actualidad, opinion, variedades.

¿Quién mató a Michael Hutchence?…


JotDown(J.L.Molinero) — Paseaba sobre hojas secas en un cementerio de Praga. Y era imposible no enamorarse de él. Yo tendría unos doce o trece años y necesidad de dioses a los que aferrarme. Apunté corriendo el nombre que salía al final del vídeo: «Never tear us apart», INXS. Me había hecho adepto de una nueva religión y no sabía pronunciar su nombre.

El novio de mi hermana mayor, nacido en las antípodas, que en un acto de reafirmación consumía todo lo que llegaba de aquel país, me dijo cómo: «Se pronuncia In Excess, y el cantante es más jodido de decir: Michael Hutchence». Un dios con un nombre impronunciable.

De aquellas no había internet, no era entonces tan fácil saber quién era aquel tipo con el magnetismo animal tan a flor de piel, que rebosaba sexualidad a cada movimiento. Comencé a indagar, a mimetizarme y a imitar todo, cada gesto, cada peinado. Aquel disco, el Kick, les hizo millonarios y famosos en todo el mundo; canciones que se convirtieron en himnos como el «Need you tonight», «Guns in the sky»; una música bailable revestida de rock, con guitarras potentes, saxos y armónicas.

Su música era brutal, algo fresco; pero había algo más, un tótem que eclipsaba todo a su alrededor. La personalidad de Michael Hutchence era tan abrumadora que, a pesar de sus esfuerzos por no destacar, era el centro de atención.

En ferias del disco, en viejas tiendas aún no prostituidas por la música comercial, encontré todos sus discos anteriores. El primero de nombre homónimo, INXS, publicado cuando todavía yo estaba en pañales. El líder no era lo que yo adoraba, un esquelético good boy con granos y una escarola encima de la cabeza. Justo como era yo en ese momento, un motivo más para reafirmar mi fe; tal vez algún día el destino me insuflara aquel aura.

La música antes de su éxito mundial era una mezcla de skatecno primitivo y buen rollo, alternaba experimentos con grandes ritmos destinados al impulso de pista de baile. Títulos como «Don’t change», «What you need», «The one thing» u «Original» supusieron un reconocimiento y fama a un nivel alto aun sin llegar al estrellato mediático que consiguieron con Kick.

En esta época, el frontman de Sídney era más codiciado por sus escarceos sexuales y salidas de tono, por pervertir a la infantil y menor Kylie Minogue, chica Disney a la que enseñó la cara oscura de las drogas y el sexo duro.

Después, un disco que reafirmó el anterior, el X, con pelotazos tales como «Suicide blonde», «Disappear» o «By my side», que conjugaron con una estética de elegancia extrema manteniendo el look salvaje de estrellas de rock.

Michael Hutchence en 1986. Foto: Andwhatsnext (CC).
Michael Hutchence en 1986.

Michael Hutchence se tiraba a lo más granado de las pasarelas.

Su romance más famoso con la espectacular Helena Christensen lo puso de nuevo en primera plana del papel couché, lo cual no fue impedimento para seguir haciendo buena música.

Un directo en Wembley les permitió coger oxígeno para quitarse la presión del éxito, y en el 92 lanzaron Welcome to wherever you are, un disco tan bueno como denostado por el público que seguía demandando la misma fórmula con la que les descubrieron.

Siguieron arriesgando, demasiado quizás, en el Full moon, dirty hearts, su disco más flojo seguramente, en el que apostaron por un endurecimiento del sonido.

Su último disco fue Elegantly wasted, en 1997, con el que de nuevo consiguieron sonar en las radio-fórmulas, atrapar el éxito de ventas y atraer nuevos y viejos seguidores.

En aquel tiempo, Hutchence llevaba una vida turbulenta; le robó la mujer a Sir Bob Geldof, aquel mediocre músico famoso por organizar el Live Aid del 85 y crearse un halo de filántropo con tufillo a timo que se aprovechaba de cualquier cara que estuviese de moda.

Precisamente, Geldof fue el detonante de la tragedia; los australianos preparaban su gira de veinte aniversario y el inglés se negaba a dejar ir a Paula Yates, su todavía esposa, a Sídney con sus hijas y la hija en común de Yates con Hutchence.

Una depresión, su adicción al Prozac y a la cocaína, la soledad de la cima y la rabia por el impedimento de estar junto a su familia, desencadenaron la muerte de la estrella, que apareció muerto en la 524 del Ritz Carlton de Sídney colgado de un cinturón de cuero.

Fue un golpe que sacudió Australia y el rock mundial. Se cerró el caso como suicidio, acallando voces que decían que pudo ser un accidente sexual mediante asfixia. Muchos señalamos a Geldof como su asesino, aunque él no abrochara la hebilla al cuello de Hutchence.

Después, poco. INXS lo intento con varios cantantes: Terence Trent D`arbyJon Stevens, sin éxito por la sombra insalvable del cadáver. Realizaron un Rock Star en televisión y de ahí salió JD Fortune, un joven canadiense con personalidad y talento con el que grabaron Switch, un buen disco si no fuese de INXS, que ya nunca fue lo mismo. Ahí se acabó el camino de esta gran banda de rock cuyas canciones fueron, y son aún hoy, mi biblia particular.

Paula Yates se suicidaría tres años después que Hutchence, por sobredosis de heroína. Hace unos meses, la hija mayor de Geldof y Yates, la hermosa Peaches, murió en extrañas circunstancias. El karma, tal vez. Quizás la alargada sombra del líder de INXS mantiene en el más allá el magnetismo y la fuerza extraordinaria que poseía en vida.

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.