Una tumba romana en Bélgica revela un extraño (y macabro) suceso…

National Geographic(Abel G.M.) — Un equipo internacional de investigadores ha analizado los restos humanos recuperados de un antiguo cementerio de Bélgica en la década de 1970.
El cementerio galo-romano de Pommerœul contenía 76 enterramientos de cremación y el esqueleto de una persona… que ha resultado no ser tal.
En su momento, los enterramientos por cremación se dataron en los siglos II y III d. C., mientras que una especie de alfiler de estilo romano que se encontró con el esqueleto hizo pensar que probablemente aquel enterramiento también databa de la época romana.
Sin embargo, ahora los investigadores han realizado una datación por radiocarbono de los huesos y han hecho un descubrimiento sorprendente y con tintes macabros: en realidad, el esqueleto está formado por los huesos de al menos cinco personas y la mayoría ni siquiera eran romanos.
El análisis reveló, para empezar, que el esqueleto está compuesto por huesos de, al menos, cinco individuos diferentes. Además, solo el cráneo es de época romana, mientras que los demás huesos datan de tres entierros distintos entre el 7000 y el 3000 a.C.
El hecho de que sean tan distantes en el tiempo sugiere que no se trataba de una tumba colectiva, sino que los individuos fueron enterrados en el mismo lugar por otra razón.
El cráneo, por su parte, pertenece a una mujer que vivió entre los siglos III y IV d.C. De hecho, el alfiler posiblemente también fue reutilizado, ya que la datación por radiocarbono indica que procede, como muy tarde, de principios del siglo III d.C. y puede que sea más antiguo incluso.
La pregunta, entonces, es cómo han llegado los huesos a formar este rompecabezas.
–Construyendo un enterramiento
Los investigadores que han realizado el análisis de los huesos aportan dos posibles teorías para explicar este “esqueleto puzzle”. “Una posibilidad es que la inhumación compuesta fuera alterada durante el entierro de las cremaciones durante el período galorromano”, señalan.
“O bien originalmente no había cráneo y la comunidad romana que descubrió el entierro añadió uno para completar el «individuo», o bien reemplazaron el cráneo existente de la época neolítica por uno del período romano. En cualquier caso, el alfiler parece haber sido añadido, tal vez como ajuar funerario, en este momento”.
“Una segunda posibilidad es que todo el «individuo» se ensamblara durante el período galorromano, combinando huesos neolíticos de origen local con un cráneo del período romano. “Si es así, hasta donde sabemos, esta sería la primera tumba romana en la que se ensambló un nuevo «individuo» a partir de huesos prehistóricos y romanos”, señalan.
Los investigadores creen que la primera hipótesis es la más probable debido al posicionamiento del cuerpo en posición fetal, que suele encontrarse en entierros neolíticos pero no en los de época romana.
Otra pregunta interesante es qué sucedió con los huesos faltantes de los diversos individuos. En este sentido, los autores sugieren que el resto del esqueleto al que pertenecía el cráneo fue incinerado y enterrado como depósito de cremación en el cementerio.
El enterramiento T25 es un candidato particularmente bueno para contener los restos cremados del esqueleto restante, ya que se encuentra inmediatamente adyacente a la tumba 26 y, además, en el análisis de dichos restos no se han encontrado restos de huesos craneales, como sí ha sucedido en casi todos los enterramientos galo-romanos del cementerio.

Y la pregunta más importante… ¿Por qué lo hicieron?
En cualquiera de las dos hipótesis, la pregunta más interesante que cabe hacerse es qué motivo habría llevado a a crear este enterramiento compuesto. Hay casos documentados de actividad funeraria en el período romano que alteró tumbas de épocas anteriores, pero una remodelación de tumbas como esta no está atestiguada en ningún otro lugar.
Si fue una población neolítica la que “montó” el esqueleto, los investigadores señalan que resulta curioso que la mayoría de las muestras esqueléticas utilizadas no eran de individuos estrechamente relacionados.
Esto, según afirman, “implica que el «individuo» puede haber satisfecho una necesidad de un grupo de personas que se consideraban parientes a pesar de sus diferencias genéticas”: como apoyo a esta hipótesis, señalan un caso similar en los restos del sitio de Cladh Hallan, en las Islas Hébridas (Escocia).
En la hipótesis galo-romana, los investigadores apuntan a una cuestión de creencias religiosas y costumbres funerarias. Este escenario plantea que los romanos perturbaron el entierro neolítico por error, lo cual constituía una profanación aunque fuese involuntaria.
Al ver el esqueleto incompleto temieron que el espíritu del individuo enterrado se vengara de ellos de algún modo y, por ese motivo, añadieron un cráneo para completarlo y depositaron el alfiler como ofrenda. “Tal vez esta comunidad actuó por superstición o sintió la necesidad de conectarse con un individuo que había ocupado el área antes que ellos”.
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