¿Una boda entre dos hombres en el Ourense del siglo XI?…

The Conversation(J.M.Andrade) — Dos hombres, Pedro Díaz y Munio Vandilaz, suscribieron en el año 1061 un acuerdo legal por el cual se comprometían a compartir la gestión de la casa e iglesia de Santa María de Ordes –probablemente la actual parroquia homónima del municipio ourensano de Rairiz de Veiga–. Ambos varones, a tenor de sus “apellidos”, no parecen ser familiares sino, como luego se aclarará, amigos.
Hasta aquí, nada extraño, ni excepcional.
– Un documento habitual
Ni siquiera lo es el hecho de que sean dos laicos no emparentados los que deciden qué hacer con bienes que, hoy en día, definiríamos como eclesiásticos. Es importante recordar que las iglesias y los monasterios formaban parte del patrimonio de las familias más acomodadas económicamente, y que éstas decidían con total libertad y autonomía qué hacer con él.
Por otra parte, en estos años la Iglesia aún no tenía la fuerza ni la capacidad suficiente para reclamar y exigir la autonomía en la gestión de sus bienes materiales.
El documento que recoge este pacto se conserva en el cartulario del monasterio del Salvador de Celanova, uno de los más importantes del mundo hispánico en la Alta Edad Media, con un patrimonio documental especialmente rico e interesante. En él se especifica, además, que ambos son propietarios en pie de igualdad de dicha iglesia.
Y, acto seguido, se enumeran las funciones que les correspondería compartir.
Una relación, por cierto, que puede servir como una antología de las diversas tareas y competencias que se desarrollaban en los monasterios de la Europa altomedieval: atender a los huéspedes; dirigir, alimentar y vestir a los siervos dependientes; plantar y cultivar las tierras y huertos; y, por último, quizá en referencia a la concepción horizontal que idealmente tenían las sociedades monásticas, se especifica que ambos deben tener los mismos derechos a la comida, la bebida y la vestimenta.
– ¿Algo más?
A partir de este punto, el documento comienza a adquirir un tono menos habitual en su contenido. Menos habitual pero no por ello insólito, ya que este texto no deja de formar parte de lo que se ha dado en definir como ejemplos de fraternidad artificial, una fórmula legal rastreable por buena parte del mundo de la Europa de la Alta Edad Media.
Gracias a este modelo, individuos sin relación de parentesco podrían acordar considerarse como hermanos con el fin de defenderse mutuamente o compartir bienes en común. De este modo, en nuestro ejemplo se reitera la propiedad y la gestión compartida por parte de ambos. Se especifica, además, que todo esto ha de hacerse como “buenos amigos, llenos de fidelidad y de verdad”, a lo largo de todos los días y todas las noches, para siempre.
Fueron estas expresiones emocionales, que podríamos pensar que van más allá del mero formulismo documental, las que han llevado a algunos historiadores a ver en este pacto algo más que un nuevo ejemplo de esta fraternidad artificial.

El primero en abrir esta vía de investigación fue el medievalista norteamericano John Boswell (1947-1994). En su obra Las bodas de la semejanza, dedicada a las uniones entre personas del mismo sexo desde la Antigüedad clásica hasta la Edad Media, escogía este documento como uno de los que, según su hipótesis, encubría una unión de tipo afectiva y marital entre dos varones.
Previamente, un historiador del derecho que vivió entre la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX, el español Eduardo de Hinojosa, había editado y comentado este documento celanovense como un ejemplo de la fraternidad artificial de la que hablábamos anteriormente.
Hinojosa no tuvo en cuenta una interpretación semejante a la de Boswell, lo que no es nada sorprendente. La época en la que escribió este historiador y los estándares mentales y culturales de la misma no eran los más propicios para adentrarse en una historia de sentimientos, sexo u homosexualidad.
– Difícil de definir
La interpretación de Boswell ha sido seguida por otros historiadores contemporáneos. De ellos sobresale el filólogo e historiador gallego Carlos Callón. En su obra Amigos e sodomitas hace de este documento pieza esencial en su argumento sobre la existencia, en la Edad Media, de relaciones afectivas entre personas del mismo sexo, consentidas y reconocidas públicamente.
Aunque no es fácil la tarea de interpretar el documento original, lo cierto es que la Edad Media dista mucho de ser la época oscura, retrógrada y salvaje que algunos siguen imaginando. En este sentido, es importante recordar que en estos siglos centrales del medievo surge hasta una literatura homoerótica que nos habla de una cierta permisividad y reconocimiento de las relaciones afectivas y sexuales entre personas del mismo sexo.
¿Podría ser este documento un ejemplo, no literario, de este reconocimiento medieval a la unión de dos hombres?
Hace unos meses conocimos el caso documentado de una boda entre dos personas el mismo sexo en la Galicia del s. XI. Se trataba de la unión entre Pedro Díaz y Muño Vandilazen el año 1061 en una pequeña ermita de Santa María de Ordes, hoy provincia de Ourense. Es el caso mas antiguo que conocemos de España y de la Europa Occidental. en la Era Cristiana.( Los celtas e incluso los romanos celebraron ceremonias parecidas).
Este dato rompe con las teorías de que las bodas entre personas del mismo sexo llegaron a la Europa Atlántica a partir de las primeras cruzadas y, posiblemente, que a España llegaron a través del Camino de Santiago. Posiblemente no sea el único caso producido aquellos años, lo que no sabemos si su influencia se trasladó hacía regiones limítrofes o fue un caso aislado, llegando un siglos mas tarde a través de los movimientos migratorios entorno al célebre Camino.
El rito de la «adelphopoiesis», fraternitas iurata u «ordo ad fratres faciendum» es una ceremonia practicada por varias iglesias cristianas durante la Edad Media e inicios de la Época Moderna en Europa para unir a dos personas del mismo sexo (habitualmente hombres). Adelphopoiesis proviene del griego ἀδελφός (adelphos) “hermano” y ποιῶ (poio) “yo hago”, literalmente “hacer hermanos”.
Este rito fue frecuente en todo el Mediterráneo Oriental a los inicios de la Edad Media.
El historiador de la Universidad de Yale John Boswell considera la unión de Sergio y Baco como un ejemplo de las parejas homosexuales del principio del cristianismo, reflejando la tolerancia hacia la homosexualidad de los primeros cristianos.
Normalmente era un pacto entre dos personas en recinto sagrado en el que no asistía ningún sacerdote, como era costumbre en las ceremonias de bodas, pues era Dios y no un hombre quien santificaba estas uniones y romper este pacto podía traer graves consecuencias para el alma de quienes lo realizaran. Es por ello que en este caso se habla que contó con la anuencia del «párroco» (dudoso, mas bien sería un monje) y no con la presencia.
Si no era en el marco de una misa y ante un sacerdote, los “hermanos” juraban de todas formas sobre un altar y lo anunciaban a la comunidad en la puerta de la iglesia. Pero más que el juramento, era el enterramiento común lo que daba una vertiente religiosa al “parentesco artificial”.
De la extensión de esta práctica son testigo los cementerios ingleses e irlandeses, en los que se pueden encontrar numerosos enterramientos con los nombres de dos hombres. Las inscripciones son a menudo una muestra del cariño que se tenían: “El amor los unió en la vida. Que la tierra los una en la muerte”.
John Boswell ha señalado decenas de manuscritos originales, que presentan los rituales religiosos matrimoniales efectuados durante toda la Edad Media por sacerdotes católicos y ortodoxos dentro de las iglesias para consagrar bodas entre personas del mismo sexo.
Para llegar a sus conclusiones Boswell recorrió todas las grandes bibliotecas de Europa, incluida la Vaticana, donde encontró muchos de sus manuscritos. Como resultado obtuvo 80 manuscritos originales de las ceremonias de bodas gays, en las que se invocaba como protectores a San Sergio y San Baco.
Imagen de los santos Sergio y Baco, unidos por el rito de la Adelphopoiesis. En Estambul, Acre o el Sinaí podemos encontrar templos dedicados a esta pareja santificada por la iglesia cristiana. Si bien su existencía se cree fue durante el siglo IV, su culto se extendió a partir del siglo VI.

.Con la llegada del islam muchos cristianos huyen hacía Europa por la vía marítima y son Galicia e Irlanda dos destinos frecuentes. En realidad tomaron el sentido inverso de los vikingos seis siglos antes. Hasta hoy creíamos que había llegado a Irlanda mas que a Galicia y desde allí los movimientos migratorios les habían trasladado hacía Inglaterra, Francia o el Norte de la Península Ibérica.

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