedores de amor y de que podemos brindarnos seguridad y afecto incondicional en primera persona es esencial para sanar las heridas que las figuras paternas, una o ambas, crearon en nuestro niño interior.

evitación mirar hacia delante

Infancia es destino, diría Freud; pero lo cierto es que no podemos vivir indefensos toda nuestra vida bajo la excusa de que tuvimos una infancia complicada y para nada ideal. 

Debemos interiorizar el mensaje de que da igual lo destructivas que hayan sido nuestras relaciones paterno-filiales, las perspectivas  sobre nuestro futuro nos corresponden a nosotros.

Verdaderamente este punto supone un reto ambicioso, pues requiere una gran voluntad de trabajo interior parar rechazar los juicios parentales de los que venimos alimentando (o desnutriendo) a nuestra autoestima toda la vida.

Seas quien seas, sentirte valioso y merecedor de la felicidad y del amor es un pilar fundamental para tu capacidad de desarrollo vital. 

Esto requiere que seas altamente empático o empática contigo, reconociendo a través de esa empatía el derecho a vivir tu propia vida tal y como tú elijas.

nuestras charlas nocturnas.


Ensayo: La autoestima y su reverso tenebroso…


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JotDown(E.A.R.Nieto) — Uno de los conceptos centrales en la era del yo es el de la autoestima. Como muchos términos científicos del ámbito psico, experimentó una gran difusión en la cultura popular. Por todos lados parece que se apuesta a favor de nuestra autoestima. Aunque uno se lo proponga, resulta muy difícil esquivar los mensajes que nos empujan a querernos más y mejor.

¿Y cómo quejarse de eso sin parecer un amargado o un rencoroso? ¿Quién puede estar en contra de reforzar la autoestima de los demás? Estos enunciados hiper-positivos esconden una trampa, como cualquier proposición que no admita réplica por ser totalmente positiva.

Durante mi residencia de psiquiatría una de mis maestras me dio un consejo que no pude apreciar completamente en su momento, pero que cada vez me ha parecido más sensato. Ante mis ansias polemistas y guerreras a nivel teórico, me aconsejó «intentar encontrar siempre la intención positiva del concepto, incluso rechazándolo».

Desde entonces, siempre que mi mente repudia categóricamente algo, intento ponerme en el lugar de las personas que lo pensaron. Ningún concepto o teoría es un completo despropósito sino que generalmente surgen con una cierta intención de mejora y progreso. Pero, claro, por múltiples motivos algunos conceptos o constructos se convierten en auténticos agujeros negros de consecuencias no previstas, muchas de ellas negativas.

Algo de esto ha sucedido con la autoestima. Nació con una pretensión de otorgar un estatus científico al amor propio, pero se ha convertido en un gigantesco coladero con el que poder justificar ante los demás actitudes de aprobación incondicional o bien de independencia extrema. La AE ha evolucionado —en gran medida contra las pretensiones iniciales de quienes la definieron— como un pretexto para no sentirnos mal rechazando al otro.

Ha ido soltando el lastre de cualquier limitación o negatividad para convertirse en una agrupación de cualidades positivas que permitan una alta competencia social.

Parte de esta evolución es debida a la propia estructura del término. Se suele decir que la AE es el componente valorativo del autoconcepto. Este último es definido en el ámbito de la psicología cognitiva como el conocimiento y las creencias que el sujeto tiene de sí mismo en todas las dimensiones y aspectos que lo configuran como persona.

Se trataría de este modo de una descripción supuestamente objetiva de la persona sobre sí misma  —mentira, ya que todos hacemos trampas al solitario— que daría lugar posteriormente a una valoración emocional o etiqueta evaluativa, la AE.

Hábitos efectivos para recuperar la autoestima y evitar sufrir una crisis  personal

Entrar en las razones por las cuales la AE colonizó todo Occidente nos llevaría demasiado lejos.

Sí que es importante observar cómo en la historia de las ideas psicológicas tenemos que dar la razón a Marx cuando decía a quien quisiera escuchar que los grandes sucesos históricos aparecían primero como tragedias y después como farsas.

El psicoanálisis freudiano es profundamente trágico, hijo de una época en la que el imperialismo de la razón daba sus últimos coletazos.

Definió un sujeto-héroe clásico rehén de un destino inconsciente. A caballo entre Edipo y Narciso. Freud nunca pretendió otra cosa que ser un científico natural, aunque a veces pueda parecer lo contrario.

La tragedia fue iluminar los aspectos inconscientes de la mente y la resistencia feroz que ello generó en cuanto que supuestamente devaluaba la ratio y al ser humano. Hubo enfrentamientos teóricos fabulosos, traiciones, herejías. Pero la polémica acabó amainando y la sociedad hizo un pacto de silencio con los descubrimientos psicoanalíticos.

Se pasó del rechazo furibundo de lo reprimido inconsciente a asumir que el nuevo sujeto occidental debía ser un sujeto liberado, emancipado, empoderado. He aquí la farsa, no en el sentido de engaño sino en el de comedia. Este proceso de conversión fue fantásticamente descrito por Adam Curtis en su documental El siglo del Yo.

De alguna manera en la sociedad se convirtió la tragedia íntima de la represión psicosexual en la comedia de la liberación. El sujeto tenía que estar liberado de todo tipo de cadenas, pudores, vergüenzas y limitaciones. Estaba naciendo el sujeto total, que únicamente goza. Es verdad que ciertas corrientes del psicoanálisis —generalmente norteamericanas— contribuyeron alegremente a este proceso, mientras que otras lo combatieron de forma activa.

Pero la sociedad aceptó en gran medida lo inconsciente al precio de convertir el proyecto psicoanalítico de liberación en una farsa. Y en esas estamos cuando hoy en día aparecen imágenes en TV de una pareja haciendo el amor en el metro a la vista de todos y dicha acción es considerada por cierta izquierda como un acto de liberación, como una respuesta a la opresión. Pero, al mismo tiempo, se ha producido una privatización a la fuerza del espacio y la mirada pública, un avasallamiento del otro.

¿Cómo denunciar ciertos actos profundamente agresivos y realizados en nombre de la autonomía y el empoderamiento sin caer en un ánimo represor? He ahí el problema en el que cae frecuentemente el ciudadano que se pretende ilustrado. Y, por cierto, he ahí una de las trampas de la socialdemocracia. Falta en la sociedad andamiaje teórico que sostenga la importancia del vínculo con los demás. El sujeto político de las democracias liberales ha caducado.

Desgraciadamente, están siendo los partidos políticos populistas quienes lo han recuperado a su manera disparatada. En este tipo de escenas se produce la pinza perfecta entre represores y liberados, en tanto ambos vienen a evacuar cualquier consideración hacia los otros. Los primeros, en nombre de la ley y las tradiciones; los segundos, en nombre del sujeto y el progreso.

El problema es que la libertad, como sostiene Byung-Chul Han, es una palabra relacional; uno se siente libre en una relación lograda, en una coexistencia satisfactoria.

Todo lo anterior no es más que uno de los factores que dan cuenta de esta transformación del sujeto, de la represión a la liberación prácticamente sin solución de continuidad. Maslow y su simplista jerarquización de las necesidades humanas dio el espaldarazo definitivo a la autoestima.

La situó del lado de la autorrealización y siempre por encima de la necesidad de aceptación social, de seguridad y de las necesidades fisiológicas. A día de hoy ya se ha rechazado esta visión teocrática y cartesiana de las necesidades humanas, pero no es menos cierto que sigue marcando la mentalidad actual. Maslow y Rogers comenzaron a difundir la aceptación incondicional del cliente-paciente.

Se asumía que los problemas psicológicos se derivaban del sentimiento de autodesprecio e indignidad, lo cual habría que erradicar mediante respeto, estimación y amor hacia el cliente. Imposible oponerse a esto, ¿verdad?

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De este modo se sentaron las bases para la explosión de la autoestima, que tuvo lugar en los años ochenta. De forma muy progresiva, los otros significativos en la vida de cada uno fueron desalojados. Mejor dicho, podían permanecer mientras fueran meros espectadores que estuvieran de acuerdo con la valoración que el sujeto hacía de sí mismo. Si la valoración de los otros significativos no encajaba con la del sujeto, dichas personas eran expulsadas porque entorpecían el desarrollo de una alta autoestima. 

Se dejó atrás un ideal de salud en el que la persona se acepta tal y como es, la verdadera autoestima. Y se evolucionó a un ideal de persona-compendio de cualidades positivas, que excluía cualquier negatividad o limitación. El empresario de sí mismo. Es por esto que Han comenta que hoy mucha gente ya no busca en sí mismo pecados sino pensamientos negativos. La valoración de sí mismo perdió todo rigor para convertirse en un cajón de sastre donde meter todo aquello que supuestamente impulsa al sujeto.

Nada de autoaceptación, ¿qué tienen que ver mis relaciones con si yo me quiero o no? Había que jugar a la ruleta. O tienes una alta autoestima o eres un perdedor. Uno de los personajes que mejor ha encarnado esta lógica endiablada es el de Jake Gyllenhaal en Nightcrawler, quien navegaba continuamente entre esos dos extremos, pero siempre desde el rechazo frontal al otro-competidor-enemigo.

Sin pretenderlo seguramente, la autoestima se ha convertido en una ruta que muchas veces acaba en el aislamiento. Parte del desastre se debe a la extirpación académica de lo inconsciente y la erogeneidad, lo que nunca va a encajar del todo en nuestra vida. Afortunadamente, las últimas teorías científicas y disciplinas como el neuropsicoanálisis lo han recuperado para el debate. Cuando se equipara vida psíquica a conciencia y voluntad, se tensionan las relaciones de forma insoportable.

De este modo, o uno se ata a las valoraciones que hacen los demás de nosotros o impone sus propias valoraciones de sí mismo a los demás. Cara o cruz, actividad o pasividad. La autoestima como lucha supone una reactualización moderna de la parábola hegeliana del amo y el esclavo. Ambos luchan a muerte por ver quién somete a quién.

Como se diría hoy, quién tiene baja y alta autoestima. No hay mejor ejemplo de ello que un anuncio en TV de estos días de una conocida marca de automóviles, según el cual la gente se divide solamente —para qué otras consideraciones— en «dos clases de personas, los pilotos y los copilotos, los que llevan las riendas y los que no». Amo y esclavo en toda su crudeza, para que luego digan que la filosofía no sirve de referente.

El inconsciente no es una oculta caja de mierda —crítica pertinente al psicoanálisis clásico que se le ha hecho en otras épocas— sino precisamente aquello que no encaja, aquello que nos vincula con otros sin saber muy bien por qué, aquello que se resiste a ser atrapado por el yo. El psicoanálisis moderno ha pasado de entender lo inconsciente como lo malo debajo de la alfombra a algo más vivo, algo que nos une a los otros o al pasado de forma autónoma, algo que ya no está solamente en la mente de uno.

La autoestima llevaba en sí misma el potencial desarrollo negativo que aquí tratamos. Es uno de los constructos que más ha contribuido al surgimiento del individuo que se explota a sí mismo, en aras de la positividad total. En los manuales de educación se considera en gran medida que la identidad se basa en el autoconocimiento.

Sin ánimo de querer cargar excesivamente contra ellos, es fácil comprender que eso es falso a todas luces. La identidad es un proceso que tiene lugar tras la incorporación de otras personas significativas, que actúan como modelos identificatorios, muchas veces de forma inesperada para el sujeto.

¿En serio alguien fanático del Barça cree que su identidad tiene que ver con un autoconocimiento total de las razones por las que se siente culé? De ninguna manera, es algo que sale de las tripas, de lo afectivo-inconsciente, de experiencias interpersonales tempranas que le marcaron.

La autoestima y 5 técnicas para reforzarla- Christian Cherbit

Evidentemente hay una intención positiva en tales manuales y pautas pedagógicas.

Pero esa forma de ver la realidad puede llegar a suponer una auténtica cárcel mental en tanto que «la respuesta que una persona da en las diferentes situaciones de su vida depende de lo que piense de sí misma […] nuestra manera de relacionarnos, el modo en que nos enfrentamos a las nuevas situaciones y estímulos, incluso nuestra apariencia externa… todo llevará el sello de ese juicio».

¡Vaya presión hacia el sujeto!

Tú eres el responsable de tu suerte, porque tú eres el responsable de tu autoestima y si te va mal en la vida, es que tú no te quieres lo suficiente.

Mensaje repetido de forma compulsiva en los últimos años como todo el mundo sabe, especialmente en los manuales de autoayuda más chuscos. He ahí los efectos de extirpar el vínculo inconsciente con los otros y asimilar sujeto=conciencia.

En otro manual para educadores se considera que «la autoestima es una experiencia íntima que habita en mi interior: es lo que yo pienso y siento respecto a mí mismo, no lo que otra persona siente y piensa respecto a mí». De ahí a la consideración del otro como enemigo y amenaza a mi autoestima hay solamente un paso.

Para ser honesto, en estos manuales se intenta siempre considerar la dignidad de las personas, pero no es menos cierto que se abusa de fomentar la adquisición de identidad a toda costa, lo cual siempre tiene lugar por exclusión de los demás. No hay nunca definición e identidad sin descarte de otros elementos. ¿Por qué hay que tener tan claro quién es uno? ¿Alguien me puede decir qué aporta eso?

De este modo se dio vía libre al refuerzo de la autoestima, que saltó desde la psicología a la pedagogía y de ahí a la calle. Si hay problemas, son de falta de amor propio y demasiada sumisión a la valoración de los demás. Independencia a toda costa. O el vínculo con los amigos y demás familiares ayuda a construir una alta autoestima o debe ser erradicado porque lastra al niño.

¿Y dónde encaja el humor en todo eso? O el humor es solamente positivo o también sobra. Todos los compañeros del colegio nos poníamos motes, nos reíamos un poco del profesor que se atoraba con la informática, calentábamos la punta del boli Bic rayándolo a saco contra la mesa para después quemar al compañero de al lado, dibujábamos barbaridades sexuales en el libro del compañero que se tenía que levantar a escribir en la pizarra…

Yo no sé si eso fomentaba mi autoestima… pero desde luego me hacía sentirme vivo y conectado, amén de descojonarme. «La autoestima es de nosotros, reside en nosotros y se refiere a nosotros». ¡Toma ya!  Básicamente los demás no pintan nada, excepto para ver el espectáculo. El lazo con los demás se convierte en irrelevante porque nunca es utilitarista, si es genuino.

El puro placer de sentirte conectado con otra persona, de conversar por conversar, de reírte con y de alguien, de hacer el payaso, de soltar una maldad, de disfrutar haciendo el amor, de lograr quedarte en silencio con un amigo sin comerte la cabeza, de olvidarte de ti un rato cuando se está en grupo… todo se puede llegar a convertir en amenazas a la autoestima.

¿Por qué? Porque son actividades que nos vinculan, que nos amarran al otro en el buen sentido y que… nos ponen a su merced. Alta autoestima ha sido convertido en sinónimo de no estar a merced de nadie. A esto se refería Houellebecq con la Ampliación del campo de batalla.

Bajo el paraguas del refuerzo de la autoestima se han legitimado socialmente relaciones tremendamente asfixiantes. ¿Si estoy reforzando el amor propio del niño… por qué debería tener algún límite? Pensamiento que, por cierto, hace muy complicado frustrarle, no vaya a ser que se lesione su autoestima.

Se ha exacerbado la expresión de los sentimientos amorosos hasta la náusea, hasta convertir el amor en muchos casos en una auténtica parodia. En psicoanálisis es bien sabido que una de las rebeliones más exitosas no es la lucha sino precisamente la parodia, la farsa, lo grotesco.

Ahí tenemos a los rebeldes idiotas de la película de Lars Von Trier como uno de los ejemplos más bellos. No hay más que pensar en un conocido programa de radio que se ha convertido en una auténtica fábrica de psicopatología, de sufrimiento futuro tapizado con emocionalidad pornográfica.

En dicho programa, el locutor —que pasó de instigar frikis a la ñoñería más ordinaria, no es casualidad— llama por ejemplo a una niña pequeña y le pasa el mensaje de su padre, quien le dice entre llantos e hipos a la niña cosas del pelaje de no sé qué haría en mi vida sin ti, eres el centro de mi vida, me levanto todos los días por ti, me has salvado la vida, etc.

Esto supone una crueldad extrema en toda regla y un acto de egoísmo salvaje en tanto extirpa a los niños uno de sus derechos más fundamentales, el de vivir despreocupados de las cosas de los adultos.

Como haríamos todos, la pobre niña se creerá que efectivamente es el centro de la vida de su padre y otras patrañas semejantes, llenando su pequeña vida de prematuras angustias, tristezas y tensiones. ¡Todo sea por el amor! ¡No puede haber nada malo en el afecto!

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Hay que prestar especial atención al hecho de que los teóricos de la autoestima la consideran una respuesta afectiva a los pensamientos relacionados con el autoconcepto. Nuevamente una falacia científica —la idea falsa de que la corteza cerebral controla arriba-abajo los afectos y los procesos corporales— que ha sido refutada hace tiempo desde diferentes disciplinas.  

O sea, los afectos de la persona son producto y nada más de los pensamientos que ella tenga de sí misma. Pero la verdad es bastante diferente, de modo que los afectos están muy relacionados con las expectativas y las pretensiones que tenemos hacia alguien. Pero nuevamente esto no ha llegado a los reforzadores de la autoestima… si el niño está triste, es que no se quiere lo suficiente, ergo hay que insistir en la autoestima y apartar relaciones tóxicas que perturben este proceso.

Volviendo a la carga negativa de la AE, es fácil ver los efectos destructivos que está teniendo en las familias. Como decíamos antes, se ha convertido en uno de los principales legitimadores de las relaciones de exclusividad total. Se puede dar la matraca al niño o niña sin freno porque lo hacemos por su autoestima, ahora los padres pueden presentarse ante los hijos como todo amor. 

Contra lo que se pueda pensar y los diagnósticos apocalípticos tertuliano-cuñadistas, la familia nunca ha tenido antes el poder casi ilimitado del que goza hoy en día. En otras épocas los padres se veían obligados a compartir la crianza con otras instituciones: club social, otros padres, ateneo, iglesia, bar del pueblo, club deportivo, etc.

Esto no quiere decir que en aquellos lugares todas las opiniones fueran acertadas, pero implicaban de facto un elemento más con derecho a opinión. Un freno ante el atosigamiento familiar. De igual manera que una pareja a veces se desangra en discusiones infinitas precisamente porque falta un tercer elemento que pueda hacer de mediador y freno.

Siempre nos cortamos un poco cuando hay otro ojo mirando. Gran parte de las cansinas polémicas educativas tienen que ver con que precisamente no se acepta la influencia emocional que puede tener un profesor, al que se trata de reducir a un paria suministrador de pura información cognitiva.

Aceptar que el niño desarrolla un vínculo afectivo con él implica la idea de compartir crianza y tolerar la no exclusividad, tolerar la presencia de un tercer foco. Hoy en día esto se acepta… malamente. La AE ha propagado la idea de que nuestros hijos deben ser extensiones nuestras, y punto.

No deben tener otras identidades, nadie más debe influir. El hecho de que el poder de la familia actual prácticamente sea ilimitado en ese sentido —líbreme Dios de decir algo en contra del sacrosanto derecho de las familias a la crianza completa— es uno de los factores que más daño está haciendo en los vínculos familiares.

No hay paradoja aquí. La asfixia —la sobreprotección no existe, como me dijo otro maestro— es de tal calibre a veces que ello dinamita los sanos vínculos familiares.

Además de la familia, la explosión de la AE ha dado lugar a relaciones infumables, o tóxicas según se dice ahora. Esta es una de las razones por las que el humor —lo negativo homeopático— se proscribe y por las cuales la indignación generalizada llega a ser estomagante. El amor propio acaba siendo tan exagerado que cualquier maldad, chorrada, tontería se convierte en blanco de la ira.

O el humor me hace quererme más y mejor, o debe ser acallado. Pero lo malo es que muchas veces nos reímos de aquello que va claramente en contra de nuestra moralidad, de nuestras convicciones o de nuestra tan preciada identidad. No se trata de tener la piel fina sino de la resistencia fanática a asumir cierta carga de negatividad inconsciente en uno.

Ello equivaldría a tener baja autoestima. ¡No puede ser! En la explanada de lapidación virtual en que se ha convertido Twitter todo ello se lleva al paroxismo, a la épica. Aparecen como setas sujetos que se dedican laboriosamente a buscar causas para indignarse. Cuando uno se identifica con el amor, con lo bueno, lo positivo o con la gente, se da vía libre a crucificar al otro.

Lo que implica que todo lo negativo está fuera, claro. Ningún trol tuitero piensa en sí mismo como indigno, equivocado o fanático. Y los efectos de esto se pueden ver en la calle, en los trabajos, en las amistades, etc.

Psicólogo Terapia Autoestima en Madrid

Los vínculos humanos se resisten a ser clasificados como únicamente positivos, pero lo cierto es que, como animales sociales, necesitamos vínculos.

Fomentar el ideal del sujeto charltonhestoniano que solo confía en sí mismo, que ve todo vínculo como sospechoso, que cree no necesitar nada de nadie es una barbarie, además de ser anticientífico.

Denigrar los vínculos humanos no es aislar al sujeto, es amputar al sujeto.

Que no nos extrañe entonces cuando el sujeto amputado, alienado, desvinculado, escoja opciones políticas extremas.

Son las únicas desgraciadamente que han puesto la cuestión del vínculo en primer plano.

De hecho, es la pura esencia del proyecto populista.

Como ya dijo Freud, se trata del hombre fuerte que dará amor a toda su gente por igual,el que nos permitirá sentirnos hermanos otra vez. ¿Nos suena de algo últimamente? Por supuesto son patrañas. Pero, como estamos viendo por la fuerza de los hechos, las fantasías no dejan de tener fuerza.

El resto de opciones políticas, desde la socialdemocracia clásica hasta el liberalismo contemporáneo, han dejado desierto este campo de juego, han escamoteado el debate convirtiendo al sujeto político en una pura abstracción, un ente etéreo —perdón por la cacofonía— que sobrevuela las relaciones humanas sin mojarse con nadie.

No existen cerebros ni mentes aislados, ni en la infancia ni en la edad adulta. Las perturbaciones graves de los vínculos de apego en la infancia pueden llegar a alterar el desarrollo estructural del cerebro. Hasta ese punto llega la importancia del vínculo.

Es fácil reconocer la motivación positiva que albergaban los teóricos de la AE, pero lo cierto es que el omnipresente refuerzo de la AE ha degenerado en una parodia de alta autoestima, capacitación y positividad. El desarrollo de una alta autoestima —de un individuo que lo va a petar— se ha convertido en un fabuloso pretexto para dar carta blanca a relaciones irrespirables en las que un tercero externo se convierte sistemáticamente en el que viene a joder.

 ¿Cómo destacar la importancia del vínculo, cómo salir de la dictadura de la positividad sin caer en el cinismo?

nuestras charlas nocturnas.


Estrategias para desconectar en un mundo hiperconectado…


Psicología y Mente(M.A.) — Que tengas la posibilidad de conectarte todos los días y a toda hora no quiere decir que tengas la obligación de hacerlo.

No descansar ni desconectar, ya sea del trabajo, de las redes sociales o de cualquier otra demanda, puede ser perjudicial para tu bienestar. En un mundo donde siempre estamos «encendidos», es súper necesario encontrar momentos para apagar y recargar.

¿Cómo puedes desconectar en un mundo hiperconectado? En este artículo, te daremos algunas claves prácticas para que puedas encontrar un equilibrio saludable entre tu vida online y offline.

– ¿Por qué es tan importante desconectar?

Desconectar no es solo un capricho, es una necesidad real para nuestro bienestar. En una época como la nuestra, en la que la información nos llega a cada segundo y las notificaciones se suceden sin pausa, nuestro cerebro está en constante alerta. Queramos o no, esta sobreestimulación tiene consecuencias directas en nuestra salud mental y física.

Cuando no desconectamos, nuestro cerebro nunca descansa del todo. Sigue procesando información, respondiendo a estímulos y generando pensamientos, lo que puede llevar a la fatiga mental, el estrés y la ansiedad. Además, la falta de descanso puede afectar nuestra capacidad para concentrarnos, tomar decisiones y ser creativos.

Pero los efectos de la hiperconexión van más allá de nuestra mente. También pueden influir en nuestro cuerpo. El uso excesivo de dispositivos electrónicos se ha asociado con problemas de sueño, dolores de cabeza, tensión muscular y problemas oculares.

Además, puede afectar nuestras relaciones sociales, ya que pasamos menos tiempo interactuando cara a cara con las personas que nos importan.

En definitiva, desconectar es una forma de cuidar de nosotros mismos. Al tomarnos un tiempo para desconectar de la tecnología y de nuestras obligaciones, permitimos que nuestro cuerpo y nuestra mente se regeneren.

Estrategias para desconectar en un mundo hiperconectado

– Señales de que necesitas desconectar para conectar

Una verdad delicada: no siempre es fácil notar cuándo hay que parar. Por eso, a veces, alguien más te lo tiene que decir.

En esta sección, exploraremos algunas señales que indican que necesitas desconectar para recargar energías y mejorar tu bienestar.

. Te sientes abrumado por la información y las notificaciones

La constante inundación de información a través de las redes sociales, las noticias y las aplicaciones puede generar una sensación de sobrecarga mental. Si te sientes abrumado por la cantidad de estímulos que recibes, es probable que necesites desconectar para procesar todo lo que está sucediendo en tu vida.

. Experimentas dificultades para concentrarte en una sola tarea

La hiperconexión puede afectar nuestra capacidad de concentrarnos en una sola tarea durante un período prolongado. Si te encuentras saltando de una tarea a otra o si te cuesta mantener la atención en lo que estás haciendo, es posible que estés experimentando los efectos de la sobreestimulación.

. Sientes una ansiedad constante y dificultad para relajarte

La ansiedad y la dificultad para relajarse son síntomas comunes de la hiperconexión. La constante necesidad de estar al tanto de lo que sucede en el mundo virtual puede generar una sensación de estrés y preocupación constante.

. Te sientes desconectado de tu entorno y de tus relaciones

La hiperconexión puede llevar a un distanciamiento de las relaciones personales y del mundo real. Si notas que pasas más tiempo interactuando a través de las pantallas que en persona, o si sientes que te estás perdiendo de experiencias importantes en tu vida, es hora de desconectar.

. Experimentas FOMO de manera intensa

El miedo a perderte algo, también llamado FOMO (Fear of Missing Out) es una emoción muy común en la era digital. Si sientes una ansiedad constante por no estar al tanto de todo lo que sucede en las redes sociales o en la vida de tus conocidos, puede ser una señal de que necesitas desconectar.

El FOMO puede generar una sensación de insatisfacción y afectar tu autoestima. Y, no, créenos que no necesitas ese tipo de presión en tu vida.

. Te cuesta conciliar el sueño

La luz azul que emiten las pantallas de los dispositivos electrónicos puede alterar la producción de melatonina, la hormona responsable de regular el sueño.

Si experimentas problemas para conciliar el sueño o te despiertas a menudo durante la noche, es probable que el uso excesivo de estos dispositivos esté impactando negativamente tu calidad de sueño.

. Sientes necesidad compulsiva de revisar tus dispositivos

Si sientes una necesidad constante de revisar tus notificaciones, tus correos electrónicos o las redes sociales, incluso cuando no hay una razón urgente para hacerlo, es posible que estés desarrollando una dependencia de la tecnología. Esta necesidad compulsiva puede interferir con tus actividades diarias y tus relaciones sociales.

Desconectar aumenta nuestra creatividad: 4 estrategias para lograrlo

– Claves para iniciar tu desconexión digital

Iniciar una desconexión digital puede parecer abrumador al principio, pero con pequeños pasos y constancia, podrás experimentar los beneficios de un descanso digital. Aquí te presentamos algunas claves para comenzar:

. Establece límites claros

Lo primero que podrías hacer es definir cuándo y dónde desconectarás. Puedes establecer horarios específicos para no usar el teléfono, como durante las comidas o antes de dormir. También puedes designar ciertas zonas de tu casa como «libres de dispositivos».

. Descarga aplicaciones que te ayuden a desconectar

Existen numerosas aplicaciones que pueden ayudarte a limitar el tiempo que pasas en tu teléfono o a bloquear ciertas notificaciones. Estas herramientas pueden ser de gran utilidad para crear hábitos más saludables.

. Encuentra actividades alternativas

Cuando sientas la necesidad de tomar el teléfono, busca actividades alternativas que te permitan relajarte y desconectar. Puedes leer un libro, practicar un deporte, meditar, pasar tiempo en la naturaleza o simplemente conversar con alguien. La clave es encontrar tareas que sean mentalmente estimulantes sin llegar a ser agotadoras, de modo que las puedas incorporar a tu rutina fácilmente sin sentir que te estás castigando.

. Comunica tus límites a tu entorno

Informa a tus amigos, familiares y compañeros de trabajo sobre tu decisión de desconectar. De esta manera, podrán respetar tus límites y evitar interrumpirte con notificaciones o llamadas innecesarias.

. Crea un espacio libre de dispositivos

Designa un espacio en tu hogar como un «santuario libre de dispositivos». Este puede ser tu dormitorio, tu sala de estar o cualquier otro lugar donde puedas relajarte sin la distracción de las pantallas. Al crear este espacio, estarás enviando una señal a tu cerebro de que es hora de desconectar.

. Desactiva las notificaciones

Las alertas constantes se han convertido en una de las distracciones digitales más significativas. Desactiva las notificaciones de las aplicaciones que no sean esenciales y silencia tu teléfono durante ciertos momentos del día. Esto te permitirá concentrarte en lo que estás haciendo y evitar la tentación de revisar tu teléfono constantemente.

. Comienza gradualmente

No intentes desconectar por completo de un día para otro. Es más efectivo hacerlo de forma gradual. Empieza por reducir el tiempo que pasas en las redes sociales o estableciendo límites para el uso de tu teléfono. A medida que sientas más comodidad, puedes ir aumentando la duración de tus desconexiones.

Recuerda que desconectar no significa aislarse del mundo. Se trata de encontrar un equilibrio entre tu vida online y offline. Al establecer límites claros y encontrar actividades alternativas, podrás disfrutar de los beneficios de un descanso digital y mejorar tu bienestar general.

nuestras charlas nocturnas.


Los sanfermines rurales: otra ‘guerra cultural’ en juego


Los sanfermines rurales: otra 'guerra cultural' en juego

The conversation(A.J.G.Rueda) — Bajo el sol implacable del mediodía, las plazas y calles de los pueblos de España se transforman, especialmente en verano, en un escenario donde se libra una batalla silenciosa. El eco de una tradición milenaria convive con una nueva conciencia que se abre paso: la mirada compasiva hacia el animal y la inquietud por su sufrimiento.

Los pueblos se convierten así en un espejo de la España aparentemente polarizada de hoy, confrontando visiones contrapuestas sobre la identidad, la cultura y el bienestar de los animales.

– Enfoques irreconciliables

El filósofo Fernando Savater señala, con dosis altas de dialéctica, que las guerras culturales pasarían, en sus propias palabras, por la “ideología de género, idolatría LGTBI, alarma catastrofista ante el cambio climático, panteísmo animalista”.

El término guerra cultural fue acuñado, en 1991, por el sociólogo James Davidson Hunter para describir los conflictos de valores que polarizan a la sociedad. Las fiestas populares con toros y vaquillas, arraigadas en muchos pueblos españoles, especialmente desde la llegada de la democracia, se han convertido en un buen ejemplo a pequeña escala de esa cuarta guerra cultural de Savater.

En 2023, se celebraron 18 939 festejos populares en torno a la tauromaquia, sin contar las corridas de toros. Por ello, para muchos habitantes del mundo rural, los festejos taurinos son un símbolo de identidad cultural, una forma de mantener viva la memoria colectiva de sus comunidades.

Pero para otra buena parte del rural y para organizaciones en defensa de los animales estas sueltas de vaquillas generan un sufrimiento a un ser vivo con meros fines de entretenimiento.

La dicotomía se establece entre tradición y bienestar animal, con poco espacio para posturas intermedias.

Los sanfermines rurales: otra 'guerra cultural' en juego |

– Lo que dice la legislación

No ayuda mucho el hecho de que desconozcamos que la regulación de los festejos taurinos ha sido objeto de controversia a lo largo de la historia de España. Las primeras prohibiciones no se remontan a la reciente historia sino que provienen del siglo XIII, con las Partidas del rey Alfonso X El Sabio.

A lo largo de los siglos, se han sucedido periodos de prohibición y tolerancia hasta la regulación actual, que reconoce, por silencio de la constitución española, la competencia de las comunidades autónomas en esta materia.

Y ayuda aún menos el que los diferentes partidos políticos que gobiernan las comunidades autónomas oscilen como un péndulo entre la prohibición, la indiferencia o la sobredosis de financiación pública para estos festejos.

Los unos consideran que estamos ante un fenómeno de maltrato animal y los otros que los festejos taurinos son parte del patrimonio cultural español y que su financiación pública es una inversión en cultura, al mismo o mayor nivel que el cine, el teatro o la literatura. Estos últimos esgrimen, con razón jurídica, que la Ley 18/2013 para la regulación de la tauromaquia como patrimonio cultural sigue estando en vigor.

– El caso de la Serranía de Ronda

La guerra no se escenifica sólo en los medios de comunicación, en las redes, en los despachos, en los lobbies y en los think tank. También se muestra de manera soterrada en los pueblos españoles con diferente nivel de intensidad.

Pongamos el foco hoy en el sur de la cordillera penibética, en la hermosa Serranía de Ronda. Dos ejemplos ilustran que los territorios no son uniformes a la hora de posicionarse en uno u otro lado del imaginario campo de batalla.

Imagen tomada de Facebook que ilustra una de las polémicas que genera este tipo de festejos.

Gaucín es un buen ejemplo de cómo los pueblos se aglutinan alrededor de la tradición del conocido como toro de cuerda del Domingo de Resurrección.

Este festejo popular cuenta, incluso, con una federación española de toro con cuerda, que integra a 24 municipios y que defiende esta práctica como una expresión viva de la tradición y un elemento de cohesión social en los pueblos.

A sólo 12 kilómetros, y algún cerro de de distancia, Benalauría, un pequeño pueblo de la provincia de Málaga, anunció a través de su ayuntamiento que para las fiestas de octubre de la patrona de este 2024 se incorporaba como novedad una suelta de vaquillas.

En una fiesta muy asociada habitualmente a lo masculino y a los jóvenes, un grupo de gente del pueblo lideró toda una campaña para que el ayuntamiento rectificara.

El cronista oficial del pueblo, José Antonio Castillo, documenta la polémica y recoge el sentir de este grupo de jóvenes y de otros vecinos del pueblo en una crónica en redes sociales en la que confiesa:

“No me veréis nunca en una plaza o coso taurino, pero tampoco me oiréis un reproche a quienes a ellos acuden. Abomino tanto de la sangre que se derrama, sea del hombre o de la bestia, como de las intransigentes prédicas que ahora pretenden borrar de un plumazo esta tradición (…) Pero esto de las vaquillas, ¿en qué obra poética o artística podríamos hallarlo? ¿Dónde están aquí la estética, el sentimiento, la pasión?”.

El Ayuntamiento, finalmente, escuchó, valoró y suspendió los festejos taurinos, volviendo al formato tradicional andaluz de fiesta: diana floreada, juegos, baile y procesión.

– Un futuro incierto

La creciente concienciación sobre el bienestar animal y la evolución de la sensibilidad social hacia el trato a los animales representan un desafío para la continuidad de estas tradiciones (o aberraciones, según quién las contemple). Por ello, su inclusión como parte del patrimonio cultural genera dilemas éticos difíciles de conciliar.

La mirada urbana hace que pensemos en la España rural como una realidad única cuando los datos y las experiencias nos devuelven una fotografía compleja y plural, también desde el punto de vista del patrimonio cultural rural.

En conclusión, estos festejos taurinos, a menudo asociados con un pasado idealizado y con la “pureza” de lo auténtico, se encuentran en el centro de un debate sobre su preservación, su adaptación a los valores del siglo XXI o su desaparición.

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Los hombres más inteligentes se comprometen más, según un estudio…


Psicología y Mente(J.Soriano) — La inteligencia no solo afecta el ámbito académico y profesional, sino que también juega un papel significativo en las relaciones de pareja. Estudios recientes sugieren que los hombres con mayor inteligencia general tienden a comprometerse más en sus relaciones y a reducir comportamientos conflictivos, favoreciendo así un ambiente de respeto y estabilidad.

Este hallazgo sugiere que la inteligencia aporta habilidades como el autocontrol y la resolución de los retos de la convivencia.

Una investigación encabezada por Gavin S. Vance, publicada en Personality and Individual Differences analizó la forma en que ciertos comportamientos de las relaciones de pareja pueden verse influenciados por la inteligencia en los hombres.

Los resultados indican que aquellos con mayores capacidades cognitivas no solo son menos propensos a recurrir a conductas hostiles, como insultos o coerción, sino que también muestran una inversión más positiva y profunda en sus relaciones.

Así, parece que la inteligencia no solo impulsa el éxito personal, sino también el desarrollo de relaciones más sólidas y satisfactorias. Veamos cómo la inteligencia ayuda a reducir los conflictos, promueve un mayor compromiso y contribuye a construir relaciones de pareja duraderas y equilibradas, destacando la relevancia de la inteligencia en la vida afectiva y el éxito de los vínculos románticos.

– Inteligencia general y vida cotidiana

La inteligencia general, también referida como factor “g”, hace referencia a la capacidad de resolver problemas, razonar y aprender de manera eficaz, y está relacionada con una variedad de beneficios en la vida cotidiana. Diversos estudios han mostrado que las personas con una mayor inteligencia suelen tener mejores resultados académicos, ocupan puestos laborales de mayor estabilidad y obtienen mejores ingresos.

Además, presentan una menor propensión a conductas de riesgo, como el abuso de sustancias o actividades delictivas. Esto sugiere que la inteligencia no solo facilita el desarrollo profesional, sino también una vida más estable y saludable en general.

El impacto de la inteligencia se extiende también a las relaciones personales y, en particular, a las relaciones románticas. En el ámbito amoroso, las personas con mayor inteligencia suelen tener menos probabilidades de divorciarse y más posibilidades de casarse y mantener relaciones estables a lo largo de su vida.

Estas ventajas pueden estar relacionadas con habilidades cognitivas específicas, como la memoria de trabajo y la capacidad de resolución de problemas, que facilitan una comunicación más fluida y una comprensión más profunda de la perspectiva de la pareja durante conflictos y momentos de tensión.

Al comprender mejor las dinámicas de pareja y gestionar las emociones, las personas con alta inteligencia pueden reducir la hostilidad y aumentar el compromiso en sus relaciones. Esto convierte a la inteligencia en una herramienta valiosa para la construcción de vínculos más sólidos, promoviendo relaciones románticas más satisfactorias y menos conflictivas.

– Beneficios de la inteligencia en pareja

Los hombres más inteligentes se comprometen más, según un estudio

Los beneficios de la inteligencia en una relación de pareja van más allá de la estabilidad general; afectan directamente la forma en que se interactúa y se gestionan los conflictos.

El estudio realizado por Gavin S. Vance y su equipo muestra que los hombres con mayor inteligencia tienden a comportarse de forma menos hostil con sus pareja, evitando comportamientos negativos como insultos, coerción sexual y tácticas que buscan retener a la pareja mediante costes emocionales. 

Estos hombres, en cambio, invierten emocionalmente en sus relaciones, mostrando compromiso, satisfacción y un esfuerzo constante por fortalecer el vínculo.

Esta relación entre inteligencia y comportamiento positivo en pareja podría explicarse a través de habilidades cognitivas clave.

Una de ellas es la capacidad para resolver problemas, la cual permite enfrentar situaciones conflictivas de forma constructiva en lugar de caer en actitudes impulsivas o destructivas.

Por ejemplo, un hombre con buena memoria de trabajo, que retiene y analiza la información del entorno, puede recordar mejor los deseos y necesidades de su pareja, contribuyendo a una comunicación más empática y efectiva.

Otro aspecto importante es la habilidad para reconocer patrones y analizar secuencias de eventos, evaluada en el subtest de series de letras y números del estudio. Esta habilidad ayuda a prever las consecuencias de los actos y, en el contexto de una relación, se traduce en una mayor capacidad para evitar reacciones impulsivas, reduciendo así los conflictos innecesarios.

Por lo tanto, la inteligencia no solo contribuye a un menor uso de tácticas negativas, sino que también promueve una mayor inversión emocional, permitiendo construir relaciones más profundas y satisfactorias. Al gestionar mejor los desacuerdos y ofrecer una visión más equilibrada, los hombres con mayor inteligencia encuentran en sus habilidades cognitivas una herramienta para consolidar relaciones duraderas y positivas.

– Inteligencia, autocontrol y compromiso

La relación entre inteligencia y compromiso en pareja también se explica a través de los procesos de autocontrol. La inteligencia general, al estar vinculada con el razonamiento y la anticipación de consecuencias, proporciona una base sólida para controlar impulsos y responder de forma reflexiva en situaciones tensas.

Este autocontrol puede reducir los conflictos, facilitando que las interacciones sean menos impulsivas y más orientadas al bienestar de ambos. Los hombres que muestran altos niveles de inteligencia pueden así evitar reacciones impulsivas en momentos de tensión, disminuyendo las probabilidades de insultos o acciones impulsivas que puedan dañar la relación.

Un hallazgo clave del estudio de Vance y su equipo es la relevancia del subtest de series de letras y números en la prueba de inteligencia, que evalúa la capacidad de reconocer patrones y secuencias lógicas.

Este tipo de habilidad permite a las personas anticipar y reflexionar sobre los efectos de sus acciones antes de actuar. En una relación de pareja, esto se traduce en una mayor capacidad para manejar los desacuerdos de forma racional, pensar antes de hablar y priorizar la resolución de conflictos en lugar de buscar una victoria individual.

Esta reflexión consciente puede ser un factor que fortalezca el compromiso, haciendo que los hombres con mayor inteligencia sean más propensos a invertir tiempo y esfuerzo en el bienestar de la relación.

El compromiso también se ve fortalecido porque el autocontrol y la capacidad de resolución de problemas facilitan una visión a largo plazo. En lugar de centrarse en pequeñas discusiones, estos hombres pueden valorar los beneficios de mantener una relación estable y armónica, priorizando el vínculo sobre los conflictos momentáneos.

En última instancia, la inteligencia promueve un enfoque maduro y equilibrado hacia la pareja, donde el compromiso surge naturalmente como resultado de una inversión emocional y racional, construyendo así relaciones más sólidas y satisfactorias.

– Limitaciones y futuras investigaciones

Los hombres más inteligentes se comprometen más, según un estudio

La investigación sugiere que la inteligencia en los hombres no solo disminuye la probabilidad de comportamientos negativos, sino que también potencia la inversión positiva en la relación, algo que se traduce en un compromiso más profundo y constante.

Los hombres más inteligentes no solo tienden a evitar conflictos innecesarios; también muestran mayor predisposición a trabajar en el bienestar de la pareja y en su propio desarrollo emocional dentro de la relación.

Una característica que se ha observado en estos hombres es una tendencia hacia una mayor satisfacción en su vida en pareja.

Esto no solo implica felicidad en los buenos momentos, sino también una disposición a enfrentar y resolver problemas cuando surgen.

La inteligencia permite evaluar las dificultades con una perspectiva más amplia y reflexiva, lo que ayuda a evitar el desgaste emocional que los conflictos constantes pueden generar. Así, estos hombres suelen experimentar menos estrés en su vida de pareja y muestran un mayor interés por resolver cualquier desafío que surja, en lugar de dejar que se acumulen tensiones sin resolver.

Este compromiso también se manifiesta mediante la construcción de una relación estable en el largo plazo. Los hombres con mayor inteligencia son más propensos a valorar el crecimiento mutuo y a construir una relación basada en la cooperación y el respeto.

Prefieren estrategias de retención basadas en la inversión positiva, como mostrar aprecio, comunicarse con claridad y cuidar de los intereses y deseos de su pareja, en lugar de usar tácticas de control o coerción.

En conclusión, la inteligencia general no solo está asociada con evitar comportamientos problemáticos, sino con una inversión activa en la relación promoviendo un ambiente de apoyo y respeto mutuo. Esto convierte a la inteligencia en un factor relevante para el éxito y la longevidad de las relaciones románticas, consolidando un compromiso genuino y duradero.

– Conclusiones

En conclusión, la inteligencia en los hombres parece ser un factor importante para el compromiso y la estabilidad en las relaciones de pareja. La capacidad cognitiva facilita el autocontrol, la empatía y la habilidad para resolver problemas, cualidades que reducen los conflictos y promueven una inversión emocional positiva en la relación. 

Los hombres más inteligentes muestran una menor tendencia a conductas impulsivas o coercitivas y, en cambio, priorizan estrategias relacionales basadas en el respeto, la cooperación y el apoyo mutuo.

Esta inclinación hacia el compromiso no solo fortalece los vínculos afectivos, sino que también genera una relación más satisfactoria y estable en el largo plazo.

Al final, la inteligencia contribuye a construir relaciones más equilibradas y saludables, convirtiéndose en un recurso valioso para enfrentar los desafíos y mantener una conexión duradera y enriquecedora con la pareja. Estos hallazgos subrayan el papel de la inteligencia en la construcción de relaciones amorosas exitosas.

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La probabilidad de la improbabilidad: el riesgo de morir en una escalera…


La probabilidad de la improbabilidad

JotDown(S.Parra) — ¿Tenéis miedo a los lápices y los bolígrafos? ¿A los muslos de pollo? ¿A la bañera? Probablemente, no. ¿Tenéis miedo a sufrir un atentado terrorista o a morir en un accidente de tráfico? Probablemente, sí. Sin embargo, nuestros miedos no están bien enfocados.

Los prejuicios no son necesariamente nocivos. Los prejuicios nocivos son los que se fundan en información sesgada o tendenciosa. Sin embargo, un prejuicio que parta de información relativamente fidedigna constituye un atajo que nos permite ahorrar tiempo minimizando riesgos.

Lo mismo ocurre con el miedo.

El problema, no obstante, es que muchos de nuestros prejuicios y miedos emanan de nuestra intuición, y no del análisis racional. Y nuestra intuición, en lo tocante a prejuicios y miedos, resulta tan incompetente como un miope sin gafas.

Basta echar un vistazo a estas cifras de lesiones producidas anualmente en Estados Unidos extraídas del compendio estadístico de Estados Unidos, según enumera el siempre chispeante Bill Bryson en su libro Historias de un gran país:

«Hay más personas heridas por el manejo de aparatos de alta fidelidad (46 022) que por el disfrute de monopatines (44 068), camas elásticas (43 655) e, incluso, hojas y maquinillas de afeitar (43 365)».

Las escaleras, rampas y rellanos ocasionan dos millones de lesiones. Monedas y billetes de banco, más de 30 000. Casi 50 000 lesiones a causa de lápices, bolígrafos y otros artículos de escritorio.

Está claro, pues, que a fin de reconducir a la buena senda nuestra intuición, recalibrando nuestros miedos, el análisis racional implica el uso de la ciencia, en general, y de las matemáticas, en particular, para así contemplar la realidad a través de unas gafas graduadas por el sentido común.

Pero ¿qué le sucede a nuestro cerebro? ¿Por qué gestiona tan torpemente sus miedos y prejuicios? ¿Por qué requiere de la asistencia de las matemáticas para obrar con cierto juicio? ¿Por qué maneja tan mal el cálculo de probabilidades?

Qué probabilidad hay de morir al caer por las escaleras o de que nos caiga  un rayo? - AS.com

– CINAC, anumerismo y otros salvavidas

El cerebro humano se fraguó en un contexto muy distinto al actual: toda la humanidad procede de una población de cazadores-recolectores que se originó en el sur de África hace 200 000 años.

Y los cerebros que se reproducían (o más exactamente los cuerpos que transportaban dichos cerebros) eran los mejor adaptados para sobrevivir a tal contexto, donde no era fundamental el cálculo extremadamente fino de probabilidades.

Por ello tropezamos tan a menudo con el CINAC (de las siglas en inglés, Correlación No Es Vínculo Causal), es decir, con el hecho de que nuestro cerebro prehistórico no dispone de herramientas estadísticas para establecer correlaciones fuertes o relaciones causa-efecto sin incurrir en sesgos.

La razón de ello estriba en que la evolución darwiniana no hace prevalecer las mejores soluciones, ni tampoco persigue la verdad o la objetividad; la evolución es satisficing (que podríamos traducir como «satisfacer de manera suficiente»), tal y como la denominó el nobel de economía Herb Simon.

La evolución es azarosa y ciega, lo que implica que algunos hitos evolutivos resultan asombrosamente eficaces, pero en otras ocasiones son simples parches que funcionan lo suficientemente bien como para no haber sido erradicados por la selección natural.

En su libro Kluge, el profesor del departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York Gary Marcus ofrece multitud de ejemplos de satisficing, como la columna vertebral (una ineficaz solución para sostener la carga de una criatura bípeda, lo que se traduce en continuos problemas de espalda) o los puntos ciegos de los ojos (que obligan a nuestro cerebro a inventarse parte de lo que vemos).

Nuestra intuición, a la hora de enfrentarse a problemas complejos, pone en evidencia las hebras de satisficing de las que está constituida. Nuestro cerebro no fue diseñado evolutivamente para pensar en términos matemáticos.

Pensar matemáticamente es tan antinatural como leer. Por ello, de puro instinto, nuestros miedos resultan ser infundados en demasiadas ocasiones y son espoleados por lo que el matemático John Allen Paulos bautizó como Innumeracy (anumerismo), esto es, nuestra incapacidad innata para comprender estadísticas y aplicar las sutilezas matemáticas a la vida cotidiana.

– Dos y dos, cinco

Ese objeto peligrosísimo que es una escalera (I): más de 300.000 accidentes  solo en Reino Unido

A pesar de que moralmente convengamos que el precio de una vida es incalculable, a nivel logístico no podemos dejarnos llevar por tal aforismo.

En muchas ocasiones, las vidas deben llevar la etiqueta de un precio a fin de invertir sabiamente los recursos del sistema.

Por ejemplo, imaginemos que alargar la vida de un individuo cuesta el 100% de los recursos, lo que implica la desatención y, en algunos casos, la muerte, de millones de personas.

Naturalmente, es un ejemplo abstracto, pero existen otros tantos reales que desafían nuestro sentido moral y nuestra intuición, sobre todo al pasarse por el tamiz de las matemáticas.

No solo estamos hablando de compañías de seguros.

El hecho de asignar determinado presupuesto al departamento de bomberos otorga ya un valor implícito a la vida, en el sentido de que algunos desastres quedarán fuera de la capacidad de intervención de los bomberos, condenado así a aquellos cuya muerte es demasiado caro evitar.

En consecuencia, administrar una nación es francamente difícil si no se dispone de un valor orientativo de las vidas de sus ciudadanos, para así priorizar los recursos, tal y como expone Eduardo Porter en su libro Todo tiene un precio:

Las directrices de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, puesta al día por última vez en 1999, valoraba una vida en 7,5 millones de dólares en dinero de 2010. El Departamento de Medio Ambiente de Gran Bretaña afirma que cada año de vida con buena salud vale 29.000 libras.

Un estudio del Banco Mundial de 2007 estimaba que la vida de un ciudadano de la India valía unos 3162 dólares al año, lo que equivale a poco más de 95 000 dólares por toda una vida.

Cuando ignoramos los costes o no sabemos ponerlos en perspectiva, nuestros miedos cervales y anuméricos promueven políticas injustas y/o ineficaces. De ello no se deriva que las políticas de cualquier signo deban conducirse exclusivamente por el pragmatismo, sino que deberíamos reevaluar nuestros criterios a la hora de otorgar un precio incalculable a una vida humana.

Un precio que, en parte, se ha instaurado debido a nuestra incapacidad natural para relacionarnos en grupos sociales densos: nuestro cerebro se forjó en una época en la que convivíamos en comunidades pequeñas, donde cada muerte era crucial para la supervivencia del resto.

El antropólogo y biólogo evolucionista Robin Dunbar ha estimado que nuestro cerebro está preparado para asimilar conscientemente una comunidad con un tamaño máximo de 150 individuos, después de analizar 21 sociedades distintas de cazadores y recolectores, desde los walbiri de Australia hasta los tauade de Nueva Guinea.

El número medio de miembros de cada poblado es de 148,4. Las sociedades actuales conviven en densidades de millones de individuos, de modo que nuestro cerebro percibe esa cifra como una nebulosa indefinida a efectos psicoemocionales. Cuando pensamos en mucha gente, pensamos en unas 150 personas.

Cuando muere una persona, muere una de ese grupo de 150. Tal y como explica Steven Johnson en Sistemas emergentes: «Tenemos un don natural para teorizar acerca de otras mentes, mientras no sean demasiadas. Tal vez si la evolución humana hubiera continuado durante aproximadamente otro millón de años, todos nosotros modelaríamos la conducta de ciudades enteras».

Por ello los efectos psicológicos de resultas del fallecimiento de quince individuos en un atentado terrorista pueden ser tan profundos, aunque morir a causa del terrorismo resulte anecdótico, y el tiempo en el que estamos pensando en esos quince individuos probablemente habrán muerto mil más por otras causas.

Mil muertes a las que no hemos prestado ningún interés emocional porque los medios de comunicación no han concentrado nuestra limitada atención en ellas.

Qué es el Principio de la Improbabilidad? | Explora | Univision

El ejemplo paradigmático que suele emplearse para explicar la necesidad de un cálculo racional de coste-beneficio para la vida humana es el ataque terrorista que sufrió Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001.

En el transcurso de los siete años posteriores al ataque, el gobierno gastó 300 000 millones de dólares en reforzar la seguridad interior, lo que elevó el coste de cada vida salvada en función del número de muertos que probablemente se evitarían a una cantidad que oscila entre los 64 y los 600 millones de dólares. Por persona.

Cabe de nuevo insistir, por si al lector le sobreviene un brote de anumerismo, que comparar costes con beneficios es indispensable en un mundo donde hay que asignar fondos finitos a prioridades que compiten unas con otras.

Por cada vida salvada reforzando idílicamente la seguridad interior, se perdieron muchas otras. Y también se perdieron en cuanto la intuición colectiva, espoleada por el miedo más primario, provocando que murieran muchas más personas de la que lo habían hecho en el atentado de las Torres Gemelas.

La razón es que mucha gente, temerosa de volar, optó por coger el coche en vez del avión. Como viajar en coche es porcentualmente mucho más peligroso que hacerlo en avión, ese extra global de kilómetros de carretera incrementó el número de víctimas de una forma espectacular. Como si se hubieran sucedido muchos más atentados invisibles.

Mientras se dedica una semana entera a hablar de una niña desaparecida, se deja de hablar de genocidios, hambrunas u otros problemas más acuciantes, a la vez que se permeabiliza emocionalmente a la sociedad para promulgar leyes descompensadas con la realidad.

Porque «la información estadística abstracta no nos influye tanto como la anécdota», tal y como ha señalado el miembro del Instituto de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York Nicholas Taleb Nassim en su libro El cisne negro.

Tras el 11-S se invirtieron tantos recursos policiales en la lucha contra el terrorismo que otros departamentos quedaron desatendidos, a pesar de que el trabajo mata diez veces más gente que el terrorismo.

O que, tal y como han escrito Steven D. Levitt y Stephen Dubner en Superfreakonomics, «la probabilidad de que un norteamericano muera por un atentado terrorista en un año dado es aproximadamente de uno entre cinco millones. Tiene 575 veces más probabilidades de suicidarse».

Premio Abel de matemáticas 2024: la improbabilidad de que una moneda  lanzada 1 000 veces salga cara en 600Premio Abel de matemáticas 2024: la  improbabilidad de que una moneda lanzada 1 000 veces salga cara en 600

Aunque no se hubiera producido un atentado como el de las Torres Gemelas, el miedo que la gente tiene a volar acostumbra a ser más acentuado que a viajar en coche o en tren, a pesar de que, como señaló Arnold Barnett, profesor del Massachussetts Institute of Technology (MIT), un niño estadounidense tiene más probabilidades de ser escogido como presidente de su país en algún momento de su vida que morir en un avión de pasajeros.

En el campo de la seguridad aeronáutica, el riesgo de morir en un vuelo elegido de forma aleatoria se conoce como Q. El Q de subir a un vuelo nacional estadounidense es de 1 entre 60 millones; el Q de un viaje en coche es alrededor de 1 entre 9 millones, casi siete veces más que el riesgo de morir en un vuelo nacional.

Barnett, paralelamente, analizó las portadas del The New York Times, descubriendo que la cobertura que se dedicaba a los accidentes de aviación era 1500 veces mayor que los accidentes de carretera; y 6000 veces mayor que la cobertura que se dedica al cáncer, la segunda causa de muerte en Estados Unidos después de los ataques al corazón.

El de las Torres Gemelas no es el caso más extremo de toma decisiones basadas en el miedo. El economista de la Oficina de Información y Regulación de la Casa Blanca John F. Morrall III publicó un estudio de los costes y beneficios de la administración de George W. Bush. Una de las normas emitidas en 1985 por parte de la Administración para la Salud y Seguridad Ocupacional para reducir la exposición en el trabajo al formaldehído salvaba solo 0,01 vidas al año a un coste de 72 000 millones por vida.

Otro estudio sobre los costes y beneficios acerca de la estrategia de la OMS para combatir la tuberculosis subsahariana, Economic Benefit of Tuberculosis Control, documento de trabajo de investigación política del Banco Mundial de 2007, determinó que, de continuar adelante, costaría 12 000 millones de dólares entre 2006 y 2015, pero solo en Etiopía tal programa salvaría 250 000 vidas (92 de cada 100 000 etíopes muere de tuberculosis cada año).

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No es importante aquí hasta qué punto estos estudios son precisos, lo relevante es que desafían frontalmente nuestra intuición, y por tanto nos indican que nuestros esfuerzos, acaso, deben estar dirigidos a mejorar dichos estudios, no a perpetuar el mantra (nacido de un parche prehistórico deficitario) de que la vida no tiene precio o que no podemos vivir con miedo.

En ese sentido, el tratamiento de las noticias de los medios de comunicación resulta fundamental a la hora de forjar miedos colectivos sin fundamento.

Estadísticamente, la mayoría de los medios de comunicación, además, emiten más noticias negativas que positivas, convirtiendo el mundo en un lugar lleno de peligros, tal y como ha analizado el neurocientífico David Eagleman, del Baylor College de Medicina.

La razón no estriba en una suerte de miopía por parte de los medios, sino en que los anuncios de situaciones agoreras suscitan más la atención del público porque estimula su amígdala.

La amígdala es una parte del lóbulo temporal de nuestro cerebro que tiene forma de almendra y es responsable de las emociones primarias. Cuando recibimos información amenazante, la amígdala se vuelve hipervigilante y merma nuestra capacidad de ponderar los datos recibidos.

Es la razón de que todos nos volvamos paranoicos cuando se ha anunciado en una ciudad de cuatro millones de habitantes que se ha producido en secuestro de un niño, a pesar de que la probabilidad de que nuestro hijo sea secuestrado es remota, en comparación con otros riesgos.

Tal y como señalan Peter H. Diamanis y Steven Kotler en su libro Abundancia, cuando la amígdala toma el control «el sistema también está diseñado para no apagarse hasta que el peligro potencial haya desaparecido completamente, pero los peligros probabilísticos nunca desaparecen totalmente».

Por esa razón el terrorismo es un arma tan efectiva. Por ello, con independencia de la cifra de muertos en las carreteras, el público se conmoverá con la idea de que debemos luchar hasta que rebajemos la cifra de víctimas a cero.

La gente interpretará, por tanto, que el mundo no es un lugar seguro, y que incluso en más inseguro que nunca, una percepción totalmente falsa de la realidad, tal y como denuncia Marc Siegel, de la Universidad de Nueva York, en su libro False Alarm: The Truth About the Epidemic of Fear:

Estadísticamente, el mundo industrializado nunca ha sido más seguro que ahora. Muchos de nosotros vivimos más y con menos incidentes que nunca.

Sin embargo, vivimos los miedos del peor de los casos […] Los peligros naturales ya no están ahí, pero los mecanismos de respuesta siguen en su sitio, y hoy día están en funcionamiento la mayor parte del tiempo. Hemos convertido nuestro mecanismo adaptativo del miedo en un pánico injustificado.

– Probabilidades contraintuitivas

Calcular el coste de una vida resulta una tarea demasiado fría e incómoda, pero quizá no lo es tanto ponerle precio a pequeños cambios cotidianos en aras de modificar nuestras probabilidades de morir.

En tal caso, somos nosotros mismos, por acción u omisión, consciente o inconscientemente, numérica o a-numéricamente, los que ponemos precio a nuestra vida o la vida de otros (aunque sea por probabilidad). Cuando decidimos abrocharnos o no el cinturón de seguridad en el coche, por ejemplo.

O cuando adquirimos un casco de bicicleta para nuestros hijos (en tal caso, según un estudio realizado en 2003 por W. Kip Viscusi y Joseph Aldy sobre esta inclinación, The Value of a Statistical Life: A Critical Review of Market Estimates Throughout th World, se concluyó que los padres valoraban la vida de sus hijos entre 1,7 y 3,6 millones de dólares).

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Cuando permitimos que los medios de comunicación dediquen más tiempo a informar sobre accidentes aéreos o acerca de atentados terroristas, jalonando una cobertura mediática extraordinaria con perfiles de familias conmocionadas, estamos poniendo precio a nuestras vidas, influyendo en el miedo de la ciudadanía y, en consecuencia, dirigiendo torticeramente su postura política y administrativa sobre tales sucesos.

Pero estos datos en frío pueden orientarnos a la hora de escoger actuar de uno u otro modo, y así tomar riesgos que no son tales.

Hasta puntos tan extremos como el que denuncia John Allen Paulos, que afirma que el número de muertos por tabaco equivale aproximadamente a tres aviones Jumbo estrellándose cada día: más de trescientos mil norteamericanos al año.

Sin embargo, la gente no tiembla de terror cada vez que alguien enciende un mechero.

De hecho, vivir en Norteamérica (y en general en cualquier país del primer mundo) te condena a riesgos mucho más elevados que prácticamente pasan desapercibidos por los medios de comunicación, tal y como explica pormenorizadamente Ben Sherwood en su libro El club de los supervivientes:

Más de 115 millones de personas visitan las salas de urgencias cada año en Estados Unidos. Eso supone 315 000 al día o 13 125 cada hora. Cada vez que chasqueamos los dedos hay tres personas que entran rápidamente por la puerta de una sala de urgencias de algún lugar de Estados Unidos […]

Los mordiscos de perros envían a cuarenta y cuatro personas a urgencias cada semana. Nueve personas mueren cada día por ahogarse accidentalmente y casi tres sufren descargas eléctricas.

A pesar de que invertimos gran parte de nuestra energía mental en los riesgos de volar, sufrir un atentado terrorista, o ser secuestrado, nuestros verdaderos riesgos son otros.

Todos tenemos miedo de que nuestro hijo sea secuestrado por un desconocido, y se dedican muchos recursos a evitarlo, pero el verdadero riesgo se encuentra en la interacción con los miembros de la propia familia, por ejemplo.

Exigimos estrictos protocolos en los juguetes para que los niños no se atraganten al tragar alguna de sus piezas pequeñas, pero nos olvidamos de que las muertes por atragantamiento relacionadas con el simple acto de comer: el 90 % de los casos se deben a la coordinación inmadura de la ingestión en menores de cinco años, tal y como explica la experta en el sistema digestivo Mary Roach en su libro Glup:

Cambia la palabra "imposible" por "improbable" y notarás los resultados. -  Negocios1000

Es mejor que un niño se trague un animal de corral de plástico o un soldado de juguete, porque el aire puede pasar entre sus piernas o alrededor de su rifle.

Salchichas, uvas y caramelos redondos ocupan los tres primeros puestos de una lista de alimentos asesinos publicada en el número de julio de 2009 de la International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology […] Jennifer Long, profesora de cirugía de cabeza y cuello de la Universidad de California, en Los Ángeles, llegó a declarar que las salchichas eran un problema de salud pública.

Los padres no sienten pavor por las salchichas.

Y deberían, incluso cuando ellos mismos las comen, porque los adultos tampoco estamos libres de peligros: los atragantamientos con huesos al comer pollo que se producen son incontables.

El pegajoso mochi de pasta de arroz, un dulce tradicional del Año Nuevo japonés, mata alrededor de una docena de personas al año.

Calcular la probabilidad de la improbabilidad también nos permite evitar, mediante las campañas de concienciación adecuadas, las millones de muertes que producen las bañeras o las escaleras.

De hecho, por buscar quizá el caso más extraño y contraintuitivo, según John A. Templer, un investigador del MIT que publicó un estudio sobre las escaleras titulado The Staircase: Studies of Hazards, Falls and Saer Desing, las cifras reales sobre caídas en escaleras están infravaloradas, pues superan como causa de muerte el ahogamiento o las quemaduras.

Según escribe Bill Bryson en En casa: «Se ha calculado que existe la probabilidad de poner mal el pie en un peldaño una de cada 2222 veces que utilizamos una escalera».

De nosotros depende exigir mayores recursos en la investigación y prevención por muerte en escaleras antes que en prevención e investigación de incendios, otorgándole menos peso a nuestra intuición prehistórica. Así, la próxima vez que nos debamos enfrentar a una escalera, con las estadísticas en la mano, optaremos por coger el ascensor.

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Resuelven un enigma matemático babilónico de hace 3.700 años…


El doctor Daniel Mansfield sostiene el Primpton 322, una tablilla babilónico de 3.700 años de antigüedad.
El doctor Daniel Mansfield sostiene el Primpton 322, una tablilla babilónico de 3.700 años de antigüedad.

rtve(efe) — Una pieza de arcilla de 3.700 años de antigüedad que ha desconcertado a los matemáticos desde principios del siglo XX es, en realidad, una sofisticada tabla trigonométrica que los babilonios utilizaron para construir edificios y canales, según un estudio que publica la revista Historia Mathematica.

Investigadores australianos aseguran haber descubierto el propósito con el que se grabaron las inscripciones de la tablilla conocida como Plimpton 322, encontrada en el sur del actual Irak hace alrededor de cien años.

La pieza lleva inscritas cuatro columnas y 15 filas de números en base sexagesimal, en escritura cuneiforme, que demuestran que la trigonometría -el estudio de los triángulos- surgió en Babilonia al menos mil años antes que en Grecia.

Plimpton 322 ha intrigado a los matemáticos desde que se dieron cuenta de que contiene secuencias numéricas conocidas como ternas pitagóricas, grupos de tres números que cumplen la ecuación del conocido Teorema de Pitágoras, que relaciona los catetos con la hipotenusa de un triángulo rectángulo.

«El gran misterio, hasta ahora, era su utilidad. ¿Por qué los antiguos escribas habían acometido la compleja tarea de generar y ordenar esos números en la tablilla?», asegura en un comunicado de la Universidad de Nueva Gales del Sur el investigador Daniel Mansfield.

La pieza lleva inscritas cuatro columnas y 15 filas de números en base sexagesimal, en escritura cuneiforme.
La pieza lleva inscritas cuatro columnas y 15 filas de números en base sexagesimal, en escritura cuneiforme. 

Las inscripciones «eran una herramienta poderosa que podrían haber sido usadas para definir la topografía de terrenos, o para desarrollar cálculos arquitectónicos en la construcción de palacios, templos y pirámides escalonadas», señala.

Las ternas de Plimpton 322 describen las formas de triángulos rectángulos a partir de cálculos trigonométricos basados en proporciones, en lugar de en ángulos y círculos, como es habitual en la tradición griega.

– Trigonometría 1.000 años más antigua que la griega

La tablilla babilónica se adelanta más de 1.000 años a la «tabla de cuerdas» del astrónomo y matemático griego Hiparco (190 a.C. – 120 a.C.), con la que lograba relacionar la longitud de los lados y los ángulos de un triángulo.

«Hay una gran cantidad de tablillas babilónicas, pero solo una fracción de ellas se ha estudiado hasta ahora. El mundo de las matemáticas tan solo está despertando ante todo lo que aquella sofisticada cultura nos puede enseñar», afirma Mansfield.

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¿Puede ser peor la abstinencia que seguir fumando?…


Puede ser peor la abstinencia que seguir fumando?

The Conversation(M.C.N.Parra/A.F.García/V.G.Murcia) — El número de fumadores está disminuyendo poco a poco entre las personas más jóvenes. Sin embargo, el auge de los cigarrillos electrónicos indica que los riesgos para la salud del consumo de productos con nicotina son desconocidos para parte de la sociedad.

Esta sustancia, que es la que “engancha”, tiene efectos perjudiciales para la salud. Además, también son peligrosos otros componentes del tabaco y de los cigarrillos electrónicos.

– Tabaco frente a vapers

Para las autoridades sanitarias, el consumo de tabaco sigue siendo un problema de salud a nivel mundial. En España se mantiene como la segunda droga más usada, solamente precedida por el alcohol. No obstante, el consumo del tabaco en adolescentes está disminuyendo progresivamente desde 2006.

En contraste, durante los últimos 10 años se ha visto entre la población más joven un rápido aumento del uso de cigarrillos electrónicos, mal llamados vapers por la apariencia blanquecina del humo que despiden. Aunque parece vapor de agua, el color de este humo se debe a la glicerina que contienen.

El uso de vapers en la población adulta puede ser una ayuda para dejar de fumar. Sin embargo, su utilización por adolescentes se ha asociado con el inicio y/o con un aumento del consumo de tabaco.

El tabaco, junto al alcohol, está muy aceptado en la sociedad. Este hecho, combinado con las sensaciones negativas que aparecen cuando se deja de fumar, hace que los consumidores se planteen si vale la pena el esfuerzo.

La nicotina presente en el tabaco y en los cigarrillos electrónicos tiene un gran potencial adictivo, ya que actúa sobre el cerebro. Su uso puntual genera sensaciones placenteras porque la nicotina provoca la liberación de dopamina, que es uno de los denominados “neurotransmisores de la felicidad”. Sin embargo, su consumo repetido altera el funcionamiento de diferentes circuitos cerebrales.

Como consecuencia de estas alteraciones, el consumo de nicotina se mantiene a lo largo del tiempo. Además, estos cambios en el cerebro también son los responsables de los síntomas desagradables que aparecen cuando se deja de consumirla.

Dejar el cigarrillo: ¿Puede ser peor la abstinencia que seguir fumando? -  EL PAÍS Uruguay

– Impacto de la nicotina en el organismo

Los efectos de la nicotina en el cerebro dependen en gran medida de la edad de la persona que la consume. Varios estudios indican que usar nicotina durante la etapa en la que el cerebro está en desarrollo (hasta el final de la adolescencia), provoca que este funcione mal en el futuro.

En concreto, fumar durante la adolescencia aumenta el riesgo de padecer enfermedades psiquiátricas y alteraciones cognitivas durante la vida adulta. Además, los fumadores adolescentes sufren problemas de atención que se agravan con los años de consumo de tabaco.

Sin embargo, a diferencia de lo que sucede otras sustancias de abuso como el alcohol o la cocaína, se han descrito efectos beneficiosos de la nicotina en el cerebro adulto. Si bien diferentes estudios indican que el consumo habitual de tabaco disminuye el volumen cerebral y aumenta la inflamación y el estrés en el cerebro, también se ha visto que mejora algunos procesos cognitivos.

A pesar de estos beneficios, el consumo de nicotina tiene efectos negativos sobre el resto del cuerpo. Su uso prolongado se ha relacionado con la inflamación y el endurecimiento de las arterias.

Tampoco podemos obviar que la nicotina no es el único componente activo del tabaco ni de los cigarrillos electrónicos. El tabaco contiene gases tóxicos y metales pesados con efectos perjudiciales para los sistemas nervioso, respiratorio y cardiovascular, que pueden provocar distintos tipos de cáncer.

Aun así, el lector no debe justificar el consumo de vapers por la creencia de que contienen menos sustancias dañinas que el tabaco. De hecho, su toxicidad no es nada despreciable. Si bien los primeros estudios que analizaron su seguridad los catalogaron como un “95 % más seguros que el tabaco”, el producto que llega al consumidor en la actualidad no es el mismo que se estudió entonces.

Los cigarrillos electrónicos contienen algunos componentes que pueden dañar el funcionamiento celular. Así, el propilenglicol, que es la sustancia más abundante de estas sustancias, causa inflamación en los pulmones.

En resumen, aunque la probabilidad de desarrollar cáncer por el consumo de vapers se considera bastante baja, su efecto a largo plazo en el organismo todavía no se puede predecir.

– ¿Merece la pena pasar el “mono”?

SEGUIR FUMANDO PARA EVITAR LA ABSTINENCIA A LA NICOTINA? – Psicologos  Zaragoza

La tarea de dejar de fumar puede convertirse en una ardua batalla entre el consumidor y el tabaco.

Así, durante el síndrome de abstinencia –coloquialmente llamado mono– de nicotina aparecen síntomas desagradables, tanto emocionales como físicos.

Entre los de tipo emocional se encuentran la irritabilidad, el insomnio, la ansiedad, la falta de concentración, la agitación o la fatiga.

Algunos de los síntomas físicos son el estreñimiento, la ganancia de peso y el aumento de la tos y de las expectoraciones.

Considerando lo anterior, parece lógico que una persona adulta consumidora habitual de nicotina, en forma de tabaco o de cigarrillos electrónicos, se plantee si merece la pena dejarlo.

La respuesta a esta pregunta parece obvia.

Aunque los síntomas del síndrome de abstinencia surgen normalmente en las 24 horas que siguen a la última exposición a la nicotina y alcanzan su máxima expresión entre 1 y 2 semanas después, a partir de entonces disminuyen gradualmente hasta desaparecer.

Además, no solo los efectos desagradables son pasajeros, sino que la huella de la nicotina en el cerebro también podría, hasta cierto punto, ser reversible.

– Ventajas desde el día en el que dejamos de fumar

El abandono del consumo de tabaco tiene muchos beneficios para la salud. Las ventajas comienzan el mismo día en que se deja de fumar y aumentan progresivamente con el paso del tiempo. Por ejemplo, al mes de dejar el tabaco ya se observa una mejoría en la circulación sanguínea y la función pulmonar.

Y, a los 15 años, el riesgo de padecer una enfermedad del corazón podría incluso igualarse al de una persona que nunca ha fumado.

Aunque dejar atrás el consumo de nicotina no es una tarea fácil, parece claro que los beneficios compensan el esfuerzo que conlleva. La mayoría de las personas que han logrado abandonar el tabaco lo habían intentado antes al menos una vez. Es más, en muchos casos esos intentos no habían durado demasiado.

Sin embargo, parece haber consenso entre los ex-consumidores. Las tentativas previas han de considerarse como enseñanzas, nunca como fracasos.

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Por qué los científicos trabajan en un reloj nuclear ultrapreciso (y en qué se diferencia del atómico)…


Ilustración artística de un reloj nuclear
Los relojes nucleares serán aún más precisos que los atómicos y ayudarán a explorar misterios del universo como la materia oscura. Ilustración artística

BBC News Mundo(A.Martins) — «Imagina un reloj de pulsera que no perdería ni un segundo incluso si lo dejaras funcionando durante miles de millones de años». «Aunque aún no hemos llegado a ese punto, esta investigación nos acerca a ese nivel de precisión».

El físico Jun Ye es investigador del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) de Estados Unidos y profesor de la Universidad de Colorado en Boulder. Y el reloj al que se refiere es un reloj nuclear.

En un reciente estudio que fue tapa de la revista Nature, Ye y un equipo internacional de científicos describen el primer prototipo de ese tipo de reloj y demuestran que todos los componentes que necesita ya son una realidad. Actualmente el estándar utilizado a nivel mundial para medir el tiempo son los relojes atómicos.

Los relojes nucleares no solo serían aún más precisos que los atómicos, sino que ayudarán a los científicos a explorar grandes misterios del universo como la materia oscura. Llegar a este punto en el desarrollo de un reloj nuclear ha llevado décadas. ¿Por qué es tan importante el avance descrito en la revista Nature? ¿Y cuál es la diferencia entre un reloj atómico y un reloj nuclear?

Pantalla con los tiempos de vuelos en un aeropuerto
Es gracias a los relojes atómicos que actualmente se sincroniza a lo largo del planeta el tiempo en computadoras, celulares y muchas otras tecnologías como la investigación espacial.

– Qué es un reloj atómico y cómo influye en tu día a día

Los relojes atómicos registran señales de electrones que cambian su estado de energía, lo que se conoce como un “salto cuántico”.

“Cualquier reloj tiene dos componentes: algo que hace de tic tac, como el péndulo, y algo que cuenta esas oscilaciones”, explica a BBC Mundo la científica colombiana Ana María Rey, física teórica atómica del NIST, profesora de la Universidad de Colorado en Boulder y experta en relojes atómicos.

“En un reloj normal de péndulo, uno ve que el reloj tiene el péndulo y un mecanismo que mueve el péndulo y nos informa cuántas veces se ha movido”.

En el caso del reloj atómico, agrega Rey, lo que oscila (el equivalente al péndulo) es una onda electromagnética de luz que, típicamente, en los relojes atómicos ópticos es un láser, y lo que cuenta las oscilaciones son los electrones de los átomos.

“Las oscilaciones en un reloj atómico pueden ser tan rápidas que ni siquiera los aparatos electrónicos normales las pueden medir”.

“Pero los electrones, por el contrario, como absorben energía a solamente ciertas frecuencias, son los que nos permiten determinar cuándo la frecuencia del láser es exactamente la frecuencia del electrón, porque cuando eso pasa el electrón hace una transición del nivel base al nivel excitado”.

“Y como el láser tiene cierto número de oscilaciones en cierto tiempo, eso nos permite determinar una manera universal, una medida del tiempo.”

Mujer mirando cómo ir de un sitio a otro en su celular
«Cuando nosotros miramos nuestros GPS y pedimos instrucciones de cómo ir de un sitio a otro dependemos de los relojes atómicos».

Es gracias a los relojes atómicos que actualmente se sincroniza a lo largo del planeta con precisión de hasta al menos el decimosexto dígito el tiempo en computadoras, celulares y muchas otras tecnologías como la investigación espacial.

“En general, todas las medidas que tenemos dependen de la medida del tiempo. Por ejemplo, la medida de distancia se basa en que sabemos la velocidad de la luz.”

Los relojes atómicos están “en todo”, señala Rey.

“Por ejemplo en los satélites que controlan los GPS. Cuando nosotros miramos nuestros GPS y pedimos instrucciones de cómo ir de un sitio a otro dependemos de los relojes atómicos que están en esos satélites”.

– Cómo funciona un reloj nuclear

En el caso del reloj nuclear no se utilizan señales de electrones, sino del núcleo de un átomo.

“Como hemos dicho, el reloj atómico excita los electrones del átomo. Sin embargo, el átomo no solamente tiene electrones, también tiene el núcleo que está formado por protones y neutrones, y esos estados del núcleo también se pueden excitar”, explica Rey.

“El problema es que esas excitaciones requieren una energía muy alta, pero se ha descubierto cierta clase de átomos, el torio, donde la energía para excitar es mucho más baja que las energías estándares que se encuentran en el núcleo”.

El núcleo solo absorbe energía de un láser en un rango de frecuencias muy pequeño. Y encontrar la frecuencia exacta de ese láser ultrapreciso para generar la transición en el núcleo ha sido un esfuerzo de décadas.

Rey señala que a pesar de que esa transición se había predecido en la década de los 70 no se había hallado porque era como “encontrar una aguja en un pajar”.

Lo que lograron ahora los científicos del estudio en la revista Nature fue utilizar un láser ultravioleta especialmente diseñado para medir con precisión la frecuencia de un salto de energía en núcleos de torio incrustados en un cristal sólido.

“El reloj nuclear utiliza un salto cuántico dentro del núcleo atómico, que es incluso un factor 1000 más pequeño que el átomo mismo. Nuestro trabajo demostró por primera vez que esto es posible. En este caso es un neutrón que salta a un estado energético diferente”, explica a BBC Mundo el científico alemán Thorsten Schumm, investigador de la Universidad Tecnológica de Viena y otro de los autores del estudio.

Ilustración artística de un láser excitando el núcleo de un átomo en un cristal
En el reloj nuclear, un láser ultrapreciso excita el núcleo de un átomo en un cristal. Ilustración artística.

Schumm cree que el reloj nuclear será una realidad en un futuro cercano. “Creo que a partir de ahora las cosas avanzarán muy rápido. Ya en un año hemos visto un progreso increíble y puedo prometer más cosas maravillosas próximamente”.

Lo que más se necesita es un desarrollo en el lado de los láseres… Yo diría que no llevará más de cinco años”. “Con este primer prototipo hemos demostrado que el torio puede utilizarse como cronómetro para mediciones de muy alta precisión. Solo queda el trabajo de desarrollo técnico, sin que quepa esperar obstáculos importantes”.

– Una nueva ventana al universo

Si bien el reloj nuclear sería aún más preciso que el atómico, Schumm explica que “la ventaja del reloj nuclear no es tanto su mejor rendimiento sino su mayor estabilidad”.

“Debido a que el núcleo es tan pequeño y las fuerzas nucleares involucradas son enormes, las perturbaciones externas como la temperatura o campos magnéticos no lo afectan realmente. Por tanto es un reloj mucho más robusto”.

“Incluso se puede incrustar un número muy elevado de núcleos en algún material portátil simple, como un cristal, sin degradar el rendimiento”. Más allá de sus aplicaciones tecnológicas, algo que entusiasma especialmente a los científicos es que los relojes nucleares abrirán una nueva puerta al estudio del Universo.

“El reloj nuclear es insensible a fuerzas externas, pero es muy sensible a las fuerzas internas que actúan dentro del núcleo. Estas son fuerzas electromagnéticas, pero también fuerzas nucleares, que mantienen unido el núcleo. Especialmente estas últimos son muy difíciles de investigar, por lo que el reloj nuclear también actuará como sensor de algunas de las fuerzas fundamentales de la naturaleza”, señala Schumm.

Thorsten Schumm
Thorsten Schumm cree que el reloj nuclear será una realidad en un futuro cercano.

¿Cuáles son algunas de las preguntas que será posible explorar con un reloj nuclear? “Hay muchos aspectos del universo que todavía no entendemos”, señala Rey.

“Por ejemplo, sabemos que más del 80% de los constituyentes del universo no son materia normal,sino materia oscura que no entendemos. Y es posible que operando un reloj nuclear que es bastante sensible a muchos efectos a los que no son sensibles los relojes atómicos normales, podamos tener una clave para entender cuál es el origen de esa materia oscura”.

Los relojes nucleares también podrán compararse con los relojes atómicos, y eso permitirá estudiar si las constantes de la naturaleza que se piensa son universales, como la velocidad de la luz, realmente son invariables en el tiempo y el espacio.

“Una cantidad de preguntas que por ahora no sabemos”, dice Rey. “Así que es una ventana para investigaciones en un futuro que nos permitan descubrir más cosas del universo. Siempre que esto sucede llegamos a mejores desarrollos tecnológicos”.

– Sentir la belleza de la física

Schumm describió a BBC Mundo qué sintió al dar con la frecuencia precisa para cambiar el estado de un núcleo de torio.

“¡Es simplemente asombroso! La mayor parte del tiempo pasamos construyendo cosas y reparando componentes que están rotos, por lo que hay poco progreso (o ninguno), y pensamos mucho en lo fantástico que sería si finalmente funcionara. ¡Y realmente lo hizo! Pocos investigadores tienen el privilegio y la suerte de vivir este momento y agradezco a mi equipo y colaboradores que hayan persistido durante tanto tiempo”.

“Ahora podemos tomar muchas de las herramientas poderosas que se han desarrollado en física atómica y óptica cuántica y transferirlas a la física nuclear. ¡Yo diría que hay suficientes preguntas abiertas para toda una generación de científicos!”, agregó el científico de la Universidad Tecnológica de Viena.

Tanto el reloj atómico como el nuclear muestran además cómo investigaciones en física teórica pueden acabar impactando el día a día de miles de millones de personas.

“En general la física teórica crea los modelos que le permiten a los experimentos tratar de entender cómo se comporta nuestro universo”, señala Ana María Rey.

“Todos los computadores, por ejemplo, se basan en transistores. Y los transistores existen gracias a que entendemos la mecánica cuántica. Entendemos, por ejemplo, cómo los electrones se mueven en un metal, todo eso requiere el entendimiento de la mecánica cuántica”.

“La física teórica es la que da una forma de interpretar el por qué de este comportamiento y hace predicciones de nuevas formas en que la naturaleza se puede comportar. Y es esa interacción entre las predicciones que hace la física teórica y el experimento lo que lleva a descubrimientos que avanzan la tecnología en el día a día en electrónica, comunicaciones, transporte. Todo se debe a nuestro entendimiento de la mecánica cuántica indirectamente”.

“Y los relojes nucleares nos pueden abrir otra forma de entender la mecánica cuántica que no tenemos ahora”.

Ana María Rey
La científica colombiana Ana María Rey es física teórica atómica. «Sentí la belleza de la física; gobierna nuestro universo, desde los movimientos de electrones dentro de un átomo hasta el comportamiento de los agujeros negros».

En una entrevista con Optica, una sociedad estadounidense que promueve el avance en ese campo científico, Ana María Rey recordó que halló su vocación después de un momento eureka durante su primera clase de física.

“Todos los números y conceptos en mi mente cobraron vida. Sentí la belleza de la física; gobierna nuestro universo, desde los movimientos de electrones dentro de un átomo hasta el comportamiento de los agujeros negros”. “Era un rompecabezas que nos podía contar todo sobre el mundo, y me fascinaba poder resolverlo”.

¿Sigue sintiendo Rey la belleza de su disciplina en su trabajo actual con relojes? “Claro, cada día”, dijo a BBC Mundo.

“Yo llego al trabajo con la emoción de poder tratar de descubrir aspectos de la física que nos pueden informar en una ecuación cómo se comporta el universo, para mí es algo fascinante, ¿Cómo podemos describir matemáticamente qué es lo que va a pasar si aplicamos esta cosa? Si iluminamos un átomo con cierta frecuencia de luz, ¿cómo se va a comportar?, ¿qué es lo que va a pasar?”.

“El poder predecir con un modelo matemático lo que va a pasar es como de magia y eso es lo que me pareció fantástico. Si logro con mi teoría decirle al experimentalista, aplique esto, mida eso y va a encontrar esto y lo encuentra, es lo mejor que puede pasar”.

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¿Qué son los celos retrospectivos y cómo hacerles frente?…


La mente es maravillosa(V.Sabater) — Sentir celos e incomodidad por los ex de tu pareja es más común de lo que crees. La inseguridad, los problemas de apego y la baja autoestima suelen describir esta dimensión.

Tal vez recuerdes la maravillosa película de Alfred Hitchcock, Rebecca (1940). En ella, su protagonista habitaba en una enorme mansión donde la alargada sombra de la mujer fallecida de su marido parecía dominarlo todo. Los celos hacia esa figura invisible —e inexistente— no solo la torturaban, sino que llenaban de inseguridad el vínculo con la persona que amaba.

El conocido como «síndrome de Rebecca» define la tipología de celos retrospectivos. Si bien es normal pensar en cómo fueron los vínculos anteriores de nuestras parejas, el problema llega cuando esto se convierte en obsesión. Comparar tu relación actual con la que tuvo tu compañero/a en el pasado puede ocasionarte un gran sufrimiento.

– ¿Qué son los celos retrospectivos?

Con frecuencia, en el universo de las relaciones sexoafectivas experimentamos emociones difíciles de definir. Los celos retrospectivos son un claro ejemplo de ello. Pensar de forma constante en las relaciones pasadas de tu pareja y sentir malestar o ansiedad por ellas es un fenómeno muy desgastante. A veces, ni siquiera importa que esas historias no tengan ninguna relevancia en el presente.

La mente se obsesiona igual. Porque los celos pueden tener, en ocasiones, un componente irracional difícil de regular. Esto provoca el surgimiento de conductas en las que, de pronto, como señalan en un trabajo divulgado en Social Media + Society, te veas buscando en redes sociales a esas exparejas para compararte con ellas. Son realidades autodestructivas.

. Cómo se manifiestan

Tu pareja —al igual que tú— dispone de un pasado, de un equipaje relacional y una serie de historias afectivas que trazan parte de su línea de vida. A pesar de ello, existe un hecho indudable: si todo esto se quedó atrás es porque no funcionó. Sin embargo, hay quien se obsesiona con ese historial sexoafectivo del ser amado y, la forma en que se manifiesta, es la siguiente:

Celos retrospectivos: ¿Cómo puedo hacer que el pasado de mi novio/a no me  afecte? - MundoPsicologos.com
  • Inseguridad y baja autoestima: esta manera de celar está muy ligada a problemas de autoestima. Quienes la sufren tienen la necesidad de obtener validación casi a cada instante, de sentir que son amados y aceptados en todo momento.
  • Angustia emocional: a menudo, son celos que se acompañan de altos niveles de ansiedad, preocupación y angustia emocional. Los pensamientos sobre el pasado pueden volverse intrusivos y difíciles de regular, mermando por completo el bienestar.
  • Búsqueda de información: en este tipo de contextos es muy común necesitar saber todo sobre las personas con las que ha estado nuestra pareja. Esto se traduce en pasar horas en redes sociales, mirando fotos, leyendo comentarios, publicaciones, etc.
  • Comparación: un fenómeno recurrente en estas dinámicas son las comparaciones con las exparejas. Esto puede hacer que uno examine la apariencia física de esas personas y la compare con la propia, así como los logros, la personalidad o incluso la posible vida sexual.
  • Distorsión cognitiva: la mente dominada por esta clase de celos suele desarrollar llamativas distorsiones cognitivas. Ejemplo de ello es magnificar la importancia de las relaciones pasadas o asumir que, si el ser amado comenta algo de alguna de sus exparejas, es señal de que aún siente algo por ella.
  • Rumia sobre el pasado de tu pareja: las personas que experimentan estos celos acostumbran a pensar de manera repetitiva y obsesiva en las relaciones anteriores de su pareja. Tales ideas se centran en la duración de esas relaciones, características físicas, si hubo una mayor conexión emocional o sexual, etc.
  • Dudas persistentes: el síndrome de Rebecca alimenta a quien lo padece de toneladas de dudas y variadas inseguridades. Es usual pensar que el ser amado, por ejemplo, aún tenga sentimientos por esas personas. Algo así abre un abismo de desconfianza con la pareja, a pesar de no existir ninguna evidencia al respecto de esas ideas o sospechas.
  • Hipervigilancia: cuando las inseguridades se combinan con la ansiedad, el cerebro entra en un estado de alerta constante. La desconfianza, el miedo a la traición o al abandono tienden a hacer que la persona interprete casi cualquier situación como una amenaza hacia su vínculo afectivo. Ejemplo de ello es obsesionarte con saber a quién le envía mensajes tu pareja, pues crees que te traiciona con algún ex.

– ¿Por qué aparece este tipo de celos?

Según un estudio divulgado en Frontiers in Psychologylos celos cumplirían un fin evolutivo: aparecen cuando percibes una amenaza hacia tu relación. Pensar que perderás ese vínculo te pone en alerta y a la defensiva. Ahora bien, con los celos retroactivos sucede algo más complejo.

Lo que te asusta pertenece al pasado y no al presente. Tampoco es una amenaza real, sino que responde a un compendio de miedos e inseguridades incrustadas en ti. ¿Los motivos? Hay varias razones que podrían explicar esta emoción tan incómoda y peligrosa para todo vínculo afectivo. Las analizamos:

. El sesgo del idealismo romántico

Puede que te llame la atención, pero algunas personas desearían que su pareja no tuviera un pasado amoroso, ni que hubiera sentido afecto y deseos sexuales por otros hombres o mujeres. Ese sesgo irracional e idealista les hace ver el historial amoroso del otro como una amenaza.

. Apego ansioso

El apego ansioso se caracteriza por una necesidad constante de validación y miedo al abandono, lo que predispone a quienes lo experimentan a desarrollar celos retrospectivos. La Universidad de Catania realizó una investigación en la que destacan estas mismas características, además de la necesidad de cuidado, búsqueda de protección y la rumia de pensamientos.

Alguien con este estilo de apego está atenazado por las dudas, tanto sobre sí mismo como sobre la propia relación. Ese temor hace que busque detalles sobre el pasado amoroso de su pareja y que se compare con antiguos ex. Este ciclo de inseguridad y celos genera conflictos en la relación presente, creando una espiral negativa que puede ser difícil de romper sin un trabajo emocional o terapéutico adecuado.

. Experiencias pasadas negativas

Muchos de nosotros vivimos relaciones difíciles, esas en las que, entre otras dinámicas, pudimos padecer engaños y traiciones. Este tipo de experiencias afectivas adversas dejan una «herida emocional» que, a veces, dificulta confiar en la pareja actual. El miedo a revivir nuevas infidelidades quizás hace que veamos a los ex como amenazas potenciales para nuestro vínculo.

. Necesidad de control

Hay quien experimenta una necesidad excesiva de controlar todos los aspectos de la relación, incluyendo el pasado del compañero/a. Este deseo estaría motivado por una falta de confianza en uno mismo y en la pareja. Es común que los celos retrospectivos sean una manifestación de este intento de dominar algo que, en realidad, ya no existe ni tiene relevancia en el aquí y ahora.

Celos retrospectivos: qué son y cómo gestionarlos

. Ansiedad y pensamientos intrusivos

Las personas que sufren trastornos de ansiedad, en ocasiones, pueden tener pensamientos intrusivos difíciles de controlar. En el caso del síndrome de Rebecca, estas ideas están centradas en las experiencias pasadas de la pareja, lo cual lleva a una rumiación constante y a un ciclo de ansiedad muy agotador.

. Falta de confianza en la relación actual

Las inseguridades son uno de los elementos constitutivos de los celos. Con frecuencia, cuando alguien no se siente seguro en su relación y no confía en el ser amado, aparece esta emoción. De pronto, cualquier cosa se vuelve amenazante y es motivo de sospecha, incluidas esas exparejas que, a lo mejor, la persona amada mantiene todavía en sus redes sociales.

– Herramientas psicológicas para regular los celos retrospectivos

Regular este problema requiere de un enfoque consciente y reflexivo. No solo son clave las buenas estrategias de comunicación. También lo es trabajar aspectos como la autoestima, la seguridad en nosotros mismos y comprender incluso el tipo de apego que nos define. Ello hace que, en muchos casos, sea recomendable la terapia. A continuación, te brindamos algunas estrategias básicas.

. Reconocer y aceptar los celos

Ten en cuenta que los celos son un fenómeno emocional, cognitivo y conductual que siempre ha acompañado al ser humano. Y tiene su propósito muy claro: alertarte de una posible amenaza al equilibrio emocional con tu pareja.

Nunca está de más comprender la anatomía de estas realidades psicológicas. Sentir celos es una reacción emocional que, aunque incómoda, es válida, y todos la podemos experimentarla más de una vez. Lejos de reprimirla, lo ideal es reconocer su presencia y darle nombre, para, después, comprender su origen y regularla de manera efectiva y racional.

. Identificar los desencadenantes

Comprender qué situaciones o pensamientos están activando esta forma de celar es decisivo. Para ello, puede serte útil llevar un registro de cuándo y cómo aparecen estos sentimientos, identificando patrones específicos. Esta estrategia te permitirá tomar conciencia sobre los contextos que te generan más inseguridad y ansiedad, como pueden ser las conversaciones con tu pareja sobre su pasado.

. Cuestionar pensamientos irracionales

Una herramienta de utilidad es la reestructuración cognitiva. Consiste en identificar y modificar patrones de pensamiento distorsionados a través de cinco pasos que enseguida te describimos:

Qué son los celos retrospectivos y cómo controlarlos
  1. Identificar: lo primero es reconocer esos pensamientos automáticos que surgen en respuesta a ciertas situaciones y que despiertan en ti celos retrospectivos.
  2. Evaluar: identifica las sensaciones, emociones y sentimientos que experimentas como resultado de esos pensamientos o ideas que te vienen a la mente y que refuerzan dichos celos.
  3. Analizar: pregúntate «¿qué pruebas tengo de que esas ideas sean tal y como yo las creo?». «¿Hay algo que me demuestre su evidencia?».
  4. Generar alternativas: una vez que los pensamientos disfuncionales han sido cuestionados, es momento de generar pensamientos alternativos más realistas y equilibrados. Por ejemplo, «mi pareja no tiene por qué traicionarme con su ex. Si ahora está conmigo es porque me ha elegido a mí, porque me quiere y puedo percibir a diario que está feliz a mi lado».
  5. Cambiar la perspectiva: el último paso es visualizarte en futuras situaciones de celos, enfrentándote a esa sensación de una manera más resuelta, firme y efectiva. Se trata de trabajar en tu bienestar para que la relación de pareja vaya bien, dejando a un lado patrones de pensamiento y conducta disfuncionales.

. Fortalecer la autoestima

Como ya mencionamos, los celos retrospectivos, a menudo, están asociados con una baja autoestima e inseguridad personal. Trabajar en la autoconfianza y el amor propio es fundamental para regular esta realidad. No dudes, por tanto, en practicar la autoaceptación, en validarte y centrarte en tu propio bienestar emocional, en lugar de compararte, por ejemplo, con los ex de tu pareja.

. Buscar apoyo terapéutico

Quizás esta clase de celos es difícil de manejar por tu cuenta, en especial, si están arraigados en problemas de apego o en experiencias pasadas traumáticas. La terapia de aceptación y compromiso (ACT), la cognitivo-conductual (TCC) o la terapia EMDR en caso de traumas, resultan útiles en estos escenarios.

– Mirar al presente con confianza

Los celos retrospectivos te invitan a mirar hacia adentro, más que hacia el pasado de tu pareja. Son, sobre todo, un reflejo de tus propias inseguridades y de la lucha por sentir que vales y eres suficiente en una relación. No veas esta emoción como algo disfuncional, sino más bien como una señal de aviso, como una oportunidad para trabajarte y mejorar tu autoconfianza.

Al aprender a confiar en ti y en la conexión presente con tu pareja, transformas el miedo en aceptación y las dudas en amor propio. Superar los celos no solo te libera del pasado, sino que te permite construir un futuro con base en la confianza, el respeto mutuo y la paz interior. Vale la pena trabajar en ello.

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Tú no eres tú ….


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  • Sobradas razones para afirmar que no existes

JotDown(S.Parra) — La paradoja de la sorites o paradoja del montón de los filósofos megáricos reza así: supongamos que tenemos un montón de mil granos de trigo. Si apartamos los granos uno a uno, ¿en qué punto cesa de ser un montón? ¿Cuándo un montón deja de ser un montón? Algo similar ocurre con el ser humano.

¿Cuándo se deja de ser humano? ¿Cuándo se empieza? ¿Dónde trazamos la frontera? ¿En qué punto somos nosotros si físicamente apenas no existimos, biológicamente estamos siendo continuamente sustituidos y psicológicamente somos incapaces de objetivar nuestro lugar en el mundo?

¿Cómo podemos siquiera considerar que estamos vivos si nos pasamos gran parte de nuestra vida durmiendo o actuando bajo la férula de nuestro piloto automático mental? ¿Cómo afirmar que somos libres si bailamos al son de la química, la genética y la física?

En qué nos diferenciamos biológicamente de otras especies vivas, o incluso de una mesa de madera, que en palabras del neurofisiólogo Rodolfo Llinás es indistinguible a nivel físico de un cerebro: este, a diferencia de aquella, tiene la propiedad de creerse vivo como la madera de la mesa tiene la propiedad de quemarse con el fuego.

Por lo general, hay que desconfiar de la sabiduría popular, sobre todo cuando esta se presenta como una formulación aforística, pero en esta ocasión viene a colación una en la que, después de leer lo que viene, depositaréis todo vuestro crédito: «no somos nada».

  • Un puñado de polvo

Como en esencia estamos compuestos de agua (un 60 %), la mayor parte de nuestros elementos constituyentes son oxígeno, hidrógeno y carbono. En concreto, somos un cubo de oxígeno del tamaño de un televisor pequeño, un ladrillo de carbón, un kilogramo de calcio y una cucharadita de hierro.

También estamos formados por un puñado de otros elementos marginales, algunos de ellos tóxicos e incluso radiactivos: unos gramos de fósforo, potasio, azufre, sodio, cloro, magnesio, hierro, flúor, zinc, silicio, rubidio, estroncio, bromo, plomo, cobre, aluminio, cadmio, cerio, bario, yodo, estaño, titanio, boro, níquel, selenio, cromo, manganeso, arsénico, litio, cesio, mercurio, germanio, molibdeno, cobalto, antimonio, plata, niobio, circonio, lantano, galio, telurio, itrio, bismuto, talio, indio, oro, escandio, tantalio, torio, uranio, samario, berilio y walframio.

Este último es el elemento del que albergamos menos cantidad: apenas un cubo de 0,10 milímetros. De algunos de estos elementos ni siquiera se conoce su función específica en nuestro cuerpo, como el rubidio. Sencillamente está ahí, como la burocracia.

No parece, pues, que seamos algo particularmente distinto de lo que nos rodea. Lo único que nos diferencia es, en suma, la proporción de cada uno de los componentes, como en la receta de una tarta.

  • Cuerpo indistinguible

Sin olvidarnos de la comparación de la tarta, podemos recurrir a otra conocida imagen filosófica similar a la paradoja de la sorites. Todas las moléculas de nuestro cuerpo han sido sustituidas por otras, de modo que somos como la nave de Teseo, la paradoja filosófica basada en una reliquia que al parecer conservaban los antiguos atenienses.

Según Plutarco, el filósofo griego del siglo I:

Estatua posiblemente de Plutarco. Museo arqueológico de Delfos, Grecia. Foto: Ricardo André Frantz. (CC)
Estatua posiblemente de Plutarco. Museo arqueológico de Delfos, Grecia.

La nave en la que regresaron Teseo y los jóvenes atenienses tenía treinta remos, y Atenas la conservó incluso hasta la época de Demetrio de Falero,  pues las viejas tablas se retiraban a medida que se deterioraban, y se colocaba en su lugar madera nueva y más fuerte, hasta el punto de que la nave se convirtió, entre los filósofos, en un ejemplo vivo de la cuestión lógica relativa a las cosas que crecen; unos sostenían que la nave seguía siendo la misma, y los otros respondían que ya no lo era.

La física nos demuestra que la paradoja no es solo cuestión de lógica: verdaderamente estamos siendo sustituidos continuamente por lo que nos rodea, lo que desafía la continuidad de nuestra identidad, como Arnold Schwarzenegger en Total Recall.

Las células del cuerpo de cualquier individuo (sea lo que sea que signifique eso a estas alturas) se reemplazan en gran parte al menos una vez al mes, e incluso las que no lo hacen (como las hepáticas, que permanecen más tiempo, o las neuronas, que duran toda la vida) reciclan, reparan y sustituyen sus partes constituyentes (como las proteínas y carbohidratos).

Y si alguien tomara todas las células que henos ido sustituyendo, ¿Cuántos yoes podría construir?

¿Cuántos «nosotros» están desparramados por el mundo como un rompecabezas gigante sin resolver?

¿Qué «yo» es más auténtico?

Es, de hecho, muy improbable que alguna molécula de nuestro cuerpo adulto tenga más de nueve años de edad.

Como el calcetín favorito de Locke, quien reflexionaba si, tras ponerle un parche, continuaba siendo el mismo calcetín.

¿Y si, años después, todo el material del calcetín es reemplazado por parches?

A la dificultad de determinar quiénes somos a nivel físico hay que añadir que, superficialmente, somos como los zombis de The Walking Dead: todas las células de la capa superior de nuestra piel están muertas, al igual que si vistiéramos la túnica negra de la Parca.

Un adulto corriente transporta encima de su cuerpo nada menos que dos kilogramos de células cutáneas muertas, de las cuales diariamente se desprenden miles de millones.

O dicho de otro modo: si pudiéramos arrancarnos nuestros átomos con unas pinzas, uno a uno, para apilarlos en un montón de polvo atómico, finalmente ese montón de polvo atómico seríamos nosotros. El cuerpo de un bebé de cuatro kilogramos contiene unos 400.000.000.000.000.000.000.000.000 átomos en su cuerpo.

Pero tarde o temprano, en un plazo máximo de 650.000 horas, los átomos se dispersarán silenciosamente y se dedicarán a ser otras cosas del mundo.

Más que entidades físicas individuales, pues, parecemos remolinos energéticos que atrapan cosas de su alrededor y las integran en nuestro cuerpo, estableciendo una línea divisoria arbitraria entre el nosotros y los demás, tal y como explica el biólogo evolutivo Scott D. Sampso en Este libro le hará más inteligente: «En punto de “corte” puede situarse en muchos sitios, en función de la metáfora del yo que elijamos abrazar».

  • Somos ellas
Este diagrama esquemático muestra un gen en relación a su estructura física (doble hélice de ADN) y a un cromosoma (derecha). 

Podríamos aducir, entonces, que somos seres vivos, aunque ni siquiera haya consenso en la comunidad científica sobre la definición de «vida».

Con todo, suponiendo que los animales sean seres vivos cualitativamente superiores al resto de los seres vivos, no parece que nos diferenciemos mucho unos de otros. 

Tim Spector, profesor de genética epidemiológica del King´s College de Londres, lo resume así en su libro Post Darwin: «los humanos compartimos el 99% de nuestra secuencia de ADN con los chimpancés, de los que nos separamos hace ya 6 millones de años; el 90% con las ratas (100 millones de años), e incluso un 31% con la levadura (1500 millones de años)».

Por si esto fuera poco, los seres humanos parecen funcionar más como receptáculo y transporte de nuestros genes, tal y como explica Richard Dawkins en El gen egoísta.

Y, además, la mayor parte de nuestro cuerpo ni siquiera somos «nosotros», sino un universo de bacterias que vive en cada centímetro de nuestro exterior y nuestro interior.

Las bacterias que viven en nuestro cuerpo, y se aprovechan de él, superan en número a nuestras propias células constituyentes.

La proporción es de más de 10 a 1.  En un solo centímetro cuadrado de nuestra piel hallaremos una media de cientos de miles de bacterias. En total, unos 1000 millones en la boca, 10 millones en la axila, 10 millones en las ingles y unos 750 billones de bacterias intestinales pertenecientes a más de 400 especies diferentes.

Si nos centramos en la colonia microbiana que nos produce más rechazo, las bacterias intestinales, entonces el intestino delgado está poblado por 100 millones de células bacterianas por mililitro; y el intestino grueso o colon por 100 mil millones por mililitro. Hay entres seis y siete mil especies diferentes.

El peso total de todos estos microbios se ha estimado en más de un kilogramo. Muchos de ellos llevan consigo genes que nos dotan con rasgos y funciones útiles para nosotros, como ayudarnos a asimilar nutrientes, y convertir el resto en excremento que más tarde evacuaremos: un total de cincuenta y cuatro kilogramos de caca al año, de media.

Pero la colonia microbiana de nuestra boca puede llegar a ser igualmente extraña a la par que repugnante Fue descubierta por primera vez en el siglo XVII por el comerciante de tejidos y naturalista holandés Anton van Leeuwenhoek, que se rascó una porción de su placa dental y la observó al microscopio, descubriendo «con considerable asombro… muchos animáculos diminutos, que se movían de un modo muy hermoso… tan juntos que parecían un enorme enjambre de moscas o mosquitos».

Esta comunidad microbiana bucal tiene unas 600 especies diferentes, y cada vez que mantenemos un largo beso con alguien, intercambiamos cinco millones de bacterias.

Somos más una bacteria que un ser humano. Tenemos 25.000 genes contenidos en nuestras células, pero poseemos 20 veces más de genes no humanos procedentes de las bacterias. En consecuencia, tal vez debamos definir el «yo» como nuestro cerebro, la médula espinal, el torrente sanguíneo, y poco más.

Sea como fuere, en nuestro cuerpo vive, o está formado por, más organismos distintos que personas hay en el mundo; incluso por más organismos que números de estrellas encontramos en la Vía Láctea.

Micrografía al microscopio electrónico de barrido de células de Escherichia coli. Foto: Rocky Mountain Laboratories, NIAID, NIH (DP)
Micrografía al microscopio electrónico de barrido de células de Escherichia coli.
  • Cuerpo vacío

Imaginemos que a estas alturas todavía no nos importa ser iguales a lo que nos rodea, compartir genes con los animales o descubrir que la mayor parte de nuestra masa la componen bacterias. Entonces deberemos enfrentarnos a otro problema: nuestro cuerpo no existe. Prácticamente no es nada. Está vacío aunque, en apariencia, esté lleno.

De hecho, está tan vacío que, si fuera una cueva, produciría eco. Bueno, eso no, pero casi. La razón es que estamos hechos de átomos, y los átomos dejan entre sí enormes espacios en los que no hay nada.

Para entender mejor hasta qué punto el átomo está vacío, la siguiente analogía resulta sumamente gráfica: imaginemos un átomo del tamaño de un estadio deportivo internacional. En tal caso, los electrones se encontrarían en la parte alta de las gradas; se verían tan pequeños como la cabeza de un alfiler.

El núcleo del átomo estaría en el centro del campo y tendría el tamaño aproximado de un guisante. Y en el resto del estadio deportivo, nada. Eso es la materia, eso somos. Un estadio. Deportivo. Vacío. Planteémoslo de otro modo para que sea más fácilmente asimilable: el 99,9999999 % del volumen de un átomo es espacio vacío.

Con todo, a pesar de su tamaño, el núcleo del átomo es muy pesado: el 99,9 % de la masa del átomo reside en el interior del núcleo. Los protones son tan minúsculos que cabrían 500.000 millones de ellos en la cabeza de un alfiler.

Sin embargo, son enormes si los comparamos con los electrones o los quarks: si los protones y neutrones tuvieran un centímetro de anchura, el diámetro de los electrones y los quarks sería menor que un pelo humano, y el diámetro total del átomo sería mayor que la longitud de 30 campos de fútbol americano, tal y como señala Joel Levy en 100 analogías científicas.

O tal y como explica Bill Bryson en Una muy breve historia de casi todo: «Los protones forman una diminuta parte del centro del átomo. Son tan pequeños que una pizca de tinta, como el punto de esta “i”, puede contener 2.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000».

  • No somos nadie

Para demostrar que individualmente somos poca cosa, pero que también lo somos colectivamente, es conveniente reflexionar un momento sobre lo siguiente: si una ciudad con la densidad demográfica como la de Madrid creciera hasta alcanzar el tamaño de España, podría albergar a toda la humanidad, siete mil millones de individuos, y sobraría espacio.

Toda la humanidad, apiñada como en una melé de rugby, apenas ocuparía una pequeña sección del interior del cañón del Colorado. El problema de la superpoblación no tiene que ver con el espacio que ocupamos, sino con los recursos que consumimos.

Repetiremos el ejercicio con otro ejemplo que refiere Cristina García-Tornel en su libro Compendio general e innecesario de cosas que nunca pensó que le fueran a importar, empleando Tenerife como ejemplo:

«Si tenemos en cuenta que la población mundial es de 7000 millones de personas y que cada uno de nosotros ocupa un área de 0,15 metros cuadrados, significa que, si nos juntamos, unos con otros, bien pegados, rellenaríamos un área de 1050 kilómetros cuadrados. Es decir, la humanidad entera ocuparía un poco más de la mitad de la isla de Tenerife».

Si como grupo no somos nada, nuestra historia tampoco reviste importancia desde un punto de vista cosmológico. Por ejemplo, si toda la historia del universo, desde el Big Bang hasta el momento actual, se comprimiera proporcionalmente en un año, produciéndose así el Big Bang el 1 de enero, la vida en la Tierra no aparecería hasta el 30 septiembre.

Los primeros primates, el 30 de diciembre. La historia de la humanidad comenzaría 21 segundos antes de las 00:00 del 31 de diciembre, tal y como ha explicado Carl Sagan en su libro Los dragones del Edén. Toda la historia escrita tiene solo 14 segundos. Jesús de Nazaret nació hace 4 segundos.

  • Cerebro tonto
Representación ficticia de un átomo. Foto: Carlos Adampol (CC).
Representación artística de un átomo.

Gran parte de lo que vemos y procesamos a través de nuestro cerebro constituye una ilusión, lo cual invalida parcialmente la máxima «ver para creer».

Natural que esta idea desafíe nuestro sentido común, porque a su vez en un sentido poco común: después de todo, solo vemos el 1% del espectro electromagnético y oímos el 1% del espectro acústico.

Los rayos X, los rayos gamma, la luz infrarroja o la ultravioleta son completamente invisibles para nosotros.

A decir verdad, nuestros ojos solo detectan el rojo, el verde y el azul, tal y como explica el físico teórico Michio Kaku en su libro El futuro de nuestra mente:

Eso significa que nunca hemos visto el amarillo, el marrón, el naranja ni muchos otros colores.

Esos colores existen, pero nuestro cerebro solo puede hacerse una idea aproximada de cada uno de ellos combinando en distintas proporciones el rojo, el verde y el azul.

Además, gran parte de lo que vemos se lo inventa alegremente nuestro cerebro, modificando las instantáneas de la realidad como si dispusiera de un sofisticado PhotoShop. Ello se debe a que, si bien nuestro ojo sería como una cámara fotográfica de decenas de megapíxeles, no hay forma de enviar toda esa información al cerebro.

Además, en caso de que se enviaran los aproximadamente 70 gigabytes de información que registra el ojo en cada segundo (es decir, 3500 veces la capacidad de transmisión de datos una conexión de ADSL de 20 megabytes), el cerebro sería incapaz de procesar tal caudal de información (actualmente, aún suponiendo el 2% de nuestro peso corporal, el cerebro ya consume un 20% de nuestra energía total; y en el caso de los recién nacidos, el consumo es de un 65% de la energía total del bebé).

A causa de estas limitaciones fisiológicas, el cerebro se queda con una fracción de la realidad, comprime las imágenes como comprimimos un JPG. Descarta los detalles que no considera relevantes. Por ejemplo, si situamos un dedo frente a nuestros ojos, el dedo se verá muy nítido, pero el resto de la escena que queda detrás quedará borrosa: ese desenfoque es la información que el cerebro descarta en ese instante.

Esta simplificación de lo que registra nuestros sentidos es la razón por la que somos tan proclives a las ilusiones ópticas o acústicas, y en general somos víctimas de gran parte de los trucos de magia de David Copperfield. También deberíamos contemplar continuamente una gran mancha negra delante de nuestros ojos, que es el punto ciego de nuestra visión de resultas de la ubicación del nervio óptico en la retina, pero el cerebro la disimila calculando un promedio.

Incluso al observarnos en un espejo, lo que vemos no somos exactamente nosotros, como si el reflejo especular nos mostrara una suerte de doppelgänger, de modo que estamos incapacitados para saber cómo somos en realidad, tal y como resume Michio Kaku:

Para empezar, me veo con una mil millonésima de segundo de retraso, porque ese es el tiempo que un haz de luz tarda en salir de mi cara, llegar hasta el espejo y volver hasta mis ojos. Además, la imagen que veo es un promedio de miles de millones de funciones de onda. Sin duda se parece a mi imagen, pero no es exacto.

En términos generales, nuestros sentidos reciben unos diez millones de bits de información por segundo, pero tal y como señala Jennifer Ackerman en Un día en la vida del cuerpo humano:

«conscientemente solo procesamos entre siete y cuarenta bits».Timothy Wilson, de la Universidad de Virginia, emplea otra métrica en Strangers to Ourselves para señalar que nuestra mente es capaz de asimilar en un momento dado once millones de informaciones, pero que solo somos conscientes de cuarenta.

La mente consciente tiene una capacidad de procesamiento 200.000 veces menor que el inconsciente, según Ap DijksterhiusHenk Aarts y Pamela K. Smith en el estudio «The power of the Subliminal, publicado en The New Unconscious».

Perspectivas sobre la conciencia en los diálogos Parks-Manzotti -

Y, además, como añade Daniel Gilbert, psicólogo de Harvard, nuestras mentes divagan durante el 46% del tiempo, tal y como sugirió en su artículo de Science «A Wandering Mind Is an Unhappy Mind». O como afirma David DiSalvo en su libro Qué hace feliz a tu cerebro, «la mayoría de nosotros pensamos en cosas distintas de las que estamos haciendo, en un porcentaje de un 30 a un 50 por ciento, durante nuestro estado de vigilia».

O sea, que vestimos ropajes de zombi y pensamos como zombis.

Zombis propensos a la locura, habría que añadir. Porque nuestro cerebro, situado en lo alto de nuestro cuerpo, pendular, expuesto a la intemperie, es propenso a funcionar mal tras una contusión o incluso un ascenso mínimo de temperatura, tal y como escribe Edward O. Wilson en su libro Consilience:

«la cabeza es un globo frágil e internamente licuescente, en equilibrio sobre un delicado eje de hueso y músculo, en cuyo interior el cerebro es vulnerable y la mente se puede aturdir o incapacitar con frecuencia».

No en vano, algunos estudios sugieren que, en el transcurso de una vida, casi la mitad de la población mundial se enfrentará a brotes de una enfermedad mental, desde la esquizofrenia hasta el trastorno obsesivo-compulsivo, pasando por el trastorno bipolar, como ha señalado el psicólogo Gary Marcus en un libro en el que trata de demostrar lo chapuzas que es cerebro en términos generales, Kluge:

«Existe una gran regularidad en las formas en que la mente humana se viene abajo, y ciertos síntomas, como la disforia (tristeza), la ansiedad, el pánico, la paranoia, los delirios, las obsesiones y la agresividad descontrolada, reaparecen una y otra vez».

Los recuerdos de nuestro pasado en realidad son reconstrucciones, no auténticos reflejos de lo que aconteció, con independencia de que nos hayamos emocionalmente involucrados o estemos completamente seguros de que las cosas pasaron tal y como recordamos.

A veces, estas distorsiones se producen en pequeños detalles, como quién hace más la colada en casa; pero otras veces reconstruimos recuerdos completos y traumáticos con un gran número de detalles falsos, como un episodio de violación en nuestra infancia que en realidad nunca tuvo lugar, tal y como explica David Linden El cerebro accidental.

Empleando una analogía, si nuestra memoria fuera una biblioteca, a menudo estaría sacudida por terremotos, un díscolo bibliotecario cambiaría volúmenes de sitio, y cuando nosotros mismos extrajéramos un volumen concreto, entonces tal volumen se modificaría o arrastraría fragmentos de otros volúmenes.

Cuantas más veces recuperamos un volumen, menos polvo y deterioro acumulará, y más fácilmente accederemos a su contenido, pero incluso así puede que el lugar donde nos encontremos en ese instante influya en cómo recordamos: por ejemplo, es más fácil recordar algo en el lugar donde lo hemos aprendido.

Nuestra lógica dista mucho de ser impecable porque nuestro cerebro no evolucionó expresamente para resolver problemas de lógica, sino para sobrevivir en un contexto prehistórico.

Como nuestro cerebro está jalonado de parches evolutivos, unos sobre otros de otros, como en un palimpsesto, solemos forjarnos nuestras creencias y convicciones a través de datos arbitrarios e irrelevantes que quedan anclados en nuestra mente, a modo de virus.

Nuestro lenguaje también es un caos, no sabemos hablar sin trabarnos de vez en cuando, nuestras palabras y oraciones son ambiguas; nuestros idiomas no son sistemáticos y regulares, sino producto de azarosas combinaciones léxicas y tendencias sociales.

De hecho, lo que llamamos personalidad ni siquiera es algo fijo, coherente e individual: más bien somos múltiples actores representando una obra de teatro, tal y como explica la investigadora Rita Graham en su obra Multiplicidad.

Es nuestra forma de adaptarnos a las nuevas situaciones, así que, en palabras de la psicóloga Patricia Linville, de la Universidad de Duke, cuantas más «personalidades tributarias poseamos», mejor dotados estaremos para enfrentarnos a las situaciones inesperadas.

O parafraseando a Miguel de Unamuno: cuando dos personas se encuentran no hay dos, sino seis personas: una es como uno cree que es, otra como el otro lo percibe y otra como realmente es; esto multiplicado por dos da seis. Ya dijo Montaigne que entre nosotros y nosotros mismos hay la misma diferencia que entre nosotros y los demás.

Fotografía: Jorge Quiñoa.

  • Marionetas

A pesar de los escritos optimistas del físico matemático Roger Penrose, plasmados en obras como La nueva mente del emperador, en los que se defiende que la conciencia humana es no-computacional, y no se puede describir como otros aspectos del ser humano, no disponemos de la suficiente evidencia como para verter tal afirmación.

Puede que los procesos cuánticos estén implicados en la conciencia y, por ende, en el libre albedrío, pero de ello solo puede derivarse que seremos incapaces de determinar la posición, velocidad y energía de todas las partículas que nos constituyen. Es decir, que estaremos incapacitados para predecir nuestro futuro.

En otras palabras, un sistema dentro de otro sistema no puede calcular ese sistema. No obstante, que seamos incapaces de calcular lo que haremos dentro de una hora no significa que ello no esté determinado por la física, y por tanto el libre albedrío solo constituya una ilusión cognitiva más.

Es muy probable, pues, que todo nuestro comportamiento sea resultado del Big Bang, como si nuestras neuronas fuesen bolas de billar impulsadas por una Gran Tacada.

Lo cual queda atrozmente simplificado en un experimento de 1985 realizado por Benjamin Libet, en el que se solicitaba a personas que miraran un reloj y anotasen con precisión el momento en que decidían mover un dedo. Los escáneres de electroencefalografía revelaron el instante exacto en que se tomaba esa decisión.

Al comparar ambos tiempos, existía una discrepancia: el cerebro había tomado la decisión aproximadamente 300 milisegundos antes de que la persona tomara conciencia de ella.

Es decir, que a veces el cerebro toma decisiones con antelación, sin la participación de la conciencia, y después trata de disimularlo haciéndonos creer que la decisión fue consciente, tal y como lo ha explicado Michael Sweeney:

«Los resultados de Libet sugerían que el cerebro sabe lo que una persona decidirá antes que la persona […] El mundo debe reevaluar no solo la idea de que los movimientos se dividen entre voluntarios e involuntarios, sino la propia noción de libre albedrío».

Un desfase de un cuarto de segundo se nos antoja una cantidad de tiempo despreciable, pero constituye una eternidad si tenemos en cuenta que los impulsos nerviosos solo tardan una décima de segundo en llegar desde la cabeza hasta el dedo gordo del pie.

Lo que también implica que la conciencia no es una corriente fluida, sino más bien una serie de imágenes que adquieren apariencia de continuidad después de que nuestro cerebro complete los huecos; sobre todo cuando hay un exceso de estímulos, tal y como ha escrito el neurocientífico de Caltech Christof Koch:

«Hasta una imagen que golpea la retina una décima de segundo después de otra puede bloquear la percepción consciente de la imagen anterior».

A pesar de ello, continuamos pensando que nuestras decisiones son nuestras, como si viviéramos excluidos de la física circundante, inventándonos toda clase de agentes que rompan las cadenas causales, tal y como ha denunciado el filósofo Robert Kane:

«Los libertaristas han invocado centros de poder transempíricos, egos inmateriales, yoes nouménicos, causas inobjetivables, y toda una letanía de otras instancias especiales cuyas operaciones no quedaban muy claramente explicadas».

Sea como fuere, aunque exista un resquicio en la física por el que pueda colarse un hálito de libre albedrío, aún habría que abordar las cadenas que nos impone el cóctel neuroquímico que tamiza todo lo que hacemos y pensamos, como la varilla de virtudes que controla a una marioneta, tal y como apunta Steven Johnson en La mente de par en par:

La insensibilidad al rechazo y la confianza social de la serotonina; el empuje exploratorio y la búsqueda sin placer de la dopamina; la irregularidad del cortisol; la felicidad «oceánica» de la endorfina; el impulso de la oxitocina para crear vínculos emocionales; la brusca subida de la adrenalina.

En cualquier caso, poco importa dirimir hasta qué punto somos conscientes o libres si nos pasamos gran parte de nuestra vida dormidos, literalmente.

El tiempo que permanecemos dormidos anualmente equivale a 122 días, una tercera parte de nuestra vida, si es que a estas altura alguien tiene claro qué es la vida y, en cualquier caso, si estamos despiertos cuando ponemos en funcionamiento el piloto automático.

La vida es sueño, máxime si tenemos en cuenta que la mayoría de nosotros sueña cinco veces en cada período de sueño de ocho horas, lo que supone alrededor de 1825 sueños al año. Una cifra para esgrimir enérgicamente frente a los que consideran que conectarse a entornos virtuales no es vivir de verdad.

El argumento perfecto para tomar la píldora roja y entrar en Matrix. Para siempre.

  • No somos el centro de nada

Por si todo lo anterior fuera poco, nuestros átomos no son nuestros, sino que fueron originados en la barriga de una estrella lejana. Muy lejana, de hecho, porque el universo es tan gigantesco que cuesta creer que nosotros seamos algo más que una brizna de hierba.

Concretamente, el universo visible tiene un millón seiscientos mil millones de millones de millones de kilómetros de anchura o 150.000 años luz (con una edad aproximada de 13.800 millones de años).

Es una distancia que somos incapaces de cubrir pero, aunque lo hiciéramos, no llegaríamos a ningún borde o límite: el universo se curva sobre sí mismo de un modo inimaginable, de manera que llegaríamos de nuevo al mismo punto de partida.

Como si estuviéramos atrapados en una esfera de más de tres dimensiones en cuyo exterior no hay nada porque ni siquiera tiene sentido el término «exterior o fuera del universo».

En realidad una esfera es solo una de las tres formas posibles de nuestro universo. Las otras dos son una silla de montar hiperbólica y una forma sin apenas curvatura.

Universo observable. Imagen: Azcolvin429 (CC)
Universo observable.

Además, a pesar de que no somos capaces de percibirlo, el tiempo transcurre más o menos deprisa en función de dónde nos encontremos y a la velocidad a la que viajemos. Por eso, la cola de un perro envejece más lentamente en relación al propio perro (aunque sea a nivel infinitesimal), porque la cola no deja de agitarse (sobre todo si el perro está contento).

Las asimetrías temporales significativas se producen desarrollando grandes velocidades: por ejemplo, los astronautas que formaban la tripulación de la misión espacial soviética Mir EO-3 permanecieron un año en órbita, yendo siempre a 8 km/s, pero al aterrizar solo tenían una diferencia de tiempo respecto a los humanos que permanecimos en la Tierra de 0,01 segundos.

Sin embargo, si un hermano gemelo viajara a una velocidad equivalente al 0,6 de la velocidad de la luz hasta un lugar que se encuentre a seis años luz de distancia, al regresar sería cuatro años más joven que el hermano gemelo que se quedó en la Tierra. Mejor que cualquier tratamiento antiaging.

La altura también influye en esta desincronización temporal. A mayor altitud en la Tierra experimentaremos menos gravedad, y por tanto una dilatación temporal menor. Si permanecemos mucho tiempo en la cima de un rascacielos o una montaña, al bajar seremos un poco más viejos que quienes están en el suelo, más próximos a la fuente de la fuerza de la gravedad.

Hablamos, naturalmente, de asimetrías muy pequeñas: viviendo 79 años en la azotea del Empire State Building, a 380 metros de altitud, perderíamos 0,000104 segundos de nuestro tiempo con respecto a alguien que viviera a ras de suelo. Pero la superficie de Marte es tres años más vieja que la de la Tierra debido al a dilatación temporal gravitatoria.

Un lugar donde experimentar de forma asombrosa esa dilatación temporal sería en la superficie de una estrella de neutrones: estrellas con una gran masa, hasta el punto de que un pedazo de estrella de neutrones del tamaño de un terrón de azúcar pesa tanto como toda la humanidad en conjunto.

En tales condiciones de gravedad, un observador en el espacio experimentaría 60 minutos por cada 65 minutos del que permanece en la estrella de neutrones.

Estaríamos aplastados hasta límites insoportables para la vida, pero teóricamente ganaríamos 5 minutos de vida por hora; y de añadidura, una gravedad tan poderosa también evitaría el problema de que nuestro cuerpo fuera en un 99% vacío: nuestros átomos se comprimirían hasta que prácticamente ocuparan el tamaño del núcleo.

Nuestro tamaño, eso sí, sería microscópico: si el Sol consiguiera aplastarse hasta adquirir la densidad de una estrella de neutrones, ocuparía el mismo volumen que el Everest (actualmente, a efectos comparativos, el diámetro del Sol es cien veces el de la Tierra).

Todo es tan enorme que cuesta imaginar la ingenuidad del ser humano cuando se cree el centro del universo. Uno de los primeros seres humanos que empezó a advertir el error fue Nicolás Copérnico, que plasmó sobre papel su teoría heliocéntrica entre el 1510 y el 1514.

Tardó mucho tiempo en publicar su tratado De revolutionibus orbium coelestium (1543) por temor a recibir represalias de la iglesia, partidaria de que era la Tierra el centro del universo. Más tarde, Charles Darwin hizo lo propio con el ser humano, reduciendo su categoría a la de una especie más; y más tarde lo hizo Werner Heisenberg, poniendo en entredicho la realidad material y hasta el principio de causalidad.

Una imagen de la Vía Láctea. Foto: Steve Jurvetson (CC)
Una imagen de la Vía Láctea.

Todo es tan inabarcable y nosotros somos tan insignificantes que si viajáramos en nuestro coche a 193 km/h ininterrumpidamente por una hipotética autopista imaginaria, tardaríamos 2497 años en llegar a Neptuno, que todavía se encuentra en el sistema solar.

La máxima velocidad desarrollada por tecnología humana es algo más de 250.000 km/h, marca obtenida por la nave Helios 2.

Una tecnología aún sin probar denominada propulsión nuclear de pulso (que básicamente consiste en hacer explotar una bomba atómica debajo de la nave cada segundo) apenas nos permitiría desarrollar una velocidad equivalente al 5% de la velocidad de la luz (que es 300.000 km/s).

Y la luz, para llegar a la estrella más cercana a nosotros, Próxima Centauri, tardaría 4,22 años: Helios 2, sin embargo, tardaría 18.000 años en llegar allí.

La Vía Láctea alberga cientos de miles de millones de estrellas (necesitaríamos 4000 años para nombrarlas todas, suponiendo que pronunciáramos sus nombres a razón de uno por segundo).

Y la Vía Láctea forma parte de los 140.000 millones de galaxias que posiblemente existen en el universo visible. El astrofísico Bruce Gregory calculó que si las galaxias fueran guisantes, habría suficientes para llenar un gran estadio deportivo.

Y no importa que no nos movamos voluntariamente, porque seguimos viajando por el universo a velocidades inimaginables.

En 1929, el astrónomo Edwin Hubble descubrió que todas las galaxias se alejaban de la Tierra y de las demás galaxias, y que además lo hacían a velocidades directamente proporcionales a la distancia mutua.

En honor a Hubble, lanzamos al espacio un telescopio llamado también Hubble que tiene una resolución de 0,085 arcosegundos (el equivalente a leer la inscripción de una moneda pequeña a dos kilómetros de distancia), con la que hemos confirmando que el universo no deja de expandirse.

Eso origina nuestro movimiento, porque formamos parte de una carambola de engranajes que nos impulsa de un lado para otro tal que así: además de girar sobre sí misma a 1.000 km/h (en un punto medio de su superficie), la Tierra describe una órbita alrededor del Sol a una velocidad superior a los 107.000 km/h respecto al Sol, tal y como explican Brian Cox y Jeff Forshaw en ¿Por qué E=MC2?:

«Si te vas a la cama por la noche y duermes ocho horas, cuando te despiertes habrás recorrido más de 800.000 kilómetros».

Pero el movimiento no acaba aquí: el Sol, con la Tierra alrededor, se desplaza por la Vía Láctea a unos 780.000 km/h.  Además, la propia Vía Láctea viaja a 900.000 km/h en dirección al centro de los cúmulos de la constelación de Virgo, que a su vez se desplazan a una masa mayor, Acuario, a 1.400.000 km/h.

¿Más? De toda la materia del universo visible, solo un 4% es materia normal, como la materia de la que están formadas todas las cosas que conocemos. Un 23% está hecho de materia oscura (invisible), que los físicos intuyen que existe pero no saben lo que es. El 73% restante, es decir, casi toda la materia del universo, es energía oscura, que también es invisible, y tampoco sabemos qué es.

Tal y como ha observado el físico Walter Lewin en Por amor a la física: «La conclusión es que ignoramos qué es el 96% de la masa/energía del universo».

Y quién sabe si estamos rodeados de infinitas copias de todo cuanto conocemos en diversas dimensiones, algunas de ellas desarrollando instantes y acciones que nunca hemos experimentado nosotros.

O tal vez todo, nosotros incluidos, solo somos una simulación generada por un superordenador (o somos reales y todas las especies extraterrestres de mayor inteligencia que la nuestra han decidido convertir sus mentes a bits para vivir en un universo generado por un superordenador en el que puedan evitar la inminente destrucción del universo, el Big Crunch, ralentizado hasta casi el infinito el reloj subjetivo del superordenador).

El cualquier caso, un día el universo se acabará, y ya no importará lo pensemos al respecto.

Ni siquiera que, a pesar de todo lo escrito, oh, aún nos creemos el centro de la creación.

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Hace más de 16 años que el cometa Holmes superó el tamaño del Sol convirtiéndose en el objeto más grande del sistema solar…


canal12web.com — El cometa descubierto en 1892 fue noticia en todo el mundo en 2007 debido a que su brillo aumentó un millón de veces en pocas horas.

Fue el día 16 de noviembre allá por 2007 que el cometa Holmes se convirtió en un objeto estelar más que especial. En aquella fecha la cola del cometa, una nube de gas y polvo que envuelve a su núcleo, creció hasta superar el diámetro del Sol. Esto le valió la calificación por aquel entonces de «el objeto más grande de nuestro sistema solar».

El cometa Holmes, conocido en el ámbito de la astronomía como 17P/Holmes, experimentó un evento pocas veces visto en la vida estelar que los astrónomos y aficionados siguen de cerca.

Fue a finales de octubre de 2007, en la noche del 23 al 24, que el cometa aumentó su brillo de una manera significativa, alrededor de un millón de veces más, desde una magnitud +17 hasta una magnitud +2,5 en unas pocas horas.

Pasó de ser un débil objeto, muy poco visible desde nuestro punto de vista, a un notorio cometa ubicado en la constelación de Perseo. Este incremento inusitado de brillo sucedió en menos de 24 horas.

El evento fue descubierto por el astrónomo aficionado español Juan Antonio Henríquez Santana desde Tenerife mediante telescopio y cámara CCD (dispositivo de carga acoplada, por sus siglas).

El cometa Holmes, el objeto más grande del sistema solar

Henríquez Santana realizaba una campaña de seguimiento del cometa.

A mediados de noviembre de 2007, el cometa mostraba una coma, o cabellera, visible mediante instrumentos ópticos y fotografías.

Cabe recordar que el cometa fue descubierto por Edwin Holmes el 6 de noviembre de 1892.

Al ser descubierto, el cometa tenía una magnitud de +4 o +5.

El descubrimiento, que tuvo lugar mientras Holmes realizaba observaciones regulares de la galaxia de Andrómeda (M31), ocurrió gracias a un evento similar al de 2007, que hizo que aumentara de brillo hasta la magnitud +4 o +5 durante algunas semanas.

En 1899 y 1906 se observaron apariciones del cometa. Se dio luego por perdido hasta su reaparición del 16 de julio de 1964. Desde entonces, las apariciones del cometa han sido observadas en cada retorno del mismo. En el segundo semestre del año 2007, el cometa se hallaba a una distancia de unos 240 millones de kilómetros de la Tierra. Se pudo observar nuevamente su paso cercano a la Tierra, siete años después, en 2014.

No existe una explicación clara de qué evento ha podido producir el repetido incremento de brillo tanto en 1892 como en 2007. Se especula que puede haberse tratado de una explosión de elementos gaseosos, o un derrumbe de la estructura de su núcleo.

Otras explicaciones mucho menos probables pueden ser un eventual choque con algún cuerpo que haya sacado a la superficie material del interior del cometa o quizás una posible fragmentación del núcleo.

– Halley: otro cometa entre los más famosos

De acuerdo con la Agencia Espacial Europea (ESA por sus siglas en inglés), Edmund Halley fue quien en el siglo XVII reconoció que los cometas observados en 1531, 1607 y 1682 podían tratarse del mismo objeto debido a sus propiedades orbitales.

Este estudio acerca de la órbita del cometa pudo realizarse gracias a la teoría de la gravedad elaborada por el físico Isaac Newton de la cual Halley se valió, advirtiendo que la próxima vez en que el cometa se interpondría con la órbita de la Tierra sería en 1758.

Aunque el astrónomo murió en 1742 y no pudo ver validada su teoría, el astro lleva su nombre a modo de reconocimiento, indica ESA.

 La última vez que Halley se interpuso con la órbita de la Tierra fue en 1986, y la agencia europea estima que su próximo acercamiento ocurrirá en el año 2061.

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La IA rompe el silencio del dolor: un nuevo horizonte para las personas con parálisis cerebral…


La IA rompe el silencio del dolor: un nuevo horizonte para las personas con parálisis  cerebral

The Conversation(A.S.Garríz/C.M.Yee/F.C.G.Morey/.R.Agulló/P.M.Bueso) Si reflexionamos sobre el sentido del dolor, una experiencia ancestralmente desagradable y eminentemente subjetiva, tendríamos que aceptar que forma parte fundamental de nuestra fisiología; que se trata de una entidad compleja cuyo fin es nuestra supervivencia.

El dolor se nos revela como un necesario y sofisticado sistema de alarma destinado a avisar en aquellas situaciones en las que nuestro organismo está sufriendo un daño, ya sea físico, emocional o potencial. ¿Para qué? Para que intentemos ponerle solución: reposar, inmovilizar la parte afectada, curar una herida…

¿Y si no podemos resolverlo de forma autónoma? Lo habitual será que intentemos avisar a aquellos que puedan aliviarlo por nosotros.

Podemos ver aquí una clara cadena comunicativa: primero una interna, que ocurre dentro de los confines de nuestro organismo, y después una externa, entre nosotros y esa persona que nos ayudará.

– Sufrimiento silencioso

Pero veamos qué ocurriría si cambiamos las reglas del juego. Imaginémonos a una de las millones de personas en todo el mundo que conviven con patologías neurológicas severas: sufren predisposición al dolor y, además, tienen mermada su capacidad de expresión. Es el caso de los pacientes con parálisis cerebral. La experiencia dice que, en muchos casos, sufren sin poder comunicarlo.

Este padecimiento es un gran problema extensible a la comunidad clínica y asistencial que da apoyo a esas personas, quienes demandan una solución urgente. A fin de cuentas, el autoinforme – el testimonio de quien padece el dolor– es el “patrón de oro” para evaluarlo.

La IA rompe el silencio del dolor: un nuevo horizonte para las personas con parálisis  cerebral (The Conversation) julioastillero.com

– No hay un termómetro para el dolor

Tanto es así que a día de hoy no existe ninguna prueba médica o bioensayo capaz de detectar la presencia de dolor ni su intensidad. No hay, por decirlo de algún modo, un termómetro para el dolor. Lo máximo que podemos hacer, a falta de autoinforme, es observar el comportamiento o la expresión facial de la persona que sufre e intentar adivinar.

No olvidemos que la evolución nos ha beneficiado con diversos mecanismos empáticos para ello.

Dicho esto, cabe hacerse la pregunta: ¿somos capaces de identificar el dolor en quienes no lo pueden expresar? La respuesta, mal que nos pese, es que sólo a medias. Y, claro, a medias no es suficiente. Esto va a depender, entre otras cosas, de que la persona que lo padece presente un comportamiento y unas expresiones faciales “estándar”.

Ahí, como decíamos antes, la evolución nos ha hecho a los humanos bastante competentes para identificar si un congénere sufre o no sufre. E incluso, de forma aproximada, para determinar su nivel de sufrimiento.

Pero todo cambia cuando esa persona a la que pretendemos valorar presenta una gestualidad facial modificada o idiosincrática, causada por patrones de actividad muscular alterados (como pasa en algunas de las alteraciones neurológicas que mencionábamos antes). En estos casos, según indica la evidencia, solo podemos ofrecer una aproximación poco concordante con la experiencia del sujeto a valorar.

– La IA viene al rescate

Afortunadamente para todos, la inteligencia artificial (IA) tiene mucho que aportar aquí. El entrenamiento de redes neuronales con imágenes de personas experimentando dolor ha permitido construir un sistema de reconocimiento facial capaz de identificarlo.

La iniciativa se ha realizado de forma multidisciplinar en colaboración con el departamento de investigación de Fundación ASPACE, centro de referencia en parálisis cerebral en Baleares. Para ello, varios investigadores hemos testeado este sistema mediante el desarrollo de una base de datos pionera en el mundo de expresiones faciales de dolor en personas con parálisis cerebral.

Nuestro método de reconocimiento ha identificado que las áreas faciales clave para detectar el dolor específicamente en la parálisis cerebral difieren de las de las personas con desarrollo típico.

Los resultados de estas evaluaciones, aunque aún discretos, no son baladí, ya que este sistema es capaz de emitir un juicio que concuerda en algo más del 62 % con el consenso de dos fisioterapeutas altamente especializados y familiarizados con los sujetos evaluados.

Visualización del proceso seguido por el sistema de reconocimiento facial para la clasificación del dolor. Elaboración de los autores

Creemos que es un buen comienzo, aunque no exento de desafíos. El primero de ellos es mejorar la tasa de precisión del sistema. Esto va a conllevar la adquisición de una base de datos específica de pacientes de parálisis cerebral de alrededor de unas 5 000 imágenes.

Son muchas, pero es el precio a pagar para que la inteligencia artificial sea verdaderamente “inteligente”.

Y mientras nos enfrentamos a este reto, trabajamos en otro: hacer que nuestra solución tecnológica sea útil para la comunidad. Para ello, estamos en fase de desarrollo de una aplicación móvil que permitirá identificar el dolor en personas con alteraciones neurológicas severas a través de una sencilla grabación de vídeo de su rostro.

Dado el trabajo previo que venimos realizado los últimos años, se vislumbra como una realidad en el horizonte cercano.

Prototipo esquemático de interfaz de usuario de la aplicación móvil. Elaboración de los autores

La identificación precisa del dolor es el primer paso para optimizar el tratamiento y mejorar la calidad de vida de un grupo de personas vulnerables. En última instancia, para dar voz a aquellos que no pueden comunicar su dolor. Nuestra esperanza es que este avance contribuya a que la tecnología se utilice para aliviar el sufrimiento humano, promoviendo una sociedad más inclusiva y empática.

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Empleo: Cuáles son las 17 habilidades “blandas” más buscadas (y cómo potenciarlas)…


Una mujer en una entrevista de trabajo
Las habilidades blandas son aquellas que nos permiten relacionarnos y trabajar mejor con otros

BBC News Mundo(S.F.Casillas/C.I.Torres/C.L.D.Richarte – The conversation) — En el ámbito empresarial, las organizaciones buscan personal que, más allá de tener habilidades técnicas y profesionales, tengan habilidades que se desarrollan a lo largo de su vida, llamadas habilidades blandas o soft skills (en inglés).

Se trata de una serie de atributos personales que permiten a las personas colaborar y relacionarse de manera exitosa con los demás.

Están estrechamente relacionados con el comportamiento humano y la inteligencia emocional, lo que permite a los ejecutivos, líderes o administradores de empresas manejar sus propias emociones e incidir de forma positiva en las personas, y evitar ser un líder que pueda opacar el desempeño profesional.

Estas habilidades son difíciles de medir, pero su impacto y beneficios son reales en las empresas.

Al fin y al cabo el mundo empresarial está sujeto a un constante cambio y necesidad de adaptación a la demanda del mercado.

– Habilidades blandas en la búsqueda de empleo

Un grupo de personas busca una posición
Hay algunas habilidades que hacen a algunas personas brillar durante un proceso de selección laboral.

Para analizar la demanda de estas habilidades blandas, hemos analizado plataformas como Linkedin, Indeed, OCC, Computrabajo, y gobierno de México.

Según nuestro análisis, estas son las que más se repetían en las ofertas de trabajo en el ámbito empresarial:

  • Liderazgo. Guiar y dirigir a un grupo de forma positiva.
  • Inteligencia emocional. Permite conocer a las personas e interactuar con ellas para mejorar la capacidad de relación y comunicación.
  • Pensamiento crítico y estratégico. Argumentar de forma crítica las decisiones que se toman para llevar a la empresa a un plan estratégico.
  • Creatividad e innovación. Innovar y ser creativo en los procesos para la mejora continua.
  • Ética profesional. Reflejo del comportamiento, principios e integridad de la persona.
  • Comunicación efectiva. Transmitir ideas y conocimientos de manera clara y sencilla, puede ser verbal o escrita.
  • Trabajo en equipo. Disposición a trabajar con un grupo de personas para alcanzar una meta común.
  • Resolución de problemas o conflictos. Buscar, analizar y evaluar soluciones ante imprevistos de una forma organizada y metódica.
  • Adaptabilidad. Debe ser una persona flexible y receptiva para ajustarse de forma efectiva ante nuevas circunstancias del entorno.
  • Gestión del tiempo. Organizar por medio de herramientas el tiempo de manera eficiente al planificar y maximizar la productividad empresarial.
  • Negociación. Es la capacidad de llegar a un acuerdo mutuo entre dos partes sobre temas de interés divergente para obtener beneficios en común.
  • Empatía. Capacidad para comprender y responder a los requerimientos de los equipos de trabajo y del mercado
  • Orientación al cliente. Se centra en las necesidades y expectativas del cliente, al buscar y crear valor agregado a los productos.
  • Cumplimiento de metas. Capacidad de alcanzar las metas de acuerdo con la planificación, ejecución y seguimiento de acciones estratégicas.
  • Mentoría y coaching. Capacidad de guiar y aconsejar a las personas con menos experiencia a mejorar su rendimiento para la superación de obstáculos.
  • Proactividad. Permite anticiparse a problemas o necesidades y tomar la iniciativa de actuar y generar cambios imprevistos al asumir un rol activo.
  • Responsabilidad y honestidad. Cumplir con las obligaciones y deberes asignados de una forma transparente, sincera, con rectitud y sin engaños.

– ¿Se pueden demostrar estas habilidades?

Un grupo de mujeres trabajan juntas
Es importante usar herramientas auto-diagnósticas para identificar las habilidades blandas.

Durante muchas décadas, las habilidades técnicas y conocimientos específicos en un área fueron considerados como los pilares importante en la contratación de personal. Estas habilidades son demostrables con títulos universitarios y cartas de recomendación o experiencias laborales previas.

Sin embargo, ¿cómo podemos demostrar nuestras habilidades blandas, y cómo pueden los empleadores comprobar nuestro nivel de competencia en ellas? Se recomienda realizar un autodiagnóstico para conocernos mejor, e incluso los contratadores de personal también pueden usar este tipo de diagnósticos para evaluar las habilidades blandas de sus candidatos.

– Cómo potenciar las habilidades blandas

Un hombre sentado en una silla, que forma parte de una línea de sillas vacías
Se pueden usar herramientas para desarrollar las habilidades blandas y volverse más atractivo para el mercado laboral.

Para fortalecer o desarrollar estas habilidades es importante seguir en constante actualización, asistir a talleres, seminarios, capacitaciones, desarrollar el pensamiento crítico, y así, realizar un análisis de auto-conocimiento, en constante retroalimentación para el crecimiento personal y profesional.

Terminamos con unas palabras del experto estadounidense Stephen R. Covey:

“Las habilidades blandas son la verdadera diferencia entre un profesional competente y un líder excepcional. Al desarrollar estas habilidades, nos conectamos con los demás a un nivel más profundo y auténtico, lo que nos permite influir positivamente en los demás y alcanzar resultados excepcionales en cualquier ámbito laboral”.

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Cómo ayudar a un hijo adolescente a entender el amor…


Psicología y Mente(:.Gómez) — El amor es una de las emociones más complejas y abstractas del ser humano, por el cual tenemos un sentimiento profundo de conexión hacia alguien. Es además una experiencia polifacética, ya que el amor puede ser romántico, familiar, de amistad, propio o altruista.

En múltiples ocasiones se ha intentado dar una definición universal por artistas, filósofos o científicos. Como resultado, existen múltiples definiciones, pero ninguna indiscutible, porque el amor es bastante subjetivo, depende de tu propia experiencia. Siendo así, ¿cómo se puede explicar a un/a hijo/a el amor?

Ningún padre quiere que su hijo/a sufra, ni siquiera por amor; de la misma manera que tampoco quiere que haga daño a los demás y no tenga relaciones sanas. Por ello, en este artículo me centro en dar pautas y sugerencias sobre cómo ayudar a un/a hijo/a adolescente a entender el amor.

1. Educación emocional

Lo primero por lo que se puede empezar es la educación emocional. Enseñar a tu hijo/a a reconocer, entender y gestionar sus emociones aumenta su inteligencia emocional, lo que puede permitirle manejarse también con la emoción del amor.

Lo suyo es que el trabajo dirigido enseñarle inteligencia emocional empiece desde que sea pequeño/a, ya que conviven con sus propias emociones desde el momento en el que nacen y es la mejor edad para aprender cualquier cosa.

Si estás leyendo este artículo como padre o madre, lo más probable es que te hayas preocupado porque aprenda a gestionar sus emociones desde siempre, aunque lo hayas hecho incluso inconscientemente.

Igualmente, si no ha sido así, no te preocupes, nunca es tarde para aprender. Si no, no tendría sentido todos los cursos de inteligencia emocional existentes, ni la terapia psicológica.

2. Comunicación libre

Cuando somos adolescentes, de por sí nos despegamos un poco (o mucho) de nuestros padres, porque buscamos ser independientes y crear una identidad propia, definirnos a nosotros mismos. Por eso, puede que tu hijo/a no quiera hablar contigo sobre el amor.

Si consigues que el clima familiar sea agradable y que haya una comunicación fluida desde que es pequeño/a, es más fácil que se sienta libre y seguro/a para expresar sus emociones y consultarte cuando lo necesite.

Para ello, puedes practicar la escucha activa cuando te hable, sobre todo en esos momentos en los que quiere explicarte cómo se siente. Otra idea que ayuda es compartir tus propias vivencias, contarle cosas de tu vida. Te verá más cercano/a, más accesible y, entre ambas cosas, se sentirá seguro/a para hablarte sin que le juzgues.

3. Definición de una relación sana y de una tóxica

Para que pueda tener una relación sana y estable, primero tiene que saber cómo es una. Con este objetivo, puedes explicarle ciertas señales y cualidades que singularizan a una relación sana:

  • Confianza mutua.
  • Comunicación asertiva y resolución de conflictos.
  • Cariño.
  • Admiración mutua.
  • Límites y respeto.
  • Al mismo tiempo que individualidad e independencia.

Por otro lado, también puede serle de utilidad conocer cómo es una relación tóxica, de manera que pueda identificar red flags, es decir, señales que le indiquen que debe cambiar o romper la relación antes de que sea tarde. Entre estas características se encuentran:

  • Miedo al abandono.
  • Manipulación por una parte y excesiva complacencia por la otra.
  • Desequilibrio.
  • Agresividad/pasividad.
  • Falta de libertad para ser uno/a mismo/a.
  • Tristeza y malestar general.
  • Inestabilidad.

Si tu relación con tu pareja es sana, es posible que ya le hayas servido de modelo y tenga un buen referente. En cambio, si consideras que tu relación no cumple esos criterios o directamente rompiste la relación hace un tiempo, explicarle las cosas explícitamente siempre viene bien.

Consejo para padres: ¿Cómo ayudar a tu hijo adolescente a sobrellevar una  ruptura amorosa?

4. Cuidado de su autoestima

Para no perdernos en una relación y terminar con alguien que nos haga sentir mal, es necesario que aprendamos a cuidarnos a nosotros mismos y que conservemos una buena autoestima. Con este propósito, puede elogiar y reforzar sus cualidades, habilidades y características propias, así como no machacarle y sí apoyarle en los momentos en los que se sienta fracasado/a.

Así conseguirás que no tenga la impresión de que solo merece cariño y admiración cuando hace las cosas bien. La idea es que tus propios comentarios le sirvan de modelo y de ideas que tiene que creerse. Aunque a veces, como nos lo dice nuestro padre/madre y solo tiene buenos ojos para nosotros, no nos lo terminamos de creer.

En este sentido, puedes ayudar a tu hijo/a a que aprenda a hacerlo por sí mismo y pueda mantener una buena autoestima (sin dejar de contribuir también tú como su cuidador/a principal). Anímale a practicar el autocuidado, de manera física y psicológica, para que pueda sentirse bien consigo mismo/a.

5. Respeto y aceptación de la diversidad y sexualidad

Vivimos en una sociedad con ciertos valores e ideas inculcados, que nos crean unas expectativas sobre la vida de los demás y la nuestra propia. Entre estas ideas está la heterosexualidad: la mayoría de nosotros crecemos o vivimos creyendo que todo el mundo es heterosexual, hasta que se descubre lo contrario.

Para sustituir este supuesto social, tenemos que hacer cambios internos. Puedes aportar tu granito de arena a este cambio, educando a tu hijo desde el respeto hacia la diversidad sexual y del amor, hablando sobre ello libremente y subrayando que todas las formas de amor y sexo son válidas mientras que haya un respeto mutuo.

Puede que él/ella mismo/a sea del colectivo LGTBIQ+, de manera que esta educación le podría servir como una forma de aceptarse a sí mismo/a y de conocer que cuenta con el apoyo y respeto de su padre/madre.

Por otro lado, es importante que sepa reconocer el consentimiento claro, informado y mutuo. He hecho mucho hincapié en el artículo sobre el respeto y la comunicación explícita, y lo vuelvo a hacer. Es necesario que en cualquier relación existan ambas variables, y es relevante que tu hijo/a lo entienda. Sin respeto y aceptación, no hay un amor sano.

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El peligroso (e insustancial) mensaje de una canción…


Fotografía: Jason Devaun (CC)

JotDown(S.Parra) — Empecemos por puntualizar una cosa: me encanta la música, sin banda sonora mi vida sería menos cinematográfica y emocionante. Hay canciones que, casi literalmente, me han salvado la vida. Y científicamente hay muchas ventajas demostradas a propósito de ponerle un poco de música a nuestro cerebro, como explico aquí.

La música es un tipo de droga. No es una droga exógena, es decir, de las que se pueden ingerir bajo prescripción facultativa o escamoteando la legalidad vigente. Es una meta-droga, en el sentido de que es capaz de producir drogas endógenas, es decir, las que sintetiza nuestro propio cuerpo (que hasta nueva orden están a salvo de cualquier regulación burocrática).

Pero la música solo es ruido que suena bien. Y también existen muchos tipos de música. A riesgo de parecer clasista, no es lo mismo Justin Bieber que Dream Theater. Ni siquiera es lo mismo el electrolatino y el blues. Así pues, si diversos tipos de ruido ejercen distintos efectos en nuestro cuerpo (pongamos martillo neumático y pajaritos cantando al amanecer, por ejemplo), de igual modo los distintos tipos de música desencadenan unas u otras sustancias en nuestro cuerpo.

– Todo lo que el ruido musical hace en ti

Si dividimos la música en grandes conjuntos, la música de baile y las marchas orquestales promueven en mayor medida una respuesta de tipo muscular, mientras que otros géneros, como el jazz, desencadenan ante todo respuestas de tipo respiratorio o cardiovascular. La música melódica puede sugerir que el mundo que nos rodea es armonioso, pero el ruido sugiere desorden, incertidumbre y peligro.

Sin embargo, estas divisiones y efectos son toscas si las comparamos con la infinita constelación de notas musicales y los microefectos que producen, tal y como indica el neurólogo Anthony Smith en su libro La mente:

Aparentemente, la música puede: incrementar el metabolismo del organismo, alterar la energía muscular, acelerar la frecuencia respiratoria y convertirla en menos regular, reducir el umbral para diversos estímulos sensoriales, afectar a la presión arterial, y con ello a la circulación sanguínea.

La música de alto ritmo mejora el rendimiento físico y aumenta el disfrute  del ejercicio en bicicleta

Según un estudio presentado en la Conferencia Anual de la Sociedad Británica de Psicología por Alexandra Lamont y sus colegas de la Universidad de Keele, escuchar tus canciones favoritas cuando practicas un deporte competitivo mejora tu rendimiento.

Algunos de los temas generalmente escogidos en el estudio para estar más motivado mientras se hace ejercicio fueron: Eye of the Tiger, de Survivor (escogida por toda clase de deportistas) y Lose Yourself, de Eminem (más común entre corredores y futbolistas). También tuvieron mucho predicamento temas de Kings of Leon, Florence and the MachinePendulumBlondieMuseRihanna y Black Eyed Peas.

Las cuatro estaciones de Vivaldi resulta idóneo para despertar conexiones en el hemisferio cerebral izquierdo. Los valses de Strauss y las polonesas de Chopin estimulan el pensamiento creativo. El We are the champions de la banda Queen produce euforia. Elvis Presley es ideal para el hipotálamo y sus emociones asociadas. Like a virgin de Madonna induce a la socialización y la simpatía. Como escribo en Ciclistas de sofá:

Si tuviera que escoger un top 10 de canciones para no desfallecer, sin duda en primer lugar estaría el Going to distance de la banda sonora de la película Rocky. Como le pasaba al personaje de Bizcochito en la serie televisiva Ally McBeal, las campanas que inician esta canción son capaces de insuflarte tal energía y seguridad en ti mismo que el propio Bizcochito la empleaba cada vez que debía enfrentarse a un gran desafío como abogado. Es imposible desvincular estas notas musicales con las imágenes de superación personal de Rocky Balboa.

Por ello la música tiene tanto poder a la hora de modificar nuestros niveles hormonales, incluso hasta el punto de incrementar sustancias importantes del sistema inmunitario. La música suave y sosegada, el Musak, por ejemplo, produce más cantidad de esta sustancia que el jazz, y por supuesto que el silencio, según un estudio de Charnetski y Brennan de 1998. El ruido puede hacer descender esa sustancia.

También hay estudios que sugieren cómo la música nos cura. Según el doctor en biología de Harvard Robert Trivers en su libro La insensatez de los necios:

Hay dos experimentos recientes que se destacan por encima de los demás. Cuando se inyectan 500 células cancerosas a ratones que han sufrido estrés causado por ruidos nocturnos, se comprueba que el avance del cáncer es mucho más lento si se les hace escuchar música melodiosa durante cinco horas todas las mañanas. Podemos citar un experimento igualmente notable, esta vez con seres humanos. Se le hizo escuchar música de Bach (escrita en una tonalidad mayor) a un grupo de personas que hacían un tratamiento fisioterapéutico para los bronquios (tenían que aspirar un medicamento, respirar y toser). Se comprobó entonces que ese grupo se recuperaba con mucha mayor rapidez que otro, tratado con el mismo método pero sin música.

– Sintonizando el corazón

La música tiene especial facilidad para conmover a nuestro corazón. De hecho, puede sincronizarse de forma muy precisa con él, como explica Gail Gadwin en su libro El corazón. Según la notación musical italiana llamada tempo giusto (el tiempo justo), que es un compás uniforme de entre 66 y 76 en el metrónomo, estamos sintonizando el ritmo de un corazón sano.

Pero lo que verdaderamente emociona son los altibajos en el tempo. El ruido marrón, una sinfonía de una sola nota, resulta aburrida para nuestro cerebro, y finalmente desesperante. La música debe ser ruido rosa, tal y como escribe Jorge Wagensberg en La rebelión de las formas:

Es el gozo de la música: resolver la autoafinidad; un tenso conflicto entre lo que se puede predecir y la sorpresa. Si la correlación en el tiempo es demasiado baja, la predicción requiere un trabajo infinito, por lo que el cerebro se ve insuficiente y se deprime. El ruido blanco (totalmente aleatorio) primero desespera y luego aburre.

Si la correlación es demasiado alta, la predicción requiere un trabajo nulo, con lo que el cerebro se ve innecesario y se ofende.

Cuando la psicóloga Paula Niedenthal, de la Universidad de Indiana, necesitaba que los sujetos de sus experimentos se sintieran felices, seleccionaban piezas de Vivaldi y Mozart. Cuando necesitaba que se sintieran tristes, escogía a Mahler o Rachmaninov.

Por ejemplo, el intervalo tonal que constituye la base del himno a la alegría que incluyo Beethoven en su novena sinfonía expresan placer o felicidad universales. Este intervalo tonal también se emplea en La traviata de Verdi, en El oro del Rin de Wagner o en la Sinfonía de los salmos de Stravinsky.

– Comunicarse cantando

La música es una forma de comunicación de baja intensidad, en el sentido de que el receptor es el que interpreta la música y llena de significado e información lo que en esencia es solamente un puñado de notas musicales (en ocasiones acompañado de una letra simplona y/o repetitiva, como un mantra).

Pero tanto la música como el canto transmiten emociones. Como demostraron desde la Universidad de Tromso los psicólogos Hella Oelman y Bruno Loeng, existe una suerte de gramática tonal universal: individuos de distintas épocas y culturas experimentan una gama compartida de reacciones emocionales a intervalos musicales concretos.

Cantar también modifica el cerebro, en particular el lóbulo temporal derecho, y se liberan endorfinas, particularmente oxitocina, lo que se traduce en sensaciones profundas de felicidad, unión y amor. Es decir, propician la comunicación.

Es lo que propone Tania de Jong, una firme defensora de los efectos terapéuticos de cantar y fundadora de Creativity Australia, un programa orientado a personas de 9 a 90 años edad. Tania considera que esta forma de relacionarse con los demás permite que personas de distintos credos, culturas y orígenes logren conectar mejor. Explica su modelo en su charla TED Cómo cantar juntos cambia el cerebro.

Así es la música. Como una droga (o más concretamente una estimuladora de drogas endógenas). En consecuencia, vuestro reproductor de mp3 será como vuestro inductor anímico. Algo así como un botiquín con toda clase de drogas que os administraréis vía auditiva y que moldearán vuestra mente y, por extensión, la realidad que os rodea. Pero cuidado con lo que dijo Woody Allen: «Cuando escucho a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia».

– Letras peligrosas como una droga dura

Dicho lo cual, también debo señalar que la letra de la mayoría de las canciones que se han compuesto en la historia de la música son una bobada. Y, también, peligrosas como una droga dura. Muy peligrosas como los aforismos perogrullescos de Paulo Coelho. Peligrosas como cualquier cosa muy estúpida y huera que la gente comparte por Facebook como si fuera la quintaesencia de lo profundo, lo esclarecedor, lo reflexivo.

Probablemente hay algo de boutade en esta afirmación, pero no tanto como parece si echamos mano de la bibliografía científica disponible al respecto.

– La música es poderosa en ti

No quiero que jamás se prohíba la música. En Irán, por ejemplo, solo está autorizada la música tradicional y algunos cantantes masculinos sentimentales. Todo lo demás forma parte de una contracultura casi invisible. El rock y, sobre todo el rap iraní, está terminantemente prohibido en el país.

En su libro Smart, Frédéric Martel entrevista a uno de estos músicos subterráneos, Rasul, batería de una de estas bandas underground, y explica así a lo que se arriesga si les pillan tocando en un garaje o una sala improvisada: «A que me destruyan la batería y a dos días de cárcel; en algunos casos graves, a setenta y cuatro latigazos».

Yo no quiero prohibir la música, ni siquiera la ramplona, pero queda patente que muchos otros sí quieren hacerlo.

Esto nos ofrece la primera pista del presunto poder de la música: puede hacerte pensar o sentir cosas de un mundo muy intenso. Woody Allen, en Misterioso asesinato en Manhattan, decía: «Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia». En El mundo como voluntad y representaciónSchopenhauer escribía: «En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad».

Los músicos iraníes, a pesar de los riesgos, continúan porfiando en expresarse y polarizar (o despolarizar) las mentes de quienes les escuchen, tal y como señala Martel:

El fenómeno mp3 y iTunes ha abolido prácticamente, si no legalmente, la censura sobre la música en Irán […] Miles de jóvenes iraníes exiliados en Tehrangeles, antimulás, nerds, apasionados por el mundo digital o empleados de startups, inventan en tiempo real software para desactivar las argucias de la censura de su país de origen. Nunca les faltan ideas y están dispuestos a echarle todas las horas del mundo.

No es un fenómeno nuevo. Poco después de la Segunda Guerra Mundial, el rock estaba prohibido en Londres. Así que los agentes contraculturales se trasladaban a plataformas extramuros de los límites marítimos del país para emitir rock desde allí, inundando de ondas hercianas el puritanismo british.

La música es tan importante a la hora de hacernos sentir cosas que ha existido desde tiempos inmemoriales. Es una práctica exclusiva de la especie humana (porque no hay evidencia de que a ningún otro animal le guste la música), y el artefacto más antiguo que ha llegado hasta nosotros es precisamente un instrumento musical, una flauta de cuarenta mil años de antigüedad.

– Do re mi, sí (letra, NO)

 

Fotogrfía: @HayeurJF (CC)

La música es tan poderosamente irracional, tan profundamente instintiva, que incluso existen innumerables casos en los que esta ha sido compuesta bajo los efectos de los estupefacientes. Muchos genios del jazz, como Miles Davis, eran adictos a los opiáceos. A love Supreme de John Coltrane tuvo como fuente de inspiración un episodio próximo a la sobredosis.

El ritmo de la música punk se aceleró de forma perceptible cuando las anfetaminas se convirtieron en la droga predilecta de la escena musical, sobre todo en el Reino Unido. The Stooges o New York Dolls le daban más a la heroína, y quizá por eso tocaban a un ritmo más lento. The Grateful Dead insistía en tocar en directo bajo los efectos del LSD. Y tal como escribe Zoe Cormier en su libro La ciencia del placer:

El reggae se compone con resina de marihuana, y cuanto más cannabis se consume más lento es el ritmo, como se evidencia en el espectacular cambio de tempo experimentado por Bob Marley & The Wailers cuando se incorporó Lee Perry.

Sin embargo, las letras parecen tener un estatus superior, cuando en realidad tienen el mismo: son igualmente irracionales, pero aún más peligrosas porque precisamente no parecen irracionales.

La música es capaz de saltarse nuestras barreras lógicas, agitando las entrañas de la misma forma que lo haría un enamoramiento o la muerte de un ser querido. Ninguna otra actividad humana estimula tantas zonas del cerebro, ni el lenguaje, ni el deporte, ni el cine, tal y como escribe Oliver Sacks en su imprescindible volumen sobre el tema, Musicofilia, «a los anatomistas les resultaría difícil identificar el cerebro de un artista, un escritor o un matemático, pero podrían reconocer el cerebro de un músico al instante».

Pareciera que la música conecta de forma inaudita las partes más antiguas y modernas de nuestro cerebro. Por ejemplo, en 2008, el catedrático Aniruddh Patel, del Instituto de Neurología de San Diego, descubrió que, al escuchar música, el ritmo de las señales eléctricas que atraviesa las neuronas alcanza un nivel de sincronía inédito, tal y como publicó en la revista Nature.

Pero si las notas musicales son capaces de encauzar tus sentimientos, las letras de las canciones llegan mucho más allá. La razón de ello no es neurobiológica, sino social: consideramos que las palabras pueden ofrecer ideas, argumentos, historias. Pero ¿cuál es la calidad intrínseca de estas letras si les arrebatamos el ornamento musical?

Por ejemplo, Guerra y Paz ofrece muchas letras que forman oraciones, ideas. Incluso lo hace El código da Vinci.

Hay ensayos de trescientas páginas que pueden ofrecer ideas más complejas, conceptos que nunca habían pasado por nuestra mente, matizaciones que permitirán que recalibremos nuestras opiniones más arraigadas e incluso los sentimientos asociados a los mismos. Porque solo así podremos aplicar lo que dijo Clovis Andersen: «Uno no sabe nada hasta que no sabe por qué lo sabe».

Pero si transcribimos la letra de cualquier canción apenas llenaremos media cuartilla. De hecho, la mayoría de letras se basan en repeticiones de párrafos, y el llamado estribillo acostumbra a ser una reiteración machacante que recuerda a lo que podemos oír en una secta, lo que puede escribir un gurú vitriólico, lo que podemos leer en un grimorio para invocar un súcubo.

Y en este punto estriba la peligrosidad de las letras de las canciones: obran como manipuladoras de mentes con la síntesis y la superficialidad de un mensaje de galleta de la suerte de restaurante chino, a la vez que han adquirido el estatus de una novela o un ensayo repleto de ideas complejas llenas de matizaciones, aclaraciones, fuentes contrastadas y demás exigencias intelectuales.

O dicho de otro modo: en vez de tirar horas y horas para documentar y escribir este artículo, con el propósito de que algún lector pueda replantearse lo que creía cierto, ¿debería haber escrito una tonada del tipo «la letra de tu canción es peligrosa, solo escucha tu corazón, oh, oh, oh»?

O mejor: debería haber escrito una tonada que dijera más o menos lo que creo que la mayoría de mis oyentes considerarán cierto, una idea universal que cualquiera podrá fácilmente hacer suya.

– La canción no es para ti (aunque lo parezca)

 

Fotografía: Ralph Thompson (CC)

La mayoría de letristas no son personas particularmente cultas, y en muchas ocasiones ni siquiera son inteligentes. Carecen de formación académica específica sobre el asunto del que están opinando (no nos engañemos, la mayoría de veces acerca de algún problema amoroso).

No ha bregado con la suficiente documentación. Sencillamente aportan su visión de las cosas en función de su experiencia personal (inducción imperfecta, es decir, que no puede volverse universal) o lo que ha aprendido en la llamada universidad de la calle, que es como no decir nada (la forma más segura de acumular conocimiento válido, epistemológicamente hablando, es a través del método científico o similar, y este debe ser objeto de escrutinio de otros especialistas en publicaciones revisadas por pares).

Es decir: las ideas que aportan las canciones suelen ser teorías puramente especulativas presentadas como verdades establecidas, analogías forzadas cuando no absurdas, retórica que suena bien pero cuyo significado es ambiguo. ¿Cómo sabemos que lo vertido en una canción es conocimiento contrastado? Sencillamente no lo sabemos. Y no hay forma de acceder a las bases de la lógica y de la ciencia que subyacen a esas afirmaciones.

Lo que te diga una canción acerca de cómo te debes sentir tras una ruptura amorosa es posible que no sea lo más adecuado, solo es lo que opina el tipo que lo ha escrito (o ni siquiera eso). Solo son palabras vagas que sirven para todo. Palabras que hacemos nuestras, como si la canción estuviera escrita justo para nuestra situación, para nosotros, como si el letrista nos conociera perfectamente.

Una sensación, o más bien sesgo cognitivo, que también aparece cuando visionamos determinadas películas o leemos determinados libros, sobre todo si están llenos de versos poéticos. En la música, sin embargo, el efecto es más poderoso porque está acompañado de tres factores que lo refuerzan:

– Melodía: consolida las oraciones porque tienen la extensión que melódicamente deben tener.

– Rima: obra como cantos de sirena que inciden en nuestras emociones hasta el punto de que si suena bien parece más cierto que si suena mal (es decir, no rima).

– Repetición: robustece el mensaje, sobre todo si es repetido en un estribillo multitudinario (sesgo endogrupal), como las repeticiones tribales acompañadas del tam-tam.  

Estos factores, además, facilitan que los mensajes musicales se queden grabados mucho mejor en nuestra memoria. En un experimento realizado por David Rubin, un profesor de la Universidad de Duke, sometió a un grupo de estudiantes universitarios a un ejercicio de memorización.

Quienes debían escribir la letra de The Star-Spangled Bennett recordaban menos palabras si lo hacían sin música que si lo hacían con música. Añadamos a todo eso los llantos, los lamentos, los gruñidos, los arrullos, las risas, las quejas, los aullidos, las aclamaciones, los aplausos, los gritos y otras tantos añadidos acústicos y reclamos que impactan directamente en nuestros sistema límbico, una región de nuestro cerebro implicada en nuestras emociones.

La razón de que las canciones infantiles sean melódicas es que a los niños les cuesta mucho menos memorizarlas. En las postrimerías de nuestra vida, cuando el alzhéimer hace estragos, las canciones de nuestra juventud son las que más fácilmente persisten. Esa es la magia de la música, y precisamente debido a su extraordinario poder debemos tener precaución con su mensaje.

Evitar convencernos de que sus afirmaciones son más sólidas sencillamente porque están construidas sobre cimientos melódicos. Como diría el tío de Spiderman: «todo poder conlleva una gran responsabilidad». La letra, a rebufo del hype de Star Wars: Force Awakens, es como la Fuerza. Puede usarse para el bien o convertirte en un sith. Así de peligrosa puede ser la letra de una canción.

– Somos tontos y por eso nos gustan las tontunas

 

Fotografía: Ralph Thompson (CC)

No hay que mirar todo con una lupa, pero tampoco olvidar que nuestros ojos (y el de los cantantes que nos encandilan) están desenfocados como si sufrieran presbicia.

El cambio de paradigma que supuso el desarrollo del método científico, allá por el siglo XVII, fue el admitir que el ser humano era tonto y, en consecuencia, solía enamorarse de las ideas más tontas, siempre y cuando se ajustaran a sus prejuicios. Los hechos que sencillamente no encajan, se olvidan o se reinterpretan.

Por esa razón, se borró de un plumazo todo el conocimiento pretendidamente acumulado por pensadores y filósofos durante milenios, se evitó la falacia de autoridad (eso es verdad porque lo dijo Aristóteles), y se empezó a construir el conocimiento desde cero de una forma totalmente revolucionaria: a partir de ahora nada es verdad si no se nos muestra cómo se ha alcanzando esa verdad y los mecanismos que subyacen a la misma; y además esa verdad debe estar expuesta al escrutinio ajeno, y en el momento que alguien encuentre el más mínimo error, la verdad deberá desautorizarse.

Es decir, por primera vez el conocimiento ya no era lo que decía una persona, sino el producto de la crítica de determinadas afirmaciones. El conocimiento era resultado de la colaboración entre mentes que buscaban los tres pies al gato a lo que tú decías. Y este no es un método exclusivamente científico, sino que puede extrapolarse a muchas otras áreas del saber.

La letras de las canciones, sin embargo, está arraigada aún a todos los vicios que conseguimos superar hace cuatrocientos años: afirmaciones sin pruebas, falacia de autoridad, mensajes crípticos difícilmente cuestionables, etc.

Coged cualquier canción de amor. La que sea. Puede que vierta verdades universales que suenan estupendamente bien y que puede aplicarse a mucha gente. Porque son consejos de libro de autoayuda disfrazados de conjuros musicales que invaden nuestro sistema límbico.

Porque son oraciones religiosas que enardecen el fervor numinoso, las del Santo Pentagrama, que hace proselitismo y premia el asentamiento, la fosilización, la transmisión de memes vía nota musical, el así seré, así seguiré, nunca cambiaré. Las letras de las canciones son de una simpleza rayana en el insulto, en muchas ocasiones, pero nuestro cerebro se encarga de llenarlas de significado.

En realidad hacemos nosotros el esfuerzo, no los letristas o los intérpretes. Como si fuera el placebo que se experimenta al tratarnos con homeopatía.

Ahora agarrad, por ejemplo, un ensayo sobre el amor escrito por Ortega y Gasset o Erich Fromm. Aunque tales ensayos no son particularmente científicos, sí que son exhaustivos, y pueden contraargumentarse convenientemente. Como apunta Steven Johnson en su libro Cultura basura, cerebros privilegiados al criticar los debates de televisión como forma de adquirir conocimiento:

Los ensayos complicados y que tienen un desarrollo secuencial (en que cada premisa está basada en la anterior y en que una idea puede necesitar todo un capítulo para ser convenientemente desarrollada), no están hechos para ser expresados en un intenso programa de debate.

Llegados a este punto, debería causar rubor que esgrimiéramos canciones como bandera de cualquier idea. Las canciones son gritos. Palabras de aliento del entrenador de fútbol. Frases reconfortantes de tu mejor amigo para pasar lo mejor posible tu última ruptura amorosa. Síntesis de psicólogo de bar que quizá te eviten pagar a un profesional.

Y eso es mucho, no me malinterpretéis, porque como ya dije la música es importante en mi vida. Pero es solo eso. No deberíamos atribuirle virtudes de las que carece. Es decir: la música no transmite información fidedigna, porque su objetivo es la persuasión y el placer estético, no la persecución de la verdad.

Ripios publicitarios, mensajes para estampar en una camiseta, eslóganes rimados, canciones de verano, las tan en boga batallas verbales de raperos… son lo que son.

Construcciones artificiosas para generar emociones (y generar emociones, per se, no es ni bueno ni malo, ni elevado ni fangoso, porque también la telenovela Cristal generaba emociones a tutiplén). Un discurso zombi perfectamente adornado de pirotécnica. Una paremiología simplificada, un dogma, un meme musical.

Todo eso es la música. Y precisamente por ello me encanta la música. Porque a todos nos gusta vivir en nuestra propia película. Con banda sonora incluida.

nuestras charlas nocturnas.


Por qué algunos sabores nos recuerdan a nuestra infancia…


Infobae(B.Marinone) — Lo esencial: los sabores y olores activan una red neuronal que incluye la amígdala y el hipocampo, lo que permite la evocación de recuerdos detallados y emocionalmente cargados. Esta reacción se debe a la proximidad del bulbo olfatorio a las áreas cerebrales vinculadas con la memoria.

Por eso, un plato familiar puede transportarnos instantáneamente a nuestra infancia, generando nostalgia y emociones vivaces.

Por qué importa: comprender esta conexión tiene aplicaciones terapéuticas y podría potenciar el uso de estímulos sensoriales en el tratamiento de trastornos emocionales y en la mejora del bienestar personal.

Los sabores tienen el poder de llevarnos a distintos lugares y también a momentos especiales. Por ejemplo, de vuelta a nuestra infancia, como a la cocina de la abuela o las recetas de mamá, rodeados de aromas familiares y risas.

Un simple bocado puede desatar un torrente de recuerdos que despiertan emociones dormidas, desde la seguridad de un plato casero hasta la alegría de un postre especial. Esta conexión entre comida y memoria encuentra sus raíces en cómo el cerebro almacena las experiencias sensoriales.

El secreto de esta poderosa conexión está en el bulbo olfatorio, ubicado muy cerca de las áreas del cerebro que manejan la memoria y las emociones. A diferencia de otros sentidos, el gusto y el olfato tienen un camino directo al sistema límbicola parte del cerebro donde se guardan los recuerdos más profundos.

Por eso, basta con que una sopa recién hecha, milanesas, guisos o el sabor de un dulce típico nos roce el paladar para que, de repente, estemos de vuelta en la infancia, rodeados de momentos y sensaciones que creíamos olvidados.

Este fenómeno es común y se debe a la forma en que nuestro cerebro procesa la comida y los recuerdos asociados a ella, haciéndolos más intensos y duraderos que otros tipos de memorias.

– La ciencia detrás de los sabores que nos devuelven al pasado

Un plato de pastas, un postre único y el toque único del cariño hacen de los recuerdos ligados a la comida como uno de los más memorables.

En diálogo con InfobaeClaudio Waisburg, (MN 98128), médico y neurocientífico, director del Instituto SOMA y ex jefe de Neurología Infantojuvenil de Ineco, dice que el gusto y el olfato están estrechamente relacionados para entender esta cuestión y que ambos juegan un papel fundamental en la evocación de recuerdos.

Sin embargo, subraya que, aunque el gusto es importante, el olfato es decisivo. “El sentido del olfato es, efectivamente, más poderoso que el del gusto en varios aspectos. 

Desde la neurociencia, sabemos que el olfato y el gusto están interrelacionados, pero el olfato tiene una conexión más directa y profunda con el sistema límbico, especialmente con la amígdala y el hipocampo, áreas del cerebro vinculadas a las emociones y la memoria”, explica Waisburg.

Este acceso directo del olfato al sistema límbico, señala Waisburg, es “menos filtrado que el de otros sentidos y permite que los olores activen, de inmediato, respuestas emocionales y recuerdos”. Esta singularidad hace que los olores sean capaces de evocar memorias de una forma rápida y vivaz, superando a otros estímulos sensoriales.

En otras palabras, los sabores y los olores acceden al sistema límbico sin pasar por el tálamo, lo que permite una reacción inmediata. Esta conexión directa provoca respuestas emocionales intensas, haciendo que los recuerdos asociados a los sabores sean más vívidos y detallados que los generados por otros sentidos.

El papel del gusto se reconoce en la creación de experiencias sensoriales completas, pero es la combinación con el olfato lo que refuerza significativamente la evocación de memorias detalladas y emocionalmente intensas.

El sistema olfativo humano tiene más de 12 millones de receptores en la nariz y la cavidad nasal, que capturan moléculas de olor y envían señales al bulbo olfatorio para su procesamiento. Con 450 tipos de receptores distintos, el olfato puede percibir millones de combinaciones de moléculas, permitiendo distinguir entre, por ejemplo, una salsa comercial y la receta casera de la abuela.

Según Susan Whitbourne, profesora de psicología de la Universidad de Massachusetts dijo a The HuffPost, “la memoria de la comida es más sensorial que otros recuerdos porque involucra los cinco sentidos”.

“Los recuerdos de la comida provocan mucha nostalgia porque existe todo ese contexto del lugar donde se prepara o se come, así la comida se convierte en algo simbólico, con otro significado”, añadió Whitbourne.

“Muchos de nuestros recuerdos como niños no son tanto la tarta de manzana, por ejemplo, sino la experiencia completa de ser parte de una familia, o del ser cuidado con cariño, que le añaden un significado adicional a la cualidad sensorial”.

Mientras que otros tipos de recuerdos pueden involucrar uno o dos sentidos, la comida estimula el gusto, el olfato, la vista, el tacto e incluso el oído, como el sonido de una cáscara crujiente o el chisporroteo de la comida al cocinarse. Esta sinergia sensorial crea una experiencia más vívida y fácilmente recuperable.

– Cómo el cerebro asocia sabores y emociones desde la infancia

Desde la infancia, ciertos sabores tienen la capacidad de transportarnos al pasado, despertando recuerdos y emociones que permanecen latentes en nuestra memoria. Pero, ¿cómo sucede? ¿Qué mecanismos se activan?

“Cuando probamos sabores que comíamos en la infancia, se activa una red neuronal que involucra al hipocampo ―clave en la formación de recuerdos― y la corteza entorrinal, áreas del cerebro que preservan memorias específicas, especialmente las que tienen una fuerte carga emocional”, apunta Waisburg.

El neurocientífico consultado por Infobae explica que la asociación entre sabores y recuerdos de la infancia se debe a mecanismos cerebrales donde la amígdala conecta las emociones con los estímulos sensoriales, y el hipocampo se encarga de almacenar esos recuerdos emocionales.

Dado que los sabores suelen asociarse a experiencias emocionalmente significativas, como una comida familiar, la amígdala fortalece estos recuerdos. Así, al percibir un sabor similar, se activa la red neuronal correspondiente, evocando imágenes y sensaciones de la infancia.

Y agrega: “La conexión entre sabores y recuerdos está profundamente relacionada con la memoria episódica, que es responsable de almacenar recuerdos personales y experiencias”.

Según los expertos de The Mayo Clinic, la memoria episódica se refiere a la capacidad de recordar experiencias y eventos específicos. Estos recuerdos pueden variar de una persona a otra, incluso si compartieron la misma experiencia. Los detalles asociados con la memoria episódica suelen incluir aspectos como emociones, tiempo y lugar.

El psicólogo y neurocientífico Hadley Bergstrom, profesor asistente de psicología en Vassar, dijo a The Huffpost que “la memoria del gusto tiende a ser la más fuerte de las memorias asociativas”.

– Recuerdos intensos y sabrosos toda la vida

¿Cuándo se forman estos recuerdos? Los recuerdos clave que definen la identidad relacionados con la comida son una parte esencial de la memoria autobiográfica, que se forma a lo largo de la vida y refleja momentos clave de desarrollo personal.

Un estudio muestra que los recuerdos autodefinitorios relacionados con la comida surgen en distintos momentos de la vida, desde la infancia hasta la vejez.

Los recuerdos de la niñez suelen evocar momentos familiares felices, mientras que los de la juventud están más vinculados a experiencias de identidad, como primeras veces.

En la adultez, estos recuerdos tienden a centrarse en eventos importantes como el nacimiento de un hijo o hitos profesionales. En la vejez, los recuerdos más comunes se relacionan con ser abuelos o la jubilación, reflejando las etapas del desarrollo psicosocial de Erik Erikson, que incluyen la confianza y la autonomía en la niñez, la intimidad en la juventud y la integridad en la vejez.

El estudio también confirma que la mayor parte de estos recuerdos en adultos mayores se codifica durante la adultez, superando el 45%. Este hallazgo es significativo, ya que contrasta con la tendencia de los adultos mayores a recordar más su juventud, un fenómeno conocido como el bache de la reminiscencia.

Aunque investigaciones previas muestran que los recuerdos autobiográficos suelen concentrarse en la juventud, este nuevo análisis subraya la importancia de la adultez como un período clave para formar memorias autodefinitorias, especialmente aquellas relacionadas con la comida, que refuerzan el sentido de identidad en la vejez.

En otro estudio en Francia, se investigó cómo los diferentes sentidos afectan la memoria autobiográfica. Los investigadores descubrieron que tanto el gusto como el olfato tienen un impacto único en la evocación de recuerdos, que destacan por ser más emocionales y menos comunes que los recuerdos visuales o auditivos.

A pesar de que estos recuerdos suelen ser menos detallados y más difíciles de recuperar, mostraron un potencial particular para desenterrar memorias olvidadas, especialmente de la infancia. Esto se debe a la conexión profunda de estos sentidos con el sistema límbico del cerebro, responsable de las emociones y la memoria.

El estudio señaló que los recuerdos desencadenados por sabores y olores eran más propensos a ser viejos y emocionalmente intensos, coincidiendo con el llamado efecto Proust.

Esta investigación reafirma la importancia de los estímulos sensoriales en la memoria, sugiriendo que el uso de señales personalizadas puede mejorar la recuperación de recuerdos autobiográficos, especialmente en contextos terapéuticos o clínicos.

En esa misma línea, la revisión de los investigadores Jeffrey D. GreenChelsea A. ReidMargaret A. Kneuer y Mattie V. Hedgebeth analizaron por qué los recuerdos provocados por el gusto y el olfato son especialmente potentes y relevantes para la identidad personal.

La investigación abordó los fundamentos fisiológicos, neurológicos y psicológicos que explican por qué estos recuerdos evocan emociones positivas más intensas que las provocadas por otros estímulos.

Los recuerdos inducidos por aromas y sabores no solo tienen un perfil emocional más favorable, sino que también ofrecen beneficios psicológicos, como una mayor autoestima, un sentido de conexión social y un significado más profundo en la vida. La investigación destacó que la nostalgia evocada por la comida y los olores posee su potencial uso en contextos clínicos.

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