Cortés y casual: así fue la última frase que pronunció María Antonieta…

Museo de la Revolución Francesa
National Geographic(B.E.Soto) — Antes de ser ajusticiada en la guillotina, María Antonieta articuló sus últimas palabras que, lejos de ser parte de un gran discurso planeado e inspirador, fueron pronunciadas casi por casualidad.
María Antonieta es una de las figuras más conocidas de la Revolución Francesa, sino de la historia de Europa, por el papel que jugó en uno de los acontecimientos más relevantes del siglo XVIII que le costó, nada más y nada menos, que su cabeza.
Todos conocemos el brutal destino al que la reina destronada de Francia tuvo que enfrentarse: pasar por la temida guillotina.
Sin embargo, quizás sean algo menos conocidas las últimas palabras que pronunció antes de encontrar su muerte.
Y es que su última frase estuvo lejos de ser un gran discurso planeado e inspirador.
De hecho, incluso se trató de una auténtica casualidad que llegara a pronunciarlas.
– Detestada por los franceses
Originalmente conocida por ser archiduquesa de Austria, María Antonieta fue reina consorte de Francia tras su matrimonio con Luis XVI, el último soberano del país antes de la caída de la monarquía. Su matrimonio duró 23 años, y aunque no siempre hubo amor entre ellos, el estallido de la Revolución Francesa y la persecución de los reyes y de la clase noble hizo que pasaran sus últimos meses más unidos que nunca.
Cabe decir que la reina no era precisamente la favorita del pueblo francés: tenía fama de ser frívola, malvada, caprichosa, y de no empatizar con las clases sociales menos favorecidas, y la prensa la trató de adúltera en varias ocasiones.
Con el estallido de la Revolución Francesa los reyes trataron de huir del país, pero fueron descubiertos y apresados por los revolucionarios, dando pie a un largo proceso judicial que condenaría a ambos a morir en la guillotina. El primero sería Luis XVI, ejecutado por traición el 21 de enero de 1793. Tan solo unos meses más tarde su esposa María Antonieta correría la misma suerte, el día 16 de octubre.
– ¿Qué fue lo último que dijo?
Lo cierto es que, según cuentan las fuentes históricas, durante sus últimos meses la reina consorte mostró una moral debilitada: se encontraba sumida en un profundo duelo por la pérdida de su marido, torturada por la incertidumbre sobre su destino, y gravemente enferma de tuberculosis.

Pero la ira de los revolucionarios no iba a olvidarse de ella. Cuando compareció ante el Tribunal Revolucionario, ni siquiera hizo un esfuerzo por defender su posición, y se limitó a declarar que, como reina consorte, ella simplemente actuó a voluntad de su marido. Y así, aceptó su destino.
Cuando subió al cadalso la templada mañana del 16 de octubre, ante una multitud que la abucheaba y gritaba «¡Viva la República!» a todo pulmón, María Antonieta pisó sin querer al verdugo que tenía que ejecutar su sentencia.
Sin perder los modales dignos de la reina que ya había dejado de ser, y a pesar de que estaba a punto de ser ajusticiada, se disculpó por ello: “Discúlpeme, señor, no lo he hecho a propósito”. Justo después, a las doce y cuarto del mediodía, su cabeza rodó sobre la Plaza de la Revolución, la actual Plaza de la Concordia de París.
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