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Ocio y vicio: Juegos de mesa y estrategia…


– Tsundokus roleros

Imagen Wikicommons. Tsundokus roleros

JotDown(H.Goon) — Cuántas veces he alzado la vista de la novela que estaba leyendo para divagar y crear al mismo tiempo una historia paralela; una historia que podría protagonizar yo mismo. Es más, a la que podría hacer que podría cobrar vida a través de ese juego de rol que me mira con renovada esperanza desde la estantería en la que reposa junto a una decena más de manuales. 

«Puede ser una epopeya grandiosa», elucubra mi cabeza. 

En esos momentos esbozo algunos personajes, algunos giros e incluso alguna línea de diálogo. Me levanto del sofá y corro al escritorio para apuntar todas esas ideas en una libreta, pero pronto mi entusiasmo empieza a flaquear. Me doy cuenta de que quizá me lleve días o incluso semanas preparar esa partida que acaba de nacer en mi mente.

Su destino no es otro que quedar en el olvido encuadernada al lado del manual que adorna mi estantería junto a tantos otros. 

Abro los ojos y al mirar alrededor me doy cuenta de que me he trasformado en un Tsundoku. En uno rolero. Una persona que acumula libros y más libros, la mayoría de ellos sin llegar a leerlos —o jugarlos, en este caso—. He recordado que no tengo una mesa estable para jugar a rol y que me es difícil poder encontrar alguna que otra de forma ocasional y esporádica.

La ilusión se repliega y regreso a la novela. Retomo la lectura justo en esa frase donde mi imaginación voló y vislumbró, una vez más, las maravillas de jugar a rol. 

Entonces, ¿qué me lleva a seguir acumulando juegos de rol si no puedo sacarlos en ninguna mesa? Quizá sea lo mismo que mueve a quienes acumulan libros, comics, revistas, películas, música, videojuegos, complementos para el gimnasio…

Hay una parte de coleccionismo —formar parte de una comunidad con un interés de nicho concreto—; también un componente nostálgico —intentar regresar a aquellos momentos de la adolescencia cuando empezábamos a jugar a rol, escuchar grunge o a leer Watchmen; o lo que es lo mismo: la necesidad de atrapar el tiempo, de vencerlo o de que este no nos venza a nosotros—.

También, claro, está el virus del consumismo, del fear of missing out —¿para qué demonios podemos querer todos esos dichosos muñecos cabezones atrapapolvo en nuestras estanterías?—. Aún con todas las similitudes que pueda haber con otros hobbies, en el caso de los juegos de rol existe un motivo más importante aún, por lo menos en mi caso: 

  • La promesa de la aventura 
Eres un maestro del tsundoku sin saberlo? (estás en buena compañía) - BBC  News Mundo

Las personas curiosas o con una imaginación poderosa queremos verlo todo, conocerlo todo. Somos puros aventureros.

«Quiero saber», como diría Irina Spalko (Cate Blanchett) a los extraterrestres que aparecen en la escena final de la película Indiana Jones y la calavera de cristal

Para eso, para conocerlo todo, los juegos de rol son un medio inmejorable. Quizá sea por eso que también se utilizan cada vez más en entornos educativos. 

Cada uno de los manuales de rol ofrece oportunidades infinitas: mundos y ambientaciones actuales o futuristas, fantásticas o históricas; personajes y arquetipos; clases y razas; magia y esoterismo… Hay de todo tipo y para todos los gustos.

Por eso, los curiosos no podemos evitar ir acumulando juegos y más juegos con la ilusión de explotar todas esas posibilidades de conocimiento.

Queremos tener un juego específico para cuando nos apetezca ir al espacio, otro para cuando deseemos luchar contra orcos y gigantes o para cuando queramos resolver un misterioso asesinato en una abadía abandonada del siglo XII.

También ese que nos transporte al Japón medieval, al oeste americano o ese otro que nos muestre un futuro distópico en el que debamos sobrevivir enfrentándonos a bandas sanguinarias. Todos se nos hacen indispensables porque cada uno tiene una particularidad que lo hace único: la promesa.

Debido a esto, las estanterías roleras siempre están repletas de manuales, de aventuras y de suplementos porque cada uno de ellos aporta conocimiento que hará más auténtica y diferente la experiencia de juego. 

Desde la sola mención del conjunto de palabras «juego de rol» algo se mueve en el interior de la mente de quien ya ha experimentado aquello que sucede cuando se juega.

Una sonrisa ilumina nuestro rostro al tiempo que la adrenalina comienza a brotar por las venas anticipando una serie de viajes, de misterios y aventuras trepidantes en mundos maravillosos y desconocidos. Nuestra imaginación se dispara y hace predicciones acerca de los peligros y emociones que viviremos dentro del entorno seguro que proporciona el juego. 

Da igual quién seas o de dónde vengas o a dónde vayas, porque en un juego de rol puedes ser quien desees. Es más, debes serlo para experimentar y compartir esa sensación inolvidable. 

Abrir un manual, respirar el olor de las páginas y empezar a hojearlas es toda una liturgia donde se mezclan placer y emoción. Explorar las secciones donde se pueden ver los atributos y las habilidades con los que rellenar la ficha del PJ ya hace que en la imaginación se formen infinidad de posibilidades: personajes seductores, situaciones inquietantes…

Cuando era adolescente, las sesiones de creación de personajes eran memorables entre mi grupo de amigos. A veces, ni siquiera llegábamos a sacar esos PJ a mesa por diversas circunstancias que no recuerdo, pero solo el hecho de trasladar a la hoja todo aquello que habíamos creado en nuestra mente era motivo de horas de diversión. 

Qué tipo de persona quería que fuese, en qué sería habilidoso, cuál sería su debilidad, qué ocultaría, qué equipo debía de llevar encima… Supongo que eso mismo es, más o menos, lo que seguimos experimentando los que acumulamos juegos y no podemos disfrutar de la afición todo lo que nos gustaría. 

Mientras tanto, estoy seguro, seguimos llenando el escritorio de nuestro ordenador o los cajones de la mesa de estudio con semillas de aventuras, con aventuras ya completas u hojas de personajes detalladas. Fantasmas que susurran voces llamando a la aventura.

Cada manual es prácticamente un compendio mágico capaz de transformar tu vida anodina en una épica y maravillosa siempre y cuando lleves a cabo de forma apropiada cada uno de los pasos del ritual que requiere el conjuro. Para ello, lo principal y fundamental es reunir una mesa de juego; a ser posible estable y bajo la luna llena.

  • ¿Dónde consigo una mesa estable?

10 partidas de rol que no deberías perderte – Rolerøs No Representativøs

Tranquilo.

Si no tienes un grupo con el que jugar no se trata de un problema de socialización o de que tus amigos de toda la vida te quieran más o menos.

En los tiempos que corren, la gran variedad de ocio existente provoca que tengamos unos gustos muy diferentes los unos de los otros.

Si ya es difícil coincidir con uno dentro de nuestro grupo de siempre, es prácticamente imposible coincidir con al menos tres o cuatro, que es lo que se requiere para poder organizar una partida de rol. 

La variedad de ocio, la falta de tiempo, el cansancio acumulado de la semana, problemas personales —adulting lo llaman algunos—… No es algo por lo que nos debamos culpar. Es muy habitual entre aquellos a los que nos encanta el rol pero vivimos en ciudades tirando a pequeñas. 

Madrid y Barcelona lo tienen más fácil a la hora de conectar hobbies y personas. Hay infinidad de clubes donde jugar. Además, se organizan de tanto en tanto jornadas varias que reúnen a muchísima gente. En el resto del país la situación es diferente.

Es cierto que siempre se encuentra algún club —cada vez más presentes—, que también se organizan alguna que otra jornada —incluso específica de rol, muy minoritarias—, pero sucede que para poder convocar a un número considerable de gente, estas jornadas —o clubes— han de concentrar todas las ramas de la afición en un concepto más generalista: clubes o jornadas en torno a los juegos de mesa, entre los que se incluyen los juegos de rol.

Aunque tengan muchas similitudes unos con los otros, los juegos de rol requieren de unas características y especificidades que los hacen muy particulares. 

La dinámica, lo que se genera y lo que se necesita alrededor de un juego de rol es muy diferente con lo que propone, se necesita y se disfruta con un juego de mesa corriente. Por eso, desde mi experiencia, en los clubes o en las jornadas más generalistas, el rol tiene una presencia normalmente residual, precisamente por sus particularidades. Y los que están enfocados únicamente en el rol son contados.  

El rol requiere de una preparación y disposición que no todo el mundo está dispuesto a hacer por el motivo que sea. No se puede organizar una partida que funcione al cien por cien si no se han preparado previamente los papeles a desempeñar de jugadores y máster.

El rol requiere de concentración, de tiempo, de compromiso, un mínimo de proactividad y de complicidad entre los miembros del grupo para que la experiencia sea completa y satisfactoria. Es verdad que en cuanto a la complicidad también funciona en sentido inverso, pues esta se genera a través de la interacción de los personajes durante la partida. Otra de las maravillas del rol.

Los juegos de rol no suelen funcionar bien en un aquí te pillo aquí te mato. Son juegos mucho más sosegados aunque luego, durante la partida, el ritmo llegue a ser trepidante. Pero eso, en estos tiempos —una vez más—, no se lleva mucho, especialmente entre los que ya tenemos una edad. El trabajo, la familia y los mil y un compromisos provocan que los ratos de ocio estén  muy muy pensados para el disfrute inmediato. 

En cualquier caso, desde su creación, el rol siempre ha sido minoritario y en eso precisamente reside parte de su encanto, pues lo hace misterioso. Pero ese es uno de sus hándicaps. Uno de los grandes. 

Dentro de esa minoría, Dungeons & Dragons sea quizá una excepción. La compañía asegura que su comunidad de jugadores en todo el mundo es de más de cincuenta millones, y subiendo. 

Las series de televisión Big Bang TheoryStranger ThingsHora de Aventuras o Gravity Falls han dado un nuevo impulso a la franquicia y a los juegos de rol en general, recogiendo el testigo de películas como E.T., el extraterrestre. También video juegos como Baldur’s Gate 3.  

Según la página web Rol de los 90, las campañas de financiación de crowdfunding para juegos de rol recaudaron en 2020 más de medio millón de euros. En cinco años, hasta el 2022, el total había alcanzado los casi dos millones de euros.

  • Mesa virtual (aunque no es lo mismo, tiene sus ventajas)
Reportaje | CÓMO SER MÁSTER DE ROL y no matar a todos los jugadores en el  intento.

No todo es llanto, no todo es complicado en la actualidad para los jugadores de rol que vivimos en pequeñas ciudades de provincia.

Internet ha abierto un portal inter-dimensional en el que han comenzado a colisionar ideas, aventuras y jugadores de todo el mundo creando un nuevo cosmos cultural dentro de la afición.

Aún es pronto para hacer una predicción acerca de lo que puede salir de ahí, pero cuánto hubiésemos agradecido hace años las posibilidades que trae internet para los juegos de rol. 

Sí, es verdad que no es lo mismo.

Una parte de la magia presencial se pierde.

No es lo mismo el contacto visual en directo, o las risas, o las interacciones sin miedo a interrumpir el ritmo de la partida, o las complicidades generadas por los cuchicheos entre jugadores y máster en una mesa que a través de la pantalla donde las posibilidades de distracción también son mucho mayores.

Pero, ¿y eso de que tu cama espere calentita justo al lado de la mesa del ordenador al terminar la partida?  

Las dos son experiencias de juego diferentes, pero ambas muy placenteras. 

Música y ambientación; imágenes; recursos creados por aficionados de acabado profesional; plataformas VTT (tableros virtuales) para preparar y organizar partidas como Roll20 o Foundry; la posibilidad de ver infinidad de partidas en streaming —como Critical Role— de cualquier tipo de juego en las que nos dan ideas y consejos de cómo llevar la dirección o qué tipo de personaje encarnar o, simplemente, para ponernos los dientes largos a aquellos que solo llenamos nuestras estanterías con juegos que no conseguimos sacar a mesa.

Pero sobre todo lo que aporta internet son personas; gente de cualquier rincón del mundo que quiere jugar o dirigir partidas… a desconocidos.  

Antes, la aventura comenzaba justo en el momento en el que comprábamos el manual o en el momento en el que lo veíamos en el escaparate de nuestra tienda habitual y nuestra imaginación emprendía el vuelo. Ahora, lo difícil comienza un poco más allá, cuando ya tenemos todo preparado pero tenemos que enfrentarnos a ese primer encuentro con una serie de desconocidos al otro lado de la pantalla con los que estamos dispuestos a compartir unas horas de diversión. 

Existen muchas iniciativas en páginas de Facebook, en plataformas o en clubes online —como Resistencia Lúdica o Academia Rolera en Discord— donde la gente se ofrece para jugar y dirigir partidas de rol de forma altruista para novatos y experimentados. También hay editoriales del mundillo que hacen lo mismo.

Shadowlands ofrece un canal en Telegram donde hay cientos —en realidad creo que miles— de personas creando y compartiendo partidas de rol a diario, y donde también tienes posibilidades de ofrecerte tú mismo como máster o como jugador. 

Por vergüenza, desconfianza o desconocimiento puede parecer complicado encontrar online a ese grupo con el que conectar verdaderamente y disfrutar profundamente de lo que esperas y deseas que sea tu partida, tu experiencia rolera. Puede serlo, claro que sí. Pero esa es otra de las maravillas que tiene el rol.

Estos juegos son capaces de hacer que personas que acaban de conocerse recorran de la mano mundos desconocidos arriesgando sus Puntos de Golpe con tiradas de dados inverosímiles en pos de un objetivo en común: disfrutar imaginando.

De todas formas, si lo tuyo no es lo virtual y aun así prefieres seguir comprando manuales de rol por la simple promesa de la aventura —y porque te sobra hueco en la estantería—, recuerda: leer manuales ya es jugar a rol.

– ¿Jugaremos a rol cuando seamos ancianos? ¡Deberíamos!

Jugaremos a rol cuando seamos ancianos

En el caso de que alguno de los primeros jugadores de rol —los otrora primigenios, allá por los años 70 del siglo pasado— siga jugando a día de hoy lo hará con al menos cincuenta años en su haber. Aunque lo más probable es que no empezase a jugar partidas con cero años sino que lo haría rondando ya la veintena, quizá más.

Lo que significa entonces que ese jugador inicial promedio ha de tener, en el 2024, unos setenta años. 

¿Te das cuenta? ¡El jugador de rol centenario no existe! ¡Aún está por llegar! 

En cualquier caso, setenta años es una edad considerable. Sobrepasa la edad de jubilación en España. Pero, ¿se puede uno jubilar jugando al rol? O, lanzo otra pregunta, ¿se puede uno jubilar de jugar al rol?

Recuerdo vivamente las escapadas de mi abuelo todos los domingos, cuando íbamos a verle al pueblo. Se marchaba después de comer, justo tras el postre —que él no tomaba—. Se marchaba solo, cuando ya algunos dormitábamos en el sofá o veíamos el siguiente capítulo de la telenovela de moda. Ni siquiera se despedía.

Cogía su boina y su bastón y cerraba la puerta silenciosamente después de salir.

Una vez lo acompañé llevado por la curiosidad de saber a dónde iba. Su excursión no era muy lejana. Terminaba justo a la puerta del único bar del pueblo donde, una vez al entrar, se transformaba en el templo de recreo de los hombres de la comarca. Si en el pueblo había cien hombres censados, entonces allí estaban todos.

Repartidos de cuatro en cuatro por diferentes mesas, donde una pareja se enfrentaba a la otra en partidas de mus, dominó o remigio. Alrededor de esas personas sentadas estaban los streamers de la época, pues ya había otros cuantos hombres observándolos con atención y comentando las jugadas que se llevaban a cabo. 

Me encantaba ver las manos fuertes, callosas algunas, huesudas otras y arrugadas todas agarrando con desparpajo las cartas o fichas de dominó. Era fascinante observar la velocidad con la que se sucedían las rondas, cómo disimulaban las señas, cómo hacían el recuento de puntos o cómo resolvían los conflictos después de algún malentendido o intento de trampa (poco común, eso sí).

Viajo en el tiempo cada vez que rememoro las imágenes que tengo grabadas en la cabeza de aquellos días. Las vivo como si fueran semillas de aventura de rol en la que mi PJ acabara de entrar en la escena para sentarse a jugar su propia partida. 

No imagino a mi abuelo jugando a rol. Leer sabía, pero leer no leía ni el periódico. Tampoco veía mucho la televisión. Su carácter estaba mucho más conectado con la tierra, con el campo, la huerta… excepto cuando jugaba a las cartas. Ese era uno de sus momentos sagrados. 

Siempre quise saber a qué seguiría jugando cuando tuviera la edad de mi abuelo. Cuál sería ese hobby que no dejaría de hacer nunca.

Desde niño, también quise jubilarme pronto para así tener todo el tiempo del mundo para jugar. Es verdad que también quería estar enfermo todo el día para quedarme en casa jugando, hasta que me di cuenta de que cuando lo estaba de verdad, no tenía fuerzas para hacerlo. 

¿Con la jubilación será lo mismo? ¿Querré seguir jugando o me habré quedado sin fuerzas para entonces? 

Al fin y al cabo, ahora, con casi treinta años todavía por delante para jubilarme, a veces me cuesta preparar una partida de rol. Me canso física y mentalmente. Aunque disfrute una barbaridad haciéndolo, hay días que son tortuosos. Eso hace que me plantee las posibilidades que tengo para que mi hobby de jubilación sea el rol. 

Pero, ¿a quién pretendo engañar? ¿Puede uno escapar del rol?

  • Las ventajas y los inconvenientes de ser un viejo (sabio) del rol

No me acuerdo especialmente bien de los giros, ni las moralejas de los cuentos que me contaba mi abuela cuando yo era un niño pero los recuerdos de algunas escenas son muy claros. Tanto como si me lo estuviera contando una vez más en este mismo instante. 

¿Llegaremos a contar historias como lo hacía mi abuela? Es posible que sí. Nunca he conocido a nadie que me haya contado un cuento de la misma forma que lo hacía mi abuela, pero lo que más se ha acercado son algunas de las mejores partidas de rol que he jugado, de las que tengo muy presentes algunas escenas imborrables. 

Mi forma de jugar, como la de mis amigos y seguro que la de vosotros, ha ido cambiando a lo largo de los años. Las historias son cada vez más profundas y los personajes más complejos. Nos interesamos por la investigación y por la acción, pero las aventuras se alargan incesantemente únicamente por nuestro interés en el trasfondo y relaciones de y entre los personajes.  

Con setenta años se supone que ya has tenido tiempo para vivir un montón de experiencias y un montón de situaciones de todo tipo. Lo que para un jugador de rol —ya sea como DM o PJ— es oro puro a la hora de generar una inmersión mucho más profunda en la historia que se esté contando, precisamente por la facilidad para comprender las historias de unos y otros. 

Por otro lado, también habremos tenido tiempo para jugar a un montón de juegos y aventuras diferentes, para leer aún más manuales y expansiones y libros y cómics y habremos visto un montón de películas y documentales y… El nivel de aprendizaje y conocimiento de reglas y ambientaciones será amplísimo, lo que harán mucho más inmersivas y fluidas las partidas.

Con setenta años se supone que hemos podido hacerlo y probarlo todo, y que ya todo nos parecerá aburrido y repetitivo; pero nada más lejos de la realidad. Siempre querremos más. 

No puedo afirmarlo por experiencia, pero sí creo que a los seres humanos nunca nos sobrarán conocimientos ni experiencias que queramos aprender. La curiosidad nunca se agota. 

Es verdad que, quizá, con la edad de jubilación ya estemos un poco cansados de dragones y de mazmorras. No me parece mala idea interpretar a una hechicera de nivel 12 con setenta y pico años o a un elfo o a un dracónido, pero siempre aparecerán nuevos mundos que nos fascinen de la misma manera por su novedad o por su complejidad.

El mundo evoluciona y nuestra curiosidad y necesidad de comprenderlo cambia a la misma velocidad. Aunque es muy difícil seguir el ritmo, uno de los mecanismos para lograrlo es a través del juego, y uno de las mejores son los juegos de rol.  

Juegos de rol y estrategia a partir de los 50 años - Uppers

  • ¿Pero cómo lo haremos si tendremos más años que D&D?

Lo primero que tendremos que hacer es utilizar una letra bien grande para las fichas y los manuales y también unos dados gigantes. Los problemas de vista no deben ser un obstáculo. 

Fuera de bromas, si ya hoy por hoy existen mil recursos tecnológicos para jugar a rol, qué no habrá de aquí a dentro de treinta, cuarenta o cincuenta años. La tecnología es una ayuda tanto en cuanto nosotros queramos que lo sea. Los límites los ponemos nosotros. Los juegos de rol que existen estarán ahí para siempre.

Si hubiera algo de la tecnología que entorpeciera la experiencia de juego, lo clásico está ahí para dar un paso atrás y recurrir a ello en caso necesario. 

Pero volviendo a la pregunta: ¿cómo lo haremos? Esperemos que la respuesta sea: con un buen grupo de amigos. El rol es una gran excusa perfecta para reunirse con más personas. Uno de los grandes males de nuestra sociedad, más entre las personas mayores, es la soledad. El rol puede ayudar a paliarla. 

No sé si mi abuelo se hubiera sentido igual de bien si cuando acudía al bar del pueblo al mediodía solo hubieran estado los integrantes de su mesa. No lo creo.

Lo que hacía especial sus escapadas no solo era la rutina diaria de la partida; era el ruido, era el humo del tabaco flotando por el techo, era la tensión del resto de jugadores, la de los espectadores, era la luz que entraba desde los maizales que rodeaban el edificio, era el reto, la posibilidad de victoria o de derrota…

Era, en definitiva, el sentimiento de comunidad que se formaba. Mi abuelo estaba censado en el pueblo, pero eran esos ratos los que hacían que de verdad se sintiera parte de un todo. Que el pueblo fuera parte de él y él del pueblo.

Jugar a rol ya de por sí es un buen gancho para hacer comunidad a pesar de ser un nicho minoritario. Es precisamente eso lo que envuelve los juegos de un aura especial y enigmática con la que nos seducen de una manera tan profunda. 

Hacer amigos se complica con el paso de los años. Nunca haremos amistades como las que se forjan en la infancia. Aunque la vida te lleve por otros caminos, las amistades reafirmadas en esos años son un ancla, la boya con la que conocer dónde queda la orilla. Aun así, la amistad que se crea después de unas cuantas partidas de rol también es especial.

Se tenga la edad que se tenga, cuando en una partida hay conexión y fluyen los diálogos y las acciones se establece una relación especial entre los jugadores. 

Ya no es que compartáis imágenes, sino que habéis formado parte de hechos tan vívidos y reales como los de mi abuelo. Una partida de rol es un viaje, son emociones, son aventuras. Imposible olvidar a las personas con las que vives las mejores. 

  • ¿Cómo será la relación con las nuevas generaciones?
Jugaremos a rol cuando seamos ancianos? ¡Deberíamos! - Jot Down Cultural  Magazine

Han pasado cincuenta años desde la aparición del primer juego de rol.

Desde entonces los estilos de juego, la cultura en torno a ellos y las expectativas de los jugadores han cambiado.

La táctica, la estrategia y la densidad de los manuales de los primeros años han dado paso a la narrativa y ligereza de los sistemas de los manuales actuales, lo que ha hecho que surjan fricciones generacionales entre los veteranos y los novatos. Nada nuevo…

Pero es verdad que a nosotros nos puede pasar lo mismo —si no nos ha pasado ya—.

Llegado un cierto momento podríamos encontrar difícil adaptarnos a las preferencias de los jugadores más jóvenes o a las tendencias que están por llegar en torno al rol.

En todo caso, mi abuela me contaba cuentos maravillosos y mi abuelo me enseñó a jugar al mus y al dominó. ¿Qué les mostraremos nosotros a nuestros nietos? 

A veces pienso en si seré capaz de transmitir a mis hijos lo que mi abuela logró hacer conmigo cuando me contaba cuentos de memoria, cambiando las voces para los diferentes personajes, componiendo muecas y gestos… Creo haber perdido, si alguna vez la tuve, su memoria y capacidad narradora. 

Pero de repente, cuando estoy frente a la pantalla del DM, ese miedo desaparece. En ese momento veo con claridad lo que hacía mi abuela.

Me siento un narrador épico y pienso que quizá esa, el rol, sea mi forma de enseñarles a las nuevas generaciones, a mis hijos y nietos, a utilizar la imaginación como una herramienta poderosísima para dar forma a sus propios universos, con los que interpretar y aceptar este en el que les ha tocado vivir.   

Aprenderán también que las mejores historias no se escriben solas; que se trata de un trabajo en equipo, donde cada jugador contribuye con su valor al éxito de la misión. Que no siempre hay una única respuesta correcta. Comprenderán a valorar y respetar la diversidad de experiencias y personalidades. Y que pensar por ellos mismos puede llevarles a soluciones sorprendentes.

Podremos transmitirles el valor de sentarse alrededor de una mesa (o a través de la pantalla del ordenador) para compartir una experiencia común fascinante. Y ante todo, que jugar, reírse junto a otros, crear momentos insospechados y disfrutar del tiempo compartido son las experiencias que como humanos más necesitamos. 

nuestras charlas nocturnas.

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