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Muerte y robos: la trágica infancia de El Cordobés, el torero «chalao» que enamoró a Franco…


El Cordobés cumple 84 años: "Dios tocó a algunos toreros con la varita,  pero a mí me cogió en brazos" | Toros

abc(M.P.Villatoro) — Le llamaban ‘el torero del pueblo’; su estilo poco depurado, cuasi «charlotero» o de «chalao», como lo denominaba ABC en los años sesenta, encandiló a aquella sociedad que luchaba a diario por un mendrugo de pan. Pertenecía a la clase baja de los novilleros; era ese tipo de barrio que se había ganado un hueco en la élite a dentelladas.

¡Diantre! Si Manuel Benítez, el mismo ‘Cordobés’ enfocado hoy por la actualidad tras reconciliarse con su hijo, llegó a enamorar a Francisco Franco. Se recuerdan por decenas las ocasiones en las que el dictador le lanzó loas por el naso que demostraba en la plaza, que era mucho.

Por eso, y porque Franco lo utilizó como reclamo publicitario de cara a la misma Europa que pretendía arrullar; aquello del interés, Andrés.

«¿Qué pasa, Manolo?», le espetó en una ocasión el dictador. «¿Qué ha de pasar? Pues que la gente no hace más que hablar de nosotros dos», respondió el bueno de El Cordobés. No le faltaba razón. Tenía ese algo especial con la sociedad; una conexión que le convirtió en una estrella dentro y fuera de nuestras fronteras.

«Yo podía ser un buen político; como orador, hubiera podido coger a la gente, con una preparación, por supuesto. Ha habido muchos toreros mejores que yo… Sin embargo, ahí estoy», admitió.

. Dura infancia

Pero vayamos por partes. ¿Tan humildes eran sus orígenes ? Vaya que sí. ABC lo constató allá por 1962. A finales de enero, el periodista José Medina Gómez pasó un día con el torero, convertido ya en estrella, y desveló su lado más íntimo: «Hay una trágica constante en su vida: el hambre.

Hijo de una familia humilde, quedó pronto huérfano por partida doble». Nació en 1937, en Palma del Río (Córdoba). Su padre murió cuando el chiquillo apenas había superado su primera primavera; su madre, poco más de un año después. Quedó al cargo de su hermana mayor, Ángeles, que no pudo evitar que se doctorar en el innoble arte de ser un golfillo.

«Tuvo una existencia de pícaro, de vagabundo. Aunque había un deseo, una constante: ser torero; la ilusión de tantos chavales en Andalucía», escribía ABC. Pero la suya era más fuerte que la de sus colegas. No andaba solo ‘el Renco’, como le apodaban. A su vera siempre estaba su inseparable Juan María Horrillo Chacón.

Con él comenzó a ‘cortar’ las reses –separar de la vacada a la que se va a lidiar– y a saltar las vallas de las ganaderías para enarbolar sus primeras verónicas. ¿Cosas de niños? No tanto. En aquellas noches prohibidas, su confidente ya le llamaba a la calma cuando Manolo se enfrentaba a las vacas: «¡Prudencia, prudencia!». Ni caso.

Muerte y robos: la trágica infancia de El Cordobés, el torero «chalao» que  enamoró a Franco - Archivo ABC

Otra de sus compañeras inseparables de juventud fue la amenaza de la prisión.

Porque el hambre le atenazaba y robaba, porque accedía a las ganaderías sin permiso y por otras mil razones más.

No fueron ni una ni dos las veces que Horrillo pidió limosna para sacarle de la cárcel.

‘El Cordobés’, en cambio, prefería usar el dinero para pagarse la entrada a la plaza.

Al final, alguien se fijó en él, y comenzó así su andadura como novillero.

Fue entonces cuando le dijo a Ángeles una frase que se hizo famosa: «Este año, te regalo un traje de luto, o una casa».

Poco después viajó a la capital para ejercer ya su nueva profesión, aunque tuvo que compatibilizarla con trabajo de albañil.

En Madrid vivió más cruces que caras. La mayor tragedia que sufrió en sus carnes fue una corrida con un torero llamado Manolo Gómez. Fue un 13 de septiembre de 1959, día de la mala suerte por tradición templaria. Aquel día, el morlaco estaba más que bravo… «Los dos ‘espadas’ resultan heridos. Los trasladan al Hospital provincial. Están juntos, solos, desamparados.

Gómez se muere y ‘el Cordobés’ no puede siquiera tenderle la mano para consolarlo en su agonía», explica ABC. A partir de entonces, él llamó a aquellos episodios «gafes del oficio». Tristes y amargos ‘gafes’, pero propios del mundo del toreo, al fin y al cabo.

. Salto al ruedo y a la fama

Pero hasta de la pesadilla más estremecedora se termina saliendo. Y, en el caso de ‘el Cordobés’, fue con la ayuda de Rafael Sánchez Ortíz, de nombre artístico ‘el Pipo’. Este popular apoderado vio algo en el chaval que le hizo un ‘click’. Y, tras una sencilla entrevista, le abrió las puertas grandes de las plazas madrileñas bajo su paraguas.

El encuentro, pintoresco donde los haya, lo recogió ABC en una de las miles de páginas que, a la postre, dedicó a este personaje:

–¿Qué sabes hacer?

–Soy peón de albañil, pero quiero ser torero.

–¿Has comido?

–Ni hoy ni ayer.

–Te doy de comer, y vamos a ver si eres torero de verdad…

No tardó en demostrarlo. A los 23 años, un 15 de mayo de 1960, Manolo debutó en Córdoba. En unas horas pasó del anonimato a la fama. «¿Quién es este?», se preguntaba el público. Era un muchacho sin miedo a la muerte que, aunque carecía del estilo fino de los toreros de más alta cuna, le ponía bravura delante del morlaco.

Y eso, a costa de revolcones y de su propia integridad. Ese fue, de hecho, su gran activo. «El triunfo le abre las puertas de Andalucía la Alta. Empieza a cobrar los réditos de sus desvelos. Y al socaire de sus éxitos profesionales nace la fama de su personalidad», señalaba este diario.

Y de ahí, a una fama avalada por cifras. En 1960 participó en 67 festejos y fue invitado a una corrida en El Pardo organizada por Franco. Y allí tuvo la suerte de padecer varios revolcones.

Y digo suerte porque aquellos golpes y envites le granjearon el cariño del dictador, que quedó prendado de su valor y de su historia de superación; la misma que los medios de comunicación se encargaron de narrar a los cuatro, cinco y seis vientos. A partir de aquí comenzó la locura publicitaria.

Ejemplo de ello es que se estrenaron dos largometrajes que se zambullían de lleno en su vida; uno en 1962 y otro en 1963.

Lo que Manuel Benítez 'El Cordobés' osó decirle a la cara a Franco - Chic

Él mismo protagonizó una película, ‘O llevarás luto por mí’, basada en la novela homónima que escribió en su honor Dominique Lapierre. En los años siguientes se hizo tan famoso que saltó el charco e hizo una gira por Latinoamérica. Las veces que fue cogido no se pueden contar, lo mismo que las corridas en las que participó. En 1965 hasta batió un récord de participación: 111 fiestas.

Casi nada… Y, por si fuera poco –para él nunca lo era–, Manolo fue tan avispado como para labrarse una imagen propia, a caballo entre chulo de barrio y bromista desenfrenado. Así lo admitió en una entrevista recogida por Rosario Pérez en ABC:

«He estudiado en las tientas creaciones, cuando nadie me ha visto. En mi placita me preguntaba: ¿Cómo puedo esto cambiarlo? ¿Cómo puedo hacer cosas que no haya hecho nadie? El Cordobés ha creado la rana, el paso de la avioneta, su manera de andar, el flequillo… Antes, el buen torero no se despeinaba. Tenía que salir de la plaza sin mancharse, con la goma o la lata puesta. «¡Qué torero más perfecto! Oye, ¿has visto cómo ha estado, que no se ha manchado o no se ha despeinado?» ¿Pero cómo no se va a despeinar, hombre? ¡Si uno va allí a jugarse la vida con una fiera!».

Manuel Benítez fue algo más que un novillero, fue –es– un icono de la España de posguerra. Por eso volvió a los ruedos casi tantas veces como se retiró de ellos. Hasta principios de los ochenta, con casi medio siglo de vida, destiló verónicas el bueno de Manolo. Ya fuera en plazas colosales como Las Ventas, ya fuera en ruedos de tercera. Porque, como la mujer del César, el ‘torero del pueblo’ no solo tiene que serlo, sino parecerlo.

nuestras charlas nocturnas.

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