Violencia, imagen y poder: el asesinato de la condesa leonesa Sancha Muñiz…

The Conversation(J.C.López) — En el manuscrito conocido como Libro de las Estampas de la Catedral de León, fechado entre finales del siglo XII e inicios del XIII, se incluye una inusual miniatura final en la que se ilustra claramente un feminicidio.
La imagen es muy elocuente.
En ella, el personaje masculino eleva amenazante una gran espada ante una mujer que, en una evidente postura de sumisión, vuelve la mirada hacia su asesino.
La identificación de la víctima es posible gracias a la cartela que sostiene en sus manos, en la que puede leerse el nombre de Sancha y su condición de condesa.
El texto que acompaña a la miniatura completa la información: es el testamento de la condesa Sancha Muñiz, leonesa del siglo XI.
Sancha era hija de los nobles Munio Fernández y Elvira Fróilaz y su vida estuvo marcada por sus estrechas relaciones con los ámbitos de poder de la primera mitad del siglo XI.
Casada y enviudada en diversas ocasiones, la condesa acumuló un considerable patrimonio familiar.
Además, fue un agente de la máxima relevancia en el patrocinio de las actividades artísticas de su tiempo, como demuestran su vinculación con los monasterios de San Antolín del Esla y San Salvador de Bariones –era propietaria de ambos y además fundadora del primero–, así como su magnificencia con la catedral de León.
De esto da buena cuenta el propio documento del Libro de las Estampas, que incluye la donación que la condesa realizó a la catedral.
A partir del año 1045 se pierde toda referencia de la noble en la documentación, por lo que se ha considerado que su muerte debió producirse en dicha fecha.
Los datos biográficos recogidos y, especialmente, la generosa dádiva concedida a la catedral de León dibujan a una mujer poderosa en el reino, con relevancia política y con un rico patrimonio personal. Sin embargo, tal y como ilustra la miniatura, esta condición no evitó su trágico final.
– El asesinato
Para comprender tanto la razón última de su muerte violenta como la persistencia de este fatal suceso en la cultura visual del León medieval es necesario identificar al individuo que le dio muerte.
Los diversos especialistas han considerado que el personaje que sostiene la espada es Nuño Pérez, sobrino de la condesa y, a la postre, también su asesino. Los motivos de este atroz suceso son recogidos por el Obituario de la catedral de León.
En él se afirma que Nuño se vengó de ella por la donación que la noble había realizado a la catedral, privando con ello al joven de una considerable herencia.
Pero la miniatura no es la única representación de su violenta muerte. La escena también se encuentra en su sepulcro, realizado en el siglo XIV, siglos después de su fallecimiento.
Actualmente, este se dispone en uno de los muros de la capilla de la Virgen Blanca de la catedral de León. En él, además de la efigie de la difunta, se desarrolla un interesante relieve que, frente a la imagen única del Libro de las Estampas, se organiza por medio de diversas escenas que aportan más datos sobre los sucesos acontecidos.
En primer lugar, se ilustra la donación simbólica realizada por la noble a la sede catedralicia, institución que se representa por medio de la imagen de la Virgen con el Niño en el momento de recibir el monasterio de manos de la condesa.
Seguidamente, se dispone el instante inmediatamente anterior al asesinato, en este caso con un tercer personaje que parece sujetar a la condesa mientras su sobrino prepara la espada. A esta escena se asoma una mujer de difícil interpretación y que, en todo caso, parece funcionar a modo de testigo.
Las últimas imágenes del relieve se corresponden con la muerte del asesino, quien, tras su huida a caballo, acaba cayendo fatalmente de su montura.

En una cronología diferente y en una técnica y tipología distintas, las imágenes de la donación a la catedral y de la muerte del pérfido sobrino completan figurativamente la -imaginamos ya legendaria- triste historia del final de la condesa leonesa.
– ¿Un reconocimiento?
Las informaciones documentales y artísticas aquí expuestas narran el periplo vital, así como el macabro final, de una acaudalada noble del reino de León en los años centrales de la Edad Media.
No obstante, una importante cuestión sigue abierta: ¿por qué se representa hasta dos veces la muerte de una condesa en la catedral de León siglos después de su fallecimiento? Aunque la pregunta no tiene una respuesta definitiva, parece claro que a la institución catedralicia le interesó mantener la memoria de quien había demostrado su generosidad con la sede, hasta el punto de entregar la vida por ello.
Sea como fuere, imagen, poder y feminicidio parecen darse así la mano en el León medieval, con la historia de una mujer en la vanguardia social y política de su tiempo que, a pesar de ello, terminó violentamente sus días, a manos, ni más ni menos, que de su propio sobrino.
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