La impresionante red de teleféricos urbanos de La Paz en Bolivia es la más grande del mundo…

L.B.V.(J.Älvarez) — Una de las cosas que hay que consultar cuando se viaja en avión por cuenta propia es, una vez se ha aterrizado y desembarcado, cómo ir desde el aeropuerto hasta el centro urbano de destino.
Metro, tren, bus, taxi, transfer y otras opciones de transporte privado suelen ser comunes, al menos en las terminales más importantes.
Pero pocos pueden presumir de lo que el Aeropuerto Internacional El Alto, que dispone nada más y nada menos que de un teleférico.
Para ser exactos, se llama Mi Teleférico y salva el desnivel de algo más de 500 metros que separa la ciudad de El Alto, situada a una altitud de 4.150 metros, de la capital, La Paz, que está a sus pies, a 3.625.
El Alto es el municipio con mayor densidad de población del país, sumando unos 885.000 habitantes.
Fundado a partir de un campamento establecido en 1548 por el español Alonso de Mendoza en lo que hoy es el barrio de La Ceja, la urbe se extiende por una meseta de superficie bastante plana que parecía perfecta para situar allí el aeropuerto de la capital, a la postre el que está a mayor altitud del mundo de entre los de categoría internacional; luego resultó que dicha altitud impedía operar a aviones de fuselaje ancho (de doble pasillo), que tienen que hacerlo en el Aeropuerto Internacional Viru Viru de Santa Cruz de la Sierra.

Pese a todo, el de El Alto se inauguró en el verano de 1965 y, curiosamente, al principio se llamaba JFK (John Fitzgerald Kennedy). Ya en la primera década del siglo XXI fue sometido a una ampliación, a la que poco después, en 2013, siguió una nacionalización, pasando a ser propiedad del estado.
Como decíamos, se conecta con La Paz, que se extiende al pie de la meseta, mediante varias vías: una autopista y varias avenidas que recorren los taxis, el Wayna Bus y, sobre todo, Mi Teleférico, que entró en funcionamiento en la primavera de 2014.

La idea inicial era que enlazase La Ceja (el área más comercial de El Alto) con la zona de La Florida paceña. Un primer proyecto realizado en 1968 por una firma suiza proponía construir un funicular, pero se descartó por su elevado coste.
En los años noventa se insistió en el asunto, afrontando los inconvenientes que podía presentar: eliminación de empleos de los chóferes de minibuses que conectaban las dos ciudades, escasa capacidad que repercutiría en el precio de los billetes…
Aún así se siguió adelante, aunque modificando la idea primigenia: en vez de una línea entre la plaza de San Francisco y La Ceja, se haría un intercambiador en el cerro Laikakota del que saldrían varias líneas cubriendo más puntos de La Paz.

El empujón que parecía hacer falta llegó en 1999 pero a cientos de kilómetros de allí, en Cochabamba, donde se inauguró el Teléferico del Cristo de la Concordia -el primero de Bolivia- uniendo el monumento homónimo, que está en el cerro de San Pedro, con el centro urbano mediante una línea de 864 metros de longitud.
Como cinco años más tarde la colombiana Medellín también estrenaba el suyo, el Metrocable (concebido como una red de Metro social -de hecho, el concepto se denominó Cultura Metro- que integrase los barrios pobres periféricos con el centro), ese tipo de transporte se perfiló como muy útil para articular tanto la sociedad como el transporte urbano, salvando ingeniosamente esa compleja orografía andina que siempre dificulta enormemente el desarrollo de un sistema viario terrestre. Porque, de hecho, las ciudades nombradas no son las únicas en contar con teleféricos.
También los hay en Bariloche y Salta (Argentina); Santiago (Chile); Bogotá, Manizales, Cali y Pereira (Colombia); y Caracas (Venezuela). Asimismo, en Norte y Centroamérica hay que mencionar también los de Santo Domingo y Santiago de los Caballeros (República Dominicana), y el de Ciudad de México (México).
Pronto se sumará a ellos el de Santiago de Chile. Aclaremos, eso sí, que estamos reseñando exclusivamente los de ámbito urbano y dedicados al transporte público, pues hay muchos más de uso turístico.
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